{"id":752,"date":"2024-09-22T19:29:41","date_gmt":"2024-09-22T17:29:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=752"},"modified":"2024-09-22T19:29:41","modified_gmt":"2024-09-22T17:29:41","password":"","slug":"alimentar-nuestra-vida-con-el-concilio","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/alimentar-nuestra-vida-con-el-concilio\/","title":{"rendered":"Alimentar nuestra vida con el Concilio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n inaugural de la XII Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Fue pronunciada en la Catedral Primada de Toledo el 30 de junio de 1986. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, julio-agosto 1986.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>En la Relaci\u00f3n final del S\u00ednodo Extraordinario de los obispos, celebrado en Roma durante los meses de noviembre y diciembre del pasado a\u00f1o, se nos ha pedido que reflexionemos de nuevo sobre el Concilio Vaticano II, sobre sus ense\u00f1anzas, sobre la riqueza de su contenido. Es lo que vamos a hacer en nuestra <em>XII Semana de Teolog\u00eda Espiritual.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La petici\u00f3n del S\u00ednodo est\u00e1 sobradamente justificada. Porque el Concilio ha producido ciertamente muchos bienes, pero con frecuencia ha sido mal estudiado, mal interpretado y mal aplicado. De ah\u00ed que hayan aparecido tantas sombras durante el per\u00edodo del tiempo transcurrido desde su celebraci\u00f3n hasta nuestros d\u00edas. Me niego a describirlas. Por motivos pastorales y de defensa del pueblo cristiano lo he hecho muchas veces, de palabra y por escrito, para advertir que no era ese el camino que deb\u00edamos seguir; y para ofrecer, en contraste con las desviadas interpretaciones, la ense\u00f1anza serena y luminosa del Magisterio de la Iglesia en los documentos conciliares.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy no quiero hablar de sombras, sino de las luces que siguen ah\u00ed con su fulgor inextinguible solicitando nuestra atenci\u00f3n para que abramos los ojos y veamos. Asist\u00ed y particip\u00e9 en el Concilio desde el primero al \u00faltimo d\u00eda de su celebraci\u00f3n. Era uno de los obispos m\u00e1s j\u00f3venes en el Aula conciliar. Me relacion\u00e9 intensamente y convers\u00e9 mil veces no s\u00f3lo con mis Hermanos, los obispos espa\u00f1oles, sino con los miembros de otros episcopados y con los representantes de las diversas confesiones religiosas que estaban en Roma como observadores. Fui al Concilio con el alma llena de anhelos de renovaci\u00f3n y aun de reforma, comunes a tantos obispos que as\u00ed lo hab\u00edamos sentido durante nuestro ministerio sacerdotal, en contacto muy estrecho con las necesidades y reclamaciones de nuestro tiempo, no s\u00f3lo el de la sociedad espa\u00f1ola de aquellos a\u00f1os. \u00a1Con cu\u00e1nto entusiasmo y con qu\u00e9 enorme sinceridad asumimos la tarea tan fatigosa a que fuimos llamados! De los que participamos en todas las sesiones del Concilio solamente quedamos cinco en el ejercicio activo del episcopado en Espa\u00f1a: otros cinco tomaron parte en algunas sesiones, no en todas, o bien porque eran obispos auxiliares, o porque fueron nombrados durante el Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvimos todos a nuestras di\u00f3cesis, conscientes de que empezaba una nueva \u00e9poca en la Iglesia en la que todos, obispos, sacerdotes, comunidades religiosas y laicos, dispon\u00edamos de una experiencia religiosa, una ense\u00f1anza doctrinal y unas orientaciones pastorales que, en conjunto, representaban un riqu\u00edsimo tesoro para trabajar en el servicio a Dios y al hombre, tal como lo hab\u00eda expresado el Papa Pablo VI en su famoso discurso de clausura del Concilio, pronunciado en la Bas\u00edlica de San Pedro el 7 de diciembre de 1965. Pod\u00edamos y deb\u00edamos, a partir de entonces, <em>\u00abalimentar nuestra vida con el Concilio\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Concilio, el post-Concilio y el S\u00ednodo \u00faltimo<\/h2>\n\n\n\n<p>Precisamente con este t\u00edtulo, \u00ab<em>Alimentar la vida con el Concilio<\/em>\u00bb, en lengua latina, el Cardenal Felici, Secretario del Concilio, public\u00f3 en 1975 el libro, \u00ab<em>Concilio vitam alere<\/em>\u00bb, que yo recib\u00ed de manos de Pablo VI en una de mis visitas al Papa<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una recopilaci\u00f3n, sistem\u00e1ticamente ordenada, de textos conciliares, agrupados bajo diversos temas generales, que permiten al lector obtener una preciosa visi\u00f3n de conjunto de lo que el Concilio nos ense\u00f1\u00f3 sobre el hombre y su vocaci\u00f3n, la voluntad salv\u00edfica de Dios y la Iglesia, la misi\u00f3n de los que a ella pertenecen, la santificaci\u00f3n, el apostolado, y el ecumenismo. Hago esta referencia nada m\u00e1s que como obsequio, en lo que tiene de noticia menos conocida, a lo que ha sido leg\u00edtima preocupaci\u00f3n de muchos durante estos a\u00f1os, al comprobar la parcialidad y el reduccionismo con que se ha presentado a los fieles la ense\u00f1anza conciliar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Papas los primeros, Pablo VI y Juan Pablo II, en sus catequesis ordinarias y en sus intervenciones m\u00e1s solemnes y magisteriales, nos han pedido insistentemente que fu\u00e9ramos leales y fieles al Concilio en su totalidad. Lo mismo han hecho muchos obispos, y los te\u00f3logos m\u00e1s serios y respetuosos con lo que es el misterio de la Iglesia, y los pastoralistas que de verdad tratan de ir a la ra\u00edz de los problemas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sus voces han quedado muchas veces ahogadas por el griter\u00edo ensordecedor de una caterva casi infinita de escritores, periodistas, predicadores, ensayistas, conferenciantes, eclesi\u00e1sticos y seglares, que han entrado a saco en los documentos del Concilio, destruyendo esto y qued\u00e1ndose con aquello seg\u00fan sus preferencias, inutilizando la imagen y el alma del organismo que se nos hab\u00eda presentado, agrediendo con su sarcasmo y sus invectivas a