{"id":1300,"date":"2024-09-28T23:25:44","date_gmt":"2024-09-28T21:25:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1300"},"modified":"2024-09-28T23:25:45","modified_gmt":"2024-09-28T21:25:45","password":"","slug":"la-fuerza-de-la-eucaristia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-fuerza-de-la-eucaristia\/","title":{"rendered":"La fuerza de la Eucarist\u00eda."},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Art\u00edculo publicado en ABC, el 8 de abril de 1993, jueves santo<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfCu\u00e1ntos cristianos ha conseguido usted ya en esta misi\u00f3n?\u201d, preguntaron no hace mucho a un sacerdote espa\u00f1ol perteneciente al IEME (Instituto Espa\u00f1ol de Misiones Extranjeras) que trabaja en un territorio de Tailandia. Y contest\u00f3: \u201cSomos dos, Jesucristo y yo\u201d. Lo notable es que lo dec\u00eda con buen humor, sin el menor asomo de desesperanza, incluso con cierta tranquilidad y como quien sabe que tiene que ser as\u00ed. Ese misionero y tantos y tantos otros que han predicado el Evangelio en lugares tan diversos a lo largo de los siglos, han empezado casi siempre as\u00ed: ellos solos, con la \u00fanica compa\u00f1\u00eda de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me refiero particular y concretamente a Jesucristo Sacramentado, a la Eucarist\u00eda, al peque\u00f1o Sagrario de su capilla humilde y pobre. De ah\u00ed no se apartan sus ojos, cuando sus almas quieren dar calor a su fe: del Sagrario, o de Cristo crucificado, o de una imagen de la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el caso es que invariablemente, indefectiblemente, a no ser que lo estorbe una persecuci\u00f3n violenta, mientras dura, con s\u00f3lo eso y con hablar de Jes\u00fas, llega un d\u00eda en que el misionero logra una comunidad de bautizados que se arrodillan ante la Hostia Santa, cantan himnos y salmos, alaban al Se\u00f1or y sienten en su coraz\u00f3n el b\u00e1lsamo de una alegr\u00eda y una paz que no hab\u00edan experimentado nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es Jueves Santo, el d\u00eda en que celebra la Iglesia la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Fue el regalo del Se\u00f1or en la noche de la \u00faltima cena con sus disc\u00edpulos, antes de que comenzara su pasi\u00f3n \u201cvoluntariamente aceptada\u201d. La vida de los hombres aquella noche segu\u00eda su curso normal. El d\u00eda hab\u00eda transcurrido en el quehacer cotidiano de las familias agrupadas en ciudades y aldeas y nadie hab\u00eda podido pensar que, en el piso superior de una modesta morada de Jerusal\u00e9n, se pronunciar\u00edan palabras misteriosas sobre el pan y el vino, cuya \u00faltima significaci\u00f3n ni los mismos Ap\u00f3stoles pod\u00edan entender.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo entendieron todo despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, cuando empiezan a celebrar la fracci\u00f3n del pan, es decir, la Misa, con detalles lit\u00fargicos primorosos que ya nos describe, por ejemplo, un San Justino en el siglo II. La Eucarist\u00eda es la fuerza secreta del cristianismo. Y hoy sucede lo mismo que sucedi\u00f3 ayer. Los hombres caminan entretenidos o preocupados con sus cosas. Nobles cosas y ocupaciones de los hombres, porque no es nunca despreciable ning\u00fan rasgo de su actividad y su trabajo por peque\u00f1os que sean. Ese rumor de la colmena humana que se mueve y trabaja, se despierta o descansa, habla o guarda silencio, ama y sufre, nace y muere, es la continuidad de la creaci\u00f3n, la lucha por la vida y, a veces, muchas veces, el esplendor de la fraternidad que hace a los seres humanos tan respetables y tan dignos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es mucho m\u00e1s hermoso el paisaje, cuando entre las cosas creadas descubrimos, con los ojos de la fe, que hay algo que eleva todo lo creado a un nivel que roza ya con lo divino, con la obra directa de Dios. El pan y el vino son eso: peque\u00f1os brotes de una espiga o un racimo, pero transformados en la sustancia de Dios. Esto no son literaturas ni fantas\u00edas ut\u00f3picas de un misticismo visceral y primitivo, sino realidades sobrenaturales que transforman la vida del creyente y est\u00e1n destinadas a acompa\u00f1ar a todo hombre que camina entre esperanzas y frustraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El Jueves Santo pide algo m\u00e1s que visitar monumentos, aunque es costumbre hermosa, propia de un pa\u00eds de tradici\u00f3n cristiana, que se visiten y se les encuentre instalados con amor, rodeados de flores como obsequio de la primavera naciente, y que haya durante horas hombres y mujeres que rezan y ofrecen el mejor testimonio de reverencia que son capaces de presentar durante todo el a\u00f1o al Dios en que creen. Es, sobre todo, la palabra transformadora que pronunci\u00f3 el Se\u00f1or, el \u201cEsto es mi cuerpo, \u00e9sta es mi sangre, haced esto en memoria m\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s sublime de esta expresi\u00f3n, aparte de su contenido, es que lo afirme Jes\u00fas, el Se\u00f1or, consciente del valor que tienen y sin que nadie comprenda lo que quiere decir. Mientras \u00e9l est\u00e1 pensando en el don de s\u00ed mismo bajo las especies de pan y vino, los Ap\u00f3stoles s\u00f3lo se ocupan de mezquinas vulgaridades, o incluso de madurar dentro de s\u00ed mismos el prop\u00f3sito bien meditado de la traici\u00f3n inminente.