{"id":750,"date":"2024-09-22T19:24:37","date_gmt":"2024-09-22T17:24:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=750"},"modified":"2024-09-27T23:26:31","modified_gmt":"2024-09-27T21:26:31","password":"","slug":"luces-y-sombras-en-la-iglesia-de-hoynecesidad-de-criterios-claros-y-acertados","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/luces-y-sombras-en-la-iglesia-de-hoynecesidad-de-criterios-claros-y-acertados\/","title":{"rendered":"Luces y sombras en la Iglesia de hoy."},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Esta conferencia se pronunci\u00f3 en el Colegio del Arte Mayor de la Seda, de la Ciudad Condal, en diciembre de 1968. Se reproduce el texto publicado por la Editorial Balmes, Barcelona 1969. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La \u00e9poca inmediatamente anterior al Concilio.<br>Sombras en la Iglesia de hoy<\/h2>\n\n\n\n<p>Al ofreceros mi saludo cordial y respetuoso, me es muy grato recordar aquella ocasi\u00f3n, ya lejana, en que por primera vez, hace catorce a\u00f1os, me puse en contacto con vosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en la Cuaresma de 1954, cuando, invitado por los directivos de este Colegio del Arte Mayor de la Seda, vine desde Valladolid para pronunciar las conferencias de Moral Profesional y cuestiones de vida cristiana, editadas despu\u00e9s por vosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo ha pasado, y al encontrarme ahora aqu\u00ed como prelado de la di\u00f3cesis, obediente a los designios desconcertantes de Dios, sigo recordando con gozo aquel primer encuentro en que me ofrecisteis pruebas de una bondadosa atenci\u00f3n, convertida en adhesi\u00f3n sincera m\u00e1s tarde, en momentos dif\u00edciles que todos conoc\u00e9is. Lo he agradecido profundamente, por lo que vuestras personas y familias representan en Barcelona y por lo mucho que significa en la tradici\u00f3n barcelonesa vuestro Colegio del Arte Mayor de la Seda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya entonces nos preocup\u00e1bamos, si os acord\u00e1is, de proyectar la luz de la reflexi\u00f3n cristiana sobre el mundo profesional y social en que se desarrolla vuestra vida. Porque no son de ahora los grupos de seglares cat\u00f3licos que han tratado de vivir la armon\u00eda entre su fe y las exigencias de la misma. Siempre han existido. Si ahora hablamos m\u00e1s de ello, debemos agradecerlo al Concilio Vaticano II, que con la riqu\u00edsima doctrina de sus documentos nos ha impulsado a todos a ser cada vez m\u00e1s consecuentes, en nuestra exigencia pr\u00e1ctica, con lo que nuestra fe proclama. Pero la exigencia estaba ah\u00ed, en el Evangelio. Est\u00e1 desde siempre. Y nunca han faltado en la Iglesia de Dios voces, esfuerzos y actitudes que han intentado reconocerlo as\u00ed y vivirlo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">\u00bfHubiera sido mejor no celebrar el Concilio?<\/h3>\n\n\n\n<p>Nos encontramos hoy ante un panorama en la vida de la Iglesia que preocupa hondamente. A veces parece que m\u00e1s bien el horizonte se encuentra dominado por las sombras en lugar de la luz y, sin embargo, yo voy a hablaros de sombras y de luces, porque pienso que un cristiano que tenga fe nunca puede dejarse abatir por el pesimismo y en ning\u00fan instante su mirada debe contemplar solamente aspectos negros. Si fuera as\u00ed, algo esencial fallar\u00eda en la vida de la Iglesia, que es la presencia de Cristo en la misma, del cual brota siempre la luz forzosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay turbaci\u00f3n en el momento actual y la hay precisamente como consecuencia no querida de este fen\u00f3meno grandioso, de importancia trascendental en la vida de la Iglesia, que es el Concilio Vaticano II. Hasta tal punto, que muchos se preguntan hoy, comparando la situaci\u00f3n actual de la Iglesia con la anterior al Concilio, si no hubiera sido mejor que no se hubiera producido tal hecho, y haber seguido viviendo en aquella paz, real o aparente, que disfrutaban los esp\u00edritus.