{"id":1777,"date":"2024-10-01T22:22:31","date_gmt":"2024-10-01T20:22:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1777"},"modified":"2024-10-01T22:22:32","modified_gmt":"2024-10-01T20:22:32","password":"","slug":"cristo-luz-de-nuestra-vida-comentario-a-las-lecturas-del-xxix-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/cristo-luz-de-nuestra-vida-comentario-a-las-lecturas-del-xxix-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b\/","title":{"rendered":"Cristo, luz de nuestra vida, comentario a las lecturas del XXIX domingo del Tiempo Ordinario (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XXIX domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 19 de octubre de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida que Cristo presenta a los que quieran seguirle es, dicho con palabras muy de Ortega y Gasset, un \u201cquehacer\u201d continuado, una constante superaci\u00f3n de ego\u00edsmos, una misi\u00f3n exigente y comprometida, que, desde luego, trasciende nuestros intereses individuales e implica toda la dimensi\u00f3n social de la que el ser humano es capaz.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede esperarse ning\u00fan fruto aut\u00e9ntico de vida cristiana que nazca del poder, del dinero, de las influencias de los mejor situados. Y desde luego, jam\u00e1s se podr\u00e1 reivindicar en nombre de Cristo, privilegios, favores, recompensas, tratos de excepci\u00f3n. Cuando la Iglesia se ha apoyado en esta clase de recursos, tarde o temprano ha perdido su pureza y se ha debilitado interiormente hasta perder capacidad evangelizadora. Nunca ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil transformar la sociedad y convertir los corazones, apoy\u00e1ndonos en influencias humanas, olvid\u00e1ndonos del ejemplo y de la palabra de Cristo pobre, despreciado y puesto en la cruz. Las palabras del Se\u00f1or son claras: \u201cSab\u00e9is que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos\u201d. El modelo, la norma a seguir, no es lo que la sociedad, y mucho menos la moda, quieran dictarnos, sino Cristo, el \u00fanico y eterno Sacerdote, que para ello ha atravesado el cielo, para alcanzar la misericordia y la gracia que nos auxilie oportunamente. As\u00ed lo hemos visto y le\u00eddo en multitud de biograf\u00edas de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres lecturas de hoy contienen la misma ense\u00f1anza. Jes\u00fas se presenta bajo la figura de siervo, el Siervo doliente de Yahv\u00e9. No revestido de poderes humanos. Es el sumo Sacerdote, que ama y se entrega. Camina entre los hombres como uno m\u00e1s. Vive en humildad y servicio. Frente a los sacrificios del Antiguo Testamento, el sacrificio de Jes\u00fas es la donaci\u00f3n de s\u00ed mismo. Nos ense\u00f1a las enormes posibilidades de generosidad, que se encierran en nuestra condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>No es cuesti\u00f3n de sentarse a la derecha o a la izquierda, sino de beber el c\u00e1liz como \u00c9l lo bebi\u00f3, y bautizarse en el bautismo en que \u00c9l se bautiz\u00f3 con su oblaci\u00f3n. En muchos momentos esto es ir contra corriente. La convivencia se hace dif\u00edcil ante el af\u00e1n desmesurado de poder y de dinero. Nos atropellamos unos a otros y parece como si pens\u00e1ramos que el fin justifica los medios. Admitimos lo que sea con tal de conseguir lo que, desde nuestro punto de vista, es lo mejor para nosotros. Todo es objeto de compraventa.<\/p>\n\n\n\n<p>Tendr\u00edamos que releer una y otra vez las palabras de Jes\u00fas, si queremos tener luz suficiente en nuestros ojos, para adoptar las actitudes de abnegaci\u00f3n de nosotros mismos y de servicio a la sociedad, en que vivimos. Por nuestra falta de oraci\u00f3n y de reflexi\u00f3n sincera sobre las ense\u00f1anzas de Cristo, es muy f\u00e1cil incurrir en extrav\u00edos y olvidarnos de lo que \u00c9l nos ha pedido.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, el Crucifijo preside en nuestras iglesias, despachos, habitaciones, aulas, y hasta lo llevamos sobre el pecho. Por qu\u00e9 no preguntamos a quien desde la cruz nos mira y no ama: Maestro bueno, \u00bfqu\u00e9 tengo que hacer para alcanzar la vida eterna? Lo que Jes\u00fas pretend\u00eda estaba en profunda contradicci\u00f3n con lo que cre\u00edan y esperaban del Mes\u00edas los jud\u00edos de su tiempo, llevados de su mezquino nacionalismo. Jes\u00fas se nos presenta con la conciencia clara y precisa de una vocaci\u00f3n y una misi\u00f3n: predicar la Buena Nueva de que Dios ama a los hombres y quiere su felicidad. Con \u00c9l, la eternidad entraba en el tiempo, y la Redenci\u00f3n cambiar\u00eda el curso de las cosas. No podemos entender a Jes\u00fas sino a la luz deslumbradora de sus palabras: \u201cNadie conoce al Padre sino el Hijo. Yo y el Padre somos uno\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XXIX domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 19 de octubre de 1997. 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