{"id":1468,"date":"2024-09-30T23:00:27","date_gmt":"2024-09-30T21:00:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1468"},"modified":"2024-09-30T23:00:28","modified_gmt":"2024-09-30T21:00:28","password":"","slug":"madre-cristina-de-arteaga","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/madre-cristina-de-arteaga\/","title":{"rendered":"Madre Cristina de Arteaga"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Pr\u00f3logo para el libro de Araceli Casans de Arteaga titulado \u00abCristina de Arteaga. Tras las huellas de san Jer\u00f3nimo\u00bb, 1986.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribo estas l\u00edneas en un antiguo y glorioso Monasterio de Jer\u00f3nimos, el de Guadalupe, regido desde 1908 por los PP. Franciscanos de la Provincia B\u00e9tica de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>El monasterio, ya restaurado, permite al visitante de hoy admirar su grandiosidad arquitect\u00f3nica, la belleza de sus claustros y jardines interiores, la armon\u00eda serena de su iglesia y sacrist\u00eda incomparable. Tras la desamortizaci\u00f3n y la consiguiente dispersi\u00f3n de los monjes, hab\u00eda quedado abandonado y sometido a la depredaci\u00f3n y la rapi\u00f1a de manos avaras e ignorantes, que, junto con la acci\u00f3n devastadora del simple paso del tiempo y los accidentes atmosf\u00e9ricos, hab\u00edan convertido el hist\u00f3rico monumento en un mont\u00f3n de ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>El Arzobispado de Toledo, v\u00edctima tambi\u00e9n del despojo decretado o favorecido por las leyes, no pudo hacer otra cosa que conservar la iglesia y los objetos de culto, junto con la estancia en que vivieron como encargados de la Parroquia diversos eclesi\u00e1sticos. Hasta que la Orden franciscana acept\u00f3 venir a vivir entre escombros, bien conscientes los frailes de que, siendo hijos de la pobreza, tendr\u00edan que ser los que all\u00ed habitasen m\u00e1s pobres todav\u00eda. \u00a1Cu\u00e1ntos y qu\u00e9 heroicos sacrificios, cu\u00e1ntos esfuerzos desinteresados y pacientes, qu\u00e9 perseverancia en las gestiones hechas llamando a todas las puertas, para impedir que nuevas ruinas cayeran sobre los restos que quedaban entre los muros enhiestos! \u00a1Cu\u00e1nto amor a la Iglesia, a la historia de Espa\u00f1a y a la cultura para lograr lo que se ha conseguido!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 mejor evocaci\u00f3n para escribir unas sencillas l\u00edneas de presentaci\u00f3n de este libro, que nos ofrece la biograf\u00eda de Sor Cristina de Arteaga, la M. Cristina?<\/p>\n\n\n\n<p>Era muy necesario, porque no podemos dejar que se olvide a esta monja jer\u00f3nima del siglo XX, de alma tan grande y generosa. La autora traza el perfil biogr\u00e1fico de la c\u00e9lebre religiosa con exactitud y abundancia de datos, para poder conocer sus itinerarios y sus empresas, sus amores y sus luchas, su entrega rendida a Dios y su servicio a la Iglesia, su capacidad ilimitada para atender a tantos requerimientos y a tantas esperanzas como fueron depositadas en ella. En un estilo depurado y sobrio se nos da a conocer, narrando unas veces y describiendo otras, el hermoso paisaje, en que se desenvolvi\u00f3 la vida de Sor Cristina. La autora dice que no trata de entrar en el an\u00e1lisis de las profundidades interiores de aquella alma excepcional. Pero, \u00bfno es cierto que la interioridad se refleja tambi\u00e9n, inevitablemente, en el comportamiento exterior y en las manifestaciones visibles de una vida, cuando a \u00e9sta la rigen la sinceridad y el amor?<\/p>\n\n\n\n<p>La M. Cristina de Arteaga dej\u00f3 su alma en sus palabras habladas y escritas, en sus manos, en sus miradas, en sus pasos, en su incesante ir y venir por tantos caminos para restaurar, purificar, elevar, crear&#8230; Lleg\u00f3 un d\u00eda en la vida de aquella universitaria, de tan ilustre apellido, para quien todo eran triunfos m\u00e1s que promesas, en que, tras una ansiosa b\u00fasqueda de Dios, que tanto la hizo sufrir tambi\u00e9n f\u00edsicamente, se decide a entrar en la Orden Jer\u00f3nima. Lo hizo, siguiendo el consejo de quien con gran autoridad pod\u00eda d\u00e1rselo; y tambi\u00e9n consciente de que junto al amor de Dios y a Jesucristo, clave \u00faltima de una vida consagrada, podr\u00edan ser satisfechos otros amores que bull\u00edan en su alma. Era una Orden de gran tradici\u00f3n espa\u00f1ola, que hab\u00eda prestado eminentes servicios a la Religi\u00f3n y a la patria; sus miembros se hab\u00edan distinguido siempre por una espiritualidad centrada en la meditaci\u00f3n de las Sagradas Escrituras y en la liturgia, por un amor grande al retiro silencioso e indispensable para la contemplaci\u00f3n, y por una atenci\u00f3n singular a las exigencias de la cultura antigua, y a la necesaria relaci\u00f3n con los nobles empe\u00f1os de la sociedad de su tiempo. En sus monasterios se cultivaron siempre las bellas artes, las humanidades y hasta la investigaci\u00f3n cient\u00edfica.