{"id":1489,"date":"2024-09-30T23:08:37","date_gmt":"2024-09-30T21:08:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1489"},"modified":"2024-09-30T23:08:38","modified_gmt":"2024-09-30T21:08:38","password":"","slug":"el-hermano-rafael-ma-arnaiz","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-hermano-rafael-ma-arnaiz\/","title":{"rendered":"El Hermano Rafael M\u00aa. Arnaiz"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Pr\u00f3logo para la biograf\u00eda del Hermano Rafael Arnaiz, redactada por don Francisco Cerro con el t\u00edtulo de \u00abSilencio en los labios, cantares en el coraz\u00f3n. Vida y espiritualidad del Hermano Rafael\u00bb, B.A.C., Madrid 2000.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el Hermano Rafael se decidi\u00f3 a dar el primer paso serio hacia la Trapa de San Isidro de Due\u00f1as, escribi\u00f3 una carta al Padre Abad, pidiendo respetuosamente le concediera una audiencia o entrevista para exponer su prop\u00f3sito y poder tomar la resoluci\u00f3n pertinente.<\/p>\n\n\n\n<p>El Padre Abad encarg\u00f3 al Padre Maestro de novicios que le contestase, y as\u00ed lo hizo \u00e9ste en carta muy amable de noviembre de 1933. Le dice, por ejemplo, \u201cno quiero dejar de advertirle que en la hospeder\u00eda no tenemos calefacci\u00f3n, y, por tanto, que ha de pasar fr\u00edo, si quiere venir enseguida, pero usted manda y usted ha de se\u00f1alar el d\u00eda de su venida y la hora, para estar sobre aviso\u201d. Y a\u00f1ade: \u201cPara todas las \u00f3rdenes se necesita una verdadera vocaci\u00f3n, pero en particular es necesaria para la Orden Cisterciense, cuyas caracter\u00edsticas son la oraci\u00f3n, el trabajo y el <em>silencio<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Unas semanas despu\u00e9s, en carta que Rafael escribi\u00f3 al Maestro de novicios, el 1 de enero de 1934, escrib\u00eda: \u201cEl Monasterio va a ser para m\u00ed dos cosas; primero, un rinc\u00f3n del mundo, donde sin trabas pueda alabar a Dios d\u00eda y noche; y segundo, un purgatorio en la tierra, donde pueda purificarme, perfeccionarme y llegar a ser santo,&#8230; quiero ser santo, delante de Dios y no de los hombres: una santidad que se desarrolle en el coro y en el trabajo, una santidad que se desarrolle en <em>el silencio<\/em>, y que s\u00f3lo Dios la sepa y ni a\u00fan yo mismo me d\u00e9 cuenta, pues entonces ya no ser\u00eda verdadera santidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Llama la atenci\u00f3n c\u00f3mo, desde el primer momento, tanto en la carta del Maestro de novicios como en la de Rafael aparece ya, como referencia fundamental para lo que va a ser su pr\u00f3xima y nueva vida, <em>el silencio<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l nunca fue un joven taciturno, que rehuyera el trato y la conversaci\u00f3n animada, incluso la alegre ingeniosidad, que despertaba la alegr\u00eda de familiares y amigos. Los que le conocieron y trataron, le buscaban despu\u00e9s atra\u00eddos por su simpat\u00eda y su locuacidad contagiosa, que para todos ten\u00eda amable respeto si eran mayores, amistad cordial con los de su edad, facilidad para la sabrosa tertulia en los ratos libres, y comunicabilidad f\u00e1cil, en una palabra, con cuantos se acercaban a \u00e9l, fuesen o no de su clase y condici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues siendo as\u00ed, desde que empieza a pensar en la Trapa empieza a pensar en el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio sobre el Hermano Rafael, que el autor de este libro ha logrado elaborar, nos da a conocer la personalidad y el proceso de su santificaci\u00f3n con un an\u00e1lisis certero de su vida y sus escritos, y poniendo de relieve su estimaci\u00f3n del silencio de la Trapa. Yo lo he experimentado y vivido. Mientras estuve en Valladolid, mi Di\u00f3cesis, pasaba el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o sumergido en ese silencio denso de la Trapa, donde vivi\u00f3 y muri\u00f3 el Hermano Rafael; y en alguna ocasi\u00f3n practicando Ejercicios Espirituales, y pude percibir qu\u00e9 grata compa\u00f1\u00eda ofrece el silencio, cuando se busca a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que la sociedad, para que merezca ese nombre, tiene que estar integrada por personas, no por cerebros electr\u00f3nicos ni por ruidosos mecanismos. Ser persona implica una interioridad, en la que el hombre descubre su propia