{"id":1294,"date":"2024-09-28T23:19:14","date_gmt":"2024-09-28T21:19:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1294"},"modified":"2024-09-28T23:19:15","modified_gmt":"2024-09-28T21:19:15","password":"","slug":"mas-que-una-fiesta-de-familia-navidad","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/mas-que-una-fiesta-de-familia-navidad\/","title":{"rendered":"M\u00e1s que una fiesta de familia (Navidad)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Art\u00edculo publicado en ABC, edici\u00f3n del 24-25 de diciembre de 1989.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos d\u00edas nos saludamos unos a otros dese\u00e1ndonos, al menos de palabra, una felicidad que sabemos que no existe en este mundo. Pasar\u00e1 la Nochebuena, pasar\u00e1 la llamada Pascua navide\u00f1a, y todo seguir\u00e1 igual. Pero en nuestras relaciones de amistad o de simple convivencia humana pronunciamos repetidamente este saludo que en muchos momentos es cordialmente sincero. Al menos unos d\u00edas al a\u00f1o nos consideramos capaces de creer, a impulsos de un hondo deseo, en una felicidad siempre anhelada, aunque nunca conseguida. Algo es algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no digo esto como reproche, sino como reconocimiento de una actitud que, aunque sea en muy modestas proporciones, es un tributo a la dignidad humana en las relaciones de unos con otros, y de esperanza que se manifiesta en dos hermosas palabras: \u201c\u00a1Feliz Navidad!\u201d \u00bfPor qu\u00e9 no? \u00bfPor qu\u00e9 no ha de ser feliz y no ha de reportar felicidad la celebraci\u00f3n de un hecho como el que conmemoramos, tan singular, tan significativo como es el nacimiento de Cristo?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no puede traer la felicidad aut\u00e9ntica y profunda es el ruido de la Navidad que acompa\u00f1a la fiesta, un ruido del que somos responsables nosotros los hombres, siempre proclives a desvirtuar la naturaleza de las cosas con tal de que ello sirva a nuestros intereses ego\u00edstas. Del nacimiento de Cristo en pobreza y soledad hacemos un motivo de fest\u00edn abundante y ruidoso; de la tiern\u00edsima espiritualidad de lo sucedido aquella noche, un pretexto para nuestra propia complacencia; de la invitaci\u00f3n que se nos hace en la liturgia a contemplar las profundidades del amor de Dios hecho hombre, una llamada meramente sociol\u00f3gica, a la que creemos dar suficiente respuesta con la ambientaci\u00f3n superficial de luces y c\u00e1nticos de que est\u00e1n impregnados estos d\u00edas pueblos y ciudades.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed, prefiero mil veces que siga celebr\u00e1ndose la Navidad como algo que forma parte de una tradici\u00f3n cristiana, a pesar de las adherencias que se han ido agregando, a que desaparezca de nuestras costumbres y comportamientos el recuerdo popular, ancho y extenso, de lo que la Navidad quiere traernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, ser\u00edamos terriblemente injustos si nos empe\u00f1\u00e1ramos en desconocer la cantidad innumerable de personas que, como fruto de una catequesis y cultura cristianas que vienen transmiti\u00e9ndose desde hace siglos, viven en la Nochebuena y en estos d\u00edas los sentimientos nobles y puros de lo que esta fiesta significa.