{"id":498,"date":"2024-09-18T19:22:33","date_gmt":"2024-09-18T17:22:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?p=390"},"modified":"2024-09-22T17:45:38","modified_gmt":"2024-09-22T15:45:38","password":"","slug":"presencia-del-misterio","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/presencia-del-misterio\/","title":{"rendered":"Presencia del misterio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\"><br>Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencia Morales y Pol\u00edticas, Madrid, 11 de junio de 1974. Texto tomado de la edici\u00f3n oficial publicada por la referida Academia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Pr\u00f3logo<\/h2>\n\n\n\n<p>El honor que me hac\u00e9is al elegirme miembro numerario de esta Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas no podr\u00e1 ser correspondido por m\u00ed simplemente con sentimientos de gratitud. Me parece escaso reconocimiento a una distinci\u00f3n tan notable.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo cual quiero asegurar os desde este primer instante que, por encima del agradecimiento, actitud noble si las hay, es el respeto y la admiraci\u00f3n lo que llena mi alma al ingresar en la Academia: Respeto a la Instituci\u00f3n en s\u00ed, por lo que significan su historia y su ejemplar actividad ; y admiraci\u00f3n a vosotros , se\u00f1ores acad\u00e9micos, en cada una de cuyas vidas, tan dispares y tan coincidentes, sin embargo , en m\u00e9ritos de pensamiento y de acci\u00f3n, encontrar\u00e1 siempre, el que quiera lealmente buscarlos, motivos para la alabanza justa y el honor que se debe a vuestros trabajos y a vuestro propio comportamiento social en el campo espec\u00edfico de las actividad es p\u00fablicas, por las cuales sois tan ampliamente conocidos y tan leg\u00edtimamente estimados.<\/p>\n\n\n\n<p>Recibir\u00e9 de vosotros mucho m\u00e1s, sin duda, de lo que yo pueda ofrecer. Y \u00e9ste es el mejor tributo que yo puedo rendiros al proclamarlo, como as\u00ed es, con sinceridad y con gozo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sucedo al Acad\u00e9mico de n\u00famero, Excmo. Sr. don Eloy Montero Guti\u00e9rrez. S\u00f3lo una vez pude saludarle con ocasi\u00f3n de un acto acad\u00e9mico celebrado en la Universidad de Valladolid, donde yo era Profesor. Ten\u00eda all\u00ed muchos amigos, desde los tiempos en que fue Can\u00f3nigo Doctoral de aquella Metropolitana. Pero, \u00bfd\u00f3nde no ten\u00eda amigos don Eloy Montero? Amigos y disc\u00edpulos que recibieron el beneficio de su amistad y su magisterio. Su vida fue densa y apretada porque \u00e9l la hizo girar constantemente en torno a tres grandes ideales: el Sacerdocio, el estudio del Derecho y la C\u00e1tedra.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo sus estudios eclesi\u00e1sticos en el Seminario de Ciudad Rodrigo y m\u00e1s tarde en la Universidad Pontificia de Salamanca, ciudad en la de Ciencias Morales y Pol\u00edticas. Madrid, edici\u00f3n oficial publicada por la referida que curs\u00f3 tambi\u00e9n los de Filosof\u00eda y Letras, y Derecho en la Universidad civil. A los veintis\u00e9is a\u00f1os era Provisor y Vicario General en su Di\u00f3cesis de origen y Can\u00f3nigo por oposici\u00f3n. M\u00e1s tarde, Doctoral en Valladolid. Cargos y funciones todos ellos que le iniciaron en las tareas del gobierno, del hombre de acci\u00f3n y del dictamen del especialista.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1921 obtiene la C\u00e1tedra de Derecho Can\u00f3nico en la Universidad de Sevilla, con lo que entra ya de lleno en el mundo universitario civil. En adelante, la docencia y el estudio de las disciplinas jur\u00eddicas ser\u00e1n su constante dedicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa en 1928 a la Universidad Central, tambi\u00e9n por oposici\u00f3n; y, no obstante los turbulentos a\u00f1os que pronto aparecieron en el horizonte de la vida espa\u00f1ola, su prestigio fue creciendo sin cesar. Ello hizo f\u00e1cil que, terminada nuestra guerra, fuese durante once a\u00f1os el indiscutible Decano de la Facultad de Derecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Su tiempo lo absorb\u00edan la C\u00e1tedra y la Facultad, las publicaciones doctrinales, los art\u00edculos y trabajos de divulgaci\u00f3n, los informes y colaboraciones que hubo de prestar a las diversas Comisiones y Consejos de que form\u00f3 parte, y tambi\u00e9n el ejercicio privado de la abogac\u00eda en tantos y tantos pleitos matrimoniales para cuya soluci\u00f3n fue requerido. Sus obras sobre <em>Derecho Can\u00f3nico Comparado, El matrimonio y las causas matrimoniales<\/em> y la iniciaci\u00f3n de la \u00abBiblioteca de Cl\u00e1sicos Jur\u00eddicos\u00bb, en la Facultad de Derecho, no le impidieron dedicar su pluma a la redacci\u00f3n de otros escritos m\u00e1s ocasionales y accesibles al p\u00fablico no especializado, como <em>El porvenir de la Iglesia en Espa\u00f1a<\/em>, en 1933, y <em>Lo que vi en Rusia<\/em>, en 1935. Igualmente podr\u00edamos citar sus trabajos monogr\u00e1ficos, como <em>Marruecos: el pueblo moro y el pueblo jud\u00edo, La guerra ante el Derecho y ante la Iglesia, El individualismo econ\u00f3mico y las modernas exigencias de la justicia social, Los Estados modernos y la nueva Espa\u00f1a<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, es de justicia se\u00f1alar el fervor y la asiduidad con que se entreg\u00f3 a esta insigne Academia, que le acogi\u00f3 en su seno. Desde que fue recibido en 1942, asisti\u00f3 a 434 juntas entre ordinarias y p\u00fablicas, y present\u00f3, o escribi\u00f3 en la revista, diversos trabajos, como <em>Restauraci\u00f3n de la vida familiar y hogare\u00f1a, Neomaltusianismo y sus problemas, La Iglesia en la China comunista, La mujer en la revoluci\u00f3n china, El movimiento ecum\u00e9nico, La Iglesia anglicana<\/em>, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el tema que mereci\u00f3 sus preferencias fue siempre el de la familia, al que dedic\u00f3 el discurso de ingreso en 1942, con el t\u00edtulo: Crisis de la familia en la sociedad moderna. En favor de esta instituci\u00f3n sagrada trabaj\u00f3 cuanto pudo en su triple condici\u00f3n de sacerdote, canonista y soci\u00f3logo. La contemplaci\u00f3n de tantos dramas familiares desde su despacho de abogado le ayud\u00f3 a comprender de la manera m\u00e1s viva y directa la necesidad de cultivar por encima de todo los valores morales de la familia y, queriendo dar una prueba definitiva de c\u00f3mo en \u00e9l hallaron armon\u00eda las preocupaciones del sacerdote y el recto pensar del acad\u00e9mico, dej\u00f3 instituida en su testamento una fundaci\u00f3n con capital de 300.000 pesetas para premiar a la persona que m\u00e1s se haya distinguido como jefe de familia cristiana y que m\u00e1s eficazmente haya defendido y programado los principios morales y religiosos de la familia cat\u00f3lica en discursos, conferencias, libros, etc\u00e9tera. Esta Academia, junto con la de Jurisprudencia \u2013a la que tambi\u00e9n pertenec\u00eda\u2013, forma parte del Patronato que ha de conceder los premios.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, un hombre de claro y recto pensamiento, un jurista eximio, un espa\u00f1ol atento a las grandes tradiciones de su Patria, un enamorado de la cultura y las instituciones docentes, un sacerdote leal servidor de la Iglesia. Esto fue el Excmo. Sr. don Eloy Montero, al que yo rindo homenaje con toda complacencia, honrado por el hecho de sucederle en el lugar que ocup\u00f3 en esta docta casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Paso ya al tema de mi discurso.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">PRIMERA PARTE<br><br>El problema del misterio en la vida humana<\/h2>\n\n\n\n<p>Mi condici\u00f3n de sacerdote y obispo de la Iglesia de Cristo me obliga y exige, en cada momento y circunstancia de la vida, colocarme en una perspectiva muy concreta. Por eso al pronunciar mi discurso de ingreso, precisamente en esta Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, he pensado en un tema sin duda fundamental para la vida del hombre hoy, que experimenta lo dif\u00edcil que es vivir a pesar de los progresos t\u00e9cnicos del desarrollo de las ciencias en todos los campos: la \u00abpresencia del misterio\u00bb. Es necesario volver continuamente sobre ello para no perder de vista el sentido de la totalidad de la existencia humana al entregamos con tanto af\u00e1n a responsabilidades aisladas de \u00edndole pol\u00edtica, art\u00edstica, econ\u00f3mica, social, t\u00e9cnica y cient\u00edfica. La reflexi\u00f3n sobre la presencia del misterio en nuestra existencia es siempre vital y nueva, porque todo hombre ha de asomarse continuamente al misterio por s\u00ed mismo y siempre son nuevas y distintas las situaciones en las que se desarrolla la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nuestro compromiso con el misterio<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00abNo vacilo en afirmar que muchos de los males m\u00e1s espantosos que aquejan a la Humanidad, muchos errores, incluso las peores perversiones que comprobamos a nuestro alrededor, se relacionan \u00edntimamente con la casi general obnubilaci\u00f3n del sentido que habr\u00edamos de tener para este misterio que nos envuelve a todos nosotros. Este misterio es de tal \u00edndole que con \u00e9l la vida humana no solamente pierde, entre otras cosas, una dimensi\u00f3n, sino incluso peso y plenitud\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Es un texto de Gabriel Marcel, cuya muerte reciente me movi\u00f3 decididamente a elegir este tema, para \u00e9l tan querido. Por eso parto de su reflexi\u00f3n sobre <em>Misterio y Problema<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abUn problema es algo que encuentro, que aparece \u00edntegramente ante m\u00ed, y que por lo mismo puedo asediar y reducir, mientras que el misterio es algo en lo que estoy comprometido\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Es decir, con el problema nos enfrentamos, es algo que est\u00e1 ah\u00ed, fuera de nosotros. Es un obst\u00e1culo que hemos de vencer, con el planteamiento de unos datos concretos que tienen una soluci\u00f3n exacta. El misterio, en cambio, es algo en lo que nosotros estamos comprometidos, es interior a nuestro ser, lo llevamos dentro, y \u00e9l nos lleva a nosotros: se identifica con nosotros, no podemos distanciarnos de \u00e9l. Para el problema hay t\u00e9cnicas adecuadas, en funci\u00f3n de las cuales se define; pero el misterio trasciende toda t\u00e9cnica. La experiencia humana va arrojando luz sobre la zona de lo problem\u00e1tico, las adquisiciones logradas se acumulan y quedan al alcance de quien las estudia; y, aunque siempre aparezcan l\u00edneas desconocidas y m\u00e1rgenes de error, lo desconocido puede ser cubierto y el margen de error corregido. No obstante, en cuanto al misterio, vivimos a su lado, dentro de \u00e9l, pero jam\u00e1s lo dominamos, ni podemos situarlo dentro de unos l\u00edmites. Cada hombre ha de encontrarse y abismarse en el misterio por s\u00ed mismo; los datos y las informaciones apenas llegan a abordarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tampoco puede confundirse el misterio con lo difuminado, con lo nebuloso o con lo incognoscible. \u00abLo incognoscible no es, en efecto, m\u00e1s que un l\u00edmite de lo problem\u00e1tico que no puede ser actualizad o sin contradicci\u00f3n. El reconocimiento del misterio es, por el contrario, un acto esencialmente positivo del esp\u00edritu, el acto positivo por excelencia y en funci\u00f3n del cual se define rigurosamente cualquier positividad\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. En el problema somos nosotros los que formulamos preguntas, pero en el misterio somos interpelados, como llamados insistentemente para esclarecer algo que nos es vital. Lo maravilloso es que toda luz que se arroja sobre \u00e9l hace m\u00e1s clara su interpelaci\u00f3n, y esa claridad es una nueva llamada a una mayor profundidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en la doble referencia que define la condici\u00f3n humana seg\u00fan Gabriel Marcel: \u00abSer y tener\u00bb. El tener alude al orden de cosas que el hombre posee, es el \u00e1mbito de su dominio, pero lo que le define propiamente no es lo que tiene, sino lo que es. Hay que buscar el tener en tanto en cuanto es un enriquecimiento del ser. Lo esencial es el ser, cuyas categor\u00edas escapan a las del tener, puesto que \u00e9ste es \u00abalgo que llena lo que es\u00bb, simple \u00abinherencia al\u00bb. \u00abPara tener, efectivamente, es necesario ser en alg\u00fan grado\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Si el tener llegara a degradar al ser, habr\u00eda hasta que maldecirlo, pero pierde ese aspecto de exterioridad y dualidad que presenta frente al ser, cuando el esp\u00edritu se alimenta de \u00e9l como un \u00e1rbol que al ir ensanchan do m\u00e1s y m\u00e1s sus ra\u00edces en la tierra, se apodera de las sustancias que le nutren, porque las convierte en savia, en \u00ab\u00e1rbol\u00bb. El ser est\u00e1 en la l\u00ednea del misterio; el tener, en la del problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hace al hombre tal no es el conjunto de sus haberes o pertenencias, es su misma existencia, el misterio de su libertad, capacidad, posibilidad de amar y ser amado, irrepetibilidad, apertura a lo trascendente, vocaci\u00f3n, destino, responsabilidad. La filosof\u00eda puede decir que el hombre es un ser en el mundo, que es parte del mundo, que es la cumbre de las realizaciones en la Naturaleza, pero su ser no puede confundirse con el mundo. No tiene el mismo significado el que un p\u00e1jaro construya su nido y un hombre construya su casa. En el hombre act\u00faa el esp\u00edritu con toda su dimensi\u00f3n y se eleva por encima de las condiciones naturales inmediatas. El hombre no est\u00e1 constituid o de tal manera que est\u00e9 acabado en s\u00ed mismo. Posee una triple relaci\u00f3n vital, como dice Mart\u00edn Buber: relaci\u00f3n con el mundo y las cosas, relaci\u00f3n con los hombres, tanto individual como colectiva, y relaci\u00f3n con el misterio del ser que penetra las dos relaciones anteriores trascendi\u00e9ndolas. \u00abMisterio que el fil\u00f3sofo denomina lo absoluto y el creyente Dios, pero que ni siquiera quien rechaza estas denominaciones es capaz de eliminarlo realmente de su situaci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>. Estas tres relaciones vitales son paralelas a la triple relaci\u00f3n de verdad, que seg\u00fan Hans Urs von Balthasar, en su libro <em>El hombre actual frente al problema de Dios<\/em>, hay en el hombre: el hombre <em>logra sentido<\/em> en el encuentro, el hombre como ser corporal es solidario del cosmos, el hombre como esp\u00edritu est\u00e1 abierto a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre es \u00abpersona\u00bb y tiene una significaci\u00f3n tal que no puede ser sustituido por otro. La persona, como dice Marcel, toma conciencia de que \u00abes m\u00e1s que su vida\u00bb , est\u00e1 llamada a un destino eterno que siente dentro de s\u00ed y que s\u00f3lo ella podr\u00e1 realizar. Lo esencial de la vida humana se reduce en \u00faltimo t\u00e9rmino al misterio de su ser, no al hacer, tener o poseer. Los actos realizados son su fruto y concreci\u00f3n. Nos equivocamos al olvidar tan f\u00e1cilmente el sentido de la vida humana y reducirla a conseguir \u00e9xitos, poder o dominio, al logro de las realidades materiales, a la circunstancia externa del aqu\u00ed y del ahora, a la que ciertamente est\u00e1 condicionada y en la que se realiza, a la inmediatez de lo que toca y palpa, a la seguridad de lo exacto y preciso, a lo que se ordena y estructura seg\u00fan funciones y f\u00f3rmulas, a la acci\u00f3n pragm\u00e1tica y eficaz. S\u00f3lo en el sentido de la vida, que es el misterio de nuestro ser, est\u00e1 la ra\u00edz de toda acci\u00f3n, y s\u00f3lo en el ser se perciben los aut\u00e9nticos lazos y relaciones que entretejen la trama del vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede tirar por la borda, o sencillamente omitir, el misterio de la existencia que es el que ilumina la vida cotidiana y el ser del hombre en el mundo. \u00c9l es la clave de b\u00f3veda y el nudo de los seres. S\u00f3lo \u00e9l puede dar una respuesta a todos los problemas y, a los hechos, una significaci\u00f3n. Prescindir de \u00e9l ser\u00eda algo as\u00ed como si en las f\u00f3rmulas f\u00edsicas, qu\u00edmicas o matem\u00e1ticas cayeran los signos que permiten precisamente tales f\u00f3rmulas y establecen su correlaci\u00f3n y sentido, o como si en una composici\u00f3n musical nos qued\u00e1ramos con las notas sueltas, sin pentagrama para leer la melod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nada es m\u00e1s admirable e inquietante que el ser humano<\/h3>\n\n\n\n<p>El hombre es la proclamaci\u00f3n viva del misterio en todo el desarrollo de lo que pudi\u00e9ramos llamar las tres grandes zonas que integran su ser: conocimiento, sentimiento y tendencia. En la ra\u00edz de su existencia est\u00e1 la vida, la muerte y anhelo de inmortalidad, la ley y la libertad, la trascendencia y la finitud, el esp\u00edritu y la materia, la temporalidad y la pervivencia, la presencia y la soledad. En su vida cotidiana, las derivaciones del misterio se manifiestan en el amor, en la fidelidad, en las decisiones que libre y responsablemente toma, en el juicio y autocritica de su propia conciencia, en el imprevisto que trastoca sus planes, en el dolor, en la paz. Los hombres se preguntan por el misterio, porque penetra su existencia de muy distintas formas. Nadie se pregunta por lo que de alguna forma no conoce, siente o vive. \u00abHay sabidur\u00eda dondequiera que uno tiende, no digamos a organizar, pero s\u00ed a ordenar su vida alrededor