{"id":1318,"date":"2024-09-29T19:36:25","date_gmt":"2024-09-29T17:36:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1318"},"modified":"2024-09-29T19:36:26","modified_gmt":"2024-09-29T17:36:26","password":"","slug":"santa-clara-2","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/santa-clara-2\/","title":{"rendered":"Santa Clara"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta pastoral en el VIII centenario del nacimiento de Santa Clara de As\u00eds, 8 de diciembre de 1993, publicada en BOAT, noviembre-diciembre 1993, p. 586-615. El texto que sirve de lema de la carta est\u00e1 tomado de la 3a carta de Santa Clara, n. 15.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAma totalmente a Quien totalmente se entreg\u00f3 a ti por amor\u201d<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El don de recordar a los santos<\/h3>\n\n\n\n<p>El pasado d\u00eda 11 de agosto dio comienzo una conmemoraci\u00f3n jubilar en toda la Iglesia que concluir\u00e1 el d\u00eda 5 de octubre de 1994, y a cuya alegr\u00eda tambi\u00e9n nosotros nos unimos como Iglesia particular diocesana. Efectivamente, hace ahora ocho siglos naci\u00f3 en la dulce As\u00eds, una mujer admirable, \u201cClara por su nombre y por su virtud\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre que veneramos en la Iglesia el recuerdo de un santo o de una santa, lo hacemos conmemorando su vida y su palabra junto a la vida y la Palabra de Jesucristo; por eso es una conmemoraci\u00f3n y no simplemente el recuerdo aislado de alg\u00fan personaje de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cristianos miramos a los santos, porque sus existencias son indisociables del Se\u00f1or para quien vivieron y por el que se desvivieron. Y as\u00ed lo urg\u00eda el libro de la <em>Didach\u00e9<\/em>, cuando instaba precisamente a aquellos primeros cristianos, que tan fresca ten\u00edan la memoria de Jes\u00fas y tan pr\u00f3ximos en el tiempo les estaban sus testigos oculares, a mirar cada d\u00eda el rostro de los santos y a encontrar en sus palabras el consuelo luminoso para el camino<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los santos son la verificaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la historia, del don de Dios en Jesucristo, m\u00e1s all\u00e1 de todos los diversos condicionantes coyunturales. Por eso, en cada generaci\u00f3n de la historia de la humanidad, el Esp\u00edritu de Dios suscita, elige y env\u00eda a nuevos hombres y mujeres que, siendo hijos de su tiempo lo sean tambi\u00e9n de Dios, y en ellos puedan escuchar y contemplar sus contempor\u00e1neos las maravillas de Dios como en un nuevo y permanente Pentecost\u00e9s<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los santos de cada \u00e9poca son para su mundo presente y para el venidero, una epifan\u00eda de Dios, en los cuales \u00c9l habla y act\u00faa, y cuya presencia y Palabra es preciso escuchar, acoger y vivir, porque ya no son las de los santos, sino las de Dios en ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al detener hoy nuestra atenci\u00f3n en Clara de As\u00eds, lo hacemos con todo el sentido de gratitud por la obra de Dios realizada en esta mujer, reconociendo en ella una historia de santidad ejemplar para el Pueblo de Dios, un paradigma para todos nosotros de lo que fue su fidelidad a la gracia de Jesucristo, a la Iglesia de su tiempo y al tiempo de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Clara es una <em>leyenda humana y cristiana<\/em> que es preciso recuperar para nuestro hoy, como dec\u00eda el Santo Padre en el c\u00e9lebre discurso que improvis\u00f3 a las Clarisas del Protomonasterio de As\u00eds, hace ya unos a\u00f1os, uniendo los dos nombres benditos de Clara y Francisco, que, porque sus vidas estuvieron unidas en Dios y por \u00c9l aqu\u00ed en la tierra, y en \u00c9l y por \u00c9l lo estar\u00e1n para siempre en la eternidad: \u201ces verdaderamente dif\u00edcil separar estos dos nombres, Francisco y Clara, estos dos fen\u00f3menos: Francisco y Clara, estas dos leyendas: Francisco y Clara&#8230; Es algo profundo, algo que no se entiende, sino a trav\u00e9s de los criterios de la espiritualidad franciscana, cristiana, evang\u00e9lica; algo que no puede entenderse con criterios humanos\u201d<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Conmemoramos a Clara, pues, con toda la Iglesia, tratando de escuchar lo que Dios nos ha dicho y se\u00f1alado en esta santa mujer, cuando enriqueci\u00f3 con el don de su carisma a su Pueblo Santo, al cual por gracia tambi\u00e9n nosotros hemos sido llamados a pertenecer.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dos apuntes de su historia vocacional<\/h2>\n\n\n\n<p>El primer apunte, m\u00e1s sereno y gratificante, se refiere a la infancia de Clara y a la determinante influencia que sobre ella ejercieron una familia cristiana y una madre hondamente creyente. Clara naci\u00f3 en As\u00eds, en 1194, en la casa palaciega que la noble familia de los Offreducci ten\u00eda en la plaza de San Rufino, junto a la Catedral de As\u00eds. Su infancia y primera adolescencia transcurrieron dentro de un ambiente familiar, sereno y religioso, de altos valores cristianos, que favoreci\u00f3 en Clara un crecimiento humano y creyente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que su madre Hortulana fue una mujer exquisita tanto en las obras de piedad, como en las obras de caridad. La peque\u00f1a Clara crecer\u00e1 bajo el influjo beneficioso de su madre, de la que aprender\u00e1 a tener un coraz\u00f3n magn\u00e1nimo hacia los m\u00e1s necesitados, y al mismo tiempo volcado hacia la alabanza y oraci\u00f3n a Dios: ser\u00e1 con su madre con quien comenzar\u00e1 a desgranar las primeras plegarias. Bella escuela siempre la del hogar cristiano, la de la madre cristiana, que aciertan a nutrir en todos los sentidos las vidas que han alumbrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella casa palaciega, que dar\u00e1 cuenta del estilo de su \u00e9poca condescendiendo con la cultura \u201ccort\u00e9s\u201d, ser\u00e1 una cuna sin igual donde florecer\u00e1n los mejores valores de una \u00e9poca y de un hogar: el asombro por la belleza, el encanto por la lealtad y fidelidad, la profunda religiosidad y la delicada caridad. As\u00ed nos dibuja Tom\u00e1s de Celano, su bi\u00f3grafo oficial, la ni\u00f1ez y mocedad de nuestra santa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa peque\u00f1a Clara empez\u00f3 a brillar con luminosidad muy precoz en medio de las sombras del siglo, y a ganar esplendor, durante la tierna infancia, por la rectitud de costumbres. De labios de su madre recibi\u00f3 con d\u00f3cil coraz\u00f3n los primeros conocimientos de la fe e, inspir\u00e1ndole y a la vez molde\u00e1ndole en su interior al Esp\u00edritu, aquel vaso, en verdad pur\u00edsimo, se revel\u00f3 como vaso de gracias.<\/p>\n\n\n\n<p>Alargaba placentera su mano a los pobres y de la abundancia de su casa colmaba la indigencia de muchos&#8230; De este modo, creciendo con ella desde la infancia la misericordia, manifestaba un esp\u00edritu compasivo, demostrando conmiseraci\u00f3n con las miserias de los miserables\u201d<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trataba s\u00f3lo de un natural bondadoso y predispuesto a la caridad, aprendido en aquel hogar cristiano que la viera nacer, sino que tambi\u00e9n Clara desde ni\u00f1a ir\u00e1 a la fuente primordial, Dios, y poni\u00e9ndose a la escucha de su Palabra y mirando a Quien se dio totalmente por amor, aprender\u00e1 a mirarse en \u00c9l, porque todas las opciones de Clara nacer\u00e1n del asombro contemplativo de un Dios que puesto a amar lo hizo hasta el extremo<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Clara ser\u00e1 la mayor de tres hermanas: tras ella, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, vendr\u00e1n: In\u00e9s \u2013nombre puesto por Francisco, sin que podamos saber con certeza el suyo original\u2013 y Beatriz. Ambas hermanas, al igual que la madre Hortulana, seguir\u00e1n el camino de Clara para consagrarse por entero a quien enteramente a ellas se dio, como m\u00e1s tarde escribir\u00eda Clara a otra lejana disc\u00edpula, Santa In\u00e9s de Praga:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cama totalmente a quien totalmente se entreg\u00f3 por tu amor\u201d<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo apunte en que se fija su vida, se encuadrar\u00e1 no ya en la infancia de Clara, sino en su mocedad. La joven Clara, educada delicadamente para altos ideales y con un coraz\u00f3n lleno de preguntas, saborear\u00e1 simult\u00e1neamente un doble torbellino de perplejidad: lo fr\u00e1gil de la seguridad humana al experimentar en su ciudad y en su familia el azote de la guerra, que llevar\u00e1 a los Offreducci a exiliarse temporalmente en Perusa. Y ser\u00e1 precisamente en este duro contexto, en el que conocer\u00e1 de cerca a un paisano suyo, otrora c\u00e9lebre por sus andanzas y ensue\u00f1os, Francisco de As\u00eds. Este ser\u00eda el otro torbellino no menos perplejo: ver al que antes envidiaban por su fortuna familiar y por sus desenfados en los festejos, deambular extra\u00f1amente por las calles de As\u00eds como un advenedizo mendigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Francisco pasar\u00e1 ante no pocos como un loco perturbado por sus fracasos militares, para otros ser\u00e1 un exc\u00e9ntrico que buscar\u00e1 as\u00ed una extra\u00f1a gloria que no le dieron sus proyectos caballerescos, igualmente frustrados. Pero sabemos que la originalidad del cambio de vida de Francisco tiene otra explicaci\u00f3n, cuya lectura escapar\u00e1 a la mayor\u00eda de sus conciudadanos, pero que no pasar\u00e1 inadvertida ante Clara. En efecto, ella percibe en el cambio radical del que fuera \u201crey de la juventud\u201d<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a> \u2013como gustaban llamarlo sus compa\u00f1eros de la juventud asisiana\u2013, algo que no le resultaba ni extra\u00f1o ni ajeno. Naci\u00f3 el deseo de encontrarse con este Francisco reci\u00e9n convertido.