{"id":748,"date":"2024-09-22T19:21:29","date_gmt":"2024-09-22T17:21:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=748"},"modified":"2024-09-22T19:21:29","modified_gmt":"2024-09-22T17:21:29","password":"","slug":"lo-que-el-concilio-nos-pide","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/lo-que-el-concilio-nos-pide\/","title":{"rendered":"Lo que el Concilio nos pide"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Bajo este t\u00edtulo, <em>Lo que el Concilio nos pide,<\/em> se re\u00fanen las alocuciones pronunciadas en Barcelona, en el mes de mayo de 1966, con motivo de la llegada a la Ciudad Condal de don Marcelo Gonz\u00e1lez Martin, como obispo coadjutor del arzobispo Dr. Modrego. Las alocuciones fueron dirigidas en d\u00edas sucesivos a todos los fieles, a los sacerdotes y religiosos, y las religiosas de la archidi\u00f3cesis. Textos publicados en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Barcelona,<\/em> junio de 1966.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><\/ol>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Alocuci\u00f3n a todos los fieles<\/h2>\n\n\n\n<p>Circunstancias ajenas a mi humilde persona han hecho que mi presentaci\u00f3n ante vosotros se vea rodeada de una expectaci\u00f3n que yo no hubiera deseado en ning\u00fan momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy clara y sencilla la significaci\u00f3n de mi presencia aqu\u00ed. Ministro de Dios y de su Iglesia, y, por lo mismo, acostumbrado a obedecer y a servir, vengo aqu\u00ed, como tantos otros prelados que me han precedido, para trabajar, en uni\u00f3n con vosotros, sacerdotes y fieles del Pueblo de Dios, al servicio del Evangelio de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Saludo con amor y reverencia al venerable Arzobispo de quien voy a ser coadjutor y a su Clero y religiosos; ofrezco el testimonio de mi respeto agradecido a las autoridades de Barcelona, Astorga, Le\u00f3n, Valladolid y Villanubla; y abro mi coraz\u00f3n, m\u00e1s que mis labios, para deciros a todos cuantos est\u00e1is aqu\u00ed y a los dem\u00e1s a quienes llegue mi voz: paz, paz, \u00a1la paz del Se\u00f1or sea con vosotros!<\/p>\n\n\n\n<p>Cumplido este deber, que en mi caso est\u00e1 dictado por algo mucho m\u00e1s profundo que la simple cortes\u00eda, permitidme ahora que os abra mi alma un poco m\u00e1s, tanto por el deseo de no defraudaros demasiado en lo que esper\u00e1is o\u00edr de m\u00ed, como por la necesidad que ya desde ahora experimento de establecer con vosotros una comunicaci\u00f3n de intimidad que no quisiera se interrumpiese nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Vengo aqu\u00ed por obediencia a quien puede confiarme esta misi\u00f3n e incluso mandarme que la acepte, el Santo Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es un misterio de obediencia, como lo es Jesucristo, enviado por el Padre, <em>hecho obediente por nosotros hasta la muerte y muerte de cruz.<\/em> Prolongaci\u00f3n de Jes\u00fas en el tiempo, siglo tras siglo, la Iglesia obedece tambi\u00e9n a un designio de salvaci\u00f3n que Dios tiene respecto a la humanidad y que realiza a trav\u00e9s de ella. Tanto si se la considera en su aspecto jer\u00e1rquico y visible, como si se atiende a su condici\u00f3n global de Pueblo de Dios, la Iglesia nace porque es llamada a nacer <em>(No me elegisteis a M\u00ed, sino Yo a vosotros<\/em>); se pone en marcha a la voz de un mandato <em>(Id y ense\u00f1ad);<\/em> gobierna, santifica y adoctrina, porque su Divino Fundador le ordena que lo haga as\u00ed, para bien de los hombres. Estos, los fieles, juntamente con sus Pastores, forman el Pueblo de Dios, al responder a quien convoca y llama Reunidos todos en la comuni\u00f3n de una misma fe y una misma obediencia, la vida de la Iglesia, que es la de Cristo, se propaga en los creyentes a trav\u00e9s de la acci\u00f3n sacramental, merced a una docilidad interior que permite al hombre ofrecer humildemente los condicionamientos reales que exige la gracia salvadora. Cuando \u00e9sta llega al alma, el hombre ha hecho un acto supremo de obediencia, que le trae como compensaci\u00f3n gozosa la libertad de los hijos de Dios,<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed por qu\u00e9 digo que la Iglesia es un misterio de obediencia, lo mismo en su realidad social externa que en su vida interior. Por ser una obediencia prestada, no a los hombres, sino a Dios, Padre de todos los creyentes; por ser \u00c9l quien nos ha elegido, y no nosotros a \u00c9l; cuando actuamos y nos movemos dentro del Pueblo de Dios, no edificamos la ciudad terrestre y temporal, sino el Cuerpo de Cristo, dentro del cual, con palabras de San Pablo, <em>no hay distinci\u00f3n de jud\u00edo ni griego, de siervo ni de libre, ni tampoco de hombre ni mujer, porque todos somos una cosa en Jesucristo<\/em> (Gal 3, 28; Col 3, 11).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Enviado por el Pastor Supremo, yo no me siento extra\u00f1o ante vosotros<\/h3>\n\n\n\n<p>En consecuencia, enviado por el Pastor Supremo de la Iglesia, yo no me siento extra\u00f1o ante vosotros. Si alguien, a pesar de todo, se siente extra\u00f1o a m\u00ed, yo le abro los brazos con humildad y con amor y le pido que me ayude, petici\u00f3n que, \u00e9sta s\u00ed, puede hacerse en nombre de lo que nos une, que es mucho m\u00e1s fuerte que lo que nos separa. Lo dir\u00e9 con palabras de San Pablo: <em>Si alguno se precia de ser de Cristo, considere asimismo para consigo<\/em>: <em>que, as\u00ed como \u00e9l es de Cristo, tambi\u00e9n lo somos nosotros<\/em> (2Cor 10, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>El desconocimiento que actualmente tengo de la lengua catalana y de otras particularidades de vuestra vida, en lo que tiene de caracter\u00edstica propia, no me incapacita, me estimula. Yo la aprender\u00e9 y hablar\u00e9 y vosotros me ayudar\u00e9is a entender mejor vuestras aspiraciones y deseos, cuando comprend\u00e1is que precisamente porque os amo, son tambi\u00e9n los m\u00edos. Las manos que administran los sacramentos no tienen huellas dactilares propias; <em>la palabra de Dios que predica el que de verdad cree en ella, no est\u00e1 nunca encadenada,<\/em> dec\u00eda tambi\u00e9n San Pablo; la caridad de Cristo, que a todos nos mueve, no es de aqu\u00ed ni de all\u00ed, de hoy ni de ayer, es el don que a todos nos ofrece el Padre para hacemos hijos suyos. Es \u00e9ste el don que yo os traigo, consciente de que mi misi\u00f3n de servicio a vuestras almas es eso y nada m\u00e1s que eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Si siempre ha sido esta la norma de mi vida sacerdotal, inspiradora de mis pensamientos y de mis actos, debo decir que me ha guiado aun con m\u00e1s fuerza en estos \u00faltimos cinco a\u00f1os, en que, llamado por la Iglesia a obedecer, he servido al ministerio episcopal en la di\u00f3cesis de Astorga, a la cual se dirige en este momento el m\u00e1s fervoroso recuerdo de mi alma. De sus sacerdotes y sus f\u00edeles, esparcidos por pueblos y aldeas a lo largo de doce mil kil\u00f3metros cuadrados de la geograf\u00eda diocesana, os traigo el saludo de su fe y su piedad, que les invitan a llamaros hermanos en la seguridad de encontrar en vosotros rec\u00edprocos sentimientos de amor y fraternidad cristiana. Los pocos que est\u00e1n aqu\u00ed conmigo lo expresan con su presencia. Los muchos que hubieran querido venir me han hecho el ruego de que as\u00ed lo manifieste.<\/p>\n\n\n\n<p>No faltar\u00e1n entre ellos, quienes, a esta misma hora, discurriendo por las naves de la bella catedral asturicense, hayan ido a postrarse en la tumba del obispo que all\u00ed me precedi\u00f3, el venerable doctor Castelltort, antiguo p\u00e1rroco de Tarrasa y Barcelona, cuyos pasos segu\u00ed all\u00ed, y con cuyo esp\u00edritu me encuentro aqu\u00ed. \u00bfC\u00f3mo no van a sentirse hermanos si Dios ha querido que incluso se cambiaran los padres para lograr una mayor uni\u00f3n en las almas?