de un centro, con relaci\u00f3n al cual aparece como perif\u00e9rico y subordinado aquello que no procede m\u00e1s que de la preocupaci\u00f3n por mantenerse en la existencia y en los intereses que a ella se refieren. Pero la ciencia misma se reduce a un desperdigamiento de conocimientos si no se constituye en algo que gira alrededor de un centro\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hombre de siempre, pero quiz\u00e1 m\u00e1s que nunca al de hoy, le ha estremecido y admirado su propio poder. Se siente due\u00f1o y se\u00f1or de todo. Es el \u00fanico ser inteligente que comprende los procesos, encuentra las reglas y leyes del desarrollo, capta los principios de donde se deducen causas y efectos, reconoce las bases y fundamentos seg\u00fan los cuales tiene que suceder esto de determinada manera. Es capaz de razonamientos que tienen conclusiones fecund\u00edsimas. Su inteligencia penetra en la esencia de los fen\u00f3menos y cala hasta lo profundo de las estructuras. Persigue la Naturaleza en sus leyes m\u00e1s rec\u00f3nditas y la esclarece hasta en sus \u00faltimos componentes. Satisface sus necesidades cada vez mejor y de forma m\u00e1s refinada. Despliega una vida riqu\u00edsima en todos los campos del saber y de la cultura. La marcha de su historia es un constante progreso hacia un dominio de las cosas siempre en aumento. En su m\u00e1s profundo sentir, est\u00e1 la realidad de que el mundo le ha sido dado como tarea propia suya. Y si no lo siente como\u00bb dado\u00bb, \u00abconfiado\u00bb, se cree el ser en el que la Naturaleza se ha hecho inteligente, consciente y directiva. Lo que est\u00e1 en torno suyo le parece susceptible de ser captado, comprendido, modificado, aprovechado mediante su saber y trabajo. Todo se ordena a constituir una vida cada vez m\u00e1s tecnificada y f\u00e1cil, como si s\u00f3lo esto fuera la aut\u00e9ntica y profunda existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho hay de admirable en el universo, pero nada es m\u00e1s admirable e inquietante que el ser humano, dijo ya S\u00f3focles hace veinticinco siglos en el coro de Ant\u00edgona, porque \u00abposeyendo la industriosa habilidad del arte m\u00e1s de lo que pod\u00eda esperarse, procede unas veces bien o se arrastra hacia el mal conculcando las leyes de la patria y el sagrado juramento de los dioses\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>. El poder es espec\u00edficamente humano, y, por tanto, significa la posibilidad de ayudar al hombre al desarrollo de su plenitud o el peligro de enajenarle y destruirle. No le es algo a\u00f1adido, est\u00e1 en el misterio de su ser, le es esencial ejercitarlo. Lo que el hombre puede con su poder y dominio es una interrogaci\u00f3n constantemente planteada, porque con facilidad sucumbe al ego\u00edsmo, a la confusi\u00f3n, al torbellino de la acci\u00f3n. Su mal uso le oscurece su vocaci\u00f3n humana. Toda actuaci\u00f3n del poder que no venga dominada por el respeto al misterio de lo que es la persona significa la destrucci\u00f3n de lo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el hombre se sabe a imagen y semejanza de un Dios personal, vivo y libre, que tambi\u00e9n es su salvador, ser\u00e1 due\u00f1o de su poder, ser\u00e1 noble en su fuerza creadora, no se dejar\u00e1 esclavizar por nada, tendr\u00e1 conciencia del sentido del conjunto de la vida y de su propia vida y destino, distinguir\u00e1 lo que est\u00e1 lleno de valor y lo que debe ser sacrificado para lograr una mayor riqueza, tendr\u00e1 una mirada despejada para captar el aut\u00e9ntico y pleno desarrollo de su ser. Su tarea, la que exige su vocaci\u00f3n humana, quedar\u00e1 colmada. Si de la vida tiene una visi\u00f3n materialista y pragm\u00e1tica, todo lo tratar\u00e1 como una especie de fuerza de la que debe apoderarse para manipularlo a su antojo. Todo puede ser afirmado o trastocado, destruido o puesto en marcha m\u00e1s o menos que como si se manejara un interruptor que deja pasar la corriente. Si desapareciera del hombre el sentido y respeto de la vida, la convicci\u00f3n de que su destino es eterno y de la responsabilidad de su actuaci\u00f3n; si desapareciera de su conciencia la luz del ser que realmente es, por muy grande que fuera su dominio, avanzada su t\u00e9cnica, exacta y precisa su ciencia, refinada su vida, caer\u00eda en el vac\u00edo y degradaci\u00f3n de su propio ser.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl hombre de hoy y de ma\u00f1ana tiene que hab\u00e9rselas con energ\u00edas de dimensiones enormes. Est\u00e1 expuesto a riesgos que llegan hasta el fondo. Pero su situaci\u00f3n no se puede dominar con una actitud relativista de esp\u00edritu. Este produce una \u00edndole humana que s\u00f3lo es dura en los planteamientos de problemas cient\u00edficos y t\u00e9cnicos, pero que es blanda en su actitud personal. En ella resulta variable la distinci\u00f3n entre raz\u00f3n y sinraz\u00f3n; la relaci\u00f3n entre lo \u00fatil y el respeto al hombre; la ordenaci\u00f3n de rango de lo esencial y de lo casual, y as\u00ed sucesivamente. El hombre queda inerme ante las tendencias del acontecer cultural, y oculta su debilidad tras la idea de la inevitabilidad de los procesos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl hombre debe volver a establecer posiciones absolutas; hacerse otra vez capaz de formar un aut\u00e9ntico juicio de las cosas de la vida cultural, y mantenerlo en pie; de adoptar una actitud y hacerla prevalecer luchando. Esto no ocurre por s\u00ed solo, sino que los actos que lo producen deben ser desarrollados; pero aquello que lo consigue es precisamente la ascesis; una disciplina de s\u00ed mismo que limite la desmesura de las exigencias de la vida y que ponga medida al desenfreno del consumo y el placer, rompiendo la dictadura de la ambici\u00f3n y el af\u00e1n de ganancia; y todo ello, no por la enemistad a la vida, sino por deseo de una vida m\u00e1s libre y valiosa.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSin exponemos a la sospecha del engrandecimiento de nosotros mismos, hemos de decir que en nuestra \u00e9poca hay posibilidades totalmente nuevas de grandeza en la actuaci\u00f3n y en el ser. Pero &#8216;grandeza&#8217; no es nada cuantitativo, sino asunto de valor interior; asunto de la libertad y del estilo\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El misterio de la existencia humana en la doble dimensi\u00f3n crucial del anhelo de dominio y del respeto<\/h3>\n\n\n\n<p>El anhelo de dominio es la expresi\u00f3n inmediata de la existencia humana. En su dimensi\u00f3n positiva e interior al hombre significa la conciencia de s\u00ed; la tensi\u00f3n por conseguir la identidad con uno mismo; la autoafirmaci\u00f3n en y por encima de la diversidad de situaciones; la voluntad para establecer unos fines a conseguir, de la \u00edndole que sean; la autodeterminaci\u00f3n ante toda una serie .de posibilidades de elecci\u00f3n. En su aspecto m\u00e1s exterior es la facultad que pone en movimiento fuerzas, encauza energ\u00edas que cambian la realidad, establece nuevas relaciones y estructuras. En su dimensi\u00f3n negativa significa soberbia, violencia, olvido de la realizaci\u00f3n interior, enajenaci\u00f3n, abuso de fuerza, destrucci\u00f3n del respeto a la persona, allanamiento de la libertad, destrucci\u00f3n de valores fundamentales, supeditaci\u00f3n a fuerzas interiores desenfocadas, perversi\u00f3n de intenciones y, por tanto, de fines.<\/p>\n\n\n\n<p>El anhelo de dominio se expresa, tanto en la noble y alta aceptaci\u00f3n del dolor, que lo convierte en visi\u00f3n m\u00e1s profunda de la vida y de lo esencial, como en el esfuerzo inteligente para transformar la energ\u00eda de la Naturaleza; tanto en el hombre que se destruye a s\u00ed mismo por ejercer un poder tir\u00e1nico que aniquila su interioridad, como en la destrucci\u00f3n violenta de vidas y bienes. El anhelo de dominio se define cuando el hombre cobra conciencia de \u00e9l y lo transforma en acci\u00f3n de la que es \u00fanico responsable. El misterio presente en el ejercicio de su poder lo diferencia de todo lo que existe en la Naturaleza y le hace preguntarse, en consecuencia, por esta responsabilidad suya, por esta singularidad y grandeza de su condici\u00f3n humana. En \u00e9l todo tiene sentido: el dolor, la alegr\u00eda, el \u00e9xito, el fracaso; porque todo, seg\u00fan el ejercicio libre de su poder, puede realizarle o destruirle. Nuestras acciones nunca son sencillamente una cadena de est\u00edmulos y respuestas, un simple planteamiento de datos de un problema con una soluci\u00f3n encasillada y \u00fanica.<\/p>\n\n\n\n<p>En el interior de s\u00ed, el hombre sabe, tiene capacidad para ello, que no existe dominio alguno que no sea al mismo tiempo dominio de s\u00ed; que no hay grandeza sin el renunciamiento de uno mismo; no hay poder sin humildad, no hay mandato sin obediencia. Y cuando el hombre sabe y vive todo esto, es que vive inmerso en algo que trasciende lo material, en algo que no puede asir entre sus manos ni delimitar con su inteligencia. Sabe que ejerce bien o mal su poder con relaci\u00f3n a una plenitud, a un dominio y a una liberaci\u00f3n que a\u00f1ora y que parece identificarse con \u00e9l mismo, pero que a\u00fan no posee. Hay algo, la presencia del misterio, expresado y definido en ese anhelo de dominio que es mucho m\u00e1s que el dominio de fuerzas exteriores, porque lo que desea es su plena realizaci\u00f3n, una interiorizaci\u00f3n que le trasciende y le abre, una liberaci\u00f3n que le eleva como por encima de s\u00ed mismo al tiempo que encuentra su verdadera y rica identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El anhelo de dominio y el respeto son manifestaciones muy concretas, pero tambi\u00e9n muy hondas del misterio de la existencia humana. Su vinculaci\u00f3n es radical y ambos parten del mismo n\u00facleo: la singularidad y dignidad de la persona humana. Al hablar de persona, pienso en el sentido de lo que esencial y existencialmente constituye al ser humano como tal: libertad y responsabilidad, con todas sus implicaciones; pienso en la unidad. \u00edntegra que fundamenta todos los actos, en la propiedad que de s\u00ed mismo tiene, en su exclusividad, en la exigencia de entrega por el amor y en la apertura a la trascendencia. Por tanto, al hablar de respeto a la persona est\u00e1 en juego lo m\u00e1s fundamental que puede decirse. De toda esta rica condici\u00f3n brota en consecuencia, como dec\u00eda hace un momento, el anhelo de posesi\u00f3n y dominio. Y todo abuso de \u00e9l va en contra del respeto a la persona, de la misma forma que quien no tiene respeto a la persona est\u00e1 dispuesto para la intervenci\u00f3n abusiva y destructora de su poder.<\/p>\n\n\n\n<p>El origen del sentimiento del respeto est\u00e1, por tanto, en la ra\u00edz del misterio del ser humano. Es la intuici\u00f3n de la grandeza que late en la persona, la conciencia de su valor, la convicci\u00f3n de algo sagrado e intangible, el convencimiento de no poder tomar posesi\u00f3n de ella y utilizarla para provecho propio. El respeto descubre el derecho a la dignidad, a la libertad, a la propia iniciativa, al propio desarrollo y desenvolvimiento. El aut\u00e9ntico respeto empieza cuando ante \u00abel otro\u00bb, el hombre se echa hacia atr\u00e1s, coloc\u00e1ndose como en una perspectiva espiritual, perspectiva completamente diferente a la que tiene ante las cosas, y no intenta, por tanto, cogerlo, manejarlo o dominarlo como si fuera un objeto m\u00e1s. El aut\u00e9ntico respeto empieza cuando el hombre se coloca a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s en la zona del misterio y no en la del problema. El respeto reconoce que hay una esfera privada, personal y ajena. \u00bfC\u00f3mo es posible que nuestra sociedad se deje arrastrar por el sensacionalismo, atropellando lo que el respeto pide, y simplemente por el af\u00e1n de dominio y de poder? Este anhelo, fundamental a la condici\u00f3n humana, que puede convertir al hombre en un ser verdaderamente libre para el amor y la verdad, puede tambi\u00e9n destruirlo y convertirlo en un ser demon\u00edaco. Siempre lo que es capaz de mayor gloria y grandeza lo es de la mayor abyecci\u00f3n y miseria.<\/p>\n\n\n\n<p>El respeto brota de la admiraci\u00f3n de la grandeza y la admiraci\u00f3n ensancha el coraz\u00f3n del hombre. El hombre que no admira es que no ama, y es un resentido, un mezquino y envidioso. Pero tambi\u00e9n nace el respeto ante el dolor, la tristeza, la debilidad. Misterio del dolor humano, de la tristeza, de la debilidad, cuya verdad y realidad muchas veces escapan al mismo que la experimenta. La comprensi\u00f3n es el camino del respeto; es necesario abrirse m\u00e1s y m\u00e1s a la comprensi\u00f3n de la condici\u00f3n humana. Para que el hombre conozca y asuma su total responsabilidad, tiene que encontrar la verdadera relaci\u00f3n con las exigencias m\u00e1s \u00edntimas de su ser, que le har\u00e1n ver la verdad de las cosas, y en las que puede hallar la explicaci\u00f3n de s\u00ed mismo y de lo que le rodea.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres anhelan grandes realidades y no se dan cuenta de que s\u00f3lo algunos encuentran el camino hacia ellas, porque lo comienzan en la capacidad de su propia persona, que es el mejor don que les ha sido confiado. Los que han encontrado el camino han descubierto la interioridad, la ascesis, el \u00abpara qu\u00e9\u00bb del poder en su vida, el respeto a la persona, la fecundidad del sacrificio y de lo que, en una situaci\u00f3n de inmediatez, puede parecer renuncia y despojo. Estos hombres saben y est\u00e1n iluminados por el misterio de su existencia. Saben \u00ablo que la disciplina significa, no como incorporaci\u00f3n pasiva a ella, sino como algo que asumen en la responsabilidad de la conciencia y en honor de la persona. Aqu\u00ed reside el presupuesto de la tarea m\u00e1s grande que estos hombres han de realizar: erigir una autoridad que respeta la dignidad humana; crear \u00f3rdenes en los que pueda existir la persona. La capacidad para mandar y para obedecer se ha perdido de tal manera que la fe y los dogmas han desaparecido de la conciencia de los hombres. La verdad incondicional ha sido sustituida por la pura consigna; la orden, por la coacci\u00f3n; la obediencia, por el abandono de s\u00ed mismo. Es preciso volver a descubrir lo que significa mandar y obedecer. Esto s\u00f3lo es posible si se reconoce de nuevo la grandeza absoluta, si se ven los valores absolutos; pero esto significa reconocer a Dios como norma viviente y punto de relaci\u00f3n de la existencia. En \u00faltimo t\u00e9rmino, s\u00f3lo se puede mandar justamente si se parte de Dios; y s\u00f3lo se puede obedecer bien si la obediencia se refiere a \u00c9l\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La vivencia del misterio es el \u00fanico modo de existencia aut\u00e9ntica<\/h3>\n\n\n\n<p>La vivencia del misterio es el \u00fanico modo de existencia humana aut\u00e9ntica, porque todas las situaciones y elementos: el trabajo, las relaciones, las actuaciones, los hechos, obtienen su pleno sentido cuando alcanzan la dimensi\u00f3n de algo m\u00e1s que ellos mismos y que los trasciende. Vivimos la vida a trav\u00e9s de circunstancias concretas, de situaciones limitadas al \u00abaqu\u00ed\u00bb y al \u00abahora\u00bb, pero nuestro ser escapa a esta circunstancialidad: ah\u00ed est\u00e1 el ansia de amor eterno en los juramentos y promesas de fidelidad, la continua necesidad del hombre de crear cosas bellas, el arrepentimiento que nace en la zona m\u00e1s \u00edntima y personal, la inquietud por la verdad en todas sus manifestaciones, los juicios de valor, la aceptaci\u00f3n del dolor, la grandeza de \u00e1nimo como respuesta a situaciones hirientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es que, adem\u00e1s, he dicho \u00abaqu\u00ed y ahora\u00bb como si estos adverbios estuvieran claramente delimitados y definidos, siendo as\u00ed que la espacialidad y temporalidad son interrogaciones perennes del pensamiento filos\u00f3fico y tambi\u00e9n de las ciencias positivas. El misterio est\u00e1 ya en estas dos coordenadas y en la realidad de lo existente, en su inmensidad, ilimitaci\u00f3n, en el encadenamiento de verdades que nunca se agota, en la manifestaci\u00f3n de grandeza y belleza, en el lenguaje y en los s\u00edmbolos, en la expresi\u00f3n de la ley inteligente y sabia que todo lo penetra, en el orden y armon\u00eda de la singularidad y de la totalidad. Todo, absolutamente todo, est\u00e1 haciendo relaci\u00f3n y referencia a un sentido, en el que esa singularidad y totalidad encuentra su fundamento y finalidad. Lo existente es la expresi\u00f3n en el tiempo y en el espacio de \u00abla verdad\u00bb, \u00abdel orden\u00bb, \u00abde la belleza\u00bb, \u00abdel bien\u00bb, conceptos que todos atisbamos y en relaci\u00f3n a los cuales establecemos nuestros juicios de valor, pero que nos sobrepasan y envuelven. Cuando el hombre, con su inteligencia, descubre una ley, no es en realidad un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida; ha descubierto un horizonte que le abre a otros nuevos horizontes. Y es propio de su esp\u00edritu cient\u00edfico la exigencia de un conocimiento integral que excede a las ciencias positivas. Dice Garrigou-Lagrange en su libro <em>El sentido del misterio<\/em>, que Santo Tom\u00e1s y Arist\u00f3teles, porque ten\u00edan un esp\u00edritu verdaderamente filos\u00f3fico, pose\u00edan un alto grado del sentido del misterio, es decir, un \u00abh\u00e1bito de sabidur\u00eda\u00bb muy diferente del de la ciencia positiva y del esp\u00edritu geom\u00e9trico. \u00abMientras que las ciencias positivas, que establecen las leyes de los fen\u00f3menos, consideran lo real como sensible u objeto de experiencia externa o interna; mientras que las matem\u00e1ticas consideran lo real como cuantitativo, la filosof\u00eda primera o metaf\u00edsica considera lo real como real, o al ser en cuanto ser\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>. Las ciencias positivas, a medida que se van desarrollando, son m\u00e1s conscientes de sus m\u00e9todos y posibilidades y de las inmensas zonas que escapan a su alcance. \u00abMe parece digno de nota que hoy se vuelva a la verdadera metaf\u00edsica &#8216;mediante&#8217; la ciencia y no contra la ciencia. En efecto, los fil\u00f3sofos irracionalistas, sean cristianos o existencialistas, han hecho quiebra. Nuestra \u00e9poca vuelve a encontrar la gran idea antigua y cristiana de la aptitud de la inteligencia para conocer la verdad de las cosas\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La vivencia del misterio nos da una base firme y una libertad que nos hace capaces de captar con la mirada los diferentes procesos. Lo vital suyo est\u00e1 en el sentido positivo que brinda, en la exigencia constante de superaci\u00f3n, en la serenidad y conciencia que da en los avatares de la vida, en la capacidad de resistir los oleajes y movimientos de las ideolog\u00edas pobres y superficiales, en la liberaci\u00f3n de la fuerza de sugesti\u00f3n de los grandes \u00abslogans\u00bb y de las grandes cifras, en el esp\u00edritu de creaci\u00f3n y de invenci\u00f3n que en \u00e9l se respira, en lo confortante que para el \u00e1nimo es su calor y presencia, en la realidad de crecimiento que supone en todos los \u00f3rdenes, en el sentido de responsabilidad y madurez que entra\u00f1a, en la apertura que presenta para el esp\u00edritu que tiene necesidad de caminos y no de muros. El misterio ense\u00f1a que se deben sacrificar todas las apariencias de felicidad con las que los mediocres la confunden, y que no son m\u00e1s que simples goces del coraz\u00f3n y del cuerpo adormecidos. El misterio saca al hombre de su peque\u00f1ez, encogimiento y cerraz\u00f3n y le despierta hacia lo desconocido que duerme en su ser y que es \u00e9l mismo convertible en su propia grandeza. El misterio comienza all\u00ed donde un hombre se sabe y se siente por encima de la materialidad y limitaci\u00f3n que lo constri\u00f1en.