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un segundo elemento, despu\u00e9s del mencionado sobre su madre y hogar familiar, que tendr\u00e1 una decisiva influencia en el camino cristiano de Clara: su encuentro con Francisco y la amistad espiritual que Dios hace brotar entre ellos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cOy\u00f3 hablar por entonces de Francisco, cuyo nombre se iba haciendo famoso y quien, como hombre nuevo, renovaba con nuevas virtudes el camino de la perfecci\u00f3n, tan borrado en el mundo. De inmediato quiere verlo y o\u00edrlo, movida a ello por el Padre de los esp\u00edritus, de quien tanto \u00e9l como ella, aunque de diverso modo, hab\u00edan recibido los primeros impulsos\u201d<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni en el comienzo de esta santa amistad, ni en su feliz desarrollo hubo motivaciones extra\u00f1as. Era el mismo Dios, quien a trav\u00e9s de su siervo Francisco ven\u00eda a dar la respuesta colmada a las inquietudes y preguntas de la mocedad de Clara. Porque la invitaci\u00f3n persuasiva que ella recibe en los furtivos encuentros con \u00e9l, ser\u00e1 precisamente la que Dios susurraba desde hac\u00eda tiempo en el coraz\u00f3n de Clara:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl padre Francisco la exhorta al desprecio del mundo: demostr\u00e1ndole con vivas expresiones la vanidad de la esperanza y el enga\u00f1o de los atractivos del mundo, destila en su o\u00eddo la dulzura de su desposorio con Cristo persuadi\u00e9ndola a reservar la joya de su pureza virginal para aquel bienaventurado Esposo a quien el amor hizo hombre\u201d<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sorprende el realismo de la b\u00fasqueda de Clara y c\u00f3mo en el discernimiento de su vocaci\u00f3n iba hasta el hond\u00f3n de sus exigencias: no se trataba de inquietudes abstractas de impersonales valores, sino que ella buscaba un rostro y una voz a los que entregar todo su ser y su afecto, esponsalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que la talla evang\u00e9lica del <em>Poverello<\/em> Francisco ha polarizado la atenci\u00f3n de tanta gente y ha hecho que pasara inadvertida la no menor grandeza de su \u00e9mula Clara. Pero es en la armon\u00eda de ambas personas y de sus respectivos carismas como podemos comprender la incidencia hist\u00f3rica y la fecundidad espiritual, que ha tenido el franciscanismo en la historia de la Iglesia. Dos vidas que han sido unidas indisolublemente, como ha recordado \u2013con esta expresi\u00f3n fuerte e inusual\u2013 Juan Pablo II en su \u00faltima visita a As\u00eds: \u201cDos santos est\u00e1n unidos indisolublemente en el recuerdo de esta ciudad de As\u00eds: Francisco y Clara. Dos nombres, dos vocaciones que evocan los valores evang\u00e9licos de la caridad, la pobreza, la pureza, la amistad espiritual, la oraci\u00f3n y la paz\u201d<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Francisco supuso una enorme gracia de Dios en la vida de Clara, como no dejar\u00e1 ella de recordar siempre hasta el final de su vida; ser\u00e1 un reclamo a la fidelidad en esa forma de vida que Dios le manifest\u00f3 a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de San Francisco. Por esta raz\u00f3n, Clara anotar\u00e1 fielmente en su Testamento en qu\u00e9 medida ha sido Francisco para ella la gran mediaci\u00f3n vocacional de la gracia de Dios, ya que, efectivamente, los dones que ella recibi\u00f3 y los caminos por donde transcurri\u00f3 su vida, est\u00e1n vinculados a la persona de Francisco. \u00c9l es, seg\u00fan expresiones del Testamento de Clara, su plantador, su cultivador, su jardinero, su modelo, su padre, para concluir diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cnuestro santo padre Francisco, columna nuestra, nuestro \u00fanico consuelo despu\u00e9s de Dios, y el que daba firmeza a nuestra vida\u201d<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Son los \u201camigos fuertes de Dios\u201d, de los que hablaba otra mujer fiel hija de su tiempo y de su Iglesia, Santa Teresa. Este tipo de relaciones puras y profundas, lejos de cerrar el coraz\u00f3n en los l\u00edmites de una afectividad posesiva, lo dilatan hasta el mismo Coraz\u00f3n de Dios; por eso son amistades espirituales llenas de la fecundidad del Esp\u00edritu. Como podemos, igualmente, verificar en otros ejemplos similares de historias de santos y santas, son amistades que nacen en Dios, en \u00c9l crecen y maduran, por \u00c9l viven y se desviven, y en el servicio de su Reino fructifican.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando, como en nuestro caso, lo que se busca con estas amistades espirituales es hacer s\u00f3lo y siempre la voluntad de Dios, resulta que no \u00fanicamente Francisco ha sido mediaci\u00f3n del querer divino para que Clara descubriese su vocaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n a la inversa. Francisco varias veces se har\u00e1 la gran pregunta de su vida, sobre qu\u00e9 deseaba el Se\u00f1or de \u00e9l. As\u00ed, al comienzo de su andadura evang\u00e9lica:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quieres que haga?\u201d<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n a lo largo de su caminar esta pregunta saldr\u00e1 en varias ocasiones. En la primera de ellas no estaba Clara, ciertamente, para poder orar y discernir con \u00e9l, pero s\u00ed que lo estar\u00e1 en otras. Hay una en la cual se le plantea a Francisco de un modo fort\u00edsimo la duda de si dedicarse a la vida contemplativa exclusivamente o si, por el contrario, el Se\u00f1or le llamaba a la vida apost\u00f3lica. Con el delicioso lenguaje de las Florecillas \u2013entre otras fuentes antiguas franciscanas\u2013, Francisco volver\u00e1 a hacerse una pregunta que manifiesta toda la hondura y la altura creyente del <em>Poverello<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfqu\u00e9 quiere de m\u00ed mi Se\u00f1or Jesucristo?\u201d<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en esta ocasi\u00f3n no se la har\u00e1 s\u00f3lo a s\u00ed mismo, sino que alargar\u00e1 la pregunta sobre su posible vocaci\u00f3n apost\u00f3lica a hermanos llamados a una vocaci\u00f3n estrictamente contemplativa: al hermano Silvestre, a Clara y a las dem\u00e1s hermanas del monasterio de San Dami\u00e1n. Ser\u00e1 el hermano Maseo quien llevar\u00e1 a uno y a otras la cuesti\u00f3n planteada por Francisco, y ser\u00e1 tambi\u00e9n \u00e9l quien traer\u00e1 el mensaje de respuesta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTanto al hermano Silvestre, como a sor Clara y a sus hermanas ha respondido y revelado Cristo que su voluntad es que vayas por el mundo predicando, ya que no te ha elegido para ti solo, sino tambi\u00e9n para la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s\u201d<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas dos anotaciones, de la infancia una, de la mocedad otra, nos han permitido situar a nuestra santa en los pre\u00e1mbulos de su vocaci\u00f3n cristiana consagrada, en la antesala que ha enmarcado el origen de su historia de santidad: el ambiente familiar con la influencia materna, y la amistad espiritual con San Francisco. Como dice Tom\u00e1s de Celano hablando de estos primeros a\u00f1os de la santa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor el fruto se conoce el \u00e1rbol, y por el \u00e1rbol se recomienda el fruto. Tanta savia de dones divinos gestaba ya la ra\u00edz, que es natural que la ramita floreciera en abundancia de santidad\u201d<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si estos fueron los medios que Dios escogi\u00f3 y ofreci\u00f3 a esta mujer para hacerla ver su camino de salvaci\u00f3n, hemos de preguntarnos ahora c\u00f3mo fue el desarrollo de tal proyecto divino sobre ella, es decir, cu\u00e1l ha sido esta santidad que de un tal germen ha florecido en el campo de la Iglesia. Ser\u00eda ahora muy prolijo entrar en el desarrollo puntual de cuanto ha sido la respuesta de Clara a la invitaci\u00f3n de seguir a Jesucristo y conformarse con \u00c9l. No obstante, anotemos unos rasgos que nos ayuden a dibujar el perfil evang\u00e9lico y carism\u00e1tico de esta mujer santa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La divina aventura de Clara<\/h2>\n\n\n\n<p>Hay un punto de partida en su camino consagrado, marcado por el paso que la har\u00e1 esposa de Jesucristo, consagrada a \u00c9l para siempre. Se nos presenta como un verdadero \u00e9xodo de su casa paterna<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>, hacia la otra tierra que el Se\u00f1or le habr\u00eda de mostrar. Con todo el encanto agridulce de la fuga del hogar familiar \u2013que as\u00ed tuvo que hacer Clara\u2013 en la noche del Domingo de Ramos de 1212 y, junto a una discreta compa\u00f1\u00eda que no especifican las fuentes, dio comienzo el misterio de una divina aventura que no terminar\u00e1 jam\u00e1s. La iglesita de la Porci\u00fancula, situada en el valle a los pies de la ciudad de As\u00eds, lugar donde Francisco descubriera tambi\u00e9n su vocaci\u00f3n evang\u00e9lica<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>, ser\u00e1 el marco donde Clara se desposar\u00e1 con Jesucristo. El bi\u00f3grafo anota c\u00f3mo ese lugar dedicado a Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles, ser\u00e1 el seno materno donde ser\u00e1n alumbradas las vocaciones de Clara y Francisco y sus respectivas \u00d3rdenes:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAbandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corri\u00f3 a Santa Mar\u00eda de Porci\u00fancula, donde los frailes, que ante el peque\u00f1o altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara&#8230; Este es el mismo lugar, en el que la milicia de los pobres, bajo la gu\u00eda de Francisco, daba sus felices primeros pasos; de este modo quedaba bien de manifiesto que era la madre de la misericordia la que en su morada daba a luz ambas \u00f3rdenes. En cuanto hubo recibido, al pie del altar de la bienaventurada Virgen Mar\u00eda, la ense\u00f1a de la santa penitencia, y cual si ante el lecho nupcial de esta Virgen la humilde sierva se hubiera desposado con Cristo, inmediatamente San Francisco la traslad\u00f3 a la iglesia de San Pablo, para que en aquel lugar permaneciera hasta tanto que el Alt\u00edsimo dispusiera otra cosa\u201d<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En Clara se realiza sobradamente esa disposici\u00f3n propia de los grandes creyentes que se han dejado fascinar, seducir y conducir por Dios, sabiendo, pues, lo que deja atr\u00e1s, pero desconociendo en gran medida lo que queda por delante, se f\u00eda del Se\u00f1or y de su hermano Francisco y se lanza a recorrer un camino s\u00f3lo descrito en las manos de Dios, y que \u00c9l ir\u00e1 poco a poco desvelando.