{"id":518,"date":"1985-02-26T19:22:00","date_gmt":"1985-02-26T18:22:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=465"},"modified":"2024-09-20T22:56:24","modified_gmt":"2024-09-20T20:56:24","password":"","slug":"la-iglesia-de-hoy-ante-la-idea-de-una-europa-unida","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-iglesia-de-hoy-ante-la-idea-de-una-europa-unida\/","title":{"rendered":"La Iglesia de hoy ante la idea de una Europa unida"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Disertaci\u00f3n le\u00edda en la Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, el 26 de febrero de 1985. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, mayo 1985.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unas semanas recib\u00eda yo una carta de un Obispo alem\u00e1n, de la Di\u00f3cesis de Paderborn, en Westfalia. En ella me dec\u00eda: \u00abPara Pentecost\u00e9s ir\u00e1 a Toledo un grupo de sacerdotes. Ir\u00e1n presididos por Mons. Winter, que es el delegado del Movimiento Cat\u00f3lico de Trabajadores en nuestra di\u00f3cesis. Cada a\u00f1o organiza un viaje de estudios al extranjero para familiarizar a los sacerdotes con la situaci\u00f3n de la Iglesia y de los trabajadores en el pa\u00eds correspondiente. De este modo fomenta el esp\u00edritu europeo en los sacerdotes. Espera, a trav\u00e9s de \u00e9stos, inculcar mejor y m\u00e1s intensamente este esp\u00edritu europeo en las parroquias. Los valores religiosos y culturales tienen que ser el fundamento especial\u00edsimo para la futura Europa. Si los pol\u00edticos apenas hacen referencia a este fundamento, por el contrario, m\u00e1s bien lo olvidan cada vez m\u00e1s, entonces caminamos todos hacia una Europa unida, s\u00ed, pol\u00edtica y econ\u00f3micamente; pero no vertebrada por un mismo lazo espiritual y religioso\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ofrezco a ustedes este peque\u00f1o dato porque ilustra muy bien lo que deseo exponer.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea y el deseo de una Europa unida est\u00e1 ya en la calle, como aspiraci\u00f3n hondamente sentida por muchos, y como realidad iniciada ya y precariamente lograda entre algunas naciones del continente, que han empezado a ponerse en marcha en medio de grandes dificultades.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n est\u00e1 en la calle, es decir, a la vista de todos y clamorosamente subrayada por las continuas tensiones de que nos habla a diario la prensa mundial, la triste realidad contraria: la de una Europa dividida entre el Este y el Oeste, y, con diferencias notables, en muchos aspectos, entre el Norte y el Sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Es imposible, dada la conciencia que tiene la Iglesia de su misi\u00f3n, y dada su historia europea, que permaneciera indiferente ante estos deseos y estas realidades. Al fin y al cabo, fue un hijo de la Iglesia, que vivi\u00f3 en los siglos V y VI, quien con toda justicia ha sido declarado por Pablo VI padre de Europa: <em>San Benito de Nursia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue P\u00edo XII el primer Papa que habl\u00f3 del tema con toda su autoridad de Pont\u00edfice de la Iglesia universal. El 11 de noviembre de 1948, cuando los pa\u00edses europeos empezaban a resurgir de entre los escombros de la guerra \u00faltima, se dirigi\u00f3 al Segundo Congreso Internacional de la Uni\u00f3n Europea de Federalistas, y dijo: \u00abQue el establecimiento de una Uni\u00f3n Europea ofrece serias dificultades, nadie lo duda. Sin embargo, no hay tiempo que perder. Si se espera que esta uni\u00f3n alcance su fin, si se quiere que sirva eficazmente a la causa de la libertad y de la concordia europeas, a la causa de la paz econ\u00f3mica y pol\u00edtica entre continentes, ya es hora de que se haga. Algunos preguntan, incluso, si ya no es demasiado tarde\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Con sus mensajes de Navidad y su relaci\u00f3n tan intensa con las instituciones, organismos y personas de la \u00e9poca, contribuy\u00f3 poderosamente a que se empezara a lograr la realizaci\u00f3n del ideal sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI, motor del Concilio Vaticano II, con una visi\u00f3n y actuaci\u00f3n pol\u00edtica \u2013en el sentido noble de la palabra\u2013 m\u00e1s acentuada que sus predecesores, foment\u00f3 incansablemente cuanto pudiera ayudar a conseguir el prop\u00f3sito, y de ello hay testimonios abundant\u00edsimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un a\u00f1o antes de su muerte \u2013en 1977\u2013, en la fiesta de los Santos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, se reunieron en Roma catorce presidentes de Conferencias Episcopales Europeas. Al final de sus trabajos hicieron la siguiente declaraci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una palabra sobre Europa<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00abCasi dos mil a\u00f1os despu\u00e9s del nacimiento de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, la humanidad se encuentra situada ante una tarea dif\u00edcil. Sufre fuertes tensiones y crisis de toda clase en el plano espiritual, pol\u00edtico y econ\u00f3mico. Pero al mismo tiempo vemos dibujarse nuevas posibilidades de un porvenir m\u00e1s feliz y lleno de esperanza. Para realizar estas posibilidades hacemos esta llamada a todos los hombres de buena voluntad, entre ellos a los cristianos de Europa.