{"id":503,"date":"2024-09-18T19:22:34","date_gmt":"2024-09-18T17:22:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=451"},"modified":"2024-09-20T20:05:50","modified_gmt":"2024-09-20T18:05:50","password":"","slug":"la-fe-y-el-hombre-de-hoy","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-fe-y-el-hombre-de-hoy\/","title":{"rendered":"La fe y el hombre de hoy"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en el ciclo organizado por la Asociaci\u00f3n de Universitarias Espa\u00f1olas, en la parroquia de los Dolores, Madrid, 22 de marzo de 1979. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, mayo 1979.<\/p>\n\n\n\n<p>No es preciso entretenerse en probar la oportunidad del tema. Todos tenemos conciencia de que en nuestra \u00e9poca el hombre tiene singulares formas de enfrentarse con la fe. Pues seg\u00fan las palabras del Vaticano II, \u00abhoy el g\u00e9nero humano se encuentra en una nueva era de su historia, caracterizada por la gradual expansi\u00f3n a nivel mundial, de cambios r\u00e1pidos y profundos\u00bb, cambios que \u00abrecaen sobre el hombre mismo, sobre sus juicios y deseos, individuales y colectivos; sobre su modo de pensar y reaccionar ante las cosas y los hombres. De ah\u00ed que podamos hablar hoy de una aut\u00e9ntica transformaci\u00f3n social y cultural, que influye tambi\u00e9n en la vida religiosa\u00bb (GS 4).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfQu\u00e9 dificultades tiene el hombre de hoy en relaci\u00f3n con la fe que no haya tenido el hombre de ayer?<\/h2>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n con la fe, el hombre moderno experimenta algunas dificultades que, si no pueden llamarse estrictamente nuevas, est\u00e1n al menos peculiarmente agudizadas, matizadas y extendidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras enunciar algunas caracter\u00edsticas del mundo de hoy y afirmar su incidencia en la vida religiosa, concluye el Concilio: \u00abCrece de d\u00eda en d\u00eda el fen\u00f3meno de masas que pr\u00e1cticamente se desentienden de la religi\u00f3n: la negaci\u00f3n de Dios o de la religi\u00f3n, o simplemente el prescindir de estos valores, no son ya, como en otros tiempos, un fen\u00f3meno infrecuente o individual, ya que hoy no es raro ver presentada esta actitud como exigencia del progreso cient\u00edfico y del nuevo humanismo. En muchas regiones, la negaci\u00f3n de Dios no s\u00f3lo se encuentra expresada en niveles filos\u00f3ficos, sino que inspira ampliamente la literatura, las artes, la interpretaci\u00f3n de las ciencias humanas y de la historia, la legislaci\u00f3n civil: de ah\u00ed la perplejidad de muchos\u00bb (GS 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Para evitar la desmesurada extensi\u00f3n que exigir\u00eda el tratamiento adecuado del tema habremos de reducirnos a se\u00f1alar esquem\u00e1ticamente algunos datos caracter\u00edsticos del hombre actual. Conscientes de que nos referimos ante todo al hombre de la civilizaci\u00f3n occidental. Pues sin duda existen regiones vast\u00edsimas para las que nuestras aserciones deber\u00edan matizarse diversamente y aun acaso mudarse por entero.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez nuestro pensamiento pudiera expresarse muy concisamente con esta frase del P. de Lubac: \u00abDelirio de la ciencia, rebeli\u00f3n ontol\u00f3gica, reducci\u00f3n no\u00e9tica\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre ha ido orillando e incluso desprestigiando la actitud contemplativa para asumir una postura utilitaria, dominadora. Se siente y se piensa transformador del universo. Y lo reduce todo al antropocentrismo. Su capacidad de influjo transformante se apoya, sobre todo, en la ciencia, y tiene por instrumento inmediato la t\u00e9cnica. Mas como la t\u00e9cnica opera en superficie, en lo verificable, el hombre se va habituando a lo somero, y pierde la potencia de vinculaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n personal. Por ello persigue lo inmediato en el tiempo y en el espacio. Y, en este segundo aspecto, logra la inmediatez gracias a la abundancia de medios de comunicaci\u00f3n, que pueden transportarlo a \u00e9l mismo a otros lugares, o bien traer la imagen de estos lugares hasta \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Acostumbrado a manipularlo todo t\u00e9cnicamente, se acerca al hombre mismo con id\u00e9ntico talante e intenta cambiar la personalidad humana misma, bien en el nivel f\u00edsico, bien en el nivel estrictamente psicol\u00f3gico. Due\u00f1o de la naturaleza, acaba por sentirse se\u00f1or de la misma ley natural moral, que desecha desde\u00f1osamente. Familiarizado con las causas segundas, que maneja progresivamente a su antojo, termina por olvidar la existencia de una causa primera, que vive y act\u00faa en otro nivel. Embargado en lo constatable por los sentidos, desmesuradamente vigorizados por el ejercicio y potenciados por los nuevos utensilios, pierde capacidad para todo ejercicio reflexivo no guiado por lo sensible. Sin tiempo ni energ\u00eda para reflexionar sobre s\u00ed mismo, empachado de informaciones inasimilables, se incapacita para buscar el sentido del universo y de s\u00ed mismo. Hace ya tiempo, Gabriel Marcel titulaba uno de sus libros: <em>Decadencia de la sabidur\u00eda<\/em>. Pues efectivamente la figura del \u00absabio\u00bb, del hombre que conoce el sentido de todo y es capaz de saborearlo y de tender a actuar seg\u00fan \u00e9l, va desapareciendo, para dejar lugar al \u00bbinsensato\u00bb, al que piensa y obra sin sentido \u00faltimo, con la mente impregnada de esl\u00f3ganes que no tiene ni tiempo ni \u00e1nimo para juzgar.<\/p>\n\n\n\n<p>El utilitarismo dominante le induce a estimar lo visible y queda ciego para lo transcendente. Cultiva parcelas muy reducidas del conocimiento y de la actividad: se especializa buscando la eficacia. Mas desde sus limitados dominios se atreve a opinar sobre todo, con la misma suficiencia que se concede en su campo peculiar. Y observando, con raz\u00f3n, que, en tales espacios, nuestra \u00e9poca sobrepasa con mucho los adelantos de tiempos anteriores, a\u00fan muy cercanos, desprecia lo pasado, aun cuando se interese por ello.