{"id":514,"date":"2024-09-18T19:22:38","date_gmt":"2024-09-18T17:22:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=482"},"modified":"2024-09-20T20:00:04","modified_gmt":"2024-09-20T18:00:04","password":"","slug":"que-queda-de-la-espana-catolica-que-puede-quedar-a-final-de-siglo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/que-queda-de-la-espana-catolica-que-puede-quedar-a-final-de-siglo\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 queda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica? \u00bfQu\u00e9 puede quedar a final de siglo?"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en <em>el Club Siglo XXI<\/em>, Madrid, el 22 de mayo de 1979. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, junio 1979.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Entre los muchos temas que se ofrec\u00edan a mi consideraci\u00f3n para hablar esta tarde ante vosotros, he elegido \u00e9ste por una raz\u00f3n sencilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Como Obispo, vivo exclusivamente entregado a un quehacer religioso. Creo en la Iglesia cat\u00f3lica y la amo. Y siento vivamente el deseo, nacido de mi convicci\u00f3n interna y de mi fe, de que la verdad de que es depositaria sea conocida y amada por el mayor n\u00famero posible de gentes en el mundo entero.<\/p>\n\n\n\n<p>Como espa\u00f1ol e hijo de mi tiempo, contemplo la evoluci\u00f3n pol\u00edtica y social de nuestra patria, y dado que la religi\u00f3n no es \u00fanicamente para vivirla en el interior de la conciencia, sino que por exigencia de su naturaleza ha de proyectarse sobre la ciudad terrestre, me pregunto con todo derecho qu\u00e9 queda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica y qu\u00e9 puede quedar de aqu\u00ed al final de siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con lo cual declaro abiertamente que no comparto la opini\u00f3n de quienes juzgan anacr\u00f3nico hablar de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica, incluso como hip\u00f3tesis. Si hay espa\u00f1oles, hay Espa\u00f1a; si hay ingleses, hay Inglaterra. Y seg\u00fan sean los espa\u00f1oles o los ingleses, as\u00ed ser\u00e1 Espa\u00f1a o Inglaterra en el orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico, deportivo o religioso, sin que ello prejuzgue el problema de la confesionalidad o laicidad del Estado, que es otra cosa distinta.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Primera parte<br>\u00bfQu\u00e9 queda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica?<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ni parcialidad ni reducci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Cuando se habla de Espa\u00f1a cat\u00f3lica, inmediatamente surge ante nosotros una imagen, m\u00e1s que la realidad. Y una imagen frecuentemente parcial, deformada, limitada para muchos a lo que recuerdan del siglo XIX o XX, o, yendo m\u00e1s atr\u00e1s, a los t\u00f3picos que se repiten sobre el Siglo de Oro, la Reconquista o los Concilios de Toledo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es algo as\u00ed como querer describir la orograf\u00eda de un pa\u00eds, fij\u00e1ndose \u00fanicamente en los picos monta\u00f1osos m\u00e1s salientes, los que se abarcan con la mirada, pero sin haber recorrido el suelo palmo a palmo. Ni siquiera tendr\u00eda justificaci\u00f3n el procedimiento, aunque se tratara de hablar de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica de un momento determinado, a no ser que se dijera que se pretend\u00edan describir \u00fanicamente aspectos externos que, por supuesto, exigir\u00edan ser tenidos en cuenta, pero de ning\u00fan modo servir\u00edan para captar \u00edntegramente el valor del hecho religioso cat\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, es muy frecuente que se hable o se escriba de la \u00abcat\u00f3lica Espa\u00f1a\u00bb, teniendo a la vista el horizonte de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, si se me habla de la desamortizaci\u00f3n de Mendiz\u00e1bal y de la reacci\u00f3n de la Iglesia frente a aquella legislaci\u00f3n; de la supresi\u00f3n de las Facultades Teol\u00f3gicas en las Universidades civiles y del estado deficiente de los estudios eclesi\u00e1sticos en los Seminarios; de las guerras entre carlistas y liberales con intervenciones banderizas de sectores de la Iglesia por una y otra parte; de revoluciones persecutorias como la del 68 y de actitudes enconadas en contra, como reacci\u00f3n; de actitudes contrapuestas en la Iglesia ante la restauraci\u00f3n canovista, que poco a poco van entrando, aunque nunca del todo, por caminos de reconciliaci\u00f3n; de apasionamiento e incomprensi\u00f3n ante los intentos reformistas de Canalejas ya en el siglo XX; de la falta de visi\u00f3n de los problemas sociales del mundo de la econom\u00eda y del trabajo ante los primeros brotes del marxismo, del socialismo de Pablo Iglesias, de las Enc\u00edclicas de Le\u00f3n XIII, si se me habla de todo esto, se me est\u00e1 colocando ante hechos aislados, picos salientes en el paisaje, que desde luego manifiestan algo, y a\u00fan mucho, y que configuran en parte la realidad. Ello nos obligar\u00e1 a tener que examinar cuestiones como el clericalismo, la falta de sensibilidad social, la excesiva interferencia del altar en el trono y del trono en el altar, el aislamiento cultural de la Iglesia, etc. Son hechos que hay que estudiar. Pero la visi\u00f3n y el juicio sobre una Espa\u00f1a cat\u00f3lica no pueden reducirse a los comentarios o interpretaciones que suscitan estos hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Perm\u00edtaseme, pues, enfocar la cuesti\u00f3n desde otra perspectiva. Porque cuando me pregunto \u00bfqu\u00e9 queda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica? no estoy pensando en esos paisajes, ni siquiera en el m\u00e1s significativo y al que he aludido muy de pasada, el de la uni\u00f3n de Iglesia y Estado, o, como se dec\u00eda antes, del altar y el trono. M\u00e1s a\u00fan, me importan muy poco, a no ser como lo que son: datos aislados o aislables que, estudiados en s\u00ed mismos, obliguen a precisiones y rectificaciones, y que, si obedecieron a una directriz determinada en el pensamiento o modo de ser del catolicismo ante tales hechos, nos pedir\u00edan, cuando menos, juzgarlos con los criterios de la \u00e9poca, pero nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se podr\u00eda a\u00f1adir que fen\u00f3menos semejantes se vivieron en muchos pa\u00edses de Europa por el mismo tiempo o a\u00f1os antes. De modo que no ser\u00eda algo privativo de Espa\u00f1a, tal que justifique el hablar de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica como de un caso raro y suelto que la califica peyorativamente en el concierto de las naciones. Uni\u00f3n del trono y del altar se hab\u00eda dado en Europa hasta la Revoluci\u00f3n francesa; luchas entre sectores del poder pol\u00edtico y el poder religioso, en ninguna parte como en Italia durante el siglo XIX; alejamiento progresivo del proletariado respecto a la Iglesia, fue fen\u00f3meno com\u00fan, lo mismo en pa\u00edses protestantes que cat\u00f3licos; y si en Alemania hubo un obispo como Mons. Ketteler, que plantea el problema social de la \u00e9poca casi al mismo tiempo que Carlos Marx, hubo otros muchos obispos que no lo hicieron, porque no supieron o no pod\u00edan hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Una fe y una cultura cat\u00f3lica<\/h3>\n\n\n\n<p>La Espa\u00f1a cat\u00f3lica, a la que yo me refiero, no es la del siglo XIX, ni la de los Reyes Cat\u00f3licos, ni la de San Fernando y las Cruzadas. Es todo a la vez, y comprende la realidad de una fe predicada, vivida, propagada con fervor misionero. Con todas las imperfecciones y fallos que se quieran, pero con una innegable capacidad de encarnaci\u00f3n en los individuos y en las familias, y un despliegue social tan variado y tan rico que ha constituido la empresa cultural y \u00abpol\u00edtica\u00bb de Espa\u00f1a a lo largo de los siglos con m\u00e1s fuerza creadora a trav\u00e9s de su historia.<\/p>\n\n\n\n<p>No es necesario recurrir a Men\u00e9ndez Pelayo para ilustrar esta afirmaci\u00f3n. El mismo Madariaga, hombre religioso, pero nada benigno en sus juicios sobre la Iglesia espa\u00f1ola, particularmente cuando habla del siglo XIX y del XX, escribe: \u00abLa religi\u00f3n cat\u00f3lica es, ya hace veinte siglos, el elemento quiz\u00e1 m\u00e1s importante de la cultura y de la civilizaci\u00f3n espa\u00f1olas, y aunque muy ca\u00edda de su antiguo esplendor, sobre todo en virtud de causas hist\u00f3ricas que han influido por igual en otras formas de vida nacional, aunque privada de la situaci\u00f3n predominante que tuvo anta\u00f1o en la vida espa\u00f1ola, es todav\u00eda, y seguir\u00e1 siendo durante mucho tiempo, uno de los rasgos m\u00e1s importantes del esp\u00edritu de Espa\u00f1a. El creyente, ya sea un clerical, ya sea tan s\u00f3lo un anticlerical, pisa terreno hist\u00f3rico m\u00e1s fuerte que el reci\u00e9n llegado, cuyas ideas son con harta frecuencia ideas de cabeza sin hondas ra\u00edces en el alma\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Entiendo, pues, por Espa\u00f1a cat\u00f3lica el hecho de un modo religioso de ser y de vivir en los hombres y mujeres de las ciudades, pueblos y aldeas de Espa\u00f1a en sus diversas regiones, en coherencia con los datos esenciales del mensaje de fe del catolicismo: adoraci\u00f3n y glorificaci\u00f3n de Dios y de sus misterios revelados por Cristo; defensa de los principios dogm\u00e1ticos de ese mensaje, y, en ocasiones, ardorosa colaboraci\u00f3n a sus formulaciones y exigencias, por medio de sus te\u00f3logos y sus santos, no solamente los de sus Siglos de Oro; aceptaci\u00f3n de una praxis moral y unas costumbres generalizadas, inspiradas en los mandamientos de Dios y de la Iglesia, con un concepto de la familia como n\u00facleo sagrado para muchos, y casi para todos, como cristalizaci\u00f3n de valores \u00e9ticos de primer orden; religiosidad popular manifestada en mil formas diversas de expresi\u00f3n y com\u00fan participaci\u00f3n del sentimiento religioso; oraci\u00f3n y plegaria a la omnipotencia de Dios por medio de la intercesi\u00f3n de la Stma. Virgen Mar\u00eda y de los santos; aceptaci\u00f3n de la muerte con sentido trascendente que se ti\u00f1e a veces de patetismo religioso e incluso degenera en un tragicismo revelador de la impotencia humana, capaz de suscitar la atenci\u00f3n de pintores, escultores y poetas.