<\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, Clara estaba abierta a cuanto Dios fuera indicando. No hab\u00eda nada prefijado, sino s\u00f3lo el buscar y realizar apasionadamente su voluntad divina. Y no fue f\u00e1cil encontrar su lugar en la Iglesia: primero, entre las benedictinas de San Paolo delle Abadesse, cerca de As\u00eds; luego, entre las <em>mulieres reclusae<\/em> de Sant\u2019Angelo di Panzo, en la falda del monte Subasio; y finalmente, en San Dami\u00e1n, la iglesia que Francisco reparase y en la que profetiz\u00f3 sobre las hermanas much\u00edsimo antes de que vinieran a esta forma de vida, como la misma Clara recordar\u00e1 en su Testamento:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCuando el santo no ten\u00eda a\u00fan hermanos ni compa\u00f1eros, casi inmediatamente despu\u00e9s de su conversi\u00f3n, y mientras edificaba la iglesita de San Dami\u00e1n&#8230; inundado de gran gozo e iluminado por el Esp\u00edritu Santo, profetiz\u00f3 acerca de nosotras lo que luego cumpli\u00f3 el Se\u00f1or. Puesto que, encaram\u00e1ndose sobre el muro de dicha iglesia, dec\u00eda en franc\u00e9s y en alta voz a algunos pobres que viv\u00edan en las proximidades: &#8216;venid y ayudadme en la obra del monasterio de San Dami\u00e1n, pues con el tiempo morar\u00e1n en \u00e9l unas se\u00f1oras, con cuya famosa y santa vida religiosa ser\u00e1 glorificado nuestro Padre celestial en toda su santa Iglesia&#8217;\u201d<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este texto de la santa est\u00e1 bien expresado todo el proceso de su b\u00fasqueda vocacional y de la respuesta que Dios le dio puntualmente: Francisco como portavoz prof\u00e9tico del hablar de Dios; el monasterio de San Dami\u00e1n como espacio de un camino de santidad apenas estrenado; una vida religiosa santa y notoria como beneficio a quienes quieren ver y escuchar su testimonio; y finalmente, la gloria de Dios en la Iglesia toda, como objetivo \u00faltimo de la santidad de Clara y sus hermanas.<\/p>\n\n\n\n<p>El discernimiento sobre su lugar en la Iglesia se har\u00e1 con serenidad paciente, con afecto indudable y con una adhesi\u00f3n inequ\u00edvoca y fiel. Ni ella ni Francisco eran ignorantes de c\u00f3mo tantos contempor\u00e1neos suyos, con similares ideales y semejantes deseos de renovaci\u00f3n, acabaron tristemente engrosando los movimientos her\u00e9ticos por su impaciencia, su desafecto y distanciamiento respecto de la \u00fanica Iglesia, que siempre ser\u00e1 santa y pecadora.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta \u00fanica Iglesia, Clara buscar\u00e1 su sitio, el que el Esp\u00edritu le hab\u00eda asignado. Aunque no coincid\u00eda con ninguno de los caminos ya existentes (ni dentro ni fuera del monacato), no dej\u00f3 de buscar el qu\u00e9 y el d\u00f3nde de la voluntad de Dios sobre ella. Y ser\u00e1 San Dami\u00e1n el lugar de su camino evang\u00e9lico, que ella no escoger\u00e1 contra nada ni contra nadie, sino que lo abrazar\u00e1 agradecidamente, reconociendo que all\u00ed el Se\u00f1or cumpl\u00eda lo que en Francisco \u00c9l mismo profetiz\u00f3<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que Dios no se repite nunca, y cuando llama a sus hijos para que participen en su obra creadora, con la vocaci\u00f3n les entrega tambi\u00e9n la misi\u00f3n. Ning\u00fan carisma es in\u00fatil ni superfluo, y cada uno a su manera contribuye a enriquecer la Iglesia, Cuerpo de Cristo<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>. Ning\u00fan carisma y ninguna instituci\u00f3n, por excelentes que sean, pueden pretender agotar en s\u00ed mismos la riqueza insondable de la sabidur\u00eda de Dios<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>. Por esta raz\u00f3n afirmaba solemnemente el Concilio Vaticano II que los diferentes carismas de la vida religiosa son un rasgo del rostro del Se\u00f1or, que cuando se viven de un modo armonioso y complementario, se ofrece al mundo la manifestaci\u00f3n del \u00fanico Cristo: \u201cLos religiosos cuiden con atenta solicitud de que por su medio la Iglesia muestre mucho mejor cada d\u00eda ante fieles e infieles, a Cristo, ya entregado a la contemplaci\u00f3n en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los ni\u00f1os y haciendo el bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que le envi\u00f3\u201d<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco Santa Clara pretendi\u00f3 asumir en s\u00ed misma toda esta manifestaci\u00f3n carism\u00e1tica del \u00fanico Jesucristo, que estaba reservada a la Iglesia en su entera unidad. Ella, como parte del Pueblo de Dios, aport\u00f3 su nota personal para que fuese la Iglesia la que la mostrase al Se\u00f1or a todos los hombres. \u00bfCu\u00e1l es esa nota personal de Clara? \u00bfCu\u00e1l ha sido su aportaci\u00f3n carism\u00e1tica? Responder a esta pregunta es explicitar cu\u00e1l es el don de Santa Clara para la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque es muy importante situar en su justo t\u00e9rmino lo que, en definitiva, recordamos y conmemoramos en Clara de As\u00eds, vamos a concretar en tres puntos la gracia de su vida evang\u00e9lica: la vida contemplativa, su pobreza y minoridad, la relaci\u00f3n fraterna.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00f3gicamente, no estaba fundada una Orden religiosa que reuniera tales caracter\u00edsticas, y no fue simple ni r\u00e1pido engendrar la nueva familia religiosa, pero Clara acert\u00f3 a caminar en obediencia a Dios, a la Iglesia y a su propia conciencia, dando as\u00ed lugar a que emergiera poco a poco lo que el Se\u00f1or quer\u00eda de ella y de sus hermanas. Y esto no s\u00f3lo para ellas mismas, sino para todo el Pueblo de Dios, en el que sin duda reverter\u00eda el nuevo carisma fundacional. Presentemos, pues, en tres trazos esenciales cuanto Dios nos dio en Santa Clara, para hacer una justa memoria de su vida.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Contemplativa de un Dios Esposo<\/h3>\n\n\n\n<p>Lo primero que destaca en la vida y el carisma de Clara es su apasionada b\u00fasqueda de Dios, su entrega al Se\u00f1or sumamente amado, la llamada fuerte a escoger la mejor parte y lo \u00fanico necesario<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>, permaneciendo en la escucha constante de su Palabra y en la adoraci\u00f3n continua de su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella ha vivido esa contemplaci\u00f3n que tan hermosamente defini\u00f3 Pablo VI en un c\u00e9lebre discurso: \u201cel esfuerzo por fijar en Dios la mirada y el coraz\u00f3n\u201d<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>. Esfuerzo que, obviamente, es tambi\u00e9n regalo del Se\u00f1or, porque \u201ces radicalmente una realidad de gracia, vivida por el creyente como un don de Dios, que le hace capaz de conocer al Padre en el misterio de la comuni\u00f3n trinitaria, y de poder gustar las profundidades de Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La contemplaci\u00f3n clariana pretende llegar a lo que todo verdadero amor desea: a la transformaci\u00f3n, a la uni\u00f3n \u00edntima y total, como todos los m\u00edsticos han cantado. As\u00ed, Clara explica en una carta a Santa In\u00e9s de Praga el proceso contemplativo de su experiencia personal:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cFija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma en el esplendor de la gloria, fija tu coraz\u00f3n en la figura de la divina substancia, y transf\u00f3rmate toda entera, por la contemplaci\u00f3n, en imagen de su divinidad\u201d<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este texto admirable y denso, Clara pone la contemplaci\u00f3n como un camino que conduce a esa transformaci\u00f3n total de toda la persona, hasta llegar a ser un icono, una imagen del mismo Dios. Este proceso contemplativo y transformante recuerda una importante tr\u00edada, con la que la espiritualidad b\u00edblica se\u00f1ala la relaci\u00f3n amorosa del creyente con Dios:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEscucha, Israel, Yahveh nuestro Dios es el \u00fanico Yahveh, amar\u00e1s a Yahveh tu Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda tu alma, con toda tu fuerza\u201d<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la seducci\u00f3n de un Dios que lleva al reposo contemplativo para hablar palabras al coraz\u00f3n con fidelidad de Esposo<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a>. Por esta raz\u00f3n toda la persona de Clara (mente-coraz\u00f3n-alma) ha quedado en Dios y para Dios. Esta es la raz\u00f3n de la clausura clariana \u2013y de toda la aut\u00e9ntica clausura mon\u00e1stica\u2013: no una ausencia vac\u00eda, sino una presencia sobreabundante y abrazadora. La clausura de Clara s\u00f3lo puede explicarse desde la experiencia que motiv\u00f3 en ella el escogerla libremente, como dice el 2\u00ba proemio de su propia Regla<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a>: la experiencia esponsal de quien tan intensamente se sent\u00eda llamada a la escucha de la voz de Dios y a la adoraci\u00f3n de su presencia, har\u00e1 que se reserve s\u00f3lo para \u00c9l como \u201chuerto cerrado y fuente sellada\u201d<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a>, sin que esto suponga desd\u00e9n hacia nada ni desprecio de nadie<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a>. Es la vocaci\u00f3n especial y personal de Cristo que llama a algunos: \u201cvenid, tambi\u00e9n vosotros aparte a un lugar solitario\u201d<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>. Para facilitar este encuentro profundo con Dios Esposo, en escucha y adoraci\u00f3n, para esto escogi\u00f3 Clara la clausura, para entrar en el misterio de la \u201cbodega escondida\u201d<a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a>, como escrib\u00eda a Santa In\u00e9s de Praga:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSuspirando por un vehemente deseo del coraz\u00f3n y por amor, proclama: \u00a1Atr\u00e1eme! \u00a1Correremos a tu zaga al olor de tus perfumes, oh Esposo celestial! Correr\u00e9 y no desfallecer\u00e9, hasta que me introduzcas en la bodega, hasta que tu izquierda est\u00e9 bajo mi cabeza y tu derecha me abrace deliciosamente, y me beses con el \u00f3sculo