{"id":502,"date":"2024-09-18T19:22:34","date_gmt":"2024-09-18T17:22:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=447"},"modified":"2024-09-20T19:46:24","modified_gmt":"2024-09-20T17:46:24","password":"","slug":"la-perdida-de-lo-sagradouna-sociedad-a-la-deriva","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-perdida-de-lo-sagradouna-sociedad-a-la-deriva\/","title":{"rendered":"La p\u00e9rdida de lo sagrado:una sociedad a la deriva"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en la Academia de Doctores. Madrid. el 23 de febrero de 1978. Texto publicado en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo<\/em>, abril 1978.<\/p>\n\n\n\n<p>Agradezco mucho las palabras con que me honra el se\u00f1or Presidente, debidas a su gentileza m\u00e1s que a mis merecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda son m\u00e1s de agradecer si se tiene en cuenta que ha venido aqu\u00ed sin haberse repuesto de la enfermedad que viene padeciendo, de la que deseo se restablezca pronto y totalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque tales palabras, repito; no sean por m\u00ed justamente merecidas, siempre es grato verse asistido por tan claras manifestaciones de bondad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo la conciencia, y siento la responsabilidad, de que siempre que se me llama, al igual que en esta ocasi\u00f3n, es como a Pastor de la Iglesia de Cristo, y por eso me presento contento y confiado entre vosotros, sabiendo que llevo un tesoro en vaso de barro.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema que he elegido: <em>La p\u00e9rdida de lo sagrado: una sociedad a la deriva<\/em>, me surgi\u00f3 espont\u00e1neamente en la simple lectura cotidiana de la prensa, el mismo d\u00eda en que tuve que fijar la fecha para mi intervenci\u00f3n. Es algo que ya, en la edad en que me encuentro, puedo decir que es una constante en mi reflexi\u00f3n. Lo he expresado de distintas formas, surge continuamente en mis intervenciones pastorales, en los di\u00e1logos m\u00e1s \u00edntimos y personales y en los escritos y homil\u00edas m\u00e1s diversos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Arzobispo cat\u00f3lico de Londres, Cardenal Hume, hablaba hace unos d\u00edas en el S\u00ednodo Anglicano, invitado a tomar parte en uno de esos contactos esperanzadores que las diversas confesiones vienen teniendo, y se refiri\u00f3 a la necesidad de prestar atenci\u00f3n a cuatro grandes problemas de la sociedad inglesa de hoy:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>el de la dignidad humana tan quebrantada;<\/li>\n\n\n\n<li>el de la segregaci\u00f3n racial;<\/li>\n\n\n\n<li>el de la pornograf\u00eda, que esta deshaciendo a la juventud y a la familia; y<\/li>\n\n\n\n<li>el de los gastos para armamento, que impiden el normal desarrollo de la econom\u00eda de bienestar.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Es decir, que en una sociedad como la brit\u00e1nica, que ha alcanzado las cotas m\u00e1s altas del progreso pol\u00edtico, cient\u00edfico y econ\u00f3mico, se oye cada vez con m\u00e1s frecuencia la voz de las conciencias l\u00facidas que avisan de los grandes peligros que amenazan. Cuando parece que todo est\u00e1 al alcance de la mano para lograr la plena expansi\u00f3n del humanismo, otra vez como al principio, en los tiempos de la caverna. La dignidad humana invocada, pero no pose\u00edda; rechazada la integraci\u00f3n de los grupos sociales por motivos de color o de sangre, como en los tiempos del nazismo; las normas morales, vaciadas de toda exigencia por la invasi\u00f3n implacable de la pornograf\u00eda; la familia, destrozada por los divorcios y el crimen del aborto; las garant\u00edas del bienestar, destruidas por los gastos que ocasiona la carrera de armamentos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre, pues? \u00bfNo es ya demasiado tiempo el que ha pasado, de ensayos y de proclamaciones anunciadoras de un futuro feliz? \u00bfPor qu\u00e9 cuando deber\u00edan estar pr\u00f3ximos al goce de las grandes y definitivas conquistas, m\u00e1s bien presienten, temerosos y humillados, que algo esencial est\u00e1 fallando? A estos interrogantes, prescindiendo ya de la referencia a la sociedad inglesa, trato de contestar con las reflexiones que me dispongo a hacer.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Presencia y necesidad de lo sagrado<\/h2>\n\n\n\n<p>La primera pregunta que me hago es: \u00bfQu\u00e9 es \u00ablo sagrado\u00bb? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 realmente \u00ablo sagrado\u00bb en la vida? Y no pienso en la expresi\u00f3n manifiesta y concreta de lo sagrado en hechos o actuaciones de tipo religioso. Quiero buscar la ra\u00edz de \u00ablo sagrado\u00bb en la existencia. Tiene que existir algo que al menos, a solas, en la verdad de nuestra conciencia, sin alienaciones de poder, dinero, placeres, sistemas, ego\u00edsmos, nos haga decir: esto es sagrado; esto es intangible; esto es el eje en tomo al cual todo se debe ordenar, \u00e9sta es la ra\u00edz que hace ver la necesidad de cambiar, porque nos hemos adulterado; esto es estimulo para mayores y mejores logros; esto exige mi esfuerzo y mi vida; no puedo mancharlo sin que me sienta culpable de lesionar algo fundamental para la existencia; no puedo supeditarlo a mi ambici\u00f3n; no est\u00e1 a merced de mis intereses o circunstancias hist\u00f3ricas, pol\u00edticas o sociales; esto exige la expresi\u00f3n m\u00e1s honrada de mi respeto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00abesto sagrado\u00bb tiene que ser algo que, siendo radicalmente verdadero, objetivo, existencial, fuerza y vinculaci\u00f3n para todo, tenga expresi\u00f3n en nuestras vidas, nuestras acciones y configuraciones; algo que se intuye, se ve, se escucha, se siente, se sirve y se convierte en manifestaci\u00f3n de la vida interior de todos los que son lo suficientemente libres para experimentarlo y no reprimirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLo sagrado\u00bb, para ser tal, tiene que pertenecer a la realidad b\u00e1sica de nuestra existencia. Zubiri, en su conocido libro <em>Naturaleza, historia y Dios<\/em>, ve en la religaci\u00f3n el fen\u00f3meno primario en el que se actualiza nuestra existencia. \u00abLa religi\u00f3n no es una &#8216;propiedad&#8217; ni una &#8216;necesidad&#8217;; es algo distinto y superior: una dimensi\u00f3n formal del &#8216;ser&#8217; personal humano. Religi\u00f3n, en cuanto tal, no es un simple sentimiento, ni un nudo conocimiento, ni un acto de obediencia, ni un incremento para la acci\u00f3n, sino actualizaci\u00f3n del ser religado del hombre. En la religi\u00f3n no sentimos previamente una ayuda para obrar, sino un fundamento para ser. Por esto, su &#8216;ultimaci\u00f3n&#8217; o expresi\u00f3n suprema es el &#8216;culto&#8217;, en el m\u00e1s amplio e integral sentido del vocablo, no como conjunto de ritos, sino como actualizaci\u00f3n de aquel &#8216;reconocer&#8217; o acatar. Y as\u00ed como el estar abiertos a las cosas nos descubre, en \u00e9ste su estar abierto, que &#8216;hay&#8217; cosas, as\u00ed tambi\u00e9n el estar religado nos descubre que &#8216;hay&#8217; lo que religa, lo que constituye la ra\u00edz fundamental de la existencia\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es la ra\u00edz de \u00ablo sagrado\u00bb: Dios y su creaci\u00f3n, la Verdad y su manifestaci\u00f3n, la Vida y su fuerza. <em>En el principio era ya el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. \u00c9l estaba en el principio con Dios. Por \u00c9l fueron hechas todas las cosas: y sin \u00c9l no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En \u00c9l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres: y esta luz resplandece en medio de las tinieblas &#8230; El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo<\/em> (Jn 1, 1-9).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo \u00absagrado\u00bb es algo \u00abprimario\u00bb, \u00abelemental\u00bb; pertenece a la realidad b\u00e1sica de nuestra existencia. Tomado con seriedad es aquello ante lo cual las personas bien nacidas tienen que inclinarse de modo distinto a como lo hacen ante lo que es solamente terrenal. Experimentamos su presencia de diversos modos. En la inmensidad de los espacios, en el silencio de las noches estrelladas, en la paz de la vida retirada que describen nuestros cl\u00e1sicos, se eleva algo que es diferente de todo lo que se puede decir partiendo de las cosas. Es algo especial, solemne, eterno. Algo misterioso y extra\u00f1o, pero determinado y familiar. Se hace presente en el ser del mundo, pero viene de otra parte que del mundo. Por eso se le ha llamado \u00ablo Otro\u00bb, frente a todo lo conocido. Es lo numinoso, lo divino.