{"id":754,"date":"2024-09-22T19:33:30","date_gmt":"2024-09-22T17:33:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=754"},"modified":"2024-09-22T19:33:30","modified_gmt":"2024-09-22T17:33:30","password":"","slug":"la-misa-y-la-vida-cristiana","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-misa-y-la-vida-cristiana\/","title":{"rendered":"La misa y la vida cristiana"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Conferencia pronunciada a las religiosas en Zaragoza, con motivo del Congreso Eucar\u00edstico Nacional, celebrado en septiembre de 1961.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Queridas religiosas: Se ha hablado ya de la Misa y el esp\u00edritu de la vida religiosa, que es vuestro propio y espec\u00edfico estado. Ahora debo yo hablar de un tema m\u00e1s amplio y gen\u00e9rico: <em>La Misa y la vida cristiana. <\/em>Sin duda, la Comisi\u00f3n encargada de redactar el temario de este Congreso pens\u00f3, y ello es un acierto indiscutible, que no se puede construir el edificio sin establecer bien los fundamentos. El edificio en vosotras tiene una hermosa coronaci\u00f3n, el estado religioso; pero el fundamento y el punto de partida de donde arranca todo es la vida cristiana. En ella, como en una semilla de incalculable riqueza, se contienen los g\u00e9rmenes de todas las expansiones que esa vida pueda alcanzar, por frondosas que sean. Y eso es el estado religioso, una expansi\u00f3n exuberante y copiosa, con caracter\u00edsticas propias, de la semilla cristiana, cuya fecundidad no tiene l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfQu\u00e9 es la vida cristiana?<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creo podr\u00edamos dar de ella una definici\u00f3n semejante a la que Jesucristo da de la vida eterna cuando dice aquellas palabras: <em>Haec est vita aeterna, ut cognoscant te solum Deum verum et quem misisti Jesum Christum<\/em> (Jn 17, 3): <em>La vida eterna consiste en conocerte a Ti, \u00fanico Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien T\u00fa enviaste.<\/em> Digo que estas palabras evang\u00e9licas pueden ser perfectamente aplicadas a la vida cristiana, porque, al fin y al cabo, \u00e9sta no es m\u00e1s que una preparaci\u00f3n para aqu\u00e9lla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata, por consiguiente, de un conocimiento de Dios y de Jes\u00fas, el enviado. Conociendo a Jesucristo se conoce a Dios; se conoce al Dios que ha querido darse a conocer, y en la forma que quiere ser conocido. Por eso, nuestra definici\u00f3n no ser\u00eda completa si nos detuvi\u00e9ramos \u00fanicamente en el conocimiento de Dios. Hace falta concretar un poco m\u00e1s; <strong>se trata de Dios Encarnado, de Jesucristo Redentor<\/strong>, de Jes\u00fas hecho hombre para ofrecernos el mensaje salvador. Pero no es un conocimiento especulativo y puramente doctrinal el que hay que tener de Jesucristo. Esto es demasiado poco. Jesucristo vino a traernos la vida; y para captar lo que es la vida no bastan los esquemas intelectuales, es necesario vivirla.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Medios para conocer a Jesucristo<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En primer lugar, <strong>contacto personal con \u00c9l<\/strong>. Conocer a Jes\u00fas exige de nosotros detenernos en el camino de nuestra vida espiritual, situarnos frente a \u00c9l y palpar con nuestras manos su misterio, para darnos cuenta de sus bellezas. Tenemos que hacer lo que leemos en el Evangelio que hicieron aquellos a quienes quiso darse a conocer. Observad lo que sucede con los disc\u00edpulos de Jes\u00fas. Jesucristo los busca; los mira con mirada penetrante; se detiene ante ellos para que ellos se detengan, le miren, le amen y pregunten inquiet\u00e1ndose; <em>Tu quis es?: \u00bfT\u00fa qui\u00e9n eres?