{"id":504,"date":"1979-09-01T19:22:00","date_gmt":"1979-09-01T17:22:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=453"},"modified":"2024-09-19T15:22:09","modified_gmt":"2024-09-19T13:22:09","password":"","slug":"presencia-de-la-religion-y-de-la-iglesia-en-la-ciudad","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/presencia-de-la-religion-y-de-la-iglesia-en-la-ciudad\/","title":{"rendered":"Presencia de la religi\u00f3n y de la Iglesia en la ciudad"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Ponencia le\u00edda en la Mesa Redonda celebrada en septiembre de 1979 en el Centro de Estudios Sociales del Valle de los Ca\u00eddos. Texto publicado en el volumen <em>La presencia de lo cat\u00f3lico en la sociedad actual<\/em>, Madrid, 1981, pp. 209-292, volumen LII de los <em>Anales de Moral Social y Econ\u00f3mica,<\/em> publicados por dicho centro.<\/p>\n\n\n\n<p>Se me piden unas reflexiones, que sirvan como punto de partida y fundamento para ulteriores desarrollos, sobre el tema \u00abla presencia de lo religioso en la ciudad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nueva presencia<\/h2>\n\n\n\n<p>Reflexionar sobre la presencia de lo religioso en la ciudad, cuando la existencia de la Iglesia en el mundo cuenta ya con veinte siglos, y cuando la revelaci\u00f3n de Dios tambi\u00e9n est\u00e1 presente entre los hombres desde los or\u00edgenes mismos de la humanidad, s\u00f3lo se justifica porque nos hallamos ante una sociedad nueva, de nuevos estilos, quehaceres y consistencias. De lo contrario, tendr\u00edamos que limitamos a repetir lo tantas veces dicho, aun con el mismo lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios y su amor permanecen, y permanece la revelaci\u00f3n que nos hizo en plenitud en Cristo; y permanecen en y por su Iglesia. Desde ah\u00ed no necesitamos nuevas reflexiones, como no fuera sino para profundizar m\u00e1s y m\u00e1s en el conocimiento de Dios y de su amor.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">a. En cuanto humana \u00abformada por hombres\u00bb<\/h3>\n\n\n\n<p>Pero la Iglesia, no ya en cuanto depositaria de la revelaci\u00f3n divina y de los medios salv\u00edficos de que Dios la dot\u00f3, sino en cuanto humana, en cuanto formada por nosotros los hombres, en cuanto que <em>ex hominibus coalescit<\/em> (GS 1), en cuanto que <em>ex hominibus cole<\/em>cta (GS 40b), \u00aben cuanto instituto humano y terreno\u00bb (GS 44a), en cuanto realidad social de la historia (GS 44a), lleva consigo, afect\u00e1ndole, los avatares de la historia del g\u00e9nero humano, con la que est\u00e1 vinculada (cf. GS 1); \u00ablleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la figura de este siglo, que pasa\u00bb (LG 48c); est\u00e1 condicionada en su marcha hist\u00f3rico-salv\u00edfica por la historia de los hombres (cf. AG 6b) y se configura en sus formas humanas seg\u00fan los datos humano-hist\u00f3ricos asumibles y asumidos \u00aben cuanto compatibles con los datos revelados\u00bb (AG 22b) de sus mismos miembros.<\/p>\n\n\n\n<p>Es ley de la Iglesia, en su tarea de evangelizaci\u00f3n, adecuar su actividad misionera y pastoral a las condiciones de los destinatarios de su actividad (cf. GS 44b). Y ya \u00e9sta es raz\u00f3n muy poderosa para sus cambios hist\u00f3ricos en la pedagog\u00eda de su actividad evangelizadora, e incluso \u00aben disponer su estructura social y visible\u00bb \u00abpara expresarla mejor y adaptarla con mayor acierto a nuestros tiempos\u00bb (GS 44c).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">b. En cuanto divina asumente de lo humano<\/h3>\n\n\n\n<p>Pero adem\u00e1s, y como perteneciente a su mismo constitutivo, la Iglesia tiene que seguir con fidelidad el camino de Cristo (cf. LG 8c y AG 5c) e incluso el movimiento del Verbo al encarnarse. \u00bbDebe insertarse en los grupos humanos con el mismo movimiento con que Cristo se vincul\u00f3 por su encamaci\u00f3n a las condiciones sociales y culturales determinadas de los hombres con quienes vivi\u00f3\u00bb (AG 1O; cf. AG 22a). Es decir, as\u00ed como el Verbo asumi\u00f3 plenamente la naturaleza humana, haci\u00e9ndose \u00abhombre perfecto\u00bb y \u00abel hombre perfecto\u00bb, \u00aben todo (lo humano) menos en el pecado (Hb 4,15)\u00bb (GS 22), y as\u00ed \u00bbcomo hombre perfecto entr\u00f3 en la historia de los hombres, asumi\u00e9ndola y recapitul\u00e1ndola en S\u00ed mismo\u00bb (GS 38a), as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia no se limita a aplicar a los hombres la gracia salv\u00edfica de Cristo y Dios, sino que, adem\u00e1s, purifica, asume y eleva al hombre entero, menos el pecado, y con el hombre purifica, asume y eleva todo cuanto de humano hay en los hombres y en su historia (facultades, bienes de todo orden, costumbres, culturas, idiosincrasias de los hombres, filosof\u00edas y sabidur\u00edas, sentidos y \u00f3rdenes sociales &#8230;), que no sea malo, que \u00absea compatible con los datos revelados\u00bb (AG 22b; cf. LG 13, 17; AG 3b, 9-10, 22; GS 38-39,58, 61-62).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, \u00abla Iglesia o Reino de Cristo presente ya en misterio\u00bb en la tierra (LG 3) tiene por misi\u00f3n \u00abrecapitular a toda la humanidad con todos sus bienes\u00bb en Cristo (LG 13 b) y recapitular toda la historia, a cuya culminaci\u00f3n sabe que camina (GS 38a).<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos, pues, que preguntarnos cada d\u00eda de la historia, y m\u00e1s cuando surgen pasos nuevos en ella, por todo lo bueno, por todo lo nuevo bueno para incorporarlo a la Iglesia, integrarlo, enriqueci\u00e9ndola, benefici\u00e1ndola (cf. GS 44), haci\u00e9ndole cobrar nuevas formas hist\u00f3ricas concretas.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ello hemos de ser capaces y hemos de empe\u00f1amos en \u00abauscultar, discernir, interpretar y valorar las diversas voces (novedades) de nuestro tiempo bajo la luz de la palabra divina\u00bb (GS 44b), \u00aba la luz del Evangelio\u00bb (GS 4a), porque tambi\u00e9n \u00aben ellas hay verdaderos signos de la presencia de Dios\u00bb (GS 11a), seg\u00fan lo que hemos dicho de la ampl\u00edsima misi\u00f3n recapituladora de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos son, pues, los principios que nos obligan, como cristianos, a esforzamos por incorporar todo lo bueno de la historia a la Iglesia: <em>la ley de adaptaci\u00f3n<\/em> de la presentaci\u00f3n del mensaje y de la vida de la Iglesia ante el mundo, destinatario de la redenci\u00f3n y de la Iglesia; y <em>la ley de recapitulaci\u00f3n<\/em> de todo en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La ley de recapitulaci\u00f3n nos exige integrar todo lo bueno, <em>haci\u00e9ndolo espacio abierto y positivo-activo<\/em>, hasta el extremo de que eso nuevo llegue <em>a configurar la forma hist\u00f3rica de la Iglesia,<\/em> una forma contingente en cuanto no \u00fanica posible, ni en cuanto indisolublemente exclusiva (cf. GS 58c; 42d), pero contingente e hist\u00f3ricamente quiz\u00e1 necesaria por la ley de la adaptaci\u00f3n. Lo cual podr\u00e1 requerimos sacrificios y esfuerzos firmes, por no ser quiz\u00e1 las formas en que nacimos y nos formamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que ir, pues, aprendiendo y aprehendiendo constantemente, con la Buena Nueva de Cristo, las distintas <em>novedades hist\u00f3ricas<\/em> buenas o compatibles como <em>signos de la presencia de Dios<\/em><a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a> en la historia para su Iglesia, y rechazando cuanto es <em>fruto del \u00abenga\u00f1o del Maligno\u00bb<\/em> (cf. LG 16), es decir, \u00abimpugnando y rechazando los errores y males que manan de la seducci\u00f3n siempre amenazante del pecado\u00bb (GS 58d).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nuestra identidad<\/h2>\n\n\n\n<p>Todo lo dicho tiene especial actualidad hist\u00f3rica en el mundo en que vivimos y en la Espa\u00f1a actual, por sus presentes novedades hist\u00f3ricas, que luego trataremos de describir en s\u00edntesis.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, a la vez, todo ello puede provocar y ha provocado, tantas veces, <em>el problema espec\u00edfico de la identidad<\/em> propia. Porque la asunci\u00f3n de nuevas formas hist\u00f3ricas, en cada uno o en la Iglesia misma, que vienen a sustituir a formas hist\u00f3ricas anteriores, puede producir problemas en quienes y en cuanto hayan hecho una excesiva identificaci\u00f3n entre su ser (identidad) y su forma hist\u00f3rica tenida, que configur\u00f3 su forma de actuar concreta. Ser\u00eda el problema de haber hecho pasar por identidad o a identidad la forma contingente de vivir esa misma identidad. Remover entonces esa forma hist\u00f3rica puede llevar a arrancar la identidad misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, en grandes momentos de cambios hist\u00f3ricos, han venido tambi\u00e9n las grandes crisis y aun rupturas de la unidad e identidad de la fe y de la Iglesia. Por eso tambi\u00e9n el tema de la identidad ha sido y sigue siendo tema capital de estudio: la identidad cristiana o <em>esencia del cristianismo<\/em> preocup\u00f3 grandemente a lo largo del siglo XIX<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>; la <em>identidad de la fe<\/em> preocup\u00f3 en el primer cuarto de este siglo, con el modernismo; <em>la identidad de la Iglesia<\/em><a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a> en el mundo ha sido la gran preocupaci\u00f3n del Vaticano II<em>; la identidad del sacerdote<\/em> ha preocupado intensamente a ra\u00edz del mismo Concilio; <em>la identidad del cristiano<\/em><a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a> sigue siendo un tema muy actual; <em>la identidad de la presencia de lo cristiano en la ciudad<\/em><a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a> es el tema sobre el que se nos pide una palabra, y que preocup\u00f3 al Vaticano II, sobre todo en su constituci\u00f3n sobre \u00abLa Iglesia en el mundo actual\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Divisi\u00f3n de esta exposici\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Tratar\u00e9 sucintamente nuestro tema dividi\u00e9ndolo en cuatro apartados:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba Valor de lo religioso en la vida del hombre y la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba <em>Novedades hist\u00f3ricas <\/em>del mundo moderno y de la Espa\u00f1a actual.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba Necesidad de <em>discernir y valorar <\/em>esas novedades para ver si son asumibles, en cuanto compatibles con nuestra fe cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00ba <em>Nuestra presencia cristiana <\/em>en esa sociedad, y en concreto, en la Espa\u00f1a de hoy.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Valor de lo religioso en la vida del hombre y la ciudad<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La existencia del hombre s\u00f3lo se completa en lo religioso<\/h3>\n\n\n\n<p>He tratado este tema en diversas ocasiones porque me preocupa grandemente como obispo y simplemente como hombre atento a las exigencias de la cultura del tiempo en que vivimos. (\u00abLa contemplaci\u00f3n, alma de la civilizaci\u00f3n del ma\u00f1ana\u00bb: Discurso de Clausura del V Congreso de la Asociaci\u00f3n de San Benito, Patr\u00f3n de Europa. Madrid, 1973. -\u00abPresencia del Misterio\u00bb: Discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas. Madrid, 11 de junio de 1974. -\u00abLa falta de interioridad, drama de la cultura actual y de la Iglesia\u00bb: Discurso en la misma Academia. Madrid, 1977. -\u00abLa p\u00e9rdida de lo sagrado: una Sociedad a la deriva\u00bb: Discurso en la Academia de Doctores de Madrid, febrero de 1978).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sagrado, en un sentido primario y elemental, es algo poderoso, esencial, lleno de valor y contenido, perteneciente a la realidad b\u00e1sica de nuestra existencia. Su experiencia comporta siempre una exigencia, a la que cabe resistirse, pero a la que no se puede eliminar. Influye en toda la existencia del hombre, como lo demuestra la historia de las culturas; es origen y cumbre de la civilizaci\u00f3n realmente humana. Una sociedad que pierde el sentido de lo sagrado va a la deriva y mata lo mejor del hombre en su vida humana y personal, familiar y socio-pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Al describir la experiencia religiosa se acude a diferentes puntos de apoyo, como pueden ser la \u00abno obviedad del mundo\u00bb, ya que, por ejemplo, la vida no puede comprenderse por ella misma; el hombre no est\u00e1 seguro, su existencia est\u00e1 puesta en juego tanto en cada elemento aislado del mundo como en su conjunto; el hecho de la existencia no se comprende con s\u00f3lo la mirada, sino que es algo desconocido, a pesar de \u00abtodas las comprensiones\u00bb; lo que existe no es necesario, sino dado de \u00abhecho\u00bb y, adem\u00e1s, est\u00e1 la vida humana atravesada por la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro punto de apoyo es la experiencia de la finitud, que tenemos tanto con respecto a las cosas que hay a nuestro alcance como con respecto a nuestra propia existencia, finitud que nos lleva a preguntar: \u00bffrente a qu\u00e9 y frente a qui\u00e9n tal finitud, tal limitaci\u00f3n? Un tercero puede ser la descripci\u00f3n de los diferentes procesos ordenadores morales y sociales que se perciben como obligatorios. Precisamente las m\u00e1s profundas crisis sociales y pol\u00edticas de nuestro momento consisten en que la obligatoriedad se debilita porque desaparece de ellos el elemento religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay otros puntos de apoyo, pero sobre todo es en la experiencia de lo sagrado, que est\u00e1 en la ra\u00edz de la existencia, donde se manifiesta esta experiencia religiosa. Digo sobre todo, porque lo sagrado es cualidad que tiene propia y exclusivamente la realidad religiosa y ninguna otra. \u00abTan exclusiva, que no tenemos un concepto ni una adecuada escala de valores que se ajusten a ella partiendo de la condici\u00f3n de la existencia inmediata; pero tan clara y determinada en s\u00ed misma que se reconoce en todo encuentro, aun en el m\u00e1s leve\u00bb (R. Guardini, <em>Religi\u00f3n y Revelaci\u00f3n<\/em>, t. 1, 101, Ed. Guadarrama).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los elementos de la existencia, acciones, cosas, dolor, destino, autoridad, fiestas, ordenaciones, relaciones, obtienen su pleno sentido solamente cuando alcanzan la dimensi\u00f3n de lo religioso, m\u00e1s all\u00e1 de su contenido inmediato. Sin \u00e9l se vac\u00edan de sentido y pierden su consistencia. No es que el hombre est\u00e9 completo en s\u00ed, y al margen de eso, si siente necesidad, pueda entrar tambi\u00e9n en una relaci\u00f3n religiosa, sino que su existencia s\u00f3lo llega a estar completa en lo religioso. \u00abHacer a los hombres eternos y felices\u00bb es la b\u00fasqueda de todos y el esfuerzo, a lo largo de la historia, de los que se han preocupado por todo lo que supone el conjunto de la condici\u00f3n humana. Y la misma historia nos presenta pueblos que, con un ardiente sentido de eternidad y de anhelo de felicidad, levantan construcciones de piedra que el desierto no puede sepultar. La soluci\u00f3n al problema \u00abhacerlos eternos y felices\u00bb es una respuesta de orden religioso, es una soluci\u00f3n de fe. En la acci\u00f3n del hombre y en su vida misma hay algo que le sobrepasa. Lo religioso es el poder secreto capaz de transformar y fortalecer la realizaci\u00f3n propia del hombre y de cualquiera de sus acciones. Las obras del orgullo humano acaban por autodestruirse. Por eso, de ninguna forma los cristianos pueden predicar humanismos equ\u00edvocos, que son otras tantas complicidades con la idolatr\u00eda de nuestro tiempo. Es la hora de recordar que s\u00f3lo Dios es Dios y que todo lo que se construye al margen de Dios est\u00e1 abocado, tarde o temprano, a la destrucci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No pueden separarse los problemas del hombre y de su destino de su relaci\u00f3n con el mundo emp\u00edrico, porque es en \u00e9ste donde concretamente se realiza. Pero lo que implica esta relaci\u00f3n no es ni puede ser comprensible s\u00f3lo desde este \u00faltimo, es decir, desde el mundo emp\u00edrico; ni puede supeditarse a \u00e9l, ni dictaminarse desde \u00e9l, o en funci\u00f3n de \u00e9l, su l\u00ednea de actuaci\u00f3n. El modo que tiene el hombre, con sentido religioso aut\u00e9ntico, de ponerse ante el mundo se refiere a \u00absu salvaci\u00f3n\u00bb y \u00abplenitud\u00bb . Escamotearle esta realidad es privar de sentido a la vida humana, ya que \u00fanicamente en ella lo encuentra. Y lo encuentra no s\u00f3lo de un modo relativo, que depende de situaciones circunstanciales de tipo cultural, social, econ\u00f3mico o de cualidades individuales como dotes personales de creaci\u00f3n art\u00edstica o de trabajo, sino de modo absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n significa que la existencia del hombre llega a su plenitud y es ordenada para siempre a su felicidad. Da la respuesta definitiva a las preguntas de por qu\u00e9 y para qu\u00e9 y con referencia a qu\u00e9 existe. Es existencial en el m\u00e1s hondo sentido de la palabra. Lo religioso toca la conciencia, el centro sensible a la ley, a la norma y a la responsabilidad; el hombre tiene que hacer algo o dejarlo de hacer, configurar su vida de un modo determinado. Constituye \u00abun camino\u00bb; abre \u00abun mundo\u00bb, entendiendo esta palabra tanto en sentido objetivo como subjetivo; establece una conexi\u00f3n de cosas y acontecimientos, de relaciones con hombres y obras, de experiencias y situaciones. Darse cuenta de que Dios existe, de que se ha revelado al hombre, y de que se ha hecho como \u00e9l, asumiendo su propio destino para hacerlo \u00abeterno y feliz\u00bb de un modo que ni siquiera puede concebir, le obliga de tal manera que no puede dejar nada de su existencia fuera de esta relaci\u00f3n de amor salvador.<\/p>\n\n\n\n<p>El que lucha por la \u00fanica esperanza de los bienes materiales no recoger\u00e1 nada por lo que merezca la pena vivir. Trabajando \u00fanicamente por los bienes materiales construimos nuestra prisi\u00f3n. No se puede concebir una acci\u00f3n sin un criterio de eficacia, pero esta eficacia material, inmediata, no es la \u00fanica realidad, ni siquiera la verdadera realidad. El no ver esto lleva al hombre a consecuencias tremendamente dolorosas, de las que nuestra \u00e9poca tiene mucho que decir. Por ejemplo, es estremecedor ver con qu\u00e9 ligereza ha tomado nuestro mundo el derecho a la vida y a la muerte, a romper la familia, a favorecer todo tipo de placer, destruya lo que destruya; a manipular con \u00absupuesto\u00bb criterio de eficacia, pero sin ning\u00fan sentido \u00e9tico, los inventos de la ciencia y de la t\u00e9cnica. Todo esto comporta consecuencias y efectos no s\u00f3lo visibles, sino tambi\u00e9n inconscientes, que est\u00e1n da\u00f1ando a la persona: opresiones, angustias, melancol\u00edas que aparecen de repente, suicidios, hast\u00edo de la vida, inseguridades. Hechos y situaciones que, si se siguieran cuidadosamente en su proceso, nos har\u00edan retroceder hasta transgresiones contra las ra\u00edces de la vida y contra la dignidad del hombre, a pesar de que lo que llev\u00f3 a actuar eran \u00abmotivaciones razonables y apremiantes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Es vital asumir con sentido religioso la responsabilidad por el conjunto de la existencia<\/h3>\n\n\n\n<p>La acci\u00f3n lleva a los hombres a una vida m\u00e1s fuerte que los moldea, pero al mismo tiempo tiene que significar una toma de conciencia, una responsabilidad sobre las consecuencias. Por haber conseguido un poder, antes inimaginable, sobre la naturaleza, se ha cargado a la vez de una insospechada responsabilidad que tiene que asumir como individuo y como perteneciente a un grupo social \u2013miembros de una instituci\u00f3n, de un centro de investigaci\u00f3n, de una empresa, de un partido, de un gobierno, de una naci\u00f3n\u2013. Tenemos que acostumbrarnos al concepto de una responsabilidad colectiva que, ciertamente, s\u00f3lo puede integrarse partiendo del libre compromiso de las personas. Esta responsabilidad, tanto en su aspecto individual como social, es tan grande que el hombre no puede llevarla s\u00f3lo; tiene que compartirla con el Creador y ser consciente de ella a la luz del poder soberano de Dios para no quedar al arbitrio de sus ambiciones, pasiones y equivocaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy como ayer, lo que imprimimos todos en el mundo que habitamos es la marca del rostro humano. Y todos somos responsables de la fisonom\u00eda que \u00e9ste est\u00e1 recibiendo: costumbres, normas, formas sociales, cultura, diversiones, ocio, riqueza, pobreza, opresiones, libertades o libertinajes, moralidad o amoralidad, empleo de los medios de producci\u00f3n, etc. Es ya un s\u00edmbolo el hecho de que grandes descubrimientos de nuestra \u00e9poca se hayan logrado y desarrollado en conexi\u00f3n con las guerras, y el hecho de que exista como amenaza real un poder destructor tan enorme. Las ocasiones de las m\u00e1s osadas edificaciones y de destrucciones hasta los cimientos nunca hab\u00edan estado tan estrechamente unidas. \u00bfPor qu\u00e9 no se emplea todo en el mejoramiento de los hombres, en levantar del subdesarrollo de la pobreza a tantos millones de seres humanos? \u00bfPor qu\u00e9 todo se convierte en instrumento de ambici\u00f3n y poder? \u00bfEn torno a qu\u00e9 objetivos se mueven las investigaciones, los planteamientos cient\u00edficos? Una aut\u00e9ntica presencia de Dios entre los hombres hace penetrar hasta la esencia de las cosas y abre los ojos ante las desviaciones. Sin el sentido religioso, el hombre, en todas sus acciones, parece un emigrante que ni siquiera ha fundado su patria.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es sobremanera apremiante la llamada del Concilio Vaticano II a todos los hombres y, sobre todo, a los que creen en Jesucristo, alfa y omega de todo lo que existe. \u00abEl divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca\u00bb (GS 43). La acci\u00f3n se realiza en unas circunstancias temporales, pero el hombre cat\u00f3lico tiene que realizarla sabi\u00e9ndose en colaboraci\u00f3n con la voluntad de Aquel que ha creado este mundo y que est\u00e1 por encima de todo. En medio de nuestra vida, invadida por tantos ego\u00edsmos y mentiras, nuestros esfuerzos han de ser para recuperar lo que en el principio determin\u00f3 la vida del primer hombre, antes de que \u00e9ste pusiera su propia voluntad por delante de la de Dios. No podemos dejar la cultura, el trabajo, ninguna clase de acci\u00f3n, en manos de la incredulidad, y con esta palabra no me refiero s\u00f3lo a aquellos que rechazan la fe en Cristo y en su juicio, sino tambi\u00e9n a aquellos que, aunque dicen creer religiosamente, no realizan sus acciones a partir de la responsabilidad de esa fe, sino s\u00f3lo por habilidad en los asuntos, o por ventaja personal de la \u00edndole que sea. La sabidur\u00eda popular dice mucho y bien con el \u00abhacer las cosas como Dios manda\u00bb. Se ha desprendido el fondo de oro en las representaciones alusivas a Cristo y al misterio por \u00c9l revelado, pero sigue siendo, para quien de \u00c9l vive, causa de elevaci\u00f3n y superaci\u00f3n: \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb. Las cosas no pueden ser Dios para el hombre. Los mitos y los \u00eddolos caen muy r\u00e1pidamente. No hay nada ni nadie que pueda ser adorado sino Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es vital para el hombre asumir con sentido religioso la responsabilidad por el conjunto de la existencia a la luz de Dios. En los mejores casos se ha entregado a responsabilidades aisladas de \u00edndole cient\u00edfica, art\u00edstica, econ\u00f3mica, t\u00e9cnica, pero las ha absorbido la ambici\u00f3n de poder y ganancia. Se ha olvidado de la responsabilidad por la vida misma y se le ha obnubilado su sentido. En realidad, de lo que se trata, para la tarea de los cristianos, no es de reformas que se pongan en marcha aqu\u00ed o all\u00e1, sino previamente de volver al sentido cristiano de la vida con todas sus consecuencias. Sentido cristiano, el \u00fanico eficaz para poner un nuevo fundamento y una nueva libertad que hagan capaces al hombre de captar con su mirada el car\u00e1cter aut\u00e9ntico de los procesos y de establecer las leyes para conseguirlos; para saber distinguir entre fin y medio, entre lo que est\u00e1 lleno de valor y lo que no lo tiene, entre lo correcto y lo falso, entre lo malo y lo bueno. Sin un sentido religioso serio y profundo, que se traduzca realmente en vida, cada vez se hace m\u00e1s dif\u00edcil al hombre actual lograr una jerarqu\u00eda de valores, un aut\u00e9ntico juicio de valor, y distinguir lo principal y lo anecd\u00f3tico. Al perder la fe en Dios se pierde el sentido de la recta direcci\u00f3n y se tiene la opini\u00f3n de que el hombre por s\u00ed solo es el responsable de la existencia y el \u00fanico se\u00f1or de ella. Y entonces, \u00bfa merced de qu\u00e9 se queda la existencia entera?, \u00bfde la ideolog\u00eda que pueda surgir en ese momento?, \u00bfde la ambici\u00f3n de unos, o de las aberraciones de otros? Y sucede que las estridentes llamadas y gritos atraen, de inmediato, mucho m\u00e1s que las sencillas descripciones que hacen los que quieren de verdad la redenci\u00f3n del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra misi\u00f3n es desarrollar, no enterrar, ni corromper, ni siquiera entremezclar con otros vinos y licores la presencia del elemento religioso. Cada grado de obediencia para con Dios significa en el hombre un grado superior de libertad aut\u00e9ntica y se\u00f1or\u00edo. El mundo y el hombre sin Dios, \u00bfqu\u00e9 consistencia tienen?, \u00bfa imagen y semejanza de qu\u00e9, su l\u00ednea de progreso y ascensi\u00f3n? La torre de Babel es un hecho que se repite constantemente en los m\u00faltiples campos en que se desenvuelve la vida humana, cuando se desarrolla a espaldas de la sabidur\u00eda, la verdad y la bondad de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda ca\u00edda del hombre es provocada por el apartamiento de Dios, por la falta de reconocimiento de su Ser, y por el abandono de sus exigencias y mandatos, en los que est\u00e1 nuestra libertad y nuestra verdad. El poder y la fuerza, independizadas del Dios verdadero, se convierten en algo que desencadena consecuencias que el hombre sufre en su propia dignidad y en su propia carne y sangre, pero que, ciego ante el resplandor de lo que parece logro y \u00e9xito inmediato, placer y ambici\u00f3n satisfecha seguida, no ve hasta que le deshacen en lo m\u00e1s radical de su vida: odios, guerras, opresiones, enfermedades, desviaciones de la misma naturaleza, carencia de \u00e9tica, libertad y dignidad, angustia ante los poderes nucleares y bioenerg\u00e9ticos conseguidos y que est\u00e1n en manos del orgullo y el af\u00e1n de posesi\u00f3n. Las posibilidades realmente salvadoras se encuentran en la conciencia del hombre que est\u00e1 ligado con Dios de modo vivo. Por eso la fe, lo mismo que el descreimiento, se convierten en factores hist\u00f3ricos decisivos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El cristiano \u00absaca de sus arcas lo nuevo y lo viejo\u00bb (Mt 13,52)<\/h3>\n\n\n\n<p>Centremos la reflexi\u00f3n en nosotros mismos: hay un abismo entre la doctrina evang\u00e9lica y la vida real de los pueblos que se llaman cristianos. \u00bfC\u00f3mo van a suponer que el cristiano perpet\u00faa en la tierra la obra del Hijo de Dios, que vino a liberar al g\u00e9nero humano de lo que es la verdadera opresi\u00f3n, la causa de todos los males, \u00abel pecado\u00bb, si no demostramos nosotros mismos en los hechos, por medio de las \u00abnuevas costumbres\u00bb del Evangelio, que para nosotros ha pasado ya la antigua servidumbre y que todo ha sido renovado? \u00bfC\u00f3mo van a poder creer que Cristo resucitado vive en nuestras obras, actuaciones, juicios, sentimientos, si no les probamos efectivamente que es as\u00ed? \u00bfC\u00f3mo van a creer, a juzgar por nuestras vidas? \u00bfC\u00f3mo van a poder reconocer que somos portadores del mensaje salvador si ven que nos comportamos igual que un partido, un clan, si les ofrecemos el bochornoso espect\u00e1culo de un catolicismo sin alma y sin vida? \u00bfC\u00f3mo van a poder ser atra\u00eddos por unos hombres que se dicen en posesi\u00f3n del camino, la verdad y la vida, pero que realmente no parecen tener distintas convicciones y hechos de vida, leyes y juicios de valor, obras y sentimientos? No parece sino que nos dicen: <em>Vosotros no hab\u00e9is o\u00eddo nunca su voz, ni hab\u00e9is visto nunca su rostro, ni habita su Palabra en vosotros<\/em> (Jn 5, 37-38). A Dios nadie le ha visto jam\u00e1s, nos dice San Juan; pero seg\u00fan San Pablo, \u00c9l ha hecho de la Iglesia su cuerpo, que se edifica en el amor. Los ojos no pueden mirar de hito en hito al sol, pero le pueden ver reflejado en el espejo del agua. As\u00ed, en el semblante de la Iglesia los ojos de los hombres tendr\u00edan que contemplar al Sol de Verdad y Justicia. Pero los que nos observan no pueden ver la verdadera belleza de su rostro, porque nosotros nos empe\u00f1amos en desfigurarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pertenece a la misi\u00f3n cristiana interpretar el tiempo de la tierra y del cielo: <em>Cuando veis una nube que se levanta en el Occidente, al momento dec\u00eds: \u00abVa a llover\u00bb, y as\u00ed sucede. Y cuando sopla el sur, dec\u00eds: \u00abViene bochorno\u00bb, y as\u00ed sucede. \u00a1Hip\u00f3critas! Sab\u00e9is explorar el aspecto de la tierra y del cielo, \u00bfc\u00f3mo no explor\u00e1is, pues, este tiempo?