{"id":736,"date":"2024-09-22T19:09:07","date_gmt":"2024-09-22T17:09:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=736"},"modified":"2024-09-22T19:09:07","modified_gmt":"2024-09-22T17:09:07","password":"","slug":"santa-madre-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/santa-madre-iglesia\/","title":{"rendered":"Santa Madre Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n inaugural de la VIII Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada en la Catedral de Toledo, 5 de julio de 1982. Publicada en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> agosto-septiembre de 1982, y en el volumen <em>Sentir con la Iglesia,<\/em> Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1983, 13-21.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra VIII Semana de Teolog\u00eda tiene como tema general: <strong>\u00abSentir con la Iglesia\u00bb<\/strong>, y en esta mi introducci\u00f3n lo \u00fanico que deseo hacer es recordar juntos los motivos por los que merece ser amada, lo que de propio y exclusivo hay en ella, su riqueza y su bondad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia se ha despertado en nuestras almas<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia, que cuenta con la presencia del Esp\u00edritu en su interior, tiene una conciencia extraordinariamente profunda de lo que es su ser, tanto en sus exposiciones de fe, como en las precisas reflexiones que sobre s\u00ed misma ha realizado ya desde los primeros Padres, y de manera muy peculiar para nosotros en el Vaticano II. La voluntad de la Iglesia de llegar a s\u00ed misma, a su aut\u00e9ntica realidad, es un signo de la Iglesia en el momento actual. Una teolog\u00eda de la Iglesia ha irrumpido de manera viva en nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n el pueblo cristiano ha empezado a sentir con fuerza la aspiraci\u00f3n a realizar en una vida de Iglesia la plenitud de su vida cristiana, \u00fanica forma de realizarla realmente. Aquel hecho, que ya hace a\u00f1os Romano Guardini celebraba, contin\u00faa produci\u00e9ndose con caracteres m\u00e1s vastos: la Iglesia se ha despertado en nuestras almas. Su realidad se va haciendo m\u00e1s \u00edntima e intensa a la conciencia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca tendremos una teolog\u00eda acabada de la Iglesia, un cuerpo de doctrina integral que suprima todo anhelo de nuevas reflexiones. La Iglesia, por ser Iglesia de Dios, sacramento de Jesucristo, es inteligible, pero no comprensible en el sentido de totalmente abarcable. A la Iglesia se le asignan, a veces, objetivos demasiado humanos, o bien se quiere explicar su naturaleza por analog\u00edas poco serias, en vez de contemplarla tal como Dios la ha hecho en el misterio de su ser sobrenatural para el servicio de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia: presencia real y actual del misterio de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia se concibe a s\u00ed misma como presencia real y actual del misterio de Cristo, como el Cristo que sigue viviendo en la historia y en el mundo; como Cristo M\u00edstico, cuya Cabeza es \u00c9l. La palabra <em>m\u00edstico <\/em>no significa nada esfumado o irreal, sino la forma especial de ser de la Iglesia. Ha sido formada por el Esp\u00edritu Santo como el instrumento, por medio del cual nos santifica. Ella es donde, por la fe que nos comunica, tenemos parte en la comuni\u00f3n de los santos, el perd\u00f3n de los pecados, y se nos asegura la resurrecci\u00f3n para gozar de la vida. \u00ab\u00bfQu\u00e9 deseas de la Iglesia de Dios?\u00bb, se nos pregunta en el bautismo. \u00abLa fe\u00bb, responde el que se bautiza, o en su nombre el padrino. \u00ab\u00bfY qu\u00e9 produce la fe?\u00bb, contin\u00faa el di\u00e1logo de la ceremonia bautismal. \u00abLa vida eterna\u00bb. Creer significa ser admitido a la fe de la Iglesia, creer lo que la Iglesia ense\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Es nutrida por Dios, por sus sacramentos. Cree y confiesa a Cristo, enviado por Dios para nuestra salvaci\u00f3n. Da testimonio de \u00c9l, combate y triunfa porque Cristo est\u00e1 con ella hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Es santa y cat\u00f3lica porque su doctrina es recta y fructifica en el mundo entero, haciendo nacer continuamente nuevos hijos a la fe cristiana. Es por esencia misionera y suscita nuevos cristianos en medios no cristianos. Esta es la gran esperanza de la Iglesia, la prueba vital y convincente de que el cristianismo tiene hoy posibilidades reales de futuro.