{"id":1757,"date":"2024-10-01T22:13:25","date_gmt":"2024-10-01T20:13:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1757"},"modified":"2024-10-01T22:13:26","modified_gmt":"2024-10-01T20:13:26","password":"","slug":"la-vida-y-el-pan-comentario-a-las-lecturas-del-xix-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-vida-y-el-pan-comentario-a-las-lecturas-del-xix-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b\/","title":{"rendered":"La vida y el pan, comentario a las lecturas del XIX domingo del Tiempo Ordinario (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XIX domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 10 de agosto de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p>El\u00edas tiene miedo de la muerte que el mensajero de Jezabel le anuncia. Y huye para salvar la vida. Camina por el desierto una jornada y se sienta bajo una retama, ya sin fuerzas, cansado de luchar, y lo que es peor, cansado de vivir. Piensa que todo su esfuerzo es in\u00fatil frente a la idolatr\u00eda: \u201cBasta, Se\u00f1or, qu\u00edtame la vida\u201d. Solo, fracasado, desea que llegue la muerte. El gran profeta del Carmelo est\u00e1 intimidado, hundido por la amenaza de una mujer. El que ha afrontado tantos peligros est\u00e1 ahora lleno de angustia. Piensa que su vida no tiene sentido alguno. Su misi\u00f3n no le dice nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Dios interviene, como siempre, precisamente en esos momentos de humillaci\u00f3n, de rendici\u00f3n total, como es posible que nos haya ocurrido en nuestra vida a nosotros mismos, cuando nuestra alma parece sumergida en las tinieblas. \u201cLev\u00e1ntate y come, que el camino es superior a tus fuerzas\u201d. Y con el auxilio del Se\u00f1or camina hasta el monte Horeb, el monte de Dios que \u201cderriba a los potentados y ensalza a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vac\u00edos a los ricos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios interviene en nuestra vida de una manera manifiesta cuando vivimos situaciones como la de El\u00edas. \u201cSi el afligido invoca al Se\u00f1or, \u00c9l lo escucha y saca de sus angustias\u201d. Las crisis y dificultades son ocasi\u00f3n para revisar seriamente nuestra vida, para descubrir lo que hay de verdadero y de falso, para distinguir el oro del oropel. Desterremos la amargura y la ira. No desconfiemos de la fuerza del esp\u00edritu de Dios. Nuestro problema como cristianos es que no contamos con ese Esp\u00edritu, ni para nuestras alegr\u00edas ni para nuestras tristezas. Ah\u00ed est\u00e1 la clave: no creemos, y por lo mismo no confiamos ni amamos. Pero, como dice san Pablo en la lectura de hoy, \u00c9l sella nuestra vida, es base y consolidaci\u00f3n de nuestro cristianismo, de nuestra aceptaci\u00f3n de la cruz, de nuestra generosidad, de nuestra disposici\u00f3n para ser luz y sal de la tierra, de nuestra docilidad para mantenernos serenos en las adversidades y dejarnos llevar por \u00c9l como hijos queridos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 hasta poder decir con toda verdad: yo soy el pan de vida, el que cree en m\u00ed tiene vida eterna. El que come de este pan vivir\u00e1 para siempre. Gustemos y veamos qu\u00e9 bueno es el Se\u00f1or. Dichosos seremos si nos acercamos a \u00c9l en la Eucarist\u00eda. La gran opci\u00f3n es dejarnos guiar por su palabra, alimentarnos de \u00c9l en los sacramentos. Robustecidos por la fuerza que baja del cielo, sentiremos que nuestra fe y nuestra esperanza se ir\u00e1n vigorizando d\u00eda a d\u00eda y viviremos en el amor de unos con otros, de manera que podamos construir una sociedad mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos ha llegado el don de Dios, el mismo Cristo, el que nos resucitar\u00e1 el \u00faltimo d\u00eda. \u201cYo soy el pan que baj\u00f3 del cielo\u201d. Los jud\u00edos murmuraban, porque hab\u00eda dicho esto, y dec\u00edan: \u201c\u00bfNo es este Jes\u00fas, el hijo de Jos\u00e9? \u00bfC\u00f3mo dice \u2018yo he bajado del cielo\u2019?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Como nosotros tambi\u00e9n, que tantas veces nos dejamos llevar por el \u201csentido com\u00fan\u201d que duda e incluso niega el gran misterio de fe. Este pan del cielo es la nueva alianza, alimento y garant\u00eda de una nueva vida que vendr\u00e1. Es Jesucristo mismo, que viene de Dios y quiere as\u00ed dar vida al mundo. La multiplicaci\u00f3n de los panes y todos los signos, que hizo Jes\u00fas, fueron anuncio de una profunda y radical realidad: la del amor de Dios que se une a nuestras vidas, para darnos fuerza, cuando estamos a punto de gritar como El\u00edas: \u00a1No puedo m\u00e1s! Pues s\u00ed, con Cristo siempre podemos m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XIX domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 10 de agosto de 1997. El\u00edas tiene miedo de la muerte que el mensajero de Jezabel le anuncia. Y huye para salvar la vida. 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