{"id":520,"date":"2024-09-18T19:22:39","date_gmt":"2024-09-18T17:22:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=491"},"modified":"2024-09-20T19:36:26","modified_gmt":"2024-09-20T17:36:26","password":"","slug":"nuestra-herencia-catolica","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/nuestra-herencia-catolica\/","title":{"rendered":"Nuestra herencia cat\u00f3lica"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n pronunciada en la inauguraci\u00f3n de la XI Semana de Teolog\u00eda Espiritual, en Toledo, el 4 de julio de 1983. Texto publicado en el volumen <em>Mensaje espiritual de Juan Pablo II a Espa\u00f1a<\/em>, CETE, Madrid 1983, 15-32.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">A la luz de los hechos hist\u00f3ricos<\/h3>\n\n\n\n<p>Coinciden dos grandes hechos de singular importancia para la Iglesia de Cristo en Espa\u00f1a, en esta IX Semana de Teolog\u00eda Espiritual: <em>el Mensaje apost\u00f3lico del Papa Juan Pablo II<\/em>, en el pasado mes de noviembre, que vamos a estudiar; y <em>el A\u00f1o Santo de la Redenci\u00f3n<\/em>, que estamos celebrando. Para nosotros, hijos de la Iglesia cat\u00f3lica, son dos hechos de vital importancia. Vital, porque vienen directamente a fortalecer nuestra vida cristiana con la realizaci\u00f3n del Reino de Dios en cada uno de nosotros y en las comunidades de que formamos parte. <em>Venga a nosotros tu reino, h\u00e1gase tu voluntad as\u00ed en la tierra como en los cielos<\/em>, pedimos los cristianos desde que empezamos a hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>El Reino de Dios es el anuncio central del Evangelio. El Reino de Dios significa que a \u00c9l hemos de consagrar nuestra vida, nuestra voluntad, nuestro coraz\u00f3n. El Reino de Dios est\u00e1 a las puertas de cada uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Abrid las puertas a Cristo!<\/em>, dijo el Papa al comienzo de su Pontificado. <em>\u00a1Abrid las puertas a Cristo!<\/em>, fue tambi\u00e9n el mensaje de esperanza que nos trajo en su visita.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo llama a los hombres a aceptar lo que realmente da sentido a la vida. Nos sumerge en lo eterno, nos desprende de lo accidental, de lo trivial, de las falsas promesas de felicidad, de las seudoautoridades que pontifican sobre lo divino y lo humano, del juicio de los poderosos de la tierra. Nos hace sentir lo que es el bien, la paz interior, la bondad, la buena intenci\u00f3n, la felicidad que colma, la alegr\u00eda interna, el amor que despierta lo mejor que cada uno tiene. Nos da el sentido de lo esencial. Porque lo cristiano es \u00c9l mismo, lo que a trav\u00e9s de \u00c9l nos llega a los hombres. Todo lo que \u00c9l es, habla, hace, es revelaci\u00f3n del Dios verdadero y orientaci\u00f3n para la vida humana en general y para la vida de cada uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano no puede vivir en un clima morboso de disgusto, de impugnaci\u00f3n continua, de desconfianza, de contestaci\u00f3n. Ha de tener valent\u00eda para deducir las respuestas que nuestro tiempo pide de la gran tradici\u00f3n con que cuenta, de la gozosa confianza cat\u00f3lica en la inteligencia, de su visi\u00f3n espl\u00e9ndida de la vocaci\u00f3n humana. Amar a la humanidad sin hacer de ella un \u00eddolo. Mostrar adhesi\u00f3n firme a la fe, amor a la contemplaci\u00f3n, obediencia a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVengo atra\u00eddo por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apost\u00f3licas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos dif\u00edciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00a1Gracias, Iglesia de Espa\u00f1a, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo! Esa historia, a pesar de las lagunas y errores humanos, es digna de toda admiraci\u00f3n y aprecio. Ella debe servir de inspiraci\u00f3n y estimulo para hallar en el momento presente las ra\u00edces profundas del ser de un pueblo. No para hacerle vivir en el pasado, sino para ofrecerle el ejemplo a proseguir y mejorar en el futuro\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de estos dos hechos, la visita de Juan Pablo II y el A\u00f1o Santo de la Redenci\u00f3n, vamos a vivir nuestra anual Semana de Teolog\u00eda. Y como siempre en clima de oraci\u00f3n, de estudio serio, de di\u00e1logo profundo, como hombres y mujeres de Iglesia que aman su pasado y quieren brindar su esfuerzo honrado para seguir caminando. Hombres y mujeres de Iglesia que veneran y exploran su tradici\u00f3n. No para rendirle un culto melanc\u00f3lico, o refugiarse en los claustros de una antig\u00fcedad que podamos amasar a nuestro gusto. Menos, para condenar a la Iglesia de nuestro tiempo. Cristo est\u00e1 siempre con su Iglesia, ayer y hoy, y estar\u00e1 hasta el fin de los siglos para continuar su vida, no para volver a empezarla. La Iglesia no pertenece m\u00e1s al pasado que al presente, o al futuro. Es una fuente de agua viva <em>permanente<\/em> que salta hasta la vida eterna. La Iglesia declara la revelaci\u00f3n divina por la fuerza interior del Esp\u00edritu Santo que le ha sido dada. El estudio de la Sagrada Escritura siempre ser\u00e1 el alma de la verdadera teolog\u00eda, que supone fidelidad absoluta al Magisterio para