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi respuesta es la siguiente: suceda lo que suceda hoy, tenemos que bendecir a Dios por haberse celebrado el Concilio Vaticano II y hemos de llenar nuestro coraz\u00f3n de esperanza, y no limitarnos a lamentaciones est\u00e9riles e inoperantes, sino hacer todos un esfuerzo de reflexi\u00f3n para explicarnos los hechos que est\u00e1n sucediendo y comprenderlos dentro del misterio de la Iglesia, tomando cada uno las determinaciones que nos corresponda tomar. En este orden de cosas, me parece fuertemente ilustrativo referirles lo que yo mismo o\u00ed al Santo Padre, en la audiencia que tuve con \u00e9l recientemente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l, como Pastor Supremo de la Iglesia y como hombre que recoge en su coraz\u00f3n y pensamiento todas las preocupaciones del momento actual, sufre m\u00e1s que nadie, pero, sin embargo, su esperanza no se ha abatido un solo instante. \u00abYo esperaba \u2013me dijo\u2013 que despu\u00e9s del Concilio habr\u00eda en la Iglesia un momento, s\u00ed, de mucho trabajo, de un esfuerzo inmenso por parte de todos, pero con paz, con una paz que desde el primer momento har\u00eda resplandecer el rostro sereno de la Iglesia que hemos querido descubrir en el Concilio; pero no ha sido as\u00ed\u00bb. Cit\u00f3 unas palabras del Evangelio: <em>Inimicus homo hoc fecit.<\/em> Es la par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a; <em>ha venido el enemigo y, por la noche, ha sembrado la ciza\u00f1a entre el trigo.<\/em> \u00abEsto es obra del demonio \u2013dijo\u2013, es obra del demonio. Por todas partes aparecen grupos de agitaci\u00f3n y actitudes inconcebibles hace nada m\u00e1s que tres a\u00f1os, pero, sin embargo, no debemos nunca desesperar. Nos salvar\u00e1 lo que siempre ha salvado a la Iglesia de Cristo: los santos, la santidad. Hay que hacer una labor de profundidad en los esp\u00edritus, por ah\u00ed buscar la sana reacci\u00f3n, la cual vendr\u00e1 \u00fanicamente del contacto interior de las almas fieles con Cristo nuestro Se\u00f1or, que es quien rige a la Iglesia\u00bb. Y lo dec\u00eda con l\u00e1grimas en los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esto quiero daros a entender que, en efecto, existen motivos de preocupaci\u00f3n, pero que no debemos asustarnos ni dejarnos vencer por una cobard\u00eda prematura, sino reaccionar con humildad y con prop\u00f3sito de vivir las exigencias de nuestra fe en un intento serio de aspirar a una vida m\u00e1s cristiana y m\u00e1s santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Dividir\u00e9 mi intervenci\u00f3n en dos partes. En la primera, la que corresponde a esta noche, intentar\u00e9 describir la situaci\u00f3n actual, pero examinando las causas y ra\u00edces de donde ha brotado. En la segunda, ma\u00f1ana, hablar\u00e9 de los criterios que, a mi juicio, debemos mantener y que yo expongo, como obispo de la di\u00f3cesis, a un grupo de fieles, los cuales tienen la bondad de venir a escucharme, igual que lo hago en otras partes, a medida que voy disponiendo de tiempo y de facilidad, en medio de las preocupaciones y los trabajos incesantes de mi cargo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, pues, como primer punto de reflexi\u00f3n de esta noche, quiero ofreceros una s\u00edntesis de lo que era la \u00e9poca anterior al Concilio; es muy necesario tenerlo en cuenta para empezar a explicarnos los hechos. \u00bfQu\u00e9 panorama nos ofrecen el mundo y la Iglesia en los cincuenta a\u00f1os, m\u00e1s o menos, inmediatamente anteriores al Concilio?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia afectada por la situaci\u00f3n del mundo<\/h3>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed algunos datos que no se pueden olvidar:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1\u00ba. Dos guerras mundiales<\/strong>, en esos cincuenta a\u00f1os, que trastornan las bases de la convivencia humana en nuestro tiempo. La guerra del 14 al 18 y, despu\u00e9s, la del 39 al 45. En ese cort\u00edsimo espacio, dos guerras mundiales que traen como consecuencia, no solamente el drama inmediato de quienes sufren en su carne y en su sangre, sino el cambio de estructuras fundamentales en el orden pol\u00edtico y social, en casi todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00ba. La cultura<\/strong>, en esos cincuenta a\u00f1os, alejada de Dios. Las grandes universidades y focos culturales de Europa y de Am\u00e9rica, en la ciencia, el arte, la filosof\u00eda, etc., van construyendo una civilizaci\u00f3n de la que, reconozc\u00e1moslo, cada vez est\u00e1 m\u00e1s ausente el sentido de Dios. De cuando en cuando se alzan voces aisladas de un fil\u00f3sofo, de un pensador que siente el vac\u00edo angustioso de la sociedad sin Dios y lo proclama as\u00ed; pero la gran fuerza que construye el edificio de la cultura avanza sin conexi\u00f3n alguna con el hecho religioso.