<\/p>\n\n\n\n<p>F\u00e1cilmente advertimos en esta r\u00e1pida e incompleta enumeraci\u00f3n, que, si muchos factores son naturalmente plausibles, positivos y consiguientemente f\u00e1ciles de elevar por la gracia, <em>surgen<\/em> como dominantes algunos otros de imposible elevaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tendencia oculta, inconfesada y probablemente inconsciente para la mayor\u00eda, pero frecuentemente expresada por los creyentes, es el miedo a Dios. A sus posibles exigencias. Lo cual induce, por un mecanismo psicol\u00f3gico de defensa, a negarle o a ignorarle al menos. Acaso ello se deba a una errada presentaci\u00f3n de la figura del Padre por parte de los hombres de fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra fuente de ate\u00edsmo es la desacralizaci\u00f3n. Que bien entendida pudiera incluso contribuir al progreso de la relaci\u00f3n genuina con Dios. Mas falto de distinci\u00f3n precisa y adecuada entre las causas segundas, y lo que en otro sentido an\u00e1logo hemos solido llamar causa primera, al comprender y dominar parcialmente los mecanismos de las leyes intramundanas, el hombre ha sentido \u00abla inutilidad\u00bb de la hip\u00f3tesis de Dios. Las discusiones sobre el tema indican sobradamente el confusionismo vigente en el tema. Pues no se trata en absoluto de la utilidad o necesidad de Dios, sino simplemente de si Dios existe y de si ha querido revelarse al hombre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El hecho cient\u00edfico, el m\u00e9todo cient\u00edfico, la mente cient\u00edfica de los hombres de hoy, \u00bfson acaso impedimento para la fe? No. Distintas categor\u00edas de la ciencia y de la fe.<\/h2>\n\n\n\n<p>Por otra parte, la prevalencia de la ciencia en ampl\u00edsimos sectores pone en primer t\u00e9rmino para muchos el llamado conflicto entre la fe y la ciencia. Conflicto inexistente, sin sentido, de causas meramente psicol\u00f3gicas, justificado con razonamientos sin valor. Pero como hemos se\u00f1alado arriba, una caracter\u00edstica del hombre de hoy es lo que la Biblia denomina \u00abinsensatez\u00bb, la impotencia para recibir el sentido de las cosas. <em>Y el insensato siempre ha negado a Dios<\/em> (cf. Sal 13, 1; 52, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Tres acusaciones dirige el hombre de ciencia al creyente: \u00abPrimero, el racionalista considera la aceptaci\u00f3n del misterio divino como una capitulaci\u00f3n de la raz\u00f3n frente a verdades inasequibles <em>a priori<\/em> y como una injustificable presunci\u00f3n del hombre. En segundo lugar, las verdades religiosas que se hacen pasar por eternas le parecen, por esto mismo, desproporcionadas en relaci\u00f3n con el modo de proceder discursivo y temporal de la raz\u00f3n, que por su misma naturaleza es eternamente interrogativa. Finalmente, los dogmas cristianos, en cuanto mensaje que emana de un m\u00e1s all\u00e1 del mundo humano, tropiezan con la innata tendencia de la raz\u00f3n a realizarse en la revelaci\u00f3n del mundo al que ella pertenece\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, el conflicto entre la ciencia y la fe no s\u00f3lo no se produce, sino que es imposible. Pues \u00abla fe que la Iglesia propone como materia a creer significa conocer y saber, conocer y saber acerca de aquella vida y realidad que fueron descubiertas por la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo para nosotros, para nuestra propia inteligencia y salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n y precisamente aqu\u00ed cabe afirmar que no puede darse un conflicto definitivamente insoluble entre fe y doctrina de la Iglesia, por un lado, y el saber de la raz\u00f3n y de las ciencias naturales, por otro\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. Fe y ciencia se mueven en niveles totalmente diversos. Pueden encontrarse un te\u00f3logo y un cient\u00edfico en la medida en que cada uno de ellos sale de su propia esfera. La ciencia estudia las criaturas a partir del nivel de lo creado y teniendo por norma la luz de la raz\u00f3n. Y si las observa atinadamente y no pasa de establecer las relaciones verificables racionalmente, y si estima sus soluciones hipot\u00e9ticas como meramente tales, no puede chocar con la fe, cuyo conocimiento se refiere al nivel sobrenatural, y que contempla otras realidades , o contempla las mismas con otra luz, desde otro punto de vista. S\u00f3lo por una \u00abmentalidad cient\u00edfica\u00bb que quiera proyectarse sobre lo cient\u00edficamente inasequible, o por una mentalidad teol\u00f3gica que pretenda salirse de los l\u00edmites de la teolog\u00eda, pueden originarse \u2013y de hecho se han originado\u2013 confrontaciones conflictivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos aqu\u00ed, aleccionados por la historia, la cuesti\u00f3n de la competencia de los diversos conocimientos. Cuesti\u00f3n de alt\u00edsimo bordo, pero que en el marco restringido de una conferencia hemos de resignarnos a dejar se\u00f1alada sin m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfQu\u00e9 es la fe? Noci\u00f3n b\u00edblica y teol\u00f3gica de la fe. La fe, don de Dios, \u00bfpor qu\u00e9 unos responden y aceptan este don y otros no?<\/h2>\n\n\n\n<p>Y pasando a fijarnos en el tema de la fe, comencemos por establecer la concepci\u00f3n leg\u00edtima, partiendo de las expresiones de la Iglesia misma en tres Concilios. Veremos de paso la permanencia de la doctrina, pues cada uno cita al anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dice el Vaticano II: \u00abCuando Dios revela, hay que prestarle <em>la obediencia de la fe<\/em> (Rm 16, 26. Cfr. Rm 1, 5; 2Cor 10, 5-6), por la que el hombre se conf\u00eda libre y totalmente a Dios, prestando &#8216;a Dios el homenaje del entendimiento y de la voluntad&#8217; y asintiendo voluntariamente a la revelaci\u00f3n hecha por \u00c9l. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que previene y ayuda, y los auxilios internos del Esp\u00edritu Santo, el cual mueve el coraz\u00f3n y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da &#8216;a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad&#8217;. Y para que la inteligencia de la revelaci\u00f3n sea m\u00e1s profunda, el mismo Esp\u00edritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones\u00bb (DV 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Ya el Vaticano I hab\u00eda declarado: \u00abEsta fe, que es el principio de la humana salvaci\u00f3n, la Iglesia Cat\u00f3lica profesa que es una virtud sobrenatural, por la que, con inspiraci\u00f3n y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por \u00c9l ha sido revelado, no por la intr\u00ednseca verdad de las cosas, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede ni enga\u00f1arse ni enga\u00f1arnos\u00bb (Ses. III, cap\u00edtulo 3, \u00abDe fide\u00bb). Y m\u00e1s abajo recalca uno de los aspectos capitales: \u00abMas porque sin la fe &#8230; es imposible agradar a Dios (Hb 11, 6) y llegar al consorcio de los hijos de Dios; de ah\u00ed que nadie obtuvo jam\u00e1s la justificaci\u00f3n sin ella, y nadie alcanzar\u00e1 la salvaci\u00f3n eterna si no persevera re en ella hasta el fin (Mt 10, 22; 24, 13)\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<p>Y el Tridentino hab\u00eda ense\u00f1ado esta misma doctrina: \u00abSe dice que somos justificados por la fe, porque &#8216;la fe es el principio de la humana salvaci\u00f3n&#8217;, el fundamento y ra\u00edz de toda justificaci\u00f3n; sin ella es imposible agradar a Dios (Hb 11, 6) y llegar al consorcio de sus hijos\u00bb (Ses. VI, cap. 