conservar el contacto \u00edntimo con la Tradici\u00f3n de la Iglesia, alentada por el mismo Esp\u00edritu. Y lo que se busca con este contacto es algo muy distinto al simple fruto de un trabajo cient\u00edfico. Porque todo saber, para ser tal, tiene mucho de fuerza vital. Nunca se llegar\u00e1 a tener ni siquiera una verdadera cultura eclesi\u00e1stica sin un trato amoroso con los que con toda justicia se pueden llamar \u00abcl\u00e1sicos\u00bb de la fe. En ellos se busca a los hombres verdaderamente espirituales. Y por eso hay que entrar en contacto con los que han vivido, trabajado, pensado y sufrido por Cristo. As\u00ed se va penetrando uno del esp\u00edritu cat\u00f3lico. Y se llega al entusiasmo de un Cardenal Newman, cuando siendo todav\u00eda anglicano descubri\u00f3 la verdadera Iglesia al descubrir la Iglesia de los Padres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sentido de lo esencial y permanente en la vida y en la historia de Espa\u00f1a<\/h2>\n\n\n\n<p>Siempre se ha dicho que los espa\u00f1oles tenemos un particular sentido de lo esencial, y as\u00ed lo proclama nuestro arte, nuestra literatura y nuestro estilo de vida. Ya el estoicismo cambia de nombre en Espa\u00f1a y se llama Senequismo, porque es un <em>ethos<\/em> propio en el modo de pensar y sentir, de captar y expresar lo profundo y lo permanente de la vida. Desde los balbuceos de nuestra literatura aparece el realismo en el pensamiento sobre la vida y la muerte, la inclinaci\u00f3n a lo que tiene valor, el af\u00e1n de devolver constantemente al amor humano su destino radical. Hasta nuestros p\u00edcaros moralizan. Y lo mismo se canta en el lenguaje de G\u00f3ngora o de Quevedo que en el de generaciones literarias pr\u00f3ximas a nosotros. Es el <em>eje diamantino<\/em> del que habla Ganivet, que engarza todo lo que es la vida humana. Hay momentos cumbres en los que estalla esta rica vena, como en los <em>Autos Sacramentales<\/em> de Calder\u00f3n, o en sus dramas filos\u00f3ficos. Todo el pueblo siente y vive lo que escriben sus literatos, o esculpen sus imagineros, o representan sus pintores. Y cuando ya los hombres tenemos conciencia de \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb, de \u00abhombres de una \u00e9poca\u00bb, las generaciones se aglutinan en torno a una <em>autocentralidad<\/em> que viene distingui\u00e9ndose por la profundidad en el sentido de la vida y de la muerte. Todo lo cual se pone de relieve vigorosamente en la expresi\u00f3n que alcanza <em>lo religioso en la historia de Espa\u00f1a<\/em>. Tambi\u00e9n aqu\u00ed ha habido siempre sentido de lo esencial. Y ello explica mucho de nuestras luchas, nuestras intransigencias, nuestras torpezas, en el campo del comportamiento y de la pol\u00edtica, cuando han tenido que ver con lo religioso. Por esa radicalidad hemos entendido literalmente, en muchas ocasiones y m\u00e1s que otros pueblos, el deber de re\u00f1ir las batallas de la fe.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Herencia m\u00e1s que mera tradici\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>La herencia cat\u00f3lica de Espa\u00f1a ha sido una fe transmitida y vivida por el pueblo, en medio de gozos y dificultades sin cuento, porque desde hace muchos siglos han abundado en esta tierra los catequistas, los misioneros, los te\u00f3logos y los santos. Y con ellos, los pastores de la grey, obispos, sacerdotes, comunidades religiosas de hombres y mujeres, que cubrieron todos los campos del apostolado, o llenaron el suelo espa\u00f1ol de monasterios de vida contemplativa para adorar a Dios infinitamente santo, conscientes de que el cristianismo no se vive del todo cuando falta esta dimensi\u00f3n de la entrega total y silenciosa en la oraci\u00f3n y la penitencia por amor, se\u00f1ales infalibles del Reino de Dios que predic\u00f3 Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que los monumentos, la literatura, la teolog\u00eda, las instituciones religiosas y civiles, con ser y significar tanto en la historia de Espa\u00f1a, aparece el alma del pueblo, de los grandes y los peque\u00f1os, marcada en el pensar y en el sentir por una actitud fundamental de deseo de coherencia y obsequio a la fe predicada aqu\u00ed desde los tiempos m\u00e1s remotos. Todo eso, los monumentos y las instituciones, son la expresi\u00f3n externa y visible, y a veces tambi\u00e9n causa inductora de la cultura y civilizaci\u00f3n que se iba desarrollando. Pero la fuerza creadora y el valor de la herencia estaba en la entra\u00f1a misma del pueblo, que cre\u00eda y esperaba en las promesas de Jesucristo, Hijo de Dios. Esto es lo que, juntamente con otros, proclamaba entusi\u00e1sticamente Ramiro de Maeztu en su <em>Defensa de la Hispanidad<\/em>, al examinar precisamente este tema:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl pueblo se sent\u00eda comprometido con una herencia y llamado a defenderla. Porque la viv\u00eda como algo suyo, no como un bien determinado que pasa de unas manos a otras, como pasa una catedral, un libro, o incluso un c\u00f3digo. La herencia es mucho m\u00e1s que la tradici\u00f3n. Se lleva en la sangre y en el esp\u00edritu, se ama o se aborrece, se estima\u00b7 como algo propio y de hoy, igualmente v\u00e1lido que ayer, aunque vivido como haya que