{"id":710,"date":"2024-09-22T18:34:10","date_gmt":"2024-09-22T16:34:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=710"},"modified":"2024-09-22T18:34:45","modified_gmt":"2024-09-22T16:34:45","password":"","slug":"la-espiritualidad-en-los-momentos-de-las-grandes-crisis-de-la-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-espiritualidad-en-los-momentos-de-las-grandes-crisis-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"La espiritualidad en los momentos de las grandes crisis de la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n inaugural de la III Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada en la Catedral de Toledo, el 4 de julio de 1977. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, septiembre-octubre 1977, y en el volumen <em>Espiritualidad para un tiempo de renovaci\u00f3n<\/em>, Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual. Madrid 1978, 15-40.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos reunimos nuevamente. para reflexionar sobre la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la Iglesia, fuente y origen de la espiritualidad de cada uno de sus miembros y de ella misma en su conjunto, considerada como Esposa de Cristo. De esto trata la Teolog\u00eda Espiritual, a cuyos contenidos y proclamaciones venimos dedicando nuestras Semanas a\u00f1o tras a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 valor tiene la espiritualidad en los momentos de las grandes crisis de la Iglesia? He aqu\u00ed la pregunta, a la que trato de contestar con esta lecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Propiamente hablando, tanto el hombre individuo como la sociedad se encuentran siempre en crisis, porque siempre est\u00e1n cambiando de alguna manera. Pero aqu\u00ed empleamos el vocablo para significar una fase de especial importancia y, por consiguiente, de especial peligro, por el que puede pasar un ser vivo. Significa un momento de aceleraci\u00f3n en los cambios, con posibilidades de renovaci\u00f3n, pero cargado de riesgos, porque se multiplican las desorientaciones y los problematismos como consecuencia de la necesidad sentida de las mutaciones y de la variedad de soluciones propiciadas por diversos grupos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aplicando el concepto a la Iglesia, <em><strong>crisis<\/strong><\/em> significa intensificaci\u00f3n, en un momento dado, de la conciencia de que es necesario hacer cambios para realizar la obra de la salvaci\u00f3n del hombre. Ello incluye diferencias de puntos de vista acerca de la esencia misma de la salvaci\u00f3n, acerca del hombre mismo, de los criterios y formas de realizar el quehacer salv\u00edfico. Todo lo cual llega a producir insatisfacci\u00f3n y desconfianza respecto a la Iglesia tal como vive en un momento determinado, porque cuestiona casi todo, incluso la idea que se posee de Dios, de Cristo, de la Iglesia misma. Suele entonces insistirse en una palabra: <em><strong>reforma<\/strong><\/em>. \u00a1Hay que reformar la Iglesia! Idea que, bien entendida, es v\u00e1lida por aquello de <em>Ecclesia semper reformanda<\/em>; pero que, mal expuesta, da origen a verdaderos dramas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que las crisis de la Iglesia requieren tratamientos mucho m\u00e1s hondos. Por una raz\u00f3n muy sencilla: porque la Iglesia es una realidad divino-humana, y en sus realidades comprobables no se puede prescindir del punto efe vista divino. De lo contrario, no estamos hablando ya de la Iglesia, sino de ciertos aspectos naturales de la misma, carentes de sentido. Hablando, consiguientemente, de problemas insolubles.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi lecci\u00f3n consta de tres partes. <em>En la primera<\/em> indicar\u00e9 brevemente el sentido de las crisis en la Iglesia. <em>En la segunda<\/em> presentar\u00e9 algunos ejemplos hist\u00f3ricos que pueden ayudamos a entender las dimensiones de la crisis actual y las direcciones de soluci\u00f3n. Finalmente, <em>en la tercera<\/em> examinar\u00e9 esta crisis en el momento presente y los principios que pueden orientamos para salir de ella.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sentido de las crisis en la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Partimos de una frase del Vaticano II que estimamos extraordinariamente esclarecedora. Dice as\u00ed el Concilio en la <em>Lumen Gentium, <\/em>n\u00famero 7 (y doy una traducci\u00f3n personal, ajust\u00e1ndome todo lo posible al original latino): \u00abMas para que incesantemente nos renovemos en \u00c9l \u2013en Cristo\u2013 (cf. Ef 4, 23), nos concedi\u00f3 participar de su Esp\u00edritu, que, siendo uno mismo en la Cabeza y en los miembros, de tal forma vivifica, unifica y mueve todo el cuerpo, que su operaci\u00f3n pudo ser comparada por los Santos Padres al oficio que cumple el principio de vida, es decir, el alma en el cuerpo humano\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Actuando, pues, como alma de la Iglesia, el Esp\u00edritu Santo procura de continuo informar tanto a cada uno de los miembros como al conjunto de la congregaci\u00f3n de los fieles. \u00c9l es el \u00fanico principio de vida y de acci\u00f3n en todos los niveles.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede ser que el Esp\u00edritu haga ver y sentir la urgencia de un cambio o progreso m\u00e1s r\u00e1pido en determinados aspectos de la vida de la Iglesia y que el hombre vea a \u00e9sta como inadaptada para la tarea intuida.<\/p>\n\n\n\n<p>En tales casos, si el hombre se deja mover por el Esp\u00edritu, se realizan los grandes avances de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 ocurre? Que el hombre recibe imperfectamente las inspiraciones del Esp\u00edritu; las interpreta mal, las realiza muy deficientemente. Toma como impulsos del Esp\u00edritu los anhelos de su propia naturaleza y aun de su propio ego\u00edsmo. Incluso, exige de la Iglesia la superaci\u00f3n de dificultades naturales que no corresponde a ella resolver.<\/p>\n\n\n\n<p>No pretendemos corregir el lenguaje. Pero acaso la palabra misma \u00abreforma\u00bb, que en tales ocasiones se pone de moda, no sea la m\u00e1s propia. Tal vez contribuye a robustecer la actitud radicalmente err\u00f3nea de muchos, posiblemente de la mayor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El vocablo \u00abforma\u00bb tiene dos sentidos muy dispares. En el lenguaje m\u00e1s corriente, \u00abforma\u00bb alude a la figura externa. Un objeto puede tener forma rectangular, redonda&#8230; Pero en el lenguaje m\u00e1s filos\u00f3fico, \u00abforma\u00bb indica un principio que presta a la materia la posibilidad de constituir con ella el ser concreto. En este sentido decimos que el alma es la forma del cuerpo, que constituye con \u00e9l al hombre mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a eso alude la expresi\u00f3n citada del Concilio. El Esp\u00edritu Santo es, hablando an\u00e1logamente, el alma de la Iglesia, seg\u00fan el lenguaje de los Santos Padres. El Esp\u00edritu viene a ser como la forma misma de la Iglesia. Seg\u00fan el modo de expresarse de ciertos te\u00f3logos modernos, ser\u00eda como la causa cuasi-formal; principio de vida en todo caso, que constituye en la Iglesia esa muchedumbre de hombres que \u00c9l mismo congrega, convierte en organismo vivo, al inspirarlos. Efectivamente, como el Padre y el Hijo son una sola cosa \u00aben la unidad del Esp\u00edritu Santo que espiran\u00bb, muchos hombres son una sola cosa con Cristo, en la unidad del Esp\u00edritu Santo que inspiran. Y no pueden serlo de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra \u00abreforma\u00bb, en boca de muchos, alude a cambios de figura realizados por el hombre en la Iglesia. Ello incluye errores: respecto del principio, que pasa a ser pr\u00e1cticamente el hombre; respecto de las mutaciones, que se reducen a lo exterior constatable.<\/p>\n\n\n\n<p>Apoyado en s\u00ed mismo, el hombre proyecta los cambios que estima oportunos; pero necesariamente tropieza con la ineludible realidad de las diferencias radicales de juicio. Y no menos inevitablemente se encuentra incapacitado para llevarlas a t\u00e9rmino, puesto que carece del principio de su actividad propia, que no es otro sino el Esp\u00edritu. Por lo dem\u00e1s, en la medida en que cuenta consigo mismo como fundamento, necesariamente yerra, se queda fijo en mutaciones y progresos superficiales, enga\u00f1osos, realizados por caminos falsos, sin salida.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, tenemos una multiplicidad de propuestas de soluciones referentes a configuraciones someras, pretendidamente profundas porque aluden a las \u00abestructuras\u00bb m\u00e1s \u00edntimas de la Iglesia, pero siempre qued\u00e1ndose en la realidad natural de la misma. Sin negar, generalmente, la realidad sobrenatural, se parte de las realidades visibles, de los principios naturales entendidos seg\u00fan la medida del entendimiento humano. La teolog\u00eda y la ex\u00e9gesis se convierten en interpretaciones dirigidas por opiniones filos\u00f3ficas, hist\u00f3ricas, cr\u00edticas, propias del tiempo; el apostolado, en proselitismo para las propias ideas que asegurar\u00edan, seg\u00fan la mente del llamado ap\u00f3stol, la soluci\u00f3n de los problemas intramundanos. El cristiano no contempla el misterio, de donde recibir\u00eda la luz y el impulso para ejecutar los planes misteriosos del Padre; sino que se enfrenta inmediatamente con las situaciones que han de ser resueltas seg\u00fan su propio juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>En lugar de vivir en el misterio, se desvive en la multiplicidad de los problemas. Y se <em>problematiza,<\/em> se angustia, se desanima, desconf\u00eda de la Iglesia, o de lo que \u00e9l piensa que es la Iglesia y que en realidad no lo es. Pues a sus ojos no aparece m\u00e1s que una especie de cad\u00e1ver, ya que se le ha sustra\u00eddo el principio de vida. Literalmente, como una muchedumbre <em>informe,<\/em> ya que no se percibe su forma, su alma, su principio vital operando continuamente. Como una sociedad humana, susceptible de cualquier cambio \u2013o de ninguno\u2013, seg\u00fan las corrientes dominantes en la \u00e9poca o en la mentalidad singular del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Infiel a su propio principio de vida, el hombre no puede pensar rectamente ni actuar adecuadamente. Carente del \u00fanico principio de unidad, los hombres no pueden vivir un\u00e1nimes, inexcusablemente se disgregan en grupos incompatibles. Se habla acaso m\u00e1s que nunca de la caridad, puesto que se siente m\u00e1s que nunca la separaci\u00f3n; pero ya no se trata de la caridad, sino del amor natural muy diversamente concebido.