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos que el Vaticano I emplea expresiones del Tridentino, as\u00ed como el Vaticano II alude a ambos Concilios precedentes. De esta sucinta selecci\u00f3n de textos, tomada de los \u00faltimos Concilios, concluimos ya a una noci\u00f3n exacta de la fe: virtud, energ\u00eda, dinamismo espiritual, que eleva el entendimiento humano, capacit\u00e1ndolo para recibir la Verdad revelada por Dios mismo. Mas siendo el entendimiento una facultad de la persona, cuyo ejercicio ante lo no evidente implica adem\u00e1s el ejercicio de la voluntad, la persona entera queda impulsada por tal dinamismo hacia un nivel sobrenatural, divino, a la uni\u00f3n personal con Dios, que revela y que es la Verdad misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas, como nos ense\u00f1an los Concilios, tal uni\u00f3n del hombre con Dios no puede realizarse sino por la iniciativa de las Personas divinas, en continua actuaci\u00f3n. Por designio del Padre, que se realiza en Cristo, comunic\u00e1ndonos su Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la fe se nos presenta como d\u00e1diva divina, aspecto del don total, que es la participaci\u00f3n de la vida divina misma. Pero aspecto radical, puesto que se llama \u00abfundamento y ra\u00edz de toda justificaci\u00f3n\u00bb, y consiguientemente de absoluta necesidad para la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La fe cristiana, centrada en Jesucristo, el Se\u00f1or, el Salvador. <br>\u201cCredo, Domine, adiuva incredulitatem meam\u201d<\/h2>\n\n\n\n<p>El acceso a la fe, como su progresivo perfeccionamiento bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, s\u00f3lo tiene lugar en Cristo. As\u00ed nos lo dicen los mismos Concilios: \u00abNo descuidemos salvaci\u00f3n tan grande, antes bien, mirando al autor y consumador de nuestra fe, Jes\u00fas, mantengamos inflexible la confesi\u00f3n de nuestra esperanza (Hb 12, 2; 10, 23)\u00bb (Vaticano I, Ses. III, cap. 3). Y m\u00e1s circunstanciada mente el Tridentino, que nos dice, por ejemplo: \u00abDe ah\u00ed que en la justificaci\u00f3n misma, juntamente con la remisi\u00f3n de los pecados, recibe el hombre las siguientes cosas que se le infunden por Jesucristo, en quien es injertado: la fe, la esperanza y la caridad. Porque la fe, si no se le a\u00f1aden la esperanza y la caridad, ni une perfectamente con Cristo, ni nos hace miembros vivos de su cuerpo\u00bb (Ses. VI, cap. 7).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la fe es la ra\u00edz de la vida del miembro de Cristo, del sarmiento injertado en la Vid, que es Cristo mismo. Ra\u00edz que tiende por su propia naturaleza al desarrollo de la vida total de Cristo en el cristiano. Por ella es fe cristiana, participaci\u00f3n de la vida de Cristo en nosotros, del modo de conocer de Jesucristo, el Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Si asegurados en su recta inteligencia pasamos a contemplar inmediatamente los textos de la Escritura, podemos ahondar y extender el conocimiento sabroso y operante acerca de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos en tiempo tan escaso exponer los variados matices que aportan los diversos autores inspirados. Mas sin temor a pecar de inexactos nos atrevemos a proponer del modo siguiente la concepci\u00f3n de la fe que nos ofrece el Nuevo Testamento.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe es ante todo una relaci\u00f3n personal con Cristo, el Hijo de Dios, Persona divina, que con el Padre espira al Esp\u00edritu Santo; Verbo encarnado que viene al mundo para salvarnos mediante su testimonio, su palabra, su humillaci\u00f3n hasta la muerte en cruz, su resurrecci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n de su Esp\u00edritu. Y que, por ser el Hijo de Dios hecho hombre, es constituido Cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Por donde la relaci\u00f3n personal con Jesucristo implica la relaci\u00f3n con el Padre y con el Esp\u00edritu Santo, y de modo diverso con cada uno de todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe es la aceptaci\u00f3n, la acogida de Jes\u00fas mismo. Creer es sin\u00f3nimo de seguir, de dejarlo todo por \u00c9l, de amarle m\u00e1s que a los padres y a la esposa y a los hijos; de estar dispuesto a dar por \u00c9l la propia vida terrena, creyendo encontrar en \u00c9l la vida eterna. Es entrar en tal intimidad con \u00c9l, que Cristo est\u00e1 en m\u00ed y yo en \u00c9l; \u00c9l permanece en m\u00ed y yo en \u00c9l; recibo su palabra, guardo sus mandamientos, permanezco en su amor. Vivo su propia vida:<em> Vivo, no yo, sino que vive en m\u00ed Cristo<\/em> (Gal 2, 20). Todo ello a imagen y como consecuencia de la relaci\u00f3n personal de Jesucristo con el Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas de aqu\u00ed brotan varias conclusiones. Quien recibe a Cristo, quien cree en Cristo, conf\u00eda sin duda en \u00c9l, se f\u00eda de \u00c9l. De ah\u00ed que la fe incluya el dar cr\u00e9dito a sus palabras. Creer en (<em>pisteuo eis Xriston<\/em>: acusativo con <em>eis<\/em>) integra el creer a (con dativo). Y tambi\u00e9n integra el creer que es verdad lo que nos dice, aceptar la realidad del contenido de tales palabras. Por donde la fe, con car\u00e1cter estrictamente personal, nos compromete ineludiblemente a la aceptaci\u00f3n de una doctrina, de un contenido conceptual. Teniendo siempre en cuenta la advertencia de Santo Tom\u00e1s: la fe no termina en los enunciados, sino en las realidades enunciadas. Que son, en primer t\u00e9rmino, personales. Cuando recitamos el Credo estamos afirmando no solamente que admitimos