{"id":1740,"date":"2024-10-01T19:33:06","date_gmt":"2024-10-01T17:33:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1740"},"modified":"2024-10-01T19:33:07","modified_gmt":"2024-10-01T17:33:07","password":"","slug":"una-vejez-fecunda-comentario-a-las-lecturas-del-xi-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/una-vejez-fecunda-comentario-a-las-lecturas-del-xi-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-b\/","title":{"rendered":"Una vejez fecunda, comentario a las lecturas del XI domingo del Tiempo Ordinario (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XI domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 15 de junio de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos expresiones del salmo 91 nos ayudan a formular el comentario a las lecturas del d\u00eda. \u201cEl justo crecer\u00e1 como la palmera y en la vejez seguir\u00e1 dando frutos\u201d. Son dos im\u00e1genes muy significativas y oportunas, descritas con el lenguaje de las cosas sencillas y simples, como es el de la primera lectura, del libro de Ezequiel. \u201cArrancar\u00e9 una rama del alto cedro y la plantar\u00e9 para que eche brotes y d\u00e9 frutos. Anidar\u00e1n aves de toda pluma y se ver\u00e1 claro qui\u00e9n es el Se\u00f1or que humilla y enaltece, que seca el orgullo y hace florecer la sencillez\u201d. Por eso, al hombre justo el Se\u00f1or le har\u00e1 crecer de tal manera que su vida dar\u00e1 fruto con tal fuerza y vitalidad, que su vejez ser\u00e1 fecunda. De los peque\u00f1os y sencillos el poder de Dios har\u00e1 brotar \u00e1rboles frondosos.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea del Reino de Dios como una peque\u00f1a semilla, que ha de florecer aparece ya en el Antiguo Testamento, y Jesucristo recurre a ella con frecuencia. La encontramos en este fragmento de Ezequiel y en las dos par\u00e1bolas del evangelio de san Marcos, la del labrador, que hecha simiente en su tierra, y la del grano de mostaza, la semilla m\u00e1s peque\u00f1a, que despu\u00e9s se hace m\u00e1s alta que las dem\u00e1s hortalizas, echa grandes ramas y los p\u00e1jaros se cobijan en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>La fuerza de la semilla que as\u00ed crece, s\u00f3lo puede estar en la vida de los hombres, que con su dedicaci\u00f3n y su sacrificio hacen avanzar la cultura y la civilizaci\u00f3n de los pueblos. Pero desde el punto de vista cristiano, no es el poder y la fuerza lo que hacen crecer el \u00e1rbol, sino la fidelidad al Evangelio, la modestia, la sencillez, la confianza en Dios, la constancia, la entrega diaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia ser\u00e1 cada d\u00eda m\u00e1s joven y vigorosa en el coraz\u00f3n de cada hombre y cada mujer, que sirvan mejor a los dem\u00e1s, que amen a todos, que sean m\u00e1s desprendidos, generosos y magn\u00e1nimos, que favorezcan a los m\u00e1s necesitados, que no intenten en su orgullo ser protagonistas salvadores de la humanidad, sino cauces llenos de confianza en el poder del Se\u00f1or, por los que pase el mensaje de Cristo. Hombres y mujeres, que trabajan y se afanan por mejorar las condiciones de vida de los dem\u00e1s pero conscientes de que lo importante llega sin que ellos lo sepan, y caminan sin verlo, pero guiados por la fe, como dice san Pablo. Viven junto al Se\u00f1or, aunque a veces parezca que les falta apoyo bajo los pies y que no tienen respuesta para tantos porqu\u00e9s, que atormentan a los dem\u00e1s. Ellos no se atormentan, en destierro o en patria se esfuerzan por agradar a Dios y cumplir la ley.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no puede renunciar nunca a su misi\u00f3n. El Se\u00f1or nos juzgar\u00e1 por lo que hagamos en pro o contra de la verdad del Evangelio. \u00c9l nos invita a actitudes de perseverancia y humildad. Hemos de ser como los agricultores que siembran con esmero y sacrificio, y como ellos esperamos pacientes los frutos que se alzar\u00e1n \u201ccomo cedros del L\u00edbano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Medios peque\u00f1os y pobres pueden facilitar resultados maravillosos; las apariencias ostentosas y las fatuidades no cuentan. Deber\u00edamos preguntarnos constantemente c\u00f3mo prestamos nuestra ayuda personal a la Iglesia, para que en las ramas de los \u00e1rboles se cobijen cada vez m\u00e1s las aves del cielo que vuelan sobre la tierra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XI domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 15 de junio de 1997. Dos expresiones del salmo 91 nos ayudan a formular el comentario a las lecturas del d\u00eda. \u201cEl justo crecer\u00e1 como la palmera y en la vejez seguir\u00e1 dando frutos\u201d. 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