{"id":1481,"date":"2024-09-30T23:05:04","date_gmt":"2024-09-30T21:05:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1481"},"modified":"2024-09-30T23:05:06","modified_gmt":"2024-09-30T21:05:06","password":"","slug":"la-madre-dolores-domingo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-madre-dolores-domingo\/","title":{"rendered":"La Madre Dolores Domingo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Pr\u00f3logo para la obra de la H. Dolores Garc\u00eda Yag\u00fce titulada \u00abLa valent\u00eda de la fe. M. Dolores Domingo\u00bb, 1998.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no sab\u00eda que la M. Dolores era as\u00ed. Habl\u00e9 varias veces con ella con cierto detenimiento, mucho m\u00e1s con sus hijas las Misioneras, y pude conocer el esp\u00edritu que alentaba en una y en otras, al gestionar con \u00e9xito la venida de una Comunidad de la Congregaci\u00f3n a trabajar en Valladolid en unas barriadas de suburbios, conocidas con el nombre de \u201cSan Pedro Regalado\u201d y \u201cBarrio de Espa\u00f1a\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera era una barriada nueva, que fue surgiendo en los a\u00f1os 50, merced al esfuerzo de los Hombres de A.C.; y la segunda, con nombre tan resonante como inadecuado, estaba formada por unas chabolas, donde toda miseria y deshumanizaci\u00f3n ten\u00edan su asiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante diez a\u00f1os viv\u00ed intensamente todo cuanto all\u00ed se hizo para ayudar a solucionar los innumerables problemas existentes y hacer pasar de las tinieblas a la luz a hombres y mujeres, peque\u00f1os y mayores, que no hab\u00edan conocido otra cosa que la degradaci\u00f3n y la suciedad f\u00edsica y muchas veces moral, como consecuencia de su desamparo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 hac\u00edan all\u00ed las Misioneras? Muchas cosas, porque eran incansables. Hablar con todos, sonre\u00edr a todos, entrar en todos los lugares, llevando auxilios alimenticios ocultos en la capa de su h\u00e1bito, poner inyecciones, limpiar cuerpos y suelos, rezar cuando era posible, llorar tambi\u00e9n, que muchas veces las l\u00e1grimas, que se deslizan sobre un rostro demacrado y encuentran un beso de amor en el de aquel con quien se habla, son la mejor medicina para aliviar el dolor de los que sufren sin esperanza. Desde luego, todav\u00eda no se conoc\u00eda el sida, ni circulaba la droga fuera de ciertos ambientes muy reducidos. Pero hab\u00eda hambre, mucha hambre, mucho fr\u00edo en invierno, mucho calor en verano, y mucho miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>La M. Dolores hab\u00eda sabido infundir a sus hijas una gran fortaleza espiritual, una honda convicci\u00f3n de que lo que estaban llamadas a hacer ten\u00eda suma importancia en aquellos a\u00f1os. Ellas no ped\u00edan nada, no obligaban a nadie a rezar o a adoptar actitudes, que pudieran fomentar falsos sentimientos de una fingida religiosidad, para aprovecharse mejor de la previsible generosidad de las Misioneras. Por donde iban \u00e9stas, iban tambi\u00e9n el consuelo y la pacificaci\u00f3n de los esp\u00edritus.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella sonrisa incesante ven\u00eda de muy lejos. Dolores era la cuarta hija de una familia numerosa de tierras de Zaragoza, admirablemente educada, perteneciente a los cuadros de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica femenina, que no vacil\u00f3 en entregarse a Dios, viviendo la m\u00edstica del servicio a la Iglesia en medio del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que se inici\u00f3 su juventud, fue constante en el examen de su vida con el af\u00e1n de progresar m\u00e1s en la virtud y en la oblaci\u00f3n de s\u00ed misma, ejerciendo sobre otras j\u00f3venes una suave influencia espiritual, que reclamaba entrega, amor y sacrificio. Vivi\u00f3 alg\u00fan tiempo en Zaragoza, donde se hab\u00eda trasladado su familia, y goz\u00f3 de las ilusiones y alegr\u00edas que proporcionan la juventud, las honestas diversiones y el amor incipiente, que, como un brisa limpia y pura, acarici\u00f3 su frente sin llegar a abrirse camino.