{"id":729,"date":"2024-09-22T19:04:26","date_gmt":"2024-09-22T17:04:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=729"},"modified":"2024-09-22T19:04:26","modified_gmt":"2024-09-22T17:04:26","password":"","slug":"la-iglesia-comunidad-de-los-que-oran","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-iglesia-comunidad-de-los-que-oran\/","title":{"rendered":"La Iglesia, comunidad de los que oran"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Discurso pronunciado el 29 de junio de 1976 en presencia de S. M. la Reina do\u00f1a Sof\u00eda, en la Catedral Primada de Toledo, con motivo de la inauguraci\u00f3n de la II Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, septiembre de 1976. Reproducido en el volumen <em>Oraci\u00f3n y vida cristiana,<\/em>publicado por el Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1977, 13-32.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La oraci\u00f3n del hombre y la oraci\u00f3n de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n podr\u00edamos decir comunidad de los que creen o de los que aman y esperan&#8230; Pero \u00bfqu\u00e9 fe y qu\u00e9 amor y esperanza pueden darse en la Iglesia sino los que nacen de la contemplaci\u00f3n y el coloquio con Dios?<\/p>\n\n\n\n<p>Porque hablamos de la Iglesia, tal como ha sido instituida por Cristo, no de la humanidad, no del hombre considerado desde un punto de vista meramente filos\u00f3fico. La humanidad y el hombre pueden orar, y de hecho oran, con esa oraci\u00f3n natural de que hablaba el Papa precisamente hace unos d\u00edas. Pero no podr\u00e1n ser nunca Comunidad de los que oran. Esto s\u00f3lo puede serlo la Iglesia Y es lo que voy a exponer en esta primera ponencia de nuestra II Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Para congregar a sus hijos, que estaban dispersos \u2013nos dice la Constituci\u00f3n LG n. 13\u2013 <em>\u00abenvi\u00f3 Dios a su Hijo, a quien constituy\u00f3 en heredero de todo<\/em> (cf. Hb 1, 2), para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos. Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios. Para esto, finalmente, envi\u00f3 Dios al Esp\u00edritu de su Hijo, Se\u00f1or y Vivificador, quien es para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes el principio de asociaci\u00f3n y unidad en la doctrina de los Ap\u00f3stoles, en la mutua uni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en las oraciones (cf. Act 2, 42)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos prescindir de esta clave, la presencia de Cristo y de su Esp\u00edritu en la Iglesia como vida interior de la misma y como fuerza que aglutina a sus miembros y les hace participar y nutrirse de esa vida. A partir de aqu\u00ed es como podemos comprender que la Iglesia sea comunidad de los que oran.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso son necesarias las reflexiones que voy a hacer, antes de llegar al punto central de mi exposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfC\u00f3mo es la \u00abactualidad\u00bb de la Iglesia?<\/h2>\n\n\n\n<p>Para un fil\u00f3sofo de hoy, Xavier Zubiri, la acci\u00f3n hist\u00f3rica primaria consiste en \u00abhacer un poder\u00bb, en crear un modo de poder vivir que antes no exist\u00eda. Este modo de vivir llega a ser formalmente hist\u00f3rico cuando se convierte en h\u00e1bito de existencia para un grupo humano. \u00abActualidad\u00bb en esta misma l\u00ednea es nuestra existencia cotidiana, nuestros h\u00e1bitos, costumbres, valores, ciencias, descubrimientos, \u00ablos nuestros\u00bb, los que hemos hecho posibles nosotros. Esta es la forma de entender la actualidad seg\u00fan la visi\u00f3n personalista del hombre y de la historia. Actualidad como conjunto de h\u00e1bitos sociales de todo orden, pol\u00edticos, cient\u00edficos, t\u00e9cnicos, estimativos, etc. Pensadores del campo hist\u00f3rico analizan cu\u00e1ndo la vida y la cultura empiezan a ser \u00abactuales\u00bb, \u00abnuestros\u00bb, cu\u00e1ndo comienza lo que llamamos \u00abnuestro tiempo\u00bb, y buscan la respuesta en los campos concretos del hacer del hombre: filosof\u00eda, f\u00edsica, matem\u00e1tica, arquitectura, pintura, econom\u00eda, literatura, t\u00e9cnica, medicina&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo es la actualidad de la Iglesia de Cristo? Su actualidad est\u00e1, por una parte, \u00abfuera\u00bb de la historia, en el Esp\u00edritu de Dios que se\u00f1orea la historia en un hoy eterno. \u00abResucit\u00f3 de entre los muertos, subi\u00f3 a los cielos y all\u00ed est\u00e1 sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso\u00bb rezamos en el Credo. La diestra de Dios, el Trono de Dios es el s\u00edmbolo de la Majestad de Dios; all\u00ed recibido, en la soberan\u00eda de \u00abAquel que es\u00bb, vive por siempre Jesucristo, Primog\u00e9nito de toda criatura y Cabeza de la Iglesia. Por otra parte, est\u00e1 dentro de la historia, en la vida de cada hombre que hace \u00absuya\u00bb, \u00abactual\u00bb en su sentido temporal, la vida nueva que la Iglesia ofrece siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo nos ha sido revelado en Cristo, Se\u00f1or de la historia. Cristo ayer, hoy y siempre. Nuestra actualidad cristiana est\u00e1 en hacer poder vivir en nosotros a Cristo. <em>Vivid, pues, seg\u00fan Cristo Jes\u00fas, el Se\u00f1or, tal como le hab\u00e9is recibido, enraizados y edificados en \u00c9l; apoyados en la fe, tal como se os ense\u00f1\u00f3, rebosando en acci\u00f3n de gracias<\/em> (Col 2,6). San Pablo, el predicador de la existencia cristiana, nos expone clar\u00edsimamente que al hacernos cristianos recibimos en nosotros una nueva manera de ser y, por tanto, de vivir. Esta tiene que adue\u00f1arse, aqu\u00ed y ahora, en nuestra circunstancia concreta, en nuestra situaci\u00f3n hist\u00f3rica, de cuanto somos: cuerpo, esp\u00edritu, profesi\u00f3n, actividades, cualidades diversas. Se tiene que adue\u00f1ar para imprimir su sello propio y definitivo. Como el esp\u00edritu, la psique, informa la condici\u00f3n org\u00e1nica, as\u00ed he de irme modelando por Cristo seg\u00fan su propia imagen<em>. <\/em><em>Por lo dem\u00e1s, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados seg\u00fan su designio. Pues a los que de antemano conoci\u00f3, tambi\u00e9n los predestin\u00f3 a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera \u00c9l el primog\u00e9nito entre muchos hermanos<\/em>(Rm 8, 28-29). Todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Se\u00f1or,<em>nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez m\u00e1s gloriosos, conforme a la acci\u00f3n del Se\u00f1or, que es Esp\u00edritu<\/em>(2Cor 3, 18).