<\/p>\n\n\n\n<p>A cada uno de estos aspectos se le puede oponer como contrapartida todos los defectos que quer\u00e1is: parcialidad, exageraci\u00f3n, inconsecuencia, politizaci\u00f3n a veces, clericalismo, moralismo a ras de tierra, temerosidad, etc., defectos que se han dado igual \u2013tengo mucho empe\u00f1o en subrayarlo\u2013 en otros pa\u00edses de tradici\u00f3n cat\u00f3lica, m\u00e1s a\u00fan, que se dieron ya entre los que segu\u00edan a Jes\u00fas en Palestina, y en las primitivas comunidades cristianas, y en los siglos medievales de las catedrales y los monasterios, en las \u00e9pocas de oro de los santos y los p\u00edcaros, es decir, siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante estos defectos, el conjunto de actitudes positivas desde el punto de vista cat\u00f3lico que he se\u00f1alado antes, nutri\u00f3 la vida espa\u00f1ola durante muchos siglos, y atraves\u00f3 la conciencia de los hijos de Espa\u00f1a como los vientos y los r\u00edos cruzan el cielo y la tierra de la Pen\u00ednsula. El alma espa\u00f1ola estuvo como empapada de religiosidad cat\u00f3lica. Todo ello dio lugar al hecho religioso cuyo valor esencial paso a definir.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Lo sagrado en lo cat\u00f3lico<\/h3>\n\n\n\n<p>Consiste en la aceptaci\u00f3n y la presencia de lo sagrado, lo divino, en la vida humana. Ese es el valor fundamental de una cultura y una civilizaci\u00f3n cat\u00f3lica. Se lo reconozco igualmente a otras religiones. Donde existan y mantengan los grandes principios de la relaci\u00f3n del hombre con el absoluto de Dios, estamos en presencia de un factor supremo de dignificaci\u00f3n de la condici\u00f3n humana. No las identifico, porque creo en la Revelaci\u00f3n que de Cristo hemos recibido, y en la Iglesia que \u00c9l instituy\u00f3, llegada la plenitud de los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sagrado es misterio, pero es siempre elevaci\u00f3n; no se reduce a medidas humanas, pero est\u00e1 presente en la vida de la humanidad; se presta a manipulaciones, pero mantiene en vigor una dimensi\u00f3n constitutiva del hombre; no se limita a lo religioso, pero no existe sin lo religioso; nace de las profundidades del ser, pero pugna por manifestarse en la civilizaci\u00f3n terrestre. Cuando falta, el hombre y la sociedad est\u00e1n mutilados y, en gran parte, vac\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al encarnarse en nuestro pueblo eso que llamamos cultura cat\u00f3lica, se logr\u00f3 un humanismo con rostro y con alma, con sentido del porqu\u00e9 y para qu\u00e9, con capacidad para orientar el rumbo de la vida. Un pueblo que reza, glorifica y alaba a Dios, est\u00e1 cumpliendo una de las funciones m\u00e1s altas de la civilizaci\u00f3n y la cultura. Sin adoraci\u00f3n a Dios no hay hombre completo. Y no podr\u00e1 haber adoraci\u00f3n si no hay fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Los espa\u00f1oles tuvieron y vivieron esa fe individual y colectivamente, mezclada con mil adherencias no estrictamente religiosas, desde luego, pero nunca carente de sentido sobrenatural ni de algo que en la existencia humana tiene valor supremo: la posibilidad pr\u00e1ctica de entender el misterio de la vida y utilizarla como un medio de relaci\u00f3n con el creador y ordenador sumo, Dios, ayudando a los dem\u00e1s a alcanzar el fin \u00faltimo: la salvaci\u00f3n. Esto es lo que hac\u00eda sentir entusiasmo a hombres como Ramiro de Maeztu en su <em>Defensa de la Hispanidad<\/em>. Muchas de las p\u00e1ginas que escribi\u00f3 no han pasado de moda.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda decirse que, si limitamos el concepto de Espa\u00f1a cat\u00f3lica a esa vivencia y expresi\u00f3n colectiva de lo sagrado, hemos escamoteado el tema. No quisiera ser acusado de esto. Evidentemente, no es lo mismo lo sagrado o lo religioso que lo cat\u00f3lico. Lo que sucede es que ese valor de lo religioso y de lo sagrado a que me he referido, como categor\u00eda fundamental de la existencia, en Espa\u00f1a ha tomado cuerpo social precisamente en lo cat\u00f3lico. He ah\u00ed por qu\u00e9 es tan importante conservarlo. Porque si se perdiera, estoy seguro de que no dejar\u00edamos de ser cat\u00f3licos para pasarnos al protestantismo o a una religi\u00f3n oriental, sino para hacernos agn\u00f3sticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero adem\u00e1s, y hablando ya como creyente, el cristianismo es la religi\u00f3n revelada por Cristo, universal, para todos los hombres \u2013por eso se llama cat\u00f3lica\u2013, y los hombres o los pueblos que hayan tenido la dicha de recibirla deben considerarse felices de no perder su sentido de lo sagrado y lo religioso precisamente tal como aparece en el hecho de la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios en el seno de Mar\u00eda, en su nacimiento para el mundo, en su predicaci\u00f3n del Evangelio, en su muerte redentora y en su resurrecci\u00f3n. Cristo quiso recapitular todas las cosas en S\u00ed (Col 1,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Y este sentido de lo sagrado y de lo religioso, a trav\u00e9s de lo cat\u00f3lico, se ha vivido en Espa\u00f1a intensamente con las caracter\u00edsticas esenciales que se\u00f1ala el credo de la Iglesia cat\u00f3lica. Una de ellas es el universalismo y el de la fundamental igualdad de los hombres ante Dios en orden a la salvaci\u00f3n; y Espa\u00f1a lo vivi\u00f3 y lo cumpli\u00f3 en Am\u00e9rica con un esplendor que ni los peores cap\u00edtulos de la leyenda negra pueden hacer desaparecer. Otra es la de las afirmaciones dogm\u00e1ticas insoslayables en una religi\u00f3n como la cat\u00f3lica, que se sustenta en la vida y las ense\u00f1anzas del Hijo de Dios, que, por lo mismo, no fluct\u00faan ni pueden estar sometidas a los vaivenes o interpretaciones subjetivas de los hombres; y Espa\u00f1a se distingui\u00f3 por la adhesi\u00f3n y defensa de estos principios, con la coherencia que ped\u00eda la misma Iglesia, y acaso a veces con el apasionamiento del car\u00e1cter espa\u00f1ol. Lo mismo en el culto y la piedad, en la relaci\u00f3n con la Jerarqu\u00eda, en la sensibilidad para las exigencias de la moral, particularmente las que llevan impl\u00edcito un cierto concepto del honor. Espa\u00f1a lo vivi\u00f3 y ha seguido vivi\u00e9ndolo hasta muy entrado y avanzado el siglo XX en que estamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las guerras civiles del XIX, que empiezan por motivos pol\u00edticos y se ti\u00f1en de matizaciones religiosas, dividen a los cat\u00f3licos del mismo credo, y, en la defensa violenta de las posiciones respectivas, aparece todo lo \u00e1spero y montaraz de nuestra condici\u00f3n, incluso en cl\u00e9rigos y obispos, lo que dio origen a un modo de entender las posturas religiosas, viciado por la pol\u00edtica y por los errores de perspectiva en cuanto a la defensa de lo que se cre\u00eda esencial para mantener el esp\u00edritu de la naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, a m\u00e1s de cien a\u00f1os de distancia, nos es muy f\u00e1cil enjuiciar a aquellos hombres, pero lo hacemos con criterios de hoy, lo cual incapacita para comprender bien lo que quisieron hacer ayer.