realidad, la del otro y la del mundo que habita. No podemos perder la excelsa y exclusiva capacidad de contemplar, admirar, adorar. El autor de este libro ha sabido descubrirnos esa rica interioridad del Beato Hermano Rafael, tan rica, que necesitaba el silencio para poder desplegarse hacia el infinito de Dios, sin sufrir perturbaci\u00f3n exterior alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace ya muchos a\u00f1os, en 1973, en el V Congreso de la Asociaci\u00f3n de San Benito, Patrono de Europa, pronunci\u00e9 la conferencia de clausura: \u201cLa contemplaci\u00f3n, alma de la civilizaci\u00f3n del ma\u00f1ana\u201d. O sea, la contemplaci\u00f3n, alma ya del \u201choy\u201d. Y pienso en el Hermano Rafael, el estudiante de arquitectura, joven culto y conocedor del mundo, de alma limpia, que rechaza el ruido, que aturde, y busca el silencio en que contempla y adora.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos muchos los que nos hemos admirado y nos hemos alimentado con sus escritos, con su ejemplo, su mirada sobre el mundo, su serenidad, que a nosotros nos ha enriquecido y sosegado. Estoy convencido de que estamos necesitados de volver nuestra mirada a \u00e9l y a personas como \u00e9l. Este libro puede ayudarnos mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>La contemplaci\u00f3n, el silencio, la interioridad dan fuerza y potencia a la vida humana y aseguran su ra\u00edz y fundamento. Nuestra civilizaci\u00f3n necesita contar con hombres \u00edntegros, que nos hagan avanzar m\u00e1s y m\u00e1s en todos los \u00f3rdenes, porque todo lo que es progreso tiene que estar cimentado en la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres, al asumir la responsabilidad de orientar nuestras vidas, abrazamos con mirada inquieta nuestras posibilidades, cuya realizaci\u00f3n y logro constituyen el drama de nuestra libertad. S\u00f3lo la contemplaci\u00f3n silenciosa de Dios, oculto pero real, nos impedir\u00e1 abdicar de nuestra condici\u00f3n humana y de nuestra vocaci\u00f3n a la grandeza. Toda acci\u00f3n es un interrogante sobre nuestra propia responsabilidad. Los hombres luchan, se afanan, mueren, \u00bfpor qu\u00e9? \u00bfEn nombre de qu\u00e9 el esfuerzo, la t\u00e9cnica, el trabajo, la pol\u00edtica, el frenes\u00ed de poseer, la diversi\u00f3n, el placer? \u00bfNo es la primera ley la de defender la dignidad humana, la integridad del hombre, su felicidad eterna? \u00bfPor qu\u00e9 sus actos? \u00bfLe fundamentan, le destrozan, le realizan? La respuesta a la acci\u00f3n \u00faltima s\u00f3lo puede venir de la dimensi\u00f3n fundamental del hombre, de su estructura esencial, de su condici\u00f3n esencial de ser religado a Dios, que nos viene de \u00c9l y va a \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio del trapense, tan serio, tan nutrido de resonancias interiores, tan acompa\u00f1ado siempre del examen de s\u00ed mismo, de la oraci\u00f3n corta o larga, va clavando poco a poco al monje que lo practica en la estructura vital de la esencialidad, del desasimiento, de la estimaci\u00f3n profunda y radical de lo que verdaderamente es valioso y digno. Es un silencio, adem\u00e1s, que viene acompa\u00f1ado de muchos siglos de experiencia en esos espacios, claustros, salas, y templos que a su modo hablan tambi\u00e9n, porque por esos lugares se han movido hombres muy santos, que han sufrido y amado, que han vencido tentaciones, que se han sumergido en meditaciones siempre nuevas, aunque parezcan antiguas. Las abad\u00edas cistercienses, en las que alguna vez nos es dado entrar a nosotros para acercarnos a la vida de sus moradores, tienen el valor de una c\u00e1tedra, en que aprendemos siempre algo sin que nadie pretenda ense\u00f1arnos nada. Hablan la figura del monje que pasa, el salmo que recitan suavemente en el coro, la aguda voz del joven novicio, el gesto de humillaci\u00f3n amorosa del que permanece arrodillado junto a una columna, como si no le importase morirse en ese mismo instante para postrarse definitivamente ante su Dios amado.