la existencia del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, no solamente que nos fiamos de ellos, sino m\u00e1s a\u00fan, que nos adherimos a ellos, que estamos dispuestos a dar la vida por ellos. Tal es, al menos, el sentido de las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas, por otra parte, el hombre puede poseer tal dinamismo de modo incipiente, muy imperfecto. Y dada la desarmon\u00eda de la personalidad humana, siempre en v\u00edas de formaci\u00f3n, puede suceder, y de hecho sucede, que nuestra posesi\u00f3n de la fe, nuestro arraigo en ella, sea tan defectuoso que no alcance sino al mero asentimiento intelectual. Al creer, sin tocar apenas las realidades afirmadas y sin llegar a determinadas actitudes congruentes en los restantes niveles de la personalidad, el dinamismo existe, mas apenas funciona. No podemos negar que tal hombre tenga fe, pero se trata de una fe en estado inicial, inoperante, informe, sin caridad, sin adhesi\u00f3n total, insuficiente para la salvaci\u00f3n, mientras no llegue el vigor necesario para la operaci\u00f3n amorosa. Las energ\u00edas malditas del ego\u00edsmo, fruto del pecado, inhiben el crecimiento de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe es pura donaci\u00f3n divina: <em>Nadie viene a M\u00ed si no lo atrae el Padre que me envi\u00f3, por esto he dicho que nadie puede venir a M\u00ed si no le fuere concedido por mi Padre <\/em>(Jn 6, 44. 66). No es impensable, y la experiencia parece probarlo, que en un momento determinado un hombre desee creer y todav\u00eda no pueda. Todav\u00eda, lo subrayo, porque si el deseo es sincero, es ya la gracia de Dios la que act\u00faa, disponi\u00e9ndole a recibir la fe infusa.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe cristiana es inmediatamente cristoc\u00e9ntrica, la relaci\u00f3n se establece inmediatamente con Jesucristo<em>. A Dios nadie le ha visto jam\u00e1s: el Unig\u00e9nito Hijo, el que est\u00e1 en el regazo del Padre, \u00e9l es quien lo dio a conocer<\/em> (Jn 1, 18). <em>Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por M\u00ed. Si me hab\u00e9is conocido, tambi\u00e9n a mi Padre conocer\u00e9is; y ya desde ahora le conoc\u00e9is y le hab\u00e9is visto &#8230; Quien me ha visto a M\u00ed ha visto al Padre <\/em>(Jn 14, 6-7.9).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed la fe es una intimidad, una participaci\u00f3n de la vida de Jesucristo, y, por tanto, de la vida divina trinitaria, seg\u00fan El mismo nos revela<em>: Como el Padre es fuente de vida y yo vivo por el Padre, tambi\u00e9n quien me come vivir\u00e1 por M\u00ed<\/em> (Jn 6, 58).<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo viene a ascendernos de la mera e inevitable calidad de esclavos a la de amigos, seg\u00fan nos dice \u00c9l mismo, acentuando esta nota de comunicaci\u00f3n. <em>Ya no os llamar\u00e9 siervos, porque el siervo no sabe qu\u00e9 hace su se\u00f1or; mas a vosotros os he llamado amigos, pues todas las cosas que de mi Padre o\u00ed os las di a conocer<\/em> (Jn 15, 15). Y consiguientemente se establece un mutuo conocimiento sabroso, experimental, a imagen del conocimiento que existe entre el Padre y el Hijo: <em>Yo soy el buen Pastor y conozco las m\u00edas y las m\u00edas me conocen, como me conoce mi Padre y yo conozco a mi Padre, y doy mi vida por las ovejas<\/em> (Jn 10, 14-15). De ah\u00ed que la fe se exprese necesariamente en profesi\u00f3n, en testimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, advertimos la enorme seriedad del asunto. La necesidad absoluta de la fe para la salvaci\u00f3n. Aun para el desarrollo del hombre en plenitud de sus niveles naturales. No hay personalidad adulta sin fe. Recordemos el texto de San Marcos: <em>Y les dijo: id al mundo y predicad el evangelio a toda la creaci\u00f3n. El que creyere y fuere bautizado, se salvar\u00e1; mas el que no creyere, ser\u00e1 condenado<\/em> (Mc 16, 15-16).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es San Juan acaso quien nos habla m\u00e1s taxativamente de la necesidad de la fe. Siendo Cristo la Vida misma, la \u00fanica fuente de vida, es evidente que quien le rechaza se condena a s\u00ed mismo. Nos dice el evangelista: <em>Porque as\u00ed am\u00f3 Dios al mundo, que entreg\u00f3 a su Hijo Unig\u00e9nito, a fin de que todo el que crea en El no perezca, sino alcance la vida eterna &#8230; Quien cree en \u00c9l no es juzgado; quien no cree, ya est\u00e1 juzgado, porque no crey\u00f3 en el nombre del Unig\u00e9nito Hijo de Dios. Este es el juicio: que la luz ha venido al mundo y amaron los hombres antes las tinieblas que la luz<\/em> (Jn 3, 36). <em>Si no creyereis que Yo soy, morir\u00e9is en vuestros pecados<\/em> (Jn 8, 24). <em>Quien me desecha y no recibe mis palabras ya tiene quien le juzgue. La palabra que habl\u00e9, \u00e9sa le juzgar\u00e1 en el \u00faltimo d\u00eda<\/em> (Jn 12, 47-48).<\/p>\n\n\n\n<p>In\u00fatil acumular textos reiterados tanto en el Evangelio como en las Ep\u00edstolas. Y lo mismo en San Pablo. En suma, tal es la doctrina del Nuevo Testamento: Cristo es quien salva; quien le rechaza, no admitiendo la fe, no puede ser salvado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed surge el enorme problema de la incredulidad. Multitud de personas no creen. De ellas, muchas no han recibido jam\u00e1s predicaci\u00f3n ni testimonio alguno del contenido de la fe. No tratamos de ellas, por m\u00e1s que planteen no peque\u00f1os problemas teol\u00f3gicos. Todos admitimos que pueden salvarse, pues no han rechazado a Cristo. La acogida se realizar\u00e1 de otro modo, supuesta la buena voluntad. Pero no sabemos con certeza cu\u00e1l puede ser ese modo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas encontramos muchedumbre de incr\u00e9dulos, o que se afirman tales, en medio de nuestros propios ambientes. Y hemos de sostener la imposibilidad de salvaci\u00f3n para aquel que rechaza el mensaje salv\u00edfico, propuesto de manera adecuada, suficiente para el que escucha.