{"id":756,"date":"2024-09-22T19:34:56","date_gmt":"2024-09-22T17:34:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=756"},"modified":"2024-09-22T19:35:26","modified_gmt":"2024-09-22T17:35:26","password":"","slug":"la-adoracion-eucaristica-en-la-vida-de-la-comunidad-cristiana","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-adoracion-eucaristica-en-la-vida-de-la-comunidad-cristiana\/","title":{"rendered":"La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica en la vida de la comunidad cristiana"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Conferencia pronunciada en Valencia el 27 de mayo de 1972, en el VIII Congreso Eucar\u00edstico Nacional. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, <\/em>junio 1972.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La vida de la comunidad cristiana<br>se basa en el misterio de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fuerza y eficacia del cristianismo radican en s\u00ed mismo porque Cristo es el camino, la verdad y la vida. No hay eslogan para \u00e9l, ni es propio de su naturaleza el sensacionalismo, ni necesita de presentaciones o atractivos que ocultan o soslayan su propia realidad. La fe cristiana hace sentir en lo m\u00e1s hondo del esp\u00edritu humano exigencias que ninguna otra religi\u00f3n o ideolog\u00eda ha podido suscitar. Hombres y mujeres, ancianos y ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos, en todas las \u00e9pocas de la historia, en todos los momentos y situaciones de dolor o de alegr\u00eda, de exultaci\u00f3n o de fracaso, de avance t\u00e9cnico o de plenitud human\u00edstica, han querido ser cristianos y han cre\u00eddo y vivido las consecuencias nada c\u00f3modas, ni f\u00e1ciles de esta fe. Toda la vida de la comunidad cristiana se basa en el misterio de Cristo, lo cual quiere decir que se basa en la fe y tiene como horizonte la esperanza. Fe que consiste menos en creer en algo que creer en Alguien, imitarle y adherirse a \u00c9l. La fe es adhesi\u00f3n a Jesucristo y aceptaci\u00f3n de las manifestaciones que en la Revelaci\u00f3n nos han sido hechas, como las verdades dogm\u00e1ticas, destellos de la vida divina. Y la esperanza es para el cristiano el fondo de su vida, el aire que respira, sustancia de la que est\u00e1 hecha su propia alma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio es el que anunci\u00f3 San Pablo: Dios realiza un plan de salvaci\u00f3n para los hombres y este plan se hace efectivo en los hechos que acontecen en la existencia concreta de cada uno. La econom\u00eda de la salvaci\u00f3n est\u00e1 basada en la encarnaci\u00f3n del Verbo; Dios ha tomado nuestra propia naturaleza y se hace presente en figuras y signos de este mundo. <em>Predicamos la sabidur\u00eda de Dios en el misterio de la encarnaci\u00f3n<\/em> (1Cor 2, 7). Su manifestaci\u00f3n propia ha sido clara: ES AMOR (1Jn 1, 8).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para un cristiano el \u00abhombre\u00bb tiene que definirse a partir de Cristo, lo mismo que su inserci\u00f3n en la comunidad y en la sociedad en general.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su antropolog\u00eda est\u00e1 condicionada por su teolog\u00eda cristiana; lo que diariamente haga en su vida, sus relaciones con los dem\u00e1s, su postura ante cualquier situaci\u00f3n ha de ser \u00abcristiana\u00bb. No hay nada en el mismo que no \u00abest\u00e9 bautizado\u00bb, nada es ajeno a su realidad de cristiano; nada hay en \u00e9l exclusivamente profano, mejor dicho, es profano en su vida todo aquello que, en la misma medida, en \u00e9l no es cristiano. La Iglesia de Cristo est\u00e1 llamada a ser una verdadera comunidad de hombres que saben de los valores humanos y los ofrecen a Dios, al que, si se le ama, se le ama con todo el coraz\u00f3n y con todas las fuerzas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Desde la ra\u00edz, nuestra existencia est\u00e1<br>dada en conexi\u00f3n \u00abcon los otros\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios no destruye la naturaleza humana, sino que la perfecciona. No nos cre\u00f3 de una determinada forma para despu\u00e9s pedirnos otra. Nos hizo a su imagen y semejanza \u2013Trinidad, persona y comunicaci\u00f3n\u2013. Somos personas, individuos, pero es constitutivo de esa misma individualidad de la naturaleza humana el ser \u00abcon\u00bb. Los fil\u00f3sofos afirman que el \u00abser-solo\u00bb es un modo deficiente del \u00abser-con\u00bb. Nadie pronuncia \u00abyo\u00bb que no est\u00e9 diciendo de una forma o de otra \u00abt\u00fa\u00bb. Es esencial al hombre vivir su inserci\u00f3n en la comunidad humana; la comunidad humana no es nada sin la persona, y la persona no se desarrolla sin la comunidad. Nuestra existencia aparece desde su m\u00e1s profunda ra\u00edz dada en conexi\u00f3n \u00abcon los otros\u00bb. La comunidad cristiana lleva en s\u00ed misma la evidencia, riqueza y eficacia de una verdad que todos los hombres necesitamos desde lo m\u00e1s profundo de nuestra alma, porque responde a una necesidad: la necesidad de ser nosotros mismos, de ser conscientes y responsables de nuestra propia salvaci\u00f3n y al mismo tiempo de vivir con los otros, de apoyarnos mutuamente, de realizarnos juntos. Su ley fundamental es la de fraternidad. Una aut\u00e9ntica comunidad cristiana ser\u00eda con su sola existencia la mejor propagaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vive el hombre su existencia natural y cotidiana en relaci\u00f3n con sus pr\u00f3jimos. Pero nuestro mundo y nuestra situaci\u00f3n hist\u00f3rica han convertido algo tan valioso, que nutre y favorece al hombre, en una forma de existir que a veces llega hasta impedirle su propia autenticidad y su propia verdad, ahogando sus dimensiones m\u00e1s personales. Vive de convencionalismos, de t\u00f3picos, insertado en un ambiente que, muchas veces a solas consigo mismo, le parece ajeno y artificial. Gran parte de la humanidad vive de una forma poco personal y propia, no cultiva lo que verdaderamente enriquecer\u00eda al hombre y la sociedad en la que \u00e9ste habita. Vive en la esfera del \u00abse dice\u00bb, \u00abse hace\u00bb, \u00abse viste\u00bb, \u00abse divierte\u00bb, \u00abse habla\u00bb. \u00bfQui\u00e9n es este tirano, innominado, neutro, que obliga a plegarse a esa dictadura? \u00bfC\u00f3mo contribuimos todos a esa dictadura? \u00bfQu\u00e9 mezcla tan extra\u00f1a supone de irreflexi\u00f3n, ambici\u00f3n, inter\u00e9s, ego\u00edsmo, abdicaci\u00f3n de nuestras convicciones, falta de consciencia, seriedad, madurez? Dictadura que absorbe y de la que nada escapa a su dominio: ideas, preocupaciones, placeres, sentimientos, vida familiar, profesional, todo parece impuesto. \u00a1Cu\u00e1nta riqueza de calidad humana sumergida y devorada por esa vor\u00e1gine! \u00a1Cu\u00e1ntas personas, cu\u00e1ntas vidas, cu\u00e1nta intimidad expuesta a todos los vientos! Y esta impersonalidad destruye los lazos y las relaciones m\u00e1s s\u00f3lidas, socava las bases m\u00e1s fundamentales y pisotea los valores m\u00e1s altos. Los hombres as\u00ed sometidos a esa dictadura s\u00f3lo tienen ansia de novedad. No puede haber comunidad mientras no haya hombres responsables. Para insertarnos de modo aut\u00e9ntico en la comunidad necesitamos de nuestra propia condici\u00f3n personal.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cristo constituye su comunidad: la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La comunidad es fruto de los lazos vividos de forma consciente y que convierten a cada uno en miembro de esa comunidad. Une a sus miembros en un objetivo fundamental; tiene unas bases y unas exigencias comunes, consecuencia de su propia vida de la que todos se nutren. Todo aquello que hacen llena su vida y les da sentido. Nunca una estructura social montada sobre incentivos puramente externos llega a ser una verdadera comunidad. La comunidad aut\u00e9ntica ayuda a la interiorizaci\u00f3n y a la propia riqueza personal de la que \u00e9sta se alimenta. La persona quedar\u00eda aplastada por la t\u00e9cnica sin clima favorable en el que pueda abrirse y expansionarse. S\u00f3lo en la comunidad brota el deber y la responsabilidad y en ella tienen sentido la vida y la muerte, el esfuerzo, el dolor, la alegr\u00eda y el trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los caminos de la verdadera libertad no son los de la exaltaci\u00f3n de la autonom\u00eda, de los propios gustos, intereses y condiciones. Es terrible la libertad por la que el hombre abdica de su cualidad humana tanto en su dimensi\u00f3n m\u00e1s personal como en su dimensi\u00f3n de relaci\u00f3n con los que tiene que formar comunidad. Es necesaria la donaci\u00f3n y el sacrificio, el sentir el peso y la fuerza de la obligaci\u00f3n. Los hombres tenemos necesidad de los dem\u00e1s y de que los dem\u00e1s tengan necesidad de nosotros. Nunca el don de s\u00ed, el sacrificio, el desprendimiento, las sujeciones, las obligaciones estar\u00e1n en contradicci\u00f3n con la realizaci\u00f3n de la persona y su riqueza. Porque todo eso son las consecuencias del amor, y la \u00fanica forma de ser en plenitud es por el amor y para el amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo constituye su comunidad, la Iglesia, para establecer el Reino de Dios y presenta claramente sus exigencias. Le da una vida, la que brota del amor. Por eso su ley es la de la filiaci\u00f3n y la de la fraternidad, porque la misma gran realidad que hace hijos, hace hermanos. Una de las causas esenciales de la disgregaci\u00f3n y de la desuni\u00f3n ha sido y ser\u00e1 siempre la falsificaci\u00f3n, la acomodaci\u00f3n, la relativizaci\u00f3n y disminuci\u00f3n de sus exigencias. Cristo quiere la unidad, pero no la unidad \u00aba cualquier precio\u00bb. <em>Dura es esta doctrina \u00bfy qui\u00e9n puede escucharla? Mas Jes\u00fas, sabiendo por s\u00ed mismo que sus disc\u00edpulos murmuraban de esto, les dijo: \u00bfEsto os escandaliza&#8230;? \u00bfY vosotros quer\u00e9is tambi\u00e9n marcharos?