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3\u00ba. Los cristianos<\/strong>, por nuestra parte, <strong>divididos<\/strong> en distintas confesiones: cat\u00f3licos<strong>, <\/strong>protestantes y ortodoxos, frente a un mundo que iba borrando fronteras y que en el aspecto t\u00e9cnico y en todas las manifestaciones de la ciencia aplicada y aun del pensamiento especulativo, iba acerc\u00e1ndose cada vez m\u00e1s; desgarradoramente divididos y desconoci\u00e9ndose unos a otros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4\u00ba. Los grandes avances tecnol\u00f3gicos<\/strong> que se producen a partir de la guerra mundial \u00faltima y el acercamiento pol\u00edtico de grandes n\u00facleos de pueblos en estructuras supranacionales, etc., hubieran permitido acariciar la idea de una cada vez m\u00e1s estrecha uni\u00f3n de los esp\u00edritus. Pero las influencias anteriores y las secuelas de la guerra dejaron mortalmente heridas la fe y la esperanza. Derrotado el nazismo alem\u00e1n, quedaron tambi\u00e9n vencidas las almas de tantos y tantos que hab\u00edan acogido sus concepciones filos\u00f3ficas, pol\u00edticas y religiosas, y fuera de peque\u00f1os n\u00facleos de cat\u00f3licos y protestantes, en la inmensa mayor\u00eda del pueblo germano, un amargo escepticismo invadi\u00f3 las conciencias. Paralelamente el comunismo ruso, triunfador en un \u00e1rea geogr\u00e1fica extens\u00edsima, combate despiadadamente el sentido cristiano de la vida, y, con la m\u00e1s tir\u00e1nica de las persecuciones, deja sin defensas a los pueblos conquistados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5\u00ba. Hicieron su aparici\u00f3n nuevas naciones<\/strong>, sobre todo en \u00c1frica, el \u00abContinente de la esperanza\u00bb, como hab\u00eda sido llamado por P\u00edo XII; pero, a la vez, con la independencia, brotaron reacciones contra las antiguas potencias colonizadoras y contra el cristianismo, que, a trav\u00e9s de ellas, hab\u00eda sido introducido, como si fuera tambi\u00e9n un vestigio colonial. Recordad, por ejemplo, los sucesos del Congo con respecto a B\u00e9lgica. En la India, soberana de sus destinos, la minor\u00eda cristiana era y es desconsoladoramente escasa. El arabismo musulm\u00e1n adquiere tal violencia que, desde Egipto, se convocaba a una cruzada en las universidades \u00e1rabes para difundir la religi\u00f3n musulmana por toda \u00c1frica y hacer que desapareciera r\u00e1pidamente todo vestigio cristiano. Luego, la China comunista, con sus setecientos millones de habitantes y su poder\u00edo estremecedor. En el otro continente, junto al gigante norteamericano, el drama de toda Iberoam\u00e9rica, con sus problemas sociales terriblemente dif\u00edciles y explosivos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>6\u00ba.<\/strong> Por \u00faltimo, para no alargar demasiado esta enumeraci\u00f3n, se\u00f1alo tambi\u00e9n como fen\u00f3meno inquietante para la vida religiosa y moral de los pueblos \u00ab<strong>el cambio que han experimentado las comunidades locales tradicionales<\/strong>, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos y las diferentes relaciones de la convivencia social&#8230;\u00bb (GS 6). Las grandes concentraciones urbanas de las zonas industriales, la irrupci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n social y el movimiento incontenible de las grandes corrientes migratorias han trastornado violentamente las formas tradicionales de la vida de millones de hombres, dej\u00e1ndoles desprovistos de toda asistencia religiosa eficaz frente a la avalancha opresora de los nuevos condicionamientos a que quedaban sometidos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Los espa\u00f1oles viv\u00edamos aislados<\/h3>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, solamente enumerados, algunos rasgos de la situaci\u00f3n en que el mundo iba haci\u00e9ndose, o deshaci\u00e9ndose durante estos cincuenta a\u00f1os inmediatamente anteriores al Concilio. Era leg\u00edtima la preocupaci\u00f3n de la Iglesia por estar