{"id":712,"date":"2024-09-22T18:38:57","date_gmt":"2024-09-22T16:38:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=712"},"modified":"2024-09-30T23:37:54","modified_gmt":"2024-09-30T21:37:54","password":"","slug":"ven-espiritu-santo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/ven-espiritu-santo\/","title":{"rendered":"Ven, Esp\u00edritu Santo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n inaugural de la VI Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada en la Catedral de Toledo, el 30 de junio de 1980. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, julio-agosto 1980, y en el volumen <em>Vivir en el Esp\u00edritu<\/em>, Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1981, 15-25.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Vivir en el Esp\u00edritu<\/strong><\/em> es el tema general de la Semana que hoy comenzamos. Dios se ha hecho hombre; ha muerto en cruz, ha resucitado, ha ascendido al cielo y desde all\u00ed ha vuelto de una manera diferente, bajo forma de Esp\u00edritu y Vida. Cristo, glorificado ya, viene a habitar en los hombres por su Esp\u00edritu Santo: el Cristo en nosotros. Ha penetrado de nuevo en el mundo, est\u00e1 de nuevo en los hombres, en la ra\u00edz de todo acontecer, en el coraz\u00f3n de cada creyente y de la comunidad de los creyentes, la Iglesia, a la que confiere forma, vida, orientaci\u00f3n y unidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el momento en que Cristo abandona su forma hist\u00f3rica, se manifiesta en el Esp\u00edritu Santo. Los hombres pasan a ser su Cuerpo, El es esp\u00edritu, su principio de vida sobrenatural. Dios se ha hecho hombre para que el hombre viviera de su vida. El primer domingo de Adviento, la Iglesia pide al Se\u00f1or que le muestre el camino. Se deja llevar de la mano amorosa de Dios Padre y va recorriendo los misterios de su revelaci\u00f3n, tal como se presentan a trav\u00e9s de las solemnidades del a\u00f1o lit\u00fargico. Pentecost\u00e9s es el punto final: la comunicaci\u00f3n de la vida divina de Cristo a sus redimidos, el hombre nuevo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abEnv\u00eda, Se\u00f1or, tu Esp\u00edritu\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Pensar en Dios como algo irreal y lejano es da\u00f1oso. Afirmar de Dios simplemente que es infinito y todopoderoso, produce frialdad. Creer en El y dejarle reducido a un puro dogma es concepto r\u00edgido que no penetra en la vida. Dios es para el hombre el que \u00c9l mismo revela: <em>el Viviente,<\/em> el que entra en la existencia humana, lo invade todo, desata esclavitudes, apoya, ensancha. Dios ha venido a nosotros como <em>el Consolador<\/em> que nos acoge, ense\u00f1a, penetra y transforma. \u00bfHemos pensado seriamente sobre lo que significa que Cristo nos revele al Esp\u00edritu Santo como el Consolador? En la Sagrada Escritura se nos dicen expresiones maravillosas de amor y consuelo: os quiero consolar como una madre consuela a su hijo \u00fanico. No se turbe vuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Consolador vendr\u00e1 a vosotros; vuestro coraz\u00f3n se ba\u00f1ar\u00e1 en gozo y nadie os quitar\u00e1 vuestro gozo. El que experimenta consuelo siente dentro de s\u00ed lo vivo y lo palpitante; recobra las fuerzas y siente nuevas energ\u00edas. El consuelo no puede consistir en exhortaciones, ni en razonamientos que dejan el alma fr\u00eda. El consuelo trae una intimidad que tonifica y promueve nuevas realidades. Sentirse consolado es en el fondo sentirse amado y sentirse mirado atenta y respetuosamente, con amor. Quien ama sabe aclarar, estimular, reforzar. El amor que consuela, ablanda lo que est\u00e1 endurecido, ilumina lo que est\u00e1 confuso, calma lo que est\u00e1 inquieto, da calor donde hay fr\u00edo. La mirada que consuela, protege, anima, muestra las posibilidades y el camino para convertirlas en realidad. Cristo nos ha enviado no el consuelo, sino <em>el Consolador,<\/em> su santa intimidad, para que nos hagamos hombres nuevos.