<\/p>\n\n\n\n<p>Deber de los historiadores, de los te\u00f3logos, de los soci\u00f3logos es discernir con objetividad lo que haya habido de defectuoso y censurable en el proceso secular del desarrollo de la fe y la cultura cat\u00f3lica. Lo que afirmo es que era natural, leg\u00edtimo y deseable que, en un pueblo as\u00ed formado y predispuesto, la uni\u00f3n entre la fe y la vida se manifestase en la cumbre de la expresi\u00f3n pol\u00edtica y social, es decir, en el Estado. Lo mismo hab\u00eda sucedido en otras naciones; era un ideal que la Iglesia fomentaba; solamente el tiempo y los profundos cambios de toda \u00edndole permitir\u00edan llegar a conclusiones distintas, en unas naciones antes y en otras despu\u00e9s. Lo que nos parece totalmente inadmisible \u2013vuelvo a decir\u2013 es enjuiciar el hecho de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica exclusivamente a trav\u00e9s de una \u00e9poca limitada e inmediata, de unas manifestaciones de ese hecho, estridentes o tumorales quiz\u00e1 en algunos casos, y a\u00f1adir la sonrisa ir\u00f3nica y burlona, el improperio habitual contra el oscurantismo cerril e ignaro, la riqueza de las \u00f3rdenes religiosas, la abundancia de cl\u00e9rigos ociosos, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Por debajo de todas esas manifestaciones, en la conciencia m\u00e1s honda de un pueblo que sufr\u00eda al contemplar el ocaso de sus antiguas grandezas, corr\u00eda la sangre de una fe no perdida, que segu\u00eda impulsando a la pr\u00e1ctica de la virtud, al mantenimiento del valor de la familia, al deseo de contar con una juventud alegre, pero limpia, a la afirmaci\u00f3n de Dios como luz definitiva de la existencia, al amor a Cristo y a la Virgen Mar\u00eda, a la paz interior y al consuelo que los sacramentos llevan al alma de quienes los reciben. En ese mismo siglo XIX, y aun en lo que va del XX, en la Espa\u00f1a cat\u00f3lica, sin ayuda ninguna del Estado, se fundaron Congregaciones Religiosas de ense\u00f1anza y beneficencia, en n\u00famero extraordinario, gracias a las cuales fueron apareciendo centenares de escuelas, asilos, orfanatos, hospitales, anticip\u00e1ndose a la labor estatal posterior. Lo hicieron hombres y mujeres llenos de fe, partiendo de la m\u00e1s absoluta pobreza, h\u00e9roes de la caridad social, siempre alentados por sacerdotes y obispos que trabajaron con ellos. Pero todo esto se olvida con facilidad, y es m\u00e1s c\u00f3modo recrearse, por ejemplo, en las p\u00e1ginas anticlericales de Baroja o de Gald\u00f3s, o en el feroz ataque que hace \u00e9ste a ciertas formas de ayuda al pr\u00f3jimo, en su drama <em>Misericordia<\/em>; el mismo Gald\u00f3s, que, por otra parte, gustaba de visitar a las monjas de clausura de los conventos de Toledo para que en sus locutorios le hablasen de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha acusado mucho al catolicismo espa\u00f1ol de falta de atenci\u00f3n a las exigencias de la justicia social. Le falt\u00f3 clarividencia y generosidad, como dijo tantas veces don \u00c1ngel Herrera, y tuvo que contemplar m\u00e1s tarde con dolor inmenso el alejamiento de la clase obrera apartada de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que anotar este hecho, ciertamente, como una zona sombr\u00eda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica. Solamente dir\u00e9 que sucedi\u00f3 lo mismo en otros pa\u00edses de la Europa cat\u00f3lica o protestante; que el fen\u00f3meno del alejamiento del proletariado no se ha dado exclusivamente en Espa\u00f1a; que cuando se empieza la revoluci\u00f3n industrial en Europa, en nuestra patria nos dejamos hundir en nuestras guerras civiles; y, dato muy importante, que para lograr una mejor distribuci\u00f3n de los bienes se necesita una econom\u00eda ordenada y eficiente. Espa\u00f1a en el siglo XIX fue perdiendo todo cuanto ten\u00eda en Am\u00e9rica. Otros pa\u00edses europeos, por el contrario, ampliaron sus colonias y explotaron las riquezas de \u00e9stas hasta la \u00faltima guerra mundial. Espa\u00f1a durante el siglo XX, cuando las luchas sociales se hacen m\u00e1s encarnizadas, era mero paisaje. La industria, excepto en algunas regiones, casi inexistente. La agricultura, totalmente empobrecida. No justifico, no, la ausencia de preocupaci\u00f3n social. Solamente quiero decir que, en medio de tanta ruina y de tanta pobreza, se explica que cada uno defendiera lo suyo como pudiese.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun con todo, el sentido cat\u00f3lico de la vida se mantuvo en la mayor parte del pueblo. Era un catolicismo con muchas imperfecciones, como siempre sucede, pero exist\u00eda. A cualquiera de los que creen en la Iglesia tiene que alegrarle cuanto se haga para eliminar esos fallos, pero sin que se pierda la fe en Cristo Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>Suscribo \u00edntegramente las siguientes palabras del Cardenal Dani\u00e9lou: \u00abCierta concepci\u00f3n del cristianismo puro, de un cristianismo de militantes, de un cristianismo de selectos, en el que, por lo dem\u00e1s, se dan exigencias muy legitimas, parece inducir a menospreciar el valor inmenso de esta fidelidad, en el coraz\u00f3n de la inmensa mayor\u00eda de los hombres y de las mujeres de nuestro pa\u00eds y de todos los pa\u00edses, de ese vinculo fundamental con Dios en los momentos esenciales de la existencia. Tengo que confesar que estas ideas han cristalizado en m\u00ed al volver de un viaje por Am\u00e9rica Latina, donde, a la inversa de lo que muchos dicen, he quedado desconcertado por la existencia de ese inmenso continente cat\u00f3lico. Cuando me dicen: &#8216;Se trata de un catolicismo sociol\u00f3gico&#8217;, lo niego de plano, porque corresponde, a trav\u00e9s de supersticiones, a trav\u00e9s de deformaciones, a una necesidad religiosa fundamental. Me opongo a cuantos se consideran con derecho a despreciar esa religi\u00f3n de los pobres y de los peque\u00f1os. Hay en ella algo que, para m\u00ed, es una de las m\u00e1s profundas injusticias de algunos grupos cat\u00f3licos contempor\u00e1neos, en los cuales puede haber mucho orgullo espiritual. Ciertamente, hacen falta militantes, pero los militantes no tienen sentido alguno cuando no existe un inmenso pueblo. Confieso que una Iglesia de generales no me interesa\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">\u00bfQu\u00e9 queda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica?<\/h3>\n\n\n\n<p>Al llegar a este momento de mi reflexi\u00f3n vuelvo a preguntarme: \u00bfQu\u00e9 queda de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica? Mi respuesta aparecer\u00e1 m\u00e1s clara en la segunda parte, que voy a exponer a continuaci\u00f3n. Deliberadamente dejo de examinar con detenimiento el doloroso drama de nuestra guerra civil, que tuvo algo de todo: de cruzada, de guerra por motivos sociales y de enfrentamiento pol\u00edtico. No puedo referirme a ella, ni tampoco a otros aspectos del catolicismo de Espa\u00f1a en el siglo XX, porque me lo impiden muchas cosas: el dolor que suscitan los recuerdos, la falta de serenidad pol\u00edtica en que vivimos hoy y la magnitud del tema, cuyas implicaciones son tantas y de tanta densidad que ser\u00eda un dislate querer apresar con las pinzas de una breve consideraci\u00f3n, acontecimientos de tanta profundidad espiritual, cultural, social y pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario, en efecto, estudiar el desarrollo de la vida espa\u00f1ola en esta etapa \u00faltima, desde el punto de vista de lo cat\u00f3lico. Su examen es obligado. Pero si no queremos quedarnos en la periferia de los acontecimientos, y sofocados por los episodios que se suceden unos a otros, corremos el peligro de olvidarnos, como tantas veces, del alma del pueblo. No basta hablar de la consagraci\u00f3n de Espa\u00f1a al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas; del incendio de iglesias al ser proclamada la Rep\u00fablica; de la frase de Aza\u00f1a en el Parlamento; de la carta colectiva del Episcopado Espa\u00f1ol; de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, con may\u00fascula o con min\u00fascula; de las asociaciones y empresas apost\u00f3licas creadas por el P. Ayala y don \u00c1ngel Herrera; del Opus Dei; del Concilio Vaticano II y la libertad religiosa; del mal llamado nacional-catolicismo, etc. La Espa\u00f1a cat\u00f3lica del siglo XX no puede entenderse sin eso, pero es mucho m\u00e1s que todo eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Gran parte de lo que se ha dicho y escrito, aunque se adorne y se apoye en abundante documentaci\u00f3n, sirve para iluminar un episodio o una cadena de episodios, nada m\u00e1s. Conf\u00edo en la labor paciente de los historiadores serios capaces de respetar, en la narraci\u00f3n de los hechos, el valor de los n\u00facleos de fe que los te\u00f3logos, serios tambi\u00e9n, puedan aducir como envoltura, como motivaci\u00f3n o como consecuencia de lo que ha ido sucediendo.<\/p>\n\n\n\n<p>En los soci\u00f3logos conf\u00edo menos. Tengo la impresi\u00f3n de que la sociolog\u00eda, en lugar de ciencia de los hechos, se est\u00e1 convirtiendo, a fuerza de querer interpretarlos, en disimulado veh\u00edculo de ideolog\u00edas; y es muy triste que con ropaje cient\u00edfico se d\u00e9 cabida a la pasi\u00f3n o a la ligereza.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, y con esta restricci\u00f3n deliberadamente buscada, respondo a mi pregunta de este modo: de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica queda mucho; queda la realidad de una fe compartida por una gran parte del pueblo con m\u00e1s o menos imperfecciones; quedan una creencia y una piedad, como manifestaciones de esa fe, en el \u00e1mbito individual y familiar, a veces deterioradas, pero eficaces a\u00fan; queda una impregnaci\u00f3n cultural cat\u00f3lica, difusa en el ambiente, cuyos testimonios art\u00edsticos, literarios, pol\u00edticos, religiosos, obligan a pensar en el pasado con respeto y a veces con instintiva adhesi\u00f3n; queda un sentido moral que se manifiesta en la pr\u00e1ctica de muchos y en la repugnancia \u2013todav\u00eda de los m\u00e1s\u2013 a aceptar el amoralismo de tantos y tantos, cada vez m\u00e1s extendido; queda una Iglesia institucional que a\u00fan ejerce influencia en la conciencia y el comportamiento de muchos; y quedan un bienestar intelectual grande en unos \u2013cat\u00f3licos, por supuesto\u2013 y un dolor muy respetable en otros \u2013cat\u00f3licos igualmente\u2013 por el hecho de que Espa\u00f1a no sea ya un pa\u00eds oficialmente cat\u00f3lico al haber dejado de ser un Estado confesional.