{"id":744,"date":"2024-09-22T19:16:47","date_gmt":"2024-09-22T17:16:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=744"},"modified":"2024-09-22T19:16:47","modified_gmt":"2024-09-22T17:16:47","password":"","slug":"la-vocacion-a-la-santidad-en-la-iglesia-pueblo-de-dios","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-vocacion-a-la-santidad-en-la-iglesia-pueblo-de-dios\/","title":{"rendered":"La vocaci\u00f3n a la santidad en la Iglesia, Pueblo de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p>Conferencia pronunciada el 27 de abril de 1964 en el Sal\u00f3n Borja, Madrid, de la Casa Profesa de los PP. de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas dentro del ciclo de conferencias sobre el Concilio Vaticano II, organizado por la Uni\u00f3n Nacional del Apostolado Seglar. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga,<\/em> agosto 1964.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la humildad que corresponde a ese don Marcelo, a quien Ud. se refer\u00eda, querido amigo Antonio, y con la sencillez que sobre ese t\u00edtulo personal corresponde a un obispo que est\u00e1 aprendiendo en el Vaticano II, yo me presento aqu\u00ed, ante ustedes, agradeciendo profundamente las palabras de amable cortes\u00eda que acaba de pronunciar el Sr. Garc\u00eda de Pablos, y gratamente impresionado por esta presencia multitudinaria y suficientemente expresiva, por lo mismo, del inter\u00e9s que han despertado estas conferencias sobre el Concilio felizmente organizadas por la U.N.A.S.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo \u00fanico que yo lamentar\u00eda, ser\u00eda el que no pueda ser digno continuador de quienes hasta ahora os han hablado. Si as\u00ed fuera, conf\u00edo en que vuestra benevolencia sabr\u00e1 dispensarme.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, voy a hablar de este tema que me han se\u00f1alado: <em>La vocaci\u00f3n a la santidad en la Iglesia, Pueblo de Dios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es un tema interesant\u00edsimo. Podemos decir, sin exageraci\u00f3n ninguna, que es el tema central del Concilio Vaticano II y espero que no han de ser muy laboriosos los esfuerzos necesarios para demostrarlo. Basta con que emprendamos juntos una meditaci\u00f3n que va a discurrir sobre caminos muy sencillos. Pero permitidme que, como introducci\u00f3n y por v\u00eda de contraste, manifieste antes algunos sentimientos que ocupan mi alma y que no solamente me corresponden a m\u00ed, sino que son compartidos tambi\u00e9n por muchos, por much\u00edsimos, creo que por la totalidad de los obispos que participan en el Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El peligro del Concilio<\/h2>\n\n\n\n<p>El gran peligro que podr\u00eda presentarse a este Concilio, creo yo, consistir\u00eda en la falta de respuesta por parte de cuantos estamos comprometidos en \u00e9l \u2013y lo estamos todos, absolutamente todos\u2013, en la falta de respuesta a las exigencias de santidad que la Iglesia est\u00e1 hoy proclamando. Si tal sucediera, el Concilio no conseguir\u00eda una modernizaci\u00f3n fiel y exacta de la Iglesia, el \u00abaggiomamento\u00bb que ped\u00eda el Papa Juan XXIII, sino a lo sumo un modernismo \u00absnobista\u00bb y debilitador.<\/p>\n\n\n\n<p>Si tal sucediera, m\u00e1s que hablar de renovaci\u00f3n aut\u00e9ntica, habr\u00eda que hablar de modernismo complaciente; m\u00e1s que de una asunci\u00f3n de los valores del mundo, en lo que tienen de dignidad y de conquista, para enriquecerlos con las aportaciones de la gracia, habr\u00eda que hablar de una cobarde concesi\u00f3n a ese mismo mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y este peligro existe, ciertamente existe, y nace, a mi juicio, de varios factores que concurren a su aparici\u00f3n. Uno de ellos es <strong>la superficialidad del hombre de hoy para pensar en las cosas del esp\u00edritu<\/strong>. No quiero pronunciar ninguna palabra ofensiva, porque no le hago al hombre de hoy culpable de este particular estado de su esp\u00edritu. No s\u00e9 qui\u00e9n tiene la culpa, pero el hecho es as\u00ed. Vivimos muy de prisa, envueltos continuamente en el v\u00e9rtigo de las preocupaciones y aun de los ambientes de tipo material que nos arrastran y nos dominan. Por todas partes vamos caminando precipitadamente; unas veces es el ansia de confort, otras la preocupaci\u00f3n b\u00e9lica, hoy el crecimiento de la gran ciudad, ma\u00f1ana el turismo, luego la