{"id":517,"date":"2024-09-18T19:22:38","date_gmt":"2024-09-18T17:22:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=461"},"modified":"2024-09-22T17:42:18","modified_gmt":"2024-09-22T15:42:18","password":"","slug":"un-sistema-nuevo-de-vida","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/un-sistema-nuevo-de-vida\/","title":{"rendered":"Un sistema nuevo de vida"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Lecci\u00f3n pronunciada en el acto de inauguraci\u00f3n de la X Semana de Teolog\u00eda Espiritual, en Toledo. el 2 de julio de 1984. Texto publicado en el volumen <em>Vida interior y construcci\u00f3n del mundo<\/em>, CETE, Madrid 1985. 15-28.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p><em>Un sistema nuevo de vida<\/em>&#8230; Muchos hay que niegan a la Iglesia la posibilidad de suscitar en el mundo una nueva cultura, un nuevo orden de cosas y de valores, un sistema nuevo de vida. Piensan que la Iglesia es muy vieja como para dar a luz de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, ciertamente, es la m\u00e1s antigua instituci\u00f3n del Occidente: tiene veinte siglos de edad. Pero si pensamos que la inmensa aventura humana comenz\u00f3 \u2013como dicen los cient\u00edficos\u2013 hace cincuenta mil o quiz\u00e1 cien mil a\u00f1os, los escasos dos mil a\u00f1os de historia de la Iglesia nos parecen muy pocos. La Iglesia es sumamente joven, y probablemente est\u00e1 dando en la historia humana sus primeros pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, si en esta conferencia hablo del <em>mundo<\/em> entendiendo por \u00e9l \u2013como es frecuente en los textos del Nuevo Testamento\u2013, el conjunto de criaturas no sujetas al influjo ben\u00e9fico de Cristo, ser\u00e1 preciso reconocer que el mundo es mucho m\u00e1s viejo que la Iglesia. Por eso, quienes no esperan de la Iglesia, alegando que es vieja, un nuevo sistema de vida, \u00bfse atrever\u00e1n a esperarlo del mundo, que es mucho m\u00e1s antiguo y vetusto?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Lo viejo en el mundo moderno<\/h2>\n\n\n\n<p>Desde este punto de vista, es preciso confesar que <em>el mundo actual, el mundo moderno, se nos manifiesta como desoladoramente viejo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El materialismo que hoy impera, tanto en el Oriente marxista como en el Occidente consumista, es cosa tan antigua como el culto al dinero. Las perversiones sexuales, el descenso de la nupcialidad, el aumento de concubinatos, divorcios, abortos y pr\u00e1cticas anticonceptivas, el crecimiento de la homosexualidad, todo eso que un Wilhem Reich llama \u00abla revoluci\u00f3n sexual\u00bb, no es sino un regreso a lo que en el paganismo precristiano eran pr\u00e1cticas frecuentes hasta la vulgaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>El nihilismo, la filosof\u00eda relativista, epic\u00farea, agn\u00f3stica; \u00abel hombre como pasi\u00f3n in\u00fatil\u00bb (Jean Paul Sartre), la vida humana como una ofensa enorme y an\u00f3nima, o como un banquete delicioso y breve, que debe ser aprovechado al m\u00e1ximo; el imperio de la fuerza sobre la raz\u00f3n \u2013<em>sit pro ratione, voluntas<\/em>\u2013, el racionalismo o la desconfianza radical en la raz\u00f3n&#8230;, \u00e9stas y otras posiciones de la filosof\u00eda moderna ya estaban ampliamente formuladas por los fil\u00f3sofos de los siglos anteriores a Cristo. De aquellos fil\u00f3sofos dec\u00eda San Pablo: \u00abSiempre est\u00e1n aprendiendo, sin lograr jam\u00e1s llegar al conocimiento de la verdad&#8230;, resisten a la verdad, como hombres de entendimiento corrompido\u00bb (2Tim 3, 7-8).<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre trivializado, distra\u00eddo de lo esencial, perdido en la cotidiana mara\u00f1a de las cosas secundarias, constantemente alienado por la televisi\u00f3n, el vaiv\u00e9n de la pol\u00edtica, los medios de comunicaci\u00f3n, las modas y las diversiones, viene a ser aquel pagano embrutecido que, seg\u00fan Juvenal, no quer\u00eda m\u00e1s que \u00abpan y circo\u00bb, alimentos y espect\u00e1culos; y el c\u00e9lebre novelista Camus, hace unos a\u00f1os, dec\u00eda que los hombres de hoy casi lo \u00fanico que hacen es \u00abfornicar y leer peri\u00f3dicos\u00bb; quiz\u00e1 tuviera que decir ahora: \u00aby ver la televisi\u00f3n\u00bb, que a veces es tambi\u00e9n lo mismo que fornicar. Cuando el Ap\u00f3stol lleg\u00f3 a Atenas, pudo comprobar que <em>los atenienses y los forasteros all\u00ed domiciliados no se ocupan en otra cosa que en decir y o\u00edr novedades<\/em> (Act 17, 21). El imperio de lo novedoso, que hoy se estima tan moderno, es muy viejo.<\/p>\n\n\n\n<p>El militarismo brutal, el pacifismo c\u00f3mplice o ingenuo, el totalitarismo, el democratismo, los sistemas autoritarios, los altamente liberales y permisivos, todo eso que hoy vemos aqu\u00ed y all\u00e1 es muy antiguo. Hasta el bikini y la minifalda encuentran en la antig\u00fcedad innumerables precedentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n el Eclesiast\u00e9s cuando afirmaba: <em>No se hace nada nuevo bajo el sol. Una cosa de la que dicen: Mira esto, esto es nuevo, aun \u00e9sa fue ya en los siglos anteriores a nosotros<\/em> (1, 9-10).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay, adem\u00e1s, un rasgo propio de nuestros tiempos que nos lleva a calificar de viejo al mundo moderno: la falta de alegr\u00eda. Hoy los hombres y los pueblos viven como abrumados; en todas partes reina la insatisfacci\u00f3n, el temor, el pesimismo. Y justamente los pueblos m\u00e1s ricos y desarrollados son aquellos en los que m\u00e1s abunda el derrotismo existencial, la amargura, la neurosis, el suicidio, la delincuencia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dos realidades nuevas<\/h2>\n\n\n\n<p>Es verdad, sin embargo, que <em>en el mundo moderno pueden apreciarse dos fen\u00f3menos realmente \u00abnuevos\u00bb: el progreso cient\u00edfico y el ate\u00edsmo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el primero, el espectacular progreso de la ciencia, no pertenece propiamente al \u00abmundo\u00bb, en la acepci\u00f3n b\u00edblica y teol\u00f3gica que venimos d\u00e1ndole. En ese progreso han colaborado lo mismo cristianos y paganos: la ciencia y la t\u00e9cnica modernas pertenecen igualmente a la Iglesia y al mundo. M\u00e1s a\u00fan, podr\u00edamos decir: una gran parte -quiz\u00e1 la mayor parte- de los progresos actuales de las ciencias positivas han sido y son debidos a hombres creyentes, concretamente, a cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro fen\u00f3meno nuevo del mundo actual es el ate\u00edsmo, tanto te\u00f3rico como pr\u00e1ctico. Este fen\u00f3meno, en la escala que hoy se produce, s\u00ed que es nuevo, y s\u00ed que pertenece exclusivamente al mundo. Pero es una actitud humana que, siendo nueva, al menos como amplio fen\u00f3meno social y cultural<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>, no tiene nada de positivo. En palabras de Pablo VI, \u00abdebemos reconocer desgraciadamente que el diagrama de la religiosidad gira hacia la negaci\u00f3n. Lo hemos dicho en otras ocasiones: la indiferencia, la duda, el rechazo, la hostilidad hacia la religi\u00f3n, se\u00f1alan un crecimiento negativo, al menos en las conclusiones especulativas y pr\u00e1cticas. Todo tiende a excluir a Dios del pensamiento y de las costumbres. La vida se hace cada vez m\u00e1s