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, el hombre no puede reformar la Iglesia, sino que <em>ha de ser transformado<\/em> en la Iglesia. Y la Iglesia misma, en cuanto Cuerpo de Cristo, ha de ser continuamente transformada.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Transformaci\u00f3n<\/strong><\/em> significa: cambio de forma interior, entendiendo la palabra \u00abforma\u00bb en el sentido profundo: principio del ser mismo. Es decir, sustituci\u00f3n progresiva del principio de vida natural \u2013el propio esp\u00edritu, la propia alma\u2013 por el principio de vida sobrenatural divino: el Esp\u00edritu Santo. El hombre reconoce que en \u00faltimo t\u00e9rmino no puede ser su esp\u00edritu quien le anime, sino que ha de dejarse animar, vivificar, por el mismo Esp\u00edritu Santo, que, siendo una Persona Divina, infinitamente distinta de \u00e9l, quiere, sin embargo, vivificarle desde dentro. Desde el interior del individuo y de la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces el hombre ya no parte de s\u00ed mismo, sino que est\u00e1 atento a la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu. Ya no hay problemas angustiosos, sino tareas siempre realizables gozosamente \u2013con la participaci\u00f3n de la cruz de Cristo ciertamente\u2013, porque contamos con el vigor omnipotente y con la sabidur\u00eda divina. No hay aferramiento a las propias opiniones, pues estamos dispuestos a escuchar al Esp\u00edritu Santo; no hay errores que estorben el progreso, pues estamos guiados por el Esp\u00edritu de Verdad; no hay disgregaci\u00f3n ni grupos de oposici\u00f3n, ya que tenemos todos el mismo Esp\u00edritu, o mejor a\u00fan, somos tenidos por \u00c9l. En suma: las crisis consisten en la inadecuaci\u00f3n entre el cuerpo y el alma; la humanidad m\u00faltiple, d\u00e9bil, sujeta a error y a pecado, y el Esp\u00edritu Santo. Y no hay otra soluci\u00f3n sino la humilde disponibilidad del hombre para dejarse informar, inspirar, por el Esp\u00edritu Santo. Eso significa que toda crisis se resuelve por una <em><strong>intensificaci\u00f3n de la espiritualidad<\/strong><\/em><em>.<\/em> Puesto que espiritualidad no es sino la calidad de espiritual; y espiritual es el hombre \u2013o la sociedad\u2013 que se deja mover por el Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Es capital notar que el Esp\u00edritu Santo, que jam\u00e1s se contradice a S\u00ed mismo, act\u00faa en la Iglesia. Act\u00faa en la Jerarqu\u00eda y en los Santos. Asistiendo siempre a la Jerarqu\u00eda \u2013los obispos <em>con<\/em> el Papa\u2013; inspirando a los hombres, a todos ciertamente, pero decimos que act\u00faa en los Santos, pues s\u00f3lo ellos disponen dignamente su alma para que las inspiraciones recibidas sean fecundas y provechosas. De modo que la actitud del cristiano que quiera dejarse transformar en la Iglesia y cooperar a la transformaci\u00f3n de la Iglesia misma ha de estar atento a las directrices de la Jerarqu\u00eda y al testimonio de los Santos. Y atento a las inspiraciones interiores, usando las normas de discernimiento, suficientemente elaboradas a estas alturas, para no confundir los impulsos del Esp\u00edritu con los movimientos de su propia singularidad natural.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no menos importa observar que el Esp\u00edritu act\u00faa en el mundo, en cuanto creaci\u00f3n suya. En la medida en que los hombres son infieles al Esp\u00edritu, la creaci\u00f3n se convierte en un caos, aun en los niveles naturales. El Esp\u00edritu es el alma de la Iglesia y los cristianos son el alma del mundo. Por tanto, es el Esp\u00edritu mismo \u2013y como tal Persona divina distinta, personalmente acogida como aliento propio siquiera por quienes han recibido la revelaci\u00f3n exterior\u2013 quien crea y ordena el mundo terreno. Y es \u00c9l quien inspira cualquier mejoramiento natural, aun a quienes lo desconocen. Por ello, s\u00f3lo en la fidelidad al Esp\u00edritu puede mejorarse el mundo. Y por eso cualquier cambio natural que sea realmente progreso humano debe ser espiritualizado por el hombre espiritual, influyendo incluso en los hombres carnales. De lo contrario, se produce una situaci\u00f3n de crisis m\u00e1s o menos grave. En todo cambio terreno hay un impulso del Esp\u00edritu que hay que redimir. Y por ello no es falso que puedan contribuir ciertas situaciones de plano natural al desarrollo de la vida de la Iglesia. Pero contribuyen precisamente en cuanto entra\u00f1an fidelidad o infidelidad al Esp\u00edritu. Eso, en suma, s\u00f3lo puede discernirlo el hombre espiritual, que recibe el Esp\u00edritu en la Iglesia jer\u00e1rquica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Algunos ejemplos hist\u00f3ricos<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>1.<\/strong> Apenas nacida la Iglesia, tropieza con una fuerte crisis. <em><strong>Las corrientes gn\u00f3sticas<\/strong><\/em><em>, <\/em>el marcionismo y el montanismo perturban intensamente las comunidades cristianas. Brotando del propio cristianismo o adviniendo de fuera, el hecho es que el pensamiento gn\u00f3stico infesta el ambiente. Con matices muy diversos, el gnosticismo toma como punto de partida al hombre. Es ante todo una antropolog\u00eda. Y el hombre se constituye en centro referencial de los problemas cosmog\u00f3nicos, cristol\u00f3gicos y soteriol\u00f3gicos. Dios aparece como el separado, el incognoscible.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre encuentra en s\u00ed mismo, en su propio conocimiento, el camino de salvaci\u00f3n. Por supuesto, no todos los hombres, sino s\u00f3lo los selectos. Ambas notas se\u00f1alan claramente el fundamento de la autosuficiencia de los seguidores de tales doctrinas. Para muchos, las cosas son buenas o malas seg\u00fan las opiniones de los hombres. Predomina, pues, el relativismo moral. El perfecto puede acceder a cualquier acto objetivamente malo \u2013en la concepci\u00f3n cristiana\u2013 sin quedar pervertido, como el oro continuar\u00e1 siendo oro aunque se envuelva en fango.<\/p>\n\n\n\n<p>Los gn\u00f3sticos se separan de la Iglesia. Perturban no s\u00f3lo la doctrina, sino las normas morales y disciplinares. M\u00e1s a\u00fan, se dividen entre s\u00ed. San Epifanio llega a contar sesenta grupos distintos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos ah\u00ed los signos de toda falsa reforma: autosuficiencia, negaci\u00f3n de la autoridad de la Iglesia, trastornos de orden moral, libertad de pensamiento, dispersi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras noticias no son demasiado exactas. Hasta hace poco no se han descubierto textos gn\u00f3sticos bastantes. Sabemos la actitud y los trabajos de un San Ireneo, que escribe contra el gnosticismo su obra principal. Y poseemos informaci\u00f3n segura acerca de la actividad de la Iglesia: se intensifica la uni\u00f3n de los fieles en torno a cada obispo; la uni\u00f3n de los obispos entre s\u00ed y en torno al Obispo de Roma; se establece la l\u00ednea hist\u00f3rica de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica de los obispos; se organiza el catecumenado; se fijan muchas f\u00f3rmulas lit\u00fargicas; se enuncia el Canon de las Escrituras.<\/p>\n\n\n\n<p>Contemplamos c\u00f3mo, entre persecuciones y crisis internas, la Iglesia no s\u00f3lo no sucumbe o se desagarra, sino que crece y se unifica. Pero el pensamiento radical, el principio unificante y vivificante, lo expresa el mismo San Ireneo: \u00abDel mismo modo que no se puede sin agua hacer de los granos de trigo una masa \u00fanica, un solo pan, as\u00ed nosotros no hubi\u00e9ramos podido convertirnos en un solo cuerpo en Cristo Jes\u00fas sin esta agua celestial (del Esp\u00edritu Santo). Y al igual que la tierra seca no da fruto si no se riega, as\u00ed nosotros, que \u00e9ramos madera seca, jam\u00e1s habr\u00edamos podido dar frutos de vida sin esa lluvia de lo alto\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal reacci\u00f3n se produce tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con el<em><strong>montanismo<\/strong><\/em><em>. <\/em>Por supuesto, los montanistas no olvidan aparentemente al Esp\u00edritu. Todo lo contrario. Pero le interpretan a su manera, independientemente del pensamiento de la Iglesia. Los obispos de Asia se re\u00fanen en los primeros s\u00ednodos conocidos y condenan la herej\u00eda. El Papa Ceferino la condena en Roma hacia el a\u00f1o 200. El movimiento queda detenido, y si poco despu\u00e9s hay un brote de intensidad en Cartago, con Tertuliano, se trata de una divisi\u00f3n dentro del montanismo, del tertulianismo, sin importancia mayor fuera de la persona y los escritos del propio hereje.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.<\/strong> Brincando sobre cientos de a\u00f1os, recordemos ahora algunos aspectos del largo per\u00edodo que abarca los siglos XII y XIII.