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El misterio de la Iglesia es nuestro propio misterio<\/h2>\n\n\n\n<p>El misterio de la Iglesia es nuestro propio misterio. Su vida es nuestra propia vida. Dios nos ve y nos ama en su Iglesia; en ella nos ama y en ella le encontramos. Lo humano y lo divino se entrecruzan en la Iglesiade Dios. Es dirigida por hombres que act\u00faan con misi\u00f3n y autorizaci\u00f3ndivinas. La palabra de Dios se proclama en lenguaje humano (Tes 2, 13),pero no se predica con la persuasi\u00f3n de la sabidur\u00eda humana. El Esp\u00edritu de Dios la hace poderosa. El encuentro con el Se\u00f1or, y la m\u00e1s estrecha comunidad con \u00c9l, se realizan en el pan y vino, convertidos por las palabras del sacerdote en Su Cuerpo y su Sangre. La pobre palabra del hombre se hace portadora del poder divino de perd\u00f3n. <em>Pero llevamos ese tesoro en vasos de barro, para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y no viene de nosotros <\/em>(2Cor 4, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo divino-humano de la Iglesia se encuentra en el misterio de la Cruz que Cristo llev\u00f3 y ha de llevar su Iglesia en sus miembros. El Apocalipsis es una llamada a contemplar la fuerza de Dios en la flaqueza humana. La Iglesia es perseguida y oprimida en la tierra. Una Iglesia de m\u00e1rtires que s\u00f3lo es fuerte y victoriosa en la sangre del Cordero y en su testimonio. \u00abLa Iglesia va avanzando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Se\u00f1or, hasta que \u00c9l venga. Se fortalece con la fuerza del Se\u00f1or resucitado, de modo que pueda superar con paciencia y caridad sus propios sufrimientos y dificultades, tanto internas como externas, y descubrir con toda fidelidad en el mundo el misterio de Cristo, aunque entre sombras, hasta que al fin se manifieste a plena luz\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, \u00abfamilia de Dios\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Ni la amistad, ni el amor, ni ninguna de las agrupaciones sociales que ayudan a la realizaci\u00f3n de nuestra vida pueden saciar nuestra sed de comuni\u00f3n. Nada de lo que los hombres construyamos, o de lo que se desenvuelve en un plano puramente humano, puede arrancarnos de nuestra soledad y llenar siempre nuestra vida. La soledad se ir\u00e1 ahondando en la misma medida en que nos vayamos descubriendo interiormente. Dios no nos ha creado para que vivamos s\u00f3lo de lo humano y de lo natural, ni para que cumplamos una misi\u00f3n solitaria. Nos ha creado para introducirnos en comuni\u00f3n en el seno de su Vida Trinitaria, una comuni\u00f3n que nada pueda romper, ni en nada pueda fallar.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es el \u00ablugar\u00bb en el que empieza a realizarse aqu\u00ed abajo esta reuni\u00f3n de todos en la Trinidad. Es \u00abfamilia de Dios\u00bb, extensi\u00f3n misteriosa de Dios en el tiempo, en la que se logra alcanzar todas nuestras dimensiones. La Iglesia est\u00e1 llena de la Trinidad. El Padre est\u00e1 en Ella como poder providente que todo lo une y salva; el Hijo, como el medio en el que se realiza, y el Esp\u00edritu Santo, como la fuerza que todo lo re\u00fane y por la que todo es uno. Por eso la Iglesia es Madre, seno fecundo en el que se verifica una nueva creaci\u00f3n y por el que se nace a la \u00abfamilia de Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que hemos entrado en esta familia, no disponemos ya s\u00f3lo de nuestras propias fuerzas para amar, comprender y servir a Dios; disponemos de las de todos los hijos de la Iglesia, de las de su propio fundador, Cristo, de las de la Virgen Mar\u00eda. Como dice Paul Claudel, \u00abdesde la Virgen bendita en lo m\u00e1s alto de los cielos hasta el pobre leproso africano