{"id":1666,"date":"2024-10-01T19:02:30","date_gmt":"2024-10-01T17:02:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1666"},"modified":"2024-10-01T19:02:31","modified_gmt":"2024-10-01T17:02:31","password":"","slug":"la-vina-sin-racimos-comentario-a-las-lecturas-del-xxvii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-vina-sin-racimos-comentario-a-las-lecturas-del-xxvii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a\/","title":{"rendered":"La vi\u00f1a sin racimos, comentario a las lecturas del XXVII domingo del Tiempo Ordinario, (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XXVII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 6 de octubre de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>Las lecturas de este domingo son una llamada a la responsabilidad personal: al comenzar una nueva etapa, como parece que siempre supone la vuelta del verano, un aldabonazo fuerte resuena en nuestra conciencia. Nuestra existencia va discurriendo r\u00e1pidamente. Tenemos una vi\u00f1a de la que hay que cuidar. \u00bfQu\u00e9 hacemos con nuestra vi\u00f1a? \u00bfDamos uvas o agrazones? \u00bfSe nos quitar\u00e1 el Reino de los cielos y se les dar\u00e1 a otros, que produzcan m\u00e1s frutos? Cuando el labrador en sus fincas puede apreciar los frutos de la pr\u00f3xima cosecha, se llena de esperanza, pero si se trata de una vi\u00f1a frondosa y con brillantes y jugosos racimos, el gozo alegra el coraz\u00f3n y el vi\u00f1ador contempla y acaricia las tiernas uvas de los racimos como la m\u00e1s pura delicia de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s cuando no hay fruto, aparta su vista de aquel follaje est\u00e9ril y mueve su cabeza en se\u00f1al de torpe fracaso, triste y lamentable. Esto es lo que ocurri\u00f3 a Israel, la vi\u00f1a m\u00e1s querida de Dios, plantada por \u00c9l mismo y cultivada con tanto esmero. Los grandes profetas, los jueces, los reyes, lloraron amargamente muchas veces al comprobar la vi\u00f1a devastada por las maldades de los que hab\u00edan sido llamados por Dios a gozar de sus frutos y s\u00f3lo tuvieron agrazones.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos seres libres, respondemos de nuestros actos y decisiones. Cada uno tenemos nuestra manera de amar, de trabajar, de encajar los problemas y superar las dificultades. As\u00ed es como se manifiesta nuestra personalidad. Somos capaces de todas las virtudes y de todos los vicios, porque todos podemos decir la famosa sentencia: \u201cSomos hombres y nada que sea humano nos es ajeno\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay tantos modos de ser felices o desgraciados como hombres habitamos en la tierra. Y cada uno tenemos nuestro tipo de bondad o maldad caracter\u00edstica, que vamos logrando poco a poco, porque cuando Dios nos cre\u00f3, nos dio el regalo de la libertad para que pudi\u00e9ramos obrar por nosotros mismos. Y esta es nuestra gran vocaci\u00f3n: lograr la soberana libertad de los hijos de Dios, de la cual alg\u00fan d\u00eda hemos de rendir cuentas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la imagen de la vi\u00f1a, Isa\u00edas nos ejemplifica el compromiso de Dios con cada uno de nosotros, y nuestra responsabilidad para con \u00c9l. Espera de todos los hombres, de cada uno en particular, el derecho y la justicia. Hoy apenas se habla de esta espera de Dios. No se habla de ese juicio, al que hemos de someternos todos para ser examinados de nuestras acciones y omisiones. Vivimos una hora triste en el mundo de hoy, triste, porque se ha apoderado de los hombres de nuestro tiempo una insolente frivolidad de pensamiento, que nos hace olvidar el juicio de Dios, que ha de llegar ineludiblemente.<\/p>\n\n\n\n<p>En las lecturas del Nuevo Testamento de este domingo se plantea el mismo tema, pero ya desde la fe en Jesucristo como piedra angular de toda construcci\u00f3n, de toda tarea, de todo proyecto, de toda realizaci\u00f3n. \u00c9l nos ha regalado otra vida, que pone en nuestras manos. Es la vida de fe, que, al iluminar nuestros pasos diarios, nos dar\u00e1 fecundidad y paz. La vida de la fe tiene que dinamizar nuestra existencia. Nuestro empe\u00f1o ha de ser conocer qu\u00e9 necesitamos para iluminar esa fe y producir frutos: \u201cLo verdadero, lo noble, lo justo, lo amable, lo laudable, todo lo que es virtud o m\u00e9rito, tenedlo en cuenta\u201d. Como dice san Pablo. No es cre\u00edble una vida cristiana sin que d\u00e9 frutos cristianos. Leed la par\u00e1bola que nos ofrece hoy san Mateo, dirigida a los que tienen autoridad. Esta no es sin\u00f3nimo de poder, sino de servicio. El Reino de los cielos, ya aqu\u00ed en la tierra, es para quienes producen frutos. No podemos ir al otro mundo con las manos vac\u00edas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XXVII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 6 de octubre de 1996. Las lecturas de este domingo son una llamada a la responsabilidad personal: al comenzar una nueva etapa, como parece que siempre supone la vuelta del verano, un aldabonazo fuerte resuena en nuestra conciencia. 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