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta mera enunciaci\u00f3n nos aconseja cautela a la hora de las estimaciones. Por supuesto que jam\u00e1s podremos juzgar a ninguna persona singular en su intimidad \u00faltima. Mas considerando el caso en s\u00ed, no tenemos m\u00e1s remedio que admitir que muchas veces nuestra presentaci\u00f3n del mensaje cristiano, nuestro testimonio, han sido insuficientes. Que aun la persona de buena voluntad no pod\u00eda, sin milagro, entenderlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan ininteligible como es nuestra lengua para un extranjero que la ignora, puede ser la expresi\u00f3n, seg\u00fan nuestra mentalidad humana, para un hombre de mentalidad forastera. Mas no siempre, ni siquiera generalmente, es \u00e9ste el caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Predomina hoy cierta actitud mental, aparentemente optimista, honrosa para el hombre, en verdad pesimista y deshonrosa. No se acepta f\u00e1cilmente la culpabilidad humana. Tampoco la posibilidad de elevaci\u00f3n. En concreto, para tal estilo de pensamiento nadie \u2013salvo acaso muy raras excepciones\u2013 habr\u00e1 de condenarse, como nadie alcanzar\u00e1 la perfecci\u00f3n de la santidad. Es la canonizaci\u00f3n de la mediocridad. La verdad, como hemos le\u00eddo en los textos de San Juan, es exactamente lo contrario. Cada uno de los hombres es un pecador llamado al hero\u00edsmo de la santidad. Y vive en la tierra continuamente con el temor de la condenaci\u00f3n eterna, con la esperanza de la santidad perfecta. Y ello depende de la posible opci\u00f3n, mantenida y renovada por Cristo o contra Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda inconcebible que Cristo no quisiera revelarse, ya en este mundo, a cada uno de los hombres. Inconcebible, porque \u00c9l ama a cada uno con \u00abel amor mayor\u00bb, el del amigo que da la vida por su amigo. Y para eso ha venido a este mundo, y ha fundado la Iglesia, para que mediante el testimonio de sus disc\u00edpulos tengamos acceso en \u00c9l al Padre (cf. Ef 1, 3-23).<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo se nos comunica en su Iglesia con la colaboraci\u00f3n de la comunidad universal, regida por el Esp\u00edritu, con la colaboraci\u00f3n de uno u otro de sus miembros, de los cat\u00f3licos particulares, en cuanto miembros de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien puede as\u00ed entenderse que, si por culpa de los cristianos que se han negado a llevar tal testimonio, un hombre \u00abde buena voluntad\u00bb no ha recibido la exposici\u00f3n conceptual, la expresi\u00f3n humana de la realidad divina, Cristo act\u00fae de modo misterioso, \u00absupra normal\u00bb digamos, ignoto para nosotros, para otorgarle la salvaci\u00f3n. Respecto de tal eventualidad, los te\u00f3logos no han dejado de trabajar elaborando diversas teor\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas quien rechaza la palabra propuesta, quien positivamente la desde\u00f1a, despreocup\u00e1ndose de conocerla, no alcanzamos a entender c\u00f3mo pueda ser tenido por inculpable. Y en tal sentido el Vaticano II: \u00abNo pocas veces sucede que la conciencia yerra por ignorancia invencible, sin que por eso pierda su dignidad, lo cual no se puede decir cuando el hombre no se preocupa gran cosa por conocer la verdad y el bien, y la conciencia se pone as\u00ed al borde de la ceguera por la costumbre del pecado\u00bb (GS 16).<\/p>\n\n\n\n<p>Pues no podemos salir de este dilema: o el hombre es culpable de rechazar la gracia de la fe, o Dios no quiere darse a conocer. Mas lo segundo es impensable, supuesta la revelaci\u00f3n de su amor, de su misericordia sobre el mundo: Quien am\u00f3 tanto al mundo que entreg\u00f3 por \u00e9l a la muerte a su Hijo Unig\u00e9nito, \u00bfc\u00f3mo no conceder\u00e1 la gracia interior que nos haga conocerle? <em>Quien ni a su propio Hijo perdon\u00f3, sino que lo entreg\u00f3 por todos nosotros, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 con \u00c9l todas las cosas?<\/em> (Rm 8, 32). Y \u00bfc\u00f3mo entre ellas no nos dar\u00e1 la fe?<\/p>\n\n\n\n<p>Este moderno fen\u00f3meno del ate\u00edsmo de masas nos confronta as\u00ed con el misterio de la iniquidad. \u00bfHemos de extra\u00f1amos ante un mundo que rechaza a Cristo, quienes acaso desde ni\u00f1os hemos meditado las frases inspiradas que expresan el horror del pecado, la malicia del mundo <em>positus in maligno<\/em> (1Jn 5, 19), que sabemos que mientras dure este mundo han de crecer juntos el trigo y la ciza\u00f1a? (Mt 13, 24-30, 36-43).<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez en otras \u00e9pocas rigiera un pensamiento despiadado, presto a condenar como culpable toda incredulidad, presto a achacar a la maldad moral, y m\u00e1s determinadamente a la inmoralidad del cuerpo, no ya la repulsa de Cristo, sino la mera ausencia de fe. Acaso en algunos se mantenga vigente tal concepci\u00f3n excesivamente rigorista, falsa, sin m\u00e1s. Pero no es lo ordinario en nuestros d\u00edas. Viceversa, la tendencia actual consiste en excusar siempre, en estimar siempre inculpable al incr\u00e9dulo, en suponerle buena voluntad y en culpar en todo caso a los creyentes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los incr\u00e9dulos. Por qu\u00e9 se atascan y se obstinan en su incredulidad. Influencia de lo moral sobre la fe.<\/h2>\n\n\n\n<p>Estimamos precisas las siguientes matizaciones, incompletas, por supuesto, por la necesidad de una exposici\u00f3n tan r\u00e1pida.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em> Muchos no han recibido jam\u00e1s una proposici\u00f3n subjetivamente suficiente del contenido de la fe; ni siquiera indicios bastantes para tomarla razonablemente en consideraci\u00f3n, pese a su buena voluntad. No tendr\u00e1n, desde luego, fe expl\u00edcita. Pero est\u00e1n exentos de culpa, plantean solamente un problema teol\u00f3gico para explicar el modo de su salvaci\u00f3n, el sentido en que pueda afirmarse que alcanzan las condiciones de la fe en Cristo, precisa para la salvaci\u00f3n. En estos casos, la culpabilidad, pr\u00f3xima o remota, carga sobre los creyentes, que no han sido capaces de atestiguar su fe. Pensemos en las inmensas masas paganas de China o de la India.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> Muchos van paulatinamente acerc\u00e1ndose a Dios, fieles a gracias actuales, interiores y externas. Detectaremos en ellos esa \u00abbuena voluntad\u00bb que tan generosamente atribuimos hoy a todos, con soberano optimismo, y acaso con no parva soberbia humana. Debemos ayudarles en su camino. Y un d\u00eda alcanzar\u00e1n el sublime conocimiento del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> Pero en no pocos casos el motivo de la incredulidad, y mucho m\u00e1s si hemos de partir de la apostas\u00eda, si se trata de alguien que \u00abha perdido realmente la fe\u00bb, es ciertamente la perversidad moral. Solamente que en buena mayor\u00eda de personas tal perversi\u00f3n no se sit\u00faa radicalmente en los pecados llamados de la carne, ni siquiera en las injusticias, sino inmediatamente en la soberbia.