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s brevemente todav\u00eda podr\u00eda formularlo as\u00ed: de la Espa\u00f1a cat\u00f3lica tal como la hemos entendido, en el pensamiento queda mucho; en los sentimientos. a\u00fan m\u00e1s; en las costumbres, cada vez menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Discurriendo por las edades, creo que no ser\u00eda inexacto decir lo siguiente. En las generaciones adultas, de cuarenta a\u00f1os en adelante, hay una mayor vivencia de la fe y tambi\u00e9n mayor anticlericalismo; en los m\u00e1s j\u00f3venes, de los dieciocho a los cuarenta a\u00f1os, m\u00e1s humanismo, mayor indiferencia ante lo religioso, sea o no cat\u00f3lico, y menos anticlericalismo; en la adolescencia, grav\u00edsimo peligro de descristianizaci\u00f3n acelerada, ya que su inmadurez les hace m\u00e1s vulnerables a la presi\u00f3n turbadora del ambiente, a la debilidad y desconcierto de los padres, al agnosticismo o a la confusi\u00f3n de muchos escritores, al falso concepto de las libertades, a la autosuficiencia, tan reivindicada por ellos y tan malignamente fomentada por los \u201cmass media\u201d y por los educadores. La horrenda plaga de la pornograf\u00eda hace de los m\u00e1s j\u00f3venes sus v\u00edctimas, sin que perdone a los mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>Una nueva precisi\u00f3n que en m\u00ed suscita m\u00e1s graves preocupaciones. En lo que llamamos el mundo de la cultura \u2013instituciones, como Universidades y Centros de Estudio; movimientos art\u00edsticos y literarios: ciencias filos\u00f3ficas y sociales: instrumentos de divulgaci\u00f3n del pensamiento, como peri\u00f3dicos y revistas, cine y teatro, etc.\u2013, salvo en muy contadas excepciones, lo cat\u00f3lico pierde vigencia; lo simplemente religioso, al menos como referencia a lo que se llama el drama de la existencia humana, todav\u00eda aparece. El lamento por la ausencia de Dios en la vida, as\u00ed como un gemido porque falta algo que se estima esencial, o como una protesta por la soledad interior que nos oprime cada vez m\u00e1s, o como un presentimiento de no se sabe qu\u00e9 desconocidas cat\u00e1strofes que nos amenazan, ese lamento, s\u00ed que se oye en el mundo de la cultura. Pero tiene m\u00e1s de llanto silencioso y dolorido de quienes se sienten v\u00edctimas que de grito de alerta, liberador y combativo. Todav\u00eda el mundo no sabe librarse del anillo de hierro del materialismo que nos destroza a todos, tambi\u00e9n en Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Segunda parte<br>\u00bfQu\u00e9 puede quedar de aqu\u00ed a final de siglo?<\/h2>\n\n\n\n<p>Los espa\u00f1oles que ahora nacen tendr\u00e1n veinte a\u00f1os cuando llegue esa fecha, es decir, que con ellos habr\u00e1 irrumpido en la vida nacional una nueva generaci\u00f3n, y los que ahora tienen veinte a\u00f1os ser\u00e1n entonces hombres y mujeres en la madurez de los cuarenta. Lo que quiere decir que a final de siglo la mitad de la poblaci\u00f3n espa\u00f1ola, en su porci\u00f3n m\u00e1s joven, quedar\u00e1 afectada por lo que suceda en este per\u00edodo de tiempo que falta para el comienzo de la nueva centuria. Tambi\u00e9n los dem\u00e1s, por supuesto, pero a los efectos del an\u00e1lisis que estoy haciendo tienen mayor significaci\u00f3n para el futuro los comprendidos en ese bloque de los cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Las esperanzas que se les brindan son \u00e9stas, entre otras. En lo pol\u00edtico, plena democracia. En lo social, disfrute de las m\u00e1s amplias libertades. En lo econ\u00f3mico, mejores niveles de vida para todos. En lo profesional, capacitaci\u00f3n de muchos m\u00e1s que hasta aqu\u00ed, para ejercer sus actividades en armon\u00eda con las exigencias de una civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica cada vez m\u00e1s extendida. En lo cultural, multiplicaci\u00f3n de los centros de ense\u00f1anza media y superior, porque a\u00fan no se ha producido en Espa\u00f1a el fen\u00f3meno que empieza ya a darse en otras naciones de alejamiento de las carreras universitarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a estos datos aparecen otros, que tienen tambi\u00e9n suma influencia en la configuraci\u00f3n del estado social de un pueblo: el ocio, el turismo interior y exterior, los grupos y asociaciones restringidas, la promoci\u00f3n de la mujer, los cen\u00e1culos de ideas a las que se promete servidumbre bajo la apariencia de libertad, la facilidad para la comunicaci\u00f3n mundial de unos con otros, la tiran\u00eda del sexo y el hecho ya amenazante de las t\u00e9cnicas de comunicaci\u00f3n, que, por procedimientos orales y escritos o audiovisuales nuevos, permitir\u00e1n que millones y millones de seres humanos a la vez reciban la misma noticia, la misma influencia en su capacidad de pensar, y quiz\u00e1 el mismo impedimento para reaccionar por s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es suficiente este apunte, que podr\u00eda ser ampliado con numerosas consideraciones de otro tipo, simplemente para que nos demos cuenta de la aparici\u00f3n en escena de nuevos agentes transformadores \u2013estructurales unos. ideol\u00f3gicos otros\u2013 que influir\u00e1n sobre la mente y el alma de los espa\u00f1oles en los pr\u00f3ximos veinte a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fondo de ese cuadro descriptivo \u2013y esto es lo m\u00e1s peligroso\u2013 est\u00e1, como apuntan fil\u00f3sofos modernos cada vez m\u00e1s frecuentemente, la manipulaci\u00f3n del hombre. Sobre la cultura, la econom\u00eda, el bienestar social, los sistemas pol\u00edticos, etc., los conceptos son distintos, y cuando m\u00e1s libre parece que es el hombre de hoy para crearlos o modificarlos, mas esclavo viene siendo de fuerzas mundiales ocultas, que elaboran sus planes como un laboratorio secreto, y trabajan para que sean aceptados unos, o rechazados otros, seg\u00fan sus intereses. Los partidos pol\u00edticos, con todo lo que tienen de cauce para la manifestaci\u00f3n de las tendencias, no logran escapar a los condicionamientos que les imponen la disciplina interna y las obediencias internacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quedar\u00e1, pues, del hecho real de una Espa\u00f1a cat\u00f3lica tal como he tratado de explicarlo en la primera parte de esta conferencia?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>Nuestra mirada debe dirigirse a ella en primer t\u00e9rmino. Es el pueblo de Dios, el conjunto de los bautizados. Familias cat\u00f3licas, seglares que viven su fe en el mundo, sacerdotes, congregaciones religiosas, obispos. Esta Iglesia lleva en la mano un dep\u00f3sito, el de la vida de Cristo, que conserva y transmite. En eso consiste su hermosura y su grandeza. La mueve el Esp\u00edritu Santo, gracias a cuya acci\u00f3n renace siempre, y siempre dispone de misteriosas energ\u00edas que agitan el coraz\u00f3n de los hombres. Encarnada en la vida social de un pueblo hace que surja, por el propio dinamismo de la fe, una cultura cat\u00f3lica. Disminuida en cambio, o por su propio desfallecimiento o por obst\u00e1culos externos a ella, puede ser llevada a tener que contemplar el ocaso de una cultura o de un modo de vivir que debi\u00f3 a ella su origen.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que la Iglesia siga dando sangre al coraz\u00f3n de un pueblo cat\u00f3lico se necesita que tenga agentes de evangelizaci\u00f3n en proporci\u00f3n num\u00e9rica suficiente para los campos que hay que abarcar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualitativamente es necesario que esa Iglesia mantenga una triple fidelidad, proclamada insistentemente en los documentos conciliares: a las exigencias de santidad y vida sobrenatural que la aceptaci\u00f3n de Cristo lleva consigo y a la doctrina que \u00c9l predic\u00f3; al doble amor a Dios y a los hombres, no separado, pero no identificado; y a la necesidad de di\u00e1logo con las religiones y los hombres de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, de una parte nos encontramos hoy con seminarios y noviciados vac\u00edos, con una casi paralizaci\u00f3n de las asociaciones de apostolado seglar, con la familia asaltada por la creciente marea de todos los des\u00f3rdenes morales, y esto no por ninguna clase de persecuci\u00f3n, sino por otras causas, entre las cuales est\u00e1 el desfallecimiento de la propia Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>De otra parte, en cuanto a esas tres fidelidades, exceptuada la que se refiere al di\u00e1logo (frecuentemente tan mal interpretado), sin las cuales la Iglesia pierde su rumbo, opino que \u00e9sta en Espa\u00f1a tiene mucho que corregir y de prisa. El Episcopado espa\u00f1ol ya lo advirti\u00f3 en 1971 en tres documentos colectivos sobre la fe, la vida moral y la vitalidad espiritual de nuestro pueblo, tres documentos sobre los que ha ca\u00eddo el m\u00e1s pesado silencio. El conformismo doctrinal, en temas vitales. se extiende por todas partes.