profana, laica, secularizada\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es desoladora la situaci\u00f3n de un mundo que se aleja de Dios. Terminar\u00e1 aborreci\u00e9ndose a s\u00ed mismo. Por eso justamente, porque nuestro mundo moderno est\u00e1 tan harto y cansado de s\u00ed mismo, por eso prodiga con tal abundancia el prestigioso vocabulario de <em>lo nuevo<\/em>, es decir, de aquello que se promete como distinto de lo actualmente vigente y acostumbrado: \u00abnuevo modelo\u00bb, \u00aborden nuevo\u00bb, \u00abnuevo estilo\u00bb, \u00abnueva ola\u00bb, \u00abnuevos fil\u00f3sofos\u00bb, \u00abarte nuevo\u00bb, \u00abnueva l\u00ednea\u00bb, \u00abnueva sociedad\u00bb, \u00abhombre nuevo\u00bb. Vana ilusi\u00f3n, palabras enga\u00f1osas. El mundo viejo no tiene creatividad alguna para lo verdaderamente nuevo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Radical novedad del Reino<\/h2>\n\n\n\n<p><em>La \u00fanica novedad decisiva introducida en la historia humana es la encarnaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo<\/em>, el Hijo de Dios nacido de Mar\u00eda Virgen, muerto en la cruz por nuestros pecados, resucitado al tercer d\u00eda de entre los muertos, y constituido para siempre Se\u00f1or del cielo y de la tierra. \u00c9l es el nuevo Ad\u00e1n, el que nos comunica el Esp\u00edritu Santo, el que inicia una nueva humanidad, una nueva raza de hombres, <em>un nuevo sistema de vida<\/em>. Los textos del Nuevo Testamento \u2013y \u00e9ste s\u00ed que es realmente nuevo\u2013 nos lo aseguran una y otra vez: <em>El primer hombre (Ad\u00e1n) fue de la tierra, terreno; el segundo hombre (Cristo) fue del cielo. Cual es el terreno, tales son los terrenos; cual es el celestial, tales son los (hombres) celestiales<\/em> (1Cor 15, 47-48). <em>El que es de Cristo se ha hecho criatura nueva, y lo viejo pas\u00f3, se ha hecho nuevo<\/em> (2Cor 5, 17). Por eso exhorta el Ap\u00f3stol: <em>Dejando vuestra antigua conducta despojaos del hombre viejo, viciado por la corrupci\u00f3n del error; renovaos en vuestro esp\u00edritu y vest\u00edos del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios en justicia y santidad verdaderas<\/em> (Ef 4,22-24).<\/p>\n\n\n\n<p>Atenci\u00f3n aqu\u00ed: no se trata en el cristianismo de una renovaci\u00f3n que afecte solamente a las ideas, a las costumbres. La renovaci\u00f3n producida por el Esp\u00edritu de Jes\u00fas es antes que eso, y fundamentalmente, <em>una transformaci\u00f3n del mismo ser del hombre<\/em>. Es, sin duda, una renovaci\u00f3n moral, pero antes, y sobre todo, es una renovaci\u00f3n <em>ontol\u00f3gica<\/em>. El cristiano, efectivamente, es una <em>nueva criatura<\/em>; ya no es un hombre <em>viejo<\/em>, sino <em>nuevo<\/em> (Rm 6, 6; Ef 2, 15; Col 3, 10); no es ya <em>terreno<\/em>, sino hombre <em>celestial<\/em> (1Cor 15, 47); ya no es hombre <em>carnal y animal<\/em> (St 3, 15; 1Cor 2, 14), sino <em>espiritual<\/em> (1Cor 3,1-3). Y es hombre espiritual y renovado, porque le ha sido infundido el Esp\u00edritu Santo que <em>renueva la faz de la tierra<\/em> (Sal 103, 30). Veamos, si no, en dos relatos paralelos c\u00f3mo Dios constituy\u00f3, al principio de la creaci\u00f3n, <em>al hombre viejo<\/em>, y c\u00f3mo form\u00f3 en Cristo el <em>hombre nuevo<\/em>: <em>Form\u00f3 Yahveh Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspir\u00f3 en el rostro aliento de vida, y fue as\u00ed el hombre ser animado<\/em> (Gn 2, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo resucitado se presenta a los disc\u00edpulos, que son a\u00fan hombres viejos, ad\u00e1micos, sopl\u00f3 sobre ellos, y les dijo: <em>Recibid el Esp\u00edritu Santo<\/em> (Jn 20, 22}, y as\u00ed fueron hechos hombres nuevos, espirituales, deificados, <em>participantes de la naturaleza divina<\/em> (2P 1, 4).<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, el <em>primog\u00e9nito de toda criatura<\/em> (Col 1,15), viene a ser primog\u00e9nito entre muchos hermanos (Rm 8, 29). Estos <em>hombres nuevos<\/em>, que bien merecen el nombre de \u00abcristianos\u00bb (Hch 11, 26), no han nacido de la carne y de la sangre, sino de Dios (Jn 1, 13); han nacido de nuevo, esta vez <em>del agua y del Esp\u00edritu<\/em> (Jn 3,5).<\/p>\n\n\n\n<p>En el mensaje de Jes\u00fas hay una radical novedad que tiene potencia para iluminar todas las situaciones humanas y todas las \u00e9pocas de la historia. El reino de Dios anunciado por Jes\u00fas es una realidad interior del hombre, <em>en verdad, el reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros<\/em> (Lc 17, 21), que es la fuerza que puede generar estructuras justas y dignas para que el hombre realice su vida y posibilidades. El reino de Dios es una vida de esp\u00edritu que se desarrolla y esparce entre los hombres, dando origen a relaciones s\u00f3lidas y firmes de amor, fidelidad y respeto.<\/p>\n\n\n\n<p>La tradici\u00f3n hebraica ense\u00f1aba la creencia en un Dios \u00fanico, garantizador del orden moral en el mundo de los hombres. Un Dios que escogi\u00f3 un pueblo y le ayud\u00f3 en sus dificultades. La \u00faltima tradici\u00f3n hebraica, la de los profetas, anunciaba, despu\u00e9s de un periodo de desgracias, la renovaci\u00f3n del pueblo hebreo y su resurgimiento hasta alcanzar una potencia material y moral que har\u00eda de \u00e9l el instrumento directo de Dios para su dominio en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Jes\u00fas llama a todos los hombres de \u00abbuena voluntad\u00bb, cualquiera que sea su raza, cultura y posici\u00f3n social; quita a la anunciada restauraci\u00f3n todo car\u00e1cter temporal y pol\u00edtico, y hace de ella <em>una renovaci\u00f3n que debe realizarse en el interior de las conciencias y as\u00ed transformar la vida de cada hombre<\/em>. Solamente de esta forma es posible que el hombre encuentre su propia identidad, y viva en una sociedad en que la familia, las instituciones y la cultura est\u00e9n al servicio de la vocaci\u00f3n aut\u00e9ntica del ser humano. Las estructuras s\u00f3lo cambian cuando cambian los hombres. Es m\u00e1s, realmente son lo que son los hombres que las organizan.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas, a la ley del Viejo Testamento le impone un horizonte y una grandeza nueva: <em>o\u00edsteis que se dijo, pero Yo os digo<\/em>. La ley del ojo por ojo es transformada en la nueva ley cristiana del amor: <em>amad a vuestros enemigos<\/em>. Hemos de perdonar porque debemos amar. El perd\u00f3n goza de libertad. El coraz\u00f3n se ensancha y da paso a la generosidad y magnanimidad. Tenemos que amar como Jes\u00fas nos ama. \u00c9l es perd\u00f3n viviente. Redenci\u00f3n es el n\u00facleo de la existencia cristiana: tiene que adquirir un valor pr\u00e1ctico en nuestra vida. No podemos ser redimidos sin que el esp\u00edritu de la redenci\u00f3n act\u00fae en nosotros. No podemos gozar de la redenci\u00f3n sin contribuir a ella. Y nuestra contribuci\u00f3n est\u00e1 en el amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la predicaci\u00f3n de Cristo, Dios es el Padre, el que ama, el que consuela, el que est\u00e1 cerca de los hombres. La comunidad humana que debe salir de la predicaci\u00f3n de la <em>buena nueva<\/em> es una comunidad fundada en el amor. Jes\u00fas viene a exponer <em>un nuevo sistema de vida<\/em> porque ser cristiano significa vivir del Esp\u00edritu de Dios revelado por Cristo: la paternidad de Dios. <em>Si no os hac\u00e9is como ni\u00f1os<\/em>. El ni\u00f1o lo ve todo en funci\u00f3n de su padre y de su madre. Todo le llega a trav\u00e9s de ellos. Sus padres est\u00e1n en todas partes, son para \u00e9l origen, medida y orden. La infancia espiritual, en el sentido en que la proclama Jesucristo, es lo mismo que la madurez cristiana: el amor a Cristo a trav\u00e9s del amor a los dem\u00e1s para formar una sociedad en la que los hombres se vayan amando como Cristo nos ama. Este amor no es s\u00f3lo un acto determinado, sino el m\u00e1s grande y primer mandamiento del que todo pende.