{"id":1636,"date":"2024-10-01T18:48:33","date_gmt":"2024-10-01T16:48:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1636"},"modified":"2024-10-01T18:48:34","modified_gmt":"2024-10-01T16:48:34","password":"","slug":"un-vaso-de-agua-fresca-comentario-a-las-lecturas-del-xiii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/un-vaso-de-agua-fresca-comentario-a-las-lecturas-del-xiii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-a\/","title":{"rendered":"Un vaso de agua fresca, comentario a las lecturas del XIII domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del XIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 30 de junio de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>Creer, realmente creer, es tener la firmeza para obrar conforme a lo que creemos. En el segundo libro de los Reyes, la fe de la sunamita en el profeta, el hombre de Dios, la lleva a poner su casa y sus bienes a su servicio y Dios la bendice en lo que m\u00e1s desea: tener un hijo. \u201cEl que recibe a un profeta, porque es profeta, tendr\u00e1 paga de profeta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Nuevo Testamento, la fe se nos presenta claramente como opci\u00f3n radical de vida por Cristo Jes\u00fas. La novedad de la vida cristiana exige que nos consideremos muertos al pecado y vivos para Dios. De ah\u00ed que hayamos de ser conscientes de cu\u00e1l es nuestro pecado, nuestro fallo, nuestra debilidad. Cuanto m\u00e1s profundamente queramos ser cristianos, tanto m\u00e1s nos diferenciaremos de los que no quieren serlo. Esta diferencia, como dice Jes\u00fas en el evangelio de hoy, puede hacer surgir separaci\u00f3n entre padres e hijos, entre amigos, entre compa\u00f1eros de trabajo y profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la exigencia de vivir nuestra fe en Jesucristo y en su palabra, por encima de nuestras conveniencias ego\u00edstas, orienta y rige nuestras vidas, perderemos a los ojos de muchos lo m\u00e1s placentero de nuestra existencia; nos criticar\u00e1n sin piedad, nos ridiculizar\u00e1n, pero nos acompa\u00f1ar\u00e1 la alegr\u00eda m\u00e1s pura. Un cristianismo a bajo precio, una forma de vida que busca privilegios, aplausos, favoritismos, tiene muy poco que ver con Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl que no toma su cruz y me sigue, no es digno de m\u00ed\u201d. El cristianismo y la cruz son inseparables. La cruz marca la vida de todo el que quiera ser cristiano. Pero nuestra civilizaci\u00f3n se ha alejado de Dios, y hablar de la cruz tal como lo hizo el Hijo enviado al mundo para salvarnos, es considerado como propio de d\u00e9biles mentales, que viven en permanente agon\u00eda por su incapacidad para abrir sus labios a la sonrisa y el placer. Nos hemos quedado con vestigios cristianos, que aparecen en nuestras costumbres; o apelamos a ciertos principios morales, m\u00e1s o menos realizables para determinadas \u00e9pocas y momentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es necesario decir a estos conformistas de nuestro tiempo que nuestra vida no es cristiana porque hagamos algunas cosas aisladas y, por ejemplo, vayamos a misa los domingos. Jes\u00fas es el Redentor, que inaugura un mundo nuevo. Sus palabras hablan de renunciar a la vida para recuperarla. Hablan de fe y de seguirle a \u00c9l. Exigen tener la audacia de admitir que \u00c9l es la verdad y debemos imitarle. Se nos pide que renunciemos a nuestras falsas seguridades naturales, a nuestros criterios materialistas, a nuestro amor propio, a nuestra equivocada persuasi\u00f3n de que nuestro juicio es el que vale. Exige tomar nuestra cruz, el sacrificio diario de nuestros compromisos y fidelidades a costa de lo que sea, la aceptaci\u00f3n de la enfermedad imprevista, la valent\u00eda de vivir seg\u00fan lo que es realmente la moral cristiana, procurando ayudar a quienes padecen m\u00e1s que nosotros y esperan un gesto de fraternidad, silencioso o p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo cual no es c\u00f3modo, no es \u201cnovedoso\u201d, aunque es permanentemente nuevo. No se trata, pues, de defender una actitud masoquista, ni de caminar en la vida como en un cementerio. La cruz no es equivalente a tristeza, ni se opone al leg\u00edtimo progreso personal o social, econ\u00f3mico o cient\u00edfico. Lo que Cristo nos pide es que con nuestro esfuerzo y nuestra rectitud moral hagamos lo posible por crear condiciones de vida, que nos permitan progresar y ayudar a progresar a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El empe\u00f1o del cristiano, y m\u00e1s en nuestro tiempo, en que unos y otros vivimos ya tan cerca y con tanta capacidad de influir sobre los dem\u00e1s para bien o para mal, ha de ser evitar el dolor en cuanto podamos y hacer la vida amable, pero no hacer el mal que se nos proh\u00edbe, para huir de la cruz. Ayudar, ayudar, amar siempre, aunque sea simplemente \u2013dice Jes\u00fas\u2013 dando un vaso de agua fresca a un disc\u00edpulo suyo. Y todos los hombres somos sus disc\u00edpulos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del XIII domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 30 de junio de 1996. Creer, realmente creer, es tener la firmeza para obrar conforme a lo que creemos. 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