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Estado<\/h3>\n\n\n\n<p>El tiempo nos dir\u00e1 si fue acertado o no someter a aprobaci\u00f3n o desaprobaci\u00f3n global de los espa\u00f1oles, junto con las restantes normas y principios de la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola, el punto concreto de la confesionalidad del Estado. No me preocupa este problema. M\u00e1s bien pienso que es muy dif\u00edcil hoy sostener la conveniencia de un Estado confesional cat\u00f3lico, no porque lo rechace el Concilio Vaticano II, que esto no es verdad, sino por el pluralismo pol\u00edtico e ideol\u00f3gico de la sociedad, sobre todo entre los que tienen m\u00e1s poderes e influencia para manifestarse y para influir de un modo o de otro. Hubiera sido interesante haber podido preguntar al pueblo \u2013tambi\u00e9n a los m\u00e1s pobres y sencillos, que en materia de fe privada y p\u00fablica tienen tanta importancia como los catedr\u00e1ticos\u2013 qu\u00e9 opinaban sobre el tema, bien planteado, por supuesto. Pero, repito, es una cuesti\u00f3n ya decidida y no tengo inter\u00e9s alguno en suscitar pol\u00e9micas perturbadoras. Alg\u00fan d\u00eda, sin embargo, habr\u00e1 que escribir detenidamente sobre esto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que quiero afirmar es que hay otra clase de confesionalidad, de la que no se puede prescindir, y menos en un pueblo que es cat\u00f3lico en tan gran proporci\u00f3n, bien entendido que el t\u00e9rmino confesional, de origen protestante, en cuanto aplicado a los Estados, no es muy afortunado, porque implica un exceso de carga religiosa y, por evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica, de connotaciones clericales y eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 ha dicho el Concilio Vaticano II, y concretamente el Decreto sobre Libertad Religiosa? \u00b7<\/p>\n\n\n\n<p>Se distinguieron en el Concilio dos cuestiones: primera, los deberes religiosos de la sociedad civil y del poder p\u00fablico en relaci\u00f3n con la Iglesia; segunda, los derechos civiles de la persona en materia religiosa. Seg\u00fan consta por las relaciones que precedieron a la votaci\u00f3n del texto y por el mismo texto, se da por resuelta la cuesti\u00f3n primera, invocando la doctrina tradicional, y se afirma m\u00e1s de una vez en esas relaciones, que la libertad religiosa no se opone a la confesionalidad del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al contemplar el Concilio a los ciudadanos, que deben estar inmunes de toda coacci\u00f3n en materia religiosa, no deja de proclamar el deber de favorecer esa misma vida religiosa de los hombres. Este deber no se reduce a tutelar por igual el libre ejercicio de los derechos personales, sin inter\u00e9s especial por las convicciones religiosas. Sin duda, la inmunidad de coacci\u00f3n externa debe garantizarse a todos, incluso a los que procedan de mala fe (aquellos que no cumplen la obligaci\u00f3n de buscar la verdad y de adherirse a ella), \u00abcon tal de que se respete el justo orden p\u00fablico\u00bb (DH 2). Pero el fomento o favor positivo, por parte del poder p\u00fablico, ha de servir no indiscriminadamente a todas las actitudes religiosas o irreligiosas, sino precisamente a la vida religiosa, aunque sin pretender dirigirla (DH 3). \u00abEl poder p\u00fablico debe crear condiciones propicias para el fomento de la vida religiosa, a fin de que los ciudadanos puedan realmente ejercer los derechos de la religi\u00f3n y cumplir los deberes de la misma, y la propia sociedad disfrute de los bienes de justicia y de paz que provienen de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad\u00bb (DH 6).<\/p>\n\n\n\n<p>De manera que se trata de favorecer positivamente, y no de modo negativo, como se ha dicho, la vida religiosa de los ciudadanos, sea o no confesional el Estado. Deber, mucho m\u00e1s exigible, cuando se trata de la mayor\u00eda de los ciudadanos profesando un credo determinado.<\/p>\n\n\n\n<p>Punto importante de la doctrina conciliar es el relativo al reconocimiento de Cristo y de su Iglesia por parte de la sociedad, como deseo al que no puede renunciar. La Iglesia cree \u2013y desea que as\u00ed se reconozca\u2013 \u00abque la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Se\u00f1or y Maestro\u00bb (GS 10), y cuando reivindica su libertad ante el poder p\u00fablico lo hace no s\u00f3lo por el titulo com\u00fan a cualquier grupo de hombres que viven comunitariamente su religi\u00f3n, sino \u00abcomo autoridad espiritual constituida por Cristo Se\u00f1or, a la que por divino mandato incumbe el deber de ir a todo el mundo y de predicar el Evangelio a toda criatura\u00bb (DH 13). Se\u00f1ala tambi\u00e9n el Concilio que \u00abhay que instaurar el orden temporal de tal forma que, salvando \u00edntegramente sus propias leyes. se ajuste a los principios superiores de la vida cristiana\u00bb (AA 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Este principio o aspiraci\u00f3n fundamental, que afecta a los ciudadanos en todos los grados de su participaci\u00f3n en la vida social, no puede entenderse si no se proclama a la vez la vigencia obligada, por imperativos de orden moral, de la ley o derecho natural que, por otra parte, se oscurece y aun se apaga cuando se prescinde del magisterio moral de la Iglesia. \u00c9sta no puede admitir el relativismo o agnosticismo como principio ordenador de la convivencia. Propone como obligatoria, sin distinci\u00f3n de pa\u00edses, la inspiraci\u00f3n moral de las leyes, por exigencia del derecho natural, del que es gu\u00eda y apoyo la Revelaci\u00f3n cristiana. Por eso afirm\u00f3 Pablo VI en la <em>Humanae Vitae<\/em>: \u00abNos decimos a los gobernantes: no acept\u00e9is que se introduzcan legalmente en la familia pr\u00e1cticas contrarias a la ley natural y divina\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A todo esto es a lo que yo llamo la otra confesionalidad, la que nunca debiera desaparecer o a la que habr\u00eda que tender en los proyectos de legislaci\u00f3n para la vida de un pueblo<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La confesionalidad estrictamente cat\u00f3lica (o protestante, o isl\u00e1mica) es cuesti\u00f3n conexa, pero separable de la anterior. Ni la rechazo ni la propugno. Es m\u00e1s, hablando en t\u00e9rminos absolutos, podr\u00eda existir esa confesionalidad fundamental, a la que la Iglesia Cat\u00f3lica apela, sin que hubiese pactos o acuerdos con ella, aunque en materias mixtas, y trat\u00e1ndose de un pueblo cat\u00f3lico, ello ser\u00eda sumamente inconveniente y generador de continuos y perturbadores conflictos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y toda esta reflexi\u00f3n sobre el Estado \u00bfa qu\u00e9 conduce? A dos cosas cuando menos:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa A ayudar a pensar sobre lo que puede suceder, en bien o en mal, de lo que quede de Espa\u00f1a cat\u00f3lica, de aqu\u00ed al a\u00f1o 2000, seg\u00fan sea la legislaci\u00f3n del Estado, en cuestiones como ense\u00f1anza, familia, difusi\u00f3n cultural, juventud, religi\u00f3n, etc.; y<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00aa A evitar que se haga decir al Concilio Vaticano II lo que no ha dicho. Recientemente dec\u00eda el Papa Juan Pablo II: \u00abLa Declaraci\u00f3n del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa subraya, con toda firmeza, que ni la fe ni la no-fe pueden ser impuestas al hombre con la prepotencia; que esto debe ser un acto consciente y voluntario. Pero todo esto no anula en modo alguno el programa de Cristo. No es igual a la indiferencia. No significa indiferentismo. Todo esto demuestra s\u00f3lo que la religi\u00f3n saca su importancia, su propia grandeza, tanto de la realidad objetiva a la que se refiere, esto es, de Dios, que revela la verdad y el amor, como tambi\u00e9n del sujeto, del hombre, que la confiesa de manera digna de s\u00ed mismo: de modo racional, consciente y libre\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La sociedad<\/h3>\n\n\n\n<p>Los hombres libres de una sociedad libre tienen tambi\u00e9n su propia responsabilidad. Me refiero ahora, prescindiendo del Estado y de la acci\u00f3n magisterial de la Iglesia, a los hombres y mujeres de la sociedad espa\u00f1ola, a los cuales no es l\u00edcito abdicar de sus deberes y esperar a que todo se les d\u00e9 hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Se esgrime la democracia como un derecho reivindicativo. Pero la reivindicaci\u00f3n de los derechos s\u00f3lo es l\u00edcita partiendo del deber fundamental de realizar la \u00abvocaci\u00f3n de ser hombre\u00bb. Y lo que le hace tal no es el conjunto de haberes o pertenencias, es su misma existencia: su libertad, su capacidad, su posibilidad de amar y ser amado, su apertura a lo trascendente, su destino, su responsabilidad, la seriedad de su cotidiano vivir, su entusiasmo, su capacidad de invenci\u00f3n, superaci\u00f3n y expresi\u00f3n. La democracia es la m\u00e1s exigente de las formas de ordenaci\u00f3n pol\u00edtica, porque analizada seriamente supone \u00abel ser\u00bb propio del hombre, la forma concreta en que realiza su vida diaria. Por eso es la m\u00e1s amenazada. Surge constantemente del libre juego de fuerzas de las personas dotadas de an\u00e1logos deberes y derechos. No es una situaci\u00f3n en la que pueda ponerse en juego cualquier opini\u00f3n, ni considerarse cualquier inter\u00e9s como motivo de Estado. Significa que todos somos responsables del destino de nuestra sociedad concreta, y que esta sociedad es la que hacemos cada individuo en cada ocasi\u00f3n. Cada uno quiere realmente el bien y lo quiere efectivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed est\u00e1 el punto clave: \u00bfQu\u00e9 es el bien o el mal? \u00bfQu\u00e9 es lo que realmente exige poner unos bienes en el altar de otro bien? El ritmo de la historia, las situaciones, los intereses del momento no son los que pueden presentarnos la norma del bien y del mal. S\u00f3lo Dios puede. Las idolatr\u00edas llevan siempre a una subversi\u00f3n de valores que destruyen al hombre y, por tanto, a la sociedad. Idol\u00e1tricas son las doctrinas materialistas, sean hijas de un materialismo consumista, de placer, bienestar, o de un materialismo