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el misterio el que hace descubrir al hombre en su soledad la vasta e ilimitada extensi\u00f3n de su esp\u00edritu y la l\u00ednea de fuerza m\u00e1s radical que posee: el amor, don de s\u00ed y reconocimiento del otro, por el que el ser cobra toda su dimensi\u00f3n y medida. Es transformante por naturaleza, pero es necesario que encuentre su objeto, por el que tiene sentido la vida y la muerte, el dolor y la alegr\u00eda. El amor nace en el silencio, que tanto tiene que ver con el misterio, porque pertenece a la estructura fundamental del hombre. \u00abEl silencio es esencial a su constituci\u00f3n \u2013dije en la conferencia <em>La adoraci\u00f3n eucar\u00edstica en la vida de la comunidad cristiana,<\/em> pronunciada en Valencia con motivo del VIII Congreso Eucar\u00edstico Nacional\u2013, es la base para llegar a la ciencia, a la belleza y a la trascendencia. Desde \u00e9l se parte a todas las direcciones, mundo exterior, mundo del arte, mundo religioso. S\u00f3lo desde \u00e9l puede conocer a Dios, a los hombres y al mundo. Es el signo de la cualidad y profundidad del esp\u00edritu. El hace posible las m\u00e1s grandes verdades, es la puerta de entrada donde todo cobra su densidad original. Los hombres nos encontramos en el silencio, gozamos de la obra de arte teniendo ambos, objeto contemplado y hombre, como medida com\u00fan, el silencio. Se encuentra el hombre con la creaci\u00f3n de su inteligencia y de sus manos en el silencio. La perfecci\u00f3n, la belleza, se logra cuando la espontaneidad original del silencio de la naturaleza y la del esp\u00edritu se encuentran y unifican en la \u00abcreaci\u00f3n\u00bb. El silencio es f\u00e9rtil como el grano de trigo. \u00c9l informa la palabra, el gesto, la expresi\u00f3n; no es carencia, ni suspensi\u00f3n de la palabra. Es esencial a la vida interior, una, y da consistencia a lo que hay en nuestra intimidad. Callamos ante el descubrimiento, ante la creaci\u00f3n, ante el amor. Ya no tienen sentido las preguntas; se siente, se ve inmerso en la plenitud; es como la totalidad, el gran contenido\u00bb; se vive en el misterio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa vida sin el misterio ser\u00eda irrespirable\u00bb, dice Gabriel Marcel<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>. Una concepci\u00f3n de la vida sin el misterio lleva al nihilismo, a la situaci\u00f3n de pobres seres acosados por lo improvisto de todo lo que ocurre, al absurdo, a la p\u00e9rdida de la gozosa confianza, vital para el ser humano; a la confusi\u00f3n y sometimiento a cualquier impresi\u00f3n y fracaso. En el misterio est\u00e1 la raz\u00f3n de vivir; sin \u00e9l, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene? \u00bfEn raz\u00f3n de qu\u00e9 nos amar\u00edamos y comprender\u00edamos los hombres? \u00bfPor qu\u00e9 la nobleza, la honradez, la justicia? \u00bfPor qu\u00e9 la valoraci\u00f3n, el rendimiento y el respeto ante el d\u00e9bil, ante el ser deforme, ante el inerme? \u00bfSin el misterio, qu\u00e9 garant\u00eda en las relaciones humanas? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene el deber? \u00bb El instinto de justicia y de caridad, presente en cada uno de nosotros, a pesar de todos los ment\u00eds de la Historia, pide que la vida tenga un sentido. No para asegurarnos una recompensa ego\u00edsta, sino para que la vida sea algo. &#8216;Para que sea&#8217;, sencillamente. Porque la vida no es nada si no es &#8216;verdadera&#8217;. Y no es verdadera si no participa de una verdad absoluta\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>. En la misma medida en que perdemos el sentido del misterio pagaremos una gran factura en la realizaci\u00f3n y desarrollo de nuestra vida humana, religiosa, social, cultural. Ya la estamos pagando al dar tanta preponderancia a lo finito, a la acci\u00f3n con una perspectiva puramente temporal y anecd\u00f3tica, al logro t\u00e9cnico y social, como si todo quisi\u00e9ramos reducirlo a la escala de lo concreto y medible y quitarle la dimensi\u00f3n de trascendencia en la que est\u00e1 la grandeza.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Respuesta del hombre a la vivencia del misterio<\/h3>\n\n\n\n<p>Si la presencia del misterio es real y vivida, tendr\u00e1 consecuencias que se manifiesten en la vida cotidiana y ofrecer\u00e1 a los hombres que lo admiten, m\u00e1s a\u00fan, les exigir\u00e1: alma para su civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica, luz bajo la que se vivan con ilusi\u00f3n las tareas temporales, sentido del dolor y de la muerte, que siempre existir\u00e1n, a pesar de los adelantos de la t\u00e9cnica; la significaci\u00f3n sagrada del amor y la relaci\u00f3n de justicia y verdad entre los hombres; juicios de valor verdadero, aut\u00e9nticos motores para crear un clima de alegr\u00eda y confianza; certeza de que estamos hechos para la felicidad y la plenitud por encima de lo que temporalmente nos afecta, como desgracia y fracaso; voluntad decidida para luchar contra una decadencia que se complace morbosamente en hurgar en las defecciones y debilidades; capacidad de resistir y defender las convicciones propias frente a nihilismos, relativismos y escepticismos demoledores.<\/p>\n\n\n\n<p>La vivencia del misterio lleva a la realizaci\u00f3n del bien, de lo bueno, de un quehacer moral del que est\u00e1 hoy tan necesitado nuestro mundo, confuso y perplejo dentro de tantas \u00e9ticas de situaci\u00f3n que minimizan la riqueza y exigencia del ser persona. La cuesti\u00f3n fundamental de todas las ciencias es en el fondo la misma: la de su verdad. Nada hay m\u00e1s profundo que ella; por eso, siguiendo el camino trazado por Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles, San Agust\u00edn y Santo Tom\u00e1s ven la bondad de los actos en la conformidad con su ser, \u00aben el obrar en verdad\u00bb. El bien, como dice Santo Tom\u00e1s, es lo que es razonable y esencial en cada caso, en cada situaci\u00f3n con que la vida nos sale al encuentro. El bien es algo vivo, activo, es la creaci\u00f3n m\u00e1s fecunda, la \u00fanica fecunda y de consecuencias ciertas e infinitas. Hay algo inefable en el mensajero del bien; \u00e9l tiene buena y sana intenci\u00f3n respecto a la vida en todas sus situaciones, por complejas que sean; respeto y nobleza para dejar ser, dejar valer y ayudar a crecer; da firmeza y serenidad, flexibilidad y comprensi\u00f3n; no se deja amargar por las circunstancias y el dolor le fortalece; est\u00e1 convencido de que el bien lo realiza cada uno concretamente, empezando por \u00e9l mismo. El hombre bueno es la presencia de un orden que trasciende lo material, lo limitado y finito; en \u00e9l encuentra resonancia la palabra que siempre est\u00e1 pronunciando el misterio.<\/p>\n\n\n\n<p>El mayor mal que se est\u00e1 haciendo al hombre es querer eliminar la trascendencia y la dimensi\u00f3n del misterio, tratando de reducirlo todo a datos personales y circunstanciales. Las consecuencias son: la tendencia a sustituir la verdad por la opini\u00f3n, la confianza por la inquietud, el fin por los medios, la conversi\u00f3n por una especie de malsano complejo de culpabilidad; inclinaci\u00f3n a presentar el bien moral como un conformismo social, a considerar como h\u00e9roe al que va en contra de los valores. \u00abSe presenta a la certeza como la expresi\u00f3n de una necesidad sospechosa de seguridad y se exalta la duda como si fuera el criterio mismo de la existencia aut\u00e9ntica. Pues bien, es falso que ponerlo todo radicalmente en tela de juicio sea la expresi\u00f3n misma de la autenticidad de la inteligencia; eso es, por el contrario, una perversi\u00f3n. Las ciencias jam\u00e1s lo ponen todo en tela de juicio. Lo hacen con hip\u00f3tesis pasadas, para sustituirlas por otras que expliquen mejor los datos. Pero jam\u00e1s ponen en tela de juicio los datos mismos. Se puede discutir una astronom\u00eda, pero no la existencia de los astros. La teolog\u00eda procede de id\u00e9ntica manera. Tiene aproximaciones cada vez m\u00e1s correctas del dato de la fe. En este sentido discute los problemas. Pero no discute el dato de la fe, porque ello ser\u00eda negar su objeto. Y en el plano mismo de la explicaci\u00f3n, toda ciencia cuenta con cosas adquiridas, sobre las cuales no hay ya por qu\u00e9 volver de nuevo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAnte este ambiente, los cristianos son, con demasiada frecuencia, cobardes o c\u00f3mplices. No puede uno menos de escandalizarse de la manera en que algunos peri\u00f3dicos y revistas cat\u00f3licas tratan sobre pel\u00edculas, novelas o ensayos sin subrayar en modo alguno los problemas morales que plantean, e interes\u00e1ndose exclusivamente por su valor art\u00edstico. Y aun este criterio no tanto en funci\u00f3n de su calidad cuanto de algunas modas del d\u00eda. Creo que es dif\u00edcil que una obra genial no sea expresi\u00f3n de una humanidad tambi\u00e9n genial; es decir, rica en autenticidad. Existe un v\u00ednculo fundamental entre belleza aut\u00e9ntica y humanidad aut\u00e9ntica. A base del error jam\u00e1s se har\u00e1n aut\u00e9nticas obras maestras humanas. No podr\u00eda citar aqu\u00ed realizaciones cumbres en el \u00e1mbito de la m\u00fasica, de la pintura o del teatro que no sean al mismo tiempo la expresi\u00f3n de una profundidad y de una autenticidad humanas.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi no hay complicidad, s\u00ed dimisi\u00f3n. Cabe siempre encerrarse dentro de una torre de marfil cada vez m\u00e1s ilusoria, porque hoy es imposible quedarse al margen del ambiente en que se vive\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. Jean Dani\u00e9lou llama \u00abenterradores\u00bb a los maestros de la revoluci\u00f3n, que se quedan en el plano de la impugnaci\u00f3n y nada tienen que afirmar, porque todo cuanto se presenta como susceptible de dar un sentido, todo reconocimiento de trascendencia es para ellos alienaci\u00f3n y represi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Para establecer juicios, para decir, por ejemplo, que una sociedad es inhumana, antes hay que saber qu\u00e9 es el hombre, porque seg\u00fan lo que \u00e9l sea, as\u00ed ser\u00e1 su aspiraci\u00f3n y su realizaci\u00f3n. Si al hombre le negamos su trascendencia, su destino eterno, su vocaci\u00f3n de ser, de verdad, de bien, de belleza, su responsabilidad en orden a una salvaci\u00f3n y condenaci\u00f3n propia y ajena, \u00bfqu\u00e9 clase de persona y de sociedad pueden existir? \u00bfEn qu\u00e9 se fundamenta su amor y su sacrificio, su entrega y su responsabilidad? \u00abTodo ocurre como si estuvi\u00e9semos hechos para otra cosa, para un futuro irrealizable, para una felicidad a\u00fan no conseguida, para &#8216;otro mundo&#8217;, para &#8216;otra vida&#8217;, para una liberaci\u00f3n de las apariencias opresivas, para una victoria sobre la muerte &#8230;, la cual contin\u00faa siendo el esc\u00e1ndalo absoluto. Creo que, si esta convicci\u00f3n de otro mundo no existiera, todos nuestros gestos ante el nacimiento o la muerte ser\u00edan inmediatamente est\u00fapidos&#8230; Y encuentro entonces una verdad filos\u00f3fica, humana, e incluso universal, en esta reflexi\u00f3n tan bella de San Pablo a prop\u00f3sito de la muerte: <em>No queremos ser desvestidos, sino que queremos ser supervestidos, a fin de que lo que es mortal en nosotros sea absorbido por la vida<\/em>\u00ab<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Zubiri, la religaci\u00f3n es el v\u00ednculo ontol\u00f3gico del ser humano; no es una dimensi\u00f3n que pertenece a la Naturaleza, sino a su persona, o si se quiere, a su naturaleza personificada. No estamos arrojados absurdamente en el mundo, sino que estamos religados; y lo que religa la existencia, religa con ella al mundo entero; es decir, la religaci\u00f3n afecta a todo, pero s\u00f3lo en el hombre se actualiza formalmente. La religaci\u00f3n nos abre el \u00e1mbito del misterio y nos sit\u00faa ontol\u00f3gicamente en \u00e9l. \u00abY as\u00ed como el estar abierto a las cosas nos descubre en \u00e9ste su estar abierto, que &#8216;hay&#8217; cosas, as\u00ed tambi\u00e9n el estar religado nos descubre que &#8216;hay&#8217; lo que religa, lo que constituye la ra\u00edz fundamental de la existencia\u00bb<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>. S\u00f3lo el hombre que vive en el reconocimiento de la trascendencia, expresado de una forma o de otra, puede dar sentido a la bondad o maldad de su actuaci\u00f3n, puede dar sentido a la justicia o injusticia de sus relaciones. El habitar y actuar en el mundo no es algo aparente, fruto de un mundo \u00abinterpretado\u00bb, ni es el estar en un mundo de los hombres, con o en contra unos de otros, desafiando el destino. Es el estar en un mundo en el que todos los pasos tienen un sentido, ser conscientes de la religaci\u00f3n que nos une, de d\u00f3nde venimos y a d\u00f3nde vamos. Vivir sabiendo que lo que da sentido a la vida, da sentido a la muerte. Nuestro siglo, que ha alcanzado grandes cumbres y grandes metas, quedar\u00eda sin consistencia, desanclado, desarraigado, si no ofreciera una metaf\u00edsica, una casa en que habitar, un sentido para comprender, un aire en que respirar.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que vive en la trascendencia sabe y siente la exigencia de la fidelidad, que es permanencia por encima de lo fugitivo; permanencia firme y leal en un amor, en una responsabilidad, en una postura, a pesar de sacrificios, dificultades o da\u00f1os. La fidelidad lleva a la identidad con uno mismo, es el eje de la propia realizaci\u00f3n y la \u00fanica postura apropiada en el reconocimiento del otro. Es como la ley que debe imperar en el ser, en el pensar y en el obrar. Maurice Nedoncelle, en su obra <em>De la fidelidad<\/em>, nos la describe como la que hace posible la realizaci\u00f3n y cumplimiento de la persona; para \u00e9l tiene una significaci\u00f3n metaf\u00edsica y no s\u00f3lo psicol\u00f3gica o moral; la fidelidad es esencialmente fidelidad a una fe, a un valor, a los seres o \u00abvalores vivientes\u00bb. Para Gabriel Marcel, la fidelidad se refiere a lo que \u00e9l llama la \u00abpresa del ser\u00bb; es la condici\u00f3n misma de la persistencia del propio yo en el curso de sus actos trascendentes; s\u00f3lo la fidelidad hace realmente posible la existencia porque es su fundamento. No hay traici\u00f3n que no sea una fidelidad renegada. \u00abSin osar afirmar que esta conexi\u00f3n puede ser discernida en toda circunstancia, no puedo por menos de observar que la fidelidad, cuando es aut\u00e9ntica y cuando nos muestra su rostro m\u00e1s puro, va acompa\u00f1ada de la disposici\u00f3n m\u00e1s opuesta al orgullo que se pueda imaginar: la paciencia y la humildad se reflejan en el fondo de sus pupilas. La paciencia y la humildad, virtudes de las que hoy hemos olvidado hasta el nombre y cuya naturaleza se pierde en la noche a medida que se perfecciona el instrumental t\u00e9cnico o impersonal del hombre, sea l\u00f3gico o dial\u00e9ctico. Pero la comunidad que forman las tres juntas, y que se me antoja como un ser cuya \u00e1gil estructura no le toca a la psicolog\u00eda identificar, no podr\u00eda existir, ni siquiera ser pensada en un sistema que concentrara &#8216;en m\u00ed&#8217; las ra\u00edces y como la cimentaci\u00f3n real de los compromisos que la vida puede incitarme a suscribir\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni fidelidad, ni paciencia, ni humildad pueden ser pensadas ni concebidas fuera de la presencia de ese misterio que envuelve nuestra vida. La paciencia comporta mucha fuerza, la paciencia \u00aben absoluto\u00bb s\u00f3lo puede ser concebida en la omnipotencia suma. La paciencia es grande en el que puede ejercer violencia, pero es comprensivo, indulgente y bueno; es el fundamento de todo esfuerzo, requiere confianza y no sabe de la desesperaci\u00f3n; quien no tiene paciencia no ama. Es tensi\u00f3n serena entre lo que se quer\u00eda ser, hacer o tener y todav\u00eda no se ha conseguido. Es fuerza bajo cuya protecci\u00f3n se desarrolla la vida; con ella nos hacemos due\u00f1os de la realidad. Hay que atravesar todo un muro de incomprensi\u00f3n y resistencia para hablar hoy de humildad y decir la tremenda realidad que implica: energ\u00eda del amor, que capacita para la generosidad y el desinter\u00e9s. El concepto pobre y deformado de actitud d\u00e9bil, mentalidad de esclavo, signo de mezquindad, indigna servidumbre y disponibilidad es la inversi\u00f3n nietzscheana de los valores evang\u00e9licos, seg\u00fan la cual el hombre aut\u00e9ntico vendr\u00eda determinado por la voluntad de poder y dominio, por el orgullo, por el se\u00f1or\u00edo que no se doblega ante nadie. La humildad est\u00e1 entretejida de fidelidad, y hace al hombre capaz de dar y recibir. La vida humana se realiza dentro del misterio profundo del ser que es verdad, bondad, humildad, fidelidad, paciencia. Realmente, todas las realidades existenciales, como dice Marcel, son presencia del misterio; as\u00ed, la fe, esperanza, amor, comprensi\u00f3n , disponibilidad, fidelidad, sufrimiento, alegr\u00eda, libertad, hospitalidad.