vivirlo hoy\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El poeta Prudencia, de quien dice Men\u00e9ndez Pelayo que es \u00abel poeta l\u00edrico m\u00e1s inspirado despu\u00e9s de Horacio y antes del Dante\u00bb, pudo componer obras inmortales como el libro de <em>Las Coronas<\/em>. Eso es el monumento. Pero es porque antes existieron los m\u00e1rtires, a quienes \u00e9l cantaba. Y as\u00ed pudo escribir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCuando Dios, blandiendo su fulminante diestra, apoyado en una nube, venga resplandeciente a pesar a las gentes en su justa balanza, le saldr\u00e1n al encuentro en medio de todo el orbe, con la cabeza erguida, las ciudades, llevando en canastillos sus preciosos dones&#8230; C\u00f3rdoba dar\u00e1 a Acisclo y a Zoilo, y a las tres coronas (Fausto, Jenaro y Marcial). T\u00fa, Tarragona, ofrecer\u00e1s a Cristo una diadema bell\u00edsima con tres perlas engarzadas sutilmente por Fructuoso. La peque\u00f1a, pero rica Gerona, expondr\u00e1 los santos miembros de F\u00e9lix; nuestra Calahorra llevar\u00e1 a los que nosotros veneramos (Emeterio y Celedonio); la esclarecida Barcelona se levantar\u00e1 alegre con Cucufate&#8230;; M\u00e9rida, cabeza de los lusitanos, extender\u00e1 ante el ara las cenizas de su ni\u00f1a (Eulalia); Alcal\u00e1 pondr\u00e1 a los pies del juez las urnas llenas de sangre de Justo y Pastor; T\u00e1nger introducir\u00e1 a Casiano. Cada una de estas ciudades no podr\u00e1 dar m\u00e1s de uno, dos, tres, o, a lo m\u00e1s, cinco m\u00e1rtires; pero t\u00fa, \u00a1oh Zaragoza!, tan amante de Cristo, que tienes las cumbres coronadas de olivos, t\u00fa te levantar\u00e1s con tus dieciocho santos&#8230; P\u00f3strate, ciudad generosa en santos; p\u00f3strate conmigo ante los sepulcros para que el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n puedas seguirlos a la gloria\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDe otros no habla Prudencio, pero ah\u00ed est\u00e1n: los santos Vicente, Sabina y Cristeta, de \u00c1vila; Leocadia, de Toledo; Justa y Rufina, vendedoras de cer\u00e1mica popular, en Sevilla; Ciriaco y Paula, Marcelo, Facundo y Primitivo&#8230; La lista se abre con un anciano, Fructuoso, y se cierra con una ni\u00f1a de doce a\u00f1os, Eulalia de M\u00e9rida\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Espa\u00f1a visigoda aparecen la nueva Monarqu\u00eda, los Concilios de Toledo, la unidad cat\u00f3lica, las obras de San Isidoro, San Leandro, San Ildefonso, San Braulio y tantos otros. Ese es el monumento. Pero con ellos estaba el pueblo hispano-romano, que hab\u00eda mantenido viva su fe y suscitaba con su piedad y su liturgia la admiraci\u00f3n de los godos arrianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed en los siglos posteriores, en los que nunca faltaron ni los testimonios insignes, a pesar de las tremendas crisis de todo g\u00e9nero, ni los comportamientos religiosos del pueblo, que segu\u00edan transmitiendo corrientes de vida cristiana por todos los campos y ciudades de la Pen\u00ednsula. La invasi\u00f3n musulmana dio origen a una lucha heroica, la de la Reconquista, tan dura y tan tenaz, y tan sostenida por la fe en que los espa\u00f1oles cre\u00edan y quer\u00edan conservar, de lo que aqu\u00ed en Toledo tenemos la venerable reliquia de <em>los moz\u00e1rabes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En los siglos XVI y XVII, <em>el esplendor<\/em>. Toda Espa\u00f1a es el monumento visible de la fe cat\u00f3lica <em>heredada<\/em>, servida y difundida por el mundo, el reci\u00e9n descubierto y el de los pa\u00edses europeos, e incluso el asi\u00e1tico (Filipinas), y los planes para extenderla por el Norte de \u00c1frica. Pero segu\u00eda siendo el pueblo, c\u00e1lido y abigarrado, el que sintonizaba con sus reyes y sus capitanes, con sus literatos y sus m\u00edsticos, con sus misioneros y sus frailes, para lanzarse a toda empresa evangelizadora.<\/p>\n\n\n\n<p>La herencia, que ven\u00eda de tan lejos, daba ahora sus frutos m\u00e1s espl\u00e9ndidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigui\u00f3 d\u00e1ndolos m\u00e1s tarde, aunque ya m\u00e1s discontinuos y mezclados con las alteraciones que sufrieron las naciones de Europa y la misma Iglesia, como consecuencia de las revoluciones en el mundo del pensamiento, del desarrollo industrial y pol\u00edtico, de la aparici\u00f3n de la burgues\u00eda y el proletariado m\u00e1s tarde, cambios sociales de enorme repercusi\u00f3n en las instituciones y en las conciencias.<\/p>\n\n\n\n<p>En los siglos XIX y primer tercio del XX, se fundan en Espa\u00f1a <em>setenta y ocho congregaciones religiosas nuevas<\/em>, dedicadas principalmente a la ense\u00f1anza, la catequesis, la predicaci\u00f3n y la beneficencia; y la Iglesia, ya empobrecida, sigui\u00f3 siendo la <em>principal promotora de la cultura y elevaci\u00f3n del pueblo<\/em>, a pesar del laicismo agresivo y persecutorio.<\/p>\n\n\n\n<p>A principios del siglo XX exist\u00edan en Espa\u00f1a 597 comunidades masculinas, y de ellas, 294 dedicadas a la ense\u00f1anza. Y 2.656 femeninas, de las que 910 estaban asimismo dedicadas a la ense\u00f1anza, y 1.029 a la beneficencia. Esto, a principios del siglo XX. \u00bfQui\u00e9n trataba entonces de elevar el nivel del pueblo sino estas congregaciones religiosas, a las que ahora se intenta, por parte de algunos, impedir su misi\u00f3n de educar y ense\u00f1ar?