{"id":1803,"date":"2024-10-01T22:39:17","date_gmt":"2024-10-01T20:39:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1803"},"modified":"2024-10-01T22:39:20","modified_gmt":"2024-10-01T20:39:20","password":"","slug":"huella-de-la-grandeza-y-plenitud-de-dios","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/huella-de-la-grandeza-y-plenitud-de-dios\/","title":{"rendered":"Huella de la grandeza y plenitud de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Homil\u00eda pronunciada en la Misa concelebrada el 26 de agosto de 1980 en el convento de la Encarnaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Me alegro de poder saludaros una vez m\u00e1s, como vengo haci\u00e9ndolo a\u00f1o tras a\u00f1o, en esta fiesta que nos congrega aqu\u00ed, llam\u00e9mosla as\u00ed, prescindiendo ahora de cierto rigorismo denominativo de la liturgia. Para nosotros es una fiesta muy singular, porque con respecto a los santos lo que se celebra generalmente es el d\u00eda de su muerte, su tr\u00e1nsito a la vida eterna. Llega la conmemoraci\u00f3n de esa fecha en el calendario lit\u00fargico y se nos invita a conmemorar la totalidad de la vida de un santo, y hablamos de su nacimiento, de sus trabajos, de su vida, de su muerte, de su obra al servicio de la Iglesia, etc. Cuando llega el 15 de octubre, hacemos esto sobre Santa Teresa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una flor del jard\u00edn de Santa Teresa<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero en este d\u00eda, la singularidad de la fiesta es muy notable, porque conmemoramos nada m\u00e1s que un detalle de su vida, s\u00f3lo un detalle. Es como si uno entrara en un jard\u00edn precioso y, prescindiendo de las dem\u00e1s flores tan hermosas, solamente se detuviera ante los claveles, por ejemplo, o las rosas o los jazmines, supongamos. Y no tendr\u00eda mal gusto el que hiciera esa elecci\u00f3n. Pues bien, en este hermos\u00edsimo jard\u00edn de la vida de Santa Teresa \u2013he aqu\u00ed lo singular y notable\u2013 nos detenemos a conmemorar una visi\u00f3n que ella tuvo; \u00e9sta, la que con las mismas palabras con que la Santa la describe se nos ha le\u00eddo antes de comenzar la santa misa; la de aquel \u00e1ngel que ella sinti\u00f3 cabe s\u00ed; un \u00e1ngel muy encendido, probablemente de los que llaman querubines, que estaba a su lado con un dardo de oro y fuego y lo clavaba dentro de su coraz\u00f3n. La hac\u00eda sufrir intens\u00edsimamente, pero con un sufrimiento mezclado de un gozo indefinible. Llega un momento, dijo, en que ella no sabe decir m\u00e1s, a pesar de que dice tanto en las palabras con las que describe este hecho, y s\u00f3lo se le ocurre que, ojal\u00e1 Dios conceda a los que puedan ponerlo en duda, sentir lo mismo que ella sinti\u00f3. Esto es lo que conmemoramos hoy, la Transverberaci\u00f3n de Santa Teresa, de su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Fiestas de la delicadeza<\/h2>\n\n\n\n<p>Yo estimo que es muy acertado celebrar estas conmemoraciones, que pertenecen a la intimidad de la familia. En todas las \u00f3rdenes religiosas, aparte de la observancia general propia de cuanto tenemos que cumplir con los preceptos de la Ley de Dios, florece como un conjunto de deseos, de imitaciones, de anhelos, de recuerdos, que pertenecen al \u00e1mbito de la familia, y si una Orden religiosa no tuviera este sentido de familia, habr\u00eda que lamentarlo mucho. Pero en \u00e9sta, concretamente de las Carmelitas, entra uno en sus conventos y monasterios, grandes o peque\u00f1os, m\u00e1s o menos antiguos o modernos, y por donde quiera que va, de repente, en la esquina de un claustro, all\u00ed aparece una imagencita del Ni\u00f1o Jes\u00fas, de tal santo, de la Virgen Sant\u00edsima, y todos tienen su historia, todos tienen incluso su hermosa leyenda, admirable y siempre edificante, aun siendo s\u00f3lo leyenda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAqu\u00ed tenemos a este Ni\u00f1o Jes\u00fas de Praga, que en la Orden tanto veneramos y le ponemos aqu\u00ed sobre esta mesa de altar, tales y tales d\u00edas porque\u201d&#8230; y as\u00ed, \u00bfdesde cu\u00e1ndo?