emigraci\u00f3n. Por cualquier motivo, parece que al hombre de hoy por todos los caminos le est\u00e1n asaltando fuerzas que impiden la concentraci\u00f3n necesaria para que el esp\u00edritu, con la serenidad que estos asuntos requieren, haga examen de conciencia y se plantee a s\u00ed mismo, con toda libertad y con toda nobleza tambi\u00e9n, las exigencias de santidad que una espiritualidad cristiana aut\u00e9ntica trae consigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay otro factor adem\u00e1s; y creo que podr\u00eda ser expresado con estas palabras: la <strong>tentaci\u00f3n del confusionismo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tentaci\u00f3n la llamo, porque ya el confusionismo no es solamente un hecho que tengamos que lamentar con frecuencia, sino que incluso tiene una fuerza seductora y es como consecuencia de esta apertura l\u00f3gica, que es un valor del mundo actual, a tantos pensamientos, preocupaciones, valores, inquietudes, afanes que se le presentan al hombre moderno. Parece que en este orden del pensamiento el hombre de hoy tiene entre s\u00ed, como podr\u00eda tenerlo en un gran almac\u00e9n o en una feria universal en donde todo apareciese conjuntado, todos los ensayos filos\u00f3ficos, religiosos, cient\u00edficos, culturales, morales, que pueden producirse y, con una facilidad de que antes carec\u00eda, examina sin tiempo para hacerlo con calma, todo ese escaparate o muestrario gigantesco que le ofrece el mundo de hoy. Por esos viajes, eseturismo, esa comunicaci\u00f3n continua de unos con otros, esas m\u00e1s f\u00e1ciles lecturas, esa extensi\u00f3n \u2013cada vez m\u00e1s r\u00e1pida\u2013 de los valores culturales en todos los ambientes, a los hombres de hoy se les presenta ante sus ojos, muy r\u00e1pidamente, muy deprisa, este conjunto de aspectos y valores que encierra la vida moderna. Y como al hombre le es grato buscar siempre relaciones de armon\u00eda, trata de hacer compatibles las cosas m\u00e1s contradictorias que en el orden del esp\u00edritu se le van presentando.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, el confusionismo aparece como un resultado fatal, pero no s\u00f3lo as\u00ed, sino como una seductora tentaci\u00f3n. Y es \u00e9ste un fen\u00f3meno particular de nuestra \u00e9poca, el que sintamos la tentaci\u00f3n de vivir lo grato \u2013\u00a1lo grato!\u2013 del confusionismo. Compromete poco y por eso hay muchas personas a quienes se les pasa la vida ensayando sin adoptar l\u00edneas de compromiso fijo con una idea que, trat\u00e1ndose de la transformaci\u00f3n de la conciencia cristiana, exige la adopci\u00f3n de determinaciones muy definitivas y muy firmes para poder imprimir un rumbo fijo a la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>A este factor se a\u00f1ade otro que tiene tambi\u00e9n su valor, y es <strong>la esperanza casi mesi\u00e1nica que muchos hombres han puesto en el hecho conciliar en s\u00ed mismo<\/strong>, sin m\u00e1s, como si pensaran que, por una fuerza m\u00e1gica de no se sabe qu\u00e9 naturaleza, los Padres conciliares reunidos en Roma, simplemente por ese hecho, iban a ser capaces de transformar el mundo. Cuando despu\u00e9s aparecen los resultados y se ve que no es as\u00ed, estos hombres de la esperanza mesi\u00e1nica infundada sufren una defraudaci\u00f3n dolorosa en su alma y consideran que el Concilio no ha logrado los fines que ellos esperaban.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto se refer\u00eda precisamente \u2013me vais a permitir que las lea por el valor extraordinario que encierran sus palabras\u2013 el entonces Cardenal Montini en el famoso documento que escribi\u00f3 como preparaci\u00f3n al Concilio: <em>Expectaciones arbitrarias.<\/em> Dec\u00eda as\u00ed: \u00abNos parece oportuno observar c\u00f3mo el anuncio del Concilio Ecum\u00e9nico ha levantado en los \u00e1nimos de todos los hombres expectativas, imaginaciones, curiosidad, utop\u00edas y veleidades de todo g\u00e9nero, fantas\u00edas m\u00faltiples. Tambi\u00e9n en los fieles la espera del Concilio ha despertado deseos y esperanzas en gran mayor\u00eda. Este estado de expectaci\u00f3n est\u00e1 justificado y honra a los que lo cultivan. Podemos esperar del Concilio grandes cosas: gracias, luces, energ\u00edas espirituales y tambi\u00e9n renovaciones en la disciplina, en la administraci\u00f3n de la Iglesia, en sus contactos con el mundo moderno y en el acercamiento de los cristianos separados. Pero es