ateo. Idol\u00e1tricas son las doctrinas marxistas, que hacen del hombre el demiurgo del hombre, presentando la historia como el proceso mediante el cual la humanidad se crea a s\u00ed misma, transformando las condiciones de su existencia, seg\u00fan el ritmo de la historia, y no seg\u00fan la VERDAD de Dios. No tiene sentido exigir \u00ablibertad de\u00bb si esto no se fundamenta en \u00ablibertad para\u00bb los grandes valores de la existencia personal que he rese\u00f1ado y en los que se expresa la vocaci\u00f3n de ser hombre. El hecho de que los valores tengan un fundamento objetivo es lo que puede justificar la oposici\u00f3n al orden social, en la medida en que ese orden es contrario a las exigencias morales. Y si no \u00bfa titulo de qu\u00e9? En la medida en que las sociedades, los reg\u00edmenes pol\u00edticos, los sistemas ideol\u00f3gicos, las formas concretas de vida desplazan del mundo la trascendencia, lo absoluto, vuelve a aparecer en forma de un \u00ababsolutismo\u00bb y \u00abtotalitarismo\u00bb all\u00ed donde no debe estar. Ning\u00fan sistema es absoluto; pero, de hecho, se constituyen en tales desde el momento en que no son juzgados por ninguna norma superior a ellos. Y entonces \u00bfa merced de qui\u00e9n queda dictaminar lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto? Lo que garantiza la libertad es la posibilidad de apelar a una instancia suprema frente a la presi\u00f3n de las colectividades.<\/p>\n\n\n\n<p>La libertad no puede garantizarse all\u00ed donde el hombre s\u00f3lo depende del hombre. Las sociedades que no est\u00e1n cimentadas en el consentimiento sobre los valores supremos y \u00faltimos se desmoronan como un gran gigante con pies de barro. Los dem\u00e1s lazos son, como pone de relieve la movilidad social, v\u00ednculos flojos que saltan ante nuevas instancias y nuevos ritmos de la historia. Donde el hombre s\u00f3lo depende del hombre, de lo que en ese momento se juzgue m\u00e1s pragm\u00e1tico y eficiente, se puede destruir una ciudad, eliminar con radiaciones y bacterias una poblaci\u00f3n, realizar actos terroristas, abortos, esterilizar mujeres y hombres \u2013todo lo que ya ha ocurrido\u2013, si unos especialistas y t\u00e9cnicos lo consideran \u00abnecesario o conveniente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDejen pasar unas cuantas generaciones que todav\u00eda hayan percibido de alg\u00fan modo la exigencia cristiana de conciencia ante la necesidad del pr\u00f3jimo; dejen que se forme del todo el hombre enteramente terrenal, asentado s\u00f3lo en su propia naturaleza y en su fuerza, ese hombre en cuya formaci\u00f3n se trabaja en todas partes; y ya ver\u00e1n que lo que ha ocurrido en Alemania en estos a\u00f1os \u20131935 a 1945\u2013 puede ocurrir en todas partes de alguna manera. De manera indirecta, no directa; de forma cauta, no brutal; con fundamentaci\u00f3n cient\u00edfica, no fant\u00e1stica; pero con igual sentido, m\u00e1s a\u00fan, quiz\u00e1 de modo m\u00e1s destructivo, por estar disfrazado de razonabilidad y humanidad\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan pronto como los hombres olvidan el juicio de Cristo: <em>Cuanto hicisteis a uno de mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a M\u00ed me lo hicisteis<\/em> (Mt 25,40); tan pronto como busquen \u00abmotivos s\u00f3lo de raz\u00f3n\u00bb, de humanitarismo natural, se desarrollar\u00e1 todo eso, de la misma manera que la destrucci\u00f3n de un \u00f3rgano corporal contra cuya enfermedad no se hace nada. La \u00fanica garant\u00eda de mi libertad consiste en que yo pueda apelar a una instancia objetiva, ante la cual toda libertad es ya desde ahora responsable y por la que me juzgo y ser\u00e9 juzgado; y en virtud de la cual se explica mi constricci\u00f3n interior, mi imperativo moral, religioso y social. Existe el deber de establecer justicia, el derecho de exigirla, pero no en nombre de una autonom\u00eda subjetiva, de unos intereses, de una lucha de clases, sino por referencia a la dignidad del hombre, tal cual ha sido constituida por Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una l\u00f3gica de la ciencia y tambi\u00e9n una l\u00f3gica de la existencia. La primera es muy f\u00e1cil de ver: una piedra atra\u00edda por la fuerza de la gravedad hacia el centro de la tierra no puede moverse hacia arriba. La otra l\u00f3gica, la de la existencia, es m\u00e1s dif\u00edcil de comprender, pero es tan inexorable como la primera. Las acciones \u00e9ticamente injustas, por \u00fatiles que puedan parecer, van a parar al final a una destrucci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El fraude, bajo la forma que aparezca, la extorsi\u00f3n, etc., pueden dar provecho hasta cien veces; pero, en definitiva, oprimen aquello en que se apoya la vida: el respeto a s\u00ed mismo en el propio interior, y la honradez, fidelidad y confianza en la relaci\u00f3n con el otro. Un perjuicio para el que no hay medios curativos. Tan inexorable como la ley de la gravitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo el que mata una vida en gestaci\u00f3n. Puede ser que parezca que ha prestado una ayuda de momento, pero a la larga y vi\u00e9ndolo en conjunto, ha aumentado las dificultades, introduciendo, adem\u00e1s, una fuerza corrosiva. Ha hecho lo mismo que quien para calentarse arranca las vigas de la casa. De momento habr\u00e1 calor; luego se derrumbar\u00e1 la casa. Por eso el sentido \u00e9tico de una sociedad cat\u00f3lica exige conservar en todas las situaciones la consideraci\u00f3n y la mirada sobre el conjunto de la vida, el sentido de lo que en ella es esencial, el sentido de la diferencia absoluta entre lo que es bueno, digno, y lo que viene bien; y hacer frente desde ah\u00ed a lo que suceda.<\/p>\n\n\n\n<p>La democracia, realmente y de hecho es as\u00ed, no se impone, surge de la responsabilidad de los individuos que se sit\u00faan en relaci\u00f3n de respeto mutuo, y evidentemente, como toda realidad social, necesita de cauces y estructuras. La \u00abCarta Magna\u00bb de la vocaci\u00f3n del ser hombre es la \u00fanica realidad de la que surge la democracia. Cada hombre puede confiarse a los dem\u00e1s, porque quiere el bien de la totalidad. Lo quiere realmente, no s\u00f3lo dice que lo har\u00e1. La democracia es real en la medida en que tiene efectividad esa actitud. Las palabras han perdido sentido y realidad y pueden falsearse en cualquier forma enga\u00f1osa. La existencia democr\u00e1tica es dif\u00edcil, le falta arraigo en bases surgidas de principios \u00e9ticos objetivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo cualquier forma en que aparezca el problema de la libertad: libertad de convicci\u00f3n y su realizaci\u00f3n social, libertad de ense\u00f1anza, de profesi\u00f3n y trabajo, familia y esfera privada, expresi\u00f3n y opini\u00f3n p\u00fablica, en fin, de existencia personal del hombre en la democracia, todo ello s\u00f3lo tiene sentido serio a partir de sus fundamentos. El deseo de las distintas formas de libertad en lo natural y las fuerzas para alcanzarla y afirmarla tienen m\u00faltiples ra\u00edces hist\u00f3ricas, sociales, exigencia natural de independencia, etc. Pero estos elementos no pueden ser decisivos a la larga. Dan lugar a algo que nunca deja de ser relativo. La autentica actitud de libertad se apoya en algo incondicionado y tiene tanto de obligaci\u00f3n como de derecho. Si no es as\u00ed, como saldo final se tiene la entrega de las situaciones que comporta la vida humana al ego\u00edsmo del individuo y a los objetivos del Estado. Cada ataque a la persona, y sobre todo si es por concesi\u00f3n de ley, prepara totalitarismos y destrucciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El catolicismo de Espa\u00f1a tiene que ofrecer efectivamente ese sentido de la dignidad humana, s\u00f3lo esclarecida a la luz del misterio de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa ha llevado a M\u00e9jico, ha ofrecido a todos los cristianos el lema de Polonia: <em>Semper fidelis<\/em>. Una naci\u00f3n fundamentada en su fe y que evoluciona con el sentido y riqueza de su tradici\u00f3n cristiana. El catolicismo de Espa\u00f1a tiene que ofrecer efectivamente: personas, grupos, instituciones, sociedad, cultura, toda la grandeza de la dignidad humana. Un catolicismo debilitado en su dogma y enervado en su moral no es susceptible de jugar un papel creador en la sociedad. Las posibilidades realmente salvadoras est\u00e1n en la conciencia del hombre, ligada a Dios de modo vivo. La fe, insisto frecuentemente en ello, es factor decisivo de la historia. Y por lo mismo, la sociedad cat\u00f3lica de Espa\u00f1a ha de luchar para que se salven los grandes valores.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La familia: el sentido sagrado del amor<\/h3>\n\n\n\n<p>El amor cristiano es una de las realidades que m\u00e1s distingue ya a los cristianos del mundo que les rodea. El matrimonio cristiano es la proclamaci\u00f3n incansable de la dignidad y santidad del amor en un mundo que lo profana. \u00abCon su ejemplo y testimonio acusa al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad\u00bb. La familia es la verdadera escuela de la m\u00e1s rica humanidad, comunidad de fidelidad, configuraci\u00f3n viva de la casa, c\u00e9lula b\u00e1sica de toda comunidad humana, ra\u00edz de toda fidelidad, espejo en el que se refleja toda la vida de una sociedad. Estados, gobiernos, instituciones, parlamentos, son todo un montaje de lazos e intereses externos si se desmorona la familia. En la medida en que a ella se la desplaza, se quitan de hecho de la vida los valores y principios supremos de amor, sacrificio, convivencia \u2013no coexistencia\u2013, respeto mutuo, seguridad, lealtad, metas comunes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo vamos a creer en una sociedad que no tiene esta c\u00e9lula viva? \u00bfC\u00f3mo vamos a construir sin ella? Toda la vida sin la solidez de la familia pierde universalmente en calidad, en fiabilidad, en calado. \u00bfA qu\u00e9 forma de vida y cultura lleva una sociedad en que la familia no sea la piedra b\u00e1sica? \u00a1La l\u00e1stima es que ya experimentalmente sabemos contestar a estas preguntas!