{"id":1410,"date":"2024-09-29T23:12:43","date_gmt":"2024-09-29T21:12:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1410"},"modified":"2024-09-29T23:12:43","modified_gmt":"2024-09-29T21:12:43","password":"","slug":"la-iglesia-vive-del-evangelio","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-iglesia-vive-del-evangelio\/","title":{"rendered":"La Iglesia vive del Evangelio"},"content":{"rendered":"\n<p>Pr\u00f3logo para la obra de Juan Ord\u00f3\u00f1ez M\u00e1rquez titulada \u00abEl Evangelio en la vida de la Iglesia\u00bb, Vol. I. Ciclo de Adviento y Pentecost\u00e9s, Toledo 1989.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodo lo que pid\u00e1is en mi nombre, yo lo har\u00e9\u201d (Jn 14, 13). \u201cNo me hab\u00e9is elegido vosotros a m\u00ed, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vay\u00e1is y deis fruto, y un fruto que permanezca; de modo que todo lo que pid\u00e1is al Padre en mi nombre os lo dar\u00e1&#8230; y no os digo que yo rogar\u00e9 al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque me hab\u00e9is querido a m\u00ed y hab\u00e9is cre\u00eddo que sal\u00ed de Dios. Sal\u00ed del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y voy al Padre\u201d (Jn 16, 23-26).<\/p>\n\n\n\n<p>En la Revelaci\u00f3n cristiana, en el misterio personal y mediador de Cristo y en la misi\u00f3n y el dinamismo original de su Iglesia, pocas cosas hay tan fundamentales y trascendentes como la aut\u00e9ntica oraci\u00f3n evang\u00e9lica. En la oraci\u00f3n consciente es cuando el hombre se abre humilde y receptivamente a la uni\u00f3n y al di\u00e1logo con Dios, asumiendo as\u00ed \u201cla raz\u00f3n m\u00e1s alta de su dignidad personal\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Por la experiencia de la oraci\u00f3n aut\u00e9ntica el creyente se va adentrando en el conocimiento interno de Cristo, \u201cvigorosamente fortalecido por la acci\u00f3n de su Esp\u00edritu\u201d y con una misteriosa conciencia de sentir que Cristo habita en su coraz\u00f3n (cf. Ef 3, 16-17). Nada puede existir tan esencial para alcanzar la conciencia responsable de pertenencia y comuni\u00f3n personal con la Iglesia, comunidad orante y Cuerpo M\u00edstico de Cristo, como el llegar a participar y a sintonizar coherentemente con la propia Iglesia, experimentando y actualizando permanentemente en el mundo la misteriosa mediaci\u00f3n de Cristo \u201csiempre vivo para interceder por los hombres\u201d (Hb 7, 25)<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cOrar significa entrar en el misterio de la comuni\u00f3n con Dios, que se revela al alma en la riqueza de su amor infinito; significa entrar en el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas para comprender sus sentimientos; significa tambi\u00e9n participar de alguna manera sobre esta tierra, en el misterio, la contemplaci\u00f3n transfiguradora de Dios, que se har\u00e1 visible m\u00e1s all\u00e1 del tiempo en la eternidad&#8230; En la oraci\u00f3n, el Esp\u00edritu de Dios nos conduce hacia el conocimiento de nuestra m\u00e1s profunda verdad interior y nos revela nuestra pertenencia al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Oraci\u00f3n en nombre de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p>Como actitud humana, la oraci\u00f3n tiene tambi\u00e9n sus riesgos, sus limitaciones, y sus suced\u00e1neos o caricaturas. Ni toda praxis de oraci\u00f3n es realmente oraci\u00f3n, ni toda oraci\u00f3n real es autom\u00e1ticamente oraci\u00f3n cristiana. Desde el convencionalismo irresponsable de una plegaria mec\u00e1nica o teatral de un ateo o un eg\u00f3latra, hasta la experiencia profunda de comuni\u00f3n con Cristo orante ante el Padre, que puede alcanzar quien realmente se deja \u201cconducir por el Esp\u00edritu de Cristo\u201d (cf. Rm 8, 14; 16, 26), hay toda una gama de actitudes o de irresponsabilidades humanas, tan dif\u00edciles de catalogar como las propias conciencias, intenciones o sentimientos del ser