felic\u00edsimo de tu boca\u201d<a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia contemplativa de Clara, verdadero coraz\u00f3n de su carisma en la Iglesia y en la familia franciscana, la sit\u00faa entre las mujeres que se han destacado por su hondura m\u00edstica, aunque ella no nos haya dejado tratados ni demasiados escritos, en los que haya expuesto abundantemente su camino. De todas formas, vale la pena descubrir la hondura y la belleza de sus cuatro cartas a In\u00e9s de Praga, donde sobresale la estela de su camino contemplativo y esponsal en la l\u00ednea de los mejores autores m\u00edsticos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed lo ha dicho el Santo Padre recientemente a prop\u00f3sito de los escritos de Clara, \u00e9stos \u201cest\u00e1n marcados de tal forma por el amor suscitado en ella por la mirada ardiente y prolongada sobre Cristo Se\u00f1or, que no resulta f\u00e1cil repetir lo que solamente un coraz\u00f3n de mujer ha podido experimentar\u201d<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Seguidora de Jesucristo, pobre y crucificado<\/h3>\n\n\n\n<p>Santa Clara no se queda en la contemplaci\u00f3n est\u00e9tica de un Dios irreal. Ella aprendi\u00f3 de Francisco a contemplar a Dios con la seriedad y el realismo, con que \u00c9l se revel\u00f3 y encarn\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cpor amor de aquel Se\u00f1or que fue pobre recostado en el pesebre, pobre vivi\u00f3 en el mundo y desnudo permaneci\u00f3 en el pat\u00edbulo\u201d<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La contemplaci\u00f3n esponsal de Clara no se queda en un pietismo pasivo y pat\u00e9tico de Dios, sino que la lleva a querer identificarse hasta el abrazo unitivo con su Se\u00f1or, en la pobreza y <em>k\u00e9nosis<\/em>, que en \u00c9l ha descubierto; en una de las cartas a In\u00e9s de Praga, desarrolla una especie de \u201citinerarium mentis in Deum\u201d, en el que Clara describe este proceso de identificaci\u00f3n con Cristo pobre: observa, considera, contempla, abr\u00e1zate a \u00c9l:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAbraza como virgen pobre a Cristo pobre. M\u00edralo hecho despreciable por ti, y s\u00edguelo, hecha t\u00fa despreciable por \u00c9l en este mundo. Oh reina nobil\u00edsima, observa, considera, contempla, con anhelo de imitarle a tu Esposo, el m\u00e1s bello entre los hijos de los hombres, hecho por tu salvaci\u00f3n el m\u00e1s vil de los varones: despreciado, golpeado, y azotado de mil formas en todo su cuerpo, muriendo en las atroces angustias de la cruz\u201d<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la contemplaci\u00f3n clariana del anonadamiento de Jesucristo no es una contemplaci\u00f3n triste o pesimista, como si se aficionara s\u00f3lo al rostro doliente de Dios. Clara, m\u00e1s bien, ha entrado en esa paradoja del cristianismo que afirma que para tener hay que perder, para vivir hay que morir<a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a>, lo cual s\u00f3lo lo entiende quien alguna vez lo ha vivido. Y como sucede en la vida cristiana, cuando se identifica una persona as\u00ed con la pobreza y la muerte del Se\u00f1or, no es que se quede en la desnudez m\u00e1s atroz y en la tristeza m\u00e1s desamparada, sino que entra en la gloria, en la pascua, en la verdadera alegr\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPorque, si sufres con \u00c9l, reinar\u00e1s con \u00c9l; si con \u00c9l lloras, con \u00c9l gozar\u00e1s; si mueres con \u00c9l en la cruz de la tribulaci\u00f3n, poseer\u00e1s las moradas eternas en el esplendor de los santos, y tu nombre, inscrito en el libro de la vida, ser\u00e1 glorioso entre los hombres\u201d<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Una alegr\u00eda honda que bebe de la promesa que hizo Jes\u00fas a sus seguidores: nada ni nadie nos la podr\u00e1 quitar<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>. Alegr\u00eda y pobreza, binomio comprensible s\u00f3lo por quienes, como Clara, han puesto en Dios su suficiencia y su esperanza. La verdadera alegr\u00eda que llena el coraz\u00f3n de optimismo franciscano, sin ninguna dureza ni resentimiento, hasta el punto de poder terminar la existencia terrena como Clara y francisco, cantando al Dios de una creaci\u00f3n bella y bondadosa. Clara, agradeciendo a Dios el don de su misma vida, en aquel impresionante soliloquio \u00faltimo con su alma:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVe segura \u2013le dice\u2013, porque llevas buena escolta para el viaje. Ve \u2013a\u00f1ade\u2013, porque aquel que te cre\u00f3, te santific\u00f3; y guard\u00e1ndote siempre, como la madre al hijo, te ha amado con amor tierno. T\u00fa, Se\u00f1or \u2013prosigue\u2013, seas bendito porque me creaste\u201d<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto es as\u00ed en Santa Clara que, cuando sus hijas caminan por los caminos en los que anduvo el Se\u00f1or pobre y crucificado, se llena de alegr\u00eda e incluso se siente apoyada \u2013\u201csuplida\u201d dice ella\u2013 por la fidelidad de las hermanas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cRespiro con tanta alegr\u00eda en el Se\u00f1or al saber y creer que, con la imitaci\u00f3n de los vestigios de Jesucristo pobre y humilde, suples t\u00fa maravillosamente mis deficiencias y las de mis hermanas\u201d<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo de Clara, la pobreza se hab\u00eda convertido en toque de reformas y en ense\u00f1a de revoluciones, hasta el punto de dar nombre a todo un movimiento sociocultural y religioso: el movimiento pauper\u00edstico. Aunque es verdad que tanto Clara como Francisco son, en este sentido, hijos de su \u00e9poca, y por lo tanto convergen en esta sensibilidad hacia la pobreza, sus motivaciones no nacen y menos aun se agotan en tal corriente.<\/p>\n\n\n\n<p>Es algo que con frecuencia ha sucedido en la historia de la Iglesia \u2013sin excluir la que nosotros estamos protagonizando\u2013: los cristianos podemos coincidir en los as\u00ed dichos \u201cvalores\u201d que identifican y marcan la sensibilidad sociocultural de una \u00e9poca. No obstante, nuestra raz\u00f3n de ser, de estar y de sentir, no proviene de lo que indica una moda o de lo que se\u00f1alan unas estad\u00edsticas, sino m\u00e1s bien provienen de la adhesi\u00f3n total e inequ\u00edvoca a Jesucristo, <em>Redentor del hombre<\/em>, en comuni\u00f3n con su Iglesia, experta en humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En la \u00e9poca de Clara y Francisco, no pocos grupos enclavados en el movimiento pauperista, hicieron de la pobreza un fin, y surgi\u00f3 un pauperismo duro, intolerante, juzgador y violento, que dio como resultado no s\u00f3lo la ruptura con la Iglesia, sino la desatenci\u00f3n a los pobres, los pobres de siempre. Por eso Clara y Francisco tienen s\u00f3lo una raz\u00f3n para amar la pobreza: el haberla visto amada por Jes\u00fas y por su Madre bendita. Ser\u00e1 el seguimiento y la imitaci\u00f3n (los dos grandes temas de la renovaci\u00f3n aut\u00e9ntica en la historia de la vida religiosa) de Cristo y de Mar\u00eda, los que muevan a nuestros dos santos a hacerse pobres ellos tambi\u00e9n. As\u00ed ensalzaba Clara la pobreza en su primera carta a In\u00e9s de Praga, que llega a decir que la pobreza de este modo elegida hac\u00eda a quien la abrazaba, hermana, esposa y madre, tanto de Cristo como de su Madre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Oh pobreza bienaventurada, que da riquezas eternas a quienes la aman y abrazan! \u00a1Oh pobreza santa, por la cual, a quienes la poseen y desean, Dios les promete el reino de los cielos, y sin duda alguna les ofrece la gloria eterna y la vida bienaventurada! \u00a1Oh piadosa pobreza, a la que se dign\u00f3 abrazar con predilecci\u00f3n el Se\u00f1or Jesucristo! Pues si un Se\u00f1or tan grande y de tal calidad, encarn\u00e1ndose en el seno de la Virgen, quiso aparecer en este mundo como un hombre despreciado, necesitado y pobre, para que los hombres, pobr\u00edsimos e indigentes, con gran necesidad del alimento celeste, se hicieran en \u00c9l ricos por la posesi\u00f3n del reino de los cielos, alegraos vos y saltad de j\u00fabilo, colmada de alegr\u00eda espiritual y de inmenso gozo, pues vos, al preferir el desprecio del siglo a los honores, la pobreza a las riquezas temporales, y guardar cuidadosamente los tesoros en el cielo y no en la tierra, all\u00ed d\u00f3nde ni la herrumbre los corroe, ni los come la polilla, ni los ladrones los descubren y roban, os hab\u00e9is asegurado una recompensa copios\u00edsima en los cielos, y hab\u00e9is merecido dignamente ser hermana, esposa y madre del Hijo del Alt\u00edsimo Padre y de la Virgen gloriosa\u201d<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La firmeza con que Clara quiere colocarse y permanecer en ese espacio de pobreza propio de los peque\u00f1os y menores, la llevar\u00e1 a pedir a la Sede Apost\u00f3lica un ins\u00f3lito privilegio \u2013el primero que se ha pedido en esos t\u00e9rminos, y acaso el \u00faltimo tambi\u00e9n\u2013: el privilegio de no tener nada, el privilegio de que nada ni nadie pueda separarla ni a ella ni a sus hermanas del abrazo con Cristo pobre. Se trata del c\u00e9lebre <em>Privilegium paupertatis<\/em>, que obtendr\u00e1 de Inocencio III en 1216, y que har\u00e1 renovar por Gregorio IX en 1228<a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Clara est\u00e1 ante algo que sabe que Dios lo pide, no ceder\u00e1 delante de nadie, y no por fijaci\u00f3n terca, sino por fidelidad a Dios, a quien hay que obedecer antes que a los hombres, cuando entre ambos se da un eventual conflicto<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>. Por eso es hermoso el relato de la Leyenda de Santa Clara, cuando narra el c\u00e9lebre encuentro con el Papa Gregorio IX, y c\u00f3mo ella, con un sumo respeto hacia la persona del Santo Padre, afirma su resoluci\u00f3n de seguir pobre a Cristo pobre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl se\u00f1or papa Gregorio, de feliz recuerdo, hombre tan digno de veneraci\u00f3n por sus m\u00e9ritos personales como dign\u00edsimo por la Sede Apost\u00f3lica que ocupaba, amaba muy particularmente, con paternal afecto, a nuestra santa. Mas, al intentar convencerla a que se aviniese a tener algunas posesiones, que \u00e9l mismo le ofrec\u00eda con liberalidad en previsi\u00f3n