<\/em> Un encuentro personal con Jesucristo. \u00c9l y cada uno de nosotros, mir\u00e1ndonos frente a frente, para poder percibir todo lo que en su personalidad palpita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y junto a esto, asimilaci\u00f3n de su Persona y de su doctrina. Jes\u00fas no se contenta con que el hombre se detenga ante \u00c9l y le observe. Hay que dar un paso m\u00e1s para lograr la vida que \u00c9l trata de comunicar. Pide a los hombres que le imiten, porque \u00c9l es el \u00fanico Maestro. Exige que hagan lo mismo que \u00c9l, incluso en aquellos aspectos de la vida dolorosos, en los cuales es tan dif\u00edcil seguirle. Porque si a \u00c9l le han perseguido, que es el Maestro, tambi\u00e9n a los disc\u00edpulos los perseguir\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y todav\u00eda m\u00e1s. Pide una identificaci\u00f3n con \u00c9l, en cuanto es posible a la naturaleza humana: <em>Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Sin M\u00ed nada pod\u00e9is hacer<\/em> (Jn 15, 5). Y llega al colmo de este deseo de identificaci\u00f3n cuando al instituir el Sacramento de la Eucarist\u00eda habla a los hombres diciendo que solamente tendr\u00e1n vida aquellos que coman su carne y beban su sangre. No se puede manifestar de una manera m\u00e1s profunda y expresiva el anhelo de identificaci\u00f3n con \u00c9l que ofreci\u00e9ndose a nosotros como alimento del alma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es, pues, el conocimiento que Jes\u00fas pide de S\u00ed mismo el que desea que los hombres tengan de \u00c9l: primero, un contacto personal; segundo, una asimilaci\u00f3n de su persona y su doctrina; tercero, una identificaci\u00f3n con \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Meditaci\u00f3n profunda del misterio<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero nada de esto es posible si no nos entregamos a una meditaci\u00f3n serena e intensa del misterio de Jes\u00fas. Cuando \u00e9sta existe, el hombre se deja f\u00e1cilmente arrebatar por la visi\u00f3n sobrecogedora de su divina grandeza y se dispone a amarle. Esta disposici\u00f3n es ya un don inicial de Dios, al cual seguir\u00e1n la gracia y las virtudes. Ya est\u00e1 el alma en tensi\u00f3n. Y entonces brota, como \u00faltima consecuencia, el deseo de entregarse cada vez m\u00e1s y de identificarse con \u00c9l. Brotan la limpieza de coraz\u00f3n, la abnegaci\u00f3n crucificada, el enamoramiento del mundo bell\u00edsimo de lo sobrenatural. Sin esto no hay vida cristiana. <strong>Arrancad esto y el cristianismo muere<\/strong>. Habr\u00e1 cultura, civilizaci\u00f3n, convivencia social, progreso humano y moral, pero vida cristiana no. Para que \u00e9sta pueda existir, es necesario que el hombre anhele vivamente la identificaci\u00f3n con Jesucristo. \u00c9l no ha venido al mundo para decir no fornicar, no matar, no hurtar. Ha venido a otra cosa muy distinta: a ofrecerse como vida de los que creen en \u00c9l. Entonces hay vida cristiana de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente, ello exige que el hombre acepte el misterio; pero tambi\u00e9n esta compa\u00f1\u00eda del misterio y de lo sagrado es un aspecto t\u00edpico de la vida cristiana, sin la cual dejar\u00eda de existir. No debemos asustarnos de ser portadores del misterio. Todo cristiano lo es, porque es portador de lo sagrado; y la revelaci\u00f3n que Jesucristo ha tra\u00eddo al mundo es un mensaje de amor misterioso. Al recibirlo, nosotros no podemos desnaturalizarlo, ni convertirlo en un producto racional elaborado por nuestro propio esfuerzo. Tiene que mantenerse tal y como es; con sus caracter\u00edsticas propias; con sus riquezas interiores; con su esplendor deslumbrante; con su fuerza, que es la de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este misterio de la salvaci\u00f3n muchas veces aparece la cruz desconcertante, incomprensible para el hombre, pero de la que Dios se vale para elevar