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos hombres y mujeres que conocen, porque las han experimentado, las tribulaciones de la vida, y sin embargo son capaces de cantar o rezar un villancico con sus hijos y sus nietos&#8230;, esas reuniones de muchos miembros todav\u00eda vivos del n\u00facleo familiar en que se recuerda con dolor a los que ya no est\u00e1n, mientras una l\u00e1grima furtiva humedece las mejillas de los que cantan o se acercan para darse un beso que casi tiene algo de rito religioso; esos centros de ancianos, impedidos o simplemente enfermos, a cuyo rostro llega esos d\u00edas la mirada especialmente afectuosa de una enfermera, un m\u00e9dico de guardia, una religiosa&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestros viejos pa\u00edses cristianos, todos los de Europa, y en los de Am\u00e9rica que recibieron m\u00e1s tarde la semilla del Evangelio, \u00a1cu\u00e1ntos millones y millones de hogares en que de alg\u00fan modo se recuerda la presencia del misterio y se acepta, o porque se cree en lo que nos ofrece o \u00a1porque se quisiera creer!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs que no tiene esto ning\u00fan valor humano y social aparte de lo religioso? No a todos se puede pedir la grandeza sublime de un San Francisco de As\u00eds, el primero que al parecer inaugura la costumbre del \u201cpesebre\u201d, ante el cual se postraba arrebatado de amor en una contemplaci\u00f3n que le hac\u00eda sonre\u00edr y llorar al mismo tiempo. El pueblo no puede tanto, y Cristo tampoco se lo exige. A lo largo de la historia del cristianismo, como en los d\u00edas en que el Se\u00f1or predicaba el Evangelio, las muchedumbres le han seguido, cautivadas por su belleza \u00fanica o atra\u00eddas por las ventajas materiales de los milagros que esperaban. A todos pidi\u00f3 que le siguieran con coraz\u00f3n limpio y a ninguno rechaz\u00f3, aunque no lo tuviera, a no ser a los que, llenos de soberbia, eran capaces de pecar y seguir pecando contra el Esp\u00edritu Santo. La Navidad de los humildes, de los pobres, de los que sufren \u2013\u00a1cu\u00e1ntos de \u00e9stos hay en todas las clases sociales, aunque parezca lo contrario!\u2013 merecer\u00e1 siempre ser celebrada y vivida por unos y por otros, aunque no todos tengan la sencillez de los pastores de Bel\u00e9n. Un poco de ruido y de humo, con tal que no se olvide el motivo central que lo provoca, merecer\u00e1 siempre una ben\u00e9vola comprensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPues hacemos alegr\u00edas<br>cuando nace uno de nos,<br>\u00bfqu\u00e9 haremos naciendo Dios?\u201d<br><em>(Crist\u00f3bal de Castillejo).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Reconocido esto, me siento obligado a precisar que la fuerza principal del misterio de Navidad y lo que puede hacer un poco m\u00e1s felices a los que lo recuerdan, radica en la interioridad, en la fe, en la conciencia iluminada de quienes aceptan que Dios se ha hecho hombre y que a cada uno se le ofrece el don de su presencia salvadora. Esto es lo que transforma al hombre y le hace sentir la grandeza de su dignidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El que tiene esa fe sabe que no est\u00e1 solo ni abandonado a sus sufrimientos, cuando ha de padecerlos. Y se persuade f\u00e1cilmente de que en ese Ni\u00f1o que ha nacido de una Virgen hay algo de divino. Leyendo los Evangelios, podr\u00e1 seguir los cap\u00edtulos de una vida que empieza en Bel\u00e9n y termina en el Calvario. \u00bfTermina? No, ha seguido de alg\u00fan modo entre nosotros, ha inspirado las m\u00e1s generosas resoluciones, ha movido sin cesar el esp\u00edritu de los hombres hacia el bien, ha consolado a los que lloran y fortalecido a los d\u00e9biles, ha alimentado la esperanza y ha hecho que se practique el amor de unos a otros. Todo esto es lo que da felicidad a los hombres, y como Navidad \u2013nacimiento de Jes\u00fas\u2013 es cuando todo empez\u00f3, se explica perfectamente que los buenos deseos que estos d\u00edas nos manifestamos unos a otros, sean como un anhelo de toda la felicidad que el Salvador nos ha tra\u00eddo y como un presentimiento de lo que nos espera, seg\u00fan lo que se nos ha prometido, aunque sepamos por experiencia que lo que conseguimos es poco, porque la