de eventuales circunstancias y de los peligros de los tiempos, Clara se le resisti\u00f3 con \u00e1nimo esforzad\u00edsimo y de ning\u00fan modo accedi\u00f3. Y cuando el Pont\u00edfice le responde: \u2018Si temes por el voto, Nos te desligamos del voto\u2019, le dice ella: \u2018Sant\u00edsimo Padre, a ning\u00fan precio deseo ser dispensada del seguimiento indeclinable de Cristo\u2019\u201d<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La pobreza de Clara ser\u00e1, pues, una pobreza cristiana, evang\u00e9lica, que no pretende dar lecciones a nadie, ni acusar a ninguno, ni caer en la denuncia f\u00e1cil de la Iglesia (actitudes tan frecuentes en otros modelos pauper\u00edsticos de su \u00e9poca). Ella entendi\u00f3 de Francisco que la pobreza cristiana era seguimiento e imitaci\u00f3n de Cristo pobre, y en ese espacio permaneci\u00f3 hasta el final, por fidelidad a Dios y a Francisco:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo, el hermano Francisco, peque\u00f1uelo, quiero seguir la vida y la pobreza de nuestro alt\u00edsimo Se\u00f1or Jesucristo y de su sant\u00edsima Madre y perseverar en ella hasta el fin; y os ruego, mis se\u00f1oras, y os aconsejo que viv\u00e1is siempre en esta sant\u00edsima vida y pobreza. Y estad muy alerta para que ninguna manera os apart\u00e9is jam\u00e1s de ella por la ense\u00f1anza o consejo de quien sea\u201d<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Madre y hermana de multitud<\/h3>\n\n\n\n<p>Ni la contemplaci\u00f3n claustral, ni la pobreza minor\u00edtica hicieron de Clara una mujer aislada y extra\u00f1a a los gozos y fatigas de los dem\u00e1s, del mundo, de la Iglesia. As\u00ed lo dice con gran belleza literaria el Papa Alejandro VI en la bula de canonizaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta luz permanec\u00eda cerrada en lo secreto de la clausura, pero lanzaba al exterior rayos que rebrillaban; se reclu\u00eda en el estrecho cenobio, pero destellaba en el \u00e1mbito del mundo; se conten\u00eda dentro, pero saltaba fuera, porque Clara moraba oculta, pero su conducta resultaba notoria; viv\u00eda Clara en el silencio, pero su fama era un clamor; se recataba en su celda, pero su nombre y su vida eran p\u00fablicos en las ciudades\u201d<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Su opci\u00f3n contemplativa en clausura no significar\u00e1 huida ni inhibici\u00f3n de su mundo o de su Iglesia. Jam\u00e1s un contemplativo que verdaderamente quiera saciarse del rostro de Dios al despertar<a href=\"#sdfootnote51sym\" id=\"sdfootnote51anc\"><sup>51<\/sup><\/a>, podr\u00e1 ignorar a los hermanos en todo el espesor de su existencia. Parafraseando a San Juan, quien dice que quien contempla a Dios y su luz, pero no abre sus ojos al hermano, es un mentiroso y permanece en la oscuridad<a href=\"#sdfootnote52sym\" id=\"sdfootnote52anc\"><sup>52<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, \u201cClara y las hermanas ten\u00edan un coraz\u00f3n grande como el mundo: como contemplativas interced\u00edan por toda la humanidad. Como almas sensibles ante los problemas cotidianos de cada uno, sab\u00edan hacerse cargo de todas las penas; no exist\u00eda preocupaci\u00f3n ajena, sufrimiento, angustia, desesperaci\u00f3n que no encontrase eco en su coraz\u00f3n de mujeres orantes\u201d<a href=\"#sdfootnote53sym\" id=\"sdfootnote53anc\"><sup>53<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Leyenda de Clara presenta diversos testimonios de c\u00f3mo el monasterio de San Dami\u00e1n era no s\u00f3lo el espacio contemplativo de las hermanas, sino tambi\u00e9n el lugar donde la luz y el calor divinos que ellas recababan en su oraci\u00f3n, se traduc\u00eda en verdaderos milagros en donde la gente que all\u00ed acud\u00eda, sal\u00eda fortalecida en su fe, atendida en sus muchas necesidades y confortada en sus oscuridades y pesares. Y esto no s\u00f3lo durante la vida de Clara, sino tambi\u00e9n despu\u00e9s de su tr\u00e1nsito al cielo<a href=\"#sdfootnote54sym\" id=\"sdfootnote54anc\"><sup>54<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Merece especial atenci\u00f3n su intercesi\u00f3n en favor de la ciudad de As\u00eds, amenazada por las tropas de Vitale de Aversa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn oyendo esto Clara, la sierva de Cristo, suspira vehementemente y, convocando a las hermanas les dice: \u2018hijas car\u00edsimas, recibimos a diario muchos bienes de esta ciudad; ser\u00eda gran ingratitud si, en el momento en que lo necesita, no la socorremos en la medida de nuestras fuerzas\u2019. Manda que le traigan ceniza, ordena a las hermanas destocarse las cabezas. Y, en primer lugar, sobre su cabeza descubierta derrama mucha ceniza, despu\u00e9s la esparce tambi\u00e9n sobre las cabezas de las otras. \u2018Acudid \u2013a\u00f1ade\u2013 a nuestro Se\u00f1or y suplicadle con todas veras la liberaci\u00f3n de la ciudad\u2019. \u00bfPara qu\u00e9 narrar m\u00e1s detalles? \u00bfPara qu\u00e9 recordar las l\u00e1grimas de las v\u00edrgenes, sus ansiosas plegarias? Dispuso el Dios misericordioso, que con la tentaci\u00f3n da el poder de resistirla con \u00e9xito, que a la ma\u00f1ana siguiente se desbandara todo el ej\u00e9rcito; que su soberbio jefe, en contra de sus prop\u00f3sitos, abandonara el sitio; y que nunca m\u00e1s pudiera hostigar aquella comarca\u201d<a href=\"#sdfootnote55sym\" id=\"sdfootnote55anc\"><sup>55<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La caridad fraterna de Clara, correspondiente con su calidad contemplativa, no s\u00f3lo se refiere a la gente que pod\u00eda llegar a San Dami\u00e1n demandando alg\u00fan tipo de ayuda, o a su ciudad en peligro de asedio. Esta caridad es testimoniada, en primer lugar, en lo cotidiano de cada d\u00eda con las hermanas concretas que el Se\u00f1or le dio. Aprendi\u00f3 bien de Francisco lo que significa el amor fraterno que se hace nutrici\u00f3n en la caridad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY exponga confiadamente la una a la otra su necesidad, porque si la madre ama y nutre a su hija carnal, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s amorosamente deber\u00e1 una querer y nutrir a su hermana espiritual!\u201d<a href=\"#sdfootnote56sym\" id=\"sdfootnote56anc\"><sup>56<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Una madre que no s\u00f3lo engendra a sus hijas en el camino de seguimiento del Se\u00f1or, sino que las nutre para que crezcan en \u00c9l. Es lo que expresa en una oraci\u00f3n que Clara hace al Se\u00f1or en la sagrada Eucarist\u00eda \u2013la imagen que m\u00e1s c\u00e9lebre se ha hecho en la iconograf\u00eda clariana\u2013, intercediendo por sus hijas ante el ataque y la invasi\u00f3n de los soldados sarracenos, que hab\u00edan enviado contra las ciudades del valle de Espoleto. Cuando la tropa lleg\u00f3 a San Dami\u00e1n, Clara intervendr\u00e1:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCayeron sobre San Dami\u00e1n y entraron en \u00e9l, hasta el claustro mismo de las v\u00edrgenes. Se derriten de terror los corazones de las damas pobres, balbucean presas de espanto y acuden a su madre entre l\u00e1grimas. \u00c9sta, imp\u00e1vido el coraz\u00f3n manda, pese a estar enferma, que la conduzcan a la puerta y la coloquen frente a los enemigos, llevando ante s\u00ed la c\u00e1psula de plata, encerrada en una caja de marfil, donde se guarda con suma devoci\u00f3n el Cuerpo del Santo de los Santos. Y prostern\u00e1ndose de bruces, en oraci\u00f3n ante el Se\u00f1or, le dice a su Cristo entre l\u00e1grimas: \u2018\u00bfTe place, mi Se\u00f1or, entregar inermes en manos de paganos a tus siervas, a las que he criado en tu amor? Guarda, Se\u00f1or, te lo ruego, a estas tus siervas, a las que no puedo defender en este trance\u2019. Enseguida, desde este propiciatorio de la nueva gracia, una voz como de ni\u00f1o se dej\u00f3 sentir en sus o\u00eddos: \u2018Yo siempre os defender\u00e9\u2019\u201d<a href=\"#sdfootnote57sym\" id=\"sdfootnote57anc\"><sup>57<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de una caridad fraterna hecha de tantos detalles cotidianos de amor hacia las hermanas enfermas, atribuladas y en crisis espiritual. Para todas tiene la palabra justa y el gesto oportuno, como abundantemente nos documentan las fuentes biogr\u00e1ficas, como ella misma ped\u00eda en su Regla, especialmente a la hermana que deb\u00eda ejercer el cargo de abadesa<a href=\"#sdfootnote58sym\" id=\"sdfootnote58anc\"><sup>58<\/sup><\/a>. Y, sin embargo, ser\u00e1 una caridad honda y serena que no nace de un sentimentalismo fugaz, sino que Clara fundamenta tal amor concreto en la caridad de Cristo: amarse con el amor del mism\u00edsimo Cristo, como ella pide a las hermanas en su Testamento:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAm\u00e1ndoos mutuamente con la caridad de Cristo, mostrad exteriormente por las obras el amor que interiormente os alienta\u201d<a href=\"#sdfootnote59sym\" id=\"sdfootnote59anc\"><sup>59<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, incluyamos en esta caridad que Clara vive con cuantos vienen a ellas y con las hermanas con las cuales convive, la relaci\u00f3n important\u00edsima que tiene con la Iglesia, porque podemos hablar de una caridad eclesial. Important\u00edsima, porque refleja el tenor apost\u00f3lico y eclesial de su vida claustral y escondida, y su delicada fidelidad hacia el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia<a href=\"#sdfootnote60sym\" id=\"sdfootnote60anc\"><sup>60<\/sup><\/a>. Es otro de los puntos en los que Clara \u2013junto a Francisco\u2013 se distancia de otras corrientes y movimientos contempor\u00e1neos, con los que pod\u00eda compartir otras muchas inquietudes, pero no sus desviaciones: su afectiva y efectiva adhesi\u00f3n a la Iglesia Romana, al Papa y a su delegado para la incipiente Orden. El modo como ella comienza y concluye su Regla, expresa clarividentemente su deseo de querer vivir el santo Evangelio s\u00ed, pero dentro de la Iglesia, en comuni\u00f3n inolvidable y sin tacha con ella:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cClara, sierva indigna de Cristo y plantita del bendit\u00edsimo padre Francisco, promete obediencia y reverencia al Se\u00f1or Papa Inocencio y a sus sucesores elegidos can\u00f3nicamente, y a la Iglesia romana\u201d<a href=\"#sdfootnote61sym\" id=\"sdfootnote61anc\"><sup>61<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLas hermanas est\u00e9n firmemente obligadas a tener siempre como protector, gobernador y corrector suyo a aquel cardenal de la santa Iglesia romana que por designaci\u00f3n del se\u00f1or Papa, tiene id\u00e9ntica funci\u00f3n con los hermanos menores; para que, siempre sumisas y sujetas a los pies de la misma santa Iglesia, firmes en la fe cat\u00f3lica, guardemos la pobreza y humildad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y de su Sant\u00edsima Madre y el santo Evangelio que firmemente prometimos. Am\u00e9n\u201d<a href=\"#sdfootnote62sym\" id=\"sdfootnote62anc\"><sup>62<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan hondamente sent\u00eda Clara su pertenencia y su fidelidad a la Iglesia, tan suya sent\u00eda aquella dif\u00edcil situaci\u00f3n, por la que atravesaba la Cristiandad, que escrib\u00eda a In\u00e9s de Praga, haci\u00e9ndole ver que su vida consagrada en contemplaci\u00f3n claustral y pobreza evang\u00e9lica era un modo de construir la Iglesia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTe considera cooperadora el mismo Dios y sostenedora de los miembros vacilantes de su cuerpo inefable\u201d<a href=\"#sdfootnote63sym\" id=\"sdfootnote63anc\"><sup>63<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Colaborar con Dios para sostener a los hermanos que vacilan en su fe y en su identidad cristiana<a href=\"#sdfootnote64sym\" id=\"sdfootnote64anc\"><sup>64<\/sup><\/a>, es la extraordinaria actitud de Clara y sus hijas ante los males, los fallos y las debilidades que la Iglesia de su tiempo ten\u00eda y sufr\u00eda. Esta es una de las dimensiones de la vida contemplativa: interceder por los hermanos, ofrecerse por la Iglesia, como dec\u00eda recientemente el Papa a las clarisas en As\u00eds: \u201crepresent\u00e1is muy bien a todos los lugares, en Europa y en el mundo, donde las almas contemplativas, d\u00eda tras d\u00eda, y de modo especial en esta circunstancia elevan su s\u00faplica apremiante al Dador de todo bien, a fin de que descienda sobre todos el Esp\u00edritu de amor, de perd\u00f3n, de la concordia y de la paz. El mundo tiene necesidad de vuestras \u2018manos piadosas, que se elevan hacia el cielo, sin ira ni discusiones\u2019 (cf. 1Tm 2, 8), para implorar la paz. Represent\u00e1is a la Iglesia esposa, la <em>Ecclesia orans<\/em>, que en su oraci\u00f3n perseverante y un\u00e1nime en los monasterios de Occidente se une a la ardiente intercesi\u00f3n de los monasterios de Oriente \u2018por la paz que desciende de lo alto y por la unidad de todos\u2019\u201d<a href=\"#sdfootnote65sym\" id=\"sdfootnote65anc\"><sup>65<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Santa Clara, esta intercesi\u00f3n por la Iglesia y con la Iglesia se har\u00e1 tambi\u00e9n acogida de sus pastores. San Dami\u00e1n se convirti\u00f3 en un oasis de paz y de oraci\u00f3n para pedir la marcha feliz del ministerio episcopal y pontificio, en un momento en el que la hostilidad y el desafecto arreciaban contra la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos, precisamente, el precioso testimonio de un hombre de Iglesia que, primero como cardenal y luego como Papa, frecuentar\u00e1 el monasterio de S. Dami\u00e1n, sabi\u00e9ndose acogido, como si Clara y las hermanas representasen un humilde icono de la maternidad de la Iglesia, a la que \u00e9l serv\u00eda con su ministerio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA la querid\u00edsima hermana en Cristo y madre de su salvaci\u00f3n, la se\u00f1ora Clara, servidora de Cristo, Hugolino, obispo de Ostia, indigno y pecador, se encomienda todo cuanto \u00e9l es y puede ser&#8230; Te encomiendo, pues, mi alma y mi esp\u00edritu, como Jes\u00fas encomend\u00f3 el suyo al Padre en la cruz, para que en el d\u00eda del juicio respondas por m\u00ed, si no has estado sol\u00edcita y preocupada por mi salvaci\u00f3n. Tengo por seguro que conseguir\u00e1s del sumo Juez todo lo que pidas con la insistencia de tan gran devoci\u00f3n y abundancia de l\u00e1grimas\u201d<a href=\"#sdfootnote66sym\" id=\"sdfootnote66anc\"><sup>66<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tras ser elegido Papa con el nombre de Gregorio IX, no dejar\u00e1 de recurrir a Clara para pedir oraci\u00f3n por el ministerio que Dios le hab\u00eda confiado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA la dilecta abadesa y a la comunidad de las monjas encerradas en San Dami\u00e1n de As\u00eds&#8230;: como en medio de las innumerables amarguras e infinitas angustias que sin cesar nos afligen, vosotras sois nuestro consuelo, rogamos a vuestra comunidad y os exhortamos en el Se\u00f1or Jesucristo y os mandamos por este escrito apost\u00f3lico que, como antes os lo dije, and\u00e9is y viv\u00e1is seg\u00fan el esp\u00edritu y ya que, como confiamos, sois un solo esp\u00edritu con Cristo, os rogamos que en vuestras oraciones os acord\u00e9is siempre de Nos, elev\u00e9is vuestras piadosas manos hacia Dios y le supliqu\u00e9is con insistencia para que \u00c9l, sabedor de que en medio de tantos peligros no podemos subsistir a causa de la fragilidad humana, nos robustezca con su virtud y nos conceda cumplir dignamente el ministerio que nos ha confiado\u201d<a href=\"#sdfootnote67sym\" id=\"sdfootnote67anc\"><sup>67<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Santa Clara y nuestra Iglesia de Toledo<\/h3>\n\n\n\n<p>Terminamos esta Carta Pastoral diciendo una palabra sobre nuestra Iglesia toledana en relaci\u00f3n con Santa Clara. Dec\u00edamos al comienzo de estas p\u00e1ginas que celebrar la memoria de Clara, a la que el octavo centenario de su nacimiento os invita, no significa mirar atr\u00e1s y quedarnos en un pasado nost\u00e1lgicamente a\u00f1orado. Hemos de evitar tambi\u00e9n nosotros el hacer este tipo de recuerdos de nuestros santos que ya reprobaba el mismo San Francisco:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas queremos recibir gloria y honor\u201d<a href=\"#sdfootnote68sym\" id=\"sdfootnote68anc\"><sup>68<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Queremos m\u00e1s bien, acoger el don de la vida de Clara, agradecer su fidelidad y alabar al Se\u00f1or por las maravillas que ha hecho en ella<a href=\"#sdfootnote69sym\" id=\"sdfootnote69anc\"><sup>69<\/sup><\/a>. Al hacerlo desde nuestra comunidad eclesial diocesana, es obligado referirnos al conjunto de nuestra di\u00f3cesis, y tambi\u00e9n a los diversos monasterios de Clarisas en particular.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, desde nuestra di\u00f3cesis empe\u00f1ada en tan diversos trabajos de evangelizaci\u00f3n y catequesis, de pastoral y de caridad, todos los fieles cristianos hemos de mirar agradecidamente a Santa Clara, porque, aun no coincidiendo nuestra vocaci\u00f3n particular con la que ella tuvo, sin embargo Dios nos recuerda y nos concede en ella algo que s\u00ed nos afecta a todos \u2013sea cual sea nuestro camino y misi\u00f3n dentro de la Iglesia\u2013, por ser una consecuencia de nuestro bautismo: la llamada a la santidad, a la perfecci\u00f3n de los hijos de Dios en cualquier estado de vida cristiano, en el que cada uno hayamos sido vocacionados por \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Por decirlo con las palabras de la liturgia, al conmemorar a Santa Clara no podemos hacer otra cosa sino celebrar en ella la grandeza de los designios de Dios, recobrar en ella la santidad original que hemos recibido del Se\u00f1or, y pregustar nosotros aqu\u00ed en la tierra el destino que nos aguarda en el cielo<a href=\"#sdfootnote70sym\" id=\"sdfootnote70anc\"><sup>70<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso, pues, aprovechar este a\u00f1o centenario para conocer mejor a Santa Clara, aprendiendo y acogiendo lo que Dios nos quiere ense\u00f1ar y entregar en ella. Leer sus escritos \u2013pocos y breves, pero muy sabrosos\u2013 o una buena biograf\u00eda, puede despertar en nosotros aspectos cristianos que necesitan en nuestro andar de cada d\u00eda una sabia revitalizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em><strong>oraci\u00f3n<\/strong><\/em>, como vuelta permanente del coraz\u00f3n y la mente a Dios, en un mundo tan tremendamente secularizado e incluso hostil a la fe cristiana, ser\u00e1 un primer beneficio que recibamos al acercarnos a esta santa mujer contemplativa.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em><strong>pobreza evang\u00e9lica<\/strong><\/em> y la <em><strong>sencillez<\/strong><\/em>, como un reclamo a lo esencial y una revisi\u00f3n seria de lo superfluo en nuestra vida, ser\u00e1 tambi\u00e9n un regalo que podemos recibir de ella en medio del acoso materialista y consumista de nuestro entorno social.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em><strong>fraternidad cristiana<\/strong><\/em>, como un modo de ser y de estar con todos los hombres \u2013modo que proviene de la confesi\u00f3n de Dios como Padre, como admirablemente hizo Clara\u2013, sin duda que nos har\u00e1 volver nuestros ojos hacia tantos hermanos v\u00edctimas del poder inhumano, de las pretensiones ego\u00edstas e injustas, de los rencores y amenazas, de las violencias y agresiones. Y tambi\u00e9n Clara nos ayudar\u00e1 a amar a la Iglesia con un afecto maduro y una fidelidad sin reserva.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, una palabra para las Hermanas Clarisas que aqu\u00ed en nuestra di\u00f3cesis contin\u00faan y prolongan lo que Dios empez\u00f3 hace ocho siglos con Santa Clara, all\u00e1, en As\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Tener en la di\u00f3cesis un total de siete monasterios de Hermanas Clarisas es una fuente de gracia para nuestra Iglesia toledana. La vida contemplativa claustral, dentro de su silencio y soledad habitadas por Dios, \u2013aunque imperceptible para el ajetreo de la prisa en el que vive nuestra sociedad moderna\u2013, hace las veces de los glaciares en la monta\u00f1a, que derretida su nieve por el calor del sol, regalan silenciosos el agua que traer\u00e1 la vida por el valle, fecundando la tierra, lavando la llanura, llevando el rumor de su alegr\u00eda saltarina hasta los rincones humanos. Y, sin embargo, todo empieza all\u00e1 arriba en la cumbre, con el humilde derretirse paulatino.