<\/p>\n\n\n\n<p>El ambiente era ya preocupante en el orden social. Son los a\u00f1os de la Rep\u00fablica, de un anticlericalismo feroz: Zaragoza era una ciudad muy trabajada por los grupos anarquistas; las algaradas revolucionarias eran constantes; se viv\u00eda en una tensi\u00f3n de continuas amenazas, desde que a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda sido asesinado el Cardenal Soldevila. Hasta que por fin estall\u00f3 el doloros\u00edsimo conflicto, que durante tres a\u00f1os tuvo sometida a Espa\u00f1a al dolor inenarrable de una guerra fratricida.<\/p>\n\n\n\n<p>Lolita Domingo ten\u00eda 23 a\u00f1os. Su alma viv\u00eda ya el ardor del fuego apost\u00f3lico como catequista, como joven de A.C., como enfermera en un hospital de sangre durante la guerra, como infatigable luchadora contra tantos sufrimientos, que la guerra hab\u00eda dejado tras de s\u00ed. La ciudad de Zaragoza se mantuvo durante el conflicto muy cerca de la l\u00ednea del frente; y en ella m\u00e1s que en otras se vivi\u00f3 con particular intensidad el noble af\u00e1n patri\u00f3tico y religioso, que aspiraba a lograr una Espa\u00f1a nueva, en que la paz y la justicia fuesen patrimonio com\u00fan de los espa\u00f1oles.<\/p>\n\n\n\n<p>Lolita fue una de aquellas espl\u00e9ndidas mujeres \u2013\u00a1tantas y tantas!\u2013, que orientaron su vida en esta direcci\u00f3n. Pronto lleg\u00f3 a ver con claridad que para actuar con eficacia era necesaria la uni\u00f3n de personas y medios en una especie de Fundaci\u00f3n, que permitir\u00eda trabajar a cuantos quisieran unirse para llevar el amor de Cristo a los barrios m\u00e1s pobres y humildes, con el testimonio de sus vidas consagradas y con una acci\u00f3n apost\u00f3lica bien programada, que con los hechos m\u00e1s que con las palabras hiciera sentir el abrazo de la fraternidad cristiana a quienes tanto sufr\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ella se trasladaron a Madrid un grupo muy numeroso de j\u00f3venes de Zaragoza y, tras diversas vicisitudes y superadas ciertas crisis muy dolorosas, de las que se da cuenta en este libro, surgi\u00f3 en 1944 debidamente aprobada por el Obispado de Madrid la Asociaci\u00f3n de Misioneras de Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9. La Directora General fue Dolores Domingo. Once a\u00f1os m\u00e1s tarde, lo que ahora era una P\u00eda Uni\u00f3n pas\u00f3 a ser congregaci\u00f3n religiosa de derecho diocesano, con la aprobaci\u00f3n de Roma. La M. Dolores segu\u00eda siendo Superiora General.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta fecha hasta su muerte en agosto de 1984 la vida de la M. Dolores fue un precioso canto de alabanza a Dios nuestro Padre y un abrazo constante de amor a los pobres, los pobres de los suburbios en concreto, sin miedo ninguno a la indiferencia o a la hostilidad de los ambientes. Su tesoro fue la cruz, porque tuvo que sufrir mucho siempre, de dolores f\u00edsicos y preocupaciones humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>La obra emprendida era muy dif\u00edcil. Sus religiosas eran mujeres j\u00f3venes, expuestas a toda clase de peligros, necesitadas de orientaciones claras y firmes. Los dramas humanos, que ten\u00edan que contemplar constantemente y tratar de remediar en lo posible, exig\u00edan de ellas una mezcla de intrepidez y de equilibrio solamente alcanzables mediante una espiritualidad muy fuerte y cultivada.