{"id":1720,"date":"2024-10-01T19:24:48","date_gmt":"2024-10-01T17:24:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1720"},"modified":"2024-10-01T19:24:49","modified_gmt":"2024-10-01T17:24:49","password":"","slug":"dichosos-los-que-creen-comentario-a-las-lecturas-del-ii-domingo-de-pascua-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/dichosos-los-que-creen-comentario-a-las-lecturas-del-ii-domingo-de-pascua-ciclo-b\/","title":{"rendered":"Dichosos los que creen, comentario a las lecturas del II domingo de Pascua (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Comentario a las lecturas del II domingo de Pascua. ABC, 6 de abril de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\u00f1o tras a\u00f1o, el segundo domingo de Pascua leemos el mismo fragmento del evangelio de san Juan, que narra dos encuentros de Jes\u00fas resucitado con sus disc\u00edpulos muy fundamentales. Ten\u00edan \u00e9stos miedo y permanec\u00edan ocultos en una habitaci\u00f3n con las puertas cerradas, y Jes\u00fas apareci\u00f3 en medio de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima vez que estuvieron juntos fue en la cena pascual. Luego la huida a la desbandada y el terror ante la muerte en la cruz. Por eso ahora, las primeras palabras del Se\u00f1or fueron: la paz sea con vosotros. La paz de Dios, el gozo de saber que \u00c9l es realmente el Hijo de Dios, el Se\u00f1or que ha vencido a la muerte y ha resucitado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y luego, la gran misi\u00f3n, a la que anta\u00f1o se hab\u00eda referido al hablar con ellos, y ahora les es comunicada como un mandato, que viene de lo alto. \u201cComo el Padre me ha enviado, as\u00ed tambi\u00e9n os env\u00edo yo\u201d. Por eso, les comunica su Esp\u00edritu, y les da el poder de perdonar los pecados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Resurrecci\u00f3n es la garant\u00eda de que el pecado podr\u00e1 ser perdonado, de que nos espera la salvaci\u00f3n y alcanzaremos la vida eterna. No se refiere \u00fanicamente a una transformaci\u00f3n espiritual, sino a la realidad de nuestra vida, tal como es, con su cuerpo y su alma, en la que se operar\u00e1 una definitiva superaci\u00f3n de nosotros mismos. Estamos en camino de alcanzar ese fin, que no es ut\u00f3pico, sino un hecho ya presente en el Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A continuaci\u00f3n nos narra san Juan un nuevo encuentro de Cristo con los suyos, que tuvo lugar ocho d\u00edas despu\u00e9s. En la ocasi\u00f3n anterior no estuvo presente Tom\u00e1s, uno del grupo. Cuando le contaron todo lo sucedido, se neg\u00f3 a admitirlo. Ten\u00eda que verle \u00e9l mismo para creerlo, y meter sus manos y sus dedos en las heridas del cuerpo, que dec\u00edan haber visto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">San Juan, que es el evangelista que m\u00e1s categ\u00f3ricamente ha afirmado la divinidad de Jes\u00fas, es el que presenta, con m\u00e1s fuerza, los rasgos vivientes y concretos del cuerpo resucitado de Jes\u00fas. Y Tom\u00e1s da la impresi\u00f3n de ser un hombre noblote, pero muy elemental y obstinado. Cuando Jes\u00fas les anunci\u00f3 que iba a Jerusal\u00e9n, porque su amigo L\u00e1zaro hab\u00eda muerto, es el que dijo: \u201cVayamos todos y muramos con \u00c9l\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estaban, pues, reunidos como en la ocasi\u00f3n anterior, y ahora s\u00ed se hallaba Tom\u00e1s con ellos, y de nuevo se les apareci\u00f3 Jes\u00fas con el mismo saludo: Paz a vosotros. Y enseguida, se dirigi\u00f3 a Tom\u00e1s dici\u00e9ndole: \u201cTrae tu dedo, aqu\u00ed tienes mis manos; trae tu mano y m\u00e9tela en mi costado, y no seas incr\u00e9dulo, sino creyente\u201d. Y respondi\u00f3 Tom\u00e1s, exclamando: \u201c\u00a1Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo!\u201d. Palabras preciosas, como un grito humilde de adoraci\u00f3n y de fe, maravillosa afirmaci\u00f3n que se ha convertido, para tantos, en profunda adoraci\u00f3n ante el Se\u00f1or en la cruz, en la Eucarist\u00eda, en las horas de dolor, o en los momentos de alegr\u00eda, cuando quisi\u00e9ramos abrazar a Jes\u00fas, pidi\u00e9ndole perd\u00f3n, y dispuestos \u2013ahora s\u00ed\u2013 a vivir o morir con \u00c9l. Pocos cristianos han dejado de pronunciar alguna vez esa exclamaci\u00f3n tan corta y tan rica, que llena de placer espiritual el alma de quien se rinde al proclamarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y para todos nosotros, la gran bienaventuranza: Dichosos los que sin haber visto, como t\u00fa, Tom\u00e1s, han cre\u00eddo. Porque esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. Quien realmente vence al mundo, como dice san Juan, es el que cree que Jes\u00fas es el Hijo de Dios. As\u00ed creyeron los de las primeras comunidades, de quienes nos hablan los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Pensaban y sent\u00edan lo mismo. Porque la fe engendra comuni\u00f3n y participaci\u00f3n. Daban testimonio de la Resurrecci\u00f3n con mucho valor. Esto es amor, un solo coraz\u00f3n. Eran comunidad misionera. Como tienen que ser nuestras parroquias, nuestros grupos de apostolado, nuestras obras sociales. La Iglesia toda ha de ser una comunidad misionera de la paz y del amor del Se\u00f1or.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del II domingo de Pascua. ABC, 6 de abril de 1997. A\u00f1o tras a\u00f1o, el segundo domingo de Pascua leemos el mismo fragmento del evangelio de san Juan, que narra dos encuentros de Jes\u00fas resucitado con sus disc\u00edpulos muy fundamentales. 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