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conciencia de lo nuevo en la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>El cristianismo primitivo tuvo una clara conciencia de que el hombre viejo no pod\u00eda producir un mundo nuevo. Ya lo dijo Cristo: <em>Lo que nace de la carne es carne; pero lo que nace del Esp\u00edritu, es esp\u00edritu<\/em> (Jn 3, 6). Y lo mismo San Pablo: <em>La carne y la sangre no pueden poseer el reino de Dios<\/em> (1Cor 15, 50); lo que, aplicado a nuestro tema, podr\u00eda traducirse: los hombres viejos y carnales no pueden producir un nuevo y perfecto sistema de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia antigua hubo de vivir en un mundo descontento de s\u00ed mismo, carente de grandes y nobles proyectos estimulantes, desanimado, lleno de cansancio y confusi\u00f3n: un mundo semejante al nuestro actual. <em>La Iglesia tuvo entonces una viva conciencia de poseer en s\u00ed misma una inmensa fuerza renovadora de la historia; la fuerza de Cristo, resucitado de entre los muertos, la fuerza irresistible del Esp\u00edritu Santo<\/em>. Estando entonces la Iglesia perseguida, hostilizada por el mundo, despreciada por los intelectuales, sin poder econ\u00f3mico, pol\u00edtico o cultural, hall\u00e1ndose socialmente marginada, tuvo clara conciencia de que hab\u00eda en ella fuerza para renovar completamente el mundo: confiaba, como dice San Pablo, en <em>la excelsa grandeza del poder (de Dios) para con nosotros, los creyentes, seg\u00fan la fuerza de su poderosa energ\u00eda, que \u00c9l ejerci\u00f3 en Cristo, resucit\u00e1ndole de entre los muertos y sent\u00e1ndole a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominaci\u00f3n y de todo cuanto tiene nombre, no s\u00f3lo en este siglo, sino tambi\u00e9n en el venidero<\/em> (Ef 1, 19-21).<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy necesitamos los cristianos recuperar el impulso de este optimismo hist\u00f3rico que caracteriz\u00f3 a la Iglesia de los primeros siglos y reavivar en nosotros la fuerza de aquella inmensa esperanza puesta en Cristo, Se\u00f1or de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos documentos de la antig\u00fcedad nos ayudar\u00e1n a evocar ahora aquel fort\u00edsimo impulso renovador de la Iglesia naciente. Extractar\u00e9, en primer lugar, algunos textos de la <em>Carta a Diogneto<\/em>, precioso documento de finales del siglo II. Aquel autor an\u00f3nimo recibi\u00f3 de Dios, sin duda, grandes luces para comprender qu\u00e9 son, qu\u00e9 est\u00e1n llamados a ser los cristianos en medio del mundo. \u00abDios misericordioso permiti\u00f3 que a nuestro arbitrio nos dej\u00e1ramos arrastrar por nuestros desordenados impulsos&#8230;; no porque aprobase aquel tiempo de iniquidad, sino porque era el creador del presente tiempo de justicia, de modo que&#8230; una vez que hab\u00edamos puesto de manifiesto que por nuestra parte no ser\u00edamos capaces de tener acceso al reino de Dios, el poder de Dios nos concediese tal posibilidad\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mismo tema de San Pablo: d<em>onde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia<\/em> (Rm 5,20). Concretamente, no pocos pa\u00edses principales, que estaban hundidos en la mayor perversi\u00f3n intelectual y moral, iban a ser levantados por el Evangelio de Cristo a una altura imprevista, a una dignidad insospechada, para salvaci\u00f3n de otros muchos pueblos y naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigue el texto: \u00abLos cristianos no se distinguen de los dem\u00e1s hombres porque vivan en una regi\u00f3n diferente, as\u00ed como tampoco por su idioma o sus vestidos&#8230; Viven en ciudades griegas o b\u00e1rbaras, seg\u00fan a cada uno le ha ca\u00eddo en suerte; siguen las costumbres locales en su modo de vestir, de alimentarse y de comportarse, manifestando al mismo tiempo las leyes extraordinarias y verdaderamente parad\u00f3jicas de su rep\u00fablica espiritual. Son ciudadanos de sus respectivas patrias, pero s\u00f3lo como extranjeros domiciliados &#8230; Se casan como todos, y tienen hijos, pero no abandonan a los reci\u00e9n nacidos. Participan todos de la misma mesa, pero no del mismo lecho. Viven &#8216;en la carne&#8217;, pero no &#8216;seg\u00fan la carne&#8217;. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Se atienen a las leyes establecidas, y con su estilo de vida superan las leyes&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPara decirlo de una vez: lo que es el alma al cuerpo eso mismo son los cristianos en el mundo. El alma habita, desde luego, en el cuerpo, pero no procede de \u00e9l; as\u00ed tambi\u00e9n los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo&#8230; La carne persigue y hace la guerra al alma, sin haber recibido agravio alguno de ella, sino porque le proh\u00edbe disfrutar de los placeres (malos): igualmente el mundo odia a los cristianos, no porque hayan recibido agravio alguno de ellos, sino porque se oponen a sus placeres (pecaminosos). El alma ama a la carne, aunque \u00e9sta la odia, y a sus miembros: tambi\u00e9n los cristianos aman a quienes les odian&#8230; El alma mejora maltratada en la comida y la bebida; y los cristianos aumentan cada d\u00eda en medio de los suplicios. Dios fue quien les puso en tal condici\u00f3n, y no les est\u00e1 permitido desertar de ella\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Grandioso texto. En \u00e9l se refleja la conciencia que la Iglesia primitiva \u2013all\u00e1 en el siglo II\u2013 ten\u00eda de que los cristianos estaban llamados a ser <em>alma del mundo<\/em>. En nada se distingu\u00edan los cristianos de los hombres mundanos en los aspectos secundarios y accidentales, pero \u00a1qu\u00e9 distintos eran \u2013hab\u00edan de ser\u2013 en otras dimensiones profundas y decisivas! Los cristianos, pocos a\u00fan, y dispersos en muchos lugares distantes, hab\u00edan de ser, para la sociedad mundana antigua, lo que es el alma para el cuerpo: principio vivificante, din\u00e1mico, ennoblecedor. Y tal misi\u00f3n hab\u00edan de cumplir, aunque por ella recibieran en pago el odio del mundo: \u00abDios fue quien les puso en tal condici\u00f3n, y no les est\u00e1 permitido desertar de ella\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso es lo que pensaban de s\u00ed mismos aquellos cristianos del siglo II, pocos, acorralados, ridiculizados, marginados, despreciados y perseguidos. Ten\u00edan fe en Cristo resucitado, y por eso estaban ciertos de ser un d\u00e9bil esqueje destinado a crecer en un \u00e1rbol frondoso en el que <em>las aves del cielo vienen a anidar en sus ramas<\/em> (Mt 13,32).