preciso evitar que se alimenten deseos caprichosos estrictamente personales, arbitrarios. No ha de pensarse que el Concilio responder\u00e1 a nuestros puntos de vista particulares. Somos nosotros los que debemos m\u00e1s bien entrar en las perspectivas generales del Concilio; creer que el Concilio pondr\u00e1 remedio a la fragilidad humana y traer\u00e1 s\u00fabitamente la perfecci\u00f3n a la Iglesia y al mundo es un sue\u00f1o ingenuo. Creer que remediar\u00e1 tantos inconvenientes pr\u00e1cticos y tambi\u00e9n tantas imperfecciones te\u00f3ricas de la vida cat\u00f3lica, como cada uno puede encontrar en su experiencia de miembro o de observador de la sociedad eclesi\u00e1stica, es pretender demasiado. Asimismo, creer que el Concilio realizar\u00e1 todas las bellas ideas que pueden ocurr\u00edrsele a cada cristiano o a grupos religiosos particulares, es tambi\u00e9n excesiva esperanza\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Son palabras que debieran estar escribi\u00e9ndose y medit\u00e1ndose constantemente en toda la literatura conciliar que se hace en torno a la gran asamblea.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos factores, digo, el de superficialidad en el pensamiento para las cosas del esp\u00edritu, el de la tentaci\u00f3n del confusionismo y el de una esperanza mesi\u00e1nica que trata de evitar el esfuerzo personal, evidentemente contribuyen a que se produzca ese peligro a que antes apuntaba.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Prop\u00f3sito fundamental. Un Concilio nacido entre dolores<\/h2>\n\n\n\n<p>La \u00fanica actitud eficaz para conjugarlo es la de aquel que sabe captar el sentido \u00edntimo del Concilio y en el interior de su alma se dispone a acoger con humildad la invitaci\u00f3n ardiente que la Iglesia viene haciendo a la reforma de la conciencia y del coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque <strong>\u00e9ste es el prop\u00f3sito que el Concilio tiene<\/strong>, no otro; de esto se ocupa, de <strong>la reforma del coraz\u00f3n<\/strong>, de la reforma de la conciencia de todos cuantos somos Iglesia. El Concilio ha nacido de un dolor inmenso; es el dolor que la Iglesia viene sintiendo al ver y comprobar c\u00f3mo el mundo moderno, en un desgarr\u00f3n de sus entra\u00f1as, se le ha ido lejos de casa como un hijo pr\u00f3digo. Y la Iglesia sufre por eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00faltimos Pont\u00edfices de la \u00e9poca contempor\u00e1nea han mantenido una actitud espiritual, y algunos de ellos han formulado incluso expl\u00edcitamente ya el deseo, una actitud espiritual equivalente a la de los Padres conciliares de hoy en el Aula Vaticana. Ya Le\u00f3n XIII manifestaba el dolor de la Iglesia, cuando, al hablar de las cuestiones sociales, se refer\u00eda a la separaci\u00f3n y a la p\u00e9rdida de los hijos de la clase obrera que cada d\u00eda se alejaban m\u00e1s de aquel hogar en donde ten\u00edan que vivir, porque s\u00f3lo en \u00e9l hubieran encontrado el amor necesario para soportar las desgracias de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Y le sigui\u00f3 P\u00edo X, el santo P\u00edo X, con su rostro lleno de l\u00e1grimas y de dulzura, partido el coraz\u00f3n por las desgracias que, a\u00f1o tras a\u00f1o, acentuaban esa separaci\u00f3n, cada vez m\u00e1s viva, entre el mundo y la Iglesia. Y siguieron los dem\u00e1s Pont\u00edfices, Benedicto XV, lacerada su alma, al contemplar los estragos de la guerra europea; y P\u00edo XI, el intr\u00e9pido y genial, que lleg\u00f3 a pensar en el Concilio, preocupado por el mismo dolor y sentimiento. Y \u00bfc\u00f3mo no recordar los gestos pat\u00e9ticos, dolorosos, que en el exterior traduc\u00edan el alma atormentada por este mismo sufrimiento, de P\u00edo XII? Y despu\u00e9s, Juan XXIII, el Pont\u00edfice del optimismo, s\u00ed, y de la sonrisa continua, pero de la tristeza inseparable. No os extra\u00f1e esta frase: Juan XXIII ten\u00eda dentro de su alma una honda tristeza como continua compa\u00f1\u00eda. Es la tristeza que tienen los padres buenos cuando ven que su hijo se ha ido lejos de casa. Como son buenos, siguen con dulzura y con bondad esper\u00e1ndoles, pero, como tienen ya experiencia de la vida y saben lo que es y lo que representa esa ausencia, sufren dentro de s\u00ed mismos. Y Pablo VI, el intelectual Pablo VI, en su peregrinaci\u00f3n a Palestina, en sus intervenciones en el Concilio, en las decisiones que va