{"id":1306,"date":"2024-09-28T23:29:12","date_gmt":"2024-09-28T21:29:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1306"},"modified":"2024-09-28T23:29:18","modified_gmt":"2024-09-28T21:29:18","password":"","slug":"camino-del-calvario","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/camino-del-calvario\/","title":{"rendered":"Camino del Calvario"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Art\u00edculo publicado en ABC, el 30 de marzo de 1994 el viernes santo<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00e1s de veinte siglos de distancia del momento en que sucedieron los hechos, los que profesamos la fe cristiana conocemos suficientemente las narraciones evang\u00e9licas sobre la muerte de Jes\u00fas. Y en pa\u00edses de tradici\u00f3n cat\u00f3lica tan densa en sus manifestaciones externas como Espa\u00f1a, todav\u00eda son muchos los que escuchan el eco que despiertan en sus conciencias las palabras de aquel moribundo a quien crucificaron entre los ladrones la tarde del Viernes Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>No hace falta insistir en ello. Siglo tras siglo han seguido a Jesucristo camino del Calvario esclavas de pies descalzos y reinas que le ofrecieron sus coronas, hombres valientes y aguerridos como Ignacio de Loyola y m\u00edsticos que llevaban prendida en su coraz\u00f3n la insignia de la fraternidad universal como Francisco de As\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo no ha necesitado saber mucha teolog\u00eda para comprender que lo que se conmemora y se celebra hoy en nuestros templos y en las calles y plazas de nuestras villas y ciudades es la muerte redentora del Hijo de Dios, el acto m\u00e1s trascendental de la relaci\u00f3n de Dios con el hombre precisamente para consolidar sobre cimientos indestructibles la relaci\u00f3n del hombre con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Si efectivamente el que muere es el Hijo de Dios, v\u00edctima de tantas crueldades e ignominias, tiene que ser por un motivo inmensamente poderoso y para poder ofrecer los beneficios de su muerte no a un peque\u00f1o grupo, sino a todos los que lo necesitan, que son todos los hombres de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>En Semana Santa todos los que creemos en Jes\u00fas, o sin creer del todo en \u00c9l, nos acercamos a meditar en su vida o su mensaje, nos sentimos pecadores, manchados, culpables de algo. He ah\u00ed el motivo: Cristo muri\u00f3 para quitar esa mancha y hacer que desaparezca la maldad que, junto a la cruz del Calvario, nos hace sentirnos reos. Y en cuanto al beneficio que de ah\u00ed brota, \u00bfa qui\u00e9nes no ha llegado? Tantos y tantos son que aun siendo muchos los que ni siquiera le conocen, al menos se benefician silenciosamente del deseo de llegar hasta esos beneficios por el amor que tienen los que le han conocido y oyen en su conciencia la llamada que Dios les hace, para que pongan sus ojos y sus manos de colaboradores de la Redenci\u00f3n en la familia universal de la humanidad. Tantos y tantos misioneros que no han pedido se\u00f1ales como los jud\u00edos ni sabidur\u00edas como los griegos, sino simplemente las palabras de Jes\u00fas crucificado, seg\u00fan lo que escribi\u00f3 San Pablo en su primera carta a los de Corinto.