<\/em> (Jn 6, 61-63). La aut\u00e9ntica comunidad de cristianos tiene que reflejar la imagen de Cristo. En ella cada uno toma conciencia de una vida de amor, <em>porque la caridad procede de Dios. Y todo aquel que ama, es hijo de Dios y conoce a Dios. Quien no tiene amor no conoce a Dios: puesto que Dios es caridad<\/em> (1Jn 4, 7-8). Todos tienen un Esp\u00edritu y un Alma com\u00fan; <em>Que todos sean una misma cosa y que como t\u00fa, oh Padre, est\u00e1s en m\u00ed y yo en ti, as\u00ed sean ellos una misma cosa en nosotros<\/em> (Jn 17-21). Se alimentan del mismo pan y del mismo vino que son la vida: <em>Yo soy el pan de vida&#8230; Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna<\/em> (Jn 6, 35 y 55).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nunca la Iglesia de Cristo ser\u00e1 un n\u00famero determinado de comunidades, sino una comunidad de comunidades que tienen la Vida en com\u00fan. Los elementos constitutivos de esta vida son la fe, la esperanza y la caridad. La fraternidad se anuda en el sacrificio, en el don propio a esta comunidad, en el servicio fiel. En ella las relaciones con Dios fundamentan los deberes de cada uno para consigo mismo y para con los dem\u00e1s. Y no s\u00f3lo se es responsable de s\u00ed mismo, sino tambi\u00e9n de los hermanos. La responsabilidad en la comunidad cristiana se entiende en una verdadera interdependencia. Cristo fue el primero que vivi\u00f3 y sufri\u00f3 las consecuencias de esta interdependencia, porque carg\u00f3 con los pecados de todos hasta la muerte y muerte de cruz.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Eucarist\u00eda: s\u00edntesis de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEn la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber: Cristo mismo, nuestra Pascua y pan vivo por su carne, que da vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Esp\u00edritu Santo. As\u00ed son ellos invitados y conducidos a ofrecerse a s\u00ed mismos, sus trabajos y todas sus cosas en uni\u00f3n con \u00c9l mismo. Por lo cual, la Eucarist\u00eda aparece como la fuente y la culminaci\u00f3n de toda predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, como quiera que los catec\u00famenos son poco a poco introducidos a la participaci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, y los fieles, sellados ya por el sagrado bautismo y la confirmaci\u00f3n, se insertan por la recepci\u00f3n de la Eucarist\u00eda plenamente en el cuerpo de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la teolog\u00eda paulina se destacan dos ideas fundamentales: la de \u00abanamnesis\u00bb, memorial, reiteraci\u00f3n del sacrificio de la cruz en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, y la de \u00abkoinonia\u00bb, participaci\u00f3n real que encierra en s\u00ed misma la participaci\u00f3n en el misterio de la redenci\u00f3n y la inserci\u00f3n en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo. En la teolog\u00eda jo\u00e1nica la l\u00ednea encarnacional se resume en el misterio de la Eucarist\u00eda. Insiste en la Eucarist\u00eda como sacramento y especifica su fuerza en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n. El realismo de la presencia de Cristo est\u00e1 en San Juan muy en\u00e9rgicamente formulado, lo mismo que su transcendencia en la vida del cristiano. Es el pan de vida (cap\u00edtulo 6), el sacramento por excelencia de la uni\u00f3n vital con Cristo que realiza ya esa uni\u00f3n en vida y es prenda y garant\u00eda de la misma uni\u00f3n por toda la eternidad. La Eucarist\u00eda tiene desde luego en San Juan un sentido hist\u00f3rico, es conmemoraci\u00f3n de la \u00faltima cena y de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or, es sacrificio y banquete. Banquete que tiene una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica, confianza y esperanza en el reino de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio de la Eucarist\u00eda es la s\u00edntesis de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n. Representa el sacrificio redentor y nos permite participar en \u00e9l. Se identifica con el Verbo encarnado; la presencia real de Cristo perpet\u00faa su encarnaci\u00f3n en el mundo que vivimos. Esta presencia prolongaci\u00f3n de la liturgia sacrificial, es permanente en medio de los suyos en cuerpo y alma. Es el sacramento supremo de la unidad, centro de toda la vida cristiana. Y si la Eucarist\u00eda produce la unidad es porque comunica el principio de dicha unidad: el Esp\u00edritu Santo, que vivifica con su propia vida. La participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda realiza efectivamente la comunidad con Jes\u00fas. Es nuestra Pascua, gozosa anticipaci\u00f3n, prenda segura de eterna gloria; anuncia y prefigura el retorno glorioso del Se\u00f1or del que es una anticipaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La inteligencia humana es demasiado limitada para poder captar la riqueza de aspectos que presenta la Eucarist\u00eda. Y seg\u00fan las necesidades y el ambiente de cada momento se han acentuado unos u otros. Sucede con frecuencia que el acentuar con mayor relieve uno lleva a encerrar a los otros en la oscuridad o en la indiferencia. Y realmente no es posible separar unos de otros: sacrificio, memorial, acci\u00f3n de gracias, signo de la nueva y definitiva alianza, presencia de Cristo, banquete sagrado. Cristo no puede convertirse en algo pasivo, inoperante una vez acabado el sacrificio de la Misa. El estado sacramental prolonga el ofrecimiento y la adoraci\u00f3n sacrificial de Cristo, su reparaci\u00f3n, su petici\u00f3n, su acci\u00f3n de gracias y glorificaci\u00f3n al Padre. Pero \u00bfqui\u00e9n puede pensar con sensatez una separaci\u00f3n real entre el Cristo de ayer y de hoy, el Cristo de siempre, el Verbo de Dios, el Cristo del altar y el Cristo del sagrario? La Eucarist\u00eda es la integraci\u00f3n de cada una de las facetas en la totalidad del misterio: el misterio de Cristo encarnado en este mundo, muerto y resucitado, hecho pan y vino para mayor realismo de su ser, Vida, Verdad y Camino de la humanidad entera en quien todo converge, porque <em>por \u00c9l fueron hechas todas las cosas; y sin \u00c9l no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas<\/em> (Jn 1, 3) y porque <em>de la plenitud de \u00e9ste hemos participado todos nosotros<\/em> (Jn 1, 16).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Eucarist\u00eda, centro vivo de la comunidad cristiana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio de la Eucarist\u00eda es el centro vivo de la comunidad cristiana, porque es el centro de nuestra religi\u00f3n cristiana, de nuestro culto y de nuestra moral, ya que tiene que ser expresi\u00f3n del amor y de las exigencias de ese amor. El punto de convergencia de los dem\u00e1s sacramentos, porque \u00c9l es la misma gracia. Penetr\u00e9monos de todo ello, convirt\u00e1moslo en fruto de nuestra oraci\u00f3n, en fuerza para nuestra vida, en expresi\u00f3n de nuestra fe, en alegr\u00eda y seguridad de lo que esperamos, en el amor de nuestra vida, en el lazo que une con Dios, lazo en el que est\u00e1 tambi\u00e9n el que nos une a los hermanos. Es la fuente y la ra\u00edz de la vida de Dios en el mundo para perpetuar, como ya hemos visto, la convivencia de Dios con los hombres, y ser el sacrificio continuo en el que se reproduce la Pasi\u00f3n y Muerte de Jesucristo y, en fin, ser la expresi\u00f3n, manifestaci\u00f3n y acci\u00f3n m\u00e1xima del amor de Dios en la que todo est\u00e1 compendiado. <em>Dios nos ha dado la vida eterna<\/em>: <em>y esta vida est\u00e1 en su Hijo Jesucristo. Quien tiene al Hijo tiene la vida, quien no tiene al Hijo no tiene la vida<\/em> (1Jn 5, 11-12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Esto es mi cuerpo&#8230;Esta es mi sangre<\/em> (Mt 26, 26 y 28). <em>Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo. Quien comiere de este pan vivir\u00e1 eternamente y el pan que yo dar\u00e9, es mi misma carne para la vida del mundo<\/em> (Jn 6, 51-52). Los que coman de ese pan y beban de esa sangre tendr\u00e1n en ellos la vida de Dios, se har\u00e1n cuerpo suyo: comunidad, comuni\u00f3n. Esto es lo que lleva a P\u00edo XII a afirmar en la <em>Mystici Corporis<\/em> que \u00abla Eucarist\u00eda es la imagen viva y estupenda de la unidad de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. <em>El pan que partimos, \u00bfno es la comuni\u00f3n del cuerpo de Cristo?