{"id":1586,"date":"2024-10-01T16:50:17","date_gmt":"2024-10-01T14:50:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1586"},"modified":"2024-10-01T17:09:28","modified_gmt":"2024-10-01T15:09:28","password":"","slug":"la-samaritana-comentario-al-evangelio-del-iii-domingo-de-cuaresma","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-samaritana-comentario-al-evangelio-del-iii-domingo-de-cuaresma\/","title":{"rendered":"La Samaritana, comentario al evangelio del III domingo de Cuaresma (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario al evangelio del III domingo de Cuaresma. ABC, 10 de marzo de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>En este tercer domingo de Cuaresma el fragmento evang\u00e9lico que leemos, es de san Juan. Se trata del di\u00e1logo de Jes\u00fas con la Samaritana, la mujer pecadora, hacia la que nadie que haya le\u00eddo la narraci\u00f3n evang\u00e9lica completa, habr\u00e1 dejado de sentir simpat\u00eda. Hay en ella una mezcla de desenvoltura, de sincera humildad, de actitud femenina deseosa de saber, m\u00e1s bien que fr\u00edvolamente curiosa, de religiosidad a pesar de su vida manchada, que conmueven.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando le dice al Se\u00f1or: \u00bfc\u00f3mo t\u00fa siendo jud\u00edo, me pides a m\u00ed que te d\u00e9 de beber, a m\u00ed que soy samaritana?, no hay en ello ninguna negativa o rechazo; de sobra se ve que le va a ofrecer el c\u00e1ntaro o la vasija de agua fresca que ella ha sacado del pozo. La pregunta es referida a un hecho social, que est\u00e1 ah\u00ed, en medio de ellos, la separaci\u00f3n radical entre samaritanos y jud\u00edos, que llega hasta ese extremo. El hecho social, que tantas veces se interpone entre los hombres o los pueblos, y estorba todo intento de acercamiento hasta hacer imposible la convivencia fraterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed era la tradicional enemistad entre samaritanos y jud\u00edos. Pero Jes\u00fas no permiti\u00f3 que el di\u00e1logo derivase hacia tan mezquinas referencias. Clav\u00f3 sus palabras directamente en el coraz\u00f3n de aquella mujer, que no era mala. \u201cSi conocieras el don de Dios y qui\u00e9n es el que te dice dame de beber, le pedir\u00edas t\u00fa y \u00c9l te dar\u00eda agua viva\u201d. Ya est\u00e1 inquieta la mujer. Va desapareciendo de ella toda sombra de arrogancia o de ligereza. Jes\u00fas sigue hablando del agua viva, que \u00c9l puede dar, que salta hasta la vida eterna. \u201cSe\u00f1or, le dijo ella, dame de esa agua para no tener m\u00e1s sed, ni tener que venir aqu\u00ed a buscarla\u201d. \u00a1Cu\u00e1ntas veces un grito o un susurro parecido, que apenas se ha hecho sentir en la oscuridad silenciosa de muchos templos, ha servido para que alguien se acerque a un pobre confesionario y se libere de la pesada carga de la carne, que le ten\u00eda esclavizado! \u00a1Dichoso si en ese momento encuentra a un sacerdote \u201cfatigado junto al pozo\u201d, pero que sabe hablar sin re\u00f1ir, y ofrece un poco de agua fresca a los labios del penitente!<\/p>\n\n\n\n<p>Ella pone su alma al desnudo ante el suave impulso de la gracia, que llega a ella en forma de invitaci\u00f3n: \u201cAnda y llama a tu marido y vuelve\u201d. Y al decir \u201cno tengo marido\u201d, Jes\u00fas rompe definitivamente la suave coraza, con que ella se protege acogida a un pudor, que a\u00fan no ha perdido y contest\u00f3: \u201cBien dices, porque has tenido cinco maridos y el que tienes ahora no es tuyo\u201d. Todo lo dem\u00e1s aparece ya tocado por la gracia de la conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La Samaritana va corriendo al pueblo y grita a unos y a otros: \u201cVenid a ver un hombre que me dicho todo lo que he hecho\u201d. \u00bfQu\u00e9 le importa a ella que los dem\u00e1s piensen de su vida lo que quieran? Lo que en el fondo de su coraz\u00f3n anhela es saciarse del agua viva, que el desconocido ofrece. Tenemos derecho a suponer que, si samaritanos y jud\u00edos se hubieran reconciliado, esta mujer habr\u00eda sido una de las que siguieron a Jes\u00fas hasta el Calvario. No fue as\u00ed. Pero logr\u00f3 que muchos creyeran en \u00c9l. La pecadora se transform\u00f3 en ap\u00f3stol del Se\u00f1or. Y cuando el paso de los a\u00f1os la dej\u00f3 oprimida por sus dolencias, no nos la imaginamos abatida y triste por su vejez, sino gozando del recuerdo imborrable de aquel que la hab\u00eda dicho palabras tan hermosas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario al evangelio del III domingo de Cuaresma. ABC, 10 de marzo de 1996. En este tercer domingo de Cuaresma el fragmento evang\u00e9lico que leemos, es de san Juan. 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