<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos, pues, a trabajar juntos con decisi\u00f3n y con firmeza por el bien de las almas que nos han sido encomendadas. Nos espera un campo de acci\u00f3n inmenso, casi inabarcable. Pienso en todos vosotros, hijos queridos de la Archidi\u00f3cesis de Barcelona, en vuestras familias y en vuestros hijos; en el mundo de la industria y de las aplicaciones de la t\u00e9cnica, en el de la Universidad y la cultura, en el del comercio y la oficina, en el de la gran ciudad y los pueblos de vida agr\u00edcola m\u00e1s tranquila y serena, en el de los trabajadores de toda condici\u00f3n, los nacidos aqu\u00ed y los que aqu\u00ed han venido procedentes de tantas regiones de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Concilio ha sido, ante todo, un hecho religioso en su origen<\/h3>\n\n\n\n<p>Me pregunto con dolor si entre los pertenecientes a estos mundos no habr\u00e1 muchos a quienes, por desgracia, pueda resultar indiferente mi presencia, como la de cualquier otro obispo de la Iglesia, sea cual sea el lugar de su nacimiento. Si as\u00ed sucediera, tendr\u00edamos que reconocer que estamos en presencia de una crisis muy grave, frente a la cual la \u00fanica consideraci\u00f3n v\u00e1lida es la necesidad de unir nuestros esfuerzos de humildes colaboradores del Evangelio para facilitar los caminos del Se\u00f1or. Ello no significar\u00eda renunciar a deseos que pueden ser leg\u00edtimos, sino sencillamente establecer en la manifestaci\u00f3n de los mismos e incluso en el apremio de urgencia con que los compartimos, el orden que nos se\u00f1alan virtudes que est\u00e1n por encima de nuestras aspiraciones personales, a saber, la caridad y la obediencia a la Iglesia, cuando \u00e9sta nos pida expresamente que obedezcamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hago estas reflexiones cuando estamos viviendo un momento posconciliar lleno de inter\u00e9s para la Iglesia y para el mundo. Imposible como me es en este instante desarrollar con amplitud pensamientos que han de ser en el futuro objeto de nuestro com\u00fan examen, basten ahora algunas afirmaciones que no pueden ponerse en tela de juicio porque se amparan en la propia evidencia de los hechos. El Concilio ha sido ante todo un hecho religioso en su origen, como afirm\u00f3 Juan XXIII; en su autoridad, la del magisterio solemne de la Iglesia; en su inspiraci\u00f3n y norma conductora, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo; en su prop\u00f3sito, la renovaci\u00f3n de las conductas y la vida interna de los hombres, sin excluir los de la Iglesia; en su aplicaci\u00f3n, porque hay que hacerla de acuerdo con lo que la autoridad de la Iglesia va determinando. Todo lo cual quiere decir que, por ser un hecho religioso no pol\u00edtico ni de pura reflexi\u00f3n sociol\u00f3gica, hay que tratarlo con el respeto que se merecen las cosas que hacen relaci\u00f3n a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Concretar el alcance de sus determinaciones, el momento de la aplicaci\u00f3n de las mismas, el grado de exigencia pr\u00e1ctica que en cada circunstancia ha de acompa\u00f1arlas, corresponde no al criterio subjetivo y arbitrario de cada uno, sino a quien tiene la suprema autoridad interpretativa como la tuvo para convocarlo, presidirlo y promulgarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Concilio hemos obedecido todos, incluso los Padres conciliares, cuando lleg\u00f3 la hora de obedecer, que hizo su aparici\u00f3n junto a los momentos de emitir juicios, opiniones y votos. Y la obediencia se prest\u00f3 sin resentimiento ni amargura, sino con el gozo de la fe y con la honda paz interior de quien habiendo cumplido antes con el deber que le dictaba su conciencia cumpl\u00eda ahora con el que le se\u00f1alaba Dios mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio no ha sido indiferente a los dolores y angustias del hombre y del mundo contempor\u00e1neo. Por eso ha promulgado una Constituci\u00f3n Pastoral \u00absobre la presencia de la Iglesia en el mundo\u00bb. Pero no corresponde al Concilio ni a la Iglesia edificar la ciudad terrestre, tarea reservada a las manos de los hombres. Su acci\u00f3n pastoral se inspira en unos principios doctrinales que hay que tener siempre presentes, se\u00f1alados en la otra Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica sobre la Iglesia <em>Lumen gentium,<\/em> a cuya luz hay que interpretar la anterior, no al rev\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, el Concilio es libertad y es ley; es Pueblo de Dios dentro del cual hay jerarqu\u00eda; es caridad y es disciplina; es renovaci\u00f3n sin merma de la tradici\u00f3n sagrada; humanismo sin detrimento de lo sobrenatural; paz y concordia de las almas sin concesiones a la indiferencia; di\u00e1logo y autoridad; respeto al hombre y adoraci\u00f3n a Dios. Ha brotado del Concilio, como ha dicho el Papa, una nueva psicolog\u00eda, pero no ha nacido ni nacer\u00e1 nunca una nueva Iglesia, porque \u00e9sta la hemos recibido del mismo Jesucristo, y no la podemos cambiar. Todas las renovaciones, necesarias y aun convenientes, caben dentro de ella, porque su propia fecundidad es inagotable. El Concilio naci\u00f3 por amor, porque fue obra de Dios. Un posconcilio en el que faltase el amor ser\u00eda la negaci\u00f3n misma de la obra de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Lo que pide el mundo de nosotros es la fe y el sostenimiento de la esperanza<\/h3>\n\n\n\n<p>Yo espero que no sea as\u00ed en esta Archidi\u00f3cesis ilustre de Barcelona. Y llamo a todos a colaborar: a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos. Particularmente <strong>a los sacerdotes<\/strong> \u00abpr\u00f3vidos cooperadores del orden episcopal\u00bb. El mundo no busca entre nosotros soci\u00f3logos, fil\u00f3sofos, ni cient\u00edficos. Todo eso lo tiene en abundancia y no necesita venir a buscarlo a nuestros campos. Lo que pide de nosotros es la fe y el sostenimiento de la esperanza. No nos est\u00e1 prohibido luchar por la justicia, pero con tal de que lo hagamos con amor. Amor a todos, precisamente porque tenemos el deber de predicar sus responsabilidades a todos: a los que ejercen autoridad y a los s\u00fabditos, a los padres y a los hijos, a los ricos y a los pobres. Ning\u00fan hombre en la tierra puede atreverse a asumir esa terrible misi\u00f3n de se\u00f1alar deberes a los dem\u00e1s si, siendo \u00e9l tan miserable como ellos, no se eleva por encima de todos con el \u00fanico procedimiento que permite alcanzar una categor\u00eda superior: am\u00e1ndolos a todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si alguien ha de llevar nuestras preferencias sean los pobres, los sencillos y humildes, los m\u00e1s desamparados. Pobres del alma y del cuerpo. Los ni\u00f1os, los ancianos, los enfermos. Familias de trabajadores de los suburbios de Barcelona, que hasta aqu\u00ed han llegado de todas las regiones de Espa\u00f1a, nacidas aqu\u00ed o venidas de otra parte, llevan sobre la frente el t\u00edtulo de hijos de Dios, que es la m\u00e1s honrosa filiaci\u00f3n que un hombre puede ostentar para merecer el amor de un cristiano y de un sacerdote. El m\u00edo, de obispo de la Iglesia, ya lo tienen desde el momento en que el lema de mi escudo episcopal es <em>\u00abPauperes evangelizantur\u00bb<\/em>. El vuestro tambi\u00e9n lo han tenido y lo tendr\u00e1n precisamente porque siendo hijos de la noble regi\u00f3n catalana, ten\u00e9is un alma demasiado grande para que pueda sentirse satisfecha poniendo fronteras a un amor que no las tiene.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edgnese, se\u00f1or Arzobispo, recibir estas manifestaciones que hago con las cuales pongo mi coraz\u00f3n y mi alma en sus manos de padre y maestro de la vida espiritual de Barcelona, para ayudarle cuanto me sea posible en el ejercicio de su misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Acepte, excelent\u00edsimo se\u00f1or Nuncio Apost\u00f3lico, el homenaje de mi obediencia filial a Su Santidad el Papa, que si nos honra cuando ruega, nos dignifica m\u00e1s cuando nos manda.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiera el Se\u00f1or, cuya subida a los cielos hoy conmemoramos, no dejarnos hu\u00e9rfanos de su asistencia en la tierra, particularmente en la peregrinaci\u00f3n que hoy comenzamos. As\u00ed lo suplico por medio de la Sant\u00edsima Virgen en su doble advocaci\u00f3n de la Merced y Montserrat, que manifiesta su patrocinio sobre esta ciudad de Barcelona y sobre toda Catalu\u00f1a. Que desde hoy pueda ser acogido como un hijo m\u00e1s de esta tierra el que en el orden espiritual viene a ser padre de los que han nacido en ella.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">A los sacerdotes y religiosos<\/h2>\n\n\n\n<p>Ayer, en ese primer contacto que tuve con toda la Archidi\u00f3cesis, me anim\u00f3 una intenci\u00f3n expresa: la de darme a conocer, en cuanto un hombre puede ofrecer conocimiento de s\u00ed mismo, abriendo su alma a los que quieren escucharle. Consider\u00e9 que era mejor as\u00ed. Desde el primer instante, hablar con toda sinceridad, exponiendo un modo de sentir y de pensar que nos sirviera como el fundamento inicial para nuestros futuros contactos. Sinceridad por delante y franqueza en la reflexi\u00f3n y en la expresi\u00f3n del pensamiento, son condiciones indispensables para todo di\u00e1logo. Yo he querido iniciarlo ayer mismo. Ahora, de manera m\u00e1s particular, con vosotros, queridos sacerdotes y religiosos. Y si ayer yo hablaba con el m\u00e1ximo af\u00e1n de sinceridad por mi parte, pod\u00e9is comprender con cu\u00e1nto apremio siento en este instante la necesidad de hacer lo mismo al iniciar este di\u00e1logo con vosotros. Ya no se interrumpir\u00e1 nunca, al menos por mi parte, en el trabajo que nos espera a todos juntos. Y para que comprend\u00e1is con cu\u00e1nta sinceridad os hablo, me vais a permitir que empiece empleando el lenguaje de las confidencias.