{"id":738,"date":"2024-09-22T19:10:18","date_gmt":"2024-09-22T17:10:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=738"},"modified":"2024-09-22T19:10:18","modified_gmt":"2024-09-22T17:10:18","password":"","slug":"el-anuncio-del-concilio","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-anuncio-del-concilio\/","title":{"rendered":"El anuncio del Concilio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Exhortaci\u00f3n pastoral, de mayo de 1961, a prop\u00f3sito del Concilio Vaticano II, publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga,<\/em> 1 de junio de 1961.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos acercamos a uno de los acontecimientos de mayor importancia para la vida de la Iglesia de nuestro tiempo. Me refiero a la pr\u00f3xima celebraci\u00f3n del Concilio Ecum\u00e9nico anunciado por S.S. Juan XXIII hace ya m\u00e1s de dos a\u00f1os. Concilio, que, con raz\u00f3n, viene constituyendo uno de los m\u00e1s serios motivos de esperanza para el futuro de la vida cristiana. Por eso, amados diocesanos, y consciente de la transcendencia de esa gran asamblea, me dirijo a vosotros con el vivo deseo de que en vuestro esp\u00edritu se encienda la ilusi\u00f3n y vuestro coraz\u00f3n reciba con amor todo cuanto a esta capital\u00edsima empresa de la Iglesia se refiera. Todos somos Iglesia y a todos debe espolearnos la necesidad de estudiar nuestras propias realidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Son muchas las razones que apoyan la decisi\u00f3n del Santo Padre al reunir a todos los obispos del mundo en un Concilio. Desde la promulgaci\u00f3n del C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, los tiempos han evolucionado r\u00e1pida y profundamente en todos los \u00f3rdenes de la vida. Es cierto que la Iglesia, queridos diocesanos, no se identifica con ninguna cultura, ni siquiera con la civilizaci\u00f3n occidental que con tanta frecuencia se proclama a s\u00ed misma como cristiana. Sin embargo, es tambi\u00e9n verdad que los cristianos nos movemos dentro del \u00e1rea de determinadas culturas, somos part\u00edcipes de las mismas y nos vemos forzosamente absorbidos por ellas. Culturas que, por otra parte, nacen, se desarrollan y mueren. Ahora nos encontramos en un momento de radicales transformaciones, ya reales, ya previsibles.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed. Por un lado, no es posible ignorar la presencia alarmante del comunismo en el mundo con su sistema de doctrina y de obras en todo opuesto a la fe de Jesucristo. Lo que en un principio no lograra amedrentar a ning\u00fan esp\u00edritu, se ha constituido en la m\u00e1s grave amenaza del mundo libre. Lo que a los comienzos no fue m\u00e1s que una simple semilla, pudiera ser ya una esperanza de gran cosecha. El comunismo es hoy ingente e infatigable esfuerzo de conquista del mundo. Pero he aqu\u00ed que en aquellas zonas en que el comunismo ha logrado el control absoluto del poder, la Iglesia sufre, cuando no la abierta persecuci\u00f3n, al menos la m\u00e1s fuerte mordaza a sus actividades.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso una nueva corona de Iglesias m\u00e1rtires comienza a rodear la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfOlvidar\u00e1 la Iglesia esta amarga experiencia cuando nuevos pueblos puedan encontrarse en circunstancias semejantes en tiempos venideros?<\/p>\n\n\n\n<p>De otro lado, la realidad de un mundo con evidente predominio de la t\u00e9cnica, que ha precipitado una hond\u00edsima transformaci\u00f3n de las formas m\u00e1s ordinarias de la vida. La t\u00e9cnica influye profundamente sobre el cuerpo y el esp\u00edritu del hombre de hoy. Ha triunfado claramente sobre la materia, pero ha hecho de la persona con frecuencia un nuevo esclavo del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s. La t\u00e9cnica ha creado una nueva moral, que podemos llamar moral del rendimiento. Nada m\u00e1s laudable para ella que el lucro y la riqueza, nada m\u00e1s atractivo como ideal de vida. Y de este modo, invirtiendo valores, ha convertido en fin lo que en recta interpretaci\u00f3n no hab\u00eda conseguido sino categor\u00eda de medio.<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00e9cnica ha disparado al hombre hacia una vida vertiginosa, pero no le ha ense\u00f1ado a conducirse debidamente. No ha otorgado importancia a la reflexi\u00f3n, ni ha significado una invitaci\u00f3n para la humilde plegaria. De ah\u00ed que lo que se ha logrado en tiempo se haya perdido en profundidad. El hombre del siglo XX es, por ello, fr\u00edvolo con demasiada frecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Norma de nuestros d\u00edas es el temor ante la presencia del sufrimiento, la huida del dolor y de la enfermedad y la repulsa a veces, como inadmisible, de la misma muerte. Y es que son tantas las comodidades que la t\u00e9cnica ha brindado&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo os parece que era necesario tener en cuenta las nuevas coyunturas en que el cristiano inevitablemente ha de moverse?<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, queridos sacerdotes y amados hijos, el futuro Concilio Vaticano II se ha propuesto en primer t\u00e9rmino como fin primordial una serie y amplia revisi\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Por los medios de informaci\u00f3n habituales habr\u00e9is tenido conocimiento de las diversas Comisiones que abarcan los diferentes aspectos de la vida religiosa, creadas por el Santo Padre para una m\u00e1s segura eficacia en el trabajo. Es sencillamente una fuerte e inaplazable reclamaci\u00f3n de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay una segunda finalidad. La de la uni\u00f3n de todos los cristianos. Si bien es verdad que nadie espera la concordia de los que creen en Jesucristo como consecuencia y fruto inmediato del Concilio, ha de reconocerse, sin embargo, que un viento de simpat\u00eda en su favor sopla por toda la cristiandad a partir de este momento. Hay muchos s\u00edntomas reveladores de que el deseo de uni\u00f3n y de unidad produzca en el futuro resultados consoladores.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos en un momento excepcional para la cristiandad. Por ello, amados diocesanos, es preciso que nos pongamos en pie de oraci\u00f3n y sacrificio para que el Esp\u00edritu Santo descienda de nuevo sobre su Iglesia en ocasi\u00f3n tan solemne de la que tantos bienes pueden derivarse para las estructuras cristianas.<\/p>\n\n\n\n<p>Os pido, amados sacerdotes, que habl\u00e9is al pueblo cristiano sobre el Concilio y que le invit\u00e9is a orar por sus alt\u00edsimos fines. No s\u00f3lo durante los d\u00edas de la novena de Pentecost\u00e9s conforme a los deseos de S.S. Juan XXIII ya hechos p\u00fablicos, sino tambi\u00e9n a lo largo de todo el mes de junio, especialmente dedicado a sentir, amar, y sufrir en uni\u00f3n con el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Es el anhelo constante del Coraz\u00f3n de Cristo: la santidad y la uni\u00f3n de los que creen en \u00c9l, y no son del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s concretamente, aparte de otras iniciativas que pueda sugeriros vuestro celo, disponemos que en los cultos de cada d\u00eda del mes de junio se rece la oraci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo compuesta por el Santo Padre, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Obispado, correspondiente al mes de febrero de 1960, p\u00e1gina 59.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Exhortaci\u00f3n pastoral, de mayo de 1961, a prop\u00f3sito del Concilio Vaticano II, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Obispado de Astorga, 1 de junio de 1961. Nos acercamos a uno de los acontecimientos de mayor importancia para la vida de la Iglesia de nuestro tiempo. 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