{"id":1574,"date":"2024-10-01T16:45:31","date_gmt":"2024-10-01T14:45:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1574"},"modified":"2024-10-01T17:08:15","modified_gmt":"2024-10-01T15:08:15","password":"","slug":"las-bienaventuranzas-comentario-a-las-lecturas-del-iv-domingo-del-tiempo-ordinario","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/las-bienaventuranzas-comentario-a-las-lecturas-del-iv-domingo-del-tiempo-ordinario\/","title":{"rendered":"Las Bienaventuranzas, comentario a las lecturas del IV domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Comentario a las lecturas del IV domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 28 de enero de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas nuestras expectativas giran en torno a la felicidad. Su b\u00fasqueda es el af\u00e1n supremo de la vida humana. Todo lo que hacemos es porque estamos necesitados de esa plenitud, que nos proporciona \u2013as\u00ed lo imaginamos\u2013 ser felices. Dios nos cre\u00f3 anhelosos de felicidad, con capacidad para lograrla y nuestro fin es la bienaventuranza eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra vida puede ser magn\u00edfica, pero la adulteramos y la convertimos en un \u00eddolo, \u201cla vida\u201d, al que sacrificamos nuestra existencia. Y estamos dormidos o enajenados por falsos dioses, y vivimos de manera que se nos oculta la realidad aut\u00e9ntica. Somos ciegos y sordos o pobres videntes, que escuchamos y tratamos de atisbar raqu\u00edticas promesas. Quiz\u00e1 de vez en cuando, una vibrante llamada, una rica experiencia, un chispazo de amor aut\u00e9ntico nos sacude. Pero la rutina, las diversiones, la propaganda, los programas de placer y bienestar, los dolores inesperados, los fracasos nos despistan, nos desilusionan, nos llenan de congoja.<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo, en los albores del tercer milenio, proclama, como ayer, la vigencia de las bienaventuranzas y de todo cuanto pronunci\u00f3 en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a. A nosotros, ricos en tantos maravillosos logros del esfuerzo humano, sumergidos tambi\u00e9n en tantas angustias, violencias y decepcionantes fracasos, nos ofrece una nueva existencia, a la que cada uno de nosotros hemos de aspirar. Ah\u00ed est\u00e1 nuestra responsabilidad y el ejercicio de nuestra libertad. Nuestras acciones no s\u00f3lo tienen que ser libres, sino generadoras de libertades para nosotros y para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y seremos bienaventurados en tanto en cuanto aprendamos a caminar en esa direcci\u00f3n. Ello nos exigir\u00e1 a veces nadar contra corriente. Habr\u00e1 que hacerlo. Y lo han hecho millones de disc\u00edpulos seguidores de Jes\u00fas, que han dado la vuelta a sus vidas, situ\u00e1ndolos en la cumbre de la grandeza humana.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristianismo no es una serie de r\u00edgidas f\u00f3rmulas morales. El Nuevo Testamento, el Evangelio, el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a quiere hacernos comprender el sentido mismo de nuestra vida, que ha de entenderse desde su ra\u00edz en funci\u00f3n del amor de Dios Padre, de nosotros hacia \u00c9l como hijos, y de hermanos entre nosotros con Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl Serm\u00f3n de la monta\u00f1a \u2013dice Papini\u2013 es el t\u00edtulo m\u00e1s grande de la existencia de los hombres. De la presencia de los hombres en el infinito universo. La justificaci\u00f3n de nuestro vivir. La patente de nuestra dignidad de seres provistos de alma. La prenda de que podemos elevarnos sobre nosotros mismos y ser m\u00e1s que hombres. La promesa de esta posibilidad suprema, de esta esperanza: de nuestra ascensi\u00f3n sobre la bestia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, las bienaventuranzas desmontan los \u00eddolos, los falsos dioses, las falsas felicidades, la idolatr\u00eda del dinero, de la avaricia, del af\u00e1n de poseer, del ego\u00edsmo, de la injusticia, de la esclavitud de la carne, del orgullo, del respeto humano que impide confesar a Cristo, de la venganza. Las bienaventuranzas son locura a los ojos de cierta sabidur\u00eda humana, pero hace felices en esta vida a los que las practican; y ayudan a construir una sociedad sana y vigorosa. Porque son felices los que est\u00e1n disponibles en su alma y abiertos para caminar junto al hermano hacia Dios. Los que no viven atados y temerosos de perder sus posesiones y sus cosas. Los humildes, los sencillos, los de coraz\u00f3n bueno capaz de comprender, de amar, de perdonar, los que no se dejan llevar por la envidia ni las dobles intenciones, los que tienen hambre y sed de justicia y ponen su alma al servicio de todas las causas nobles, los que padecen persecuciones, pero saben que \u00e9stas no son la \u00faltima palabra de la vida. Las bienaventuranzas son \u201csabidur\u00eda, justicia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n\u201d, son la vida de Cristo, como dice san Pablo en la carta a los corintios. Dios se nos ofreci\u00f3 en Jesucristo humildemente y ese es el motivo de su dignidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a las lecturas del IV domingo del Tiempo Ordinario. ABC, 28 de enero de 1996. Todas nuestras expectativas giran en torno a la felicidad. Su b\u00fasqueda es el af\u00e1n supremo de la vida humana. 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