a los seres humanos hasta \u00c9l. Cuando el hombre se deja llevar d\u00f3cilmente por esta fuerza, su vida puede alcanzar los grados m\u00e1s altos de la vida m\u00edstica. Lo maravilloso es que a esto est\u00e1 llamado todo cristiano, no s\u00f3lo vosotras y nosotros. P\u00edo XI, en la Enc\u00edclica sobre San Francisco de Sales, publicada en 1923, con motivo del tercer centenario de la muerte del santo, escribi\u00f3: \u00abTodo cristiano <em>\u2013nullo excepto<\/em>: (sin ninguna excepci\u00f3n)\u2013 est\u00e1 llamado a la santidad y a la perfecci\u00f3n\u00bb. Todo cristiano. Y eso es decir que la vida cristiana por s\u00ed misma es una invitaci\u00f3n fuerte para que, de las bajezas m\u00e1s viles, ascienda cada uno a la m\u00e1s sublime uni\u00f3n con Jesucristo Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Santa Misa, s\u00edntesis de la vida cristiana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nosotros venimos a reflexionar esta tarde sobre c\u00f3mo esta vida cristiana puede lograrse mediante la participaci\u00f3n viva en la Misa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">C\u00f3mo la Misa puede ser, y de hecho es para nosotros, la gran fuerza espiritual que nutre nuestras almas para alimentar en ellas la vida que Jesucristo nos ofrece. Vuestra vocaci\u00f3n, y en general la de todo cristiano, os pide una uni\u00f3n cada d\u00eda m\u00e1s estrecha con Dios Nuestro Se\u00f1or. La Santa Misa es el medio m\u00e1s adecuado para alcanzarla.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Encuentro personal con Cristo<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En primer lugar, la Misa nos facilita ese acercamiento de nuestra persona al Se\u00f1or, indispensable para que se produzca el contacto y encuentro personal de nuestro pensamiento y su misterio sagrado, de nuestro amor y su belleza divina. El cristiano que participa conscientemente en la Santa Misa, se ofrece tambi\u00e9n al Padre y se ofrece en uni\u00f3n con Jesucristo, como miembro que es de su Cuerpo M\u00edstico. \u00c9l \u2013un hombre pobre y miserable\u2013 se convierte en \u00abhostia pura\u00bb y grata a los ojos de Dios. Su vida se enriquece, merced a la participaci\u00f3n lograda, y aparece ante sus ojos dignificada con la gran misi\u00f3n que tiene que cumplir. El sacrificio y el dolor adquieren para \u00c9l un sentido profundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las m\u00e1s fuertes necesidades del coraz\u00f3n humano es verse libre de la insoportable preocupaci\u00f3n que causa la esterilidad aparente de nuestros sufrimientos. \u00bfQui\u00e9n no sufre en este mundo? \u00bfY por qu\u00e9 la cruz y el dolor? Esto constituye para el no creyente un esc\u00e1ndalo intelectual desconcertante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el cristiano sabe encontrar una explicaci\u00f3n al sufrimiento. Sabe que el Hijo de Dios vino a la tierra y, mediante el sacrificio, ha logrado para los hombres sus dones divinos y ha conseguido la restauraci\u00f3n del orden quebrantado. El cristiano sabe que en la Santa Misa este sacrificio se renueva y que en \u00e9l puede tomar parte. Y aun cuando su raz\u00f3n no encuentre una explicaci\u00f3n l\u00f3gica para tantos fracasos y tantos dolores, le basta cerrar los ojos e incorporarse a esa corriente de vida de los sufrimientos de Jes\u00fas para saber que sus penas son tambi\u00e9n aceptadas por el mismo Dios, a quien Jes\u00fas ofreci\u00f3 las suyas. Entonces la identificaci\u00f3n con Jesucristo alcanza las cumbres del amor m\u00e1s puro. La riqueza del misterio de la Redenci\u00f3n llena su alma de gozo. Se encuentra con que ante Dios ha adquirido una grandeza naturalmente insospechada. Ya es no solamente un ap\u00f3stol como aquellos a quienes \u00c9l llam\u00f3. Es algo m\u00e1s; se convierte en un miembro de su Cuerpo. Y \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s