<\/em> (Lc 12,54-56). El cristiano tiene que reconocer la imagen en nuestro tiempo y saberlo expresar. Sabe sacar cosas nuevas y viejas (Mt 13,52) del tesoro de la revelaci\u00f3n que le ha sido confiada para interpretar el tiempo. S\u00ed, ciertamente, Dios no est\u00e1 en el fondo de oro de la Edad Media, pero tambi\u00e9n es cierto que la poderosa captaci\u00f3n de Dios que llenaba e invad\u00eda el \u00e1nimo y el esp\u00edritu de los Padres de la Iglesia, y m\u00e1s tarde de los siglos medievales, no se ha conservado viva en los \u00faltimos siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>A la virulencia anticristiana no se puede contestar con un correspondiente \u00abanti\u00bb de los cristianos; respuesta cristiana ser\u00e1 la que, al recibir el golpe ciego y enemigo en toda su hondura, sepa transformarlos en algo luminoso y fecundo. Tiene que ver de d\u00f3nde surge ese grito y comprenderlo, as\u00ed como la necesidad que lo ha impulsado; en ocasiones ser\u00e1 contra una mala expresi\u00f3n y representaci\u00f3n nuestra de la existencia cristiana. En todas las \u00e9pocas de la historia lo cristiano es el mismo Jesucristo, lo que a trav\u00e9s de \u00c9l llega al hombre y la relaci\u00f3n que a trav\u00e9s de \u00c9l puede mantener el hombre con Dios, con los dem\u00e1s y consigo mismo. \u00abUn contenido doctrinal es cristiano en tanto que procede de su boca. La existencia es cristiana en tanto que su movimiento se halla determinado por \u00c9l. En todo aquello que pretende presentarse como cristiano, tiene que estar dado o contenido. \u00c9l, la persona de Jesucristo, en una unicidad hist\u00f3rica y en su gloria eterna, es la categor\u00eda que determina el ser, el obrar y la doctrina de lo cristiano\u00bb. (R. Guardini, <em>La esencia del cristianismo<\/em>, Madrid 1964, 105).<\/p>\n\n\n\n<p>La participaci\u00f3n en la vida terrestre es la expresi\u00f3n de un deber: el amor a Dios y el reconocimiento de sus derechos, y dentro de este mismo amor y obediencia, el servicio a los dem\u00e1s y el establecimiento de unas relaciones humanas dignas y justas. <em>Amar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a \u00e9ste: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas<\/em> (Mt 23,37-40). Esta directriz general no entra en detalle en las tareas concretas que hay que realizar, pero supone la referencia a una concepci\u00f3n del hombre que es lo que aporta Cristo a trav\u00e9s de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos, como piensan tantos hombres de hoy, hacer del hombre lo que queramos. El hombre no es creaci\u00f3n del hombre, no tenemos que inventar un tipo de humanidad. Esta es precisamente la tarea: aplicar la visi\u00f3n divina del hombre y de su destino a las situaciones concretas particulares. \u00abLa tarea del cristiano, por lo que se refiere a las realidades terrestres, es consagrarlas, es decir, darles ese ambiente de gracia que es el \u00fanico en cuyo interior pueden alcanzar toda su plenitud, siendo curadas en sus heridas y desarrolladas en sus virtudes, lo cual se hace por los sacramentos. Pero lo propio del seglar en la Iglesia es precisamente ser quien deriva, en cierta manera, hacia las realidades terrestres lo que es recibido por la gracia de Cristo. La funci\u00f3n del sacerdote es transmitir esta gracia. Y la funci\u00f3n del seglar, hacerla penetrar en todas las realidades del hombre. Esto comienza con el sacramento del matrimonio. En el clima de la gracia del matrimonio, el amor humano, el amor del hombre y de la mujer, el amor de los hijos, realiza en su propia l\u00ednea sus supremas delicadezas y sus m\u00e1s hondas profundidades.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLo mismo ocurre en otros dominios. Dentro de la gracia cristiana, la inteligencia del hombre ha alcanzado sus m\u00e1s altas cumbres. A medida que se estudia m\u00e1s la filosof\u00eda de la India, la de la Grecia antigua, el pensamiento del Islam, m\u00e1s se persuade uno de que, si s\u00f3lo en nuestro Occidente se ha llegado a ciertas verdades, se debe, como piensa Gilson, a que la raz\u00f3n humana ha sido ayudada por la gracia de la revelaci\u00f3n de Cristo, desde fuera, y por las energ\u00edas vivificantes de la fe, desde dentro. Y no hay por qu\u00e9 sentirse orgullosos de ello, pues no se debe a la calidad del esp\u00edritu occidental, sino al hecho de que, hasta el momento presente, s\u00f3lo en Occidente ha estado la inteligencia durante siglos envuelta en el clima de la gracia. Y en la medida en que la gracia se retira de la inteligencia de Occidente, \u00e9sta cae en la confusi\u00f3n del esp\u00edritu. Esa es una de las maravillas de la gracia de Cristo, que conduce las realidades humanas mismas, en su propio orden, a su perfecci\u00f3n, independientemente de lo que ella les a\u00f1ade, haci\u00e9ndoles sobrepasarse a s\u00ed mismas.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPresentar\u00e9 otro ejemplo. Una de las cosas que m\u00e1s me preocupan hoy es un cierto abandono de ese tesoro de costumbres cristianas acumuladas durante siglos de fe y que penetraban la vida familiar, la vida social, incluso en ciertos aspectos la vida profesional. Hab\u00edan sido el resultado de una larga y dif\u00edcil conquista. Tenemos la impresi\u00f3n de que hoy est\u00e1n perdi\u00e9ndose. Por ello pienso que no hay tarea m\u00e1s magn\u00edfica, sobre todo para mujeres cristianas, que trabajar por reconstruir ambientes de existencia cristiana. El amor humano, la inteligencia, el trabajo humano, encontrar\u00e1n ah\u00ed tambi\u00e9n su dignidad y su significado\u00bb (J. Dani\u00e9lou, <em>Esc\u00e1ndalo de la verdad<\/em> [Guadarrama], 215-217).<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a el sentido cat\u00f3lico, expresado en su cultura, acontecimientos, tradiciones, costumbres, etc., siempre ha sido un hecho y, m\u00e1s a\u00fan, un factor decisivo de su historia y en su historia. No puede mirarse a Espa\u00f1a sin verla siempre marcada con el sello de su religi\u00f3n cristiana y cat\u00f3lica. Hablo del sentir, querer, pensar y actuar de un pueblo que, con su luces y sombras, aciertos y errores, valent\u00eda y cobard\u00eda, generosidad e injusticia, ha querido siempre ser cat\u00f3lico, hijo de la Iglesia de Cristo. Las sombras, los errores, la cobard\u00eda, la injusticia, no est\u00e1, como muchos nos acusan, en el hecho de haber sido cat\u00f3lico, sino en no serlo suficientemente. Se pretende hacer culpable al catolicismo en cuanto tal, y vemos cat\u00f3licos abrumados, con una especie de complejo de culpabilidad, por el hecho de serlo. No se atreven a hablar de la grandeza de las obras de Dios llevadas a cabo sin alharacas, de la oraci\u00f3n, de la fuerza de la adoraci\u00f3n y de la realidad del amor de Dios expresado en la obra concreta de la salvaci\u00f3n. No se atreven a plantear el aspecto sagrado del amor, de la misi\u00f3n de la familia en el mundo; de que la t\u00e9cnica no tiene derechos soberanos y que hay un umbral ante el que tiene que detenerse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTiene sentido el hecho de ser tildado de progresista o de integrista? Para el cat\u00f3lico, ni la tradici\u00f3n ni el progreso pueden constituir \u00eddolos, pues s\u00f3lo el Evangelio y la Iglesia constituyen su \u00faltimo punto de referencia. El cat\u00f3lico, como dec\u00eda Merleau-Ponty, es un mal revolucionario y un conservador poco seguro. Necesitamos hombres y mujeres que vuelvan a encontrar la salud gozosa de la fe, que vivan en un clima de alegr\u00eda y no como perros acosados. Tenemos la certeza de que la luz de Cristo ilumina y renueva todas las cosas. Hay que devolver al amor humano su destino profanado y encontrar su significaci\u00f3n sagrada. No podemos cargar con la responsabilidad de vaciar al catolicismo de su trascendencia para adaptarlo a una sociedad t\u00e9cnica, de consumo, que adem\u00e1s ya siente la necesidad de lo sagrado. Cuando la Iglesia, a trav\u00e9s del Papa, preserva a la sal de toda corrupci\u00f3n, es la instituci\u00f3n m\u00e1s joven y renovada; mientras que los que abren tantas puertas, por donde se escapa el ser y la dignidad misma del hombre, son viejos decr\u00e9pitos. No hay cosa que desagrade m\u00e1s y haga m\u00e1s da\u00f1o que una Iglesia que disimula su mensaje para que as\u00ed lo acepten mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que se nos pide es que demostremos c\u00f3mo ese mensaje responde al interrogante del hombre de hoy acerca de Dios. No s\u00e9 si haciendo amplias concesiones con respecto a las costumbres que tienden a imponerse le ser\u00eda f\u00e1cil ganarse adeptos; pero una Iglesia as\u00ed, degradada en su moral, ser\u00eda tan despreciable como la Iglesia vaciada de sus dogmas, que algunos quisieran promover.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La par\u00e1bola del samaritano, s\u00edmbolo de Pablo VI para la Iglesia del Vaticano II<\/h3>\n\n\n\n<p>Nada favorece tanto a determinadas propagandas culturales y sociales como el insistir en la \u00abestrechez cat\u00f3lica\u00bb frente a la amplitud de una religi\u00f3n natural. Pero \u00bfqu\u00e9 es esa estrechez cat\u00f3lica? Defender la significaci\u00f3n sagrada del amor y el derecho a la vida en gestaci\u00f3n; ense\u00f1ar al mundo que la enfermedad soportada con valent\u00eda, la vida impregnada de sacrificio, entrega y lealtad, dan lugar a bondad, sabidur\u00eda y madurez mucho m\u00e1s \u00abdignas de vida\u00bb que una salud que hace al hombre brutal y una inteligencia que arroja la existencia a lo meramente exterior; el amar contra un saldo final que entrega la vida al ego\u00edsmo del individuo, a su placer, a la sociedad de consumo, a los objetivos de ideolog\u00edas y sistemas ateos y materialistas que matan la ra\u00edz del existir humano; mostrar que es esencial que campee en la Iglesia la contemplaci\u00f3n sobre la impugnaci\u00f3n, y que, por eso, todo lo que amenace al sentido de Dios, la adoraci\u00f3n, lo sagrado, constituye el peor peligro; \u00abafirmar que, si es cierto que la caridad es la piedra de toque de la autenticidad de la pr\u00e1ctica sacramental, tambi\u00e9n lo es a la inversa: que la caridad, en el sentido cristiano y sobrenatural de la palabra, no puede existir independientemente de la vida sacramental\u00bb (Dani\u00e9lou, <em>El dedo en la llaga<\/em>, Bilbao 1970, 75); exponer al mundo del siglo XX, en el Vaticano II, que los consejos evang\u00e9licos, castidad ofrecida por Dios, pobreza y obediencia, son un don divino que la Iglesia recibi\u00f3 del Se\u00f1or (LG 43); que la perfecta y perpetua continencia por el reino de los cielos, recomendada por nuestro Se\u00f1or, es al mismo tiempo emblema y estimulo de la caridad pastoral y fuente peculiar de la fecundidad espiritual en el mundo (CD 16).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es la representaci\u00f3n del acontecimiento central del mundo: que Dios ha dicho su palabra a la pregunta del hombre y de la humanidad abierta a \u00c9l. Palabra conciliadora y redentora cuyo car\u00e1cter se hace visible, sobre todo, en que no se pronuncia desde lo alto del cielo, sino en que se haya hecho carne, viva entre nosotros y haya querido convertirse en un nuevo centro para la conciencia de la humanidad. <em>Pues Dios tuvo a bien hacer residir en \u00c9l toda la Plenitud, y reconciliar por \u00c9l y para \u00c9l todas las cosas<\/em> (Col 1,19-20). \u00abEste destino no s\u00f3lo no priva al orden temporal de su autonom\u00eda, de sus propios fines, leyes, ayudas e importancia para el bien de los hombres, sino que m\u00e1s bien lo perfecciona en su valor e importancia propia y, al mismo tiempo, lo equipara a la \u00edntegra vocaci\u00f3n del hombre sobre la tierra.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales ha sido desfigurado con graves defectos, porque los hombres, afectados por el pecado original, cayeron frecuentemente en muchos errores acerca del verdadero Dios, de la naturaleza del hombre y de los principios de la ley moral, de donde se sigui\u00f3 la corrupci\u00f3n de las costumbres e instituciones humanas y la no rara conculcaci\u00f3n de la persona del hombre. Incluso en nuestros d\u00edas, no pocos, confiando m\u00e1s de lo debido en los progresos de las ciencias naturales y de la t\u00e9cnica, caen como en una idolatr\u00eda de los bienes materiales, haci\u00e9ndose m\u00e1s bien siervos que se\u00f1ores de ellos&#8230; Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando \u00edntegramente sus propias leyes, est\u00e9 conforme con los \u00faltimos principios de la vida cristiana, adaptado a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos\u00bb (AA 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI, en la alocuci\u00f3n pronunciada durante la sesi\u00f3n p\u00fablica con que se clausur\u00f3 el Concilio Vaticano II, dice que la introspecci\u00f3n que hab\u00eda hecho la Iglesia fue \u00abpara hallar en s\u00ed misma, viviente y operante en el Esp\u00edritu Santo, la palabra de Cristo y sondear m\u00e1s a fondo el misterio, o sea, el designio y la presencia de Dios por encima y dentro de s\u00ed y para reavivar en s\u00ed la fe, que es el secreto de su seguridad y de su sabidur\u00eda, y reavivar el amor que le obliga a cantar sin descanso las alabanzas de Dios: <em>Cantare amantis est,<\/em> es propio del amante cantar, dice San Agust\u00edn. Los documentos conciliares, principalmente los que tratan de la divina Revelaci\u00f3n, de la liturgia, de la Iglesia, de los sacerdotes, de los religiosos y de los laicos, permiten ver claramente esta directa y primordial intenci\u00f3n religiosa y demuestran cu\u00e1n l\u00edmpida, fresca y rica es la vena espiritual que el contacto con Dios vivo hace saltar en el seno de la Iglesia y correr por su medio sobre los \u00e1ridos terrones de nuestros campos\u00bb (Pablo VI, <em>El valor religioso del Concilio<\/em> [7 diciembre 1965] n. 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo esta misma luz, Pablo VI se\u00f1ala que la par\u00e1bola del samaritano es el s\u00edmbolo de la Iglesia del Vaticano II. La par\u00e1bola de Jes\u00fas sobre el compasivo samaritano rompe todas las fronteras de pueblo y grupo social, riqueza y cultura, y muestra la relaci\u00f3n de \u00abpr\u00f3jimo\u00bb entre el herido que es jud\u00edo y el viajero que es samaritano; dos grupos nacionales que se odiaban y despreciaban mutuamente. Ah\u00ed est\u00e1 la hondura de la significaci\u00f3n: v\u00ednculo de caridad entre aquel cuyo coraz\u00f3n se abre con todas sus posibilidades a la llamada de la necesidad y acogida de aquel que necesita ayuda. La Iglesia cat\u00f3lica, como el samaritano del Evangelio, se detiene ante el hombre herido y siente la necesidad de conocer, acercarse, comprender, penetrar, vivir, evangelizar la sociedad en que \u00e9l vive.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl descubrimiento de las necesidades humanas \u2013y son tanto mayores cuanto m\u00e1s grande se hace el hijo de la tierra\u2013 ha absorbido la atenci\u00f3n de nuestro s\u00ednodo. Vosotros, humanistas modernos, que renunci\u00e1is a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle este m\u00e9rito y reconoced nuestro nuevo humanismo: tambi\u00e9n nosotros \u2013y m\u00e1s que nadie\u2013 somos promotores del hombre\u00bb (<em>ib\u00edd<\/em>., n. 8).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia cat\u00f3lica tiene un mandato de Cristo: <em>Cuanto hicisteis a uno de mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed me lo hicisteis<\/em> (Mt 25,40). El m\u00e1s peque\u00f1o, el que ni siquiera puede reclamar para s\u00ed ninguna de las razones que pueden mover el inter\u00e9s de ayudar, ni la admiraci\u00f3n, ni la simpat\u00eda, ni la utilidad; el m\u00e1s peque\u00f1o, porque all\u00ed donde est\u00e1 aparece el mismo Jes\u00fas. Desde Cristo cae la luz sobre la confusi\u00f3n que atraviesan las relaciones humanas: el mandato siempre nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa mentalidad moderna, habituada a juzgar todas las cosas bajo el aspecto del valor, es decir, de su utilidad, deber\u00e1 admitir que el valor del Concilio es grande, al menos por esto: que todo se ha dirigido a la utilidad humana; por tanto, que no se llame nunca in\u00fatil una religi\u00f3n como la cat\u00f3lica, la cual, en su forma m\u00e1s consciente y eficaz, como es la conciliar, se declara toda en favor y en servicio del hombre. La religi\u00f3n cat\u00f3lica y la vida humana reafirman as\u00ed su alianza, su convergencia en una sola humana realidad: la religi\u00f3n cat\u00f3lica es para la humanidad; en cierto sentido, ella es la vida de la humanidad. Es la vida, por la interpretaci\u00f3n, finalmente exacta y sublime, que nuestra religi\u00f3n da del hombre (\u00bfno es el hombre, \u00e9l solo, misterio para s\u00ed mismo?), y la da precisamente en virtud de su ciencia de Dios: para conocer al hombre, al hombre verdadero, al hombre integral, es necesario conocer a Dios&#8230; Es la vida porque describe su naturaleza y su destino y le da su verdadero significado. Es la vida porque constituye la ley suprema de la vida, y a la vida infunde la misteriosa energ\u00eda que hace que la podamos llamar divina\u00bb (Pablo VI, <em>ib\u00edd<\/em>., n. 15).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la Iglesia mantiene con firmeza su autoridad, no es para defenderse a s\u00ed misma, sino para mantener intacto el dep\u00f3sito que Jesucristo le ha confiado. Al obrar as\u00ed, defiende los bienes m\u00e1s valiosos del hombre, defiende lo verdaderamente humano contra lo que tiende a destruirlo, sale al paso de una subversi\u00f3n total de los valores, de una perversi\u00f3n de la inteligencia y de una insensata regresi\u00f3n. Tiene la misi\u00f3n de hacer presente a Jesucristo a los hombres, debe anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos. Lo dem\u00e1s es consecuencia de ello. Hay quienes pretenden convertirla en instrumento de sus ambiciones o m\u00f3viles humanos. Pero consciente de su ser y su fe, pronto afirma su identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Como dice Henri de Lubac en su libro <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia<\/em>, para algunos, m\u00e1s que la mensajera y la guardiana del Evangelio, es la majestuosa heredera del mundo hel\u00e9nico y romano. Otros la consideran como una gran fuerza de propulsi\u00f3n y de progreso que arranca a los pueblos de su inercia. Unos humanistas la alaban por haber salvado en las \u00e9pocas b\u00e1rbaras la cultura antigua. Tambi\u00e9n se le expresa el reconocimiento por haber impulsado las artes. Algunos hombres sabios ponen en ella su confianza por estimar que es la \u00fanica fuerza espiritual capaz de llegar a dominar y resolver los problemas. Desde otras fuentes se celebra su influencia civilizadora, la regla que impone a las costumbres, la magn\u00edfica floraci\u00f3n de sus obras educadoras o de sus institutos de caridad y los cuidados que dispensa a cada una de las fases de la existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTantas admiraciones, tantas alabanzas y tantas esperanzas no nos dejan insensibles. Aun en medio de su exclusivismo, casi siempre ponen de manifiesto alg\u00fan punto de vista exacto y de gran valor. Nunca se ponderar\u00e1 suficientemente la profunda humanidad de la Iglesia, sobre todo en nuestra \u00e9poca, en la que este bello vocablo de humanismos est\u00e1 cada vez m\u00e1s acaparado, con el consentimiento de los cristianos, por los enemigos de Dios. Estos mismos puntos de vista, parciales e inexactos, de los que la alaban, no vienen a ser sino un homenaje rendido a la plenitud y al equilibrio de su acci\u00f3n. Pero desde el mismo momento que se desconoce lo esencial, se corre el peligro de desviarse. Cuando s\u00f3lo se ven en la Iglesia sus m\u00e9ritos humanos, cuando se la considera como un medio, tan noble como se quiera, pero s\u00f3lo un medio para conseguir un fin temporal, y no se sabe ver en ella principalmente y ante todo un misterio de fe, no se la comprende en toda su realidad, aunque se siga siendo vagamente creyente. Y lo mismo que se admira en ella queda desvirtuado; el elogio que se le tributa no es m\u00e1s que vanidad, cuando no resulta una blasfemia\u00bb (H. de Lubac, <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em> Bilbao 1972, 193).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia cat\u00f3lica no significa nada para nosotros si no es el sacramento, el signo eficaz de Jesucristo. Esta es la presencia de la Iglesia cat\u00f3lica en nuestras ciudades: la mano del compasivo samaritano que salva la vida del hombre robado y herido por los ladrones. Ella muestra que el respeto a la persona tiene su fundamento \u00faltimo en el hecho de que est\u00e1 llamada a un destino que sobrepasa la existencia terrestre. La comunidad de personas es la realidad concreta de la ciudad futura que se elabora a trav\u00e9s del mundo presente. La revelaci\u00f3n del valor infinito de la persona humana tiene su origen y s\u00f3lo adquiere la plenitud de su sentido en la revelaci\u00f3n que se nos hace en el Evangelio del amor de Dios a todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las novedades hist\u00f3ricas<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Las novedades hist\u00f3ricas del mundo actual<\/h3>\n\n\n\n<p>Es ya muy t\u00f3pico hablar de la nueva era de la humanidad, iniciada a ra\u00edz de la primera bomba at\u00f3mica en la segunda guerra mundial, o a ra\u00edz del lanzamiento del primer sat\u00e9lite artificial. Se habla de la era posindustrial o superindustrial. Esos ser\u00edan como los signos m\u00e1s manifiestos de la nueva era.<\/p>\n\n\n\n<p>En la imposibilidad, personal y objetiva, de formular una constataci\u00f3n total y profunda, refleja y cient\u00edfica, sobre cuanto supone de novedad este mundo moderno, b\u00e1stenos tomar conciencia primera y de s\u00edntesis, <em>suficiente<\/em>, por otra parte, para adoptar unas posturas \u00e9ticas fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos sistematizar las siguientes caracter\u00edsticas principales, que entran directamente en nuestro tema.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El \u00abhomo technicus\u00bb y la ciudad secular<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a><\/h4>\n\n\n\n<p>El <em>homo faber<\/em> se ha superado a s\u00ed mismo y se ha hecho <em>homo technicus<\/em>, llegando a las computadoras. Las posibilidades de la t\u00e9cnica dan lugar a enso\u00f1aciones y argumentos de novelas y de pel\u00edculas de ficci\u00f3n antes insospechadas. La tecnolog\u00eda misma ve formulados sue\u00f1os. Y aunque se habla de riesgos y perjuicios que la gran t\u00e9cnica trae consigo \u2013poluci\u00f3n del medio, manipulaci\u00f3n de masas por los cient\u00edficos\u2013, su optimismo no decrece, porque se espera que la tecnolog\u00eda formular\u00e1 un uso racionalizado de la t\u00e9cnica para soslayar esos peligros.<\/p>\n\n\n\n<p>El resultado es que el hombre moderno, el <em>homo technicus<\/em>, se ve a s\u00ed mismo, se experimenta incluso, como superador de no pocas ataduras y esclavitudes a que las fuerzas de la naturaleza le ten\u00edan y tienen sujeto. Se ve <em>transformador<\/em> <em>de la naturaleza<\/em>, poniendo las fuerzas de la misma a su servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Aplica la t\u00e9cnica incluso a su propia naturaleza y a sus relaciones sociales, estudiando y manejando los resortes de las ciencias positivas antropol\u00f3gicas \u2013en medicina, psicosociolog\u00eda, culturizaci\u00f3n, racionalizaci\u00f3n del trabajo y del consumo, del ocio y de la vivienda, del hambre y aun de la violencia y el crimen\u2013 y se percibe como <em>auto-liberador<\/em> de opresiones y esclavitudes sociales, como <em>transformador de la sociedad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, y ante los \u00e9xitos de sus esfuerzos, se comprueba a s\u00ed mismo como dictador de la marcha de la historia, como <em>sujeto decisor y realizador de la historia<\/em>, y no s\u00f3lo como objeto inmerso en unas leyes de la historia fatales e indominables. La humanidad, que ha cobrado conciencia y realidad de inicial unidad, es el sujeto que ya puede decidir su propia historia.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>homo technicus<\/em> se ve a\u00fan, en muchos campos, objeto dominado por las fuerzas o leyes de la naturaleza y de la historia; pero se auto-descubre, cada d\u00eda m\u00e1s, como posible dominador y transformador. Las fuerzas de la naturaleza y de la historia no le constituyen un deber, sino una fatalidad que con su iniciativa puede ir superando: <em>su responsabilidad y deber es liberarse<\/em> de esas ataduras, en vez de doblegarse, impotente, a ellas. Se siente as\u00ed formulador y creador de una nueva moral en relaci\u00f3n con esas fuerzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso de <em>una nueva moral en sus relaciones sociales<\/em>: lo que siempre fue no le constituye deber; las tradiciones m\u00e1s o menos sagradas e intangibles, porque naci\u00f3 y se form\u00f3 en ellas, las rompe y las supera. <em>Su deber es el hacerse libre<\/em> y configurar una sociedad y una historia en que cada uno pueda disponer de s\u00ed seg\u00fan su libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s: el <em>homo technicus<\/em> no admite que se le aduzca la intangibilidad de la naturaleza y de la historia como creaci\u00f3n de Dios o como Providencia suya para que desista o se le frene en su pretensi\u00f3n de dominar la naturaleza y la historia. Dios no ha podido querer, intangibles, las enfermedades, las esclavitudes ante la naturaleza, las opresiones sociales y las explotaciones. En todo caso, de haber Dios, Dios ha hecho a los hombres, a todos, de la misma dignidad, les ha dotado de iniciativa e inventiva, de libertad y responsabilidad propias para que se superen y se realicen a s\u00ed mismos, liber\u00e1ndose de forma que las victorias del hombre sean signos de Dios, de la grandeza de Dios (cf. GS 34c; 36b; 43a; 55; 57), porque m\u00e1s potencia creadora se requiere para crear un ser imperfecto, que se auto-perfeccione luego \u00e9l mismo, que para crearlo ya perfecto-est\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>homo technicus<\/em> es, pues, secularizante: descalifica y niega a todo dios proclamado como freno a su propia vocaci\u00f3n del transformador y auto-liberador. Lo que supone un giro antropol\u00f3gico aun en la teolog\u00eda<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo: el <em>homo technicus<\/em> comprende que, de haber Dios, Dios <em>no es un elemento<\/em> integrante de la naturaleza ni de la historia. Dios <em>no es un factor<\/em> m\u00e1s que haya que tener en cuenta en los c\u00e1lculos de qu\u00edmica o f\u00edsica o en los proyectos de sociedad: <em>no es un dato<\/em> cient\u00edfico ni un dato humano. Dios le es, pues, in\u00fatil, total y rotundamente, a la hora de transformar la naturaleza y la historia. Cuando se trata de las relaciones con la naturaleza o la historia y el mundo, Dios cae fuera, o m\u00e1s all\u00e1, o en el fondo inaferrable cient\u00edficamente: Dios es <em>el Todo Otro<\/em><a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>. En todo caso, requiere otro tipo de relaciones espec\u00edficas y \u00fanicas con \u00c9l; habr\u00eda que celebrarle en otro plano: es \u00abextr\u00ednseco\u00bb al mundo. Con \u00c9l hay que situarse en el plano de la libertad personal y no en el de la naturaleza y la historia.