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El lenguaje de las confidencias<\/h3>\n\n\n\n<p>Me refiero a mi nombramiento para Arzobispo coadjutor de Barcelona. Mucho tiempo antes, yo hab\u00eda recibido alguna insinuaci\u00f3n. Cuando llevaba muy poco tiempo en la di\u00f3cesis de Astorga. Fue el a\u00f1o pasado, estando en Roma, cuando por tres veces se me habl\u00f3. Y por tres veces yo ofrec\u00ed, con toda la humildad con que pueda hacerlo un sacerdote en esos trances, la resistencia que mi alma ofrec\u00eda para una misi\u00f3n tan dif\u00edcil. Volv\u00ed a Espa\u00f1a, creyendo que estaba ya libre por completo del temor que entonces se hab\u00eda apoderado de m\u00ed. En enero, tuve nuevas noticias que me hicieron confirmarme ya en la impresi\u00f3n de que todo se hab\u00eda disipado. Entonces, me qued\u00e9 tranquilo. Se hab\u00edan atendido mis ruegos de que no me consideraba apto para una misi\u00f3n tan dif\u00edcil, con respecto a la cual yo ve\u00eda en mi persona un conjunto de circunstancias que me rodeaban, dificultades que antes que otros las se\u00f1alaran, yo mismo las advert\u00eda. Pas\u00f3 ese mes de enero, volv\u00ed de nuevo a Madrid en el mes de febrero a una reuni\u00f3n de obispos; regres\u00e9 a Valladolid con \u00e1nimos de estar all\u00ed unos d\u00edas, para de nuevo volver a Madrid. Y cuando acababa de llegar a la ciudad de Valladolid, recib\u00ed un nuevo aviso de que al d\u00eda siguiente me presentara en la Nunciatura. El Padre Santo expresamente hab\u00eda considerado con todo detenimiento esta cuesti\u00f3n y me ped\u00eda con apremio que aceptase. Todav\u00eda, siempre dentro de los l\u00edmites en que un sacerdote puede obrar al tratar de conjugar lo que le dicta su humildad y lo que le dicta su obediencia, dentro, digo, de esos l\u00edmites, durante un largo rato estuve exponiendo razones, las cuales fueron o\u00eddas simplemente por benevolente cortes\u00eda del que quer\u00eda escucharme; pero sobre la base de que exist\u00eda ya una determinaci\u00f3n, a la cual hube de plegarme. Y acept\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces, empez\u00f3 esa temporada que ha durado hasta ahora, en la cual, \u00bfpor qu\u00e9 no decirlo, queridos sacerdotes, por qu\u00e9 no decirlo, si he dicho que quer\u00eda emplear desde el primer instante el lenguaje de la confidencia?, en la cual, repito, he sufrido mucho. Yo era feliz en Astorga, en cuanto puede serlo un obispo que tiene conciencia de sus deberes. Encontraba una valiosa colaboraci\u00f3n e iba realizando su misi\u00f3n en una tierra humilde y pobre, con sacerdotes magn\u00edficos, con fieles seglares que llevan dentro de s\u00ed el peso de una tradici\u00f3n cristiana muy fuerte y que no obstante el ambiente menos desarrollado en el orden econ\u00f3mico, les hace sentir, apreciar y vivir con hondas calidades espirituales, manifestativas de una finura que no se improvisa, sino que es fruto de la educaci\u00f3n cristiana de muchos siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda muchos proyectos entre manos. Los unos, acabados de realizar, pero que necesitabanconsolidarse; otros concebidos con ilusi\u00f3n en este momento posconciliar, anunciada ya una asamblea \u2013as\u00ed quise llamarla, en lugar de s\u00ednodo diocesano, para ser m\u00e1s modestos, incluso en la terminolog\u00eda\u2013; convocada una asamblea, digo, la cual \u00edbamos a empezar a preparar este a\u00f1o con reuniones por grupos de cuarenta sacerdotes, para estudiar durante cinco d\u00edas seguidos, en r\u00e9gimen de internado, todos los documentos conciliares, con la m\u00e1xima profundidad que nos fuera posible; hab\u00edamos iniciado nuestro plan de reforma de la curia, de provicarios en las diversas zonas de la di\u00f3cesis, de renovaci\u00f3n de estructuras m\u00faltiples, de elevaci\u00f3n del nivel acad\u00e9mico del Seminario, con un grupo de excelentes profesores, que se dispon\u00edan ya a iniciar la publicaci\u00f3n incluso de una revista; con cuatro colegios diocesanos de Ense\u00f1anza Media, en manos de sacerdotes, que tienen ya unos dos mil alumnos; con dos Seminarios, Mayor y Menor, y la perspectiva de llegar a tener, a la vuelta de alg\u00fan tiempo, diez colegios diocesanos de Ense\u00f1anza Media, que trataban de cubrir todas las zonas de esa di\u00f3cesis tan dilatada, para ofrecer a los hijos de aquellas familias la posibilidad de una elevaci\u00f3n cultural, tras la cual vienen, por lo general, todas las dem\u00e1s elevaciones. Yo ve\u00eda que se frustraba todo esto. Frente a ello, un panorama incierto, cuya incertidumbre se me hac\u00eda a veces m\u00e1s sombr\u00eda, al recibir ciertos documentos escritos, e incluso llamadas, a los que yo no pod\u00eda, ni deb\u00eda contestar, porque yo no era m\u00e1s que el obispo de Astorga y los temas a que esos escritos se refer\u00edan no ten\u00edan por qu\u00e9 ser recogidos por m\u00ed, hombre de obediencia. Eran otros los destinatarios, aunque a m\u00ed se me enviaran. Pero yo procur\u00e9 que llegasen a quienes ten\u00edan que llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed fue desenvolvi\u00e9ndose, a lo largo de ese tiempo, un proceso que en lo que se refiere a su culminaci\u00f3n externa, termin\u00f3 ayer. En lo que pueda referirse a las derivaciones internas que tiene marcadas la conducta de los hombres, no sabemos cu\u00e1ndo pueden terminar, en un sentido o en otro. Yo ahora no me refiero a nada concreto. El proceso a que ahora estoy refiri\u00e9ndome es el de nuestra convivencia. Aqu\u00ed empez\u00f3 ayer. Dios quiera bendecirla. Dios quiera darnos a todos, a todos, a m\u00ed el primero, serenidad, humildad, caridad, observaci\u00f3n real de hechos, personas y casos; obediencia, sentido de colaboraci\u00f3n, honda fe, y aceptando tambi\u00e9n, \u00bfpor qu\u00e9 no?, las cruces que tengan que llegar, porque forman parte de nuestra vida sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Solicito vuestra colaboraci\u00f3n en todo<\/h3>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como me presento ante vosotros, solicitando ya de una manera m\u00e1s \u00edntima y particular vuestra colaboraci\u00f3n en todo, y dispuesto a ofrecer la m\u00eda, en la seguridad de que lo \u00fanico a que yo aspiro y deseo es caminar juntos como hermanos; porque el reconocimiento de esta fraternidad que nos une no es obst\u00e1culo de ning\u00fan g\u00e9nero para el mantenimiento de otras responsabilidades que nos obligan a todos en el ejercicio de nuestros cargos, a m\u00ed el primero en el ejercicio del mismo, sobre la base de una hermandad que se funda en ese sacerdocio de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que es el que todos nosotros llevamos. Los dem\u00e1s matices no significan obst\u00e1culo para la mutua inteligencia y el amor rec\u00edproco. Por el contrario, enriquecen las perspectivas dentro de las cuales nos movemos, para que este sacerdocio desarrolle, por parte de unos y de otros, con la m\u00e1xima fecundidad, todas las posibilidades que el Se\u00f1or tiene previstas en los planes que \u00c9l ha trazado respecto a cada uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas posibilidades son siempre limitadas. \u00a1Ay de aqu\u00e9l que quiera considerarse redentor del mundo! No ha habido m\u00e1s que una Redenci\u00f3n: la de Jes\u00fas. Y nuestra misi\u00f3n es aplicar humildemente esa redenci\u00f3n, con la fuerza que \u00c9l nos ha dado, para manejar en todo momento, con la delicadeza que hay que hacerlo, valores que no son nuestros, sino que son suyos. \u00c9l sabe por qu\u00e9 ha de acompa\u00f1arnos siempre, a lo largo de nuestra vida, el misterio de la propia limitaci\u00f3n en el af\u00e1n que tenemos de colaboraci\u00f3n al Evangelio, cuando quisi\u00e9ramos tantas veces, no por vacuos triunfalismos, ni por ansias de dominio espiritual que el mismo Evangelio no aprueba, sino sencillamente por un mayor y m\u00e1s puro servicio al Se\u00f1or, quisi\u00e9ramos \u2013digo\u2013 poder ofrecerlo alg\u00fan d\u00eda al mundo entero. Al fin y al cabo, fue el mundo entero al cual mir\u00f3 Dios, al crearme, Jesucristo, al redimirme.