<\/em> (1Cor 10, 16) dice el Ap\u00f3stol San Pablo en la carta a los corintios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLa palabra comuni\u00f3n, <em>koinon\u00eda,<\/em> con el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or, acent\u00faa la afirmaci\u00f3n de la presencia real y de la uni\u00f3n \u00edntima que de ella resulta. No se trata s\u00f3lo de una uni\u00f3n de cada uno con Cristo, sino tambi\u00e9n de la uni\u00f3n de los fieles entre s\u00ed, de manera que la Eucarist\u00eda refuerza la unidad de la Iglesia y completa el efecto del Bautismo. <em>Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese \u00fanico pan<\/em> (1Cor 10, 17). No hay m\u00e1s que un solo pan, rigurosamente \u00fanico; no se trata, pues, de las especies sacramentales num\u00e9ricamente m\u00faltiples, sino del cuerpo indivisible de Cristo. Hemos llegado hasta la cima de nuestra uni\u00f3n, ya que hemos quedado identificados, todos y cada uno, con el \u00fanico cuerpo de Cristo resucitado, con el Cristo concreto e individual que nos da su misma vida. Existe, por tanto, una identidad por comunicaci\u00f3n de la misma vida, pero identidad imperfecta, ya que los dos t\u00e9rminos siguen siendo distintos: esto es lo que quiere decir la expresi\u00f3n identidad m\u00edstica, a falta de otra mejor. Podr\u00edamos incluso preguntarnos si no habr\u00e1 sido precisamente la comuni\u00f3n eucar\u00edstica lo que m\u00e1s ha contribuido a revelar a San Pablo la identificaci\u00f3n de la Iglesia con el cuerpo glorioso de su Se\u00f1or. Sea lo que fuere, el hecho evidente es que la doctrina de la unidad por la Eucarist\u00eda es de fecundidad espiritual inagotable, tanto m\u00e1s cuanto que la unidad no puede ser sino unidad en la caridad y en el Esp\u00edritu Santo. En la comuni\u00f3n hay un fruto individual y un fruto social. La pastoral moderna insiste justamente en este \u00faltimo sin olvidar el primero\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Eucarist\u00eda hace a la comunidad,<br>verdadera comunidad de fe y esperanza<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00ed, la Eucarist\u00eda hace a la comunidad verdadera comunidad de fe y esperanza, porque es el centro vivo de la comunidad cristiana, como hemos visto. Es comida, bebida, sacrificio, presencia continua del misterio de salvaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n. Es misterio, por tanto, exigencia de fe. Es prenda segura de la eterna gloria, por tanto, firme esperanza. Es luz y fuente de vida, revelaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n del amor, exigencia constante de entrega a Dios y a los hombres. En todas sus facetas y aspectos se ponen de relieve elementos de amor y de uni\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1nto dicen los lemas de los Congresos Eucar\u00edsticos! \u00a1Cu\u00e1ntas consecuencias se desprenden de ellos para la vida de cada uno, para la vida de la Iglesia, para la vida de las naciones que est\u00e1n formadas por hombres cat\u00f3licos y que, por tanto, tendr\u00eda que significar que se alimentan de este pan, beben de este vino y viven en torno a esta presencia! \u00abAmaos los unos a los otros como Yo os he amado\u00bb, es el lema del XL Congreso Internacional que del 18 al 25 de febrero de 1973 se celebr\u00f3 en la ciudad australiana de Melbourne. \u00abAmaos los unos a los otros como Yo os he amado\u00bb, como \u00c9l nos ha amado, como \u00c9l nos est\u00e1 amando en la Eucarist\u00eda, presente en medio de nosotros. No con nuestras medidas, no con nuestra justicia, no con nuestros intereses. Devolver bien por mal, amistad por enemistad, dar la vida por nuestros enemigos, respetar la dignidad de los dem\u00e1s est\u00e1 por encima de nuestros deseos m\u00e1s naturales, est\u00e1 por encima de las puras fuerzas humanas. S\u00f3lo porque Dios nos am\u00f3 primero, por el amor que nos manifest\u00f3 y la vida nueva que nos dio, podremos amar como \u00c9l nos am\u00f3. <em>En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00c9l nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos am\u00f3 de esta manera, tambi\u00e9n nosotros debemos amarnos unos a otros<\/em> (1Jn 4, 10-11). Cristo coloca las relaciones entre los hombres y las relaciones de \u00e9stos con Dios sobre un nuevo fundamento. \u00abExige que la conducta del cristiano con respecto a los otros se inspire, no en la mera \u201cjusticia\u201d, sino en la caridad, la cual hace posible la verdadera justicia y confiere al bien su plenitud\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00f3lo seremos redimidos y salvados cuando esta caridad, este amor de Dios act\u00fae en nosotros; \u00e9ste es el esp\u00edritu de la econom\u00eda de nuestra salvaci\u00f3n y redenci\u00f3n. Nuestra tarea en la tierra es ir amando como Cristo nos am\u00f3. Y, como dice el Ap\u00f3stol San Pablo, a fuerza de comer a aquel que es nuestra salvaci\u00f3n nos iremos transformando en \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio de la Eucarist\u00eda viene a ser dentro de cada hombre y dentro de la comunidad el <em>manantial de agua que manar\u00e1 hasta la vida eterna<\/em> (Jn 4, 14). La Eucarist\u00eda suscita un clima de oraci\u00f3n, de participaci\u00f3n, de interioridad, de familia, de seguridad, de confianza, de intimidad, es decir un clima de fe y esperanza, porque estar\u00e1 <em>con nosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos.<\/em> Tenemos que ir a los hombres llenos de Eucarist\u00eda, porque s\u00f3lo Cristo puede liberarnos del ego\u00edsmo y de la cerraz\u00f3n. Y tenemos que volvernos a Dios unidos por el mismo Se\u00f1or, por la misma fe y la misma esperanza, porque la Eucarist\u00eda es en s\u00ed misma tambi\u00e9n acci\u00f3n de gracias, alabanza y gloria de Dios. Por el misterio de la Eucarist\u00eda se realiza realmente la uni\u00f3n en Cristo de la comunidad cristiana. Es misterio de la uni\u00f3n de todos en Cristo y por Cristo en Dios. <em>Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, tambi\u00e9n el que me coma vivir\u00e1 por m\u00ed<\/em>(Jn 6, 57).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Eucarist\u00eda, repito, hace a la comunidad verdadera comunidad de fe y esperanza: en ella est\u00e1 todo el mensaje de salvaci\u00f3n de Jes\u00fas; pone de manifiesto la realidad y la necesidad de vivir por Cristo, con Cristo y en Cristo, de tenerle por origen y t\u00e9rmino; expresa el amor y la unidad y eleva nuestras miras y aspiraciones. La Eucarist\u00eda nos anuncia constantemente la vuelta de Cristo como Se\u00f1or que dar\u00e1 a la historia todo su significado. <em>En verdad, en verdad os digo que antes que naciese Abraham, Yo soy<\/em> (Jn 8, 58). <em>Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompa\u00f1ado de todos sus \u00e1ngeles se sentar\u00e1 en su trono de gloria. Ser\u00e1n congregados delante de \u00c9l todas las naciones y \u00c9l separar\u00e1 a los unos de los otros<\/em> (Mt 25, 31). Ahora en la historia parece que s\u00f3lo existen las realidades sociales, pol\u00edticas, econ\u00f3micas, culturales, cient\u00edficas. Gobiernan los intereses y las voluntades justas o injustas de los hombres. Reina el af\u00e1n de poder, de ambici\u00f3n, de gloria, de placer, de bienestar. Son bienaventurados los ricos, los poderosos, los que r\u00eden, los que triunfan. Los hombres hablan del silencio de Dios, de la muerte de Dios, pueden volver a rechazar a Cristo como Dios y hombre verdadero. Pueden hacer todo lo contrario a la ley evang\u00e9lica y no les sucede nada. Ni siquiera tienen muchas veces los mismos cristianos, incluso te\u00f3logos, frente al misterio de Dios revelado por Cristo, la actitud recta, justa y verdadera que el cient\u00edfico y el sabio tienen en su af\u00e1n noble de investigaci\u00f3n y descubrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la figura de Cristo rebasa todos los l\u00edmites. Aunque la vida humana aparezca ajena a Cristo y dominada s\u00f3lo por la voluntad y la inteligencia del hombre. \u00c9l es el due\u00f1o y Se\u00f1or. \u00c9l da sentido a la vida y a la muerte; todo lo que sucede contribuye al bien de los que le siguen. En Cristo reside la aut\u00e9ntica fuerza creadora y regeneradora de la historia de la humanidad. Nadie, nos dice San Pablo, puede enga\u00f1arnos con filosof\u00edas nuevas fundadas en el saber de loshombres y en los elementos del mundo; en Cristo est\u00e1 toda la plenitud (Cf. Col 2, 8-10<em>). \u00c9<\/em><em>l nos libr\u00f3 del poder de las tinieblas y nos traslad\u00f3 al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los pecados. \u00c9l es imagen del Dios invisible. Primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, porque en \u00c9l fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades-, todo fue creado por \u00c9l y para \u00c9l; \u00c9l existe con anterioridad a todo, y todo tiene en \u00c9l su consistencia. \u00c9l es tambi\u00e9n la cabeza del cuerpo de la Iglesia: \u00c9l es el principio, el Primog\u00e9nito de entre los muertos para que sea \u00c9l el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en \u00c9l toda la plenitud y reconciliar por \u00c9l y para \u00c9l todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos<\/em>(Col 1, 13-20)<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La adoraci\u00f3n a Dios,<br>fundamento de la m\u00e1s rica interioridad humana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La dignidad del hombre est\u00e1 en la nobleza de su esp\u00edritu, en su verdad, en su rectitud, en su justicia, en su honradez, en su capacidad de respeto y amor al \u00abt\u00fa\u00bb, en su visi\u00f3n penetrante y profunda de la sabidur\u00eda. Cuando el hombre se inclina ante Dios ador\u00e1ndole \u00aben esp\u00edritu y en verdad\u00bb \u00bfno est\u00e1 en su sinceridad m\u00e1s honda, en la expresi\u00f3n culmen de su libertad, en la m\u00e1s penetrante visi\u00f3n de la verdad de todo, en la m\u00e1s rica pureza de coraz\u00f3n? Adorar a Dios es \u00absaber estar\u00bb ante \u00c9l, porque la adoraci\u00f3n supone todos los mejores sentimientos y actitudes de que el hombre es capaz. Cuando los hombres viven y sienten la riqueza y plenitud del amor, de la verdad, de la belleza expresadas de la forma que sea, \u00bfno llegan como a lo m\u00e1s hondo y propio de su ser y se abren a una especie de adoraci\u00f3n? \u00bfNo parecen haber tocado lo esencial, haber llegado al origen mismo del manantial? En lo humano son los sentimientos m\u00e1s profundos y serios, los m\u00e1s plenos, ricos y vitales, los que muchas veces hacen exclamar y dar gracias por haberlos llegado a vivir. \u00bfPero qu\u00e9 ser\u00e1 cuando nuestro esp\u00edritu se abre as\u00ed a la inmensidad de Dios?