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hace tambi\u00e9n presente en el acontecer de la vida individual y de la Historia. Se intuye que algo est\u00e1 all\u00ed, diverso del mismo acontecer y por encima de \u00e9l. La misma impresi\u00f3n puede provenir del mundo interior, al sentir la incondicionalidad del deber en conflictos morales. Se percibe algo que tiene una validez eterna. Otras veces se tiene la conciencia s\u00fabita de una presencia extra\u00f1a, inexplicable, pero que toca lo m\u00e1s \u00edntimo. Garc\u00eda Morente tuvo esa sensaci\u00f3n, que le invadi\u00f3 de repente y con un poder trastornador sobre su existencia. Claro que en \u00e9l fue m\u00e1s fuerte, pues no fue s\u00f3lo la presencia de lo sagrado, sino la de \u00abel Dios personal\u00bb, pronunciando el nombre de su criatura a la que ha hecho \u00abhija\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTodo eso es impresi\u00f3n de &#8216;otro&#8217;, de lo no terrenal, de lo sagrado, de lo numinoso: experiencia religiosa. Por lo general, se presenta en las realidades de la existencia: en personas, cosas, hechos determinados. Pero siempre de tal modo que aquello a lo que se alude es diverso de aquello en que aparece: es ajeno, incomprensible y, sin embargo, \u00edntimamente familiar. Tiene altura, es temible, est\u00e1 lleno de bendici\u00f3n, es dichoso. Rechaza y atrae. Est\u00e1 apartado e inalcanzable, pero tambi\u00e9n cercano, m\u00e1s cercano que todo lo dem\u00e1s. Ninguna regla prescribe c\u00f3mo tiene que ser y aparecer; pero siempre es eso mismo. A ello responde en nuestro interior algo diverso que a cualquier otra llamada. La impresi\u00f3n que responde se distingue de las restantes impresiones del mismo modo como su objeto se distingue de los objetos del mundo inmediato. El hombre sabe que toma parte en ello con lo m\u00e1s \u00edntimo y lo m\u00e1s definitivo suyo. Tomando parte de un modo especial: con algo en \u00e9l que es de \u00edndole an\u00e1loga a lo que se manifiesta ah\u00ed. Con un anhelo que s\u00f3lo encuentra cumplimiento en eso santo; ese cumplimiento que designamos con la palabra &#8216;salvaci\u00f3n&#8217;. Se distingue de todos los restantes logros: los que proporcionan alimento, o la propiedad, o el prestigio social, o el amor, o el conocimiento, o la belleza. Es el \u00fanico cumplimiento definitivo, el que decide el sentido \u00faltimo de la existencia, y que s\u00f3lo puede hallarse en el valor religioso: una identidad de expresi\u00f3n que muestra que se trata de un fen\u00f3meno primario\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La experiencia de lo sagrado<\/h2>\n\n\n\n<p>No voy a analizar la experiencia de lo sagrado a lo largo de la historia. Me interesa su evidencia. Es algo real, poderoso, esencial, lleno de valor y sentido. Su exigencia se percibe de modo inmediato; cabe resistirse a ella, pero no eliminarla. Forma con sus contenidos uno de los factores b\u00e1sicos de la vida. Influye en toda la existencia humana como lo demuestra la historia de las civilizaciones. La captaci\u00f3n del misterio de lo sagrado no es algo a lo que nos abrimos, sino algo \u00aben\u00bb lo que estamos, y s\u00f3lo veremos en absoluto el mundo \u00aben este misterio\u00bb. La falta de lo religioso en la cultura es el resultado artificial de un acto humano empobrecido.<\/p>\n\n\n\n<p>La fuerza de la experiencia de lo sagrado en el hombre va desde la energ\u00eda que arrebata y transforma la vida entera hasta el h\u00e1lito m\u00e1s fugitivo. En la mayor parte de los casos s\u00f3lo tiene manifestaciones d\u00e9biles. En ocasiones desaparece casi por completo. Pero otras veces se muestra con gran fuerza, y alcanza niveles alt\u00edsimos en el hombre que se abre a lo religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>La pureza es tambi\u00e9n diversa: aparece con toda su autenticidad o mezclada con sentimientos est\u00e9ticos, er\u00f3ticos, subjetivos &#8230; Es que, ante la experiencia de lo sagrado, como ante todo, los hombres tenemos respuestas distintas: se la puede acoger y ejercitar y entonces crece con su propia vida y se hace fuerte y rica. El hombre percibe sus exigencias y las cumple en lo posible. La experiencia se va haciendo m\u00e1s pura y m\u00e1s seria en su exigencia moral; la vida entera queda determinada por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se la puede descuidar, ignorar y llegar a tener la impresi\u00f3n de que se la ha eliminado. Se la puede temer, obstaculizar, desviar y degradar. Se la puede entregar a la inteligencia, hacer de ella una filosof\u00eda y disolverla en el escepticismo. Se la puede usar est\u00e9ticamente y dejarla resbalar a la falta de compromiso de la fantas\u00eda. \u00a1Cu\u00e1nto se logra destruir si se pretende hacerlo!<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, en todo contacto con lo sagrado hay una exigencia. Lo sagrado toca la conciencia y la requiere no con poder coactivo, sino con la fuerza de su sentido y su valor. Exige que se supere lo que lo contradiga, que se purifique la vida de acuerdo con ella; ilumina la moralidad de las acciones concretas y diarias; opone l\u00edmites a las exigencias del ambiente y a los impulsos de las propias tendencias. Gracias a ella se siente la profundidad interior, que no se puede definir, pero en la que resuena lo \u00b7que se debe hacer o dejar de hacer. Si el hombre no sigue la llamada, puede debilitarse y casi perder la experiencia, conservando s\u00f3lo la sensaci\u00f3n de haberse empobrecido; y se pretende silenciarla en el escepticismo o cayendo en la esclavitud de t\u00e9cnicas biologistas y materialistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ser lo religioso una energ\u00eda vital central, elemento b\u00e1sico de la existencia humana \u2013hemos dicho anteriormente\u2013, todos los motivos, fuerzas y pensamientos reciben de ella una peculiar intensificaci\u00f3n, tanto para el bien como para el mal. Lo sagrado puede enlazarse con el ego\u00edsmo, la violencia. la injusticia. la perversi\u00f3n. Esta posibilidad va unida, evidentemente, a todas las acciones vitales del hombre. No hay valor que no entre en problematicidad: deformaciones de la verdad, abusos de la ciencia, arte, pol\u00edtica. Pero, por el punto de vista del tema elegido, yo me he querido centrar en lo que significa originariamente, sin deformaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia de lo sagrado es \u00abun encuentro\u00bb en el sentido pleno de esta palabra. En este encuentro, el hombre entero est\u00e1 ante y en una realidad, tanto en sentido objetivo como subjetivo: vida individual, acciones y obras, relaciones con los dem\u00e1s y con las cosas, conexi\u00f3n con hechos y acontecimientos; toda \u00abuna existencia\u00bb. Por ella tienen lugar actos y procesos que se designan con los conceptos: conversi\u00f3n, abandono del mundo y subordinaci\u00f3n a una gu\u00eda religiosa, transformaci\u00f3n, nuevo nacimiento. El transcurso de esta experiencia depende de la entera actitud de quien la recibe; de que la tome o la desprecie; de que se esfuerce por ella o la abandone; de que cumpla las exigencias que plantea o que las tome s\u00f3lo como cosa de momento, a lo que no corresponde un significado serio que determine su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay esp\u00edritus que revelan mediocridad en su incapacidad para percibir lo sagrado. El peligro est\u00e1 en la reducci\u00f3n, que es empobrecimiento. Lo propio de la inteligencia es distinguir; lo honrado es reconocer los \u00f3rdenes de su heterogeneidad. Pascal, por tener esp\u00edritu de geometr\u00eda, sabia que con ello no se agotan las realidades de la persona. Hacer del hombre una parte de la naturaleza humana es el primer error, as\u00ed como diluir la historia humana en la historia natural. Cuando se ha analizado todo, queda el \u00abno s\u00e9 que\u00bb, el \u00abcasi nada\u00bb, que es precisamente todo. El error consiste en olvidarse que ese \u00abcasi nada\u00bb es todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La