<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos de los fundadores de estas congregaciones y movimientos de apostolado han sido declarados <em>Santos<\/em> por la Iglesia, hombres y mujeres del siglo XIX tan grandes como los del siglo XVI; y cerca de cuatrocientos de esta \u00e9poca distinguidos como <em>Venerables y Siervos<\/em> de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de esto se improvisa. Es, por el contrario, el resultado de <em>una herencia espiritual<\/em> bien administrada, que no se enterr\u00f3 cobardemente por temor a las exigencias de un due\u00f1o intemperante, sino que se cultiv\u00f3 con amor y perseverancia ejemplares.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en nuestro siglo, en una Espa\u00f1a pol\u00edticamente sin pulso y socialmente sumida en las divisiones y los odios, nos encontramos con la m\u00e1s dolorosa de las guerras modernas por haber sido entre hermanos. Pero tambi\u00e9n est\u00e1n <em>nuestros m\u00e1rtires.<\/em> No se improvisa tanto hero\u00edsmo. Fueron ellos fruto heredado de una fe que, alimentada por nuestras madres y nuestra Iglesia, les hizo dar un testimonio conmovedor que ahora cantar\u00eda un poeta franc\u00e9s, <em>Paul Claudel<\/em>, como anta\u00f1o lo hiciera, a los primeros, <em>Aurelio Prudencio<\/em>. Esperamos que alg\u00fan d\u00eda llegue para ellos el reconocimiento de la Iglesia, como anta\u00f1o fue ofrecido a los de aquellos siglos remotos.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminada nuestra guerra, nos toc\u00f3 vivir un largo per\u00edodo de reconstrucci\u00f3n nacional bajo un r\u00e9gimen pol\u00edtico de singulares caracter\u00edsticas, que alg\u00fan d\u00eda ser\u00e1 estudiado sin el apasionamiento con que hoy se escribe y se habla del mismo. Los fallos que se dieron no autorizan a esas impugnaciones continuas, generalizadas y frecuentemente injustas, entre otras razones porque se olvidan los antecedentes que est\u00e1n en el origen de muchos comportamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que s\u00ed afirmo es que, <em>una vez m\u00e1s<\/em>, el pueblo cat\u00f3lico de Espa\u00f1a vivi\u00f3 con gozo, despu\u00e9s de nuestra guerra, <em>la herencia secular de su fe<\/em>. Se produjo una explosi\u00f3n impresionante de <em>religiosidad <\/em>p\u00fablica y privada, abundaron las vocaciones sacerdotales y religiosas en n\u00famero insospechado, se erigieron instituciones apost\u00f3licas innumerables, surgieron por todas partes hombres y mujeres excepcionales, cl\u00e9rigos y seglares, que realizaron un trabajo de evangelizaci\u00f3n y predicaci\u00f3n de la palabra de Dios dif\u00edcilmente superable. Con defectos de metodolog\u00eda pastoral muy explicables, pero <em>con un amor inmenso al contenido de la fe, tal como la Iglesia lo propon\u00eda<\/em>, y al pueblo cuya conciencia cristiana se quer\u00eda cultivar. Una vez m\u00e1s, se hizo patente la fecundidad de esa fe cat\u00f3lica en todas las zonas de Espa\u00f1a. Dejemos a un lado las discusiones sobre el nacional-catolicismo, alentado por muchos sectores eclesi\u00e1sticos que despu\u00e9s lo impugnaron, y que no fue privativo de esa \u00e9poca, sino secular manifestaci\u00f3n de la anterior monarqu\u00eda espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>So pena de cometer una tremenda injusticia hist\u00f3rica, no se puede negar que el pueblo espa\u00f1ol de esa \u00e9poca <em>sigui\u00f3 siendo fiel a la herencia recibida<\/em>. Por debajo y en la ra\u00edz de muchas manifestaciones externas de la fe, que tampoco son despreciables, porque forman parte de la religiosidad popular, est\u00e1n las grandes convicciones que son el fundamento de las mismas, y que lo fueron tambi\u00e9n en los a\u00f1os de que hablo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Valores religiosos que se han vivido, a lo largo de los siglos, en la Iglesia de Espa\u00f1a<\/h2>\n\n\n\n<p><em><strong>En primer lugar, la Eucarist\u00eda<\/strong><\/em>. Todos sabemos que el coraz\u00f3n de la Iglesia es la Eucarist\u00eda. Y as\u00ed lo ha entendido siempre el pueblo espa\u00f1ol. Espa\u00f1a ha vivido profundamente de la Eucarist\u00eda como celebraci\u00f3n del sacrificio de Cristo y como presencia continuada suya, La Misa, las visitas al Sant\u00edsimo, la Adoraci\u00f3n Nocturna, las asociaciones eucar\u00edsticas, todo esto pertenece al sentir de una familia tradicional espa\u00f1ola. La Eucarist\u00eda como unidad, como fuerza, como alimento, como v\u00ednculo de uni\u00f3n con el hermano, como vida de gracia, don de Dios. La Eucarist\u00eda como acci\u00f3n sagrada por excelencia, como pan de vida, por la que participamos de la vida de Cristo resucitado. Ese car\u00e1cter privilegiado de la presencia del Se\u00f1or que fundamenta el culto eucar\u00edstico, tan importante en la vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Y el Sacramento de la Penitencia<\/strong><\/em><em>.