los que no pensaban como ellos, repitiendo invariablemente que el Concilio no era un punto de llegada sino de partida hacia metas que nos esperaban en el horizonte lejano, lo cual es cierto, con tal de que esas metas sean las que el Esp\u00edritu Santo, y no ellos, se\u00f1ala a la Iglesia y pide que sean alcanzadas por los caminos de la fidelidad y la renovaci\u00f3n interior, para que las reformas externas de las estructuras sean coherentes con la finalidad deseada, y verdaderamente conducentes a embellecer el rostro de la Iglesia. As\u00ed no se puede alimentar la vida con el Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hab\u00eda hecho el Cardenal Felici con ese peque\u00f1o libro, respond\u00eda a una inquietud ya generalizada y cada d\u00eda m\u00e1s sentida: la que nos causaba ver d\u00eda tras d\u00eda el apasionamiento con que se actuaba, lleno de arrogancia y autosuficiencia, sin prestar atenci\u00f3n a las voces de la sensatez, al equilibrio de los te\u00f3logos serios, o a las m\u00e1s solemnes y exigentes de la autoridad pontificia que advert\u00eda, con paciencia ilimitada, sobre el da\u00f1o que se causaba a la Iglesia con tales comportamientos. Los testimonios reveladores de esta inquietud son innumerables y han sido dados con ocasi\u00f3n de las m\u00e1s variadas cuestiones dogm\u00e1ticas, morales, disciplinares, lit\u00fargicas, sociales&#8230; En exhortaciones y ruegos apremiantes a obispos, sacerdotes, \u00f3rdenes religiosas, familias, grupos apost\u00f3licos laicales&#8230; En Roma, y en tantos lugares del mundo a los que ha llegado la presencia f\u00edsica del Papa, y en tantas di\u00f3cesis en las que los obispos no se han dejado arrastrar por el oleaje alborotado de las novedades inconscientes, por el esnobismo pastoral, o por la inclinaci\u00f3n antievang\u00e9lica de un irenismo complaciente que empieza por dudar de la verdad de lo que se tiene, con la falsa esperanza de encontrar unas certezas que no pueden nunca llegar mezclando las dudas y los errores.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed las cosas, a los veinte a\u00f1os del Concilio, se celebra ese S\u00ednodo Extraordinario que vamos a estudiar, en cuya <em>Relaci\u00f3n final,<\/em> despu\u00e9s de apelar a los bienes que el Concilio ha producido, se habla de los fallos en que hemos incurrido y se hacen estas precisas indicaciones:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEstos y otros defectos muestran que se <em>necesita todav\u00eda una recepci\u00f3n m\u00e1s profunda del Concilio.<\/em> Ella exige cuatro pasos sucesivos: <em>conocer<\/em> el Concilio m\u00e1s amplia y profundamente, <em>asimilarlo <\/em>internamente, <em>afirmarlo<\/em> con amor y <em>llevarlo<\/em> a la vida. S\u00f3lo si se asimilan internamente y se llevan a la vida, ser\u00e1 posible que los documentos del Concilio lleguen a ser vivos y vivificantes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abLa interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la doctrina del Concilio tiene que tener en cuenta todos los documentos en s\u00ed mismos y en su conexi\u00f3n entre s\u00ed,<\/em> para que de este modo sea posible exponer cuidadosamente el sentido <em>\u00edntegro<\/em> de todas las afirmaciones del Concilio, las cuales frecuentemente est\u00e1n muy implicadas entre s\u00ed. Atrib\u00fayase especial atenci\u00f3n a las cuatro constituciones mayores del Concilio, que son la clave de interpretaci\u00f3n de los otros decretos y declaraciones. No se puede separar la \u00edndole pastoral de la fuerza doctrinal de los documentos, como tampoco es leg\u00edtimo separar el esp\u00edritu y la letra del Concilio. Ulteriormente hay que entender el Concilio en continuidad con la gran Tradici\u00f3n de la Iglesia; a la vez debemos recibir del mismo Concilio luz para la Iglesia actual y para los hombres de nuestro tiempo. La Iglesia es la misma en todos los Concilios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A este p\u00e1rrafo, la Relaci\u00f3n a\u00f1ade las siguientes SUGERENCIAS:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSe sugiere que en las Iglesias particulares se haga, para los pr\u00f3ximos a\u00f1os, una planificaci\u00f3n pastoral para un conocimiento y aceptaci\u00f3n del Concilio nuevos, m\u00e1s amplios y profundos. Ello se obtendr\u00e1, en primer lugar, por una difusi\u00f3n renovada de los mismos documentos, por la edici\u00f3n de estudios que expliquen los documentos y los acerquen a la capacidad de los fieles. En la formaci\u00f3n permanente de los sacerdotes y de los que se preparan al sacerdocio, en la formaci\u00f3n de los religiosos y las religiosas, as\u00ed como de todos los fieles cristianos, ofr\u00e9zcaseles de modo continuo y apto la doctrina conciliar por conferencias y cursos. S\u00ednodos diocesanos, como tambi\u00e9n otras reuniones eclesiales, pueden ser muy \u00fatiles para la aplicaci\u00f3n del Concilio. El recurso a los medios de comunicaci\u00f3n social (<em>mass-media)<\/em> se recomienda como oportuno. Finalmente, para entender y aplicar correctamente la doctrina del Concilio ser\u00e1 muy \u00fatil leer y llevar a la pr\u00e1ctica las cosas que se encuentran en las varias Exhortaciones Apost\u00f3licas, que son como frutos de las varias reuniones del S\u00ednodo ordinario celebradas desde el a\u00f1o 1967\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El verdadero camino<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Alimentar, no iniciar<\/h3>\n\n\n\n<p>Este es el verdadero camino para poder alimentar nuestra vida con el Concilio,y, con este prop\u00f3sito, me permito a\u00f1adir las siguientes reflexiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque ni la vida cristiana ni la Iglesia han comenzado en el Concilio Vaticano II. Existen desde que Jesucristo consum\u00f3 su obra redentora. La Iglesia, necesitada de renovaci\u00f3n y de reforma, pero siempre sustancialmente id\u00e9ntica a s\u00ed misma, cuenta ya con veinte siglos de existencia. Durante los a\u00f1os del posconcilio, muchos han obrado de tal manera que daban a entender que todo empezaba ahora, como si nada