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La misi\u00f3n hist\u00f3rica de Europa<\/h3>\n\n\n\n<p>El cristianismo es una de las fuerzas que han dado forma a Europa, a su desarrollo y a su cultura. Del Evangelio, predicado incansablemente por la Iglesia a lo largo de los siglos, han recibido los pueblos de este continente los lazos que les unen a Dios y la concepci\u00f3n que tienen del hombre. El cristianismo es el que <em>ha formado lo m\u00e1s profundo del alma de estos pueblos<\/em> (P\u00edo XII, 15 de marzo de 1953).<\/p>\n\n\n\n<p>Los ap\u00f3stoles San Pedro y San Pablo trajeron el mensaje de Cristo desde el Asia Menor hasta Roma. Lo mismo que Europa es inconcebible sin el apostolado de ellos, no lo es menos sin la acci\u00f3n misionera de sus grandes santos: Benito, Columbano, Remigio, Bonifacio, Cirilo, Metodio, Anscario, Adalberto y Willibrordo. Siguiendo su ejemplo, los pueblos de Europa, a pesar de sus muchos fallos y debilidades en el curso de la historia, han propagado en el mundo el mensaje de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy Europa est\u00e1 dividida pol\u00edticamente y desgarrada en el aspecto religioso y en su concepci\u00f3n del universo. Est\u00e1 eclipsada por fuerzas pol\u00edticas m\u00e1s poderosas. Pero los hombres en Europa se han dado cuenta de que no son \u00fanicamente los administradores de su pasado, sino que pueden ser los art\u00edfices de su futuro com\u00fan. Desean tambi\u00e9n, juntamente con los hombres de \u00c1frica, de Am\u00e9rica, de Asia, de Australia y Ocean\u00eda, de los que han recibido mucho, cooperar al desarrollo del mundo y al futuro espiritual y moral de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Partiendo del mensaje de Pablo VI, <em>Si quieres la paz, defiende la vida<\/em>, somos llamados a comprometernos en favor de la gloria de Dios, de la paz, de la justicia, de los derechos fundamentales y de la fraternidad entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Voluntad de uni\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>El horror de la \u00faltima guerra ha despertado un deseo de paz profundo y ardiente, ha sacudido verdaderamente a la humanidad, a fin de intentarlo todo para dar realmente la paz al mundo. La aspiraci\u00f3n a vivir una m\u00e1s amplia sociedad liberal y democr\u00e1tica crece de una manera general.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque muchos desconf\u00eden de que los pueblos europeos sean capaces de hacer esta unidad, la cooperaci\u00f3n en los dominios de la pol\u00edtica, de la econom\u00eda y de la cultura, as\u00ed como la migraci\u00f3n interna europea que crece visiblemente, han permitido ya realizar considerables progresos hacia la reconciliaci\u00f3n y la paz; no parece ut\u00f3pico, por tanto, que los pa\u00edses europeos se agrupen un di a de manera duradera: Cuanto m\u00e1s estrechamente se unan, m\u00e1s f\u00e1cilmente podr\u00e1n ayudar a superar tensiones en otras partes del mundo. En el equilibrio precario del terror entre las potencias mundiales y los bloques, Europa podr\u00e1 jugar un papel estabilizador y pacificador. Podr\u00eda entonces intervenir tambi\u00e9n con mayor probabilidad de \u00e9xito en favor de un desarme general y equilibrado, y, de esta manera, en favor de una reducci\u00f3n de las sumas exorbitantes que necesita hoy el armamento.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo es posible superar las dificultades en que nos encontramos, y realizar plenamente las posibilidades de futuro, si las naciones abandonan su profundo ego\u00edsmo, as\u00ed como una mentalidad de soberan\u00eda superada ya por los desarrollos pol\u00edticos y econ\u00f3micos mundiales para buscar, junto con otras naciones, una soluci\u00f3n aceptable. Quien supere los antagonismos y se disponga a cooperar con otros sirve a la paz; el esfuerzo hecho para unir a Europa es, por tanto, renunciar a toda pretensi\u00f3n de tutela sobre los dem\u00e1s, salvaguardar la igualdad de derechos de los diferentes pa\u00edses y respetar la identidad hist\u00f3rica de las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los pueblos europeos esto significa poner fin al odio y a la hostilidad y estar decididos a hacer en com\u00fan lo necesario. Los Papas han alentado a los hombres de Estado comprometidos en la construcci\u00f3n de una Europa unida, a progresar en este camino frecuentemente arduo, y han exhortado a todos los cristianos a no abandonar sus esfuerzos para proseguir con confianza y desinter\u00e9s la obra comenzada.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Derechos y deberes fundamentales<\/h3>\n\n\n\n<p>Para cooperar a una mejor orden mundial, los cristianos de Europa deben, en primer lugar, ponerse al servicio de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Conociendo el origen divino y el destino del hombre, y por ello, su personalidad y su unicidad, los cristianos est\u00e1n particularmente obligados a comprometerse en favor del derecho a la vida, en favor de la verdad y la justicia, del amor y de la libertad, aun all\u00ed donde los derechos superpoderosos del Estado y de la sociedad los dificultan. No debemos cansarnos de llamar la atenci\u00f3n sobre el peligro de que los hombres sean planificados o sometidos a dependencias m\u00e1s fuertes a\u00fan, a consecuencia de una nivelaci\u00f3n general (cf. <em>Gaudium et spes <\/em>29). A este prop\u00f3sito no se trata de esforzarse por conseguir lo que sea t\u00e9cnicamente posible, como tampoco lo que ofrece una mayor ganancia, sino de alcanzar aquello de lo que hemos de responder ante Dios y ante las generaciones futuras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<em>La tradici\u00f3n cristiana pertenece esencialmente a E<\/em>uropa. Aun entre los hombres que no comparten nuestra creencia, aun all\u00ed donde la fe est\u00e1 oprimida o apagada, las huellas humanas del Evangelio contin\u00faan existiendo y constituyen definitivamente un patrimonio com\u00fan que nosotros debemos hacer fructificar en inter\u00e9s del individuo\u00bb (Pablo VI, 26 de enero de 1977).