tomando, en los discursos continuos que pronuncia, se advierte en todo \u00e9l como un temblor dram\u00e1tico llevado a la m\u00e1xima expresi\u00f3n de finura y de delicadeza, incluso en su estilo literario, porque hasta esas frases cinceladas que escribe, est\u00e1n indicando la tensi\u00f3n de esp\u00edritu en que continuamente vive al ver y comprobar la separaci\u00f3n entre el mundo moderno y la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>De este dolor ha nacido el Concilio, y la Iglesia viene sufriendo al comprobar esta separaci\u00f3n, no precisamente porque no pueda ofrecer al mundo arte, civilizaci\u00f3n, t\u00e9cnica, valores culturales y humanos, lo cual el mundo lo tiene en abundancia colmada; por lo que sufre la Iglesia, al comprobar esta separaci\u00f3n, es porque ve a este mundo hu\u00e9rfano y desprovisto de las riquezas sobrenaturales de la gracia divina, que son las riquezas de que ella es portadora y las que querr\u00eda comunicar constantemente para que los hombres sientan la alegr\u00eda de considerarse y verse a s\u00ed mismos como hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el prop\u00f3sito del Concilio, no otro. Por eso<em>, para que el mundo crea en Aquel que me ha enviado<\/em> (Jn 17, 23), es decir, para que se disponga el mundo a aceptar este fulgor de santidad que la Iglesia quiere mostrar, para que el mundo entre por esos caminos. La llamada m\u00e1s vehemente del Concilio es \u00e9sta. A todos sus hijos, los hijos de la Iglesia, los que forman el pueblo de Dios, les est\u00e1 llamando a la santidad, a la jerarqu\u00eda y a los s\u00fabditos, obispos, sacerdotes, religiosos y seglares, a todos, con el fin, de que \u00abhermoseado el rostro de la Iglesia\u00bb, como dec\u00eda Juan XXIII, pueda \u00e9sta presentar la singular belleza de su fisonom\u00eda a un mundo que ha perdido el contacto con Dios y, al verla tan hermosa, sienta el deseo de acercarse a ella para compartir y, vivir de los tesoros que ella guarda.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, que para que la Iglesia pueda llevar a ese mundo alejado lo que ella tiene que llevar, no otra cosa, la santidad de Dios, ha empezado por proclamar, en un acto de virtud formidable, con una humildad ejemplar\u00edsima, sus propios defectos; y de una manera p\u00fablica, en esa inmensa asamblea conciliar, est\u00e1 diciendo a sus hijos: vamos a reformarnos nosotros, vamos a procurar, ante todo y sobre todo, vivir la santidad que nos corresponde vivir por ser el pueblo de Dios. S\u00f3lo entonces es cuando tendremos derecho a exigir al mundo alejado que entre por esos caminos, cuando nosotros podamos decir que estamos recorri\u00e9ndolos plenamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan es as\u00ed que esto es lo que busca la Iglesia, que no estar\u00e1 de m\u00e1s \u2013y precisamente para aquellos que al hablar de Juan XXIII enseguida se fijan en los aspectos exteriores que han acompa\u00f1ado a su figura amabil\u00edsima\u2013 recordar tambi\u00e9n algunas palabras de las muchas que pronunci\u00f3 claramente manifestativas de este prop\u00f3sito del Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda as\u00ed en el documento que public\u00f3 la v\u00edspera de Pentecost\u00e9s, en 1960: \u00abLa Iglesia se preocupa ante todo del esp\u00edritu. Las preocupaciones ordinarias de la vida cotidiana le interesan tambi\u00e9n y las puede y las quiere santificar. Pero eso lo realiza ella invitando al cristiano a guardarse de ellas en cuanto le pueden distraer de Dios, principio y fin, de Jes\u00fas salvador y de todo lo que Jes\u00fas representa. El Evangelio, la vida de Cristo en nosotros y la vida nuestra en \u00c9l, esto significa, queridos hijos, disponernos al Concilio con un sentido de elevaci\u00f3n sobrenatural, seg\u00fan el esp\u00edritu de la Santa Iglesia, guard\u00e1ndonos de confundir lo sagrado con lo profano, las intenciones del orden espiritual con los esfuerzos humanos, aunque sean dignos de respeto, dirigidos \u00fanicamente a la b\u00fasqueda de los placeres, los honores, la riqueza, la gloria y otros bienes de orden material\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentido sobrenatural positivo, declaraci\u00f3n clara y rotunda de que lo que la Iglesia puede dar \u2013no tiene otra cosa\u2013 es la vida de Dios; afirmaci\u00f3n expl\u00edcita tambi\u00e9n por parte de la Iglesia de que este mundo de hoy, tan rico en valores humanos, que deben ser asumidos y consagrados, es pobre, inmensamente pobre, en aquello que m\u00e1s necesita, la vida de relaci\u00f3n con el Dios creador y redentor.