generalidad de los te\u00f3logos reconoce la existencia de lo que se llama .Jo sagrado \u00abcreacional\u00bb u \u00aboriginal\u00bb, que es \u00abla verdad del hombre como misterio de comuni\u00f3n con Dios en los dem\u00e1s\u00bb. Yo lo llamo la dimensi\u00f3n religiosa constitutiva del hombre en cuanto que, como criatura, depende de Dios para ser. La religi\u00f3n es la libre ratificaci\u00f3n de esta relaci\u00f3n original. Esta relaci\u00f3n penetra la totalidad de la vida humana. En este sentido cabe decir que no hay nada profano, si lo profano consiste en aislar un campo que sea ajeno a Dios. Lo dice textualmente la <em>Gaudium et Spes<\/em>: \u00abDesde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al di\u00e1logo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo cre\u00f3, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y s\u00f3lo puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se conf\u00eda por entero a su Creador\u00bb (GS 19). \u00abPertenece a la constituci\u00f3n del hombre el estar en relaci\u00f3n con Dios y reconocer esta relaci\u00f3n; y en este sentido, lo sagrado es constitutivo del hombre\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sagrado no es meramente dimensi\u00f3n interior de la vida; semejante concepci\u00f3n es contraria a la naturaleza humana. El conjunto de la existencia, la vida y la obra del hombre est\u00e1n en funci\u00f3n de la dignidad de la persona humana. Y \u00bfqu\u00e9 es esta dignidad de la persona humana sino &#8216;\u00bblo sagrado\u00bb, la imagen y semejanza de Dios en \u00e9l? \u00abLa actividad humana, as\u00ed como procede del hombre, as\u00ed tambi\u00e9n se ordena al hombre. Pues \u00e9ste, en su acci\u00f3n, no s\u00f3lo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a s\u00ed mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superaci\u00f3n, rectamente entendida, es m\u00e1s importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse. El hombre vale m\u00e1s por lo que es que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr m\u00e1s justicia, mayor fraternidad y un m\u00e1s humano planteamiento en los problemas sociales vale m\u00e1s que los progresos t\u00e9cnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dij\u00e9ramos, el material para la promoci\u00f3n humana, pero por s\u00ed solos no pueden llevarla a cabo. Por tanto, \u00e9sta es la norma de la actividad humana: que, de acuerdo con los designios y voluntad divinos, sea conforme al aut\u00e9ntico bien del g\u00e9nero humano y permita al hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, cultivar y realizar \u00edntegramente su plena vocaci\u00f3n\u00bb (GS 35).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Lo sagrado y la revelaci\u00f3n cristiana<\/h2>\n\n\n\n<p>La paradoja est\u00e1 en admitir algo que nos rebasa, lo sagrado en el mundo y en la vida del hombre, pero no un Dios que interviene en la existencia humana. Y, sin embargo, esto es lo cristiano: admitirlo. Dios habl\u00f3 a Abraham, a Mois\u00e9s, liber\u00f3 al pueblo jud\u00edo, se encarn\u00f3 en el seno de Mar\u00eda, resucit\u00f3 de entre los muertos a la humanidad con que se hab\u00eda unido y se halla presente en medio de nosotros en la Eucarist\u00eda. La revelaci\u00f3n cristiana no es una explicaci\u00f3n entre otras explicaciones que el hombre ha podido dar al enigma de su existencia, a la experiencia de lo sagrado. No es la proyecci\u00f3n de sus aspiraciones personales al amparo de una fantas\u00eda que le devuelve su imagen agrandada. Por el contrario, nos revela a nosotros mismos lo que no sab\u00edamos que \u00e9ramos. Qui\u00e9nes somos, s\u00f3lo lo sabremos a la luz de Aquel que nos ha dado el ser. Pascal tiene raz\u00f3n al decir: <em>Fuera de Jesucristo no sabemos qu\u00e9 es la muerte, ni qu\u00e9 es la vida, ni qu\u00e9 es Dios, ni qu\u00e9 somos nosotros mismos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera concepci\u00f3n b\u00edblica del hombre, y concretamente la cristiana, no responde a la idea de dos polos opuestos. Por el contrario, hace ver al hombre en una magn\u00edfica unidad: <em>Plugo al Padre poner en \u00c9l la plenitud de todo ser: reconciliar por \u00c9l todas las cosas consigo, restableciendo la paz entre cielo y tierra, por medio de la sangre que derram\u00f3 en la cruz<\/em> (Col 1, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<p>Si existe oposici\u00f3n no es en el plano de la realidad, sino en el de la deformaci\u00f3n. No estamos divididos entre el hombre y Dios, el progreso y Dios, sino entre la glorificaci\u00f3n de Dios, por un lado, y la idolatr\u00eda del hombre, por otro: poder, dinero, ambici\u00f3n, soberbia, lujuria &#8230;; idolatr\u00eda del hombre que todo lo corrompe y pervierte. Por eso no puede haber unidad entre la idolatr\u00eda y el servicio de Dios. Hay que escoger. En la verdadera concepci\u00f3n cristiana s\u00ed que se logra la unidad. Podemos delimitar la concepci\u00f3n cristiana en tres dimensiones esenciales:<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Se\u00f1or\u00edo del hombre sobre el mundo<\/h3>\n\n\n\n<p>Es evidente este se\u00f1or\u00edo desde el primer cap\u00edtulo del G\u00e9nesis, cuando, creado el primer Ad\u00e1n, Dios conduce ante \u00e9l a todos los animales para que les d\u00e9 nombre y as\u00ed expresar su dominio, y luego lo sit\u00faa en un jard\u00edn para cultivarlo y que todo est\u00e9 a su servicio. No se puede olvidar que el hombre es creado <em>a imagen y semejanza de Dios<\/em>. En los primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis se hace un inventario de las riquezas del mundo, para que, tras descubrir sus posibilidades energ\u00e9ticas, las ponga al servicio del desarrollo de su persona. Pasar\u00edamos por toda la historia de Israel hasta llegar a la plenitud de la revelaci\u00f3n en la que Dios se hace hombre y le da as\u00ed el poder no ya s\u00f3lo sobre el mundo, sino de llegar a ser hijos de Dios. \u00c9l mismo se constituye en Primog\u00e9nito de los hombres. De su plenitud hemos participado todos y recibido gracia sobre gracia. <em>Os he llamado amigos, no siervos, porque os he hecho saber cuantas cosas o\u00ed de mi Padre<\/em> (Jn 15, 15). El cristiano no puede abandonar el mundo, tiene que reconocer que est\u00e1 llamado a \u00abguardarlo y cultivarlo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las criaturas todas est\u00e1n aguardando con grande ansia la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeci\u00f3n; con la esperanza de que ser\u00e1n tambi\u00e9n ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupci\u00f3n, para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas est\u00e1n suspirando por dicho d\u00eda, y como en dolores de parto<\/em> (Rm 8, 19-22). La conciencia realmente cristiana sabe que el mundo le est\u00e1 propuesto como tarea y deber, entregado a su responsabilidad; sabe que tiene que salvar la obra de Dios, salvarla de que el poder del hombre caiga en manos de la soberbia y la locura y destruya la vida. Tanto m\u00e1s cuanto que cada vez se hace m\u00e1s evidente en qu\u00e9 enorme peligro se pone el mundo por el titanismo de nuestro tiempo. La posesi\u00f3n del mundo, la posibilidad de configurarlo conforme a la propia voluntad, siempre se ha visto a la vez como tarea y como tentaci\u00f3n a la soberbia; pero permanec\u00eda bajo el resguardo de ordenaciones que el hombre no era capaz de suprimir. Su actividad consist\u00eda en que trabajaba en sus ocasiones inmediatas con las fuerzas inmediatas de su ser, sin ser capaz de penetrar en sus elementos b\u00e1sicos. Pero eso es precisamente lo que ha ocurrido ahora. La ciencia y la t\u00e9cnica est\u00e1n en condiciones de apoderarse de la sustancia del mundo. Los efectos que pueden producir son tan grandes que en lo sucesivo es cuesti\u00f3n de la mism\u00edsima existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha hablado de un descuido del cristiano, pero esa palabra no basta. Debemos comprender que se trata de una culpa real. El cristiano ha abandonado el mundo por completo a s\u00ed mismo; y esto quiere decir, a su vez, al descreimiento y a su voluntad de dominio. Pero el hombre incr\u00e9dulo no est\u00e1 en condiciones de administrar rectamente el mundo. La l\u00f3gica de la evoluci\u00f3n del poder, en lo cient\u00edfico-t\u00e9cnico y en lo pol\u00edtico, le arrastra a una zona de peligro, donde