{"id":1487,"date":"2024-09-30T23:07:56","date_gmt":"2024-09-30T21:07:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1487"},"modified":"2024-09-30T23:07:57","modified_gmt":"2024-09-30T21:07:57","password":"","slug":"juan-pablo-ii-pregonero-de-la-verdad","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/juan-pablo-ii-pregonero-de-la-verdad\/","title":{"rendered":"Juan Pablo II, pregonero de la verdad"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Pr\u00f3logo para la obra de Eusebio Ferrer titulada \u00abJuan Pablo II, pregonero de la verdad\u00bb, 2000.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">En la cumbre<\/h2>\n\n\n\n<p>El lector no se sentir\u00e1 defraudado ante lo que este libro va a mostrarle. En sus p\u00e1ginas se percibe el calor de quien ha ido conociendo con estimaci\u00f3n profunda las diversas trayectorias de la vida de Juan Pablo II y las describe con maestr\u00eda y comprensi\u00f3n exacta.<\/p>\n\n\n\n<p>Si alguien me preguntara qui\u00e9nes son los cinco primeros Papas de la historia, dir\u00eda que no lo s\u00e9, pero no tendr\u00eda dificultad en reconocer que entre los cinco m\u00e1s extraordinarios, uno de ellos ser\u00eda Juan Pablo II, el actual Pont\u00edfice, que nos lleg\u00f3 de tierras de Polonia.<\/p>\n\n\n\n<p>Estuve en el c\u00f3nclave en que fue elegido, le vi con su rostro enrojecido y la cabeza entre las manos, cuando contest\u00f3 s\u00ed a la pregunta ritual, que le fue hecha, pidi\u00e9ndole dijera si aceptaba; presenci\u00e9 al igual que los dem\u00e1s cardenales su gesto conmovedor, cuando al recibir en la Capilla Sextina a los cardenales, que nos acercamos uno a uno a ofrecer nuestra obediencia, al darse cuenta de que el que se arrodillaba era el Cardenal Wyszynski, se levant\u00f3 de su trono y ayud\u00f3 a levantarse al que se hab\u00eda arrodillado. Ambos se fundieron en un abrazo de emoci\u00f3n, mientras las l\u00e1grimas humedec\u00edan sus rostros y nosotros aplaud\u00edamos con el dolor y el gozo, que produc\u00eda aquel encuentro solemne. Dolor tambi\u00e9n, porque sent\u00edamos como propio el sufrimiento, que hab\u00edan padecido aquellos dos gigantes del esp\u00edritu en su Polonia natal; y porque con el gozo sobrenatural ahora, no se suprimir\u00eda para el Cardenal Wojtyla la cruz que habr\u00eda de llevar al aceptar la misi\u00f3n que le era confiada. Iba a estar muy cerca de Cristo y al que se acerca al Se\u00f1or, la cruz se le hace inseparable compa\u00f1era de camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00e9l estaba acostumbrado a no rechazar las cruces que aparec\u00edan en su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Eusebio Ferrer ha sabido compaginar la amenidad con el rigor, e igualmente entrelazar el profundo conocimiento de Juan Pablo II con su azarosa vida. Con objetividad, agudeza y agilidad period\u00edstica nos ofrece el retrato del Papa del siglo XX, que m\u00e1s a\u00f1os ha ocupado la Sede de san Pedro, el que a trav\u00e9s de enc\u00edclicas, documentos, escritos, entrevistas, viajes&#8230; cumple su misi\u00f3n de Ap\u00f3stol y es fiel guardi\u00e1n de la doctrina, como tan bien define el t\u00edtulo de esta biograf\u00eda: \u201cPregonero de la Verdad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Aseguro a los lectores de este libro que no van a quedar defraudados en cuanto al deseo de conocer al Papa Wojtyla en las diversas dimensiones de su persona y existencia. Wojtyla, el ni\u00f1o peque\u00f1o y pronto hu\u00e9rfano, el joven vigoroso y lleno de \u00e9xito, el obrero de las canteras y de la f\u00e1brica Solvay, el estudiante de filolog\u00eda polaca y de filosof\u00eda en la Universidad. Una juventud atormentada por sufrimientos de \u00edndole familia y social, pero