que lleva una campanilla en la mano y se sirve de una boca medio podrida para balbucear las respuestas de la misa. Toda la creaci\u00f3n visible e invisible, toda la historia, todo el tiempo, toda la naturaleza, todo el tesoro de los santos multiplicados por la Gracia, todo esto est\u00e1 a nuestra disposici\u00f3n&#8230; Todos los santos, todos los \u00e1ngeles nos pertenecen. Podemos servirnos de la inteligencia de Santo Tom\u00e1s, del brazo de San Miguel y del coraz\u00f3n de Juana de Arco y de Catalina de Siena, y de todos esos recursos latentes que basta que los toquemos para que entren en ebullici\u00f3n. Cuanto se hace de bueno, de grande y de hermoso de un extremo al otro de la tierra, cuanta santidad hay en los hombres, es como si fuera nuestra\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Iglesia Madre, y Madre Santa<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia tiene la ciencia divina de la verdad y el seno maternal en el que los hombres se convierten en hijos de Dios. El amor es el lazo de uni\u00f3n de la Iglesia. No se trata del sentimiento m\u00e1s o menos duradero de un individuo con respecto a otro, sino del amor de Dios hacia el hombre y que fluye entre todos sus miembros. Porque el amor de Dios es una corriente que viene de \u00c9l, circula por los hombres y vuelve a \u00c9l. Amar, en este sentido, significa ser Iglesia, formar parte de ella, dejarse penetrar por su corriente de vida y amor, y transmitirla. <em>Revest\u00edos como elegidos de Dios, santos y amados, de entra\u00f1as de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soport\u00e1ndoos unos a otros, y perdon\u00e1ndoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Se\u00f1or os perdon\u00f3, perdonaos tambi\u00e9n vosotros. Y por encima de todo esto, revest\u00edos del amor, que es el v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n. Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella hab\u00e9is sido llamados formando un solo Cuerpo<\/em> (Col 2, 12-15).<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a la Iglesia Madre, de siglo en siglo, el Evangelio es expuesto a todos, a los sabios y a los ignorantes, a los grandes y a los peque\u00f1os. Y cuando no produce en nosotros sus frutos de vida, es \u00fanicamente por nuestra culpa. Ella nos da alimento sano y vigoroso, por eso cuida de no encubrir el Evangelio, ni de suavizar sus exigencias o lo que nos puede parecer paradoja: <em>El que quiera perder su vida&#8230;; si tu ojo te es ocasi\u00f3n de esc\u00e1ndalo&#8230;; cuando te hieran en una mejilla&#8230; <\/em>Es Madre providente que nos coloca en medio de la actividad viva de Dios. Sus cuidados no quitan las esperanzas ni dificultades de la vida, pero tonifica y fortalece nuestro esp\u00edritu con su oraci\u00f3n, con sus sacramentos, con sus ense\u00f1anzas. Ella dispone de lo que los hombres necesitamos para nuestra salvaci\u00f3n. Su poder consiste en convertir en inocente lo que ha sido culpable. En su seno se verifica siempre toda conversi\u00f3n y todo el proceso de realizaci\u00f3n de la persona cristiana. Arrepentirse significa acudir a la Madre Iglesia, porque en Ella nos encontramos con Cristo y con nuestros hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es Madre Santa que une a todos sus hijos en Cristo<em>. <\/em><em>Todos los bautizados en Cristo os hab\u00e9is revestido de Cristo-, ya no hay jud\u00edo ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas. Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos seg\u00fan la Promesa<\/em>(Gal 3, 27-29). <em>Como el Padre me am\u00f3, yo tambi\u00e9n os he amado a vosotros; permaneced en mi amor&#8230; Este es el mandamiento m\u00edo: que os am\u00e9is los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos<\/em>(Jn 15, 9 y 12).En la Iglesia se crea Cristo una nueva forma de existir y una nueva forma de continuar amando.