{"id":727,"date":"2024-09-22T19:02:23","date_gmt":"2024-09-22T17:02:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=727"},"modified":"2024-09-22T19:02:23","modified_gmt":"2024-09-22T17:02:23","password":"","slug":"la-iglesia-pueblo-de-dios","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-iglesia-pueblo-de-dios\/","title":{"rendered":"La Iglesia, Pueblo de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Art\u00edculo publicado en la revista <em>Nuestro Tiempo, <\/em>n\u00fam. 133-134, julio-agosto 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio ha puesto su mirada sobre la Iglesia, sobre su interioridad sagrada, y ha tratado de descubrir las riquezas internas de su ser. No quiere esto decir que no haya prestado atenci\u00f3n a los aspectos visibles y externos de la Iglesia. En realidad, no se puede prescindir de estos aspectos exteriores cuando ellos son tambi\u00e9n parte de la esencia misma de la Iglesia. Lo que ha sucedido es que estos aspectos externos eran m\u00e1s conocidos, y ahora el Esp\u00edritu Santo ha hecho que nos fijemos m\u00e1s en el secreto de la simplicidad espl\u00e9ndida que en la Iglesia se encierra, por ser m\u00e1s necesario para la Iglesia hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha precedido una labor \u2013de muchos a\u00f1os\u2013 de te\u00f3logos y escrituristas, que han iluminado los caminos, y ahora la doctrina sana que ha podido recogerse de todos esos trabajos del pensamiento de la teolog\u00eda queda definitivamente sancionada por la Iglesia con la autoridad suprema con que \u00e9sta puede hacerlo en un Concilio universal.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio ha tratado de descubrir el aspecto entra\u00f1able, interno, vivo de este misterio de la Iglesia de Dios en su marcha por el mundo. Cuando un estudioso quiere hacer un examen de un hecho hist\u00f3rico, de una persona o de un hecho de la naturaleza, puede seguir dos caminos: describirlo en sus aspectos externos o buscar la l\u00ednea interior que da unidad org\u00e1nica a todo aquello. El historiador de la Edad Media, por ejemplo, puede limitarse a describir los siglos en que esa Edad Media se ha realizado, las formas pol\u00edticas predominantes, el pensamiento social de sus hombres, los frutos externos que produjeron. Pero alguien puede hacer este estudio buscando otra raz\u00f3n m\u00e1s profunda que descubra cu\u00e1l fue la animaci\u00f3n interna de este per\u00edodo hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede venir un tercero que haga las dos cosas, y entonces el estudio es completo. Esto es lo que ha sucedido ahora con respecto a la labor del Concilio Vaticano I en relaci\u00f3n con la Iglesia. Ya que hab\u00eda sido fijado de manera esplendorosa y suficientemente clara lo que es la Iglesia en su aspecto jer\u00e1rquico, visible, externo, en el Vaticano I, ahora, sin dejar de prestar atenci\u00f3n a esto \u2013el cap\u00edtulo tercero de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, dedicado a la Jerarqu\u00eda, lo demuestra\u2013, el Concilio profundiza m\u00e1s y, trata de penetrar en esa unidad org\u00e1nica, en esa vida interna que da animaci\u00f3n y unidad a todo este hecho grandioso que es la Iglesia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los fieles cat\u00f3licos que tienen ese sentido de la fe de que habla tambi\u00e9n el Concilio, no hacen separaciones entre lo externo y lo interno. Me refiero a aquello externo que pertenece a la esencia de la Iglesia, como, por ejemplo, su organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica visible. Cuando tienen ese sentido de fe bien orientado y desarrollado saben \u2013con m\u00e1s o menos cultura religiosa\u2013 unir los dos aspectos. Y de esta manera cumplen ellos tambi\u00e9n a su modo lo que el propio Concilio nos dice cuando afirma que en realidad no se pueden separar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos d\u00edas, me encontr\u00e9 con una viejecita de un humilde pueblo de mi di\u00f3cesis de Astorga. Era una mujer enferma que se encontraba precisamente en una cl\u00ednica. No hacen al caso las circunstancias que me llevaron all\u00ed. Esta mujer, ya vencida por la vida, no representa ninguna categor\u00eda humana interesante, seg\u00fan el modo humano de clasificar de interesante o no las cosas que nos encontramos. Esta mujer, cuando vio al Obispo all\u00ed, junto a ella, a pesar de que las circunstancias eran dolorosas, manifest\u00f3 un gozo irreprimible y conmovedor. Con evidente exageraci\u00f3n, que solamente puede ser perdonada en gracia a la delicia de esa ingenuidad de fe que estas mujeres tienen, llegaba a decir esta frase: \u00abAhora ya, pase lo que pase, yo estoy contenta, porque veo al Obispo y el Obispo es Dios\u00bb. Aqu\u00ed est\u00e1 la exageraci\u00f3n por la que muestra su contento. No par\u00f3 en esto, sino que sigui\u00f3 hablando, un poco m\u00e1s nerviosa quiz\u00e1: pero yo atribuyo sus palabras, m\u00e1s que al nerviosismo, a la confianza que tienen estas gentes humildes de la Iglesia cuando han sido bien educadas desde la infancia y no les estorba ning\u00fan respeto humano. Esta mujer hablaba con el Obispo como con el Padre. Sigui\u00f3 manifest\u00e1ndose con toda confianza ante m\u00ed, y