<\/p>\n\n\n\n<p>No es en sus derechos en lo primero que deber\u00eda pensar un cristiano, sino en sus obligaciones dentro de la comunidad, que exigen de \u00e9l que se comprometa en favor de un orden m\u00e1s justo de la sociedad (cf. <em>Gaudium et spes<\/em> 30), y esto no solamente con palabras, sino con la acci\u00f3n al servicio del pr\u00f3jimo. El cristiano sabe que solamente puede alcanzar su verdadero objetivo si est\u00e1 dispuesto a servir y a sacrificarse y si se carga con la Cruz de Cristo para seguir el ejemplo del Se\u00f1or. El Evangelio exige que prestemos nuestra voz, ante todo, a aquellos pr\u00f3jimos que son demasiado d\u00e9biles para hacerse o\u00edr. Es preciso ayudarles sin herir su dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Las injusticias sociales deben ser eliminadas. Debemos estar dispuestos a compartir con los otros m\u00e1s generosamente que en el pasado. Obrar en cristiano significa renunciar a la codicia y al hambre de poder, estar a favor de los dem\u00e1s de manera desinteresada y sin esperar recompensa. Vivir en cristiano significa vivir de tal manera que todos los dem\u00e1s puedan vivir tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El hombre en la comunidad<\/h3>\n\n\n\n<p>Lo mismo que los miembros de una familia no pueden vivir juntos sin refrenar su ego\u00edsmo, sin renunciar a sus reivindicaciones, aun justificadas, y sin prestarse ayuda mutuamente, los pueblos no podr\u00e1n llegar a una comunidad de iguales en derechos sin renunciar a reivindicaciones y sin hacer sacrificios. El mensaje de Cristo nos impone velar sobre nuestro pr\u00f3jimo, aun sobre el que debe vivir y trabajar lejos de su pa\u00eds; exige de nosotros la solidaridad con los d\u00e9biles, los oprimidos, los minusv\u00e1lidos y los ap\u00e1tridas. El Evangelio no s\u00f3lo es v\u00e1lido en el \u00e1rea de la vida personal, sino que nos impone una corresponsabilidad en la marcha del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos pueblos de Europa gozan desde hace tres d\u00e9cadas de la libertad y viven una seguridad relativa, aunque amenazada; una parte de ellos tiene, adem\u00e1s una visible prosperidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, numerosos pueblos de la tierra viven a\u00fan hoy bajo el sometimiento a la fuerza y a la arbitrariedad, y en la pobreza material. En comunidad con todos los que profesan su fe en el Evangelio de Cristo, nosotros estamos obligados a trabajar contra la opresi\u00f3n, el hambre y la miseria, donde quiera que se presenten, y a aliviar los sufrimientos y la angustia de los hombres, realizando un orden social m\u00e1s justo, tanto para Europa como para el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La ayuda al desarrollo a escala europea no debe ser una limosna, sino una asistencia fraternal. Debe ser procurada sistem\u00e1ticamente por la v\u00eda de la cooperaci\u00f3n en igualdad de derechos; no debe limitarse a una ayuda material, de lo contrario negar\u00eda lo esencial de lo que Europa debe ofrecer: la transmisi\u00f3n de los valores fundamentales, fundados y enraizados en la fe cristiana (cf. <em>Mater et Magistra<\/em> 176), sin los cuales no son posibles una paz duradera y una verdadera comunidad fraterna de iguales entre los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta planteada por el Santo Padre sobre si \u00abEuropa no puede, a trav\u00e9s de servicios universales, recuperar y reforzar su voluntad de vivir, su potencia creadora y la nobleza de su alma\u00bb (Pablo VI, 26 de enero de 1977), y su llamada exhortando a Europa a \u00abcrear instituciones que le permitan hacer servicios particularmente eficaces a toda la familia humana\u00bb, son para nosotros una misi\u00f3n y una obligaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La audacia del riesgo<\/h3>\n\n\n\n<p>Los progresos extraordinarios realizados en el campo de las ciencias naturales y en la t\u00e9cnica incitan a algunos a creer err\u00f3neamente que la voluntad humana es <em>el imperativo del universo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Apart\u00e1ndose de Dios, Se\u00f1or y Creador, la humanidad ha desembocado en la ruina, en la guerra y en la violencia. Muchos hombres, tambi\u00e9n en nuestros pa\u00edses, han sucumbido al materialismo. El desarraigo religioso, a pesar de un bienestar creciente, hace que se propaguen el conformismo, la depresi\u00f3n y el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Seria falta el limitamos a tomar nota de esta situaci\u00f3n, lament\u00e1ndola. Sabemos qu\u00e9 sentido y qu\u00e9 plenitud puede dar a nuestra vida el Mensaje de Cristo. La proclamaci\u00f3n del amor y de la gracia de Dios libera y pacifica no s\u00f3lo a los individuos, sino tambi\u00e9n a la comunidad humana. Esa proclamaci\u00f3n ser\u00e1 indispensable para que Europa consiga un desarrollo m\u00e1s feliz y un porvenir m\u00e1s prometedor. Renovando y profundizando nuestra fe, contribuiremos a dar \u00absu alma\u00bb (Pablo VI, 18 de octubre de 1975) a la comunidad naciente de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abGrandes obst\u00e1culos se oponen a\u00fan a la uni\u00f3n de nuestro continente. S\u00f3lo podr\u00e1n ser vencidos, y las tareas que se plantean a Europa s\u00f3lo podr\u00e1n ser realizadas, si nosotros cristianos asumimos nuestra tarea: \u00abel riesgo razonable\u00bb (P\u00edo XII, 24 de diciembre de 19 53), y nos comprometemos de palabra y de obra en favor de Europa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras esta declaraci\u00f3n, se constituy\u00f3 en marzo de 1980, ya de manera oficial, con la aprobaci\u00f3n e impulso de la Santa Sede, la <em>Comisi\u00f3n de los Episcopados de la Comunidad Europea<\/em> (COMECE), a la que ha seguido con car\u00e1cter m\u00e1s amplio el <em>Consejo de Conferencias Episcopales Europeas<\/em> (CC EE), que no se limita a los Episcopados de la Comunidad de los Diez, sino que comprende a los de toda Europa, y mantiene relaci\u00f3n con otro organismo conocido con el nombre de <em>KEK<\/em>, en el que se integran Comunidades e Iglesias ortodoxas, vetero-Cat\u00f3licas, Anglicanas y otras procedentes de la Reforma.