<\/p>\n\n\n\n<p>La liturgia de la Iglesia nos ofrece en la Secuencia del d\u00eda de Pentecost\u00e9s una oraci\u00f3n que no contiene ninguna idea extraordinaria, pero s\u00ed es la expresi\u00f3n profunda de las necesidades del hombre, y del Consolador que Dios ha enviado al hombre para confortarle. Es una oraci\u00f3n \u00edntima y serena en la que el coraz\u00f3n humano, cargado con las limitaciones diarias, acude al que es Amor, Vigor y Luz:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ven, Esp\u00edritu Santo.<br>Ven, Padre de los pobres.<br>Sana lo enfermo,<br>riega lo \u00e1rido,<br>lava lo manchado,<br>conduce al que se extrav\u00eda,<br>doblega lo que est\u00e1 r\u00edgido,<br>funde lo que est\u00e1 helado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Abarca la vida cotidiana con todo su peso, estr\u00e9pito y angustia. Es una oraci\u00f3n que se pronuncia con todo el ser, y en la que uno siente que Dios es el amor comprensivo y compasivo, que al darse a s\u00ed mismo sacia la insatisfacci\u00f3n del hombre. Es<\/p>\n\n\n\n<p><em>alivio en medio de los trabajos,<br>luz en la oscuridad,<br>consuelo en el dolor,<br>plenitud que no puede ser ahogada por ning\u00fan hast\u00edo inacabable.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esta s\u00faplica al Esp\u00edritu, dirigida precisamente a obtener el Esp\u00edritu, es la respuesta a todos los materialismos de nuestra \u00e9poca. Son ellos los que hacen nacer tantas formas de \u00abinsaciabilidad del coraz\u00f3n humano\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. El Esp\u00edritu es el \u00fanico que puede hacer desaparecer la rigidez, el odio, la crueldad, la frialdad, la apat\u00eda; es trasponer a Cristo en la propia vida, insertarlo en las acciones cotidianas, en las relaciones con el pr\u00f3jimo. Tiene que venir a cada ser humano el Esp\u00edritu liberador para hacer saltar las cadenas que le esclavizan. De Dios viene la libertad, podemos ser libres s\u00f3lo porque \u00c9l es libre y nos ha hecho a imagen y semejanza suya para la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la fuerza del Esp\u00edritu, Cristo <em>estar\u00e1 siempre con nosotros hasta la consumaci\u00f3n del mundo<\/em> (Mt 28, 20). Es la proximidad sagrada que viene para vivir en nosotros, para ense\u00f1amos a orar, a pronunciar el nombre de Jes\u00fas, confesarle como Camino, Verdad y Vida, y vivir de \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>El Esp\u00edritu Santo produce la fe. Y esta palabra \u00abfe\u00bb se aplica a una realidad \u00fanica y singular: la actitud con respecto a Jesucristo, al Dios hecho hombre. <em>El Esp\u00edritu Santo os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo. El Esp\u00edritu de verdad dar\u00e1 testimonio de m\u00ed y vosotros dar\u00e9is testimonio tambi\u00e9n <\/em>(Jn 14, 26; 15, 26-27). \u00c9l introduce en toda la verdad de Cristo. Nos asombramos al leer en el Evangelio, una y otra vez, que los disc\u00edpulos no comprenden a Jes\u00fas. Est\u00e1n con \u00c9l durante su vida p\u00fablica, escuchan sus ense\u00f1anzas, le hacen preguntas. Ven su actitud con los hombres: sanos, enfermos, ricos, pobres, pecadores, jud\u00edos, romanos, ni\u00f1os, mujeres. Est\u00e1n inmersos en el ambiente que rodea a Jes\u00fas. Parece que tendr\u00edan que saber qui\u00e9n es y lo que quiere. Pero no es as\u00ed. Tiene que venir el Esp\u00edritu Santo, luz de los corazones, hu\u00e9sped del alma, para producir la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensemos en la actitud de Pedro antes y despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s. Su actitud con respecto a Jes\u00fas ha quedado radicalmente transformada. Ya no pregunta, ni niega, ni abandona, ni busca. Es creyente y predicador: es cristiano. Cree en Cristo, y ha orientado su vida en tomo a sus ense\u00f1anzas, se ha situado en una nueva existencia: <em>ha renacido,<\/em> el Esp\u00edritu ha venido sobre \u00e9l (cf. Jn 3, 3-8). <em>Este Jes\u00fas es a quien Dios ha resucitado, de lo que todos nosotros somos