racional o irracional de los hombres. Y en cuanto a la oraci\u00f3n cristiana, tanto la experiencia como los datos objetivos de la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica avalan un doble criterio de discernimiento y valoraci\u00f3n: que no es posible la oraci\u00f3n realmente cristiana sin la garant\u00eda insustituible de Cristo Mediador entre el Padre y los hombres; y que no es posible la existencia responsable y conscientemente cristiana sin una experiencia viva y personal, siquiera sea elemental, de Cristo, que s\u00f3lo es posible por la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan la expresi\u00f3n realista y cl\u00e1sica de san Agust\u00edn, la oraci\u00f3n es cristiana, cuando es el propio Jesucristo, Hijo de Dios, \u201cel que ora por nosotros, ora en nosotros y al mismo tiempo es invocado por nosotros. Ora por nosotros como nuestro Sacerdote; ora en nosotros como Cabeza nuestra; recibe nuestra oraci\u00f3n como nuestro Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo, que es al mismo tiempo la cercan\u00eda reveladora de Dios al hombre y el mayor dato comunicativo que el Padre ha podido hacernos, es a su vez la garant\u00eda definitiva, el camino exacto y el mediador integral, que hace posible el acercamiento filial, la uni\u00f3n vital y el di\u00e1logo comunicativo del hombre con Dios, Uno y Trino. Tales son las ra\u00edces de la oraci\u00f3n cristiana en su dimensi\u00f3n ascendente y descendente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por una iniciativa de autocomunicaci\u00f3n gratuita divina, \u201ctanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea tenga vida eterna\u201d (Jn 3, 16). La autorrevelaci\u00f3n comunicativa divina llega en \u00c9l a su plenitud: \u201cEn estos \u00faltimos tiempos nos ha hablado Dios por medio del Hijo, a quien instituy\u00f3 heredero de todo\u201d (Hb 1, 2). El Enmanuel, Dios-entre-los-hombres (cf. Jn 1, 14; Mt 1, 23; Is 7, 14), \u201cque estaba con el Padre y que se nos manifest\u00f3&#8230; para que estemos en comuni\u00f3n con el Padre y con su Hijo\u201d (1Jn 1, 2-3), encarna para el hombre el designio gratuito de toda vocaci\u00f3n e identidad cristiana: el hombre \u201cpredestinado a reproducir la imagen del Hijo, para que \u00c9l sea el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u201d (Rm 8, 29). \u201cCamino, verdad y vida&#8230; nadie va al Padre sino por \u00e9l&#8230; El que le ha visto a \u00c9l, ha visto al Padre\u201d (cf. Jn 14, 6.9).<\/p>\n\n\n\n<p>La fuerza de su mediaci\u00f3n ascendente y salv\u00edfica es infalible: \u201cEl que no perdon\u00f3 a su propio Hijo, antes bien lo entreg\u00f3 por nuestros pecados, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 graciosamente con \u00c9l todas las cosas?\u201d (Rm 8, 32). Tal era la l\u00f3gica profunda y la conciencia exacta con que el propio Jes\u00fas proclamaba en el Cen\u00e1culo el testamento infalible de su Mediaci\u00f3n permanente: \u201cTodo lo que pid\u00e1is en mi nombre yo lo har\u00e9\u201d (Jn 14, 13); \u201cyo os aseguro: lo que pid\u00e1is al Padre en mi nombre, os lo dar\u00e1\u201d (Jn 16, 23).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde lo m\u00e1s entra\u00f1able de su experiencia y vida orante, Juan Pablo II ha podido formular la m\u00e1s exacta ex\u00e9gesis de esta promesa testamentaria de la oraci\u00f3n cristiana: \u201cJes\u00fas es nuestra oraci\u00f3n. Sea este el primer pensamiento de fe, cuando queremos orar. Al hacerse hombre, el Verbo de Dios ha asumido nuestra humanidad para llevarla a Dios Padre, como criatura nueva capaz de dialogar con \u00c9l, de contemplarlo, de vivir con Dios una comuni\u00f3n sobrenatural de vida por medio de la gracia. La uni\u00f3n con el Padre, que Jes\u00fas manifiesta en su oraci\u00f3n, es un signo para nosotros. Jes\u00fas nos asocia a su oraci\u00f3n. \u00c9l es el modelo fundamental y la fuente del don de la oraci\u00f3n, en la que \u00c9l como Cabeza envuelve a toda la