me vino a decir que lo que m\u00e1s le importaba era que ella y sus nietos \u2013hablaba ya de ellos m\u00e1s que de sus hijos\u2013 vivieran en gracia de Dios. Y como quien no quiere la cosa, mezclando al mismo tiempo preguntas que hasta podr\u00edan parecer irrespetuosas \u2013no lo eran, pero lleg\u00f3 incluso a preguntarme cu\u00e1ntos a\u00f1os ten\u00eda\u2013 sigui\u00f3 en su l\u00ednea de pensamientos: me recit\u00f3 en versos del Romancero las \u00abSiete Palabras de Jes\u00fas en la Cruz\u00bb que hab\u00eda aprendido de ni\u00f1a. Hay que tener en cuenta que la Semana Santa acababa de pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed tenemos un ejemplo admirable. Esta mujer, cristiana, buena, bien educada, ve dos cosas: el Obispo \u2013aspecto visible, jer\u00e1rquico, externo de la Iglesia\u2013, y la gracia de Dios \u2013que es lo que le interesa para ella y para sus nietos\u2013, el aspecto interno. Es decir, esa mujer hab\u00eda acertado. No pueden separarse estos dos elementos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio, sin embargo, ha insistido, de una manera particular, en el que hace referencia a la vida interior de la Iglesia. \u00bfY qu\u00e9 es lo que nos dice el Concilio al hacer este examen? Nos invita a reflexionar sobre el hecho de que lo que se encuentra en la Iglesia, en el fondo de ella, es al mismo Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo est\u00e1 en el fondo de la comunidad de los f\u00edeles, de los cuales \u00c9l mismo es alimento y vida en los Sacramentos de que se nutren, en la abnegaci\u00f3n con que marchan adelante en su camino, en la expansi\u00f3n del Reino de Dios a la que contribuyen con su esfuerzo. Aqu\u00ed est\u00e1 Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio nos hace ver c\u00f3mo esta muchedumbre de creyentes viene avanzando desde hace mucho tiempo y contin\u00faa entre las pesadumbres del mundo y los consuelos de Dios, seg\u00fan frase de San Agust\u00edn. Esta es la Iglesia: ah\u00ed, en todo ese conjunto de fieles que creen, que obedecen, que aman, que sienten, que viven, que se fortalecen, que tienen luz, que avanzan, que esperan, que gozan, est\u00e1 Cristo. Cristo est\u00e1 en ellos, y, al estar en ellos, se ve a Cristo en la Iglesia. Van incorpor\u00e1ndose a la Iglesia unos y otros, de diversas razas, de diversas \u00e9pocas, y de este modo se va haciendo el Cristo total. As\u00ed, el Padre va salvando a la humanidad, por medio de esta Iglesia, d\u00e1ndonos a su Hijo Unig\u00e9nito, en ella tambi\u00e9n, para que ella contin\u00fae ofreci\u00e9ndonos ayuda con el Esp\u00edritu Santo, que nos conforta, que nos llena de luz, que nos da energ\u00eda espiritual, imposible de calificar con palabras humanas, para vencer todas las pesadumbres de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Y de este modo, dice el Concilio en el cap\u00edtulo primero de la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica, entre penumbras, la Iglesia avanza, como peregrino en el desierto hasta el d\u00eda en que ya, desaparecidas las sombras, todo se vea con el m\u00e1ximo esplendor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, esa Iglesia en cuya entra\u00f1a el Concilio ve el misterio de Cristo y de su vida divina, es llamada Pueblo de Dios. El Concilio llama Pueblo de Dios a la Iglesia, y en verdad que lo es. Tambi\u00e9n emplea otras met\u00e1foras y m\u00e1s conocidas: Cuerpo M\u00edstico de Cristo, Vi\u00f1a del Se\u00f1or, Arada de Dios, Agricultura de Dios. Pero insiste particularmente en esto: la Iglesia es Pueblo de Dios. No es una met\u00e1fora solamente, porque expresa una realidad viv\u00edsima. Los te\u00f3logos y escrituristas se han dedicado ya a hacer precisiones para ponderar cu\u00e1l es la expresi\u00f3n que puede resultar m\u00e1s exacta. No nos pertenece a nosotros ahora entrar en esas discusiones que servir\u00e1n \u2013por supuesto\u2013 para lograr una luz m\u00e1s completa sobre la Iglesia, pero que son materia m\u00e1s bien apta para las clases de teolog\u00eda. Nosotros nos quedamos con esta expresi\u00f3n \u2013Pueblo de Dios\u2013 que es la que pone de relieve de una manera m\u00e1s viva el Concilio y la que para nosotros encierra en este momento una cantidad mayor de ense\u00f1anzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pueblo de Dios: supone, en primer lugar, por lo menos <strong>una elecci\u00f3n<\/strong> por parte de Dios; en segundo lugar, <strong>una estructuraci\u00f3n<\/strong> de los llamados y elegidos por \u00c9l con arreglo a unas l\u00edneas org\u00e1nicas especiales, marcadas por \u00c9l mismo; en tercer lugar, <strong>una misi\u00f3n<\/strong> de servicio que ese Pueblo tiene que desarrollar.