<\/p>\n\n\n\n<p>Con precedentes en la \u00e9poca inmediatamente anterior, aparecen casi por todas partes predicadores populares que atraen masas de cristianos. Pedro de Bruis, Tanquelmo, Enrique de Lausana, Arnaldo de Brescia&#8230; Todos ellos, y otros semejantes, denuncian las perversiones morales del clero, exigen la reforma, rechazan la disciplina de la Jerarqu\u00eda e incluso a la Jerarqu\u00eda misma.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>El movimiento de mayor momento y m\u00e1s sintom\u00e1tico es el valdense<\/strong><\/em><em>.<\/em> Pedro de Vald\u00e9s funda en 1175 una asociaci\u00f3n laical de penitencia y pobreza. Lector asiduo de la Biblia, abandona familia y hacienda. Y con el fin de promover una reforma que devuelva a la Iglesia la pureza original de la edad apost\u00f3lica, comienza a predicar. El obispo le proh\u00edbe hacerlo, y \u00e9l apela al Papa. Mas como el Papa confirma la sentencia episcopal, Pedro va elaborando ciertas doctrinas justificativas de su actitud bajo el influjo ya de los c\u00e1taros. Todo cristiano \u2013dice\u2013 posee el Esp\u00edritu; consiguientemente, es capaz de entender las Escrituras y comentarlas. El Evangelio no habla de sacerdotes, por tanto, los tales no tienen derecho a detentar la predicaci\u00f3n. Acaba negando la presencia de Cristo en la Eucarist\u00eda, el sentido de la Misa. Por otra parte, condena universalmente la guerra, as\u00ed como la pena de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El movimiento se organiza en secta, con sus propios jefes. Se extiende por Francia, Lombard\u00eda, Apulia, Calabria, Espa\u00f1a, Alemania, Polonia, Bohemia, Hungr\u00eda. Pero con el tiempo va dividi\u00e9ndose en grupos m\u00e1s o menos independientes. Algunos se reincorporan a la Iglesia, otros son absorbidos por los husitas, otros caen en las sectas protestantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Con car\u00e1cter mucho m\u00e1s radical y pervivencia muy prolongada hab\u00edan aparecido ya antes \u2013hacia el 1140\u2013 <em><strong>los c\u00e1taros<\/strong><\/em><em>.<\/em> No nos importa ahora detenemos en sus doctrinas y en su organizaci\u00f3n. Incorporan ingredientes gn\u00f3sticos, maniqueos, docetistas. Niegan la Trinidad y la Encarnaci\u00f3n.Los encontramos en Colonia, en el Norte de Italia, en el mediod\u00eda franc\u00e9s. Perduran vigorosos mucho tiempo. La Inquisici\u00f3n, establecida contra ellos en 1229, celebra a\u00fan procesos hacia el 1300.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay por estos tiempos otra serie de herej\u00edas, de mucho menor influjo en la cristiandad. Pero son aqu\u00e9llas las que principalmente se acusan.<\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente que todos estos movimientos nacen y crecen basados en un anhelo de reforma. El paso cercano de una sociedad feudal a una sociedad burguesa ha despertado ansias de cultura, de igualdad, de independencia. Impulsos naturales procedentes en \u00faltimo t\u00e9rmino del Esp\u00edritu Santo, pero recibidos imperfectamente y mezclados con no pocas tendencias ego\u00edstas. Hay en el plano expl\u00edcitamente sobrenatural un ansia de mejora, que probablemente proviene tambi\u00e9n del Esp\u00edritu. Pero tambi\u00e9n imperfectamente recibido y pervertido.<\/p>\n\n\n\n<p>Advertimos los mismos caracteres ya se\u00f1alados: limitaci\u00f3n a lo externo: lectura de la Biblia, pobreza, castidad. Autosuficiencia: la Escritura es interpretada por cada uno, pues todos poseemos igualmente el Esp\u00edritu. Es el individuo singular quien juzga a la Iglesia, y no viceversa. Todo esto se dice entonces, se predica, se extiende en el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se salva la Iglesia? La Iglesia salva estas crisis ahondando en s\u00ed misma, recurriendo a su propia alma. Dejando aparte que, durante todos estos a\u00f1os, frente a las lucubraciones her\u00e9ticas, abunda ya la literatura espiritual, se fundan \u00d3rdenes, se multiplican los Santos. Ci\u00f1\u00e9ndonos a la postura frente a los movimientos reformistas aludidos, contemplamos el nacimiento de las \u00d3rdenes Mendicantes. Dominicos y Franciscanos siguen fielmente la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu, posiblemente activa en los personajes antes citados, pero malograda por su infidelidad. Estos no s\u00f3lo realizan una vida de castidad y pobreza, sino que se apoyan en la Iglesia misma donde act\u00faa el Esp\u00edritu; son fieles a Roma. En muy poco tiempo se constituyen en maestros eximios de la Escritura. Son los principales art\u00edfices del esfuerzo teol\u00f3gico de que todav\u00eda vivimos. Santo Tom\u00e1s y San Buenaventura, por limitarnos a dos ejemplos, siguen siendo hoy mismo maestros de dogma, de moral, de espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, la Jerarqu\u00eda reafirma su autoridad. Las intervenciones episcopales, y aun pontificias, son m\u00faltiples. Se celebran S\u00ednodos repetidamente. Y la herej\u00eda de los c\u00e1taros es tratada en el Concilio III de Letr\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de dos corrientes aparte: por un lado, la Jerarqu\u00eda, por otro lado, los Santos enfrentados con ella. Por el contrario, lo que patentiza la actuaci\u00f3n de estos \u00abSantos transformadores\u00bb en relaci\u00f3n con los turbulentos reformistas y con los herejes sin m\u00e1s es su conexi\u00f3n con la Jerarqu\u00eda por la obediencia. Y muy especialmente por su obediencia al Papa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un hecho al cual no queremos dejar de aludir, siquiera sea brevemente. De 1378 a 1449 se produce el llamado <em><strong>Gran Cisma de Occidente<\/strong><\/em><em>.<\/em> Dos y hasta tres hombres se arrogan el t\u00edtulo de Papa, y la cristiandad se divide en cuanto al reconocimiento de uno y otro. Y realmente a estas fechas seguimos sin certeza respecto de la legitimidad de cualquiera de ellos. Sin embargo, la Iglesia no se derrumb\u00f3. No es que atravesara sin da\u00f1o tal per\u00edodo. El arraigo de las tendencias conciliaristas es una muestra de lo contrario. Pero de hecho super\u00f3 la crisis, en cierto sentido la m\u00e1s grave acaso de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la \u00e9poca en que la literatura m\u00edstica alcanza muy altas cimas significativas de una vida espiritual aut\u00e9ntica y elevada. La \u00e9poca de Santa Catalina de Siena; de la \u00abdevotio moderna\u00bb en Alemania; de los grandes m\u00edsticos ingleses; de Gers\u00f3n, de Nicol\u00e1s de Cusa \u2013ambos con amplia dedicaci\u00f3n a la espiritualidad y con much\u00edsimo influjo\u2013, de San Vicente Ferrer&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que no falla la substancia de la fe. Todos creen en el Esp\u00edritu que act\u00faa en la Iglesia y, salvo algunos extremistas propugnadores del conciliarismo, todos creen en la autoridad del papado. Ciertamente, en muchos la fe parece quedar como una ra\u00edz, sin vigor para desarrollarse y fructificar en caridad, limitada a los niveles intelectuales. Pero en tales niveles la fe perdura. Y es una lecci\u00f3n de inmensa importancia que no deber\u00edamos jam\u00e1s olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3.<\/strong> Tomemos nuestro \u00faltimo ejemplo del <em><strong>luteranismo<\/strong><\/em><em>.<\/em> Innegablemente, una de las crisis capitales de toda la vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por aquellos tiempos, la autoridad de la Iglesia es muy d\u00e9bil. La Jerarqu\u00eda se encuentra muy desacreditada ante el pueblo. La teolog\u00eda est\u00e1 en franca decadencia. No podemos atribuir \u2013como se hace con frecuencia\u2013 la rebeli\u00f3n de Lutero, ni siquiera su \u00e9xito, a la corrupci\u00f3n de las costumbres del clero. Desde luego que contribuye a abonar el terreno, lo mismo que la codicia de muchos, que salen mundanamente favorecidos con la reforma luterana. Pero no es esa la causa real. Desventuradamente la corrupci\u00f3n ven\u00eda de lejos, y en cambio no faltaban, ni mucho menos, tampoco en esa edad, pastores y cristianos ejemplares que laboraban por la superaci\u00f3n de las deficiencias en todos los niveles. Abundan los intentos de correcci\u00f3n, de elevaci\u00f3n, en todos los terrenos, como lo muestra claramente el ejemplo de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, el mismo Lutero declara reiteradamente que no ataca simplemente las malas costumbres o las imposiciones econ\u00f3micas excesivas de Roma. Valgan por otras muchas estas declaraciones suyas: \u00abEntre nosotros la vida es mala, como entre los papistas; mas no les acusamos de inmoralidad&#8230;\u00bb \u00abYo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas imp\u00edas.\u00bb \u00abSupongamos que floreciera la religi\u00f3n y la disciplina del antiguo papado&#8230;, no obstante, tendr\u00edamos que decir: si no ten\u00e9is otra cosa que la santidad o la castidad de vuestra vida&#8230; merec\u00e9is ciertamente ser arrojados del reino de los cielos y condenados\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lutero es mucho m\u00e1s religioso y, por tanto, mucho m\u00e1s profundo que los heresiarcas anteriores. Aventurando una interpretaci\u00f3n, que no hace m\u00e1s que aplicar al caso los fundamentos ya expuestos, la inspiraci\u00f3n genuina del Esp\u00edritu Santo, que Lutero entorpece y extrav\u00eda, su interpretaci\u00f3n personal es mucho m\u00e1s radical. Ciertamente atiende la Biblia, como hab\u00edan hecho otros antes que \u00e9l, los valdenses, verbigracia. Pero no se fija en aspectos parciales, en la pobreza, o en la castidad, o en la justicia; sino que se centra en la ra\u00edz misma, en la relaci\u00f3n personal con el Esp\u00edritu Santo, con el Esp\u00edritu de Cristo. Comienza por una experiencia peculiar, que rectamente recibida debiera haber constituido fecund\u00edsimo testimonio en la Iglesia. La malentiende y construye su teor\u00eda, que influye en todos los criterios y consecuencias pr\u00e1cticas. Lo que \u00e9l siente es que la Iglesia es innecesaria; que el Esp\u00edritu Santo no es el alma de la Iglesia, sino solamente del alma del individuo Lutero y, consiguientemente, de cada hombre en cuanto individuo. Su actitud tiene vigencia, porque se dirige inmediatamente al sentido religioso, a la fe misma, que es la ra\u00edz de la vida en el cristiano, y a la soberbia humana, que es la ra\u00edz \u00faltima de toda postura falseada. Pese a sus declaraciones sobre la vileza y la impotencia del hombre y a sus encarnizados ataques contra la raz\u00f3n, la soberbia queda indemne, puesto que en suma el fundamento de todo es el juicio individual.