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Amamos a esta Madre Santa<\/h2>\n\n\n\n<p>Amamos a esta Madre Santa por el Misterio que nos comunica en su doctrina y en su Liturgia, por el perd\u00f3n que nos garantiza, por los hogares cristianos que suscita y sostiene, por el ministerio de los sacerdotes (su sagrada potestad de ofrecer el sacrificio, de perdonar los pecados, de predicar la palabra de Cristo), por los religiosos, a trav\u00e9s de los cuales la Iglesia contempla, anuncia el Reino de Dios, atiende enfermos, educa a los ni\u00f1os, cuida de los ancianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Amamos a esta Madre Santa por los deseos y esperanzas que fomenta, por los errores que desenmascara, por las oscuridades que disipa, porque enciende el celo en nuestros corazones y nos sostiene en nuestras dudas, porque defiende al hombre y a la dignidad humana, porque proclama la esencia del amor y sus exigencias naturales con relaci\u00f3n a una vida verdaderamente digna y humana. La defensa que la Iglesia hace de la vida y del amor, en la relaci\u00f3n interpersonal que constituye el matrimonio, suscita optimismo y esperanza en medio del ego\u00edsmo siempre viejo y decadente. La Iglesia aboga por la vida y el amor, porque tiene fe y esperanza en el hombre redimido por Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros llamamos Madre nuestra no a una Iglesia irreal o ideal, sino a esta misma Iglesia jer\u00e1rquica, y no tal como nosotros la podemos so\u00f1ar, sino tal como existe de hecho hoy mismo. Y por eso nuestra obediencia al Papa tiene que ser una obediencia filial. El <em>Tu es Petrus <\/em>perdura por los siglos. Entre los ap\u00f3stoles, Sim\u00f3n Pedro ocupa posici\u00f3n especial. El debe ser el primero, el fundamento de la Iglesia, representante de la roca que es Cristo (Mt 16, 18), debe confortar a sus hermanos en la fe (Lc 22, 32) y ser el pastor supremo, vicario de Aquel que es el Buen Pastor (Jn 10). En esta funci\u00f3n suya, el Papa debe ser el centro de la unidad de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cat\u00f3lico le gusta llamar \u00abMadre\u00bb a la Iglesia, y fomenta sentimientos de piedad y gratitud hacia su Santa Madre Iglesia. Le gusta llamarla con el nombre que brot\u00f3 ya del coraz\u00f3n de sus primeros hijos, como lo atestiguan tant\u00edsimos textos de la antig\u00fcedad cristiana. Con San Cipriano y San Agust\u00edn proclaman: no puede tener a Dios por padre quien no tenga a la Iglesia por madre. En su regazo maternal lo hemos aprendido todo. Newman descubre la verdadera Iglesia cuando, siendo todav\u00eda anglicano, conoce la Iglesia de los Padres, y por una iluminaci\u00f3n del Esp\u00edritu reconoci\u00f3 en ella a su Madre. \u00abEn esta Iglesia de los Padres, en este su celo que triunfa por el misterio de la fe yo reconozco a mi madre espiritual\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. La verdad que nuestra Santa Madre la Iglesia nos da, no una verdad cualquiera, hecha y manejada a nuestra humilde medida humana, es la Verdad que es Camino y Vida. Y el Camino que nos muestra y la Vida con que nos alimenta no los podr\u00edamos encontrar por nosotros mismos. Los cat\u00f3licos sabemos que la Iglesia nos manda como madre porque ella primeramente obedece a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El verdadero hijo de la Iglesia ama la belleza de su Madre, ella le arrebata el coraz\u00f3n, es su patria espiritual, \u00absu madre y sus hermanos\u00bb. \u00abEl hombre de la Iglesia\u00bb, \u00abel hombre de la comunidad cristiana\u00bb, \u00abvir ecclesiasticus\u00bb. Henri de Lubac se pregunta qui\u00e9n devolver\u00e1 a esta expresi\u00f3n su pleno sentido. \u00abEn la misma Iglesia apenas lo usamos sino en un sentido puramente exterior\u00bb. \u00bfQui\u00e9n le devolver\u00e1 su amplitud y nobleza? \u00bfQui\u00e9n nos ense\u00f1ar\u00e1 a conocer los valores que evocaba antiguamente? En su primera acepci\u00f3n, sin distinci\u00f3n obligada entre cl\u00e9rigo y laico, el \u00abeclesi\u00e1stico, vir ecclesiasticus\u00bb, significa hombre de Iglesia&#8230; Si la palabra en este sentido no puede ser arrancada del todo al pasado, que al menos perdure su realidad. \u00a1Que ella reviva en muchos de nosotros!<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abEl Esp\u00edritu y la Esposa dicen: \u00a1Ven!