a la vez serena y confiada. Vivi\u00f3 primeramente bajo la dominaci\u00f3n alemana, expuesto a los rigores del nazismo y viendo la persecuci\u00f3n que sufr\u00edan los jud\u00edos, a los cuales quer\u00eda como si fueran hermanos mayores; y m\u00e1s tarde bajo la opresi\u00f3n del poder\u00edo sovi\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor ha captado y nos ha trasmitido la imagen del estudiante universitario, que se re\u00fane con sus condisc\u00edpulos para una actuaci\u00f3n teatral, o del obrero que trabaja en las canteras y a la vez estudia y reza, arrancando el significado de los textos, que le permitir\u00edan manejar las claves para entender la filosof\u00eda moderna, o la racionabilidad, o la teolog\u00eda dogm\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1946 es ordenado sacerdote, despu\u00e9s de realizar los estudios eclesi\u00e1sticos en r\u00e9gimen de clandestinidad. Su vida en las parroquias que regent\u00f3, llena de \u00e9xito en sus trabajos pastorales y gozosa para \u00e9l y para los fieles, que respond\u00edan entusiasmados a su penetrante acci\u00f3n apost\u00f3lica. De obispo, prudente, intr\u00e9pido, nunca acobardado, siempre justo, alimentando sin cesar el esp\u00edritu generoso de los sacerdotes y comunidades religiosas, al tiempo que daba consuelo y esperanza a las familias, que manten\u00edan sus ideales con rigor; de cardenal m\u00e1s tarde y de Papa, por \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta parte de su vida es m\u00e1s conocida por lo mucho que se ha dicho y escrito de Juan Pablo II. Adem\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n no le ha visto o escuchado a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n? Lo que quiz\u00e1s no ha sido captado suficientemente por muchos, que le admiran y quieren, es el ritmo de la armoniosa y hasta l\u00f3gica continuidad, que hay en su vida de hombre de la Iglesia, como se desprende de este libro, vivo, propio del escritor que se ha compenetrado con el tema, pero sin renunciar nunca a la respetuosa sobriedad, que merece el biografiado, sobre todo cuando se describe y se da a conocer la trayectoria \u00faltima de su vida: la de Pont\u00edfice Supremo de la Iglesia universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 al sacerdocio tras unos a\u00f1os de fuertes experiencias en el dolor y en la esperanza. Meditaba y oraba en medio de sus amistades y trabajos. Ley\u00f3 y estudi\u00f3 sin cesar durante a\u00f1os. No exist\u00eda el seminario. Cada tres seminaristas eran atendidos por un sacerdote, que trataba continuamente con ellos. En esta etapa adquiri\u00f3 fortaleza f\u00edsica y moral para resistir el acoso de todo lo que pod\u00eda desviarle del prop\u00f3sito de consagrarse al servicio de su pueblo, para ayudarle a salir de la esclavitud en que estaba sumido.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que vio con claridad que la mejor ayuda que pod\u00eda ofrecer, era la propia del sacerdote de Cristo, se entreg\u00f3 a la preparaci\u00f3n que ello exig\u00eda y, cuando lo consigui\u00f3, se volc\u00f3 en el ejercicio de su misi\u00f3n sacerdotal y m\u00e1s tarde episcopal. Esta etapa de p\u00e1rroco, de profesor, de obispo y cardenal, que culmina en su participaci\u00f3n muy notable en el concilio Vaticano II, de santidad de vida, pastor incansable, amor viviente a Cristo y a la Virgen Mar\u00eda, entusiasmo en el deber, confianza en la Gracia de Dios que asiste a los que anhelan, atenci\u00f3n al hombre concreto, al hombre de Polonia, que es su patria, al hombre de cualquier lugar del mundo, a la humanidad, porque como dir\u00eda despu\u00e9s m\u00e1s de una vez, \u201cel camino de la Iglesia pasa por el hombre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Elegido