existiera antes, o como si todo tuviera que ser reformado en sus contenidos esenciales, no s\u00f3lo en su expresi\u00f3n externa. Se produjo una ruptura, en lugar de una fundada y coherente adaptaci\u00f3n. El talante democr\u00e1tico de la \u00e9poca y una mal entendida conciencia de la necesidad de una opini\u00f3n p\u00fablica y del derecho de todos a ser miembros activos en la Iglesia, as\u00ed como la innata tendencia a inclinarse siempre por lo m\u00e1s c\u00f3modo y agradable a nuestros gustos personales facilitaron que muchos se proclamaran fervorosos partidarios del Vaticano II tal como ellos quer\u00edan entenderlo, olvid\u00e1ndose no s\u00f3lo de otros Concilios anteriores, sino de la entera Tradici\u00f3n de la Iglesia que, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, se hab\u00eda ido configurando a lo largo de los siglos. A ello se un\u00eda el deseo de un acercamiento al mundo contempor\u00e1neo, ingenuo y naturalista, que sirvi\u00f3 en la mayor parte de los casos, m\u00e1s que para llevar el mundo a Cristo, como ped\u00edan el Concilio y los Papas, para sucumbir a una mundanizaci\u00f3n de ideas y actitudes contrarias a las ense\u00f1anzas de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 era ya un error querer esperarlo todo del Concilio, incluso bien entendido y aplicado, puesto que sigue siendo verdad la frase del Se\u00f1or: <em>Sin m\u00ed no pod\u00e9is hacer nada<\/em> (Jn 15, 5), \u00a1cu\u00e1nto menos, si adem\u00e1s se tergiversaba y mutilaba la doctrina conciliar!<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hab\u00eda que hacer era <em><strong>iluminar<\/strong><\/em><em>,<\/em> con las nuevas reflexiones que el Concilio nos ofrec\u00eda, lo ya adquirido y asimilado en la Santa Iglesia de Cristo; <em><strong>completar<\/strong><\/em> lo que ten\u00edamos, puesto que no exist\u00eda contradicci\u00f3n sino enriquecimiento; y <em><strong>reformar<\/strong><\/em><em>,<\/em> por supuesto, tanto en la <em><strong>presentaci\u00f3n<\/strong><\/em> de la doctrina, como en las aplicaciones pastorales de la misma, lo que necesitaba ser reformado como menos apto para el trabajo de evangelizaci\u00f3n de hoy, y atender as\u00ed a los signos de los tiempos, como lo ha hecho siempre la Iglesia con m\u00e1s o menos diligencia, con m\u00e1s o menos torpeza, con m\u00e1s o menos sabidur\u00eda y eficacia, ya que en esta labor entran en juego las contingencias hist\u00f3ricas y las debilidades de los hombres, que tambi\u00e9n se dan en la Iglesia, como se dieron en los mismos ap\u00f3stoles elegidos por el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Fe en la gran s\u00edntesis doctrinal y pastoral del Concilio<\/h3>\n\n\n\n<p>Mientras no consigamos que el pueblo cat\u00f3lico, o al menos sus pastores y miembros m\u00e1s capacitados, tenga una idea clara de lo que ha sido el eje fundamental sobre el que ha girado la reflexi\u00f3n conciliar, correremos el riesgo de estar sometidos a las intemperancias de una interpretaci\u00f3n parcial, al apasionamiento de los secuaces de una idea o un programa, a la actitud ensoberbecida de los afanes particularistas o de grupo, a la tiran\u00eda de quienes, pose\u00eddos de una conciencia mesi\u00e1nica y liberadora, miran con desprecio a <em>todo lo dem\u00e1s,<\/em> y a <em>todos los dem\u00e1s;<\/em> a las agitaciones, perturbadoras, del vaiv\u00e9n de los optimismos o los pesimismos, trasladando abusivamente lo que corresponde a la psicolog\u00eda personal al \u00e1mbito de los hechos objetivos que se graban y pesan inexorablemente sobre la conciencia de quienes han de padecerlos o ser testigos impotentes para remediarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>La acci\u00f3n fundamental del Concilio ha consistido en reflexionar sobre el <em><strong>Misterio de la Iglesia<\/strong><\/em><em>,<\/em> el misterio digo, mucho m\u00e1s que sobre su estructura, aunque tambi\u00e9n \u00e9sta recibiera una iluminaci\u00f3n que brotar\u00eda l\u00f3gicamente del misterio contemplado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es la Iglesia? Y se nos contest\u00f3 con la constituci\u00f3n <em>Lumen gentium.<\/em> \u00bfCu\u00e1les son sus fuentes de vida? A esto respondieron las constituciones <em>Dei Verbum<\/em> y <em>Sacrosanctum Concilium,<\/em> sobre la Palabra de Dios y la Divina Revelaci\u00f3n, y sobre la Liturgia. \u00bfEn qu\u00e9 mundo vive hoy y c\u00f3mo puede servirle? A lo cual respondi\u00f3 la <em>Gaudium et Spes.<\/em> Y para completar la fisonom\u00eda, el decreto sobre la actividad misionera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este Cuerpo de la Iglesia tiene sus miembros en la tierra. \u00bfC\u00f3mo han de ser y cu\u00e1l es su misi\u00f3n? Y se promulgaron los decretos sobre obispos, presb\u00edteros, religiosos, laicos, candidatos al sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ha de tener su relaci\u00f3n con las otras Iglesias y confesiones religiosas: decreto sobre las <em>Iglesias Orientales, Ecumenismo;<\/em> declaraciones sobre <em>religiones no cristianas<\/em> y <em>libertad religiosa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La <em>Educaci\u00f3n cristiana de la juventud y<\/em> el decreto sobre los <em>Medios de comunicaci\u00f3n social<\/em> aparecieron tambi\u00e9n como objeto de particular atenci\u00f3n por su \u00edndole espec\u00edfica dentro del amplio campo de la acci\u00f3n pastoral que pide el mundo de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Este fue el gran acierto del Concilio, el presentamos esta s\u00edntesis, el ofrecernos este panorama, amplio y riqu\u00edsimo en matices, del organismo vivo de la Iglesia, para que todos, puesto que todos pertenecemos a ella, nos sinti\u00e9ramos corresponsables, cada uno seg\u00fan su estado y misi\u00f3n, dej\u00e1ndonos penetrar por su savia vivificante tan hermosamente descrita. <em>Entendido as\u00ed el Concilio, se comprende que con \u00e9l podamos alimentar nuestra vida.