contacto personal con Jes\u00fas podemos desear que llegar a ser considerados as\u00ed, como miembros de su Cuerpo M\u00edstico, del mismo modo que \u00c9l, ofrecidos tambi\u00e9n nosotros <em>in ara crucis<\/em> \u2013en el ara de la cruz\u2013 que es cada uno de los altares del mundo donde se celebra el Santo Sacrificio de la Misa? Con la particularidad de que, aparte del sentido que la Misa tiene como congregaci\u00f3n de toda la asamblea cristiana en torno al Se\u00f1or, cada cristiano en su ser personal, en su vida individual, es como si se ofreciera \u00e9l solo, porque el trato directo con el Se\u00f1or pertenece exclusivamente a cada alma, a cada uno de los cristianos. Imitando al Se\u00f1or, el cristiano se har\u00e1 despu\u00e9s universalista en su amor y en su capacidad de abnegaci\u00f3n; pero eso no obsta para que todos sus dramas \u00edntimos y todos sus anhelos m\u00e1s personales aparezcan enteramente vinculados con el Dios que conoce sus secretos. Hay, pues, ah\u00ed, una llamada de Jesucristo y una respuesta por parte del cristiano, y una adhesi\u00f3n de ambos y un ofrecimiento de los dos al Padre.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Limpieza de coraz\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si se trata de la pureza de coraz\u00f3n \u2013otro de los datos indispensables para lograr una vida cristiana verdadera\u2013 nada hay tan eficaz como la Misa, tanto por lo que tiene de memoria y recuerdo de la Muerte Redentora de Jes\u00fas como por las exigencias que encierra en su aspecto de banquete eucar\u00edstico, al que s\u00f3lo las almas puras pueden acercarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante el sacrificio de la Misa, el cristiano se da cuenta de la distancia infinita que hay entre Aquel con quien quiere unirse para hacer tambi\u00e9n su inmolaci\u00f3n, y su propia vida tan pobre y tan m\u00edsera. Sin embargo, sabe que el que se inmola es el Cordero que quita los pecados del mundo; precisamente el que vino a regalarle a \u00e9l la pureza que va anhelando con toda su alma Y entonces conf\u00eda en la misericordia del Se\u00f1or. Con frecuencia una tentaci\u00f3n de desaliento se apodera de nosotros cuando contemplamos nuestra miseria espiritual. Nos vemos demasiado alejados y sentimos casi temor a la majestad omnipotente de Dios. En estas ocasiones necesitamos que la religi\u00f3n nos ofrezca datos positivos, en los cuales podamos apoyarnos para confiar como los hijos lo hacen con sus padres. Necesitamos que se quede un poco al margen \u2013si se quiere\u2013 el pensamiento de la grandeza de Dios, y que entre mucho m\u00e1s dentro de nosotros la otra idea, la de su misericordia y su perd\u00f3n. Y es precisamente en la Misa donde se nos ofrecen las llaves de la confianza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El que se inmola por nosotros lo hace precisamente por eso, para regalarnos el don maravilloso de su misericordia y para que sintamos un optimismo sano y liberador. Sabemos que, si de nuestra parte hemos puesto lo que la Iglesia nos pide, podemos estar tranquilos. M\u00e1s a\u00fan, al unirnos con Cristo en la Misa sabemos que estamos limpios, que nos hemos purificado, que esa sangre es para nosotros, para cada uno de nosotros, y que ese drama del Calvario, que cada d\u00eda se renueva en nuestros altares, sigue teniendo la misma intenci\u00f3n santificante y purificadora de los hombres con que Cristo lo sufri\u00f3 el d\u00eda de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pensando en Jesucristo que se inmola en el Sacrificio de la Misa por cada uno de nosotros, el cristiano no debe tener nunca desesperaci\u00f3n. Por el contrario, una dulce y suav\u00edsima esperanza llenar\u00e1 su alma de gozo y le permitir\u00e1 caminar confiado por este valle de l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Amor