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, el \u00e9xito de Lutero se debe b\u00e1sicamente a que opera en los fundamentos mismos de la vida cristiana: la acci\u00f3n de Dios sobre el hombre, la respuesta interior, \u00faltima, del hombre a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que niega Lutero es el amor del Padre a cada hombre tal como es y tal como vive en la comunidad de la Iglesia. El hombre no puede hacer nada; pero es precisamente el hombre quien discierne su destino. Es, en el fondo, un intelectualismo antirracional\u00edstico, que destruye consiguientemente la ra\u00edz misma de la Iglesia: la fe en el amor de Dios manifestado en Cristo por el Esp\u00edritu Santo que obra en la Iglesia, seg\u00fan su benepl\u00e1cito en cuanto a los modos externos y caminos, fuera de mi discernimiento individual.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a Lutero, la Iglesia salva, no sin enormes p\u00e9rdidas, el peligro. La Jerarqu\u00eda se afirma m\u00e1s que nunca; se re\u00fane un Concilio; se contemplan las bases reales de la vida cristiana misma; se aplican en normas concretas, dogm\u00e1ticas, morales, disciplinares. Y, al mismo tiempo, una verdadera muchedumbre de Santos, muchos ya canonizados, act\u00faan en uni\u00f3n m\u00e1s consciente que nunca con la Jerarqu\u00eda. Pensemos en el cuarto voto de obediencia al Papa que propone San Ignacio.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos detenemos a analizar los movimientos cat\u00f3licos de la \u00e9poca. Exigir\u00eda un tiempo mucho m\u00e1s largo del que podemos disponer. Por otra parte, es innecesario, pues se trata de una \u00e9poca suficientemente conocida por todos. No obstante, vamos a citar, un tanto a capricho, algunos de los Santos que viven por aquellos tiempos. Creemos que la simple enumeraci\u00f3n, aun muy parcial, tiene valor demostrativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lutero lanz\u00f3 sus tesis sobre las indulgencias en 1517. Muri\u00f3 en 1546. Dejando a un lado una serie de figuras y movimientos casi inmediatamente precedentes, y limit\u00e1ndonos a Santos contempor\u00e1neos de la actividad de Lutero, encontramos, entre los dominicos, a S. P\u00edo V y a San Luis Beltr\u00e1n; entre los agustinos, a Santo Tom\u00e1s de Villanueva; entre los trinitarios, el Bto. Juan Bautista de la Concepci\u00f3n; entre los carmelitas, a San Juan de la Cruz y Santa Teresa. Encontramos fundadores de \u00d3rdenes nuevas, como San Cayetano, que funda los teatinos, una de cuyas mayores figuras es S. Andr\u00e9s Avelino; S. Antonio Mar\u00eda Zacar\u00edas funda los barnabitas; S. Juan Leonardi, los cl\u00e9rigos regulares de la Madre de Dios; S. Francisco Caracciolo, los cl\u00e9rigos regulares menores; entre los capuchinos tenemos a San Jos\u00e9 de Conesa y a San Lorenzo de Brindisi. San Jer\u00f3nimo Emiliano, San Camilo y San Juan de Dios fundan Ordenes dedicadas a la atenci\u00f3n de los enfermos; San Jos\u00e9 de Calasanz funda los Escolapios; y no es necesario siquiera mencionar a San Ignacio de Loyola, con el grupo de las primeras generaciones de Jesuitas, de enorme influjo en la Iglesia a partir de su fundaci\u00f3n. San Felipe de Neri funda el Oratorio del divino amor&#8230; Todos los citados son religiosos. Pero igualmente podr\u00edamos escribir una largu\u00edsima serie de Obispos santos, como San Carlos Borromeo, Santo Toribio de Mogrovejo o San Juan de Ribera; de sacerdotes, como San Juan de \u00c1vila; e incluso de seglares, como Santo Tom\u00e1s Moro.<\/p>\n\n\n\n<p>No hace falta notar que much\u00edsimos de ellos, con sus predicaciones y escritos, impulsaron corrientes muy vigorosas de espiritualidad, de teolog\u00eda dogm\u00e1tica y m\u00edstica, a consecuencia de lo cual el siglo XVI entero y en parte el XVII viven un ambiente de plenitud en sectores muy amplios de cat\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que lo recordado basta para demostrar la ininteligencia que supone hablar de reforma y contrarreforma. No se trata de configuraciones secundarias, por muy importantes que en s\u00ed sean. Se trata de transformaciones, del contacto con la forma misma, con el alma que vivifica y unifica, con el Esp\u00edritu Santo. Estamos, de un lado y otro, y refiri\u00e9ndonos a las cabezas de ambos movimientos, en plena espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La crisis actual<\/h2>\n\n\n\n<p>Es innegable que hoy nos encontramos ante una profund\u00edsima crisis, quiz\u00e1 la m\u00e1s grave que ha sufrido la Iglesia en su historia. Con la particularidad de que tambi\u00e9n aparecen actitudes eclesiales potencialmente v\u00e1lidas para producir una renovaci\u00f3n fructuosa. Actitudes, impulsos, ideas, orientaciones del Papa y de los Obispos extraordinariamente aptas para el di\u00e1logo de la Iglesia con el mundo, es decir, para ese coloquio que pueda conducir a la salvaci\u00f3n, tal como lo expresaba Pablo VI en la Enc\u00edclica <em>Ecclesiam suam.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero algo est\u00e1 fallando en los cimientos. Quiz\u00e1 el mismo contenido del di\u00e1logo, en nada parecido al del Se\u00f1or con Nicodemo cuando le dec\u00eda a \u00e9ste que era preciso \u00abnacer de nuevo\u00bb. La referencia a esa vida nueva, vida divina en el hombre, apenas existe. Entonces, el di\u00e1logo no sirve para sembrar semillas de revelaci\u00f3n, sino para multiplicar la maleza en que la semilla queda ahogada.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed no me consuela nada decir que se est\u00e1 preparando una \u00e9poca nueva para el futuro de la Iglesia, en que la luz va a brillar m\u00e1s potente que hasta aqu\u00ed. No me consuela, <em>primero,<\/em> porque yo solamente tengo una vida, la que me toca vivir estos a\u00f1os; y como yo, mi di\u00f3cesis, y los padres de familia, y los j\u00f3venes, y los ni\u00f1os, y los sacerdotes y las comunidades religiosas de mi di\u00f3cesis. <em>Segundo,<\/em> porque eso es jugar a la futurolog\u00eda, y no sabemos si se producir\u00e1 o no esa nueva \u00e9poca. <em>Tercero,<\/em> porque los que se pierdan ahora, no me los van a salvar despu\u00e9s. Y <em>cuarto,<\/em> porque dudo mucho que se produzca esa renovaci\u00f3n, mientras sigamos por el camino que ahora vamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como tampoco me afecta el que a algunos, a los que hablamos as\u00ed, nos llamen profetas de calamidades. No somos profetas, sino notarios que damos fe de lo que vemos y palpamos. Ya en 1967, en la alocuci\u00f3n inaugural, que dirigi\u00f3 Pablo VI al primer S\u00ednodo de los Obispos, dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa solicitud por la fidelidad doctrinal, que en el comienzo del reciente Concilio fue tan solemnemente enunciada, debe guiar, por tanto, este nuestro per\u00edodo posconciliar, y con tanta mayor vigilancia por parte de quien en la Iglesia de Dios tiene, recibido de Cristo, el mandato de ense\u00f1ar, de difundir su mensaje y de guardar el dep\u00f3sito de la fe. Y esto tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s numerosos y m\u00e1s graves son los peligros que hoy nos amenazan\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEnormes peligros a causa de la irreligiosa orientaci\u00f3n de la moderna mentalidad, y peligros insidiosos que, desde el interior mismo de la Iglesia, se pronuncian por obra de maestros y de escritores deseosos, s\u00ed, de dar a la doctrina cat\u00f3lica una expresi\u00f3n nueva, pero a menudo m\u00e1s deseosos de adaptar el dogma de la fe al pensamiento y al lenguaje profano, que de atenerse a la norma del Magisterio Eclesi\u00e1stico, dejando as\u00ed libre curso a la opini\u00f3n de que, olvidadas las exigencias de la ortodoxia, entre las verdades de la fe pueden escogerse las que, conforme al juicio de una instintiva preferencia personal, parecen admisibles, rechazando las dem\u00e1s, como si pudieran reivindicarse los derechos de la conciencia moral \u2013libre y responsable de sus actos\u2013 frente a los derechos de la verdad, donde los primeros entre todos son los de la divina Revelaci\u00f3n (cf. Gal 1, 6-9), y como si pudiera someterse a revisi\u00f3n el patrimonio doctrinal de la Iglesia para dar al cristianismo nuevas dimensiones ideol\u00f3gicas muy diferentes de las teol\u00f3gicas que la genuina tradici\u00f3n, con inmensa reverencia al pensamiento de Dios, deline\u00f3.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abComo sabemos, la fe no es fruto de una interpretaci\u00f3n arbitraria o puramente naturalista de la Palabra de Dios, como tampoco es la expresi\u00f3n religiosa nacida de la opini\u00f3n colectiva, falta de una gu\u00eda autorizada, de quien se dice creyente; y menos a\u00fan, de la aquiescencia a las corrientes filos\u00f3ficas o sociol\u00f3gicas del transe\u00fante momento hist\u00f3rico.