{"id":1745,"date":"2024-10-01T19:35:53","date_gmt":"2024-10-01T17:35:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1745"},"modified":"2024-10-01T19:35:54","modified_gmt":"2024-10-01T17:35:54","password":"","slug":"san-pedro-y-san-pablo-comentario-a-las-lecturas-de-la-solemnidad-liturgica-de-san-pedro-y-san-pablo-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/san-pedro-y-san-pablo-comentario-a-las-lecturas-de-la-solemnidad-liturgica-de-san-pedro-y-san-pablo-ciclo-b\/","title":{"rendered":"San Pedro y San Pablo, comentario a las lecturas de la solemnidad lit\u00fargica de san Pedro y san Pablo (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas de la solemnidad lit\u00fargica de san Pedro y san Pablo. ABC, 29 de junio de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia rinde culto a san Pedro y san Pablo y les ofrece el obsequio de su fe y de su amor, gozosa de verlos incorporados ya al reino de Dios, del que tantas veces oyeron hablar a Jes\u00fas, su maestro querido, su redentor. La fuerza de estos grandes Ap\u00f3stoles permanece viva, real y verdadera en la Iglesia. El Nuevo Testamento nos lo hace patente en el Evangelio, en las cartas de uno y otro, en el libro de los Hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Son columnas de la Iglesia, heraldos del Evangelio, que, por caminos diversos, como dice el prefacio de la Misa, congregaron la \u00fanica Iglesia de Cristo; y a los dos, coronados por el martirio, celebramos hoy todo el pueblo de Dios con j\u00fabilo y veneraci\u00f3n. Anunciaron su Reino de paz, de justicia, de vida y de verdad. Su Reino, que nos acoge a nosotros, aunque no es de este mundo, pero que ya ha comenzado, desde luego, aunque sufre violencia, pero no tendr\u00e1 fin.<\/p>\n\n\n\n<p>En los trabajos por la expansi\u00f3n del Reino, Pedro y Pablo nos dan la gran lecci\u00f3n: ni la Iglesia, ni por tanto los cristianos, podemos detenernos ni acobardarnos atemorizados por el riesgo del cambio y de las adaptaciones; pero tampoco dejarnos llevar por imprudencias temerarias, ni esnobismos est\u00fapidos. El progresismo por sistema, sin ver qu\u00e9 ganamos ni qu\u00e9 perdemos, es empe\u00f1o de necios, que edifican sobre arena. Pero s\u00ed que somos responsables de poner los medios para renovarnos ante tantos y tantos cambios, que se suceden sin cesar, y esforzarnos en descubrir, en el puesto que ocupamos en la sociedad, la originalidad de la fe para nuestro momento concreto, como han sabido hacerlo los verdaderos ap\u00f3stoles de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra fe ha de apoyarse siempre en las bases s\u00f3lidas y no ocultarse con miedos y temores. Si creemos, es porque Dios nos ayuda a creer, y porque tenemos motivos razonables para prestar la adhesi\u00f3n de nuestro esp\u00edritu a las verdades reveladas, particularmente a las que la autoridad de la Iglesia nos presta como tales.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos convencidos de que nos encontramos hoy luchando como nunca para liberarnos de muchas servidumbres, materiales y sociol\u00f3gicas. Nuestro tiempo es el de las grandes promociones humanas, como ya expuso admirablemente Juan XXIII. Pero lo que hace que un hombre sea verdaderamente libre es que en \u00faltimo t\u00e9rmino habr\u00e1 de rendir cuenta s\u00f3lo a Dios, quien juzgar\u00e1 a los s\u00fabditos y a los presidentes de las naciones. Por eso dice san Pablo: \u201cEl Se\u00f1or seguir\u00e1 libr\u00e1ndome de todo mal, me salvar\u00e1 y me llevar\u00e1 a su Reino del cielo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia sent\u00eda necesidad de la presencia de Pedro, oraba insistentemente a Dios por \u00e9l, cuando estaba encadenado, y el Se\u00f1or escuch\u00f3 su oraci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 gozo ver c\u00f3mo el \u00e1ngel de Dios baj\u00f3 a liberar a Pedro y le sac\u00f3 de la tenebrosa c\u00e1rcel en que se encontraba! Tambi\u00e9n hoy le libra al Papa de muchos peligros, y a ello contribuyen nuestras oraciones por \u00e9l, como las que ofrec\u00eda entonces toda la Iglesia por Pedro. Tambi\u00e9n Pablo sent\u00eda toda la ayuda del Se\u00f1or en circunstancias muy dif\u00edciles de su trabajo apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Son los momentos iniciales de la vida de la Iglesia en la tierra, tal como los vemos descritos en los libros del Nuevo Testamento. Al leerlos, sentimos el temblor emocionado de la oraci\u00f3n confiada de los primeros cristianos, de la fe viv\u00edsima en Cristo, de la autoridad siempre humilde de Pedro, del combate incesante de Pablo hasta caer medio muerto en el camino varias veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Y todav\u00eda un momento \u00faltimo, el que aparece en el evangelio de hoy. Cristo pregunta; \u201c\u00bfQui\u00e9n dicen los hombres que es el Hijo de Dios?\u201d. Y Pedro contest\u00f3: \u201cT\u00fa eres el Mes\u00edas, el Hijo de Dios vivo\u201d. Cristo no solamente aprob\u00f3 la respuesta que recib\u00eda, sino que le llam\u00f3 dichoso, porque hab\u00eda merecido de Dios que se la revelase.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas de la solemnidad lit\u00fargica de san Pedro y san Pablo. ABC, 29 de junio de 1997. 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