se hace posible la ca\u00edda. \u00abNi de la ciencia ni de la t\u00e9cnica mismas surgen fuerzas que sean capaces de mantener en orden su propio poder. Pero tampoco surgen de una \u00e9tica aut\u00f3noma del individuo, ni de una soberana sabidur\u00eda del Estado\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Las posibilidades realmente salvadoras residen en la conciencia del hombre, que est\u00e1 ligado con Dios de modo vivo. La fe o el descreimiento \u2013he repetido en varias ocasiones\u2013 se convierten en factor decisivo de la historia. La palabra de Cristo es permanente. Sola la fe es la victoria que vence la soberbia y la injusticia. El fallo del cristiano de hoy y de siempre est\u00e1 en que se ha hecho \u00abmundano\u00bb, en que no ha cre\u00eddo y vivido la fuerza de Cristo y su Evangelio, y as\u00ed se deja enga\u00f1ar por palabras y sistemas, hasta quedar seducido por filosof\u00edas fundadas sobre la tradici\u00f3n de los hombres, seg\u00fan los elementos del mundo, y no conforme a Jesucristo (Col, 2, 8). Y entonces el cristiano no sirve para nada, como la sal cuando no da sabor y la luz cuando no da luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el cristiano hace indeterminados los conceptos procedentes de la Revelaci\u00f3n: Dios, creaci\u00f3n, pecado, Redenci\u00f3n, Salvaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 se espera? En vez de la aut\u00e9ntica Redenci\u00f3n, se\u00f1ala como objetivo el mejoramiento progresivo de las situaciones culturales; en vez de la gracia, la experiencia subjetiva; en vez de la Resurrecci\u00f3n y la vida eterna, una situaci\u00f3n terrena ideal. Y entonces es cuando se produce el dualismo. El hombre, en la medida en que es cristiano, transforma el mundo. <em>Vosotros sois la sal de la tierra &#8230;, vosotros sois la luz del mundo<\/em> (Mt 5, 13-14).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La segunda dimensi\u00f3n de la concepci\u00f3n cristiana del hombre es su comunicaci\u00f3n con los dem\u00e1s<\/h3>\n\n\n\n<p><em>No es bueno que el hombre est\u00e9 solo<\/em>, dice el cap\u00edtulo 2 del G\u00e9nesis. El hombre no est\u00e1 hecho para la soledad, sino para compartir con otros lo que tiene. El amor humano aparece como la expresi\u00f3n eminente de esa realidad, pero s\u00f3lo una expresi\u00f3n eminente. El conjunto de las relaciones humanas constituye el conjunto de expresiones de esa naturaleza fundamentalmente comunitaria del hombre. En el Nuevo Testamento es evidente que Cristo lo quiere como espec\u00edfico de su Iglesia. Instaura y establece la revelaci\u00f3n de una nueva vida: la comuni\u00f3n de todos los hombres en \u00c9l como hijos del mismo Padre y herederos de la misma herencia. El Concilio Vaticano II, seg\u00fan afirma, se limita a recordar estas verdades fundamentales y exponer sus fundamentos a la luz de la Revelaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre s\u00ed con esp\u00edritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo <em>de uno todo el linaje humano para poblar toda la haz de la tierra<\/em> (Act 17, 26 ), y todos son llamados a un solo e id\u00e9ntico fin, esto es, Dios mismo. Por lo cual el amor de Dios y del pr\u00f3jimo es el primero y mayor mandamiento. La Sagrada Escritura nos ense\u00f1a que el amor de Dios no puede separarse del amor del pr\u00f3jimo: \u2013<em>cualquier otro precepto en esta sentencia se resume: Amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo&#8230; El amor es el cumplimiento de la ley<\/em> (Rm 13, 9-10; cf. 1Jn 4, 20). Esta doctrina posee hoy extraordinaria importancia a causa de dos hechos: la creciente interdependencia mutua de los hombres y la unificaci\u00f3n asimismo creciente del mundo. M\u00e1s a\u00fan, el Se\u00f1or, cuando ruega al Padre <em>que todos sean uno, como nosotros tambi\u00e9n somos uno<\/em> (Jn 17, 21-22), abriendo perspectivas cerradas a la raz\u00f3n humana, sugiere una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre, \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s\u00ed misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb (GS 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un n\u00facleo de realidad en la relaci\u00f3n de las personas que fundamenta la fidelidad y produce vida de comunidad: cuando los hombres saben que en cada ser humano hay un destino eterno que le est\u00e1 confiado. No tiene sentido exigir libertad \u00abde\u00bb, si antes no se ve y quiere la libertad \u00abpara\u00bb los grandes valores de la existencia personal. Lo sagrado pone de manifiesto que todo derecho descansa sobre un valor que lo fundamenta y protege. Si el valor no se percibe, pierde credibilidad toda exigencia de libertad. La revelaci\u00f3n del valor infinito de la persona humana tiene su origen y s\u00f3lo adquiere la plenitud de su sentido en la revelaci\u00f3n que se nos hace en el Evangelio del amor de Dios a todos los hombres. \u00abLa civilizaci\u00f3n cristiana no es una civilizaci\u00f3n entre otras. Es la \u00fanica civilizaci\u00f3n construida sobre los derechos de la persona humana, derechos que derivan de la fe en la inmortalidad del alma del hombre\u00bb, dice el historiador ingl\u00e9s Douglas Jerrold<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La tercera dimensi\u00f3n es la adoraci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Es decir, tiene dominio y se\u00f1or\u00edo sobre el mundo, est\u00e1 en comuni\u00f3n y comunicaci\u00f3n con sus semejantes, pero tiene que reconocer importancia a lo que la tiene: la santidad de Dios, la majestad de Dios, la grandeza de las obras de Dios. La aptitud para adorar es la caracter\u00edstica de la generosidad del alma. Rechazar la adoraci\u00f3n a Dios es destruirse el hombre a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la adoraci\u00f3n se nos revela el misterio de Dios, de la vida y de la muerte. En ella se ve c\u00f3mo el trabajo no es s\u00f3lo la lucha por la vida, sino la forma como va creciendo d\u00eda a d\u00eda, a trav\u00e9s de toda actividad y esfuerzo, el hombre conformado seg\u00fan Cristo. Todos los elementos de la existencia, cosas, acciones, relaciones, ordenaciones, obtienen su pleno sentido solamente cuando alcanzan la dimensi\u00f3n de lo religioso, m\u00e1s all\u00e1 de su contenido inmediato.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe un falso laicismo, una ruptura radical entre las actitudes humanas de un lado y Dios de otro, que es a la vez destructora de la religi\u00f3n y del hombre. Y, al contrario, el hallar ese lugar fundamental de lo religioso en el coraz\u00f3n mismo de las actividades humanas es algo esencial en nuestro momento. Es vital que los cristianos no prediquen humanismos equ\u00edvocos, que son otras tantas complicidades con la idolatr\u00eda de este tiempo. Es necesario recordar que s\u00f3lo Dios es Dios y que todo lo que se construye al margen de Dios est\u00e1 abocado a la destrucci\u00f3n. Las obras del orgullo humano acaban por autodestruirse. Hacer presente a Dios en un mundo que se desarraiga y va a la deriva sin norte, sin br\u00fajula, es una manera necesaria de servir a la humanidad, que necesita urgentemente de esta asistencia. No estamos divididos, repito. entre hombre, progreso y cultura, por un lado, y Dios, por otro, sino entre reconocimiento y glorificaci\u00f3n de Dios y las idolatr\u00edas del hombre: poder, dinero, sexo, ambici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una sociedad que pierde el sentido de lo sagrado va a la deriva<\/h2>\n\n\n\n<p>La sociedad que pierde el sentido de lo sagrado va a la deriva y mata lo mejor del hombre en su vida humana personal, familiar y sociopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En su vida humana personal<\/h3>\n\n\n\n<p>El empobrecimiento del sentido de lo sagrado perjudica la relaci\u00f3n con el mundo, con otras persona s y con la vida propia. En esta debilitaci\u00f3n se ve un menguar progresivo del sentido de la vida que tiene consecuencias en todos los campos. Todo se hace menos importante; las ra\u00edces se aflojan, se superficializa el proceso vital; las ordenaciones, normas e imperativos \u00e9ticos disminuyen en capacidad para obligar a la conciencia. La \u00e9tica humana se convierte en un cierto <em>modus vivendi<\/em> exteriorista, circunstancial, sin fuerza ni valor. Se origina una situaci\u00f3n arbitraria, en la que cada uno se plantea los objetivos