{"id":1615,"date":"2024-10-01T17:15:30","date_gmt":"2024-10-01T15:15:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1615"},"modified":"2024-10-01T17:15:31","modified_gmt":"2024-10-01T15:15:31","password":"","slug":"quedate-con-nosotros-comentario-al-evangelio-del-iii-domingo-de-pascua-ciclo-a","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/quedate-con-nosotros-comentario-al-evangelio-del-iii-domingo-de-pascua-ciclo-a\/","title":{"rendered":"Qu\u00e9date con nosotros, comentario al evangelio del III domingo de Pascua (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario al evangelio del III domingo de Pascua. ABC, 21 de abril de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>El Evangelio del d\u00eda nos ofrece la bella narraci\u00f3n de los disc\u00edpulos que iban tristes y desilusionados a Ema\u00fas, comentando sus frustradas esperanzas por lo que hab\u00eda sucedido en Jerusal\u00e9n esos d\u00edas. Frustradas, s\u00ed, porque lo que esperaban era un triunfo terrestre de Jes\u00fas, que liberar\u00eda a Israel de sus enemigos. Siempre lo mismo. Esperar lo que nunca se nos ha prometido, pero que es lo que creemos torpemente que puede saciar nuestros anhelos inmediatos de aqu\u00ed abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras iban de camino, otro caminante, desconocido, les dio alcance, se uni\u00f3 a su paso, y comenz\u00f3 a participar en la conversaci\u00f3n. La muerte de Jes\u00fas, aquel profeta poderoso en obras y palabras, que hab\u00eda muerto hac\u00eda dos d\u00edas \u2013dec\u00edan ellos\u2013 y nada hab\u00eda sucedido que confirmase sus anhelos, a no ser lo que dec\u00edan algunas mujeres, que hab\u00edan visto el sepulcro vac\u00edo y \u201ctambi\u00e9n algunos de los nuestros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas tom\u00f3 la palabra y empez\u00f3 la m\u00e1s bella catequesis que podr\u00eda servir de modelo a todas las que nosotros impartimos. Les explic\u00f3 las Escrituras empezando por Mois\u00e9s y siguiendo por los profetas. Les hizo ver que era necesario que el Mes\u00edas padeciera tales tormentos para entrar en su gloria. Ellos no ve\u00edan, estaban ciegos. Les llama necios y torpes para creer. Ellos admiten el reproche humildemente, porque estaban tristes y como en tinieblas. La oscuridad produce tristeza, mientras que la luz hace brotar la alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan avanzaban por el camino, la palabra de Jes\u00fas fue abriendo su coraz\u00f3n y les fue haciendo pasar de la desesperanza a la admiraci\u00f3n y el amor, de la tristeza a la alegr\u00eda interior. Cerca ya de Ema\u00fas, adonde se dirig\u00edan, \u00c9l hizo adem\u00e1n de seguir adelante, separ\u00e1ndose de ellos que iban a entrar en la aldea. Y es entonces, cuando se produce un corto di\u00e1logo, que se ha repetido millones de veces, quiz\u00e1 sin palabras, motivado, m\u00e1s que por la cortes\u00eda oriental, por el ansia de luz de los que quieren ver y saber, los que quieren creer, y la generosidad del Coraz\u00f3n de Cristo, que no niega el encuentro con los que le buscan. \u201cQu\u00e9date con nosotros, Se\u00f1or, porque anochece y el d\u00eda va de ca\u00edda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas se qued\u00f3. Comenzaron a cenar. Sentado a la mesa, Jes\u00fas tom\u00f3 el pan, pronunci\u00f3 la bendici\u00f3n y se lo dio. Muchos opinan que era el primer pan eucar\u00edstico, que se ofrec\u00eda despu\u00e9s de la \u00daltima Cena. Y cuando ellos, por fin, le reconocen y se dan cuenta de qui\u00e9n es y de lo que est\u00e1 pasando, desapareci\u00f3. Todo as\u00ed. Humilde y pobre como un grano de trigo. Para nacer, un pesebre en una cueva ignorada. Para crecer, el taller de un artesano pobre. Hace milagros y proh\u00edbe que se divulguen. Para formar escuela, unos pescadores ignorantes. Para establecer la Iglesia, unas palabras dirigidas a Pedro, que este no acaba de entender. Para consumar su carrera, una cruz entre ladrones. Y ahora, para disipar la tristeza y ofrecer seguridades, explicar la Escritura en el camino, aceptar una invitaci\u00f3n y, en lugar de comer, bendecir el pan y darlo a los suyos como pan de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero otra cosa hab\u00eda dejado. El texto evang\u00e9lico dice que mientras caminaban y escuchaban, a los disc\u00edpulos les ard\u00eda el coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario al evangelio del III domingo de Pascua. ABC, 21 de abril de 1996. El Evangelio del d\u00eda nos ofrece la bella narraci\u00f3n de los disc\u00edpulos que iban tristes y desilusionados a Ema\u00fas, comentando sus frustradas esperanzas por lo que hab\u00eda sucedido en Jerusal\u00e9n esos d\u00edas. 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