{"id":1654,"date":"2024-10-01T18:57:44","date_gmt":"2024-10-01T16:57:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1654"},"modified":"2024-10-01T18:57:45","modified_gmt":"2024-10-01T16:57:45","password":"","slug":"me-has-seducido-senor-comentario-a-las-lecturas-del-xxii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/me-has-seducido-senor-comentario-a-las-lecturas-del-xxii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a\/","title":{"rendered":"Me has seducido, Se\u00f1or, comentario a las lecturas del XXII domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XXII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 1 de septiembre de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos. Jes\u00fas nos lo dice hoy en el Evangelio, cuando reconviene a Pedro: t\u00fa piensas como los hombres, no como Dios. \u00bfQu\u00e9 es y qu\u00e9 significa pensar como Dios? Entender su palabra: el que quiera venir conmigo, que se niegue a s\u00ed mismo, que cargue con su cruz y me siga. Dos hombres, Jerem\u00edas y Pedro, nos dan ejemplo y nos ilustran sobre cu\u00e1l ha de ser nuestra conducta.<\/p>\n\n\n\n<p>El profeta Jerem\u00edas se halla en unos momentos de honda crisis espiritual, porque quiere ser fiel a su vocaci\u00f3n. Y siente la dificultad de seguir adelante, porque la palabra de Dios se hace dura y exigente. Pero Dios le ha seducido, a pesar de todo, y no puede resistirse a su exigencia. \u00c9l es ya su vocaci\u00f3n y su destino. Aunque de parte de los hombres no reciba m\u00e1s que oposici\u00f3n y desprecio, porque se ha convertido en oprobio de las gentes. \u00a1Cu\u00e1ntos h\u00e9roes an\u00f3nimos en los caminos de la fidelidad a Dios hasta la muerte!<\/p>\n\n\n\n<p>Y Pedro, que se dej\u00f3 inspirar por el Padre y proclam\u00f3 abiertamente, como ve\u00edamos el domingo pasado, qui\u00e9n es para \u00e9l Jes\u00fas, se olvida de lo que afirm\u00f3 con tanta decisi\u00f3n y termina pensando igual que los dem\u00e1s. Su l\u00f3gica es la humana, la nuestra, rechazar la cruz, el dolor, la muerte. Todav\u00eda Pedro no ha ca\u00eddo en la cuenta de que nuestros programas personales, nuestros c\u00e1lculos, nuestras previsiones humanas no son las de Jes\u00fas. \u00bfC\u00f3mo van a entrar en los planes del pescador de Galilea la muerte y la ignominia?<\/p>\n\n\n\n<p>El perder o ganar la vida, el tomar la cruz y seguirle empieza en nuestro quehacer diario, en nuestras relaciones con los dem\u00e1s. Tanto en la vida de trabajo como en la vida familiar, Jes\u00fas nos ense\u00f1a c\u00f3mo hemos de vivir, cu\u00e1l ha de ser nuestro horizonte y nuestra aspiraci\u00f3n, y nos prepara para la lucha y la dificultad, que hemos de aceptar sin escamoteos. Pero supo seguir a Jes\u00fas y no continuar pensando a su estilo. Nuestro peligro es creer que seguimos a Jes\u00fas, porque conservamos ciertas pr\u00e1cticas cristianas, y permanecer anclados en nuestras ideas y nuestros gustos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la vida cristiana de Espa\u00f1a no ha faltado el respeto a la cruz y la decisi\u00f3n de tomarla y llevarla con amor en las horas de la aflicci\u00f3n y la desgracia. Todos hemos conocido un estilo de vida en much\u00edsimas familias, en que el santo temor de Dios ayudaba a apartarse del pecado y a fomentar una educaci\u00f3n de los hijos, en que los diez mandamientos eran luz y gu\u00eda. Ha sido en estos \u00faltimos a\u00f1os, cuando se ha producido un derrumbamiento de orden moral, sobre todo en dos aspectos de la moralidad p\u00fablica y privada: la lujuria (fornicaci\u00f3n, divorcio, adulterio, aborto, promiscuidad sexual) y la codicia (robo en sus diversas formas, ansia desmedida de poseer, tr\u00e1fico de influencias, corrupci\u00f3n por parte de gobernantes y gobernados).<\/p>\n\n\n\n<p>Querer desconocer esta tenebrosa realidad, o lo que es peor, no conceder importancia a la gravedad social, que tiene, es adem\u00e1s de un delito, una estupidez colectiva, que traer\u00e1 las peores consecuencias: familias deshechas, enfermedades nuevas, c\u00e1rceles en lugar de hoteles de lujo, quiebras espantosas, burlas y desprecios de los que terminan veng\u00e1ndose unos de otros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XXII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 1 de septiembre de 1996. 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