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia tiene su continuidad. No fueron sobre todo las prostitutas \u2013tipos del lujurioso\u2013, ni tampoco los publicanos \u2013tipo de lo que hoy se llamar\u00eda injusto, opresor, o al menos colaboracionista con el injusto\u2013, quienes rechazaron a Jes\u00fas. Fueron los fariseos y saduceos, ni ricos ni lujuriosos en cuanto tales, sino simplemente autosuficientes &#8230; Es la autosuficiencia y la autofinalizaci\u00f3n lo que constituye el pecado. Y todo pecado participa de ellas. Tambi\u00e9n la lujuria y la codicia y la injusticia; pero tales actitudes se dan en su estado puro, por decirlo as\u00ed, en lo que llamamos soberbia.<\/p>\n\n\n\n<p>Solamente ser\u00eda importante notar: la soberbia actualmente presenta con frecuencia un matiz especial, gen\u00e9rico. Muchos se enorgullecen m\u00e1s de ser hombres que de ser tal persona. Se glor\u00edan de su calidad de hombres, sin m\u00e1s. As\u00ed se expresa San Juan muchas veces, poniendo en boca de Jes\u00fas la raz\u00f3n de la repulsa de sus palabras. Los hombres no le creen porque no son de Dios, porque son hijos del diablo, porque aman la gloria de los hombres, porque sus obras son malas, porque son hijos de las tinieblas y aborrecen la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Demos lo debido a las deficiencias de los creyentes. Arrepint\u00e1monos de ellas, hagamos penitencia. Sint\u00e1monos responsables. M\u00e1s todav\u00eda, hemos de reconocer que cada hombre tiene gracia divina para superar el posible esc\u00e1ndalo de nuestros pecados. Y que jam\u00e1s la Iglesia se ha presentado como la congregaci\u00f3n de los inocentes. Minuto tras minuto, en impresionante y grandiosa procesi\u00f3n, los sacerdotes del mundo entero subimos al altar, en nombre de la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, a realizar el sublime sacrificio en nombre del Se\u00f1or. Y no habr\u00e1 minuto del d\u00eda en que alguno de estos sacerdotes, momentos antes de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, haciendo presente el sacrificio por el perd\u00f3n de los pecados, no proclame ante los fieles y con ellos que ha pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omisi\u00f3n, por su culpa, por su culpa, por su gran culpa&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Que podemos hacer nuestras las palabras con que Claudio Tresmontant remata su obra <em>Los problemas del ate\u00edsmo<\/em>: Tras de analizar las diversas motivaciones detectables, por las que los hombres han atacado las doctrinas te\u00edstas, y aceptar la culpabilidad de los te\u00edstas, escribe: \u00abEl cristianismo no s\u00f3lo ha sido combatido por los que luchan en favor del pobre y del oprimido, por la justicia, contra la opresi\u00f3n del hombre por el hombre. Ha sido odiado y atacado tambi\u00e9n, como ya hemos visto, por los que reprochaban al cristianismo el haber introducido en el mundo el fermento revolucionario, la lucha de clases, la rebeli\u00f3n de las clases oprimidas contra la casta de los privilegiados &#8230; El juda\u00edsmo y el cristianismo han sido odiados por los revolucionarios, pero tambi\u00e9n por los te\u00f3ricos de la aristocracia, del superhombre y del racismo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta uniformidad del materialismo e idealismo absolutos en detestar la teolog\u00eda hebraica, esta uniformidad de los revolucionarios y de los te\u00f3ricos de la aristocracia de casta en el odio hacia el juda\u00edsmo y el cristianismo, debe conducimos a planteamos el problema de las motivaciones de semejante odio y aborrecimiento, que se justifican por argumentos racionales contradictorios&#8230; Independientemente de los malentendidos, contrasentidos, cr\u00edmenes, imposturas y errores, existe una oposici\u00f3n cerrada al cristianismo de tipo espiritual, que se apoya en una preferencia de signo contrario al cristianismo. En este terreno, nuestro estudio dif\u00edcilmente avanza. Quiz\u00e1 los psic\u00f3logos puedan damos algunas luces&#8230; Quiz\u00e1 habr\u00e1 que ir m\u00e1s lejos, hasta llegar al terreno de las opciones secretas y libres. La teolog\u00eda m\u00e1s cl\u00e1sica ense\u00f1a que el asentimiento a la verdad del cristianismo, que se llama fe, es un asentimiento de la inteligencia, un asentimiento racional, fundado en raz\u00f3n. Pero ense\u00f1a tambi\u00e9n que este asentimiento es libre. No es, no puede ser forzado. La verdad no se funda en la violencia. La historia del ate\u00edsmo parece confirmar la tesis.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres rechazaron a Cristo, y rechazaron a los ap\u00f3stoles. \u00bfFue culpable Cristo?, \u00bffueron culpables los ap\u00f3stoles?<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" style=\"list-style-type:upper-roman\" class=\"wp-block-list\">\n<li><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los creyentes. Medios para purificar, fortalecer, vivir y propagar su fe, precisamente en el mundo de hoy.<br>La alegor\u00eda de la fe. Los santos y la fe<\/h2>\n\n\n\n<p>Ahora bien: y nosotros, hombres de fe, \u00bfqu\u00e9 mensaje divino encontramos en esta espantosa situaci\u00f3n actual? \u00bfQu\u00e9 invitaci\u00f3n divina escuchamos en la permisi\u00f3n de este avance del misterio de la iniquidad? Contrastado, sin duda, por el progreso, superior, pero oculto, del paso de la gracia. Pues creemos que la frase de San Pablo indica una norma del actuar divino: donde abunda el pecado sobreabunda la gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, muchas de las acusaciones de los incr\u00e9dulos, muchas de sus actitudes, muchas de sus motivaciones, reales o alegadas, para mantenerse como incr\u00e9dulos, pueden descubrimos la necesidad de purificar nuestra fe. No, claro, la fe en s\u00ed misma, sino nuestra postura de creyentes cat\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Purificar, ante todo, la postura en s\u00ed misma<\/strong><\/em>. \u2013Casi universalmente, hasta que el cristianismo alcanza un levantado nivel espiritual, y en cierto sentido, mientras vive en la tierra, afirma su creencia no simplemente por la autoridad divina, por su conocimiento de Cristo, sino tambi\u00e9n por otras motivaciones carnales, que nada tienen que ver con la fe. Las objeciones escuchadas han de llevarnos a una tarea de purificaci\u00f3n para discernir lo real de lo irreal, lo puro de lo impuro, lo espiritual de lo carnal. Modos de ser, influjos ambientales, tendencias afectivas, temores e inseguridades pueden apegarnos a la fe. Podemos creer en parte por tales causas. Y todas ellas han de desvanecerse para que la fe quede pura. Es algo que han entendido perfectamente los m\u00edsticos de todas las edades.