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El eje de los esquemas conciliares<\/h2>\n\n\n\n<p>En estas dos afirmaciones viene a resumirse lo m\u00e1s sustancial y fundamental que est\u00e1 buscando la Iglesia en el Concilio de hoy. Si os dais cuenta, el esquema fundamental de todos los que se tratan en el Aula conciliar \u2013recordemos la observaci\u00f3n hecha por el Cardenal Montini en la primera sesi\u00f3n del a\u00f1o 1962, cuando dec\u00eda que faltaba, en aquellos esquemas que se hab\u00edan presentado, algo que fuera como el eje y fundamento vertebrado de todos los dem\u00e1s que en el Concilio se tratasen\u2013, el fundamental de todos, al cual todos convergen y confluyen, es el que trata de <strong>la Iglesia en s\u00ed misma<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y dentro de este esquema de la Iglesia, el n\u00facleo m\u00e1s trascendental es el que se refiere a las riquezas interiores de la misma, no los otros, que han podido acaso producir pol\u00e9micas m\u00e1s ruidosas, que han servido para que, al ser traducidas a la calle, hayan suscitado comentarios m\u00e1s enconados y m\u00e1s vivos. Pero un testigo del Aula conciliar tiene que decir, si quiere ser honrado en su informaci\u00f3n, que dentro del esquema <em>de Ecclesia,<\/em> las discusiones m\u00e1s jugosas, m\u00e1s profundas y m\u00e1s inspiradoras, fueron las que se refer\u00edan precisamente a estos aspectos: a los de la Iglesia considerada en s\u00ed misma como <strong>Cuerpo M\u00edstico de Cristo<\/strong>, y a los de la <strong>vocaci\u00f3n a la santidad<\/strong> a que todos, absolutamente todos, estamos llamados. Los dem\u00e1s esquemas convergen aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Examinad, por ejemplo, el de la <strong>Liturgia<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 se ha pretendido en el esquema de la Liturgia? \u00bfCre\u00e9is que se contenta con ofrecer posibilidades de adaptaci\u00f3n de los ritos o f\u00f3rmulas m\u00e1s sencillas, introducci\u00f3n de lenguas vern\u00e1culas y proclamaci\u00f3n simple, sin otro fundamento ni motivo ulterior, de la palabra de Dios? \u00bfQu\u00e9 se va buscando con todo esto?<\/p>\n\n\n\n<p>Sencillamente, abrir caminos que faciliten al hombre la participaci\u00f3n en la vida de Cristo. Y esto es la santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El esquema de los medios modernos de expresi\u00f3n busca tambi\u00e9n la salvaguardia de las normas del derecho natural y de los principios morales fundamentales, para que la vida humana no se oscurezca y el hombre, utilizando las fuerzas maravillosas que el mundo moderno le ofrece para expresar su pensamiento, no impida la marcha ascensional hacia los valores m\u00e1s altos, que vienen despu\u00e9s en el orden sobrenatural.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el esquema conmovedor del <strong>Ecumenismo<\/strong>, en el fondo, busca esto tambi\u00e9n. Se trata de que los que aman a Cristo no rompan despu\u00e9s su amor entre s\u00ed, para no incurrir en una especie de traici\u00f3n a Cristo que nos quiere a todos unidos. Y se busca esta uni\u00f3n y esta unidad para que nos ayudemos m\u00e1s, mutuamente, en el conocimiento de Jes\u00fas y en la glor\u00eda que debemos dar a la Trinidad en su Santa Iglesia. Y esto es santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y todos los dem\u00e1s esquemas que se han empezado a tratar o que se tratar\u00e1n, van buscando lo mismo, la facilitaci\u00f3n de los caminos \u2013al hombre de hoy\u2013 para que pueda adquirir los valores de santificaci\u00f3n de su vida que continuamente necesita. El de la presencia de la Iglesia en el mundo moderno, el de los religiosos, el de las misiones, el de los obispos y gobierno de las di\u00f3cesis, todos tienen un mismo fin El Sr. Garc\u00eda Pablos alud\u00eda hace un momento a una intervenci\u00f3n del que os habla, sobre un punto concreto. Si me refer\u00ed all\u00ed a la comunicaci\u00f3n de bienes de unas di\u00f3cesis con otras y de unas parroquias con otras no s\u00f3lo dentro de cada naci\u00f3n, como corresponde a la Iglesia universal, como de hecho se est\u00e1 haciendo ya en bastantes aspectos de la Iglesia entre determinados pa\u00edses, si se hablaba de esto, era porque a nadie mejor que a nosotros, se nos puede pedir la aplicaci\u00f3n de los preceptos de la justicia social y la caridad que son tambi\u00e9n indispensables veh\u00edculos para vivir una santidad aut\u00e9ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera que por dondequiera que examinemos el hecho conciliar vemos que va buscando esto: la santidad de la Iglesia y de cuantos a la Iglesia pertenecen.