universal<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vida cristiana, dec\u00edamos que es identificaci\u00f3n con la doctrina y la Persona de Jes\u00fas, la cual no puede existir si nos olvidamos de sus preceptos, el primero de los cuales, y m\u00e1s fundamental, es el del amor a Dios y al pr\u00f3jimo. No podemos vivirlo con plenitud si no tenemos una fuerza interior que supla nuestras deficiencias. Nuestro coraz\u00f3n es demasiado peque\u00f1o. Cada uno de nosotros tiene experiencia de los l\u00edmites en que se mueve ese coraz\u00f3n que querr\u00eda vivir mucho m\u00e1s alta y generosamente de lo que luego la realidad permite. Pero viendo a Jesucristo y escuchando los latidos de su ofrecimiento en la cruz, que se renueva diariamente en la Misa, el cristiano aprende la gran caracter\u00edstica del amor: el universalismo, sin el cual no puede haber amor verdadero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el momento en que el amor no es universal y lo limitamos a aquellos que son de nuestra raza, de nuestra religi\u00f3n, de nuestras ideas, etc\u00e9tera, aparece el ego\u00edsmo, porque buscamos nuestra propia complacencia. Entonces, por muy numerosos que sean los frutos, quedan empeque\u00f1ecidos y pobres. Ya no hay luz en el amor. Por eso, para que lo sea de verdad, tiene que ser universal. Como en el Calvario. Amor fuerte y silencioso frente a las injusticias de los hombres. Y este amor es el que aparece constantemente en la Santa Misa. Ah\u00ed, en esa Misa todos los d\u00edas vivida, es donde un cristiano puede encontrar el alimento espiritual necesario para conseguir lo que de otro modo el mundo no le puede ofrecer. Porque aqu\u00ed el mundo falla siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por motivos puramente humanos, no encontrar\u00e9is jam\u00e1s hombres capaces de amar a los dem\u00e1s con ese universalismo tan puro, tan abnegado, como el que se nos se\u00f1ala en el Evangelio. Por motivos puramente humanos, jam\u00e1s. Y cuando los encontr\u00e9is con amor generoso, no lo ser\u00e1 universal y permanente y que venza todos los obst\u00e1culos. No hay filosof\u00eda en la tierra, ni pedagog\u00eda, ni tendencia social, capaces de inyectar en el esp\u00edritu de los hombres una fuerza tan extraordinaria como para poder superar estas enormes dificultades con que se enfrenta el coraz\u00f3n humano todos los d\u00edas. De \u00e9l ha escrito De Maistre esta frase impresionante: \u00abNo conozco el coraz\u00f3n de un malvado; conozco el coraz\u00f3n de un hombre de bien, y es espantoso\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siendo esto as\u00ed, Dios ten\u00eda que ofrecernos un medio por el cual nos fuera dado oponernos eficazmente a la fascinaci\u00f3n del ego\u00edsmo. En la Misa es donde vemos reproducido diariamente el misterio del amor universal de Jes\u00fas a los hombres y escuchamos la voz que nos habla del mandamiento nuevo. Dificultades existen. \u00a1C\u00f3mo no! Pero las dificultades las da por supuestas Jesucristo cuando nos dice que tenemos que imitarle a \u00c9l si queremos ser disc\u00edpulos suyos. De lo contrario \u2013serm\u00f3n de la monta\u00f1a\u2013, seremos como los paganos. Tenemos que imitarle a \u00c9l, que ha amado hasta la muerte, y al Padre que est\u00e1 en los cielos, el cual hace que el sol y la lluvia caigan igualmente sobre los campos de los justos y de los injustos. Este desprendimiento de todas las apetencias personales; este anhelo maravilloso de buscar, en correspondencia con el amor del que es Padre de todos, las aplicaciones pr\u00e1cticas de un amor tambi\u00e9n a todos, es exclusivo del cristianismo, porque es exclusivo de Jes\u00fas. Y es en la Misa donde encontramos la renovaci\u00f3n del mandato y del ejemplo del Se\u00f1or que arrastra y mueve.