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">No es posible misterio sin Dios<\/h3>\n\n\n\n<p>Al palpar as\u00ed la presencia del misterio, vivi\u00e9ndolo como la realidad que nos envuelve, sinti\u00e9ndonos interpela dos por \u00e9l, comprendiendo a su luz el sentido de la vida, viendo que todo es en y por relaci\u00f3n a \u00e9l, estamos afirmando el \u00fanico misterio: \u00abDios es\u00bb. El profesor Gonz\u00e1lez \u00c1lvarez, en su <em>Tratado de Metaf\u00edsica<\/em> y en el volumen dedicado a la Ontolog\u00eda, nos dice: \u00abLa b\u00fasqueda de la causa es el fin al que tiende la consideraci\u00f3n cient\u00edfica. El metaf\u00edsico, en la conclusi\u00f3n misma de su tarea ontol\u00f3gica, se encontrar\u00e1 abocado a una perspectiva que no tiene ya tal car\u00e1cter. Es la perspectiva teol\u00f3gica o divina\u00bb<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>. Y cierra el volumen de la siguiente forma: \u00abA todo lo largo y lo ancho de su tratamiento hemos sido remitidos a un mundo superior al nuestro. Ocup\u00e1ndonos del ente trascendental, roz\u00e1bamos de continuo la trascendencia. Analizando el ente particular en un ser qu\u00edntuplemente estructurado, se nos revel\u00f3 efectuado. Y acabamos de ver, estudiando la dinamicidad del ente, que las causas material y formal apelan a la eficiente como \u00e9sta exige la final, la cual, a su vez, nos orienta hacia un agente primero que obre en todo operante. Cerramos, pues, la ontolog\u00eda y nos disponemos al tratamiento de la nueva perspectiva, que llenar\u00e1 el volumen correspondiente a la teolog\u00eda natural\u00bb<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>. Es el paso natural hacia Dios. En la vida, todos necesitamos ser metaf\u00edsicos para vivir en la dimensi\u00f3n del misterio. Todos lo somos a un nivel m\u00e1s o menos profundo y riguroso, porque constantemente tenemos que pasar del accidente, de la potencia, de la materia, e incluso m\u00e1s all\u00e1 de la sustancia, del acto y de la forma en su estructura finita. Necesitamos avanzar en la vida como se avanza en la metaf\u00edsica, no \u00abpor acumulaci\u00f3n extensiva, sino por intensiva profundizaci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas yo no pienso ahora en una teolog\u00eda natural, sino en la revelaci\u00f3n del misterio de Dios, Revelaci\u00f3n de Dios en Cristo, misterio de salvaci\u00f3n y redenci\u00f3n. Tendr\u00eda que volver a leer todo lo anterior, pero para decir Jesucristo, revelaci\u00f3n del misterio no s\u00f3lo Creador, sino Salvador, donde antes dec\u00eda misterio; para decir persona cristiana, hombre cristiano, donde antes hablaba de realizaci\u00f3n, de plenitud. Porque si mi persona no est\u00e1 conclusa en lo humano, sino en el Misterio, y ese Misterio se ha manifestado en Jesucristo, s\u00f3lo en \u00c9l est\u00e1 la verdad, la vida y el camino. Creo que la trasposici\u00f3n de todo lo dicho hasta aqu\u00ed a la religi\u00f3n cristiana estar\u00eda expresada en la Ep\u00edstola a los Romanos de San Pablo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No recibisteis un esp\u00edritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un esp\u00edritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: \u00a1Abba, Padre! El Esp\u00edritu mismo se une a nuestro esp\u00edritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, tambi\u00e9n herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con \u00c9l para ser tambi\u00e9n con \u00c9l glorificados.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creaci\u00f3n desea vivamente la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios. La creaci\u00f3n, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espont\u00e1neamente, sino por aquel que la someti\u00f3, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios&#8230; Porque sabemos que nuestra salvaci\u00f3n es objeto de esperanza, y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues \u00bfc\u00f3mo es posible esperar una cosa que se ve? Pero esperar lo que no vemos es aguardar con paciencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y de igual manera, el Esp\u00edritu viene en ayuda de nuestra flaqueza &#8230; Por lo dem\u00e1s, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados seg\u00fan su destino &#8230; Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los \u00e1ngeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni otra criatura podr\u00e1 separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jes\u00fas<\/em> (Rm 8,14-39).<\/p>\n\n\n\n<p>Ese ser que es el hombre, de profundidad ilimitada, persona singular, irrepetible, en lo m\u00e1s \u00edntimo y propio de su ser est\u00e1 atra\u00eddo por Dios, siente el deseo de ver y gozar del Dios Vivo y Personal. Es lo que Rahner llama el existencial central, y Alfaro el existencial critico; es el verdadero y puro don de Dios. Pero, evidentemente, el hombre que por s\u00ed solo nunca pudo llegar a la existencia, mucho menos, infinitamente menos, puede llegar a saber de la vida de Dios en s\u00ed mismo. Parece locura saber de Dios en s\u00ed mismo y no ya s\u00f3lo a trav\u00e9s del misterio de lo creado. Parece locura y enajenaci\u00f3n: salir de las coordenadas en las que estamos inmersos y liberamos de nuestra finitud; pero \u00e9ste es precisamente el misterio que Dios ha querido manifestamos y revelamos: \u00bb \u00c9l es amor\u00bb. Y ahora s\u00ed que todo se explica y cobra su ser a la luz divina: <em>Dios es amor. En esto manifest\u00f3 el amor que Dios nos tiene: en que envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico para que vivamos por medio de \u00e9l<\/em> (1Jn 4,8-9).<\/p>\n\n\n\n<p>Para San Pablo, el Misterio es la sublime revelaci\u00f3n de Dios en Cristo. Dios, <em>el \u00fanico que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ning\u00fan ser humano, ni le puede ver<\/em> (1Tm 6, 16) nos ama, y la prueba de que nos ama es que nos ha dado a su propio Hijo, que se entreg\u00f3 por nosotros (Rm 8,32). Cristo es toda la revelaci\u00f3n del misterio, y <em>la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros<\/em> (Jn 1,14). \u00c9l nos puso ante los ojos la imagen de Dios: Padre nuestro. \u00c9l nos dijo con su ejemplo y su palabra c\u00f3mo son las cosas de la vida, c\u00f3mo van, c\u00f3mo se relacionan entre s\u00ed y qu\u00e9 sentido tienen en su relaci\u00f3n. Frente a todos los determinismos e indeterminismos, frente a todas las posturas e ideolog\u00edas de opresi\u00f3n, nihilismo, desesperaci\u00f3n, frente a las invasiones del absurdo, frente a religiones de dicha y placer, frente a todas las construcciones del hombre, frente a todo, Jesucristo presenta una idea clara sin dejar de ser misteriosa: la idea de la Providencia. Dios cuida y vela de cada hombre; ni un solo cabello de su cabeza se le caer\u00e1 sin \u00c9l saberlo, todo coopera al bien de los que le aman y quiere que todos los hombres se salven.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Dios no s\u00f3lo se nos ha revelado, Dios se comunica, nos da su vida trinitaria. Dios es a quien podemos decir: T\u00fa eres mi Dios, soy hijo tuyo, hermano de Jesucristo, templo del Esp\u00edritu Santo. La Trinidad en s\u00ed misma es la expresi\u00f3n cumbre del misterio de Dios, misterio de amor en que el semblante personal de Dios es el de tres Personas en su relaci\u00f3n rec\u00edproca. Y este misterio de amor se proclama ya siempre en la historia personal de cada ser humano. Por eso los hombres son bautizados en el <em>nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo<\/em> (Mt 28, 19). Y por eso San Pablo, cuando se despide en sus cartas, pide para los cristianos esta comunicaci\u00f3n de la vida divina: <em>la gracia del Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios y la comunicaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo sea con todos vosotros<\/em> (2Cor 13,13). \u00abEn la Trinidad se nos revelan las \u00faltimas profundidades de lo real, el misterio de la existencia. Ella constituye el principio y origen de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n; por otra parte, todas las cosas le son finalmente referidas en el misterio de la alabanza y de la adoraci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, en definitiva, ella es la que proporciona a todo su consistencia. Todo lo dem\u00e1s procede de ella y a ella tiende\u00bb<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El misterio del hombre s\u00f3lo queda esclarecido dentro del misterio del Verbo Encarnado. Su afirmaci\u00f3n, responsabilidad del cristiano.<\/h3>\n\n\n\n<p>Nada se solucionar\u00e1 en torno a la realizaci\u00f3n, salvaci\u00f3n y plenitud del hombre mientras todo quiera arreglarse dentro de una horizontalidad puramente material, terrestre, humana y temporal, circunscrita al aqu\u00ed y al ahora. Chocar\u00e1n constantemente entre s\u00ed las ideolog\u00edas, ego\u00edsmos, intereses. \u00bfPor qu\u00e9 la primac\u00eda de una sobre otra? \u00bfEn nombre de qu\u00e9? \u00bfDe qu\u00e9 y para qu\u00e9 salvan? \u00bfEn qu\u00e9 y para qu\u00e9 el fundamento del amor y de la felicidad? En la historia se van superponiendo las soluciones exclusivamente humanas; en seguida presentan los puntos d\u00e9biles, pronto se ven sus deficiencias, los distintos sistemas ideol\u00f3gicos aprietan y ahogan al no dar cauce libre al esp\u00edritu, y el hombre se siente asfixiado y degradado en la dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda de su existencia, que es, aunque no lo sepa de manera consciente, la obra de Dios en \u00e9l. La verdadera grandeza est\u00e1 en ser <em>capax Dei<\/em>, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Santo Tom\u00e1s<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>, y el coraz\u00f3n estar\u00e1 inquieto hasta que descanse en \u00c9l<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que defender al hombre frente a todas las ideolog\u00edas y posturas que lo minimizan en su triple relaci\u00f3n con el mundo, con los dem\u00e1s y con Dios. Un hombre en el que no se diera ninguna apertura hacia Dios ser\u00eda un hombre mutilado en la parte esencial de su ser. En toda alma humana existe una apertura a lo sagrado, al misterio, al mundo del m\u00e1s all\u00e1, que Jaspers ha llamado <em>situaciones-l\u00edmites<\/em>: encuentro con el dolor, con el amor, con la muerte, con la libertad, y que pone al hombre en presencia de realidades cuya trascendencia capta. Las religiones son expresi\u00f3n de esta b\u00fasqueda de Dios. Pero no somos ya pobres ciegos buscadores inconscientes de Dios, no podemos estar conformes con autores cuya afirmaci\u00f3n se limita a ver en el hombre algo que le trasciende, pero sin saber a d\u00f3nde dirigir su vuelo, su mirada y su amor. No bastar\u00eda el anhelo del hombre si Dios no se le hubiera acercado; es Dios quien toca a la criatura, pero no es tocado por ella: <em>tangit quidem&#8230;, sed non tangitur<\/em><a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>; es Dios quien ama: <em>\u00c9l nos am\u00f3 primero a nosotros y envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados<\/em> (1Jn 4,10).<\/p>\n\n\n\n<p>El misterio del hombre s\u00f3lo queda esclarecido dentro del misterio del Verbo Encamado, muerto y resucitado, porque Cristo revela plenamente el hombre al hombre y le descubre su alt\u00edsima vocaci\u00f3n (GS 22). Fuera de Cristo no sabe qu\u00e9 es la vida, ni la muerte, ni sabe de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 es el hombre para que de \u00e9l te acuerdes,<br>el hijo de Ad\u00e1n para que de \u00e9l cuides?<br>Apenas inferior a un Dios le hiciste,<br>le hiciste se\u00f1or de las obras de tus manos,<br>todo fue puesto por ti bajo sus pies (Sal 8).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es el hombre? Es ya la revelaci\u00f3n quien nos contesta y da soluci\u00f3n a todos los problemas e inc\u00f3gnitas. El hombre es hijo de Dios; a los que creen en Jesucristo les ha dado poder de llegar a ser hijos de Dios, herederos y copart\u00edcipes suyos. Hijos que no nacen de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino que nacen de Dios; porque el Verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros, hemos recibido todos de su plenitud, y hemos recibido la gracia y la vida. La respuesta a esa llamada a ser hijos de Dios es la firmeza en la fe frente a cualquier clase de situaci\u00f3n y de ideolog\u00eda; la uni\u00f3n con todos en la esperanza del Evangelio, y la vida en la caridad, \u00fanico amor fecundo y verdadero, porque viene de Dios y va a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Un acto de fe y no la filosof\u00eda o cualquier otra sabidur\u00eda es el que hace exclamar a Gabriel Marcel el d\u00eda de su bautismo a la edad de cuarenta a\u00f1os: \u00abMilagrosa dicha esta ma\u00f1ana. He tenido la primera experiencia de la gracia. Estas palabras son tremendas. Pero es as\u00ed. Me he visto al fin presa del cristianismo, y estoy sumergido en \u00e9l. \u00a1Feliz inmersi\u00f3n! Pero no quiero escribir m\u00e1s. Y, sin embargo, tengo necesidad de hacerlo. Una impresi\u00f3n de balbuceo. Es sin duda un nacimiento. \u00a1Un mundo que estaba absolutamente presente y que aflora al fin!\u00bb<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>. Aunque no tenga \u00abesta experiencia\u00bb \u00abel cristiano lleva la vida de la Trinidad en s\u00ed, que le connaturaliza con Dios\u00bb. <em>La Palabra de Dios es viva y eficaz, y m\u00e1s cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el esp\u00edritu, hasta las junturas y m\u00e9dulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del coraz\u00f3n <\/em>(Hb 4,12). Esta es la palabra que penetra en la existencia humana, la transforma y la salva. Nuestro Dios es el<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abDios de la creaci\u00f3n y de la revelaci\u00f3n,<br>Dios del universo y del alma,<br>Dios de la naturaleza y de la gracia,<br>Dios del cosmos y de la historia,<br>Dios del ser y del valor,<br>Dios de la reflexi\u00f3n y de la oraci\u00f3n,<br>Dios del fil\u00f3sofo y del m\u00edstico,<br>Dios de la tradici\u00f3n social y de la meditaci\u00f3n solitaria\u2026<br>Dios infinito y perfecto,<br>Dios absoluto y personal,<br>Dios \u00fanico de aspectos m\u00faltiples,<br>Dios de todo yo mismo y de todos\u00bb<\/em><a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano ha de afirmar con su vida, con su palabra y con su pensamiento, la fe y esperanza en el misterio de Dios. Lo exige siempre todo momento hist\u00f3rico, porque la historia es historia de salvaci\u00f3n. Pero de modo especial, lo exige el mundo de hoy, que necesita saber, tocar y palpar en la vida, palabra y pensamiento del cristiano, que la vida eterna es que <em>te conozcan a Ti el \u00fanico Dios verdadero y al que t\u00fa enviaste Jesucristo<\/em> (Jn 17,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Son necesarios hombres a la escucha de la revelaci\u00f3n hecha por Cristo, sin desanimarse, sin respeto humano, sin temor a proclamar a Cristo como la verdad y la vida, sin desviarse a \u00eddolos humanos: ciencia, t\u00e9cnica, progreso, falsos altruismos y horizontalismos limitadores. Se necesitan hombres que vivan el misterio de la caridad frente a los que han hecho falsos \u00eddolos del amor; se necesitan hombres valientes que coloquen al hombre y a la humanidad en el sitio que les corresponde. Es idolatr\u00eda esperar la salvaci\u00f3n fuera del amor de Dios y hacer del hombre un demiurgo que se fabrique a su gusto y capricho su propia imagen y su propia jerarqu\u00eda de valores. La \u00abreligi\u00f3n del hombre\u00bb, como valor supremo, \u00bfno es una de las idolatr\u00edas de nuestro tiempo? \u00bfY esa idolatr\u00eda no se da entre los cristianos que ven en el cristianismo un simple humanismo, aunque sea de una categor\u00eda superior? \u00abA veces releo al m\u00e1s considerable, al m\u00e1s agudo de nuestros adversarios, Feuerbach, el profeta negro. Escrib\u00eda a comienzos del pasado siglo: \u00abEn el puesto de la divinidad debemos colocar la especie o la naturaleza humana; en el puesto del m\u00e1s all\u00e1 que se eleva por encima de nuestra tumba hasta el cielo, el m\u00e1s all\u00e1 que se eleva por encima de nuestra tumba sobre la tierra, es decir, el futuro hist\u00f3rico, el futuro del hombre\u00bb. Y a veces pienso que, si Feuerbach volviera a aparecer entre nosotros, dir\u00eda: \u00abCreo que he convencido a los cristianos\u00bb\u00bb<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 importancia concede nuestro mundo, pero mejor, no ya nuestro mundo, sino nosotros los cristianos\u2026 qu\u00e9 importancia concedemos en nuestra vida, escritos, ideas, a la salvaci\u00f3n de Cristo, a la grandeza y santidad de Dios, a su alabanza y adoraci\u00f3n, a la realizaci\u00f3n, seg\u00fan la voluntad de Dios, del hombre y del mundo que le ha sido confiado como tarea? \u00bfQu\u00e9 importancia concedemos al misterio del Verbo Encamado, al misterio de la salvaci\u00f3n y qu\u00e9 sentido concedemos al progreso, a la ciencia, a la t\u00e9cnica, a lo social?