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa fe es la adhesi\u00f3n de todo nuestro ser espiritual al maravilloso y misericordioso mensaje de la salvaci\u00f3n que se nos ha comunicado por las v\u00edas luminosas y secretas de la Revelaci\u00f3n; ella no es s\u00f3lo b\u00fasqueda, sino, ante todo, certeza; y m\u00e1s que fruto de nuestra investigaci\u00f3n, es cierto don misterioso, que exige el que nos mostremos d\u00f3ciles y preparados para aquel excelso di\u00e1logo que Dios instituye con nuestras almas atentas y llenas de confianza\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1adid a estas palabras las que, con el mismo tono y mucho m\u00e1s grave acentuaci\u00f3n en su lamento, ha seguido pronunciando todos estos a\u00f1os; las \u00faltimas bien recientes, al condenar la actitud de Monse\u00f1or Lefebvre y sus seguidores; y la de quienes, en el campo contrario, atropellan la fe, la moral y la liturgia de la Iglesia con sus locuras de diverso signo.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Se intentan por todas partes<\/strong><\/em><em><strong>\u00abreformas<\/strong><\/em><strong>\u00bb <\/strong><em><strong>superficiales<\/strong><\/em><em>.<\/em> Cambios de estilo, adaptaciones externas al pueblo cristiano y a los hombres que viven de una u otra manera fuera de la Iglesia, en la liturgia, en los m\u00e9todos pastorales, en las estructuras eclesi\u00e1sticas incluso. No pocos se quedan en ese terreno, dando lugar a discusiones leg\u00edtimas o rencillas dom\u00e9sticas, entre conservadores y progresistas; lenguaje que apenas tiene sentido entre nosotros. Tal superficialidad, que se ha producido siempre, es ya grave. Pero mucho m\u00e1s grave a\u00fan es que, sin plantearlo expresamente, se atenta a los mismos fundamentos. Que, inconscientemente por lo com\u00fan, se busca una \u00abtransformaci\u00f3n\u00bb real. No un dejarse transformar por el Esp\u00edritu en todo lo no transformado, lo no vivificado por \u00c9l, que es el quehacer continuo de los hombres en la tierra; sino un cambio de forma, una animaci\u00f3n de la Iglesia por el esp\u00edritu humano.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>La vida se ejerce en la tierra por las virtudes morales<\/strong><\/em><em>.<\/em> Ahora bien, la inmoralidad de las costumbres es tanto m\u00e1s grave, cuanto que no solamente crece incesantemente la oleada de perversidad moral, sino que las perversiones se justifican intelectualmente. En este aspecto podr\u00edamos decir que en casi todas las l\u00edneas el llamado progreso consiste en una regresi\u00f3n acelerada de veinte siglos. R\u00e1pidamente los cristianos practican, y no pocos moralistas canonizan doctrinalmente, los mismos horrores que los cristianos de los primeros siglos lograron \u00abcasi\u00bb eliminar con su doctrina, con su vida y con su muerte martirial.<\/p>\n\n\n\n<p>El divorcio, la homosexualidad, la repugnancia a comunicar la vida, los anticonceptivos, el aborto, la fornicaci\u00f3n, el culto del placer por el placer en el aspecto sexual&#8230; La \u00abexclusi\u00f3n\u00bb de los mundanamente in\u00fatiles: el aborto, la eutanasia&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y no entramos en un an\u00e1lisis de la crisis de la prudencia, de la justicia y de la fortaleza, porque exigir\u00eda demasiado tiempo. Pero habr\u00eda que ser ciego para no ver que apenas encontramos quien tenga fortaleza para presentar el Evangelio \u00edntegro; y que, si hay capacidad para enfrentarse con los poderes constituidos, no la hay para enfrentarse con el poder y con la fuerza del ambiente; y que realmente nadie es capaz de medirse con los poderes naturalmente superiores del c\u00edrculo enque se mueven. Y que, si se habla de justicia social, se olvida en cambio completamente el respeto al pr\u00f3jimo, y se le juzga de continuo encontradicci\u00f3n formal con los preceptos evang\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<p>Asistimos a una canonizaci\u00f3n de los pecados capitales. Y a una perversi\u00f3nabsoluta de las virtudes teologales.<\/p>\n\n\n\n<p>La caridad se toma te\u00f3ricamente en filantrop\u00eda y pr\u00e1cticamente en la satisfacci\u00f3n ego\u00edsta de tendencias inferiores. Apenas se condena el ego\u00edsmo manifestado en la posesi\u00f3n de bienes econ\u00f3micos.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza se ha convertido en el deseo ilusionado de mejoras ultramundanas, apoyadas en el desarrollo de las potencias naturales del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe se vac\u00eda en su realidad de adhesi\u00f3n total, con ingrediente b\u00e1sico intelectual, al Padre, al Hijo encamado, al Esp\u00edritu Santo que act\u00faa en la Iglesia jer\u00e1rquicamente estructurada.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede negarse \u2013pues ellos mismos lo afirman\u2013 que muchos cat\u00f3licos se sienten m\u00e1s cercanos a un ateo, con tal de que colabore en ciertas mejoras naturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas queda alg\u00fan dogma indiscutido: Trinidad, Encarnaci\u00f3n, Iglesia, Gracia, Sacramentos&#8230;, en su misma esencia, o en sus consecuencias m\u00e1s inmediatas. La repulsa del Magisterio, repetida, expresa, p\u00fablica, por parte de los mismos mandatarios para la ense\u00f1anza, es un hecho nuevo y grav\u00edsimo. No hace mucho \u2013aunque en esta \u00e9poca los sucesos quedan muy pronto lejanos\u2013 un grupo de te\u00f3logos exig\u00eda de Pablo VI la retractaci\u00f3n de su \u00abCredo del Pueblo de Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota espec\u00edfica de nuestros tiempos: la confusi\u00f3n<\/strong>. Dada la presencia inmediata del Magisterio es muy improbable que en la Iglesia se presente una herej\u00eda clara. Las verdades est\u00e1n definidas con suficiente claridad, y la autoridad lo bastante cercana para denunciar cualquier posible herej\u00eda imaginable. Pero existen multitud de actitudes mentales her\u00e9ticas, que se expresan en \u00abcriptoherej\u00edas\u00bb, en formas oscuras que minan la fe, que engendran nuevas actitudes incompatibles con ella. Y que son de muy dif\u00edcil discernimiento, o de discernimiento imposible, para la inmensa mayor\u00eda de los cat\u00f3licos, incluidos los mismos pastores que no hayan alcanzado un grado muy alto de formaci\u00f3n teol\u00f3gica o una vida espiritual muy elevada.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie puede negar que aumenta, desde hace a\u00f1os, el n\u00famero de cat\u00f3licos que pierden la fe; que niegan la existencia de Dios, el dogma de la Trinidad, la divinidad de Cristo, la existencia de la Iglesia como instituci\u00f3n, divina, la infalibilidad de la Iglesia misma y ante todo del Papa; las normas morales m\u00e1s elementales. Que admiten su integraci\u00f3n en grupos declaradamente her\u00e9ticos, o simplemente ateos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello constituye una crisis absolutamente nueva, y de una peligrosidad mayor que cualquiera de las precedentes.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ra\u00edces positivas<\/h3>\n\n\n\n<p>Las ra\u00edces inmediatas de la crisis son m\u00faltiples. Podr\u00edamos se\u00f1alar entre ellas algunas positivas, pero mal asimiladas. Impulsos del Esp\u00edritu en el mundo, que han producido genuinos progresos parciales, no integrados por la humanidad a causa de la infidelidad al mismo Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, los adelantos cient\u00edficos, sea en biolog\u00eda, ciencias f\u00edsicas, naturales, que dan lugar a descubrimientos de aplicaci\u00f3n inmediata en medicina, etc. Cuando un avance parcial no es integrado por la fe que opera por la caridad, inmediatamente plantea una regresi\u00f3n dolorosa de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Igualmente, progresos parciales del pensamiento \u2013muchas veces en conexi\u00f3n con los anteriores\u2013 ocasionan nuevas formas de pensar en filosof\u00eda, que no integradas en una visi\u00f3n universal cristiana vienen a constituirse en principios de un estilo mental anticristiano, y se descarr\u00edan muy pronto en la duda y llegan al error.<\/p>\n\n\n\n<p>Los mismos progresos en las ciencias m\u00e1s inmediatamente humanas: psicolog\u00eda, sociolog\u00eda, econom\u00eda, pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres de la Iglesia no han tenido suficiente capacidad para asimilarlos. Se han producido una serie de yuxtaposiciones. El cat\u00f3lico ha vivido, por una parte, su fe, en ciertas actuaciones privadas, religiosas, y, por otra, la actividad p\u00fablica de su oficio, de trabajador, de ciudadano. A lo m\u00e1s ha tratado de saber cu\u00e1l era la valla que no pod\u00eda traspasar sin dejar de llamarse cristiano. Y ha llegado un momento en que ya muchos no admiten la legitimidad de valla alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo una muchedumbre de probables inspiraciones sobrenaturales, relacionadas con los grupos indicados, o independientes de ellos, que deber\u00edan conducir a la inteligencia m\u00e1s honda y extensa y a la pr\u00e1ctica m\u00e1s perfecta de no pocas virtudes: la fe, la caridad, la obediencia, la justicia social, los Sacramentos, especialmente acaso los del matrimonio y el orden. No hacemos sino ejemplificar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante tales movimientos, cuya procedencia \u00faltima atribuimos de buen grado al Esp\u00edritu Santo como principio vivificador de la humanidad, creemos comprobables tres actitudes deficientes, cuya ra\u00edz \u00faltima es evidentemente la soberbia humana, la postura radical del hombre de constituirse en principio frente a Dios; y que son la causa de la crisis que padecemos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>1\u00aa La actitud ortodoxa inconsecuente<\/strong><\/em><em>.