<\/em> Y as\u00ed tenemos que entenderlo. <strong>Pablo VI<\/strong>, en el citado discurso de clausura de 7 de diciembre de 1965, pronunci\u00f3 estas palabras:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSe dir\u00e1 que el Concilio, m\u00e1s que de las verdades divinas, se ha ocupado principalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composici\u00f3n, de su vocaci\u00f3n ecum\u00e9nica, de su actividad apost\u00f3lica y misionera. Esta secular sociedad religiosa que es la Iglesia ha tratado de realizar un acto reflejo sobre s\u00ed misma para conocerse mejor, para definirse mejor y disponer, consiguientemente, sus sentimientos y sus preceptos. Es verdad. Pero esta introspecci\u00f3n no tema por fin a s\u00ed misma, no ha sido acto de puro saber humano ni s\u00f3lo cultura terrena; la Iglesia se ha recogido en su \u00edntima conciencia espiritual, no para complacerse en eruditos an\u00e1lisis de psicolog\u00eda religiosa o de historia de su experiencia, o para dedicarse a reafirmar sus derechos y a formular sus leyes, sino para hallar en s\u00ed misma, viviente y operante en el Esp\u00edritu Santo, la Palabra de Cristo, y sondear m\u00e1s a fondo el misterio, o sea, el designio y la presencia de Dios por encima y dentro de s\u00ed, para reavivar en s\u00ed la fe, que es el secreto de su seguridad y de su sabidur\u00eda, y reavivar el amor que le obliga a cantar sin descanso las alabanzas de Dios: <em>Cantare amantis est.<\/em> Es propio del amante cantar, dice San Agust\u00edn (Ser. 336: PL 38, 1472). Los documentos conciliares, principalmente los que tratan de la Divina Revelaci\u00f3n, de la Liturgia, de la Iglesia, de los sacerdotes, de los religiosos y de los laicos, permiten ver claramente esta directa y primordial intenci\u00f3n religiosa, y demuestran cu\u00e1n l\u00edmpida, fresca y rica es la vena espiritual que el vivo contacto con Dios vivo hace saltar en el seno de la Iglesia y correr por su medio sobre los \u00e1ridos terrones de nuestros campos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera que se trata de la Iglesia, misterio de Dios en la tierra, organismo vivo en que cada uno tenemos una misi\u00f3n, junto a unos derechos y deberes, que hemos de ejercer y cumplir sin romper la armon\u00eda org\u00e1nica de ese cuerpo m\u00edstico cuyos miembros est\u00e1n llamados \u2013\u00a1todos!\u2013 a la santidad, de la que encontrar\u00e1n perfecto modelo en la Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y Madre nuestra.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es lo que nos dice la constituci\u00f3n <em>Lumen Gentium.<\/em> Todos los dem\u00e1s documentos vienen a ser consecuencias, aplicaciones pastorales, o fundamentaci\u00f3n de la ense\u00f1anza conciliar sobre la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en lugar de verlo as\u00ed, sectores muy amplios del pueblo de Dios, en todas sus categor\u00edas, han quedado turbados y confundidos porque en los comentarios ha predominado la parte sobre el todo; la atenci\u00f3n a peque\u00f1os aspectos disciplinares, sobre una visi\u00f3n completa del misterio y la coherente acci\u00f3n pastoral; el mal uso de la mayor libertad concedida, sobre la necesidad de una renovaci\u00f3n interna para responder a la llamada universal a la perfecci\u00f3n cristiana; la precipitaci\u00f3n en abrir caminos err\u00f3neos, dentro de la opci\u00f3n preferencial por los pobres, cediendo a la presi\u00f3n de ideolog\u00edas marxistas o afines, con \u00e1nimo de bautizarlas despu\u00e9s de asumirlas, lo cual es imposible que d\u00e9 buenos resultados para una evangelizaci\u00f3n integral y aut\u00e9ntica.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Esperanza en el gran don de Dios a su Iglesia con la celebraci\u00f3n del Concilio<\/h3>\n\n\n\n<p>Cuanto m\u00e1s leo los textos conciliares, m\u00e1s convencido estoy del gran don que ha hecho Dios a su Iglesia con la celebraci\u00f3n del Vaticano II. Hay que seguir leyendo y meditando esos documentos, explic\u00e1ndolos bien incesantemente, en los seminarios y casas de estudio de las comunidades religiosas, en las parroquias, en las asociaciones y grupos apost\u00f3licos. Los Papas vienen haci\u00e9ndolo infatigablemente, y es admirable lo mucho que ha conseguido ya Juan Pablo II con su magisterio y sus visitas apost\u00f3licas a tantos lugares de la tierra. \u00c9l es un ejemplo vivo de c\u00f3mo hay que asimilar el Concilio y vivirlo; de di\u00e1logo con el mundo, y de amor a Dios revelado en Jesucristo; de apertura y fidelidad, de comprensi\u00f3n y firmeza, de humanismo y servicio a la fe; de c\u00f3mo hay que saber unir, en el pensamiento y en la vida, la teolog\u00eda de la creaci\u00f3n y la encarnaci\u00f3n y la teolog\u00eda de la cruz, del amor al progreso y bienestar del hombre y aceptaci\u00f3n humilde de la voluntad misteriosa de un Dios cuyos caminos no son los nuestros.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras el Concilio, han ido cre\u00e1ndose y poni\u00e9ndose en marcha en la Iglesia estructuras y \u00f3rganos de reflexi\u00f3n y acci\u00f3n que est\u00e1n empezando a desarrollarse. Tengamos para con ellos el obsequio inicial de nuestra paciencia hasta que se perfeccionen. Han aparecido tambi\u00e9n documentos muy valiosos, exhortaciones apost\u00f3licas fruto de diversos S\u00ednodos, o de los Papas; enc\u00edclicas, cartas y discursos que derraman luz abundante para interpretar bien el Concilio. Hay que leerlas y explicarlas tambi\u00e9n. Y se ha promulgado el nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico que ayudar\u00e1 a mantener no s\u00f3lo eso que se llama \u00abesp\u00edritu\u00bb del Concilio sino tambi\u00e9n la letra del mismo, sin la cual el esp\u00edritu se evapora y desvanece.