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente de la calle va y viene ocupada en preparativos para celebrar la Pascua, y m\u00e1s all\u00e1 de los estrechos l\u00edmites de Palestina, en las grandes ciudades del paganismo triunfante, Roma, Atenas, Corinto, \u00c9feso, etc., no hay m\u00e1s que g\u00e9rmenes que, al desarrollarse un d\u00eda, todav\u00eda lejano, obligar\u00e1n a obedecer \u00f3rdenes de los emperadores romanos para tratar de extirpar el nombre de cristiano, condenando a muerte a todo aquel que se compruebe que lo es.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas instituye la Eucarist\u00eda del amor mientras los hombres siguen sumergidos en sus odios e indiferencias, establece las bases de la mejor fraternidad sin esperar a que los beneficiarios acepten explicaciones que satisfagan su raz\u00f3n; manda creer, adorar y comer seguro de que se va a hacer as\u00ed, y de que sus palabras llevadas por mensajeros desconocidos atravesar\u00e1n fronteras y ser\u00e1n escuchadas con religioso fervor y, aun m\u00e1s, con un amor puro y nuevo por millones de hombres y mujeres de todos los continentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Jes\u00fas institu\u00eda la Eucarist\u00eda era ya pr\u00e1cticamente un condenado a muerte. Todav\u00eda en ese momento le envolv\u00eda la atm\u00f3sfera de una amistad, la del grupo de los doce, ya mermado. Muy pocas horas despu\u00e9s quedar\u00eda solo en su marcha del Huerto de los Olivos al Pretorio. \u00bfNo es \u00e9sta la historia de siempre? Jes\u00fas, el Dios del amor, d\u00e1ndolo todo, su misericordia y su perd\u00f3n, sus palabras de \u00e1nimo para la esperanza y la limpieza de coraz\u00f3n, el don de fortaleza y de piedad, su alimento para la vida eterna, su pan divino y gracioso que dec\u00eda Santa Teresa, su sangre como licor cristalino que engendra v\u00edrgenes y m\u00e1rtires&#8230;y en contraste recibiendo la injuria constante del descreimiento, la soberbia personal, el desd\u00e9n, la brutalidad feroz que hace que los hombres se maten entre s\u00ed mat\u00e1ndolo tambi\u00e9n a \u00c9l, si les fuera posible, a \u00c9l que se ha quedado como comida y bebida de todos para hacernos sentir que tenemos sangre de familia por la hermandad com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay muchos hombres tambi\u00e9n que han comido ese pan y bebido ese vino. Son innumerables. En aquel cen\u00e1culo donde se celebr\u00f3 la \u00faltima cena estaban ya, como si empezaran a nacer, todos los millones de desconocidos adoradores de la Eucarist\u00eda que han vivido con los ojos clavados en ese pan, dici\u00e9ndole los m\u00e1s amorosos requiebros, se han hecho fuertes en medio del dolor, han perdonado, han curado las llagas de los cuerpos heridos, se han limpiado de todo ego\u00edsmo, han superado la sucia lascivia, han llamado hermana a la pobreza, han creado comunidades, han conseguido que siendo al principio nada m\u00e1s que \u201cel misionero y \u00c9l\u201d, se haya formado poco a poco un pueblo cristiano numeroso, capaz de cantar el \u201cPange lingua\u201d o el \u201cAmor de los amores\u201d. Los Congresos Eucar\u00edsticos mundiales de Buenos Aires, Budapest, Barcelona, Bombay, Se\u00fal y ahora Sevilla estaban ya aquella noche prepar\u00e1ndose silenciosamente en el cen\u00e1culo, mientras Jes\u00fas pronunciaba las palabras que brotaban de sus labios.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera que apenas sirve de nada la pobre ambici\u00f3n de quienes se oponen aunque sean ap\u00f3stoles, o incluso la traici\u00f3n que parece triunfar a cada momento sobre la inocente v\u00edctima que no quiere que se utilice en su favor ni siquiera la espada de Pedro. La Eucarist\u00eda es comuni\u00f3n y da vigor, es sacrificio y origina fortaleza, es hermandad y da alegr\u00eda. No hay ninguna noche triste en ninguna capilla o iglesia en que luce una l\u00e1mpara junto al Sagrario. Los cristianos, desde el Papa Juan Pablo II hasta el \u00faltimo miembro de una c\u00e9lula parroquial evangelizadora, saben que all\u00ed, en una rica custodia o en un peque\u00f1o ostensorio, pueden encontrar la misteriosa respuesta a sus anhelos m\u00e1s profundos de renovaci\u00f3n y el por qu\u00e9 el cristianismo resiste a tanta persecuci\u00f3n de unos o tanta indiferencia de otros.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede olvidar a Dios. Es in\u00fatil la prosperidad material de Occidente, porque es el coraz\u00f3n del hombre el que tiene que ser llenado de amor y de esperanza, y esto s\u00f3lo lo consigue la fuerza secreta del cristianismo: un Dios cercano que se da a los hombres como alimento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en ABC, el 8 de abril de 1993, jueves santo \u201c\u00bfCu\u00e1ntos cristianos ha conseguido usted ya en esta misi\u00f3n?\u201d, preguntaron no hace mucho a un sacerdote espa\u00f1ol perteneciente al IEME (Instituto Espa\u00f1ol de Misiones Extranjeras) que trabaja en un territorio de Tailandia. Y contest\u00f3: \u201cSomos dos, Jesucristo y yo\u201d. 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