<\/p>\n\n\n\n<p>Hay crisis de pensamiento, de solidez, de fundamento; hay crisis de consecuencias l\u00f3gicas y caemos en las m\u00e1s pobres y miserables deserciones. No es el cristianismo el que sale perjudicado, sino el hombre. El cristianismo no es enemigo de los avances de la ciencia y del progreso, que claramente manifiestan la grandeza de Dios. Cuando la Biblia habla del hombre nos dice que Dios le hizo a imagen y semejanza suya; el poder y el dominio, ve\u00edamos, es constitutivo del ser humano. Lo que da\u00f1a y perjudica son las idolatr\u00edas del hombre, y m\u00e1s cuando vienen de hombres que las realizan a t\u00edtulo de cristianos. No desviemos nuestra inquietud por la verdad en inquietud por la pura novedad y el puro cambio. Ya hace tiempo que el escritor franc\u00e9s Pa\u00fal Claudel dijo que no necesitaba ir al fondo de lo desconocido para encontrar algo nuevo, necesitaba ir al fondo de lo conocido paca encontrar lo inagotable, \u00a1magn\u00edfica actitud para las circunstancias presentes!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Iglesia, como dice el Concilio Vaticano II, sostiene que el reconocimiento de Dios no se opone de ning\u00fan modo a la dignidad del hombre, ya que esta dignidad tiene su fundamento y alcanza su perfecci\u00f3n en el mismo Dios, pues por Dios creador ha sido el hombre constituido inteligente y libre en la sociedad; m\u00e1s, sobre todo, es llamado como hijo a la comuni\u00f3n con el mismo Dios y a participar de su misma felicidad. Ense\u00f1a tambi\u00e9n que no disminuye la importancia de los deberes temporales con la esperanza escatol\u00f3gica, sino que m\u00e1s bien su cumplimiento encuentra en ella nuevos motivos en qu\u00e9 apoyarse. Por el contrario, si faltan el fundamento divino y la esperanza de la vida eterna, queda grav\u00edsimamente herida la dignidad del hombre, como tantas veces aparece hoy d\u00eda, y quedan sin soluci\u00f3n los misterios de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, de modo que los hombres no raras veces caen en la desesperaci\u00f3n\u00bb (GS 21). \u00abEl cristiano sabe que el mundo en que vive pasar\u00e1, pero tambi\u00e9n que este mundo es, todav\u00eda actualmente, querido por Dios en el marco de la historia de la salvaci\u00f3n y que est\u00e1 colocado bajo la soberan\u00eda de Cristo. En la medida en que sabe que este mundo pasar\u00e1, renuncia a \u00e9l; en la medida en que sabe que este mundo constituye el marco, querido por Dios, de la \u00e9poca presente de la historia de la salvaci\u00f3n, opta por \u00e9l\u00bb<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es idolatr\u00eda y grave error creerse sin necesidad de Dios para el bien, empe\u00f1arse en se\u00f1alar como ideal la plena autonom\u00eda del hombre, hablar del amor sin hablar del amor de Dios, hablar de salvaci\u00f3n sin hablar de la redenci\u00f3n de Cristo. El cristiano, que se sumerge en la revelaci\u00f3n del misterio hecha por Dios, sabe que Cristo es el principio y el fin, el alfa y omega, el que reina sobre todas las cosas del cielo y de la tierra, a quien ha sido dado un nombre sobre todo nombre y todos los seres, que, en eso est\u00e1 su verdad, doblan sus rodillas ante \u00c9l. El cristiano tiene una responsabilidad singular: tributar culto a Dios en una sociedad y en un mundo que se seculariza. La verdadera ciudad, ha repetido constantemente La Pira, es aquella en que los hombres tienen su casa y Dios la suya. La adoraci\u00f3n es dimensi\u00f3n esencial de todo humanismo integral. Es empeque\u00f1ecimiento, mediocridad y degradaci\u00f3n, en una palabra, el incapacitarnos para la adoraci\u00f3n, en la que se atisban las grandezas y el amor de Dios. El secularismo desemboca en un ate\u00edsmo desde el momento en que la relaci\u00f3n con Dios no se considera constitutiva de la existencia bajo todos sus aspectos, implicaciones y consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>No a un cristianismo sin Dios, dice Dani\u00e9lou. \u00abEs esencial denunciar, cuando todav\u00eda estamos a tiempo y los estragos acaban de comenzar, la corriente de pensamiento intitulada cristianismo arreligioso, y que apela, por lo dem\u00e1s de manera m\u00e1s o menos justificada, a Bonhoeffer y a Tillich, a Robinson y a Cox. Ya, para empezar, el titulo parece singular. Sin embargo, expresa bien lo que quiere decir. Para los representantes de esta corriente, la religi\u00f3n, lo sagrado, son exponentes de un fen\u00f3meno cultural, ya caducado, que corresponde a una edad pre-cient\u00edfica. Dicho fen\u00f3meno nada tiene que hacer en el mundo contempor\u00e1neo. Por tanto, si queremos que el cristianismo sobreviva, es necesario disociarlo de la religi\u00f3n. Esta desmitizaci\u00f3n debe afectar a las representaciones religiosas, ya se trate de lo relativo a Dios o de lo que ata\u00f1e a los misterios de Cristo. Ha de afectar a las manifestaciones de lo sagrado en la sociedad, bien se trate de los lugares de culto o de las fiestas religiosas. Debe afectar a la relaci\u00f3n pastoral del alma con Dios, al culto y a la m\u00edstica.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn el origen de esta corriente ha entrado en juego una doble preocupaci\u00f3n leg\u00edtima: la de purificar la realidad de Dios de representaciones antropom\u00f3rficas, reacci\u00f3n contra pr\u00e1cticas de car\u00e1cter supersticioso, desconfianza con respecto a las ilusiones y alienaciones de la experiencia subjetiva. Un segundo paso ha consistido ya en algo m\u00e1s discutible: so pretexto de purificar el cristianismo, se ha llegado a una especie de furor iconoclasta, que denuncia todo dogma como idolatr\u00eda, todo rito como magia y toda m\u00edstica como impiedad. No queda sino una especie de vac\u00edo ante un misterio inaccesible. Esto es ya radicalmente opuesto a la verdad del hombre, a quien Dios hizo capaz de conocerle a trav\u00e9s de su obra, y m\u00e1s todav\u00eda a la verdad del cristiano, a quien se ha manifestado en forma de hombre. A\u00f1\u00e1dase a esto que, de pronto, el cristianismo no ser\u00eda ya sino privilegio de una peque\u00f1a aristocracia de iniciados y resultar\u00eda totalmente inaccesible a la multitud inmensa de los pobres\u00bb<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No basta creer en la trascendencia, ni siquiera en \u00abun Dios\u00bb. Hay que creer que Dios se ha manifestado, que interviene en el drama de la existencia humana y que realiza en ella obras divinas. El misterio del Verbo Encamado, a cuya luz s\u00f3lo se esclarece el misterio del hombre, exige hoy a los cristianos la afirmaci\u00f3n rotunda, sin vacilaciones, ni concesiones, de la realidad del mundo sobrenatural. Hay que presentar al mundo la nueva gozosa de la irrupci\u00f3n divina en la existencia humana y de que vivimos en plena historia de salvaci\u00f3n. Cristo no nos ha enviado a decir nuestros sentimientos, nuestras propias teor\u00edas sobre la salvaci\u00f3n, ni nuestras posibles interpretaciones, sino la venida de su reino, el perd\u00f3n de los pecados: <em>Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y se bautizare se salvar\u00e1, pero el que no creyere ser\u00e1 condenado <\/em>(Mc 16,15-16).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor implica numerosos trastornos; es profundamente serio introducir as\u00ed a otro en la vida de uno mismo; el amor es como un nuevo nacimiento, un nuevo descubrimiento del \u00abt\u00fa\u00bb y del \u00abyo\u00bb, una sabrosa toma de conciencia del \u00abnosotros\u00bb; s\u00f3lo en el amor tiene pleno sentido el sacrificio y el don de s\u00ed. La fidelidad y la humildad nacen del amor de manera necesaria. S\u00f3lo a la luz del amor tiene pleno valor y fuerza la persona y s\u00f3lo a su luz se descubre el sentido de vivir. La seguridad del amor hace caminar con firmeza aun en medio de dificultades y sufrimientos. El amor sabe de la grandeza y de la debilidad, de la nobleza y de la peque\u00f1ez; es el aut\u00e9ntico conocimiento y en \u00e9l hay que buscar el valor de todo. \u00abLa cosa m\u00e1s peque\u00f1a, si va con amor, no tiene precio\u00bb, dice Teresa de Jes\u00fas<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a>. Amor saca amor<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a>, y lo que se pasa con amor torna a soldarse<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a>. Amar a Cristo, creer en \u00c9l, es introducirle as\u00ed en nuestra vida, en la que causar\u00e1 \u00abserios trastornos\u00bb aceptar en nuestro cotidiano y sencillo vivir la irrupci\u00f3n de lo absoluto, de lo sobrenatural, de la vida trinitaria, el grande y en realidad \u00fanico misterio. Misterio interior a nosotros mismos, misterio que ilumina todo lo existente y ante el \u00fanico que queda esclarecido el misterio del hombre. \u00bfQu\u00e9 es el hombre, para que te acuerdes as\u00ed de \u00e9l? No, es mejor preguntar: \u00bfY T\u00fa, Se\u00f1or, qui\u00e9n eres?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">SEGUNDA PARTE<br><br>El misterio de Dios y la madurez del hombre moderno<\/h2>\n\n\n\n<p>Esa pregunta \u2013\u00bfy T\u00fa, Se\u00f1or, qui\u00e9n eres?\u2013 no queda sin respuesta. La raz\u00f3n humana y la revelaci\u00f3n nos permiten acercarnos a las zonas en que brilla la luz. No intento entrar en ellas, puesto que esto significar\u00eda escribir un tratado completo de teolog\u00eda. Ahora bien, de acuerdo con la reflexi\u00f3n que me ha guiado en este discurso, quiero hacer una afirmaci\u00f3n que estimo de capital importancia, a saber: la presencia del misterio de Dios en nosotros es el fundamento del quehacer moral. Se trata de un Dios a cuyo conocimiento llegamos a trav\u00e9s de los misterios que nos rodean (la supresi\u00f3n del misterio en nombre de la pretendida madurez del hombre moderno introduce la supresi\u00f3n pr\u00e1ctica de Dios), pero igualmente de un Dios en cuyo conocimiento el orden moral encuentra su consistencia y sus \u00faltimas ra\u00edces, mientras que, rechazado su conocimiento, se deja al orden moral sin fundamento alguno. De ah\u00ed la terrible gravedad, por sus consecuencias tan da\u00f1osas, de los movimientos filos\u00f3ficos existencialistas no cristianos y de las teolog\u00edas radicales y desacralizadoras del momento presente.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El conocimiento de Dios en la creaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>1\u00ba. <\/strong><em><strong>a)<\/strong><\/em> San Pablo insiste en que Dios se hace conocible en la creaci\u00f3n: <em>Los atributos invisibles de Dios resultan visibles por la creaci\u00f3n del mundo, al ser percibidos por la inteligencia en sus hechuras: tanto su eterna potencia como su divinidad<\/em> (Rm 1,20). Es \u00e9ste un principio fundamental que la Iglesia cat\u00f3lica repetir\u00e1 todo a lo largo de su historia hasta los Concilios Vaticanos I y II: \u00abLa santa madre Iglesia tiene y ense\u00f1a que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza a partir de las cosas creadas por la luz natural de la raz\u00f3n humana\u00bb<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> Sin embargo, esa manifestaci\u00f3n de Dios no se impone al hombre con el peso de un automatismo. Hay luz suficiente, pero una luz que necesita de una decisi\u00f3n \u00e9tica para ser aceptada. \u00abSi la existencia de Dios fuese exactamente demostrable, es decir, sin que hubiese necesidad de una intervenci\u00f3n \u00e9tica debida a la <em>fisura en el c\u00edrculo<\/em>, entonces toda lucha moral inherente a la historia espiritual cesar\u00eda y, en el fondo, la historia del mundo, tal como es, no seria posible. Si pudi\u00e9ramos concebir tan claramente, tan objetivamente, que hay un Dios, como concebimos que dos y dos son cuatro, entonces el &#8216;peso&#8217; divino har\u00eda caer la balanza inmediatamente y el &#8216;peso&#8217; f\u00edsico se levantar\u00eda con una repentina sacudida. Entonces no ser\u00edamos ya la delicada balanza humana metaf\u00edsica cuyos dos platillos cargados con los pesos tan pronto ceden o tan pronto se elevan, seg\u00fan que nosotros venzamos en el bien o sucumbamos en el mal. No quedar\u00eda ning\u00fan margen para esta \u00faltima decisi\u00f3n, que se exige del ser humano en el mismo inter\u00e9s de la propia realizaci\u00f3n de su yo\u00bb (as\u00ed escribe, en un relato sobre su conversi\u00f3n, P. Wust)<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>. Hay luz suficiente, pero una luz que puede ser rechazada. En el caso normal, el rechazo es responsable. San Pablo escribe: <em>Son inexcusables<\/em> (Rm 1,20).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> Adem\u00e1s de la responsabilidad del rechazo, esta actitud tiene consecuencias morales graves. La corrupci\u00f3n moral que San Pablo escribe en Rm 1,24-32, la presenta como consecuencia de haberse cerrado al conocimiento de Dios manifestado en la creaci\u00f3n. \u00abUna gran parte del error humano est\u00e1 en conexi\u00f3n, en todo caso, con la ceguera debida a una voluntad falsamente utilizada. La relaci\u00f3n endurecimiento-ceguera es tambi\u00e9n la ra\u00edz fundamental de una metaf\u00edsica de la perversidad todav\u00eda por crear\u00bb<a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a>. Y, en efecto, es obvio que, suprimido Dios, al suprimirse el fundamento del actuar moral, la corrupci\u00f3n reine por doquier. \u00abEn esta proximidad o en este alejamiento de Dios, los hombres se revelan inmensos y ricos, en seguridad y superiores al mundo, amando con hero\u00edsmo, apacibles y serenos, o bien superficiales, estrechos, desesperados, arrogantes, destructores, a la vez que nost\u00e1lgicos, inciertos y suspirando hacia Dios. Tanto el individuo aislado como el total de la humanidad, parecen siempre oscilar entre estos dos estados\u00bb<a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>. Por lo dem\u00e1s, en la triste situaci\u00f3n del hombre sin Dios hay un designio providencial: \u00abQue la humanidad tenga necesidad, a veces, del alejamiento de Dios para aprender a reconocer en las \u00e9pocas de civilizaci\u00f3n secularizada cu\u00e1n pobre es sin \u00c9l, es un pensamiento profundo que data desde los or\u00edgenes\u00bb<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a>. La situaci\u00f3n, inducida por la ausencia de Dios, ha sido descrita as\u00ed por el Concilio Vaticano II: \u00abCuando, por el contrario, faltan ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones grav\u00edsimas \u2013es lo que hoy con frecuencia sucede\u2013, y los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan sin solucionar, llevando no raramente al hombre a la desesperaci\u00f3n\u00bb (GS 21).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00ba. <\/strong><em><strong>a)<\/strong><\/em> Afirmamos nuestra confianza en las posibilidades del hombre para el conocimiento de Dios, a pesar de las debilidades que ha introducido en \u00e9l el pecado original, a pesar de \u00abla llaga de la ignorancia\u00bb, que Santo Tom\u00e1s describe como efecto del pecado original y como consistente en que \u00abla raz\u00f3n pierde su trayectoria hacia la verdad\u00bb<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>. Esta afirmaci\u00f3n de confianza en el hombre es una tesis caracter\u00edsticamente cat\u00f3lica, que ha sido constantemente rechazada por el protestantismo cl\u00e1sico. Aun sin llegar a las posiciones m\u00e1s radicales del barthismo.