<\/p>\n\n\n\n<p>Quedan cuestiones teol\u00f3gicas, morales y sociales, muy serias, sobre las cuales seguir\u00e1 la discusi\u00f3n y la pol\u00e9mica. Es perfectamente explicable. Siempre ha sucedido as\u00ed en la Iglesia, y no debemos extra\u00f1arnos de que ahora tambi\u00e9n se d\u00e9 este fen\u00f3meno. Por una raz\u00f3n de \u00edndole dogm\u00e1tica y otras de tipo pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>De \u00edndole dogm\u00e1tica<\/strong><\/em> es el hecho mismo de la Iglesia. Precisamente porque es un misterio, no se acaba nunca de verla del todo en su inagotable riqueza; los ministerios y concretamente el Sacerdocio, los carismas y la autoridad de la Jerarqu\u00eda, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y el mantenimiento de la necesaria unidad, los derechos de los f\u00edeles laicos dentro del pueblo de Dios, las Iglesias particulares y la Iglesia universal, el Primado de jurisdicci\u00f3n del Papa, la Eucarist\u00eda&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Hay despu\u00e9s <em><strong>razones pastorales pr\u00e1cticas<\/strong><\/em> que obligan a discernir y ponderar con sumo cuidado las afirmaciones que se hagan. Una brota del problema del ecumenismo, que afecta a la Iglesia en partes vitales de la misma y pide ineludiblemente profund\u00edsima reflexi\u00f3n b\u00edblica y teol\u00f3gica. Otra nace de la actividad misionera de la Iglesia en relaci\u00f3n con el fen\u00f3meno de la inculturaci\u00f3n, que en \u00c1frica y en Asia est\u00e1 sacando a la luz experiencias, criterios, ideas y comportamientos de una enorme complejidad para la recta transmisi\u00f3n de la fe. Y en un mundo que ha hecho de la noticia y la informaci\u00f3n un \u00eddolo, todo se comunica y se propaga, provoca reacciones incontrolables, y frustra muchas veces el intento de avanzar por cauces serenos y tranquilos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto constituye un obst\u00e1culo para la marcha m\u00e1s r\u00e1pida que desear\u00edamos, pero est\u00e1 bien que salga a la superficie para que esa marcha sea m\u00e1s segura en su avance hacia la unidad. Est\u00e1n igualmente la conciencia exacerbada de los derechos humanos, de la dignidad y la libertad del hombre, de la solidaridad que no repara en m\u00e9todos para manifestarse y conseguir lo que pretende, el sentimiento de clase, el peso atroz de tantas injusticias, etc&#8230; Se comprende que existan dificultades en la aplicaci\u00f3n de la doctrina a la vida, y que la Iglesia, amada por unos, rechazada por otros, camine lentamente entre tantos escollos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero estoy convencido de que el Concilio dar\u00e1 muchos frutos y alimentar\u00e1 la vida de las nuevas generaciones de hijos de la Iglesia que est\u00e1n empezando a nacer. Llegar\u00e1 un d\u00eda en que se formen mejor los aspirantes al Sacerdocio y los miembros de las Comunidades Religiosas. Y tendremos un laicado m\u00e1s responsable y consciente de lo que significa formar parte del Pueblo de Dios. Se volver\u00e1 a considerar el Magisterio de la Iglesia y el Pontificio como garant\u00eda y servicio indispensable a la unidad. Y no surgir\u00e1n las voces destempladas ni las tergiversaciones contra nobles intentos de reconducir lo que el Concilio nos dijo por caminos certeros, tal como ha querido hacerlo el Cardenal Ratzinger con lo que se ha llamado su <em>Informe sobre la fe,<\/em> o el Cardenal de Lubac en su <em>Di\u00e1logo sobre el Vaticano II.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los veinti\u00fan a\u00f1os que han transcurrido desde la clausura del Concilio son suficientes para comprender que ha habido motivos para esperar, s\u00ed, y para sufrir tambi\u00e9n. Pero todav\u00eda son pocos para poder asimilar \u00edntegramente, con la serenidad con que la tierra f\u00e9rtil recibe la semilla en ella depositada, no s\u00f3lo la doctrina y el impulso creador que encierra, sino el dinamismo progresivo a que nos conduce en los campos de la acci\u00f3n pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se me hubiera dicho, al terminar el Concilio, que se iban a necesitar unos cincuenta a\u00f1os para asimilarlo bien, dadas las condiciones del hombre de hoy, no lo hubiera aceptado de inmediato; pero poco tiempo despu\u00e9s lo hubiera afirmado igualmente sin vacilaci\u00f3n. Esperemos, pero no pasivamente, sino con la firme decisi\u00f3n de ser fieles a lo que nos piden la letra y el esp\u00edritu del Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a Espa\u00f1a, nada nuevo tengo que decir. He tenido presente la situaci\u00f3n de nuestra Iglesia espa\u00f1ola al escribir lo que he escrito. Hemos sufrido mucho, y pienso que, con el pretexto de que hab\u00eda que corregir muchas cosas en el orden pol\u00edtico y social y en el estrictamente eclesi\u00e1stico, se cometieron tantos desafueros respecto a la interpretaci\u00f3n y aplicaci\u00f3n del Concilio. Ahora estamos ya padeciendo las consecuencias en la desilusi\u00f3n de muchos, en el abandono de tantos, y en la falta de sacerdotes y religiosos, para atender las necesidades pastorales de la Iglesia en tantos campos que esperan la semilla de la Palabra y de la Vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que empezar de nuevo y estudiar y aplicar bien las ense\u00f1anzas del Concilio, como nos pidi\u00f3 el Papa en su visita del a\u00f1o 1982.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica sobre la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>La <em><strong>Lumen Gentium<\/strong><\/em><em>,<\/em> ha de estar en el coraz\u00f3n y en la cabeza de todo cat\u00f3lico. Ha de ser <em>nuestra sabidur\u00eda,<\/em> nuestra asignatura fundamental. J\u00f3venes y menos j\u00f3venes estamos capacitados para leerla y asimilarla. Es la gran reflexi\u00f3n de la Iglesia sobre s\u00ed misma. De ella ha de brotar nuestro conocimiento profundo de la Iglesia Cristo es la luz de los pueblos, y la Iglesia, \u00abmuchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>, su sacramento, que tiene como misi\u00f3n presentar esa LUZ. El Concilio se propuso declarar a todos los hombres su naturaleza y su misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, misterio de fe y de profunda interioridad<\/h3>\n\n\n\n<p>Su riqueza maravillosa y multiforme brota del Costado de Cristo en su Pasi\u00f3n, y se forja en el fuego de Pentecost\u00e9s. Es una instituci\u00f3n jer\u00e1rquica, pero para comunicar una Vida. Su misma estructura est\u00e1 pregonando la sabidur\u00eda de su divino Arquitecto. Un solo Se\u00f1or, un solo Esp\u00edritu, una sola Fe. Un solo Cuerpo. La Iglesia