&#8230; Pues no saben ya. \u201cY esta otra imagen de la Virgen, mire, con esta capa de que est\u00e1 revestida, se venera en este convento desde hace doscientos a\u00f1os, porque en aquella \u00e9poca sucedi\u00f3 que hubo una visi\u00f3n de una monja muy santa de esta comunidad\u201d. Y todas rezan ante aquella imagen en determinados d\u00edas y momentos, y, dentro de la liturgia general, la propia de la familia carmelitana, les hace sentir como un gozo particular en exponer sus sentimientos o rememorar aspectos propios de la vida de la Orden en torno a una fecha. Mil detalles bell\u00edsimos, propios de la vida de las Carmelitas. Mil detalles que no deb\u00e9is perder, \u00a1no los perd\u00e1is jam\u00e1s! Son lo que podr\u00edamos llamar fiestas de la delicadeza. Las dem\u00e1s son fiestas de la fidelidad; a la fidelidad estamos obligados todos, a la delicadeza, cuanto m\u00e1s podamos alcanzar, mejor. Pero aquellas que lo tienen ya por instituci\u00f3n y no por formulismo, que sigan ofreci\u00e9ndonos su testimonio y nos hagan sentir la dicha de ver con qu\u00e9 intimidad tratan las cosas de Dios, de su Madre y de sus santos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dios quiere hacernos mercedes<\/h2>\n\n\n\n<p>He meditado esta ma\u00f1ana en el cap\u00edtulo de la vida de Santa Teresa, en que ella hace esta descripci\u00f3n. Es el cap\u00edtulo en que empieza hablando de las \u201cmercedes\u201d que Dios le hizo. Y lo escribe porque le mandaron escribirlo. \u00a1Las \u201cmercedes\u201d de Dios! Y, adem\u00e1s, lo escribe como para hacer sentir a todos los que lo lean, que Dios est\u00e1 dispuesto a hacer muchas mercedes a todos. Al leerlo una vez m\u00e1s, segu\u00ed hojeando su <em>Vida<\/em>, y en los cap\u00edtulos XXVII, XXVIII, XXX y XL, en que va narrando diversos aspectos, me fij\u00e9 en la narraci\u00f3n que hace de estos misterios de su vida, se repite con frecuencia un doble pensamiento: por un lado, la exaltaci\u00f3n de las grandezas de Dios. No se cansa, a lo largo de estos cap\u00edtulos, de mencionar la grandeza y la majestad de Dios. Y, por otro lado, segundo pensamiento que se repite en esta alma generosa llena de amor, deseosa de que ese amor abarque al mundo entero: el deseo de que los hombres lo experimenten. Esto es notable en Santa Teresa. Sin duda, a un alma tan profunda y tan rica de expresi\u00f3n de sentimiento religioso y de fe, Dios le hizo sentir particularmente esto: ese deseo de que los dem\u00e1s puedan llegar a sentir la experiencia de Dios, como ella la sinti\u00f3; lo dice con mucha frecuencia en estos cap\u00edtulos de su Vida. Y esto para el lector que se acerca a esa vida con humildad y siempre deseoso de aprovechar en su vida espiritual, es fuertemente estimulante. Y nace, efectivamente, el deseo de experimentar algo de lo que ella vivi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 pobres son los hombres, qu\u00e9 torpes al alejarse de esto que la majestad de nuestro Dios est\u00e1 dispuesto a dar!, puesto que me lo ha dado a m\u00ed, tan \u201cruin\u201d, y \u201ccon qu\u00e9 claridad vi, y qu\u00e9 feliz soy de haber visto a Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, y desde entonces veo ese misterio de la Trinidad y me consol\u00e9 y me conmov\u00ed\u201d. No son exactas las palabras, el pensamiento s\u00ed. \u00a1Ojal\u00e1 muchos que viven por el mundo olvidados de Dios pudieran sentir esto mismo que yo siento!, y me dijo el Se\u00f1or: \u00a1Diles y recu\u00e9rdales estas gracias, para que ellos tambi\u00e9n lo vivan! Este aspecto es encantador en la vida de Santa Teresa, la mujer contemplativa que mora en sus conventos, que sale por el mundo a seguir contemplando a Dios. Pero que ni en los conventos ni en el mundo se olvida de los hombres, de todos los hombres, y les desea lo mejor que puede haber: que tambi\u00e9n ellos lleguen a sentir algo de la grandeza y de la majestad de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Huellas de la grandeza y plenitud de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p>En la grandeza de Dios est\u00e1n todas nuestras grandezas, queridas religiosas y queridos hermanos, y en la majestad de Dios est\u00e1 nuestra plenitud. Todo se reduce a eso, y todo lo bueno que podemos tener es como una imagen, como una expresi\u00f3n imperfecta de la grandeza de Dios. Entonces resulta que esa grandeza se nos presenta como creadora, providente, amparadora, redentora. Nos llena de gracia, nos ofrece auxilios m\u00faltiples; la naturaleza tiene un sentido, la creaci\u00f3n canta esa grandeza de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y uno piensa en s\u00ed mismo: estudios, ciencia, conocimientos, vida, capacidades f\u00edsicas, psicol\u00f3gicas, morales, sociales, pol\u00edticas; es decir, el esfuerzo tremendo de la historia humana \u2013a esta frase puede reducirse todo el significado de este conjunto de aspiraciones y luchas del hombre al que me he referido\u2013. Ve uno todo eso y dice, pero, \u00bfqu\u00e9 es esto sino una peque\u00f1a huella en que se manifiesta la grandeza de Dios? Y, en tanto esto llega a saciarnos, en cuanto est\u00e1 dentro de ese cuadro de la grandeza divina. Cuando no, cuando se desv\u00eda de lo que Dios nos revela para que podamos regular bien la verdad, la belleza, la fuerza, etc., \u00a1qu\u00e9 cat\u00e1strofes personales, qu\u00e9 frustraciones, qu\u00e9 cansancios del coraz\u00f3n, qu\u00e9 vidas sacerdotales, religiosas, seglares deshechas!, a pesar de la fuerza sensacionalista, con que aparezcan las frases del mundo en torno a hombres, mujeres, \u00eddolos de un d\u00eda, que si triunfan, gracias a tal o cual publicidad, pasan enseguida; como estrellas se apagan. S\u00f3lo queda la amargura de un coraz\u00f3n desolado, una familia entristecida, el olvido melanc\u00f3lico. Y es porque se apartaron, con su falsa grandeza, del deseo de reflejar la grandeza de Dios. Grandeza y majestad de Dios, que dice Santa Teresa continuamente. Por eso no me extra\u00f1a que, al narrar este episodio de la visi\u00f3n que tuvo del \u00e1ngel que atraviesa su coraz\u00f3n, hable para que al mismo tiempo que la crean, puedan beneficiarse los hermanos de lo mismo: \u201c\u00a1Ojal\u00e1 Dios lo diese a gustar a otros, para que no dudaran de lo que aquel d\u00eda y en m\u00e1s ocasiones me sucedi\u00f3!