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El \u00abhomo sapiens\u00bb y la sociedad pluralista y permisiva<\/h4>\n\n\n\n<p>La sociedad moderna ha superado o est\u00e1 en v\u00edas de superaci\u00f3n \u2013con posibilidad, de hecho, de superarlo en unos decenios\u2013 del analfabetismo en todo el mundo. Los pa\u00edses desarrollados, por otra parte, cuentan con niveles cient\u00edficos y culturales altos y crecientes. Hay que hablar del <em>homo sapiens<\/em>, no ya s\u00f3lo por referencia a su constituci\u00f3n originaria de hombre o ser racional, sino tambi\u00e9n como nivel hist\u00f3rico-social. \u00abEscribir un libro\u00bb se pone como tarea de todo hombre desarrollado. Y aunque est\u00e9 lejos de ser realidad en todos, en el mundo se producen anualmente centenares de miles de libros, cada uno con la pretensi\u00f3n de aportar sus reflexiones y ense\u00f1anzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso hace que tenga que hablarse de <em>pluralidad de culturas<\/em>, pero en un sentido nuevo, ya que el fen\u00f3meno actual ha supuesto un cambio cualitativo en la relaci\u00f3n entre las diversas culturas. Fil\u00f3sofos y te\u00f3logos hablan de que se ha llegado a que no pocas de las culturas existentes no pueden llegar a un entendimiento entre s\u00ed, porque carecen de unos principios comunes, desde los cuales, al menos, iniciar un comienzo de entendimiento. Son culturas <em>irreductibles<\/em>, entre s\u00ed, a unos principios comunes<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En virtud de ello, no se puede hablar de principios comunes sobre valoraciones radicales y ultimidades, sobre antropolog\u00edas y concepciones de la vida, de la sociedad, de la historia y del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>A la hora, por tanto, de constituir la sociedad, so pena de incurrir en el recurso a la fuerza, o sea, a la dictadura de base ideol\u00f3gica, no se puede apelar a principios de naturaleza filos\u00f3fica, sino al principio de la libertad, del pluralismo, es decir, a la sociedad plenamente aconfesional y a-ideol\u00f3gica, a la <em>sociedad permisiva<\/em><a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>. Su postulado ser\u00e1 la m\u00e1xima libertad posible para todos, dentro del respeto a un m\u00ednimo de orden social p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El \u00abhomo urbanus\u00bb y la sociedad funcionalista<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a><\/h4>\n\n\n\n<p>Urbanidad, como nota distintiva del hombre urbano, expresaba antes la correcci\u00f3n de formas sociales que se cultivaban y aprend\u00edan en la urbe.<\/p>\n\n\n\n<p>La urbanidad del <em>homo urbanus<\/em> moderno es otra. Sin negarle un m\u00ednimo de formalidades, el <em>homo urbanus<\/em>, viviendo en la gran urbe, en la macr\u00f3polis, no conoce ni a sus vecinos; cada uno vive a su aire y en \u00absu mundo\u00bb; en medio de millares y millones de hombres, vive solo, salvo \u2013si las tiene\u2013 un grupo reducido de amistades que viven distanciadas en la ciudad. El fuerte ritmo acelerado, las distancias, las diversas ocupaciones de cada uno, la configuraci\u00f3n de la vida social de la ciudad por n\u00fameros, siglas, funciones, con contactos moment\u00e1neos de servicios y funciones, sin contactos continuados c\u00e1lidos, hacen que se hable de la <em>jungla de asfalto<\/em> y de vida <em>funcionalista<\/em> en las ciudades. Cada uno es computado seg\u00fan la funci\u00f3n, trabajo o servicio; no se valora a las personas por y en s\u00ed mismas seg\u00fan lo que son, sino seg\u00fan lo que hacen, o, incluso, seg\u00fan lo que parece que hacen.<\/p>\n\n\n\n<p>La soledad humana y la falta de contacto con la naturaleza son, as\u00ed, las caracter\u00edsticas resultantes de ese funcionalismo ciudadano.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El \u00abhomo utilis\u00bb o \u00aboeconomicus\u00bb y la sociedad de consumo<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a><\/h4>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, mencionemos un \u00faltimo aspecto a que ha llegado el <em>homo faber<\/em> moderno.<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad moderna se caracteriza cada d\u00eda con m\u00e1s af\u00e1n por su configuraci\u00f3n en orden a la producci\u00f3n y al rendimiento de bienes econ\u00f3micos. Aun los espacios que le quedan al <em>homo urbanus<\/em> para poderse dedicar a la contemplaci\u00f3n de la naturaleza o al estudio y cultivo de valores superiores, est\u00e1n atormentados por la invasi\u00f3n del consumismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00e9cnica ha posibilitado una gran producci\u00f3n de bienes de consumo; pero a la vez ha condicionado y configurado a la sociedad para producir, de tal modo que, para poder seguir subsistiendo en sus niveles econ\u00f3micos, necesita sostener sus mecanismos de producci\u00f3n por el consumo. Se crean as\u00ed necesidades artificiales superfluas, provocadas y sostenidas por la t\u00e9cnica misma al servicio de tal propaganda por el consumo. El hombre es incitado a consumir, y es tratado como potencial consumidor en funci\u00f3n de su utilidad para sostener y aumentar la producci\u00f3n: es considerado como \u00fatil, es el <em>homo utilis<\/em>, objeto y sujeto para la producci\u00f3n, para el sostenimiento econ\u00f3mico de la sociedad misma, no s\u00f3lo del productor. Es la <em>sociedad de consumo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las novedades hist\u00f3ricas en Espa\u00f1a<\/h2>\n\n\n\n<p>No es dif\u00edcil el ver, m\u00e1s en concreto, esas caracter\u00edsticas de la sociedad moderna en Espa\u00f1a, envueltas, por otra parte, en los acontecimientos pol\u00edticos del \u00faltimo trienio. Simplemente las mencionaremos, para su recuerdo consciente, por ser ya conocidas y vividas por todos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Espa\u00f1a, sociedad nueva<\/h3>\n\n\n\n<p>A Espa\u00f1a se la cita en el noveno o d\u00e9cimo puesto de los pa\u00edses industrializados del mundo. Al haber entrado en la categor\u00eda de \u00abpa\u00eds desarrollado\u00bb, aunque est\u00e9 lejos de los primeros, est\u00e1 ya tocada de las caracter\u00edsticas que hemos mencionado.<\/p>\n\n\n\n<p>Recogemos unos datos m\u00e1s significativos y suficientemente constatables<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Espa\u00f1a, en la d\u00e9cada de los ochenta, alcanzar\u00e1 los 40 millones de habitantes. Su industria provoca ya las notas de la sociedad superindustrial:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Est\u00e1 padeciendo \u2013en la prensa y los medios, en la calle y en las planificaciones\u2013 las caracter\u00edsticas de \u00bb sociedad de consumo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Si en las sociedades superindustrializadas se ha llegado a un ritmo anual de migraci\u00f3n interior que rebasa el 10% de su poblaci\u00f3n, en Espa\u00f1a \u2013seg\u00fan el III Plan de Desarrollo Econ\u00f3mico y Social\u2013 se apunta un nomadismo intenso. Mientras en el decenio de los a\u00f1os ochenta las diecisiete provincias del Sur aumentar\u00e1n su poblaci\u00f3n s\u00f3lo en 750.000, las del Norte lo har\u00e1n en 2.400.000. La poblaci\u00f3n rural se concentrar\u00e1 en las cabeceras de comarcas, que tendr\u00e1n sus servicios y equipamientos urban\u00edsticos para servir a su \u00e1rea de influencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00e1 en Espa\u00f1a 23 \u00e1reas metropolitanas, que, con su poblaci\u00f3n, representar\u00e1n el 53% de la poblaci\u00f3n total. La agricultura y la pesca (primer sector) abarcar\u00e1 en ese decenio el 16% de la poblaci\u00f3n activa; la industria (segundo sector) alcanzar\u00e1 el 42%; y los servicios (tercer sector) abarcar\u00e1 el 42%. Son cifras que se prev\u00e9n y aproximadas, pero nos muestran que entraremos m\u00e1s de lleno en una ciudad urbana que alcanzar\u00e1 el 84% de la poblaci\u00f3n, por v\u00eda, en gran parte, de migraciones interiores, con el consiguiente desarraigo y la consiguiente soledad, que antes ya mencionamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa nueva sociedad industrial-urbana supondr\u00e1 no peque\u00f1a modificaci\u00f3n en la configuraci\u00f3n social del pa\u00eds: al entrar muchos en los servicios y la industria, al crecer los niveles econ\u00f3micos y culturales (toda la poblaci\u00f3n escolar, entre los seis y catorce a\u00f1os en Ense\u00f1anza General B\u00e1sica, y toda la de primer grado de Formaci\u00f3n Profesional que no prosiga estudios superiores, tendr\u00e1 \u2013seg\u00fan previsiones programadas\u2013 ense\u00f1anza gratuita, y el n\u00famero de graduados de estudios superiores crecer\u00e1), aparecer\u00e1 una <em>muy amplia clase social<\/em> (media, o \u2013seg\u00fan valoraciones de preferencia ideol\u00f3gica\u2013 obrera), que ser\u00e1 dinamizador y estabilizador de la convivencia social futura.<\/p>\n\n\n\n<p>La configuraci\u00f3n socio-pol\u00edtico-jur\u00eddica de <em>sociedad permisiva<\/em> alcanzar\u00e1 una vivencia que ha sido ya postulada en el refer\u00e9ndum de la Constituci\u00f3n nueva, el 6 de diciembre de 1978, art\u00edculo 16, que formula la postura a-confesional y a-ideol\u00f3gica del Estado y la libertad confesional e ideol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Los 36 millones de turistas que nos visitaron en 1978 crecer\u00e1n y nos importar\u00e1n, seguir\u00e1n import\u00e1ndonos con mayor intensidad, elementos m\u00e1s intensos y nuevos de cambio social, formas de vida que acelerar\u00e1n el cambio de las formas tradicionales, asimil\u00e1ndonos a los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados, pero tambi\u00e9n m\u00e1s secularizados, m\u00e1s permisivos y m\u00e1s funcionalistas. Esa incidencia se ver\u00e1 aumentada con el crecimiento de salidas de espa\u00f1oles al extranjero, al crecer los niveles econ\u00f3micos. La incorporaci\u00f3n de Espa\u00f1a a la Comunidad Econ\u00f3mica Europea, con su flujo y reflujo de intercambios, contribuir\u00e1 tambi\u00e9n a ese cambio.<\/p>\n\n\n\n<p>No falta quien aprecie que la secularizaci\u00f3n del Estado y de las instituciones p\u00fablicas, la condici\u00f3n de sociedad permisiva, la vida urbana y la sociedad de consumo en Espa\u00f1a se asentar\u00e1n, adem\u00e1s, bajo el signo o modelo de <em>sociedad neocapitalista de portada occidental.<\/em> Eso es decir que la religi\u00f3n contar\u00e1 con libertad para que ella misma, sin corte p\u00fablico, reducida al plano meramente de vida de naturaleza privada (aunque act\u00faa en p\u00fablico), se configure con los que quieran seguirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ese conjunto traer\u00e1 consigo, est\u00e1 trayendo ya, cambios importantes en valores y vivencias socialmente cualificados. As\u00ed, el modelo de familia patriarcal, propio de sociedades preindustriales y todav\u00eda vigente en buena parte de nuestros pueblos, desaparecer\u00e1 en aras del <em>modelo de familia unicelular o nuclear<\/em>. La diferenciaci\u00f3n socio-funcional de los sexos, en el funcionalismo de la sociedad urbana, desaparecer\u00e1. El trabajo de la mujer fuera de casa exigir\u00e1 nuevos estilos de convivencia en la pareja. La tasa de natalidad descender\u00e1 (o mejor, ha descendido ya a niveles europeos: 18 por 1.000) [A. Oresanz, <em>Cambio social y conducta sexual en Espa\u00f1a, <\/em>en <em>Pastoral Misionera <\/em>14 (1978) 493-501]. Las tensiones sociales, dentro del pluralismo encuadrado en un marco pol\u00edtico-jur\u00eddico de un Estado de Derecho, superar\u00e1n su tendencia a la lucha por <em>el pacto, el compromiso o el consenso<\/em>. El \u00e1mbito de la intimidad individual y de la vida privada quedar\u00e1 m\u00e1s defendido frente a los mecanismos estatales, pero se ver\u00e1 invadido \u2013sin ser consciente de ello\u2013 por los resortes de <em>manipulaci\u00f3n<\/em> de los \u00abmedios\u00bb utilizados por la sociedad de consumo, a la vez que quedar\u00e1 aislado por la <em>insolidaridad<\/em> del aislamiento en que se ve el <em>homo urbanus<\/em> por el \u00abcada cual vive su vida\u00bb. Las desviaciones y aun <em>aberraciones sociales<\/em> crecer\u00e1n alarmantemente: libertades sexuales de grupos, delincuencia juvenil, aislamiento rotundo de enfermos y ancianos y desvalidos&#8230;, por la incitaci\u00f3n y provocaci\u00f3n del consumismo provocador de deseos de apropiaci\u00f3n o de recursos para alcanzar goces inmediatos, o de rechazos de todo lo desagradable y doloroso.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>sociedad permisiva<\/em>, incapaz de ofrecer liberaci\u00f3n verdadera y esperanza real, y aun totalitarista en sus exigencias, provocar\u00e1 evasiones en distintas formas refinadas o brutas (drogas, psicopatolog\u00edas), o actitudes escepticistas ante la verdad, o formaci\u00f3n de grupos de rechazo (\u00abel gran rechazo\u00bb de que habla Marcuse), aun radicalizados y revolucionarios en mil modos.<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n y resumen: hemos expresado en s\u00edntesis la nueva sociedad moderna y espa\u00f1ola, sin haber pretendido entrar en otros pormenores, sino s\u00f3lo en los grandes bloques de su configuraci\u00f3n. La pregunta que centra nuestra cuesti\u00f3n es sencilla: \u00bfqu\u00e9 cabida y qu\u00e9 funci\u00f3n puede y debe realizar la Iglesia y la religi\u00f3n en esta sociedad urbana, permisiva, secularizante y consumista?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Discernir y valorar<\/h2>\n\n\n\n<p>A la hora de iniciar el discernimiento y valoraci\u00f3n de tales posturas y realidades hist\u00f3ricas nuevas, no vamos a destacar sus aspectos negativos que otros ya han hecho. Trataremos primero de exponer los grandes principios de valoraci\u00f3n, para luego, en una tercera parte, extraer unas consecuencias m\u00e1s importantes.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La insatisfacci\u00f3n de la nueva sociedad<\/h3>\n\n\n\n<p>Ya las llamadas \u00abteolog\u00edas de la secularizaci\u00f3n\u00bb han sido superadas por sus mismos autores, hacia y por una teolog\u00eda de la celebraci\u00f3n o de la fiesta de Dios en la ciudad<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. El fen\u00f3meno hace previsible un ocaso cercano tambi\u00e9n de las teolog\u00edas que se han derivado de aquellas (\u00abteolog\u00eda de la revoluci\u00f3n\u00bb, \u00abteolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u00bb, etc\u00e9tera).<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la fe cristiana tiene unas exigencias de proyecci\u00f3n social hacia la sociedad, sin que se reduzca, por definici\u00f3n, a la vida privada, como ha destacado la nueva \u00abteolog\u00eda pol\u00edtica\u00bb de hace un decenio escaso.<\/p>\n\n\n\n<p>No tratamos de ellas. Como tampoco de exponer la insatisfacci\u00f3n humana que implica la ciudad o sociedad de consumo, creada para el hombre con aspiraci\u00f3n de liberarse, pero quedando aprisionado en su libertad misma por el permisivismo social que conduce a un escepticismo intelectual y a una perspectiva sin horizonte de esperanza. Ya Marcuse lo ha hecho al acusar a esa sociedad de unidimensional (<em>El hombre unidimensional<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Los presupuestos<\/h3>\n\n\n\n<p>Al no ser objeto de nuestra atenci\u00f3n directa aqu\u00ed el tema religioso como tal, ni el de la revelaci\u00f3n, sino el de la presencia cristiana en la sociedad, damos por presupuestas una serie de afirmaciones. Entre ellas, las m\u00e1s destacadas son: que <em>Dios es el fin \u00faltimo<\/em> \u00abextr\u00ednseco\u00bb del hombre, cuyo fin \u00faltimo \u00abintr\u00ednseco\u00bb, teleol\u00f3gico, es su felicidad, que s\u00f3lo la encontrar\u00e1 en su encuentro personal con Dios; que <em>Dios todo lo cre\u00f3 bueno<\/em>, y que s\u00f3lo por el pecado del hombre se le sublevan y vuelven en contra las cosas al usar de ellas; que Dios cre\u00f3 al hombre muy bueno, a imagen y semejanza suya (B. C. Butler, <em>La notion d'\u00bb\u00edmago Dei\u00bb: sa signification pour l&#8217;\u00e9tique sociale<\/em>, en <em>lstina<\/em> 13 (1968) 451-456); pero que el hombre, Ad\u00e1n. ya en los or\u00edgenes, pec\u00f3, abusando de su libertad, queri\u00e9ndose hacer \u00abcomo Dios\u00bb, y que el <em>pecado original<\/em> ha incidido no s\u00f3lo en perder la amistad con Dios, sino tambi\u00e9n en haber deformado la capacidad moral natural del hombre, que, aun para cumplir dignamente su vida moral natural necesita, con necesidad moral (no f\u00edsica), de la revelaci\u00f3n de Dios y de la gracia sanante de Dios, que, de hecho, se le prestan socialmente por y en la Iglesia; que la fe tiene dimensiones sociales en sociedad privada y p\u00fablica, porque trata no s\u00f3lo de salvar a cada hombre, sino tambi\u00e9n de formar el Reino de Dios y de Cristo, que ha de recapitular toda la humanidad, toda la historia y toda la creaci\u00f3n o cosmos, definitivamente en el \u00faltimo d\u00eda; que la Iglesia fundada por Cristo es ese Reino incoado ya en la tierra, en misterio, y que ella tiene una misi\u00f3n que cumplir no s\u00f3lo respecto a los hombres individuos-personas, sino tambi\u00e9n respecto al mundo entero y a la humanidad entera.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo supuestas esas premisas podemos afrontar la tem\u00e1tica que se nos ha asignado.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ante la t\u00e9cnica y la secularizaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La t\u00e9cnica es buena en s\u00ed misma<\/h4>\n\n\n\n<p>La doctrina revelada ense\u00f1a con claridad que el hombre tiene vocaci\u00f3n dada por Dios para dominar la tierra (Gn 1,26-28; 9,3; Sb 9,3). Por ello el Vaticano II puede repetir con toda claridad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEst\u00e1 ratificado a los creyentes que la actividad humana, individual y colectiva \u2013o sea, el ingente esfuerzo con que los hombres en el decurso de los siglos tratan de mejorar las condiciones de vida\u2013, <em>considerada en s\u00ed misma, responde a la voluntad de Dios<\/em>. Pues el hombre, creado a imagen de Dios, recibi\u00f3 el mandato de que sometiendo a s\u00ed la tierra con cuanto en ella se contiene, rigiese el mundo en justicia y santidad, y que, reconociendo a Dios creador de todo, orientase a \u00c9l su propia persona y todas las cosas, de forma que, sometiendo todas las cosas al hombre, sea admirable el nombre de Dios en toda la tierra\u00bb (GS 34a).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab(Los hombres) pueden con raz\u00f3n ponderar que en su trabajo desarrollan la obra del Creador, atienden al bien de sus hermanos y contribuyen con su trabajo personal a que se cumpla en la historia el designio de Dios\u00bb (GS 34b).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLos cristianos, por tanto, lejos de pensar que las conquistas logradas por los hombres con su ingenio y poder se oponen a la potencia de Dios, y que la creatura racional act\u00faa como rival del Creador, est\u00e1n, por el contrario, persuadidos de que las victorias del g\u00e9nero humano son <em>signo de la grandeza de Dios<\/em> y fruto de su inefable designio\u00bb (GS 34c).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCrece en los cristianos la importancia de la funci\u00f3n de trabajar con todos los dem\u00e1s hombres para la edificaci\u00f3n de un mundo que tiene que construirse m\u00e1s humano&#8230; Pues cuando el hombre, con el trabajo de sus manos y con la ayuda de la t\u00e9cnica, cultiva la tierra para que le produzca fruto y para hacerla morada digna de toda la familia humana, y cuando interviene conscientemente en la vida de los grupos sociales, cumple el <em>designio de Dios<\/em>, manifestado al comienzo de los tiempos, de someter la tierra y de perfeccionar la creaci\u00f3n, y se realiza a s\u00ed mismo. <em>A la vez observa el<\/em> <em>mandamiento de Cristo<\/em> de entregarse en servicio de los hermanos\u00bb (GS 57a-b).<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre, pues, con su trabajo y su t\u00e9cnica, \u00abdesarrolla la obra del Creador\u00bb, es <em>adiutor Dei<\/em>, como dec\u00eda Bergson <em>(Les deux sources de la mora\/e et de la religion<\/em>, 184\u00aa edici\u00f3n [PUF, Par\u00eds 1969], 246-250). Y eso es bueno \u00abconsiderado <em>en s\u00ed mismo<\/em>\u00ab, pues \u00abresponde a la voluntad de Dios\u00bb y al mandato de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Riesgos en el aprecio de la t\u00e9cnica<\/h5>\n\n\n\n<p>Pero el hombre puede hacerlo malo por no superar un doble peligro que encierra esa tarea:<\/p>\n\n\n\n<p>Porque \u00ablas ciencias y la t\u00e9cnica, <em>debido a su m\u00e9todo<\/em>, no pueden penetrar hasta las \u00edntimas causas de las cosas\u00bb, pero \u00abel progreso moderno de las ciencias y la t\u00e9cnica\u00bb, tan acentuado, \u00abpuede favorecer cierto <em>fenomenismo y agnosticismo<\/em> cuando al m\u00e9todo de investigaci\u00f3n que usan estas disciplinas se le considera sin raz\u00f3n como suprema regla para hallar toda la verdad\u00bb (GS 57e).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs m\u00e1s, cabe el peligro de que el hombre, confiando demasiado en los inventos actuales, <em>crea que se basta a s\u00ed mismo<\/em> y deje ya de buscar las cosas m\u00e1s altas\u00bb (GS 57e).<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, en la historia, \u00abincluso en nuestros d\u00edas, no pocos, confiando m\u00e1s de lo debido en los progresos de las ciencias naturales y de la t\u00e9cnica, caen <em>en una como idolatr\u00eda<\/em> de los bienes temporales, haci\u00e9ndose m\u00e1s bien siervos que se\u00f1ores de ellos\u00bb (AA 7 e)<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es \u00e9sa una \u00abcomo idolatr\u00eda\u00bb, por el cultivo de la autonom\u00eda de \u00ablas cosas, dotadas de consistencia, verdad y bondad propias, de propias leyes y orden propio\u00bb (GS 36b; cf. AA 7a); no es agotar toda su realidad, que tiene a la vez, en el fondo mismo de su autonom\u00eda o <em>secularidad<\/em>, el grito profundo de su <em>creaturidad<\/em>, de su referencia a Dios. Es \u00abcomo idolatr\u00eda\u00bb porque se toma la parte como si fuera el todo, y se cierra a considerar ese grito creatural; cultiva una secularidad cerrada. Se ha mundanizado, como absolutizado. Y ah\u00ed se encierra o contiene una actitud o \u00abesp\u00edritu de vanidad y malicia, que transforma a la actividad humana, ordenada al servicio de Dios y del hombre, en instrumento del pecado\u00bb (GS 37e)<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El pecado en el uso de lo temporal que hay que liberar<\/h2>\n\n\n\n<p>La Iglesia, siguiendo la ense\u00f1anza de la revelaci\u00f3n, expresa aqu\u00ed una <em>visi\u00f3n profunda del misterio del pecado original y de su trasfondo diab\u00f3lico<\/em>. En efecto, el hombre tiene que \u00ab<em>referir<\/em> su propia persona y todas las cosas <em>a Dios<\/em>\u00ab, como vimos en el Concilio, \u00abpara que sea admirable el nombre de Dios en toda la tierra\u00bb (GS 34a), de forma que, \u00abcuando act\u00faa transformando las cosas y la sociedad y perfeccion\u00e1ndose a s\u00ed mismo\u00bb (GS 35a), cante sus \u00abvictorias como signo de la grandeza de Dios\u00bb (GS 34c), es decir, que \u00abcuando use las cosas ha de referirlas al Creador\u00bb (GS 36c). \u00abTodos los creyentes, cualquiera que fuera su religi\u00f3n, escucharon siempre la voz y la manifestaci\u00f3n de Dios en las creaturas\u00bb (GS 36c).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero para el hombre, \u00abel progreso humano \u2013seg\u00fan ense\u00f1a la Sagrada Escritura, con la que concuerda la experiencia\u2013, encierra un gran peligro: pues los hombres y los grupos, <em>subvertida la jerarqu\u00eda de valores<\/em> y mezclando el mal con el bien, no miran m\u00e1s que a lo suyo, olvidando lo ajeno&#8230;\u00bb (GS 37a). Y, \u00abpor el olvido de Dios, queda oscurecida la creatura misma\u00bb (GS 36c).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl hombre, creado por Dios en la justicia, ya en el inicio mismo de la historia, <em>por instigaci\u00f3n del maligno, abus\u00f3 de su libertad<\/em>, erigi\u00e9ndose contra Dios y pretendiendo alcanzar su fin al margen de Dios. (Los hombres) conocieron a Dios, pero no le glorificaron como Dios, sino que oscurecieron su coraz\u00f3n y sirvieron a la creatura en vez de al Creador. Esto que nos dice la Revelaci\u00f3n concuerda con la experiencia misma&#8230; Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como principio suyo, el hombre <em>rompe la debida ordenaci\u00f3n<\/em> a su fin \u00faltimo, a la vez que rompe toda su ordenaci\u00f3n, tanto para consigo mismo como para con los dem\u00e1s hombres y las cosas todas creadas\u00bb (GS 13a).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn el decurso de la historia, el uso de las cosas temporales ha sido desfigurado por graves vicios, porque los hombres, afectados por el pecado original, cayeron frecuentemente en muchos errores acerca del verdadero Dios, de la naturaleza del hombre y de los principios de la ley moral: de donde se sigui\u00f3 que se corrompieron las costumbres y las instituciones humanas y se conculc\u00f3 no pocas veces a la persona humana misma\u00bb (AA 7c).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La presencia del Maligno<\/h3>\n\n\n\n<p>Eso fue <em>por instigaci\u00f3n del Maligno<\/em> (GS 13a), es decir, que \u00ablos hombres, <em>enga\u00f1ados por el Maligno<\/em>, se hicieron muchas veces necios en sus razonamientos y trocaron la verdad de Dios por la mentira, sirviendo a la creatura en vez de al Creador\u00bb (LG 16).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa presencia activa, instigadora y enga\u00f1adora del \u00abpadre de la mentira\u00bb, hace que \u00ab<em>una dura lucha contra las potestades de las tinieblas<\/em>, que comenz\u00f3 desde el origen del mundo y durar\u00e1, como dice el Se\u00f1or, hasta el \u00faltimo d\u00eda, est\u00e9 inmersa <em>(pervadit)<\/em> en toda la historia de los hombres\u00bb (GS 37b)<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El misterio de la historia<\/h3>\n\n\n\n<p>Tras lo dicho es preciso que nos percatemos bien de que \u2013seg\u00fan la Revelaci\u00f3n, con la que concuerda la experiencia\u2013 en el fondo de la historia, de la construcci\u00f3n de la sociedad, en el fondo de la pol\u00edtica, nos encontramos con el misterio del pecado del hombre, con el misterio de la lucha con el poder de las tinieblas (Sobre esas \u00abpotestades\u00bb (<em>dynameis<\/em> las llama San Pablo) y tentaciones mesi\u00e1nicas de la pol\u00edtica, v\u00e9ase M. A. Ferrando, <em>Cristianismo y poder civil<\/em>, Madrid 1965, c. l, IV-VI), con el misterio del designio de Dios sobre la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>El Vaticano II nos recuerda que \u00abla compenetraci\u00f3n de la ciudad terrenal y la ciudad celestial no es perceptible sino por la fe; es m\u00e1s, sigue siendo el <em>misterio de la historia humana<\/em>, la cual est\u00e1 <em>perturbada por el pecado<\/em> hasta (que llegue) la plena revelaci\u00f3n de la claridad de los hijos de Dios\u00bb (en el \u00faltimo d\u00eda) (GS 40b).<\/p>\n\n\n\n<p>La gran conclusi\u00f3n inicial, por tanto \u2013tras lo dicho\u2013, es que la pol\u00edtica, la construcci\u00f3n de la ciudad, encierra una densidad teol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa afirmaci\u00f3n no es nueva. Todos los eticistas se han planteado constantemente el problema, que ya formul\u00f3 Dostoiewski en <em>Los hermanos Karamazov:<\/em> \u00abSi no hay Dios, todo es l\u00edcito\u00bb. Las horrendas experiencias de \u00ablos campos de concentraci\u00f3n\u00bb del siglo XX lo confirman en nuestro tiempo de forma bien manifiesta. El problema pol\u00edtico es, en el fondo, problema \u00e9tico, y el problema \u00e9tico es, en el fondo, problema teol\u00f3gico. Donoso Cort\u00e9s, adorn\u00e1ndolo con diversas referencias hist\u00f3ricas y filos\u00f3ficas, lo tuvo como afirmaci\u00f3n central de la pol\u00edtica. Juan Bautista Metz lo ha centrado desde el planteamiento del mundo y de la historia (<em>La teolog\u00eda del mundo<\/em>), y aun los mismos te\u00f3ricos neo-marxistas, aludiendo al lenguaje religioso, llegan a plantearse que el \u00ablogos \u00e9tico\u00bb requiere un \u00ablogos absoluto\u00bb, es decir, plantean el tema religioso, o teol\u00f3gico, porque reconocen que el axioma de que <em>homo supremum bonum homini<\/em>, como suprema norma \u00e9tica, no puede justificarse como absoluto ni por la praxis, ni por s\u00ed mismo, y necesita un afrontamiento ulterior que trasciende lo cient\u00edfico, lo t\u00e9cnico, lo demostrable (as\u00ed, con diversas palabras, Garaudy, Kobakowski, Machovec, Schaff, Bloch&#8230; ).