<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo documento que quiero ofreceros es del siglo IV, de la \u00e9poca en que las instituciones y los pueblos del Imperio se abrieron completamente al Evangelio, con ocasi\u00f3n de la conversi\u00f3n de Constantino. San Gregario de Nisa, en un texto admirable, contempla la resurrecci\u00f3n de Jesucristo como el inicio grandioso de una humanidad nueva y de un mundo nuevo. Todo el universo renace y entra en una completa novedad de vida cuando Cristo Jes\u00fas pasa de la muerte a la vida gloriosa. Dice: \u00abHa comenzado el reino de la vida y se ha disuelto el imperio de la muerte. Han aparecido otra generaci\u00f3n, otra vida, otro modo de vivir, la transformaci\u00f3n de nuestra misma naturaleza&#8230; &#8216;Este es el d\u00eda en que actu\u00f3 el Se\u00f1or&#8217;, d\u00eda totalmente distinto de aquellos otros del comienzo de los siglos. Este d\u00eda es el principio de una nueva creaci\u00f3n, porque en este d\u00eda Dios ha creado un cielo nuevo y una nueva tierra. \u00bfQu\u00e9 cielo? El firmamento de la fe en Cristo. \u00bfY qu\u00e9 tierra? El coraz\u00f3n bueno que, dijo el Se\u00f1or, es semejante a aquella tierra que se impregna con la lluvia que desciende sobre ella y produce abundantes espigas&#8230; En este d\u00eda es creado el verdadero hombre, aquel que fue hecho a imagen y semejanza de Dios. \u00bfNo es, pues, un nuevo mundo el que empieza para ti en &#8216;este d\u00eda en que actu\u00f3 el Se\u00f1or&#8217;?\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El cristianismo, efectivamente, mostr\u00f3 en la historia su formidable fuerza renovadora de hombres, instituciones y pueblos. Al paso de los siglos, y asumiendo todo lo valioso del mundo viejo y decadente, alumbr\u00f3 un mundo nuevo, una vida nueva, una nueva jerarqu\u00eda de valores, un sistema nuevo de vida. Dio valor al sufrimiento, a la pobreza y a la paz, foment\u00f3 la unidad del matrimonio, la igualdad b\u00e1sica entre hombre y mujer, esclavo o libre, griego, romano o b\u00e1rbaro; suaviz\u00f3 las costumbres crueles, institucionaliz\u00f3 la compasi\u00f3n y la misericordia, renov\u00f3 profundamente la vida pol\u00edtica, c\u00edvica, pedag\u00f3gica, art\u00edstica; impuls\u00f3 el sentido de fidelidad, de lealtad, de obediencia a las autoridades; cre\u00f3 nuevas formas de vida admirable en familias, pueblos, parroquias, monasterios, universidades, talleres, gremios y naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las realidades humanas, ciertamente, tienen su lado negativo. Toda cosa bajo el sol, por buena y bella que sea, arrastra inevitablemente su sombra respectiva. Pero es necesario reconocer que la contribuci\u00f3n de la Iglesia para la renovaci\u00f3n hist\u00f3rica del mundo ha sido siempre, como lo es hoy, indeciblemente amplia, profunda y valiosa. Sencillamente, el cristianismo ha producido en la historia de la humanidad las formas de vida individual, familiar y social m\u00e1s altas y preciosas. Incluso hemos de decir que las innegables virtudes que hoy pueden apreciarse en naciones institucionalmente alejadas de Cristo, son en el fondo <em>virtudes evang\u00e9licas ocultas<\/em>, modificadas, disfrazadas, pero que tienen su \u00faltima ra\u00edz en el \u00e1mbito espiritual bell\u00edsimo del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La radical diferencia<\/h2>\n\n\n\n<p>En todas las \u00e9pocas de la historia se da la radical diferencia entre el concepto y la realidad del hombre sin Cristo, y el hombre que quiere ser hombre a la luz de Cristo. Es el contraste entre las tinieblas y la luz. Por eso Cristo revela a Dios como la luz de los corazones, tregua en la fatiga, paz en el llanto, hu\u00e9sped de los hombres, lluvia en la sequ\u00eda, plenitud en el vac\u00edo, triunfo sobre el dominio de la culpa, frescor en el bochorno.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres no se han encontrado a s\u00ed mismos nunca en la imagen que les han ofrecido los idealismos, los materialismos, los positivismos de diverso signo que se han ido sucediendo a lo largo de la historia. Lo \u00fanico a que se ha llegado es a descubrir alg\u00fan aspecto olvidado en el an\u00e1lisis de la condici\u00f3n humana. Se habla del hombre, pero en realidad no se le ve. Lo \u00fanico que se logra es construir seres mutilados, gigantes con pies de barro, personalidades imposibles, como ha dicho Abbagnano, un historiador de la filosof\u00eda, al tratar de lo que Nietzsche quer\u00eda para el hombre. Se le somete a experiencias y se le oprime o se le desenraiza. Se le encuadra en categor\u00edas mec\u00e1nicas, biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas, sociol\u00f3gicas, variantes distintas de la misma voluntad de convertirlo en una sustancia del orden de la naturaleza, sea de la \u00edndole que sea. Se le ofrecen criterios que acaban en subjetivismos que hunden toda validez y sumergen al hombre en la violencia de la degeneraci\u00f3n; o le someten a extra\u00f1as voluntades ordenadoras que le aplastan bajo la fuerza y el poder del autoritarismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la aut\u00e9ntica libertad se apoya en algo incondicionado, y tiene tanto de obligaci\u00f3n como de derecho. No tiene sentido exigir <em>libertad \u00abde\u00bb<\/em> si antes no se ha visto y se ha querido la <em>libertad \u00abpara\u00bb<\/em> los grandes valores de la existencia personal. Qui\u00e9nes somos nosotros, s\u00f3lo podemos saberlo a la luz de Aqu\u00e9l que nos ha dado el ser. A la altura que estamos de la historia de la humanidad, contemplamos ya el espect\u00e1culo extra\u00f1o y grotesco de lo que puede hacer el hombre sin Dios, o en la medida en que se aleja de \u00c9l, y se deja dominar por su ambici\u00f3n y ego\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La sal desvirtuada<\/h2>\n\n\n\n<p>Hoy los cristianos han de reafirmar su fe en que est\u00e1n llamados a ser <em>alma del mundo: sal <\/em>que preserva al mundo de la corrupci\u00f3n (Mt 5, 13), luz que ilumina las tinieblas del mundo (Mt 5,14), <em>fermento<\/em> destinado a transformar la masa humana en pan eucar\u00edstico ofrendado al verdadero Dios (Mt 13,33).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, por desgracia, son muchos los cristianos que no son sino <em>sal desvirtuada que para nada aprovecha ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres<\/em> (Mt 5, 13); <em>o luces escondidas<\/em> bajo una tapadera (5, 15), porque se averg\u00fcenzan de confesar a Cristo entre los hombres (Mt 10, 33). Hoy son numerosos los cristianos que siguen admirando a la Bestia, y reciben su marca en la frente [en sus criterios], y en la mano [en la conducta] (cf. Ap 13, 16; 14, 9-10). En efecto, dice el Apocalipsis que el Drag\u00f3n infernal dio grandes poderes a la Bestia que manda en el mundo: <em>Toda la tierra segu\u00eda admirando a la Bestia&#8230; A ella se le dio una boca que profiere palabras llenas de arrogancia y de blasfemia&#8230; Le fue otorgado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y naci\u00f3n. La adoraron todos los moradores de la tierra, cuyo nombre no est\u00e1 escrito, desde el principio del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado<\/em> (Ap 13, 2-8).