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil, o por lo menos es mucho m\u00e1s dif\u00edcil que antes, llevar al \u00e1nimo de los hombres de hoy, aunque sean creyentes, la convicci\u00f3n de la maldad del pecado. Es \u00e9ste uno de los \u00e9xitos de la sucia cultura del hedonismo, si no se quiere decir de Lucifer: haber convencido al hombre de la inanidad de su acci\u00f3n u omisi\u00f3n pecaminosa. Pero cuando en lugar de un solo pecado se contempla ese oc\u00e9ano de maldades que cubre la marcha de los hombres por los caminos de la vida, es m\u00e1s f\u00e1cil comprender que para alcanzar el perd\u00f3n de Dios y restaurar la amistad perdida se necesita otro oc\u00e9ano de pureza y un sacrificio de valor infinito que d\u00e9 satisfacci\u00f3n a la justicia de Dios y haga sentir de nuevo al hombre que est\u00e1 hecho a imagen y semejanza de Dios, con capacidad para ser su hijo adoptivo y llamarle Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n los cr\u00edmenes de tantos Ca\u00ednes, tantas guerras alimentadas por el odio y la venganza, tanta y tan miserable corrupci\u00f3n que crece y se extiende al amparo de una desverg\u00fcenza infame&#8230; Y luego el tr\u00e1nsito de los delitos de \u00edndole individual a los pecados sociales de muchos pueblos contra pueblos, epulones saciados contra L\u00e1zaros hambrientos, desprecios y olvidos hirientes, injusticias clamorosas&#8230; Naciones hundidas en la miseria y explotadas inicuamente por los m\u00e1s poderosos&#8230; Esa soberbia de hombres y mujeres que convierten sus cuerpos en simples objetos de deseo, los abortos consentidos y presentados como una conquista del progreso, las idolatr\u00edas con que se rinde culto a los dioses del dinero, del sexo y la droga, el enriquecimiento salvaje a costa de los dem\u00e1s, esa atroz autosuficiencia con que tantos y tantas se erigen en d\u00e9spotas que manipulan o apagan hasta el eco de los mandamientos, para que ni siquiera puedan sentirse invitados a un inicio de rectificaci\u00f3n humilde.<\/p>\n\n\n\n<p>Para luchar contra esto y rescatar al hombre de tantas tinieblas se ha necesitado la muerte \u00abvoluntariamente aceptada\u00bb del Hijo de Dios. Muerte por amor, no por consunci\u00f3n, que se acompa\u00f1a en el que muere de aquellas palabras sublimes con las que pide perd\u00f3n para quienes le han puesto en la cruz, porque no saben lo que hacen.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas muri\u00f3, pero no para permanecer en el sepulcro. A su muerte sigui\u00f3 la resurrecci\u00f3n, y esto es lo que explica el fen\u00f3meno del cristianismo, que resplandece en el mundo como una luz que se propaga sin cesar. No ha sido in\u00fatil la muerte de Cristo, no. Hoy mismo, a pesar del peso abrumador de tantos pecados en la sociedad en la que vivimos, son much\u00edsimos los que se benefician del amor y del perd\u00f3n de Dios. No hemos sido redimidos con oro ni plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, y esta conciencia de haber podido ser beneficiarios de tal rescate no se ha extinguido, sino que crece cada d\u00eda m\u00e1s en multitud de grupos y asociaciones seglares m\u00e1s vivas que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os que escribi\u00f3 Von Balthasar, uno de los m\u00e1s grandes te\u00f3logos de nuestro tiempo: \u00abHa habido que esperar a nuestro siglo para ver brillar en la Iglesia una tal variedad de movimientos laicales independientes. Algunos han continuado orient\u00e1ndose en funci\u00f3n de los grandes carismas del pasado, pero la mayor parte han nacido de impulsos nuevos muy particulares del Esp\u00edritu Santo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 en Espa\u00f1a se han extendido m\u00e1s que en otros pa\u00edses el miedo y la cobard\u00eda a proclamarse sencillamente cristianos, cat\u00f3licos, disc\u00edpulos del Se\u00f1or. Como a Pedro en la noche de la Pasi\u00f3n, alguien podr\u00eda decir a muchos: \u00abT\u00fa tambi\u00e9n eras de los que estaban con \u00c9l\u00bb. Y muchos contestar\u00edan: \u00abQu\u00e9 dices, mujer. No era as\u00ed\u00bb. Y seguir\u00e1n diciendo lo mismo hasta que alg\u00fan d\u00eda, cambiadas las cosas, salgan fuera a llorar amargamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas frases que se oyen con frecuencia: \u00abYo creo, pero no practico&#8230;\u00bb. \u00abCristo s\u00ed, la Iglesia no\u00bb, \u00abYo obro seg\u00fan mi