Papa, como se recoge en las p\u00e1ginas siguientes, cambia el decorado exterior, pero sigue el mismo esp\u00edritu y el mismo ritmo: fortaleza, oraci\u00f3n constante, fe y confianza en Dios, serenidad en medio de las alteraciones a que es sometido, intrepidez en el combate. S\u00f3lo que ahora la atenci\u00f3n es al mundo entero, la cruz que ha de soportar es m\u00e1s dolorosa, las visitas que hace o recibe al servicio del hombre m\u00e1s continuas, los viajes apost\u00f3licos inacabables. \u00bfA qui\u00e9n ha hecho da\u00f1o el Papa? \u00bfA qui\u00e9n no ha perdonado? \u00bfQu\u00e9 derecho de los seres humanos o de los pueblos en que habitan, no ha defendido?<\/p>\n\n\n\n<p>Le han escuchado con respeto los pol\u00edticos de la ONU, los sabios en las academias y universidades; los j\u00f3venes en Compostela, en Par\u00eds o Manila; los peregrinos de todo el mundo en Roma, y porciones muy notables del Pueblo de Dios, as\u00ed llamado en tantas y tantas naciones, cuya tierra, h\u00fameda o reseca, ha besado con amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco faltan en el libro gestos personales, que nos dan a conocer las vibraciones humanas de su coraz\u00f3n, como, por ejemplo, el encuentro con el jud\u00edo amigo de la infancia y de la juventud, a quien obsequia con un abrazo, que tambi\u00e9n \u00e9l recibe y que estremece de emoci\u00f3n a quienes lo contemplan. Eusebio Ferrer no se contenta con noticias adquiridas de sus investigaciones personales. Ha ido a Polonia y ha permanecido all\u00ed el tiempo suficiente para hablar con muchos de los que convivieron con el Papa en su juventud; o cuando su vida corri\u00f3 el peligro de la persecuci\u00f3n nazi o estalinista; ha visto su casa, en la que convivi\u00f3 con su padre hasta que \u00e9ste muri\u00f3 repentinamente; ha asimilado las impresiones que quedaron grabadas en tantas y tantas personas, a las que lleg\u00f3 el calor de su esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha publicado enc\u00edclicas varias con todo el valor que tienen como doctrina cat\u00f3lica; ha pronunciado tantos discursos y enviado tantos mensajes a tantos grupos humanos, instituciones y personas, que juntos formar\u00edan una voluminosa literatura; ha avanzado en el campo del ecumenismo, siguiendo el camino trazado por el concilio Vaticano II y por el Papa Pablo VI, logrando acercamientos que un d\u00eda dar\u00e1n su fruto. Ha cantado las alabanzas de Dios en las plazas p\u00fablicas, unido con el pueblo, y ha sufrido atentados y dificultades f\u00edsicas diversas, que le pusieron al borde de la muerte; no ha querido condenar, sino extremar la caridad, esperando que los enemigos de la Iglesia, los de dentro y los de fuera, vuelvan a la casa paterna o al hogar, que les est\u00e1 esperando sin que ellos quieran acercarse; ha aclarado siempre los puntos oscuros y que lo son, o por su propia dificultad, o porque obedecen al apasionamiento con que son presentados o defendidos por sus defensores equivocados; en suma, ha estado siempre al servicio de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 convencido, y as\u00ed lo vive, de que toda verdad, incluso parcial, si es realmente verdad, debe serlo para siempre y para todos. Su s\u00f3lida formaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica y las experiencias que ha vivido bajo reg\u00edmenes pol\u00edticos tan radicales en su negaci\u00f3n de Dios y en la destrucci\u00f3n del hombre, como magn\u00edficamente se relata en esta biograf\u00eda, han dado una reciedumbre a su pensamiento, a sus criterios, a sus actitudes y a su acci\u00f3n pastoral, que podemos aplicarle lo que afirma en su enc\u00edclica <em>Fides et ratio<\/em>: que no ha evitado la verdad, porque nuca ha