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El acto de adoraci\u00f3n, dice Romano Guardini, tiene algo de infinitamente aut\u00e9ntico, bienhechor, constructivo. Tiene algo que da salud. \u00abNuestra adoraci\u00f3n de Dios es la que garantiza la pureza del esp\u00edritu. Mientras el hombre adore a Dios, se incline ante Dios como ante el ser que <em>es digno de recibir la potencia, el honor y la soberan\u00eda, <\/em>porque es el verdadero y el Santo, queda al abrigo de la mentira. La pureza y la santidad del esp\u00edritu son las fuerzas m\u00e1s grandes del hombre, pero tambi\u00e9n son, teniendo en cuenta su pobre naturaleza, las fuerzas m\u00e1s vulnerables y m\u00e1s f\u00e1ciles de seducir. Deben ser protegidas. Debe haber un medio para que el hombre pueda distinguir siempre lo verdadero de lo falso, lo puro de lo impuro. Que el hombre no haga el bien que ha reconocido como tal es grave y le hace <em>digno del juicio.<\/em> Pero lo que es mucho peor y terrible es la actitud torcida respecto de la verdad misma; esta actitud es la mentira que entenebrece la mirada, porque tiene su asiento en el esp\u00edritu. He aqu\u00ed por qu\u00e9 debe haber un medio para renovar incesantemente en el coraz\u00f3n el amor a la verdad, para purificar el esp\u00edritu, aclarar la mirada, vigorizar el car\u00e1cter. Este medio es la adoraci\u00f3n. No hay nada m\u00e1s urgente para el hombre que aprender a inclinarse con todo su ser ante Dios, a abrirle un espacio en su interior, para que Dios penetre y reine en \u00e9l, porque Dios es el \u00fanico digno de recibir el homenaje de la adoraci\u00f3n y el \u00fanico capaz de satisfacer plenamente el coraz\u00f3n del hombre. Pensar que Dios es digno de adoraci\u00f3n, infinitamente digno, porque es Aqu\u00e9l que es, y adorarle interiormente es un acto grande y santo que cura completamente el esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEn estas meditaciones hemos hablado muy poco de conclusiones pr\u00e1cticas. Nuestra finalidad principal era comprender a Cristo. Pero aqu\u00ed vamos a decir algo en este sentido, porque hemos rozado la ra\u00edz m\u00e1s profunda de nuestra vida interior. Deber\u00edamos imponernos la pr\u00e1ctica de la adoraci\u00f3n. Hay dos horas del d\u00eda particularmente indicadas para ello: la ma\u00f1ana y la noche. Nosotros, hombres modernos, no las sentimos ya, porque la aparici\u00f3n de la luz y la venida de la noche no nos impresionan tanto como a los hombres que viv\u00edan m\u00e1s \u00edntimamente relacionados con la naturaleza. No obstante, tambi\u00e9n nosotros sentimos, tal vez inconscientemente, que el principio del d\u00eda reproduce el de nuestra vida y que el fin del d\u00eda es una anticipaci\u00f3n de nuestra muerte. Estas son las horas apropiadas para la adoraci\u00f3n. Hemos de practicarla en estos momentos. Practicarla, y no s\u00f3lo entregarnos a ella cuando nos sentimos en buena disposici\u00f3n. La oraci\u00f3n no es tan s\u00f3lo la expresi\u00f3n de la vida interior del hombre, la cual quiere salir al exterior, sino tambi\u00e9n un acto voluntario del hombre que se educa a s\u00ed mismo. Adorar a Dios no nos resulta f\u00e1cil por naturaleza, sino que hemos de aprender a realizar esta pr\u00e1ctica y para ello hemos de ejercitarnos en ella: arrodillarnos y decirnos que Dios es y reina, es digno de poseer la soberan\u00eda sobre todas las cosas, que es digno de ser Dios&#8230; Acaso encontremos una gran dulzura en el pensamiento de que Dios es digno de ser Dios. Este pensamiento ha abrasado de amor a muchos santos\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adoraci\u00f3n a Dios es la verdad y la vida misma de nuestra eternidad, la apertura total de nuestro esp\u00edritu. <em>Despu\u00e9s mir\u00e9 y hab\u00eda una muchedumbre inmensa, que nadie pod\u00eda contar, de todas naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: La salvaci\u00f3n es de nuestro Dios, que est\u00e1 sentado en el trono, y del Cordero. Y todos los \u00e1ngeles que estaban en pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro Seres se postraron delante del trono rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: Am\u00e9n. Alabanza, gloria, sabidur\u00eda, acci\u00f3n de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Am\u00e9n<\/em>(Ap 7, 9-12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adoraci\u00f3n es la reacci\u00f3n consciente y espont\u00e1nea del hombre que se llega y se sabe ante Dios. Se le adora por su grandeza, por su bondad, por su verdad, por la revelaci\u00f3n de su vida y de su amor, por su redenci\u00f3n. Se le adora con el dolor y el arrepentimiento de nuestro pecado, con la gratitud de nuestro reconocimiento, con la acci\u00f3n de gracias de nuestro coraz\u00f3n, con la consagraci\u00f3n de nuestra vida, con la alegr\u00eda de nuestro esp\u00edritu por todo lo bueno que se nos ha dado, con el acatamiento amoroso, con el acto de fe, con la pr\u00e1ctica de la soberana voluntad de Dios. <em>Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo, el cual, siendo de condici\u00f3n divina, no retuvo \u00e1vidamente el ser igual a Dios. Sino que se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo tomando condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humill\u00f3 a s\u00ed mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz<\/em> (Fil 2, 5-8).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El que adora afirma con todo su ser que el Se\u00f1or es Dios, por eso el que adora escucha la palabra de Dios y la pone en pr\u00e1ctica. Sabe que s\u00f3lo Cristo es la luz verdadera y que s\u00f3lo habr\u00e1 claridad en \u00e9l cuando sea iluminado por esa luz. El que adora a Dios en la tierra, cree, espera y ama; los que adoran a Dios en el cielo, aman. El acto pleno de adoraci\u00f3n es el acto pleno de amor. Toda nuestra oraci\u00f3n y nuestra liturgia est\u00e1n penetrados de ello. \u00abTe adoramos, te bendecimos, te glorificamos\u00bb. Por las tendencias superficiales y tan dispersas de nuestra \u00e9poca es dif\u00edcil para el hombre esta aut\u00e9ntica interioridad, le cuesta consolidar su n\u00facleo m\u00e1s personal y establecer una postura s\u00f3lida de reconocimiento y adoraci\u00f3n que s\u00f3lo se logra por la oraci\u00f3n y relaci\u00f3n personal con Dios. Hasta en lo humano el conocimiento de la verdad tiene una exigencia que se llama: silencio, reflexi\u00f3n, meditaci\u00f3n. \u00abTu mejor servidor es el que no pretende tanto o\u00edr lo que quiere cuanto querer lo que oye de Ti\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>. \u00a1Cu\u00e1nto silencio y cu\u00e1nta oraci\u00f3n para ser buen servidor!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adoraci\u00f3n junto con la fe es la actitud espiritual b\u00e1sica y fundamental que se impone en la Eucarist\u00eda. Para el hombre que tiene esta actitud ante el misterio eucar\u00edstico se abren las insondables riquezas del misterio de Cristo. Cuando hablo de adoraci\u00f3n eucar\u00edstica pienso en las diversas facetas que tiene esta adoraci\u00f3n, consecuencia de su propia riqueza. Todo dimana de la misma fuente: Cristo, Camino, Verdad y Vida, ofrecido al Padre en sacrificio. Su presencia es, pues, presencia tangible de nuestra salvaci\u00f3n y necesariamente no puede menos de estar manifestando el acontecimiento por el que participamos plenamente de la salvaci\u00f3n. \u00abLas generaciones que nos han precedido desconocieron, quiz\u00e1 ligeramente en beneficio de las devociones de segundo orden, el centro de toda la vida lit\u00fargica y eclesial que es la participaci\u00f3n en la Misa. Pero asegur\u00e9monos de que la piedad eucar\u00edstica se encuentre hoy perfeccionada y equilibrada. No basta para ello el haber redescubierto el centro, el eje, la fuente y la culminaci\u00f3n. Todas estas palabras est\u00e1n lejos de ser monopolizantes y exclusivistas. Buscan necesariamente un medio ambiente, una complementaci\u00f3n y una apertura de horizontes; la piedad lit\u00fargica no ser\u00eda verdaderamente cristiana si su intenci\u00f3n fuera la de tirar por tierra cada una de las formas de piedad-eucar\u00edstica, sacramental, contemplativa, laudativa, que lejos de ser extra\u00f1as a la Misa, la proveen de su estructura, su subsuelo, su ambientaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abSin ello, la Eucarist\u00eda est\u00e1 llamada a convertirse en centro sin circunferencia, en fuente sin r\u00edo, en culmen aislado sin laderas. La piedad eucar\u00edstica debe mantener su riqueza en todas las dimensiones que la tradici\u00f3n cristiana ha ido desarrollando progresivamente bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, si es que queremos que la participaci\u00f3n de la liturgia no sea s\u00f3lo activa e intelectual, sino tambi\u00e9n, como una vez m\u00e1s pide la constituci\u00f3n conciliar, <em>completa,<\/em> es decir, profunda, que abarque todo; y <em>fruct\u00edfera,<\/em> o sea, santificante e irradiante\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>. Cuanto m\u00e1s fuerte sea nuestra fe en el sacrificio redentor, en el Cristo que se ofrece en el altar, m\u00e1s fuerte ser\u00e1 nuestra adoraci\u00f3n y nuestro di\u00e1logo con Cristo Eucarist\u00eda, signo sacramental de la unidad de la Iglesia. \u00abEl Congreso Eucar\u00edstico, que atrae ante el Sant\u00edsimo Sacramento a multitud de adoradores, es tambi\u00e9n un s\u00edmbolo, y muy eficaz, de esta unidad eclesial interior y exterior. S\u00ed, Cristo presente bajo las especies eucar\u00edsticas llama a s\u00ed a toda la Iglesia y la hace reflexionar sobre su vocaci\u00f3n a la unidad y a la caridad; Cristo, solemne y p\u00fablicamente adorado, conduce hoy a la comunidad cristiana a las fuentes primigenias de su vida, de su misma raz\u00f3n de ser\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQui\u00e9n puede reducir la adoraci\u00f3n a Cristo Eucarist\u00eda y quedarse satisfecho con los brev\u00edsimos momentos que tenemos durante la celebraci\u00f3n del sacrificio? Hacer esto ser\u00eda condenar nuestra oraci\u00f3n a una pr\u00e1ctica totalmente exterior y sin vida. Seamos consecuentes con lo que la misma vida nos grita. \u00bfEl amor y la amistad, los sentimientos m\u00e1s nobles y grandes son fruto s\u00f3lo de un momento, viven s\u00f3lo de momentos cumbres o existen esos momentos \u00abm\u00e1s cumbres\u00bb cuanto m\u00e1s rica sea, su continuidad? El hijo esperado, el matrimonio que se ama, la amistad fiel, \u00bfde cu\u00e1ntos d\u00edas sencillos, de cu\u00e1nta cotidianeidad, de cu\u00e1nto trato, de cu\u00e1ntos mil detalles se alimentan? La adoraci\u00f3n y devoci\u00f3n a Cristo en el sacramento no pueden entenderse de otra manera que como prolongaci\u00f3n de la adoraci\u00f3n y culto ofrecido en el sacrificio del altar. Se acab\u00f3 por negar la presencia de Cristo a partir de posturas extremas en las que, acabada la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica como banquete, ya no requer\u00eda m\u00e1s tiempo la presencia de Cristo en el pan y en el vino. Y donde se minimiza la presencia real y sustancial de la Eucarist\u00eda, los dem\u00e1s sacramentos son poco m\u00e1s que sacramentales o simples pr\u00e1cticas eclesi\u00e1sticas. Se minimiza tambi\u00e9n lo esencial de la sucesi\u00f3n de los ap\u00f3stoles y el ministerio sacerdotal, y la Iglesia queda reducida a la asamblea invisible de los elegidos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Desestimaci\u00f3n injustificada<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente, se ha producido una p\u00e9rdida en lo que se refiere a la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica. Podemos centrarlo, como dice Jean Galot, en dos puntos de car\u00e1cter doctrinal: \u00abPrimero, la insistencia con que se ha recalcado la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental, en el sacrificio de la Misa, ha provocado en muchos una reacci\u00f3n en contra de la pr\u00e1ctica de adorar al Sant\u00edsimo fuera del tiempo del sacrificio. Sucede con frecuencia que el hecho de acentuar con mayor relieve uno de los valores de la Eucarist\u00eda, lleva a encerrar a los otros en la oscuridad. El sacramento de la Eucarist\u00eda es tan rico que la admiraci\u00f3n experimentada por uno solo de los aspectos de su misterio puede ocasionar el menosprecio de la riqueza de su conjunto y, por tanto, el empobrecimiento de su totalidad. La segunda raz\u00f3n est\u00e1 en el hecho de que esta adoraci\u00f3n eucar\u00edstica es un fruto tard\u00edo de la Iglesia. En la Iglesia primitiva, la Eucarist\u00eda era p\u00fablicamente adorada, pero solamente durante el tiempo de la Misa y de la Comuni\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>. Es verdad que no era una piedad eucar\u00edstica recta la que se complac\u00eda demasiado en bendiciones y exposiciones, mientras se descuidaba la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental en el sacrificio de la Misa. Pero \u00bfno hemos ido demasiado lejos en esta supresi\u00f3n? \u00abTambi\u00e9n aqu\u00ed nos es f\u00e1cil descubrir la paja en el ojo de nuestros predecesores, al mismo tiempo que nos exponemos a no notar siquiera la viga que se hunde en el nuestro. Cierto que podemos felicitarnos de que vuelva a descubrirse el sentido colectivo de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, mientras se vuelve a concepciones del sacrificio eucar\u00edstico que implican nuestra participaci\u00f3n. Pero es ya una muy mala se\u00f1al que los valores de adoraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n, concentrados ayer en una devoci\u00f3n eucar\u00edstica ajena de hecho a la Eucarist\u00eda, no parezcan haber repercutido en nuestra celebraci\u00f3n de \u00e9sta, sino que se hayan m\u00e1s bien volatilizado pura y simplemente con la desaparici\u00f3n progresiva de las pr\u00e1cticas en que se hab\u00edan insertado: bendiciones del Sant\u00edsimo Sacramento, visita al Sant\u00edsimo, acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, etc. En estas condiciones, la celebraci\u00f3n colectiva, que no est\u00e1 animada por la contemplaci\u00f3n, y menos todav\u00eda por la adoraci\u00f3n de Cristo presente en su misterio, corre gran peligro de degradarse para convertirse en una de esas manifestaciones de masas tan caras al paganismo contempor\u00e1neo, superficialmente nimbada por un aura de sentimientos cristianos. \u00bfNo es as\u00ed inevitable que nuestra uni\u00f3n con el sacrificio del Salvador mediante la Misa venga a confundirse con ella, como lo estamos ya viendo demasiado, con una simple adici\u00f3n al <em>opus redemptionis,<\/em> de nuestras obras completamente humanas, hasta que se acabe por sustituirlo pura y simplemente por \u00e9stas?\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hecho de que, durante determinadas \u00e9pocas de la Iglesia, y en concreto en la Iglesia primitiva, no se haya practicado la devoci\u00f3n eucar\u00edstica fuera del sacrificio de la Misa no es causa que nos lleve a abandonarla. La piedad de la Iglesia evidentemente evoluciona y crece. Karl Rahner nos dice que si queremos volver a la antig\u00fcedad hemos de recorrer todo el camino de nuevo, hay que practicar sus severos ayunos, sus largas ceremonias, muchas veces nocturnas; sus tremendas y prolongadas penitencias p\u00fablicas, o \u00bfes que s\u00f3lo seleccionamos de la antig\u00fcedad lo que nos es c\u00f3modo, conveniente o f\u00e1cil? \u00abLo que hay que recalcar es que el hecho de que durante largos per\u00edodos de la Iglesia no se haya conocido la devoci\u00f3n eucar\u00edstica fuera del sacrificio de la Misa, no es un argumento v\u00e1lido contra la genuinidad cristiana de esta devoci\u00f3n. Un falso romanticismo con respecto a la Iglesia primitiva, que nos llevase a abandonar las devociones que se desarrollaron a lo largo de la historia, supondr\u00eda una p\u00e9rdida irreparable para la vida y devoci\u00f3n cat\u00f3licas. El cristianismo es historia. Una pr\u00e1ctica con miles de a\u00f1os de historia detr\u00e1s de s\u00ed, tiene sus derechos, incluso aun cuando estos milenios no sean los primeros. Aquellos que exaltan las primeras centurias como modelo absoluto, en materias de devoci\u00f3n, deber\u00edan hacerlo con todas sus consecuencias (o abandonar ese modelo como absoluto): lo cual significar\u00eda aplicarlo tambi\u00e9n a los ayunos, a la neta preferencia y preeminencia del estado de virginidad sobre el del matrimonio, a la duraci\u00f3n de la liturgia, a la dura ascesis mon\u00e1stica y a muchas cosas m\u00e1s. Solamente el pensar de la Iglesia de todos los tiempos es lo que puede pronunciarse sobre las estructuras b\u00e1sicas del cristianismo, que en todo per\u00edodo de la Iglesia se ven desajustadas, pero que llevan hist\u00f3ricamente, en teor\u00eda y en la pr\u00e1ctica, a conclusiones que no siempre han estado expl\u00edcitas, pero que una vez conseguidas se convierten en parte integrante de la autorrealizaci\u00f3n permanente de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica en la comunidad cristiana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Solamente hay un sacerdote: Cristo. Solamente hay un sacerdocio: el de Cristo. Solamente hay una redenci\u00f3n: la de Cristo. Solamente hay una comida y una bebida: el cuerpo y la sangre de Cristo. Solamente hay una oraci\u00f3n: la que hagamos en uni\u00f3n con Cristo. <em>Todo lo que pid\u00e1is al Padre en mi nombre, os lo dar\u00e1<\/em> (Jn 16, 23). \u00c9l es la vid y nosotros los sarmientos; si permanecemos en \u00c9l daremos mucho fruto, separados de \u00c9l no podemos hacer nada(cf. Jn 15, 5). La