<\/p>\n\n\n\n<p>Supone, en primer lugar, una elecci\u00f3n. En efecto, el Pueblo de Dios que forma hoy la Iglesia, est\u00e1 elegido por el Se\u00f1or, como fue elegido el antiguo Pueblo de Dios, Israel. Fue un pueblo buscado, mirado con predilecci\u00f3n, elegido por Dios mismo, que le llam\u00f3 as\u00ed: Pueblo suyo. Incluso le llam\u00f3 ya entonces Iglesia. Israel es llamado Iglesia en el Antiguo Testamento, porque Iglesia quiere decir Asamblea de los llamados por convocaci\u00f3n, por convocatoria especial de alguien que la hace, en este caso, el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed rozamos ya con el misterio. \u00bfPor qu\u00e9 ha elegido Dios a un pueblo? Respetemos estos misterios de amor nuestra conciencia puede estar tranquila desde el momento en que se nos dice que son afectos a Dios en todo tiempo y lugar \u2013as\u00ed empieza el cap\u00edtulo segundo sobre el Pueblo de Dios de la Constituci\u00f3n conciliar\u2013, los que temen a Dios y practican la justicia. Dios conoce los caminos por los cuales los hombres, sean de la religi\u00f3n que sea, pueden cumplir la voluntad del Se\u00f1or mediante la luz natural, y de esta manera obtener la gracia suficiente para salvarse. Esto establecido, no hay ninguna injusticia en el hecho de que Dios, que quiere la salvaci\u00f3n de todos, elija de una manera especial a un Pueblo. Y as\u00ed fue elegido Israel.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Israel no cumpli\u00f3 las obligaciones derivadas de aquel pacto de amor que Dios hab\u00eda hecho con \u00e9l. Y lleg\u00f3 un momento \u2013as\u00ed lo anunciaron los profetas\u2013 en que Dios dec\u00eda, con voz que hab\u00eda de resonar hasta nosotros y que seguir\u00e1 resonando: \u00abBuscar\u00e9 otro pueblo, me har\u00e9 un nuevo pueblo, un nuevo pueblo de todas las gentes\u00bb. Este nuevo Pueblo es el que m\u00e1s tarde describir\u00eda San Pedro en una de sus cartas para decir que se hab\u00eda cumplido aquella antigua promesa y aquella profec\u00eda del Se\u00f1or, y que este Pueblo estaba formado en Cristo Jes\u00fas: es el Pueblo de los bautizados del Nuevo Testamento. As\u00ed como antiguamente Israel fue elegido por Dios como Pueblo, despu\u00e9s, en una nueva y definitiva etapa de salvaci\u00f3n, el elegido ha sido este nuevo Pueblo, ya sin fronteras de raza ni de lengua, el Pueblo de Dios que es la Iglesia que avanza por todos los caminos de la tierra. Nosotros somos tambi\u00e9n elegidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero supone m\u00e1s la frase \u00abPueblo de Dios\u00bb. Supone tambi\u00e9n una estructuraci\u00f3n de ese grupo de los convocados, conforme a unas l\u00edneas especiales marcadas por Dios. La palabra \u00abpueblo\u00bb quiere decir multitud organizada, colectividad social. Adjudicada al tema que ahora estamos tratando, significa que Dios, al planear su historia de la salvaci\u00f3n, se ha fijado en nosotros. No para salvarnos individualmente y en solitario a cada uno. Pod\u00eda haberlo hecho as\u00ed. No hab\u00eda ning\u00fan inconveniente para el Dios de poder infinito establecerlo as\u00ed en cada momento de la vida y de la historia. Para \u00c9l la historia de los siglos es menos que para nosotros la historia de los segundos de nuestra vida. Pod\u00eda haberse comunicado con cada hombre. Y recursos le hubieran sobrado al Se\u00f1or para hacer que sobre cada alma humana hubieran aparecido en el momento oportuno las luces necesarias para que cada hombre hubiera comprendido lo que significaba de amor la llamada y lo que ped\u00eda tambi\u00e9n de obligaci\u00f3n para su conciencia. Pero no lo ha hecho as\u00ed. Nos ha convocado en muchedumbre. Nos ha pedido que nos unamos. Nos ha llamado a formar un pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos ha llamado a formar un pueblo, una unidad, en la obediencia a Cristo, con la fe en \u00c9l; en el amor a Cristo, por la entrega a \u00c9l; en la esperanza en las promesas de Cristo, por nuestra disponibilidad para la lucha apost\u00f3lica en torno a \u00c9l. Nos ha pedido con este amor, esperanza y obediencia que vayamos todos confluyendo hacia \u00c9l. Lo de cada uno no cuenta m\u00e1s que para que cada uno sea objeto de salvaci\u00f3n y para cooperar despu\u00e9s con generosidad en nuestra respuesta. Pero todo lo tenemos recibido de Jes\u00fas. Y por eso nos encontramos en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>No cabe pensar en un hombre que busque su salvaci\u00f3n traz\u00e1ndose \u00e9l su propio camino. Todos los caminos llevan a Cristo, y all\u00ed nos encontramos todos los cristianos. Como cristianos, somos una sola cosa, porque todo cuanto tenemos lo recibimos de Jes\u00fas, en el cual estamos \u00edntimamente unidos y convocados. La Iglesia asegura nuestra uni\u00f3n, asegura nuestra obediencia, marca los caminos exactos del amor, se\u00f1ala perfectamente las bases necesarias para sostener nuestra esperanza. La Iglesia contin\u00faa a Cristo. Y entonces se explica la profunda frase de San Agust\u00edn: \u00abCristo engendra a Cristo\u00bb, es decir. Cristo, por medio de la Iglesia, hace que los cristianos vayamos siendo Cristo. Es imposible mayor unidad y mayor sentido social de colectividad y uni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed creo que la reflexi\u00f3n es oportuna para una consideraci\u00f3n un poco al margen de las precisiones dogm\u00e1ticas que estoy haciendo. Es oportuna, porque enseguida nos permite ver algo que, cuando sucede, forzosamente tiene que llenarnos el alma de dolor. Dolor del esp\u00edritu, que es m\u00e1s cruel que los dolores del cuerpo. Me refiero a que, siendo esto as\u00ed, no se explica lo absurdo de la divisi\u00f3n entre los hijos de la Iglesia. Ahora no me refiero a los cristianos separados. Me