presente en ese mundo que progresaba sin ella o contra ella. Era leg\u00edtima y justificada, y por eso ya P\u00edo XII hab\u00eda pensado en la celebraci\u00f3n de un Concilio Ecum\u00e9nico; y aun de P\u00edo XI se sabe que hab\u00eda manifestado tambi\u00e9n su intenci\u00f3n sobre lo mismo. Lo que pasa es que nosotros, cat\u00f3licos espa\u00f1oles, sobre todo a partir de la \u00faltima guerra mundial, hemos vivido, por motivos perfectamente explicables y al alcance de todos, muy recluidos dentro de nuestras fronteras, y, como en nuestro sistema pol\u00edtico el sentido religioso cat\u00f3lico de la vida no ten\u00eda dificultad alguna para manifestarse, no percib\u00edamos bien la gravedad del drama. En nuestras familias, en las escuelas y colegios, en la prensa y las publicaciones, en la legislaci\u00f3n que se iba promulgando, todo aparec\u00eda inspirado o queriendo inspirarse en un ideal de cristiandad cat\u00f3lica. No viv\u00edamos ni en extensi\u00f3n ni en profundidad la gran tragedia espiritual del momento. Por eso nos result\u00f3 extra\u00f1o, cuando lleg\u00f3 el Concilio, que, por boca de obispos de todo el mundo, aparecieran expuestos con tanta gravedad los dif\u00edciles problemas que agitaban la conciencia de Europa y de otras naciones de Am\u00e9rica y del resto de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Concilio era necesario<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>a)<\/strong><em><strong> Grandeza y decadencia de P\u00edo XII<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> Ahora bien, todo esto demuestra que el Concilio era necesario. La Iglesia no pod\u00eda quedarse a solas con su llanto, de brazos cruzados frente a un mundo que caminaba hacia un porvenir tan incierto. Por otra parte, dentro mismo de la Iglesia se sent\u00eda tambi\u00e9n la necesidad de grandes cambios. Recordemos la gran figura del Papa P\u00edo XII, que sube al trono pontificio en el a\u00f1o 1939. En muchos de nosotros el recuerdo de su persona y su actuaci\u00f3n despierta admiraciones sin l\u00edmites. No se puede olvidar la gran profundidad interior de aquel hombre, todo coraz\u00f3n y pensamiento, que arrebataba a las muchedumbres de todos los pa\u00edses que iban a escucharle en la Bas\u00edlica de San Pedro; que conmov\u00eda al mundo con los mensajes de Navidad y con sus discursos sobre los temas m\u00e1s dispares. Cuando muri\u00f3, dijo de \u00e9l el presidente Eisenhower: \u00abDesde hoy, el mundo es m\u00e1s pobre\u00bb. El magisterio de P\u00edo XII ha sido tan extraordinario que se necesitar\u00e1n muchos a\u00f1os para ser apreciado suficientemente. Pero, \u00bfqu\u00e9 ocurri\u00f3? A partir de su enfermedad primera, en el a\u00f1o 1953, P\u00edo XII decay\u00f3 notablemente. Su estilo de actuar y gobernar hab\u00eda sido siempre muy personal y propio, hasta el punto de que en una ocasi\u00f3n lleg\u00f3 a decir que \u00e9l no quer\u00eda colaboradores, sino ejecutores. Este modo de actuar, en un hombre cuyas facultades disminu\u00edan progresivamente, es muy peligroso. Los asuntos ya no se resolv\u00edan con la oportunidad deseada. Tampoco exist\u00edan los equipos de trabajo necesarios con la suficiente autonom\u00eda. Y problemas muy importantes de la vida de la Iglesia, como manifest\u00f3 m\u00e1s tarde el Cardenal Tardini, se aplazaban indefinidamente, o no eran expuestos el Papa, para no abrumar m\u00e1s a un hombre fatigado, que sucumb\u00eda r\u00e1pidamente. Esto hizo que cundiese el malestar y se hablase de la necesidad de reformar la Curia Romana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>b)<\/strong><em><strong> La decisi\u00f3n de Juan XXIII<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> Muere P\u00edo XII en el a\u00f1o 1958 y adviene Juan XXIII, el hombre de coraz\u00f3n sencillo, que no se detiene ante nada. Sus gestos y decisiones, tan suyos, conmueven y despiertan deseos de hacer lo mismo; pero, lo que en \u00e9l era v\u00e1lido y acertado, pod\u00eda ser un desatino en los dem\u00e1s. Muchos de los que le recuerdan y tratan de imitarle se olvidan de su piedad profund\u00edsima, de su sentido de la obediencia, casi de ni\u00f1o, de su fe ardiente. Lanza la idea del Concilio y es acogida con gozo por el mundo entero: se\u00f1al de que era necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Empieza la consulta a obispos, universidades, \u00f3rdenes religiosas; y contestan, unos y otros, con miles de sugerencias sobre los temas que conven\u00eda tratar: dogm\u00e1ticos, doctrinales, disciplinares, morales, lit\u00fargicos. Todas las cuestiones que se han tocado a lo largo de las etapas conciliares est\u00e1n indicadas y se\u00f1aladas en la consulta hecha: otra se\u00f1al de que el Concilio era necesario.