Iglesia. Jes\u00fas contin\u00faa en nosotros el don de su oraci\u00f3n, como pidi\u00e9ndonos prestada nuestra mente, nuestro coraz\u00f3n y nuestros labios, a fin de que en el tiempo de los hombres contin\u00fae sobre la tierra la oraci\u00f3n que \u00c9l comenz\u00f3 al encarnarse y prosigue eternamente con su misma humanidad en el cielo\u201d<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, la Iglesia vive fundamentalmente de la oraci\u00f3n \u201cen nombre de Jesucristo\u201d. Ella \u201csabe que una de sus tareas fundamentales est\u00e1 en comunicar al mundo su experiencia de oraci\u00f3n&#8230; La Iglesia vive en la plegaria su vocaci\u00f3n de convertirse en gu\u00eda de cada una de las personas humanas, que ante el misterio de Dios se da cuenta de que est\u00e1 necesitada de iluminaci\u00f3n y de apoyo, descubri\u00e9ndose pobre y humilde, pero tambi\u00e9n sinceramente fascinada por el deseo de encontrarse con Dios para hablar con \u00c9l\u201d<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Oraci\u00f3n de la Iglesia por Cristo al Padre<\/h2>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n cristiana alcanza su m\u00e1xima intensidad y eficacia salv\u00edfica o santificadora en el misterio integrador del Cuerpo M\u00edstico de Cristo. Es decir, como expresi\u00f3n y dinamismo de la Vida espiritual del propio Cristo-Cabeza, comunicada, participada y desarrollada en la comuni\u00f3n de sus miembros \u201ccomo un pueblo reunido y orante en la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u201d<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la Liturgia, que, siendo al mismo tiempo acci\u00f3n cultual, pedagog\u00eda sacramental y eficacia santificadora, verifica en la Iglesia la obra de la redenci\u00f3n y \u201ccontribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida y manifiesten a los dem\u00e1s el misterio de Cristo y la naturaleza aut\u00e9ntica de la verdadera Iglesia\u201d<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la Liturgia la Iglesia, en sus comunidades orantes, en, con y por Cristo, proclama, celebra y vivifica la eficacia de los misterios de la fe, evidencia conscientemente su esperanza y actualiza la comuni\u00f3n de amor de Dios trino a participar por los hombres y entre los hombres. Por ello la Liturgia es objetivamente y ante todo la misma vida espiritual de la Iglesia de Cristo en el mundo. Con di\u00e1fana precisi\u00f3n lo expresaba as\u00ed Pablo VI: \u201cEl ritmo de la liturgia, o diversidad de per\u00edodos que se suceden en la vida espiritual de la Iglesia, nos educa para la oraci\u00f3n y para la celebraci\u00f3n de los ritos sagrados, que alimentan y expresan nuestra relaci\u00f3n religiosa con Dios y el sentido comunitario de la Iglesia misma; asocia al desarrollo de un gran designio&#8230; teol\u00f3gico y moral, que se verifica en el tiempo&#8230; y que todos los a\u00f1os vuelve a celebrar con una conciencia nueva de su original actualidad y su inagotable profundidad; nos ofrece la posibilidad de participar&#8230; en la misteriosa renovaci\u00f3n real de la historia perenne del di\u00e1logo inefable entre Dios y el mundo,&#8230; di\u00e1logo entre Cristo redentor y el hombre redimido\u201d<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que cada miembro concreto de la Iglesia, el hombre creyente en Cristo en comuni\u00f3n vital con \u00c9l, alcanza a tener capacidad personal y coherencia responsable con esta misteriosa vida espiritual de la Iglesia, va asumiendo y desarrollando vitalmente su propia identidad cristiana, su madurez sobrenatural y su capacidad testifical y evangelizadora ante el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al margen de esta \u201cparticipaci\u00f3n\u201d, ni la mera concentraci\u00f3n mental religiosa, ni la idea vaga y subjetiva sobre Dios, ni la reflexi\u00f3n personal sobre la Palabra de Dios o los textos b\u00edblicos, alcanzar\u00edan la categor\u00eda real de oraci\u00f3n cristiana; como tampoco