<\/em> Aquellas familias cristianas en que los padres se preocupaban, porque se lo exig\u00eda su deber de padres cat\u00f3licos, de llevar a sus hijos a confesar, y, ya mayores, preguntarles \u00absi hab\u00edan acudido a su acostumbrada confesi\u00f3n\u2019&#8217;. Padres que lo viv\u00edan y hac\u00edan vivir a sus hijos. <em>El Sacramento de la Penitencia, tema tan preferente en las catequesis del Papa.<\/em> El Sacramento de la misericordia, de la revitalizaci\u00f3n personal. El anuncio del perd\u00f3n de los pecados y de la nueva justicia del Dios que as\u00ed ama y se acerca al hombre, constituye uno de los datos fundamentales de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. El Sacramento de la Penitencia presente en nuestra vida como una continua llamada a la conversi\u00f3n. La Eucarist\u00eda y la Penitencia, dimensiones esenciales de la Iglesia de Cristo, que han sido vividas profundamente en nuestra tierra.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Y el amor a Mar\u00eda Sant\u00edsima<\/strong><\/em><em>.<\/em> \u00abTierra de Mar\u00eda\u00bb, llam\u00f3 a Espa\u00f1a el Papa.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Y la vida cristiana familiar<\/strong><\/em><em>,<\/em> en much\u00edsimos casos, presidida por Cristo, por el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, por la Virgen, en alguna de sus advocaciones.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Y el sentimiento profundo de fidelidad a la Iglesia en la persona del Vicario de Cristo<\/strong><\/em><em>.<\/em> El amor al Papa, s\u00ed, porque la Iglesia cat\u00f3lica es mensajera y art\u00edfice de unidad. Defiende la verdad cuando pone como punto de referencia la C\u00e1tedra de Pedro. En un mundo en que las opiniones chocan entre s\u00ed, hay un punto de referencia que no puede enga\u00f1ar. Donde no hay jerarqu\u00eda aut\u00e9ntica no se realiza la unidad; se tiene a soci\u00f3logos \u2013<em>no te\u00f3logos<\/em>\u2013 por peque\u00f1os \u00abpapas\u201d, cada uno de los cuales dogmatiza sobre la fe y las costumbres. La libertad est\u00e1 amenazada siempre que no hay posibilidad de apelar a una instancia superior frente a la presi\u00f3n de las modas, colectividades, violencias, intereses, ambiciones y ego\u00edsmos. El sentido de la catolicidad es el de la universalidad en la unidad. Ni adhesi\u00f3n mezquina y hasta morbosa al pasado, ni idolatr\u00eda absurda de lo moderno, s\u00f3lo por serlo. El cristianismo no puede adaptarse al esp\u00edritu del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede afirmar, so pena de cometer una grave injusticia contra la historia, contra el pueblo y contra el esfuerzo apost\u00f3lico de innumerables sacerdotes y comunidades religiosas de todos los tiempos, con sus obispos, misioneros, te\u00f3logos y santos, que nuestra herencia cat\u00f3lica sea superficial y vacua, o que no merezca ser tenida en cuenta, estimada y amada para todo cuanto hayamos de hacer hoy, precisamente con vistas al futuro de la fe en nuestra patria espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no podemos limitarnos a hablar de la fe en la vida privada de las personas, muchas o pocas, cuando tantas razones justifican y exigen hablar de la fe de un pueblo. Con todas las precisiones y distingos que se quieran, y que es preciso hacer, pero tambi\u00e9n con toda la perspectiva que exige el reconocimiento de esa realidad, hay que reconocer que el hecho de que una gran porci\u00f3n de la familia de Dios, en Espa\u00f1a, comunitaria, socialmente identificada con su fe, haya sabido superar sus diferencias, es precisamente por cuanto esa fe ha servido para unir y despu\u00e9s para reconciliar.<\/p>\n\n\n\n<p>Son muchas las consecuencias pastorales que se derivan de que lo tengamos o no en cuenta. La principal de todas es \u00e9sta: si se prescinde de considerar al pueblo espa\u00f1ol como depositario de una herencia cat\u00f3lica, se le priva <em>del mayor bien que puede tener en este mundo como pueblo;<\/em> y la Iglesia tendr\u00e1 que replegarse con tranquila naturalidad, esto es lo m\u00e1s doloroso, a posiciones de retaguardia y catacumba, abandonando a los bautizados y a los que quieren recibir educaci\u00f3n cristiana que, seg\u00fan estad\u00edsticas, superan el 90% de la poblaci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p><em>De las ense\u00f1anzas del Papa no se desprende eso,<\/em> sino todo lo contrario. El Santo Padre afirm\u00f3 que:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba Esa herencia est\u00e1 constituida por una historia admirable de fidelidad y de servicio a la Iglesia<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba debe servir de inspiraci\u00f3n y est\u00edmulo para hallar en el momento presente las ra\u00edces profundas del ser de un pueblo<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba una Iglesia que es capaz de ofrecer al mundo una historia como la nuestra, y la canonizaci\u00f3n \u2013en un mismo d\u00eda\u2013 de hijos tan singulares y universales como Teresa de Jes\u00fas, Ignacio de Loyola y Francisco Javier, con otros tantos antes y despu\u00e9s, no ha podido agotar su riqueza espiritual y eclesial<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00ba nuestros te\u00f3logos, en tiempos dif\u00edciles para la cristiandad, se distinguieron por su fidelidad y creatividad, y supieron abrirse a la nueva cultura que estaba naciendo en Europa, lo cual es ejemplo de lo que hoy