<\/p>\n\n\n\n<p>La actualidad de la Iglesia se expresa en la transformaci\u00f3n concreta de la vida del hombre que se convierte a Cristo. \u00abNacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Esp\u00edritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatol\u00f3gica y de salvaci\u00f3n, que s\u00f3lo en el siglo futuro podr\u00e1 alcanzar plenamente. Est\u00e1 presente ya aqu\u00ed en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena, que tienen la vocaci\u00f3n de formar en la propia historia del g\u00e9nero humano la familia de los hijos de Dios, que ha de ir aumentando sin cesar hasta la venida del Se\u00f1or. Unida ciertamente por raz\u00f3n de los bienes eternos y enriquecida con ellos, esta familia ha sido constituida y organizada por Cristo como sociedad en este mundo y est\u00e1 dotada de los medios adecuados propios de una uni\u00f3n visible y social. De esta forma, la Iglesia, entidad social visible y comunidad espiritual, avanza juntamente con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo, y su raz\u00f3n de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios dispone de su Iglesia para hacerse presente: <em>estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo<\/em> (Mt 28, 20); la ha tomado a su servicio en orden a actualizar su palabra salv\u00edfica en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDios ha pronunciado esta Palabra de una vez para siempre, y ya nunca volver\u00e1 a pronunciar una nueva palabra reveladora superior a ella; propiamente hablando, tampoco la repite, sino que la actualiza constantemente en la historia; pero s\u00f3lo consigue su objeto cuando es aceptada en fe por la Iglesia \u2013representada, en primer lugar, por los testigos del Resucitado\u2013. Y s\u00f3lo alcanza su presencia constante en la historia cuando la Iglesia reconoce, testifica, anuncia y vive esta fe. Es Dios mismo el que crea esta presencia audible y visible de su palabra reveladora en el mundo al hacer que llegue a la fe de la Iglesia y que esta fe aparezca de una manera perceptible en la historia. Es Dios mismo quien crea la Iglesia como presencia permanente de la revelaci\u00f3n acontecida en Cristo. Esto equivale a decir que la Iglesia no es tan s\u00f3lo el sujeto receptor de la revelaci\u00f3n, sino que ella misma toma parte en la actualizaci\u00f3n de esa revelaci\u00f3n. En efecto, la fe, la confesi\u00f3n, el testimonio, la predicaci\u00f3n, la doctrina, los sacramentos, la vida cristiana, aunque causados y sostenidos por la gracia de Dios, son tambi\u00e9n siempre la actividad humana de la Iglesia. As\u00ed pues, Dios actualiza su palabra revelada, pronunciada de una vez para siempre en Cristo, haciendo suya, suscitando y dirigiendo la actividad de la Iglesia; no la actualiza al margen de la Iglesia, sino en la Iglesia y por la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.Evidentemente, la Iglesia no actualiza la revelaci\u00f3n por su poder personal, su actividad no es un sustitutivo de la actividad de Dios, est\u00e1 puesta a su servicio. La revelaci\u00f3n no es algo que sucede continuamente, sino algo que se hace presente continuamente. La Iglesia no espera ya ninguna revelaci\u00f3n nueva superior a la revelaci\u00f3n que tuvo lugar en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Revelaci\u00f3n hecha por Jesucristo pone de relieve<br>lo que es la Historia de la Salvaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Cristo est\u00e1 en el centro; todo cuanto le precede conduce a \u00c9l, lo que le sigue ser\u00e1 su expansi\u00f3n. Cada hombre tiene que hacer suya, en su momento, en su historia personal, la redenci\u00f3n; as\u00ed ser\u00e1 sal de la tierra y luz del mundo. Esta es la renovaci\u00f3n que tenemos que realizar los cristianos. Esto es lo que realmente har\u00e1 cambiar al mundo. S\u00f3lo por ella los hombres dejar\u00e1n de verse como enemigos, actuar\u00e1n todav\u00eda m\u00e1s que con justicia, con amor y misericordia, tendr\u00e1n hambre y sed de justicia y de verdad, padecer\u00e1n persecuci\u00f3n por la justicia y dar\u00e1n los bienes de los que son administradores. A medida que el hombre realiza la exigencia del Serm\u00f3n de la monta\u00f1a surge un nuevo orden que excede a toda \u00e9tica. Leamos el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a&#8230; \u00bfPodemos pensar y obrar de esa manera que nos dice Cristo? \u00bfDominar la violencia mediante la bondad? \u00bfCorresponder a la hostilidad con amor? \u00bfHacer \u00abnuestra justicia\u00bb a la luz de la caridad? \u00bfSer renovados hasta tal punto por las exigencias de la buena nueva que no pongamos condiciones? S\u00f3lo la fe nos puede lanzar a vivirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda de Pentecost\u00e9s despierta la conciencia cristiana de la historia. Cristo es introducido <em><strong>en<\/strong><\/em> los corazones, <em><strong>en<\/strong><\/em> la vida, por el Esp\u00edritu Santo; la fe es la \u00fanica puerta que conduce a Dios. Las mismas personas que antes de Pentecost\u00e9s se han escondido temerosamente, se presentan con una fuerza vigorosa y nueva: es el Esp\u00edritu del Se\u00f1or que les hace proclamar con seguridad y valent\u00eda la resurrecci\u00f3n de Cristo a riesgo de todo. <em>Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Se\u00f1or y Cristo a este Jes\u00fas, a quien vosotros hab\u00e9is crucificado<\/em> (Act 2, 36). Es la existencia nueva, el hombre nuevo en el que brota por el Esp\u00edritu el amor, la comunidad de vida, la comunidad de todo lo bueno. <em>Vivo, pero no, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed<\/em> (Gal 2, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano tiene que insertar a Cristo en su vida diaria, en la acci\u00f3n cotidiana, en los encuentros con el pr\u00f3jimo, en la actitud ante la Providencia y el destino. Tiene que aplicar la visi\u00f3n divina del hombre y de su destino a las situaciones concretas particulares. En el Evangelio est\u00e1 la exposici\u00f3n del pensamiento de Dios sobre el hombre. No podemos hacer del hombre lo que queramos. Su dignidad, su valor, su destino, escapan a esa actualidad que nosotros construimos. No es creaci\u00f3n del hombre, como piensan Marx y Sartre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abY ser cristiano es creer no s\u00f3lo que esos acontecimientos divinos se han realizado ya, sino que vivimos en plena historia santa, que vivimos en un mundo donde Dios sigue actuando y que, seg\u00fan la hermosa f\u00f3rmula del ex\u00e9geta protestante Cullmann, los sacramentos son la continuaci\u00f3n, en el tiempo de la Iglesia, de las grandes obras de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Esta es la magn\u00edfica realidad que proclamamos. Lo \u00fanico que decimos a marxistas y humanistas ateos es que dejan de percibir la dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la existencia humana: lo que Dios realiza en el hombre; y lo que, finalmente, les reprochamos es que son superficiales, es decir, que en el hombre rozan s\u00f3lo la superficie y no descienden a los abismos de la existencia. A medida que estudio m\u00e1s el marxismo, m\u00e1s me impresiona su car\u00e1cter espantosamente superficial. Pueden encontrarse en \u00e9l cosas de valor en el plano del mundo de las apariencias, en el plano de la dial\u00e9ctica de la vida econ\u00f3mica, por ejemplo; pero prescinde de lo que constituye el aspecto m\u00e1s esencial del hombre. Y por este motivo, cuando rechazamos el marxismo, tenemos clara conciencia de que lo que defendemos no es solamente a Dios, sino al hombre. El hombre en la plenitud de su dimensi\u00f3n, es decir, en su triple relaci\u00f3n con el mundo, con los dem\u00e1s y con Dios. Por eso nunca traicionaremos la tarea de afirmar la dimensi\u00f3n divina de la existencia humana, porque esa dimensi\u00f3n nos parece constitutiva del \u00fanico humanismo integral, el \u00fanico que hace plena justicia a la dignidad de la naturaleza humana\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En Cristo se nos revela el fondo \u00faltimo de nuestro destino. El Hijo de Dios mismo vino a tomar nuestra humanidad para levantarla hasta el Padre y sumergirla en los abismos de su vida. De esto habla la fiesta