testigos. Elevado, pues, al cielo, a la diestra de Dios, y habiendo recibido de su Padre la promesa de enviar al Esp\u00edritu Santo, le ha derramado del modo que est\u00e1is viendo y oyendo<\/em> (Act 2, 32-33), proclama valientemente Pedro ante toda una turba excitada. Abrazar la fe no consiste en contemplar a Jes\u00fas, reflexionar sobre \u00c9l, comprender que en \u00c9l est\u00e1 la Verdad. Es el alborear de una nueva vida: <em>mi vivir es Cristo<\/em> (Fil 1, 21). El acto de esta vida es la fe. Y \u00e9sta es la gran s\u00faplica de la Iglesia: <em>Ven, Esp\u00edritu Santo,<\/em> para que podamos ir a Cristo, encontramos con \u00c9l y vivir de \u00c9l. \u00abLa Iglesia de nuestro tiempo \u2013dice el Papa en su citada Enc\u00edclica\u2013 parece repetir con fervor cada vez mayor y santa insistencia: Ven, Esp\u00edritu Santo. Riega la tierra en sequ\u00eda Sana el coraz\u00f3n enfermo. Lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo. Doma el esp\u00edritu ind\u00f3mito, gu\u00eda al que tuerce el sendero\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abY renovar\u00e1s la faz de la tierra\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Pentecost\u00e9s es la fiesta genuina de la vida y del amor.<em> Porque yo vivo, vosotros vivir\u00e9is.<\/em> <em>Entonces conocer\u00e9is que Yo estoy en mi Padre, <\/em><em>que vosotros est\u00e1is en M\u00ed, y Yo en vosotros&#8230; Cualquiera que me ama, observar\u00e1 mi doctrina, y mi Padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l, y haremos mansi\u00f3n dentro de \u00e9l<\/em> (Jn 14, 19-20 y 23). Los ritos del Bautismo y Confirmaci\u00f3n simbolizan hermosamente esta comunicaci\u00f3n de vida y de amor. Esp\u00edritu es fuerza vital, agua que limpia y fecundiza, amor. Ha venido para que los hombres tengan vida y la tengan abundantemente. Dios habita en nosotros por \u00c9l, y su amor es consumado en nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>El acto sincero de petici\u00f3n del Esp\u00edritu es consecuencia ya de este amor en nosotros; es un acto bienhechor que renueva el coraz\u00f3n, aclara la mirada y vigoriza el car\u00e1cter. Quien conoce y sabe es porque su esp\u00edritu se pone a la Luz, y en torno a \u00e9l se hace la claridad. Su coraz\u00f3n recibe la irradiaci\u00f3n divina, capta la verdad y ve a la luz del amor. Lo noble y lo bueno que hay en la vida s\u00f3lo lo ve quien tiene luz en el coraz\u00f3n. Para ver las cosas bellas y captar su poder de revelaci\u00f3n no basta la mirada aguda y la observaci\u00f3n cr\u00edtica, tiene que existir la luz del amor. Por eso el Esp\u00edritu Santo es invocado como la <em><strong>luz de los corazones<\/strong><\/em><em>,<\/em> que llena lo m\u00e1s \u00edntimo del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or ha otorgado su Esp\u00edritu a la Iglesia, y \u00e9sta, por sus santos misterios, lo transmite a sus hijos y a trav\u00e9s de ellos se difunde por todo el mundo. No se renovar\u00e1 el mundo por grandes y brillantes acciones. Lo que tiene que ocurrir no es nada ruidoso, nada que produzca sensaci\u00f3n. Son acciones sencillas, como las que se realizan a cada momento, pero que lo transforman todo y son el fermento de la renovaci\u00f3n que constantemente tiene que oxigenar el mundo. El verdadero bien no se consigue con revoluciones espectaculares, no se organiza con estad\u00edsticas y c\u00e1lculos, ni se echa como una carga que tienen que soportar los dem\u00e1s. El bien tiene que tener su origen en el coraz\u00f3n y el esp\u00edritu de aqu\u00e9l que se pone a la disposici\u00f3n de Dios. La injusticia, el orgullo, la codicia, la pereza, la envidia, son los impedimentos. El bien es sencillo, respetuoso, comprensivo; Permanece firme en la responsabilidad, a pesar de dificultades y da\u00f1os. Cuanto m\u00e1s profundo es, m\u00e1s sencillo se vuelve. Es como el pan cotidiano del que se nutre la vida. El verdadero sentido del bien es que el Dios vivo se haga evidente en la realidad de una vida humana. Y esto no lo tenemos que esperar de \u00ablos santos\u00bb como algo extraordinario, es nuestra propia tarea. Nuestras acciones se realizan en el mundo, pero nos tenemos que saber obligados por el querer de Aqu\u00e9l que ha creado este mundo, estando \u00c9l mismo por encima de todo el mundo. En medio de nuestra vida enredada en tantos intereses, ego\u00edsmos y mentiras, tenemos que obtener distancia respecto a \u00e9l. No en el sentido de que cerremos los ojos a su realidad y llevemos una vida artificial. Las posibilidades realmente salvadoras, como est\u00e1 repitiendo constantemente el Papa, residen en la conciencia del hombre que est\u00e1 ligado con Dios de modo vivo. Primac\u00eda de lo espiritual sobre lo material, de la persona sobre las cosas, de la \u00e9tica sobre la t\u00e9cnica, de la conciencia sobre la ciencia. Este es el resumen del reciente discurso del Papa en la UNESCO<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Renovar\u00e1s la faz de la tierra<\/strong><\/em><em>.<\/em> \u00bfPero qu\u00e9 tipo de renovaci\u00f3n esperamos? Es la misma siempre en toda la historia: la del coraz\u00f3n y el esp\u00edritu humano. No hay renovaci\u00f3n de otra manera. Nosotros mismos somos la tierra de esa renovaci\u00f3n. En el mundo no hay justicia si el hombre no hace obras justas; no hay comprensi\u00f3n si el hombre no la da; no hay respeto si el hombre no respeta; no hay alegr\u00eda si el hombre no la infunde. Se renueva la faz de la tierra con la m\u00edstica de lo diario. No busquemos otro precio. S\u00f3lo a partir de esto se hace posible lo grandioso humano: la entrega al servicio de los dem\u00e1s, la ciencia al servicio de la libertad, las familias como c\u00e9lulas vivas de la sociedad, los profesionales honrados, las grandes obras de la cultura. Todo espera como con dolores de parto la gloria de su redenci\u00f3n. Gloria que se va haciendo en cada ser humano y a trav\u00e9s de cada ser humano. Es seguro, que cada uno de nosotros tenemos nuestra tarea; lo importante es el modo de realizarla. A trav\u00e9s de ella seremos la luz y la sal del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>El mal est\u00e1 en que las cosas no cumplan su doble misi\u00f3n de glorificar al Se\u00f1or y servir al hombre. Vaciadas de su referencia al Creador se convierte todo en \u00eddolo y en tiran\u00eda que esclaviza. Someter la tierra es conocerla y servirse de ella, pero m\u00e1s hondamente es cumplir la voluntad del Se\u00f1or de todo cuanto existe. Ha puesto Dios el mundo en nuestras manos para que nos sirva y completemos su obra. <em>Y vio Dios que todo era bueno<\/em> (Gn 1, 10). Creado el hombre a imagen y semejanza de Dios, tiene que asumir la responsabilidad que le ha confiado. El cristiano tiene que vivir persuadido de que la historia es el tiempo de Cristo, el tiempo en el que realiza su salvaci\u00f3n. La Iglesia tiene como misi\u00f3n la tarea de consumar la obra del Hijo del hombre. <em>As\u00ed como T\u00fa me has enviado al mundo, as\u00ed Yo los he enviado a ellos tambi\u00e9n al mundo<\/em> (Jn 17, 18). Hay, en realidad, un \u00fanico problema. Todas las cosas est\u00e1n hechas para conducirnos a Dios. <em>Y vio Dios que era bueno,<\/em> nos dice el G\u00e9nesis despu\u00e9s de cada fragmento, en el que nos narra la creaci\u00f3n. De hecho, la mayor parte de las cosas nos apartan de \u00c9l. Toda la cuesti\u00f3n est\u00e1 ah\u00ed, en que las cosas que nos apartan de Dios se conviertan en medios para conducimos a \u00c9l. La vida espiritual consiste en eso. Nuestro itinerario va del momento en que las cosas son obst\u00e1culo hasta que se convierten en medios. Las actividades temporales son la materia misma de la vida espiritual que nos tienen que llevar a Dios. El deber de trabajar por mantener la presencia del Esp\u00edritu Santo en medio del mundo que se construye, es la tarea esencial de los cristianos. Creo que hoy podemos incluso decir, con conocimiento de causa, que la ciencia separada de la conciencia cristiana es un don mortal. La amenaza que oprime al mundo de hoy es el tener