{"id":1676,"date":"2024-10-01T19:06:49","date_gmt":"2024-10-01T17:06:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1676"},"modified":"2024-10-01T19:06:50","modified_gmt":"2024-10-01T17:06:50","password":"","slug":"de-la-tierra-a-la-eternidad-comentario-a-las-lecturas-del-xxxii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/de-la-tierra-a-la-eternidad-comentario-a-las-lecturas-del-xxxii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a\/","title":{"rendered":"De la tierra a la eternidad, comentario a las lecturas del XXXII domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Comentario a las lecturas del XXXII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 10 de noviembre de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En estos dos \u00faltimos domingos del A\u00f1o lit\u00fargico, antes de celebrar la fiesta de Cristo Rey, se nos hace una llamada a lo que es el sentido de nuestra vida, y c\u00f3mo \u00e9ste tiene que orientar nuestra marcha diaria: el juicio de Dios sobre nuestras acciones y omisiones. Ser fieles a la tierra, en que vivimos, no equivale a terminar en el vac\u00edo, sino en el encuentro con Jesucristo para estar siempre con el Se\u00f1or. En medio de nuestra debilidad, que nos hace sentir la proximidad del final, podemos fortalecernos unos a otros con esta realidad del encuentro con nuestro Salvador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Se\u00f1or, que todo lo sabe, que nos sondea y conoce hasta lo m\u00e1s profundo de nuestro ser, que ve nuestra debilidad y nuestra torpeza, ser\u00e1 nuestro juez. El juicio ser\u00e1 para cada uno de nosotros el \u00faltimo acto de Dios en lo referente a esta vida, que pasa, y servir\u00e1 para decidir en qu\u00e9 sentido se completar\u00e1 en nosotros la redenci\u00f3n, que \u00c9l nos ofreci\u00f3. El Se\u00f1or es el Se\u00f1or de la gracia. Nos inclinamos ante \u00c9l llenos de confianza en su misericordia, pero con conciencia de nuestra libertad y responsabilidad. Dios quiere salvarnos. Nosotros tenemos que desear ser salvados, y es ahora, en el discurrir del tiempo, cuando d\u00eda tras d\u00eda labramos nuestro destino final.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso necesitamos la sabidur\u00eda de la vida: Esa sabidur\u00eda que es un ofrecimiento de Dios. Un saber que salva, que conforta, que en cada momento nos ilumina, que sale al encuentro de los que le buscan en cada circunstancia. Ella pone al descubierto muchas necesidades, nos hace vivir el tiempo y medirlo como momentos \u00fanicos, que el poder infinito de Dios nos ofrece. Solamente en la reflexi\u00f3n, en la intimidad de cada uno, en esa conjunci\u00f3n entre comprensi\u00f3n y amor, entre inteligencia y sentimiento, entre lo que se\u00f1ala la conciencia inundada de fe y lo que encontramos en la vida, se da como resultado la sabidur\u00eda, de la que habla la Biblia. La necesitamos, porque se trata de c\u00f3mo debe vivirse la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el evangelio de hoy, por medio de la par\u00e1bola de las j\u00f3venes sensatas y de las necias, Jes\u00fas nos ense\u00f1a cu\u00e1l ha de ser nuestra actitud ante la vida, la muerte y el juicio: atentos, preparados, vigilantes, llenos de esperanza y seguridad en su venida. Es decir, vivir lo que en cada circunstancia es exigible, vivir en plenitud en cada momento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pegunt\u00e1ronle un d\u00eda a san Carlos Borromeo qu\u00e9 har\u00eda si le avisaran que dentro de una hora hab\u00eda de morir; y contest\u00f3 que seguir\u00eda haciendo lo que hac\u00eda, esmer\u00e1ndose en hacerlo del mejor modo posible. Eso es encararse con la eternidad, hacer sencillamente lo que tenemos que hacer. No es cuesti\u00f3n de estar siempre rezando, o vivir angustiados con la espera. Todas las j\u00f3venes durmieron, mientras esperaban al esposo, pero las sensatas y prudentes iban provistas de aceite en sus l\u00e1mparas. No se dejaron aprisionar por el presente, de manera que perdieran de vista el futuro. Hemos de vivir, como dice Unamuno, al d\u00eda, en las olas del tiempo, pero asentados sobre la roca viva, dentro del mar de la eternidad, el d\u00eda en la eternidad. Somos hijos de esta tierra, pero lo que tenemos que descubrir es el eterno resplandor de lo terreno. Jesucristo vino e hizo suyo el destino de cada uno de nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XXXII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 10 de noviembre de 1996. 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