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Comprometidos en una tarea de santificaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Se\u00f1oras y se\u00f1ores: tenemos que examinar nuestra conciencia seriamente. Todos, absolutamente todos. No esperar que el hecho conciliar resuelva por s\u00ed mismo las cosas; no esperar que los hermanos separados vengan a nosotros; no limitarnos a esperar que los grupos pol\u00edticos nacionales o internacionales nos den un mundo m\u00e1s fundamentado en la paz y en el orden de la convivencia social. No. No podemos limitarnos a esto. Tenemos que examinar nuestra conciencia los hijos de la Iglesia. <strong>Se nos llama a una aut\u00e9ntica santidad que consiste en una participaci\u00f3n de la vida de Cristo<\/strong>, en la pr\u00e1ctica de las virtudes que \u00e9l predic\u00f3, no otras; en la utilizaci\u00f3n de los medios sobrenaturales que \u00e9l instituy\u00f3; en los matices distintivos de cada estado y situaci\u00f3n personal, en que nos encontramos; y en un compromiso, sobre todo en esto, en un compromiso, por parte de todo hijo de la Iglesia de hacer, en lo que a \u00e9l le corresponde, todo cuanto sea posible para establecer el Reino de Dios en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la caracter\u00edstica m\u00e1s viva en que yo insistir\u00eda si me preguntasen qu\u00e9 entiendo pr\u00e1cticamente por esta apelaci\u00f3n a la santidad que el Concilio viene haciendo. Compromiso serio de cada uno de nosotros mismos con lo que llevamos dentro. Lo hemos dejado al margen, porque nos es muy c\u00f3modo llevar el nombre de cristianos, simplemente en nuestra frente y en nuestra conducta exterior, pero no act\u00faa dentro de nuestras almas. Ese cristianismo se paraliza muchas veces a las puertas de nuestra conciencia, se queda ah\u00ed, no entra para producir en cada uno de nosotros la gran revoluci\u00f3n transformadora de nuestras almas. Y esto nos pasa a eclesi\u00e1sticos y seglares, a unos y a otros; y por eso, con tantas estructuras como aparecen en la Iglesia, de las que habr\u00eda derecho a esperar una continua inyecci\u00f3n de vida sobrenatural en el mundo, nos encontramos, sin embargo, con manifestaciones pobres, porque falta el esp\u00edritu interior, esa conciencia en cada uno de nosotros en virtud de la cual debemos pensar que por el bautismo hemos sido ungidos por el Esp\u00edritu Santo y somos ya miembros del linaje santo; y por la confirmaci\u00f3n, robustecidos para que defendamos la fe; y por la Eucarist\u00eda, vivificados para que no nos apartemos de ese tesoro de vida que es Dios mismo comunic\u00e1ndose a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo decimos, pero lo creemos poco, y esta es la raz\u00f3n de que, en este mundo de hoy, que quiere obras y consecuencias pr\u00e1cticas, que no conf\u00eda en las palabras, los grupos cristianos influyan poco para transformar esas estructuras del mundo alejado como un hijo pr\u00f3digo. No tiene la culpa siempre el mundo, la tenemos nosotros, los cristianos, y unas veces con vehemencia \u2013acaso como yo lo estoy haciendo ahora\u2013, otras con dulzura, pero siempre con humildad, la respuesta verdadera que tenemos que dar a la llamada del Concilio es \u00e9sta, \u00e9sta: la de la reforma interior que nos han venido pidiendo los Romanos Pont\u00edfices que lo han convocado y cuantos obispos manifiestan all\u00ed su pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es maravillosamente conmovedor. Cuando llegamos a la Bas\u00edlica de San Pedro cada ma\u00f1ana, despu\u00e9s de recorrer largas distancias, el Aula conciliar se ve llena de obispos de todo el mundo. Algunos, muchos, ancianos y enfermos. Pero en todos la misma obsesi\u00f3n y santo deseo: el de que la Iglesia de Dios sea conocida y amada por el mundo de hoy para que los hombres puedan vivir los tesoros de la santidad y de la gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>No es \u00fanicamente en tal o cual discurso del Sumo Pont\u00edfice, que por pronunciarse en circunstancias m\u00e1s solemnes parecer\u00eda propicio para hacer apelaciones de este