instrumentos que, en lugar de emplearse para la verdadera liberaci\u00f3n del hombre, se emplean para su destrucci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La victoria de Cristo sobre la muerte no es s\u00f3lo una realidad futura. <em>He aqu\u00ed que yo hago nuevas todas las cosas<\/em> (Ap 21, 5). Y esto es as\u00ed porque el hombre se torna otro gracias al Esp\u00edritu de Cristo, que en \u00e9l act\u00faa. Tiene que hacer las mismas cosas de antes: sigue siendo el mismo obrero, el mismo empleado, el mismo padre de familia numerosa, la misma mujer agobiada por las cargas diarias&#8230; El quehacer y la dificultad cotidiana no han cambiado. La enfermedad es tan dolorosa, el trabajo tan duro, la muerte del ser querido tan desgarradora. Pero por el mismo Esp\u00edritu se opera una transformaci\u00f3n imposible de expresar con palabras, aunque s\u00ed que lo manifiesta, y de manera admirable, la enfermedad soportada pacientemente, la enemistad vencida, la ofensa perdonada, la renuncia generosa, la fidelidad que resiste y lucha, el coraz\u00f3n animoso a pesar de todas las dificultades, la valent\u00eda en la defensa de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y de todo esto, de todas estas acciones que van brotando del coraz\u00f3n de la humanidad cristiana, como el agua de la fuente, hay pruebas abundant\u00edsimas en el mundo. La historia, la que no se escribe, est\u00e1 llena de estas p\u00e1ginas. Es la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que se ha realizado y se sigue realizando en tantas almas. Es triste que cuando se hace la historia de la Iglesia, lo \u00fanico que suele recogerse son ciertos acontecimientos de relieve, referencias a personajes c\u00e9lebres, fechas y datos que conviene conservar. Sin embargo, lo principal de la Iglesia est\u00e1 ah\u00ed, en esos c\u00edrculos conc\u00e9ntricos del trabajo seguido con amor, la enemistad vencida, la ofensa perdonada, el sacrificio dulcemente soportado&#8230; \u00a1Este es el Cristo de la Cruz que est\u00e1 triunfando sobre la muerte! \u00a1Es su Esp\u00edritu que se hace sentir sobre su Iglesia! <em>\u00a1Ven, Esp\u00edritu Santo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Nadie toma tan en serio la vida real como un santo. Ellos muestran claramente <em>c\u00f3mo se hacen nuevas todas las cosas.<\/em> El hombre que todo lo sacrifica por el amor de Dios, que a todos ama, que a todo se atreve impulsado por su fe en Cristo, que es capaz de dominar por la sola fuerza de la verdad de su vida, es el mejor correctivo para la sociedad y el promotor del mejor progreso. Estos hombres tienen un poder, no el de la violencia que obliga, sino el del testimonio que llama y que sirve de juicio a la propia conducta. Es un poder que ilumina y que crea en el hombre esa firmeza que se llama <em><strong>fidelidad<\/strong><\/em><em>.<\/em> Y estos hombres realmente <em>fieles<\/em> renuevan la tierra que habitan, porque aqu\u00ed ya empiezan a experimentar el reino de Dios; poseen la tierra, son consolados, saben de la plenitud, alcanzan la misericordia, gozan a Dios y se sienten hijos y herederos de una herencia que los ladrones no roban, ni devora el tiempo con su paso.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00abConfiad, Yo he vencido al mundo\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Esp\u00edritu de verdad, de luz, de amor, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 en nuestro mundo? El poder del Esp\u00edritu Santo no es como lo terreno. Es el gran invisible y el gran silencioso en la historia de la humanidad. Entre las violencias y astucias de la tierra, parece d\u00e9bil e irreal; pueden hacer de \u00c9l lo que quieran, hasta expulsarle de la vida. Basta una peque\u00f1ez, una ambici\u00f3n codiciosa para tapar la verdad. \u00a1Y hoy existen tantas t\u00e9cnicas para este ocultamiento de la verdad! El hombre m\u00e1s necio puede atacarla. El error, la astucia, la reticencia, se muestran m\u00e1s fuertes que la conducta clara. La frialdad, el odio, la enemistad, la infidelidad