convenientes a sus ego\u00edsmos e intereses y todos se ven en condiciones de poner los medios para lograrlos. La personalidad individual pierde importancia y queda a disposici\u00f3n de las condiciones t\u00e9cnico-econ\u00f3micas, de los intereses de unos y otros, y de los poderes sociales, pol\u00edticos y estatales. Al desaparecer el elemento religioso, se debilita cada vez m\u00e1s la obligaci\u00f3n interior. Se impone entonces la mera ambici\u00f3n o se sucumbe a las estructuras del Estado o los partidos, sin ninguna instancia profunda y radical en la que poder apoyar su dignidad personal y sin tener nada a lo que apelar. El hombre se convierte en un ser sin ra\u00edz ni fundamentaci\u00f3n, sin arraigo para su dignidad, que se desv\u00eda hacia un camino en el que se hunde y destroza lo m\u00e1s personal y propio de su \u00abyoidad\u00bb. A la imagen de la exaltaci\u00f3n, de la revoluci\u00f3n, de la euforia, del futuro glorioso de la liberaci\u00f3n, sucede la de la violencia, el terrorismo, la inestabilidad, la de que las cosas no van de acuerdo y todo tiende a una cat\u00e1strofe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn realidad, de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno est\u00e1n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta m\u00faltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atra\u00eddo por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. M\u00e1s a\u00fan, como enfermo y pecador no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querr\u00eda llevar a cabo. Por ello siente en s\u00ed mismo la divisi\u00f3n, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son much\u00edsimos los que, tarados en su vida por el materialismo pr\u00e1ctico, no quieren saber nada de la clara percepci\u00f3n de este dram\u00e1tico estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Muchos piensan hallar su descanso en una interpretaci\u00f3n de la realidad propuesta de m\u00faltiple s maneras. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberaci\u00f3n de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciar\u00e1 plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significaci\u00f3n propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo. Sin embargo, ante la actual evoluci\u00f3n del mundo, son cada d\u00eda m\u00e1s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci\u00f3n las cuestiones m\u00e1s fundamentales: \u00bfQu\u00e9 es el hombre? \u00bfCu\u00e1l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsiste todav\u00eda? \u00bfQu\u00e9 valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? \u00bfQu\u00e9 puede dar el hombre a la sociedad? \u00bfQu\u00e9 puede esperar de ella? \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida temporal?\u00bb (GS 10).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una autenticidad definitiva que est\u00e1 detr\u00e1s de todo: cosas, acontecimientos concretos de la vida, palabras, pensamientos. El rostro del hombre es alma que se hace visible, esp\u00edritu que se hace observable. \u00abAlgo\u00bb hay de donde todo surge, en lo que todo tiene sentido y a lo que todo apunta. Da\u00f1ar esto es un crimen que pone en peligro lo m\u00e1s valioso de la vida. Cuando desaparece lo sagrado en el hombre, se corrompe una parte de su ser y se convierte en un hombre incompleto.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, lo sagrado hace al hombre capaz de establecer posiciones s\u00f3lidas y hacerlas prevalecer; le capacita para formar aut\u00e9nticos juicios de valor sobre las posibilidades, hechos y cosas; sobre la dignidad de la inteligencia, libertad, familia, convivencia humana, lo verdadero, lo justo, el respeto a la vida y a la ancianidad; le exige una disciplina sobre s\u00ed mismo, pone medida al desenfreno, rompe la dictadura de la ambici\u00f3n y af\u00e1n de ganancia. Todo ello por la exigencia incondicional de lo sagrado, que es capaz de sentir en su interior y que se traduce en amor y respeto a la misma vida y a la dignidad intangible del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho de que todos los procesos y ordenamientos se consideren desde el punto de vista material y de utilidad inmediata, sin ver m\u00e1s all\u00e1, constituye una de las causas m\u00e1s profundas de toda la intranquilizadora crisis de los valores de la existencia que estamos viviendo. Todo puede arrancarse y ponerse en juego. La alegr\u00eda de la liberaci\u00f3n de lo sagrado se revela como una iron\u00eda tr\u00e1gica. Lo que parecer\u00eda llevar a la libertad, a la salida de alienaciones y oscurantismos, obnubila la sustancia de la vida, extrav\u00eda las fuerzas ordenadoras, desvanece la evidencia inmediata de su sentido, hace al hombre incapaz de subsistir en s\u00ed mismo y configurar su existencia desde dentro, y le pone a merced de todo. S\u00f3lo nos volvemos extra\u00f1os a nosotros mismos cuando nos hacemos extra\u00f1os a Dios. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, Primog\u00e9nito de toda criatura, se esclarece el misterio de la dignidad sagrada del hombre. Como de hecho nuestra existencia personal tiene su ra\u00edz en Dios, nuestra interioridad brota de \u00c9l. \u00abAlguien hay en m\u00ed que es m\u00e1s que yo mismo\u00bb, dec\u00eda San Agust\u00edn en esas explicaciones suyas incomparables de la vuelta hacia su interior: entra en ti mismo, en el hombre interior habita la verdad. S\u00f3lo somos nosotros mismos cuando nos encontramos con Dios. Sin El no se hace\u00b7 cosa buena alguna de cuantas han sido hechas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En su vida familiar<\/h3>\n\n\n\n<p>El desorden que produce la ausencia de lo sagrado penetra en la vida inmediata, en la relaci\u00f3n entre hombre y mujer. <em>Los hizo hombre y mujer<\/em> (Gn 1, 27). La divisi\u00f3n del g\u00e9nero humano en los dos sexos no es algo sobrea\u00f1adido, sino que forma parte del plan b\u00e1sico, seg\u00fan el cual est\u00e1 hecho el hombre. Toda concepci\u00f3n del hombre que considere la sexualidad como algo bajo o malo, o simplemente inesencial, deforma el sentido de la Revelaci\u00f3n. Esto queda manifiesto hasta en los momentos en que Cristo habla de la consagraci\u00f3n a Dios de todo lo que es la persona humana: son los que se castran por el reino de los cielos, los que se hacen eunucos por su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>El instinto est\u00e1 determinado por la persona. Su impulso es respetuoso; su fuerza, buena. El hombre y la mujer se han de ayudar en todo lo que significa vida y obra: en la producci\u00f3n de nueva vida, en su cuidado, defensa y educaci\u00f3n; en el despliegue de la propia personalidad; en la construcci\u00f3n del hogar, de ese peque\u00f1o mundo que hace posible que el hombre no se pierda en el mundo grande; en la relaci\u00f3n con las cosas, etc. En todo han de servirse de ayuda mutua el hombre y la mujer. Esta ayuda s\u00f3lo es posible sobre la base del respeto de uno a otro en libertad y con honor. Esto presupone que ambos est\u00e1n en la lealtad de la obediencia respecto de Aquel que los dignifica y eleva.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los hombres han arrancado lo sagrado en esta relaci\u00f3n mutua entre los sexos tal como hoy la conocemos. Se est\u00e1 rehusando el ordenamiento de la vida seg\u00fan Dios. A d\u00f3nde se va a parar por ese camino que el hombre quiere recorrer solo, sin Dios, ya lo podemos sospechar, aunque a\u00fan no hemos acabado de ver todas sus consecuencias. \u00bfAlcanza el hombre la libertad de su existencia cuando lo social, lo econ\u00f3mico, el Estado, le convierten en una rueda de su mecanismo? \u00bfCu\u00e1ndo se convierte en un esclavo y v\u00edctima de sus desviaciones? \u00bfCu\u00e1ndo siente ro\u00edda y pervertida su vida en las fuentes mismas de la vida y de los instintos? \u00bfSe hace libre la mujer con lo que llama libertad de su sexo, con tener ella el derecho de matar la vida que lleva en gestaci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 hay sagrado en la vida si ya no es sagrado el amor de un hombre y una mujer, el amor de los padres a sus hijos, el derecho a vivir de un ser todav\u00eda no nacido, pero que ya vive? \u00bfA titulo de qu\u00e9 se pueden invocar leyes y normas? \u00bfDe qu\u00e9 derechos humanos se puede hablar y en qu\u00e9 se fundamentan? \u00bfQu\u00e9 es lo justo? \u00bfQu\u00e9 