<\/p>\n\n\n\n<p>El citado organismo \u2013CC EE\u2013 celebra Simposios de Obispos Europeos casi todos los a\u00f1os, y de ellos han tenido particular importancia el de 1980, con motivo de una peregrinaci\u00f3n de Obispos a Subiaco para conmemorar el XV Centenario del Nacimiento de San Benito; y el de 1982 en Roma.<\/p>\n\n\n\n<p>Para octubre de este a\u00f1o est\u00e1 anunciado y convocado un nuevo Simposio en Roma.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">C\u00f3mo trabajan estos organismos<\/h2>\n\n\n\n<p>La COMECE se ha fijado un triple objetivo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>a)<\/em> Informaci\u00f3n a todos los Obispos europeos sobre las cuestiones tratadas por la Comunidad que tengan una dimensi\u00f3n humana y social m\u00e1s acusada. Lo hace mediante un bolet\u00edn de noticias <em>Europa d\u00eda a d\u00eda<\/em> (SIPECA), que publica ocho n\u00fameros al a\u00f1o, y una revista titulada Objetivo-Europa.<\/p>\n\n\n\n<p><em>b)<\/em> Reflexi\u00f3n sobre problemas europeos que desbordan ampliamente el mero aspecto econ\u00f3mico. Es sabido que, desde la elecci\u00f3n del Parlamento Europeo por sufragio universal en 1979, la Asamblea trata de todas las cuestiones, aun a riesgo de que a veces se critique su competencia. Problemas de derechos humanos, de cultura, de seguridad, etc., que, aunque no figuran en el Tratado de Roma, tienen siempre repercusiones econ\u00f3micas. Pero son tambi\u00e9n cuestiones ineludiblemente \u00e9ticas. La COMECE quiere ser un v\u00ednculo, entre otros, y en colaboraci\u00f3n con ellos, donde puedan reflexionar profundamente responsables pol\u00edticos, funcionarios y te\u00f3logos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>c)<\/em> Contactos y reuniones con parlamentarios y responsables de instituciones europeas, que se realizan de diversos modos en la Nunciatura de Bruselas y en la Delegaci\u00f3n de la Santa Sede en Estrasburgo. Con todo lo cual se pretende hacer que arraigue la idea de que la Comunidad Europea no puede contentarse con ser una comunidad econ\u00f3mica. \u00abEs preciso tender, dec\u00edan en su declaraci\u00f3n con motivo de las \u00faltimas elecciones al Parlamento Europeo, a una Europa de hombres y pueblos. Mientras haya hombres y mujeres considerados solamente por su &#8216;haber&#8217; y sin encontrarse en verdad, no existir\u00e1 la Comunidad. Europa necesita un nuevo aliento, un alma, una fe\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed, todo cuanto vengo diciendo podr\u00eda ser estimado como un cierto acompa\u00f1amiento de la Iglesia al esfuerzo de los pol\u00edticos y estadistas por ir logrando una Europa m\u00e1s unida. Ya por s\u00ed misma esta actitud es importante. Aparte de que no hemos de olvidar que no se ha limitado la Iglesia a acompa\u00f1ar, sino que, desde el principio de los trabajos en pro de la unidad, ha estado presente, impuls\u00e1ndolos y d\u00e1ndoles su aliento (pontificado de P\u00edo XII).<\/p>\n\n\n\n<p>Mas lo que verdaderamente puede ser valorado como aportaci\u00f3n espec\u00edfica de la Iglesia de hoy a este noble empe\u00f1o de ir logrando una uni\u00f3n cada vez m\u00e1s estrecha de los pueblos europeos, es otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia est\u00e1 hoy promoviendo en el interior de s\u00ed misma una din\u00e1mica de evangelizaci\u00f3n de Europa que tiende a crear y fortalecer por su propia naturaleza lazos de uni\u00f3n en los esp\u00edritus, convencida de que ha de hacerlo as\u00ed, no s\u00f3lo como servicio al Evangelio, sino tambi\u00e9r1 de que, en la medida que pueda lograrlo, contribuir\u00e1 con m\u00e1s eficacia que ninguna otra instituci\u00f3n a la uni\u00f3n anhelada. En este sentido, debo subrayar las siguientes referencias:<\/p>\n\n\n\n<p><em>1\u00aa. Impulso decidido del actual Pont\u00edfice Juan Pablo II<\/em>. Est\u00e1 moviendo a los Obispos y a las Ordenes Religiosas con mucha m\u00e1s energ\u00eda que hasta ahora lo han hecho sus predecesores, hacia este objetivo: <em>Europa cristiana<\/em>. Aparte de sus visitas apost\u00f3licas y sus frecuentes apelaciones en esta direcci\u00f3n, cito como de singular importancia cuatro documentos: el Discurso sobre Evangelizaci\u00f3n de Europa a los participantes en el V Simposio del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, en octubre de 1982; la homil\u00eda en la Misa de clausura del mismo; el Discurso en el acto europe\u00edsta en Santiago de Compostela, en noviembre del mismo a\u00f1o; y el pronunciado en el Katholikentag de Viena en noviembre de 1983. No puedo resumirlos. Son important\u00edsimos, como toma de posici\u00f3n para una nueva etapa en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>2\u00aa. El Consejo Pontificio para el ecumenismo<\/em>. Nunca nos hemos acercado tanto los cristianos de diversas confesiones como en estos veinte a\u00f1os \u00faltimos, despu\u00e9s de haber vivido tan separados durante siglos. Esto dar\u00e1 frutos cuando