\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Al final del Apocalipsis leemos <em>El Esp\u00edritu y la Esposa dicen: <\/em><em>\u00a1Ven! Y el que oiga, diga: \u00a1Ven! Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratuitamente agua de vida<\/em> (Ap 22, 17). El Esp\u00edritu ama a la Iglesia y ella ama por el Esp\u00edritu. Es el Esp\u00edritu Santo quien obra la transfiguraci\u00f3n, la intimidad y la receptividad de la gracia. La Iglesia, transportada de amor, sale gozosa al encuentro de todos los hombres. Ella ha nacido de la sangre redentora y de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Su capacidad de atracci\u00f3n se manifiesta plenamente el d\u00eda de Pentecost\u00e9s a trav\u00e9s de la abundante efusi\u00f3n del Esp\u00edritu. Como Iglesia peregrina siente una nostalgia infinita de su Se\u00f1or, y de que, destruida la muerte, sean sometidas a \u00c9l todas las cosas. Porque todas las criaturas esperan con ansia la hora de su redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen de la Iglesia como \u00abesposa del Cordero\u00bb es impresionante. Cuanto m\u00e1s se aproxima el fin tanto mayor es su preparaci\u00f3n para esta fiesta de alegr\u00eda. <em>Con alegr\u00eda y regocijo d\u00e9mosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura<\/em> \u2013el lino son las buenas acciones de los santos\u2013. <em>Luego me dice: Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero<\/em> (Ap 19, 7-9). La Iglesia ya perfecta entra en el reino de Dios y se convierte en comunidad bienaventurada, en la nueva creaci\u00f3n que es meta del plan de salvaci\u00f3n de Dios en el mundo. Dios lo ha revelado, quiere que gocemos de la hermosura, santidad y bondad de la Iglesia. Tambi\u00e9n tenemos que alegrar nuestro coraz\u00f3n con esas im\u00e1genes de la futura y gran realidad: la nueva Jerusal\u00e9n. No existe sino la \u00fanica Iglesia en el cielo y en la tierra, que se encamina a su plenitud. \u00abPorque cuando Cristo se manifieste y tenga lugar la resurrecci\u00f3n gloriosa de los muertos, la claridad de Dios iluminar\u00e1 la Ciudad celestial y su antorcha ser\u00e1 el Cordero. Entonces toda la Iglesia de los santos adorar\u00e1 a Dios en la bienaventuranza suprema del amor y el Cordero que fue degollado, clamando a una voz: <em>Al que est\u00e1 sentado sobre tu trono y el Cordero: la bendici\u00f3n, el honor, la gloria y el imperio por los siglos\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Necesitamos de esta Iglesia bendita de Cristo. \u00abEs un organismo vivo, animado y dirigido por el Esp\u00edritu Santo que contiene vitalmente su ley dentro de s\u00ed. No puede ser comprendida desde fuera, por el camino de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica o de la cr\u00edtica; no carece de justificaciones hist\u00f3ricas o racionales, pero jam\u00e1s adecuadas a su realidad, la cual no puede comprenderse m\u00e1s que por la misma Iglesia y por cada creyente, en la medida en que \u00e9ste vive en comuni\u00f3n con ella\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>. En un tiempo en que la cultura est\u00e1 tan mermada de esperanza, sin sentido de fidelidad y tentada de abandonar la misma fe, hacen falta cat\u00f3licos que canten de verdad con la Iglesia su ant\u00edfona pascual: \u00abEste es el d\u00eda que ha hecho el Se\u00f1or para nosotros; goc\u00e9monos y regocij\u00e9monos en \u00e9l.\u00bb Y con alegr\u00eda renovada y con una fe firme, repetir con San Pablo: \u00abAlegraos, de nuevo os digo: alegraos. Porque Cristo ha resucitado verdaderamente y nos ha conquistado una nueva vida que nos da en su Iglesia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sentir con la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Ante la realidad de esta Santa Madre Iglesia no cabe otra actitud que sentir con ella. No puede el cat\u00f3lico encerrarse en una \u00abtorre particular de marfil\u00bb y quedarse al margen de los acontecimientos de la vida de la Iglesia. No cabe la dimisi\u00f3n. Ni se puede caer en esa forma tan corriente de la cobard\u00eda, que es el respeto humano. Muchos viven esclavos de un est\u00fapido af\u00e1n de estar al d\u00eda. Por el mero hecho de que tal autor \u00abdiga\u00bb o de que tal