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas limitaciones con las que hay que contar, nos har\u00e1n mucho bien, porque pueden movernos en todo momento a una virtud indispensable de los ap\u00f3stoles del Evangelio: la humildad y el recurso a Dios Nuestro Se\u00f1or, dejando en sus manos, una vez que hemos hecho nosotros todo cuanto podamos, lo que corresponde a sus designios, casi siempre secretos para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La necesidad del Concilio<\/h3>\n\n\n\n<p>Con esta humildad, habremos de referimos en nuestro trabajo com\u00fan a ciertas tensiones que existen hoy, las cuales constituyen tema frecuente de nuestras conversaciones, no ya de ahora, sino de hace tiempo. Precisamente porque estas tensiones exist\u00edan, ha habido necesidad de convocar un Concilio, en el cual los hombres de la Iglesia hemos trabajado todo cuanto hemos podido, cada uno dentro de nuestra misi\u00f3n, para se\u00f1alar unos caminos que permitan suavizar, disipar estas tensiones existentes. Porque la tensi\u00f3n en s\u00ed no es mala; es se\u00f1al de vida. Como la fiebre en un organismo es tambi\u00e9n se\u00f1al de reacci\u00f3n; pero cuando la fiebre se prolonga demasiado, mata, y cuando la tensi\u00f3n contin\u00faa indefinidamente, esteriliza. Y por eso es necesario que dentro de la Iglesia, como dentro de todas las organizaciones sociales, pero mucho m\u00e1s en la nuestra, en cuya vida interna corren constantemente las fuerzas pacificadoras de Dios Nuestro Se\u00f1or, es necesario que hagamos los esfuerzos precisos para que esas tensiones no contin\u00faen, ni demasiado tiempo, ni in\u00fatilmente. Ser\u00eda ello perjuicio para todos. Voy a enumerar ahora algunas. Simplemente, me refiero a ellas con una referencia moment\u00e1nea y fugaz, en espera de que pueda hacerlo con cari\u00f1o, con compenetraci\u00f3n espiritual, con m\u00e1s detenimiento en fechas posteriores.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Hay en la Iglesia de hoy una tensi\u00f3n entre autoridad y obediencia<\/h3>\n\n\n\n<p>Hay, en primer lugar, en la Iglesia de hoy una tensi\u00f3n entre autoridad y obediencia. Es cierto. No conozco ning\u00fan sacerdote que niegue la necesidad de una autoridad y que rechace el noble sentido de la obediencia. Lo dif\u00edcil es acertar a combinar los l\u00edmites dentro de los cuales tienen que conjugarse una y otra fuerza. Porque las dos son fuerzas necesarias. Todos, probablemente, hemos equivocado nuestros caminos m\u00e1s de una vez, y desde hace tiempo, como consecuencia de fen\u00f3menos particulares de la historia y de la vida actual, en nuestra Santa Iglesia se necesita prestar una mayor atenci\u00f3n a esa necesaria armon\u00eda entre las dos fuerzas indispensables. El hecho es que se han puesto los fundamentos para prestarla, en el Concilio, y ahora se inicia la soluci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l es? La del di\u00e1logo. Yo no rehuir\u00e9 nunca jam\u00e1s el di\u00e1logo; lo he buscado siempre con mis sacerdotes, en la forma y dentro del grado que es posible a un obispo cuando tiene que tratar con quinientos o seiscientos sacerdotes, con 400.000 almas o tres millones, aqu\u00ed. Es necesario; y dentro de ese di\u00e1logo aparecen la buena voluntad, el l\u00facido consejo, el entendimiento sereno y el prop\u00f3sito noble por parte de aquellos que servimos a una causa que est\u00e1 por encima de todos nosotros: la de la Santa Iglesia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo as\u00ed, \u00bfpor qu\u00e9 no vamos a dialogar? Tendremos que examinar juntos los problemas. Y en ese di\u00e1logo se expone con sinceridad y leal sentir el propio pensamiento. Esa es la responsabilidad del que dialoga. Alguien al final tiene que decidir, si es que surgen divergencias, porque una sociedad en la que nos pas\u00e1ramos la vida dialogando, estar\u00eda condenada a la ruina desde el momento en que el di\u00e1logo se iniciase. El di\u00e1logo necesita desembocar forzosamente en la toma de unas decisiones que sirvan para gobernarnos a todos. Ojal\u00e1 fu\u00e9ramos los hombres \u2013tambi\u00e9n los sacerdotes, que somos hombres de pensamiento y de acci\u00f3n, sin dejar de ser ministros de Dios\u2013 tan felices, por nuestra cultura, por nuestra experiencia de la vida, por nuestro sentido espiritual, por la serenidad de nuestro temperamento, de coincidir siempre, despu\u00e9s de unos minutos, unas horas o unos d\u00edas de di\u00e1logo, en las decisiones que hay que tomar sobre tal o cual problema. Decidir por encima de ellas y marcar un camino lo impone la vida misma. Y esto tiene que hacerlo la autoridad; se\u00f1alarlo como responsabilidad y como servicio. As\u00ed entiendo yo el di\u00e1logo. Hablando antes todos los que tienen que hablar, con sentido de responsabilidad, examinando los problemas hasta el fondo de los mismos, comprometi\u00e9ndose con lo que uno dice, razon\u00e1ndolo bien, no dej\u00e1ndose llevar de impresiones, ni de sentimientos personales que acaso acaricia uno con excesiva frecuencia. Pero despu\u00e9s de hecho este examen, aceptando tambi\u00e9n, con la lealtad propia de hombres de buena voluntad, con el \u00edntimo sentido que corresponde a un sacerdote de Dios, la decisi\u00f3n que se toma, no por af\u00e1n de imponerla, sino por necesidad de tomar una, aunque sea a veces desacertada, aunque sea limitada: siempre lo ser\u00e1 de alg\u00fan modo, pero siempre ser\u00e1 necesaria para seguir caminando. Y as\u00ed ir\u00e1 disip\u00e1ndose esta tensi\u00f3n en la cual hoy nos encontramos. Esperar que pueda disiparse del todo ser\u00eda concebir esperanzas exageradas para este mundo. No es de hoy, sino de ayer y de siempre, el hecho de que aun entre los mismos que acompa\u00f1an al Se\u00f1or, los que le acompa\u00f1aron m\u00e1s de cerca, aparecieran divergencias. Flotan entonces sobre la superficie de nuestras almas las virtudes necesarias para que esas diferencias de criterio se ofrezcan con humildad como peque\u00f1os obsequios al Dios a quien servimos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Fijeza dogm\u00e1tica y adaptaci\u00f3n doctrinal<\/h3>\n\n\n\n<p>Otra tensi\u00f3n que existe hoy es entre la fijeza dogm\u00e1tica y adaptaci\u00f3n doctrinal, del mensaje de la Iglesia. Tampoco es de hoy. Hoy se ha precipitado y se ha puesto como de m\u00e1s vigoroso relieve ante los ojos. Creo yo que una de las causas de este fen\u00f3meno, aparte de los motivos internos, que siempre existen, por lo cual hac\u00eda alusi\u00f3n a que en todo instante ha habido esta necesidad, desde el momento en que hay que presentar los dogmas a la mente de los hombres; creo, digo, que hay un fen\u00f3meno externo a esta motivaci\u00f3n, muy particular, de nuestro tiempo. Es un fen\u00f3meno interesante, muy enriquecedor, pero dotado tambi\u00e9n de una gran capacidad de perturbaci\u00f3n para el que no tiene las bases de su mentalidad y de su esp\u00edritu seria y profundamente organizadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me refiero al fen\u00f3meno cultural de la que podr\u00edamos llamar, con una palabra poco exacta pero expresiva, <strong>la informaci\u00f3n<\/strong>. Quiz\u00e1 de treinta a cuarenta a\u00f1os a esta parte vivimos inmersos en un mundo que respecto a estos asuntos es radicalmente distinto del anterior. Antes, al no existir los medios de informaci\u00f3n tan poderosos que existen hoy, el hombre, aun en las ciudades grandes, pod\u00eda caminar m\u00e1s sereno y con su esp\u00edritu m\u00e1s templado. Eran minor\u00edas las que reg\u00edan el pensamiento y llegaba, con calma y serenidad, la fuerza de las ideas a la mente receptora de los que eran sus destinatarios normales. Hoy no sucede as\u00ed. Hoy hay un cruce y entrecruce continuo, masivo, explosivo, tremendamente vital; hermoso, desde luego, pero sumamente peligroso, como todas las fuerzas cuando se desencadenan, de ideas, de pensamientos, de anhelos, de ideolog\u00edas, distintas en la religi\u00f3n, en la pol\u00edtica, en la filosof\u00eda, en la cultura, y de continentes. Ya no es s\u00f3lo Europa, es Am\u00e9rica, es Asia.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo est\u00e1 al alcance de la mano, todo nos llega, todos hablamos y sabemos; todo esto, en un hombre noble, intelectual por vocaci\u00f3n, ap\u00f3stol por esencia, como es el sacerdote, forzosamente le solivianta, dir\u00edamos, y le produce, como consecuencia de esta luz cegadora en muchas ocasiones, un af\u00e1n viv\u00edsimo, que es noble, muy noble, de adaptar los principios de esa doctrina fija y exacta a la mentalidad del hombre que llega hasta el sacerdote, no precisamente bajo tal o cual fisonom\u00eda como antes, sino con una fisonom\u00eda variad\u00edsima, m\u00faltiple, procedente y derivada de este hecho sociol\u00f3gico de nuestra vida moderna. Se explica, por consiguiente, el que exista este af\u00e1n por la adaptaci\u00f3n doctrinal, que a veces no acierte del todo a lograr esta s\u00edntesis necesaria entre dogma, que tiene que permanecer inconmovible, y la expresi\u00f3n del mismo, que precisamente por ser un acto de amor al hombre al que se le ofrece, ya no se atiene f\u00e1cilmente a la rigurosidad esquem\u00e1tica de un esfuerzo intelectual, porque le env\u00eda mucho m\u00e1s all\u00e1. Y se produce una nueva tensi\u00f3n. Entonces \u00bfc\u00f3mo hay que vencerla? Con mucha reflexi\u00f3n, con mucha prudencia en el que dice y escribe, con mucha serenidad, para no