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Adoraci\u00f3n y misterio<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vamos viendo c\u00f3mo las actitudes cristianas fundamentales, que deben resplandecer en un disc\u00edpulo de Cristo, alcanzan su m\u00e1s exacta expresi\u00f3n en la Santa Misa, cuando en ella participamos con fe y conscientemente. Encuentro personal con Jes\u00fas, pureza de coraz\u00f3n, amor universal, aceptaci\u00f3n del dolor, esperanza. Pues bien, hay en ella otro aspecto merecedor de nuestra m\u00e1xima atenci\u00f3n, ya que sin \u00e9l nuestra vida religiosa quedar\u00eda mutilada en lo esencial. Es el de glorificaci\u00f3n de Dios y adoraci\u00f3n del misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay religi\u00f3n si el hombre no adora a Dios y lo glorifica, si no le da gracias por sus beneficios, si no le satisface por las ofensas inferidas. \u00a1Con qu\u00e9 grandiosidad la Misa ofrece al cristiano la posibilidad de cumplir con este deber sagrado! El mundo no sabe adorar. Pero no tem\u00e1is. A Dios no le faltar\u00e1 nunca el homenaje de adoraci\u00f3n que le es debido. Desde el momento en que su Hijo \u00fanico, al venir al mundo, le ofreci\u00f3 su vida, Dios tiene un homenaje glorificador que dura siempre. La Misa, adem\u00e1s, lo reproduce y prolonga en las condiciones concretas de la existencia de los hombres. Y bastar\u00eda un solo sacerdote y una sola Misa en medio del universo para poder decir que, de esta tierra de pecado, donde habitan los hombres, sigue subiendo a los cielos el incienso de adoraci\u00f3n que Dios merece. Pero son muchas las que se celebran. Y son innumerables los cristianos que unen sus alabanzas y glorificaciones a las del Cordero Inmaculado. Adoran, cantan, suplican, satisfacen y obtienen el perd\u00f3n. Conscientes de su deber de criaturas ante el Dios que es su Due\u00f1o y su Padre, en la Misa se rinden como criaturas que son y como hijos que han llegado a ser. V\u00edctimas y redimidos a la vez, saben que tambi\u00e9n ellos ofrecen a Dios el homenaje de gloria que su Hijo divino le rindi\u00f3 cuando vino a la tierra a procurar la salud de nuestras almas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No pens\u00e9is que hay exageraci\u00f3n alguna en cuanto venimos diciendo, ni que tales expresiones se deben al hecho ocasional de que estamos celebrando un Congreso Eucar\u00edstico, cuyo tema central nos obliga a manifestarnos as\u00ed por una suerte de reverente cortes\u00eda con el mismo. No. Es sencillamente que <strong>la Misa es la s\u00edntesis de la vida cristiana<\/strong>. El mismo Jes\u00fas, despu\u00e9s de instituirla, nos dijo: <em>Hoc facite in meam commemorationem: Haced esto en memoria m\u00eda<\/em> (Lc 22,19). Como si quisiera decir que para recordarle a \u00c9l, que es vivirle y unirse con su vida, el camino por excelencia es sumergirse en el oc\u00e9ano sin fondo del misterio eucar\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hemos incurrido todos en la m\u00e1s lamentable negligencia al permitir que generaciones enteras de cristianos, unas tras otras, fueran educ\u00e1ndose en un moralismo sin base y sin nervio, desconociendo pr\u00e1cticamente este dogma riqu\u00edsimo de nuestra fe. El sacrificio, la esperanza de la vida eterna, la uni\u00f3n con Jes\u00fas, la pureza interior, el perd\u00f3n y el amor en toda su grandeza, la lucha implacable contra nuestros torpes ego\u00edsmos, resultan incomprensibles cuando se presentan al hombre sin el ejemplo y la fuerza que brotan del misterio de Cristo y su muerte redentora hondamente vivida por el alma humana. La Misa ha sido instituida para que la vivamos. Cuando el cristiano asimila el misterio de amor que en ella se encierra, ofrece al mundo un ejemplo irresistible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Misterio, digo, porque es lo caracter\u00edstico del cristianismo. De la religi\u00f3n, en cuanto tal, el mundo no espera literatura, ciencia, investigaciones