del Corpus Christi que acabamos de celebrar: la alegr\u00eda del hombre salvado y redimido que presiente la plenitud de la vida que participar\u00e1 en Cristo. \u00a1Qu\u00e9 amor debe haber en Dios hacia el hombre que as\u00ed lo asume en el misterio que indicamos al decir en el Credo que Cristo est\u00e1 sentado a la diestra de Dios Padre! Realmente, s\u00f3lo en Cristo se nos revela plenamente el misterio mismo de lo que somos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLos cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, est\u00e1n, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto m\u00e1s se acrecienta el poder del hombre, m\u00e1s amplia es su responsabilidad individual y colectiva. De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificaci\u00f3n del mundo, ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo es el mismo en todos, pero en cada persona se expresa diversamente, de tal forma, que desarrolla la naturaleza propia de cada uno. La presencia de Cristo en el hombre constituye la interioridad cristiana, su presencia est\u00e1 en todos los que creen en \u00c9l y de ello resulta una comunidad de vida. Por esta vida surgida de Dios estamos emparentados, formamos la familia de los hijos de Dios entre los que Cristo est\u00e1 como el Primog\u00e9nito entre muchos hermanos. Uni\u00f3n que es el fundamento moral del Serm\u00f3n de la monta\u00f1a y es oraci\u00f3n en el Padre nuestro, expresi\u00f3n clara de la familia cristiana, el \u00abnosotros\u00bb cristiano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, plenitud de Cristo<br>que por el Esp\u00edritu act\u00faa en la historia<\/h2>\n\n\n\n<p>El Esp\u00edritu hace que el hombre se penetre de una verdad que por s\u00ed no ser\u00eda capaz de comprender, que se despierte en \u00e9l un modo de ver del que no ser\u00eda capaz de otro modo, que sienta una proximidad a Dios a la que nunca podr\u00eda llegar. \u00bfQu\u00e9 eran los Once ap\u00f3stoles antes del gran acontecimiento de Pentecost\u00e9s? \u00a1Qu\u00e9 distinta es despu\u00e9s su actuaci\u00f3n! Hablan y se adelantan a todo precisamente en los d\u00edas en que en Jerusal\u00e9n pululan hombres de todas partes. El contenido de su mensaje es Cristo, y las gentes van sintiendo que hay algo nuevo y distinto en ellos. Antes estaban con Cristo, en torno a \u00c9l, iba delante de ellos; pero ahora est\u00e1 en ellos, viven de un \u00abAliento de vida\u00bb com\u00fan. Son Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo eligi\u00f3 a los Doce, les confi\u00f3 su Reino, llama a Pedro fundamento de piedra en el que \u00c9l iba a edificar su Iglesia, dispone la Eucarist\u00eda como centro y misterio de vida y uni\u00f3n. Todo esto es la preparaci\u00f3n, la base. En Pentecost\u00e9s nace la Iglesia. \u00abConsumada, pues, la obra que el Padre confi\u00f3 al Hijo en la tierra, fue enviado el Esp\u00edritu Santo en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s para que indeficientemente santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Esp\u00edritu\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEsta no es una instituci\u00f3n inventada y construida, sino un ser vivo; nacido de un acontecimiento que es a la vez divino y humano, el de Pentecost\u00e9s. Vive a trav\u00e9s del tiempo; llegando a ser, como llega a ser todo lo humano; transform\u00e1ndose, como se transforma todo lo hist\u00f3rico, en tiempo y destino; y, sin embargo, sigue siendo siempre la misma en esencia, y su contenido es Cristo. A partir de aqu\u00ed se decide el modo como hemos de entenderla. Mientras veamos a la Iglesia s\u00f3lo como una organizaci\u00f3n que sirve a fines determinados; como una autoridad que se opone a la libertad individual; como un acuerdo entre aquellos que tienen el mismo modo de ver y sentir en las cosas religiosas, no tenemos todav\u00eda la relaci\u00f3n justa de ella. Sino que ella vive, y nuestra relaci\u00f3n con ella debe ser tambi\u00e9n vida\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cristo m\u00edstico del que est\u00e1 lleno el mensaje de San Pablo no se dirige s\u00f3lo al interior del creyente aislado, se cierne sobre toda la humanidad. En esa interioridad participan y se comunican todos los que viven de la misma vida y el mismo Esp\u00edritu. \u00abTodos los hombres son llamados a formar parte del Pueblo de Dios. Por lo cual este Pueblo, siendo uno y \u00fanico, ha de abarcar el mundo entero y todos los tiempos, para cumplir los designios de Dios, que cre\u00f3 en el principio una sola naturaleza humana, y determin\u00f3 congregar en un conjunto a todos sus hijos, que estaban dispersos. Para ello envi\u00f3 Dios a su Hijo, a quien constituy\u00f3 heredero universal, para que fuera Maestro, Rey y Sacerdote nuestro, Cabeza del nuevo y universal pueblo de los hijos de Dios. Para ello, por fin, envi\u00f3 al Esp\u00edritu de su Hijo, Se\u00f1or y Vivificador, que es para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes principio de asociaci\u00f3n y de unidad en la doctrina de los ap\u00f3stoles y en la uni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia que surge el d\u00eda de Pentecost\u00e9s es una solidaridad viviente. Por este acontecimiento la ra\u00edz de la existencia humana ha sido captada por Cristo y los individuos son miembros de este todo que es independiente de ellos. Conocemos las dos met\u00e1foras de que se sirve San Pablo, la que habla del cuerpo y de los miembros y la que habla del templo. La potencia que conforma en ambos casos es el Esp\u00edritu Santo \u00ab\u00c9l es el Esp\u00edritu de la vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4, 14; 7, 38-39), por quien vivifica el Padre a todos los muertos por el pecado hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cf. Rm 8, 10-11). Hace rejuvenecer a la Iglesia, la renueva constantemente y la conduce a la uni\u00f3n consumada con su Esposo. Pues el Esp\u00edritu y la Esposa dicen al Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00a1Ven! Y as\u00ed se manifiesta toda la Iglesia como <em>una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es la plenitud de Cristo, plenitud de gracia que obra en la historia, misterio de la unidad de Dios con su creaci\u00f3n realizada por Jesucristo, en la que vive como el Camino, la Verdad y la Vida. Misterio de creaci\u00f3n siempre nuevo y actual en cada hombre. Madre que engendra continuamente vida de Dios. Realidad hist\u00f3rica que se pone ante el hombre porque no est\u00e1 en un apartamiento m\u00edstico, sino en el tiempo. Dichoso quien no se escandaliza de ella; quien la encuentra puede ver en ella lo eterno. Puede percibir en ella la irradiaci\u00f3n del Cristo interior. La Iglesia es misterio de la fe, que s\u00f3lo puede vivirse y captarse con amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta Iglesia es Iglesia en el mundo. Por eso su situaci\u00f3n puede describirse con una f\u00f3rmula muy expresiva, diciendo que est\u00e1 en el mundo, pero que no es del mundo. \u00abLa Iglesia \u2013como dice Heinrich Schlier\u2013 est\u00e1 en medio del mundo \u2013\u00bfd\u00f3nde habr\u00eda de estar si no?