refiero exclusivamente a nosotros, los que estamos dentro de la Iglesia cat\u00f3lica con todo el conjunto de verdades que creemos y de fuerzas que recibimos para colaborar en la edificaci\u00f3n del Cristo total. Se comprende lo absurdo de estas divisiones y la crueldad inaudita que representan si podemos pensar un poco serenamente lo que significa el hecho de estar todos unidos en el mismo Jes\u00fas, en Cristo. Causa verdadera pena y dolor. \u00bfPor qu\u00e9 estas divisiones? Como dec\u00eda el Papa hace unos d\u00edas, en un discurso que manifiesta la agon\u00eda del esp\u00edritu por la que est\u00e1 pasando, \u00bfpor qu\u00e9 entre los cat\u00f3licos nos hacemos la guerra, tantas veces, y despreciamos o minusvaloramos nuestros trabajos en servicio del Se\u00f1or y no buscamos lo que nos une y no ponderamos nuestras excelencias y, solamente tenemos palabras de alabanza para los que est\u00e1n fuera? Es algo incomprensible, que no puede justificarse desde ning\u00fan punto de vista.<\/p>\n\n\n\n<p>La Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, cuando habla del Pueblo de Dios, al se\u00f1alar las l\u00edneas que constituyen su grandeza, se expresa de esta manera: \u00abEste pueblo mesi\u00e1nico tiene por Cabeza a Cristo, <em>que fue entregado por nuestros pecados y resucit\u00f3 para nuestra salvaci\u00f3n<\/em> (Rm 4, 25), y al conseguir un nombre que est\u00e1 sobre todo nombre, reina gloriosamente en los cielos. Tiene por suerte la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Esp\u00edritu Santo como en un templo. Tiene como ley el mandato del amor, como el mismo Cristo nos am\u00f3 (Cf. Jn 13, 24). Tiene, por \u00faltimo, como fin, el crecimiento del Reino de Dios, comenzado por el mismo Dios en la tierra, hasta que sea consumado por \u00c9l mismo al final de los tiempos, cuando se manifieste Cristo, nuestra vida (Cfr. Col 3, 4), y <em>la misma criatura ser\u00e1 liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la libertad de los hijos de Dios<\/em> (Rm 8, 21)\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se comprende que tras esta afirmaci\u00f3n en la que se describe el conjunto de atributos o condiciones bajo las que aparece el Pueblo de Dios avanzando en la historia, se inserte, a rengl\u00f3n seguido, la gran afirmaci\u00f3n conciliar. No es nueva. Estaba ya dicha, y durante estos \u00faltimos a\u00f1os la hemos estado viviendo con m\u00e1s intensidad que antes. Aun as\u00ed, si queremos ser leales con la verdad, hemos de reconocer que quedaba no poco silenciosamente refugiada en los libros de teolog\u00eda La gran afirmaci\u00f3n conciliar se refiere al sacerdocio de los fieles. Cuando se dice que este Pueblo de Dios tiene por Cabeza a Cristo, y como suerte la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, y como ley suprema el amor con que Cristo nos am\u00f3, y como fin y prop\u00f3sito la dilataci\u00f3n del Reino de Dios, lo que se se\u00f1ala de este Pueblo es tan excelso y tan grande que para poder resumir todo el contenido vital del esp\u00edritu de ese Pueblo tenemos que desembocar en el reconocimiento del hecho m\u00e1s grandioso de nuestro esp\u00edritu cristiano, tal como la Revelaci\u00f3n nos lo ha ofrecido y ahora la Constituci\u00f3n conciliar nos lo pone de relieve: este Pueblo es \u00abconsagrado como casa espiritual y sacerdocio santo por la regeneraci\u00f3n y por la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo para que a trav\u00e9s de todas las obras del hombre los cristianos ofrezcan sacrificios y anuncien las maravillas de quien nos llam\u00f3 de las tinieblas a la luz admirable\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, perseverando en la oraci\u00f3n y alabanza a Dios, los cristianos se convierten en hostias vivas y gratas a Dios; dan testimonio de Cristo; dan raz\u00f3n a cuantos la necesitan de la esperanza que en ellos alienta para la vida eterna. De este modo, en cuatro rasgos vigorosos y profundos, el Concilio describe la esencia del ser sacerdotal del Pueblo de Dios compuesto por todos los bautizados y que tienen esas leyes que presiden la finalidad antes marcada, esa fundamentaci\u00f3n que es la misma vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed tenemos que detenernos un poco. Yo encuentro en esta afirmaci\u00f3n tan solemne del sacerdocio de los fieles, las fuentes abiertas de un torrente vivificador. La Constituci\u00f3n conciliar sobre la Iglesia, al hablar del sacerdocio de los fieles en el cap\u00edtulo del Pueblo de Dios como participaci\u00f3n del mismo sacerdocio de Cristo, afirma que los disc\u00edpulos de Cristo se ofrecen como hostias vivas y gratas a Dios a trav\u00e9s de las obras propias del hombre. Lo que quiere decir que es toda la vida la que tiene que estar como traspasada de ese sentido de ofrecimiento y de oblaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo es posible que el bautizado cumpla y realice esta misi\u00f3n sacerdotal? Ante todo, es preciso la clarificaci\u00f3n y la precisi\u00f3n doctrinal.