la Providencia de Dios quiera. Ya los est\u00e1 dando, sobre todo entre los anglicanos y los cat\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>3\u00aa. Relaci\u00f3n con las Iglesias de los pa\u00edses del Este<\/em>. En estas naciones, la Iglesia es considerada como un hu\u00e9sped inc\u00f3modo, tanto o m\u00e1s que la presencia del poder norteamericano. Lo que sucede es que no es un hu\u00e9sped, sino un hecho religioso y cultural de muy dif\u00edcil desarraigo. Hungr\u00eda, Ruman\u00eda, Checoslovaquia, Yugoslavia (aunque se mueva en otra \u00f3rbita), y por supuesto Polonia, con su singularidad excepcional, est\u00e1n ah\u00ed portadoras y depositarias de fermentos cristianos y aun de comunidades creyentes muy vivas, que son una denuncia permanente contra todo lo que tiende a dividir las conciencias y las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas Iglesias est\u00e1 produci\u00e9ndose un fen\u00f3meno del mayor inter\u00e9s. Llega cada vez m\u00e1s informaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n a Roma de lo que hacen y sienten; llaman al coraz\u00f3n de los cristianos de la Europa libre; son conscientes del valor unificador del sufrimiento y la persecuci\u00f3n; crece en ellas la confortadora impresi\u00f3n de que no est\u00e1n solas, gracias, sobre todo, al Papa eslavo, que s\u00f3lo diez d\u00edas despu\u00e9s del comienzo de su Pontificado dijo estas palabras: <em>\u00abYa no hay Iglesia del silencio; ella habla por la voz del Papa\u00bb<\/em>. Los cristianos del Este est\u00e1n trabajando por la unidad de Europa, en cuanto que no s\u00f3lo se observa, sino que consta positivamente por lo que nos dicen sus Obispos, que dentro de la opresi\u00f3n en que viven no alimentan revanchismos, no est\u00e1n educando a sus hijos para el desquite o el odio, sino que se esfuerzan por mantener, en medio de la situaci\u00f3n en que viven, la confianza en que con su sufrimiento y fidelidad son invencibles. Se oponen a la exacerbaci\u00f3n de los nacionalismos y practican lo que se est\u00e1 llamando ya el <em>ecumenismo de la cruz<\/em>, seguros de que las fronteras se abrir\u00e1n, de que los <em>\u00abgeront\u00f3logos del marxismo cesar\u00e1n de combatirlos, faltos de combatientes\u00bb<\/em>. Ellos, en cambio, seguir\u00e1n. Y por aqu\u00ed est\u00e1 conduciendo el Papa actual la heroica lucha. Las armas que utilizan no son m\u00e1s que espirituales. No predican la guerra santa, ni la violencia. Esta resistencia activa, pero pac\u00edfica, es la de la Polonia actual, cuya fuerza moral se mide por el extraordinario martirio de s\u00ed misma que representa, para todo un pueblo ardoroso y acostumbrado a luchar con las armas en la mano, oponerse no a un adversario pol\u00edtico, sino a la tentaci\u00f3n de la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que critican al Papa por el doble lenguaje que utiliza \u2013dicen\u2013, apaciguador en Iberoam\u00e9rica y vibrantemente testimonial en Polonia, no se dan cuenta de la enorme diferencia que existe. En los pa\u00edses americanos hay incluso sacerdotes que han querido tomar las armas para la revoluci\u00f3n. En Polonia, la Iglesia se opone a la violencia y no quiere que el pa\u00eds se vea inundado por una efusi\u00f3n de sangre, de consecuencias incalculables tambi\u00e9n para la unidad de Europa.<\/p>\n\n\n\n<p><em>4\u00aa. Operatividad apost\u00f3lica e instrumentos de acci\u00f3n en la nueva tarea de reevangelizaci\u00f3n de Europa<\/em>. Me fijo exclusivamente en lo que podr\u00edamos llamar la columna vertebral de la estructura eclesi\u00e1stica europea, en torno a la cual se integra y se mueve el ampl\u00edsimo organismo eclesial. Hay en Europa 709 Archidi\u00f3cesis, Di\u00f3cesis o Administraciones Apost\u00f3licas, desde Italia, que cuenta con 278, seguida de Francia con 97 y Espa\u00f1a con 68, hasta las naciones que s\u00f3lo tienen una, Dinamarca, Letonia 1 Finlandia, Gibraltar, Islandia, Luxemburgo, M\u00f3naco, Suecia y Ucrania.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, a todas estas circunscripciones est\u00e1 llegando el nuevo \u00ab\u00e9lan\u00bb que se respira, y de todas ellas est\u00e1 saliendo ya el latido de una respuesta que participa en la misma preocupaci\u00f3n y los mismos anhelos. Los Obispos europeos viven ya -vivimos- hondamente persuadidos de que lo que se hace o deja de hacerse en Europa, afecta a la fe cristiana; y de que esta fe no puede contemplar con indiferencia, a la que pudiera dar pie un espiritualismo falso, el proceso de unificaci\u00f3n o unidad en que Europa est\u00e1 embarcada. Aun cuando haya llegado a ser un continente de misi\u00f3n, no se puede olvidar que \u2013como dijo el Cardenal Koenig\u2013 \u00abdos mil a\u00f1os de historia cristiana han marcado el rostro de Europa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestros despachos episcopales, a las reuniones de nuestras Conferencias, est\u00e1n llegando continuamente, desde Roma, o desde otros organismos de los que he hablado, documentos de reflexi\u00f3n, sugerencias de posibles iniciativas, recomendaciones y planes de trabajo, que se\u00f1alan y abren cauces de actuaci\u00f3n apost\u00f3lica de \u00e1mbito europeo com\u00fan; relaci\u00f3n con las altas instancias pol\u00edticas de los Gobiernos o de los organismos internacionales; di\u00e1logo con los no creyentes; atenci\u00f3n de las Iglesias a los problemas culturales y avances cient\u00edficos de nuestro tiempo; consultas e informaciones de unas Conferencias a otras; participaci\u00f3n de los Obispos de unos pa\u00edses en las reuniones de los de otros; reuniones de sacerdotes de diversas \u00e1reas ling\u00fc\u00edsticas; impulso