\u2013, es decir, en medio de la humanidad, que se desmorona hacia el pecado, el enga\u00f1o y la muerte. Ha sido enviada al mundo en favor del mundo. Pero en su ser \u00edntimo no comparte su mentalidad ni sus tendencias. Respecto a ellas es \u201cextranjera\u201d, por ello se ve atacada de manera creciente. En el Apocalipsis se nos presenta al mundo que se constituye en la anti-iglesia. Seg\u00fan San Pablo, el Hijo de la perdici\u00f3n se sienta en el templo de Dios, present\u00e1ndose como si fuera Dios (2Tes 2, 4). Tambi\u00e9n en la herej\u00eda que surge en el seno de la Iglesia, act\u00faa de manera corruptora el esp\u00edritu del mundo. La Iglesia que est\u00e1 en el mundo, pero que no es del mundo, es esencialmente la Iglesia agobiada, perseguida y doliente. En este punto coinciden todos los escritores del Nuevo Testamento. La Iglesia, esbozada en el grupo de disc\u00edpulos del Jes\u00fas terreno, participa de este destino. La Iglesia de Lucas y de Juan, de Pablo (Hb), de Pedro (1\u00aa carta) y del Apocalipsis es en gran medida una Iglesia de m\u00e1rtires. En efecto, su Se\u00f1or, cuyas huellas, sigue, es el Crucificado, y ella comparte su pasi\u00f3n, en la cual todav\u00eda falta algo. Por eso no debe \u201cextra\u00f1arse\u201d ante el dolor. Cuando \u00e9ste sobreviene, no ocurre \u201cnada extra\u00f1o\u201d. Pero en medio del dolor y las persecuciones es tambi\u00e9n una Iglesia \u201cque tiene paz\u201d. Nunca ser\u00e1 liquidada por el mundo, sino que permanece hasta el fin\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Finalidad y actividad de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>La actividad de la Iglesia desemboca en el amor de Dios, que constituye, a su vez, el punto de partida y su plano de sustentaci\u00f3n. La paz escatol\u00f3gica se hace ya realidad por medio de la Iglesia. Es despreciada, perseguida, pobre y humillada, pero la realizaci\u00f3n de su misi\u00f3n no depende de nada de lo que el mundo llama valores, riquezas y logros sociales. S\u00f3lo de la voluntad de Dios que ha de ser hecha por los que formamos la Iglesia. Dios no hace directamente su querer en el mundo, no da directamente su amor. Lo hizo y lo dio plenamente Cristo; y ahora somos cada uno de nosotros, miembros de su Iglesia, hijos suyos por Cristo, los que hemos de realizar su voluntad y comunicar su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa finalidad de la Iglesia no puede deducirse de sus apariencias exteriores. Es innegable que tambi\u00e9n desde esta perspectiva se pueden afirmar cosas muy positivas, y hasta habr\u00e1 que hacerlo por amor a la veracidad hist\u00f3rica. En el decurso de los siglos, la Iglesia ha contribuido grandemente y de manera muy valiosa a la educaci\u00f3n de la humanidad, a su cultura, a su formaci\u00f3n moral y a la mitigaci\u00f3n de sus necesidades corporales y espirituales. Pero todo esto es secundario y carece de sentido si no va vinculado a su finalidad hist\u00f3rico-salv\u00edfica. El sentido de la Iglesia no es constatable en una mera dimensi\u00f3n intramundana, no es un factor m\u00e1s en la evoluci\u00f3n del mundo a partir de su propia realidad, sino que encuentra su fundamento en la presencia inmerecida e imprevisible \u2013en este e\u00f3n\u2013 de la gracia de Dios, cuya bondad y benignidad para los hombres ha aparecido corporalmente en Cristo como sabidur\u00eda divina y que, por medio de la Iglesia, desenmascara y revela como una insensatez a las potencias y a los poderes del mundo. La Iglesia, en efecto, vive del amor de Dios y para el amor de Dios; pero el amor no tiene otro sentido que la existencia en el altruismo de la entrega. De este modo, la Iglesia es insertada en el <em>mysterium salutis, <\/em>que es para el creyente una realidad insondable y motivo de contradicci\u00f3n. El sentido y la finalidad de la Iglesia resultan de su propia existencia, que es uno de los art\u00edculos de la confesi\u00f3n de fe y que, en virtud de su estructura confesional, es alabanza del Padre en el Hijo por el Esp\u00edritu Santo en la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la Iglesia de Cristo. Da\u00f1o le hacen los que quieren reducir su eficacia a meras realizaciones sociales, los que le exigen ser juez en sus enfrentamientos, los que prescinden de su finalidad espec\u00edfica. Las soluciones a estos problemas corresponden a los t\u00e9cnicos del orden temporal. Si con hondura se busca el bien y la verdad de los hombres, s\u00ed que es la Iglesia la que ofrece una \u00abvida nueva\u00bb, en la que tangiblemente \u00abpor sus frutos se conocer\u00e1n\u00bb. Y da\u00f1o le hacen los que la consideran como una realidad alejada, abstracta, et\u00e9rea, cuyo mensaje y riqueza no \u00absirven\u00bb para la vida. La Iglesia es viva en sus miembros, y cada uno de ellos tiene que revelar a Cristo, tiene que crecer continuamente en ellos la libertad, la verdad, la apertura del coraz\u00f3n, la comprensi\u00f3n de la fraternidad de todos los hombres bajo el mismo Padre. No puede el cristiano exiliar del dominio de lo visible su vida de fe; necesariamente ha de dar frutos de buenas obras. Esa es la victoria que realmente puede vencer al mundo (cf. 1Jn 5, 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Ser miembro de la Iglesia, miembro vivo, significa no realizar ese repliegue, sino levantar, con el esfuerzo cotidiano, la realidad de Cristo, su obra, su fundaci\u00f3n, frente a la realidad violenta del mundo. Hay un falso laicismo, una ruptura entre las actividades humanas de un lado y Dios de otro, que son destructores de la religi\u00f3n y del hombre. El que no vivamos lo que nos exige el Evangelio es otra cosa, pero la soluci\u00f3n no est\u00e1 en evasiones, sino en el examen y conversi\u00f3n sincera de cada uno. Todo cristiano que vive realmente la vida de la Iglesia se transforma \u00e9l, y como hemos visto, sus actuaciones contribuir\u00e1n a la verdad, justicia y paz.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es la apertura del ser de Dios para el mundo; trae al mundo la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de su ministerio. El que llega a ella encuentra su misterioso mundo interior, que se manifiesta en la Eucarist\u00eda, en los Sacramentos, en los santos, en la verdad supra-hist\u00f3rica de sus dogmas. Si su coraz\u00f3n es \u00ablimpio\u00bb puede verla, o\u00edrla, palparla; si su coraz\u00f3n est\u00e1 dispuesto al aut\u00e9ntico amor, la descubrir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Se requiere disposici\u00f3n interior, claridad de mirada, coraz\u00f3n que ama justamente y no quiere sino la verdad. Ciertamente, ve sus luces y sombras, sus defectos e inconvenientes, la falta de esp\u00edritu, el af\u00e1n de dominio, la superficializaci\u00f3n, pero sabe que el ser as\u00ed forma parte de su misterio. Cristo se expresa a S\u00ed mismo en ella, entrando en el tiempo, en lo humano. El Cuerpo M\u00edstico de Cristo tiene esa mezcla de grandeza y miseria, de fuerza y debilidad, llevamos ese tesoro en vasos de barro, al incorporarnos a nosotros, cada uno con nuestra carga personal, a la extensi\u00f3n de su reino. Hay que percibir su palabra por encima de todo y surge la fe en ella, la esperanza en ella y el amor en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia es cada uno de nosotros. Cada cual de nosotros revela a Cristo y cada cual le vela. Nunca debemos hablar de ella como si estuviera ah\u00ed fuera, y aqu\u00ed nosotros. Como si nosotros \u2013es decir, yo\u2013 pudi\u00e9ramos considerarla y analizarla, enjuiciarla, establecer responsabilidades y defectos. Siempre debo incluirme a m\u00ed mismo en la imagen que me hago de ella; debo aplicarme a m\u00ed mismo el juicio que emita sobre ella. Entonces se har\u00e1n diversos