ser\u00e1 oraci\u00f3n cristiana el mero an\u00e1lisis con finalidad mod\u00e9lica o moralizadora de un texto evang\u00e9lico, aun verificado con intenci\u00f3n sincera de perfeccionamiento personal o de \u201ccompromiso\u201d testifical. Cosas estas que frecuentemente, bajo el nombre de oraci\u00f3n mental o de meditaci\u00f3n evang\u00e9lica, se llegan a confundir con la verdadera oraci\u00f3n cristiana e incluso se las presenta como \u201cespiritualidad b\u00edblica o lit\u00fargica\u201d. Suced\u00e1neos de la oraci\u00f3n cristiana, que ya fomentaba en su tiempo el pelagianismo hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>La actitud personal y la conciencia comunitaria del hombre comienzan a tener naturaleza y dimensiones reales de oraci\u00f3n cristiana, cuando desde la conciencia humilde de la propia indigencia y de la necesidad de la gracia, el orante encarna la vivencia personal de la fe, esperanza y caridad dimanantes de la Revelaci\u00f3n y de la acci\u00f3n salv\u00edfica de Cristo. Lo que a su vez acusa una conciencia siquiera sea subyacente de la Paternidad amorosa de Dios y de la moci\u00f3n interior del Esp\u00edritu de Cristo (cf. Gal 4, 4-7; Rm 8, 9.14).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo cual ser\u00eda psicol\u00f3gicamente imposible sin una elemental conciencia personal de di\u00e1logo; y por lo mismo intransferible e insustituible desde el n\u00facleo central de la persona humana. Para que haya oraci\u00f3n realmente cristiana es imprescindible el cristiano orante; sea aqu\u00e9lla personal, comunitaria o lit\u00fargica, mental u oral, p\u00fablica o privada. Ni el m\u00e9todo, ni las formas o expresiones oracionales, ni la propia interioridad reflexiva o sentimental de un sujeto carente de conciencia dialogante y de apertura receptiva o disponible a la relaci\u00f3n interpersonal con Dios vivo, uno y trino, podr\u00e1n jam\u00e1s suplir o sustituir la naturaleza de la oraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>A esta actitud orante personal, la oraci\u00f3n lit\u00fargica a\u00f1ade la garant\u00eda profunda de la mediaci\u00f3n directa de Cristo actuando misteriosamente en su Cuerpo M\u00edstico, la Iglesia, y actualizada en, con y por los miembros \u201cque oran reunidos en Nombre de Cristo\u201d (cf. Mt 18, 20; 20, 28). Pero ser\u00eda aberrante suponer oraci\u00f3n lit\u00fargica o participaci\u00f3n personal o comunitaria en ella, si ni siquiera existe actitud personal de orante cristiano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Oraci\u00f3n personal y espiritualidad lit\u00fargica<\/h2>\n\n\n\n<p>Aunque \u201cla liturgia es la cumbre, a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo fuente de donde dimana toda su fuerza&#8230;; y de la liturgia, sobre todo de la Eucarist\u00eda, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la m\u00e1xima eficacia la santificaci\u00f3n de los hombres en Cristo y la glorificaci\u00f3n de Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>, la participaci\u00f3n en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual de la Iglesia. En efecto, el cristiano, llamado a orar en com\u00fan, debe no obstante entrar tambi\u00e9n en su cuarto para orar al Padre en secreto (cf. Mc 6, 6); m\u00e1s a\u00fan, debe orar sin tregua, seg\u00fan ense\u00f1a el Ap\u00f3stol (cf. 1Ts 5, 17). Y el mismo Ap\u00f3stol nos exhorta a llevar siempre la mortificaci\u00f3n de Jes\u00fas en nuestro cuerpo, para que tambi\u00e9n su vida se manifieste en nuestra carne mortal (cf. 2Cor 4, 10-11)<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La peculiar urgencia de esta l\u00ednea de renovaci\u00f3n integral del cristiano y de la Iglesia orantes, trazada por el Concilio Vaticano II, y que un \u201cpanliturgismo\u201d formalista o antipastoral parece haber ignorado o menospreciado en el posconcilio, est\u00e1 en el origen e intenci\u00f3n de la presente obra: <em>El Evangelio en la vida de la Iglesia. Oraci\u00f3n y vida lit\u00fargica.