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Estimaci\u00f3n de la vida m\u00edstica<\/h2>\n\n\n\n<p>Es fiesta de delicadezas, pero muy justificada en una persona como Santa Teresa, que vive el desposorio m\u00edstico con tanta fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda que buscar un momento particular en el que nos fij\u00e1ramos, para que en la pedagog\u00eda de la fe y la piedad del pueblo cat\u00f3lico, en este esfuerzo que hace la Iglesia constantemente, se supiera estimar esto. \u00a1Es la gran m\u00edstica, la del amor de Dios, la de la uni\u00f3n progresiva y constante, la de las s\u00e9ptimas moradas, y todas las moradas que puedan llegar a producirse en la uni\u00f3n de su alma con Dios! Entonces hay que celebrar esto; no s\u00f3lo sus condiciones de reformadora, no s\u00f3lo la intrepidez de su car\u00e1cter, no s\u00f3lo su capacidad de mortificaci\u00f3n, no s\u00f3lo sus luchas, su fortaleza y, al mismo tiempo, su templanza al tratar de asuntos grav\u00edsimos con autoridades civiles o eclesi\u00e1sticas, no s\u00f3lo su capacidad de gobierno de las comunidades, no s\u00f3lo sus horas de oraci\u00f3n. \u00a1Esto, esto: la vida m\u00edstica y el \u00e1ngel que atraviesa su coraz\u00f3n! Porque, con s\u00f3lo esto, est\u00e1 hablando de Dios m\u00e1s que con mil p\u00e1ginas preciosas de su vida o de sus obras, y ello sirve para que todos los que creemos y amamos los mensajes que la Iglesia acoge con respeto, nos sintamos tambi\u00e9n fortalecidos en nuestros prop\u00f3sitos de seguir hablando de Dios y de despertar el amor a Dios y el anhelo del conocimiento de Dios. Es un gran fallo de nuestro tiempo \u00e9ste, el dejar de hablar de Dios y el reducirlo todo a la visi\u00f3n de un Dios, del cual hay un aspecto irrenunciable, por cierto, pero al que no podemos reducir la visi\u00f3n de Dios, porque terminar\u00edamos olvid\u00e1ndonos de \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nuestro propio \u00e1ngel y nuestro dardo de amor<\/h2>\n\n\n\n<p>No podemos olvidar ciertamente que ese Dios ha venido a este mundo y quiere un orden cristiano en este mundo. Pero, \u00bfc\u00f3mo vamos a lograr un orden cristiano en este mundo, si no hablamos de \u00c9l, de Cristo, si no nos esforzamos por conocerle, si no despertamos nuestro amor a \u00c9l en s\u00ed, no s\u00f3lo en su obra redentora, aplicada al hombre, sino en su misterio divino con toda la fuerza con que se acerca a ese hombre para redimirle? Es lo que se ha llamado la teolog\u00eda de rodillas, en lugar de la teolog\u00eda sentada. No s\u00f3lo estudio, no s\u00f3lo lucha apost\u00f3lica. Todo esto s\u00ed, pero tiene que estar como transido de un sentimiento cada vez m\u00e1s hondo de fe y de contemplaci\u00f3n. Nosotros no podemos tener un \u00e1ngel que se acerque a nosotros con un dardo de oro; no merece tanto nuestra miserable condici\u00f3n. Pero nos basta, si somos humildes, con sentir la punzada que llega hasta nosotros por la voz de Dios a trav\u00e9s de Cristo, llam\u00e1ndonos a este despojo de nosotros mismos, a esa entrega de nuestro coraz\u00f3n, a esta contemplaci\u00f3n del Padre, a esta b\u00fasqueda de las energ\u00edas del esp\u00edritu apost\u00f3lico en la uni\u00f3n con \u00c9l, uni\u00f3n semejante a la del sarmiento con la vid.<\/p>\n\n\n\n<p>Este aspecto fundamental no puede olvidarse, y aqu\u00ed \u2013vuelvo a repetir\u2013 est\u00e1 el fallo. Lo hemos olvidado mucho en nuestro tiempo. Todo lo queremos reducir a una conversaci\u00f3n de camaradas; tenemos que estar muy unidos, juntos todos, y todos de rodillas ante Dios. En nuestras horas de oraci\u00f3n comunitaria, bien sea en las \u00f3rdenes religiosas, en la familia, en las comunidades parroquiales, donde sea, llega un momento en el que cada uno tiene su propio \u00e1ngel, su propio dardo, porque tiene su propio coraz\u00f3n, y lo que tiene que hacer es dejar que se abra; y luego que Dios act\u00fae como \u00c9l piense que debe hacerlo respecto a cada uno.