invitaci\u00f3n de Cristo a permanecer en \u00c9l y orar sin cesar nos exige que nos vayamos abriendo de una manera cada vez m\u00e1s rica, consciente y responsable, a su misterio de muerte y vida, que \u00abes nuestra propia vida\u00bb, porque nos ha dado el poder de llegar a ser hijos de Dios (cf. Jn 1, 12). La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica de la comunidad cristiana tiene un centro de gravedad: el momento en que adora a Cristo que presenta al Padre su propio sacrificio. <em>Tomad, comed, esto es mi cuerpo. Tom\u00f3 luego un c\u00e1liz y, dadas las gracias, se lo dio diciendo: Bebed de \u00e9l todos, porque \u00e9sta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos para remisi\u00f3n de los pecados. Y os digo que desde ahora no beber\u00e9 de este producto de la vid hasta el d\u00eda en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre<\/em> (Mt 26, 26-29). Toda la vida de la Iglesia gravita en torno a ese \u00abpor \u00c9l, con \u00c9l y en \u00c9l es dado a Ti en unidad del Esp\u00edritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos\u00bb; es la proclamaci\u00f3n que le brota a la Iglesia despu\u00e9s de esos momentos vitales que acaba de vivir. En cada celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda vivimos los misterios de Cristo bajo los signos sacramentales. Y esta misma celebraci\u00f3n exige una continuidad, porque la Hostia que adoramos es el mismo Cristo, el <em>Cordero como degollado<\/em> (Ap 5, 6), que est\u00e1 siempre ante el trono de Dios intercediendo por los hombres, <em>porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y naci\u00f3n; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra <\/em>(Ap 5, 9-10). La Hostia que adoramos ha sido consagrada en la Santa Misa, est\u00e1 destinada a ser alimento de miembros de nuestra propia comunidad. La Hostia que adoramos de manera comunitaria o en privado, esas Formas que permanecen en el sagrario \u00bfno tendr\u00edan que estar totalmente impregnadas de adoraci\u00f3n, de amor, de anhelos de purificaci\u00f3n y conversi\u00f3n, de la alegr\u00eda y el dolor de los cristianos, del ofrecimiento del trabajo diario?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es cierto que poseemos otras presencias de Cristo. <em>Cristo vive en nuestros corazones por la fe<\/em> (Ef 3,17). <em>Donde est\u00e1n dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed estoy en medio de ellos<\/em> (Mt 18, 20). Pero nuestra fe necesita de signos sensibles, el Se\u00f1or lo sab\u00eda, necesita ser sostenida y vivificada por ellos. Cristo Eucarist\u00eda nos ayuda a conocer la cercan\u00eda de Dios; estableci\u00f3 su morada sensiblemente entre nosotros. La funci\u00f3n de signo sensible en el orden sacramental es acercar las realidades espirituales lo m\u00e1s posible a nuestra vida humana, introducirlas de forma m\u00e1s tangible y real para nosotros. Tenemos la gran riqueza y la gran dicha de saber y de poder encontrar a Dios en un lugar concreto. Quienes atacan esto parecen conocer muy poco nuestra naturaleza humana, tan \u00e1vida de tocar, palpar, poseer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLa presencia real de Cristo es la prolongaci\u00f3n de la liturgia sacrificial, hace presente la liturgia eterna del cielo (cfr. Hb 7, 25), en la espera del encuentro escatol\u00f3gico con Cristo, y aplica del modo m\u00e1s amplio los frutos de la santa comuni\u00f3n; pero adem\u00e1s de estos fundamentos dogm\u00e1ticos, la Eucarist\u00eda, y por consiguiente el culto eucar\u00edstico fuera de la Misa, tiene una importancia inigualable. Tanto desde el punto de vista cultual, como forma de adoraci\u00f3n, de agradecimiento, de propiciaci\u00f3n y de impetraci\u00f3n, que comprende los mismos fines del sacrificio, cuanto desde el punto de vista asc\u00e9tico y m\u00edstico, ya que sin una genuina piedad eucar\u00edstica no se da verdadero alimento al apostolado, ni se asegura la fidelidad de las vocaciones eclesi\u00e1sticas y del ministerio sacerdotal (cf. <em>Presbyterorum ordinis,<\/em> 4-5); desde el punto de vista eclesial-comunitario, porque la Eucarist\u00eda es conservada en los templos y en los oratorios como centro espiritual de la comunidad religiosa y parroquial, m\u00e1s a\u00fan, de la Iglesia universal y de toda la humanidad (Enc\u00edclica <em>Mysterium fidei: <\/em>AAS 47 [1965] 772); desde el punto de vista social y humano, como inspiradora de caridad y esp\u00edritu social; y, por \u00faltimo, tambi\u00e9n desde el punto de vista ecum\u00e9nico, como fuente y alimento de unidad, seg\u00fan los principios que hemos expuesto en nuestra mencionada Enc\u00edclica <em>El culto de la Eucarist\u00eda en la vida de la Iglesia<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gran realidad est\u00e1 en saber vivir participando, tanto en comunidad como en particular, de esa oraci\u00f3n continua de Jesucristo Eucarist\u00eda. \u00bfA qu\u00e9 comunidad eclesial, a qu\u00e9 hombre la presencia sacramental de Cristo no exige una respuesta? La visita eucar\u00edstica deber\u00eda ser respuesta, como toda clase de culto y relaci\u00f3n, que fundamente m\u00e1s las relaciones de amor entre Dios y los hombres. El amor a Dios sobre todas las cosas, el servicio, el adentramiento en el misterio cristiano deben llevar siempre a la intimidad de la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica, a manifestaciones visibles, a signos materiales como pueden ser las variadas formas de culto eucar\u00edstico. El di\u00e1logo con Dios, tanto de forma personal como comunitaria, tiene que encontrar su energ\u00eda en el misterio sacramental, ya que es el mismo Cristo el que ha querido comunicarse as\u00ed con nosotros. La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica es un tesoro que la Iglesia no abandonar\u00e1. Cada monasterio, cada comunidad religiosa que se consagra a la adoraci\u00f3n de Cristo en la Eucarist\u00eda es signo de la continuidad de la vida de oraci\u00f3n de la Iglesia alrededor de su Cabeza, es luz y sal de la comunidad cristiana, a la que empapa de espiritualidad y de oraci\u00f3n, de silencio, de recogimiento amoroso, de anhelos de uni\u00f3n y de caridad en torno a la m\u00e1xima expresi\u00f3n de comuni\u00f3n. Es un ejemplo y una invitaci\u00f3n constante para que todos los cristianos nos unamos tambi\u00e9n as\u00ed a la oraci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Silencio del alma<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La persona humana necesita de la entrega tranquila y silenciosa, la purificaci\u00f3n del silencio de Dios y en el silencio de Dios. No existe adoraci\u00f3n que no est\u00e9 penetrada de silencio. Y ya hemos visto que no puede existir \u00abcomunidad\u00bb, ni en sentido humano, si no hay \u00abcaridad y riqueza interior\u00bb, lazos que unen, sentido que orienta, reflexi\u00f3n que cimenta y profundiza. Cualquier celebraci\u00f3n lit\u00fargica requiere el ejercicio de la adoraci\u00f3n privada si quiere ver verdaderamente viva, religiosa y tener fuerza y dinamismo interior. Cuando hablamos del papel purificador, santificador de la adoraci\u00f3n y de la intimidad personal con Cristo estamos estableciendo un hecho teol\u00f3gico. Son palabras del Papa Juan XXIII en su Enc\u00edclica <em>Sacerdotii nostri.<\/em> \u00abLa oraci\u00f3n larga y continua del sacerdote ante el Sant\u00edsimo Sacramento del altar tiene una eficacia que el sacerdote no podr\u00e1 conseguir de ninguna otra manera. No existe un sustitutivo de tal oraci\u00f3n. Cuando el sacerdote adora a Cristo, el Se\u00f1or, y le da gracias, cuando ofrece satisfacci\u00f3n por sus propios pecados y por los pecados de los dem\u00e1s, o cuando ora ardientemente para encomendar a Dios los asuntos a \u00e9l confiados, arde en un amor m\u00e1s profundo hacia el divino Redentor, al que \u00e9l mismo ha prometido fidelidad, y hacia los hombres, en favor de los cuales ejerce su ministerio pastoral\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El silencio de Cristo en la Eucarist\u00eda, \u00a1qu\u00e9 gran fuente de fecundidad para nuestra agitada algarab\u00eda! \u00bfQui\u00e9n sabe m\u00e1s del hombre que Dios mismo? El silencio&#8230;, pero si es esencial a la constituci\u00f3n propia del hombre, si es la base para ir a la ciencia, a la belleza, a la trascendencia. Desde \u00e9l parte a todas las direcciones, mundo exterior, mundo del arte, mundo religioso. S\u00f3lo desde \u00e9l puede conocer a Dios, a los hombres y al mundo. Es el signo de la cualidad y profundidad del esp\u00edritu. \u00c9l hace posible las m\u00e1s grandes verdades, es la puerta de entrada donde todo cobra su densidad original. Los hombres nos encontramos en el silencio, gozamos de la obra de arte teniendo ambos, objeto contemplado y hombre, como medida com\u00fan el silencio. Se encuentra el hombre con la creaci\u00f3n de su inteligencia y de sus manos en el silencio. La perfecci\u00f3n, la belleza, se logran cuando la espontaneidad original del silencio de la naturaleza y la del esp\u00edritu se encuentran y unifican en la \u00abcreaci\u00f3n\u00bb. El silencio es f\u00e9rtil como el grano de trigo. \u00c9l informa la palabra, el gesto, la expresi\u00f3n; no es carencia, ni suspensi\u00f3n de la palabra. Es esencial a la vida interior, une y da consistencia a lo que hay en nuestra intimidad, callamos ante el