t\u00e9cnicas. Todo esto lo tiene el mundo por sus propios recursos. Son esos otros valores a que nos hemos referido los que el mundo nos pide y necesita. Pero es imposible d\u00e1rselos si no nos abrazamos al misterio sagrado del amor de Dios, tal como en la redenci\u00f3n y en la Santa Misa se manifiestan. El cristiano tiene que complacerse en el amor al misterio. Y digo en el amor, no solamente en la aceptaci\u00f3n y el acatamiento rendido y humilde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que dar un paso m\u00e1s. Tenemos que llegar a amar esos misterios sagrados, en torno a los cuales aparecen los dones divinos que Jesucristo trajo al mundo. Frente al racionalismo que quiere comprenderlo todo y, si no lo comprende, lo rechaza, nosotros tenemos que usar de nuestra raz\u00f3n, s\u00ed, para comprender, pero tambi\u00e9n tenemos que utilizar nuestra fe para aceptar con amor lo que Dios Nuestro Se\u00f1or nos ha revelado. Frente al materialismo de la vida moderna, que busca solamente lo que puede agradar a los sentidos, nosotros tenemos que complacernos en amar el misterio de la cruz, dentro del cual es como podemos llegar a lo que San Pablo predicaba, <em>que Jesucristo adquiera forma en nosotros<\/em> (Gal 4,19) y <em>que su vida se haga visible tambi\u00e9n en nuestro cuerpo<\/em> (2Cor 4, 10).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto es dif\u00edcil para nuestra naturaleza humana. Pero tenemos a nuestra disposici\u00f3n la fuerza que no falla. Es Cristo, el cual se acerca todos los d\u00edas a nosotros en el Sacrificio de la Misa. Ese encuentro personal, ese choque inmediato y contacto \u00edntimo con \u00c9l, esa revisi\u00f3n profunda de su Persona y de su vida, esa asimilaci\u00f3n de su doctrina, ese enamoramiento subsiguiente de lo que \u00c9l nos propone, nos es facilitado en la acci\u00f3n lit\u00fargica que cada d\u00eda se celebra en nuestros altares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acerqu\u00e9monos al gran misterio con amor y con fe. Cuanto m\u00e1s penetremos en \u00e9l m\u00e1s perceptible ser\u00e1 su luz para nosotros y para aquellos que por nuestro ejemplo est\u00e1n llamados a creer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vamos a seguir la Misa as\u00ed. Vamos a procurar que aquellas personas a las que llegue nuestra influencia se den cuenta de que en la Santa Misa encontramos los hijos de la Iglesia la fuerza que nos da amor, pureza, abnegaci\u00f3n y esperanza. Creo que aqu\u00ed puede estar una de las bases de la renovaci\u00f3n de la vida cristiana. Actualmente en Espa\u00f1a, como en todas las partes del mundo, hay un movimiento lit\u00fargico poderoso. Se trata de que los cristianos participen cada vez m\u00e1s y vivan cada vez m\u00e1s espl\u00e9ndidamente la Santa Misa. Pero no estamos dispensados de ning\u00fan esfuerzo. Al contrario, todos ser\u00e1n escasos para hacer penetrar a los hombres, lo m\u00e1s hondamente posible, en la contemplaci\u00f3n de las realidades sagradas que la Misa encierra. De no hacerlo as\u00ed, quiz\u00e1 logr\u00e1semos una sociedad religiosa enamorada del esteticismo lit\u00fargico, pero sin v\u00ednculos de verdadera uni\u00f3n con el Cristo inmolado. La vida nos vendr\u00e1 no por la est\u00e9tica, sino por la gracia de Dios, que hace de cada ser humano un hombre nuevo; ese hombre que nace otra vez, como Jesucristo dec\u00eda en el Evangelio. Para que ese nacimiento se produzca es necesario ponerse en contacto con la vida inmortal de Jesucristo en el altar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada a las religiosas en Zaragoza, con motivo del Congreso Eucar\u00edstico Nacional, celebrado en septiembre de 1961. Queridas religiosas: Se ha hablado ya de la Misa y el esp\u00edritu de la vida religiosa, que es vuestro propio y espec\u00edfico estado. 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