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego, si los cristianos aceptan el pensamiento y la conducta del mundo, ninguna fuerza tendr\u00e1n para renovarlo y para suscitar en \u00e9l un sistema de vida nuevo y mejor que el hoy vigente. Un cristianismo mundanizado \u00bfacaso vale para algo? \u00bfTiene una raz\u00f3n de ser? \u00bfAlguna utilidad o significado? No vale para nada, sino para que <em>lo pisen los hombres<\/em> con desprecio. Y cu\u00e1ntos son hoy los bautizados que olvidaron su fe, y que con un entreguismo lamentable (\u00a1que ellos estiman como virtud, como cumplimiento de la ley de la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb, como lucidez para saber leer \u00ablos signos de los tiempos\u00bb!) se asemejan en todo a los hombres mundanos, avergonz\u00e1ndose del Evangelio y de la luz de Cristo (2Tim 1, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI fue testigo dolorido de estas defecciones. Y hace unos diez a\u00f1os pronunci\u00f3 en una Audiencia General estas palabras tremendas: \u00abHemos sido quiz\u00e1 demasiado d\u00e9biles e imprudentes en esa actitud, a la cual nos invita la escuela del cristianismo moderno&#8230; Hemos andado frecuentemente, en la pr\u00e1ctica, fuera del signo. El contenido llamado permisivo de nuestro juicio moral y de nuestra conducta pr\u00e1ctica; la transigencia hacia la experiencia del mal, con el sofistico pretexto de querer conocerlo para sabernos defender de \u00e9l&#8230;; la renuncia ambigua y quiz\u00e1 hip\u00f3crita a los signos exteriores de la propia identidad religiosa, etc., han insinuado en muchos la c\u00f3moda persuasi\u00f3n de que hoy, aun el que es cristiano, debe asimilarse a la masa humana como es, sin tomarse el cuidado de marcar por su propia cuenta alguna distinci\u00f3n, y sin pretender, nosotros cristianos, tener algo propio y original que pueda, frente a los otros, aportar alguna saludable ventaja. Hemos andado fuera del signo en el conformismo con la mentalidad y con las costumbres del mundo profano. Volvamos a escuchar la apelaci\u00f3n del Ap\u00f3stol Pablo a los primeros cristianos: <em>No quer\u00e1is conformaros al siglo presente, sino transformaos con la renovaci\u00f3n de vuestro esp\u00edritu<\/em> (Rm 12, 2); y la del Ap\u00f3stol Pedro: <em>Como hijos de obediencia, no os conform\u00e9is a los deseos de cuando errabais en la ignorancia<\/em> (1 Pt 1, 14). Se nos exige una diferencia entre la vida cristiana y la profana y pagana que nos asedia; una originalidad, un estilo propio. Dig\u00e1moslo claramente, una libertad propia de vivir seg\u00fan las exigencias del Evangelio. Hoy es necesario una ascesis vigorosa, tanto m\u00e1s oportuna hoy cuanto mayor es el asedio, el asalto del siglo amorfo, o corrompido, que nos circunda. Defenderse, preservarse, como quien vive en un ambiente de epidemia\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Evangelio de la interioridad y el apostolado<\/h2>\n\n\n\n<p>Hoy el mundo tiene una apremiante necesidad de la Iglesia, de la verdadera Iglesia de Cristo. No le defraudemos. Estando el Ap\u00f3stol San Pablo en Tr\u00f3ade \u2013ciudad de Asia Menor, que est\u00e1 en la costa, mirando a Grecia\u2013, tuvo de noche una visi\u00f3n. <em>Un var\u00f3n macedonio se le puso delante, y rog\u00e1ndole, dec\u00eda: \u00abPasa a Macedonia y ay\u00fadanos\u00bb. Luego que tuvo la visi\u00f3n, al instante buscaron c\u00f3mo pasar a Macedonia, seguros de que Dios los llamaba para evangelizarlos<\/em> (Act 16, 8-10). \u00a1Iba a ser la primera vez que el Evangelio entraba en Europa!<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hoy el mundo moderno, entristecido y paralizado en su confusi\u00f3n, nos dice a los cristianos: <em>Venid a ayudadnos<\/em>. Y nosotros hemos de responder a esa apremiante llamada, seguros de que Dios nos llama para evangelizar al hombre actual. Es lo que est\u00e1 haciendo el Papa, incansable en sus viajes, y repitiendo en todas partes la misma ense\u00f1anza de Cristo. Alg\u00fan d\u00eda dar\u00e1n su fruto esos cinco minutos de mirada silenciosa y llena de respeto entre \u00e9l y el jefe del budismo, en la gran pagoda de Tailandia. Entr\u00f3 en ella el Papa descalzo y humilde, pero seguro de que, con esa mirada, estaba ofreciendo la verdad de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo est\u00e1 hoy a oscuras, extraviado, confundido por mil voces enga\u00f1osas y contradictorias, sujeto al que es Padre de la Mentira y Pr\u00edncipe de las Tinieblas. Necesita urgentemente a Cristo, el que dijo con verdad: <em>Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no anda en tinieblas<\/em> (Jn 8, 12). Necesita a la Iglesia, <em>que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad<\/em> (1Tim 3, 15). Necesita a los cristianos, pues <em>nosotros tenemos el pensamiento de Cristo<\/em> (1Cor 2, 16). Obedezcamos, pues, al Ap\u00f3stol, que quiere que <em>seamos irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generaci\u00f3n mala y perversa, entre la cual aparec\u00e9is como antorchas en el mundo, llevando en alto la Palabra de la vida<\/em> (Fil 2,15-16).<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre mundano, hoy como siempre, est\u00e1 preso del pecado. Ning\u00fan humanismo aut\u00f3nomo, sea del signo que sea, tiene capacidad para liberarle de \u00e9l. La servidumbre esclava del pecado es cr\u00f3nica en el hombre, en todas las culturas, bajo todos los sistemas pol\u00edticos, econ\u00f3micos o sociales. Cualquier hombre de cualquier \u00e9poca habr\u00e1 de decir con el poeta latino: <em>Video meliora proboque, deteriora sequor<\/em>, o con San Pablo: <em>No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero<\/em> (Rm 7, 19). Pues bien, el mundo necesita absolutamente a la Iglesia, pues es ella la que puede acercarle al <em>Cordero de Dios que quita el pecado del mundo<\/em> (Jn 1,29).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los hombres mundanos de hoy no saben amar<\/em>. Se dividen los pueblos en partidos contrapuestos, se enfrentan las naciones, los ricos no ayudan de verdad a los pobres, se distancian los hijos de los padres, y hasta el mayor amor, el amor conyugal, se quiebra, se rompe y se separa. Est\u00e1 claro que necesitan apremiantemente estos hombres el Evangelio de Cristo para aprender a amarse los unos a los otros. Necesitan recibir el Esp\u00edritu Santo para poder amar como Cristo nos am\u00f3. En una palabra, necesitan ser cristianos, poder decir con nosotros: <em>El amor de Dios se ha difundido en nuestros corazones por la fuerza del Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado<\/em> (Rm 5, 5).<\/p>\n\n\n\n<p><em>El hombre actual est\u00e1 apresado por el mundo<\/em>, condicionado, sujeto y oprimido por \u00e9l. La propaganda pol\u00edtica, tantas veces mendaz, abominable, audaz, ambiciosa; la constante estimulaci\u00f3n comercial, frecuentemente creadora de necesidades falsas; los medios de comunicaci\u00f3n social, con la televisi\u00f3n a la cabeza, en tantas ocasiones verdadero \u00abopio del pueblo\u00bb, hacen que el hombre no viva desde s\u00ed mismo, sino desde el medio que le circunda y presiona. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 librar al hombre de esa esclavitud del mundo? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 cortar esas cadenas invisibles que le hacen siervo humillado del mundo? Solamente Jesucristo. Solamente aquel que pudo decir con verdad: <em>Yo he vencido al mundo<\/em> (Jn 16, 33). Solamente la fe cristiana, pues <em>\u00e9sta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe<\/em> (1Jn 5, 4).