dejamos perturbar con facilidad por impresiones moment\u00e1neas, que acaso despu\u00e9s no tienen s\u00f3lida consistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 necesario, por consiguiente, que haya en nuestra di\u00f3cesis grupos de sacerdotes que de cara a ese af\u00e1n pastoral realicen estudios y divulguen y hagan cuanto sea preciso para hacer conocer a los dem\u00e1s los nobles esfuerzos que otros, de unas y otras partes, vienen haciendo, siempre bajo la luz de un magisterio que no ha sido clausurado: el de la Santa Iglesia de Dios, por fidelidad a la cual y por amor a la misma, nos movemos en esa lucha y en ese esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Tensi\u00f3n entre sacerdotes de distintas edades<\/h3>\n\n\n\n<p>Otra tensi\u00f3n, por ejemplo: la que se da entre clero joven y el que ya no lo es tanto. Situado en las fronteras de una edad en que no puede uno llamarse viejo, pero que ha empezado a dejar de tener derecho a ser considerado joven, pienso mucho en este problema. Es penoso observar con qu\u00e9 facilidad se producen tensiones entre nosotros por este motivo y con qu\u00e9 facilidad tambi\u00e9n se adoptan posturas extremas por parte de unos y por parte de otros, cuando aqu\u00ed, como en todo, tenemos que esforzarnos por <strong>hacer la s\u00edntesis<\/strong> necesaria. Si la vida entera es s\u00edntesis, queridos sacerdotes, \u00bfpor qu\u00e9 vamos a negarla en algo tan delicado y tan complejo como es la acci\u00f3n sacerdotal? Una planta que crece en el campo, una espiga, necesita de la tierra para crecer; dadle solamente tierra, y se seca. Tambi\u00e9n necesita agua; le dais solamente agua, y se ahoga. Tambi\u00e9n necesita luz; le dais solamente luz y se quema. Tiene que producirse una s\u00edntesis de fuerzas nutritivas, gracias a las cuales brota una espiga. Y esto es as\u00ed en todos los fen\u00f3menos de la vida, en la vegetal, en la vida animal, en la vida intelectual y en la vida pastoral. Es la s\u00edntesis la que tenemos que hacer, siempre con esfuerzo y con amor.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Esfuerzo<\/strong>; he ah\u00ed la dificultad. Y por eso, muchas veces se reh\u00faye este esfuerzo necesario, porque es m\u00e1s c\u00f3moda una postura extremosa en un sentido o en otro. De los j\u00f3venes, los que no lo somos tanto tenemos que aceptar muchas cosas que ellos traen. Ellos, de los dem\u00e1s, tienen que recibir muchas fuerzas que ya no tienen, porque no est\u00e1n sujetas a ensayos ni a experimentos, porque se sabe que dan un resultado positivo. Cuando se habla sistem\u00e1ticamente, por ejemplo, de la juventud de hoy \u2013y ahora ya no me refiero solamente al clero joven, no, sino en general a la juventud\u2013, y se dice: esa juventud inconformista tiene derecho a serlo, es una rebeld\u00eda contra una vida insincera, y un mundo en el que se han padecido muchas frustraciones; esto ha producido una necesidad de cambiar estructuras que avanzan los j\u00f3venes, tray\u00e9ndonos nuevos horizontes; dej\u00e9moslos, hay que bendecir ese inconformismo. Cuando se habla as\u00ed, yo lo aceptar\u00eda con tal de que el que hablara confesase a continuaci\u00f3n que su lenguaje estaba haciendo concesiones a la ret\u00f3rica. Se podr\u00eda aceptar, porque no hay necesidad de bendecir el inconformismo; aceptar lo bueno que late dentro de eso, m\u00e1s queinconformismo habr\u00eda que decir anhelos de una perfecci\u00f3n mayor. Sean as\u00ed los j\u00f3venes en la sociedad de hoy, y entonces estamos todos de acuerdo: anhelosos de una perfecci\u00f3n mayor.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Es necesario aceptar con humildad las propias limitaciones<\/h3>\n\n\n\n<p>Este lenguaje es m\u00e1s comprometido, porque para hablar de perfecci\u00f3n es necesario, empieza por ser necesario, aceptar con humildad las propias limitaciones, y entonces ya lo que tiene el inconformismo de sano y de bueno entra dentro de ese anhelo de perfecci\u00f3n. Pero si se emplean las otras palabras, se corre el peligro de pronunciar m\u00fasica grata a nuestros o\u00eddos, sin poner la atenci\u00f3n en las causas hondas de nuestro malestar. Los mayores, queridos sacerdotes nuestros, tienen \u2013o tenemos si es que a m\u00ed me consider\u00e1is tambi\u00e9n mayor que vosotros\u2013 defectos, no por ser mayores, sino por ser seres humanos. Es nuestra condici\u00f3n, la de las propias limitaciones; es la secuela de los pecados capitales, empleando un lenguaje que hoy no es grato al mundo moderno, pero que est\u00e1n ah\u00ed y tienen una solidez inconmovible.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos pecados y esas limitaciones se manifiestan en los que no son tan j\u00f3venes como vosotros, bajo cierto aspecto. En vosotros, j\u00f3venes, se manifiestan otros que proceden tambi\u00e9n de los mismos pecados. \u00bfPor qu\u00e9 hemos de agrandar la separaci\u00f3n, hablando de una diferencia de generaciones, como si cada uno representase un mensaje evang\u00e9lico distinto? Es el mismo mensaje de Dios el que llevamos. Vosotros emple\u00e1is, quiz\u00e1, en nuestra predicaci\u00f3n, unos t\u00e9rminos distintos. Los ofrece la literatura religiosa moderna. Esos t\u00e9rminos ser\u00e1n viejos dentro de poco, como consecuencia natural del mismo progreso en la doctrina y en la exposici\u00f3n que de ella han de hacer continuamente los que tienen la capacidad de pensar en la Iglesia de Dios, \u00bfA qu\u00e9 levantar idolatr\u00edas, cuando al \u00fanico que tenemos que adorar es a Dios Nuestro Se\u00f1or, con ese lenguaje, con esas inquietudes, con ese af\u00e1n, con todo ese hervor que os agita y que os domina? Cultivadlo, s\u00ed, pero llenos de serenidad intelectual.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo los mayores. No tienen por qu\u00e9 reprochar \u2013perd\u00f3n, no tenemos por qu\u00e9 reprochar\u2013 sistem\u00e1ticamente a estos j\u00f3venes los afanes con que vienen queriendo romper un inmovilismo en nuestra pr\u00e1ctica pastoral, que nos ha hecho mucho da\u00f1o. Quiz\u00e1 no acierten ellos del todo a abrir los caminos. Por ello, no nos neguemos a dialogar ni unos ni otros, porque <strong>si falta la caridad, falta todo<\/strong>. As\u00ed puede logarse la s\u00edntesis necesaria, entre el esfuerzo de unos y de otros, para servir mejor a la Iglesia, que es lo que el mundo de hoy est\u00e1 esperando de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Todos unidos, porque todos vamos en la misma barca, la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>As\u00ed podr\u00eda seguir enumerando otras tensiones diversas, a las cuales no quiero ya referirme, para que este acto no se prolongue demasiado. Es el primer contacto que tengo con vosotros y, como pod\u00e9is comprender, las jornadas de estos d\u00edas han sido demasiado fatigosas y me encuentro cansado. Rogad por m\u00ed para que pueda hacer, siempre obediente a las \u00f3rdenes del se\u00f1or Arzobispo y unido con vosotros, una labor provechosa para el bien de la di\u00f3cesis y de la Iglesia. Barcelona, esta di\u00f3cesis de Barcelona, tiene que dar un ejemplo a todos. Tiene mucha categor\u00eda, en su clero y en sus hombres, para que pueda permitirse el lujo de perder energ\u00edas y fuerzas en peque\u00f1as cosas, que no tienen porqu\u00e9 dividirnos. Esta tradici\u00f3n, la cual invoco, no simplemente por nostalgia del pasado, ni por hacer ahora un saludo grato a vuestros o\u00eddos; esta tradici\u00f3n de la Iglesia de Barcelona, tan fuerte y tan digna y con tantas cosas en que hab\u00e9is dado ejemplo, tiene que actualizarse hoy, yendo todos unidos, tiene que dar ejemplo este clero a Catalu\u00f1a y a Espa\u00f1a. Todos unidos, porque vamos todos en la misma barca, y si se hunde, nos hundimos todos. La barca no es m\u00e1s que la Iglesia de Jesucristo Nuestro Se\u00f1or; en las dem\u00e1s no nos hemos puesto a remar. Nos dejamos guiar \u00fanicamente por \u00e9sta, la barquilla del Se\u00f1or, a la cual tenemos que aplicar, todos, nuestras manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo os invito a todos, sacerdotes del clero secular y del clero religioso, mayores y j\u00f3venes, p\u00e1rrocos y vicarios, cabildo de la Catedral, se\u00f1ores profesores del Seminario, sacerdotes de la Curia, a todos, a caminar de ahora en adelante \u00edntimamente unidos con sinceridad para decirnos las cosas, por el procedimiento de la caridad y el respeto, y con el mejor deseo, por parte de todos, de reflexionar sobre aquello que tenemos que decirnos, para despu\u00e9s adoptar todas las medidas. Est\u00e1n ah\u00ed esa juventud del mundo del trabajo y de la Universidad, esos inmigrantes de todas las regiones de Espa\u00f1a, ese problema de la ense\u00f1anza religiosa que no acabamos de acertar a orientar debidamente, todo ese conjunto de la predicaci\u00f3n de la palabra sagrada, para que no prediquemos m\u00e1s