temido sus exigencias. Por eso ha hecho de su pontificado una evangelizaci\u00f3n valiosa para dar sentido a la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la <em>Veritatis splendor<\/em> insiste en la necesidad urgente de construir la existencia personal o social sobre aut\u00e9nticos puntos de referencia, que nos devuelven la confianza en nuestra capacidades y en la necesidad de distinguir lo ef\u00edmero de los valores, que realmente posibilitan nuestra propia realizaci\u00f3n y felicidad. La verdad existencial expresada en la Redenci\u00f3n de Cristo nos orienta en este mundo de luces y de sombras, que siempre es nuestro caminar humano, y nos ensancha las estrecheces de la l\u00f3gica tecn\u00f3crata. La civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica no s\u00f3lo no tiene que excluir la religi\u00f3n, sino que la religi\u00f3n cristiana ser\u00e1 lo \u00fanico que har\u00e1 de esta civilizaci\u00f3n una \u201cgran civilizaci\u00f3n\u201d, o quedar\u00e1 angustiosamente prisionera de sus propias redes. Cuanto m\u00e1s se desarrolle el ser humano, m\u00e1s reconocer\u00e1 la primac\u00eda de la trascendencia, porque un humanismo sin Dios mutila al hombre y le priva de unan parte substancial de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor de este libro ha tenido el acierto, entre otros muchos, de reproducir, cuando narra los diversos viajes apost\u00f3licos del Papa, algunas de sus frases y p\u00e1rrafos completos, en los que se perciben f\u00e1cilmente pensamientos, que est\u00e1n en armon\u00eda con lo que acabo de escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Pablo II, el infatigable ecumenista, el misionero de todos los lugares de la tierra, el evangelizador, el escritor, el catequista, nos dice que si a la persona humana se le quita la verdad, porque no se proclama, o se oscurece con el libertinaje y el subjetivismo de la pasi\u00f3n, es pura ilusi\u00f3n tratar de que viva en libertad. Verdad y libertad o van juntas o juntas perecen.<\/p>\n\n\n\n<p>Un poco de reflexi\u00f3n serena nos permite \u2013nos hace\u2013 estar ya de vuelta de expresiones \u201cate\u00edsticas\u201d, que resultan trasnochadas, como que el hombre no es plenamente hombre hasta que es capaz de prescindir de Dios; de la misma manera que el ni\u00f1o no llega ser adulto hasta que es capaz de liberarse del yugo de sus padres y dispone por su cuenta de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor garant\u00eda de la libertad, dice el Cardenal Dani\u00e9lou, est\u00e1 en saber que todos los amos, que decantan los poderes humanos, no son sino criaturas que ser\u00e1n juzgadas seg\u00fan sus obras. El hecho de poder apelar a ese juicio es lo \u00fanico que garantiza la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro actual Papa siempre ha sentido sobre s\u00ed mismo la urgencia de que la Iglesia es responsable de la verdad, que salva al ser humano. Por eso, Eusebio Ferrer, con estilo conciso, lejos de cualquier ret\u00f3rica, nos muestra de un modo vivo c\u00f3mo habla, escribe, predica, viaja, visita enfermos, llama a obispos y sacerdotes, pide coherencia a los sacerdotes, exhorta a las familias y nos recuerda una y otra vez bajo expresiones diversas que somos part\u00edcipes de la misi\u00f3n de Cristo Profeta, en virtud de la cual y junto con \u00c9l, servimos bajo su luz a la verdad. Anhela que esa verdad sea cada vez cercana en toda su fuerza salvadora, en su esplendor, en su profundidad y en su sencillez asimilable. Siempre ha querido y propuesto una verdad existencial y din\u00e1mica, que comprometa toda nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos hemos olvidado de que es Cristo el que dijo de s\u00ed mismo: \u201cYo soy el Camino, la Verdad y la Vida\u201d, y as\u00ed \u201cel hombre moderno tambi\u00e9n se ha olvidado de qui\u00e9n es ante esta apostas\u00eda moral en que se encuentra\u201d, como dijo en la Universidad de Co\u00edmbra.