<\/p>\n\n\n\n<p>No es lo mismo el sacerdocio de los fieles que el sacerdocio ministerial y jer\u00e1rquico. Entre uno y otro no hay simplemente una diferencia gradual. Hay una diferencia esencial, aunque est\u00e9n ordenados el uno para el otro. El sacerdocio ministerial, en virtud de la sagrada potestad, modera y rige al pueblo sacerdotal, efect\u00faa el sacrificio eucar\u00edstico ofreciendo a Dios en nombre de todo el pueblo. Y los fieles no pueden hacer esto. Los fieles son dirigidos y moderados, y en virtud de su sacerdocio real asisten a esa oblaci\u00f3n del sacrificio eucar\u00edstico y se ofrecen ellos con el mismo sacrificio; perseveran en la oraci\u00f3n y en la alabanza; dan testimonio de Dios con su abnegaci\u00f3n y con su caridad; practican las virtudes, y, sobre todo, ejercitan el sacerdocio al recibir los sacramentos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere decir esto? Las ideas que se contienen en estos simples pensamientos conciliares habr\u00e1n de dar lugar a una literatura abundant\u00edsima que hemos de desear ardientemente. Ser\u00e1 el mejor alimento espiritual con que se eduquen los hombres de las generaciones futuras dentro de la vida cristiana. Quiere decir que es por el Bautismo por el cual somos capaces de tener un destino en el orden sobrenatural aqu\u00ed abajo, en la tierra. Sin el Bautismo nos faltar\u00eda esta marca, esta capacitaci\u00f3n, esta puerta abierta para realizar tal destino. El Bautismo es como la llave que nos permite manejar cosas sagradas: manejarlas y asimilarlas, vivirlas nosotros y propagarlas despu\u00e9s. Sin el Bautismo no podr\u00edamos, en rigor, movernos en ese campo de las realidades de la gracia; nos mover\u00edamos en el orden de las virtudes morales, puramente \u00e9ticas, como se han movido los hombres de todos los tiempos que han tenido un coraz\u00f3n recto. Pero el cristiano est\u00e1 llamado a otras cosas m\u00e1s altas. Estos dones de Dios, que son sus sacramentos y los ejemplos de su vida y de su Palabra santa, pertenecen todos ellos a un mundo que podr\u00edamos decir cerrado, aunque est\u00e9 abierto por la continuidad del esfuerzo apost\u00f3lico de la Iglesia y para todos los tiempos. Pero es cerrado en cuanto que pertenece a una categor\u00eda \u00fanica que quiso Dios establecer al llamar a los hombres a la filiaci\u00f3n divina, al adoptarlos \u00c9l como hijos suyos por medio de la gracia. Es el plano de lo sobrenatural que se eleva por encima totalmente del hombre natural. Y esas realidades son tan de Dios que no puede tocarlas nadie que no tenga las manos santas y ungidas.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano, por medio del Bautismo, ungido por el Esp\u00edritu Santo, se capacita para tocar \u00e9l esas realidades. Por eso, en primer lugar, el mismo cristiano se ofrece como hostia viva y grata a Dios. Ya no se trata \u00fanicamente del obsequio que puede hacer una criatura al Creador, lo cual es tambi\u00e9n grato a los ojos de Dios. Ahora es m\u00e1s. Es hostia, es sacrificio acepto al Se\u00f1or dentro de este orden sobrenatural. Sus obras todas, empapadas de este af\u00e1n y como transfiguradas por la gracia de que el cristiano es portador, pueden ser un poco como el ara de un altar en el que el cristiano va ofreciendo continuamente un sacrificio al Se\u00f1or. Son obras de hombre, no obras clericales. Son obras suyas, las del hombre del tiempo que sea, de manera que su familia, su trabajo, su enfermedad, pueden tener un sentido de ofrecimiento que est\u00e1 como impregnado de fuerza sobrenatural, si \u00e9l lo hace en ofrecimiento consciente, como en acto de oblaci\u00f3n purificadora, realizado con su ser en el estado de gracia propio de los bautizados.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no fuera por el Bautismo tampoco podr\u00eda el cristiano presentarse un d\u00eda a que se le ungiera la frente para darle la se\u00f1al de estar todav\u00eda m\u00e1s obligado a la defensa de la fe. Cuando nos referimos a estas obligaciones que nos va marcando la vida sobrenatural, en realidad m\u00e1s bien tendr\u00edamos que decir que son privilegios y atributos que Dios concede al hijo de su Reino, al cristiano que ha recibido el don maravilloso de la unci\u00f3n: predica la fe, la defiende, la propaga m\u00e1s; sigue adelante y llega a la cumbre de la vida espiritual sobrenatural en este mundo. Este cristiano, por el Bautismo, est\u00e1 capacitado tambi\u00e9n para recibir la Eucarist\u00eda, y ah\u00ed es donde consuma su unidad en Cristo, y con \u00c9l la unidad de \u00e9l mismo y de todos los que con \u00e9l se unen al Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano penitente, dolido de sus pecados, no solamente ha pecado en s\u00ed mismo y ha cometido una falta que significa el desorden en su relaci\u00f3n personal con Dios, sino que todo pecado es tambi\u00e9n como una sustracci\u00f3n de un bien de la Iglesia. Todo pecado es una disminuci\u00f3n de las fuerzas de la comunidad eclesial. Cuando un cristiano peca, la Iglesia se siente m\u00e1s d\u00e9bil. Y tambi\u00e9n por estar bautizado, al cristiano que se acerca al tribunal de la Penitencia, la Iglesia le perdona. El cristiano repara la ofensa que a la Iglesia hab\u00eda hecho. La Iglesia sigue acord\u00e1ndose del cristiano cuando le unge en su enfermedad. La Iglesia le confiere dones especiales cuando le llama con un sacramento social \u2013el del Orden\u2013 para que rija la comunidad cristiana. La Iglesia bendice y unge la vida de los cristianos cuando se unen en santo matrimonio para continuar en la tierra la propagaci\u00f3n del Reino de Dios. Es una raz\u00f3n profund\u00edsima la que alega el Concilio de Trento cuando explica por qu\u00e9 el matrimonio ha sido elevado a la condici\u00f3n de sacramento. Cristo, al unirse con su Iglesia, ha venido a restaurar el g\u00e9nero humano en la unidad con \u00c9l. Y la manera m\u00e1s normal de lograr la propagaci\u00f3n de su Reino, una vez que se ha introducido el Bautismo y la Redenci\u00f3n, es la propagaci\u00f3n de la vida cristiana. Los esposos cristianos, unidos en matrimonio-sacramento, son como una fuente ardiente que va propagando ese Reino de Dios, para el cual est\u00e1n destinados.