g\u00e9nero. No es en esta o aquella intervenci\u00f3n de un Padre conciliar. Es en la conversaci\u00f3n continua dentro y fuera de la Bas\u00edlica, donde se manifiesta de manera viv\u00edsima la preocupaci\u00f3n de la Iglesia por reformarse y hacer que sus miembros de hoy vivan m\u00e1s santamente<strong>. <\/strong>El historiador futuro tendr\u00e1 que rendir un homenaje emocionado a esta sinceridad de la Iglesia que, en un mundo en que todo se oculta o en el que se exhiben intimidades inconfesables, reconoce p\u00fablicamente sus fallos y defectos, inherentes a la condici\u00f3n humana, para corregirlos humildemente y hacer que brille m\u00e1s en su rostro la santidad de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo caracter\u00edstico del Concilio, repetir\u00e9 una vez m\u00e1s, es que a todos, eclesi\u00e1sticos y seglares, nos llama a participar de la misma y \u00fanica vida de Cristo, y as\u00ed lograr la santidad de la que \u00c9l es modelo en el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de vivir todos, absolutamente todos, la vida de Jes\u00fas. No hay una santidad para seglares y otra para eclesi\u00e1sticos. No existe: es la misma. Cambian los matices, se diferencian las expresiones externas, se intensifica en unos un aspecto y en otros se intensifica otro, pero todos, absolutamente todos, somos hijos del mismo Dios, redimidos por el mismo Cristo y participantes de los mismos sacramentos, y todos utilizando estas fuerzas y estos caminos podemos llegar a las mismas metas de perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>En esto est\u00e1 insistiendo el Concilio. Y esto es lo que nosotros tenemos que meditar, si queremos ser fieles a la verdad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los sacerdotes y el laicado, especialmente los j\u00f3venes<\/h2>\n\n\n\n<p>Permitidme que de manera particular me dirija ahora a vosotros, los j\u00f3venes, y a los sacerdotes que veo en esta sala.<\/p>\n\n\n\n<p>Os est\u00e1n reservadas tareas m\u00e1s fecundas, con tal de que os acompa\u00f1e siempre una honda fe en lo que piden vuestro esp\u00edritu cristiano y vuestra condici\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una ley inviolable en la Iglesia: A mayor libertad, mayor responsabilidad. Y esta ley no puede ser quebrantada so pena de hacer traici\u00f3n a lo que la Iglesia es y significa.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que meditar mucho, j\u00f3venes, incluso los esc\u00e9pticos que no cre\u00e9is en la capacidad de la Iglesia para aportar soluciones a este mundo, que las busca casi con desesperaci\u00f3n. Las tiene la Iglesia m\u00e1s que nadie. Es la \u00fanica capaz de infundir en el hombre de hoy esperanza, sin la cual es imposible vivir. Las tiene la Iglesia y hac\u00e9is mal al desentenderos de esta llamada que el Concilio est\u00e1 haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa actitud equivale a una aut\u00e9ntica cobard\u00eda. No quer\u00e9is pensar en la trascendencia de esta soluci\u00f3n que da la Iglesia al llamar a la santidad a los hombres, porque exige un compromiso por vuestra parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por eso viene la evasi\u00f3n, no es otra la causa. Y en mayor o menor medida nos pasa a todos lo mismo. Eclesi\u00e1sticos, amigos queridos, estamos llenos de esperanza al comprobar los caminos que va a abrir el Concilio. Hemos suspirado por ellos muchas veces y ahora ya se dibujan f\u00f3rmulas de nuevas estructuras que, concordantes con la doctrina tradicional de siempre en la Iglesia, pueden significar una reforma trascendental en muchos aspectos del trabajo apost\u00f3lico; de los obispos unos con otros; de los obispos con sus sacerdotes, y del laicado cristiano con sus obispos y con todos los sacerdotes y religiosos. Pueden significar una reforma trascendental.