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>c)<\/strong><em><strong> Dos mil obispos de todas las culturas<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> Cuando por fin comienza \u00e9ste en 1962, se producen dos hechos muy significativos. Por una parte, los esquemas de los documentos, que hab\u00edamos de examinar, fueron rechazados, porque, a juicio de la mayor parte de los obispos, no respond\u00edan bien a los problemas planteados en la Iglesia. Por otra, sin que yo entre ahora a juzgar si fue para bien o para mal, la historia lo dir\u00e1, la Curia Romana perdi\u00f3 la direcci\u00f3n del Concilio, que cre\u00eda tener asegurada.<\/p>\n\n\n\n<p>Por primera vez en la historia, m\u00e1s de 2.000 obispos del universo aparecen all\u00ed representando a todas las culturas; esto no se hab\u00eda dado jam\u00e1s en la vida de la Iglesia. En el Concilio Vaticano I, del siglo pasado, llegaron a reunirse 800 obispos, como m\u00e1ximo; en el de Trento, fueron 300. Ahora era el universo entero el que estaba representado all\u00ed y, aunque la fe es la misma, sin embargo, los problemas sobre los cuales esa fe tiene que hacer su iluminaci\u00f3n son muy distintos. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la diferencia de mentalidad, que l\u00f3gicamente ha de existir, entre un pa\u00eds de fe tradicional y con un sistema pol\u00edtico derivado de particulares circunstancias, como Espa\u00f1a, y otro, como Inglaterra, en que gran parte de los cat\u00f3licos militan en el partido laborista y, por consiguiente, mantienen contactos estrechos con el socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este choque de mentalidades, aspiraciones y deseos de iluminar los problemas temporales, que cada obispo vive, seg\u00fan su mundo y su cultura, forzosamente ten\u00eda que producir tensiones muy fuertes, con las cuales no se hab\u00eda contado. Y donde hay tensiones, aparecen las luces y las sombras. Siempre ha sido as\u00ed. Datos, observaciones, contrastes, anhelos, esperanzas y quejas, se acumulaban en el aula conciliar. Se daba tambi\u00e9n otro hecho singular: la presencia en el Concilio, aunque no como participantes, de los observadores no cat\u00f3licos, protestantes y ortodoxos. Esto era algo que ven\u00eda a constituir una permanente acusaci\u00f3n en el alma noble de ellos y de nosotros. Una vez m\u00e1s se llegaba a la conclusi\u00f3n de que el Concilio era necesario y que hab\u00eda que reformar muchas cosas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>d)<\/strong><em><strong> Mayor iluminaci\u00f3n en la doctrina y en la vida<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> Es distinto, por ejemplo, pensar en la Iglesia con el concepto a que antes viv\u00edamos acostumbrados, la congregaci\u00f3n de fieles cat\u00f3licos cuya cabeza es el Papa, lo cual es verdad, pero no toda la verdad, a vivir esa otra idea m\u00e1s rica y m\u00e1s vital de la Iglesia, pueblo de Dios, sociedad que avanza en el tiempo, cuerpo m\u00edstico de Cristo, unidos todos los hombres por una misma fe, manteni\u00e9ndonos con la fuerza de unos mismos sacramentos, con la esperanza del cielo, viviendo de una doctrina de amor, queriendo propagarla para que el mundo se ilumine, dej\u00e1ndonos guiar por las luces del Esp\u00edritu Santo y sometidos, a la vez, a la acci\u00f3n de un gobierno pastoral, suave, prudente, lleno de amor, el de la Jerarqu\u00eda, que Dios ha puesto para cuidar de lo que es su vi\u00f1a santa, su campo labrado, su casa de familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda que insistir en este nuevo concepto de Iglesia, como hab\u00eda que reformar gran parte del Derecho Can\u00f3nico que se hab\u00eda quedado atrasado, y hab\u00eda que buscar un nuevo sistema de relaciones entre obispos y sacerdotes, para que las curias diocesanas no fuesen oficinas meramente burocr\u00e1ticas, y los sacerdotes, que al fin y al cabo tienen