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Purificar la expresi\u00f3n de nuestra fe, su contenido<\/strong><\/em>. \u2013La expresi\u00f3n interior y la exterior. La expresi\u00f3n que se ofrece a nuestra propia conciencia, y la exposici\u00f3n que hacemos a los dem\u00e1s. Pues frecuentemente confundimos lo cierto con lo probable o dudoso, o simplemente equivocado; los razonamientos verdaderos con los falsos. Nos atenemos a formulaciones o realizaciones periclitadas, por pereza; o viceversa, nos asimos al primer cambio que se nos ofrece por esp\u00edritu de novedad.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Purificar las actitudes consiguientes de la fe<\/strong><\/em>. \u2013Distinguir lo que realmente procede de ella, de los principios revelados, del conocimiento y la experiencia de Cristo, de lo que constituye una consecuencia falsa, o una postura forastera a la fe, que yo mantengo a la vez que creo. Un vistazo inteligente a la historia nos informa de cu\u00e1n frecuentemente se ha querido legitimar como evang\u00e9lica cualquier opci\u00f3n cient\u00edfica, cultural, pol\u00edtica, econ\u00f3mica, dimanante de nuestro entendimiento humano, o, lo que es peor, de nuestro ego\u00edsmo. El cat\u00f3lico que pretende vivir seg\u00fan el Evangelio, tal como le exige el dinamismo totalizante de su fe, debe reconocer que no pocas veces intenta justificar con la palabra divina las propias tendencias de codicia, afecto, agresividad, seguridad, dominio &#8230; Y tambi\u00e9n en estos campos las acusaciones y aun el ejemplo de los incr\u00e9dulos nos brindan ocasi\u00f3n de examen. Y hemos de implorar la gracia de acudir al Evangelio para que la palabra de Dios nos ilumine, nos vivifique, nos purifique y nos juzgue. Y no con el rec\u00f3ndito deseo de encontrar las justificaciones de nuestras propias ideas y tendencias. \u00a1Cu\u00e1ntas veces, en lugar de dejarnos transformar por la Palabra de Dios, la pervertimos en provecho de nuestro ego\u00edsmo, con grave esc\u00e1ndalo de quienes nos contemplan o escuchan! \u00a1Cu\u00e1ntas veces nos detenemos a revolver interiormente la frase que \u00abnos gusta\u00bb, que nos conmueve, que nos dice algo a la sensibilidad, en lugar de paramos despaciosamente en aquella otra que, por chocar con mi criterio o mi propensi\u00f3n sensible, habr\u00eda de transformarme!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay m\u00e1s: frente al fen\u00f3meno de la incredulidad creciente, el cristiano ha de tener una actitud de caridad intensa, que se ejercita con esperanza. El celo, el deseo confiado hasta la audacia de que el incr\u00e9dulo vea, y crea, de que el ambiente de incredulidad se convierta en ambiente de fe. No es utop\u00eda alguna: para eso hemos sido convertidos nosotros, para ir a predicar y hacer disc\u00edpulos del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Y teniendo en cuenta verdades ya aludidas, podemos concluir resumidamente: puesto que s\u00f3lo la gracia interior, la atracci\u00f3n del Padre, convierte al hombre, \u00bfc\u00f3mo colaboramos con Cristo para que se nos conceda esa gracia interior, esa acci\u00f3n del Esp\u00edritu?<\/p>\n\n\n\n<p><em>a) Por la intercesi\u00f3n<\/em>. \u2013Jesucristo nos asegura que recibiremos cuanto pidamos en su nombre (Jn 14, 13-14; 15, 7; 16, 23-24. 26-27). Y el mismo Juan nos asegura en su primera ep\u00edstola: <em>Y \u00e9sta es la segura confianza que tenemos en \u00c9l: que si alguna cosa pidi\u00e9ramos, seg\u00fan su voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en cuanto le pidi\u00e9remos, sabemos que alcanzamos las peticione s que le hemos pedido. Si uno viene a su hermano cometiendo un pecado no de muerte, pedir\u00e1 y Dios les dar\u00e1 la vida a los que pecan no para la muerte. Hay pecado para la muerte, no digo que se ruegue por \u00e9l<\/em> (1Jn 5, 14-16).<\/p>\n\n\n\n<p>Es claro que pecado para la muerte no es todo pecado mortal, puesto que por nuestra oraci\u00f3n Dios devolver\u00e1 la vida a aquel por quien rogamos. Es decir: estaba en pecado mortal seg\u00fan nuestra terminolog\u00eda actual. Por tanto, es cierto que muchas veces nuestras oraciones por la conversi\u00f3n del pr\u00f3jimo son eficaces. Mas lo que San Juan llama pecado para la muerte ha de entenderse de alg\u00fan pecado especialmente grave: la obstinaci\u00f3n, el endurecimiento, seg\u00fan unos; la apostas\u00eda, seg\u00fan otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea como sea, puede aplicarse aqu\u00ed, incluso respecto de esos pecados \u2013por los que nos proh\u00edbe pedir perd\u00f3n\u2013 el siguiente comentario de Flick-Alszeghy, en su obra <em>El Evangelio de la gracia<\/em> (n\u00famero 46): \u00abEn esa situaci\u00f3n es preciso que Dios act\u00fae de modo extraordinario, a fin de quebrar la libre resistencia del pecador. Por tratarse de un milagro, comparable a la resurrecci\u00f3n de un muerto, la oraci\u00f3n ordinaria de los fieles no entra\u00f1a, seg\u00fan Santo Tom\u00e1s, la promesa de esta conversi\u00f3n, sino \u00fanicamente la intercesi\u00f3n de quienes poseen ante Dios m\u00e9ritos abundantes &#8230; As\u00ed explica el sentir cristiano los grandes \u00e9xitos apost\u00f3licos del Cura de Ars\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma: el endurecimiento de muchas personas, sus apostas\u00edas de la Iglesia constituyen una invitaci\u00f3n a la santidad heroica, que nos coloque en el nivel de la intercesi\u00f3n de frutos \u00abmilagrosos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>b) Por el merecimiento<\/em>. \u2013Es doctrina com\u00fan de los te\u00f3logos, con ancha base en la Escritura, que el creyente en gracia, en proporci\u00f3n a la caridad que ejercita, alcanza para los dem\u00e1s gracias abundantes con sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p><em>c) Por la expiaci\u00f3n<\/em>. \u2013Cristo nos ha redimido empleando el sufrimiento como uno de los instrumentos capitales. Seg\u00fan se expresa San Pablo: <em>Se anonad\u00f3 a S\u00ed