<\/p>\n\n\n\n<p>K. Barth niega que la creaci\u00f3n sea objetivamente espejo de Dios, que haya \u00abanalog\u00eda\u00bb entre la creaci\u00f3n y Dios: \u00abYo tengo la <em>analog\u00eda entis<\/em> por la invenci\u00f3n del Anticristo y pienso que a causa de ella no puede uno hacerse cat\u00f3lico. Con lo cual me permito al mismo tiempo considerar todos los otros motivos, que se pueden tener para no hacerse cat\u00f3lico, como cortos de vista y no serios\u00bb<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>. Como las palabras humanas son tambi\u00e9n creadas, negada la analog\u00eda no s\u00f3lo se cierra la puerta al conocimiento natural de Dios a partir de la creaci\u00f3n, sino al conocimiento por la fe, es decir, por aceptaci\u00f3n de un mensaje de Dios expresado en palabras humanas. Sobre qu\u00e9 es la Sagrada Escritura escribe Barth: \u00abPor tanto, no un mensaje religioso, no noticias e instrucciones sobre la Divinidad o la divinizaci\u00f3n del hombre, sino mensaje sobre un Dios, que es totalmente de otra manera, del que el hombre, en cuanto hombre, nunca sabr\u00e1 ni tendr\u00e1 nada\u00bb<a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a>. Con ello, para Barth, la fe no puede ser la aceptaci\u00f3n de unos contenidos reales, en los que realmente se cree; el mismo Barth ha escrito: \u00abEsto es la fe: el respeto ante lo divino inc\u00f3gnito\u00bb<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a>. El callej\u00f3n sin salida del sistema de Barth ha sido reconocido con claridad por te\u00f3logos protestantes como E. Brunner, que escribe: \u00abLa semejanza de la palabra humana con la divina es el presupuesto para que pueda darse testimonio de la Palabra de Dios. La semejanza, que, sin embargo, no suprime la absoluta desemejanza, es tambi\u00e9n la posibilidad de la revelaci\u00f3n y del conocimiento de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun dentro del protestantismo ortodoxo se rechazar\u00e1 la posibilidad de conocer a Dios a partir de las creaturas, apelando a su pesimismo sobre el hombre consecuentemente al pecado original. S\u00ed, nos dir\u00e1 con San Pablo la teolog\u00eda protestante cl\u00e1sica, en la creaci\u00f3n, lo invisible de Dios se hace visible; en el mundo se refleja la imagen de Dios; pero el hombre, corrompido por el pecado original, es incapaz de percibirla<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Son interesantes las expresiones duras, con que ya la <em>Formula Concordiae<\/em> describe el pecado original como \u00abuna \u00edntima, p\u00e9sima, profund\u00edsima (como un abismo), inescrutable e inefable corrupci\u00f3n de toda la naturaleza y de todas sus fuerzas, ante todo de tas facultades superiores y principales del alma, en la mente, el entendimiento, el coraz\u00f3n y la voluntad. As\u00ed pues, despu\u00e9s de la ca\u00edda, el hombre recibe de sus padres hereditariamente una fuerza mala cong\u00e9nita, una interna impureza del coraz\u00f3n, malas concupiscencias y malas inclinaciones, de modo que todos tienen, derivados de Ad\u00e1n hereditaria y naturalmente, tales corazones, tales sentimientos y pensamientos, que seg\u00fan sus mayores fuerzas y seg\u00fan la luz de la raz\u00f3n, naturalmente luchan contra Dios y sus sumos mandamientos y son enemigos de Dios principalmente en lo que se refiere a las cosas divinas y espirituales. Pues en las otras cosas externas y de este mundo, que pertenecen al campo de la raz\u00f3n, le queda al hombre algo de entendimiento, fuerzas y facultades, aunque estas reliquias miserables son muy d\u00e9biles y, por cierto, ellas mismas, tan peque\u00f1as como son, est\u00e1n infectadas y contaminadas de veneno por aquella enfermedad hereditaria, de modo que ante Dios no son de alg\u00fan valor\u00bb<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>. Esta sigue siendo todav\u00eda hoy la raz\u00f3n fundamental de la oposici\u00f3n del protestantismo ortodoxo a la Teolog\u00eda natural (y al conocimiento natural de Dios a partir de las creaturas).<\/p>\n\n\n\n<p>Baste citar unas palabras de E. Brunner: \u00abLa semejanza (entre Dios y las creaturas) no es el fundamento de la <em>theologia naturalis<\/em>, porque la raz\u00f3n pecadora entiende esta semejanza siempre falsamente sin la radical desemejanza, que est\u00e1 fundada en el ser Dios solamente, en el ser de Creador y Se\u00f1or, de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>. Por eso Dios s\u00f3lo puede ser conocido por la fe: \u00abPero todo esto s\u00f3lo se puede conocer en virtud de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, en la fe\u00bb<a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a>. En una fe que es don exclusivo de Dios y que, por ello, carece de soporte humano. Aunque sean palabras de un extremista, dentro de la teolog\u00eda protestante, R. Bultmann expresa una idea t\u00edpicamente protestante al exponer el principio de destruir \u00abtoda falsa seguridad y todo falso deseo de seguridad que podr\u00eda tener el hombre, ya que esta seguridad se funda en sus buenas obras (\u00e9sta fue la gran preocupaci\u00f3n de Lutero) o en un conocimiento firme de sus constataciones. El hombre que quiere creer en Dios como en su Dios debe saber que no tiene nada en sus manos sobre lo que pueda hacer reposar su fe; que debe, por decirlo as\u00ed, verse suspendido en el aire y no puede reivindicar ninguna justificaci\u00f3n de la verdad de la Palabra que se le dirige\u00bb<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Naturalmente, quitar todo apoyo racional a la fe \u2013como sucede cuando se niega la posibilidad de conocimiento natural de Dios\u2013 es incurrir en fide\u00edsmo<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> Una fe sin apoyos racionales es arbitraria. No es el \u00abobsequio conforme a la raz\u00f3n\u00bb, de que hablaba el Concilio Vaticano I<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>. Es interesante que Su Santidad Pablo VI ha tenido que advertir a los cat\u00f3licos del peligro de una infiltraci\u00f3n de este error en nuestros d\u00edas: \u00abQueremos ver en vuestros trabajos, queridos hijos, una respuesta a estos votos y la empresa de un examen serio y l\u00facido del pensamiento de los hombres de nuestro tiempo descarriados por el ate\u00edsmo. Vuestros estudios pueden contribuir, adem\u00e1s, a disipar el error de un cierto n\u00famero de creyentes, que se sienten hoy tentados por un renaciente fide\u00edsmo. Por no atribuir valor sino al pensamiento de tipo cient\u00edfico, y por desconfiar de las certezas propias de la sabidur\u00eda filos\u00f3fica, se encuentran arrastrados a fundar sobre una opci\u00f3n de la voluntad su adhesi\u00f3n al orden de las verdades metaf\u00edsicas. Frente a esta abdicaci\u00f3n de la inteligencia, que tiende a arruinar la doctrina tradicional de los pre\u00e1mbulos de la fe, vuestros trabajos se consagran a la tarea de recordar el valor indispensable de la raz\u00f3n humana, solemnemente afirmado por el primer Concilio Vaticano, en conformidad con la ense\u00f1anza de la Iglesia, de la que Santo Tom\u00e1s de Aquino es uno de los testigos m\u00e1s autorizados y m\u00e1s eminentes\u00bb<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>. Lo primero que se requiere para que la fe sea \u00abobsequio conforme a la raz\u00f3n\u00bb (a\u00fan m\u00e1s primariamente que la constataci\u00f3n del hecho de la revelaci\u00f3n), es un conocimiento cierto de la existencia de Dios<a href=\"#sdfootnote51sym\" id=\"sdfootnote51anc\"><sup>51<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> Si no hay conocimiento natural de la existencia de Dios (si tal conocimiento se relega a una fe concebida fide\u00edsticamente y, por ello, arbitraria), el actuar moral, que tiene en Dios su \u00faltimo fundamento, queda sin apoyo s\u00f3lido.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La concentraci\u00f3n en el microcosmos que es el hombre<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>1.<\/strong> En este siglo -no vamos a discutir los posibles precedentes anteriores- es constatable una predilecci\u00f3n por el hombre como campo privilegiado para llegar al conocimiento de Dios. En todo caso, nada malo habr\u00eda en ello. San Pablo habla de conocer a Dios a partir de las creaturas, y el hombre es una creatura. Por otra parte, siempre se ha considerado al hombre como un \u00abmicrocosmos\u00bb. Y adem\u00e1s, de todas las creaturas, ninguna me est\u00e1 tan vecina como el hombre que soy yo mismo. Sin pretender enjuiciar sus exageraciones, es un fen\u00f3meno caracter\u00edstico ya muy en los comienzos de este siglo nuestro, la llamada apolog\u00e9tica de la inmanencia, de la que M. Blondel fue uno de los m\u00e1s altos representantes<a href=\"#sdfootnote52sym\" id=\"sdfootnote52anc\"><sup>52<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.<\/strong> Esta predilecci\u00f3n por el hombre, como campo privilegiado de reflexi\u00f3n, se ha visto acentuada por el existencialismo. Era inevitable, ya que el \u00fanico m\u00e9todo cognoscitivo del existencialismo es la propia experiencia existencial. Desgraciadamente, este instrumento de conocimiento es muy limitado, no permite llegar a Dios y conduce, por ello, a concepciones \u00e9ticas muy singulares.<\/p>\n\n\n\n<p><em>a) El existencialismo cl\u00e1sico<\/em> (Heidegger y Sartre). El hombre se experimenta, ante todo, como un ser para morir. Ello se comprende porque la muerte no es para los existencialistas un mero fen\u00f3meno externo hacia el que nos encaminamos, una realidad futura. No. La muerte est\u00e1 en nosotros desde el d\u00eda en que nacemos. La continua experiencia de derrumbamiento, que es el peso del tiempo, no es sino experimentar el actuar continuo de la muerte en nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa muerte es un modo de ser que se apodera de la existencia tan pronto como existe<a href=\"#sdfootnote53sym\" id=\"sdfootnote53anc\"><sup>53<\/sup><\/a>\u00ab. \u00abDe cara con la muerte ve la existencia que su propio destino viene a ella, que ve su propio futuro viendo su muerte; que ella es su futuro siendo para morir y as\u00ed propiamente siendo un morir permanente\u00bb<a href=\"#sdfootnote54sym\" id=\"sdfootnote54anc\"><sup>54<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como \u2013seg\u00fan Heidegger\u2013 s\u00f3lo se conoce aquello de lo que se tiene experiencia existencial, y no tenemos experiencia existencial de algo que haya antes de nuestro nacimiento ni de lo que hay detr\u00e1s de la muerte, afirmar\u00e1 que la existencia est\u00e1 limitada por dos nadas. \u00ab(El ser) es lanzado de la nada a la existencia\u00bb<a href=\"#sdfootnote55sym\" id=\"sdfootnote55anc\"><sup>55<\/sup><\/a>. \u00abEl ser de Heidegger, que es tiempo, es a la vez <em>ser para la muerte<\/em>. Este ser no tiene en ninguna parte una mirada que vaya m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l. Detr\u00e1s de \u00e9l est\u00e1 la nada de su origen. Ante \u00e9l se encuentra el futuro, que debe determinar las fronteras de su ser. Este futuro es ocaso, hundirse, extinguirse en la muerte\u00bb<a href=\"#sdfootnote56sym\" id=\"sdfootnote56anc\"><sup>56<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre camina \u2013seg\u00fan Heidegger\u2013 hacia el naufragio total, pero adem\u00e1s camina sin poder detenerse y con conciencia de que va hacia ese naufragio. De esta conciencia nace la angustia. Pero el existencialismo quiere dar una norma de conducta: la \u00e9tica de la resignaci\u00f3n; s\u00f3lo aceptando lo inevitable, aceptando el naufragio total, se supera la angustia. \u00abLa filosof\u00eda existencial debe, en primer lugar, tener el sentido de que a partir de ella la vida no se entender\u00eda ya tan feroz e inmediata\u00bb<a href=\"#sdfootnote57sym\" id=\"sdfootnote57anc\"><sup>57<\/sup><\/a>. \u00abLa existencia est\u00e1, en cierto modo, de frente a su ser, ve su interna inconsistencia, su interno desmoronamiento y decide de propia voluntad y soberanamente sobre su destino, se decide a su destino. De cara con la nada, la existencia se vuelve sobria, se trata de cumplir &#8216;decididamente&#8217; su misi\u00f3n de ser uno mismo\u00bb<a href=\"#sdfootnote58sym\" id=\"sdfootnote58anc\"><sup>58<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es interesante advertir que lo que el existencialismo califica de \u00abangustia\u00bb, no es sino el sentimiento instintivo de rebeld\u00eda ante el pensamiento del naufragio total; ya veremos c\u00f3mo valora ese sentimiento instintivo el Concilio Vaticano II. Por ahora b\u00e1stenos conocer que el existencialismo lo descalifica como <em>miedo<\/em> ante lo inevitable, y que propone como soluci\u00f3n \u00e9tica acallarlo con la resignaci\u00f3n ante el naufragio inevitable. Por lo dem\u00e1s, a esto se reduce la pobreza \u00e9tica existencialista. As\u00ed es como se consigue la \u00abexistencia aut\u00e9ntica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>b) La forma del existencialismo en<\/em> <em>Unamuno<\/em>. El influjo del existencialismo en Unamuno \u2013para quien la lectura de Kierkegaard hab\u00eda sido el mayor motivo para felicitarse de haber aprendido dan\u00e9s<a href=\"#sdfootnote59sym\" id=\"sdfootnote59anc\"><sup>59<\/sup><\/a>\u2013 es innegable. Unamuno piensa que la raz\u00f3n lleva \u00aba la negaci\u00f3n vital; no ya a dudar, sino a negar que mi conciencia sobreviva mi muerte\u00bb<a href=\"#sdfootnote60sym\" id=\"sdfootnote60anc\"><sup>60<\/sup><\/a>; el conflicto surge del choque entre la raz\u00f3n, que niega la supervivencia, y el deseo de sobrevivir (\u00bb choque entre la raz\u00f3n y el deseo\u00bb, <em>ib\u00edd<\/em>.); este deseo no es sino la angustia instintiva del hombre ante la idea del naufragio total. Yo soy el centro de mi Universo, el centro del Universo, y en mis angustias supremas grito con Michelet: \u00ab&#8217;\u00a1Mi yo, que me arrebatan mi yo!&#8217;\u00bb<a href=\"#sdfootnote61sym\" id=\"sdfootnote61anc\"><sup>61<\/sup><\/a>. Con la preocupaci\u00f3n \u2013muy existencialista\u2013 de ense\u00f1ar un modo de vivir, tambi\u00e9n Unamuno nos dir\u00e1 c\u00f3mo se consigue la \u00abexistencia aut\u00e9ntica\u00bb. Lo espec\u00edfico de \u00e9l es que para Unamuno la existencia aut\u00e9ntica se obtiene, no por la aceptaci\u00f3n del naufragio, sino por la rebeld\u00eda contra \u00e9l. Son caracter\u00edsticas las palabras de S\u00e9nancour con que encabeza el cap\u00edtulo 11: \u00abEl hombre es perecedero. Puede ser; pero perezcamos resistiendo, y, si la nada nos est\u00e1 reservada, no hagamos que ello sea justo\u00bb<a href=\"#sdfootnote62sym\" id=\"sdfootnote62anc\"><sup>62<\/sup><\/a>. \u00abHagamos que la nada, si es que nos est\u00e1 reservada, sea una injusticia; peleemos contra el Destino, y aun sin esperanza de victoria; peleemos contra \u00e9l quijotescamente\u00bb<a href=\"#sdfootnote63sym\" id=\"sdfootnote63anc\"><sup>63<\/sup><\/a>. En toda esta concepci\u00f3n hay varias cosas notables:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa Se predica la rebeld\u00eda contra lo que la raz\u00f3n, seg\u00fan Unamuno, dice que es inevitable; la lucha, desde el punto de vista de la raz\u00f3n, es una locura; pero Unamuno, con su exaltaci\u00f3n de la figura de Don Quijote (su obra: <em>Vida de Don Quijote y Sancho<\/em>; sobre todo el ensayo que la precede: \u00abEl sepulcro de Don Quijote\u00bb), ha hecho de Don Quijote \u2013la locura de la lucha contra lo razonable\u2013 el s\u00edmbolo de todo un modo de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00aa En el existencialismo de Unamuno hay una nota caracter\u00edstica que lo distingue del existencialismo europeo cl\u00e1sico: \u00e9ste predica, como actitud \u00e9tica fundamental, la resignaci\u00f3n frente a lo inevitable; Unamuno, la rebeld\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00aa El existencialismo cl\u00e1sico europeo descalifica el sentimiento instintivo contrario a la idea de naufragio total (para ellos es s\u00f3lo miedo). Unamuno lo valora mucho m\u00e1s positivamente. Su gran duda ser\u00e1 preguntarse una y mil veces si ha de tener m\u00e1s raz\u00f3n la cabeza, que niega el m\u00e1s all\u00e1, o el sentimiento, que se obstina en afirmarlo. Surge de nuevo el tema de Don Quijote como superior, moralmente hablando, a Sancho: \u00abLa veracidad, el respeto a lo que creo ser lo racional, lo que l\u00f3gicamente llamamos verdad, me mueve a afirmar una cosa en este caso: que la inmortalidad del alma individual es un contrasentido l\u00f3gico; es algo no s\u00f3lo irracional, sino contrarracional; pero la sinceridad me lleva a afirmar tambi\u00e9n que no me resigno a esta otra afirmaci\u00f3n y que protesto contra su validez. Lo que siento es una verdad, tan verdad por lo menos como lo que veo, toco, oigo y se me demuestra \u2013yo creo que m\u00e1s verdad a\u00fan\u2013, y la sinceridad me obliga a no ocultar mis sentimientos\u00bb<a href=\"#sdfootnote64sym\" id=\"sdfootnote64anc\"><sup>64<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00aa Por cierto, este deseo de que haya vida eterna \u2013deseo en cuyo fomento consiste la existencia aut\u00e9ntica\u2013 equivale en la terminolog\u00eda de Unamuno a la fe en la vida eterna. \u00ab\u00bfY qu\u00e9 cosa es fe? As\u00ed pregunta el Catecismo de la doctrina cristiana que se nos ense\u00f1\u00f3 en la escuela, y contesta as\u00ed: <em>Creer lo que no vimos<\/em>. A lo que hace ya una docena de a\u00f1os correg\u00ed en un ensayo diciendo: <em>\u00a1Creer lo que no vimos, no!, sino crear lo que no vemos<\/em>. Y antes os he dicho que creer en Dios es, en primera instancia al menos, querer que le haya, anhelar la existencia de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote65sym\" id=\"sdfootnote65anc\"><sup>65<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00aa Recogiendo ideas ya insinuadas, pero vi\u00e9ndolas ahora a trav\u00e9s del concepto unamuniano de fe, habr\u00eda que decir que a esta fe-deseo de que haya vida eterna, Unamuno atribuye dos funciones: ante todo, gracias a ella se consigue una existencia aut\u00e9ntica, que hace soportable la vida. \u00abHay que creer en la otra vida, en la vida eterna de m\u00e1s all\u00e1 de la tumba, y en una vida individual y personal, en una vida en que cada uno de nosotros sienta su conciencia y la sienta unirse, sin confundirse, con las dem\u00e1s conciencias todas en la Conciencia Suprema en Dios; hay que creer en esa otra vida para poder vivir \u00e9sta y soportarla y darle sentido y finalidad\u00bb<a href=\"#sdfootnote66sym\" id=\"sdfootnote66anc\"><sup>66<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en segundo lugar, dada su pregunta sobre la supremac\u00eda entre cabeza y coraz\u00f3n-deseo, quiz\u00e1 esta fe-deseo (pero s\u00f3lo quiz\u00e1, Unamuno no llega a m\u00e1s) toque la realidad. \u00abY hay que creer acaso en esa otra vida para merecerla, para conseguirla, o tal vez ni la merece ni la consigue el que no la anhela sobre la raz\u00f3n y, si fuere menester, hasta contra ella\u00bb<a href=\"#sdfootnote67sym\" id=\"sdfootnote67anc\"><sup>67<\/sup><\/a>. En resumen: \u00e9tica de rebeld\u00eda; vivir de tal manera que si la nada nos est\u00e1 reservada, sea una injusticia con nosotros; pero quiz\u00e1 lo m\u00e1s caracter\u00edstico del planteamiento de Unamuno (aunque valore m\u00e1s el deseo instintivo que el existencialismo europeo cl\u00e1sico) consista en su disociaci\u00f3n entre lo que la raz\u00f3n dice y la direcci\u00f3n en que se encamina el deseo instintivo de supervivencia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>c) La soluci\u00f3n del existencialismo cristiano en el Vaticano ll<\/em>. El n\u00famero 18 de la Constituci\u00f3n pastoral <em>Gaudium et Spes<\/em> tiene un planteamiento lleno de inter\u00e9s. Trata del problema de la muerte. En el tratamiento y en la respuesta, mientras que el p\u00e1rrafo segundo da una respuesta teol\u00f3gica, el primero tiene para nosotros la especial importancia de colocarse en un terrero filos\u00f3fico. Analizando el p\u00e1rrafo podemos distinguir:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba Plantea el problema de la muerte en t\u00e9rminos existencialistas: \u00abEl m\u00e1ximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disoluci\u00f3n progresiva del cuerpo. Pero su m\u00e1ximo tormento es el temor por la desaparici\u00f3n perpetua\u00bb (GS 18). N\u00f3tense los temas de \u00abla disoluci\u00f3n progresiva del cuerpo\u00bb, sin\u00f3nimo de la constante acci\u00f3n de la muerte en el hombre, y el del \u00abtemor por la desaparici\u00f3n perpetua\u00bb, es decir, la angustia ante el pensamiento del naufragio total.