<\/p>\n\n\n\n<p>La familia est\u00e1 en el centro mismo de la visi\u00f3n de la Iglesia que nos da el Concilio Vaticano II; es la predicaci\u00f3n constante del Papa. El ideal es el de una vida en que la presencia de Dios y la presencia de Cristo impregnen las realidades humanas. Realmente, un hogar cristiano, con su ejemplo y su testimonio, ilumina a los que buscan la verdad. Supone una sacudida para los j\u00f3venes de hoy el encontrar un hogar cristiano en el que haya verdadero amor, que irradie alegr\u00eda, trabajo, fidelidad, ayuda, responsabilidad. Los pastores de la Iglesia de Cristo sabemos que al proclamar incansables la dignidad y santidad del amor en un mundo que lo debilita y envilece, nos damos cita con las aspiraciones profundas del coraz\u00f3n humano, del coraz\u00f3n de un joven o de una joven. El hombre tiene que ajustar su comportamiento a su vocaci\u00f3n. El campo en el que la influencia de la familia cristiana es singularmente importante es el de las costumbres. Y al decir costumbres pienso en el estilo de las relaciones humanas en un ambiente dado, relaciones entre esposos, entre padres e hijos, entre muchachos y chicas, entre familias.<\/p>\n\n\n\n<p>En este \u00e1mbito, la reina por excelencia es la mujer. Siempre y en todas las \u00e9pocas las mujeres son las que educan a los hombres; ellas imprimen cierto estilo a una generaci\u00f3n. La mujer tiene un papel primordial: ejercer la influencia principalmente en los aspectos humanos de la civilizaci\u00f3n. La mujer infunde la vida c\u00e1lida en el esqueleto de toda la sociedad, pone la savia en el conjunto de las relaciones humanas que se establecen en el seno de la civilizaci\u00f3n. La misi\u00f3n de los hogares cristianos es constituir ambientes en cuyo seno se creen formas dignas de relaci\u00f3n entre los hombres, se vivencie la escala de valores que va a impulsar la vida, se forjen h\u00e1bitos de colaboraci\u00f3n, trabajo, ayuda y entrega en ese estar codo a codo en la alegr\u00eda y en el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia tiene que salvarse de esa impugnaci\u00f3n constante que a todo dice \u00abno\u00bb, con un \u00abs\u00ed\u00bb al amor y a la fidelidad hasta el sacrificio. Las familias cristianas son la mejor actitud afirmativa de la sociedad, el cimiento de unas estructuras al servicio de la vocaci\u00f3n aut\u00e9ntica del hombre. Es la verdadera respuesta a la insatisfacci\u00f3n de los j\u00f3venes ante una sociedad t\u00e9cnica y econ\u00f3mica, consumista, ambiciosa de poder que los utiliza para sus fines, pero no responde a sus problemas fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Este sentido sagrado del amor lleva al sentido sagrado de la vida. La Iglesia siempre defender\u00e1 la significaci\u00f3n sagrada del amor. O se acepta que la sexualidad se ha convertido en un mero producto de la sociedad de consumo \u2013en toda esa gradaci\u00f3n que va desde el inter\u00e9s de organizarla racionalmente hasta su m\u00e1s triste degradaci\u00f3n\u2013, o se piensa que el amor humano es siempre un encuentro entre el hombre y Dios, uno de los puntos esenciales de inserci\u00f3n de lo sagrado en la existencia humana. En torno al amor y al matrimonio se est\u00e1 librando una de las grandes batallas de nuestro tiempo. Nunca los hombres de hoy agradeceremos bastante a Pablo VI y a Juan Pablo II el que, frente a todo y contra todo, salgan a defender de s\u00ed mismo al hombre en estos dos puntos tan radicales y b\u00e1sicos como son: el sentido sagrado del amor y el de la vida. La moral objetiva es exactamente todo lo contrario a una represi\u00f3n y a una alienaci\u00f3n; es la condici\u00f3n imprescindible para que haya verdadera libertad. Los hombres que ajustan su comportamiento a su vocaci\u00f3n son los hombres verdaderamente libres, liberados de esclavitudes y condicionamientos. Y toda ley tiene que estar ordenada hacia esa libertad. La Iglesia de Cristo defender\u00e1 hasta el fin la significaci\u00f3n sagrada del amor y de la vida. Y la defender\u00e1 proclam\u00e1ndola ante todos los hombres de buena voluntad, porque sabe que defiende los grandes valores de buena voluntad, porque sabe que defiende los grandes valores de la existencia humana. Cuando al actuar as\u00ed preserva la sal de toda corrupci\u00f3n, es la m\u00e1s joven, fuerte y vigorosa de todas las instituciones que hay al servicio del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHace ya tiempo que Claudel, al criticar el verso de Baudelaire: &#8216;al fondo de lo desconocido para encontrar algo nuevo&#8217;, dec\u00eda: &#8216;No necesito ir al fondo de lo desconocido para encontrar algo nuevo; necesito ir al fondo de lo conocido para encontrar lo inagotable&#8217;. En el hecho de sentir hast\u00edo por la realidad se da un fen\u00f3meno parecido al de esos est\u00f3magos estropeados que ya no soportan los alimentos sanos. Es terrible sentir esta especie de n\u00e1usea con respecto a lo que constituye el fondo maravilloso e inagotable de la realidad\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al actuar as\u00ed, la Iglesia es la m\u00e1s moderna de las maestras de la juventud, mientras que los profesores del nihilismo, de la revoluci\u00f3n, de la impugnaci\u00f3n, de los materialismos, son viejos del a\u00f1o 2000, que abren puertas, resquebrajan cimientos por donde se pierde la vocaci\u00f3n y dignidad del hombre. La juventud tiene sed de absoluto. El drama consiste en la dimisi\u00f3n de los que tienen que responder a esa sed.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentido sagrado del amor lleva al sentido sagrado de la vida. Tan sagrada que nadie puede atentar contra ella. Y pienso concretamente en la \u00abvida en gestaci\u00f3n\u00bb de una persona. A la persona no se la puede matar. El fundamento reside en la dignidad de la persona. \u00bfC\u00f3mo creer en una sociedad, en unas leyes abortivas? La vida del ser humano es intangible porque es persona. Persona es la capacidad de autoposesi\u00f3n y responsabilidad por s\u00ed mismo, para vivir en la verdad y en el orden moral. Y esto es de naturaleza existencial, no psicol\u00f3gica. No depende de la edad, ni de las dotes, ni de la situaci\u00f3n corp\u00f3reo-an\u00edmica, sino del \u00abprincipio\u00bb que posee cada hombre. Ser madre no significa producir la vida, sino \u00abdar la vida a un ser humano\u00bb. El ni\u00f1o est\u00e1 unido a la madre en lo m\u00e1s hondo, y forma con ella un solo circulo vital. Pero no se agota ah\u00ed, sino que, a la vez, y desde el primer momento de su existencia, est\u00e1 directamente referido a la vida, a las normas absolutas, a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Concepci\u00f3n y muerte, crecimiento y decadencia, ni\u00f1ez y juventud, salud y enfermedad, forman parte de lo que se llama \u00abser humano\u00bb. No s\u00f3lo tiene evoluci\u00f3n, sino tambi\u00e9n destino. En todo ese compendio de la existencia de cada ser humano, no s\u00f3lo se produce mejora o perjuicio, sino victoria o derrota, superaci\u00f3n y expiaci\u00f3n. La enfermedad soportada con valent\u00eda, la incapacidad de trabajo, que dan lugar a sabidur\u00eda, bondad y madurez, son mucho m\u00e1s \u00abdignas de vivir\u00bb que una salud que hace al hombre brutal, y una inteligencia que arroja la existencia humana a lo meramente exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuidado con el ideal de \u00absinceridad\u00bb. \u00abSer tal cosa \u2013seg\u00fan dicen\u2013 no tiene importancia. Ser comunista, anarquista, cat\u00f3lico. Lo importante es ser buen cat\u00f3lico, buen anarquista, buen comunista. La manera como se realiza el ideal\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la sinceridad con que es vivida una causa, de ning\u00fan modo es argumento en favor suyo. Las peores causas han conocido fan\u00e1ticos de cuya sinceridad nada nos permite dudar. Se puede respetar a un hombre y fustigar las ideas que representa. No porque existan materialistas sinceros queda justificado el materialismo. \u00bfEl \u00fanico deber es llegar a lo hondo de s\u00ed mismo, sea en el af\u00e1n de poder, en el acto revolucionario, en el deseo de impugnaci\u00f3n, revancha, intereses personales, etc.? No se puede sustituir la verdad por la eficacia inmediata, y ni siquiera es verdadera eficacia. La acci\u00f3n es la fecundidad de la verdad. Hay que reconocer la verdad que se me impone como un valor que exige de m\u00ed un homenaje incondicionado. Hay m\u00e1s autenticidad en dar testimonio de la verdad, incluso cuando me condena, que en negarme a reconocerla para permitirme vivir y conservar tranquila la conciencia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexi\u00f3n final<\/h2>\n\n\n\n<p>Termino mi exposici\u00f3n y trato de resumir mi pensamiento en estas breves proposiciones:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa Al hablar de Espa\u00f1a cat\u00f3lica, en el pasado y en lo que pueda suceder en el futuro, tengo presente por encima de todo la realidad de un pueblo cat\u00f3lico, en la proporci\u00f3n que justamente corresponda. Es a ese pueblo al que quisiera que la fe cat\u00f3lica le acompa\u00f1ase siempre. En el periodo de los pr\u00f3ximos veinte a\u00f1os puede decidirse en gran parte la persistencia o no del sentido cat\u00f3lico de la vida en Espa\u00f1a. Est\u00e1n sin elaborar las leyes y reglamentos que apliquen la Constituci\u00f3n, y las que lleven a la pr\u00e1ctica los acuerdos concordatarios, una vez ratificados por las Cortes. Debemos esperar.