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el conjunto de operaciones y de acciones humanas en la vida personal de cada uno, en la vida social, en la vida familiar, puede quedar empapado con estas auras hermosas de oblaci\u00f3n y ofrecimiento a Dios y de purificaci\u00f3n de las cosas en relaci\u00f3n con el uso de las mismas y con las personas con las que se convive. Todo ello es consecuencia de la afirmaci\u00f3n del sacerdocio de los fieles.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre de hoy, tantas veces v\u00edctima de las dictaduras de la pol\u00edtica, de la econom\u00eda o de la frivolidad \u2013esta \u00faltima la peor de todas\u2013 podr\u00eda preguntarse para qu\u00e9 va a servir toda esta doctrina. Este hombre que se pregunta, con su esp\u00edritu alejado de las reflexiones que hacemos aqu\u00ed, podr\u00e1 encontrar una respuesta francamente esperanzadora. La doctrina del sacerdocio de los fieles puede servir para crear una m\u00edstica nueva, de la que tan necesitados estamos todos. Pero no una m\u00edstica desencarnada, porque se nos habla de ofrecer sacrificios a Dios a trav\u00e9s de las obras del hombre; una m\u00edstica movida por el amor y con un ideal misionero, porque el Pueblo de Dios, al que pertenece el cristiano, tiene como fin dilatar el Reino de Dios en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos todos muy necesitados de esta m\u00edstica. No s\u00f3lo ese hombre cansado y sin fe que anda por las calles de nuestras ciudades y aparece tambi\u00e9n por esos campos solitarios. Todos estamos necesitados de una m\u00edstica: los cristianos, y no s\u00f3lo el hombre alejado de Dios. Tambi\u00e9n nosotros necesitamos de esa m\u00edstica profunda y fuerte. Porque venimos padeciendo hace tiempo una crisis, en virtud de la cual nos hemos quedado con un moralismo sin unci\u00f3n casi, con una fe sin riesgos, c\u00f3moda, con un apostolado muy para andar por casa y para satisfacer nada m\u00e1s que alguna inquietud que con especial urgencia se levanta en determinadas ocasiones en nuestro esp\u00edritu. Pienso que cuando las generaciones de cristianos se eduquen en estos pensamientos desde ni\u00f1os, los mediten seriamente y vayan avanzando por la vida, y se den cuenta de que no se les pide que se separen de sus obras propias \u2013porque ese sacerdocio de los fieles es a trav\u00e9s de las obras del hombre como ha de realizarse\u2013, cuando se den cuenta de esto, va a poder surgir, claramente calificada y desaparecidas las sombras que impiden muchas veces una piedad profunda, un sentido de la vida que consiste en el ofrecimiento y la oblaci\u00f3n aut\u00e9ntica de todo a Dios nuestro Se\u00f1or. El d\u00eda en que logremos esto \u2013y en la medida en que se logre en situaciones personales y sociales por capacidad que siempre existe de influir sobre la vida humana\u2013 tendremos asegurado un ideal espl\u00e9ndido del sentido de la vida, frente a la dispersi\u00f3n y a la angustia de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que tendremos que recordar muchas veces lo que meditamos en el libro de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: cu\u00e1l es nuestro origen y cu\u00e1l es nuestro destino. Pero al meditar en nuestro destino no pensaremos ya \u00fanicamente en las postrimer\u00edas y en el sentido final de nuestra vida que va hacia Dios para encontrarse con \u00c9l. Tendremos, por el contrario, que pensar tambi\u00e9n en el sentido ascendente y progresivo de nuestra vida, que va realizando continuamente una oblaci\u00f3n y un sacrificio, que va convirti\u00e9ndose en una hostia santa en virtud de la fuerza sacerdotal que anida dentro del esp\u00edritu. Por eso, esta doctrina servir\u00e1 para dar luz y orientaci\u00f3n a los que preguntan con aire esc\u00e9ptico: \u00bfQu\u00e9 hace el Concilio en medio de los problemas de nuestro tiempo?