descubrimiento, ante la creaci\u00f3n, ante el amor. Ya no tienen sentido las preguntas; se siente, se vive inmerso en la plenitud; se ve como la totalidad, el gran contenido. El amor nace en el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adoraci\u00f3n pertenece al alma, al ser del hombre. Se puede actuar, hablar, pero no se puede adorar a Dios si no se le adora de verdad con el esp\u00edritu y con el coraz\u00f3n. La adoraci\u00f3n supone dedicaci\u00f3n, que se exterioriza y encuentra su suprema expresi\u00f3n en acciones y actitudes hermosas, que llevan a la necesidad de manifestar en com\u00fan el amor, la acci\u00f3n de gracias, el reconocimiento de Cristo Eucarist\u00eda como el gran sacramento de la uni\u00f3n. Todo lo que nace del verdadero amor es amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por tanto, el Congreso es un acto de fe en la supremac\u00eda del amor de Cristo, que se irradia desde la presencia eucar\u00edstica<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>; es un acto que confirma el culto eucar\u00edstico en toda su plenitud y complementariedad. Sabemos muy bien que el sacrificio de la Misa ocupa el primer puesto en la liturgia: todos los documentos del Magisterio, hasta los m\u00e1s recientes, lo afirman. Pero queremos tambi\u00e9n recordar a todos nuestros hermanos e hijos que, frente a algunos inconsiderados planteamientos te\u00f3ricos o pr\u00e1cticos recientes, todas las formas de culto eucar\u00edstico conservan inalterable su validez, su funci\u00f3n insustituible, su valor pedag\u00f3gico y formativo de escuela de fe, de oraci\u00f3n, de santidad. La Iglesia, desde los comienzos, siempre ha tenido el mayor respeto por las especies eucar\u00edsticas, los <em>caelestia membra,<\/em> como los llama la inscripci\u00f3n damasiana colocada en el sepulcro de San Tarsicio, que recuerda al ni\u00f1o m\u00e1rtir de la fe eucar\u00edstica, dispuesto a morir antes que a dejar los miembros del Se\u00f1or en manos de adversarios desencadenados<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si los miembros del Cuerpo M\u00edstico que formamos todos con Cristo estamos sostenidos por la presencia eucar\u00edstica del Se\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo no vamos necesariamente a adorar privada y comunitariamente este misterio de fe? La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica es aut\u00e9ntica, rica y verdadera manifestaci\u00f3n de fe en Cristo, adhesi\u00f3n a su misterio, expresi\u00f3n de amor que requiere presencia y firme esperanza de su promesa. Te adoro con fervor, deidad oculta; el coraz\u00f3n se rinde entero; se enga\u00f1a la vista, el tacto, el gusto, pero tu palabra engendra fe rendida. No hay verdad cual la verdad divina. Por su Dios te aclama nuestra alma, que de tu sangre una gota salve al mundo de su pecado<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusiones<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para terminar, quisiera resumir mi pensamiento en unas proposiciones breves y sencillas que ofrezco a continuaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1\u00aa. No concedemos a la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica ni m\u00e1s ni menos importancia que la que le concede la Iglesia. La adoraci\u00f3n a Dios por parte del hombre es una actitud religiosa esencial dentro de las relaciones del hombre con Dios. Tan esencial que est\u00e1 perfectamente justificada la expresi\u00f3n, aparentemente parad\u00f3jica, de Gertrudis von Le Fort: \u00abAdoro, luego existo\u00bb, en lugar de \u00abexisto, luego adoro\u00bb. Ahora bien, en la Eucarist\u00eda est\u00e1 presente Jesucristo, que es Dios: ante esta presencia, la actitud de adoraci\u00f3n es fundamental e insoslayable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2\u00aa. Cuando adoramos a Cristo en la Eucarist\u00eda, hacemos lo mismo que hicieron los Magos, los cuales, <em>postr\u00e1ndose, le adoraron<\/em> (Mt 2, 11); lo mismo que el leproso, el cual, viniendo a \u00c9l, le adoraba diciendo: <em>Se\u00f1or, si T\u00fa quieres, puedes limpiarme<\/em> (Mt 8, 2); lo mismo que Pedro y los disc\u00edpulos cuando, calmada la tempestad, <em>se acercaron a \u00c9l y le adoraron diciendo: Verdaderamente T\u00fa eres el Hijo de Dios<\/em> (Mt 14, 33); lo mismo que los Ap\u00f3stoles en el momento de la Ascensi\u00f3n, los cuales, al verle <em>le adoraron<\/em> (Mt 28, 17).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3\u00aa. El hecho de que en los primeros siglos de la Iglesia no se practicaran formas de adoraci\u00f3n eucar\u00edstica como las que hemos conocido m\u00e1s tarde, no obliga a modificar nuestros planteamientos actuales en cuanto a lo fundamental de la adoraci\u00f3n a la Eucarist\u00eda. Tambi\u00e9n, ahora como entonces, reservamos la Sagrada Eucarist\u00eda para poder llevarla a los enfermos; y, adem\u00e1s, nos detenemos ante nuestros sagrarios para adorarla. Tambi\u00e9n entonces como ahora la reservaban para llevarla a los enfermos, a los presos, a los expuestos al martirio; y al llevarla y al recibirla lo hac\u00edan con respeto, con gratitud, con fe, con amor, es decir, con adoraci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s da adorar a Cristo, expuesto en el viril de una custodia, o ir ador\u00e1ndole por el camino en medio de un bosque de paganas indiferencias o de persecuciones hostiles?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4\u00aa. Lo que importa es que la conciencia cristiana del que adora a la Eucarist\u00eda hunda sus ra\u00edces en el \u00fanico subsuelo donde tiene derecho a crecer la planta de la adoraci\u00f3n, para que no se transforme en un injerto h\u00edbrido del que solamente broten flores sin perfume. Esa tierra f\u00e9rtil est\u00e1 formada por las siguientes convicciones nacidas de la fe, entre otras:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li><em>a)<\/em> que la permanencia de Cristo en el sagrario es tambi\u00e9n sacrificial, como prolongaci\u00f3n del sacrificio de la cruz y del altar, y por consiguiente todo el que adora prolonga tambi\u00e9n su ofrecimiento en uni\u00f3n con Cristo y con toda la Iglesia;<\/li>\n\n\n\n<li><em>b)<\/em> que la adoraci\u00f3n no es ning\u00fan espl\u00e9ndido ejercicio de ego\u00edsmo religioso, ni de contentamiento pseudo-m\u00edstico;<\/li>\n\n\n\n<li><em>c)<\/em> que el acto de adorar aqu\u00ed en la Eucarist\u00eda, no en otras adoraciones, comporta la obligaci\u00f3n de asimilar, porque es una especie de comuni\u00f3n pre o post-sacramental, y participa de las mismas urgencias y se nutre de los mismos est\u00edmulos que la Sagrada Comuni\u00f3n; luego tiene que disponer a la pr\u00e1ctica de las grandes virtudes cristianas, igual que \u00e9sta;<\/li>\n\n\n\n<li><em>d)<\/em> que el adorador de la Eucarist\u00eda, nunca olvidado de la comunidad grande o peque\u00f1a a la que pertenece, y teniendo presente siempre a la Iglesia y al mundo, es el m\u00e1s comprometido a vivir con su palabra, con su trabajo y con su ejemplo (comportamientos prof\u00e9tico, apost\u00f3lico y de testimonio) las exigencias evang\u00e9licas de la caridad y de la justicia como fermento transformador de la humanidad; a \u00e9l, todav\u00eda con m\u00e1s raz\u00f3n que a otros, le son aplicables las palabras de Jes\u00fas: <em>En esto conocer\u00e1n que sois mis disc\u00edpulos, si os am\u00e1is los unos a los otros<\/em> (Jn 13, 35).<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5\u00aa. Con esto como base, lo que nos corresponde es estar agradecidos a la normal expansi\u00f3n de la vida de la Iglesia, que en un momento determinado de su historia llega a manifestar con m\u00e1s claridad que hasta entonces aspectos del culto eucar\u00edstico antes poco explicitados, como son \u00e9stos de la adoraci\u00f3n en sus diversas formas: p\u00fablica o privada, con m\u00e1s o menos solemnidad, con cantos y alabanzas, de noche o de d\u00eda. Hagamos bien la adoraci\u00f3n, pero hag\u00e1mosla. Y bendita sea la hora en que la Iglesia, reflexionando sobre las riquezas que lleva dentro de s\u00ed misma, acierta a dar cauce de expresi\u00f3n a las adoraciones eucar\u00edsticas que antes exist\u00edan como silenciosa posesi\u00f3n de la conciencia. Es como, cuando en una familia, la convivencia diaria permite en un determinado momento una m\u00e1s detenida contemplaci\u00f3n de los lazos afectivos que unen a sus miembros. Si los Ap\u00f3stoles, en lugar de haber convivido con Jesucristo s\u00f3lo tres a\u00f1os, hubieran estado m\u00e1s tiempo y le hubieran visto y tratado m\u00e1s, estoy seguro de que en las p\u00e1ginas del Evangelio hubieran aparecido mayores y m\u00e1s elocuentes manifestaciones de su amistad, de su amor, de su gratitud, de su servicio, de su compromiso; es decir, de su adoraci\u00f3n a \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6\u00aa Perfecci\u00f3nense, cuanto sea posible, las formas y modalidades de la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica, y esto podr\u00eda ser uno de los frutos del actual Congreso de Valencia, pero que no se destruyan. Las visitas a Jes\u00fas Sacramentado, las bendiciones eucar\u00edsticas, las procesiones del Corpus, las vigilias eucar\u00edsticas, las asociaciones como la Adoraci\u00f3n Nocturna o la que ha nacido recientemente en Francia con el nombre de \u00abUni\u00f3n Eucar\u00edstica pro