la imagen y el juicio, igual que cuando hablo de los defectos de alguien con quien estoy unido vitalmente. Dir\u00e9 lo que es verdad, y rechazar\u00e9 lo que es incorrecto; pero todo ello permanecer\u00e1 en la inclusi\u00f3n, en el amor. S\u00f3lo entonces penetraremos m\u00e1s hondamente en la esencia de esa misteriosa realidad que marcha por la historia desde hace ya dos mil a\u00f1os: amada como nunca ha sido amado nada en la tierra, pero tambi\u00e9n odiada y perseguida como nunca ha sufrido nadie el odio y la persecuci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Esp\u00edritu habita en la Iglesia y en ella ora<\/h2>\n\n\n\n<p>Llego al punto central hacia el que confluye toda mi exposici\u00f3n anterior: \u00abEl Esp\u00edritu habita en la Iglesia y en los corazones de los f\u00edeles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de la adopci\u00f3n de hijos\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>. La vida de la Iglesia es la vida de Dios, \u00e9sta es la que ella comunica por Cristo en el Esp\u00edritu Santo. Y la vida de Dios es esencialmente oraci\u00f3n, amor, gozo, gratitud, deseo que se colma. Es comunicaci\u00f3n porque Dios se expresa por el Verbo, que es su misma esencia y es as\u00ed Padre e Hijo. Su Verbo se nutre del Amor, que tambi\u00e9n es su esencia, el Esp\u00edritu Santo. Y a su vez el Hijo le \u00abcontesta\u00bb. Su respuesta es entrega total en el mismo Amor, en el mismo Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la forma pura, absoluta, perfecta de contemplar y entregarse: comuni\u00f3n del Ser como comuni\u00f3n de Vida. S\u00ed, Dios es comunicaci\u00f3n, esencialmente oraci\u00f3n, en su m\u00e1s profundo, radical y genuino sentido. Es la m\u00e1s sublime y profunda concepci\u00f3n y comprensi\u00f3n de la oraci\u00f3n: \u00abComo un fluir y refluir de vida, como silencio abismal y suprema acci\u00f3n. Como \u00faltima realizaci\u00f3n y realidad del ser divino. Como la bienaventurada y amorosa armon\u00eda, en la que los tres son \u201cUn\u201d Dios, siendo cada uno de, por y para los otros dos\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la oraci\u00f3n es la misma vida del cristiano, la ra\u00edz de su ser, el m\u00e1s profundo y constitutivo n\u00facleo de su personalidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene que ser consciente y abrirse a esa realidad, la \u00fanica y gran realidad. Si la ra\u00edz que nutre la planta est\u00e1 sana y vigorosa, su savia vivificar\u00e1 toda la planta, pero si la ra\u00edz no tiene vida se secar\u00e1. <em>El Padre busca adoradores en esp\u00edritu y en verdad<\/em> (Jn 4, 23). Somos los miembros de Jesucristo en el Esp\u00edritu y en Verdad; la propia Verdad y el Esp\u00edritu est\u00e1n en nosotros, son nuestra naturaleza divino-humana. Mientras vivimos en Cristo, como dec\u00edamos anteriormente, no ante Cristo, en torno a Cristo, tras Cristo, vivimos de un Aliento de Vida com\u00fan, se verifica en nosotros la vida trinitaria; la divina oraci\u00f3n es nuestra propia oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todo ello no es algo que nos cae del cielo. Para conseguirlo tenemos que injertarnos \u2013<em>Yo soy la vid; vosotros los sarmientos <\/em>(Jn 15, 5)\u2013, tenemos que contemplar, conversar, comunicar, responder. <em>Este pueblo se me ha allegado con su boca, y me ha honrado con sus labios, mientras que su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de M\u00ed<\/em> (Is 29, 13). La oraci\u00f3n en el cristiano es el di\u00e1logo con Dios, comuni\u00f3n en el amor y en la palabra, expresi\u00f3n de su uni\u00f3n con Cristo y se\u00f1al de que Dios le acepta como hijo. La hace en nombre de Cristo, en el amor del Esp\u00edritu Santo. Es glorificaci\u00f3n del nombre del Padre y del nombre del Hijo, nuestro Redentor, y es entrega total por parte del hombre a Aquel de quien recibe todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n del cristiano, hijo de Dios, como la de Cristo, el Hijo de Dios, se funda en la certeza del amor del Padre y se expresa en alabanza, acci\u00f3n de gracias y petici\u00f3n. <em>La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que clama \u00a1Abba, Padre!<\/em> (Gal 4, 6).<\/p>\n\n\n\n<p>La esencia de la oraci\u00f3n, dice Dani\u00e9lou, es descubrir el esplendor de la Trinidad, que es el arquetipo de toda belleza y amor, ser conscientes de que la Trinidad habita en nosotros y nos reclama para el mismo intercambio de amor que Ella vive. \u00abEn la Trinidad se nos revelan las \u00faltimas profundidades de lo real, el misterio de la existencia. Ella constituye el principio y origen de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n; por otra parte, todas las cosas le son finalmente referidas en el misterio de la alabanza y de la adoraci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, en definitiva. Ella es la que proporciona a todo su consistencia. Todo lo dem\u00e1s procede de Ella y a Ella tiende. En consecuencia, la conversi\u00f3n esencial es la conversi\u00f3n que nos hace pasar del mundo visible, que nos solicita desde el exterior, a ese mundo invisible, interior, que es a la vez soberanamente real, pues constituye el fondo \u00faltimo de toda realidad, y soberanamente santo y admirable, por ser fuente de toda beatitud y de toda alegr\u00eda\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La expresi\u00f3n de esa comunidad \u00edntima y personal con Dios y en Dios es la oraci\u00f3n. Ciertamente, s\u00f3lo el Esp\u00edritu ora como se debe, y \u00c9l viene en ayuda de nuestra debilidad; <em>nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Esp\u00edritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones, conoce cu\u00e1l es la aspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu, y que su intercesi\u00f3n a favor de los santos es seg\u00fan Dios <\/em>(Rm 8, 26-27). Vivir en Cristo y no orar es un contrasentido. Orar y amar es una correlaci\u00f3n exacta. No podemos vivir ignorando qui\u00e9nes somos. \u00abNo es peque\u00f1a l\u00e1stima y confusi\u00f3n que por nuestra culpa no nos entendamos a nosotros mismos ni sepamos qui\u00e9n somos. \u00bfNo ser\u00eda gran ignorancia que preguntasen a uno qui\u00e9n es y no conociese, ni supiere qui\u00e9n fue su padre, ni su madre, ni de qu\u00e9 tierra? Pues si esto ser\u00eda gran bestialidad, sin comparaci\u00f3n es mayor la que hay en nosotros cuando no procuramos saber qu\u00e9 cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos y ans\u00ed a bulto, porque lo hemos o\u00eddo y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas; mas, qu\u00e9 bienes puede haber en esta alma o qui\u00e9n est\u00e1 dentro o su gran valor, pocas veces lo consideramos\u00bb<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario entrar dentro de nosotros mismos, hacer callar nuestras ideas, ego\u00edsmos, exigencias, reivindicaciones, para que la Palabra de Dios, la Vida misma de Dios no quede sofocada como la semilla ca\u00edda entre espinas y triturada por las preocupaciones del mundo y la seducci\u00f3n del poder y de las riquezas. Si los hombres oraran surgir\u00eda en su vida una fuerza transformadora, \u00abno se extra\u00f1ar\u00edan de tener que beber el c\u00e1liz de la amargura, del que todos tienen que beber la salvaci\u00f3n de su existencia. Y entonces empezar\u00edan a hacer por s\u00ed mismos lo suyo, por Dios, y por su reino; en el testimonio, en la ayuda al pr\u00f3jimo (hay que buscar primero con el coraz\u00f3n, rezando, para que los ojos lo encuentren), en la ayuda a los lejanos (en las misiones), etc\u00e9tera. Poco a poco barruntar\u00edan algo de la bienaventurada necesidad del amor, que tiene que gastarse en servicio y obediencia a los dem\u00e1s, hasta que se haya devorado y agotado a s\u00ed mismo; y entonces empezar\u00edan tal vez a entender poco a poco el Coraz\u00f3n del Se\u00f1or, el misterio de su amor que brota del incomprensible centro, llamado coraz\u00f3n, de quien es el Verbo de Dios en la carne insondable, juez y salvador, existencia in\u00fatilmente transcurrida y, sin embargo, maravilloso centro de atracci\u00f3n de todas las cosas. Entonces se atrever\u00edan (todav\u00eda m\u00e1s despacio, casi con verg\u00fcenza y humildemente) a esperar que los sentimientos y aspiraciones del propio coraz\u00f3n, inclinado de suyo al mal, fueran un poco pose\u00eddos y configurados por el amor de ese Coraz\u00f3n que mueve el sol y las dem\u00e1s estrellas del mundo-tiempo. Tal vez se consagrar\u00edan a este amor con recogido coraz\u00f3n al principio de cada jornada, le consagrar\u00edan su vida y el don del nuevo d\u00eda\u00bb<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, comunidad en oraci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia vive del amor, hijo de la unidad de la vida que anima a todos los miembros de la propia Iglesia. De \u00e9l habla San Pablo en la primera carta a los Corintios a ra\u00edz de diferencias all\u00ed surgidas por causa de celos de car\u00e1cter espiritual. Todo es obra de un \u00fanico y mismo Esp\u00edritu. Hay diversos carismas, ministerios, operaciones, pero es el mismo amor de Dios que obra en todos (1Cor 12). Una sola fuerza que todo lo produce, el Esp\u00edritu Santo, y una sola figura que se manifiesta. Cristo. De ello surge la unidad de la Iglesia. En ella un don tiene la primac\u00eda: el Amor, que no tiene ninguna funci\u00f3n especial, porque est\u00e1 en el centro y en la ra\u00edz del organismo creado por Dios, a disposici\u00f3n de todos para ser todo en todos. Por eso en la misma carta, San Pablo, y a continuaci\u00f3n, en el cap\u00edtulo 13, escribe el c\u00e9lebre elogio del amor. No se trata del amor de una persona a otra, sino de una fuerza unificadora que fluye de todos los miembros. Amar significa aqu\u00ed ser Iglesia, formar parte de ella, dejarse penetrar de la corriente de vida que por ella fluye y transmitirla a otros. <em>Revest\u00edos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entra\u00f1as de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soport\u00e1ndoos unos a otros y perdon\u00e1ndoos unos a otros mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Se\u00f1or os perdon\u00f3, perdonaos tambi\u00e9n vosotros. Y por encima de todo esto, revest\u00edos del amor, que es v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n. Y que la paz <\/em><em>de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella hab\u00e9is sido llamados formando un solo Cuerpo<\/em>(Col 3, 12-15).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este amor, como v\u00ednculo de la comunidad Iglesia, no puede darse si la Iglesia no es comunidad de los que oran. Ella, peregrina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, necesita vigorizarse con la fuerza del Se\u00f1or, descubrir y contemplar el misterio de Cristo, dar testimonio de \u00c9l, pregonar la gloria de Dios, el poder y la sabidur\u00eda de sus manos. S\u00f3lo ella sabe que el verdadero rostro de Dios se descubre en Cristo. Por el Esp\u00edritu que le anima, consigue elevarse y reconocer a Dios como Padre y Salvador. Por ese mismo Esp\u00edritu es capaz de dirigir expresa, voluntaria y libremente su oraci\u00f3n de adoraci\u00f3n y alabanza, de gratitud, de petici\u00f3n y de expiaci\u00f3n. Manifiesta por el Esp\u00edritu que la mueve, las actitudes propias de la oraci\u00f3n verdadera: veneraci\u00f3n, devoci\u00f3n, confianza, perseverancia, abandono a la voluntad de Dios y plena conformidad con \u00c9l, para conservar la unidad del Esp\u00edritu con el v\u00ednculo de la paz. S\u00f3lo contemplando y orando se persuade la comunidad cristiana de que hay <em>un solo Cuerpo y un solo Esp\u00edritu, como una es la esperanza a que hab\u00e9is sido llamados. Un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que est\u00e1 sobre todos, por todos y en todos<\/em> (Ef 4, 4-6).<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el sentido de la Liturgia tal como nos la expresa el Concilio en la Constituci\u00f3n sobre la Sagrada Liturgia. Se propone acrecentar de d\u00eda en d\u00eda entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo lo que est\u00e1 sujeto a cambio, promover todo lo que puede contribuir a la uni\u00f3n de los que creen en Cristo y fortalecer lo que invita a los hombres e incorporarse a la Iglesia. La Liturgia \u00abcontribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los dem\u00e1s, el misterio de Cristo y la naturaleza aut\u00e9ntica de la verdadera Iglesia. Es caracter\u00edstico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acci\u00f3n y dada a la contemplaci\u00f3n, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina, y todo esto de suerte que en ella lo humano est\u00e9 ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n y lo presente a la ciudad futura que buscamos\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La comunidad de la Iglesia eleva su esp\u00edritu para contestar con la adoraci\u00f3n a la obra de Dios: y todo su ser tiende a la eterna y sublime contemplaci\u00f3n de la vida de Dios. En realidad, siempre la Iglesia adora, tanto cuando alaba como cuando expresa su gratitud, cuando expone sus necesidades y peticiones y cuando exp\u00eda suplicante.<\/p>\n\n\n\n<p>Guardini, en su libro <em>La preocupaci\u00f3n por el hombre,<\/em> en el tomo I de <em>Verdad y orden,<\/em> dedicado a \u00abEl principio de las cosas y el Esp\u00edritu de los salmos\u00bb, nos muestra de una manera honda y bell\u00edsima c\u00f3mo la Biblia ritmaba la existencia del hombre entre el trabajo y la adoraci\u00f3n, con los seis d\u00edas que le son dados para ejercer su se\u00f1or\u00edo sobre el mundo, y el s\u00e9ptimo d\u00eda, que es dado para reconocer la soberan\u00eda de Dios. En la paz del d\u00eda del Se\u00f1or la humanidad tiene que deponer su corona de rey de la creaci\u00f3n y elevarse a la adoraci\u00f3n y alabanza del Se\u00f1or. En el misterio de su calma y silencio ha de hacerse visible Dios. De ah\u00ed la importancia del \u00abD\u00eda del Se\u00f1or\u00bb, que celebra la Iglesia ense\u00f1ando a los hombres c\u00f3mo han de volver una y otra vez a poner en claro la ordenaci\u00f3n b\u00e1sica de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia lucha contra el riesgo que corre la sociedad de faltarle ma\u00f1ana la <em>adoraci\u00f3n.