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir: la primera gran consecuencia pr\u00e1ctica para construir la ciudad es que \u00e9sta ha de configurarse <em>abierta al menos<\/em> a la dimensi\u00f3n religiosa; debe posibilitar la dimensi\u00f3n religiosa del hombre, so pena de incurrir en las mayores aberraciones humanas de totalitarismos profundos, por no hablar de que el uso no razonable de la t\u00e9cnica se le vuelve en contra, alterando la ecolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La actuaci\u00f3n de la Iglesia sanante<\/h3>\n\n\n\n<p>Hay que completar el planteamiento teol\u00f3gico de la pol\u00edtica. La doctrina aludida sobre el pecado original nos lleva a ello.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen, <em>var\u00f3n y mujer los cre\u00f3 y vio que eran muy buenos<\/em> (no s\u00f3lo \u00abbuenos\u00bb, como los dem\u00e1s seres que hab\u00eda creado antes) (Gn 2,27 y 31). Pero <em>el pecado original afecta a todos<\/em> los hombres, y as\u00ed el hombre ha quedado y nace <em>herido por el pecado<\/em> (GS 14a), y \u00abpor ello el hombre est\u00e1 dividido en s\u00ed mismo: toda la vida humana, tanto la individual como la colectiva, se presenta, por ello, como lucha, y por cierto dram\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas\u00bb (GS 13b)<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa naturaleza herida se muestra aun en lo m\u00e1s espec\u00edfico del hombre<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>. Pues (el hombre) \u00abpor su interioridad est\u00e1 por encima del universo entero\u00bb ( GS 14b). Pero su \u00ab<em>inteligencia<\/em> no se limita s\u00f3lo a los fen\u00f3menos, sino que puede alcanzar con verdadera certeza la realidad inteligible, si bien, por <em>consecuencia del pecado<\/em>, est\u00e1 en parte <em>oscurecida y debilitada<\/em>\u00bb (GS 15b).<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed la gran afirmaci\u00f3n que hizo el Vaticano I y repite el Vaticano II de que \u2013a escala macrosociol\u00f3gica, dir\u00edamos hoy\u2013 \u00abpara que todos los hombres, en la presente condici\u00f3n del g\u00e9nero humano, puedan conocer f\u00e1cilmente, con firme certeza y sin mezcla de error alguno, las cosas divinas que de por s\u00ed no son inaccesibles a la raz\u00f3n humana, tiene necesidad (moral) de la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 6b).<\/p>\n\n\n\n<p>En su <em>voluntad<\/em>, \u00abm\u00e1s todav\u00eda: el hombre se encuentra incapaz de dominar por s\u00ed mismo eficazmente los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas\u00bb (GS l3b). \u00abLa libertad del hombre est\u00e1 herida por el pecado\u00bb (GS 17).<\/p>\n\n\n\n<p>Y como \u00abla dignidad humana consiste en la obediencia a la ley escrita por Dios en su coraz\u00f3n\u00bb y en su \u00abconciencia, que da a conocer de modo admirable esa ley que se cumple en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo\u00bb (GS 16), \u00abla libertad humana, herida por el pecado, no puede llevar a efecto plenamente esa ordenaci\u00f3n de Dios m\u00e1s que con la ayuda de la gracia de Dios\u00bb (GS 17). (V\u00e9ase n. 168 de <em>Pacem in terris<\/em>, de Juan XXIII).<\/p>\n\n\n\n<p>En otras palabras, teniendo en cuenta que \u00abel pecado disminuye al hombre mismo, impidi\u00e9ndole conseguir su plenitud\u00bb (GS 13b), el hombre, <em>aun para cumplir deberes en lo temporal<\/em> (V\u00e9ase R. Tamames, <em>Ecolog\u00eda y desarrollo, <\/em>Madrid 1977; J. Voigt, <em>La destrucci\u00f3n del equilibrio ecol\u00f3gico, <\/em>Madrid 1971; A. Gortz, <em>Ecologi\u00e9 et politique, <\/em>Par\u00eds 1977), <em>necesita<\/em> reparar su oscurecimiento e incapacidad moral, <em>sanar su herida naturaleza<\/em>. Y como esa reparaci\u00f3n (a\u00fan hablamos de su elevaci\u00f3n-restauraci\u00f3n en el plano sobrenatural) le viene <em>de la revelaci\u00f3n y de la gracia<\/em> de Dios, <em>cuya depositaria es la Iglesia<\/em>, esta Iglesia puede afirmar con toda claridad: \u00abEs de toda la Iglesia el trabajar para que <em>los hombres sean hechos de nuevo capaces<\/em> (capaces reddantur) <em>de restablecer rectamente todo el orden temporal<\/em>\u00bb (AA 7c).<\/p>\n\n\n\n<p>De Cristo es el mensaje revelado y la gracia que aplica la Iglesia. En Cristo es donde se cura la herida de la naturaleza por el pecado original; en Cristo, que es de Dios y es Dios-Hombre. \u00abTodo hombre resulta para s\u00ed mismo un problema no resuelto, percibido con cierta oscuridad&#8230; <em>S\u00f3lo Dios da respuesta plena y totalmente cierta a ese problema<\/em>, Dios que llama al hombre a pensamientos m\u00e1s altos y a una b\u00fasqueda m\u00e1s humilde de la verdad\u00bb (GS 21d).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCuando, por el contrario, falta ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones grav\u00edsimas \u2013como consta hoy con frecuencia\u2013, y los <em>enigmas<\/em> de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan <em>sin soluci\u00f3n<\/em>, hasta el punto de llevar no pocas veces al hombre a la desesperaci\u00f3n\u00bb (GS 21c).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa respuesta de Dios es Cristo. Y el Vaticano II puede a\u00f1adir que \u00abquien sigue a Cristo, el Hombre perfecto, se hace \u00e9l mismo m\u00e1s hombre\u00bb (GS 41 a). \u00abRealmente, <em>el misterio del hombre<\/em> no se esclarece verdaderamente sino <em>en el misterio del Verbo encarnado<\/em>. Pues &#8230; Cristo, el nov\u00edsimo Ad\u00e1n, en su relaci\u00f3n misma del misterio y del amor del Padre, <em>manifiesta plenamente el hombre al hombre mismo<\/em> y le descubre su vocaci\u00f3n \u00faltima\u00bb (GS 22a).<\/p>\n\n\n\n<p>O dicho con palabras pronunciadas en sentido positivo y referidas a la Iglesia: \u00ab<em>Ninguna ley humana<\/em> puede poner tan aptamente a seguro la dignidad personal y la libertad del hombre como el Evangelio confiado por Cristo a la Iglesia\u00bb (GS 41 b)<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPartiendo de la fe, la Iglesia puede rescatar la dignidad humana del incesante cambio de opiniones\u00bb (GS 41 b). \u00abPues el Evangelio anuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios; rechaza <em>toda esclavitud, que fluye radicalmente del pecado<\/em>; venera santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisi\u00f3n; advierte sin cesar que todo talento humano debe proyectarse en servicio de Dios y en bien de los hombres; encomienda, en fin, a todos a la caridad de todos\u00bb (GS 41 b).<\/p>\n\n\n\n<p>Las citas podr\u00edan multiplicarse, en definitiva, para mostrar que Cristo y su Iglesia son <em>moralmente necesarios aun para el comportamiento natural digno<\/em> del hombre (sin contar la absoluta necesidad de Cristo para la \u00fanica vocaci\u00f3n \u00faltima del hombre, que es del orden sobrenatural del amor de Dios como Padre).<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la Iglesia, peregrina e hist\u00f3rica, es no s\u00f3lo la instituci\u00f3n intramundana de la gracia y de la salvaci\u00f3n definitivas. Es tambi\u00e9n la <em>instituci\u00f3n que cura las heridas de la naturaleza<\/em>. Por ello es imprescindible para la posibilidad de una ordenaci\u00f3n y construcci\u00f3n de la ciudad digna del hombre. Los Papas, sobre todo desde Le\u00f3n XIII, han venido repitiendo que la Iglesia es la Maestra de la <em>Ley Natural.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La nueva teolog\u00eda pol\u00edtica de Metz (<em>Teolog\u00eda del mundo<\/em>) ha insistido tambi\u00e9n en que la Iglesia es, adem\u00e1s, la <em>instituci\u00f3n<\/em> (intramundana) <em>cr\u00edtica<\/em> de los comportamientos desviados de la sociedad. Cosa que los Papas dijeron al hablar de la Iglesia, <em>Tutora de la Ley Natural<\/em>. O como repiti\u00f3 Pablo VI, la Iglesia es Maestra en humanismo<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La conclusi\u00f3n de este apartado es sencilla: la sociedad humana, la construcci\u00f3n de la ciudad, necesita de la Iglesia, porque la necesitan sus ciudadanos para <em>volver a ser capaces<\/em> de construir rectamente la ciudad; y la necesita tambi\u00e9n porque s\u00f3lo ella es depositaria de la revelaci\u00f3n de Dios sobre el destino \u00faltimo o la meta de la historia, meta que est\u00e1 en el encuentro \u00faltimo con Cristo, que ha de volver para establecer definitivamente su Reino.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que la ciudad ha de estar <em>abierta a la presencia activa<\/em> de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La singularidad de los cristianos<\/h3>\n\n\n\n<p>De esa necesidad de la revelaci\u00f3n y de la gracia de Cristo, y por lo mismo de la Iglesia, se concluye algo importante que merece ser destacado. S\u00f3lo los cristianos, vistos a escala macrosociol\u00f3gica, son <em>capaces<\/em> de realizar una pol\u00edtica digna, de construir una ciudad adecuada a su dignidad. Porque s\u00f3lo el cristiano queda hecho capaz de asumir y realizar la genuina secularidad. Lo ha destacado incluso la nueva teolog\u00eda pol\u00edtica de Metz<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>, en conformidad con los datos y valores de la fe cristiana: \u00abEn el fondo, s\u00f3lo nuestra fe\u00bb, \u00ab<em>s\u00f3lo el cristiano<\/em> es capaz de tomar completamente en serio la secularidad\u00bb, \u00abde encararse sin encubrimiento con ella y de asumirla como lo que es\u00bb, de \u00ab<em>liberar la secularidad\u00bb amenazada y sacudida por el pecado<\/em>, y por ello tendente a devorarlo todo y convertirse en un Moloc. Esa es tambi\u00e9n la doctrina de los Papas, que subyace en toda su ense\u00f1anza social<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los no-cristianos, pero creyentes, tienen tambi\u00e9n una gran base para no quedar absorbidos por el secularismo; pueden encararse sin desfiguraciones sustanciales con la secularidad. En su interior actuar\u00e1n movidos por su conciencia de creyentes, vivificada e impulsada \u2013aun sin saberlo\u2013 por la gracia de Cristo (cf. LG 16); pero falt\u00e1ndoles la asistencia de la Iglesia, de los medios hist\u00f3rico-institucionales de la Iglesia, de su mensaje y de sus sacramentos, quedar\u00e1n en su <em>capacidad<\/em> macrosociol\u00f3gica y en su capacidad personal, \u00abcon demasiada frecuencia, enga\u00f1ados por el Maligno: &#8230; expuestos a una horrible desesperaci\u00f3n. Por eso la Iglesia&#8230; fomenta encarecidamente las misiones\u00bb, nos advierte el Concilio (LG 16).<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen: que los cristianos son <em>singularmente privilegiados en sus capacidades humanas<\/em> para proyectarse a construir una ciudad digna; s\u00f3lo necesitan fe \u2013y la fe les exige la entrega, como ha destacado con insistencia el Concilio (GS 43; 73-90; LG 36; AA 7,14; AG 21)\u2013. Tienen la plusval\u00eda que deben rendir. Lo cual les responsabiliza, en forma tambi\u00e9n singular, <em>delante de los hombres<\/em> y de la historia, que esperan de ellos lo que ellos pregonan; <em>delante de Dios<\/em>, porque \u00abfaltar a los deberes temporales es faltar a los deberes para con el pr\u00f3jimo, y faltar a los deberes para con el pr\u00f3jimo es faltar a los deberes para con Dios\u00bb (GS 43a); y <em>delante de la Iglesia<\/em>, que tiene que dar testimonio de ordenar el mundo entero, el orden temporal, todo \u00e9l, a Cristo, \u00aba trav\u00e9s de sus hijos\u00bb (cf. AA 2; 7 d; LG 35-36).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Lo com\u00fan de los cristianos con todos<\/h3>\n\n\n\n<p>A pesar de lo dicho sobre la singularidad de los cristianos, \u00e9stos han de percatarse bien de que su singularidad, su plusval\u00eda, el aporte espec\u00edfico que ellos dan, <em>versa sobre la creaturidad<\/em> de las cosas y del hombre, sobre la condici\u00f3n herida de la naturaleza humana por el pecado<em>, no sobre la secularidad<\/em> en s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p>La visi\u00f3n de la creaturidad hace que <em>no se cierre<\/em> la secularidad; que la secularidad no se convierta en secularismo. Pero <em>no dispensa<\/em> del trabajo y esfuerzo por descubrir, formular y dominar la secularidad. Pensar o adoptar la actitud de que basta la fe, de que basta conocer la condici\u00f3n creatural de las cosas para cultivar el mundo y hacerlo nuevo, ser\u00eda fide\u00edsmo, que ya rechaz\u00f3 con claridad P\u00edo XII<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, el Vaticano II insistir\u00e1 muy repetidamente en que los cristianos han de restablecer el buen orden y construir la ciudad, teniendo en cuenta y cultivando las leyes propias de la autonom\u00eda de lo temporal (cf. GS 36; 43; 55-56; 62; 64; 72; 74-75; 78; LG 36; AA 7; 24). En este aspecto han de actuar como ciudadanos con los dem\u00e1s ciudadanos (cf. GS 43b; 44b; 52c; 62; 72; 83; 85a; 88c; 89-90; AA 7e). \u00abLa vocaci\u00f3n espec\u00edfica y propia\u00bb de los cristianos en la comunidad pol\u00edtica est\u00e1 precisamente en que, \u00abdando ejemplo de responsabilidad y de servicio al bien com\u00fan\u00bb, demuestren con los hechos la conjunci\u00f3n arm\u00f3nica de la secularidad con la creaturidad<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>, <em>en una concepci\u00f3n-realizaci\u00f3n integral<\/em> (cf. GS 57 a; 64a). Eso es hacer surgir <em>un nuevo humanismo<\/em> (cf. GS 55a; 57a; 61a; 62f; 64a; 75c).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, el cristiano y la Iglesia acogen cuanto de secularidad obtienen los hombres, sean o no creyentes; pero si la formulasen cerrada, la Iglesia y los cristianos la abrir\u00e1n, \u00abla purificar\u00e1n\u00bb. Por eso el Concilio mismo llega a decir: \u00abLa Iglesia necesita de modo peculiar la ayuda de quienes, por vivir en el mundo, se trate <em>de creyentes o de no-creyentes<\/em>, conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y entienden el sentido \u00edntimo de las mismas\u00bb (GS 44b). \u00abSe deben reconocer y emplear suficientemente en la cura pastoral no s\u00f3lo los principios teol\u00f3gicos, sino tambi\u00e9n los <em>hallazgos de las ciencias profanas<\/em>, sobre todo de la psicolog\u00eda y de la sociolog\u00eda, llevando as\u00ed a los fieles a una vida m\u00e1s pura y madura de la fe\u00bb (GS 62b).<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata, pues, no s\u00f3lo de ver si y hasta qu\u00e9 punto \u00ablas novedades de las nuevas ciencias y doctrinas y de los nuevos inventos\u00bb son \u00ab<em>compatibles<\/em> con los datos de la Revelaci\u00f3n\u00bb \u2013como vimos que dice el Concilio (AG 22)\u2013, sino tambi\u00e9n y, adem\u00e1s \u2013como afirma el mismo Concilio\u2013, \u00abde <em>conjugarlas<\/em> con las costumbres cristianas y con la doctrina cristiana, de forma que la pr\u00e1ctica de la religi\u00f3n y la rectitud de esp\u00edritu procedan en ellos a ritmo con el conocimiento de las ciencias y con los avances diarios de la t\u00e9cnica, y as\u00ed puedan ponderar e interpretar todo con sentido cristiano integral\u00bb (GS 62f; cf. en t\u00e9rminos similares GS 52c-d).<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed esta la imprescindible colaboraci\u00f3n de los cristianos y de la Iglesia, pues, aunque la Iglesia, \u00abel fin que tiene asignado es de orden religioso, sin embargo, <em>precisamente de su misi\u00f3n misma religiosa le fluyen funci\u00f3n, luz y energ\u00edas<\/em> que pueden servir para constituir y consolidar la comunidad humana seg\u00fan la Ley divina\u00bb (GS 42b).<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed, con esa conjunci\u00f3n entre secularidad y creaturidad, con esa secularidad mantenida abierta a su creaturidad, como \u00aben el Reino de Cristo la creatura misma quedar\u00e1 liberada de la esclavitud de la corrupci\u00f3n para la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. Rm 8,21)\u00bb (LG 36a), y como \u00abCristo, a trav\u00e9s de los miembros de la Iglesia, iluminar\u00e1 m\u00e1s y m\u00e1s con su luz salv\u00edfica a toda la sociedad humana\u00bb (LG 36b), y como \u00abcuanto hay de bueno sembrado en el coraz\u00f3n y mente de los hombres y en las formas y culturas propias de los pueblos no s\u00f3lo no perezca, sino que es sanado, elevado y consumado para la gloria de Dios, confusi\u00f3n del demonio y felicidad del hombre\u00bb (LG 17; AG 9).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ante la sociedad pluralista<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Libertad religiosa<\/h3>\n\n\n\n<p>Ante el gran fen\u00f3meno de la sociedad pluralista de nuestro tiempo, que antes explicamos y que lleva a una sociedad permisiva, la Iglesia, consciente de que \u00bbla verdad no se impone de otra forma sino por la fuerza de la verdad misma que penetra suave a la vez que fuertemente en las mentes\u00bb (DH 1b), y \u00abaunque en su vida de Pueblo de Dios peregrinante, a trav\u00e9s de la historia humana, a veces ha tenido comportamientos menos conformes con el esp\u00edritu del Evangelio, e incluso contrarios al mismo\u00bb (DH 12), \u00absin embargo, no s\u00f3lo ha mantenido siempre la doctrina de que nadie sea coaccionado a la fe\u00bb (DH 12), sino que, adem\u00e1s, afirma y \u00abdeclara que toda persona humana\u00bb, \u00absola o asociada con otros, en privado o en p\u00fablico\u00bb, \u00abtiene el <em>derecho a la libertad religiosa<\/em>\u00ab<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>, es decir, \u00aba ser inmune de coacci\u00f3n por parte de cada uno o de los grupos sociales y de toda potestad humana, en materia religiosa\u00bb, .. en la vida social civil\u00bb, \u00bbdentro de los debidos l\u00edmites\u00bb, es decir, \u00abdentro del justo orden p\u00fablico\u00bb (DH 2).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El postulado de reconocimiento, hoy<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a><\/h3>\n\n\n\n<p>Es tan profunda y creciente, \u00aben nuestro tiempo\u00bb, la vivencia de la libertad (DH 1a), y, por otra parte, es tan profunda la irreductibilidad de las diversas culturas vigentes a una unidad de entendimiento b\u00e1sico com\u00fan \u2013como dijimos\u2013, que para respetar la dignidad y libertad de todos los ciudadanos y comunidades religiosas se hizo preciso que el Concilio Vaticano II afirmase con claridad que \u00absi en atenci\u00f3n a las peculiares circunstancias de los pueblos se da a una comunidad religiosa un especial reconocimiento civil en el ordenamiento jur\u00eddico de la ciudad, es necesario que a la vez se reconozca y observe para con todos los ciudadanos y comunidades religiosas el derecho a la libertad en materia religiosa\u00bb (DH 6c).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, el Concilio <em>no insiste<\/em> en que una confesi\u00f3n o comunidad religiosa alcance reconocimiento jur\u00eddico civil singular; ni siquiera para la Iglesia<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a, de hecho, la nueva Constituci\u00f3n, votada en refer\u00e9ndum el 6 de diciembre de 1978, establece, en su art\u00edculo 16, <em>la aconfesionalidad religiosa e ideol\u00f3gica <\/em>del Estado<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>. El articulo 6 del Fuero de los Espa\u00f1oles. que afirmaba que la religi\u00f3n cat\u00f3lica, como \u00fanica de la naci\u00f3n espa\u00f1ola, era la religi\u00f3n reconocida por el Estado espa\u00f1ol (articulo cuyo contenido era reafirmado en el articulo 1 del Concordato con la Santa Sede, de agosto de 1953, y que era incorporado al mismo por su protocolo correspondiente, aunque modificado, abri\u00e9ndolo a la libertad religiosa por el refer\u00e9ndum del 1 de julio de 1967), ha ca\u00eddo rotundamente. Ha sido sustituido por la afirmaci\u00f3n del articulo 16 de la Constituci\u00f3n, en que se dice que el Estado <em>tendr\u00e1 en cuenta las creencias religiosas de la sociedad espa\u00f1ola y mantendr\u00e1 relaciones de cooperaci\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica y las dem\u00e1s confesiones<\/em>; y por el reconocimiento contenido en el pre\u00e1mbulo o proemio del primer acuerdo \u2013de los cinco celebrados con la Santa Sede\u2013 del 28 de julio de 1976, de que la religi\u00f3n cat\u00f3lica es la de la mayor\u00eda de los espa\u00f1oles.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos, por tanto, en nuevos planteamientos de relaciones entre la Iglesia y el Estado. Y hemos de tomar constancia y conciencia bien claras y firmes sobre un hecho de tanta calidad e importancia, con todas sus consecuencias. Despu\u00e9s hablaremos de algunas m\u00e1s importantes consecuencias que de ah\u00ed se derivan.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El postulado de la libertad, hoy<\/h3>\n\n\n\n<p>La Iglesia misma es bien consciente de la vivencia social de la libertad hoy; y de su radical fundamentaci\u00f3n en la dignidad de la persona humana (cf. DH 2-3; GS 73b-e).<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, afirma el gran principio de ordenaci\u00f3n de la sociedad sobre el principio de libertad. Dice el Vaticano II a este prop\u00f3sito: \u00abSe ha de observar el estilo <em>(consuetudo)<\/em> de la libertad integral de la sociedad, seg\u00fan el cual <em>debe reconocerse al hombre el m\u00e1ximo posible<\/em> (quam maxime) <em>de libertad, y no debe restring\u00edrsele sino cuando y en cuanto es necesario<\/em>\u00bb (DH 7c).<\/p>\n\n\n\n<p>La restricci\u00f3n o l\u00edmites o \u00abprotecci\u00f3n de la sociedad civil contra los abusos que puedan darse so pretexto de libertad corresponde principalmente a la potestad civil. Pero no puede hacerse de modo arbitrario&#8230;, sino seg\u00fan <em>normas jur\u00eddicas (que sean) conformes con el orden moral objetivo<\/em>\u00bb (DH 7c), o \u00abdentro de los l\u00edmites del orden moral&#8230;, seg\u00fan un ordenamiento jur\u00eddico leg\u00edtimamente establecido o por establecer\u00bb (GS 74d), \u00abl\u00edmites que se\u00f1ala la ley natural y evang\u00e9lica\u00bb (GS 74e).<\/p>\n\n\n\n<p>Tales l\u00edmites est\u00e1n primero o antes en la conciencia y responsabilidad moral personal y social (OH 7b), y por ello \u00abnada mejor para establecer una vida pol\u00edtica verdaderamente humana que <em>fomentar el sentido interior<\/em> de la justicia y benevolencia y del servicio del bien com\u00fan, <em>y corroborar las convicciones fundamentales<\/em> acerca de la verdadera naturaleza de la comunidad pol\u00edtica, as\u00ed como de su fin, recto ejercicio y l\u00edmites de la autoridad p\u00fablica\u00bb (GS 73e). Es decir, una educaci\u00f3n para la libertad (DH 8; GS 75f).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el Concilio \u2013sin descender a detalles, que no es su funci\u00f3n\u2013 se\u00f1ala tambi\u00e9n los criterios objetivos de la norma moral social, integrados bajo la noci\u00f3n de justo orden p\u00fablico, que repite con reiteraci\u00f3n al hablar precisamente de la libertad religiosa (DH 2a): \u00bbdentro de los debidos l\u00edmites\u00bb, que son: \u00abel justo orden p\u00fablico\u00bb (DH 2b; 3d; 4b; 7c).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">L\u00edmites por el justo orden p\u00fablico<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a><\/h3>\n\n\n\n<p>El Vaticano II no se limita a hablar de la libertad y del orden p\u00fablico. Precisamente porque, bajo el impulso de diversas ideolog\u00edas y postulados de fondo, cabr\u00edan verdaderos abusos, como lo ha mostrado la historia misma del siglo XX y lo sigue mostrando, seg\u00fan se invoc\u00f3 en el aula misma conciliar por no pocos Padres.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que el Vaticano II adjetive con frecuencia tales principios. Y hable de la <em>genuina<\/em> libertad (DH 8a), de la <em>verdadera<\/em> libertad (GS 42d; 3lc; 17a; 20), de la \u00ab<em>justa<\/em> libertad\u00bb (GS 59b-c; 62g); y hable del \u00aborden p\u00fablico <em>justo<\/em>\u00bb (lug. citados).<\/p>\n\n\n\n<p>Con ello, el Concilio muestra que apela no ya a unas doctrinas o teor\u00edas previas, ni siquiera tanto a la suya misma, aqu\u00ed, sobre el hombre y el orden social, sino a la <em>objetividad misma<\/em> de lo que es el hombre, a las \u00abnormas morales (sociales-pol\u00edticas) <em>objetivas<\/em>\u00bb (DH 7c), a \u00ablo exigido objetivamente por el bien com\u00fan\u00bb (GS 74e), a la naturaleza misma, verdad y bondad propias de las cosas, de la persona humana y de la vida social, a sus m\u00e9todos de estudio objetivo (cf. GS 36 sobre autonom\u00eda, y paralelos; DH 14c).<\/p>\n\n\n\n<p>En punto a los l\u00edmites de la libertad socio-c\u00edvica establece tres grandes criterios:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 uno que podr\u00edamos llamar <em>principio jur\u00eddico<\/em>, que es el del respeto y \u00abtutela de todos los derechos de todos los ciudadanos y la pac\u00edfica composici\u00f3n de los mismos\u00bb (DH 7c);<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 otro, el del \u00abcuidado suficiente de esa honesta paz p\u00fablica, que es la ordenada convivencia en la verdadera justicia\u00bb (DH 7c), y que podemos llamar <em>principio pol\u00edtico<\/em>;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 y un tercero, que puede llamarse <em>principio moral p\u00fablico<\/em>, el de \u00abla debida custodia de la moralidad p\u00fablica\u00bb (DH 7c).<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres forman (en sentido asertivo, no exclusivo, pues el Concilio no ha pretendido decirlo todo) la <em>parte fundamental del bien com\u00fan<\/em> (DH 7 e). Es decir, que no agotan las exigencias del concepto y realidad integral del bien com\u00fan, que postula una ulterior realidad a edificar sobre esos fundamentos primeros y b\u00e1sicos. Los tres son <em>principios de naturaleza din\u00e1mica<\/em>, versan sobre \u00abmaterias sometidas a incesante evoluci\u00f3n\u00bb y necesitan \u00abadecuarse a cada pueblo y mentalidad\u00bb (GS 91 b); \u00abel bien com\u00fan, aunque regido en su ra\u00edz radical por la ley eterna (o natural), en sus exigencias concretas, en el decurso del tiempo, est\u00e1 sometido a incesantes cambios, por lo que la paz nunca es cosa adquirida para siempre, sino perpetuo quehacer\u00bb (GS 78a), y exige un ordenamiento en constante necesidad de adecuarse (cf. GS 84); el bien com\u00fan, cuya parte fundamental es el orden p\u00fablico, es realidad social a ir realizando y buscando incesantemente y seg\u00fan la evoluci\u00f3n de cada pueblo (cf. GS 74 y 75).<\/p>\n\n\n\n<p>El conjunto, por tanto, resultante de las nuevas configuraciones socio-jur\u00eddicas de las libertades p\u00fablicas \u2013aun suponiendo que logren serlo en forma objetiva correcta\u2013 en Espa\u00f1a, nos sit\u00faa ante novedades que nos exigir\u00e1n tambi\u00e9n <em>nuevas actitudes y estilos y configuraciones de la presencia de la religi\u00f3n y de la Iglesia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La libertad de la Iglesia<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a><\/h3>\n\n\n\n<p>El primer cambio, ante el pluralismo mencionado y ante la vivencia de libertad, es que la Iglesia <em>insiste en su libertad, bas\u00e1ndose fundamentalmente en que es \u00abuna sociedad formada por hombres<\/em> que tienen el derecho a vivir en la sociedad civil seg\u00fan las normas de la fe cristiana\u00bb (DH 13b), derecho com\u00fan con \u00bbel que debe reconocerse a todos los hombres y comunidades y sancionarse en el ordenamiento jur\u00eddico de la sociedad\u00bb (DH 13c; cf. DH 2a; 15a).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abReivindica \u2013tambi\u00e9n\u2013 la Iglesia su libertad en la sociedad civil y ante toda autoridad p\u00fablica (o Estado) en cuanto autoridad espiritual constituida por Cristo, el Se\u00f1or, a la que por mandato divino le incumbe el deber de ir a todo el mundo y predicar el Evangelio a toda creatura\u00bb; \u00ablibertad sagrada\u00bb, \u00abtan propia suya, en verdad, que quienes la impugnaren, obrar\u00edan contra la voluntad (positiva) de Dios\u00bb (DH 13a-b).<\/p>\n\n\n\n<p>Es, en virtud de este segundo principio, como la Iglesia se proclama no s\u00f3lo independiente en lo intr\u00ednseco de su actuaci\u00f3n (DH 13c), sino <em>tambi\u00e9n sociedad independiente y soberana<\/em> ante el Estado, de modo que \u00abla comunidad pol\u00edtica y la Iglesia son independientes y aut\u00f3nomas entre si, cada una en su propio campo\u00bb, convergiendo \u00abambas, aunque por titulo diverso, en servir a la vocaci\u00f3n personal y social de los mismos hombres; el cual servicio lo ejercer\u00e1n tanto m\u00e1s eficazmente en bien de todos cuanto mejor cultiven entre s\u00ed una sana cooperaci\u00f3n\u00bb (GS 76c). Y la Iglesia \u00abofrece su cooperaci\u00f3n sincera\u00bb (GS 3b).<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a, en la nueva situaci\u00f3n, el Estado reconoce, impl\u00edcitamente al menos, esa independencia soberana de la Iglesia, en el hecho de haber firmado los acuerdos \u00faltimos (26 julio 1976; 3 enero 1979) con la Santa Sede; y reconoce en su Constituci\u00f3n, articulo 16, el principio de cooperaci\u00f3n, y en dichos acuerdos diversas formas concretas de tal cooperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, ante diversas interpretaciones y valoraciones que se han venido a mostrar en las opiniones manifestadas p\u00fablicamente, conviene hacer algunas observaciones o considerandos importantes.