que de Dios, s\u00f3lo de Dios, pero de tal manera que despertemos en el coraz\u00f3n de los hombres la fe y la esperanza. Tantas y tantas cosas como nos esperan para unirnos, nuestras manos y nuestros brazos en un abrazo com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">A eso se reduce todo nuestro esfuerzo: a iluminar el mundo estando en \u00e9l, sin contaminarnos por \u00e9l<\/h3>\n\n\n\n<p>Vamos a hacerlo con humildad y sin jactancia, queridos sacerdotes, pero con honda gravedad y con conciencia muy fuerte, muy viva de nuestra misi\u00f3n sacerdotal: esa misi\u00f3n, la que se se\u00f1alaba all\u00ed en esas palabras del Evangelio que nos han sido le\u00eddas, y que ya no son de ning\u00fan pobre obispo de este mundo, sino de Jesucristo Nuestro Se\u00f1or, esas palabras en que Jes\u00fas ora para preservar del mundo a sus ap\u00f3stoles, aunque tengan que continuar en el mundo. A eso se reduce todo nuestro esfuerzo, a iluminar el mundo estando en \u00e9l, sin contaminarnos por \u00e9l. Y para eso, siempre mirad con elevaci\u00f3n, y con la m\u00e1xima altura posible en nuestro esp\u00edritu, unidos con Dios, con Jesucristo, con nuestra devoci\u00f3n sacerdotal, con nuestra piedad honda, con nuestra oraci\u00f3n consciente y seria, en la cual ejercitemos todos los d\u00edas la humillaci\u00f3n de nuestra inteligencia para aceptar el ministerio de la fe. Si vamos as\u00ed d\u00eda tras d\u00eda, podremos avanzar, y el avance no consistir\u00e1 en reuniones espectaculares. Cuando hagamos reuniones ser\u00e1 para sentir el gozo comunitario de la fe, pero no para triunfalismos que no son necesarios buscar.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo marchar\u00e9 pronto, para despu\u00e9s volver. Os agradezco a todos vuestra presencia aqu\u00ed, como agradezco a todos su presencia ayer. No cre\u00e1is que me alteran las manifestaciones multitudinarias, y que mi esp\u00edritu se deja perturbar por una explosi\u00f3n entusiasmada de un d\u00eda, en el cual era l\u00f3gico que se produjera. S\u00e9 valorarlas, s\u00e9 captar matices y me doy cuenta de muchas cosas. Dej\u00e9moslas estar, dej\u00e9moslas estar. Que nuestras almas se conozcan, que trabajemos empezando a amarnos desde el primer d\u00eda, y Dios Nuestro Se\u00f1or har\u00e1 lo dem\u00e1s. Dios os bendiga.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">A las religiosas<\/h2>\n\n\n\n<p>Estoy poni\u00e9ndome en contacto con las fuerzas m\u00e1s vivas y poderosas, espiritualmente hablando, de la di\u00f3cesis de Barcelona, contacto que tuve con todo el Pueblo de Dios, reunido aqu\u00ed, en la ma\u00f1ana de mi presentaci\u00f3n; despu\u00e9s, al hablar al clero y religiosos; m\u00e1s tarde, a las asociaciones de apostolado seglar; hoy por la ma\u00f1ana, a los seminaristas. Ahora con vosotras, con quienes estoy en deuda m\u00e1s que con nadie, porque sois las almas m\u00e1s generosas. Creo poder decir que hab\u00e9is sido, en virtud de esa generosidad, las que hab\u00e9is ofrecido m\u00e1s oraciones a Dios Nuestro Se\u00f1or para facilitarme los caminos que en alg\u00fan momento me parecieron dif\u00edciles hasta llegar aqu\u00ed. Muchas gracias; Dios os bendiga.<\/p>\n\n\n\n<p>Vengo, adem\u00e1s, de una di\u00f3cesis que se distingue entre las de Espa\u00f1a por el n\u00famero de vocaciones religiosas. Yo las he cultivado cuanto he podido y abr\u00ed mis brazos para recibir a todas las congregaciones que all\u00ed quisieran llegar, con la doble finalidad de que hiciesen el bien que les fuese posible sobre las almas que all\u00ed viv\u00edan, y a la vez para que recibiesen vocaciones que f\u00e1cilmente encontraban en aquellos pueblos, villas y peque\u00f1as ciudades de la vieja cristiandad astorgana. Seg\u00fan una estad\u00edstica que hicimos hace tres a\u00f1os, actualmente viven, esparcidas por el mundo, 2.400 religiosas procedentes de aquella di\u00f3cesis. Yo ten\u00eda todo el af\u00e1n de que en los pueblos, grandes o peque\u00f1os, se establecieran obras diversas llevadas por vosotras, con el fin de realizar ese bien que pod\u00e9is hacer al servicio de Dios y fortalecer cada vez m\u00e1s, en lo que de mi esfuerzo de obispo dependiera, las congregaciones religiosas que all\u00ed podr\u00edan ir a nutrirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Amo tanto estas vocaciones y estas almas entregadas a Dios, pienso que es un servicio tan eminente a la Iglesia el que hacemos los obispos y sacerdotes al facilitar todo cuanto est\u00e9 de nuestra parte para que haya muchas y muy selectas vocaciones religiosas, que ahora, al encontrarme aqu\u00ed con vosotras, tantas como sois, con tantos y tan diversos h\u00e1bitos, ya no pienso en los l\u00edmites de aquella di\u00f3cesis que dej\u00e9, ni en los de \u00e9sta en que ahora me encuentro. Veo en vosotras, gracias a esta diversidad que se aprecia, algo as\u00ed como la universalidad de la Iglesia; todas dispuestas a hacer el bien y a servir al Se\u00f1or, por los caminos por los que esta Iglesia vaya abri\u00e9ndose y marc\u00e1ndoos los diversos oficios en los cuales pod\u00e9is realizar la consagraci\u00f3n y la dedicaci\u00f3n total de vuestra vida. Ya no hay l\u00edmites, no; no hay m\u00e1s que la universalidad de la Iglesia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que sirvamos con eficacia a esa universalidad, en este momento en que hago mi presentaci\u00f3n ante vosotras, incapaz de daros lecciones m\u00e1s provechosas, que, si est\u00e1 en mi mano darlas, las dejo para otro momento en que pueda encontrarme con m\u00e1s fuerzas, quiero, sin embargo, ofreceros alg\u00fan pensamiento que os sirva de meditaci\u00f3n, si no para hacerla en este instante, para que pod\u00e1is realizarla en el recogimiento de vuestras propias casas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La finalidad del Concilio, la mayor santidad de vida<\/h3>\n\n\n\n<p>Mirad, queridas religiosas, la finalidad \u00fanica del Concilio ha sido, como ha dicho repetidamente Su Santidad el Papa, como se ha afirmado en los documentos conciliares, promover una mayor santidad en la vida de los miembros de la Iglesia. Esta ha sido la finalidad \u00faltima del Concilio. Poner el acento \u00fanicamente en cambios externos, significar\u00eda cometer un error funesto que nos traer\u00eda amargas consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de realizar cambios; los que se hagan, se har\u00e1n en funci\u00f3n de esa finalidad, a la cual tiende el Concilio con su af\u00e1n de renovaci\u00f3n de la Iglesia, renovaci\u00f3n a base de una santificaci\u00f3n m\u00e1s viva de todos sus miembros.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha hablado mucho, por ejemplo, de Juan XXIII, el Papa de la bondad y la sonrisa que convoc\u00f3 el Concilio; se ha comentado muchas veces y se ha repetido, no sin satisfacci\u00f3n, aquel gesto que \u00e9l tuvo, cuando, antes de que el Concilio se abriera, al preguntarle un Cardenal de la Santa Iglesia qu\u00e9 es lo que se propon\u00eda, se levant\u00f3 de la mesa, se dirigi\u00f3 a la ventana, la abri\u00f3 y dijo: \u00abCon el Concilio lo que yo pretendo es esto, que entre aire fresco en la Iglesia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha repetido mucho esto, y aquellos a quienes les gusta pensar resbalando sobre la superficie de las cosas, se han detenido exclusivamente en lo que ten\u00eda este gesto de apertura de una ventana y han dicho: que entre aire fresco. Pero a veces lo han dicho con tal af\u00e1n y tal intenci\u00f3n que parece que buscaban \u2013quiz\u00e1 sin darse cuenta, porque si no habr\u00eda que juzgarles de otra manera\u2013, no aire fresco, sino un aire helado y glacial que sirviera para deshacer muchas de las plantas que hab\u00eda en la Iglesia de Dios. Y eso no lo pretend\u00eda Juan XXIII. El mismo que quiso que entrara aire fresco es el Papa que rezaba las tres partes del rosario, que continuamente rezaba jaculatorias como una peque\u00f1a colegiala de vuestros colegios; el que hac\u00eda meditaci\u00f3n continua sobre el misterio de la Iglesia, siempre respirando amor, porque en su alma no cab\u00eda m\u00e1s que eso, amor a la Iglesia y a Dios. Y como \u00e9ste lo ten\u00eda tan fuertemente arraigado, su amor a la humanidad no perd\u00eda la esencia de su entera espiritualidad, que le guiaba en todo momento como hijo de la Iglesia que era y como Vicario de Cristo, al regirla en la misi\u00f3n que ten\u00eda que desempe\u00f1ar. Era evidente para \u00e9l que el prop\u00f3sito del Concilio hab\u00eda de ser promover una vida de santificaci\u00f3n en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>He visto a Padres conciliares de muy diversas nacionalidades, tendencias, edades, h\u00e1bitos y costumbres dando ejemplos maravillosos en la Bas\u00edlica del Vaticano durante estos cuatro a\u00f1os, con constante sacrificio por su parte, movidos exclusivamente por el ideal de demostrar su amor a la Iglesia y su sacrificio por ella hasta caer, como cay\u00f3 alguno, muerto en la escalinata cuando se dirig\u00eda una ma\u00f1ana a la acostumbrada sesi\u00f3n conciliar; su salud quebrantada no le hab\u00eda impedido llegar hasta all\u00ed, simplemente por amor a esa Iglesia de Dios a la cual hab\u00eda servido toda la vida. Los he visto en otras ocasiones, en momentos en que se debat\u00edan cuestiones que para algunos de ellos pod\u00edan parecer desconcertantes, hundir su frente entre las manos y ofrecer la incomprensi\u00f3n moment\u00e1nea que sufr\u00edan como un obsequio espiritual de su alma generosa a Dios Nuestro Se\u00f1or. Y he visto a otros, que en alguna ocasi\u00f3n solemne en que el Santo Padre quiso reforzar con m\u00e1s vigor doctrinas que el Concilio ciertamente ya hab\u00eda tocado, relativas a Mar\u00eda Madre de la Iglesia, pero que \u00e9l quiso vigorizar en la expresi\u00f3n que le dio y que a ellos les pareci\u00f3 en alg\u00fan momento que pod\u00edan ser obst\u00e1culo para los prop\u00f3sitos ecumenistas que con celo apost\u00f3lico les mov\u00edan, retorcer su voluntad y su juicio, levantar su mirada al cielo y decir: <em>\u00abTurbati sumus, sed Petrus dixit\u00bb<\/em>, estamos conturbados ante esto, pero lo dice Pedro y obedecemos con gusto.