{"id":1658,"date":"2024-10-01T18:59:31","date_gmt":"2024-10-01T16:59:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1658"},"modified":"2024-10-01T18:59:33","modified_gmt":"2024-10-01T16:59:33","password":"","slug":"vivimos-para-amar-comentario-a-las-lecturas-del-xxiii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/vivimos-para-amar-comentario-a-las-lecturas-del-xxiii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a\/","title":{"rendered":"Vivimos para amar, comentario a las lecturas del XXIII domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XXIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 8 de septiembre de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>La lectura del profeta Ezequiel y la del evangelio de hoy son una apremiante invitaci\u00f3n a corregir las faltas, errores y equivocaciones nuestras y de los dem\u00e1s. Nuestras tambi\u00e9n, porque si no empezamos por nuestra conversi\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo vamos a ayudar a los dem\u00e1s a un cambio saludable de conducta? Hay que recuperar al hermano y hacer todo lo posible para atraerle al camino del bien, lo cual requiere una extraordinaria grandeza de alma y desde luego mucho amor, porque la verdad, la sola verdad sin amor, est\u00e1 muerta. Estamos ante una de las p\u00e1ginas m\u00e1s radicalmente nuevas del cristianismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Corregir, corregirnos todos unos a otros por y con amor. \u00bfNos damos cuenta de lo que significaba esto en una sociedad dominada por la esclavitud, el odio, el desprecio? El cambio social, que esto supon\u00eda, era una revoluci\u00f3n, que modificaba las bases de la convivencia conocida. La ra\u00edz de las relaciones humanas ten\u00eda que ser en adelante el amor. De ah\u00ed ten\u00eda que arrancar todo lo dem\u00e1s en el trato de unos con otros. A nadie le deb\u00e1is nada m\u00e1s que amor, dice san Pablo. Esta deuda del amor, que tenemos de por vida, tiene que ser la explicaci\u00f3n y la raz\u00f3n de nuestras actuaciones. No cometer adulterio, no hacer da\u00f1o, no robar, no envidiar&#8230; queda grandiosamente iluminado, si vamos por la vida sintiendo que a otros les debemos amor. No deber de obligaci\u00f3n, sino deber de deuda. Esto supone una actitud de humildad y gratitud, porque tenemos esa deuda, ya que Dios nos am\u00f3 primero y somos perpetuamente deudores.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que velar por el bien de los que nos rodean y preocuparnos por todo lo que les ata\u00f1e. As\u00ed tiene pleno sentido la lectura de Ezequiel. \u201cEl malvado morir\u00e1 por su culpa, pero a ti te pedir\u00e9 cuenta de su sangre\u201d. Es decir, si habiendo podido hablar, no hablaste; si habiendo podido corregir, no corregiste; si habiendo podido ayudar, no ayudaste, t\u00fa tambi\u00e9n eres culpable. Las conductas malas nos tienen que doler, pero como le dol\u00edan a Cristo, y de ese amor que duele, brotar\u00e1n reflexiones y acciones para que cambie la conducta el que la tiene desordenada. Avisar al que obra mal exige mucha luz en el coraz\u00f3n, mucho amor y, por tanto, comprensi\u00f3n, misericordia y respeto. Un clima as\u00ed es la garant\u00eda de la presencia eficaz de Cristo, y en la medida en que se propaga ese modo de obrar, cambian las personas y la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>No existir\u00e1 una capacidad de evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica, si no tenemos ese noble af\u00e1n que nos libre de nuestra inoperancia ego\u00edsta respecto a c\u00f3mo es nuestro pr\u00f3jimo, pudiendo ser como Cristo desea. Ahora bien, si de verdad tenemos preocupaci\u00f3n por salvar, tenemos que poner la confianza en Cristo, y de nuestra oraci\u00f3n sacaremos el esp\u00edritu de mansedumbre, paz y serenidad para hablar y actuar. Hemos de orar juntos, porque dice el Se\u00f1or que donde hay dos o tres reunidos en su nombre, all\u00ed est\u00e1 \u00c9l. Nos falta practicar con fe muchas de las ense\u00f1anzas de Cristo. Si lo hici\u00e9ramos, sentir\u00edamos el gozo de su presencia y la fuerza de su Esp\u00edritu, que es lo que nos hace ser mejores y hacer mejores a los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XXIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 8 de septiembre de 1996. La lectura del profeta Ezequiel y la del evangelio de hoy son una apremiante invitaci\u00f3n a corregir las faltas, errores y equivocaciones nuestras y de los dem\u00e1s. 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