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La libertad positiva de la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>Tales observaciones hay que proclamarlas con claridad en dos formas. Una negativa y otra positiva.<\/p>\n\n\n\n<p>En forma negativa, diremos con rotunda claridad que ni la religi\u00f3n, como valor de dimensi\u00f3n social (cf. DH 4a) y como encarnaci\u00f3n institucional en comunidades religiosas, ni la Iglesia, ya m\u00e1s en concreto, son realidades a las que <em>simplemente se les reconozcan en el ordenamiento jur\u00eddico civil una libertad socio-jur\u00eddica de actuaci\u00f3n, porque no atentan contra el justo orden p\u00fablico<\/em>; que se les permita subsistir simplemente porque no merecen una persecuci\u00f3n, o un desconocimiento jur\u00eddico, y sean m\u00e1s controlables por el Estado, teni\u00e9ndolas reconocidas jur\u00eddicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tal concepci\u00f3n merece el rechazo rotundo no s\u00f3lo de todo creyente, cristiano o no-cristiano, sino incluso de todo hombre amante del respeto al hombre<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hay ateos<\/em> que sostienen que \u00abla liberaci\u00f3n del hombre es sobre todo liberaci\u00f3n econ\u00f3mica y social; y mantienen que <em>la religi\u00f3n, por su naturaleza, se opone a esa liberaci\u00f3n<\/em>, por cuanto que la religi\u00f3n \u2013dicen\u2013, al poner la esperanza del hombre en la vida futura y falaz, apartar\u00eda al hombre de la edificaci\u00f3n de la ciudad terrenal. De ah\u00ed que quienes mantienen tal doctrina, al acceder al dominio pol\u00edtico del Estado, atacan violentamente a la religi\u00f3n, difundiendo el ate\u00edsmo, sobre todo en la educaci\u00f3n de la juventud, incluso con el uso de los medios de presi\u00f3n que tiene a su alcance el poder p\u00fablico\u00bb (GS 20b). Conforme a esta concepci\u00f3n se han manifestado algunas figuras representativas de militancias pol\u00edticas<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Queremos dar un cierto cr\u00e9dito \u2013sin que podamos concederlo sin reservas muy serias\u2013 a <em>otros que<\/em>, procedentes de posturas originarias en ese mismo sentido, <em>proclaman ahora que comienzan a descubrir<\/em> en la Iglesia un comportamiento hist\u00f3rico de preocupaci\u00f3n por la liberaci\u00f3n social del hombre, incluso econ\u00f3mico-pol\u00edtica, de forma que la Iglesia no ser\u00eda ya adormidera de los justos afanes por una sociedad m\u00e1s justa<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>. Ponemos reservas \u2013digo\u2013 a tales afirmaciones expresadas, porque aunque la historia de las religiones, e incluso de la Iglesia, tiene p\u00e1ginas no precisamente ejemplares en el comportamiento de sus fieles y cl\u00e9rigos, sin embargo, la historia muestra con mayor luz y fuerza, a cualquiera que la vea en sus emplazamientos y enmarcamientos hist\u00f3ricos, p\u00e1ginas bien brillantes de liberaci\u00f3n incluso socioecon\u00f3mica. La conciencia misma, hoy vigente, de la libertad y de la dignidad de la persona humana, de su igualdad y trascendencia, de su valor por encima de todo lo creado, de que es el motivo y fin de toda sociedad, es fruto en su m\u00e1xima proporci\u00f3n \u2013aun en quienes se mueven contra ella invocando tales t\u00edtulos y valores\u2013 de la predicaci\u00f3n, con la palabra y el ejemplo, de siglos de historia de la Iglesia. No s\u00f3lo es <em>un principio<\/em> que \u00abninguna ley humana puede garantizar la dignidad de la persona y la libertad del hombre con tanta seguridad como el Evangelio confiado por Cristo a la Iglesia\u00bb (GS 41 b), sino que <em>es un hecho bien patente<\/em> que ninguna instituci\u00f3n ha hecho, en la historia, tanto por el hombre como la Iglesia. Por ello, \u00abla Iglesia, por la fuerza del Esp\u00edritu Santo, se ha mantenido fiel esposa de su Se\u00f1or y <em>nunca ha cesado de ser el signo de la salvaci\u00f3n en el mundo<\/em>, a pesar de que no ignora que entre sus miembros, cl\u00e9rigos y laicos, a lo largo de muchos siglos, no han faltado quienes han sido infieles al Esp\u00edritu de Cristo\u00bb (GS 43f); \u00abpor lo que, en la g\u00e9nesis de ese ate\u00edsmo, pueden haber tenido no peque\u00f1a parte los creyentes, en cuanto que por la negligente educaci\u00f3n de la fe, o por la falaz exposici\u00f3n de la doctrina, o incluso por los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado m\u00e1s que revelado \u2013puede decirse\u2013 el genuino rostro de Dios y de la religi\u00f3n\u00bb (GS 19c). Por todo esto, es verdad que, por nuestra parte, \u00abdejando a un lado el juicio de la historia sobre tales deficiencias, debemos tener conciencia de ellas y combatirlas con la m\u00e1xima energ\u00eda para no da\u00f1ar a la difusi\u00f3n del Evangelio\u00bb (GS 43f); pero tambi\u00e9n, por parte de ellos, esperamos gestos m\u00e1s que palabras, que, a juicio de otros militantes de las mismas filas, contradicen su propio sistema doctrinal.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n hemos de rechazar la postura de quienes \u2013todav\u00eda hoy, en postura trasnochada en la historia de las ideas\u2013 mantienen que <em>la religi\u00f3n es cosa meramente privada<\/em> y que, por parte del Estado y de las instituciones p\u00fablicas, <em>s\u00f3lo merece dejarla tranquilamente en paz<\/em>. Olvidan no s\u00f3lo que la fe cristiana se opone a una <em>concepci\u00f3n privatista<\/em> de su propia fe, sino que, incluso en la historia misma de las ideas, se ha superado ya toda <em>\u00e9tica meramente individualista<\/em>, y que los restos que quedan est\u00e1n rotundamente desacompasados. \u00abLas instituciones humanas, privadas y p\u00fablicas, tienen que esforzarse por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre&#8230;, tienen que ir respondiendo gradualmente a las realidades espirituales, que son las m\u00e1s profundas de todas\u00bb (GS 29c; cf. GS 43a).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones humanas es y debe ser la persona humana, que, por su naturaleza misma, tiene del todo necesidad de la vida social\u00bb (GS 25a). \u00abEl orden social, por tanto, y su desarrollo progresivo deben, en todo momento, subordinarse al bien de la persona, ya que la ordenaci\u00f3n de las cosas debe subordinarse al orden de las personas, y no al rev\u00e9s; ya que el Se\u00f1or mismo lo advirti\u00f3 cuando dijo que el s\u00e1bado fue hecho para el hombre y no el hombre para el s\u00e1bado\u00bb (GS 26c). Todas las cosas han sido creadas para el hombre, y el hombre las dispone para su uso; incluso se constituye en sociedad civil para mejor ordenar sus actividades en colaboraci\u00f3n y satisfacer mejor sus propias indigencias y \u00abtener una vida plenamente humana\u00bb. Es decir, crea la sociedad civil \u00abpara mejor alcanzar el <em>bien com\u00fan<\/em>, o sea, <em>aquel conjunto de condiciones<\/em> de vida social con las que los hombres, las familias y las asociaciones puedan lograr con mayor plenitud y facilitar su propia perfecci\u00f3n\u00bb (GS 74a); tambi\u00e9n en su dimensi\u00f3n religiosa (GS 26b), pues se trata del bien integral del hombre (cf. GS 75c), su vocaci\u00f3n integral (GS 57a).<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello el Vaticano II no se limita a exigir para todos los hombres la libertad religiosa que debe reconocer el Estado como un derecho humano anterior a su mismo ordenamiento jur\u00eddico y sancionarlo en \u00e9l \u2013como hemos visto arriba\u2013, sino que, adem\u00e1s, debe <em>crear condiciones sociales positivas<\/em> para el libre ejercicio de la religi\u00f3n: \u00abEl poder civil (el Estado), cuyo fin propio es cuidar el bien com\u00fan temporal, debe <em>reconocer y favorecer<\/em> (favere) <em>la vida religiosa de los ciudadanos<\/em>\u00bb (DH 3e).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abComo el bien com\u00fan de la sociedad es el <em>conjunto de las condiciones<\/em> de la vida social, con las que los hombres puedan lograr <em>con mayor plenitud y facilidad<\/em> su propia perfecci\u00f3n, pertenece esencialmente al oficio de toda potestad civil proteger y promover los derechos inviolables del hombre. Por tanto, la potestad civil debe asumir eficazmente, por medio de leyes justas y por otros medios aptos, la tutela de la libertad religiosa de todos los ciudadanos, y <em>crear las condiciones propicias para fomentar <\/em>(fovendam) <em>la vida religiosa<\/em>, a fin de que los ciudadanos realmente <em>puedan ejercer sus derechos de religi\u00f3n y cumplir sus deberes religiosos<\/em>, y la sociedad misma goce de los bienes de justicia y paz que provienen de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad\u00bb (DH 6b).<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda, pues, no reconocer en verdad los derechos de la persona, los de la naturaleza social de la religi\u00f3n y los de la Iglesia, que un ordenamiento jur\u00eddico civil se limitase simplemente a conceder libertad religiosa, sin preocuparse de facilitarle esas \u00abcondiciones propicias\u00bb. Ser\u00eda tambi\u00e9n no reconocer la vida religiosa de la mayor\u00eda de los espa\u00f1oles-ciudadanos creyentes (y casi todos ellos creyentes cristianos).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ante la sociedad permisiva<\/h2>\n\n\n\n<p>Si \u2013como dijimos\u2013 la sociedad pluralista, con un pluralismo irreductible, puede legitimar el no reconocimiento jur\u00eddico civil de una determinada o unas determinadas confesiones o comunidades religiosas, y consiguientemente el Estado se declara aconfesional religiosa e ideol\u00f3gicamente, ello llevar\u00e1 consigo \u2013est\u00e1 ya llevando y lo ha ya llevado en sus principios a la Constituci\u00f3n\u2013 dos grandes fen\u00f3menos sociales nuevos en nuestra sociedad espa\u00f1ola, como sucede ya en otros pa\u00edses: uno, el llamado consenso; otro, el de una vivencia socio-jur\u00eddica permisiva. Ambos merecen algunas reflexiones.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El consenso<\/h3>\n\n\n\n<p>Ante el hecho sociol\u00f3gico del pluralismo irreductible, no es posible una concepci\u00f3n de justificaci\u00f3n doctrinal-objetiva sobre lo que y c\u00f3mo realizar la sociedad: las concepciones doctrinales con pretensi\u00f3n de objetividad sobre el hombre, la sociedad, el sentido definitivo o \u00faltimo de la vida, el mundo, la historia y el cosmos, precisamente por ser distintas e irreductibles, no pueden reducirse a una concepci\u00f3n com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso, por ello, buscar y hallar, no obstante, <em>algunas normas comunes<\/em> que sean m\u00ednimas, pero suficientes para ordenar la convivencia ciudadana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero por la dicha irreductibilidad, <em>no es posible encontrar<\/em> siquiera ese <em>m\u00ednimo como coincidencia<\/em> de principios comunes de concepci\u00f3n-objetiva; pues los contenidos que cada uno aprecie sobre tales principios serian distintos en su apreciaci\u00f3n de objetividad y de justificaci\u00f3n, aunque coincidan en su formulaci\u00f3n literal.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso lleva entonces a la <em>creaci\u00f3n<\/em> conjunta, por parte de quienes tienen diversas concepciones o ideolog\u00edas o doctrinas, de unos principios, que tratar\u00e1n de buscarlos, para no caer en un puro e inmediato subjetivismo del todo artificioso, en la vivencia social de unas apreciaciones m\u00e1s inmediatas en el ciclo o etapa de la historia en que se est\u00e1, y que por lo mismo cuentan con <em>una cierta vigencia social<\/em>, aunque no ha de pretenderse buscarles una justificaci\u00f3n doctrinal-objetiva com\u00fan. Simplemente <em>pueden servir<\/em> como pautas de comportamiento social para el m\u00ednimo de la convivencia social de esa etapa hist\u00f3rica. En otra era hist\u00f3rica puede que vengan otras vivencias-vigencias, por virtud de otros h\u00e1bitos o \u00abculturas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa <em>creaci\u00f3n o erecci\u00f3n a principios pr\u00e1cticos<\/em> de comportamiento socio-jur\u00eddico se realiza por <em>acuerdo o contrato<\/em> entre las fuerzas vivas representantes del pa\u00eds (d\u00edgase por los l\u00edderes de los partidos pol\u00edticos), o por <em>compromiso<\/em> entre ellos, o por consenso de los mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay, pues, una justificaci\u00f3n doctrinal-objetiva, ni se pretende que la haya. Se da tan s\u00f3lo como \u00faltima justificaci\u00f3n la vivencia social a que se remite por su vigencia social hist\u00f3rica y que se formula por el consenso, que no pasa entonces de ser m\u00e1s que una <em>mera justificaci\u00f3n formal<\/em><a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ulteriores pretensiones de justificaci\u00f3n doctrinal-objetiva ir\u00e1n a decir que eso es mera realidad hist\u00f3rica que se impone (imperativo de la praxis, sobre todo desde Gramsci), o que es el m\u00ednimo vigente de Derecho natural (los iusnaturalistas), o mera creaci\u00f3n social-jur\u00eddica (los positivistas).<\/p>\n\n\n\n<p>Con ello \u2013y es el punto a que quer\u00edamos llegar\u2013 se origina una especie de <em>\u00ab\u00e9tica c\u00edvica\u00bb sin justificaci\u00f3n radical<\/em><a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>. Lo que trae consigo dos grandes problemas: el de que, al faltarle un fundamento o justificaci\u00f3n radical o \u00faltima o absoluta, no puede doblegar a la raz\u00f3n, ni originar convicciones de verdad; con lo que la ley c\u00edvica no puede contar con una fuerza propiamente educativa, no puede justificar un deber de conciencia radical. S\u00f3lo valores secundarios (igualdad, solidaridad pr\u00e1ctica, \u00abbuen nombre\u00bb) o razones incluso menos nobles (pusilanimidad para oponerse a la ley o violarla; conveniencia social; tranquilidad para no complicarse la vida; miedo a ser cogido y castigado&#8230;) pueden ser invocados, en definitiva. De ah\u00ed que, al no contar con base \u00e9tica radical, tenga que ser precisa una mayor actuaci\u00f3n de los medios represivo-preventivos, es decir, un crecimiento de las fuerzas del orden p\u00fablico<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte \u2013y es el segundo problema\u2013, al persistir, por instinto mental, <em>el principio del valor educativo de las leyes<\/em>, y al ser este valor educativo meramente consensual, influir\u00e1 en muchos, sobre todo en los poco formados, produciendo las actitudes morales-\u00e9ticas que corresponden a un tal sistema: unas actitudes moral-\u00e9ticas relativistas y meramente hist\u00f3ricas, sin base radical, trascendente y absoluta. Es decir, sin valor religioso, ni reconocimiento p\u00fablico del valor religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso se refleja en la Constituci\u00f3n misma, que, si bien salva la no-coactividad o inmunidad o libertad de coacci\u00f3n en materia religiosa, prescinde de <em>la religi\u00f3n<\/em> en lo p\u00fablico; y que, por otra parte, define lo que se ha de entender por educaci\u00f3n. La religi\u00f3n queda reducida a lo privado; y la educaci\u00f3n, a lo c\u00edvico (art. 27 \u00a7 2). Y siendo eso lo que tiene vigencia en lo p\u00fablico, eso que es una parte de un todo no considerado ni aceptado, la fuerza educativa de la ley har\u00e1 que no pocos simples consideren que la religi\u00f3n no tiene importancia, y que lo que la tiene es solamente la <em>moral c\u00edvica<\/em>, y aun \u00e9sta en la forma dicha de insatisfacci\u00f3n y relatividad hist\u00f3rica por carecer de justificaci\u00f3n radical.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Vivencia-vigencia sociojur\u00eddica de sociedad permisiva<\/h3>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo me queda que a\u00f1adir aqu\u00ed que todo lo no prescrito y reconocido en el ordenamiento jur\u00eddico a-valorativo est\u00e1 permitido, no-penalizado, protegido por la ley. Aunque se trate de grandes aberraciones que causan gran da\u00f1o a los esp\u00edritus y dignidad de los hombres, y aunque sea contagioso.<\/p>\n\n\n\n<p>A ello hay que a\u00f1adir que, a la hora de concretar en leyes ordinarias los principios de <em>moral c\u00edvica<\/em> contenidos en la Constituci\u00f3n, la concreci\u00f3n que se logre depender\u00e1 de lo que la mayor\u00eda parlamentaria decida en cada momento. Y problemas importantes y decisivos en la moral social, tenidos antes por elemental sentido moral-social como atentatorios contra derechos de terceros, podr\u00e1n obtener \u2013como en otros pa\u00edses est\u00e1 sucediendo\u2013 carta de libre despenalizaci\u00f3n y legalizaci\u00f3n, como en materia de pornograf\u00eda, de aberraciones sexuales, ideol\u00f3gicas, sin detenerse ni ante la vida, como en los casos de aborto (legalizado en no pocos pa\u00edses \u00abcivilizados\u00bb) y de la eutanasia (que ya ha asomado a querer ser legalizada en esos pa\u00edses, como Suecia, Francia, Inglaterra).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, adem\u00e1s, esa sociedad permisiva, fuertemente invadida por el sentido hedonista y utilitarista, por la manipulaci\u00f3n de la propaganda de los \u00abmedios\u00bb en manos potentes del Estado a-confesional, pero utilitarista o econ\u00f3mico, o en manos de potencias econ\u00f3micas, se convierte en sociedad totalitaria, porque ahoga con sus tent\u00e1culos a la vivencia social de los valores nobles.<\/p>\n\n\n\n<p>Si a\u00f1adimos a ello la soledad del <em>homo urbanus<\/em>, nos encontraremos con una sociedad de signo absurdo, desesperante, sin horizontes humanos, como campo de cultivo para la deshumanizaci\u00f3n y el antihumanismo<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Puesta, como principio, la base de un Estado y de un ordenamiento sociojur\u00eddico agn\u00f3stico, a-confesional y a-ideol\u00f3gico, la situaci\u00f3n social de cuantos tienen aspiraciones nobles, de cuantos aspiran a ser hombres dignos, de cuantos quieren una sociedad que ayude al hombre a ser due\u00f1o de s\u00ed y a perfeccionarse, y, especialmente de cuantos tiene fe en Dios y de cuantos son cristianos, se hace sumamente dif\u00edcil, y aun heroica. Tienen que luchar contra todo el ambiente circundante, porque el hedonismo, el utilitarismo, la pornograf\u00eda, la aberraci\u00f3n de los desvalores, les invade aun en las calles, donde los carteles, murales y \u00abmedios\u00bb se lo meten por los ojos, aunque no quieran.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Consecuencias para todos los cristianos<\/h3>\n\n\n\n<p>Eso supone y exige que los hombres todos de buena voluntad y los cristianos tengan que unirse con mayor cohesi\u00f3n e intensidad, tengan que fomentar m\u00e1s y mejor sus comunidades para vivir su fe. Si ya la fe, por definici\u00f3n, viene dada en la comunidad eclesial y tiene que vivirse en comunidad eclesial, viene dada por la predicaci\u00f3n-transmisi\u00f3n de la Iglesia y tiene que alimentarse en las celebraciones de la Iglesia y de su comuni\u00f3n, tendr\u00e1 que cuidar m\u00e1s y mejor el contar con el arropamiento comunitario, aun fuera de los momentos de esas celebraciones. De ah\u00ed la necesidad <em>de comunidades o de grupos<\/em> \u2013ll\u00e1mense de base o de otro nombre\u2013 en que, con contactos m\u00e1s frecuentes, se ayuden en mutuas interpelaciones personales para vivir esa su fe, compensando en esa compa\u00f1\u00eda la soledad \u00aburbana\u00bb, la invasi\u00f3n del ambiente y la manipulaci\u00f3n antes dicha<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy necesarios son esos grupos, y por ello alcanzan una gran abundancia y proliferaci\u00f3n en todos los que \u2013cristianos y no-cristianos\u2013 se sienten en la necesidad de fomentar las vivencias de sus principios de vida. Pero no bastan. Es tambi\u00e9n preciso \u2013y aqu\u00ed las fuerzas vivas de los cat\u00f3licos deber\u00e1n mostrar con mayor eficacia su esp\u00edritu evang\u00e9lico\u2013 que lleguemos al <em>plano de las instituciones<\/em><a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a>. Al carecer ya la religi\u00f3n de puesto p\u00fablico, propiamente dicho, en la sociedad y en su estructuraci\u00f3n en virtud de la a-confesionalidad, con todas las consecuencias que hemos tratado de sintetizar, se impone sustituir, del modo que sea posible, esa carencia con la creaci\u00f3n de instituciones propias, fuertes y consistentes, que realicen influjo de formaci\u00f3n y sostenimiento a escala social.<\/p>\n\n\n\n<p>Las <em>asociaciones apost\u00f3licas<\/em> tendr\u00e1n que revitalizarse, centrando con mayor fuerza su atenci\u00f3n en los valores m\u00e1s esenciales de la vida cristiana, en la formaci\u00f3n misma de la fe. Los <em>maestros y educadores cristianos<\/em> habr\u00e1n de potenciar su unidad para una mayor actuaci\u00f3n de grupo social. Las <em>asociaciones de padres y de matrimonios<\/em> habr\u00e1n de intensificar su actuaci\u00f3n. Todas las obras de la Iglesia, especialmente <em>la catequesis y la formaci\u00f3n de la juventud<\/em>, deber\u00e1n cobrar nuevos vigores. Todo tendr\u00e1 que orientarse hacia lo m\u00e1s fundamental, como es la formaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, adem\u00e1s, ser\u00e1 preciso que los cristianos que tienen medios, especialmente ellos, creen instituciones fuertes: centros de estudios y publicaciones, universidades, academias&#8230;, aspectos de realidad que, en nuestro pa\u00eds, por razones o excusas que no son de exponer ahora aqu\u00ed, cuentan con poca tradici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso <em>los profesionales que ejercen actividades m\u00e1s afines a los valores cristianos en la vida social<\/em> \u2013como abogados, juristas, pol\u00edticos, m\u00e9dicos, profesores&#8230;\u2013 habr\u00e1n de unirse con mayor eficacia para formar y difundir los criterios y principios cristianos en la vida social, incluso en la vida legal y pol\u00edtica del pa\u00eds. Asociaciones de juristas cat\u00f3licos, de m\u00e9dicos cat\u00f3licos, de pol\u00edticos cat\u00f3licos&#8230;, por encima de sus militancias en partidos pol\u00edticos, deber\u00e1n actuar en la formaci\u00f3n y difusi\u00f3n de los principios cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si la legislaci\u00f3n que siga es consecuente con el principio proclamado en la Constituci\u00f3n, de que \u00abse reconoce a las personas f\u00edsicas y jur\u00eddicas la libertad de creaci\u00f3n de centros docentes\u00bb (art. 27 \u00a7 6), fijando simplemente las condiciones requeridas por el bien com\u00fan para esa libertad de creaci\u00f3n, sin estatalizarla, se impone con urgencia singular la <em>creaci\u00f3n de universidades y centros superiores<\/em> inspirados en los altos principios de la fe<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a>, creaci\u00f3n que habr\u00e1n de procurar en forma especial cuantos tienen fuerzas y medios, como una responsabilidad social-cristiana singular. Ya hemos mencionado antes que sobre esto hay poca tradici\u00f3n en nuestro pa\u00eds. Pero los intelectuales y profesores cristianos y cuantos cuentan con medios habr\u00e1n de inventar todos los medios, para unirse, actuar juntos, y unir esfuerzos para que se garantice la formaci\u00f3n y futuro de cristianos que act\u00faen por propia vocaci\u00f3n en tan necesario campo de las ideas y de la cultura. Hablando a intelectuales, como lo estoy haciendo, no necesito extenderme m\u00e1s en este punto, que lo conocen y viven de lleno en su vida cristiana. Lo que se hace ya en otros pa\u00edses les servir\u00e1 de ejemplo y de aliciente.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Consecuencias de comportamientos pol\u00edticos<\/h3>\n\n\n\n<p>Culturas cristianas puede haber muchas. En realidad, lo son cuantas sean compatibles con los datos de la fe, y son asumidas en esa integraci\u00f3n de totalidad que hace la fe. Queremos decir que no hay s\u00f3lo una o unas pocas culturas cristianas, y que puede haber m\u00e1s de las que han surgido en la historia. En definitiva, es cultura cristiana la que sabe ordenar los saberes y los descubrimientos de los saberes <em>seg\u00fan la jerarquizaci\u00f3n de los mismos bajo la suprema sabidur\u00eda de ordenarlo todo a Cristo, y por Cristo a Dios<\/em>. Hay momentos en la historia en que esa jerarquizaci\u00f3n no es del todo acertadamente hecha por el sabio, o acertadamente vista por los dem\u00e1s, dando origen y ocasi\u00f3n a dificultades, tensiones, discusiones y aun incomprensiones. La historia muestra ejemplos, tipificados incluso, de ello. Pero no debe desanimar a los sabios: ellos saben comprender que la sabidur\u00eda y la cultura lleva consigo, no pocas veces, actitudes de profetas. Lo que importa siempre es la recta intenci\u00f3n y expresi\u00f3n de y por mantener la dicha jerarquizaci\u00f3n; porque la depuraci\u00f3n cr\u00edtica de los cultos y sabios ir\u00e1 comprobando si aquella pretendida jerarquizaci\u00f3n fue verdadera o m\u00e1s bien ilusionada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pol\u00edticas a lo cristiano caben tambi\u00e9n muchas. En definitiva, la pol\u00edtica es un arte de conjugaci\u00f3n de medios y de ordenaci\u00f3n de comportamientos socio-humanos en orden a un bien com\u00fan que se trata de construir, de edificar, mediante un proyecto intencional. Pero para ser pol\u00edtica cristiana, o que tenga cabida en lo cristiano, ha de respetar la <em>condici\u00f3n humana integral del hombre<\/em>, sin partirlo, ni negarle nada al hombre de cuanto el hombre es por naturaleza y debe tender a ser por vocaci\u00f3n personal propia y por la vocaci\u00f3n divina de Dios en Cristo. Dentro de esta suprema y ordenada jerarquizaci\u00f3n caben muchos proyectos y formas de lograrlo en esta vida conjugada en vida social com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro, pues, de una pluralidad de culturas y de una pluralidad de proyectos pol\u00edticos ha de haber la presencia del valor cristiano, que es decir, con mejores y m\u00e1s acertadas palabras, la presencia de Cristo y de Dios. Porque han de mantener el principio del Ap\u00f3stol: <em>Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios <\/em>(1Cor 3,22-23).<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que, si bien no en cada detalle, s\u00ed al menos cuando se trate de cuestiones especialmente cualificadas, y sobre todo cuando se trate de ver la cohesi\u00f3n del conjunto del sistema cultural o pol\u00edtico de cada uno o de cada grupo, se imponga manifestar abiertamente la jerarquizaci\u00f3n dicha, tanto por. raz\u00f3n de los sistemas mismos y de quienes los sustentan como por raz\u00f3n de los dem\u00e1s. Los sabios y los pol\u00edticos que creen en Cristo no deben ni avergonzarse de Cristo ni tener complejo de su fe. Sepan que el testimonio expl\u00edcito, en esos casos, hecho con normalidad y elegancia, edifica a los dem\u00e1s, muchas veces con una fuerza que ni ellos mismos intuyen ni perciben. Y ello para no hablar ya de que Cristo mismo nos pide <em>confesarle delante de los hombres<\/em> para que \u00c9l nos pueda confesar luego delante de su Padre (cf. Mt 10,32). Los cultos y los pol\u00edticos, dedicados a una vida m\u00e1s p\u00fablica, est\u00e1n m\u00e1s obligados a mostrar que <em>la fe no es privatista<\/em>, ni en sus contenidos, ni en su vivencia, ni en su proyecci\u00f3n a la vida social.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso lleva consigo la exigencia de una plena coherencia entre su vida p\u00fablica y su vida privada, entre sus principios y su cumplimiento, entre su fe y su vida ( cf. AA 13 b); una <em>s\u00edntesis vital<\/em> entre sus trabajos y dedicaciones y los valores religiosos, bajo cuya suprema jerarquizaci\u00f3n todo se coordina para la gloria de Dios (cf. GS 43a).<\/p>\n\n\n\n<p>Y hoy, con un planteamiento sociopol\u00edtico de <em>a-confesionalidad<\/em>, se impone con mayor urgencia la <em>confesi\u00f3n<\/em> de la propia fe.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ante la sociedad de consumo<\/h2>\n\n\n\n<p>El sentido hedonista y utilitarista de la sociedad de consumo llega a enrollarse en s\u00ed mismo: la producci\u00f3n, que es un medio para satisfacer un consumo necesario, convierte, para sostenerse y crecer, al consumo en medio suyo. Provoca el consumo a trav\u00e9s de la incitaci\u00f3n al sentido utilitarista y hedonista. Crea con ello, a trav\u00e9s de sus potentes medios de propaganda, todo un ambiente que, carente de otros valores, produce incitaciones a conductas que da\u00f1an a la sociedad misma en cuanto humana.