el mismo sacerdocio de Cristo que el obispo, sin merma de la autoridad que a \u00e9ste le corresponde, participasen m\u00e1s vivamente y colaborasen con su opini\u00f3n, con su consejo, con su iniciativa, en el gobierno de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda que reformar la vida lit\u00fargica; comparemos una misa celebrada hoy, bien celebrada, digo, en lengua vern\u00e1cula, con moniciones, explicando y entendiendo bien todo el sentido \u00edntimo del Sacrificio, con lo que eran las misas de hace a\u00f1os, en lat\u00edn, sin posibilidad de ser entendidas por muchos. Del mismo modo hab\u00eda que pensar en la relaci\u00f3n entre Iglesia y mundo, establecer normas de m\u00e1s estrecha colaboraci\u00f3n entre sacerdotes y religiosos, buscar el puesto que en la Iglesia tiene el laico bautizado, hijo de Dios, para que \u00e9l tambi\u00e9n pueda aportar a la Iglesia toda la riqueza que posee. Hab\u00eda, sobre todo, que crear un clima nuevo sobre libertad religiosa y sobre ecumenismo; libertad religiosa, no en el sentido de que cada uno pueda hacer, frente a Dios, lo que le parezca, no, sino que la conciencia del hombre est\u00e9 inmune de toda coacci\u00f3n de la autoridad civil o del ambiente externo y libremente d\u00e9 su respuesta a Dios nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas estas cuestiones, y otras muchas, ped\u00edan ser tratadas en un Concilio, y lo fueron, porque era necesario estudiarlas, aunque resultara inc\u00f3modo. El 8 de diciembre de 1965, los obispos nos desped\u00edamos en la plaza de San Pedro con l\u00e1grimas de emoci\u00f3n en los ojos, y emprend\u00edamos el retorno a nuestras di\u00f3cesis con gozo y humildad, creyendo haber prestado, en la medida de nuestras propias fuerzas, seg\u00fan lo que cada uno hubi\u00e9ramos podido hacer, un servicio a la Iglesia de Dios y deseando llevar a nuestros fieles, en cada di\u00f3cesis, la paz y el gozo que hab\u00edamos respirado. El Concilio se terminaba con aquellos mensajes a los intelectuales, a los gobernantes, a los padres de familia, a los artistas, a los pobres, tan impregnados de amor y de esperanza. El coraz\u00f3n de la Iglesia parec\u00eda latir con un ritmo nuevo que presagiaba un porvenir gozoso.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Las sombras de hoy<\/h3>\n\n\n\n<p>Pero han pasado tres a\u00f1os, y la situaci\u00f3n no es \u00e9sta. \u00bfQu\u00e9 ha ocurrido? Enumerar\u00e9 r\u00e1pidamente algunos hechos lamentables que han acompa\u00f1ado al hecho del Concilio:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1\u00ba. <\/strong><em><strong>Informacionismo escandaloso<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> La informaci\u00f3n sobre el Concilio ha hecho un bien inmenso, pero el informacionismo ha causado, ysigue causando, un da\u00f1o terrible a la Iglesia. En gran parte de la prensa mundial se trat\u00f3 el tema del Concilio muchas veces buscando el sensacionalismo, tal como podr\u00eda tratarse ahora la boda de Jaqueline y Onassis. Y cuando en el aula conciliar aparecieron tensiones y discusiones fuertes, lo cual es perfectamente normal, se lanzaban a los cuatro vientos noticias con frecuencia deformadas, que produc\u00edan esc\u00e1ndalo en muchas mentes d\u00e9biles, yno faltaban quienes, al ver a los obispos enfrentados en la discusi\u00f3n de tal o cual cuesti\u00f3n, sacaban la consecuencia de que a cualquiera le era l\u00edcito atacar y combatir lo que le viniera en gana, en el orden doctrinal o moral. Se quer\u00eda convertir la an\u00e9cdota ocasional en tesis y norma ordinaria de actuaci\u00f3n. Recuerdo, por ejemplo, el d\u00eda en que el Cardenal Frings, de Colonia, en el aula conciliar, se levant\u00f3, en nombre de la Conferencia Episcopal Alemana, para hablar contra ciertos m\u00e9todos que se segu\u00edan en la Congregaci\u00f3n del Santo Oficio. \u00c9l lo hizo con clara firmeza, en un tono fr\u00edamente met\u00e1lico, con absoluta y pac\u00edfica serenidad. El Cardenal Ottaviani, de vehemencia latina, le replic\u00f3 en el acto, y protest\u00f3 con viveza contra lo que acababa de o\u00edr. Esto era un simple episodio, sin trascendencia, pero para una gran parte de la prensa fue \u00abel esc\u00e1ndalo Ottaviani-Frings\u00bb, \u00abla gran pol\u00e9mica de dos cardenales\u00bb, etc., con lo cual se desfiguraba el