<\/p>\n\n\n\n<p>La M. Dolores se cultiv\u00f3 a s\u00ed misma siempre con su oraci\u00f3n constante, con su confianza en Dios, con sus mortificaciones, con la consulta a sacerdotes y religiosos prudentes, con su fe y su obediencia a la Iglesia, leyendo y meditando las ense\u00f1anzas del Papa y de los obispos. Y as\u00ed cultivada, viv\u00eda entregada, adem\u00e1s de a tantos trabajos de viajes y fundaciones, a lo que su delicada conciencia le ped\u00eda para cuidar bien de sus hijas. A partir del Concilio Vaticano II brot\u00f3 incontenible en la Iglesia espa\u00f1ola un movimiento reformista muy explicable, si se quiere ser benigno; y alocado, si se atiende al misterio de lo que es la Iglesia; muy horizontalista, si se quer\u00eda ser \u201cprogre\u201d y moderno; muy lamentable, en gran parte, por las consecuencias dolorosas que produjo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Misioneras, por su juventud, por su contacto con los alejados de la Iglesia, por la tentaci\u00f3n que podr\u00eda hacerlas sucumbir a apostolados m\u00e1s radicales, estuvieron expuestas m\u00e1s que nadie a dejarse llevar por los nuevos hallazgos, aunque ellas mismas se perdieran. No fue as\u00ed. Y en t\u00e9rminos generales hemos de decir que la Congregaci\u00f3n se mantuvo con toda dignidad fiel a sus compromisos, sin que las facilidades para desviarse sumieran a sus hijas en la perplejidad y la vacilaci\u00f3n. Surgieron nuevas vocaciones y se multiplicaron las fundaciones en Espa\u00f1a, en \u00c1frica, en Am\u00e9rica. Hemos de reconocer que ello fue posible, en gran parte, gracias a la profundidad de esp\u00edritu y la capacidad de direcci\u00f3n de la M. Dolores, compatibles con su sencillez y su humilde, pero ardiente amor a Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede olvidar tampoco la atenci\u00f3n que prestaron a las Misioneras hombres ilustres de la Iglesia de Madrid, empezando por el Obispo Mons. Eijo y Garay, y sus colaboradores de Curia m\u00e1s cercanos, sobre todo de Mons. Bueno Monreal, que se prolong\u00f3 durante los a\u00f1os en que fue Cardenal Arzobispo de Sevilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed y despu\u00e9s de que en 1967 la Congregaci\u00f3n pas\u00f3 a ser de derecho pontificio, no pudo librarse totalmente de los des\u00f3rdenes de pensamiento y de actuaci\u00f3n apost\u00f3lica, como doloroso tributo que tuvo que pagar a los a\u00f1os atormentados del post-concilio. Ello hizo sufrir mucho a la M. Dolores, que, adem\u00e1s, tuvo que padecer constantemente a lo largo de su vida enfermedades f\u00edsicas, que se traduc\u00edan en insomnios y jaquecas frecuentes.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1984 lleg\u00f3 al fin la llamada de Dios. Un c\u00e1ncer implacable fue devorando su rostro y garganta en medio de atroces sufrimientos. Ella lo ofrec\u00eda todo a Dios y ped\u00eda a sus hijas que fueran fieles. En la fase \u00faltima de su enfermedad ning\u00fan d\u00eda dej\u00f3 de celebrarse la misa en la capilla de la casa, para que ella pudiera seguirla. En la tarde del 21 de agosto, hacia las 8:20, mientras se celebraba el sacrificio eucar\u00edstico, la M. Dolores con su rostro tumefacto y medio deshecho, la que tanto hab\u00eda amado y sufrido, como otro Cristo que entregaba su esp\u00edritu al Padre, dej\u00f3 de existir.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar mi reflexi\u00f3n para el pr\u00f3logo, que me ha sido pedido, vuelvo a decir: Yo no sab\u00eda que la M. Dolores era as\u00ed. Es decir, su encantadora sencillez y su humildad ocultaban las virtudes que pose\u00eda y no dejaban conocer f\u00e1cilmente el inmenso bien que hizo en su vida y la grandeza de alma, con que Dios quiso adornarla. El lector de este precioso libro, lleno de testimonios elocuentes, sencillo tambi\u00e9n, pero admirablemente escrito y ordenado, podr\u00e1 comprobarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Noviembre de 1997<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo para la obra de la H. Dolores Garc\u00eda Yag\u00fce titulada \u00abLa valent\u00eda de la fe. M. Dolores Domingo\u00bb, 1998. Yo no sab\u00eda que la M. Dolores era as\u00ed. 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