<\/em> \u00abEso no forma parte s\u00f3lo de la existencia individual, sino de la civilizaci\u00f3n colectiva. Una ciudad en que solamente hubiera chimeneas de f\u00e1bricas y en que hubieran desaparecido los campanarios de las iglesias ser\u00eda un infierno. Podemos preguntarnos si hoy servir a la civilizaci\u00f3n no es tanto para un joven o una joven entrar en un convento o en un seminario como entrar en un laboratorio. Lo digo desde el simple punto de vista de la civilizaci\u00f3n de ma\u00f1ana y del servicio social. Porque, repetimos, sin la adoraci\u00f3n, la sociedad humana se convierte en un mundo asfixiante. Y \u00e9sta es, sin duda alguna, la amenaza que pesa sobre el mundo de hoy\u00bb<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El misterio de la Iglesia es una copia del misterio de Cristo, que vive siempre en ella. Su vida es la vida del Verbo de Dios, tiene que responder al Padre con la misma Palabra del Hijo: <em>\u00a1He aqu\u00ed que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad<\/em> (Hb 10, 6). Si la esencia de Cristo es eterna oraci\u00f3n: recibir y entregarse al Padre, \u00e9sta ha de ser la suya por Cristo en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Oigamos las palabras del Papa Pablo VI: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hace la Iglesia?, \u00bfpara qu\u00e9 sirve la Iglesia?, \u00bfcu\u00e1l es su momento esencial?, \u00bfcu\u00e1l es su manifestaci\u00f3n caracter\u00edstica?, \u00bfsu actividad plena, que justifica y distingue su existencia? La respuesta brota de los mismos muros de la Bas\u00edlica de San Pedro: oraci\u00f3n. La Iglesia es una sociedad de oraci\u00f3n. La Iglesia es una <em><strong>societas spiritus<\/strong><\/em><em>.<\/em> La Iglesia es la humanidad, que ha encontrado por medio de Cristo \u00fanico y sumo Sacerdote, el modo aut\u00e9ntico de orar, es decir, de hablar a Dios, de hablar con Dios, de hablar de Dios. La Iglesia es la familia de los adoradores del Padre <em>en esp\u00edritu y en verdad\u00bb<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La oraci\u00f3n en la Iglesia, siempre eficaz<\/h2>\n\n\n\n<p>Pienso que esta actitud orante de la Iglesia, con todo lo que la oraci\u00f3n encierra \u2013alabanza, glorificaci\u00f3n, adoraci\u00f3n, s\u00faplica, arrepentimiento, expiaci\u00f3n\u2013 y en todas sus formas \u2013lit\u00fargica, comunitaria, privada\u2013 es lo \u00fanico que sostiene el coloquio de la gratitud con Dios, indispensable para que no quede relegado al olvido por parte del hombre el don de la creaci\u00f3n y el de la redenci\u00f3n. Mientras se mantiene este puente de la gratitud, aunque sea imperfectamente, el plan divino sobre el hombre no se ve turbado nunca del todo y siguen fluyendo, de la bondad de Dios (que es su gloria) y de su misericordia amorosa, las gracias del amor y la esperanza. En realidad, es una hip\u00f3tesis absurda la de imaginarnos que pudiera romperse y desaparecer del todo ese coloquio. Porque en el centro del mismo est\u00e1 ya para siempre Cristo glorioso en su condici\u00f3n de Verbo Encarnado, siempre vivo \u00abpara interceder por nosotros\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00c9l est\u00e1 ya la humanidad que ora, la humanidad que \u00c9l asumi\u00f3. Y su redenci\u00f3n de los hombres, a los que quiso hacer hermanos, ha sido eficaz. Siempre habr\u00e1 hermanos suyos, y \u00e9sta es la Comunidad-Iglesia, grande o peque\u00f1a, que oran con \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En virtud de esta oraci\u00f3n \u2013que alcanza su expresi\u00f3n plena en el sacrificio de la Misa\u2013 est\u00e1n salvados los canales por donde llegan el amor y la esperanza teologales, como frutos del Esp\u00edritu Santo, y la caridad evang\u00e9lica, como exigencia insoslayable en la vida social de los cristianos. No se produce, pues, el espantoso abismo de la soledad, en el que quedar\u00eda hundido el hombre, como un aut\u00e9ntico monstruo, si al ofrecimiento de Dios, manifestado en la Encarnaci\u00f3n redentora de su Hijo Divino, no hubiera respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la grandeza \u00fanica de la oraci\u00f3n de la Iglesia, grandeza de tal majestad y trascendencia que gracias a ella se est\u00e1 continuamente actualizando todo lo que constituye la espec\u00edfica condici\u00f3n que el pueblo cristiano tiene de familia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En algunos casos, el coloquio llega a tal grado de intensidad en la respuesta de las almas, impelidas por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que se producen esas elevaciones m\u00edsticas de las que Santa Teresa de Jes\u00fas y San Juan de la Cruz nos ofrecen ejemplos insuperables.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no despreciemos el vuelo de las avecillas humildes. En la Iglesia, y movidos por el mismo Esp\u00edritu, gracias al cual todos pueden llamar a Dios \u00a1Abba, Padre!, millones de almas adoradoras y suplicantes est\u00e1n siempre manteniendo el mismo coloquio, iniciado, interrumpido mil veces, continuado con amor, recomenzado de nuevo. Brota del coraz\u00f3n de un joven, de un ni\u00f1o inocente, de una familia atribulada, de un enfermo pr\u00f3ximo a la agon\u00eda, de un sacerdote que recita su oficio divino, de una comunidad de religiosas consagradas a Dios, de un monje que une su voz con la de sus hermanos en un coro inefable.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese coloquio se establece sin cesar en el interior del templo, en los caminos perdidos del campo y del mar, entre las estrellas del firmamento, que con el parpadeo de su luz iluminan la noche. En esta Iglesia Santa de Cristo no faltan nunca, nunca jam\u00e1s, las voces de la alabanza y la glorificaci\u00f3n, y basta un solo sacrificio de la Misa, celebrado en cualquier lugar de la tierra, a cualquier hora, por cualquier sacerdote, aun el m\u00e1s indigno, para que en un inmenso altar todos los suspiros de amor, y las l\u00e1grimas del arrepentimiento y la expiaci\u00f3n, y las miradas de la gratitud, y los gestos profundos y conmovidos de la adoraci\u00f3n, y los gritos acongojados que piden remedio para el dolor y la necesidad, sean incorporados a la gran comunidad de los que oran en uni\u00f3n con el divino orante, Jes\u00fas, nuestro Mediador ante el Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>No nos damos cuenta suficientemente de esa operaci\u00f3n silenciosa que sin cesar se realiza en la Iglesia que, por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Esp\u00edritu Santo, tributa honor y gloria a Dios Omnipotente.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la Misa, la liturgia de las Horas, \u00abla voz de la Esposa que habla al Esposo; m\u00e1s a\u00fan, la oraci\u00f3n de Cristo, con su Cuerpo, al Padre\u00bb<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl Sumo Sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza, Cristo Jes\u00fas, al tomar la naturaleza humana, introdujo en este exilio terrestre aquel himno que se canta perpetuamente en las moradas celestiales. \u00c9l mismo une a S\u00ed a la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza. Y esta funci\u00f3n sacerdotal se prolonga a trav\u00e9s de la Iglesia, que sin cesar alaba al Se\u00f1or e intercede por la salvaci\u00f3n del mundo, no s\u00f3lo celebrando la Eucarist\u00eda, sino tambi\u00e9n de otras maneras, principalmente recitando el Oficio Divino\u00bb<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Una \u00faltima reflexi\u00f3n. Sin la oraci\u00f3n as\u00ed entendida, como coloquio del hombre con Dios en la unidad de la Iglesia, las riquezas de la Redenci\u00f3n, los sacramentos, los dones del Esp\u00edritu Santo, al comunicarse a los hombres caer\u00edan sobre ellos como un peso dignificante y glorificador de la humanidad, pero exterior a la misma. Ser\u00edan como fuerzas desencadenadas por una m\u00e1quina poderosa, pero extra\u00f1a al hombre. No entrar\u00edan en juego las respuestas de la