a las Ordenes y Congregaciones Religiosas a que se internacionalicen m\u00e1s y m\u00e1s; promoci\u00f3n de contactos institucionalizados u ocasionales entre los laicos en relaci\u00f3n con sus responsabilidades propias de los diversos medios sociol\u00f3gicos en que trabajan, para poder asegurar una presencia de la Iglesia; atenci\u00f3n particular a los trabajadores emigrantes en Europa con respeto a sus diferencias culturales, raciales, religiosas y econ\u00f3micas; particular atenci\u00f3n al fen\u00f3meno del turismo y el de las peregrinaciones a santuarios de car\u00e1cter nacional e internacional: env\u00edo de seminaristas a realizar estudios teol\u00f3gicos en otros pa\u00edses; trabajo incesante en las tareas del ecumenismo, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que en asunto tan complejo como \u00e9ste del proceso para una mayor unidad de Europa y de lo que la Iglesia puede hacer en este sentido, hay que huir de toda simplificaci\u00f3n y de cualquier actitud de entusiasmo ilusorio y vano. Incluso un plazo de cincuenta a\u00f1os es corto \u2013a mi juicio\u2013 para que se consigan los resultados apetecidos en cuanto a esa Europa \u00abde los hombres y los pueblos\u00bb, como se ha dicho, que no se opone a la realidad de las patrias, sino a los nacionalismos perturbadores. Pero dentro de ese plazo, los que nos sucedan han de ver progresos muy notables, a no ser que la locura de algunos haga pulsar el bot\u00f3n de las explosiones nucleares o simplemente de una guerra convencional.<\/p>\n\n\n\n<p>La colaboraci\u00f3n de la Iglesia para lograr esto va a ser de suma importancia. <em>Primero<\/em>, por el prestigio del Pontificado. <em>Segundo<\/em>, porque no tiene ya nada de ese poder temporal que tantas veces lo hizo sucumbir en tiempos pasados bajo el peso de las alianzas o las simpat\u00edas suscitadas por una mayor o menor afinidad. <em>Tercero<\/em>, porque las tensiones internas, teol\u00f3gicas y pastorales, ser\u00e1n superadas. <em>Cuarto<\/em>, muy importante, porque el movimiento ecum\u00e9nico tendente a la unidad de los cristianos es imparable. <em>Quinto<\/em>, porque la Iglesia no busca ni siquiera hegemon\u00eda espiritual, sino que aun viviendo por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo la irrenunciable actitud de que es la verdadera Iglesia de Cristo, no niega la parte de verdad que las otras Iglesias poseen, y quiere, en uni\u00f3n con ellas, seguir orando y reflexionando juntas hasta que la plena luz se haga, lo cual es radicalmente distinto del talante con que se ha movido hasta el Concilio Vaticano II. <em>Sexto<\/em>, porque la acci\u00f3n apost\u00f3lica del Papa actual, mucho m\u00e1s continental y universal que la de ning\u00fan otro, desde hace muchos siglos \u2013es el que ha declarado a San Cirilo, eslavo, junto con San Benito, latino, Patrono de Europa igual que \u00e9l segundo\u2013, va a traer \u2013est\u00e1 trayendo ya\u2013 consecuencias muy positivas en el \u00e1mbito de la evangelizaci\u00f3n de Europa. <em>S\u00e9ptimo<\/em>, porque, en una palabra, a la Iglesia de hoy la acompa\u00f1a \u00fanicamente una idea, la del honor de Dios conforme al S\u00edmbolo de la fe, y la del servicio al hombre; y lo que busca es que Europa entre por el camino, no de los nacionalismos orgullosos, sino por el del servicio a los hombres de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>He dicho que pueden conseguirse progresos notables dentro de esa etapa que he se\u00f1alado y en virtud de las razones que indico. Pero no me atrevo a decir m\u00e1s. Porque sobre la conciencia hist\u00f3rica de Europa, de la Europa que era cristiana, gravita el peso atroz de muchos odios y muchos conflictos que hacen pensar que el cristianismo ha servido de muy poco en el pasado \u2013yo creo que no, que hay que buscar otras explicaciones a la frecuente explosi\u00f3n de los odios\u2013 y esto hace que millones de europeos, entre los que abundan los hombres cultos, no sientan el menor entusiasmo por \u00e9sa que llaman ellos <em>\u00abutop\u00eda de la nueva evangelizaci\u00f3n\u00bb<\/em>. Esta es la realidad. Como tambi\u00e9n lo es el hecho doloroso de la increencia y la vida cristiana desnaturalizada y reducida a un de\u00edsmo vago y descomprometido en tantos y tantos pa\u00edses europeos (Cfr. Encuesta en doce pa\u00edses europeos sobre valores vigentes).<\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed, la esperanza radica en que la acci\u00f3n de la Iglesia hoy, libre de tantas ataduras de otros tiempos, va a insistir en algo que sintoniza como exigencia evang\u00e9lica con las grandes aspiraciones sociales del hombre de hoy: derechos humanos a escala mundial, libertad, dignidad del hombre, sentido del trabajo, mejor participaci\u00f3n de todos en los bienes de la cultura y la producci\u00f3n econ\u00f3mica, ordenamiento pol\u00edtico m\u00e1s justo; en una palabra, la idea del servicio, en que tanto insist\u00eda un ensayista ilustre de cuyo nacimiento en Verona, se celebra este a\u00f1o el centenario, <em>Romano Guardini<\/em>. En su libro <em>Preocupaci\u00f3n por el hombre<\/em>, en las p\u00e1ginas dedicadas al tema de Europa, insiste en esta perspectiva: la idea de servicio frente a la idea de poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Perm\u00edtaseme una \u00faltima reflexi\u00f3n sobre este aspecto.