felicidad plena no es de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como se va consolidando el humanismo cristiano en el individuo y en la sociedad. Ese es el valor del hecho religioso celebrado y vivido por el pueblo siglo tras siglo en el canto y la plegaria, en la meditaci\u00f3n y en el arte, en la catequesis y en la predicaci\u00f3n, y sobre todo en la liturgia, donde los cristianos hijos de la Iglesia han encontrado siempre la posibilidad de sentirse en familia frente a la disgregaci\u00f3n, pueblo unido y jerarquizado frente al amontonamiento gregario y anulador de la personalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La vieja Europa cristiana est\u00e1 llena de catedrales y templos parroquiales o conventuales en los que aparecen cuadros, retablos e im\u00e1genes del Nacimiento, la Pasi\u00f3n, la Eucarist\u00eda, que expresaban una fe y ayudaban a sentirla. Ello ha contribuido tanto como las escuelas de teolog\u00eda o la predicaci\u00f3n sistem\u00e1tica a que esa fe se hiciera vida y a que poco a poco fuera difundi\u00e9ndose una cultura que nac\u00eda y se fundaba en el humanismo que hablo. Los hombres y mujeres de nuestras tierras han mantenido la esperanza, a pesar de enfermedades, fracasos y muertes; se han reconciliado, a pesar de tantas guerras, incluso religiosas; han procurado aliviar las desgracias superando antagonismos y odios. Todo lo cual es lo que justifica que digamos \u201c\u00a1Feliz Navidad!\u201d, que es algo as\u00ed como \u201c\u00a1Feliz vida humana inspirada en la fe, en la esperanza, en la solidaridad profunda!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Este a\u00f1o en la catedral de Praga, en Berl\u00edn, en las llanuras de Hungr\u00eda, en tantos y tantos lugares de esa amada y bella Europa, se celebrar\u00e1 la Navidad y se felicitar\u00e1n unos a otros, no s\u00e9 si con muy directa o nula referencia al misterio cristiano que se celebra, pero s\u00ed con la satisfacci\u00f3n de que otra vez empiezan a vislumbrar en el horizonte el paisaje de la libertad, de la propia dignidad ya no hollada, de la luz que viene de Oriente y disipa las tinieblas, la de aquel que, seg\u00fan el profeta Ageo, nace como deseado de todas las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La Navidad no es solamente una fiesta familiar. Aun reducida por muchos a esa dimensi\u00f3n, tiene encanto indefinible, porque en ella se ponen de relieve valores humanos preciosos: cari\u00f1o, ternura, recuerdo conmovido, generosidad y anchura de coraz\u00f3n, alegr\u00eda compartida&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de esto deja de manifestarse, sino al contrario, cuando adem\u00e1s aparece la referencia al hecho cristiano que ha dado origen incluso al nombre de Navidad. Sobre todos esos pueblos de Europa, incluido el nuestro, hasta el hogar que reun\u00eda a padres e hijos para darles calor e intimidad, lleg\u00f3 el agua del bautismo y surgi\u00f3 una cultura en que ten\u00edan tambi\u00e9n su lugar la adoraci\u00f3n y la plegaria, es decir, se propag\u00f3 la fe, que fue el m\u00e1s eficaz aglutinante de la vida de familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando el continente europeo sufra hoy tan honda crisis espiritual y religiosa, todav\u00eda podemos afirmar con el cardenal K\u00f6nig que \u201cdos mil a\u00f1os de historia cristiana han marcado el rostro de Europa\u201d. Creer en la Navidad es creer tambi\u00e9n en la Redenci\u00f3n, en Jesucristo Redentor. \u00a1Lo necesitamos tanto&#8230;!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en ABC, edici\u00f3n del 24-25 de diciembre de 1989. Estos d\u00edas nos saludamos unos a otros dese\u00e1ndonos, al menos de palabra, una felicidad que sabemos que no existe en este mundo. 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