<\/p>\n\n\n\n<p><em>El mundo de hoy est\u00e1 triste<\/em>, porque no tiene vida. Necesita a Cristo, que puede comunicar vida, vida abundante, vida eterna (Jn 10, 10). El mundo est\u00e1 triste porque no se sabe amado, porque desconoce el amor de Dios. Pero nosotros, los cristianos, somos los que h<em>emos conocido y cre\u00eddo el amor que Dios nos tiene<\/em> (1Jn 4, 16). El mundo est\u00e1 triste porque sufre la amargura sin consuelo de la soledad. Nosotros, los cristianos, hemos de conseguir que viva <em>en comuni\u00f3n con nosotros; y esta comuni\u00f3n nuestra es con el Padre y con su Hijo Jesucristo<\/em> (1Jn 1, 3). El mundo est\u00e1 triste, y sus hombres andan <em>como ovejas sin pastor<\/em> (Mc 6, 34). Hemos de presentarles al Buen Pastor, que dio su vida para congregar en la unidad a cuantos andaban dispersos (Jn 11, 52).<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo actual, por mucho que multiplica sus placeres y diversiones, sufre la natural tristeza de quien se sabe condenado a muerte. No sabe que <em>la muerte ha sido vencida por la victoria. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu victoria? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu aguij\u00f3n? &#8230; Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Se\u00f1or Jesucristo<\/em> (1Cor 15, 55-57).<\/p>\n\n\n\n<p>Con la poderosa eficacia de la Palabra divina, digamos a nuestros hermanos sin fe: <em>Alegraos siempre en el Se\u00f1or; de nuevo os digo: alegraos<\/em> (Filp 4,4). Anunci\u00e9mosles que hay para ellos una Buena Noticia: <em>El tiempo es corto&#8230; Pasa la apariencia de este mundo <\/em>(1Cor 7, 29-31). <em>Vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra hab\u00edan desaparecido&#8230; Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusal\u00e9n, que descend\u00eda del cielo de\/lado de Dios&#8230; El mismo Dios ser\u00e1 con los hombres, y enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de sus ojos, y la muerte no existir\u00e1 m\u00e1s, ni habr\u00e1 duelo, ni gritos, ni trabajo, porque<\/em> <em>todo esto es ya pasado. Y dijo el que estaba sentado en el trono. He aqu\u00ed que hago nuevas todas las cosas<\/em> (Ap 21, 1-5).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dos elementos esenciales en la actitud del cristiano<\/h2>\n\n\n\n<p>Hay dos elementos esenciales en la revelaci\u00f3n cristiana para la tarea del hombre en el mundo: <em>lo contemplativo y lo asc\u00e9tico<\/em>. Por el primero, el hombre entra dentro de s\u00ed, en su interior. \u00abBuscaba a Dios en todas partes, y lo vine a hallar dentro de m\u00ed\u00bb (San Agust\u00edn), \u00aben el interior del hombre habita la verdad\u00bb, y desde all\u00ed su mirada descubre el sentido de todo. En virtud de esta interioridad, se hace pie en uno mismo y se forma el aut\u00e9ntico n\u00facleo personal que es m\u00e1s fuerte que las propagandas, los esl\u00f3ganes y las consignas. La contemplaci\u00f3n evita la superficialidad, la trivializaci\u00f3n, el hechizo de lo novedoso y moment\u00e1neo, y da fuerza frente a los abusos del poder y los sensacionalismos de la propaganda. De la interioridad brotan las actividades m\u00e1s fecundas y se alcanzan las m\u00e1s ricas perspectivas de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Y junto a la contemplaci\u00f3n, el otro elemento indispensable para dar la fuerza, con la cual el hombre responde a la luz del Esp\u00edritu Santo: lo asc\u00e9tico. La lucha asc\u00e9tica vigoriza y templa el esp\u00edritu y le hace fuerte para oponerse al desenfreno del consumo y el placer, a la dictadura de la ambici\u00f3n y el af\u00e1n de ganancia. Esta postura asc\u00e9tica, tan repudiada hoy, no es rechazo de la vida, sino al contrario, deseo de una vida m\u00e1s libre y valiosa. Amar la vida no es hacer de ella un \u00eddolo. Sin el esfuerzo asc\u00e9tico la existencia se desorganiza, se descentra. A cada instante se quema algo, y se va de fracaso en fracaso. En el Serm\u00f3n del Monte se nos pone de relieve la bienaventuranza y felicidad de los hombres en los que arraiga la bondad, el silencio, la caridad, el amor. Los que posean estas virtudes <em>heredar\u00e1n la tierra<\/em>: ser\u00e1n los se\u00f1ores en el nuevo orden de las cosas, y su postura no ser\u00e1 debilidad, sino fuerza capaz de dominar <em>por la sola verdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La llamada del Concilio y de Juan Pablo II<\/h2>\n\n\n\n<p><em>El misterio del hombre s\u00f3lo queda esclarecido dentro del misterio del Verbo Encarnado<\/em>. En Cristo se le revela plenamente al hombre el sentido de su vida y de su alt\u00edsima misi\u00f3n; el sentido de su actividad en el mundo; el trabajo como el desarrollo de la obra de Cristo; la comprensi\u00f3n de que, cuanto m\u00e1s se acrecienta su poder, m\u00e1s universal se hace su responsabilidad individual y colectiva. El mensaje cristiano obliga a los hombres a la construcci\u00f3n de un mundo mejor. Y se\u00f1ala tambi\u00e9n la norma que se ha de seguir: procurar el aut\u00e9ntico bien del g\u00e9nero humano y que cada uno pueda atender al cultivo y cumplimiento de su vocaci\u00f3n integra. Lo que siempre es nuevo en la sociedad, en la Iglesia, en el sacerdocio, en la familia, en la vida religiosa y en el trabajo, es la eterna exigencia del misterio de Cristo, cada vez mejor conocido, asimilado y vivido. El Esp\u00edritu de Dios hace surgir la nueva creaci\u00f3n en el mundo envejecido a trav\u00e9s de la actuaci\u00f3n de los hombres, religados con Dios de modo vivo. Por eso la fe es un factor decisivo en la historia. Hombres nuevos son los santos, los buenos cristianos; que son luces en el camino, promotores de paz, de ayuda y bienestar. La fuerza del Esp\u00edritu se manifiesta en ellos y les impulsa al desarrollo de obras que contribuyen a lograr un mejor desarrollo de la sociedad. Y todo esto no por af\u00e1n de lucro, ganancia, poder, sino porque aman como Cristo am\u00f3 y dan lo mejor de s\u00ed en favor de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed tenemos la eterna novedad del cristiano presentada por Juan Pablo II en sus Enc\u00edclicas <em>Redemptor hominis, Dives in misericordia, Familiaris consortio, Salvifici doloris&#8230;<\/em> Tendr\u00edan que ser objeto de lectura contante en nuestros ambientes, en nuestros hogares, Seminarios, Comunidades, Movimientos Apost\u00f3licos. <em><strong>Lo cristiano es Cristo<\/strong><\/em>. No hay doctrina, ni estructura, ni valores \u00e9ticos, ni actitudes religiosas cristianas que puedan separarse de la persona de Cristo. Lo cristiano es Cristo, la vida nueva que a trav\u00e9s de \u00c9l nos llega y la relaci\u00f3n que a trav\u00e9s de \u00c9l podemos mantener con Dios y con los dem\u00e1s hombres. Una vida es cristiana en tanto que su acontecer diario est\u00e1 determinado por \u00c9l. En el obrar cristiano la persona hist\u00f3rica de Cristo ocupa el lugar de la norma general. Lo que hace posible la buena nueva en cada momento de la historia, en cada vida humana, es la persona de Jes\u00fas. <em>El cristianismo es la religi\u00f3n del amor a Cristo<\/em>; el amor a Cristo es la actitud que presta sentido a cuanto es.