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No se intenta ofrecer un \u201cnuevo libro de meditaci\u00f3n\u201d seg\u00fan la terminolog\u00eda tradicional y hoy casi olvidada. Por m\u00e1s que aun eso nadie honestamente haya logrado todav\u00eda demostrar que hoy ya no es necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco se trata de suplantar de alg\u00fan modo o de suplir por el cultivo de la vida interior y la oraci\u00f3n personal la insustituible participaci\u00f3n personal y comunitaria en la vida lit\u00fargica y en la oraci\u00f3n permanente de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aun en el orden pr\u00e1ctico, tampoco cabe esperar que se recojan en sus p\u00e1ginas cada d\u00eda todos los contenidos oracionales y la colosal riqueza lit\u00fargica, b\u00edblica, sacramental y santificadora, que ofrece la espiritualidad de la Iglesia, proclamando, celebrando y desplegando en su acci\u00f3n lit\u00fargica cotidiana el misterio y la Mediaci\u00f3n santificadora de Jesucristo al alcance de los fieles. Humana y teol\u00f3gicamente ello ser\u00eda absolutamente imposible en un \u201cprontuario\u201d de vida pr\u00e1ctica de oraci\u00f3n cristiana y lit\u00fargica.<\/p>\n\n\n\n<p>Simplemente se trata de ofrecer, en sinton\u00eda con la misma vida espiritual de la Iglesia desplegada en la liturgia, un abanico de vivencias, sentimientos, verdades y urgencias evang\u00e9licas acordes con el latido profundo de la Iglesia en su celebraci\u00f3n cotidiana del inagotable tesoro del Coraz\u00f3n de Cristo (cf. Ef 3, 8), \u201cque excede todo conocimiento\u201d (Ef 3, 19).<\/p>\n\n\n\n<p>Sabido es que la oraci\u00f3n cristiana no est\u00e1 en los libros; ni siquiera en los textos oficiales de la oraci\u00f3n lit\u00fargica. La oraci\u00f3n cristiana no es posible m\u00e1s que en el coraz\u00f3n orante del cristiano. Mucho menos est\u00e1 en la metodolog\u00eda, que se insin\u00fae o se desarrolle en un prontuario o guion para la oraci\u00f3n personal o colectiva. \u201cQu\u00e9 es la oraci\u00f3n, se aprende orando. El que conoce la dicha de orar, sabe tambi\u00e9n que en esta experiencia hay algo de inefable, y que el \u00fanico modo de captar su riqueza es vivirla\u201d<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>De la misma Liturgia de la Palabra, en que cotidianamente enmarca la Iglesia su profundo encuentro personal y dialogante, contemplativo y santificador, con Cristo en su plenitud permanente de la Eucarist\u00eda, se ha elegido simplemente el tesoro central del texto evang\u00e9lico; \u201cTestimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador\u201d<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>, pero al cual \u201cdebe acompa\u00f1ar la oraci\u00f3n para que se realice el di\u00e1logo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, y a Dios escuchamos cuando leemos su palabras\u201d<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. Realmente \u201cla verdad profunda de Dios y de la salvaci\u00f3n del hombre que trasmite dicha Revelaci\u00f3n, resplandece en Cristo, Mediador y plenitud de toda la Revelaci\u00f3n\u201d<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El m\u00e9todo<\/h2>\n\n\n\n<p>Tratar de sintonizar la oraci\u00f3n personal con el profundo cristocentrismo vital, con que la Iglesia actualiza lit\u00fargica y sacramentalmente la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a> en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica de cada d\u00eda, mientras desentra\u00f1a a trav\u00e9s del A\u00f1o Lit\u00fargico los contenidos salv\u00edficos y santificadores de la Historia de la Salvaci\u00f3n, es sin duda el empe\u00f1o prioritario de una obra, que, como la presente, no intenta sino contrastar cada d\u00eda en un clima de oraci\u00f3n personal la identidad del cristiano con Cristo seg\u00fan la semblanza evang\u00e9lica y la realidad eucar\u00edstica con que a diario lo siente latir en su propio