<\/p>\n\n\n\n<p>Las esperamos con gozo y acaso nos prometemos m\u00e1s de lo debido.Pero bien est\u00e1 que el alma se llene de alegr\u00eda. Tambi\u00e9n para luchar senecesita el entusiasmo, que alienta a quien lo siente y contagia a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, las reformas de las estructuras si se reducen a l\u00edneaspuramente externas, no conducir\u00e1n a nada, absolutamente a nada.Presentar\u00edamos un rostro de la Iglesia, si quer\u00e9is, m\u00e1s grato al mundomoderno, pero no ser\u00eda la aut\u00e9ntica fisonom\u00eda del Se\u00f1or. La reformade estructuras puramente exteriores, sin reforma del interior de nuestrasconciencias, servir\u00eda \u00fanicamente para que la Iglesia fuese mejorrecibida por los defensores de ese vago humanismo cristiano, quebuscan, como la abeja entre las flores, lo mejor que puede tener cadamovimiento, cada instituci\u00f3n, cada cultura y cada \u00e9poca.Pero entoncesla Iglesia se habr\u00eda diluido en el conjunto, y a lo sumo ser\u00eda compa\u00f1eraen la marcha con el mundo moderno, d\u00e1ndole el brazo a \u00e9l,en lugar debuscarle para juntos, la Iglesia y el mundo, ponerse de rodillas ante Dios, que es lo que hay que hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos sacerdotes, queridos seglares cristianos: Invocamos el ejemplo de <strong>Juan XXIII<\/strong>, el hombre de la apertura de coraz\u00f3n. Ciertamente lo fue. Pero advertid que ese Papa de los gestos audaces y sencillos, que romp\u00eda el protocolo, que iba a las c\u00e1rceles y a los hospitales, que abr\u00eda los brazos a los hermanos separados, mantuvo siempre el respeto m\u00e1s delicado a los dogmas: sal\u00eda y entraba, pero se manten\u00eda en una piedad que le hac\u00eda rezar las tres partes del rosario; abr\u00eda su coraz\u00f3n, pero le\u00eda continuamente el Kempis; es decir, a mayor libertad, mayor sentido de responsabilidad y mayor santidad, como se revela en el diario de su alma que ahora estamos leyendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo mismo <strong>Pablo VI<\/strong>, el actual Pont\u00edfice. Ha seguido rompiendo inmovilismos, pero ya veis qu\u00e9 manera de caminar la suya. Es peregrino, marcha a Palestina y va all\u00ed a hacer horas santas, a orar y sufrir, en Bel\u00e9n y en el Huerto de los Olivos. Esta es la santidad del Papa que sigue abriendo caminos. Esos son los ejemplos que nos est\u00e1n dando. Como no aprendamos esta lecci\u00f3n, no esperemos consecuencias fundamentalmente transformadoras para la Iglesia derivadas del hecho conciliar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexi\u00f3n final<\/h2>\n\n\n\n<p>El mundo se rinde ante la santidad. Junto al sepulcro del P. Rubio, en Madrid, o de Sor \u00c1ngela de la Cruz, en Sevilla, como en mayores proporciones ante el de San Francisco de As\u00eds, en Italia, ante los sepulcros de los santos, los hombres de hoy y los de ayer buscan la vida. Es porque ah\u00ed encuentran el secreto de lo que no tienen. Si la Iglesia no se lo ofrece, en vano se presentar\u00e1 diciendo que su mensaje puede transformar las actuales estructuras y lograr para todos un mejor orden de convivencia, de paz y de armon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No es esta armon\u00eda temporal la que le corresponde establecer a la Iglesia; es la armon\u00eda propia del Pueblo de Dios, es decir, aquella que empieza y termina en la relaci\u00f3n \u00edntima del alma del creyente que sube hasta Dios, que vive de su vida, y que, iluminado con esa gracia y con esa fuerza, camina por el mundo reformando despu\u00e9s todas las cosas que trae entre manos, porque tiene dentro la fuerza inextinguible que le da la uni\u00f3n de Dios. Esto es el Concilio; esto es lo que busca: la uni\u00f3n de la Iglesia y de los hombres con Dios, por medio de Jesucristo, y por eso nos llama a todos a una santidad sencilla, aut\u00e9ntica y profunda.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> N. del E. Puede leerse el texto \u00edntegro de esta carta pastoral del entonces cardenal arzobispo de Mil\u00e1n en el volumen Giovanni Battista Montini, <em>Discorsi e scritti sul Concilio,<\/em> Instituto Paolo VI, Brescia 1983, 88-89. Esta carta pastoral lleva la fecha de 22 de febrero de 1962.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> AAS 52, 1960, 521.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada el 27 de abril de 1964 en el Sal\u00f3n Borja, Madrid, de la Casa Profesa de los PP. de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas dentro del ciclo de conferencias sobre el Concilio Vaticano II, organizado por la Uni\u00f3n Nacional del Apostolado Seglar. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga, agosto 1964. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[27,37],"doc_tag":[],"class_list":["post-744","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-el-concilio-vaticano-ii","doc_category-la-vida-del-cristiano"],"year_month":"2026-04","word_count":5350,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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