<\/p>\n\n\n\n<p>No me cabe duda que este beneficio nos aportan hoy \u2013entre otras\u2013 las hijas de Santa Clara, desde su oculta, pero fecund\u00edsima conflagraci\u00f3n al Se\u00f1or. Como no ha cesado de repetir el Magisterio de la Iglesia, las monjas contemplativas \u201cmantienen su puesto eminente en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo&#8230; Ofrecen, en efecto, a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al Pueblo de Dios con ub\u00e9rrimos frutos de santidad, lo mueven con su ejemplo y lo dilatan con misteriosa fecundidad apost\u00f3lica. As\u00ed son el honor de la Iglesia y hontanar de las gracias celestes\u201d<a href=\"#sdfootnote71sym\" id=\"sdfootnote71anc\"><sup>71<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, Hermanas Clarisas, el mundo y nuestra di\u00f3cesis os necesitan. Como os dec\u00eda a todas las contemplativas el Papa en su visita a Espa\u00f1a el a\u00f1o 1982, \u201cla Iglesia sabe bien que vuestra vida silenciosa y apartada, en la soledad exterior del claustro, es fermento de renovaci\u00f3n y de presencia del Esp\u00edritu de Cristo en el mundo&#8230;Vuestros monasterios son comunidades de oraci\u00f3n en medio de las comunidades cristianas, a las que prestan apoyo, aliento y esperanza. Son lugares sagrados y podr\u00e1n ser tambi\u00e9n centros de acogida cristiana para aquellas personas, sobre todo j\u00f3venes, que van buscando con frecuencia una vida sencilla y transparente en contraste con las que les ofrece la sociedad de consumo. El mundo necesita, m\u00e1s de lo que a veces se cree, vuestra presencia y vuestro testimonio. Es necesario por ello mostrar con eficacia los valores aut\u00e9nticos y absolutos del Evangelio a un mundo que exalta frecuentemente los valores relativos de la vida. Y que corre el riesgo de perder el sentido de lo divino, ahogado por la excesiva valoraci\u00f3n de lo material, de lo transe\u00fante, de lo que ignora el gozo del esp\u00edritu\u201d<a href=\"#sdfootnote72sym\" id=\"sdfootnote72anc\"><sup>72<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero alentaros a una renovada fidelidad al don recibido en vuestro carisma y vocaci\u00f3n como os dec\u00eda la misma Santa Clara:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEntre los beneficios que hemos recibido y seguimos recibiendo de nuestro benefactor el Padre de las misericordias, y por los cuales estamos m\u00e1s obligadas a rendir gracias al mismo glorioso Padre de Cristo, se encuentra el de nuestra vocaci\u00f3n; y cuanto m\u00e1s perfecta y mayor es \u00e9sta, tanto es m\u00e1s lo que a \u00c9l le debemos. Por eso dice el Ap\u00f3stol: conoce tu vocaci\u00f3n\u201d<a href=\"#sdfootnote73sym\" id=\"sdfootnote73anc\"><sup>73<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este tiempo, en el que la Iglesia se prepara para celebrar un S\u00ednodo de los Obispos sobre la naturaleza y la misi\u00f3n de la vida consagrada, que sea \u00e9ste el principal y m\u00e1s fecundo fruto del Centenario de vuestra madre Fundadora: un mayor conocimiento y una mayor fidelidad a vuestra vocaci\u00f3n y misi\u00f3n en la Iglesia. Fidelidad a vuestro carisma tal como Santa Clara lo expres\u00f3, tal como vuestra genuina tradici\u00f3n lo ha ido transmitiendo, y tal como la Iglesia lo ha vuelto a confirmar con la aprobaci\u00f3n de vuestras recientes Constituciones Generales de 1988<a href=\"#sdfootnote74sym\" id=\"sdfootnote74anc\"><sup>74<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Clara era especialmente sensible al tema de la vigilancia espiritual, en fidelidad a lo que se ha prometido al Se\u00f1or. Porque, efectivamente, se trata de abrazar vuestro carisma con ilusi\u00f3n creciente, pero sin extra\u00f1as interpretaciones, tanto te\u00f3ricas como pr\u00e1cticas del mismo, como ya advirti\u00f3 Santa Clara con su acostumbrada lucidez y firmeza, cuando de la fidelidad vocacional se trataba:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCon andar apresurado, con paso ligero, sin que tropiecen tus pies ni aun se te pegue el polvo del camino, recorre la senda de la felicidad, segura, gozosa y expedita, y con cautela: de nadie te f\u00edes, ni asientas a ninguno que quiera apartarte de este prop\u00f3sito, o que te ponga obst\u00e1culos para que no cumplas tus votos al Alt\u00edsimo con la perfecci\u00f3n a la que el Esp\u00edritu del Se\u00f1or te ha llamado&#8230; Y si alguien te dijere o sugiere algo que estorbe tu perfecci\u00f3n, o que parezca contrario a tu vocaci\u00f3n divina, aunque est\u00e9s en el deber de respetarle, no sigas su consejo, sino abraza como virgen pobre a Cristo pobre\u201d<a href=\"#sdfootnote75sym\" id=\"sdfootnote75anc\"><sup>75<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotras, queridas Hermanas Clarisas, sois las que nos acerc\u00e1is en la di\u00f3cesis el don de Santa Clara, la luminosidad de su carisma. No dej\u00e9is de ahondar en la espiritualidad a la que hab\u00e9is sido llamadas por el Se\u00f1or, con una especial atenci\u00f3n a la teolog\u00eda espiritual y lit\u00fargica y desde una formaci\u00f3n permanente que sea adecuada a vuestra formaci\u00f3n de vida contemplativa y claustral<a href=\"#sdfootnote76sym\" id=\"sdfootnote76anc\"><sup>76<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Deseo que vuestros monasterios sean aut\u00e9nticas casas de oraci\u00f3n, en donde una cuidada liturgia eduque y estimule a los dem\u00e1s fieles a celebrar los misterios del Se\u00f1or. E igualmente, sea notoria entre vosotras la especial devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda, de tanta raigambre en vuestra tradici\u00f3n espiritual, comenzando por la misma Santa Clara<a href=\"#sdfootnote77sym\" id=\"sdfootnote77anc\"><sup>77<\/sup><\/a>, con una adoraci\u00f3n del Se\u00f1or que os acabe transformando en Aquel a quien contempl\u00e1is<a href=\"#sdfootnote78sym\" id=\"sdfootnote78anc\"><sup>78<\/sup><\/a>, y facilitando as\u00ed tambi\u00e9n que los fieles puedan orar en vuestras iglesias ante su presencia eucar\u00edstica. Como os ha recordado el Santo Padre: \u201cla vida entera de Clara era una Eucarist\u00eda porque \u2013al igual que Francisco\u2013 ella elevaba desde su clausura una continua \u2018acci\u00f3n de gracias\u2019 a Dios con la oraci\u00f3n, la alabanza, la s\u00faplica, la intercesi\u00f3n, el llanto y el sacrificio. Todo era por ella aceptado y ofrecido al Padre en uni\u00f3n con el \u2018gracias\u2019 infinito del Hijo unig\u00e9nito, ni\u00f1o, crucificado, resucitado, vivo a la derecha del Padre\u201d<a href=\"#sdfootnote79sym\" id=\"sdfootnote79anc\"><sup>79<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 donde est\u00e1is en cada uno de vuestros monasterios, sed espejo y ejemplo para los que viven en el mundo, pues el mismo Se\u00f1or \u2013dice vuestra fundadora\u2013 os ha puesto como modelo de caridad y de alegr\u00eda cristianas, para las hermanas que est\u00e1is en ellos y para las que os vengan, as\u00ed como para cuantos a vosotras se os acerquen<a href=\"#sdfootnote80sym\" id=\"sdfootnote80anc\"><sup>80<\/sup><\/a>. Sinti\u00e9ndoos fieles hijas del Pueblo Santo de Dios, interceded por toda la Iglesia, diocesana y universal, por todos los miembros del Cuerpo inefable de Cristo que atraviesan cualquier tipo de dificultad, como imploraba Clara<a href=\"#sdfootnote81sym\" id=\"sdfootnote81anc\"><sup>81<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al tiempo que elevo mi plegaria al Se\u00f1or por cada una de vosotras y por vuestras comunidades, pidi\u00e9ndole que os bendiga abundantemente con nuevas vocaciones a vuestra forma de vida evang\u00e9lica, invoco la materna intercesi\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora, en la advocaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles \u2013en cuya iglesia vuestra Madre Santa Clara se consagr\u00f3 para siempre al Se\u00f1or\u2013. El Papa os ha recordado c\u00f3mo con vuestra oraci\u00f3n incesante, en la que se revela un aspecto peculiar del perfil <em>mariano<\/em> de la Iglesia, sois en \u00e9sta un \u201cicono\u201d particular del misterio de Mar\u00eda<a href=\"#sdfootnote82sym\" id=\"sdfootnote82anc\"><sup>82<\/sup><\/a>. Que esta Madre dulc\u00edsima, que engendr\u00f3 un tal Hijo que los cielos no pod\u00edan contener, y que lo llev\u00f3 en el peque\u00f1o claustro de su santo seno<a href=\"#sdfootnote83sym\" id=\"sdfootnote83anc\"><sup>83<\/sup><\/a>, os ayude tambi\u00e9n a todas vosotras a \u201cvivir escondidas con Cristo en Dios\u201d<a href=\"#sdfootnote84sym\" id=\"sdfootnote84anc\"><sup>84<\/sup><\/a>, en la escucha de su Palabra<a href=\"#sdfootnote85sym\" id=\"sdfootnote85anc\"><sup>85<\/sup><\/a>, dando frutos de caridad e irradiando la luz para que el Padre sea glorificado<a href=\"#sdfootnote86sym\" id=\"sdfootnote86anc\"><sup>86<\/sup><\/a>, y \u201camando totalmente a Quien totalmente se entreg\u00f3 por vuestro amor\u201d<a href=\"#sdfootnote87sym\" id=\"sdfootnote87anc\"><sup>87<\/sup><\/a>. Desde el interior de vuestros claustros, no desde fuera, tienen que brotar para el mundo la paz y la alegr\u00eda que necesita el coraz\u00f3n cansado de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con mi afectiva bendici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Toledo, 8 de diciembre de 1993. Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Santa Mar\u00eda Virgen.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis,<\/em> 1: Edici\u00f3n de I. Omaechevarr\u00eda, <em>Escritos de Santa Clara y documentos complementarios,<\/em> BAC 314, Madrid 1993, p. 134.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Cf. <em>Didach\u00e9<\/em>, 4, 2; Edici\u00f3n de D. Ruiz Bueno, <em>Padres Apost\u00f3licos, <\/em>BAC 65, Madrid 1965, p. 81.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Cf. Hch 2, 1ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Juan Pablo II, <em>Discurso a las Clarisas de As\u00eds<\/em>: L\u2019Osservatore Romano 59 (14-III-82) 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis, <\/em>3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Cf. Gal 2, 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> n.15. Igual que Francisco dir\u00e1 escribiendo a toda su Orden: \u201cno reteng\u00e1is, pues, nada de vosotros para vosotros mismos a fin de que os reciba enteramente aquel que enteramente se entrega a vosotros\u201d (<em>Carta a toda la Orden<\/em>, 29).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Cf. T. de Celano, <em>Vita secunda<\/em>, 7: Edici\u00f3n de J. A. Guerra, <em>San Francisco de As\u00eds<\/em>. <em>Escritos. Biograf\u00edas<\/em>. <em>Documentos de la \u00e9poca<\/em><sup><em>5<\/em><\/sup>, BAC 399 Madrid, 1993, p. 233-234.