<\/em> Se admite sin discusi\u00f3n todo el aspecto intelectual de la fe; se recibe de buena gana el Magisterio de la Iglesia; se intenta incluso practicarlo, pero hasta cierto punto. Y as\u00ed, se prepara el ambiente para la negaci\u00f3n de los primeros principios. Se permite al Esp\u00edritu que \u00abinforme\u00bb nuestro entendimiento en cuanto a las verdades de la fe; no se le permite que informe nuestros criterios pr\u00e1cticos y menos nuestras actuaciones. Y se canoniza la postura, con el pretexto de que \u00absomos hombres\u00bb y no hay que caer en exageraciones. Quedamos efectivamente hombres, es decir, \u00abhumanos\u00bb, camales, infantiles, pueriles. \u00bfY c\u00f3mo no va a entrar en crisis grav\u00edsimas una Iglesia cuyos miembros son en su inmensa mayor\u00eda, deliberadamente, ni\u00f1os? \u00bfC\u00f3mo luchar\u00eda las batallas de Dios una masa de ni\u00f1os? Podemos tomar cualquier recomendaci\u00f3n del Evangelio, cualquier recomendaci\u00f3n papal&#8230; \u00bfCu\u00e1ntos cristianos han deseado sinceramente progresar m\u00e1s y m\u00e1s en la pobreza, en la carencia, acerc\u00e1ndose al Se\u00f1or que no tema d\u00f3nde reposar la cabeza? \u00bfCu\u00e1ntos cristianos trabajaron por ahondar intelectualmente y por llevar a la pr\u00e1ctica las doctrinas de Le\u00f3n XIII sobre las cuestiones sociales, o las del mismo Papa acerca de los estudios eclesi\u00e1sticos? La mediocridad se erig\u00eda en norma para la masa cristiana \u2013incluidos much\u00edsimos pastores\u2013 que aceptaba la palabra del Pont\u00edfice.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>2\u00aa La actitud semiortodoxa de quienes discuten las decisiones del Magisterio<\/strong><\/em>, las directrices pr\u00e1cticas de los Papas mismos, pero, queriendo mantenerse en la Iglesia, originando el confusionismo m\u00e1s nocivo. Reclamando por s\u00ed mismos la autoridad de decisi\u00f3n en m\u00faltiples cuestiones. Es la actitud m\u00e1s ostensible hoy d\u00eda, aunque no sea probablemente la m\u00e1s com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>3\u00aa La actitud claramente heterodoxa<\/strong><\/em><em>.<\/em> Hay quienes se\u00f1alan la existencia de dos Iglesias, lo cual, aunque en la confusi\u00f3n actual pueda enga\u00f1ar a muchos, es claramente her\u00e9tico. No faltan quienes se inspiran en principios claramente ateos para muchas de sus decisiones p\u00fablicas o privadas. Lo extra\u00f1o es que muchos de ellos sigan afirm\u00e1ndose cat\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ra\u00edces hist\u00f3ricas inmediatas<\/h3>\n\n\n\n<p>Si queremos entrar en las ra\u00edces inmediatas hist\u00f3ricas, tendr\u00edamos que se\u00f1alar:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>1\u00ba La problem\u00e1tica que la crisis modernista dej\u00f3 sin resolver<\/strong><\/em><em>.<\/em> Es cierto que se resolvi\u00f3 doctrinalmente en su aspecto negativo. Se sab\u00eda de sobra lo que no pod\u00eda aceptarse; pero, por las causas arriba se\u00f1aladas, no se dio soluci\u00f3n positiva a las ansias leg\u00edtimas que produjeron aquella crisis. Ello no quiere decir que no hubiera positivo progreso; pero no el suficiente, ni con mucho, para que cualquier persona de buena voluntad, pero d\u00e9bil, quedara satisfecha. Las actitudes que P\u00edo X notaba en el movimiento modernista continuaron vigentes en muchos cat\u00f3licos y, al crecer, han desembocado en la actual situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>2\u00ba El desarrollo de las teor\u00edas y pr\u00e1cticas marxistas<\/strong><\/em><em>.<\/em> Radicalmente ateo, con aciertos parciales en buena parte de sus actuaciones y en algunas de sus aportaciones positivas, el marxismo ha invadido la sociedad. Muchedumbres de cat\u00f3licos se han encontrado \u2013por la puerilidad a que alud\u00edamos\u2013 incapaces de discernir, de rechazar lo inadmisible, de asimilar lo asimilable. Muchos se han rendido desde el principio; otros se han ido dejando mentalizar inconscientemente; otros han intentado yuxtaponer elementos marxistas en la concepci\u00f3n y en la vida total cristiana. Pero una yuxtaposici\u00f3n es algo opuesto a una asimilaci\u00f3n, y necesariamente enferma al sujeto, le desorganiza, le despersonaliza, le incapacita \u2013salvo milagro\u2013 para recibir la gracia.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>3\u00ba La llamada cultura moderna<\/strong><\/em><em>.<\/em> No cultura real, pues la cultura es el cultivo de una personalidad humana y, en suma, de la sociedad humana. Pero una acumulaci\u00f3n de ingredientes derivados de diversos y aun opuestos principios, no produce cultura alguna, sino, por el contrario, una desorganizaci\u00f3n de saberes, con frecuencia contradictorios, y siempre dispares, que destruyen la \u00fanica personalidad posible. La llamada cultura llega a la masa \u2013y en este sentido, casi todos somos masa\u2013 en una serie de esl\u00f3ganes halagadores a las pasiones, a la autosuficiencia en primer t\u00e9rmino. La adultez del hombre; la afirmaci\u00f3n continua de sus derechos; la promoci\u00f3n natural; la nocividad de la represi\u00f3n; la legitimidad del goce incontrolado por la fe y aun por la raz\u00f3n; el derecho de todos a opinar en todo; el olvido de la malicia humana original, pero con la reclamaci\u00f3n de la irresponsabilidad del hombre siempre que le resulte \u00fatil. La importancia del hombre, su dignidad de tal, pero legitimando la eliminaci\u00f3n de los hombres in\u00fatiles para los fines mundanos de la sociedad&#8230; Tales actitudes han entrado en la Iglesia. Ha entrado, seg\u00fan la c\u00e9lebre frase de Pablo VI, \u00abel humo de Satan\u00e1s\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos resumir diciendo que la causa de la crisis actual es, sencillamente, la autosuficiencia humana, no ya s\u00f3lo como soberbia del individuo concreto, sino como soberbia del hombre como tal. El hombre se conoce como autosuficiente y como autofinalizado. Y, a lo m\u00e1s, Dios aparece como alguien a quien acudimos porque queremos, a quien buscamos nosotros, si nos place. Y eso es la esencia misma del pecado.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La superaci\u00f3n de la crisis actual<\/h3>\n\n\n\n<p>No puedo detenerme a se\u00f1alar los principios de soluci\u00f3n de esta crisis, porque va a ser precisamente el objeto de las lecciones de toda la Semana. Pero s\u00ed, fiel a lo que me he propuesto en esta introducci\u00f3n, quiero afirmar una vez m\u00e1s que la crisis que ahora contemplamos solamente puede ser superada por una efusi\u00f3n de espiritualidad bien entendida.<\/p>\n\n\n\n<p>Los documentos conciliares nos ofrecen riqu\u00edsima doctrina acerca de la espiritualidad cristiana y, cuidadosamente acomodada, en su expresi\u00f3n y en sus consecuencias variables, a nuestra \u00e9poca. De manera que no podemos atribuir, ni al Concilio, ni al esfuerzo conciliar, la crisis en que nos debatimos. Desgraciadamente, esos tesoros de espiritualidad que el Concilio nos ofrece, apenas han sido aprovechados ni en el campo de la espiritualidad especulativa, ni en el de las realizaciones pr\u00e1cticas. Desgraciadamente, apenas ha sido aprovechada: poco en el campo de la espiritualidad especulativa; menos, probablemente, en las realizaciones. El Concilio se ha presentado generalmente como pastoral, como un acervo de sugerencias o mandatos acerca de las pr\u00e1cticas pastorales, pero entendiendo la pastoral de un modo un tanto extra\u00f1o. Pues es bien sabido que la pastoral no tiene m\u00e1s fin que colaborar con Cristo Pastor a que los hombres vivan la vida del Esp\u00edritu; ni tiene m\u00e1s origen que la vida espiritual, de los colaboradores, que permite actuar al mismo Esp\u00edritu sin prodigar milagros. Y todo esto ha quedado bien patente en los comentarios que ha hecho Pablo VI en la <em>Evangelii Nuntiandi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que la <strong>espiritualidad del Vaticano II<\/strong> podr\u00eda sintetizarse en dos palabras: <em>radicalidad<\/em> y <em>totalidad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Radicalidad<\/strong><\/em> en cuanto que recurre de continuo a las ra\u00edces de la vida cristiana: el misterio de la Trinidad. La acci\u00f3n de las Personas divinas. Toda actividad que pretenda seguir la l\u00ednea del Concilio ha de ser actividad consciente de la presencia operante del Esp\u00edritu Santo. De la presencia de Cristo, como Hijo del Padre y Donador del Esp\u00edritu. Y, por lo mismo, la espiritualidad conciliar es ostensiblemente cristol\u00f3gica y eclesial. Y, consecuentemente, sacramental, lit\u00fargica. Radical, precisamente porque incita al hombre a vivir partiendo de su n\u00facleo personal, a vivir consciente y voluntariamente esa vida divina. A acoger con plena conciencia la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s ning\u00fan Concilio ha insistido tanto como el Vaticano II en todos estos puntos. Jam\u00e1s ninguno se ha detenido a estudiar, a contemplar, el misterio de la Iglesia como el lugar donde act\u00faa el Esp\u00edritu de Cristo y del Padre; ni ha pormenorizado tan expresamente en la funci\u00f3n de cada miembro de la Iglesia como colaborador consciente del Esp\u00edritu para constituirse \u2013de formas diversas\u2013 en fuente de santificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Totalidad<\/strong><\/em><em>:<\/em> s\u00f3lo este Concilio nos ha presentado la ense\u00f1anza de la Iglesia acerca de la llamada a la santidad de cada uno. Llamada a la vida espiritual perfecta, total. Llamada a la cumbre de la caridad que informe todos los actos humanos. Solamente \u00e9l nos ha ense\u00f1ado que <em>todos<\/em> los miembros de la Iglesia est\u00e1n llamados a esta santidad. Nos ha recalcado que \u00e9ste es el fin de la Iglesia misma: ser fuente de santidad para todos sus miembros.