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un ideal de servicio<\/h2>\n\n\n\n<p>No hay nada aut\u00e9nticamente humano que no halle eco en el coraz\u00f3n de la Iglesia de Cristo. La Iglesia est\u00e1 al servicio de la humanidad y todos los problemas de su historia son sus propios problemas. De la reflexi\u00f3n que sobre s\u00ed misma hizo en el Vaticano II surge el deseo de exponer c\u00f3mo entiende su presencia y acci\u00f3n en el mundo actual. Ante sus ojos est\u00e1 la familia humana con todo el conjunto de realidades entre las que est\u00e1 viviendo. Y aqu\u00ed est\u00e1 una de ellas: la idea de una Europa unida. \u00bfPor qu\u00e9 una Europa unida? \u00bfPara qu\u00e9 una Europa unida?<\/p>\n\n\n\n<p>Pensamos en Europa como en uno de los continentes de peso e importancia en el mundo. No concebimos que se pueda hacer nada a escala mundial sin contar con Europa. Aliado de los grandes colosos que se han despertado m\u00e1s recientemente, como Am\u00e9rica, Asia, \u00c1frica, \u00bfqu\u00e9 significa Europa?<\/p>\n\n\n\n<p>Y pensamos en la poblaci\u00f3n de Europa, tanto en el n\u00famero de sus habitantes como en las naciones que la integran, en sus hombres profesionales, pol\u00edticos, t\u00e9cnicos, cient\u00edficos. En lo que ha ido aportando a la industria, a los sistemas econ\u00f3micos, a la ciencia y a la t\u00e9cnica. Los hilos que tejen m\u00e1s de inmediato la pol\u00edtica del mundo. Son importantes estos factores. Pero en seguida nos viene la gran poblaci\u00f3n de esos enormes continentes, sus grandes extensiones de espacio sin aprovechar, sus riquezas naturales, su integraci\u00f3n en el ritmo actual y, en casos concretos, super\u00e1ndolo (t\u00e9cnica japonesa, norteamericana&#8230;) \u00bfLa vieja Europa tiene alg\u00fan logro que aportar? \u00bfAlgo que pueda ofrecer como m\u00e1s espec\u00edficamente suyo por su historia, por su acervo cultural, por su pensamiento gestado ya desde Grecia, por la experiencia de su propia evoluci\u00f3n? \u00bfAlgo que las dem\u00e1s partes del mundo no podr\u00edan realizarlo con tan \u00edntima propiedad?<\/p>\n\n\n\n<p>No es problema la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, que hoy progresa sin cesar. En la t\u00e9cnica, evidentemente, ocurre lo mismo. La ciencia y la t\u00e9cnica dan lugar a un poder del hombre sobre la naturaleza y sobre el mismo hombre, en cuanto a su conocimiento, que aumenta a ritmo acelerado. Ya Francisco Bac\u00f3n en 1620 afirmaba que la ciencia del hombre era la medida de su potencia (<em>Novum Organum<\/em>, 3<sup>er<\/sup> aforismo, Edit. Porr\u00faa, p. 37). Eso significa un progreso hacia una independencia cada vez mayor, y tambi\u00e9n una conexi\u00f3n con el mundo cada vez mayor, como se pone de manifiesto en conferencias internacionales, congresos, programas en com\u00fan, etc. Ciencia y t\u00e9cnica han dado y seguir\u00e1n dando un poder al hombre sobre la naturaleza, sobre s\u00ed mismo, que aumenta vertiginosamente. Han surgido fuentes de energ\u00eda, abundancia de bienes y socorros para la vida que tambi\u00e9n aumentan este poder. Progreso cada vez mayor en todos los campos cient\u00edfico-t\u00e9cnicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los judeocristianos, apoy\u00e1ndonos en el G\u00e9nesis (1,26), vemos que el hombre ha de ejercer su dominio sobre el mundo. El crecimiento de poder representar\u00eda \u2013tendr\u00eda que representar\u2013 un progreso hacia una m\u00e1s completa realizaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aqu\u00ed est\u00e1 el problema. Un problema hondo. \u00bfBasta la f\u00f3rmula aumento de poder, como igual a aumento de realizaci\u00f3n del hombre? \u00bfCrece el poder y en la misma medida la \u00abhumanidad\u00bb del hombre? \u00bfEn qu\u00e9 relaci\u00f3n est\u00e1 el crecimiento de poder con la humanidad del hombre? \u00bfSe puede aumentar el poder sin reflexi\u00f3n, sin ver las consecuencias, permaneciendo \u00abhombre\u00bb el hombre en sentido pleno? En este punto hay que considerar lo que llamamos da\u00f1os culturales, da\u00f1os que sufren el cuerpo y el esp\u00edritu por los extrav\u00edos y desmesura de la evoluci\u00f3n de las culturas. Con conocimiento de causa podemos hablar de culturas \u00abno humanas\u00bb, que no enriquecen el ser aut\u00e9ntico del hombre. El hombre tiene como tarea de su propia vocaci\u00f3n desarrollar su libertad en la forma de historia y de cultura; pero no puede erigir arbitrariamente su propio mundo. Ni arbitraria, ni ego\u00edsta, ni orgullosamente. Sino <em>completar el mundo seg\u00fan un orden, una armon\u00eda, un bien; es decir, seg\u00fan la voluntad divina<\/em>, como mundo de la libertad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el l\u00edmite de ese poder m\u00e1s all\u00e1 del cual la carga aplasta al portador? Es la pregunta que Romano Guardini se hace constantemente en su libro <em>Preocupaci\u00f3n por el hombre<\/em>, al reflexionar sobre la cultura como obra y riesgo; el hombre incompleto, el poder, la libertad, el servicio al pr\u00f3jimo en peligro; Europa, realidad y tarea. El hombre debe conocer y asumir la medida total de su responsabilidad. Y para esto tiene que volver a encontrar la verdadera relaci\u00f3n con las personas, con las cosas, con las exigencias de su intimidad, con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el crecimiento del poder avanza con excesiva rapidez y la <em>\u00abhumanidad\u00bb<\/em> del hombre no crece en la misma medida, \u00bfno llevar\u00e1 esto a un poder de destrucci\u00f3n? Muchos pensadores europeos han repetido lo que dice ya S\u00f3focles en el coro de \u00abAnt\u00edgona\u00bb: que el hombre lleva en s\u00ed la posibilidad de algo tr\u00e1gico. Nos damos m\u00e1s cuenta de la fuerza del poder cuando destruye. Ya hemos vivido y vivimos acontecimientos as\u00ed. En el comienzo, las nuevas realidades, por ejemplo, de la energ\u00eda at\u00f3mica, nuclear, est\u00e1n como sin forma, sin configurar, sin