puede esperarse de unos hombres que ponen al servicio de la destrucci\u00f3n, de la perversi\u00f3n, lo que ten\u00edan que poner al servicio de la vida y de la dignidad humana? \u00bfPor qu\u00e9 se destruye por la misma madre la vida de un ser humano? Ya no hay ning\u00fan l\u00edmite, y no lo hay porque se arranca lo sagrado de la vida. No hace falta matar para que se pueda vivir; hace falta actuar y sacrificarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha perdido el deseo de comunidad, de fidelidad, de vinculaci\u00f3n familiar, de configuraci\u00f3n viva de la casa en la vida de familia. No tiene sentido recabar libertades, ni hablar siquiera de ellas si antes el hombre y la mujer no est\u00e1n preparados para esa libertad, para ser fieles a la comunidad de matrimonio y casa. Al defender la fidelidad de todo lo que comporta la vida familiar, la Iglesia defiende lo humano contra lo que tiende a destruirlo. Toda la vida humana es una vida sometida a prueba; pero, en esta prueba de la fidelidad, la realidad de nuestra vida pasa de zonas superficiales de la sensibilidad a las regiones profundas del coraz\u00f3n. Un amor humano que ha sabido triunfar de la inevitable saciedad de ciertas horas, de esa necesidad de cambio caracter\u00edstica de nuestro ser superficial, se hace m\u00e1s profundo y m\u00e1s fuerte. El tiempo s\u00f3lo gasta las cosas de la carne; hace m\u00e1s profunda las del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>La desvalorizaci\u00f3n del sexo, la perversi\u00f3n de las fuentes de la vida, la destrucci\u00f3n de la familia es la traici\u00f3n a la \u00abayuda\u00bb que tienen que darse el hombre y la mujer. Tanto uno como otra pueden creer que saben mucha f\u00edsica, psicolog\u00eda y sociolog\u00eda, pero les quedan ocultas la realidad y las ordenaciones, seg\u00fan las cuales su ser humano y su propia sexualidad est\u00e1n a salvo, se dignifican y engrandecen. Est\u00e1n solos el hombre y la mujer que rompen el sentido hondo de su amor, que es imagen y semejanza de Dios; y los que est\u00e1n estrechamente unidos pueden quedar tan solitarios uno con otro como si fueran desconocidos. La perversi\u00f3n y desviaci\u00f3n del deseo sexual, tal como ya aparece en nuestro momento, da lugar a un resentimiento y secreto rencor. Cada uno siente una dependencia que le esclaviza y revuelve contra el otro. Arrancado el deseo de la fuente que le da se\u00f1or\u00edo y dignidad, se manifiesta claramente la devastaci\u00f3n que produce. Todo es posible cuando el hombre y la mujer ya no quieren ser compa\u00f1eros mutuos desde la peculiaridad de su ser, que les hace a imagen y semejanza de Dios, y les capacita para formar la familia, piedra angular de la sociedad. Hay aqu\u00ed un enfrentamiento fundamental, la dualidad a la que alud\u00eda antes: o se acepta que la sexualidad se ha convertido en un mero producto de la sociedad de consumo, o se piensa que el amor humano es siempre un encuentro entre el hombre y Dios, uno de los puntos esenciales de inserci\u00f3n de lo sagrado en la existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>El matrimonio y la familia, con los problemas que plantea, est\u00e1n situados en el centro de la visi\u00f3n de la Iglesia que nos da el Concilio Vaticano II: \u00abEn esta tarea \u2013la misi\u00f3n de los laicos\u2013 resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado por un especial sacramento, a saber: la vida matrimonial y familiar. En ella, el apostolado de los laicos halla una ocasi\u00f3n de ejercicio y una escuela preclara, si la religi\u00f3n cristiana penetra toda la organizaci\u00f3n de la vida y la transforma cada d\u00eda m\u00e1s. Aqu\u00ed los c\u00f3nyuges tienen su propia vocaci\u00f3n: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y testimonio arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad\u00bb (LG 35).<\/p>\n\n\n\n<p>Realmente son una huella visible de la presencia de Dios los hogares cristianos en los que hay verdadero amor e irradian la alegr\u00eda que brota de la presencia de Cristo en el centro mismo de la familia. Cuando la Iglesia proclama incansablemente la dignidad y santidad del amor humano en un mundo que con tanta frecuencia lo profana, la Iglesia est\u00e1 respondiendo a las aspiraciones profundas del coraz\u00f3n humano. El Concilio afirma taxativamente que un hogar cristiano arguye al mundo de pecado; ese hogar pone de manifiesto d\u00f3nde est\u00e1 la verdad y d\u00f3nde el error; d\u00f3nde la felicidad y d\u00f3nde la desdicha; d\u00f3nde la verdadera vida y d\u00f3nde la caricatura de la vida. La misi\u00f3n de los hogares cristianos es constituir ambientes en los que se haga sensible la presencia de Cristo en las realidades humanas. Un hogar cristiano, con su ejemplo y testimonio, ilumina realmente a los que buscan la verdad. Sin lo sagrado se disuelve la familia, se debilita el matrimonio y se mueren las relaciones entre padres e hijos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En su vida sociopol\u00edtica<\/h3>\n\n\n\n<p>Es una interpretaci\u00f3n err\u00f3nea muy propia del funcionalismo moderno la tesis de que lo sagrado se explica por la necesidad de una sanci\u00f3n \u00faltima para la ordenaci\u00f3n de la familia, del derecho, del Estado. Y esta sanci\u00f3n se requiere s\u00f3lo en tanto que el hombre no haya llegado a la conciencia plena de su ser y el conocimiento del hecho de que esta sanci\u00f3n reside en la misma obligatoriedad de las ordenaciones sin recurrir a la trascendencia. Cuando esto ocurre desaparece \u00ablo religioso\u00bb, lo sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces el hombre sucumbe a las ordenaciones arbitrarias que impongan un Estado, una filosof\u00eda, un programa utilitario, un partido pol\u00edtico, unas circunstancias. Es un error de visi\u00f3n y de interpretaci\u00f3n el afirmar que el presunto sentido espiritual de un proceso no es otra cosa que su estructura misma, esto es, su funci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPero si hoy resulta sencillamente decisiva para la vida alguna opini\u00f3n, es la que han defendido Edmund Husserl y Max Scheler: que la esencia espiritual de un proceso es algo diverso del mecanismo de su realizaci\u00f3n. El sentido existencial de una relaci\u00f3n amorosa nunca se identifica con los procesos fisiol\u00f3gicos o psicol\u00f3gicos en que se hace presente. La verdad que resplandece en los pensamientos humanos nunca se identifica con las estructuras cerebrales en que descansa su realizaci\u00f3n. La plenitud de entidad de una obra de arte nunca se identifica con los procesos psicof\u00edsicos de su producci\u00f3n. La dignidad del Estado nunca se identifica con las exigencias de su estructura y vida. Y asimismo la experiencia religiosa, con la realidad numinosa que en ella se observa, nunca se identifica con el efecto por el cual garantiza las ordenaciones de la vida antes mencionadas. M\u00e1s bien, todo depende de darse cuenta de que el sentido de lo religioso, la realidad de lo numinoso \u2013dig\u00e1moslo con palabras m\u00e1s claras: la realidad y altura de Dios\u2013 es algo diverso de todos los efectos que pueda ejercer en el conjunto de la vida humana: m\u00e1s a\u00fan, que s\u00f3lo puede ejercerlos porque es algo diverso\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad humana, ante la ausencia de lo sagrado, presenta una situaci\u00f3n de creciente arbitrariedad. Pierde el reposo, la hondura y claridad que da a su marcha su inserci\u00f3n en lo sagrado. Se pulveriza porque se destruye la esfera de lo privado, de lo \u00edntimo y personal. No se puede alcanzar con la mirada todo lo que se arruinar\u00eda sin lo sagrado. Digo que no se puede abarcar todo lo que se arrasar\u00eda, porque siempre, de hecho, ha estado actuando en la historia de la humanidad la presencia de lo sagrado, como un faro permanente que vuelve a orientar al barco que se ha perdido o a los n\u00e1ufragos que se han salvado. Y como cristianos sabemos que la presencia de Cristo, <em>alfa<\/em> y <em>omega<\/em> de toda la creaci\u00f3n, durar\u00e1 hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Esta es ra\u00edz s\u00f3lida de mi esperanza y optimismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El conjunto de la existencia, la vida y la obra del hombre s\u00f3lo pueden ser vistos desde su sentido pleno. Cuando no es as\u00ed, las potencias de las culturas