{"id":1708,"date":"2024-10-01T19:20:03","date_gmt":"2024-10-01T17:20:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1708"},"modified":"2024-10-01T19:20:04","modified_gmt":"2024-10-01T17:20:04","password":"","slug":"dios-nos-habla-comentario-a-las-lecturas-del-ii-domingo-de-cuaresma-ciclo-b","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/dios-nos-habla-comentario-a-las-lecturas-del-ii-domingo-de-cuaresma-ciclo-b\/","title":{"rendered":"Dios nos habla, comentario a las lecturas del II domingo de Cuaresma, (ciclo B)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del II domingo de Cuaresma. ABC, 23 de febrero de 1997.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas iniciada la Cuaresma, se nos invita en este domingo a leer el pasaje de san Marcos sobre la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas en el Tabor. Resplandeciente como el sol, poderoso en su majestad, bell\u00edsimo en su rostro y figura. No es extra\u00f1o que Pedro dijese sin poder reprimirse: \u201cSe\u00f1or, \u00a1qu\u00e9 bien se est\u00e1 aqu\u00ed!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no hab\u00eda llegado la hora del descanso, ni mucho menos la del gozo de la presencia divina. Era un alto en el camino y, sobre todo, una preparaci\u00f3n para los d\u00edas tristes, que hab\u00edan de venir. Cuando llegasen, al menos estos tres, Pedro, Santiago y Juan, testigos ahora de aquella transfiguraci\u00f3n gloriosa, podr\u00edan recordar el momento en que hab\u00edan percibido el resplandor de la divinidad. Y hab\u00edan escuchado las palabras del Padre que dec\u00eda: \u201c\u00c9ste es mi Hijo amado, escuchadle\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n a nosotros Dios nos habla y se nos revela. Tenemos que percibir su voz en los acontecimientos diversos, escucharle en su Palabra. \u00c9l siempre est\u00e1 viniendo a nosotros. El presente siempre est\u00e1 lleno de \u00c9l para los que saben verle. Nuestras estrecheces se ensanchan, cuando \u00c9l las penetra. La cruz que llevamos se nos vuelve signo de vida, de resurrecci\u00f3n y de victoria. Dios est\u00e1 con nosotros en el dolor, en la alegr\u00eda, en el triunfo, en el fracaso. Un cristiano sincero es tambi\u00e9n un hombre transfigurado. \u201cEl que no perdon\u00f3 a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 a la muerte por nosotros, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 todo con \u00c9l?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Se nos habla tambi\u00e9n de Abrah\u00e1n, que es paradigma de fe, esperanza y confianza en nuestro peregrinaje. Abandon\u00f3 todo y se puso en camino ante la llamada de Dios. Dej\u00f3 tierra y familia. Y todav\u00eda el Se\u00f1or le pidi\u00f3 lo mejor de la promesa que le hab\u00eda hecho: su propio hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre el mismo dinamismo pascual, desprendimiento de lo que se tiene, para lograr lo que se espera. Fe, esperanza y confianza, que desaf\u00edan todos los riesgos y son ejemplo para nosotros, que necesitamos vivir esas actitudes de Abraham. No debemos dejarnos llevar por una pobre confianza en nuestros esquemas y fuerzas, sino por la fe en Cristo que muri\u00f3, resucit\u00f3 e intercede por nosotros. Es lo que corrientemente ha quedado como un t\u00f3pico de nuestro lenguaje, \u201cla fe de Abraham\u201d. Pero lo que no tiene que ser un t\u00f3pico es la fe a prueba de todas las pruebas y la confianza en Dios, pase lo que pase y suframos lo que suframos. Dios es bueno siempre, aunque tardemos en verlo con nuestros ojos pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato de la transfiguraci\u00f3n nos tiene que confortar. El Se\u00f1or llev\u00f3 al monte consigo a los tres Ap\u00f3stoles, Pedro, Santiago y Juan, para que vieran lo que iba a suceder, pero a\u00fan a ellos les encarga que guarden silencio, que no digan a nadie lo que han visto y o\u00eddo. S\u00f3lo despu\u00e9s de que \u00c9l resucite de entre los muertos podr\u00e1n hablar. Es decir, hay que pasar la noche oscura, sufrir la pasi\u00f3n, hay que llevar sobre los hombros la cruz dolorosa. Nos espera una gloria inmortal.<\/p>\n\n\n\n<p>En Cristo hab\u00eda algo, que rebasaba la vida y la muerte, lo que no le impidi\u00f3 vivir plenamente nuestra vida. La realidad de Cristo transforma nuestra vida y nuestra muerte. La transfiguraci\u00f3n es como el relampagueo luminoso de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Nuestra propia garant\u00eda. Ser salvados significa participar en la vida de Jesucristo. Tambi\u00e9n nosotros resucitaremos. En Jes\u00fas sabemos que podemos ser transformados. Necesitamos momentos como los que vivieron Pedro, Santiago y Juan. Pero tenemos que saber retirarnos, para verle y escuchar la palabra del Padre. \u00bfSilencio de Dios? No, Dios nos habla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEste es mi Hijo, escuchadle\u201d. \u00bfCu\u00e1l puede ser nuestra monta\u00f1a de la transfiguraci\u00f3n? No lo s\u00e9, pero existe. Una lectura seria del Evangelio, una Eucarist\u00eda vivida intensamente, un dolor aceptado con confianza en Dios, una vida de piedad sencilla pero cotidiana, que culmina en un momento de luz, paz, alegr\u00eda interior, una frecuencia en los sacramentos que abre nuestro coraz\u00f3n. \u00a1Tantas cosas pueden ser nuestro monte Tabor!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del II domingo de Cuaresma. ABC, 23 de febrero de 1997. Apenas iniciada la Cuaresma, se nos invita en este domingo a leer el pasaje de san Marcos sobre la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas en el Tabor. Resplandeciente como el sol, poderoso en su majestad, bell\u00edsimo en su rostro y figura. 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