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia, el pansexualismo, la codicia, la envidia social, excitados, provocan no s\u00f3lo niveles bajos de humanismo, sino incluso delincuencia creciente, sobre todo en la juventud; producen una alteraci\u00f3n alarmante de la ecolog\u00eda, no s\u00f3lo material, sino incluso moral, hasta el extremo de provocar tipos humanos tarados psicol\u00f3gicamente, porque incide hasta en el ambiente familiar, al que altera, y por consiguiente lo hace inh\u00f3spito para la formaci\u00f3n normal de los hijos (que, por otra parte, se limitan, por hedonismo o por carencia de viviendas materialmente suficientes, hasta por el crimen del aborto).<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad lo sabe, pero prefiere sacrificar al hombre antes que sacrificar sus niveles econ\u00f3micos (una vez satisfechas las necesidades).<\/p>\n\n\n\n<p>Los cristianos tienen que dar aqu\u00ed un ejemplo en firme contradicci\u00f3n con el ambiente. Han de luchar para que a nadie le falten los bienes materiales y espirituales humanos, incluso la fe; pero han de dar tambi\u00e9n un testimonio vivo, incluso de consistencia social y de repercusi\u00f3n social de austeridad, de solidaridad con los desvalidos y los desheredados de responsabilidad humana y cristiana social, para influir en \u00ablas muchas necesarias reformas en la vida econ\u00f3mico-social y en el cambio de mentalidad y de comportamiento\u00bb sociales (GS 63a), y \u00abesforzarse denodadamente&#8230; hasta que lo antes posible sean removidas las ingentes desigualdades econ\u00f3micas, que son a la vez discriminantes individual y socialmente, y que existen hoy y que muchas veces siguen creciendo\u00bb (GS 66a). Los cristianos han de influir de modo ejemplar en hacer vivas socialmente la convicci\u00f3n y la pr\u00e1ctica de que \u00abla finalidad fundamental de la producci\u00f3n no es el mero incremento de los productos, ni el mayor beneficio, ni el poder, sino el servicio al hombre. al hombre integral, teniendo en cuenta sus necesidades materiales y sus aspiraciones intelectuales, morales, espirituales y religiosas; a todo hombre \u2013decimos\u2013 y a todo grupo humano, cualquiera que sea su raza o su pa\u00eds\u00bb (GS 64a); \u00abel progreso econ\u00f3mico debe permanecer bajo el control del hombre. No debe quedar bajo el solo arbitrio de unos pocos, ni de unos grupos que gocen de excesiva potencia econ\u00f3mica, ni de una sola comunidad pol\u00edtica, ni de unas cuantas naciones m\u00e1s potentes&#8230; Ni debe dej\u00e1rsele al mero juego cuasi-mec\u00e1nico de las fuerzas econ\u00f3micas de los particulares, ni solo a la potestad de la autoridad p\u00fablica (o Estado) &#8230; Debe recordarse que los ciudadanos tienen el derecho y el deber, que deben serles reconocidos incluso por la potestad civil, de contribuir, seg\u00fan sus posibilidades, al verdadero progreso de su propia comunidad\u00bb (GS 65).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Dignidad integral del hombre<\/h3>\n\n\n\n<p>El gran principio que debe dominar el \u00e1mbito econ\u00f3mico de toda sociedad es. Pues, doble: el de la <em>dignidad integral del hombre<\/em>, a cuyo servicio est\u00e1 (que hemos ya mencionado), y el de que <em>Dios ha destinado la tierra y cuanto en ella se contiene para uso de todos los hombres y pueblos<\/em> (GS 69a): \u00abde tal forma que los bienes creados <em>deben llegar a todos<\/em> con equidad, bajo la gu\u00eda de la justicia, acompa\u00f1ada de la caridad\u00bb (GS 69a).<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed es donde tiene que entrar en forma ejemplar la iniciativa, la inventiva de los cristianos, formulando unos programas o proyectos de justicia social que sean los m\u00e1s integrales, los m\u00e1s avanzados y los m\u00e1s justos (cf GS 72), en los que \u00abcualesquiera que sean los sistemas de propiedad (que se inventen) acomodados a las legitimas instituciones de los pueblos, seg\u00fan las diversas y cambiantes circunstancias, se tenga que <em>atender siempre a esa destinaci\u00f3n universal de los bienes&#8230; A todos<\/em> los hombres compete el derecho de tener parte de bienes, suficiente para s\u00ed y sus familias\u00bb (GS 69)<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Frente a la manipulaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Como dos grandes bloques se dan hoy en el mundo, seg\u00fan sus concepciones sobre el hombre proyectado a su dimensi\u00f3n social y pol\u00edtica. Son bien conocidos. Ambos, cada uno a su estilo, materialistas y, por lo mismo, ateos. El uno, poniendo su acento <em>en la libertad omn\u00edmoda<\/em> del hombre, que rechaza toda dependencia de Dios. El otro, poniendo su acento <em>en la liberaci\u00f3n<\/em>, sobre todo econ\u00f3mico-social, de ese mismo hombre. Son los dos que menciona el Vaticano II como \u00abate\u00edsmos sistem\u00e1ticos\u00bb actuales (GS 20), y los dos que trata Pablo VI en la carta <em>Octogesima adveniens<\/em> (A. M. Oriol, <em>Socialismo, marxismo, liberalismo. Meditaci\u00f3n sobre la \u201cOctogesima adveniens\u201d <\/em>n. 26-36, en <em>Estudios Eclesi\u00e1sticos <\/em>53 (1978) 209-243), y en la enc\u00edclica <em>Populorum progressio<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La incidencia de ambos en la sociedad es tan fuerte que se ha hecho notar que el inter\u00e9s por la libertad o por la liberaci\u00f3n son motivaciones o categor\u00edas de servicio al mundo, que a quienes las comparten los acercan solidariamente en sus combates con mayor cercan\u00eda o comuni\u00f3n, aun dentro de las filas de cristianos, que la exigencia del testimonio y responsabilidad de la fe, que los dividir\u00eda en sus actitudes y comportamientos cristianos de servicio a ese mismo mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abQuiz\u00e1 la ruptura m\u00e1s grave que se da hoy en la comunidad eclesial como efecto de su presencia en la sociedad proviene de un fen\u00f3meno desconocido hasta el presente: muchos grupos de cristianos se sienten solidarios de grupos no creyentes, con quienes comparten el servicio al mundo, pero se ven totalmente alejados de otros cristianos con quienes, en principio, comparten el testimonio de la fe. Es decir, la solidaridad humana es vivida m\u00e1s fuertemente que la comunidad de fe. No se quiere que la fe sea una barrera al compromiso com\u00fan en la acci\u00f3n, al cual se considera prioritario sobre aqu\u00e9lla. Se afirma que el testimonio de fe divide a los hombres en categor\u00edas, mientras que el servicio al mundo acerca a quienes comparten solidariamente sus combates. En la situaci\u00f3n de estos cristianos comprometidos, muchas veces la persona de Jesucristo se considera m\u00e1s como &#8216;el punto de referencia&#8217; del servicio al mundo que como Aquel de quien se quiere dar testimonio por la acci\u00f3n en la vida social\u00bb<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>. (Las palabras transcritas reflejan \u2013aunque no repiten\u2013 expresiones que hace ya unos a\u00f1os han usado los franceses).<\/p>\n\n\n\n<p>Eso nos refleja efectos de la sociedad laica y secularista, manipuladora hasta producir el <em>hombre unidimensional<\/em> y hasta constituirse en <em>sociedad unidimensional<\/em>, es decir, <em>totalitaria<\/em>, como ha calificado el mismo Marcuse (J. Perea, <em>Para un programa de identidad eclesial, <\/em>en <em>Iglesia Viva <\/em>75 [1978] 278-279).<\/p>\n\n\n\n<p>Es normal que la visi\u00f3n cristiana, que ofrece grandes principios para la vida social posibilite muchas y muy variadas soluciones a los problemas sociales: soluciones discrepantes, legitimas en s\u00ed mismas; pero cuando est\u00e1n en juego aspectos y realidades importantes del bien com\u00fan, les urge unirse, de modo que <em>nunca les sea licito anteponer su propia utilidad al bien com\u00fan<\/em> (GS 75e; cf. GS 43c; 74b-c).<\/p>\n\n\n\n<p>Militantes cristianos hay en los dos grandes bloques que hemos mencionado, porque no se quiere hoy, ante la atenci\u00f3n directa al cultivo de la secularidad, atender a posturas llamadas confesionales, ca\u00eddas incluso \u2013dicen\u2013 en cierto descr\u00e9dito por su insuficiente operatividad frente a dos bloques tan potentes con la potencia de \u00abeste mundo\u00bb. Cierto es que, en ambos bloques, en forma abierta o en forma solapada, no se quiere dar cabida p\u00fablica a la dimensi\u00f3n religiosa. Cierto es tambi\u00e9n que \u00abla Iglesia, aunque rechaza absolutamente el ate\u00edsmo, sin embargo, profesa sinceramente que todos los hombres, creyentes y no creyentes, deben contribuir a edificar rectamente este mundo en que viven juntos\u00bb (GS 21f). Pero tambi\u00e9n advierte la Iglesia que \u00bb eso no puede ciertamente hacerse sin di\u00e1logo sincero y prudente\u00bb (GS 21f), y que ha de hacerse no sin discernimiento, sino \u00abpara edificar <em>rectamente<\/em> el mundo\u00bb (<em>ib\u00edd<\/em>.), es decir, \u00abcooperando con quienes persiguen <em>id\u00e9nticos fines<\/em>\u00ab(GS 43b), con quienes se atienen a la <em>objetividad<\/em> de la secularidad genuina (cf. GS 44b; 62b) cuando se da \u00abconformidad (objetiva) con los <em>principios morales<\/em>\u00bb (AA 24g); en resumen, \u00ab<em>con los hombres de buena voluntad<\/em> en promover cuanto es verdadero, cuanto es justo, cuanto es santo, cuanto es amable\u00bb (cf. Fil 4,8), como dice el Concilio con frase que gust\u00f3 de usar Juan XXIII (AA 14b).<\/p>\n\n\n\n<p>Eso les exigir\u00e1 no seguir ciegamente las premisas, consignas, disciplina o actuaci\u00f3n de su partido, sino estar constantemente discerniendo, \u00abguiados por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia y movidos por la caridad cristiana, en su actuar directo y concreto, cual ciudadanos con los ciudadanos, con su propia pericia y responsabilidad especificas, buscando siempre y en todo la justicia del reino de Dios, de tal forma que, observando las leyes propias del orden temporal \u00edntegramente, lo hagan conforme a los principios superiores de la vida cristiana, adapt\u00e1ndolo a las circunstancias varias de lugar, tiempo y pueblo\u00bb (AA 7e) y siguiendo la voz de \u00abla jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica, que ense\u00f1a e interpreta aut\u00e9nticamente los principios morales que hay que seguir en lo temporal\u00bb (AA 24g; cf. GS 76e).<\/p>\n\n\n\n<p>Eso les situar\u00e1 no pocas veces en la urgencia de tener valent\u00eda para oponerse y para confesar su condici\u00f3n cristiana, como antes dijimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n, a la vez, les sit\u00faa en posici\u00f3n delicada. que deben ponderar a la luz de su fe: la de si pueden dar su voto a representantes suyos, que, por su partido, hacen profesi\u00f3n p\u00fablica y convencida de posturas inconciliables con la fe. Tal cuesti\u00f3n es urgente, porque a la hora de que sus tales representantes en las Cortes tengan que decidir con su voto actuar\u00e1n no conforme a la fe cristiana de quienes les apoyaron y eligieron, sino conforme a sus propias premisas personales y de partido. Lo cual, si en cuestiones dejadas a la libre discusi\u00f3n y decisi\u00f3n de los hombres, no altera la postura de conciencia de los cristianos, si la tocaran las cuestiones en que se encierran directos y decididos contenidos de moral natural o evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello, cuando menos, aconseja \u2013y en el conjunto de lo que es la vida social y pol\u00edtica, urge\u2013 que haya incluso partidos que \u2013aunque en su titulo no lo incluyan\u2013 proclamen sin ambig\u00fcedades, y la cumplan, su condici\u00f3n de cristianos. Como hay otros que, sin rubor, se proclaman marxistas, ateos o agn\u00f3sticos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Instituciones cristianas<\/h3>\n\n\n\n<p>Ya antes hemos hablado de la necesidad de instituciones cristianas en la sociedad, en raz\u00f3n de superar el pluralismo confundente y el permisivismo sociojur\u00eddico. Todo aquello debe ser aducido aqu\u00ed para superar los principios hedonistas y utilitaristas de la sociedad de consumo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero queremos aqu\u00ed insistir en la responsabilidad de los padres y educadores cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia. en medio del mundo, est\u00e1 presente de forma singularmente decisiva en la familia, \u00abc\u00e9lula de la sociedad\u00bb en que nacen nuevos ciudadanos, y a la vez \u00abcomo iglesia dom\u00e9stica\u00bb, en la que \u00abpor el bautismo de los hijos se perpet\u00faa el Pueblo de Dios a lo largo de los siglos\u00bb (LG 11b). y \u00abse muestra como santuario familiar de la Iglesia\u00bb (AA 11d).<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II recuerda que los esposos y las familias tienen su apostolado espec\u00edfico, de \u00abimportancia singular para la Iglesia y para la sociedad civil\u00bb (LG 11b; GE 3a); \u00ablos padres son para sus hijos los <em>primeros pregoneros y educadores de la fe<\/em>\u00bb (LG 11b; AA 11b). Y \u00abhoy parte principal\u00edsima de su apostolado es afirmar decididamente <em>su derecho y deber de educar cristianamente<\/em> a sus hijos\u00bb (AA 11 b). \u00abEs necesario que en la familia cristiana&#8230;, a los hijos se les ense\u00f1e desde sus primeros a\u00f1os a conocer, sentir y adorar a Dios y a amar al pr\u00f3jimo, seg\u00fan la fe recibida en el bautismo\u00bb (GE 3a).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa funci\u00f3n de educar, que pertenece en primer lugar a la familia, necesita de la ayuda de toda la sociedad\u00bb (GE 3b). \u00abRuega, pues, el Concilio a todos los gobernantes y responsables de la educaci\u00f3n que cuiden de que nunca se prive a los <em>ni\u00f1os y adolescentes del sagrado derecho que tienen a ser estimulados<\/em> en apreciar con recta conciencia los valores morales y en abrazarlos con adhesi\u00f3n personal, as\u00ed como tambi\u00e9n en reconocer y amar m\u00e1s perfectamente a Dios\u00bb (GE 1c).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHay que reconocer a los padres&#8230; que son los primeros y principales <em>educadores<\/em> de sus hijos&#8230; con una <em>educaci\u00f3n integral personal y social<\/em>\u00ab, que han de \u00abfavorecer creando un ambiente familiar de amor y de piedad hacia Dios y hacia los hombres. La familia es la <em>primera escuela de las virtudes sociales<\/em> que necesitan todas las sociedades &#8230; En ella encuentran los hijos la <em>primera experiencia<\/em>, tanto <em>de una sociedad humana sana cuanto de la Iglesia<\/em>. Por la familia son introducidos f\u00e1cilmente en el consorcio civil de los hombres y en el Pueblo de Dios\u00bb (GE 3a).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTambi\u00e9n a la <em>sociedad civil<\/em> competen ciertas obligaciones y derechos, en cuanto que a ella pertenece disponer cuanto se requiere para el bien com\u00fan temporal&#8230;, seg\u00fan el principio de su <em>funci\u00f3n subsidiaria<\/em>&#8230;\u00bb (GE 3b). Y ah\u00ed \u00abes preciso que los padres, cuya primera e intransferible obligaci\u00f3n y derecho es educar a sus hijos, gocen de verdadera <em>libertad de elegir escuelas<\/em>&#8230;, <em>excluido, por tanto, todo monopolio<\/em> de escuelas que se oponga a los derechos nativos de la persona humana, al progreso y divulgaci\u00f3n de la cultura misma, a la convivencia pac\u00edfica de los ciudadanos y al pluralismo que rige hoy en muchas sociedades\u00bb (GE 6a-b).<\/p>\n\n\n\n<p>La escuela, pues, \u00abque tiene una importancia singular entre todos los medios de educaci\u00f3n\u00bb (G E 5 ); la escuela, en todos sus grados, debe encontrar la ayuda de los cristianos, \u00absobre todo por medio de las asociaciones de padres de familia\u00bb, y ello en \u00bbtoda la labor de la escuela, m\u00e1xime en la educaci\u00f3n moral que en ella debe darse\u00bb (GE 6c), \u00abteniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y favoreciendo la debida libertad religiosa\u00bb, de forma que \u00aben todas las escuelas se d\u00e9 a los hijos una educaci\u00f3n conforme a los principios morales y religiosos de las familias\u00bb (GE 7b), \u00absin que se les coaccione a asistir a lecciones escolares que no correspondan a la convicci\u00f3n religiosa de los padres, o sin que se les imponga un sistema \u00fanico de educaci\u00f3n del que se excluya del todo la formaci\u00f3n religiosa\u00bb (DH 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a todo eso caben los riesgos de que los padres se dejen absorber por los criterios de la sociedad hedonista de consumo, o de que vivan disociando sus principios cristianos de su conducta, repercutiendo con ello en forma decisiva en la educaci\u00f3n de sus hijos. El Concilio pide que, para mutua ayuda y sostenimiento, \u00ablas familias se re\u00fanan por grupos\u00bb (AA 11f) y constituyan <em>asociaciones familiares<\/em> (GS 52t).<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a los abusos estatales que no respeten la \u00ableg\u00edtima autonom\u00eda de la familia\u00bb y el primario \u00abderecho de los padres a educar cristianamente a sus hijos en el seno de su familia\u00bb, \u00ablos esposos y los dem\u00e1s cristianos, junto con los dem\u00e1s hombres de buena voluntad, deben cooperar para que se conserven inconcusos tales derechos en la legislaci\u00f3n civil\u00bb (AA 11c).<\/p>\n\n\n\n<p>Hablemos tambi\u00e9n, \u00bbpor \u00faltimo, del deber de educar que compete <em>por singular t\u00edtulo a la Iglesia<\/em>, no s\u00f3lo porque como sociedad humana ha de ser tambi\u00e9n reconocida capaz de educar, sino sobre todo <em>porque<\/em> tiene la funci\u00f3n de anunciar la salvaci\u00f3n a todos los hombres\u00bb (GE 3c). \u00abCon ello, a la vez, presta ayuda a todos los pueblos para promover la perfecci\u00f3n <em>integral<\/em> de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrenal y para la edificaci\u00f3n de un mundo m\u00e1s humanamente configurado\u00bb (GE 3c). \u00abPor eso el santo Concilio proclama de nuevo el derecho de la Iglesia a establecer y dirigir libremente escuelas de cualquier orden y grado, como ha declarado ya en muchos documentos del Magisterio, recordando al mismo tiempo que el ejercicio de este derecho contribuye grandemente a la libertad de la conciencia, a la protecci\u00f3n de los derechos de los padres y al progreso de la cultura misma\u00bb (GE 8b).<\/p>\n\n\n\n<p>Y teniendo en cuenta lo delicado de la educaci\u00f3n cristiana de la fe y en la fe, el mismo Concilio \u00abrecuerda a los padres cristianos <em>el deber de confiar sus hijos<\/em>, cuando y donde les sea posible, <em>a las<\/em> <em>escuelas cat\u00f3licas<\/em>, de sostenerlas conforme a sus fuerzas, y de colaborar con ellas en bien de sus hijos\u00bb (GE 8c).<\/p>\n\n\n\n<p>Este deber de ayudar a las escuelas y centros cat\u00f3licos lo exhorta el Concilio no s\u00f3lo a todos los padres, sino tambi\u00e9n a todos los fieles y \u00abencarecidamente a los Pastores de la Iglesia, sin escatimar sacrificios\u00bb, \u00abante todo en atender a las necesidades de los pobres, a los que se ven privados de la ayuda y afectos familiares o que no participan del don de la fe\u00bb (GE 9c).<\/p>\n\n\n\n<p>Y proclama tambi\u00e9n el Concilio la urgencia no s\u00f3lo de Universidades y Facultades de estudios eclesi\u00e1sticos, sino incluso de estudios civiles, de escuelas profesionales, t\u00e9cnicas, de institutos y de magisterio, de forma que \u00abse haga como p\u00fablica, estable y universal, la presencia del pensamiento cristiano en todo el af\u00e1n por promover la cultura m\u00e1s elevada, y sus alumnos, verdaderamente prestigiados por su doctrina, est\u00e9n preparados para desempe\u00f1ar las funciones m\u00e1s responsables en la sociedad y para ser testigos de la fe en el mundo\u00bb (GE 10a).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Presencia de lo religioso y de la Iglesia en Espa\u00f1a, hoy<\/h2>\n\n\n\n<p>Expuesta una s\u00edntesis sobre los principios de la vivencia social de la religi\u00f3n y de la Iglesia, teniendo en cuenta el estilo de la sociedad del mundo actual, nos queda la visi\u00f3n concreta de esa presencia en la Espa\u00f1a actual, que ha dado un paso a sociedad de nueva configuraci\u00f3n sociopol\u00edtica, que ha formulado su nueva Constituci\u00f3n recientemente (el 6 de diciembre de 1978), y que est\u00e1 en camino de formular su nueva configuraci\u00f3n de legislaci\u00f3n ordinaria, tras los pasos de la nueva Constituci\u00f3n de las Cortes. Esa nueva configuraci\u00f3n concreta de bien com\u00fan supone una educaci\u00f3n apropiada (Cf. XXXIX Semana Social de los Cat\u00f3licos de Italia, <em>Diritti dell&#8217;uomo ed eaucazione al bene commune<\/em>, 1968: Episcopado Espa\u00f1ol &#8211; Card. Taranc\u00f3n &#8211; Mons. E. Yanes, <em>Los valores religiosos y morales en la Constituci\u00f3n<\/em> (Declaraci\u00f3n, discurso y conferencia), Madrid 1977; J. J. Tamayo Acosta, <em>Un proyecto de Iglesia para el futuro de Espa\u00f1a<\/em>, Madrid 1978).<\/p>\n\n\n\n<p>No haremos sino mencionar los puntos m\u00e1s salientes, cuidando de no repetirnos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ante la secularidad y la t\u00e9cnica<\/h3>\n\n\n\n<p>Cerrar la realidad, sea \u00e9sta la c\u00f3smica, la hist\u00f3rica o la humana, es asfixiante. Todo creyente, y m\u00e1s conscientemente el cristiano \u2013dijimos\u2013, lucha por mantenerla abierta, porque no puede admitir el suicidio de su esp\u00edritu<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijimos que la Iglesia, la Iglesia peregrinante, la gran instituci\u00f3n intramundana, vela, ense\u00f1a y urge esa apertura de la secularidad del hombre. Ahora bien, siendo en Espa\u00f1a constitucionalmente reconocido que \u00bb los poderes p\u00fablicos tendr\u00e1n en cuenta las creencias religiosas de la sociedad espa\u00f1ola\u00bb (art. 16 \u00a7 3), y resultando que el Estado espa\u00f1ol en su Acuerdo con la Santa Sede (de 28 de julio de 1976, proemio), reconoce \u00bb que debe haber normas adecuadas al hecho de que la mayor\u00eda del pueblo espa\u00f1ol profesa la religi\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb, es l\u00f3gico esperar en la promesa que encierran esas palabras, y m\u00e1s a\u00fan en las que siguen en el articulo citado de la Constituci\u00f3n, que a\u00f1ade: \u00aby (los poderes p\u00fablicos) <em>mantendr\u00e1n las consiguientes relaciones de cooperaci\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica y las dem\u00e1s confesiones<\/em>\u00ab. Es una promesa rubricada por refer\u00e9ndum, llena de posibilidades para que la libertad religiosa no quede encerrada en un mero respeto negativo de simple legalidad o tolerancia legalizada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa libertad religiosa y de culto de los individuos y las comunidades\u00bb que \u00abse garantiza\u00bb en el articulo 16 \u00a7 1 de la Constituci\u00f3n, se ampara, tambi\u00e9n ella, en el principio del articulo 9 \u00a7 3 de la misma Constituci\u00f3n, seg\u00fan el cual \u00abla Constituci\u00f3n <em>garantiza&#8230; la interdicci\u00f3n de la arbitrariedad<\/em> de los poderes p\u00fablicos\u00bb. Lo cual es tambi\u00e9n una promesa solemnemente refrendada, llena de posibilidades, y que remite, impl\u00edcitamente, a principios <em>de objetividad<\/em> que, para la libertad religiosa en sus manifestaciones, ser\u00e1, en su aspecto de l\u00edmites, \u00abla necesaria (limitaci\u00f3n) para el mantenimiento del orden p\u00fablico\u00bb (articulo 16 \u00a7 1), y para la actuaci\u00f3n positiva del Estado, dos principios: uno general y otro particular: <em>El general<\/em>, el del articulo 9 \u00a7 1, seg\u00fan el cual \u00abcorresponde a los poderes p\u00fablicos <em>promover las condiciones<\/em> para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obst\u00e1culos que impidan o dificulten su plenitud, y facilitar la participaci\u00f3n de todos en la vida pol\u00edtica, econ\u00f3mica, cultural y social\u00bb. <em>El particular<\/em>, el mencionado de que \u00ablos poderes p\u00fablicos tendr\u00e1n <em>en cuenta las creencias religiosas de la sociedad espa\u00f1ola<\/em>\u00bb (art. 16 \u00a7 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero eso es directamente en cuanto a la libertad religiosa propiamente dicha de las personas y comunidades religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e1s grave problema estar\u00e1 en cuanto, establecido tambi\u00e9n el principio de \u00abla libertad ideol\u00f3gica\u00bb (el mismo art. 16 \u00a7 1), para la que vale tambi\u00e9n el principio general citado (del art. 9 \u00a7 1 y 3), los poderes p\u00fablicos tengan que legislar en materias que tocan las convicciones religiosas, y c\u00f3mo hayan de entender el alcance del \u00abtendr\u00e1n en cuenta las creencias religiosas de la sociedad espa\u00f1ola\u00bb conjugado con el principio de que \u00ablos espa\u00f1oles son iguales ante la ley (art. 14 de la Constituci\u00f3n) y en materia legislativa que no sea penal\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Un principio formal, como punto de partida, est\u00e1 en la Constituci\u00f3n, seg\u00fan sus articulados; un principio formal de elaboraci\u00f3n de las leyes est\u00e1 en el mecanismo de las Cortes (arts. 81-92 de la Constituci\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero eso no basta. Autores que han intervenido en la redacci\u00f3n de la Constituci\u00f3n misma han reconocido que el \u00abconsenso\u00bb es justificaci\u00f3n puramente formal, es decir, que no supone acuerdo sobre los contenidos de las expresiones. Tambi\u00e9n se ha hecho notar que con esa misma Constituci\u00f3n podr\u00e1n gobernar, caso de que lleguen al poder, partidos de signos contradictorios, que discrepan diametralmente en materias importantes de derechos humanos y que tocan lo m\u00e1s \u00edntimo de las convicciones morales y religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo hecho, hecho est\u00e1 en la Constituci\u00f3n. Por ello, no podr\u00e1 extra\u00f1ar que el principio de la fe, seg\u00fan el cual \u2013como vimos\u2013 la Iglesia es Maestra y Tutora de la Ley Natural, previsiblemente tenga que expresar su palabra en diversas ocasiones, sin que ello vaya a suponer un \u00abultraje\u00bb a las Cortes, ni \u00abuna incitaci\u00f3n a que el ciudadano desprecie a la ley y al legislador\u00bb, como ha ocurrido poco ha en pa\u00eds cercano<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no entra ni en la t\u00e9cnica legislativa ni en la concreci\u00f3n legal que se haga de los principios naturales, que permiten decisiones distintas; ni tampoco en los juicios prudenciales de mal menor; pero s\u00ed se opone y opondr\u00e1 con su Magisterio y autoridad moral y espiritual a toda ley que atentare a los preceptos negativos naturales y a toda pretensi\u00f3n de cerrar el paso a exigencias positivas de los derechos fundamentales. Es de esperar, por la seria voluntad de acierto y la sana mente de los legisladores, que la Iglesia se limite a animar y alentar, a orientar con altos principios y a formar conciencias.<\/p>\n\n\n\n<p>De todas formas, dentro del principio de libertad religiosa de los individuos y comunidades entra el que unos y otras puedan \u00abmanifestar libremente el valor peculiar de su doctrina para la ordenaci\u00f3n de la sociedad y para la vitalizaci\u00f3n de toda actividad humana\u00bb (DH 4e); implica incluso que la Iglesia, amparada en ese principio y en su misi\u00f3n, \u00abpueda en justicia <em>(ei fas sit)<\/em>, siempre y en todas partes con verdadera libertad (no s\u00f3lo) predicar la fe, ense\u00f1ar su doctrina sobre la sociedad, ejercer su funci\u00f3n sin trabas entre los hombres (sino tambi\u00e9n) dar incluso su juicio moral, aun en materias que tocan al orden pol\u00edtico, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvaci\u00f3n de las almas, utilizando todos y solos los medios que sean conformes con el Evangelio y con el bien de todos seg\u00fan la diversidad de tiempos y situaciones\u00bb (GS 76e; cf. AA 7d y 24g).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo eso supuesto, en la elaboraci\u00f3n de las leyes la responsabilidad moral-social-jur\u00eddica <em>inmediata<\/em> est\u00e1 en las Cortes; y la responsabilidad de base, en la soberan\u00eda del pueblo espa\u00f1ol, a tenor de la Constituci\u00f3n misma (art. 1).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ante el pluralismo y el permisivismo<\/h3>\n\n\n\n<p>En atenci\u00f3n al pluralismo, la Constituci\u00f3n proclama la aconfesionalidad del Estado: \u00abNinguna confesi\u00f3n tendr\u00e1 car\u00e1cter estatal\u00bb (articulo 16 \u00a7 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Eso supone e implica que el Estado no se siente vinculado jur\u00eddicamente con ninguna <em>instancia confesional<\/em> en materia sociojur\u00eddica. Su vinculaci\u00f3n est\u00e1 en el principio expresado, constitucional, de que \u00ablos poderes p\u00fablicos tendr\u00e1n en cuenta las creencias religiosas de la <em>sociedad espa\u00f1ola<\/em>\u00bb (art. 16 \u00a7 3).