y civilizaciones se quedan como sin due\u00f1o, sin capacidad de arraigo. Gracias a una ciencia elaborada por el hombre, que penetra cada vez m\u00e1s profundamente en la realidad, y a una t\u00e9cnica cada d\u00eda m\u00e1s poderosa, el poder del hombre de disponer sobre lo que existe va en aumento. Esto tendr\u00eda que significar seguridad, paz, bienestar, progreso, cordialidad en las relaciones humanas. Est\u00e1 mejor protegido, tiene que trabajar menos, su nivel de vida se eleva, adquiere nuevas posibilidades de desarrollo de tipo personal y laboral, puede liberarse de actividades m\u00e1s bajas en beneficio de otras m\u00e1s altas, etc\u00e9tera. Es una conquista el que las tensiones sociales sean m\u00e1s f\u00e1cilmente conocidas y superadas, el que las distancias se recorran en seguida, el que estemos informados. Nadie duda de la importancia de las conquistas m\u00e9dicas. Las ventajas que ofrecen sistemas de seguros bien estudiados son evidentes. Pero la realidad es que todos esos conocimientos, esos trabajos y creaciones que tendr\u00edan que suponer el se\u00f1or\u00edo del mundo, <em>a imagen y semejanza de Dios, ver que todo lo hecho es bueno<\/em> (Gn 1) \u2013frase que se repite constantemente en el primer relato de la creaci\u00f3n\u2013, la realidad es que llevan consigo un peligro que amenaza zonas cada vez m\u00e1s profundas: violencias f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas, violaci\u00f3n de los derechos humanos, que, por otra parte, tanto se invocan; guerras nucleares, preparaci\u00f3n de guerras biol\u00f3gicas, conflictos sociopol\u00edticos en todas las partes del mundo; la lista ser\u00eda interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>Poder dominar es el destino esencial que se le ha dado al hombre al ser creado. Tener derecho a dominar es una concesi\u00f3n divina. Deber dominar, una misi\u00f3n. Pero es que vivir significa, en \u00faltimo t\u00e9rmino, sentir, pensar y actuar desde la realidad de lo numinoso, desde la imagen del hombre que se sabe a la luz de Aquel que le ha dado el ser. El crecimiento aut\u00e9ntico de las posibilidades de la sociedad guarda relaci\u00f3n exacta con la conciencia de responsabilidad humana. Sin esa presencia de lo religioso, lo que a\u00fan subsiste de orden espiritual, de respeto al hombre, de fuerza de car\u00e1cter y seguridad de coraz\u00f3n ser\u00eda aniquilado. Violencia y astucia ser\u00edan \u2013y de hecho son\u2013 las fuerzas dominadoras. Hoy no podemos decir \u00abque no se puede aplastar el esp\u00edritu\u00bb, \u00abque la verdad siempre se impone\u00bb, \u00abque al final siempre triunfa lo aut\u00e9ntico\u00bb. El poder sobre el hombre mismo es cada vez mayor: se puede influir en su cuerpo y en su esp\u00edritu. Lo tremendo es: \u00bfen qu\u00e9 direcci\u00f3n? Cuanto mayor es el poder y se olvida lo sagrado, mayor es la tentaci\u00f3n de ir por el camino f\u00e1cil: el de la violencia. Se excluye la dignidad de la persona, la existencialidad de la verdad, de \u00ablo bueno\u00bb incondicionalmente. Se originan unas fuerzas que \u00abcogen\u00bb al hombre, lo insertan en la econom\u00eda, en la pol\u00edtica al servicio de los partidos, en la utilidad; lo ponen en un determinado lugar y lo dirigen de antemano a fines establecidos. Y esto no s\u00f3lo f\u00edsicamente, sino tambi\u00e9n ps\u00edquicamente, e incluso espiritualmente desde el momento en que la dial\u00e9ctica y la t\u00e9cnica de la discusi\u00f3n, la presentaci\u00f3n de la historia y de la vida, la manera de ver la existencia, tienden a unos fines determinados y no al respeto a la verdad. Desaparece lo verdaderamente espiritual: la capacidad de enfrentarse con las realidades v\u00e1lidas para contemplarlas y juzgarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que desaparecen los lazos que atan a la norma moral consecuencia de \u00ablo religioso\u00bb, \u00ablo divino\u00bb, que es lo Bueno, lo Verdadero, lo Justo, el Amor, la Vida; en una palabra: Dios, se confunde con la fuerza, con la violencia; la iniciativa con la gloria personal; el mando con la esclavizaci\u00f3n; la objetividad con la ventaja propia; el resultado aut\u00e9ntico, que tiende hacia la totalidad y lo durable, con el mero \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDebemos volver a plantear seriamente el problema del punto de convergencia \u00faltimo de nuestra existencia, es decir, el problema de Dios. El hombre no est\u00e1 constituido de tal manera que est\u00e9 acabado en s\u00ed mismo y, adem\u00e1s, pueda entrar o no en relaci\u00f3n con Dios, seg\u00fan sus ideas o sus gustos. Por el contrario, su esencia consiste decisivamente en su relaci\u00f3n con Dios. El hombre s\u00f3lo existe en cuanto referido a Dios; y por ello su car\u00e1cter se define seg\u00fan la manera como entiende esta relaci\u00f3n, la seriedad con que la tome y lo que haga de ella. Esto es as\u00ed, y ni los fil\u00f3sofos, ni los pol\u00edticos, ni los poetas, ni los psic\u00f3logos pueden cambiar nada aqu\u00ed\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La presencia de lo sagrado: origen y cumbre de la civilizaci\u00f3n realmente humana<\/h2>\n\n\n\n<p>Lo que han de surgir son formas, ordenaciones, t\u00e9cnica, arte, ciencias, obras en las que se exprese con toda su grandeza este cumplimiento de la misi\u00f3n que Dios puso en la esencia del hombre: se\u00f1or\u00edo. Obras concretas de cultura y civilizaci\u00f3n dadas a la luz con responsabilidad y amor. La presencia de lo sagrado es origen y cumbre de la civilizaci\u00f3n realmente humana, porque es art\u00edfice de ella un hombre que sabe mandar y obedecer. Y esto s\u00f3lo es posible cuando se reconoce la grandeza absoluta y los valores absolutos. Lo cual implica reconocer a Dios como norma viviente y punto de relaci\u00f3n de la existencia. S\u00f3lo se puede mandar justamente si se parte de Dios; y s\u00f3lo se puede obedecer bien si la obediencia se refiere a El. Estos son los hombres que importan para forjar las civilizaciones y para las decisiones: hombres que sean capaces de formarse una aut\u00e9ntica interioridad y con sentido y vida asc\u00e9ticos. Jam\u00e1s se ha conseguido nada grande sin una seria reflexi\u00f3n que penetre hasta la esencia de las cosas; y sin la asc\u00e9tica del dominio de s\u00ed mismo, por la que el hombre no capitula, sino que lucha para que la vida y todo lo que ella implica se mantenga en el honor que le pertenece y se haga fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Una civilizaci\u00f3n no puede arrancar con fuerza, ni conseguir altas cumbres con s\u00f3lo el progreso material. Ni siquiera se puede lograr una sociedad humana fraterna. Es esencial la presencia de la dimensi\u00f3n de la trascendencia, fuera de la cual no hay humanismo posible. Una sociedad en la que no est\u00e1 presente la lumbre de lo sagrado es inhumana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNada resultar\u00eda tan falso como separar la esfera religiosa de la esfera de las realidades materiales. El mundo material no tiene su principio, sino en la acci\u00f3n de las Personas divinas, y, de otro lado, est\u00e1 todo \u00e9l llamado a ser reasumido y transfigurado por las Personas divinas. Pues bien, \u00e9ste es hoy uno de los puntos m\u00e1s importantes desde el punto de vista de la actual visi\u00f3n del mundo. Una de las grandes tentaciones del hombre moderno es la desacralizaci\u00f3n del cosmos. Se tiende a concebir el mundo de la naturaleza, que es en el que se desenvuelve la ciencia, como extra\u00f1o a una finalidad religiosa. Se disocia, de alg\u00fan modo, una finalidad religiosa, que ser\u00eda puramente personal, de una finalidad c\u00f3smica, que ser\u00eda profana y material, como si la religi\u00f3n fuera un asunto privado, como si el problema religioso fuera un problema individual y no el problema de la significaci\u00f3n misma de la totalidad del universo, y por ello tambi\u00e9n el de su misma realidad material. Este enraizamiento originario de la creaci\u00f3n en la Trinidad es el punto de partida que no hay que olvidar jam\u00e1s; un punto al que siempre es preciso volver primaria y originariamente. El hecho de que se adviertan distinciones evidentes, esferas de acci\u00f3n diferentes; que el hecho de abordar el universo desde un punto de vista cient\u00edfico o desde un punto de vista contemplativo emanen de dos encuadres diferentes, no