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00aa No me consuela la tan repetida frase de que la Iglesia, con muchos o con pocos, ante una u otra situaci\u00f3n, subsistir\u00e1 siempre. Porque no se trata ahora de la Iglesia en s\u00ed misma, sino de un pueblo que permanece unido a ella o la abandona. Como tampoco se trata de si hay que ser optimistas o pesimistas. A nadie le importa lo que yo sea. Lo que nos importa a todos son los datos reales que permitan sacar conclusiones en uno o en otro sentido. Por lo dem\u00e1s, el cristiano no es por definici\u00f3n un optimista; sencillamente es un hombre de fe. Tampoco puede ser pesimista, porque es un hombre de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00aa La fuerza principal para mantener el sentido cat\u00f3lico de la vida en Espa\u00f1a tiene que venir de la Iglesia misma. De una Iglesia independiente, libre, fiel, respetuosa y dialogante. De una Iglesia que evangeliza en el tiempo que le toca vivir con la intensidad que han se\u00f1alado tan claramente los Pont\u00edfices Romanos, y de modo especial est\u00e1 proclamando ahora Juan Pablo II. Una Iglesia que, cuanto m\u00e1s independiente sea del poder civil, m\u00e1s fiel debe ser a su propia identidad. De lo contrario, obedecer\u00e1 a los dictados sociol\u00f3gicos del momento, en una u otra forma. Fiel quiere decir que practique y ense\u00f1e siempre a practicar las exigencias de la uni\u00f3n con Dios y el acatamiento a sus leyes divinas, as\u00ed como las del amor al hombre, sin caer en humanismos puramente terrestres, rechazando por igual toda clase de materialismos, sean de signo marxista o ateo, o de capitalismo consumista y esclavizador. Una Iglesia que al predicar los derechos humanos predique tambi\u00e9n los deberes, como se hace en la <em>Pacem in terris<\/em>, deberes y derechos que tienen su fuente en la propia naturaleza humana y en su dignidad de hijo de Dios, y por lo mismo no podr\u00e1n nunca ser observados en su profundidad interna si no se reconocen tambi\u00e9n los derechos de ese mismo Dios. Fiel quiere decir tambi\u00e9n que sepa mantener el credo cat\u00f3lico, tantas veces expresado en los diversos s\u00edmbolos y en el m\u00e1s reciente, el <em>Credo del Pueblo de Dios,<\/em> de Pablo VI, al que el Pont\u00edfice fallecido se refiri\u00f3 solemnemente, un mes antes de morir, se\u00f1al\u00e1ndolo como uno de los actos m\u00e1s importantes de su Pontificado.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00aa Conf\u00edo en la Iglesia de Espa\u00f1a. Sabr\u00e1 superar la crisis en que se halla envuelta. Conf\u00edo en el pueblo cat\u00f3lico espa\u00f1ol, en sus obispos, sacerdotes, \u00f3rdenes y congregaciones religiosas, en las familias y grupos seglares. Hay todav\u00eda una fuerza evangelizadora extraordinaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario que el pueblo y esas familias vuelvan a vivir con honda reflexi\u00f3n y con entusiasmo la alegr\u00eda de su fe y de su piedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cat\u00f3licos, trabajando como ciudadanos en los diversos sectores de la vida social, dar\u00e1n testimonio de su amor a Jesucristo y de su concepto cristiano de la existencia. Otras veces habr\u00e1n de hacerlo agrupados como tales, sin miedo a ser reconocidos as\u00ed y sin ir contra nada ni contra nadie, sino simplemente para defender su fe en medio de la sociedad pluralista. Catedr\u00e1ticos, periodistas, artistas, empresarios, obreros, campesinos, movimientos familiares y juveniles tienen que surgir y unirse para la expresi\u00f3n y adecuada defensa de su fe y de la de sus hijos, y aun de la misma sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00e1 que mantener tambi\u00e9n y vigorizar la religi\u00f3n del pueblo, la de las masas sencillas, tantas y en tan gran n\u00famero, que aman a Cristo y a la Virgen Mar\u00eda y se consagran con fervor al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Nada de eso debe ser despreciado. Pero juntamente con eso han de formarse comunidades peque\u00f1as en las parroquias, en plena armon\u00eda con la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica de la Iglesia; grupos de catequistas adultos en todos los pueblos y ciudades, que ayuden a hacer entender y amar los sacramentos, la vida de gracia, la dimensi\u00f3n contemplativa y social de la religi\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>En los pr\u00f3ximos veinte a\u00f1os, de aqu\u00ed a final de siglo, pueden suceder muchas cosas en nuestra patria. Pero en el mundo se oye cada vez m\u00e1s fuerte el grito de los que tienen sed de Dios. Y los que hablan de Dios son escuchados, como estamos vi\u00e9ndolo con motivo de la actuaci\u00f3n del Papa Juan Pablo II.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperemos que vuelva a haber alumnos suficientes en nuestros seminarios y aspirantes a la vida consagrada en los noviciados, sacerdotes bien formados para atender las necesidades espirituales del pueblo, monjas de clausura que desde el retiro de sus claustros tanto bien han hecho a todos, misioneros. Y muy particular influencia podr\u00e1n ejercer las Facultades Teol\u00f3gicas y los diversos Centros de altos estudios eclesi\u00e1sticos, m\u00e1s necesarios que nunca para el di\u00e1logo con la cultura moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00aa Una \u00faltima precisi\u00f3n. Esta acci\u00f3n cristianizadora, evangelizadora, de la Iglesia en su totalidad, del Pueblo de Dios, exige instrumentos e instituciones adecuadas: escuelas, universidades, centros de investigaci\u00f3n, presencia en la difusi\u00f3n cultural, en las asociaciones de juventud, etc. Porque no se trata de un cristianismo que se vive en el interior del alma, y todo lo dem\u00e1s queda fuera. Se trata m\u00e1s bien de que un pueblo cat\u00f3lico pueda tener una civilizaci\u00f3n cat\u00f3lica, que no ahogue ni haga imposible su libertad religiosa. Para esto son necesarias las instituciones. El Estado, aunque no profese una religi\u00f3n, debe ayudar a que las diversas religiones, en nuestro caso la cat\u00f3lica, puedan tenerlas. No se convertir\u00e1 \u00e9l en gestor de lo religioso, pero s\u00ed ayudar\u00e1 a que pueda darse y mantenerse, sencillamente porque vela por la civilizaci\u00f3n del pueblo y porque sirve a ese pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Conf\u00edo en que, a final de siglo, el catolicismo, aunque no sea la Religi\u00f3n del Estado, seguir\u00e1 siendo la de una gran parte de la naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia, la tradici\u00f3n y la fe de tantos, la Iglesia, la aplicaci\u00f3n recta del Concilio y la sociedad contribuir\u00e1n a ello. Entiendo por tradici\u00f3n lo que dec\u00eda Chesterton: \u00abconsiste, no en que los vivos est\u00e9n muertos, sino en que los muertos sigan vivos\u00bb. A algunos les molesta que se hable de Espa\u00f1a cat\u00f3lica, porque entienden que se establece una reducci\u00f3n enojosa de lo cat\u00f3lico a categor\u00edas nacionales y pol\u00edticas. No es as\u00ed. No se reduce nada. Los hombres y los pueblos deben cantar la gloria de Dios. Parece ser, seg\u00fan han escrito, que la \u00faltima frase que sali\u00f3 de labios de Unamuno, aquella noche fr\u00eda de final de a\u00f1o, en su Salamanca inmortal, sentado junto a la camilla, al calor del brasero humilde, fue \u00e9sta: \u00abDios no puede abandonar a Espa\u00f1a\u00bb. Como tampoco, pienso yo, pudo abandonarle a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Salvador de Maradiaga, <em>Espa\u00f1a. Ensayo de historia contempor\u00e1nea, <\/em>Madrid, 126.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>La fe de siempre y el hombre de hoy, <\/em>Madrid 1969, 82-83.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> V\u00e9ase sobre este punto, <em>Confesionalidad religiosa del Estado, <\/em>por Jos\u00e9 Guerra Campos; y <em>R\u00e9gimen de confesionalidad y de laicidad, <\/em>por Antonio Mostaza, catedr\u00e1tico de la Universidad de Valencia.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Juan Pablo II, en el <em>Angelus <\/em>dominical, 22 de abril de 1979: <em>L\u2019Osservatore Romano, <\/em>edici\u00f3n en lengua espa\u00f1ola, 29 de abril de 1979.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> R. Guardini, <em>La preocupaci\u00f3n por el hombre, <\/em>Madrid 1965, 225-226.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>El dedo en la llaga, <\/em>Bilbao 1970, 29-30.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en el Club Siglo XXI, Madrid, el 22 de mayo de 1979. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, junio 1979. Introducci\u00f3n Entre los muchos temas que se ofrec\u00edan a mi consideraci\u00f3n para hablar esta tarde ante vosotros, he elegido \u00e9ste por una raz\u00f3n sencilla. 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