parecen los lazos que vinculan a los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>San Pablo es el gran profeta de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en el hombre. Sus palabras surgen de su profunda experiencia: el hombre nuevo en su lucha con el viejo; el misterioso crecer y devenir, <em>libertado de la esclavitud de la corrupci\u00f3n, hacia la libertad de los hijos de Dios <\/em>(Rm 8, 21). A lo largo de la historia, de la historia posterior a la venida de Cristo por medio de su Esp\u00edritu, \u00a1cu\u00e1nto desperdicio de fuerzas humanas, cu\u00e1nta arbitrariedad en cualquier tipo de poder, cu\u00e1nta destrucci\u00f3n y crueldad, cu\u00e1ntas locuras de grandeza! Todo esto forma parte del hombre viejo. Este sombr\u00edo conjunto de mentiras, opresi\u00f3n y confusi\u00f3n es el mundo del que habla San Juan en el cap\u00edtulo segundo de su primera ep\u00edstola: <em>Las tinieblas del mundo,<\/em> fruto de la concupiscencia y de la soberbia. No es este el mundo que fue creado con tanta sabidur\u00eda y amor, y que por eso espera con gemidos la plenitud de la redenci\u00f3n (Rm 8, 23).<\/p>\n\n\n\n<p>Los reproches de que el cristiano desprecia la tierra son tan falsos como antiguos. Nadie toma las tareas del mundo tan en serio como el cristiano aut\u00e9ntico. Porque las tareas del mundo, en tanto son nobles y merecedoras de atenci\u00f3n, en cuanto hay hombres en el mundo. Y el que toma en serio al hombre es el cristiano aut\u00e9ntico, al contribuir a formar en sus semejantes ese esp\u00edritu nuevo, con su empleo y su testimonio, con su sacrificio y su amor. Dios ha establecido un nuevo comienzo; ha enviado a su Mijo al mundo, tal como es ahora, confuso, ciego, loco de ambici\u00f3n y ego\u00edsmo. Se ha hecho hombre, ha caminado, ha tenido hambre y sed, ha sufrido las consecuencias de la calumnia y de la envidia, ha sido traicionado y abandonado, ha muerto como nos ocurre a todos los hombres. Ha cargado con todo el pecado del mundo, ha experimentado su dolor. As\u00ed expi\u00f3 el mal y estableci\u00f3 un nuevo comienzo, obra de su Esp\u00edritu. Y ese nuevo comienzo surge <em>en todo hombre que renace del agua y del Esp\u00edritu<\/em> (Jn 3, 5). Tambi\u00e9n este hombre renacido se encuentra con todo lo que existe, y de este encuentro suyo con las cosas, personas, sociedad, surge un mundo nuevo: familia, trabajo, posici\u00f3n, relaciones, todo vivido en Cristo. Sus obras son las del Esp\u00edritu: gozo, caridad, paciencia, bondad, fidelidad, rectitud (Gal 5, 22). Y esto se da en una comunidad cristiana, y en un presbiterio diocesano, y en una parroquia, y en una familia, y en una ciudad o en un pueblo con fuego cristiano. Todo esto vibra. Y en la misma medida en que se vive con sinceridad. Dios est\u00e1 ah\u00ed, y se est\u00e1 produciendo civilizaci\u00f3n cristiana, y cultura cristiana, y humanismo cristiano. \u00a1La verdadera renovaci\u00f3n que el Esp\u00edritu nos promete!<\/p>\n\n\n\n<p>No est\u00e1 separado del hombre viejo, pero est\u00e1 ah\u00ed, y el hombre viejo lo nota y lo combate. No es perfecto, tiene todas las insuficiencias de nuestra vida. Constantemente ese mundo nuevo, fruto del Esp\u00edritu, es puesto en cuesti\u00f3n, debilitado, deformado, pero tiene la fuerza de Dios. A menudo queda tan invisible que se puede dudar si existe en absoluto, pero la palabra de Dios lo garantiza y hemos de mantenerlo en la fe. <em>Los sufrimientos de este mundo de ahora no se pueden comparar con la gloria que vendr\u00e1 a manifestarse en nosotros<\/em> (Rm 8, 18). San Pablo tiene una profunda conciencia de la grandeza y tambi\u00e9n de los problemas de la vida cristiana. Al lado de expresiones tan vigorosas como <em>Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed<\/em> (Gal 2, 20), siente el aguij\u00f3n de la carne y sabe que lleva un tesoro en vaso de barro (2Cor 4, 7). <em>Bien conozco que nada de bueno hay en m\u00ed, quiero decir, en mi carne. Pues, aunque hallo en m\u00ed la voluntad para hacer el bien, no hallo c\u00f3mo cumplirla. Por cuanto no hago el bien que quiero; antes bien, hago el mal que no quiero<\/em> (Rm 7, 18-19).