libertad y la dignidad humana, que comienzan siempre con el conocimiento, aunque sea parcial, y conducen a asumir una conciencia clara de lo que se nos ofrece, de quien lo ofrece (Dios), y de lo que somos nosotros, los que lo recibimos, pecadores, pero hijos de Dios, redimidos por Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta oraci\u00f3n o coloquio con nuestro Padre, en todas sus formas, en cambio, nos hace movernos, presintiendo, conociendo o gozando con lo que ya somos o podemos ser. A los que somos viadores nos hace hablar el lenguaje de la esperanza, y a los que ya consiguieron la gloria les sumerge en la contemplaci\u00f3n gozosa y exultante de la infinita belleza de Dios, fin \u00faltimo del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>En virtud de esta comunicaci\u00f3n activa de las potencias y actitudes de nuestra alma con Dios, en medio y en comuni\u00f3n con la Iglesia, y siempre por medio de Cristo en su Esp\u00edritu, nos hacemos beneficiarios de todo el rico caudal que fluye sin cesar por los cauces de la gran comuni\u00f3n. Lo dir\u00e9 \u2013y termino\u2013 con las palabras sublimes de Paul Claudel:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo disponemos ya solamente de nuestras propias fuerzas para amar, comprender y servir a Dios, sino de las de todos sus miembros a un tiempo, desde la Virgen bendita en lo m\u00e1s alto de los cielos hasta el pobre leproso africano que lleva una campanilla en la mano y se sirve de una boca medio podrida para balbucear las respuestas de la misa. Toda la creaci\u00f3n visible e invisible, toda la historia, todo el pasado, todo el presente y todo el porvenir, toda la naturaleza, todo el tesoro de los santos multiplicado por la Gracia, todo esto est\u00e1 a nuestra disposici\u00f3n, todo esto es nuestra prolongaci\u00f3n y nuestro magn\u00edfico instrumental. Todos los santos, todos los \u00e1ngeles nos pertenecen. Podemos servirnos de la inteligencia de Santo Tom\u00e1s, del brazo de San Miguel y del coraz\u00f3n de Juana de Arco y de Catalina de Sena y de todos esos recursos latentes que basta que los toquemos para que entren en ebullici\u00f3n. Cuanto se hace de bueno, de grande y de hermoso de un extremo al otro de la tierra, cuanta santidad hay en los hombres, es como si fuera obra nuestra. El hero\u00edsmo de los misioneros, la inspiraci\u00f3n de los doctores, la generosidad de los m\u00e1rtires, el genio delos artistas, la oraci\u00f3n inflamada de las clarisas y de las carmelitas, es como si fu\u00e9semos nosotros; \u00a1es nosotros! Del Norte al Sur, del Alfa a Omega, del Levante al Occidente, todo eso forma uno con nosotros; nosotros nos revestimos de todo esto y lo ponemos en marcha y todo ello en la operaci\u00f3n orquestal que a un tiempo se no revela y nos anonada. Alimento, respiraci\u00f3n, circulaci\u00f3n, eliminaci\u00f3n, apetencia, balance exquisito del debe y del haber, todo esto que en el cuerpo indivisoest\u00e1 confiadoal pueblo cantor de las c\u00e9lulas, todoestoencuentra su equivalenteen el seno deesta inmensa circunscripci\u00f3n de la Cristiandad. Todo cuanto hay en nosotros, sin que apenas nos demos cuenta, la Iglesia lo traduce en vastos rasgos y lo pinta fuera de nosotros en, una escala de magnificencia. Nuestras peque\u00f1as impulsiones ciegas son concordadas, repetidas, interpretadas y desarrolladas por inmensos movimientos estelares. Fuera de nosotros, a distancia astron\u00f3mica, desciframos el texto escrito con caracteres microsc\u00f3picos en lo m\u00e1s profundo de nuestro coraz\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> GS 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Mysterium salutis,<\/em>vol. I\/2.\u00b0, Madrid 1969, 585-586.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Jean Dani\u00e9lou,<em>El esc\u00e1ndalo de la verdad,<\/em>Madrid 1962, 118-119.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> GS 34.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> LG 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Romano Guardini, <em>Verdad y orden,<\/em> Madrid 1960, 122-123.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> LG 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> LG 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Heinrich Schlier, en <em>Mysterium salutis,<\/em> IV\/1\u00ba., Madrid 1973, 222.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Wolfgang Beinert, en <em>Mysterium salutis, <\/em>IV\/1\u00ba., Madrid 1973, 319.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Romano Guardini, <em>Verdad y orden,<\/em> II, Madrid 1960, 135.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> LG 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Franz M. Moschner, <em>La oraci\u00f3n cristiana<\/em>,Madrid 1955, 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Jean Dani\u00e9lou,<em>La Trinidad y el misterio de la existencia<\/em>,Madrid 1969, 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Santa Teresa deJes\u00fas. <em>Moradas primeras,<\/em>I,2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> K. Rahner<em>,<\/em><em>Escritos de teolog\u00eda,<\/em> III, Madrid<sup>3<\/sup> 1968,243-244.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> SC 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>El esc\u00e1ndalo de la verdad,<\/em> Madrid 1962. 209.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> Pablo VI, homil\u00eda en la audiencia general, 22 de abril de 1970.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> SC 84.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> SC 83.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> <em>Paul Claudel interrogue le Cantique des cantiques,<\/em>citado por H. de Lubac<em>,<\/em><em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em>Bilbao 1958, 231-232.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso pronunciado el 29 de junio de 1976 en presencia de S. M. la Reina do\u00f1a Sof\u00eda, en la Catedral Primada de Toledo, con motivo de la inauguraci\u00f3n de la II Semana de Teolog\u00eda Espiritual. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, septiembre de 1976. Reproducido en el volumen Oraci\u00f3n y vida [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[26,51],"doc_tag":[],"class_list":["post-729","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-iglesia","doc_category-la-oracion-del-cristiano"],"year_month":"2026-04","word_count":9274,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. Webmaster","author_nicename":"currante","author_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/author\/currante\/"},"doc_category_info":[{"term_name":"La Iglesia","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/la-iglesia\/"},{"term_name":"La oraci\u00f3n del cristiano","term_url":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs-category\/la-oracion-del-cristiano\/"}],"doc_tag_info":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/docs"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=729"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/729\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":730,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/docs\/729\/revisions\/730"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"doc_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_category?post=729"},{"taxonomy":"doc_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/doc_tag?post=729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}