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba Ya en ese \u00abtemor por la desaparici\u00f3n perpetua\u00bb est\u00e1 insinuada la reacci\u00f3n instintiva del hombre ante el pensamiento del naufragio total.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba Pero lo m\u00e1s importante es la valoraci\u00f3n que se hace de esa reacci\u00f3n instintiva: no como miedo, ni como un interrogante (\u00bfqui\u00e9n tendr\u00e1 raz\u00f3n? \u00bfCabeza o coraz\u00f3n?), sino como algo que responde a la realidad interna del hombre: (\u00abJuzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adi\u00f3s definitivo. La semilla de eternidad que en s\u00ed lleva, por ser irreductible a la sola materia, se levanta contra la muerte\u00bb. Es decir, la reacci\u00f3n instintiva ante el pensamiento del naufragio total es fruto de esa realidad espiritual e inmortal que el hombre lleva en s\u00ed). Con esta valoraci\u00f3n positiva (no negativa, como en el existencialismo cl\u00e1sico europeo, ni dubitativa, como en Unamuno) se supera la disociaci\u00f3n entre cabeza y coraz\u00f3n que hac\u00eda Unamuno: en la tendencia instintiva del coraz\u00f3n contra la destrucci\u00f3n total, la cabeza encuentra un argumento de que realmente no vamos hacia la destrucci\u00f3n total.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00ba Finalmente, se insiste en que los progresos cient\u00edficos, que consiguen prolongar la vida, pero no pueden suprimir la muerte, no son soluci\u00f3n de la angustia del hombre: \u00abTodos los esfuerzos de la t\u00e9cnica moderna, por muy \u00fatiles que sean, no pueden calmar esta ansiedad del hombre; la pr\u00f3rroga de la longevidad que hoy proporciona la biolog\u00eda no puede satisfacer ese deseo del m\u00e1s all\u00e1 que surge ineluctablemente del coraz\u00f3n humano\u00bb; en efecto, el problema est\u00e1 en que el hombre se percibe como \u00abser-para-la muerte\u00bb, encaminado hacia ella; el que se camine con una velocidad mayor o menor no cambia el que se est\u00e1 caminando, de hecho, hacia la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><em>d) La \u00e9tica de esta soluci\u00f3n<\/em>. Frente a la resignaci\u00f3n o la rebeld\u00eda, la soluci\u00f3n del existencialismo cristiano, expuesto por el Concilio, comporta una \u00e9tica muy diversa. Ante todo, hay la persuasi\u00f3n de que existe un m\u00e1s all\u00e1 de la frontera de nuestra vida terrestre. Esa persuasi\u00f3n puede ser filos\u00f3fica \u2013p\u00e1rrafo primero del n\u00famero 18\u2013, pero se fortifica y ampl\u00eda con lo que ense\u00f1a la fe \u2013p\u00e1rrafo segundo del mismo n\u00famero 18. Por cierto, la esperanza es activa, implica lucha por conseguir lo que se sabe alcanzable; en esto difiere el concepto de esperanza del de espera; recu\u00e9rdese el titulo del libro de La\u00edn Entralgo: <em>La espera y la esperanza<\/em>; la espera es pasiva \u2013sentarse en la antesala esperando que nos abran\u2013; mientras que la esperanza es un deseo din\u00e1mico que hace actuar por conseguir lo que se sabe alcanzable. Esa esperanza, aunque tiene como objeto primario a Dios y su posesi\u00f3n escatol\u00f3gica, tambi\u00e9n ofrece nuevos motivos para esforzarse en las tareas temporales y en el intento de hacer un mundo mejor (Constituci\u00f3n pastoral <em>Gaudium et Spes<\/em>, 21). Porque los bienes primarios hacia los que se encamina la esperanza \u2013Dios y su posesi\u00f3n sobrenatural\u2013 s\u00f3lo son alcanzables por una dignaci\u00f3n de Dios mismo, el reconocimiento de esa dignaci\u00f3n llevar\u00e1 al amor, a la caridad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cristianismo radical y moralidad<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>1.<\/strong> Entendemos aqu\u00ed por cristianismo radical el movimiento que comienza con D. Bonhoeffer, y que se hace con la proclamaci\u00f3n de un \u00abcristianismo irreligioso\u00bb; tal proclamaci\u00f3n surge a partir de la convicci\u00f3n de que \u00abha pasado (&#8230;) el tiempo precisamente de la religi\u00f3n en general\u00bb<a href=\"#sdfootnote68sym\" id=\"sdfootnote68anc\"><sup>68<\/sup><\/a>. La convicci\u00f3n subyacente es que la religi\u00f3n existe cuando el hombre necesita de explicaciones (\u00abLos hombres religiosos hablan de Dios cuando el conocimiento humano \u2013a veces por simple pereza mental\u2013 no da m\u00e1s de s\u00ed o cuando fracasan las fuerzas humanas. En realidad, se limitan siempre a ofrecer un <em>deus ex machina<\/em>, ya sea para resolver aparentemente unos problemas insolubles, ya sea para erigir una fuerza ante la impotencia humana\u00bb<a href=\"#sdfootnote69sym\" id=\"sdfootnote69anc\"><sup>69<\/sup><\/a>). La crisis del concepto de religi\u00f3n estar\u00eda as\u00ed ocasionada por el progreso cient\u00edfico; el hombre necesita cada vez menos recurrir a Dios como explicaci\u00f3n, ya que dispone de explicaciones cient\u00edficas para campos cada vez mayores; el campo de un Dios \u00abtapa-agujeros\u00bb (el Dios explicaci\u00f3n para los \u00abagujeros\u00bb que cient\u00edficamente no ha podido el hombre llenar todav\u00eda) se hace cada vez m\u00e1s peque\u00f1o: \u00abSemejante actitud (la actitud religiosa) s\u00f3lo tiene posibilidades de perdurar, aunque forzadamente, hasta el momento en que los hombres, por sus propias fuerzas, logran ampliar dichos l\u00edmites y en que resulta superfluo el <em>deus ex machina<\/em>\u00ab<a href=\"#sdfootnote70sym\" id=\"sdfootnote70anc\"><sup>70<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Naturalmente, queda para Bonhoeffer el problema de los l\u00edmites absolutos, los que la ciencia no ha resuelto ni resolver\u00e1 jam\u00e1s, como son la muerte y el concepto de pecado; pero Bonhoeffer cree poder concluir que tampoco es necesario el Dios-explicaci\u00f3n con respecto a esos l\u00edmites, ya que hay hombres que mueren sin necesitar recurrir a Dios o act\u00faan sin necesitar de Dios en su quehacer moral: \u00abPor otra parte, hablar de los l\u00edmites humanos me parece harto problem\u00e1tico (la misma muerte, que los hombres apenas temen, y el pecado, que los hombres muy a duras penas comprenden, \u00bfacaso son, a\u00fan hoy d\u00eda, unos verdaderos limites?). Siempre tengo la impresi\u00f3n de que al hablar de los l\u00edmites humanos s\u00f3lo tratamos de reservar medrosamente un lugar en el mundo para Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote71sym\" id=\"sdfootnote71anc\"><sup>71<\/sup><\/a>. \u00abVeo de nuevo con toda claridad que no debemos utilizar a Dios como tapa-agujeros de nuestro conocimiento imperfecto. Porque entonces, si los l\u00edmites del conocimiento van retrocediendo cada vez m\u00e1s \u2013lo cual es, objetivamente, inevitable\u2013, Dios se hallar\u00e1, con ellos, en su misma l\u00ednea de constante retroceso\u00bb<a href=\"#sdfootnote72sym\" id=\"sdfootnote72anc\"><sup>72<\/sup><\/a>. \u00abEsto es v\u00e1lido para la relaci\u00f3n entre Dios y el conocimiento cient\u00edfico. Pero lo es asimismo para las cuestiones simplemente humanas de la muerte, el dolor y la culpa. Hoy hemos llegado a un punto en que, para estas cuestiones, existen respuestas humanas que pueden prescindir por completo de Dios. En realidad \u2013y as\u00ed ha sido en todas las \u00e9pocas\u2013, el hombre llega a resolver esas cuestiones incluso sin Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote73sym\" id=\"sdfootnote73anc\"><sup>73<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es notable que Bonhoeffer nunca indica soluciones te\u00f3ricas a esas cuestiones \u2013a esos l\u00edmites absolutos\u2013, se limita a insinuar que hay hombres que se han resuelto esos problemas \u2013en realidad, que han afrontado los l\u00edmites absolutos\u2013 sin Dios. Bonhoeffer nos invitar\u00e1 (\u00a1a los cristianos!) a vivir en el mundo sin Dios: \u00abY nosotros no podemos ser honestos sin reconocer que hemos de vivir en el mundo <em>etsi deus non daretur<\/em>\u00ab<a href=\"#sdfootnote74sym\" id=\"sdfootnote74anc\"><sup>74<\/sup><\/a>. De esta manera participamos del sufrimiento que Dios experimenta al ser desalojado del mundo: \u00abEl hombre est\u00e1 llamado a sufrir con Dios en el sufrimiento que el mundo sin Dios inflige a Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote75sym\" id=\"sdfootnote75anc\"><sup>75<\/sup><\/a>. Bonhoeffer ha hablado de cristianismo irreligioso y de \u00abcristianismo sin religi\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote76sym\" id=\"sdfootnote76anc\"><sup>76<\/sup><\/a>; pero, \u00bfqu\u00e9 queda de cristianismo? Su respuesta estar\u00e1 en la predicaci\u00f3n de una \u00e9tica que toma como prototipo a Cristo. Ante todo, \u00bfqu\u00e9 es Cristo para Bonhoeffer? En <em>Esbozo de un trabajo<\/em>, segundo cap\u00edtulo, dej\u00f3 indicado: \u00abEl encuentro con Jesucristo: experiencia de producirse aqu\u00ed el trastorno de toda existencia humana debido al hecho de que Jes\u00fas &#8216;no existe sino para los dem\u00e1s&#8217;. Este &#8216;ser enteramente para los dem\u00e1s&#8217; de Jes\u00fas: experiencia de la trascendencia\u00bb<a href=\"#sdfootnote77sym\" id=\"sdfootnote77anc\"><sup>77<\/sup><\/a>. Pero lo notable es que, seg\u00fan Bonhoeffer, Cristo ser\u00eda el prototipo para el cristiano de vivir <em>etsi deus non daretur<\/em>: \u00abEl cristiano no dispone, como los creyentes de los mitos de la redenci\u00f3n, de una \u00faltima escapatoria de las tareas y las dificultades terrenales hacia la eternidad: al igual que Cristo ha de vivir hasta el fin de su vida terrena (&#8216;Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?&#8217;)\u00bb<a href=\"#sdfootnote78sym\" id=\"sdfootnote78anc\"><sup>78<\/sup><\/a>. \u00abNuestro ser, que se ha hecho adulto, nos lleva a reconocer realmente nuestra situaci\u00f3n ante Dios. Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres que logran vivir sin Dios. \u00a1El Dios que est\u00e1 con nosotros es el Dios que nos abandona! (Mc 15,34). El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la hip\u00f3tesis de trabajo, Dios, es el mismo Dios ante el cual nos hallamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote79sym\" id=\"sdfootnote79anc\"><sup>79<\/sup><\/a>. N\u00f3tese la mutilaci\u00f3n de la imagen de Cristo que se nos ofrece; se nos presenta a un Cristo con la \u00fanica dimensi\u00f3n horizontal, olvidando la importancia en \u00c9l de la relaci\u00f3n vertical, de su intimidad con el Padre, que es la fuente de su \u00abexistir para los dem\u00e1s\u00bb. En segundo lugar, el planteamiento de Bonhoeffer, por el que constituye a Cristo prototipo y paradigma, plantea los mismos interrogante s que se han escrito a prop\u00f3sito de uno de los te\u00f3logos de la muerte de Dios, W. Hamilton: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 no escoge un ejemplo m\u00e1s actual? \u00bfPor qu\u00e9 no escoge un hombre como Ghandi, Schweitzer, Mart\u00edn Lutero King, John F. Kennedy o cualquier otro individuo extraordinario con valores sublimes, una libertad poco corriente y una entrega generosa a las preocupaciones e intereses de la Humanidad? \u00bfPor qu\u00e9 ha de mirar hacia atr\u00e1s el hombre maduro para inspirarse en este campesino galileo?\u00bb<a href=\"#sdfootnote80sym\" id=\"sdfootnote80anc\"><sup>80<\/sup><\/a>. \u00a1Se sigue en pleno fide\u00edsmo, que es tanto como seguir en plena arbitrariedad de la opci\u00f3n tomada!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.<\/strong> La posici\u00f3n de Bonhoeffer suele llamarse <em>Teolog\u00eda existencial no-religiosa<\/em>. Para entender su sentido, tal vez convenga compararla con la <em>Teolog\u00eda existencial de tipo religioso<\/em>, como es la de R Bultmann. Sin pretender dar una definici\u00f3n t\u00e9cnica de lo que es \u00abTeolog\u00eda existencial\u00bb, para nuestro prop\u00f3sito se puede describir como un intento de encontrar la <em>existencia aut\u00e9ntica<\/em> (existencia cristiana), tomando como paradigma la existencia de Cristo. Bultmann, una vez realizada su obra de desmitologizaci\u00f3n, no se queda, como hist\u00f3rico (\u00abhistorich\u00bb y no simplemente \u00abgeschichtlich\u00bb), m\u00e1s que con un rabino jud\u00edo llamado Jes\u00fas que muere en una cruz. Para el sistema de Bultmann baste remitir a la breve exposici\u00f3n de H. Lais<a href=\"#sdfootnote81sym\" id=\"sdfootnote81anc\"><sup>81<\/sup><\/a>. Pero lo que hay que imitar en \u00c9l es su confianza en el Padre, su confianza cuando ya no hay motivos para esperar, un esperar sin saber lo que espera: mientras que para Bonhoeffer la frase-clave es \u00abDios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (imitar a Cristo, que vive y muere sin apoyo en Dios; interpretaci\u00f3n no-religiosa), la de Bultmann es: \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb (interpretaci\u00f3n religiosa).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn la cruz se realiza el juicio de Dios sobre todo lo humano, y, por cierto, en cuanto un suceso hist\u00f3rico (\u00abgeschichtlich\u00bb, es decir, que me interpela, y, en ese sentido, configura la historia). La cruz, para Pablo, no es un s\u00edmbolo, una figura que habla por una idea eterna, sino la pregunta al hombre si quiere despojarse de su seguridad (&#8230;). En tal despojarse a s\u00ed mismo, como el reconocimiento del juicio de Dios sobre el hombre viejo como pecador, el hombre se comprende a s\u00ed mismo, como liberado de s\u00ed, como resucitado con Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote82sym\" id=\"sdfootnote82anc\"><sup>82<\/sup><\/a>. \u00abLa esperanza cristiana sabe que espera, pero no sabe qu\u00e9 espera\u00bb<a href=\"#sdfootnote83sym\" id=\"sdfootnote83anc\"><sup>83<\/sup><\/a>. Para Bultmann, formular los objetos de la esperanza es convertirlos en mitos; por eso se comprende que, seg\u00fan \u00e9l, Jes\u00fas esperara en su Padre sin motivos y sin saber qu\u00e9 esperaba.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3.<\/strong> Bonhoeffer no es un \u00abte\u00f3logo\u00bb de la \u00abmuerte de Dios\u00bb (\u00e9l piensa que es Dios mismo el que le obliga a vivir sin Dios), pero ha puesto las premisas para ese movimiento<a href=\"#sdfootnote84sym\" id=\"sdfootnote84anc\"><sup>84<\/sup><\/a>. Hay un paso nuevo en Hamilton, que \u00e9l explica con los dos temas de Edipo y Orestes: \u00abSe recordar\u00e1 que Edipo, inadvertidamente, mata a su padre, mientras que Orestes, por lealtad a su padre, escoge libremente matar a su madre corrompida\u00bb<a href=\"#sdfootnote85sym\" id=\"sdfootnote85anc\"><sup>85<\/sup><\/a>. \u00abLa teolog\u00eda de Orestes indica que, para superar la muerte del padre (la muerte de Dios) en nuestras vidas, la madre (la madre que representa a la religi\u00f3n, la seguridad, el fervor y la autoridad, pero que se ha corrompido) tiene que ser destruida, y tenemos que prestar nuestra atenci\u00f3n y devoci\u00f3n a la <em>polis<\/em>, el Estado, la pol\u00edtica y nuestro pr\u00f3jimo\u00bb<a href=\"#sdfootnote86sym\" id=\"sdfootnote86anc\"><sup>86<\/sup><\/a>. Todo esto se postula en nombre de la madurez del hombre moderno: \u00abAl haber <em>llegado a la madurez<\/em> el hombre moderno, para usar la expresi\u00f3n de Bonhoeffer, tiene que asumir toda la responsabilidad de su destino futuro, sin hacer referencia a la hip\u00f3tesis de Dios, ni depender de ella\u00bb<a href=\"#sdfootnote87sym\" id=\"sdfootnote87anc\"><sup>87<\/sup><\/a>. Se seguir\u00e1 defendiendo un \u00abcristianismo ateo\u00bb, que significa tomar a Jes\u00fas como paradigma en su entrega a los dem\u00e1s. (Este programa plantea todos los interrogantes que ya hemos indicado a prop\u00f3sito de Bonhoeffer, y que en parte se pod\u00edan haber hecho a prop\u00f3sito de Bultmann.)