es real, est\u00e1 al servicio de los hombres, de su salvaci\u00f3n, y necesita un organismo que se pueda ver y tocar. Gracias a los hombres, que nos ense\u00f1an y gu\u00edan con autoridad divina, tenemos algo esencial en un cuerpo \u00fanico vivo: la solidez indefectible en la fe de Cristo y en la participaci\u00f3n de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde los primeros momentos ella tiene conciencia extraordinaria de su ser. No es un simple hecho hist\u00f3rico que se pueda analizar y medir como se quiera. Es el misterio en el que confluyen todos los dem\u00e1s misterios. Esto se manifiesta ya en su misma fundaci\u00f3n, porque Jesucristo puso el fundamento de su Iglesia predicando la Buena Nueva. Y la Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador, recib\u00eda la misi\u00f3n de anunciar y establecer el Reino de Dios y de Cristo en todas las naciones. El misterio de la Iglesia est\u00e1 inscrito en el s\u00edmbolo de nuestra fe que tan frecuentemente recitamos reunidos ante el altar: <em>\u00abCreo en una Santa Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ella cree, ama, espera, y sirve al Se\u00f1or. <em><strong>La Iglesia se nutre de los Sacramentos<\/strong><\/em><em>.<\/em> La vida de Cristo, su Esp\u00edritu, se nos comunica a trav\u00e9s de ella. <em>El Bautismo<\/em> nos configura con Cristo, nos hace renacer, nos convierte en hijos y herederos, al lado del Primog\u00e9nito. <em>La Eucarist\u00eda <\/em>nos va transformando en \u00c9l, y, participando del Sacrificio Eucar\u00edstico fuente y cima de toda la vida cristiana, ofrecemos a Cristo al Padre y nos ofrecemos con \u00c9l. <em>La Confirmaci\u00f3n<\/em> nos vincula m\u00e1s estrechamente a la Iglesia y nos enriquece con la fortaleza especial del Esp\u00edritu Santo. Por <em>la Penitencia,<\/em> obtenemos la misericordia de Dios, nos reconciliamos con la Iglesia entera, siempre ese sentido de unidad y catolicidad, y vivimos de su fe, esperanza y caridad. Por <em>la Unci\u00f3n sagrada,<\/em> la Iglesia encomienda los enfermos al Se\u00f1or, y los exhorta a que contribuyan al bien del Pueblo de Dios con la aceptaci\u00f3n de su enfermedad y su confianza en el que es due\u00f1o de la vida y de la muerte. <em>El Orden Sagrado<\/em> nos da los pastores para apacentarnos con la palabra y la gracia de Dios. Los esposos, por <em>el Sacramento del Matrimonio,<\/em> participan del misterio de unidad y amor fecundo de Cristo y su Iglesia y as\u00ed constituyen la Iglesia dom\u00e9stica en la que nacen nuevos hijos de Dios. Esta es la fuente de vigor, de fuerza que el Concilio nos describe. Todos, \u00abfortalecidos por tantos y poderosos medios de salvaci\u00f3n, son llamados por el Se\u00f1or, cada uno por su camino, a la perfecci\u00f3n de la santidad por la que el mismo Padre es perfecto\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo en la Iglesia est\u00e1 ordenado a la \u00abnueva criatura\u00bb. Es art\u00edfice y mensajera de la unidad de todos los hombres. Crea y sostiene toda clase de obras en favor de los necesitados. Atenta a toda miseria, tiende los brazos a los que est\u00e1n sentados en las tinieblas. Y a trav\u00e9s de nosotros derrama su caridad, que la hace fecunda.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nuestra vocaci\u00f3n a la santidad en la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1, nos dice el Concilio, la verdadera dignidad del cristiano. \u00bfNuestras metas, nuestras aspiraciones? La voluntad de Dios es nuestra santificaci\u00f3n. La santidad de la Iglesia se manifiesta en las vidas de sus hijos. Su doctrina es siempre pura, como es pura la fuente de donde manan sus Sacramentos, su energ\u00eda es vigorosa y santa, como es el Esp\u00edritu que la alienta. Alimentados por su doctrina y sus Sacramentos hemos de dar frutos. La Iglesia es en este mundo y continuar\u00e1 siendo una comunidad compleja, trigo mezclado con ciza\u00f1a. Por eso nos recuerda el Concilio nuestra condici\u00f3n de peregrinos, aunque siempre fortalecidos y unidos con la Iglesia ya celestial que nos apoya y estimula.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio dedica un cap\u00edtulo de su constituci\u00f3n m\u00e1s fundamental, a cuya luz hay que leer todas las dem\u00e1s, a la vocaci\u00f3n de todos los hombres a la santidad. Este cap\u00edtulo complementa los anteriores, Pueblo de Dios, constituci\u00f3n jer\u00e1rquica de la Iglesia, los laicos, porque \u00abtodos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarqu\u00eda, ya sean apacentados por ella, son llamados a la santidad, seg\u00fan aquello del Ap\u00f3stol: <em>Porque \u00e9sta es la voluntad de Dios, vuestra santificaci\u00f3n<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. \u00abCada uno, seg\u00fan sus propios dones y gracias recibidas, debe caminar sin vacilaci\u00f3n por el camino de la fe viva, que enciende la esperanza y obra por la caridad\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es lo que realmente necesita la Iglesia y el mundo: santos, hombres nuevos que sigan las huellas de Cristo y \u00abse consagren con todo su ser a la gloria de Dios, al servicio del pr\u00f3jimo, obedeciendo en todo la voluntad del Padre. As\u00ed la santidad del Pueblo de Dios producir\u00e1 frutos cada vez m\u00e1s abundantes, como brillantemente se demuestra en la historia de la Iglesia a trav\u00e9s de la vida de tantos santos\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos, cada uno en las condiciones de vida en que nos encontramos, en el oficio, profesi\u00f3n, circunstancias favorables o desfavorables, nos podemos santificar si recibimos todo con fe de la mano de Dios, si permanecemos en el amor de Dios y su amor permanece en nosotros, de manera que se derrame en bien de nuestros pr\u00f3jimos. Y no encojamos \u00abnuestros pr\u00f3jimos\u00bb. <em>Todo ser humano es nuestro pr\u00f3jimo, sobre todo el que m\u00e1s lo necesita.<\/em> S\u00ed, esta es nuestra verdadera vocaci\u00f3n: la santidad. Aunque nos suene a algo extraordinario seamos los santos de lo ordinario, de la sencilla vida diaria.