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el ilustre pensador Josef Pieper hay un mundo contemplativo de ver el mundo. S\u00f3lo as\u00ed se ve lo que entra\u00f1a y esconde. La contemplaci\u00f3n silenciosa implica serenidad, y la serenidad marca lo luminoso frente a lo atormentado y oscuro. La serenidad siempre est\u00e1 iluminada con la luz del esp\u00edritu. Tenemos que amar serenamente nuestra vida, y no es posible amarla de verdad sin oraci\u00f3n, sin contemplar c\u00f3mo Dios nos ama. Lo que impide que todo esto se manifieste es nuestra ceguera interior. El silencio, la contemplaci\u00f3n, la interioridad son estructura fundamental de nuestro ser, la base de nuestra trascendencia, la plataforma desde la que saltamos al conocimiento de Dios, de los hombres y del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acaba de publicar traducida la obra p\u00f3stuma de Saint-Exupery, el autor del conocido libro <em>Le petit prince<\/em>. En \u00e9sta, que ahora nos ofrece nuestro idioma Citadelle, encontramos pensamientos como estos. La soledad, que el hombre siente, es una \u201cextensi\u00f3n\u201d que hay que llenar. Porque se siente la soledad, se siente el esp\u00edritu, una presencia m\u00e1s densa. La soledad del hombre es su responsabilidad ante Dios. El mundo tiene sus sitios, su jerarqu\u00eda, su ceremonial, y esto s\u00f3lo se puede leer a trav\u00e9s del silencio. El hombre no puede encontrar a otro hombre m\u00e1s que en <em>el<\/em> <em>silencio<\/em>. Se goza en la obra de arte teniendo ambos, objeto contemplado y hombre, como medida com\u00fan, el silencio. La perfecci\u00f3n, la belleza, se logran, cuando la espontaneidad del silencio de la naturaleza y la del esp\u00edritu se encuentran y unifican en la \u201ccreaci\u00f3n\u201d. El silencio es la base natural de la extensi\u00f3n del esp\u00edritu. Es f\u00e9rtil como el grano de trigo, que se pudre en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Pobre Hermano Rafael! \u00bfPobre? Lo digo \u00fanicamente para referirme a lo mucho que tuvo que sufrir con sus enfermedades, con su anhelo de vivir abrazado a la cruz, con sus salidas de la Trapa y su retorno repetido como el del ciervo sediento que busca las aguas de la fuente, aunque no pueda beberlas para mayor sufrimiento. S\u00f3lo alg\u00fan que otro gemido se le oye en medio de su sed abrasadora. Sed de Dios, de paz, de poder vivir la vida de la Trapa amada como los dem\u00e1s. \u00c9l, que hab\u00eda renunciado a tanto para poseer tan poco. \u00bfPoco? No. Era mucho lo que intu\u00eda su alma privilegiada, cuando pensaba en una observancia fiel y amorosa de lo que en la Trapa pod\u00eda tener. Vea el lector la diferencia que hay entre lo que escribe sobre el silencio en el a\u00f1o 34, que he citado m\u00e1s arriba, y lo que escribe ahora, tres a\u00f1os m\u00e1s tarde en otra carta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY en cuanto al silencio \u00bfqu\u00e9 te dir\u00e9? Es el silencio del que ama tanto a Dios, que al pensar en \u00c9l, una de dos: o grita como un loco por plazas y calles&#8230; o se calla. Es el silencio del que tanto espera all\u00e1 en el cielo, que todo lo que sea tierra y palabras de hombres y consuelos humanos, los da de lado como in\u00fatiles&#8230; y a veces es el silencio del que tanto sufre, que por no llenar de quejas y angustias la atm\u00f3sfera, que le rodea, y entristecer a los dem\u00e1s, calla sus penas y solamente abre su boca para consolar al que llora y alegrar al triste, pero no para hablar de si mismo y de su cruz\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto ha ganado en profundidad y entrega a Dios desde que inici\u00f3 su camino!<\/p>\n\n\n\n<p>El libro que ha escrito el Dr. Francisco Cerro, va ofreci\u00e9ndonos el proceso doloroso de una vida joven y hermosa, pero humanamente destrozada por una enfermedad implacable. El Hermano Rafael era adem\u00e1s de un monje, un artista, lleno de sensibilidad, muy dotado para captar la belleza de la vida. Capt\u00f3 la suya tambi\u00e9n en medio de tantos dolores y privaciones. El autor ha sabido ofrecernos la imagen real de quien tanto supo sufrir y amar. Y nos presenta, como conclusi\u00f3n de su estudio, una s\u00edntesis de su espiritualidad, que \u00e9l llama mirada de conjunto espl\u00e9ndidamente sugeridora y rica en sus reflexiones. Invito al lector a comprobarlo por s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Obispos espa\u00f1oles<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo para la biograf\u00eda del Hermano Rafael Arnaiz, redactada por don Francisco Cerro con el t\u00edtulo de \u00abSilencio en los labios, cantares en el coraz\u00f3n. Vida y espiritualidad del Hermano Rafael\u00bb, B.A.C., Madrid 2000. 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