<\/p>\n\n\n\n<p>Pero volvamos al tema de la muerte del padre, que Hamilton completa con el asesinato de la madre. Hamilton considera los hechos con optimismo: \u00bfno es un fen\u00f3meno que responde a la madurez del hombre y que es se\u00f1al de su autonom\u00eda el tener que arreglar su vida sin contar con Dios? El tema de la muerte del padre no es nuevo; seg\u00fan R. Aron, en este tema se resume todo el pensamiento de Sartre. El fen\u00f3meno de la muerte del padre, aunque pueda ser desgarrador, es tambi\u00e9n un fen\u00f3meno positivo: \u00abEn el plano familiar, hace falta que un d\u00eda el hijo se emancipe con respecto a sus padres, y ser\u00eda lamentable que no lo hiciese\u00bb<a href=\"#sdfootnote88sym\" id=\"sdfootnote88anc\"><sup>88<\/sup><\/a>. Pero, \u00bfpuede el hombre dejar de ser ni\u00f1o con respecto a Dios? \u00bfNo estar\u00e1 la indigencia inscrita en su ser limitado y contingente? En esas circunstancias, \u00bfse puede aspirar como ideal a la emancipaci\u00f3n con respecto a Dios? El hecho de que Sartre, despu\u00e9s de la muerte del padre \u2013de la muerte de Dios para \u00e9l\u2013 no pueda mirar el mundo sino con \u00abn\u00e1useas\u00bb (recu\u00e9rdese que la novela m\u00e1s representativa del pensamiento filos\u00f3fico de Sartre se nos da en el an\u00e1lisis psicopatol\u00f3gico de la \u00abn\u00e1usea\u00bb, que resulta para Sartre de la \u00abcontingencia del mundo\u00bb)<a href=\"#sdfootnote89sym\" id=\"sdfootnote89anc\"><sup>89<\/sup><\/a>, y que su filosof\u00eda se haya podido definir como filosof\u00eda o teolog\u00eda del absurdo, porque suprimido Dios, reconoce la total absurdidad del mundo, de ese mundo que produce n\u00e1useas<a href=\"#sdfootnote90sym\" id=\"sdfootnote90anc\"><sup>90<\/sup><\/a>, hablan bien claro de la falsedad del planteamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s realista es reconocer la peque\u00f1ez y limitaci\u00f3n que, como hombres tenemos, reconocer que hay misterios (\u00a1los l\u00edmites absolutos!) en nosotros no explicables sin Dios! Es lo que el Concilio Vaticano II, Constituci\u00f3n pastoral <em>Gaudium et Spes<\/em>, nos ha inculcado en el n\u00famero 21 a prop\u00f3sito de \u00ablos enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> G. Marcel, <em>En busca de la verdad y de la justicia, <\/em>Barcelona 1965, 78.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> G. Marcel, <em>\u00catre et avoir, <\/em>Par\u00eds 1935.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> G. Marcel, <em>Diario metaf\u00edsico, <\/em>Madrid 1964, 146.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> G. Marcel, <em>\u00catre et avoir, <\/em>Par\u00eds 1935.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Martin Buber, <em>Qu\u00e9 es el hombre, <\/em>M\u00e9jico 1974, 110 (8\u00aa edici\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> G. Marcel, <em>En busca de la verdad y de la justicia, <\/em>Barcelona 1966, 142.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> S\u00f3focles, <em>Ant\u00edgona, <\/em>Buenos Aires 1970, 634.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Romano Guardini, <em>La preocupaci\u00f3n por el hombre, <\/em>Madrid 1965, 48.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Romano Guardini, <em>El poder, <\/em>Madrid 1963, 127.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> R. Garrigou-Lagrange, <em>El sentido del misterio, <\/em>Bilbao 1963, 86.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Jean Danielou, <em>Desacralizaci\u00f3n o evangelizaci\u00f3n, <\/em>Bilbao 1965, 55.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Cf, <em>L\u2019iconoclaste, <\/em>Par\u00eds 1923, 147.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Charles Moeller, <em>Literatura del siglo XX y cristianismo, <\/em>vol. I, <em>El silencio de Dios, <\/em>Madrid, 6\u00aa ed., 1966, 490.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Jean Danielou, <em>Desacralizaci\u00f3n o evangelizaci\u00f3n, <\/em>Bilbao 1965, 14-16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Jean Guitton, <em>Lo que yo creo, <\/em>Barcelona 1960, 123-124.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> J. Zubiri, <em>Naturaleza, historia y Dios, <\/em>Madrid 1955, 320.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> G. Marcel, <em>Diario metaf\u00edsico, <\/em>Madrid 1964, 70.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> A. Gonz\u00e1lez \u00c1lvarez, <em>Tratado de Metaf\u00edsica: Ontolog\u00eda, <\/em>Madrid 1961, 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>436.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>pr\u00f3logo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>La Trinidad y el misterio de la existencia, <\/em>Madrid 1969, 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> Cf. <em>Suma teol\u00f3gica, <\/em>1-2 q.113, a. 10 c.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> San Agust\u00edn, <em>Confesiones <\/em>I, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>Suma teol\u00f3gica<\/em><em>, <\/em>1, q.105, a.2 ad.1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> <em>\u00catre et avoir<\/em>, Par\u00eds 1936, 17.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> H. de Lubac, <em>Por los caminos de Dios, <\/em>Buenos Aires 1962, 136.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Jean Guitton, <em>Lo que yo creo, <\/em>Barcelona 1960, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> O. Cullman, <em>Cristo y el tiempo, <\/em>Barcelona 1968, 189.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> Jean Dani\u00e9lou, <em>\u00bfDesacralizaci\u00f3n o evangelizaci\u00f3n?, <\/em>Bilbao, 2\u00aa ed., 35-37.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> <em>Libro de las Fundaciones, <\/em>12,7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> <em>Vida, <\/em>22,14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> <em>Camino de perfecci\u00f3n, <\/em>16,7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> Concilio Vaticano I, <em>Constitutio dogmatica de fide catholica, <\/em>cap. 2; E. Denzinger, <em>El magisterio de la Iglesia, <\/em>Barcelona 1955, n. 1785. Repite sus palabras el Concilio Vaticano II, <em>Consitutio dogmatica de divina revelatione, <\/em>cap. 1, n. 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> P. Wust, <em>Testimonios de la fe. Relatos de conversiones, <\/em>Madrid 1953, 183ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>182.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>184ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> <em>Ibid., <\/em>185.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> <em>Suma teol\u00f3gica, <\/em>1-2, q.85 a.3: BAC 122, 840.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> <em>Dogmatik, <\/em>I\/1, Z\u00fcrich<sup>7<\/sup>, 1955, p. VIIIss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> <em>Der R\u00f6merbrief, <\/em>ed. 2, reimp. 9, Z\u00fcrich 1954, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> <em>Die christliche Lehre von Gott. <\/em><em>Dogmatik, <\/em>t. 1, Z\u00fcrich<sup>2<\/sup> 1953, 185.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> Sobre la posici\u00f3n de Lutero acerca del conocimiento natural de Dios, cfr. J. Lortz, <em>Historia de la Reforma<\/em>, trad, esp., t 1, Madrid 1963, 185. Como te\u00f3logo protestante de nuestros d\u00edas baste citar a E. Brunner: \u00abAnte todo, es necesario distinguir claramente entre si dos cuestiones, que desgraciadamente siguen siendo confundidas una y otra vez: la cuesti\u00f3n de la revelaci\u00f3n en la creaci\u00f3n y la cuesti\u00f3n del conocimiento natural de Dios\u00bb (<em>Die christliche Lehre von Gott. Dogmatik,<\/em> t. 1, Z\u00fcrich<sup>2<\/sup> 1953, 137). \u00abLa afirmaci\u00f3n de una revelaci\u00f3n en la creaci\u00f3n no tiene en si misma nada que ver con la afirmaci\u00f3n de una teolog\u00eda natural\u00bb (<em>ib\u00edd<\/em>.)&#8230; Si es falso e imposible desde un punto de vista b\u00edblico y teol\u00f3gico impugnar la realidad de una revelaci\u00f3n en la creaci\u00f3n, no es menos falso negar la significaci\u00f3n negativa del pecado para el conocimiento de la revelaci\u00f3n en la creaci\u00f3n. El pecado no s\u00f3lo cambia la voluntad, sino que realiza tambi\u00e9n un \u00b7oscurecimiento del poder de conocer, cuando se trata del conocimiento de Dios\u00bb (<em>o. c.,<\/em> 138). \u00abEl pecado enturbia de tal manera la vista del hombre que &#8216;conoce&#8217; o imagina dioses en lugar de Dios &#8230; que deforma la revelaci\u00f3n de Dios en la creaci\u00f3n en \u00eddolos\u00bb (<em>Natur und Gnade<\/em>, T\u00fcbingen 1934, 14).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> <em>Formula Concordiae<\/em>. <em>Solida Declaratio<\/em>, 1, 3; <em>Die Bekenntnisschriften der evangelizch-lutherischen Kirche,<\/em> G\u00f6ttingen 1956, 848ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> <em>Die christliche Lehre von Gott. Dogmatik, <\/em>1, Z\u00fcrich<sup>2<\/sup> 1953, 184.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>185.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> <em>Die Rede vom Handeln Gottes: Kerygma und Mythos, <\/em>t. 2, Hamburg 1952, 207.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> L. Bouyer, <em>Dictionaire th\u00e9ologique, <\/em>Tournai 1963, 264, define el fide\u00edsmo con estas palabras: \u201cError de aquellos que quieren retirar a la fe todo apoyo racional\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> <em>Constitutio dogmatica de fide catholica, <\/em>cap. 3; Denzinger, <em>El Magisterio de la Iglesia, <\/em>n\u00fam. 1790.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> Alocuci\u00f3n al VI Congreso Tomista Internacional, 10 de septiembre de 1965: AAS 57 (1965) 789.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote51anc\" id=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> Cf., la primera de las tesis firmadas por Luis Eugenio Bautain, Denzinger, <em>o. c., <\/em>n\u00famero 1622; y la segunda de las impuestas a Agust\u00edn Bonnetty, Denzinger, n\u00fam. 1650.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote52anc\" id=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> Sobre el m\u00e9todo de inmanencia con sus exageraciones, cfr. M. Nicolau, <em>De revelatione christiana, <\/em>nn. 138-141; <em>Sacrae Theologiae Summa, <\/em>t. 1, Matriti<sup>5<\/sup> 1962, 144-148, F. de B. Vizmanos, <em>De la religi\u00f3n natural y la revelaci\u00f3n cristiana <\/em>nn. 344-351; Vizmanos-Ruidor, <em>Teolog\u00eda fundamental para seglares, <\/em>Madrid 1963, 221-224.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote53anc\" id=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> M. Heidegger, <em>Sein und Zeit, <\/em>Halle<sup>3<\/sup> 1931, 245.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote54anc\" id=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> A. Delp, <em>Tragische Existenz, <\/em>Freiburg in B. 1935, 64.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote55anc\" id=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>66.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote56anc\" id=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>65ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote57anc\" id=\"sdfootnote57sym\">57<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>81.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote58anc\" id=\"sdfootnote58sym\">58<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>82.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote59anc\" id=\"sdfootnote59sym\">59<\/a> Cf. Unamuno, <em>Ibsen y Kiergegaard: Ensayos, <\/em>t. 2, Madrid 1942, 341.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote60anc\" id=\"sdfootnote60sym\">60<\/a> <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida, <\/em>cap. 6; <em>Ensayos, <\/em>t. 2, 764.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote61anc\" id=\"sdfootnote61sym\">61<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>696.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote62anc\" id=\"sdfootnote62sym\">62<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>893.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote63anc\" id=\"sdfootnote63sym\">63<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>900.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote64anc\" id=\"sdfootnote64sym\">64<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>763.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote65anc\" id=\"sdfootnote65sym\">65<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>825. V\u00e9ase <em>La fe: Ensayos<\/em>, t 1, Madrid, 245. \u00abYa veremos m\u00e1s adelante, al tratar de la fe, c\u00f3mo \u00e9sta no es en su esencia, sino cosa de voluntad, no de raz\u00f3n, como creer es querer creer, y creer en Dios ante todo y sobre todo es querer que le haya. Y as\u00ed creer en la inmortalidad del alma es querer que el alma sea inmortal, pero quererlo con tanta fuerza que esta querencia, atropellando a la raz\u00f3n, pasa sobre ella\u00bb (<em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, cap. 6: <em>Ensayos<\/em>, t. 2, 760s). \u00abPues la fe no es la mera adhesi\u00f3n del intelecto a un principio abstracto, no es el reconocimiento de una verdad te\u00f3rica en que la voluntad no hace sino moverse a entender; la fe es cosa de la voluntad\u00bb (<em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, cap. 9; <em>Ensayos<\/em>, t. 2, 830). Unamuno se da cuenta de que, al pasar la fe exclusivamente a la voluntad, al convertirla en un deseo, abraza una posici\u00f3n protestante con respecto al concepto de fe. \u00abLa fe no es adhesi\u00f3n de la mente a un principio abstracto, sino entrega de la confianza y del coraz\u00f3n a una persona, para el cristianismo a la persona hist\u00f3rica de Cristo. Tal es mi tesis, en el fondo una tesis luterana\u00bb (Unamuno, en sus cartas: <em>Ensayos<\/em>, t. 2, 56). Por lo dem\u00e1s, es curioso \u2013aunque esto sea una digresi\u00f3n\u2013 que, aunque la estructura de la fe en Unamuno es protestante, sus contenidos \u2013el mundo dogm\u00e1tico que Unamuno desea sea verdadero\u2013 es cat\u00f3lico; Unamuno est\u00e1 convencido de la superioridad del dogma cat\u00f3lico sobre la doctrina dogm\u00e1tica protestante (cfr. <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, cap. 4: <em>Ensayos<\/em>, t. 2, 714-725 ); adem\u00e1s piensa que existe una sinton\u00eda entre el catolicismo y el alma espa\u00f1ola (cfr. <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, cap. 11: <em>Ensayos<\/em>, t. 2, 924).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote66anc\" id=\"sdfootnote66sym\">66<\/a> <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, cap. 10: <em>Ensayos<\/em>, t. 2, 890ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote67anc\" id=\"sdfootnote67sym\">67<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>891.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote68anc\" id=\"sdfootnote68sym\">68<\/a> Carta de 30 de abril de 1944; D. Bonhoeffer, <em>Resistencia y sumisi\u00f3n, <\/em>Barcelona 1969, 160-162.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote69anc\" id=\"sdfootnote69sym\">69<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>162.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote70anc\" id=\"sdfootnote70sym\">70<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote71anc\" id=\"sdfootnote71sym\">71<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>162s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote72anc\" id=\"sdfootnote72sym\">72<\/a> Carta del 29 de mayo de 1944, <em>o.c., <\/em>185.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote73anc\" id=\"sdfootnote73sym\">73<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>185s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote74anc\" id=\"sdfootnote74sym\">74<\/a> Carta del 16 de julio de 1944, <em>o.c., <\/em>209.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote75anc\" id=\"sdfootnote75sym\">75<\/a> Carta del 18 de julio de 1944, <em>o.c., <\/em>211.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote76anc\" id=\"sdfootnote76sym\">76<\/a> Carta del 30 de abril de 1944, <em>o.c., <\/em>163.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote77anc\" id=\"sdfootnote77sym\">77<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>224.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote78anc\" id=\"sdfootnote78sym\">78<\/a> Carta del 27 de julio de 1944, <em>o.c., <\/em>198.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote79anc\" id=\"sdfootnote79sym\">79<\/a> Carta del 16 de julio de 1944, <em>o.c., <\/em>209s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote80anc\" id=\"sdfootnote80sym\">80<\/a> CH. N. Bent, <em>El movimiento de la muerte de Dios, <\/em>Santander 1969, 112.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote81anc\" id=\"sdfootnote81sym\">81<\/a> <em>Probleme einer zeitgem\u00e4sen Apologetik, <\/em>Wien 1956, 89-101.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote82anc\" id=\"sdfootnote82sym\">82<\/a> R. Bultmann, <em>Die Bedeutung des gestchichlichen Jesus f\u00fcr die Theologie des Paulus: Glaube und Verstehen, <\/em>t. 1, T\u00fcbingen<sup>2<\/sup> 1953, 207.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote83anc\" id=\"sdfootnote83sym\">83<\/a> R. Bultmann, <em>Die christiliche Hoffnung und das Problem der Entmythologisierung, <\/em>T\u00fcbingen 1954, 58.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote84anc\" id=\"sdfootnote84sym\">84<\/a> Para la importancia del influjo de Bonhoeffer sobre Hamilton, por ejemplo, cf. Bent, <em>El movimiento de la muerte de Dios, <\/em>Santander 1969, 93-96.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote85anc\" id=\"sdfootnote85sym\">85<\/a> Bent, <em>o.c., <\/em>78.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote86anc\" id=\"sdfootnote86sym\">86<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote87anc\" id=\"sdfootnote87sym\">87<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>107.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote88anc\" id=\"sdfootnote88sym\">88<\/a> Jean Danielou, <em>L\u2019avenir de la religi\u00f3n, <\/em>Par\u00eds 1968, 18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote89anc\" id=\"sdfootnote89sym\">89<\/a> A. Niel, <em>Jean Paul Sartre, h\u00e9ros et victime de la \u2018conscience malherureuse\u2019, <\/em>Par\u00eds 1966, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote90anc\" id=\"sdfootnote90sym\">90<\/a> R. Jolivet, <em>Sartre ou la th\u00e9ologie de l\u2019absurde, <\/em>Par\u00eds 1965.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencia Morales y Pol\u00edticas, Madrid, 11 de junio de 1974. Texto tomado de la edici\u00f3n oficial publicada por la referida Academia. 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