<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento cient\u00edfico impregna cada d\u00eda m\u00e1s nuestra existencia. Pero el peligro est\u00e1 en admitir que lo que piensan y organizan los cient\u00edficos es la \u00fanica y verdadera certeza. Y no es as\u00ed. Hay muchos planos en la realidad, todos ellos correspondientes a la verdad del hombre, y en cada uno de ellos se generan y brotan determinadas certezas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya Pascal dijo admirablemente aquello de que \u201cexiste el esp\u00edritu de geometr\u00eda para conocer las cosas del cuerpo, el esp\u00edritu de delicadeza para conocer las cosas del coraz\u00f3n, y el esp\u00edritu de profec\u00eda para conocer las realidades \u00faltimas del destino humano\u201d. Con los medios de la ciencia no se llega jam\u00e1s a las certezas del coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego, la certeza sobre cuestiones esenciales de la existencia no depende de la confianza en nuestros m\u00e9todos cient\u00edficos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda absurdo pensar que todo lo que acontece a la persona humana y a su \u00e1mbito y lo mismo que exige la sociedad, se puede descubrir tras una demostraci\u00f3n matem\u00e1tica, un an\u00e1lisis de laboratorio, o una exploraci\u00f3n c\u00f3smica. Admito, en cambio, la afirmaci\u00f3n de Teilhard de Chardin, cuando escribi\u00f3 que \u201ccuanto m\u00e1s hombre llega a ser el hombre, m\u00e1s sentir\u00e1 la necesidad de adorar\u201d. El hombre del siglo XXI ser\u00e1 un adorador tanto m\u00e1s grande cuanto mayor sea su amplitud de pensamiento y cuanto m\u00e1s haya avanzado en el conocimiento de la verdad. Se est\u00e1 repitiendo \u00faltimamente la frase de Malraux de que \u201cel siglo XXI ser\u00e1 religioso o no ser\u00e1\u201d. No dice que ser\u00e1 cristiano, sino religioso, aunque se podr\u00eda a\u00f1adir que avanzar\u00e1 hacia donde m\u00e1s brille la luz de Cristo. El Papa dice que la raz\u00f3n no puede vaciar el misterio de amor, que la creaci\u00f3n, la cruz y la resurrecci\u00f3n de Cristo representan, mientras que s\u00ed puede dar raz\u00f3n a la \u00faltima respuesta que buscamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es nuestra gran tarea, como quer\u00eda san Pablo, cooperar a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, construir la verdad desde todos los campos y siempre inspirada en el amor. Porque la verdad sin amor est\u00e1 muerta y porque la verdad ni se dice, ni se hace en un espacio vac\u00edo. Esto no existe. El que habla y act\u00faa lo hace siempre hacia el otro, y por eso tiene que sentir lo que causa con lo que dice. El joven Wojtyla, obrero, estudiante, pensador, actor teatral, busc\u00f3 la Verdad y la am\u00f3 en medio del dolor. Y m\u00e1s tarde, el Papa Wojtyla, ya en la cumbre, con amor universal, a todos, a todos los hombres y mujeres del planeta fue predicando esta Verdad por todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, el libro se lee con deleite y con gozo, al encontrar en sus p\u00e1ginas la explicaci\u00f3n suave y armoniosa de lo que podr\u00edamos llamar el secreto de la fortaleza y perseverancia del Papa Wojtyla en su lucha, en todos los niveles, al servicio del Bien y de la Verdad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo para la obra de Eusebio Ferrer titulada \u00abJuan Pablo II, pregonero de la verdad\u00bb, 2000. En la cumbre El lector no se sentir\u00e1 defraudado ante lo que este libro va a mostrarle. 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