tono y el sentido exacto de las intervenciones de uno y otro, y se fomentaban fuera del aula conciliar las actitudes apasionadas e hirientes, que al amparo de los grupos de presi\u00f3n, que siempre existen, traspasaron con frecuencia los l\u00edmites de la discusi\u00f3n y del decoro. Porque una cosa es que existan te\u00f3logos y pastoralistas de una y otra tendencia, y que defiendan las opiniones que estimen justas, lo cual contribuye al esclarecimiento de la doctrina, y otra muy distinta que aparezcan como par\u00e1sitos del Concilio grupos y grupitos maniobreros, fan\u00e1ticamente empe\u00f1ados en defender sus puntos de vista mediante reuniones, lanzamiento de consignas, documentos firmados o an\u00f3nimos, todo lo cual caldeaba los \u00e1nimos de muchas gentes y llegaba al gran p\u00fablico sembrando la desorientaci\u00f3n y el confusionismo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00ba.<\/strong><em><strong> Irenismo ingenuo<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> Se daba tambi\u00e9n el contacto con los hermanos separados. La Iglesia Cat\u00f3lica hab\u00eda sido muy cuidadosa a este respecto, pero ahora ellos estaban all\u00ed, y empez\u00f3 a producirse un trato cordial y respetuoso. Todos experiment\u00e1bamos una sacudida espiritual al comprobar nuestros deseos de uni\u00f3n y de encontrar los caminos para realizarla. \u00a1Era tan hermoso orar juntos y pedir por la unidad! Pero no faltaron quienes, fuera del Concilio, empezaron a hablar y escribir con ligereza: \u00ablo importante es unirse, sea como sea\u00bb, \u00abal fin y al cabo las diferencias no son tantas\u00bb, \u00abtodos tenemos nuestras culpas\u00bb, etc., con lo cual se fomentaba un irenismo inadmisible, que pon\u00eda en riesgo la doctrina verdadera y engendraba nuevas confusiones para el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3\u00ba. <\/strong><em><strong>Exageraciones en la defensa.<\/strong><\/em>Luego, la resistencia al Concilio por parte de los que se consideraban fieles. Hubo, y sigue habiendo, grupos numerosos que se han opuesto a las doctrinas conciliares y a los prop\u00f3sitos de acercamiento al mundo, de ecumenismo, de reforma lit\u00fargica, etc.; grupos que se consideraban guardianes celosos de la fe y han confundidolo sustancial con lo accidental. Esto ha irritado m\u00e1s a los otros, y ha hecho que aparezcan posturas extremistas de un lado y otro, cuyas consecuencias tenemos que padecer todos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4\u00ba. <\/strong><em><strong>Nueva psicolog\u00eda sin un nuevo C\u00f3digo<\/strong><\/em><strong>.<\/strong> Se a\u00f1ade a todo esto la espera prolongada de las nuevas leyes. Gran parte del Derecho Can\u00f3nico se considera hoy inactual, pero todav\u00eda no se ha publicado un nuevo C\u00f3digo, ni es posible hacerlo tan r\u00e1pidamente. Nos encontramos como en un per\u00edodo constituyente. El Concilio ha creado una nueva psicolog\u00eda, pero no ha dado ni pod\u00eda dar las nuevas normas y leyes que han de venir despu\u00e9s. Y ha faltado la paciencia en unos y en otros. En unos, para esperar; en otros, para comprender. Hay quienes se lanzan a todos los excesos en la predicaci\u00f3n, la liturgia, los consejos de orden moral, con una superficialidad inconcebible. Hay, por el contrario, quienes en seguida quieren que se fulminen anatemas y condenaciones, sin entender que hay situaciones en que s\u00f3lo la experiencia permite obtener el acierto en las determinaciones que han de tomarse. Sucede con frecuencia que lo que hoy parece que debe prohibirse, viene despu\u00e9s autorizado, como consecuencia de los estudios y reflexiones que se est\u00e1n haciendo. Lo que unos y otros deber\u00edan hacer es, ni anticiparse a obrar por su cuenta, ni querer condenar, mientras la Iglesia no condene.