<\/p>\n\n\n\n<p>No es extra\u00f1o que Sor Cristina, tan ricamente provista de los conocimientos, que sus estudios le hab\u00edan permitido alcanzar, y tan enamorada de Dios y de la Iglesia, se sintiera atra\u00edda por el ideal de vida y el amplio horizonte de posibles realizaciones, que se abr\u00eda ante sus ojos, ahora simplemente presentidos por su rica sensibilidad, apenas entr\u00f3 en el monasterio de Santa Paula de Sevilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, a\u00f1os y a\u00f1os de entrega abnegada a la Orden, de trabajos sin fin para lograr la ansiada federaci\u00f3n, de gestiones de toda \u00edndole para recuperar o reconstruir conventos, de viajes incesantes por toda Espa\u00f1a, de estrecha colaboraci\u00f3n con lo que le suger\u00edan o ped\u00edan desde la misma Santa Sede, de esfuerzos agotadores para elevar los niveles de formaci\u00f3n y desarrollo intelectual y espiritual de las monjas, y el empe\u00f1o particular\u00edsimo que puso en ayudar a la restauraci\u00f3n de la Orden Jer\u00f3nima en su rama masculina.<\/p>\n\n\n\n<p>Sor Cristina se convirti\u00f3 no s\u00f3lo en la Madre de los conventos de la Federaci\u00f3n, sino en la confidente y consejera y animadora de muchas religiosas de otras \u00f3rdenes y congregaciones religiosas, que acud\u00edan a ella seguras de encontrar luz, consuelo y orientaci\u00f3n. Oraba sin cesar, trabajaba sin descanso. Por su linaje aristocr\u00e1tico, del que nunca se envaneci\u00f3, pues era encantadoramente sencilla y accesible a todos, por sus relaciones humanas y por su cultura, se le abrieron muchas puertas, que de otro modo hubiesen permanecido cerradas, y por todas entr\u00f3 para procurar el bien de los dem\u00e1s, olvidada de s\u00ed misma, y la gloria del Se\u00f1or, como una santa Teresa del siglo XX, con quien tuvo tanto parecido.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, envejecido su cuerpo por enfermedades y dolencias, que con frecuencia ocult\u00f3, anhelaba ardientemente la paz silenciosa y los rayos de sol de su monasterio de Sevilla. No pudo lograrlo, porque de todas partes la llamaban. Y las cartas incesantes y las visitas y las consultas. Toda para todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que lleg\u00f3 el momento, en que ni siquiera pod\u00eda escribir sus versos preciosos, que brotaron siempre de su fin\u00edsima inspiraci\u00f3n po\u00e9tica, como quejidos de amor al Esposo divino unas veces, como r\u00e1fagas llenas de luz sobre la grandeza y la miseria de las criaturas en otras ocasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el ocaso. Se sent\u00eda fracasada, por no haber conseguido tanto como anhel\u00f3. Pero no hab\u00eda tal fracaso. Atr\u00e1s quedaba una vida llena de realizaciones y merecimientos, llena de Dios, a cuyo encuentro se dirig\u00eda. Ese reproche, que se hac\u00eda a s\u00ed misma, era m\u00e1s bien, aunque ella no lo advirtiera, como una m\u00edstica elevaci\u00f3n de su esp\u00edritu, muy propia de los grandes seres humanos y particularmente de muchos santos, a la hora de morir. Todo les parece poco y pobre ante la cercan\u00eda del misterio de Dios que les espera.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro se lee con verdadera fruici\u00f3n. Felicito a la autora por haberlo escrito con tanta delicadeza y dignidad, sin ditirambos encomi\u00e1sticos, simplemente con la justeza que pide la narraci\u00f3n de los hechos. Se nos da a conocer la vida de una mujer extraordinaria y una religiosa, que dio a la Iglesia santa de Dios todo cuanto pod\u00eda dar, que fue mucho. Sor Cristina supo sembrar y \u201csembrarse\u201d. Realiz\u00f3 lo que hab\u00eda cantado con su propia lira en aquellos versos, en que habla del impulso m\u00e1s \u00edntimo de su vida, versos que la juventud m\u00e1s limpia de Espa\u00f1a sab\u00eda de memoria en aquella \u00e9poca:<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero que sea triste mi palomar,<br>\u00a1palomar vac\u00edo!<br>Ha de ser un r\u00edo,<br>que al pasar, cantando, sepa fecundar<br>el huerto bald\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Brindar\u00e1 la tierra su fruto en agraz,<br>otros segadores<br>cortar\u00e1n las flores&#8230;<br>\u00a1pero habr\u00e9 cumplido mi deber de paz,<br>Mi misi\u00f3n de amores!<\/p>\n\n\n\n<p>V\u00e9alo el lector a trav\u00e9s del libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Guadalupe, octubre 1986.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo para el libro de Araceli Casans de Arteaga titulado \u00abCristina de Arteaga. Tras las huellas de san Jer\u00f3nimo\u00bb, 1986. 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