mundi vita\u00bb, siguen siendo tan v\u00e1lidas y tan estimables en la Iglesia de hoy como en la de ayer, hablando en t\u00e9rminos generales. Est\u00fadiese el perfeccionamiento de sus expresiones, y aqu\u00ed es donde la iniciativa de nuestra fe y nuestro entusiasmo puede servir eficazmente para orientar mejor, no para olvidar. Es error pastoral de tr\u00e1gicas consecuencias que se pierda la piedad eucar\u00edstica en torno al sacramento de la presencia real, en nuestras comunidades parroquiales o diocesanas, en nuestros seminarios o noviciados, en nuestras casas religiosas. La historia demuestra que cuando todo quiere reducirse a participar en el sacrificio despreciando lo dem\u00e1s, termina por desaparecer la fe en el sacrificio de Cristo, y el altar se convierte en nuevo rito m\u00e1gico sin profundidad o en un pretexto para la teolog\u00eda pol\u00edtica mal entendida. Error grave era olvidarnos del sacrificio y perdernos en el barroquismo de las adherencias ruidosas de un culto eucar\u00edstico sin sentido; pero no menos grave y funesto resulta impedir que se propague la onda vital del sacrificio que empez\u00f3 por tener adoradores silenciosos a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda y al Ap\u00f3stol San Juan junto al calvario. Una y otra cosa son compatibles. \u00a1Y cuidado con las iron\u00edas sobre el lenguaje! Es cierto que hay una literatura poco afortunada que gira en torno a esas frases como \u00abel divino prisionero del tabern\u00e1culo\u00bb, etc\u00e9tera. Seamos m\u00e1s exactos, si es que debemos serlo. Pero sin extremar las cosas; porque luego resulta que los mismos Santos Padres hablan del Verbo Encarnado preso en el seno materno de Mar\u00eda, o la misma liturgia oficial de la Iglesia llama al Esp\u00edritu Santo \u00abdulce hu\u00e9sped de las almas\u00bb y habla del \u00absuave roc\u00edo de su gracia\u00bb. Sin extremarlas y sin incurrir en parecidas ret\u00f3ricas, como las de aquellos que, oponi\u00e9ndose con raz\u00f3n a las deformaciones del estilo de antes, incurren ahora abusivamente en nuevos retoricismos, hablando sin cesar, venga o no a cuento, de los signos de los tiempos, del riesgo de la fe, de la libertad creadora, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7\u00aa. Cierto que estamos en una hora de cambios profundos en la vida de la sociedad civil y de la Iglesia. Cuantos m\u00e1s cristianos comprometidos logremos para transformar y mejorar las condiciones de la sociedad terrestre mejor serviremos al Evangelio. El seglar tiene esa misi\u00f3n, ser un agente de elevaci\u00f3n del mundo hacia metas cada vez m\u00e1s progresivas y m\u00e1s altas con sentido cristiano. La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica no solamente no ser\u00e1 un obst\u00e1culo para ello, sino, por el contrario, una ayuda espl\u00e9ndida y eficac\u00edsima, porque permite meditar y comprender mejor las exigencias del sacrificio de Cristo, porque invita al examen interior de s\u00ed mismo en la presencia del Dios vivo, porque favorece el silencio de la contemplaci\u00f3n, sin la cual nuestro cristianismo se convierte f\u00e1cilmente en una nueva ideolog\u00eda. Est\u00e1 la Iglesia m\u00e1s necesitada de silencio que de palabras, pero no de un silencio opaco y triste, sino de aquel otro sobre cuya atm\u00f3sfera flotan los g\u00e9rmenes de la vida divina que llaman, estimulan, nos fuerzan al amor y al perd\u00f3n, nos libran de la aspereza de las acusaciones mutuas, nos capacitan para la lucha diaria, nos proporcionan paz y consuelo. Esto hace la Eucarist\u00eda, cre\u00edda, amada y adorada. <em>Si T\u00fa hubieras estado aqu\u00ed<\/em> \u2013le dec\u00edan Marta y Mar\u00eda al Se\u00f1or\u2013 <em>nuestro hermano no hubiera muerto.<\/em> Alud\u00edan, sin darse cuenta, a la necesidad que tiene el coraz\u00f3n humano, y aun la fe, de una presencia cercana de Cristo en nuestra vida para que no se nos mueran entre las manos tantas cosas como queremos que sigan viviendo para poder vivir nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La piedad eucar\u00edstica, en sus diversas formas de adoraci\u00f3n y de s\u00faplica, como la piedad y devoci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, no son devociones de burgueses, como se ha dicho, sino del pueblo de Dios sencillo y multiforme que sufre y que ama y sigue adelante sin desesperarse. Conocemos a muchos sacerdotes, y religiosos, y seglares, adoradores de la Eucarist\u00eda, que son desde la humildad de sus vidas y sus profesiones, aut\u00e9nticos sembradores de paz y de justicia en la sociedad en que viven. No necesitan escribir art\u00edculos en peri\u00f3dicos y revistas para ayudar al hombre de hoy en su trabajo. Lo hacen sin hablar, porque se sienten hermanos de todos. La Iglesia del futuro ser\u00e1 lo que tenga que ser. No nos asusten las renovaciones leg\u00edtimas que se hayan de introducir. Cambiar\u00e1n muchas instituciones como cambian las culturas, y se acomodar\u00e1n m\u00e1s a las diversas edades, costumbres, exigencias naturales, etc. Pero de una cosa podemos estar seguros: donde haya cristianos, hijos de la Iglesia Cat\u00f3lica, habr\u00e1, en una forma u otra, adoradores de la Eucarist\u00eda que nos dej\u00f3 el Se\u00f1or como sacrificio y sacramento, como memorial de su pasi\u00f3n y como prenda de la gloria que nos espera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Presbyterorum ordinis<\/em>,<em> 5.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> P\u00edo XII<em>, <\/em><em>Mystici corporis<\/em>,en:<em>Discorsi e radiomessaggi di S.S. P\u00edo XII<\/em>,V. 307<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> F. Amiot, <em>Ideas maestras de San Pablo,<\/em> Salamanca 1963, 228-229.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> R. Guardini, <em>El Se\u00f1or,<\/em> I, Madrid<sup>6<\/sup> 1965, 150.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> R. Guardini, <em>El Se\u00f1or,<\/em> II, Madrid<sup>6<\/sup> 1965, 347-349.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> San Agust\u00edn, <em>Confesiones,<\/em> X, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> M. Roguet, <em>Eucarist\u00eda y liturgia<\/em>,en:<em>La Eucarist\u00eda hoy<\/em>,Santander 1970, 130-131.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Pablo VI, <em>Discurso<\/em> al Comit\u00e9 Internacional para los Congresos Eucar\u00edsticos, 1 de marzo de 1972.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Jean Galot<em>. <\/em><em>Presencia eucar\u00edstica y vida cristiana,<\/em>en:<em>La Eucarist\u00eda hoy,<\/em> Santander 1970.91-92.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Louis Bouyer, <em>La Eucarist\u00eda,<\/em> Barcelona 1969, 24-25.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> K. Rahner<em>, <\/em><em>Sobre las visitas al Sant\u00edsimo<\/em>,enla obra<em>La Eucarist\u00eda hoy.<\/em> Santander 1970, 157.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Pablo VI, <em>Discurso<\/em> al Comit\u00e9 Internacional para los Congresos Eucar\u00edsticos, 1 de marzo de 1972.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Juan XXIII, <em>Sacerdotii nostri primordia<\/em>,46. Cf. <em>El sacerdocio hoy,<\/em>BAC minor 67, 1985, 166.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Cf. P\u00edo XI, <em>Quas primas:<\/em> AAS 17 (1925) 606.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> V\u00e9ase el discurso de Pablo VI citado en la nota 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Himno eucar\u00edstico Adoro <em>te devote,<\/em> de Santo Tom\u00e1s de Aquino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en Valencia el 27 de mayo de 1972, en el VIII Congreso Eucar\u00edstico Nacional. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, junio 1972. La vida de la comunidad cristianase basa en el misterio de Cristo La fuerza y eficacia del cristianismo radican en s\u00ed mismo porque Cristo es el camino, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[53,51],"doc_tag":[],"class_list":["post-756","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-eucaristia-en-la-vida-del-cristiano","doc_category-la-oracion-del-cristiano"],"year_month":"2026-05","word_count":11405,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. Webmaster","author_nicename":"currante","author_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/author\/currante\/"},"doc_category_info":[{"term_name":"La Eucarist\u00eda en la vida del cristiano","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/la-eucaristia-en-la-vida-del-cristiano\/"},{"term_name":"La oraci\u00f3n del cristiano","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/la-oracion-del-cristiano\/"}],"doc_tag_info":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/756","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/docs"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=756"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/756\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":757,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/756\/revisions\/757"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=756"}],"wp:term":[{"taxonomy":"doc_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_category?post=756"},{"taxonomy":"doc_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_tag?post=756"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}