<\/p>\n\n\n\n<p>Y nos ha reiterado de mil maneras que <em>toda<\/em> actividad del hombre en el mundo debe realizarse en este impulso de tendencia a la santidad plena. Se ha detenido a examinar las diversas funciones posibles, las diversas situaciones humanas, las diferentes clases de actividades, las distintas y aun opuestas actitudes del hombre actual frente a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente porque la crisis actual, como fruto de sus ra\u00edces buenas y malas, es universal y se siente como tal, el Concilio ha ido a las ra\u00edces mismas de lo universal: la Trinidad Santa, la Encarnaci\u00f3n, la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s, frente a la crisis, pero con m\u00e1s hondura y extensi\u00f3n que nunca, como la categor\u00eda de la situaci\u00f3n lo reclamaba, la Iglesia se ha concentrado en s\u00ed misma, ha tratado de contemplar el misterio que es ella misma, y ha llegado a m\u00faltiples pormenores que deber\u00edan asegurar la santificaci\u00f3n de sus miembros y, en consecuencia, su capacidad apost\u00f3lica en su contacto continuo con el mundo no cat\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s \u2013y esto ya no puede decirse en pasado, puesto que se trata de los hombres que todav\u00eda vivimos en la tierra\u2013 son los Santos quienes han de salvar la crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>Puesto que las desviaciones son m\u00e1s en n\u00famero que nunca; puesto que los elementos por integrar son igualmente muchos m\u00e1s que en cualquier otra ocasi\u00f3n, la crisis s\u00f3lo puede salvarse por una incorporaci\u00f3n m\u00e1s consciente, m\u00e1s voluntaria, m\u00e1s gustosa, a Cristo, en su Esp\u00edritu. Y eso s\u00f3lo puede realizarse en una integraci\u00f3n m\u00e1s total dentro de la Iglesia jer\u00e1rquica: en una actitud personal para recibir la comunicaci\u00f3n del Esp\u00edritu, siempre en conexi\u00f3n con la Jerarqu\u00eda que \u00c9l mismo ha establecido para que rija, ense\u00f1e y santifique a todos los miembros.<\/p>\n\n\n\n<p>Totalidad de actividades significa, adem\u00e1s, totalidad de virtudes. No basta para ser cristiano llevar hasta el extremo una virtud que el Evangelio recomienda: la religiosidad, la castidad, la justicia. Es necesario plantearlas todas, con la viva esperanza de alcanzarlas. Una castidad que no est\u00e1 inspirada por el Esp\u00edritu acogido expresamente en todas sus inspiraciones, no es una castidad cristiana. Y lo mismo digamos de la religiosidad, o de una justicia social, aunque revistan formas externas cristianas o se justifiquen con frases evang\u00e9licas. Las virtudes crecen <em><u>todas<\/u><\/em> juntas, como operaci\u00f3n de la caridad, de la ra\u00edz de la fe, alentadas por la esperanza. Y las virtudes teologales nos unen inmediatamente con las Personas divinas, y cuando han llegado a estar perfeccionadas en su ejercicio por los dones del Esp\u00edritu, constituyen al cristiano espiritual, al cristiano adulto, \u00fanico capaz de producir fruto considerable en la Iglesia; de ejercer actividad cristiana en el mundo. Es el hombre que, con toda su personalidad, desde el entendimiento hasta las zonas instintivas, se adhiere a Cristo; es el que proclama, en madurez fecunda, su creencia en el Padre, en Jesucristo y en el Esp\u00edritu Santo que act\u00faa en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexi\u00f3n final<\/h2>\n\n\n\n<p>Me queda algo que decir, y en cierto modo es lo m\u00e1s doloroso. Estoy hablando, en toda mi ponencia, de que la espiritualidad es la que puede salvarnos de los desvar\u00edos de la crisis actual. Y me doy cuenta de que mi lenguaje para muchos es ininteligible. Porque ya no sabemos lo que es espiritualidad. Se ha despojado a esta palabra de su rico y exacto contenido, y piensan que lo que defendemos es el pietismo, la religiosidad del rezo incontrolado, la evasi\u00f3n ego\u00edsta de los problemas de este mundo para refugiamos en un islote adonde solamente llega la brisa suave de las ma\u00f1anas tranquilas y los atardeceres serenos. \u00a1Qu\u00e9 tr\u00e1gico error!<\/p>\n\n\n\n<p>Espiritualidad es la cualidad del hombre espiritual, que llega a ser espiritual porque es d\u00f3cil a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, tal como se manifiesta en su Iglesia, a trav\u00e9s del <em>triple munus<\/em> de la Jerarqu\u00eda, y en el ejemplo vivo que nos dan los Santos. \u00bfQu\u00e9 otra fuerza puede haber mayor que \u00e9sta, m\u00e1s exigente, m\u00e1s capaz de transformarlo todo? <em><strong>Ven, Esp\u00edritu Santo, y renovar\u00e1s la faz de la tierra<\/strong><\/em><em>,<\/em> decimos en la liturgia.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de que el Esp\u00edritu Santo, con sus dones y sus luces, est\u00e9 presente en todos los esfuerzos que se hagan para la renovaci\u00f3n. Todos nos santificamos identificados con la Iglesia en los trabajos por el ecumenismo, la promoci\u00f3n de la justicia social, la defensa de la dignidad humana, el di\u00e1logo con la cultura y el mundo moderno.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no podemos identificamos con un ecumenismo que sacrifica la verdad; con una justicia social que se proclama con odio o con talante materialista; con una catequesis de la dignidad humana que no se atreve a hablar de la dignidad de los hijos de Dios y templos del Esp\u00edritu Santo; con una educaci\u00f3n de la fe que deja en penumbra las realidades sobrenaturales; con un di\u00e1logo con el mundo moderno nutrido de condescendencias perniciosas y destructoras; con un concepto de la virtud y del pecado opuesto al Evangelio, a la doctrina de los Ap\u00f3stoles y a la tradici\u00f3n constante en la Iglesia. Cuando se da esto, es cuando decimos que falta la espiritualidad, porque no hay docilidad a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Y as\u00ed, a la larga, todos los esfuerzos apost\u00f3licos fracasan y nos dejan llenos de amargura. La evangelizaci\u00f3n no puede tener \u00e9xito cuando se evangeliza as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Es curioso, a este respecto, lo que dej\u00f3 escrito en sus memorias don Manuel Aza\u00f1a. Narra \u00e9l, con su magn\u00edfico estilo literario, la visita que le hace en Valencia, durante la guerra, buscando protecci\u00f3n y auxilio, el P. Isidoro, un agustino de El Escorial que hab\u00eda sido profesor suyo y a quien \u00e9l estimaba. Reproduce el di\u00e1logo que sostuvieron, hace comentarios y, al final, a\u00f1ade: \u00abLa religi\u00f3n no se defiende tomando las armas ni excitando a los dem\u00e1s a que las empu\u00f1en. La religi\u00f3n la han propagado los m\u00e1rtires, los confesores, los misioneros, pero no los guerrilleros, muy poco los te\u00f3logos y nada los soci\u00f3logos, por cristianos que sean\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el autor escrib\u00eda estas palabras hubo en Espa\u00f1a muchos m\u00e1rtires y confesores de su fe. Tambi\u00e9n combatientes en los campos de batalla, a los que fueron arrastrados por una acumulaci\u00f3n de circunstancias muy complejas y durante mucho tiempo incubadas. Nadie desea que vuelvan a producirse esos martirios ni esos combates.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo lograr que no aumente ahora el n\u00famero de los indiferentes, de los fabricantes de una moral seg\u00fan la marca de cada casa, de los manipuladores de la vida y de la figura de Jes\u00fas, el Salvador? \u00bfC\u00f3mo asegurar la transmisi\u00f3n del Evangelio con fidelidad al mandato del Se\u00f1or?<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no veo otro camino que \u00e9ste: el de que aparezca de nuevo una espiritualidad profunda, reclamada por el Concilio Vaticano II y se\u00f1alada esplendorosamente como motor de toda evangelizaci\u00f3n por el Papa Pablo VI en su Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica <em>Evangelii Nuntiandi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esto es lo que pedimos, nada m\u00e1s que esto. Para que la familia cristiana no se nos caiga, hecha pedazos, zarandeada por el sexualismo y la falta de amor; para que los j\u00f3venes sean capaces de vivir el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n, como testigos amados del Cristo que tanto les ama; para que los sacerdotes, en nuestra predicaci\u00f3n, despertemos en los hombres la conciencia de su condici\u00f3n de hijos de Dios; para que en nuestra vida entera cantemos sin palabras los himnos de la alegr\u00eda por ser sacerdotes, del celo por la gloria de Dios, del amor humilde a nuestra Esposa la Iglesia, a la que hemos sacrificado todo; para que las comunidades religiosas no se conviertan en agregaciones de miembros yuxtapuestos, que confunden los signos de los tiempos con sus ego\u00edsmos y frivolidades; para que el amor al mundo no equivalga a mundanizaci\u00f3n; en una palabra, para que no haya tantos cansancios amargos y tantas frustraciones a pesar de tantas generosidades iniciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra \u00e9poca est\u00e1 profundamente necesitada de Seminarios, Noviciados, Grupos y Parroquias que se lancen de una vez con toda confianza y alegr\u00eda a este g\u00e9nero de vida espiritual a que me he referido, de la que brotar\u00e1n despu\u00e9s, o a la vez, las acciones evangelizadoras oportunas que nuestro tiempo reclama.