aplicaciones; luego se hacen eficaces de manera concreta. Y estar\u00e1n en funci\u00f3n de las primac\u00edas del hombre, en funci\u00f3n de aquello en lo cual quiera imponer su poder y dominio. Hoy la imagen de nuestro mundo es la del hombre que tiene un potencial enorme y puede destruirse a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El poder de los hombres tiene en la mano las energ\u00edas del mundo, en el m\u00e1s amplio sentido de la palabra. Se ha abierto paso a lo macrosc\u00f3pico y a lo microsc\u00f3pico. Pero, como dec\u00eda antes, lo que nos da la m\u00e1s clara y cruda conciencia de su poder es su posibilidad de destruir y da\u00f1ar: manipulaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n; manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica; posibilidad de cambiar en un hombre, contra su voluntad, su modo de percibir el mundo y percibir se a s\u00ed mismo; cambiar las medidas y leyes del bien y del mal, los puntos de apoyo que tiene en s\u00ed mismo como persona. El poder es un fen\u00f3meno que estremec\u00eda a los hombres de la antig\u00fcedad. En mi discurso de entrada en la Academia, record\u00e9 la cita de S\u00f3focles en <em>Ant\u00edgona<\/em>: \u00abMucho hay de inquietante, pero nada m\u00e1s inquietante que el hombre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta que se hace tambi\u00e9n Guardini, en el libro citado, es: \u00bfQui\u00e9n est\u00e1 llamado a plantear este problema y llevarlo hacia su soluci\u00f3n? Su contestaci\u00f3n es: <em>Europa, de modo especial<\/em>. Ciertamente, nuestra historia de m\u00e1s de tres mil a\u00f1os no se ha producido de un salto. Ya tenemos una larga tradici\u00f3n de pensadores. La pregunta por el hombre se hizo ya acuciante en Kant. De las cuatro cuestiones en que Kant ve\u00eda resolverse la Filosof\u00eda: \u00bfqu\u00e9 podemos saber? (metaf\u00edsica), \u00bfqu\u00e9 debemos hacer? (moral), \u00bfqu\u00e9 nos es dable esperar? (religi\u00f3n), \u00bfqu\u00e9 es el hombre? (antropolog\u00eda), \u00e9sta es la fundamental. La autognosis es uno de los objetivos fundamentales del pensar de Europa. \u00abEn todos los conflictos entre las diferentes escuelas filos\u00f3ficas, este objetivo ha permanecido invariable e inconmovible: prob\u00f3 ser el punto arquim\u00e9dico, el centro fijo e inmutable de todo pensamiento\u00bb (Cassirer, <em>Antropolog\u00eda filos\u00f3fica<\/em>, p. 15, 1945). S\u00ed, tanto pensadores como m\u00e9dicos han tenido siempre impl\u00edcita o expl\u00edcitamente formulada una idea del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya hemos tenido tiempo en nuestra historia, maestra de la vida, de perder las falsas ilusiones. La verdadera Europa, la Europa que piensa, es ajena a optimismos absolutos. Sus valores est\u00e1n vivos todav\u00eda, y es posible percibir lo que est\u00e1 en juego. Ha visto hundirse muchas cosas irrestaurables. De todo ello han surgido filosof\u00edas que pueden comprender el riesgo y la tragedia de la existencia humana. Europa tiene la tarea de <em>la cr\u00edtica del poder<\/em>, porque est\u00e1 acostumbrada a la preocupaci\u00f3n por el hombre; es consciente del poder del hombre, de su destino y misi\u00f3n, y ha de reflexionar ad\u00f3nde le llevar\u00e1. Europa ha dado a luz las ideas fundamentales del pensamiento sobre el hombre. La revoluci\u00f3n francesa sac\u00f3 a la luz la idea de la libertad. A Europa le corresponde, en su preocupaci\u00f3n por la humanidad, llevarla <em>de la \u00ablibertad de\u00bb a la \u00ablibertad para\u00bb<\/em> la realizaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una forma de ejercer la libertad que nos ense\u00f1\u00f3 Jesucristo: <em>la del servicio<\/em>. Ese servicio es propio de la fuerza del hombre que se siente responsable de la vida. De todo lo que se llama vida: trabajo, familia, pueblo, cultura, ordenaci\u00f3n de la patria, lo internacional. Todo este servicio por grandeza y superioridad del poder, que quiere que se enderecen las cosas de la tierra y que toma este servicio como una misi\u00f3n. Y una misi\u00f3n divina de la que se le exigir\u00e1 cuentas, como en la par\u00e1bola de los talentos. En esta forma de ejercicio del poder hay la sencilla objetividad de la vida cotidiana del hombre en sus diferentes cargos y profesiones. Reconocer esto y lograrlo puede ser la tarea de esta Europa que tanto ha sufrido y ha hecho sufrir, y que tanto esplendor vac\u00edo ha asumido. Es una utop\u00eda \u00e9tica que puede ser previa a una realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta Europa unida con estas inquietudes no existe. Estoy hablando, como dice Guardini, de una Europa que es, s\u00ed, algo pol\u00edtico, econ\u00f3mico, t\u00e9cnico, pero sobre todo una <em>\u00abdisposici\u00f3n real de \u00e1nimo\u00bb<\/em>. Para que esta Europa llegue a ser, hace falta que cada una de sus naciones vuelva a pensar su historia de otro modo, y a comprender su pasado y sus proyectos con referencia a la constituci\u00f3n de una <em>Europa unida con una gran forma vital<\/em>, no s\u00f3lo con lazos econ\u00f3micos, t\u00e9cnicos, cient\u00edficos. Forma vital configurada por las realidades fundamentales que le permitir\u00e1n el paso a la libertad y no el hundimiento en la servidumbre com\u00fan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Disertaci\u00f3n le\u00edda en la Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, el 26 de febrero de 1985. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, mayo 1985. Hace unas semanas recib\u00eda yo una carta de un Obispo alem\u00e1n, de la Di\u00f3cesis de Paderborn, en Westfalia. 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