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las constituciones y decretos conciliares, si se analizan profundamente, lo que pretenden es esto: facilitar los caminos de la uni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de Jesucristo. Y bajo esta perspectiva general tenemos que examinar todo el esfuerzo y todo el valor de esa documentaci\u00f3n preciosa. Aun los documentos aparentemente m\u00e1s extra\u00f1os a esta finalidad, cuando se examinan atentamente, se ve que es eso lo que buscan. Esos decretos sobre ecumenismo, sobre religiones no cristianas, que han podido parecer en alg\u00fan momento extra\u00f1os a una mentalidad que no estaba acostumbrada a mirar de frente horizontes tan amplios, lo que buscan es liberarnos a los cristianos de obst\u00e1culos sociales que hab\u00edan ido naciendo en el decurso de la historia y que si estaban justificados como consecuencia de acontecimientos que tuvieron lugar un d\u00eda, no lo estaban ya tanto, a medida que las condiciones del mundo eran distintas; y, por lo mismo, hab\u00eda que facilitar algo que s\u00f3lo con la caridad pod\u00eda entenderse: el di\u00e1logo y el examen, en concordia y con paz y amor, de aspectos de vida doctrinal y de pr\u00e1ctica religiosa en que pudi\u00e9ramos entendernos alg\u00fan d\u00eda, empezando ahora por amarnos un poco m\u00e1s los que \u00e9ramos hermanos separados, lo cual es ya un esfuerzo de santificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en los documentos sobre la vida sacerdotal, sobre obispos y la vida de la di\u00f3cesis, \u00bfqu\u00e9 se respira? Si hasta en el lenguaje de estos documentos del Concilio Vaticano II parece como que se desprende un perfume espiritual y una unci\u00f3n evang\u00e9lica que no era costumbre encontrar en textos de la teolog\u00eda cat\u00f3lica, porque m\u00e1s bien parec\u00edan vertebrados con una densidad y un rigorismo doctrinal, m\u00e1s aptos para la reflexi\u00f3n del cerebro que para la vida del coraz\u00f3n, y sin embargo, en estos documentos del Concilio se respira una tierna piedad, y por todas partes se adivina algo as\u00ed como elefluvio maternal de la Iglesia que busca a sus hijos, en losdiversoscampos, aspectos y prop\u00f3sitos en que se mueven, para hacerles entender mejor la necesidad de la uni\u00f3n con Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Santificaci\u00f3n de las almas: esto es lo que el Concilio ha pretendido. Su Santidad Pablo VI lo ha dicho despu\u00e9s repetidas veces. Habr\u00e1 que examinar atentamente junto a los documentos conciliares, los discursos pontificios de cada sesi\u00f3n, los de apertura, los de clausura, y los que acompa\u00f1aron y siguieron a cada una de las sesiones en los cuatro a\u00f1os que ha durado el Concilio. Y tambi\u00e9n las alocuciones pontificias, que el Papa ha ido teniendo, con una constancia ejemplar\u00edsima, a lo largo de este tiempo y a la cual sigue entregado todav\u00eda en muchas ocasiones, cuando se pone en contacto con grupos diversos de fieles o con personas m\u00e1s calificadas dentro de la vida de la Iglesia, como pod\u00e9is ser vosotras mismas, las religiosas, cuando os habla a diversas congregaciones, \u00f3rdenes religiosas, etc. \u00c9l dijo recientemente: \u00abel Concilio no ha pretendido cambiar las doctrinas, lo que ha pretendido ha sido cambiar los \u00e1nimos\u00bb. <strong>Las doctrinas no se cambian<\/strong>; las que ha promulgado el Concilio pertenecen a la Tradici\u00f3n de la Iglesia; lo que ha hecho ha sido presentarlas de una manera m\u00e1s accesible, extrayendo de ellas toda la jugosa riqueza que conten\u00edan, para facilitarlas mejor a la contemplaci\u00f3n y al examen meditativo y atento de sus hijos. Lo que el Concilio ha querido cambiar es el alma y el coraz\u00f3n, haciendo que todos cuantos en la Iglesia nos movemos, vayamos respirando un amor m\u00e1s puro y generoso a Dios Nuestro Se\u00f1or, a Cristo y a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Las crisis que se presentan en la vida religiosa<\/h3>\n\n\n\n<p>Siendo esto as\u00ed, se comprende que en un primer contacto del arzobispo que viene aqu\u00ed a ayudar al venerable prelado que dirige los destinos de la di\u00f3cesis, en su primer contacto con estas almas consagradas a Dios, merecedoras de toda nuestra atenci\u00f3n, de nuestra m\u00e1s profunda gratitud, de nuestro est\u00edmulo m\u00e1s vivo y generoso para cuidar de todo cuanto hac\u00e9is y realiz\u00e1is, en un primer contacto que es el que yo estoy teniendo con vosotras, lo que trate de deciros esta tarde sea esto precisamente: que <strong>os esforc\u00e9is por asegurar los caminos de esa santidad a que est\u00e1is llamadas<\/strong>. S\u00f3lo as\u00ed podr\u00e9is vencer las crisis que se presentan en vuestra vida. Estas podr\u00edan agruparse en tres categor\u00edas: crisis de la obediencia, crisis de la afectividad y el sentimiento, crisis de la aparente frustraci\u00f3n apost\u00f3lica de muchos esfuerzos que generosamente realiz\u00e1is.<\/p>\n\n\n\n<p>En cada una de esas situaciones vuestra alma puede sentir perturbaciones que podr\u00edan inquietaros. Solamente unas brev\u00edsimas palabras para ofrec\u00e9roslas, ojal\u00e1 que como un b\u00e1lsamo que pueda purificar y aliviar la inquietud que en alg\u00fan momento pod\u00e1is sentir, cuando, en vuestra marcha de seres humanos por este camino de sacrificio y abnegaci\u00f3n, os encontr\u00e9is con alguna de esas crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>Primera: <strong>Crisis de la obediencia<\/strong>. \u00bfA qui\u00e9n no se le presenta? Todos de alguna manera tenemos que obedecer, incluso los que viven en el mundo. Pero \u2013es l\u00f3gico\u2013 particularmente vosotras, las que hab\u00e9is hecho voto de obediencia, m\u00e1s de una vez no encontr\u00e1is a vuestro alrededor, sea cual sea la categor\u00eda y el estado en que os mov\u00e9is dentro de la congregaci\u00f3n a que pertenec\u00e9is, la comprensi\u00f3n necesaria para que esa obediencia resulte m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s llevadera. Podr\u00eda presentarse esa crisis en el momento m\u00e1s inesperado de vuestra vida. Si acaso no ha hecho ya presencia en ella, estad prevenidas, contad con ella, puede aparecer en el horizonte. Para entonces: \u00a1Iglesia de Dios!, \u00a1amor a la Iglesia!, no esper\u00e9is nunca que todo sea perfecto a vuestro alrededor, ni las s\u00fabditas ni las superioras. \u00a1No es posible! Y por lo mismo, al ejercitar la obediencia, hay que contar de antemano con incomprensiones que la hacen m\u00e1s dif\u00edcil s\u00ed, pero tambi\u00e9n m\u00e1s hermosa. Daos cuenta en esos instantes, de que viv\u00eds sumergidas en este misterio de la Iglesia al que yo me refer\u00eda el primer d\u00eda que hablaba aqu\u00ed: misterio de obediencia en que aparece Jesucristo, el Hijo de Dios, hecho obediente por nosotros hasta la muerte y muerte de cruz. S\u00f3lo mirando ese horizonte grandioso de la Iglesia de Dios en que todo se justifica, incluso lo que no comprendemos, puede uno salvarse airosamente, en sus crisis espirituales, de la tentaci\u00f3n que se le presentar\u00e1 en esas horas en que la obediencia se hace m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<p>Segunda: <strong>Crisis de la afectividad<\/strong>. No tiene por qu\u00e9 extra\u00f1ar a nadie. Aparece para que sea m\u00e1s viva la oblaci\u00f3n. Pero ya sab\u00e9is las palabras que el documento conciliar os dirige. Al hacer estos votos, el alma consagrada lo que busca es liberarse de impedimentos que pod\u00edan estorbarla