debe hacerse<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00ba una inmensa corriente vital ha brotado con generosidad en las tierras de Espa\u00f1a, y hecho fructificar la semilla evang\u00e9lica en multitud de pueblos<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>6\u00ba nuestros intelectuales, escritores, humanistas, te\u00f3logos y juristas han dejado huellas en la cultura universal, y han servido a la Iglesia de manera eminente<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>7\u00ba que nuestros fieles de tiempos remotos, como los moz\u00e1rabes de Toledo, dieron ejemplo heroico de fidelidad y servicio a la fe<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 y nuestros catequistas y pedagogos han sabido exponerla con maestr\u00eda<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 como nuestros misioneros la han difundido por el mundo<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 y como nuestros fundadores al estilo de Ignacio de Loyola pueden ser mirados con gozo y leg\u00edtimo orgullo<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>,<\/p>\n\n\n\n<p>8\u00ba En una palabra: la fe cristiana y cat\u00f3lica constituye la identidad del pueblo espa\u00f1ol<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>,<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 el pueblo que mora en estas tierras de Espa\u00f1a, con raz\u00f3n denominada \u00abTierra de Mar\u00eda<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s. El Papa no se ha limitado a reconocer y estimar esa herencia. Nos ha hecho advertencias muy serias y reiteradas, siempre con gran delicadeza, sobre nuestros fallos y defectos; y nos ha llamado a una vigilancia activa y fervorosa, a una rectificaci\u00f3n a tiempo de lo que debe ser corregido, a una entrega constante y sacrificada para que la evangelizaci\u00f3n de hoy, a la luz del Vaticano II, y con plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia, sea actual, generosa y limpia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no trato de hablar de esto. Vosotros lo vais a hacer en las jornadas de esta Semana. No podemos adormecernos en el recuerdo de las glorias pasadas con desconocimiento de la situaci\u00f3n actual y nuestra historia reciente. Ese pueblo del que hablo, portador de una herencia cat\u00f3lica de la que no ha renegado, es tambi\u00e9n el de nuestra terrible guerra civil: <em>\u00bfpor qu\u00e9?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y el que da sus votos en proporciones tan altas a partidos pol\u00edticos que en sus programas propugnan una nueva cultura que, directa o indirectamente, llevar\u00eda a la desaparici\u00f3n del sentido cristiano de la vida: <em>\u00bfpor qu\u00e9?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y el que en pocos a\u00f1os contempla con indiferencia la ruina progresiva del concepto y la realidad de la familia cristiana: <em>\u00bfpor qu\u00e9?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y el que, en los a\u00f1os del posconcilio, se siente aturdido por la avalancha de las m\u00e1s desatinadas reformas que se han querido introducir y de hecho se han introducido para evangelizar \u2013dicen\u2013 al hombre de hoy: <em>\u00bfpor qu\u00e9<\/em> tanta virulencia, tanto enfrentamiento, tanta y tan desmesurada audacia para querer echar abajo, so pretexto de una acci\u00f3n m\u00e1s pastoral y mejor acomodada a los tiempos, los fundamentos de la creencia y la piedad, de la devoci\u00f3n y la unidad en la fe, del respeto y la adhesi\u00f3n a un Magisterio para el que siempre hubo entre nosotros una actitud de seguimiento fiel, que no impidi\u00f3 la sana creatividad?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSe debe todo esto, acaso, a nuestra violencia temperamental, a nuestro radicalismo extremo que impide la reflexi\u00f3n y la cordura?<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Renovaci\u00f3n incesante; no abdicaci\u00f3n suicida<\/h2>\n\n\n\n<p>Una de las formas m\u00e1s fr\u00edvolas de perversi\u00f3n moderna es presentar nuestra herencia cat\u00f3lica como algo falto de autenticidad y carente de vigor para avanzar hacia el futuro. Se exaltan la duda y la negaci\u00f3n ante esa herencia, como si fueran los criterios v\u00e1lidos para la renovaci\u00f3n. Rechazarlo todo y empezar de nuevo; \u00e9sta es la tendencia de muchos. Lo cual es absurdo, incluso en las ciencias experimentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que ir cada vez m\u00e1s a una <em>conversi\u00f3n <\/em>y a una <em>vida penetradas de Cristo<\/em> y, sin cerrar los ojos al hecho evidente de las diferencias, aplicarnos a ver la continuidad que es a\u00fan m\u00e1s real. Sin excluir de nuestro horizonte lo que es nuestra misma carne y sangre, nuestra propia historia, la riqueza de nuestra espiritualidad, el \u00abhaber\u00bb de nuestra Iglesia. Teniendo siempre a la vista la Iglesia universal, hemos de saber contemplar la nuestra, la de nuestros santos, la de tantos pastores, fundadores, hombres intelectuales, profesionales, padres y madres de familia, religiosos, vidas abnegadas entregadas al servicio de los miembros de la sociedad en que vivieron. \u00bf<em>Estar al d\u00eda<\/em> significa desconocimiento de lo nuestro, de nuestra propia historia y