<\/p>\n\n\n\n<p>O\u00ed comentar a una religiosa que una chica, a la salida de unos Ejercicios Espirituales, en Toledo \u2013cuyo director seguramente estar\u00e1 aqu\u00ed\u2013, hab\u00eda contado, como experiencia suya, que ella de peque\u00f1a siempre dec\u00eda que quer\u00eda ser santa, convencida de que era una verdadera profesi\u00f3n. Pero al ir creciendo se fue dando cuenta de \u00abque no quedaba muy bien cuando lo dec\u00eda\u00bb, y lo dej\u00f3 de decir. Pero que ahora hab\u00eda vuelto a descubrir que realmente nuestra primera y gran llamada era a la santidad, siendo lo que cada uno tuvi\u00e9ramos que ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso al hablar del Vaticano II, del tra\u00eddo y llevado Vaticano II, pero no le\u00eddo, orado y vivido, es urgente y esencial hablar y vivir de la santidad, hablar y vivir de la Iglesia, hablar y vivir en comuni\u00f3n con ella y con el Vicario de Cristo en la tierra, el Papa. Por eso Teresa de Jes\u00fas, una mujer tipo para todas las \u00e9pocas de la Iglesia, muere diciendo: \u00abGracias, Se\u00f1or, porque muero hija de la Iglesia\u00bb. \u00bfC\u00f3mo es posible invocar el Vaticano II sin hablar de la Iglesia y su misi\u00f3n, de su vida interior, de sus medios de santificaci\u00f3n, de su llamada a la santidad, y la perfecci\u00f3n del amor cristiano? Bien le\u00eddo y asimilado el Concilio \u00bfqui\u00e9n puede dudar de sus exigencias?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Virgen Mar\u00eda en el misterio de Cristo y de la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>El Sacrosanto S\u00ednodo nos exhorta a todos los hijos de la Iglesia a fomentar el culto lit\u00fargico, as\u00ed como las pr\u00e1cticas y ejercicios de piedad para con Ella, recomendadas en el transcurso de los siglos por el Magisterio. Nos pide que vivamos nuestra relaci\u00f3n filial con Mar\u00eda, que nace del benepl\u00e1cito divino y de la sobreabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo. Es Dios mismo quien ha querido esta Maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de gracia; Ella es invocada como Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Es nuestro modelo en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo. Mar\u00eda nos ayuda a vivir el a\u00f1o lit\u00fargico. \u00bfQui\u00e9n mejor que Ella nos ayudar\u00e1 a sentir internamente el esp\u00edritu de Adviento, el tiempo de la Navidad, la Presentaci\u00f3n en el templo del Hijo de Dios, la Encarnaci\u00f3n, la preparaci\u00f3n para la Pascua, la espera en oraci\u00f3n de Pentecost\u00e9s? \u00bfC\u00f3mo no va a ayudarnos en nuestra vida espiritual el rezo de las Horas en las celebraciones marianas de la Iglesia?<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio no nos habla en concreto de las pr\u00e1cticas y ejercicios de piedad recomendados en el transcurso de los siglos por el Magisterio. Pero en el coraz\u00f3n y en la inteligencia de todo hijo fiel de la Iglesia est\u00e1n. Pienso en el \u00c1ngelus, en el Rosario, en el rezo o en el canto de la Salve. Al \u00c1ngelus y al Rosario le dedica un cap\u00edtulo Pablo VI en su maravillosa <em>Marialis cultus.<\/em> Leedlo, os har\u00e1 bien, algo as\u00ed como una fresca y suave brisa. Son pr\u00e1cticas sencillas, diarias, que saben a pan y calor familiar, pero tambi\u00e9n a invocaci\u00f3n espont\u00e1nea, a refugio en la Madre, a paseo solitario, a tranquilo atardecer&#8230;<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Las dem\u00e1s Constituciones, Decretos y Declaraciones<\/h3>\n\n\n\n<p>Leedlas tambi\u00e9n, meditad sobre su contenido una y mil veces. La <em>Dei Verbum,<\/em> sobre la Divina Revelaci\u00f3n, y la <em>Sacrosanctum Concilium,<\/em> sobre la Liturgia, son igualmente fundamentales. Y las ense\u00f1anzas sobre obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, seminaristas, etc., cuando se leen sin prejuicios y sin pasi\u00f3n, son de tal riqueza y capacidad sugeridora que, si se aplicasen bien, cambiar\u00edan el rostro de la Iglesia. No puedo comentarlas, ni los decretos sobre Ecumenismo o libertad religiosa. Pero no quisiera terminar sin una referencia a la <em>Gaudium et Spes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La constituci\u00f3n pastoral \u00abGaudium et Spes\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia que camina hacia el Se\u00f1or, con la mirada fija en \u00c9l, llena de esperanza y seguridad en Cristo Resucitado que vive junto al Padre, ha profundizado en el dep\u00f3sito de la fe que \u00c9l mismo le ha confiado. Su historia es una historia de salvaci\u00f3n sin rupturas, y el Esp\u00edritu Santo que la asiste, promueve lo que su vida interior y exterior necesita. La constituci\u00f3n <em>pastoral, Gaudium et Spes,<\/em> presupone la constituci\u00f3n <em>dogm\u00e1tica. Lumen Gentium.<\/em> El di\u00e1logo que la Iglesia establece con el mundo s\u00f3lo es posible sobre la base firme de su identidad. No hay nada aut\u00e9nticamente humano que no halle eco en el coraz\u00f3n de la Iglesia. Est\u00e1 unida \u00edntimamente con la humanidad y su destino. Por eso la Iglesia, en esta constituci\u00f3n pastoral, expone c\u00f3mo entiende su presencia y su acci\u00f3n en el mundo actual.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no tiene ninguna ambici\u00f3n terrena; s\u00f3lo quiere continuar la obra de Cristo que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para condenar, para servir y no para ser servido. El Vaticano II no quer\u00eda ciertamente <em>cambiar<\/em> la fe, sino <em>re-proponerla<\/em> de manera eficaz. Quiero decir que <strong>el <\/strong><em><strong>di\u00e1logo con el mundo es posible \u00fanicamente sobre la base de una identidad indiscutida<\/strong><\/em><em>;<\/em> que podemos y debemos <em>abrirnos,<\/em> pero s\u00f3lo cuando estemos verdaderamente seguros de nuestras propias convicciones. <em>La identidad firme es condici\u00f3n de apertura.<\/em> As\u00ed lo entendieron los Papas y los Padres conciliares, algunos de los cuales pudo parecer, tal vez, que se dejaron ganar por aquel optimismo un poco ingenuo de aquellos tiempos, un optimismo que en la perspectiva actual nos parece poco cr\u00edtico y realista. Pero si pensaron poder abrirse con confianza a lo que de positivo hay en el mundo moderno, fue precisamente porque <em>estaban seguros de su identidad, de su fe.