<\/p>\n\n\n\n<p>Esta doctrina sobre el Pueblo de Dios va a servir todav\u00eda para m\u00e1s. Cuando los cristianos \u2013esa muchedumbre de hijos de la Iglesia\u2013 sintamos con fuerza que lo primero en que estamos unidos es en ser miembros del Pueblo de Dios, viviremos un especial sentido de servicio, ya que es secundaria en este sentido la otra consideraci\u00f3n: la de que dentro del Pueblo de Dios hay unos que cumplen una funci\u00f3n jer\u00e1rquica y otros que no la tienen. Es muy importante y tiene una significaci\u00f3n especial el que el Concilio haya puesto este cap\u00edtulo segundo del Pueblo de Dios antes que los otros que hablan de la Jerarqu\u00eda y del laicado. Con ello ha querido significar que en lo que estamos \u00edntimamente unidos todos es en ese ideal de servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando sintamos todos la fuerza de este ideal se nos va a presentar una ocasi\u00f3n magn\u00edfica para que todos nosotros, los cristianos, seamos liberadores de los hombres no cristianos, de los no creyentes. Porque est\u00e1 comprobado que lo humano solo, los \u00abhumanismos\u00bb solos, dividen, por mucho que sean defendidos como ideales por los fil\u00f3sofos. Hay un germen dentro de todo humanismo que causa divisi\u00f3n cuando queda reducido a eso. Se deriva de la propia condici\u00f3n humana limitada Al querer realizar todas las aspiraciones que brotan del campo del humanismo, el hombre se encuentra con otros hombres, y ese encuentro se convierte en choque. La historia lo demuestra sin cesar. La superaci\u00f3n de los humanismos, sin abolirlos, sin negarlos, s\u00f3lo puede lograrse cuando el humanismo est\u00e1 empapado de un sentido trascendente que le da la fe. Esta unidad del cristiano es la que puede recubrir y amparar la otra unidad, la de los planos humanos en el orden que sea, sin peligro de profundas alteraciones. Y si preguntamos por qu\u00e9, a pesar de todo, entre tantos pa\u00edses cristianos como ha habido, entre tantos cristianos que han dirigido la marcha de la civilizaci\u00f3n en estos siglos, sin embargo, aun siendo as\u00ed, han sido precisamente estos pa\u00edses cristianos los que han dado m\u00e1s triste ejemplo de divisi\u00f3n y de guerra, la respuesta es f\u00e1cil: es porque al obrar as\u00ed han dejado de ser cristianos precisamente. Por eso, este sentido y este ideal que brota de las afirmaciones conciliares pueden tener unas consecuencias incalculables para el propio hombre como tal. Aqu\u00ed se abre campo para apreciaciones hermosas sobre c\u00f3mo incluso la materia puede ser dignificada y liberada tal como la Revelaci\u00f3n nos lo dice, con palabras no f\u00e1cilmente inteligibles: el continuo anhelar de la materia ans\u00eda la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios, pues la materia est\u00e1 sujeta a la vanidad, no de grado, sino por raz\u00f3n de quien la sujeta, con la esperanza de que tambi\u00e9n ser\u00e1 liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00e1ndose guiar por la fe y el amor de Dios en sus ocupaciones temporales, esa materia humana, sobre la que el hombre cristiano trabaja, adquiere otro significado y presta otros servicios. Una piedra puede ser consagrada y se convierte en el ara de un altar. Y no es necesario que la unci\u00f3n crismal caiga sobre todas las piedras de las f\u00e1bricas o los libros de las bibliotecas o los laboratorios o el campo que trabaja el obrero, seg\u00fan su misi\u00f3n; no es necesario que esa unci\u00f3n crismal venga a caer all\u00ed para que todo tenga ya otro sentido. Basta con una unci\u00f3n crismal que brote del esp\u00edritu del que trabaja esa materia.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, esta doctrina conciliar podr\u00e1 servir para trabajar en la unidad de todos los que profesan la fe en Jesucristo. Porque este Pueblo de Dios de que nos habla la Constituci\u00f3n conciliar, est\u00e1 compuesto principalmente por aquellos que hacen todo lo que Cristo ha se\u00f1alado. Pero hay por ah\u00ed restos del Pueblo de Dios dispersos: algunas almas que en cierta manera pertenecen a \u00e9l, y \u00e9stos est\u00e1n tambi\u00e9n llamados a la unidad. Son los cristianos no cat\u00f3licos. Y aun los no cristianos tambi\u00e9n est\u00e1n llamados a formar parte del Pueblo de Dios: los no cristianos que adoran, sin embargo, al \u00fanico Dios creador, los que en el fondo de su coraz\u00f3n admiten y veneran y se complacen en reconocer el santo dominio de un Dios en el que creen y a quien buscan a tientas. El ideal de unidad y de servicio practicado ahora por nosotros de tal manera que vengamos a vivir plenamente esta categor\u00eda del Pueblo de Dios, ser\u00e1 un ejemplo luminoso para ofrecer a los dem\u00e1s este sentido visible de la unidad a la cual Dios nos llama. Se comprende mejor, a la luz de la Constituci\u00f3n conciliar, el Decreto sobre el Ecumenismo y sobre los jud\u00edos. No se puede prescindir de hablar del pueblo precristiano, del pueblo que primeramente fue elegido por Dios, cuando se habla ahora del nuevo Pueblo de Dios. Porque all\u00ed, en el pueblo precristiano estaba el germen, all\u00ed estaban las promesas, que si no fueron cumplidas fue porque ellos las rechazaron. Era necesario clarificar todo esto y precisar lo que hubiera de censura y lo que hubiera de conducta laudable en toda la masa del pueblo de Israel que aparece siendo protagonista de la historia del Evangelio. El Concilio ha hablado de ello, y forzosamente ten\u00eda que hacerlo, cuando se considera lo que sobre la Iglesia nos dice: este pueblo empez\u00f3 a existir hace tiempo, y todav\u00eda tiene por ah\u00ed grupos numerosos que, sin saber c\u00f3mo, est\u00e1n llamando a la puerta. Hay que facilitarles los caminos de la unidad. A esto obedecen los Secretariados que est\u00e1 formando la Santa Sede para el di\u00e1logo, el di\u00e1logo aut\u00e9ntico y exacto, con objeto de