coraz\u00f3n su esposa la Iglesia. El texto evang\u00e9lico es la clave insustituible para este cometido en la liturgia cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La metodolog\u00eda exeg\u00e9tica con que esta obra trata de ayudar a saborear personalmente este encuentro evang\u00e9lico y eucar\u00edstico con Cristo vivo, es algo secundario. Pero se ha intentado que sea seriamente realista como impulso profundo para la oraci\u00f3n responsable del cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a una metodolog\u00eda psicol\u00f3gicamente utilitarista para el sociologismo activista y pastoralmente m\u00e1s propensa a fomentar unilateralmente la orto praxis en la formaci\u00f3n de la conciencia cristiana \u2013el m\u00e9todo de \u201crevisi\u00f3n de vida\u201d mediante la encuesta\u2013, el temple del verdadero creyente y su tensi\u00f3n dispositiva orante en Cristo, por Cristo y con Cristo, parece que debe situarse m\u00e1s directamente en la \u201cmetodolog\u00eda de la fe\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como lo hace casi visceralmente desde su profunda vida interior y su condici\u00f3n de intr\u00e9pido testigo del misterio de Cristo ante el hombre de nuestro tiempo, Juan Pablo II: <em>revelaci\u00f3n<\/em>&#8230;, <em>realidad<\/em>&#8230;, <em>responsabilidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El verdadero creyente, en tensi\u00f3n de di\u00e1logo receptivo ante Dios y en disponibilidad para el conocimiento experimental de Cristo y para la moci\u00f3n reveladora de su Esp\u00edritu, deber\u00e1 situarse inicialmente la revelaci\u00f3n objetiva: el designio salv\u00edfico de Dios, con sus contenidos, verdades y criterios revelados. \u00edntegramente asumidos con todo su realismo y sus dimensiones salv\u00edficas trascendentes, iniciativa divina; Cristo mismo, como garant\u00eda y clave reveladora; Iglesia, como aval de autenticidad y marco sacramental de salvaci\u00f3n. Es intencionalmente lo que, tras la lectura del texto evang\u00e9lico, aporta el primer apartado de cada meditaci\u00f3n. En \u00e9l, el relato evang\u00e9lico o las palabras de Cristo se contrastan y aclaran con los datos de la propia Escritura neotestamentaria, la Tradici\u00f3n y el Magisterio de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>En un segundo momento, y partiendo de esta actitud fundamentalmente receptiva, se afronta la realidad humana: hist\u00f3rica, cristiana o a\u00fan no cristiana; acorde o en disonancia real con el designio salv\u00edfico de Dios. De esta forma se trata de detectar y valorar el contraste objetivo entre el plan divino de la salvaci\u00f3n y la situaci\u00f3n efectiva del hombre. Del propio cristiano orante y del entorno humano en que se encuentra inmerso; y que es preciso iluminar y redimir para Cristo. Esta visi\u00f3n de la realidad no aporta simplemente \u2013como puede ocurrir en la encuesta sociol\u00f3gica o religiosa\u2013 una mera visi\u00f3n de la realidad a interpretar o a afrontar activ\u00edsticamente. Sino que aparece ya iluminada y condicionada radicalmente desde la fe: El designio divino, prevalente sobre los postulados sociol\u00f3gicos, humanistas o relativistas de los hombres; la garant\u00eda sociol\u00f3gica de Cristo, al margen de los redencionismos o los irenismos humanos; la misi\u00f3n sobrenatural de la Iglesia y del propio cristiano responsable, m\u00e1s all\u00e1 de las esperanzas inmanentes o conformistas de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es innegable que semejante posici\u00f3n, adem\u00e1s de hacer conciencia profunda de la urgencia y finalidad evang\u00e9lica de la misma oraci\u00f3n, constituye una vivencia responsable y coherente de la fe y de la propia identidad cristiana por encima de cualquier criteriolog\u00eda sociol\u00f3gica. Y es capaz de poner al creyente frente a una <em>aut\u00e9ntica responsabilidad cristiana<\/em>, abierta, o al menos indigente, ante la acci\u00f3n de la gracia, la necesidad