<\/em> En contraste con esta actitud, muchos cat\u00f3licos, en estos a\u00f1os, se han abierto, sin filtros ni freno, al mundo y a su cultura, al tiempo que se interrogaban sobre las bases mismas del \u00abdepositum fidei\u00bb, que para muchos hab\u00edan dejado de ser claras<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>Gaudium et Spes<\/em> nos dice lo que la Iglesia siente sobre la situaci\u00f3n actual del hombre, lo que siente desde su realidad de sacramento de Cristo. Por eso pretende iluminar la dignidad de la persona humana, las relaciones mutuas entre los hombres, lo que es el bien com\u00fan, el respeto sin excepci\u00f3n a la persona humana; c\u00f3mo ve ella el sentido de la actividad humana en el mundo. Ante los problemas de hoy, habla de la dignidad del matrimonio y de la familia; del Verdadero sentido del progreso y de las obligaciones de los cristianos respecto a la vida econ\u00f3mico-social, de la comunidad pol\u00edtica, de la edificaci\u00f3n de los pueblos, de la comunidad internacional, de la paz&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo ha dado la raz\u00f3n a la preocupaci\u00f3n de la Iglesia sobre el aspecto sagrado del amor, la misi\u00f3n de la familia, el cambio que tiene su origen en el progreso cient\u00edfico y en sus aplicaciones t\u00e9cnicas, que est\u00e1 experimentando una aceleraci\u00f3n inaudita. <em>Todo esto tiene que significar para el cristiano la manifestaci\u00f3n misma de su vocaci\u00f3n<\/em>: Dios le ha dado el mundo como tarea. Ah\u00ed est\u00e1 su trabajo: la civilizaci\u00f3n, el progreso, las instituciones tienen que estar al servicio de la vocaci\u00f3n aut\u00e9ntica y permanente del hombre. Lo que nos propone el Vaticano II es unir el servicio de la fe y el de construcci\u00f3n de un mundo en paz y bienestar social. La <em>Gaudium et Spes<\/em> presenta al hombre un humanismo abierto, rico y pleno, que le transciende y le hace captar cada vez m\u00e1s su condici\u00f3n humana en toda su riqueza y valor. La elevada idea del amor, del matrimonio, de las relaciones entre los hombres, del trabajo, que la Iglesia presenta, es la mejor defensa que puede hacer en favor de la humanidad actual. La familia est\u00e1 en el centro de sus preocupaciones; la familia cristiana, que con su testimonio arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad. La Iglesia, en esta Constituci\u00f3n Pastoral, se da cita con las aspiraciones profundas del coraz\u00f3n humano que aut\u00e9nticamente busca la verdad, lo que vale, por lo que merece la pena luchar. El cristiano tiene que estar y entrar resueltamente en el progreso, pero con el Mensaje de Cristo; si no, la civilizaci\u00f3n del ma\u00f1ana no estar\u00e1 de verdad al servicio del hombre, sino que le destruir\u00e1 y aplastar\u00e1. S\u00f3lo hay <em>una Luz,<\/em> Cristo; <em>un Camino,<\/em> Cristo; <em>una Verdad,<\/em> Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que el Concilio propone del tesoro de la doctrina de la Iglesia es para ayudar a los hombres de nuestro tiempo, crean o no en Dios; para que perciban m\u00e1s claramente su \u00edntegra vocaci\u00f3n, y conformen el mundo con la excelencia de la dignidad humana, y, llevados por un esfuerzo generoso y unido de amor, respondan a las m\u00e1s urgentes necesidades de nuestra \u00e9poca<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>. Los cristianos no pueden desear nada m\u00e1s ardientemente que servir a los hombres del mundo actual cada vez m\u00e1s generosa y eficazmente. No todos los que dicen Se\u00f1or, Se\u00f1or, entrar\u00e1n en el Reino de los Cielos, sino los que hacen la voluntad del Se\u00f1or y ponen manos vigorosas a la obra<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p><a><\/a> Quiero acabar con las palabras del Cardenal Paul Zoungrana cuando en el Concilio, hablando en nombre de 67 obispos africanos dijo: <em>\u00abFundamentalmente Cristo es \u00c9l mismo la Revelaci\u00f3n que nos trae.<\/em> Las verdades que hay que creer y los deberes que deben cumplirse deben ser considerados sobre todo en su relaci\u00f3n con una persona viva. <em>Decid al mundo que la Divina Revelaci\u00f3n es Cristo.<\/em> Es necesario que el hermoso rostro de Cristo resplandezca mejor en la Iglesia. As\u00ed renovar\u00e9is los prodigios de amor y de fidelidad que brillaban en la Iglesia primitiva\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> El libro fue publicado por la <em>Librer\u00eda Editrice Vaticana.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> LG 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> LG 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> LG 39.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> LG 41.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> LG 40.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Cf. J. Ratzinger, <em>Informe sobre la fe,<\/em> Madrid 1985, 42.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> GS 91.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> GS 93.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Cf. H. de Lubac, <em>Di\u00e1logo sobre el Vaticano II,<\/em> Madrid 1985, 56-57.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n inaugural de la XII Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Fue pronunciada en la Catedral Primada de Toledo el 30 de junio de 1986. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, julio-agosto 1986. Introducci\u00f3n En la Relaci\u00f3n final del S\u00ednodo Extraordinario de los obispos, celebrado en Roma durante los meses de noviembre y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[27,37],"doc_tag":[],"class_list":["post-752","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-el-concilio-vaticano-ii","doc_category-la-vida-del-cristiano"],"year_month":"2026-04","word_count":7235,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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