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed suceder\u00e1, no lo dud\u00e9is. No pueden caer en el vac\u00edo tantos sufrimientos soportados con la m\u00e1s evang\u00e9lica paciencia; tantos esfuerzos de innumerables sacerdotes y religiosos que siguen en la brecha en medio de tantas angustias; tantas religiosas consagradas al amor m\u00e1s puro y al sacrificio m\u00e1s generoso, aunque hagan lo contrario otras hermanas suyas; tantas familias cristianas que desean por encima de todo que no se pierda la fe de sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pertenecemos a una generaci\u00f3n, o a varias, en que hemos podido ver maravillosos aspectos de la vida de la Iglesia, que en su inicio y en gran parte de su desarrollo, no obstante las desviaciones que a veces se han dado, son testimonio elocuente de c\u00f3mo la fidelidad al Esp\u00edritu puede romper muros y abrir caminos antes inaccesibles. <em><u>Yo no reniego de la Iglesia de mi tiempo<\/u><\/em><em>,<\/em> la que he conocido desde mis a\u00f1os de Seminario y de mi juventud sacerdotal; la de las Enc\u00edclicas misionales y sobre la A. C., del gran P\u00edo XI; la de los Congresos Eucar\u00edsticos, y los brazos extendidos al mundo, y los discursos de P\u00edo XII; la de los m\u00e1rtires de la guerra de Espa\u00f1a, que cant\u00f3 Paul Claudel; la de los sacerdotes obreros de Francia, y las Cartas Pastorales del Cardenal Suhard; la de los Seminarios y Noviciados llenos, hirviendo de entusiasmo; la de las Ordenes y Congregaciones Religiosas espa\u00f1olas que a\u00fan hoy tienen m\u00e1s de 15.000 miembros en Am\u00e9rica Hispana; la de la A. C. que tantos millares de hombres y mujeres supo formar en la escuela del Evangelio; la de las Misiones Populares y concentraciones piadosas, que mov\u00edan la voluntad para el bien y ayudaban a luchar contra el pecado y a encontrar el consuelo que Dios brinda a los que le aman; la de la devoci\u00f3n extendid\u00edsima al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, tan ardientemente promovida por los jesuitas y por tantos celosos sacerdotes en sus parroquias; la de las Casas de Ejercicios Espirituales en casi todas las Di\u00f3cesis, y los Cursillos de Cristiandad; la de los Patronatos ben\u00e9ficos y de obras de caridad social que tantos dramas aliviaron; la de los movimientos de espiritualidad b\u00edblica, lit\u00fargica, seglar, pastoral, eclesial, en que innumerables escritores y ap\u00f3stoles descubrieron a las almas, \u00e1vidas de la belleza de Cristo y de la Iglesia, nuevos caminos para acercarse a Dios y recibir el influjo del Esp\u00edritu; la de la piedad ma\u00f1ana, de tantas madres de familia, y de tantos Congregantes e Hijas de Mar\u00eda, capaz de sostener sus virtudes, para ofrecer as\u00ed sus obsequios silenciosos a la Madre de Dios&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Al evocar a esa Iglesia no lo hago por a\u00f1oranza nost\u00e1lgica, sino por convicci\u00f3n profund\u00edsima de que nada de eso, absolutamente nada, ten\u00eda que haber desaparecido, porque ni el Concilio, ni los S\u00ednodos posteriores, ni el Papa, que tiene el deber de interpretar el Concilio y lo hace, quer\u00edan que desapareciera.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, lo que han hecho es dar nuevos argumentos m\u00e1s profundos y coherentes con un concepto de la Iglesia y de la fe, para que todo eso siguiera existiendo, perfeccionado y enriquecido con las nuevas aportaciones del Concilio. Si todo eso existi\u00f3, es porque hubo espiritualidad, que dio origen a tan hermoso y fecundo despliegue de vida religiosa, la cual, a su vez, serv\u00eda para alimentar la misma espiritualidad que la creaba.<\/p>\n\n\n\n<p><em><u>Como no reniego tampoco de la Iglesia posconciliar<\/u><\/em><em>,<\/em> de los Consejos Presbiterales y Pastorales, de las peque\u00f1as comunidades bien entendidas, del cristianismo de encarnaci\u00f3n y compromiso, de la simplificaci\u00f3n de estructuras para hacerlas m\u00e1s operantes y evang\u00e9licas, de la preocupaci\u00f3n social en favor del tercer mundo y de todos los terceros mundos que existen dentro de cada pa\u00eds y de cada pueblo; la Iglesia de Pablo VI, en fin, la de la <em>Populorum progressio,<\/em> y la del A\u00f1o de la Fe; la de los contactos con todos los pa\u00edses de la tierra y todos los sistemas pol\u00edticos para salvar lo salvable; la de la movilidad para reunirse y comunicarse las ricas experiencias apost\u00f3licas que nos ilustran sobre c\u00f3mo trabajar para una mayor fecundidad en la transmisi\u00f3n de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que me aflige y me produce enorme desaz\u00f3n es ver c\u00f3mo todo esto se hace a veces con criterios y estilos puramente humanos, sociol\u00f3gicos, descriptivos, relativistas, cr\u00edticos; sin un adarme de humildad, de amor, de entrega a la oraci\u00f3n; sin un examen de conciencia serio o, lo que es peor, convertida la conciencia subjetiva y deformada en norma \u00fanica de nuestras acciones; manipulada la liturgia para que sirva de solaz y de recreo en lugar de la misi\u00f3n que tiene de adoraci\u00f3n, culto, expresi\u00f3n y pedagog\u00eda de la fe; menospreciados los sacramentos y el sentido del Sacrificio de la Misa, cuando nunca mejor que ahora pod\u00edamos apreciar toda su riqueza; relegada al olvido y casi injuriada toda la asc\u00e9tica de la cruz, de la mortificaci\u00f3n y del dominio de las pasiones desordenadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto y mucho m\u00e1s es lo que tenemos que restaurar para que la renovaci\u00f3n conciliar d\u00e9 los frutos que anhelamos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abQuien con atenci\u00f3n y paciencia \u2013escribe Daniel Rops<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>\u2013 examina la admirable historia de la Iglesia, se ve deslumbrado por una evidencia, pose\u00eddo por una idea s\u00f3lida, alrededor de la cual se ordena todo. Y si fuera preciso resumir en una frase la gran lecci\u00f3n que se desprende de tantos acontecimientos, tantas vidas y tantos mensajes, la f\u00f3rmula ser\u00eda precisamente \u00e9sta: <em><strong>La historia de la Iglesia es la historia de los Santos&#8230;<\/strong><\/em> En efecto, todo se reduce a esto, en definitiva. La historia de la Iglesia no es m\u00e1s que la historia de la santidad, y los personajes que verdaderamente la determinan no son los que, por m\u00e1s que ocupen lugares de honor, se presentan en la primera fila del escenario, sino quienes con toda humildad, a veces secretamente, intentan con sus recursos humanos conseguir un inefable parecido. Estos son los aut\u00e9nticos h\u00e9roes de que hablaba Carlyle&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPresencia de los Santos: he aqu\u00ed un hecho de tal importancia, que no comprende nada de la historia del cristianismo quien los ignora o menosprecia. Cuando est\u00e1n ausentes \u2013y en verdad nunca lo est\u00e1n del todo\u2013 o por lo menos cuando su n\u00famero se reduce, se dir\u00eda que en la Iglesia se produce una suerte de debilitamiento: as\u00ed ocurre entre los a\u00f1os 1350 y 1450, en los que la Cristiandad se desarticula y el antiguo ideal se ve amenazado por todas partes. Pero en cuanto nuevas cohortes de Santos aparecen en escena, la tensi\u00f3n se recupera, se reconquista la vitalidad. Con San Felipe Neri, Santa Teresa de Jes\u00fas, San Ignacio de Loyola nace el impulso que mover\u00e1 a toda la Iglesia hacia la peque\u00f1a villa de Trento, donde volver\u00e1 a ser fiel a s\u00ed misma. Y cuando el Concilio haya terminado su tarea, ser\u00e1n los Santos los que infundan su esp\u00edritu a la sangre y a la m\u00e9dula del catolicismo. San Carlos Borromeo o San Francisco de Sales, o aquel gran Papa San P\u00edo V, cuya importancia tan acertadamente ha se\u00f1alado el Cardenal Grente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfSiguen los Santos desempe\u00f1ando el mismo papel entre nosotros? En este mundo moderno, que desde el siglo XVI se ha ido desenraizando poco a poco de las f\u00e9rtiles tierras de la fe, \u00bfsiguen los heraldos de la Palabra investidos de su misteriosa funci\u00f3n? S\u00ed. Pero \u00bflos comprende la humanidad? Aqu\u00ed reside la entra\u00f1a del problema. Siempre hay Santos entre nosotros, pero \u00bfasumen todav\u00eda su misi\u00f3n de gu\u00edas, la que les caracterizaba en los d\u00edas en que la humanidad de Occidente viv\u00eda realmente en Cristo&#8230;?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHacer de los Santos nuestros gu\u00edas, o abandonarlos como precio de rescate a los monstruos: he aqu\u00ed el dilema, he aqu\u00ed nuestra verdadera elecci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Adversus haereses, <\/em>III, 17, 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, <em>Gratia vobis, <\/em>alocuci\u00f3n pronunciada en la Bas\u00edlica de San Pedro, el 29 de septiembre de 1967: <em>Insegnamenti di Paolo VI, <\/em>V, Citt\u00e0 del Vaticano 1968, 456-457.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Cuadernos de la Pobleta, <\/em>en <em>Obras completas, <\/em>tomo IV, M\u00e9jico 1956, 767.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <em>A orillas de la plegaria, <\/em>Barcelona 1956, 65-69.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n inaugural de la III Semana de Teolog\u00eda Espiritual, pronunciada en la Catedral de Toledo, el 4 de julio de 1977. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, septiembre-octubre 1977, y en el volumen Espiritualidad para un tiempo de renovaci\u00f3n, Centro de Estudios de Teolog\u00eda Espiritual. Madrid 1978, 15-40. Nos reunimos nuevamente. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[37],"doc_tag":[],"class_list":["post-710","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-vida-del-cristiano"],"year_month":"2026-04","word_count":11444,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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