{"id":1755,"date":"2024-10-01T22:12:07","date_gmt":"2024-10-01T20:12:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1755"},"modified":"2024-10-01T22:12:09","modified_gmt":"2024-10-01T20:12:09","password":"","slug":"danos-siempre-de-ese-pan-comentario-a-las-lecturas-del-xviii-domingo-del-tiempo-ordinario","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/danos-siempre-de-ese-pan-comentario-a-las-lecturas-del-xviii-domingo-del-tiempo-ordinario\/","title":{"rendered":"Danos siempre de ese pan, comentario a las lecturas del XVIII domingo del Tiempo Ordinario"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Comentario a las lecturas del XVIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 3 de agosto de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comienza la conmemoraci\u00f3n del discurso eucar\u00edstico de Jes\u00fas, como anunci\u00e9 el domingo pasado. La referencia a la historia del man\u00e1 est\u00e1 presente en este comienzo. Los oyentes de Jes\u00fas, aunque nos parezca extra\u00f1o, pues acababan de vivir la multiplicaci\u00f3n de los panes y los peces, le piden un signo similar al man\u00e1 que comieron en el desierto sus antepasados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es desconcertante que le recuerden la historia del man\u00e1, pues acababan de vivir una experiencia extraordinaria de amor de Dios hacia ellos. Por manos de Mois\u00e9s los libr\u00f3 de la esclavitud de los egipcios. Pero por el duro esfuerzo que supon\u00eda el peregrinaje a trav\u00e9s del desierto, se quejaban y a\u00f1oraban las inseguridades que ten\u00edan, aunque estaban ligadas a su condici\u00f3n de esclavos del fara\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNos sent\u00e1bamos junto a la olla de carne y com\u00edamos pan hasta hartarnos\u201d. Murmuraban contra Dios, contra Mois\u00e9s, contra Aar\u00f3n. Hubiesen preferido morir en Egipto, deshumanizados, esclavizados, a pasar por la prueba que ahora permit\u00eda el Se\u00f1or. Nos parece extra\u00f1o y nos desconcierta, pero en nuestra historia personal hacemos quiz\u00e1 muchas veces lo mismo. Cada uno tenemos que atravesar nuestro propio desierto. Queremos seguridades y poder saciarnos. Pedimos a Dios lo signos que a nosotros nos parece le hacen cercano y providente. Y lo que nos sucede lo juzgamos m\u00e1s duro y peor que lo que acontece a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, nuevamente, como ocurre con nosotros, si tenemos capacidad de ver, Dios mostr\u00f3 a su pueblo lo que m\u00e1s tarde dijo Jes\u00fas: sin m\u00ed nada pod\u00e9is hacer. Y volvi\u00f3 a ense\u00f1arles c\u00f3mo un padre quiere a su hijo y que \u00c9l es quien le alimenta y le cuida. Cada d\u00eda les daba lo necesario con el man\u00e1 y as\u00ed ten\u00edan el mismo alimento para todo el pueblo de Dios en marcha. Y hacia el crep\u00fasculo vespertino com\u00edan carne, pues bandadas de codornices cubr\u00edan todo el campamento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los que ahora segu\u00edan a Cristo tambi\u00e9n quer\u00edan se\u00f1ales poderosas, que abrieran su coraz\u00f3n a la solicitud de Dios, como si no se las hubiera dado ya en la multiplicaci\u00f3n de los panes y los peces. Jes\u00fas quiso ocultarse para descansar un poco, pero la gente le encontr\u00f3 en la otra orilla del lago. Le buscaban, porque quer\u00edan seguir saci\u00e1ndose de lo que \u00c9l les diera, y as\u00ed se lo dijo Jes\u00fas, reproch\u00e1ndoles su ambici\u00f3n puramente terrena. \u201cBuscad no el alimento que perece, sino el que perdura para la vida eterna\u201d. \u201cY, \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer para trabajar en lo que Dios quiere?\u201d, preguntaron ellos. A lo que Cristo contest\u00f3: \u201cQue cre\u00e1is en el que Dios ha enviado\u201d. As\u00ed empez\u00f3 lo que ser\u00eda uno de los pasajes m\u00e1s extraordinarios del Evangelio: el discurso eucar\u00edstico. Quiso suscitar en ellos preguntas que, sin que se dieran cuenta, brotaban de su necesidad espiritual m\u00e1s \u00edntima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo fue Mois\u00e9s el que os dio pan del cielo, sino mi Padre\u201d. A lo que ellos respondieron: \u201cSe\u00f1or, danos siempre de ese pan\u201d. Jes\u00fas contest\u00f3: \u201cYo soy el pan de vida. El que viene a m\u00ed no pasar\u00e1 hambre y el que cree en m\u00ed no pasar\u00e1 sed\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo nos espera en la Eucarist\u00eda, la Eucarist\u00eda. Como sacrificio que se celebra, y como presencia que nos ayuda a amarle. \u00c9l nos alimenta y da sentido al caminar de cada d\u00eda. Se ha convertido en alimento constante de nuestro peregrinar en esta vida. La Eucarist\u00eda es la culminaci\u00f3n de nuestra experiencia de Cristo y nos fortalece cuando la recibimos con esp\u00edritu de adoraci\u00f3n, de gratitud, de servicio, de amor, de fraternidad. Vidas limpias que se alimentan con el cuerpo de Cristo, que adoran a Cristo en el silencio de una visita al Sagrario, llena de amor y de oblaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XVIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 3 de agosto de 1997. Comienza la conmemoraci\u00f3n del discurso eucar\u00edstico de Jes\u00fas, como anunci\u00e9 el domingo pasado. La referencia a la historia del man\u00e1 est\u00e1 presente en este comienzo. 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