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Jes\u00fas es amor<\/strong><\/em>. Dos palabras hay, en la Ultima Cena, que Jes\u00fas nos dice insistentemente: <em>POR VOSOTROS<\/em>. S\u00f3lo podremos respirar en la libertad de la salud cuando ese <em>por vosotros<\/em> llegue a la ra\u00edz de nuestro coraz\u00f3n, de nuestra vida. La vida va a brotar de la muerte que s\u00f3lo puede \u00c9l sufrir. Esa muerte que acepta y a la que se entrega. <em>Por vosotros<\/em>, eso es su amor. Y de aqu\u00ed brota la Eucarist\u00eda. La instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda y la Muerte y Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son un solo y \u00fanico Misterio. El amor que le impulsa a ir a la muerte <em>por nosotros<\/em> es el mismo que le hizo d\u00e1rsenos por comida. por compa\u00f1ero de camino, por hogar y amigo en el sagrario. Por vosotros, todo: esp\u00edritu. Fidelidad, cuerpo, sangre. El Se\u00f1or fue a la muerte para entrar por la resurrecci\u00f3n, en aquel estado en que quer\u00eda darse a cada uno en todo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora, el que muri\u00f3 vive en nosotros<em>. Yo soy la vida, y vosotros los sarmientos<\/em>. El sarmiento no puede dar fruto por s\u00ed mismo; nosotros tampoco si no estamos en \u00c9l. El amor es don de s\u00ed, \u00e9sta es la \u00fanica forma de vida para el cristiano que permanece en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tr\u00e1gico error<\/h2>\n\n\n\n<p>Tr\u00e1gico error es haber entendido, como nuevo sistema de vida, una actitud de la Iglesia (sacerdotes, religiosos, seglares, familia, liturgia, fe, moral) respecto al mundo, de cesi\u00f3n, abdicaci\u00f3n, de di\u00e1logo en plano de igualdad, de relativizaci\u00f3n, de rebeld\u00eda, de grupos y tendencias, de subjetivismos. En lugar de acercarse m\u00e1s al mundo para redimirle, lo que logran es que el mundo se acerque m\u00e1s a la Iglesia para contaminarla y desfigurarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie que tenga conciencia de su condici\u00f3n de hombre dir\u00e1 hoy que se encuentra a s\u00ed mismo en la imagen de hombre que le han ido ofreciendo las distintas concepciones, ni siquiera las de la Edad Moderna, ni los m\u00e1s pr\u00f3ximos idealismos, positivismos y materialismos. Tampoco como lo ve el existencialismo. No se ve al hombre a la luz de estas posturas. La Revelaci\u00f3n, que procede de la libertad de Dios, asume todo lo humano dentro de su armon\u00eda, y nace as\u00ed la estructura cristiana de la vida. Como consecuencia de esta armon\u00eda, de esta \u00abvida cristiana\u00bb, brotan en el hombre energ\u00edas que en s\u00ed son naturales, pero que no se hubieran desarrollado fuera de esa \u00absimbiosis\u00bb. Aparecen valores que son evidentes, pero que s\u00f3lo pueden ser realizados bajo esta luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto es as\u00ed porque el amor de Cristo supera todo, y nos lleva a vivir una existencia regida por este amor. <em>Cuanto hiciereis a uno de estos peque\u00f1os a m\u00ed lo hicisteis<\/em>. Detr\u00e1s de todo esto est\u00e1 el hecho de que los hombres son personas amadas por Dios, amadas hasta el punto de hacerlas hijas y herederas. El Padre es el que me presenta a mi hermano en el camino de la vida para que le ayude. Cristo aporta la claridad a la historia. Desde \u00c9l viene la luz sobre la confusi\u00f3n que atraviesan todas las elecciones humanas y la misma situaci\u00f3n del hombre en el mundo: trabajo, poder, autoridad, bienes, fidelidad matrimonial, respeto a los compromisos y deberes, lo sagrado de la vida humana desde su gestaci\u00f3n hasta la muerte, sentido de la propiedad. El cristianismo es nuevo por esencia y para siempre porque los que viven renacen a una nueva vida en sus situaciones concretas y diarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso son graves las consecuencias de querer secularizar el mensaje de Cristo en cualquier campo y en cualquier aspecto de la vida individual y social.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede debilitarse la conciencia de obligaci\u00f3n para con Dios, ni de persona a persona. Es un error reducir al dominio de lo naturalmente humano actitudes y motivaciones morales que est\u00e1n condicionadas por la fe cristiana. Y si se les arranca de su ra\u00edz, sencillamente se secan, se caricaturizan. Ya es hora de que desconfiemos de ret\u00f3ricas humanitaristas que nutren ilusiones perjudiciales sobre la realidad del hombre y que en realidad la deshacen. <em>\u00bfA t\u00edtulo de humanidad,<\/em> leyes de divorcio, aborto, negaci\u00f3n de la libertad de los padres para poder elegir de hecho, todos, ricos y pobres, la educaci\u00f3n que quieren para sus hijos? <em>\u00bfA t\u00edtulo de humanidad<\/em>, j\u00f3venes d\u00e9biles sin exigencia moral, sin sentido del deber? <em>\u00bfA t\u00edtulo de humanidad<\/em>, llegar a todo tipo de prostituci\u00f3n y degeneraci\u00f3n humana? <em>\u00bfA t\u00edtulo de humanidad<\/em>, toda clase de desvirtuaciones en Seminarios, Noviciados, Comunidades?<\/p>\n\n\n\n<p>Cada \u00e9poca tiene su forma peculiar de paganismo. Tambi\u00e9n hay que ver en los signos de los tiempos los que no favorecen una vida cristiana. La fe en Cristo y en su Buena Nueva tiene que verse libre de las secularizaciones que la degradan. La autenticidad cristiana no est\u00e1 en ajustar el comportamiento a las vicisitudes de los propios sentimientos, intuiciones, inclinaciones, propagandas, sino, por el contrario, en garantizar la fidelidad fundamental, las elecciones decisivas, contra los vaivenes de la sensibilidad, las modas y las debilidades. Esta s\u00ed que es una ley de humanismo cristiano: la fidelidad al mensaje de Cristo, a los compromisos adoptados. La Iglesia defiende lo humano contra lo que tiende a destruirlo. Cristo resucit\u00f3, y su resurrecci\u00f3n revela que la vida de la libertad y de la bienaventuranza queda ya como semilla pronta y vigorosa para crecer en la estrechez y dolor de la tierra. Cristo resucit\u00f3 y as\u00ed conquist\u00f3 y redimi\u00f3 para siempre el n\u00facleo m\u00e1s \u00edntimo de todo ser terrenal. <em>Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios<\/em>. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el comienzo que cada uno de nosotros tenemos que continuar. \u00c9l tiene que resucitar del centro de nuestro ser, donde est\u00e1 como fuerza y promesa. Por eso nuestra Santa Madre la Iglesia quiere llevar la vida humana de todos sus hijos a zonas mas profundas que las superficiales de la sensibilidad, el gusto, la ambici\u00f3n, los ego\u00edsmos y los peque\u00f1os intereses personales. Busca los medios para que triunfemos de la inevitable dificultad y saciedad de ciertas horas. El tiempo s\u00f3lo gasta las cosas triviales y que mueren, y hace mas profundas las del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n:<br>Un nuevo sistema de vida en la sociedad de hoy exigir\u00eda\u2026<\/h2>\n\n\n\n<p>Esto es lo que ha querido el Papa, con la celebraci\u00f3n del A\u00f1o Santo de la Redenci\u00f3n que acabamos de vivir, una vida cristiana seria y llena de confianza en Cristo, el Redentor del hombre. Con la fe en Cristo, con la certeza de que <em>\u00c9l es el Camino, la Verdad y la Vida,<\/em> tendremos la esencial fuerza de la esperanza, la vitalidad de la vida humana. Podremos acometer con \u00e1nimo, una y otra vez, las tareas de nuestra vida, viviremos con gozosa seguridad, a pesar de todos los pesares, de que no trabajamos en balde. Haremos nuestra obra, el querer de Dios sobre nosotros; y sabremos que cuando fallen nuestras fuerzas, Cristo nuestro Redentor est\u00e1 con nosotros, porque <em>estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni los \u00e1ngeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo venidero, ni las virtudes, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podr\u00e1 arrancarnos el amor de Dios en Cristo Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or<\/em> (Rm 8, 38-39).