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5\u00ba. <\/strong><em><strong>Resentimientos y audacias<\/strong><\/em>. Han aflorado adem\u00e1s a la superficie de la Iglesia muchos resentimientos. Creo que \u00e9ste es un fen\u00f3meno digno de atenci\u00f3n por parte de todos. Somos hombres todos, y con muchos defectos. Los momentos de turbaci\u00f3n son muy propicios para que la humildad desaparezca. Y todo el que lleva dentro de s\u00ed alg\u00fan motivo de queja o de resentimiento contra sus superiores o las leyes existentes, lo expone, y defiende apasionadamente sus propios criterios. Y entonces, estas actitudes poco nobles, multiplicadas y favorecidas por una situaci\u00f3n como la que describo, dan lugar a esa psicosis de semirrebeld\u00eda y de protesta, que hoy existe. Se han puesto al descubierto tambi\u00e9n, y se critican sin piedad, los defectos de la jerarqu\u00eda y de los superiores. Se nos ataca por todos y por todo. Cualquiera, aun el m\u00e1s inepto, pontifica sobre lo que tenemos que hacer y decir. Se hacen en seguida afirmaciones como \u00e9stas: \u00abLa jerarqu\u00eda no permite el di\u00e1logo, vive aislada, no est\u00e1 en contacto con el pueblo, es triunfalista\u00bb. O bien: \u00abEs necesario proyectar la luz del Evangelio sobre los problemas temporales; luego, la jerarqu\u00eda tiene que hablar sobre los problemas existentes\u00bb. \u00abQue se comprometan los obispos; si no lo hacen, no cumplen con su deber\u00bb. Y todos quieren que nos comprometamos seg\u00fan el gusto de cada cual y de cada grupo, no seg\u00fan el Evangelio. Cuando se hace, se agrada a unos y se desagrada a otros, y entonces, de un lado o de otro, viene una cr\u00edtica continua, que, si se hiciera dignamente, no traer\u00eda m\u00e1s que bienes, pero que, tal como se est\u00e1 haciendo, contribuye a un desprestigio sistem\u00e1tico, de lo cual s\u00f3lo consecuencias funestas brotar\u00e1n despu\u00e9s. Defecciones, crisis de castidad y de obediencia, con publicidad escandalosa, frivolidad y precipitaci\u00f3n en el hablar de tantos temas a la vez, tan explosivos y tan dif\u00edciles.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cuestiones tratadas en los documentos conciliares son de tal densidad teol\u00f3gica y social que requieren mucho tiempo de estudio y de asimilaci\u00f3n, pero hoy un estudiante de bachillerato que ha le\u00eddo un art\u00edculo en cualquier revista que comente uno de estos documentos, se considera capacitado para hablar sobre la Iglesia y el mundo actual, sobre la vida pol\u00edtica, la econom\u00eda y el orden social, la familia, etc. Cuestiones tan serias se despachan con cuatro frases que uno afirma, el otro repite, aqu\u00e9l las mutila, \u00e9ste las corrige, el otro las ampl\u00eda, los dem\u00e1s las comentan y el resultado es que ya no se sabe qu\u00e9 queda del Concilio de tanto como se manosean los textos conciliares por unos y por otros. Por a\u00f1adidura, si aparece un documento del episcopado, y aun del Papa, queriendo orientar y dar luz, se le rechaza, se le contesta que cada cual tiene sus carismas, que la Iglesia es como todos, que el laico o el cl\u00e9rigo, o la religiosa, tambi\u00e9n tiene sus criterios, etc. Y cunde la indisciplina y la confusi\u00f3n, y se extienden las sombras. Ello es explicable por todo lo que vengo diciendo. Todos estos datos, lamentables, que han acompa\u00f1ado al hecho del Concilio y del posconcilio, est\u00e1n produciendo sombras. Por un lado, indisciplina; por otro lado, confusi\u00f3n doctrinal; muchas veces anhelos viv\u00edsimos de una religi\u00f3n m\u00e1s purificada, de una Iglesia m\u00e1s desprendida de todo; otras, junto a tales afirmaciones, hay agresividad y ataque, porque m\u00e1s que buscar eso, lo que se quiere es destruir otras instituciones, en relaci\u00f3n con las cuales vive la Iglesia. Se oyen muchas voces, y no hay una orquesta bien dirigida, en la cual las voces se conjunten. Cuando uno quiere hacer un esfuerzo de direcci\u00f3n, muchos prefieren seguir cantando fuera o tocando ellos solos su propio instrumento. Y esto nos pasa hoy a cada obispo en su di\u00f3cesis, y al Santo Padre con respecto a la Iglesia del mundo entero.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las sombras, explicables por toda esta marejada interior que se ha levantado y que tiene causas bien precisas. Pero tambi\u00e9n hay luces, y hemos de descubrirlas. Es necesario tener criterios claros y dejarnos guiar, aceptando lo que la Iglesia jer\u00e1rquica puede decirnos, y aportando tambi\u00e9n nosotros nuestra propia reflexi\u00f3n serena y consciente de miembros del Pueblo de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta conferencia se pronunci\u00f3 en el Colegio del Arte Mayor de la Seda, de la Ciudad Condal, en diciembre de 1968. 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