vida? Se enga\u00f1an rotundamente los que piensan as\u00ed y desprecian el pasado. El fallo s\u00f3lo est\u00e1 antes y ahora, en no ser verdaderamente cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que se necesita siempre son hombres y mujeres, en la plenitud de su vida o en su ancianidad, j\u00f3venes y ni\u00f1os, que vivan el gozo de su fe en salud y enfermedad, en la prosperidad y en las dificultades. La fe es la verdadera victoria sobre este mundo, y \u00abmundo\u00bb, en el sentido en que Cristo emplea esa palabra. Vivir con la certeza de que Cristo ilumina y renueva las cosas. En cada momento se ha de inventar el mundo del ma\u00f1ana, con confianza en la fuerza del testimonio de la vida, y con respeto a la realidad de los esfuerzos de los anteriores hermanos en la fe. Los hombres m\u00e1s modernos son los que <em>preservan la sal de la corrupci\u00f3n<\/em>, los que piensan en los deberes positivos que la Iglesia recuerda, los que tienen sentido de las realidades permanentes como lo sagrado de la vida y la fidelidad, los que creen y viven del amor de Dios como Padre, que da al hombre la capacidad para el se\u00f1or\u00edo del mundo porque le ha confiado esa tarea.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el cristiano, el cambio tiene sus limites, porque tiene que tenerlos. Hay cosas que cambian, pero hay cosas que quedan. Progresan los instrumentos mediante los que avanzamos en la investigaci\u00f3n y modificamos los condicionamientos. Nosotros disponemos de medios que no ten\u00edan los hombres de siglos anteriores. Pero el sentido de la vida humana sigue siendo el mismo, como el de la realidad del hecho de su redenci\u00f3n. La acci\u00f3n redentora de Cristo, el Se\u00f1or, su encarnaci\u00f3n, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n, son realidades objetivas adquiridas <em>para siempre<\/em>, como para siempre se prolonga esta acci\u00f3n a trav\u00e9s de su Iglesia. Para los hombres de los siglos anteriores, Cristo ha sido, como para nosotros, y lo ser\u00e1 en el futuro, <em>la<\/em> <em>piedra angular<\/em>. No, no se puede impugnar todo: naturaleza humana, moral, dignidad del ser humano, revelaci\u00f3n divina. <em>No se puede impugnar de ra\u00edz la herencia del pasado<\/em>, y hacer de la experiencia actual el punto de partida para un absoluto volver a empezar. Hay cristianos equivocados que tratan de introducir falsas ideolog\u00edas dentro de la Iglesia. No se puede confundir la conversi\u00f3n con la caricatura que algunos proponen de dicha conversi\u00f3n. No hay unidad sino en la verdad. No se corrigen los errores de unos con errores de otros. Y es un enfrentamiento est\u00e9ril este de progresistas e integristas. Ah\u00ed est\u00e1 el pueblo, que no admite que se trate despectivamente a la Iglesia, ni que se quiera minar desde dentro de ella la autoridad del Papa y de los obispos para sustituirla por la de unos seudote\u00f3logos, o te\u00f3logos de pacotilla.<\/p>\n\n\n\n<p>La unidad de la caridad est\u00e1 en la unidad de la fe y en la unidad de la autoridad. La unidad de la Iglesia, desde la unidad de la parroquia en torno a su cura, hasta la unidad de la Iglesia universal en torno al Papa. Se trata de nuestro pueblo cat\u00f3lico de Espa\u00f1a, que, ante las circunstancias por las que atraviesa y el inminente peligro que corren la misma dignidad humana. la familia, el derecho a educar a los hijos en la fe en que han sido bautizados y confirmados, siente la necesidad de agruparse en unidad de amor y caridad a la misma sociedad en que vive. So pretexto de amar la vida, <em>no se puede matar la vida<\/em>. So pretexto de amor, <em>no se puede desvirtuar la esencia del amor<\/em> hecho de fidelidad, sacrificio, donaci\u00f3n y fecundidad. So pretexto de promocionar al hombre, <em>no es l\u00edcito renunciar a la adoraci\u00f3n a Dios<\/em>. So pretexto de profetismos caprichosos e individualistas, <em>no se puede acabar con los Sacramentos<\/em>, ni so pretexto de laicidad, acabar con el sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>En el momento actual, en parte por la propia esterilidad a que llevan los reformismos insensatos y en parte tambi\u00e9n por el influjo clarificador de la visita del Papa, han perdido agresividad las manifestaciones externas de los \u00faltimos a\u00f1os. Pero, \u00a1no os enga\u00f1\u00e9is!, sigue d\u00e1ndose otro fen\u00f3meno quiz\u00e1 m\u00e1s peligroso. Es el de la <em>consolidaci\u00f3n silenciosa de las actitudes<\/em>: menosprecio del magisterio pontificio; obstinaci\u00f3n en reiterar, aunque no sea tan clamorosamente como antes, las mismas afirmaciones destructoras del dogma y la moral; petulancia desde\u00f1osa que les hace mirar con superioridad compasiva a los que no piensan como ellos; fomento de grupos y comunidades populares , a los que se inocula constantemente el veneno de la rebeld\u00eda contra la Iglesia institucional; y, sobre todo, atroz confusi\u00f3n en el campo pol\u00edtico que favorece una invasi\u00f3n progresiva de las tesis marxistas o del ate\u00edsmo pr\u00e1ctico en la vida p\u00fablica y social. Todo lo cual contribuye al rechazo o al olvido de la herencia de que estoy hablando.