de conversaci\u00f3n humilde y operante, y la urgencia de autenticidad testifical en la propia conducta cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>En este caso, bueno ser\u00e1 insistir en que, si bien la metodolog\u00eda ni es la oraci\u00f3n misma, ni la puede suplantar o sustituir, al menos puede provocarla, sostenerla y orientarla adecuadamente. Es lo que se intenta desde estas p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>***********<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que el presente libro del Dr. Ord\u00f3\u00f1ez, fruto de su intensa vida de oraci\u00f3n, como sacerdote de Cristo, y de sus estudios de teolog\u00eda espiritual, b\u00edblica y dogm\u00e1tica, ser\u00e1 un instrumento valios\u00edsimo para ayudar eficazmente a quienes lo utilicen, a la tarea m\u00e1s excelsa del esp\u00edritu humano: orar, hablar con Dios, adorarle, ofrecerle el obsequio de su alabanza, unirse con Cristo para conocer, amar y practicar la voluntad del Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Deseo vivamente que el libro llegue a manos de tantos y tantos hijos de la Iglesia de hoy, sacerdotes, comunidades religiosas y seglares, que quieren encontrar en la liturgia y en la palabra del Se\u00f1or, que la nutre y alimenta, la luz y el fuego que las almas orantes necesitan para contemplar y actuar.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Gaudium et spes<\/em> 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Sacrosanctum Concilium<\/em> 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Juan Pablo II, Alocuci\u00f3n del 22 de noviembre de 1984, 2-3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> San Agust\u00edn, Comentario sobre el salmo 85, 1: CCL 39,1176.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Juan Pablo II, Alocuci\u00f3n citada en la nota 5, n.4. V\u00e9ase tambi\u00e9n P\u00edo XII, <em>Mediator Dei<\/em>: AAS 39 (1947) 573.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Ib\u00edd., n. 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em> 4. Cf. San Cipriano, De oratione dominica 23: PL 4,553; San Agust\u00edn, <em>Sermones<\/em> 7, 20, 33: PL 38, 463ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> <em>Sacrosanctum Concilium<\/em> 2. Cf. P\u00edo XII, <em>Mediator Dei<\/em>: AAS 39, 530ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n general del 27 de febrero de 1974: <em>Ense\u00f1anzas al Pueblo de Dios,<\/em> Edit. Vatic. 1975, p. 31-32. Cf. Alocuci\u00f3n del 20 de julio de 1966: <em>Ecclesia<\/em> 26 (1966), n. 1, 303, p. 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> <em>Sacrosanctum Concilium<\/em> 10.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Ib\u00edd., 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Juan Pablo II, Alocuci\u00f3n citada del 22 de noviembre de 1984, 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> <em>Dei Verbum<\/em> 18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Ib\u00edd., 25. Cf. San Ambrosio, <em>De officiis ministrorum<\/em> 1, 20, 88: PL 16, 50.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Ib\u00edd., 2. Cf. Mt 11, 27; Jn 1, 14.17; 14, 6; 17, 1-3; 2Cor 3, 16; 4, 6; Ef 1, 3-14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Ib\u00edd., 21.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo para la obra de Juan Ord\u00f3\u00f1ez M\u00e1rquez titulada \u00abEl Evangelio en la vida de la Iglesia\u00bb, Vol. I. Ciclo de Adviento y Pentecost\u00e9s, Toledo 1989. \u201cTodo lo que pid\u00e1is en mi nombre, yo lo har\u00e9\u201d (Jn 14, 13). \u201cNo me hab\u00e9is elegido vosotros a m\u00ed, sino que yo os he elegido a vosotros y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[76],"doc_tag":[],"class_list":["post-1410","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-prologos-a-libros-liturgicos"],"year_month":"2026-04","word_count":3840,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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