<\/p>\n\n\n\n<p>Buscamos y anhelamos plenitud, eternidad, inmortalidad, lo perenne, lo que no puede ser sepultado. Entendemos las palabras del Se\u00f1or: <em>poned vuestro coraz\u00f3n en tesoros que no roe la polilla, ni deshace el tiempo<\/em>. El mensaje de la redenci\u00f3n es lo que m\u00e1s favorece el desarrollo de lo humano que haya sobre la tierra: Dios nos ha vivificado.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de una idealidad, ni de algo lejano o abstracto. Es toda nuestra realidad concreta individual y social la que ha sido vivificada. Resucit\u00f3 Cristo para mostrar que El nos ha transformado en hijos y herederos. Y ha hecho de nuestra tierra la casa gloriosa e inmensa del Dios viviente. No resucit\u00f3 para evadirse de nuestra realidad; lo que llamamos resurrecci\u00f3n es el primer s\u00edntoma de que todo ha cambiado. Su resurrecci\u00f3n es la primera erupci\u00f3n de un volc\u00e1n, que muestra que en el interior del mundo arde ya el fuego de Dios. Todo est\u00e1 esperando su glorificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00c9l est\u00e1 en la historia de la tierra, cuya ciega marcha, con todas sus victorias y todos sus principios, camina con inquietante precisi\u00f3n hacia su di a, hacia el d\u00eda en que su gloria, transform\u00e1ndolo todo, romper\u00e1 por entre sus propias profundidades. \u00c9l est\u00e1 en todas las l\u00e1grimas y en toda muerte, como el j\u00fabilo oculto y la vida que vence cuando parece morir. \u00c9l est\u00e1 en el mendigo, a quien damos una limosna, como la oculta riqueza que se da al que da. \u00c9l est\u00e1 en las m\u00edseras derrotas de sus siervos, como la victoria, que es de Dios solo. El est\u00e1 en nuestra impotencia, como el poder que puede permitirse parecer d\u00e9bil, porque es invencible. \u00c9l est\u00e1 hasta en medio del pecado, como la misericordia del amor eterno que es paciente hasta el fin. \u00c9l est\u00e1 como la ley m\u00e1s secreta y la m\u00e1s \u00edntima esencia de todas las cosas, que triunfa y se impone, aun cuando todos los \u00f3rdenes parecen disolverse. Est\u00e1 con nosotros como la luz del d\u00eda y el aire&#8230; Est\u00e1 ah\u00ed, como el coraz\u00f3n de este mundo terreno, como sello secreto de su validez eterna\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia no es un proceso que transcurre por necesidad en formas determinadas, es un acontecer que ha de ser querido por si mismo. La vida social, la cultura, las instituciones las hacemos los hombres, y tenemos en cada momento lo que nosotros mismos fabricamos. Esta es nuestra responsabilidad: lograr el verdadero sentido de la vida, seguridad de juicio, sensatez; ser capaces de ordenar nuestra existencia, tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s vamos teniendo en las manos: poder y energ\u00edas cada vez m\u00e1s fuertes. Un nuevo sistema de vida en la sociedad de hoy, despu\u00e9s de tantas filosof\u00edas y ensayos de organizaci\u00f3n, exige lo que puede dar a los hombres: alegr\u00eda, amor serio, horizontes y grandeza en su vida. Nuestras ra\u00edces no pueden aflojarse, nos destruimos si nos convertimos en seres que obran a merced de ambiciones, ego\u00edsmos, caprichos. No se trata de inventar algo mejor en esta o en aquella relaci\u00f3n, se trata de no perder el sentido de la vida. Y no s\u00f3lo no perderlo, sino engrandecerlo y mejorarlo. El conjunto de la vida, la obra humana, tiene que situarse a la luz de Cristo, verlo todo a la luz de sus palabras: riqueza, sexo, dominio, autoridad, goce, dolor, progreso, muerte tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un nuevo sistema de vida viene generado por los hombres que viven bajo el impulso de la caridad<\/em>, que no mide, sino que crea y da con generosidad; por los que purifican el coraz\u00f3n hasta el punto que el respeto a la dignidad del pr\u00f3jimo domina los deseos de venganza, ego\u00edsmo y violencia; por los que con sus actitudes fundan una paz verdadera y liberadora; por los que se elevan por encima del vaiv\u00e9n terrenal que toma represalias y s\u00f3lo sabe de derechos y reclamaciones; por los que piensan en lo que la libertad es capaz de hacer; libertad cuya regla es el amor de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida que los hombres tienen como fuente de inspiraci\u00f3n de su actuar a Cristo, surge un nuevo ideal moral, la buena voluntad, la interioridad vigorosa, que son las verdaderas potencias que conmueven y estimulan a los dem\u00e1s. Si queremos progresar de verdad, tenemos que desembarazarnos de las trabas que nos atan; buscar ese punto de vista superior de Cristo, desde el que surge la libertad creadora que s\u00f3lo se da en la caridad. Esta es la fuerza que disuelve las injusticias y las violencias. Porque la caridad es el amor real. no depende en su actuar del estado de \u00e1nimo del pr\u00f3jimo. No se limita a no cometer malas acciones. Cuanto quisi\u00e9ramos que nos hagan a nosotros, hag\u00e1moslo a los dem\u00e1s sin condiciones. No hay que esperar a que toda la vida social se fundamente en ese amor para empezar a actuar. Cristo no ha intercalado ning\u00fan \u00absi\u00bb condicional a sus palabras. Exige que se act\u00fae as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta actitud s\u00f3lo es posible por la fe. Tenemos que estar persuadidos de que al actuar as\u00ed surgir\u00e1 un mundo nuevo, y estaremos al servicio del Dios Creador. Se nos manda realizar, por este estilo de vida, acciones creadoras. La raz\u00f3n pone dificultades alimentadas por el \u00absentido com\u00fan\u00bb que impera: \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 subsistir, si yo vivo as\u00ed y los otros no? Son la fe y la esperanza las que vencen. Cada d\u00eda comprobamos que hemos ca\u00eddo, pero debemos seguir y presentar al Se\u00f1or nuestros fallos con coraz\u00f3n arrepentido, convencidos de que seremos capaces de cumplir lo que \u00c9l nos ordena; que <em>s\u00e9 de qui\u00e9n me he fiado<\/em> (1Tim 1, 12) y que <em>\u00c9l obra en nosotros as\u00ed el querer como el obrar<\/em> (Fil 2, 13).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Pastoral <em>Gaudium et Spes <\/em>7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, <em>audiencia general <\/em>del 13 diciembre 1972.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Carta a Diogneto, <\/em>cap. 9, 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>cap. 5, 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> San Gregorio de Nisa, <em>Sermones, Oratio in Christi resurrectionem: <\/em>PG, 46, 603-606. 626-627.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Pablo VI, <em>audiencia general, <\/em>21 noviembre 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Karl Rahner, <em>Fieles a la tierra, <\/em>Barcelona 1971, 90-91.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecci\u00f3n pronunciada en el acto de inauguraci\u00f3n de la X Semana de Teolog\u00eda Espiritual, en Toledo. el 2 de julio de 1984. Texto publicado en el volumen Vida interior y construcci\u00f3n del mundo, CETE, Madrid 1985. 15-28. Introducci\u00f3n Un sistema nuevo de vida&#8230; Muchos hay que niegan a la Iglesia la posibilidad de suscitar en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[37],"doc_tag":[],"class_list":["post-517","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-vida-del-cristiano"],"year_month":"2026-05","word_count":8994,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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