<\/p>\n\n\n\n<p>Urge, pues, el estudio de todo cuanto el Papa predic\u00f3 en Espa\u00f1a y la atenci\u00f3n a cuanto hizo para asimilarlo del mejor modo posible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n: \u00a1Rectifiquemos lo que haya que rectificar,<br>pero no rechacemos esa herencia!<\/h2>\n\n\n\n<p>Y termino. Esa herencia ha de ser reconocida con respeto y amor, valorada en sus justos t\u00e9rminos, enriquecida con las nuevas aportaciones de nuestra conciencia cat\u00f3lica, completada con las lecciones y la experiencia de la historia y del progreso humano en todos los campos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha acusado al catolicismo espa\u00f1ol de dos fallos grav\u00edsimos en su relaci\u00f3n con la vida pol\u00edtico-social de Espa\u00f1a: el de no haber sido capaz de impedir los enfrentamientos y divisiones en el pueblo espa\u00f1ol en los siglos XIX y XX; y el de su escasa preocupaci\u00f3n social en esa misma \u00e9poca en que la revoluci\u00f3n industrial iba dando origen a la aparici\u00f3n del proletariado, cuyas masas, poco a poco, se han ido apartando de la Iglesia hasta llegar a la tr\u00e1gica situaci\u00f3n de hoy. He estudiado ese tema en algunas conferencias pronunciadas en el Club Siglo XXI y no voy a repetir lo que all\u00ed dije.<\/p>\n\n\n\n<p>Admito la parte de responsabilidad que incumbe a la Iglesia, por desidia, por imprevisi\u00f3n, por torpeza o por equivocaciones apasionadas. <em>Rectifiqu\u00e9moslo<\/em>, y sepamos obrar de otro modo. Lo que no admito es la acusaci\u00f3n generalizada y discriminatoria, como si en otras naciones de Europa o Am\u00e9rica no hubiera habido imprevisiones, enfrentamientos y torpezas semejantes, o como si aqu\u00ed no se hubieran realizado tambi\u00e9n esfuerzos <em>nobil\u00edsimos<\/em>, muchos, para tratar de evitar tales actitudes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y desde luego, lo que no puedo admitir es que, si hoy, vistas las cosas con m\u00e1s perspectiva, y sintiendo la Iglesia, con m\u00e1s urgencia que nunca, como misi\u00f3n suya la de luchar por la paz y la justicia en la tierra, por el progreso y la hermandad de los hombres, por el acercamiento de todos a un m\u00e1s fecundo di\u00e1logo intrarreligioso y social, haya que renunciar, para lograrlo, a una herencia de fe, de piedad y de esperanza, que contribuy\u00f3 tan generosamente al bien personal, familiar y colectivo de la sociedad espa\u00f1ola, y que si no consigui\u00f3 redimirnos de esos pecados a los que estoy aludiendo no fue por culpa suya, sino por la dureza del coraz\u00f3n de los hombres y las pasiones pol\u00edticas desatadas como un vendaval que lo arrasa todo. Dios nos tenga de su mano para que en el intento de corregir una injusticia no cometamos otra. La injusticia consistir\u00eda en que, al <em>rechazar esa herencia<\/em> en lo que tiene de v\u00e1lida para el futuro \u2013que es como la contemplamos aqu\u00ed, ya que no nos fijamos en ella como si se tratase de un cuadro de museo\u2013, contribuir\u00edamos a crear una sociedad <em>sin Dios<\/em> y <em>sin Cristo<\/em>, en que las v\u00edctimas ser\u00edan los hombres, nuestros hermanos espa\u00f1oles.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Juan Pablo II, a su llegada a Barajas el domingo 31 de octubre de 1982.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> V\u00e9ase Francisco Mart\u00edn Hern\u00e1ndez, <em>Espa\u00f1a cristiana <\/em>(BAC Popular 43), Madrid 1982, 8-9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Juan Pablo II, discurso en Barajas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Juan Pablo II, discurso a los obispos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Discurso en Salamanca.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Discurso a los religiosos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Discurso en la Universidad de Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Discurso en Toledo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Discurso en Granada.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Discurso en Javier.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Discurso en Loyola.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Discurso en Compostela.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Discurso en Zaragoza.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> V\u00e9ase el texto de las declaraciones del gran historiador S\u00e1nchez Albornoz, que reproduzco en la conferencia <em>Cambio moral y ruptura hist\u00f3rica, infra, <\/em>476-477.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n pronunciada en la inauguraci\u00f3n de la XI Semana de Teolog\u00eda Espiritual, en Toledo, el 4 de julio de 1983. Texto publicado en el volumen Mensaje espiritual de Juan Pablo II a Espa\u00f1a, CETE, Madrid 1983, 15-32. Introducci\u00f3n A la luz de los hechos hist\u00f3ricos Coinciden dos grandes hechos de singular importancia para la Iglesia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[34,36],"doc_tag":[],"class_list":["post-520","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-iglesia-en-el-mundo","doc_category-la-iglesia-en-espana"],"year_month":"2026-04","word_count":6145,"total_views":"0","reactions":{"happy":"1","normal":"0","sad":"0"},"author_info":{"name":"P. 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