buscar los puntos de contacto en la verdad en que podamos encontramos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y podr\u00e1 servir esta doctrina del Pueblo de Dios para otra cosa: para dar un ideal a estas juventudes nuestras de ahora, que se preguntan o dicen amargamente que no creen en los ideales de sus padres. Los padres se encuentran aveces con este problema en sus hijos. Los j\u00f3venes dicen, un pocomovidos por el ardor de su entusiasmo juvenil y otro poco por su ignorancia, que no quieren ideales pasados. No les han servido de nada. Pero hay que preguntarles en qu\u00e9 ideales van a creer o si es que no van a tener ninguno. Y si los ideales que van a tener se reducen a aspectos puramente humanos de la vida, est\u00e1n expuestos a que otra generaci\u00f3n que les suceda les reproche a ellos lo mismo que ellos recriminan a sus padres. Son cristianos los j\u00f3venes nuestros que hablan as\u00ed, son hijos de la Iglesia, viven en nuestros hogares, se mueven en nuestros c\u00edrculos, les hablamos en nuestros templos. Pero acaso les hemos presentado un cristianismo demasiado conformista, sin esa aspiraci\u00f3n nobil\u00edsima que aparece en la idea del Pueblo de Dios al tener como fin la dilataci\u00f3n del Reino de Jes\u00fas en el mundo. No es que queramos convertirlos a todos en misioneros, sino que hace falte entender que el ideal misionero se puede realizar as\u00ed: obrando cada uno en el campo en que tiene que obrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario que mediten mucho nuestras generaciones sobre todo esto. Y va a pesar sobre nosotros la responsabilidad de una catequesis abrumadora. Seremos nosotros los que tendremos que facilitar a la juventud este ideal. El cap\u00edtulo del Pueblo de Dios nos habla de la fuerza misionera de la Iglesia. Es un peque\u00f1o germen que tiene que extenderse. No podemos contentamos con esos pensamientos que brotan a veces como peque\u00f1os rayos de luz frustrados en medio del torrente luminoso de las ense\u00f1anzas teol\u00f3gicas: pensamientos de algunos escritores que han hablado estos a\u00f1os de una Iglesia reducida a las catacumbas. La Iglesia es <em>lumen gentium,<\/em> como dice la Constituci\u00f3n conciliar. Y para ser luz de las gentes, de los pueblos y de los hombres, no se puede encerrar a la Iglesia a las catacumbas. La Iglesia tiene que expandirse. No con ansia triunfalista, sino con ansia de servicio. Y tambi\u00e9n para servir se necesita entusiasmo, mucho m\u00e1s cuando el servicio se hace en nombre del Amor. A estos j\u00f3venes que han podido decir que la Iglesia parec\u00eda demasiado triunfalista y que tiene que buscar la autenticidad, habr\u00e1 que contestarles: es cierto, pero la autenticidad no nos libra a ninguno de cumplir con esa misi\u00f3n que Cristo nos ha se\u00f1alado, la de colocarnos al servicio de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta doctrina ha de servir para el acercamiento incluso de los no creyentes. Las ideolog\u00edas marxistas est\u00e1n enamoradas de lo social. La sociedad es para ellos su \u00eddolo. El mundo es ante todo eso: la sociedad; adoran lo social, pero hay un hecho social que se puede admitir sin peligro ninguno y que no mata la personalidad, sino que la libera: la colectividad del Pueblo de Dios. Se ha iniciado el di\u00e1logo tambi\u00e9n con los ateos. No hay por qu\u00e9 creer que estas ideas tendr\u00e1n que aparecer muchas veces en la superficie de las conversaciones de la Iglesia y los que dicen no creer. Muchos de los que dicen no creer, sin embargo, en el fondo est\u00e1n ansiosos de tener una fe y una luz que les oriente. Y buscar\u00e1n a tientas tambi\u00e9n ellos las manos que se les ofrezcan. Hemos de confiar en lo que pueda derivarse de estos di\u00e1logos.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo como en perspectiva de toda esta doctrina sobre el Pueblo de Dios la fuente de una espiritualidad en el orden asc\u00e9tico y pr\u00e1ctico verdaderamente redentora. Nos va a traer ideas claras para nuestro pensamiento. Va a mover el afecto que necesita el esp\u00edritu humano en la marcha por la vida. No va a quedar reducido este esp\u00edritu a la contemplaci\u00f3n de unos motivos sentimentales que pueden hacer gozar u olvidar los sufrimientos que se padezcan por una u otra raz\u00f3n. Esta espiritualidad admitir\u00e1 ese sufrimiento tambi\u00e9n cuando se presente como parte del sacrificio, pues ver\u00e1 que la vida es eso: oblaci\u00f3n, ofrecimiento al Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aparecer\u00e1 una generaci\u00f3n cristiana libre de tanto confusionismo y de tanta desorientaci\u00f3n, que sentir\u00e1 el gozo y la alegr\u00eda de ser cristiana, hijos de la Iglesia, miembros del Pueblo de Dios. Con sus manos sabr\u00e1n defender a esa Iglesia y sabr\u00e1n tambi\u00e9n construir el mundo de tal manera que con sus pasos vayan poco a poco ofreciendo lo que de ellos dependa de ese mundo a Dios nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> LG 9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> LG 10.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en la revista Nuestro Tiempo, n\u00fam. 133-134, julio-agosto 1965. 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