<\/p>\n\n\n\n<p>San Pablo no desconoce la vileza, la maldad, la miseria. Ni tampoco la realidad de la vida: <em>Yo mismo que con la mente sirvo a la ley de Dios, sirvo con la carne a la ley del pecado<\/em> (Rm 7, 25). La redenci\u00f3n y el renacimiento no significan que el hombre se transforme por artede magia, sino que se le injerta un nuevo punto de partida. El hombre nuevo es<em>carta de Cristo escrita con el Esp\u00edritu de Dios vivo en su coraz\u00f3n<\/em>(2Cor 3, 3)<em>.<\/em> El cristiano es claramente, para San Pablo, un campo de batalla que se disputan dos enemigos, el hombre viejo enraizado en su esclavitud de pecado, y el hombre nuevo injertado en Cristo<em>. <\/em><em>Desnudaos del hombre viejo, seg\u00fan el cual hab\u00e9is vivido en vuestra vida pasada, el cual se vicia siguiendo la ilusi\u00f3n de las pasiones&#8230; y revest\u00edos del hombre nuevo, que ha sido creado seg\u00fan Dios en justicia y santidad verdadera<\/em>(Ef 4, 22-23).<\/p>\n\n\n\n<p>Un novelista contempor\u00e1neo, Bernanos, nos presenta tambi\u00e9n la existencia humana como un campo de batalla entre Sat\u00e1n y Dios. Sus textos, como los de San Pablo, est\u00e1n anclados en los dos polos de la existencia humana: la luz y las tinieblas, la alegr\u00eda pascual y el poder del pecado, la vida y la muerte. Bernanos ha sido llamado por Charles Moeller el profeta de la alegr\u00eda, porque en su mensaje, aunque es de los m\u00e1s tr\u00e1gicos que pueden presentarse, estalla siempre una tremenda alegr\u00eda. Es que la existencia cristiana, comparada con la puramente humana, es mucho m\u00e1s profunda por estar arraigada en el misterio de la Redenci\u00f3n, que incluye los dos polos situados en lo infinito: la ca\u00edda a consecuencia del pecado y el amor divino que engendra una nueva vida. \u00a1Qu\u00e9 lucidez la de Bernanos cuando, en los movimientos sociales contempor\u00e1neos atacaba, no sus esfuerzos necesarios hacia una sociedad m\u00e1s justa, sino su ideolog\u00eda secreta de negaci\u00f3n del pecado y de la gracia! El mundo que desprecia la conciencia de pecado es el engendrador de las m\u00e1s grandes injusticias y aberraciones. Los movimientos sociales ateos luchan contra un aspecto de la injusticia, pero ni luchan contra todas las injusticias, ni contra la ra\u00edz de la injusticia. \u00abCre\u00e9is \u2013dice Bernanos a los cristianos\u2013 compartir con el marxista su rebeli\u00f3n contra la injusticia, y no la compart\u00eds en absoluto&#8230; El marxista pretende organizar al mundo como si el pecado original no existiera, o como si no fuera m\u00e1s que una invenci\u00f3n de la clase explotadora; y ciertamente es mucho m\u00e1s grave, o al menos m\u00e1s peligroso para el hombre, negar el pecado original que negar a Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El ego\u00edsmo, la envidia, la lujuria, la soberbia, es decir, <em><strong>el pecado<\/strong><\/em><em>, <\/em>desgaja la existencia, la deforma. Su sabidur\u00eda es muerte. Mientras que <strong>la sabidur\u00eda del Esp\u00edritu<\/strong> del hombre nuevo es vida y paz. <em>Nos vemos acosados por toda suerte de tribulaciones, pero no por eso perdemos el \u00e1nimo; nos hallamos en grandes apuros, mas no desesperados; somos perseguidos, mas no abandonados; abatidos, mas no enteramente perdidos<\/em> (2Cor 4, 8). S\u00f3lo Dios puede dar a los hombres la fuerza para luchar y para esperar. <em>El Dios de nuestra esperanza os colme de toda <\/em><em>suerte de gozo, y de paz en vuestra creencia: para que crezca vuestra esperanza siempre m\u00e1s y m\u00e1s, por la virtud del Esp\u00edritu Santo<\/em> (Rm 15, 13).<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed por qu\u00e9, en la crisis actual de la Iglesia, la voz m\u00e1s saludable ha sido la de aquellos que han recordado siempre la necesidad de prestar atenci\u00f3n a <em><strong>la interioridad<\/strong><\/em><em>.