peri\u00f3dico o revista haga juicios sobre la Iglesia o sobre el Papa, con total falta de respeto y carencia de conocimientos, entra la cobard\u00eda, y se prescinde de los criterios de la fe. Lo mismo en la defensa de los preceptos de orden moral: se teme que los dictadores de turno le tilden a uno de retr\u00f3grado o integrista. Estamos llegando a extremos en los que de lo que se trata es ya de conservar la fe, la vida moral y un m\u00ednimo de claridad de juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sentir con la Iglesia es algo mucho m\u00e1s vital y positivo. Sentir con la Iglesia es hacer realidad toda la doctrina de la Iglesia de la <em>Lumen gentium.<\/em> Adoptar las posturas, actitudes y realizar los hechos que pide la <em>Gaudium et spes<\/em> con relaci\u00f3n a la dignidad de la persona humana, a la dignidad del matrimonio y de la familia, al sano desarrollo del progreso cultural, al fomento de la paz y de la justicia. Sentir con la Iglesia es escuchar al Papa y hacer lo que nos pide a cada uno en nuestra situaci\u00f3n concreta. Sentir con la Iglesia es liberamos de nuestros ego\u00edsmos e intereses, de nuestros criterios rastreros, y dejarnos inundar por su luz. Esa luz que es luz de verdad y luz de amor. Recemos con fervor, os dir\u00eda que todos los d\u00edas, ese c\u00e1ntico tan extra\u00f1amente bello que la liturgia de la Iglesia nos ofrece como secuencia de la Misa de Pentecost\u00e9s: \u00abVen Esp\u00edritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espl\u00e9ndidos, luz que penetra las almas\u00bb. Nuestro coraz\u00f3n cansado de la vida diaria dialoga en \u00e9l con el Dios consolador, sabiendo que cada palabra es escuchada y encuentra respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo VI San Juan nos relata algo que siempre tiene una tremenda actualidad. Las palabras de Cristo referidas a la Eucarist\u00eda incitan a la rebeli\u00f3n a algunos, mientras que es verdad sagrada y divina, plenitud infinita para quien la capta con amor. Muchos de los que acompa\u00f1aban a Jes\u00fas comenzaron a murmurar. Hubieran debido creer en \u00c9l, adherirse a \u00c9l y dejarse conducir. Hubieran debido presentir una profundidad divina en sus palabras; hubieran debido pedirle que abriera su coraz\u00f3n. Pero en lugar de esto criticaron, juzgaron, y lo dejaron. Cristo pregunta a los suyos, \u00bfquer\u00e9is iros vosotros tambi\u00e9n? Es Pedro, el primer Papa, el que contesta con una respuesta que tiene que ser la nuestra y la de todo cat\u00f3lico. <em>Se\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida <\/em>eterna, y nosotros hemos cre\u00eddo y<em> sabemos que t\u00fa eres el Santo de Dios<\/em> (Jn 6, 68) Eso es sentir con la Iglesia y afirmar con ella lo que Cristo afirm\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> LG 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Citado por H. de Lubac, <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em> Bilbao 1958, 231.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> J. H. Newman, <em>Apolog\u00eda pro vita sua,<\/em> c.5, BAC 394, Madrid 1977.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> H. de Lubac<em>,<\/em><em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em>Bilbao 1958, 215.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> LG 51.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Y. M, Congar,<em>Ensayos sobre el misterio de la Iglesia,<\/em>Barcelona 1961, 12.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n inaugural de la VIII Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada en la Catedral de Toledo, 5 de julio de 1982. Publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, agosto-septiembre de 1982, y en el volumen Sentir con la Iglesia, Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1983, 13-21. Nuestra VIII Semana de Teolog\u00eda tiene [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[26],"doc_tag":[],"class_list":["post-736","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-iglesia"],"year_month":"2026-04","word_count":3844,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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