conciencia\u00bb, etc\u00e9tera, no son m\u00e1s que evasivas c\u00f3modas para procurarse una falsa tranquilidad. La redenci\u00f3n no es una leyenda ni una fantas\u00eda producto de imaginaciones calenturientas y excitadas, efusi\u00f3n del Esp\u00edritu en Pentecost\u00e9s. Pedro, hasta entonces acobardado y huidizo, habla a unos y a otros con intr\u00e9pida decisi\u00f3n: \u00abArrepent\u00edos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisi\u00f3n de vuestros pecados&#8230; Disteis muerte al pr\u00edncipe de la vida, a quien Dios resucit\u00f3 de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos&#8230; Arrepent\u00edos y convert\u00edos para que sean borrados vuestros pecados&#8230; Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y o\u00eddo. Jes\u00fas es la piedra rechazado por vosotros. En ning\u00fan otro hay salvaci\u00f3n, pues ning\u00fan otro hombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El que habla as\u00ed es Pedro. Y a mucha distancia, en una isla perdida del oc\u00e9ano o en una ciudad populosa, en los tiempos antiguos, en la Edad Media, o en nuestros d\u00edas disc\u00edpulos de Pedro, en soledad o en compa\u00f1\u00eda, repiten las mismas palabras serenamente, humildemente, sin gritar, quiz\u00e1s esperando ellos mismos la muerte martirial y contribuyendo a que corra, junto con su sangre, el agua limpia y viva a que se refiri\u00f3 Jes\u00fas, seg\u00fan se nos dice en el Evangelio de San Juan. Nada de histeria colectiva ni encendida autosugesti\u00f3n. Es el cumplimiento silencioso y heroico de otra palabra de Jes\u00fas: \u00abSer\u00e9is mis testigos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta fidelidad inquebrantable de tantos es tambi\u00e9n un acto de amor, compensatorio de tantas ingratitudes y maldades. S\u00f3lo Dios sabe qu\u00e9 actitudes pesan m\u00e1s en la balanza, si las del amor o las del ego\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, los que perseveran en el amor no caminan solos porque Cristo va con ellos, seg\u00fan la consigna que \u00c9l dio para conocer a sus disc\u00edpulos. Los otros, los que parece que desprecian la redenci\u00f3n y no quieren saber nada de ella, la buscan a tientas y, atra\u00eddos por otras luces que sus ojos ciegos creen ver, la encuentran con frecuencia, vencidos por el dolor o la alegr\u00eda que les hace exclamar: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, Dios m\u00edo!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Es urgente hoy que los cristianos que quedan en nuestra vieja Europa, empe\u00f1ada en la construcci\u00f3n de la unidad, no tengan miedo y proclamen con firmeza que creen en la redenci\u00f3n verdadera, la de Cristo, sin la cual no se realizar\u00e1 la uni\u00f3n de los esp\u00edritus. De lo contrario, nuestra amada Europa, nuestra amada Espa\u00f1a, pueden morir de inanici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ni siquiera basta el proclamarlo as\u00ed. Es necesario hablar y explicar. Lo que Jesucristo dice o est\u00e1 escrito en el Evangelio debe ser le\u00eddo, hablado, comentado. Un poco m\u00e1s de cultura religiosa, que est\u00e1 al alcance de cualquier persona instruida, facilitar\u00eda la comprensi\u00f3n de la misi\u00f3n redentora de Cristo y ayudar\u00eda a un cambio de mentalidad en nuestra estimaci\u00f3n del hecho religioso cat\u00f3lico. \u00bfPor qu\u00e9 no hablamos m\u00e1s de Dios entre nosotros? \u00bfQui\u00e9n si no puede dar sentido a nuestra vida y a nuestra muerte?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en ABC, el 30 de marzo de 1994 el viernes santo A m\u00e1s de veinte siglos de distancia del momento en que sucedieron los hechos, los que profesamos la fe cristiana conocemos suficientemente las narraciones evang\u00e9licas sobre la muerte de Jes\u00fas. 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