<\/em> De no ser as\u00ed, todas las reformas conciliares, aunque se hubieran producido dentro del necesario orden, habr\u00edan terminado por disiparse en la esterilidad. Hay que insistir cada vez m\u00e1s en el misterio interior de la Iglesia. Ah\u00ed ten\u00e9is el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta. Llega a Madrid, y le preguntan qu\u00e9 dir\u00eda a los j\u00f3venes; y lo primero que contesta es: <em>\u00a1Que recen, que recen antes de actuar!<\/em> Y \u00bfc\u00f3mo ve usted a Cristo en los pobres? <em>Ante todo, tengo que verle en la Eucarist\u00eda&#8230;<\/em> Y esto es lo que hacen muchas Madres Teresas que existen en el mundo, y tantas y tantas personas santas y sacrificadas y que aman de verdad: <em>interioridad.<\/em> Entonces las reformas conciliares queridas por el Esp\u00edritu encuentran un campo abonado y son fecund\u00edsimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Creemos en el Esp\u00edritu Santo y por eso confiamos. La pregunta que Bernanos hace a todos los cristianos es \u00e9sta: \u00ab\u00bfSois capaces de rejuvenecer al mundo, s\u00ed o no? El Evangelio es siempre joven, sois vosotros los viejos\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>. La fe nos asegura que el Esp\u00edritu habita en nosotros, por eso no podemos desmayar, y que todo coopera al bien de los que sirven a Dios. <em>Aunque en nosotros el hombre exterior se vaya desmoronando, el interior se va renovando de d\u00eda en d\u00eda. Porque las aflicciones, tan breves y tan ligeras de la vida presente, nos producen el eterno peso de una sublime e incomparable gloria<\/em> (2Cor 4, 16). La fe vence al mundo. Hay que empezar con un \u00abs\u00ed\u00bb confiado a la gracia. Es cierto que hay muchas dificultades y dolores; todo ello pertenece a la miseria del hombre. <em>En el mundo tendr\u00e9is grandes tribulaciones, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo<\/em> (Jn 16, 33).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una fuerza capaz de llevarnos a t\u00e9rmino, tenemos que situarnos, en medio de la actividad viva de Dios. \u00abVen, Esp\u00edritu Santo, da su m\u00e9rito al esfuerzo, danos la salvaci\u00f3n y la inacabable alegr\u00eda. Por Ti, oh Santo Esp\u00edritu, ha vivido nuestro Se\u00f1or, y con tu fuerza ha vencido al mundo. Pero el mundo lo somos nosotros mismos: es nuestro coraz\u00f3n ego\u00edsta, ciego y tonto. T\u00f3malo en tu poder, hazlo d\u00f3cil y ancho, para que \u00c9l pueda vivir en nosotros y nosotros en \u00c9l\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo espero que todas las reflexiones de esta Semana de Teolog\u00eda Espiritual que hoy comenzamos servir\u00e1n para introducimos m\u00e1s eficazmente en las riquezas de este misterio santo, consolador, del Esp\u00edritu de Cristo, que habita en nosotros, porque formamos parte de su Iglesia Santa.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Redemptor Hominis, <\/em>18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Redemptor Hominis, <\/em>18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Discurso sobre el hombre, la cultura y la ciencia a la luz del mensaje de Cristo, <\/em>2 de junio de 1980. V\u00e9ase Juan Pablo II, <em>Viaje pastoral a Francia, <\/em>BAC popular 28, Madrid 1980, 139-160.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Cf. Charles Moeller, <em>Literatura del siglo XX y cristianismo, <\/em>I, Madrid<sup>6<\/sup> 1966, 479.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Cf. <em>ib\u00edd., <\/em>466.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Romano Guardini, <em>El Esp\u00edritu de Dios viviente, <\/em>Madrid 1962, 79.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n inaugural de la VI Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada en la Catedral de Toledo, el 30 de junio de 1980. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, julio-agosto 1980, y en el volumen Vivir en el Esp\u00edritu, Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual, Madrid 1981, 15-25. 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