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia reconoce esa configuraci\u00f3n estatal. Se atiene al principio de la libertad religiosa que ella misma proclam\u00f3 en su declaraci\u00f3n conciliar. Por ello no se opone, antes al contrario, reconoce en plenitud todas las consecuencias que se le derivan del principio de <em>libertad civil <\/em>en materia religiosa, como lo hace en los cinco <em>Acuerdo<\/em>s, firmados por la Santa Sede y el Estado espa\u00f1ol (28 julio 1976 y 3 enero 1979), en forma explicita y concreta.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello obligar\u00e1 a la Iglesia a reforzar sus atenciones ministeriales de magisterio, formaci\u00f3n y cuadros apost\u00f3licos, como dijimos en la parte anterior.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Instituciones de ense\u00f1anza<\/h4>\n\n\n\n<p>En ese nuevo contexto sociojur\u00eddico de libertad civil en materia religiosa merece singular atenci\u00f3n el principio constitucional del articulo 27 \u00a7 6, al que aludimos ya antes: \u00abSe reconoce a las personas f\u00edsicas y jur\u00eddicas la libertad de creaci\u00f3n de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un articulo lleno de promesas. Y esperemos que se lleguen a cumplir por parte del Estado sin discriminaciones y sin estatalismos. Porque la ense\u00f1anza, cuanto a m\u00e1s alto nivel m\u00e1s es, por definici\u00f3n, un servicio prestado a los dem\u00e1s, un servicio social, que ofrecen cuantos se sientan capacitados para ella. <em>Pero no un servicio estatal<\/em><a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a>. Nadie ense\u00f1a algo en nombre del Estado, sino en nombre de la ciencia y de la verdad. Al Estado toca dar las facilidades sociales y la configuraci\u00f3n jur\u00eddica a esa funci\u00f3n social, seg\u00fan los requisitos del bien com\u00fan. Le toca incluso hacer \u00e9l mismo los montajes necesarios de instituciones de ense\u00f1anza all\u00ed donde y en la medida en que no lleguen las iniciativas de las personas y grupos sociales. Pero no erigirse \u00e9l en el maestro de la sociedad; tanto m\u00e1s cuanto que se declara a-confesional, religiosa e ideol\u00f3gicamente, en su misma constituci\u00f3n. Por eso dice bien el art\u00edculo 149 \u00a7 1, n. 30: \u00abEl Estado tiene competencia exclusiva sobre las siguientes materias: &#8230; 30: <em>Regulaci\u00f3n de las condiciones<\/em> de obtenci\u00f3n, expedici\u00f3n y homologaci\u00f3n de t\u00edtulos acad\u00e9micos y profesionales y normas b\u00e1sicas para el <em>desarrollo del art\u00edculo 27<\/em> de la Constituci\u00f3n a fin de garantizar el cumplimiento de las obligaciones de los poderes p\u00fablicos en esta materia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Al Estado toca, pues, establecer esas condiciones y normas de m\u00ednimos, cuyo cumplimiento por parte de cualquiera \u2013sea persona f\u00edsica, o jur\u00eddica, o incluso el Estado mismo en los centros que \u00e9l cree por insuficiencia de las fuerzas sociales\u2013 haga jur\u00eddicamente efectiva, correcta y vigente la libertad de crear centros docentes y de ense\u00f1ar (porque la Constituci\u00f3n tambi\u00e9n afirma, en el art. 27 \u00a7 1, que \u00abse reconoce la libertad de ense\u00f1anza\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a tenemos que superar todav\u00eda toda una concepci\u00f3n estatalista de la ense\u00f1anza.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Universidad libre<\/h4>\n\n\n\n<p>Lo dicho vale tambi\u00e9n sobre la universidad. Hay que terminar con la concepci\u00f3n de que s\u00f3lo el Estado tenga derecho a fundar, establecer y dirigir universidades; o de que s\u00f3lo las universidades estatales sean figuras institucionales propiamente tales de la vida social espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que tener un poco de inventiva para configurar las nuevas leyes sobre ense\u00f1anza y sobre universidades. Hay que superar la postura de que la universidad es un organismo estatal, aunque dentro del gran sistema o mecanismo estatal gozara de una cierta autonom\u00eda interna respecto de su dependencia de otros organismos superiores.<\/p>\n\n\n\n<p>La universidad no puede ser un organismo estatal, porque no ejerce una potestad o autoridad estatal; no es un \u00f3rgano de gobierno en ning\u00fan sentido. La ense\u00f1anza, y m\u00e1s en un Estado a-confesional y a-ideol\u00f3gico, no es susceptible de ser ejercida por autoridad o potestad jurisdiccional o gubernativa de ning\u00fan orden.<\/p>\n\n\n\n<p>La universidad, como todo centro docente, por ejercer una funci\u00f3n social, requiere cumplir unos m\u00ednimos de requisitos exigidos por el bien com\u00fan de la sociedad, como hemos dicho antes. Pero el hecho de esta exigencia \u2013que, por otra parte, se da en toda actuaci\u00f3n social\u2013 no legitima que pueda hablarse de funci\u00f3n <em>estatal o p\u00fablica<\/em> de los centros de ense\u00f1anza. Ni siquiera de los centros creados y sostenidos por el Estado. El Estado, al crearlos y sostenerlos, cumple una funci\u00f3n p\u00fablica, pero lo creado y sostenido no es una instituci\u00f3n p\u00fablica, ni la tal instituci\u00f3n ejerce una funci\u00f3n p\u00fablica o estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>La distinci\u00f3n entre universidades o centros p\u00fablicos y privados no es, pues, correcta, e induce a confusiones de trascendencia jur\u00eddica. Es lo que sucede con el proyecto de ley de autonom\u00eda universitaria (fechada en noviembre de 1978 y presentada en enero de 1979 a las Cortes). Identifica universidad creada y sostenida por el Estado con \u00aborganismo\u00bb y con \u00abp\u00fablica\u00bb; y en lugar de exigir a todas las posibles universidades las mismas condiciones, somete las no estatales a las estatales a trav\u00e9s del \u00abConsejo General de Universidades\u00bb, formado tan s\u00f3lo por los rectores y presidentes de los consejos econ\u00f3micos de las \u00abuniversidades p\u00fablicas\u00bb (cf. sus arts. 32, 33, 69-70; 7 \u00a7 2; 9; 13, 23, 35-37; 42, 52, 53, 54, 60).<\/p>\n\n\n\n<p>Eso en un Estado que se pregona no s\u00f3lo democr\u00e1tico, sino que, adem\u00e1s, \u00abproclama su voluntad de&#8230; establecer una sociedad democr\u00e1tica avanzada\u00bb (proemio de la Constituci\u00f3n), es lo mismo que si la libertad de crear partidos pol\u00edticos (art. 6) o sindicatos (art. 7 y 28) tuviera que someterse al control y aprobaciones previas de distintos puntos decisivos suyos por parte del \u00abpartido oficial\u00bb o del \u00absindicato oficial\u00bb o \u00abp\u00fablico\u00bb o \u00abestatal\u00bb , antes de ser reconocidos por el Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Libre es el Estado de configurar el estatuto <em>econ\u00f3mico<\/em> de los profesores de las universidades que \u00e9l sostenga, por el m\u00f3dulo de \u00abfuncionarios del Estado\u00bb (art. 48 del proyecto), si eso le cuadra bien en su t\u00e9cnica organizativa econ\u00f3mica. Libre es incluso para tener, para las universidades que sostenga, un cuadro o \u00abCuerpo especial de docentes del Estado\u00bb. Pero no ha de concluirse de ah\u00ed que los profesores sean en realidad funcionarios estatales (lo que ser\u00eda no digno de los mismos, que ense\u00f1an en nombre de la ciencia y de la verdad), ni que todo profesor catedr\u00e1tico de universidad tenga que ser previamente perteneciente a tal \u00abCuerpo estatal\u00bb, so pena de tener discriminaciones de excepci\u00f3n a la ley general.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00eda que preguntarse el porqu\u00e9 de un tal \u00abCuerpo docente del Estado\u00bb. En la historia encontrar\u00edamos que su ra\u00edz est\u00e1 en Napole\u00f3n, cuando confes\u00f3: \u00abAl constituir un cuerpo docente, mi fin principal es poseer un medio para dirigir la opini\u00f3n p\u00fablica y determinar la orientaci\u00f3n moral\u00bb<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, que el monopolio \u2013abierto o camuflado\u2013 de la ense\u00f1anza por parte del Estado responde a una concepci\u00f3n estatal ideol\u00f3gica. Y es un hecho que, en Francia, de cuya concepci\u00f3n y ejemplo codificatorio de Napole\u00f3n depende Espa\u00f1a, \u00abel monopolio universitario fue instituido por el emperador con la intenci\u00f3n de que el cuerpo docente, dependiendo del Gobierno, se limitase a proponer una especie de verdad oficial, util\u00edsima para mantener, en vida, al r\u00e9gimen\u00bb<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay, pues, que distinguir con claridad entre centros de ense\u00f1anza <em>que son del Estado<\/em> y centros <em>libres<\/em> de ense\u00f1anza. Todos ellos han de atenerse a las justas exigencias del bien com\u00fan, reconociendo el car\u00e1cter social de toda ense\u00f1anza y someti\u00e9ndose a todas las mismas condiciones-exigencias del bien com\u00fan. <em>Hasta el Pacto Internacional de derechos econ\u00f3micos , sociales y culturales de la ONU<\/em> de 1966, que acompa\u00f1a y complementa a la <em>Declaraci\u00f3n Universal de Derechos Humanos<\/em>, de la misma ONU, de 1948, reconoce expl\u00edcitamente: \u00abArticulo 13 \u00a7 4: &#8230; la libertad de los particulares y entidades para establecer y dirigir instituciones de ense\u00f1anza, a condici\u00f3n de que se respeten los principios enunciados en el p\u00e1rrafo 1, y de que la educaci\u00f3n dada en esas instituciones se ajuste a las normas m\u00ednimas que prescriba el Estado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el p\u00e1rrafo 1 del mismo art\u00edculo dice: \u00abLos Estados Partes, en el presente Pacto, reconocen el derecho de toda persona a la educaci\u00f3n. Convienen en que la educaci\u00f3n debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad, y debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales. Convienen, asimismo, en que la educaci\u00f3n debe capacitar a las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la comprensi\u00f3n, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, \u00e9tnicos o religiosos, y promover las actividades de las Naciones Unidas en pro del mantenimiento de la paz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se ve, precisamente en esos art\u00edculos est\u00e1 calcado, m\u00e1s en breve, el texto de los p\u00e1rrafos 1, 2 y 5 del art\u00edculo 27 de nuestra Constituci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es curioso, por otra parte, que, teniendo Espa\u00f1a una tradici\u00f3n fuerte de universidad es de la Iglesia \u2013las primeras que hubo en Espa\u00f1a lo fueron por ella (Palencia, la primera, en 1208; Salamanca, Alcal\u00e1 y otras muchas)\u2013, en la Espa\u00f1a llamada moderna no haya sido posible una universidad libre hasta hace doce a\u00f1os en Pamplona, con gran retraso sobre otros pa\u00edses europeos y americanos. Y ello por una confusi\u00f3n-identificaci\u00f3n de la Naci\u00f3n al Estado<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es de esperar que la distinci\u00f3n hecha en la Constituci\u00f3n entre Espa\u00f1a, o la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, o el pueblo espa\u00f1ol, de una parte, y el Estado, de otra, al que le emanan sus poderes de la soberan\u00eda nacional de ese pueblo (art. 1), y la proclamaci\u00f3n proclamada de \u00abestablecer (en Espa\u00f1a) una sociedad democr\u00e1tica <em>avanzada<\/em>\u00bb (proemio), hagan que el Estado espa\u00f1ol y la sociedad espa\u00f1ola recuperen tiempos perdidos y se pongan <em>en vanguardia con una realidad viva de<\/em> <em>universidad es libres<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es de esperar tambi\u00e9n que la inercia de estatalismo docente quede desvirtuada por la reclamaci\u00f3n de las Autonom\u00edas, pues ya la catalana y la vasca han formulado en su anteproyecto que les es de competencia exclusiva las \u00abfundaciones de car\u00e1cter docente, cultural y art\u00edstico\u00bb (el vasco, art. 17), aunque cabe el riesgo de que se sustituya la inercia estatalista por la autonomista.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, la universidad libre deber\u00e1 ser una consecuencia y corolario de los principios o \u00abvalores superiores del ordenamiento jur\u00eddico (del Estado espa\u00f1ol), la libertad, la justicia, la igualdad\u00bb (articulo 1 \u00a7 1 de la Constituci\u00f3n), de donde fluye el art\u00edculo 27, p\u00e1rrafo 6, que venimos comentando.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n hay que considerar, como m\u00e1s concreto y aportable, el principio de la libertad religiosa e ideol\u00f3gica, consagrado en el art\u00edculo 16 de la Constituci\u00f3n, y el principio de la libertad de expresi\u00f3n y difusi\u00f3n, consagrado en el art\u00edculo 20, que, llevados a su plenitud, exigen no s\u00f3lo iglesias o lugares de culto (o equivalentes, para los \u00abide\u00f3logos\u00bb) en que fomenten sus propias vivencias, ni s\u00f3lo peri\u00f3dicos o revistas en que expresarse, sino tambi\u00e9n centros en que formar sus ministros y militantes con plena ciudadan\u00eda de y para la actuaci\u00f3n de expandir y ense\u00f1ar, y vivir en unidad de conciencia<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Facultades universitarias civiles de teolog\u00eda cat\u00f3lica<\/h4>\n\n\n\n<p>Es profundamente curioso que, desde hace m\u00e1s de un siglo, no existen en las universidades civiles espa\u00f1olas facultades de teolog\u00eda. Decimos curioso por no emplear otros adjetivos. Como si la teolog\u00eda no fuera una ciencia de inter\u00e9s social con todos los requisitos de ciencia y de cultura superior. Como si en Espa\u00f1a no hubiera habido una historia gloriosa de las facultades de teolog\u00eda. Como si tal cosa tuviera que ser una singularidad \u00fanica en el mundo, que diera complejo al Estado. Como si las naciones libres no mostraran ejemplos vivos de un tal aprecio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso no se ha logrado ni en los \u00abcuarenta a\u00f1os\u00bb de Estado confesional. En el fondo de la cuesti\u00f3n encontraremos siempre la misma raz\u00f3n: el estatalismo docente. El Estado no cae en la cuenta que una facultad de teolog\u00eda cat\u00f3lica (o protestante, o mahometana, o de otra confesi\u00f3n que teniendo consistencia social la reclame con leg\u00edtimo derecho) es siempre una facultad <em>confesional por la naturaleza misma de sus contenidos de estudio y docencia<\/em>; lo cual tiene exigencias espec\u00edficas en su profesorado, aun admitiendo y respetando el principio de \u00abla libertad de c\u00e1tedra\u00bb formulado en la Constituci\u00f3n (art. 20 \u00a7 1c), que siempre ha de ser respetando los contenidos de la misma. Un profesor de f\u00edsica no puede apelar a tal principio para ense\u00f1ar historia de China, por ejemplo; similarmente, un profesor de teolog\u00eda cat\u00f3lica no podr\u00e1 apelar a la libertad de c\u00e1tedra para ense\u00f1ar teolog\u00eda musulmana o protestante.<\/p>\n\n\n\n<p>Un horizonte de esperanza para cubrir esta laguna desacreditante abre el articulo 12 del Acuerdo de Espa\u00f1a con la Santa Sede, del 3 de enero de 1979, sobre ense\u00f1anza. Dice: \u00abLas universidades del Estado, previo acuerdo con la competente autoridad de la Iglesia, podr\u00e1n establecer <em>centros de estudio superiores de teolog\u00eda cat\u00f3lica<\/em>\u00ab. \u00abPrevio acuerdo con la competente autoridad de la Iglesia\u00bb por raz\u00f3n de la naturaleza expresada de estos centros.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya hay, en alguna medida inicial, una c\u00e1tedra de teolog\u00eda cat\u00f3lica en las universidades aut\u00f3nomas de Madrid y en la de Salamanca. Pero un solo profesor queda perdido, por mucho que pueda personalmente hacer. Confiamos en que, en atenci\u00f3n al \u00abhecho de que la mayor\u00eda del pueblo espa\u00f1ol profesa la religi\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb (proemio del primer Acuerdo, 28 julio 1976), en atenci\u00f3n a que \u00ablos poderes p\u00fablicos tendr\u00e1n en cuenta las creencias religiosas de la sociedad espa\u00f1ola (articulo 16 \u00a7 3 de la Constituci\u00f3n), en atenci\u00f3n al valor socio-cient\u00edfico de la teolog\u00eda, en atenci\u00f3n a la historia de Espa\u00f1a, en atenci\u00f3n a un amplio respeto por los principios de libertad positiva proclamados en la Constituci\u00f3n, y en atenci\u00f3n al buen ejemplo de otros pa\u00edses en cuyo \u00e1mbito socioecon\u00f3mico-cultural queremos entrar, las universidades espa\u00f1olas del Estado no tarden en tener sus facultades de teolog\u00eda cat\u00f3lica. Quien ganar\u00e1 con ello ser\u00e1 la misma sociedad espa\u00f1ola, a cuyo servicio est\u00e1, por definici\u00f3n, el Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Perm\u00edtaseme, para cerrar este punto, mencionar tan s\u00f3lo que la \u00abOficina Internacional de Ense\u00f1anza Cat\u00f3lica\u00bb ten\u00eda en el a\u00f1o 1955 (no dispongo de otra estad\u00edstica a mano), en 34 pa\u00edses, la cifra de 100.000 centros de ense\u00f1anza, con 600.000 profesores y 20 millones de alumnos (<em>La Croix<\/em>, 15 mayo 1956).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Ense\u00f1anza de la religi\u00f3n en los centros estatales<\/h4>\n\n\n\n<p>En virtud del principio de libertad religiosa, que implica el derecho de los padres a que sus hijos reciban educaci\u00f3n religiosa en los centros a que \u00e9stos asistan (DH 5), la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola afirma: \u00abLos poderes p\u00fablicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formaci\u00f3n religiosa y moral que est\u00e9 de acuerdo con sus propias convicciones\u00bb (art. 2 7 \u00a7 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Concretando ese principio constitucional en el Acuerdo III, el Estado espa\u00f1ol y la Santa Sede han convenido en que en los centros estatales, a nivel de educaci\u00f3n <em>preescolar, de EGB y de BUP<\/em>, se integrar\u00e1, en condiciones equiparables a las dem\u00e1s disciplinas, la ense\u00f1anza de la Religi\u00f3n cat\u00f3lica, pero ser\u00e1 de car\u00e1cter voluntario para los alumnos y para los profesores que la impartan; igual r\u00e9gimen se establece para las escuelas universitarias de formaci\u00f3n del profesorado. En los <em>centros estatales superiores<\/em> se garantiza a la Iglesia para que pueda organizar cursos voluntarios de ense\u00f1anza religiosa; e incluso las universidades del Estado podr\u00e1n establecer centros superiores de teolog\u00eda, como ya vimos; pero en todos los casos se postula la voluntariedad del alumnado y del profesorado. Con ello se logra atender al derecho de libertad religiosa de los padres y de los alumnos, y el de la Iglesia en poder acceder hasta ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Similar consideraci\u00f3n jur\u00eddica se da al derecho de asistencia religiosa a los espa\u00f1oles que est\u00e9n <em>internados<\/em> en centros estatales (sanatorios, centros penitenciales, orfanatos, centros militares) art. 4 del Acuerdo II, as\u00ed como sus arts. 2, 5-6 del Acuerdo III, y proemio del Acuerdo V).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa configuraci\u00f3n jur\u00eddica es muy correcta. Es la correcta. El Estado cumple su funci\u00f3n y deber de tutelar la libertad religiosa. Tras ello, todo queda a la responsabilidad personal de los interesados y a la atenci\u00f3n pastoral de la Iglesia. A \u00e9sta corresponde urgir a padres, alumnos y profesores, a los internos y a los sacerdotes el cumplimiento de sus deberes religiosos de formaci\u00f3n y asistencia. Y aqu\u00ed tendr\u00e1 la Iglesia que acertar a realizar esta <em>funci\u00f3n de atracci\u00f3n y convocatoria<\/em>, aduciendo simplemente todos sus medios evang\u00e9licos, pero simplemente ellos (cf. GS 76d-e; DH 11 b-e, 12a, 14d). Todo esto producir\u00e1 un nuevo ambiente en el pa\u00eds, que Iglesia (jerarqu\u00eda y fieles) han de saber cultivar con delicadeza y eficacia.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo criterio habr\u00e1 de aplicarse en los acuerdos del Estado con la Conferencia Episcopal sobre los \u00abmedios de comunicaci\u00f3n social\u00bb (articulo 14 y proemio del Acuerdo III) y en el sistema de porcentajes sobre el sostenimiento econ\u00f3mico de la Iglesia (articulo 2 del Acuerdo IV).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Otras actuaciones pastorales<\/h4>\n\n\n\n<p>Para superar el ambiente hedonista y utilitarista y de secularizaci\u00f3n, en medio del pluralismo abierto, iniciado jur\u00eddicamente con la nueva Constituci\u00f3n, se impone \u2013como ya dijimos anteriormente\u2013 la necesidad de insistencia en fomentar con plena genuinidad comunidades de base y grupos apost\u00f3licos, con fuerte vivencia y firme celo apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en medio de esas actividades propiamente eclesiales-religiosas, hay otro campo que no se puede olvidar: el del <em>estudio y propaganda del pensamiento social de la Iglesia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este Centro de Estudios Sociales del Valle de los Ca\u00eddos tendr\u00e1 que intensificar sus reuniones, coloquios, estudios y publicaciones, acertando en su modo expositivo y en la profundidad de su pensamiento, <em>proyectando los altos principios<\/em> de la fe, que marcan el sentido radical a la vida humana, a las realidades de cada d\u00eda de la sociedad espa\u00f1ola. Su esfuerzo estar\u00e1 en saber discernir con acierto lo que es del plano de la fe y lo que es mera ideolog\u00eda o mera cultura. Ideolog\u00eda y culturas son cambiantes. Cabe el riesgo de que, inmersos en una determinada cultura en que hayamos sido formados, d\u00e1ndonos una configuraci\u00f3n mental de <em>unidad exis<\/em>tencial entre fe y cultura o ideolog\u00eda, identifiquemos ambas en sus mismas nociones. Elaborar en cada caso y tema concretos esa distinci\u00f3n y aun separabilidad entre ambos planos puede costar mucho y serio esfuerzo. Por eso el Vaticano II, a la vez <em>que insiste en la \u00abs\u00edntesis vital\u00bb<\/em> o existencial (GS 43a), en la \u00abcoherencia\u00bb (AA 13) entre la fe y la vida, condenando el \u00abdivorcio\u00bb <em>(discidium)<\/em> (GS 43a) entre ellas, <em>insiste con no menor fuerza<\/em> en la no-uni\u00f3n inseparable, exclusiva e indisoluble, en <em>la no-identificaci\u00f3n nocional<\/em> entre la Iglesia y los modos hist\u00f3ricos de vivirla, entre la fe y la cultura propia (GS 58d; cf. GS 42d, 44b), y postula no s\u00f3lo <em>reformas socioecon\u00f3micas<\/em>, sino tambi\u00e9n, a la vez, <em>cambio de mentalidad y de costumbres<\/em> (GS 63e) y esfuerzos con <em>esp\u00edritu de innovaci\u00f3n<\/em> <em>y creaci\u00f3n<\/em> de nuevos sistemas, formas, soluciones y realizaciones (cf. GS 66-72, 88-89).<\/p>\n\n\n\n<p>Para ello convendr\u00eda sobremanera celebrar encuentros y simposios de estudios y di\u00e1logos de <em>profesionales cat\u00f3licos<\/em> que penetren en su problem\u00e1tica social, jur\u00eddica y pol\u00edtica, por s\u00ed y para su actuaci\u00f3n y para la sociedad misma en la legislaci\u00f3n y actuaci\u00f3n-ejecuci\u00f3n de las mismas. Uniones de juristas cat\u00f3licos, pol\u00edticos cat\u00f3licos, m\u00e9dicos cat\u00f3licos&#8230; tendr\u00e1n que potenciarse mucho m\u00e1s, y mantenerse en contacto y unidad, sobre todo cuando haya que tratar problemas que, por ser de contenido moral anterior, est\u00e1n por encima (o por debajo) de las posturas plurales leg\u00edtimas pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cat\u00f3licos responsables, cada uno a su medida, <em>en los medios de comunicaci\u00f3n social<\/em> habr\u00e1n de afinar mucho su competencia y acierto de actuaci\u00f3n profesional. Deber\u00e1n incluso unir sus esfuerzos en los momentos de problemas sociales morales que se proyecten o proyectan en la dimensi\u00f3n sociojur\u00eddica, en las leyes y actuaciones del Estado, de las asociaciones e instituciones de densidad social fuerte, en los grandes \u00bb medios\u00bb de televisi\u00f3n y radio y cine. A ellos en forma de responsabilidad social cristiana les ata\u00f1e la tutela, a su medida y posibilidades, de la moral p\u00fablica y de la genuina libertad religiosa; a ellos como grupo social (cf. DH 6a), secundando incluso al Magisterio y gu\u00eda pastoral de la Iglesia, sin rubor y con eficacia y valor (cf. decreto <em>Inter mirifica<\/em>, sobre los \u00abMedios\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p><em>A la jerarqu\u00eda<\/em> de la Iglesia en Espa\u00f1a toca ya actuar con nuevos estilos, distinguiendo bien entre el \u00e1mbito de la <em>libertad jur\u00eddica civil<\/em> en materia religiosa \u2013que deber\u00e1 respetar en su plena objetividad genuina\u2013 y la urgencia de los <em>deberes morales<\/em> que la fe impone incluso en y para el uso de esa libertad jur\u00eddica civil, como lo hace la Santa Sede en el articulo 6, p\u00e1rrafo 3 del Acuerdo II, al hablar de la obligaci\u00f3n grave del cat\u00f3lico de atenerse a la doctrina y normas can\u00f3nicas sobre el matrimonio can\u00f3nico. Le toca tambi\u00e9n distinguir cada vez con mayor claridad el plano de las <em>exigencias de principio<\/em> de la moral social cat\u00f3lica y el <em>plano de la libre concreci\u00f3n<\/em> de los mismos en <em>opciones o decisiones pol\u00edtica<\/em>s. Y le toca respetar con delicadeza las decisiones que los legisladores cat\u00f3licos tomen en <em>juicios de prudencia<\/em> con su madurez de cristianos adultos. Tendr\u00e1 que acertar tambi\u00e9n a usar con competencia t\u00e9cnica y dignidad magisterial, sobre todo, en los espacios que \u2013de com\u00fan acuerdo entre la Conferencia Episcopal y el Estado, dentro de los principios de libertad religiosa\u2013 <em>tenga en los \u00abmedios\u00bb<\/em>. Tendr\u00e1 que potenciar con todas sus fuerzas las <em>asociaciones apost\u00f3licas<\/em> <em>que tratan<\/em> de informar de esp\u00edritu cristiano la actuaci\u00f3n temporal de sus miembros y de difundirlo; incluso \u2013no hay por qu\u00e9 negarlo, porque es consecuencia obvia del esp\u00edritu de la fe y de la asistencia pastoral (cf. AA 7d; GS 43b)\u2013 tendr\u00e1 que impulsar moral y espiritualmente a los cristianos militantes en la acci\u00f3n temporal y aun pol\u00edtica estrictamente dicha, <em>incluso a planos de asociaciones<\/em>: hay valores y realidades muy decisivas e importantes como para poder inhibirse de tal actuaci\u00f3n. Pero, sobre todo, tendr\u00e1 que impulsar, e incluso si es preciso crear, <em>asociaciones apost\u00f3licas directas<\/em> que fomenten y formen la fe misma, que la expandan abiertamente con mayor potencia y empuje: en una sociedad pluralista eso se impone con mucha mayor necesidad y urgencia. Deber\u00e1 tambi\u00e9n alentar, asistir y encauzar las <em>comunidades de base<\/em>, necesarias para superar el aislamiento del <em>homo urbanus<\/em>, d\u00e1ndole un arropamiento de calor de relaciones personales a nivel directo de la fe, pero enmarc\u00e1ndolas dentro de la comunidad eclesial. Tendr\u00e1 que urgir a <em>los religiosos y a las instituciones religiosas<\/em> un mayor y m\u00e1s efectivo <em>sentido de disponibilidad<\/em>, a tenor de las concretas necesidades y urgencias pastorales de cada di\u00f3cesis y de todo el pa\u00eds, respetando su caracter\u00edstica singular en cada caso; su sentido de disponibilidad, que es facilitaci\u00f3n para la distribuci\u00f3n equitativa y necesaria de sus fuerzas apost\u00f3licas, distribuci\u00f3n que no puede quedar simplemente a merced de considerandos privados, sino de ponderaci\u00f3n del bien com\u00fan eclesial concreto. Por \u00faltimo \u2013para no alargar la lista\u2013, tendr\u00e1 que tener una singular atenci\u00f3n a la juventud y adolescencia, no s\u00f3lo como fomento de la promesa que son del ma\u00f1ana de la Iglesia y de la sociedad espa\u00f1ola, sino especialmente porque han accedido a la mayor\u00eda de edad a los dieciocho a\u00f1os (art. 12 de la Constituci\u00f3n) y, por tanto, a participar de pleno derecho en las decisiones pol\u00edtico-jur\u00eddicas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Hemos procurado ofrecer una s\u00edntesis panor\u00e1mica de los principales cap\u00edtulos que versan sobre la presencia cristiana en la sociedad, y en la sociedad espa\u00f1ola de hoy. Cada uno de los puntos expuestos merecer\u00eda una m\u00e1s detallada exposici\u00f3n y reflexi\u00f3n. Pero esta tarea queda para nuestros di\u00e1logos y trabajos ulteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Resumo el principio decisivo en una sociedad aconfesionalmente constituida: todos los cristianos deben ser bien conscientes de que, si la fe es la que les da el sentido \u00faltimo de la existencia humana ( cf. GS 40c41 ), y, por tanto, tambi\u00e9n el sentido \u00faltimo de la vida temporal (LG 48b), y les da, por lo mismo, funciones, luces y energ\u00edas para emplazar toda la actividad humana \u2013tambi\u00e9n la pol\u00edtica\u2013 en ese gran panorama u horizonte (cf. GS 42b) \u2013lo que es la apertura de la secularidad de que antes hablamos\u2013, es, sin embargo, bajo su responsabilidad personal y su pericia o competencia, ingenio y saber, donde cae la edificaci\u00f3n <em>concreta y directa<\/em> de la ciudad en ese horizonte (cf. AA 6d; 7e; GS 43).