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nuestra disposici\u00f3n personal y nuestra donaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>El mundo est\u00e1 un poco necesitado, \u00a1un poco \u2013digo yo\u2013, triste y tr\u00e1gicamente necesitado de que, al menos, aquellos que tenemos la obligaci\u00f3n de seguir al Se\u00f1or por el camino que hemos aceptado, valoremos un poco m\u00e1s estos aspectos de la vida m\u00edstica, simplemente en cuanto significan uni\u00f3n con Dios. Ya ver\u00e9is, ya, lo que se ha de escribir y lo que se ha de decir en el a\u00f1o centenario de la muerte de Santa Teresa. Probablemente, sentiremos m\u00e1s de una vez el sonrojo de escuchar de labios no cat\u00f3licos e incluso no cristianos, reflexiones sobre Santa Teresa y la vida m\u00edstica, que no somos capaces de hacer nosotros que tenemos tales tesoros entre las manos. Tendr\u00e1n que venir a dec\u00edrnoslo de Oriente y de Occidente, como dice el Evangelio; de un lugar y otro del mundo, de todas las religiones, al contemplar estos dramas que est\u00e1 sufriendo el hombre de hoy, tan afanoso de felicidad y tan incapaz para encontrarla, porque la busca donde no puede hallarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras grandezas radican en la grandeza de Dios y en su majestad est\u00e1 nuestra plenitud. Nosotros no dudamos, admitimos esa visi\u00f3n del dardo; la leemos con respeto y con amor. Pensamos en Santa Teresa y, por medio de ella, dirigimos a Dios nuestra oraci\u00f3n, y le decimos que s\u00ed, que queremos vivir m\u00e1s unidos con \u00c9l, en el propio hogar, los padres y los hijos, los matrimonios, los j\u00f3venes, los sacerdotes, las comunidades religiosas. Para ello hemos de ir disponiendo nuestro coraz\u00f3n con mucho esfuerzo. Esa visi\u00f3n del \u00e1ngel no se produjo de repente, preced\u00edan muchos esfuerzos de Santa Teresa, y ya hab\u00eda tenido otras mercedes, como aquella de la cruz cuando, teniendo un d\u00eda en la mano la cruz de un rosario, \u201cel Se\u00f1or me tom\u00f3 la m\u00eda, la tom\u00f3, tom\u00f3 esa cruz, y desde entonces vi que ya no era de madera, sino de piedras preciosas mucho m\u00e1s bellas que los diamantes\u201d. Es el diamante muy imperfecto para expresar lo que era aquello. Y yo lo \u201cv\u00eda\u201d \u2013dice ella\u2013; el Se\u00f1or me permit\u00eda verlo y as\u00ed muchas veces. \u00a1Mercedes de Dios!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00a1Teresa, env\u00edanos tu \u00e1ngel!<\/h2>\n\n\n\n<p>No lo dud\u00e9is, hermanos, Dios hace mercedes grandes a los que creen en \u00c9l, y da paz al coraz\u00f3n y da fuerza en medio de todas las pruebas y sigue despertando anhelos de santidad, y ayuda con gracias sin fin para ir avanzando m\u00e1s y m\u00e1s en ese camino de gozo y de paz, que es la uni\u00f3n con su divinidad. Que nos lo alcance as\u00ed Santa Teresa de Jes\u00fas, con su intercesi\u00f3n en el cielo. Y que encuentre, si es posible, ella, que era tan sagaz, al \u00e1ngel que vio aquel d\u00eda. A ver si est\u00e1 all\u00ed, entre tantos \u00e1ngeles como habr\u00e1 en el cielo. Y que le diga que baje un poco hasta nosotros y nos haga sentir algo, una partecita al menos de lo que a ella le hizo sentir aqu\u00ed, justamente aqu\u00ed, en el lugar en que estamos. \u00a1Am\u00e9n!<\/p>\n\n\n\n<p>26 de agosto de 1980<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda pronunciada en la Misa concelebrada el 26 de agosto de 1980 en el convento de la Encarnaci\u00f3n Me alegro de poder saludaros una vez m\u00e1s, como vengo haci\u00e9ndolo a\u00f1o tras a\u00f1o, en esta fiesta que nos congrega aqu\u00ed, llam\u00e9mosla as\u00ed, prescindiendo ahora de cierto rigorismo denominativo de la liturgia. 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