dice sino que se trata de dos puntos de vista proyectados sobre un \u00fanico universo. Sobre el mismo universo en que se desenvuelve la ciencia y que constituye el espejo a trav\u00e9s del cual se nos manifiesta la Trinidad\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como la Santa Teresa de Claudel, los hombres encerrados en las cosas gritan consciente o inconscientemente: una ventana, una ventana para salir de la eterna vanidad. No es que sea necesario rebajar al hombre para engrandecer a Dios, sino que, por el contrario, cuanto mayor grandeza alcanza el hombre m\u00e1s visible se hace la grandeza de Dios. A medida que el hombre y su obra, su dignidad y posibilidad de grandeza se nos revelen m\u00e1s grandes, mejor comprenderemos la superioridad de Aquel a quien debe su ser. Esto sana el coraz\u00f3n, la inteligencia y la obra del hombre. As\u00ed se alcanza la verdad. La religi\u00f3n brota de nuevo del fondo mismo de las actividades humanas como una dimensi\u00f3n de la misma existencia humana; brota en el pensamiento cient\u00edfico, en la medida que \u00e9ste, a trav\u00e9s de la lectura del cosmos, siente la necesidad de ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo; brota en el interior de la civilizaci\u00f3n en la medida en que la presencia de Dios aparece como m\u00e1s necesaria que la vida econ\u00f3mica y el desarrollo cient\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente la total compenetraci\u00f3n de la ciudad terrena y la ciudad eterna s\u00f3lo puede percibirse por la fe. Ah\u00ed est\u00e1 la importancia de la tarea del cristiano en el mundo actual; permitidme que os lo diga precisamente a vosotros, nuestros hombres de ciencia y sabidur\u00eda. El drama de hoy consiste en la dimisi\u00f3n de los que han de responder a la sed que tiene el mundo, que en realidad es sed de Dios. Nunca jam\u00e1s se exaltar\u00e1 al hombre si se desprecia a Dios. La convicci\u00f3n entusiasta de que cumplir la voluntad de Dios es cooperar al verdadero progreso tiene que unir fuertemente a los cristianos. <em>He descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me ha enviado<\/em> (Jn 6, 30). <em>Santif\u00edcalos en la verdad. La palabra tuya es la verdad. As\u00ed como T\u00fa me has enviado al mundo, as\u00ed yo los he enviado tambi\u00e9n a ellos al mundo<\/em> (Jn 17, 17-18).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexi\u00f3n sobre Espa\u00f1a<\/h2>\n\n\n\n<p>Aplicando ahora estas reflexiones al momento que estamos viviendo en Espa\u00f1a, considero obligado decir que la p\u00e9rdida del sentido de lo sagrado \u2013en su acepci\u00f3n m\u00e1s noble y profunda\u2013 es un drama de consecuencias grav\u00edsimas. Con la particularidad de que esa p\u00e9rdida se produce no s\u00f3lo como consecuencia de la agresi\u00f3n continua del materialismo, fen\u00f3meno de alcance universal, sino de la teor\u00eda de confusiones en la que estamos sumidos. Se confunde al clero con la Iglesia, a la Iglesia con Cristo, a Cristo con el humanismo. El resultado es que Cristo queda reducido a un promotor de mera humanidad, los fallos de la Iglesia se endosan el mensaje revelado, las faltas del clero a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al amparo de las nuevas situaciones pol\u00edticas, y como exigencia anticipada de las que est\u00e1n por venir, seg\u00fan los proyectos de muchos, gran parte del pueblo espa\u00f1ol va quedando como narcotizado por la preocupaci\u00f3n de lo terrestre inmediato; por las llamadas a tomar decisiones que van a transformar \u2013se dice\u2013 las normas de la vida; por las invocaciones a la libertad, degradada cada d\u00eda por la desenvoltura m\u00e1s soez, el insulto y la ignominia. La libertad, convertida en un fin por s\u00ed misma, es lo m\u00e1s apto para embrutecer a quien la adora.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edan discutirse, y corregirse en la medida en que sea conveniente, con observaciones objetivas, no mediante sarcasmos ni caricaturas, hechos hist\u00f3ricos como, por ejemplo: excesiva influencia del clero en determinadas \u00e9pocas, intransigencia cultural en nombre de la manera de entender la fe m\u00e1s que de la misma fe, mezcla indebida de lo religioso y lo pol\u00edtico, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca la Iglesia ha estado mejor dispuesta, gracias a la revisi\u00f3n que de s\u00ed misma ha hecho en el Concilio \u00faltimo, a reconocer sus excesos o sus limitaciones. Ayudar a que esto se haga ser\u00eda una muestra de civilizaci\u00f3n y de cordura social.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no es esto lo que se propugna. En el horizonte de la vida espa\u00f1ola va apareciendo, con perfiles cada vez m\u00e1s gruesos y oscuros, la burla de la Religi\u00f3n, la m\u00e1s sucia y detestable pornograf\u00eda, los movimientos feministas de liberaci\u00f3n de la mujer con manifestaciones aberrantes, las ideolog\u00edas marxistas que quieren corregir los vicios del capitalismo, alimentando otros m\u00e1s graves y nocivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro docenas de escritores de peri\u00f3dicos y revistas, que deshonran a la clase period\u00edstica, y a los que hacen coro otros ac\u00f3litos, pontifican cada d\u00eda desde sus tribunas sobre todo lo divino y lo humano, sobre religi\u00f3n, trabajo, sexo, libertad, relaciones sociales, derechos sin obligaciones, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo peor no es que disminuyan las manifestaciones de vida religiosa en la familia y en la sociedad, aunque tambi\u00e9n tiene su importancia; lo m\u00e1s grave es que se presente como una conquista de la libertad y del progreso el desolador vicio interior a que llega el esp\u00edritu del hombre cuando ya no capta la onda de lo sagrado en la existencia, en el amor, en la uni\u00f3n conyugal, en el trabajo, en la enfermedad, en la muerte, en el destino \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todos los defectos que se quieran se\u00f1alar, estos valores formaban parte del patrimonio com\u00fan de la cultura espa\u00f1ola, y daban sentido a la vida, y manten\u00edan los hilos de la relaci\u00f3n con Dios. Como hombre religioso, y simplemente como amante de la civilizaci\u00f3n y del progreso, me duele que se pierda. Pero todav\u00eda me hace sufrir m\u00e1s que se pierdan por frivolidad, por estulticia, por af\u00e1n de imitaci\u00f3n o por complejo de cobard\u00eda y temor de proclamarlos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Y nada m\u00e1s, se\u00f1oras y se\u00f1ores. Gracias por la singular y amable atenci\u00f3n con que me hab\u00e9is escuchado, y por la ocasi\u00f3n que me hab\u00e9is brindado para poder por mi parte ofreceros estas reflexiones. Mi m\u00e1s sincero deseo es\u00b7 que os hayan sido \u00fatiles, a fin de lograr una mayor profundizaci\u00f3n en la verdad que profes\u00e1is; y que lleven, ojal\u00e1 a muchos, alguna luz que les oriente y gu\u00ede en medio de los confusionismos que por todas partes y continuamente nos abordan.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> X. Zubiri, <em>Naturaleza, historia y Dios, <\/em>Madrid 1955, 320.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> R. Guardini, <em>Religi\u00f3n y revelaci\u00f3n, <\/em>Madrid 1964, 34-35.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>\u00bfDesacralizaci\u00f3n o evangelizaci\u00f3n?, <\/em>Bilbao 1965, 73-74.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> R. Guardini, <em>La preocupaci\u00f3n por el hombre, <\/em>Madrid 1965, 104-105.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Citado por Allen Zatet, <em>Cultura e revelazione, <\/em>p. 110.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> R. Guardini, <em>Religi\u00f3n y revelaci\u00f3n, <\/em>Madrid 1964, 60-61.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> R. Guardini, <em>El poder, <\/em>Madrid 1963, 148.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>La Trinidad y el misterio de la existencia, <\/em>Madrid 1969, 16-17.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en la Academia de Doctores. Madrid. el 23 de febrero de 1978. Texto publicado en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, abril 1978. Agradezco mucho las palabras con que me honra el se\u00f1or Presidente, debidas a su gentileza m\u00e1s que a mis merecimientos. 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