<\/p>\n\n\n\n<p>Sepan que realizando esa correcta ordenaci\u00f3n de la ciudad, enmarc\u00e1ndola en ese horizonte, es decir, en el Reino de Cristo, primog\u00e9nito de todo el cosmos creado, est\u00e1n realizando tarea cristiana y apostolado, porque disponen y \u00abpreparan el campo del mundo a una mejor siembra de la palabra de Dios y abren las puertas de este mundo m\u00e1s patentemente a (la actuaci\u00f3n de) la Iglesia\u00bb (LG 35c).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo cristiano que, desde su interior, \u00abguiado por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia y movido por la caridad, act\u00faa en forma directa y concreta en lo temporal\u00bb (AA 7g), sabe que \u00abconduce a los hombres al <em>progreso universal en la libertad<\/em> humana y cristiana\u00bb (LG 36b), y que \u00abcomo peregrino camina <em>hacia la consumaci\u00f3n de la historia humana<\/em>\u00bb (GS 45b), que es \u00abla recapitulaci\u00f3n de la humanidad con todos sus bienes bajo Cristo, Cabeza en la unidad de su Esp\u00edritu\u00bb (LG 13b), donde est\u00e1n <em>los nuevos cielos y la nueva tierra<\/em> (Ap 21,1), la nueva ciudad, que no necesita sol ni l\u00e1mparas, ni cerrar nunca las puertas, porque <em>la claridad misma de Dios y la l\u00e1mpara del Cordero la ilumina siempre y todos caminan en su luz y nunca tiene noche<\/em> (Ap 21,23-25).<\/p>\n\n\n\n<p>A modo de <em>proposiciones<\/em>, que ofrezco a la discusi\u00f3n, y para que puedan ser discutidas, formulo las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa. Es del todo necesario, en nuestro mundo de hoy, asegurar y defender la presencia de lo religioso en la sociedad terrestre, como dimensi\u00f3n constitutiva del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00aa. Concretamente en Espa\u00f1a, por lo que a nosotros se refiere, es muy necesario defender la presencia de lo cat\u00f3lico, tanto por reconocimiento de la verdad revelada, a la que nos lleva la fe, como por razones hist\u00f3ricas y culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00aa. Esta defensa debe hacerse sin agresividad ni intolerancia frente a otros grupos religiosos, pero tambi\u00e9n sin complejos ni cobard\u00edas, para no caer en el secularismo, en el indiferentismo, o en una especie de culturalismo sincretista que se presenta ante muchos como exigencia del humanismo y la civilizaci\u00f3n de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00aa. La deseada presencia de lo religioso-cat\u00f3lico en la ciudad est\u00e1 pidiendo: <em>a)<\/em> que los intelectuales cat\u00f3licos, te\u00f3logos y fil\u00f3sofos, defiendan la dimensi\u00f3n de lo sagrado en el hombre y en la sociedad; <em>b)<\/em> que los historiadores de la cultura y los soci\u00f3logos se esfuercen por valorar debidamente lo que ha tenido de positivo la orientaci\u00f3n cat\u00f3lica de la vida de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00aa. Los cat\u00f3licos no deben perder su singularidad espec\u00edfica \u2013exigencia de su fe\u2013 en la construcci\u00f3n de la ciudad, si bien, por respeto a la libertad religiosa y al pluralismo ideol\u00f3gico, colaborar\u00e1n con todos los dem\u00e1s para el progreso y desarrollo de la sociedad de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>6\u00aa. En los a\u00f1os posteriores al Concilio Vaticano II se ha producido un descenso en la presencia de lo cat\u00f3lico en la sociedad espa\u00f1ola, por causa de muy diversos factores, unos pol\u00edticos, externos a la Iglesia, y otros internos a la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>7\u00aa. Realizada la transici\u00f3n hacia un ordenamiento democr\u00e1tico, se\u00f1alamos como tareas urgentes para asegurar la presencia de lo cat\u00f3lico en la sociedad espa\u00f1ola, las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>inspiraci\u00f3n cat\u00f3lica de las leyes, en cuanto sea posible;<\/li>\n\n\n\n<li>creaci\u00f3n de instituciones cat\u00f3licas de \u00edndole y con prop\u00f3sitos culturales, sociales, pol\u00edticos;<\/li>\n\n\n\n<li>creaci\u00f3n de asociaciones de profesionales cat\u00f3licos: m\u00e9dicos, juristas, cient\u00edficos, periodistas, etc.;<\/li>\n\n\n\n<li>particular\u00edsima atenci\u00f3n a los problemas de la ense\u00f1anza y a las instituciones docentes en relaci\u00f3n con la educaci\u00f3n cat\u00f3lica, escuelas de uno y otro grado, universidad cat\u00f3lica, facultades de teolog\u00eda cat\u00f3lica en la universidad estatal;<\/li>\n\n\n\n<li>intr\u00e9pida defensa de la familia, mediante asociaciones familiares extendidas por toda la naci\u00f3n;<\/li>\n\n\n\n<li>volver a trabajar en el campo de la juventud con organizaciones adecuadas;<\/li>\n\n\n\n<li>esfuerzo pastoral de la Iglesia por la catequesis de ni\u00f1os, j\u00f3venes y familias;<\/li>\n\n\n\n<li>muy particular atenci\u00f3n a la religiosidad popular seg\u00fan la <em>Evangelii nuntiandi, <\/em>y de acuerdo con la tesis de las que es calificado exponente el cardenal Dani\u00e9lou. Junto a esto, impulsar peque\u00f1as comunidades y grupos como elemento dinamizador.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>8\u00aa. Por \u00faltimo, estimo conveniente que haya partidos pol\u00edticos que se confiesen cristianos abiertamente.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Cf. M. D. Chenu, <em>Los signos de los tiempos. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, <\/em>en AA. VV. <em>La Iglesia en el mundo de hoy, <\/em>Madrid 1970, vol. I, 253-278; A. Tornos, <em>Los signos de los tiempos como lugar teol\u00f3gico, <\/em>en <em>Estudios Eclesi\u00e1sticos <\/em>53 (1978) 517-532.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Por ejemplo, desde el libro de L. Feuerbach, <em>La esencia del cristianismo, <\/em>Salamanca 1975, al de K. Adam, <em>La esencia del cristianismo, <\/em>Barcelona 1955, hay toda una amplia gama con los mismos o similares t\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Son significativos J. Maritain, <em>El campesino del Garona, <\/em>Par\u00eds<sup>6<\/sup> 1966; Bilbao 1967; U. von Balthasar, <em>\u201cCordula\u201d oder der Ernstfall, <\/em>Einsiedeln 1966; H. de Lubac, <em>La Iglesia en la crisis actual, <\/em>1969, Santander 1970; D. von Hildebrand, <em>El caballo de Troya en la Ciudad de Dios, <\/em>Chicago 1967 (Madrid 1969); L. Bouyer, <em>La d`\u00e8composition du catholicisme, <\/em>Vienne 1968; Y. M. Congar, <em>Au milieu des orages. L\u2019\u00c9glise affronte aujourd\u2019hui son avenir, <\/em>Par\u00eds 1969.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Cf. Urs von Balthasar, <em>Wer ist ein Christ?, <\/em>Einsiedeln<sup>2<\/sup> 1965; H. K\u00fcng, <em>Ser cristiano, <\/em>Madrid 1977; J. Ratzinger, <em>Ser cristiano, <\/em>Salamanca 1977. Al tema de la <em>identidad cristiana <\/em>est\u00e1 dedicado el n\u00famero primero de la nueva revista<em> Communio <\/em>(enero 1979); AA. VV., <em>Cambios hist\u00f3ricos e identidad cristiana, <\/em>Salamanca 1978.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Cf. J. Mart\u00edn Velasco, <em>La religi\u00f3n en nuestro mundo, <\/em>Salamanca 1978; E. Schillebeeckx, <em>El mundo y la Iglesia, <\/em>Salamanca 1969; Equipo Internacional del Movimiento por un Mundo Mejor, <em>Respuesta cristiana al reto de nuestro tiempo, <\/em>Madrid 1978.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Cf. H. Cox. <em>La ciudad secular<\/em>, Nueva York 1965: Barcelona 1968; A. de Nicolas, <em>Teolog\u00eda del progreso<\/em>. <em>G\u00e9nesis y desarrollo en los te\u00f3logos cat\u00f3licos contempor\u00e1neos<\/em>, Salamanca 1972: J. Mathes. <em>Introducci\u00f3n a la sociolog\u00eda de la religi\u00f3n<\/em>. Vol. 1: <em>Religi\u00f3n y sociedad<\/em>, Barcelona 1971. 81-128: la tesis de la secularizaci\u00f3n, sociolog\u00eda del secularismo, experiencia de la secularizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Cf. A. de Villalmonte, <em>El giro antropol\u00f3gico en la teolog\u00eda moderna, <\/em>en AA.VV., <em>Los movimientos teol\u00f3gicos secularizantes <\/em>(BAC Minor 31), Madrid 1973, 77-III, con oportuna bibliograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Es muy significativo en ese sentido que el libro de Robinson, <em>Honest to God, <\/em>Londres 1963; trad. <em>Honesto para con Dios, <\/em>Barcelona 1967, tenga en alem\u00e1n el t\u00edtulo <em>Gott ist anders <\/em>(\u201cDios es de otra manera\u201d), Munich 1964, y en la traducci\u00f3n italiana parecidamente: <em>Dio non \u00e9 cos\u00ec, <\/em>Florencia 1968. Schillebeeckx, <em>o.c. (supra <\/em>nota 5), 183-201.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Cf. J. A. Aldama, <em>El pluralismo teol\u00f3gico actual, <\/em>en AA.VV., <em>Los movimientos teol\u00f3gicos secularizantes <\/em>(BAC Minor 31), Madrid 1973, 165-189.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Cf. G. Sala, <em>Dogma e storia della dichiarazione \u201cMysterium Ecclesiae\u201d: <\/em>Nuovi Saggi Teologici 10, Bologna 1976.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Cf. H. Cox, <em>La ciudad secular, <\/em>Nueva York 1965; Barcelona 1968, expone con amplitud este aspecto; I. Illich, <em>La conviavilidad, <\/em>Barcelona 1974; P. Lersch, <em>El hombre en la actualidad, <\/em>Madrid 1959.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Destaca fuertemente aqu\u00ed la descripci\u00f3n que hace y la reacci\u00f3n que muestra el marxista Herbert Marcuse, sobre todo en su peque\u00f1a y sobresaliente obra <em>El hombre unidimensional, <\/em>Boston 1964; Barcelona 1969. V\u00e9ase J. M. Castellet, <em>Lectura de Marcuse, <\/em>Barcelona 1969; Predrag Vranicki (marxista yugoslavo), <em>Historia del marxismo. <\/em>Vol. II: <em>De la III Internacional a nuestros d\u00edas, <\/em>Salamanca 1977, 293-307, dedicadas a Marcuse.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Pueden verse III Plan de Desarrollo Econ\u00f3mico y Social, <em>Horizonte 1980<\/em> (Comisaria del Plan de Desarrollo, Madrid). AA. VV., <em>Estudios sociol\u00f3gicos sobre la situaci\u00f3n social de Espa\u00f1a<\/em> (FOESSA, Madrid 1975), y en este volumen: L. Gonz\u00e1lez Seara, <em>Los nuevos espa\u00f1oles. Introducci\u00f3n a un informe<\/em>, y E. Mart\u00edn L\u00f3pez, <em>Aspectos sociales y pol\u00edticos del desarrollo econ\u00f3mico. A modo de ep\u00edlogo<\/em>. V\u00e9ase tambi\u00e9n S. del Campo, <em>El reto del cambio social en Espa\u00f1a, en La Espa\u00f1a de los a\u00f1os 70<\/em>. I: <em>La Sociedad<\/em> (Moneda y Cr\u00e9dito, Madrid); AA. VV., <em>Cambio social y religi\u00f3n en Espa\u00f1a<\/em> (Fontanella, Madrid).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Cf. C\u00e1ndido Pozo, <em>Teolog\u00eda de la fiesta, \u00bfocaso de la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n?, <\/em>en Conversaciones de Toledo (junio 1973), <em>Teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n <\/em>(Aldecoa, Burgos 1974), 409-436; J. Dani\u00e9lou-C. Pozo, <em>\u00bfAnte el ocaso de la teolog\u00eda de la secularizaci\u00f3n?, <\/em>en su volumen <em>Iglesia y secularizaci\u00f3n <\/em>(BAC Minor 23), Madrid 1973, 179-199; B. Mondin, <em>El juego como categor\u00eda teol\u00f3gica, <\/em>en AA.VV., <em>Los movimientos teol\u00f3gicos secularizantes <\/em>(BAC Minor 31), Madrid 1977, 113-141, con oportuna bibliograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> V\u00e9ase A. de Nicol\u00e1s, <em>Teolog\u00eda del progreso <\/em>(citado <em>supra, <\/em>nota 6); C. Skalicky, <em>La teolog\u00eda dell\u2019impegno cristiano nel temporale, <\/em>en <em>Lateranum <\/em>43 (1977) 198-243; AA.VV., <em>Evangelizzazione e promozione umana, <\/em>Roma 1976; B. Sorge, <em>Evangelizzazione e promozione umana, <\/em>Bologna 1976.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Cf. CH. Duquoc, <em>Ambig\u00fcedad de las teolog\u00edas de la secularizaci\u00f3n, <\/em>Gembioux 1972; Bilbao 1974, con oportuna bibliograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> En ello insisten J. A. Aldama, <em>Secularizaci\u00f3n y teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, <\/em>en Conversaciones de Toledo (junio de 1973), <em>Teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, <\/em>Burgos 1974, 351-360; J. B. Metz, <em>Teolog\u00eda del mundo <\/em>(1968), Salamanca 1970; T. I. Jim\u00e9nez Urresti, <em>\u00bfTeolog\u00eda misionera desde la praxis marxista? <\/em>(a la luz de la <em>Evangelii nuntiandi <\/em>n. 29-38), en <em>Estudios de Misionolog\u00eda <\/em>2 (1977) 57-154, con \u00edndice bibliogr\u00e1fico sobre el \u201cMovimiento de Cristianos por el Socialismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> J. Dani\u00e9lou, <em>El misterio de la historia, <\/em>Par\u00eds 1933; San Sebasti\u00e1n 1957; U. von Balthasar, <em>La Th\u00e9ologie de l\u2019historie, <\/em>Par\u00eds 1955; G. Chifflot, <em>Th\u00e9ologie de l\u2019historie, <\/em>Par\u00eds 1960; J. Mouroux, <em>Le myst\u00e9re du temps, <\/em>Par\u00eds 1962.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> Cf. J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, <em>Muerte y marxismo humanista. Aproximaci\u00f3n teol\u00f3gica. <\/em>Salamanca 1978, especialmente desde 149.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> Cf. T. I. Jim\u00e9nez Urresti, <em>Teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, del Vaticano II, <\/em>en Conversaciones de Toledo (junio 1973), <em>Teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, <\/em>Burgos 1973, 43-101, especialmente 46-57: esclavitudes originarias, adquiridas y liberaci\u00f3n integral.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> Omitimos dar abundancia de citas de los Papas, que se encuentran sobre todo en sus enc\u00edclicas sociales. Baste recordar P\u00edo XI, <em>Mit brennender Sorge, <\/em>contra el nazismo: \u201cLa Iglesia es la custodia y expositora del derecho divino-natural\u201d (AAS 29 [1937] 160); <em>Casti connubii: <\/em>\u201cLa custodia y maestra de toda la verdad sobre la religi\u00f3n y las costumbres (AAS 22 [1930] 580); Juan XXIII en el t\u00edtulo mismo de su enc\u00edclica <em>Mater et Magistra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> J. B. Metz, <em>Teolog\u00eda del mundo <\/em>(1968), Salamanca 1970, 59-62.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> P\u00edo XII, <em>Radiomensaje a obreros espa\u00f1oles<\/em> (11 marzo 1951): \u00abSin la Iglesia la cuesti\u00f3n social es insoluble. Pero tampoco ella sola la puede resolver&#8230; Hace falta la colaboraci\u00f3n de las fuerzas intelectuales, econ\u00f3micas y t\u00e9cnicas, de los poderes p\u00fablicos &#8230; Nadie ha presentado un programa que supere la doctrina de la Iglesia en seguridad, consistencia y realismo\u00bb (AAS 43 [1951] 214-15). <em>Radiomensaje de Navidad de 1941<\/em>: \u00abLas soluciones del problema social&#8230; en su entereza y fruto pleno s\u00f3lo podr\u00e1n alcanzarse si los hombres de Estado y los pueblos, empresarios y obreros, est\u00e1n animados por la fe en un Dios personal&#8230;, con mayor raz\u00f3n quien tiene la fe en Cristo\u00bb (AAS 34 [1942] 19). <em>Radio mensaje de Navidad de 1944<\/em>: \u00abS\u00f3lo los hombres de Estado, que conocen, ven y respetan el orden establecido por el Creador, est\u00e1n en condiciones de cumplir los deberes propios del orden legislativo\u00bb (AAS 37 (1945] 15-17): etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> P\u00edo XII, <em>Radiomensaje de Navidad de 1954<\/em>: \u00abSobrenaturalismo unilateral&#8230; con motivo de que vivimos en el mundo de la redenci\u00f3n, sustra\u00eddos por ello al orden de la naturaleza&#8230;, error al que un cat\u00f3lico no puede en modo alguno someterse\u00bb (AAS 47 [1955] 25). CH. Duquoc, <em>Ambig\u00fcedades de las teolog\u00edas de la secularizaci\u00f3n<\/em> (citado <em>supra<\/em>, nota 16), piensa que el Vaticano II ha insistido poco en esa necesaria atenci\u00f3n y dedicaci\u00f3n a la autonom\u00eda de lo temporal, ya que, referida a la atenci\u00f3n al quehacer social o hist\u00f3rico, requiere atenci\u00f3n diversa a la dedicada al dominio de la naturaleza. requiere \u00abmediaci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> La atenci\u00f3n a la creaturidad, es decir, a la dimensi\u00f3n que debe permanecer abierta a lo trascendente, es la que requiere la luz de la fe o de la revelaci\u00f3n; pero no nos da soluciones concretas y directas aplicables de inmediato a lo pol\u00edtico. Por eso la luz de la fe (la escatolog\u00eda cristiana) es una teolog\u00eda pol\u00edtica <em>negativa<\/em>, en el sentido de que acusa y critica la historia que realizamos cuando deja de estar orientada a la luz del horizonte escatol\u00f3gico. As\u00ed, J. B. Metz, en su <em>Teolog\u00eda del mundo<\/em> (1968), Salamanca 1970. Es, pues, negativa, pero necesaria. R. Belarmino habl\u00f3 de luz y atracci\u00f3n indirecta: cf. T. l. Jim\u00e9nez Urresti, <em>Cr\u00edtica teol\u00f3gica a la teolog\u00eda cr\u00edtico-pol\u00edtica de Metz<\/em>, en AA.VV., <em>Teolog\u00eda del mundo contempor\u00e1neo<\/em> (Homenaje a K. Rahner, Madrid 1975, 515-543, al final). Pero la fe da tambi\u00e9n una luz m\u00e1s pr\u00f3xima a la consistencia misma de lo humano en cuanto tal, aunque no concreta o aplicable inmediatamente; m\u00e1s pr\u00f3xima que la luz de la escatolog\u00eda, porque da luz tambi\u00e9n sobre constitutivos humanos: cf. T. l. Jim\u00e9nez Urresti, <em>De la \u00abteolog\u00eda pol\u00edtica escatol\u00f3gica negativa\u00bb a la teolog\u00eda positiva de la creaci\u00f3n,<\/em> en AA. VV., <em>Miscel\u00e1nea J. Zunzunegui<\/em>, vol. IV, Vitoria 1975, 289-344.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> Cf. AA.VV., <em>Libertad religiosa <\/em>(comentario a la declaraci\u00f3n conciliar), Madrid 1968; A. Fuenmayor, <em>Libertad religiosa, <\/em>Pamplona 1969.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Cf. A. de la Hera, <em>Pluralismo y libertad religiosa, <\/em>Sevilla 1971, dotado de bibliograf\u00eda muy oportuna; AA.VV., <em>Libert\u00e0 religiosa e transformazione della societ\u00e0, <\/em>Mil\u00e1n 1966; F. Casuscelli, <em>Concordati, intese e pluralismo confessionale, <\/em>Mil\u00e1n 1974, con \u00edndice bibliogr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> A m\u00e1s de lo citado en las dos notas anteriores, v\u00e9ase I. Mart\u00edn, <em>Iglesia y comunidad pol\u00edtica en la ense\u00f1anza del episcopado mundial despu\u00e9s del Vaticano II, <\/em>Madrid 1976; AA.VV., <em>La Iglesia en Espa\u00f1a sin concordato: una hip\u00f3tesis de trabajo, <\/em>Madrid 1977.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> Cf. O. Alzaga, <em>La Constituci\u00f3n espa\u00f1ola de 1978. Comentario sistem\u00e1tico, <\/em>Madrid 1979.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> Cf. L. Mart\u00edn-Retortillo, <em>Las sanciones de orden p\u00fablico en el Derecho espa\u00f1ol <\/em>(Tecnos, Madrid); y <em>Libertad religiosa y orden p\u00fablico <\/em>(Tecnos, Madrid).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> Cf. A. Arza, <em>Reflexiones sobre la libertad de la Iglesia, <\/em>en AA.VV., <em>La Iglesia, sacramento de libertad, <\/em>Bilbao 1972, 127-168.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> G. Ruggieri, <em>Comunidad cristiana y teolog\u00eda pol\u00edtica. Sabidur\u00eda e historia, <\/em>Salamanca 1973, expone con claridad la reducci\u00f3n que el Estado secularizante moderno hace de la religi\u00f3n y de la Iglesia a la dimensi\u00f3n de lo privado, y aun ello mientras no vea comprometida su omn\u00edmoda libertad de actuaci\u00f3n por parte de esa religi\u00f3n o Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> As\u00ed, I. Moreno, dirigente del PT en Espa\u00f1a, y M. Guedan, portavoz del ORT, que discrepan de las declaraciones de los partidos comunistas espa\u00f1oles (v\u00e9ase nota siguiente), en <em>Revista de Fomento Social <\/em>32 (n. 125, 1977). Similarmente, el Partido Comunista Cubano, <em>Resoluci\u00f3n sobre la tesis pol\u00edtica en relaci\u00f3n con la religi\u00f3n, la Iglesia y los creyentes <\/em>(dic. 1975), en <em>Vida Nueva <\/em>n. 1074 (2 abril 1977), 644-647.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> V\u00e9anse <em>Declaraciones acerca de la militancia de cristianos <\/em>en el seno del partido, del Comit\u00e9 Ejecutivo del Partido Comunista Espa\u00f1ol (PCE) (febrero 1975), del Comit\u00e9 Central del Partido Socialista Unificado de Catalu\u00f1a (PSUS) (septiembre de 1975) y del Comit\u00e9 Ejecutivo del Partido Comunista de Euskadi (enero 1976), recogidas en <em>Revista de Fomento Social <\/em>22 (n. 125, 1977).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> Cf. G. Peces Barba, del PSOE, <em>El consenso en la Constituci\u00f3n, <\/em>en <em>El Pa\u00eds <\/em>(Madrid, 28 enero, p. 12, y 30 enero, p. 14, 1979. Pueden verse, en ese y otros sentidos, AA.VV., <em>Le consensus, <\/em>en <em>Pouvoirs <\/em>n. 5 (1978).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> En la necesidad de esta fundamentaci\u00f3n radical para el mantenimiento del Estado en sus funciones y del orden social digno, ha insistido toda la doctrina social de los Papas, desde Le\u00f3n XIII, especialmente de P\u00edo XII, a ra\u00edz de la terminaci\u00f3n de la guerra mundial en 1945, cuando se constituyen los nuevos \u00f3rdenes de no pocas naciones: v\u00e9anse especialmente sus <em>Radiomensajes de Navidad<\/em>. En ellos desarrolla con insistencia el principio que formul\u00f3 en su primera enc\u00edclica, como program\u00e1tica de su pontificado, <em>Summi Pontificatus<\/em> (20 octubre 1939), poco despu\u00e9s de iniciada la guerra mundial: \u00abAs\u00ed, debilitada y perdida la fe en Dios y en el divino Redentor y apagada en las almas la luz que brota de los principios universales de moralidad, queda inmediatamente destruido <em>el \u00fanico e insustituible fundamento<\/em> de estable tranquilidad en que se <em>apoya el orden interno y externo de la vida privada y p\u00fablica<\/em>, que es el \u00fanico que puede engendrar y salvaguardar la prosperidad de los Estados\u00bb (p\u00e1rr. 25 ). V\u00e9anse tambi\u00e9n sus p\u00e1rrafos 40-43: en <em>Doctrina pontificia<\/em>. Vol. II: <em>Documentos pol\u00edticos<\/em>, Madrid 1958, 767.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> Reiteramos lo dicho en la nota anterior. P\u00edo XII, <em>Summi Pontificatus<\/em>, p\u00e1rrafo 41: \u00abHay que advertir con insistente diligencia la esencial insuficiencia y fragilidad de toda norma de vida social que se apoye sobre un fundamento exclusivamente humano, que se inspire en motivos meramente humanos, y que haga consistir toda su fuerza en la sanci\u00f3n de una autoridad puramente externa\u00bb. P\u00e1rr. 42: \u00absin la cual (fuerza interior) el derecho no puede exigir de los ciudadanos el reconocimiento debido ni los sacrificios necesarios\u00bb: en <em>Doctrina pontificia<\/em>. Vol II: <em>Documentos pol\u00edticos<\/em>, Madrid 1958, 775-776.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> Marcuse ha acusado con fuertes expresiones el antihumanismo de la sociedad capitalista (v\u00e9ase <em>supra<\/em> nota 12). Pero no se ha librado de semejantes aberraciones el <em>marxismo comunista<\/em>: los horrores de Stalin han provocado dentro del marxismo la protesta y revisi\u00f3n de su doctrina sobre la relaci\u00f3n entre teor\u00eda y praxis (cf. Vranicki, citado en nota 6, que lo acusa repetidas veces), e incluso han suscitado el planteamiento del absoluto \u00e9tico en sus te\u00f3ricos de tendencia humanista (cf. Ruiz de la Pe\u00f1a, citado en nota 19).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> Pueden verse: A. Alonso, <em>Comunidades eclesiales de base<\/em>, Salamanca 1970, AA.VV., <em>Comunidades de base y expresi\u00f3n de la fe<\/em>, Barcelona 1970; A. Liege, <em>Comunidad y comunidades en la Iglesia<\/em>, Madrid 1978; C. Florist\u00e1n, <em>Comunidades de base<\/em>, Madrid 1973: J. B. Metz-J. Schick, <em>Los grupos informales en la Iglesia<\/em>, Salamanca 1975: AA.VV., <em>Los peque\u00f1os grupos en la Iglesia<\/em>, Salamanca 1972: R Garc\u00eda Ram\u00edrez. <em>Sociog\u00e9nesis de las comunidades de base<\/em>, Pamplona 1978.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI. <em>Alocuciones a la XXI Semana Italiana de Pastoral<\/em>, 9 septiembre 1971; y en la clausura del S\u00ednodo de 1974. C. Morcillo, en <em>Ecclesia<\/em> (1970) 1488; Infantes Florido, en <em>Ecclesia<\/em> (1970) 901-902.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> Cf. J. Dani\u00e9lou, <em>L\u2019oraison, probl\u00e8me politique, <\/em>Par\u00eds 1965; <em>La Iglesia, \u00bfpeque\u00f1o reba\u00f1o o gran pueblo?, <\/em>Par\u00eds 1968, en J. Dani\u00e9lou-C. Pozo, <em>Iglesia y secularizaci\u00f3n <\/em>(BAC Minor 23), Madrid 1971, 23-41; <em>L\u2019avenir de la religion, <\/em>Par\u00eds 1968.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> Cf. Arroyo Mill\u00e1n, <em>La escuela cat\u00f3lica en el mundo de hoy, <\/em>en <em>Educadores <\/em>I (1059); E. Schillebeeckx, <em>La universidad cat\u00f3lica, <\/em>en su obra <em>El mundo y la iglesia, <\/em>Salamanca 1969, 436-447.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> Cf. T. I. Jim\u00e9nez Urresti, <em>La participaci\u00f3n universal de los bienes,<\/em> <em>(Raz\u00f3n y l\u00edmites del derecho a la propiedad privada a la luz del Vaticano II), <\/em>en <em>Burgense <\/em>17 (1976) 505-544.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> Cf. sobre Marcuse: J. M. Castellet, <em>Lectura de Marcuse, <\/em>Barcelona 1969, c. V: <em>Desde el hombre unidimensional al Estado totalitario, <\/em>95-114.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> Cf. J. Alfaro, <em>Esperanza cristiana y liberaci\u00f3n del hombre, <\/em>Barcelona 1972, 23-32.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> V\u00e9ase la prensa espa\u00f1ola de los d\u00edas 6 y 7 de enero de 1979, sobre el <em>proceso al Card. <\/em><em>Benelli<\/em>por su magisterio pastoral contra la Ley sobre Aborto en Italia.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> Cf. T. D\u00edaz Gonz\u00e1lez, <em>Autonom\u00eda universitaria, <\/em>Pamplona 1974; A. Fuenmayor, <em>Las universidades de la Iglesia, <\/em>Pamplona 1974.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> Citado por Lavisse, <em>Histoire de la France contemporaine, <\/em>vol. III, 335.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> H. Barthelemy, <em>Trait\u00e9 de droit administratif <\/em>(1930), 876; J. Kerleveo, <em>L\u2019enseignement libre, service priv\u00e9 d\u2019inter\u00e9t g\u00e8neral en Droit public fran\u00e7ais, <\/em>34.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> Cf. J. M. Garganta, <em>Derechos de la Iglesia y su ejercicio seg\u00fan la \u201cDeclaraci\u00f3n sobre la educaci\u00f3n cristiana\u201d del Concilio Vaticano II, <\/em>en <em>Educadores <\/em>8 (1966) 237-258; L. Viani, <em>Universidad de la Iglesia y libertad de ense\u00f1anza, <\/em>en <em>Estudios Eclesi\u00e1sticos <\/em>52 (1977) 401-402; F. Sebasti\u00e1n-O. Gonz\u00e1lez de Cardedal, <em>Iglesia y ense\u00f1anza, <\/em>Madrid 1977.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> Cf. A. de Miguel, <em>Ideolog\u00edas en torno a la democratizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza, <\/em>en <em>Educadores <\/em>10 (1968) 355-382; A. Mayordomo, <em>Proyecci\u00f3n social de la educaci\u00f3n: ideas de la \u201cregeneraci\u00f3n\u201d espa\u00f1ola, <\/em>en <em>Educadores<\/em> 20 (1978) 373-382; y todo el n. 87 (julio-septiembre 1976) de la <em>Revista de Ciencias de la Educaci\u00f3n, <\/em>en que se recogen art\u00edculos y documentaci\u00f3n (pp. 381-539) y bibliograf\u00eda (pp. 366-368) sobre posturas ante la ense\u00f1anza y el Estado, estatificadoras y de libertad; XXVIII Semana Social de los Cat\u00f3licos de Italia, <em>Societ\u00e0 e scuola <\/em>(1955); R. G\u00f3mez P\u00e9rez, <em>Las ideas pol\u00edticas ante la libertad de ense\u00f1anza, <\/em>Madrid 1977.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ponencia le\u00edda en la Mesa Redonda celebrada en septiembre de 1979 en el Centro de Estudios Sociales del Valle de los Ca\u00eddos. 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