mismo, tomando forma de esclavo, hecho semejante a los hombres; y en su condici\u00f3n exterior, present\u00e1ndose como hombre, se abati\u00f3 a S\u00ed mismo, hecho obediente hasta la muerte de cruz<\/em> (Fil 2, 7-8). Es decir: se humill\u00f3, se entreg\u00f3 voluntariamente al sufrimiento hasta la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de no pocos textos del Nuevo Testamento resuena el viejo texto de Isa\u00edas, familiar para los primeros cristianos como profec\u00eda de la redenci\u00f3n de Jesucristo: <em>\u00c9l ha sido herido por nuestras rebeld\u00edas, molido por nuestras culpas. El soport\u00f3 el castigo que nos trae la paz y con sus cardenales hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos; cada uno march\u00f3 por su camino, y Yahveh descarg\u00f3 sobre \u00c9l la culpa de todos nosotros. Fue oprimido y \u00c9l se humill\u00f3 y no abri\u00f3 la boca &#8230; Por nuestras rebeld\u00edas fue entregado a la muerte &#8230; Plugo a Yahveh quebrantarlo con dolencias. Por sus desdichas justificar\u00e1 mi siervo a muchos y las culpas de ellos \u00c9l las soportar\u00e1. \u00c9l llev\u00f3 el pecado de muchos e intercedi\u00f3 por los rebeldes<\/em> (ls 53, 5-12).<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros hemos de hacer presente esta expiaci\u00f3n de Cristo por los Sacramentos, desde luego, pero tambi\u00e9n tomando sobre nosotros los sufrimientos morales y f\u00edsicos, inevitables o libremente elegidos. Tomando los dolores que los culpables se merecen, expiando los pecados que apartan de ellos las gracias eficaces de Dios. As\u00ed podr\u00e1n entrar de nuevo bajo la operaci\u00f3n redentora de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>d) Por el testimonio<\/em>. \u2013Tal es la misi\u00f3n que todo cristiano recibe de Cristo: ser testigo. Mas ante todo en su sentido m\u00e1s hondo: en cuanto al ser. Ser testigo es conocer inmediatamente, por experiencia. No simplemente haber o\u00eddo decir. Ni siquiera haber visto de lejos. Sino haber estado en el acontecimiento, haber tomado parte en \u00e9l. Y mejor a\u00fan: estar tomando parte. Testigo de Cristo es quien experimenta actualmente a Cristo; quien experimenta su operaci\u00f3n continua sobre s\u00ed mismo, y, por consiguiente, la sabe reconocer en torno. Quien vive esa vida de Cristo de que habl\u00e1bamos al comienzo. Un estilo de la vida que incluye necesariamente la intimidad consciente con el Esp\u00edritu Santo. <em>Cuando viniere el Par\u00e1clito, que Yo os enviar\u00e9 de cabe el Padre, el Esp\u00edritu de Verdad que procede del Padre, \u00e9l dar\u00e1 testimonio de M\u00ed. Y vosotros tambi\u00e9n ser\u00e9is testigos, los que est\u00e1is conmigo desde el principio<\/em> (Jn 15, 26-27).<\/p>\n\n\n\n<p>Iluminados por el Esp\u00edritu tendremos el conocimiento experimental amoroso de Cristo presente por la fe en nuestros corazones, presente entre nosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Y el conocimiento de las Personas divinas, cuyo templo es la humanidad del Se\u00f1or, y que, por tanto, se nos manifiestan en ella, y consiguientemente en nosotros mismos, miembros del Se\u00f1or. Y la participaci\u00f3n del conocimiento de los planes divinos, y del hombre mismo, en la medida que sea preciso para la eficacia de nuestro testimonio. Y la fortaleza que es don del Esp\u00edritu, necesaria para afrontar la enemistad del mundo en cuanto es enemigo de Cristo, incr\u00e9dulo, y necesitado de conversi\u00f3n. Y que nos capacita para escoger los medios audac\u00edsimos necesarios para dar un testimonio incisivo, como el de los santos.<\/p>\n\n\n\n<p>No es el problema de hoy, pese a todo, la malicia del ambiente, sino la mediocridad de los cristianos, de los ap\u00f3stoles. Hemos de presentar nuestra fe conforme a las exigencias reales del mundo actual, hablar a los hombres de modo inteligible a su mentalidad, y no seg\u00fan la nuestra, pero siempre conscientes de que se trata de la inteligibilidad del misterio. Y aun los mejores razonamientos, los m\u00e1s expresivos en s\u00ed y mejor expuestos, mejor adaptados al oyente, no son todav\u00eda lo convincente en la pr\u00e1ctica. Es el testimonio sin m\u00e1s, el testimonio del testigo genuino: en una palabra, del santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluimos con las palabras del P. de Lubac, en su presentaci\u00f3n de una obra cient\u00edfica de teolog\u00eda: al comienzo de los cuatro vol\u00famenes, en cinco tomos, de <em>El ate\u00edsmo contempor\u00e1neo<\/em>, obra colectiva en que abundan los sabios an\u00e1lisis y los profundos y prolijos razonamientos de especialistas, el P. de Lubac remata su presentaci\u00f3n con estas frases: \u00abEl Evangelio se difundi\u00f3 por la fuerza del Esp\u00edritu que animaba a los fieles de Cristo. La fuerza de ese mismo Esp\u00edritu puede difundirlo hoy tambi\u00e9n. Es antes que nada a nuestras infidelidades, o, al menos, a nuestra falta de confianza, a lo que debemos atribuir los retrocesos. Ahora bien: en todas las \u00e9pocas y en todas las situaciones, Dios suscita entre los hombres testigos de su presencia. Entonces, contra toda esperanza, se renueva la maravilla: la fe aflora en el fondo de un coraz\u00f3n. A trav\u00e9s de uno de sus testigos, el hombre, una vez m\u00e1s, ha reconocido a su Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Idea y lucha del hombre, <\/em>en la obra colectiva <em>Fe y entendimiento del mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> A. Vergote, <em>An\u00e1lisis psicol\u00f3gico del ate\u00edsmo, <\/em>en la obra colectiva <em>El ate\u00edsmo contempor\u00e1neo <\/em>I, 1, Madrid 1974, 241.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> H. Fries, art. <em>Fe, <\/em>en <em>Sacramentum mundi, <\/em>Barcelona 1973.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en el ciclo organizado por la Asociaci\u00f3n de Universitarias Espa\u00f1olas, en la parroquia de los Dolores, Madrid, 22 de marzo de 1979. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, mayo 1979. No es preciso entretenerse en probar la oportunidad del tema. Todos tenemos conciencia de que en nuestra \u00e9poca el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[39],"doc_tag":[],"class_list":["post-503","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-fe-del-cristiano"],"year_month":"2026-04","word_count":7657,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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