{"id":1785,"date":"2024-10-01T22:25:26","date_gmt":"2024-10-01T20:25:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1785"},"modified":"2024-10-01T22:25:27","modified_gmt":"2024-10-01T20:25:27","password":"","slug":"un-cielo-y-una-tierra-nuevos-comentario-a-las-lecturas-del-xxxiii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/un-cielo-y-una-tierra-nuevos-comentario-a-las-lecturas-del-xxxiii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b\/","title":{"rendered":"Un cielo y una tierra nuevos, comentario a las lecturas del XXXIII domingo del Tiempo Ordinario (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XXXIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 16 de noviembre de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni el libro de Daniel ni el texto evang\u00e9lico de hoy contienen una explicaci\u00f3n cient\u00edfica del fin del mundo. El primero, con una visi\u00f3n apocal\u00edptica, nos presenta el destino del mundo como un combate entre Dios y su arc\u00e1ngel Miguel por una parte y el mal por otra. Al fin, el reino de la injusticia dejar\u00e1 paso a un mundo nuevo, y los que fueron justos y mostraron la justicia brillar\u00e1n como estrellas pro toda la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El prop\u00f3sito del libro de Daniel es sostener la fe y la esperanza. Todos los momentos de la historia son momentos del plan de Dios. El profeta revela el sentido \u00faltimo de la historia. El juicio de Dios ser\u00e1 el resultado de la actitud del hombre. El mundo nuevo no se improvisa, se construye d\u00eda a d\u00eda. Participar de la plenitud exige haber practicado la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>En el evangelio, las im\u00e1genes simb\u00f3licas para exponer el final de la historia e ilustrar la venida de Jesucristo, siguen las caracter\u00edsticas de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica, que acabamos de ver en Daniel. En ellas la irrupci\u00f3n de Dios siempre est\u00e1 vinculada a acontecimientos c\u00f3smicos excepcionales. Estas expresiones representan el final de la historia como una intervenci\u00f3n salvadora de Dios, en la que todo alcanza su plenitud, y Dios ser\u00e1 todo en todo. San Pablo y san Juan nos dicen que todo quedar\u00e1 transformado y surgir\u00e1n un cielo nuevo y una tierra nueva. S\u00f3lo la esperanza cristiana puede presentir su esplendor. Esta esperanza se apoya en las palabras de Jesucristo. Toda tribulaci\u00f3n es de alguna manera el anuncio de una nueva creaci\u00f3n sin dolor, sin crisis turbadoras.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo del a\u00f1o hemos seguido el mensaje de la redenci\u00f3n que brota de la decisi\u00f3n libre y sagrada de Dios: Dios nos ama, y por eso cura y salva. Dios que asume nuestro destino y se hace uno de nosotros. Hemos ido viendo cada domingo \u2013d\u00eda del Se\u00f1or\u2013 los grandes misterios de nuestra salvaci\u00f3n, y hemos escuchado su Palabra, que ilumina nuestro diario caminar. Al acabar el A\u00f1o es \u00c9l mismo el que nos indica que sus palabras no pasar\u00e1n. Es la permanencia del amor de Dios por encima de todos los avatares de la historia. En el fragmento de la Carta a los hebreos, que leemos hoy, se nos presenta el sacerdocio de Cristo como el \u00fanico capaz de ofrecer un sacrificio v\u00e1lido por nuestros pecados. Ahora vivimos el tiempo que ha de transcurrir desde que se realiz\u00f3 ese sacrificio hasta su segunda venida. No sabemos cuando tendr\u00e1 lugar \u00e9sta.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que vivir activa y comprometidamente esta espera, y saber anunciar con nuestra vida el mundo nuevo, en que creemos. La novedad est\u00e1 en nuestra propia vida, que es la de Cristo. Lo nuevo siempre es Cristo. La verdad siempre es Cristo. La plenitud siempre est\u00e1 en \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>No se nos pide que nos convirtamos en mendigos y vivamos a la intemperie. Se trata sencillamente de no ser esclavos de la torpe ambici\u00f3n que nos enga\u00f1a, haci\u00e9ndonos creer que la felicidad est\u00e1 aqu\u00ed, en nuestras manos, en la satisfacci\u00f3n de nuestros torpes deseos, olvid\u00e1ndonos de la brevedad de nuestra vida y del fin que tan cerca est\u00e1 para todo lo que hemos anhelado en este mundo, y tan lejos de la posibilidad de procurarnos la dicha apetecida. Pasar\u00e1n este cielo y esta tierra y nos encontraremos con un mundo nuevo. De nosotros depende que en ese mundo est\u00e9 Cristo esper\u00e1ndonos para recibirnos en su morada. \u201cNo te inquietes \u2013dice Teilhard de Chardin\u2013 por las dificultades de la vida. Quiere lo que Dios quiere. Pi\u00e9rdete confiado en ese Dios que te quiere para s\u00ed\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XXXIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 16 de noviembre de 1997. Ni el libro de Daniel ni el texto evang\u00e9lico de hoy contienen una explicaci\u00f3n cient\u00edfica del fin del mundo. 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