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis, <\/em>5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Juan Pablo II, <em>Discursos durante el encuentro con las monjas de clausura en la Bas\u00edlica de Santa Clara,<\/em> <em>domingo, 10 de enero de 1993.<\/em> n\u00ba 2: <em>Selecciones de Franciscanismo<\/em> 64 (1993) 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> <em>Testamento de Santa Clara,<\/em> 38.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> San Buenaventura, <em>Legenda Maior,<\/em> 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> <em>Florecillas, <\/em>16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> <em>Florecillas,<\/em> 16. Cf. <em>Legenda Perusa,<\/em> 118; San Buenavetura, <em>Legenda Maior,<\/em> 12, 1-3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis, <\/em>2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> Cf. Gn 12, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> Cf. T. de Celano, <em>Vita prima,<\/em> 22.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis, <\/em>8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> <em>Testamento de Santa Clara <\/em>9-14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> Cf. <em>Testamento de Santa Clara <\/em>11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> Cf. 1Cor 12, 1-30.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> Cf. Rm 11, 33.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> LG 46a.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> Cf. Lc 10, 42.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> Pablo VI, <em>Discurso, <\/em>7 diciembre 1967.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Sagrada Congregaci\u00f3n de Religiosos e Institutos seculares, <em>Dimensi\u00f3n contemplativa de la vida religiosa, <\/em>1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 12-13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> Dt 6, 4-5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> Cf. Os 2, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> Cf. <em>Regla de Santa Clara, <\/em>pr\u00f3logo, 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> Ct 4, 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> Cf. Instrucci\u00f3n <em>Venite seorsum, <\/em>3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> Mt 6, 31.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> Cf. Ct 2, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> <em>4\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 27-32.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> Juan Pablo II, <em>Carta a las religiosas clarisas en el VIII Centenario del nacimiento de su Fundadora, Santa Clara de As\u00eds,<\/em> n\u00ba 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> <em>Testamento de Santa Clara, <\/em>45.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> <em>2\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 19-21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> Cf. Mt 16, 24-26.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> <em>2\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 21-22.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> Cf. Jn 16, 22.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis, <\/em>46.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> <em>1\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 15-24.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> Cf. el texto completo del <em>Privilegium paupertatis<\/em> en I. Omaechevarr\u00eda, <em>Escritos de Santa Clara y documentos complementarios,<\/em> BAC 314, Madrid 1993, p. 234-237.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> Cf. Hch 4, 19-20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis, <\/em>14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> S. Francisco de As\u00eds, <em>\u00daltima voluntad a Santa Clara,<\/em> 1-3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> <em>Bula de canonizaci\u00f3n, <\/em>3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote51anc\" id=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> Cf. Sal 16, 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote52anc\" id=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> Cf. 1Jn 2, 11; 3, 14; 4, 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote53anc\" id=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> Juan Pablo II, <em>Carta a las religiosas clarisas en el VIII Centenario del nacimiento de su fundadora, Santa Clara de As\u00eds,<\/em> n. 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote54anc\" id=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis,<\/em> 27; 32-33; 49-61.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote55anc\" id=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>23.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote56anc\" id=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> <em>Regla de Santa Clara<\/em>, 8, 15-16; San Francisco, <em>Regula Bullata<\/em>, 6, 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote57anc\" id=\"sdfootnote57sym\">57<\/a> <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis,<\/em> 21-22<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote58anc\" id=\"sdfootnote58sym\">58<\/a> Cf. <em>Regla de Santa Clara,<\/em> 4,8,10; <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis,<\/em> 24, 34-35, 38.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote59anc\" id=\"sdfootnote59sym\">59<\/a> <em>Testamento de Santa Clara,<\/em> 59.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote60anc\" id=\"sdfootnote60sym\">60<\/a> Cf. Col 1, 18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote61anc\" id=\"sdfootnote61sym\">61<\/a> <em>Regla de Santa Clara,<\/em> 1, 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote62anc\" id=\"sdfootnote62sym\">62<\/a> <em>Regla de Santa Clara,<\/em> 12, 12-13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote63anc\" id=\"sdfootnote63sym\">63<\/a> <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote64anc\" id=\"sdfootnote64sym\">64<\/a> Cf. 1Cor 3, 9; Rm 16, 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote65anc\" id=\"sdfootnote65sym\">65<\/a> Juan Pablo II, <em>Discursos durante el encuentro con las monjas de clausura en la bas\u00edlica de Santa Clara, domingo, 10 enero 1993,<\/em> n. 1. Cf. las oportunas y sabias reflexiones que al respecto hace la Instrucci\u00f3n <em>Venite seorsum<\/em> sobre la vida contemplativa y clausura de las monjas, n. 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote66anc\" id=\"sdfootnote66sym\">66<\/a> <em>Carta de Hugolino a Clara,<\/em> 1.3, a\u00f1o 1220.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote67anc\" id=\"sdfootnote67sym\">67<\/a> <em>Carta de Gregorio IX a Clara<\/em> (a\u00f1o 1228) 1.3-4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote68anc\" id=\"sdfootnote68sym\">68<\/a> S. Francisco de As\u00eds, <em>Admonici\u00f3n<\/em> 6, 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote69anc\" id=\"sdfootnote69sym\">69<\/a> <em>Testamento de Santa Clara,<\/em> 1-3; Lc 1, 49.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote70anc\" id=\"sdfootnote70sym\">70<\/a> Cf. Misal Romano, <em>Prefacio de v\u00edrgenes y religiosos,<\/em> Madrid 1989, p. 492.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote71anc\" id=\"sdfootnote71sym\">71<\/a> <em>Perfectae caritatis, <\/em>7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote72anc\" id=\"sdfootnote72sym\">72<\/a> Juan Pablo II, <em>Encuentro con las religiosas de clausura en el monasterio de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila,<\/em> 1 de noviembre 1982, 3-4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote73anc\" id=\"sdfootnote73sym\">73<\/a> <em>Testamento de Santa Clara, <\/em>2-4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote74anc\" id=\"sdfootnote74sym\">74<\/a> Siempre ser\u00e1n iluminadoras a este respecto las pautas sobre la adecuada renovaci\u00f3n de la vida religiosa que indica el decreto <em>Perfectae caritatis<\/em> 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote75anc\" id=\"sdfootnote75sym\">75<\/a> <em>2\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 12-14.17-18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote76anc\" id=\"sdfootnote76sym\">76<\/a> Cf. Congregaci\u00f3n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost\u00f3lica, <em>Orientaciones para la formaci\u00f3n en los Institutos Religiosos, <\/em>n. 73-85.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote77anc\" id=\"sdfootnote77sym\">77<\/a> Cf. <em>Legenda Sanctae Clarae Virginis,<\/em> 21-22; 28.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote78anc\" id=\"sdfootnote78sym\">78<\/a> Cf. <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote79anc\" id=\"sdfootnote79sym\">79<\/a> Juan Pablo II, <em>Carta a las religiosas clarisas en el VIII Centenario del nacimiento de su Fundadora, Santa Clara de As\u00eds,<\/em> n. 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote80anc\" id=\"sdfootnote80sym\">80<\/a> Cf. <em>Testamento de Santa Clara,<\/em> 19-23.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote81anc\" id=\"sdfootnote81sym\">81<\/a> Cf. <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote82anc\" id=\"sdfootnote82sym\">82<\/a> Juan Pablo II,<em> Discursos durante el encuentro con las monjas de clausura en la bas\u00edlica de Santa Clara, domingo 10 enero 1993,<\/em> n. 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote83anc\" id=\"sdfootnote83sym\">83<\/a> Cf. <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote84anc\" id=\"sdfootnote84sym\">84<\/a> Col 3, 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote85anc\" id=\"sdfootnote85sym\">85<\/a> Cf. Lc 2, 51; 8, 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote86anc\" id=\"sdfootnote86sym\">86<\/a> Cf. Mt 5, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote87anc\" id=\"sdfootnote87sym\">87<\/a> <em>3\u00aa Carta de Santa Clara a Santa In\u00e9s de Praga,<\/em> 15.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral en el VIII centenario del nacimiento de Santa Clara de As\u00eds, 8 de diciembre de 1993, publicada en BOAT, noviembre-diciembre 1993, p. 586-615. 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