en su adhesi\u00f3n m\u00e1s plena y m\u00e1s pura a Dios; cuando aparecen esos momentos dif\u00edciles est\u00e1is trabajando para conseguir una mayor libertad; y no hay libertad en la tierra que no cueste muchos esfuerzos. Ser libre es lo m\u00e1s grandioso que puede alcanzar un hombre; serlo en el orden espiritual nos acerca a la santidad; serlo a base de una identificaci\u00f3n plena con Dios nos sit\u00faa ya en las perspectivas de un Reino que no es de este mundo. \u00bfC\u00f3mo no va a costar y a exigir esfuerzos, duros muchas veces, el vencimiento de lo que el coraz\u00f3n nos pide? Sed generosas en esos instantes y no os dej\u00e9is perturbar por lo que aparece moment\u00e1neamente invencible; es la hora, no de la esclavitud, sino de la libertad; vuestro coraz\u00f3n en esos momentos est\u00e1 subiendo hacia los cielos y es algo as\u00ed como un avi\u00f3n que despega y que tiene que hacer un esfuerzo para que despu\u00e9s navegue ya, sobre el oc\u00e9ano, con un vuelo tranquilo. Esta es la tarea de la religiosa, dominando sus sentimientos de mujer, para ofrec\u00e9rselos con m\u00e1s pureza y con m\u00e1s dedicaci\u00f3n a Dios Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Tercera: <strong>Crisis de la aparente frustraci\u00f3n de vuestras energ\u00edas apost\u00f3licas<\/strong>. A veces os pregunt\u00e1is para qu\u00e9 sirve lo que hac\u00e9is. Es tanto el campo que se ofrece a vuestro alrededor, tan duro y tan dif\u00edcil; vemos tantas almas alejadas, tan terrible desconocimiento de Cristo que decimos: yo aqu\u00ed, en esta cl\u00ednica, con estos enfermos, con estos ni\u00f1os peque\u00f1os, con estos ancianos, con estas ni\u00f1as en el colegio, \u00bfqu\u00e9 hago? \u00bfEs eficaz mi labor? \u00bfJustifica esta tarea la dedicaci\u00f3n plena de mi vida que yo hice a Dios Nuestro Se\u00f1or? \u00bfEst\u00e1 justificado este esfuerzo? Formar profesionalmente a las jovencitas, educarlas cuando parece que en el mismo momento y hora en que hemos protegido a una, otras cientos se nos van de las manos&#8230; Todo esto, dentro de estas reglas, de estas constituciones, de estas normas, de estas costumbres propias de mi congregaci\u00f3n, en la que parece que estoy esclavizada, todo esto \u00bfmerece verdaderamente la pena de que yo, a\u00f1o tras a\u00f1o y d\u00eda tras d\u00eda, tan oscuros como son muchos d\u00edas de nuestra vida, siga realizando esta tarea? \u00a1Ah, religiosas queridas! S\u00ed, s\u00ed, merece la pena que sig\u00e1is cada una en vuestro puesto; no hay frustraci\u00f3n de ning\u00fan esfuerzo apost\u00f3lico cuando se hace con ese esp\u00edritu generoso y con esa dedicaci\u00f3n total a Dios Nuestro Se\u00f1or. Vosotras no le veis muchas veces, como tampoco vemos nosotros el resultado \u00faltimo de nuestros esfuerzos evangelizadores al predicar la palabra de Dios, en los templos, en las calles, o donde sea, pero no hay ning\u00fan sacerdote, consciente de su misi\u00f3n y afanoso de cumplirla dignamente, que no se haya encontrado m\u00e1s de una vez en la vida para consuelo suyo, con alg\u00fan alma desconocida, que si no con palabras, con la mirada de sus ojos, ha sabido decirle, con un lenguaje que solamente entiende el esp\u00edritu, que estaba agradecido de aquello que un d\u00eda le oy\u00f3, aun cuando esa persona sea totalmente desconocida e incluso no entre en la Iglesia de Dios. \u00a1Cu\u00e1ntas almas se salvar\u00e1n al final de su vida, aunque aparentemente est\u00e1n lejos, merced a la semilla, al esfuerzo, a la caridad espiritual, al ejemplo, al sacrificio de que fuisteis junto a ellas testigos, vosotras, en vuestra labor abnegada, en los diversos campos en que hab\u00e9is estado trabajando! No lo dud\u00e9is nunca jam\u00e1s, queridas religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Para mantenerse inc\u00f3lume en estas crisis es necesario fortalecer vuestros pensamientos, no estar \u00fanicamente pendiente de impresiones superficiales. De ah\u00ed la conveniencia de que os reun\u00e1is en vuestras casas de acuerdo con las normas que os da la propia congregaci\u00f3n a que pertenec\u00e9is, y luego conjuntamente, unas y otras congregaciones, sobre todo en ciudades tan populosas como \u00e9sta, para examinar unidas los esfuerzos que realiz\u00e1is y acertar con los mejores medios. Porque ciertamente, hay que ser obedientes, ciertamente hay que ofrecer toda la expansi\u00f3n del coraz\u00f3n a Dios Nuestro Se\u00f1or, ciertamente hay que seguir firmes en el esfuerzo apost\u00f3lico que hagamos, pero ello no nos dispensa de estudiar e investigar los m\u00e9todos m\u00e1s adecuados, para que la obediencia, aunque siga siendo dif\u00edcil, sea cada vez m\u00e1s digna, m\u00e1s luminosa, para que atraiga nuestras almas y despierte en ellas un est\u00edmulo y como un deseo de entregarnos a lo que ella exige. Cierto que tenemos que dominar el coraz\u00f3n, pero tampoco estamos dispensados de realizar el esfuerzo necesario en las congregaciones religiosas, para que los sentimientos nobles tengan la manifestaci\u00f3n leg\u00edtima que pueden tener, trayendo al alma la noble compensaci\u00f3n que la humana naturaleza necesita, viviendo unas y otras con santa y pura caridad entre vosotras mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo que en la otra crisis, en la de la frustraci\u00f3n aparente de los esfuerzos apost\u00f3licos, aunque hemos de permanecer firmes, convencidos de la validez sustancial de cuanto antes se hac\u00eda, debemos examinar con el mayor detenimiento posible los m\u00e9todos de nuestro trabajo y abrir nuevas iniciativas para que podamos ser m\u00e1s eficaces servidores de este mundo que nos espera.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo: yo pienso que no est\u00e1 lejos el d\u00eda en que para ciudades tan grandes como \u00e9sta, en las cuales es imposible que la voz del sacerdote llegue a todas partes, haya que ponerse a pensar en la conveniencia, e incluso necesidad, de que centenares y aun miles de almas religiosas, e incluso de seglares bien capacitados, puedan ense\u00f1ar la palabra de Dios por barrios, calles y hogares, para hacer que de esa manera llegue m\u00e1s f\u00e1cilmente al coraz\u00f3n de los hombres lo que de otra manera no puede hacer llegar un sacerdote. Habr\u00e1 que pensar mucho, discurrir procedimientos, capacitarse muy bien \u2013desde luego con todo eso contamos, como condici\u00f3n indispensable\u2013; pero no es posible mantenernos simplemente a la expectativa, cuando vemos tantos peligros como se ciernen hoy sobre las almas. Es necesario discurrir y adelantarnos con una imaginaci\u00f3n dotada de vuelo apost\u00f3lico, para salir al paso de esas dificultades que, cuando se dejan mucho tiempo, hacen que se levanten muros de terrible separaci\u00f3n entre el alma del pueblo y nosotros, que queremos servir precisamente a ese pueblo, sirviendo a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s, queridas religiosas. Sirva este primer contacto, que esta tarde iniciamos y que ojal\u00e1 ya no se interrumpa nunca, para establecer este anhelo com\u00fan de que haya muchas vocaciones religiosas, muchas almas consagradas que vivan el ideal de santidad, tal como la Iglesia nos pide que lo vivamos.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo, hoy tambi\u00e9n, aunque parezca tan fr\u00edo y tan angustiado, se conmueve cuando asiste al ejemplo de una vida santa. Todas las dem\u00e1s cosas, \u00e9l las tiene con abundancia; pero esa juventud alocada, a la cual vosotras mismas conoc\u00e9is, y en la que no todo es locura, porque sigue habiendo tambi\u00e9n mucha generosidad; esos hombres que en su vida de familia, padres y madres de familia, matrimonios agobiados continuamente por la urgencia en los quehaceres dom\u00e9sticos o del sacrificio de sacar adelante a sus hijos; ese mundo de los trabajadores, con el cual est\u00e1is en contacto algunas de vosotras en obras diversas de colaboraci\u00f3n apost\u00f3lica, todos ellos cuando ven en vosotras un ejemplo vivo de santidad sincera, empiezan a comprender mejor lo que es el rostro de la Iglesia y comienzan a encontrar la paz que parece faltarles. De Jes\u00fas se nos dice que empez\u00f3 a hacer y ense\u00f1ar. Es la hora de las obras, m\u00e1s a\u00fan que la de las palabras. Tenemos que dar testimonio con hechos vivos; esos hechos son luz y este mundo que est\u00e1 tantas veces en tinieblas, no se resiste nunca, cuando se encuentra con la hoguera ardiente del testimonio que pueden ofrecerle vuestras vidas generosamente entregadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bajo este t\u00edtulo, Lo que el Concilio nos pide, se re\u00fanen las alocuciones pronunciadas en Barcelona, en el mes de mayo de 1966, con motivo de la llegada a la Ciudad Condal de don Marcelo Gonz\u00e1lez Martin, como obispo coadjutor del arzobispo Dr. Modrego. 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