{"id":1288,"date":"2024-09-28T23:15:34","date_gmt":"2024-09-28T21:15:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1288"},"modified":"2024-09-28T23:15:35","modified_gmt":"2024-09-28T21:15:35","password":"","slug":"la-agricultura-en-el-magisterio-de-la-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-agricultura-en-el-magisterio-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"La agricultura, en el Magisterio de la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Conferencia de apertura de la XXXVII Semana Social, celebrada en Ja\u00e9n, del 26 al 28 de mayo de 1994, sobre el campo espa\u00f1ol ante la Comunidad Europea, publicado en BOAT, julio 1994, p. 543-564.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los soci\u00f3logos y los economistas est\u00e1n de acuerdo, al menos por una vez, con el contenido de la revelaci\u00f3n divina expresada en los Libros Sagrados, seg\u00fan la cual el cultivo del campo es el sector primario de toda producci\u00f3n humana, pues de la agricultura, junto con sus complementos m\u00e1s inmediatos \u2013la ganader\u00eda, la caza y la pesca\u2013 procede, como de su origen primordial, toda otra utilidad para el hombre, bien sea a trav\u00e9s del comercio o del ejercicio de lo que llamamos industria. As\u00ed, y con referencia, sin m\u00e1s, a uno de los m\u00e1s preclaros documentos con los que nos ha regalado Juan Pablo II, dedicado todo \u00e9l a ensalzar el trabajo del hombre (<em>Laborem excercens<\/em> = LE), \u00e9ste no s\u00f3lo \u201cdomina ya la tierra por el hecho de que domestica los animales, los cr\u00eda y de ellos saca el alimento y vestido necesarios, y por el hecho de que puede extraer de la tierra y de los mares diversos recursos naturales\u201d, sino mucho m\u00e1s, \u201csomete la tierra\u00bb, cuando el hombre empieza a cultivarla y posteriormente elabora sus productos adapt\u00e1ndolos a sus necesidades. La agricultura constituye as\u00ed un campo primario de la actividad econ\u00f3mica y un factor indispensable de la producci\u00f3n por medio del trabajo humano. La industria, a su vez, consistir\u00e1 siempre en conjugar las riquezas de la tierra \u2013los recursos vivos de la naturaleza, los productos de la agricultura, los recursos minerales y qu\u00edmicos\u2013 y el trabajo del hombre, tanto el f\u00edsico como el intelectual. Diversas referencias a Ad\u00e1n, Ca\u00edn y Abel (Gn 1, 29; 2, 5 y 15; 4, 2; 9, 20), las de distintos pasajes del Eclesi\u00e1stico (7,16), 1 Samuel (11,5), 1R (19, 19) y otros del Antiguo y Nuevo Testamento, exponen con indubitable clarividencia esta dedicaci\u00f3n de los hombres m\u00e1s primitivos al cultivo de la tierra. Es manifiesto, por otra parte, que la m\u00e1s original tarea del ser humano fue la del labrant\u00edo de las campi\u00f1as, o quiz\u00e1, antes, la misma caza de animales, cuya carne utilizara como alimento y con cuyas pieles se defendiera de los elementos clim\u00e1ticos, de las mismas fieras y de sus semejantes, mientras percib\u00eda tambi\u00e9n los frutos espont\u00e1neos de los \u00e1rboles y arbustos silvestres, y aprend\u00eda a roturar las llanuras que le parec\u00edan m\u00e1s feraces, a fin de disponer de frutos convenientes y seguros, seg\u00fan las diversas temporadas del a\u00f1o. En \u00e9pocas perfectamente identificadas por los historiadores, tanto orientales como de la m\u00e1s antigua cultura occidental, el cultivo de los campos supuso la fuente principal de la mayor\u00eda de los pueblos y as\u00ed, a modo de ejemplo, el dominio rural y la vida agr\u00edcola fueron en Roma, sobre todo en el tiempo del Imperio, el \u00f3rgano m\u00e1s poderoso, a la vez que el m\u00e1s regular, de la vida social.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los monasterios y el clero rural<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia, al menos ya desde el siglo IV, acepta una serie de dominios rurales que le llegan generalmente por donaciones, y acepta tambi\u00e9n los sistemas socio-econ\u00f3micos en que se apoyaba su explotaci\u00f3n, aunque pone en juego un conjunto de medidas que hacen m\u00e1s humana la condici\u00f3n de los colonos, particularmente a trav\u00e9s de los monasterios, muchos de los cuales y bajo la orientaci\u00f3n y ejemplo de los mismos monjes, sobre todo los de origen o influencia benedictina, contribuyeron a dignificar las circunstancias de la vida rural en b\u00fasqueda de un desarrollo integral de la misma; as\u00ed se fue poniendo en pr\u00e1ctica la enfiteusis, la aparcer\u00eda, medier\u00eda, tercer\u00eda, etc., o el sistema de censos sobre las propiedades transferidas. Varios documentos eclesi\u00e1sticos de la alta Edad Media, como uno de San Germ\u00e1n de Auxerre (+448) y otro del Papa San Gregorio I (+604), piden que se reconozcan los derechos de los campesinos e, incluso, el gregoriano dispone que se lea de vez en cuando a los r\u00fasticos para que conozcan sus deberes y derechos y tengan medios para preservarse de las vejaciones de los arrendatarios generales y de los funcionarios intermedios. Estas y otras clases de medidas positivas en favor del campesinado se adoptaron en Sicilia, los Alpes, Dalmacia, las Galias y Norte de \u00c1frica, entre otros lugares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mas no es s\u00f3lo la solicitud eclesi\u00e1stica por la condici\u00f3n humana de los labriegos la que se va imponiendo en esta \u00e9poca, sino que los lugares, \u201cvici\u201d, pasan a ser peque\u00f1os centros de religiosidad a partir de la creaci\u00f3n de las parroquias rurales, que, a trav\u00e9s del siglo V, van adquiriendo no escasa importancia, y el Concilio de Arl\u00e9s (IV, a.524) hace m\u00e9rito de los di\u00e1conos \u201curbici\u201d, distingui\u00e9ndolos de los \u201crustici\u201d, imponiendo a los presb\u00edteros y di\u00e1conos, residentes hasta entonces en las ciudades, la obligaci\u00f3n de residir en la localidad rural en que tengan asignado su servicio. La Regla de S. Benito describe el monasterio (cap. LXVI), en su consideraci\u00f3n social, como una gran \u201cvilla\u201d, en la que, a la oraci\u00f3n, se anexionan una serie de actividades rurales y otras an\u00e1logas o derivadas: <em>\u201cMonasterium autem, si fieri potest, ita debet construi, ut omnia necessaria, id est, aqua, molendinum, hortus, pistrinum&#8230;, ut non sit necessitas monachis vagandi foras\u00bb<\/em> y al tratar de los precios de sus productos agr\u00edcolas se establece: <em>\u201cIn ipsis autem pretiis&#8230; semper aliquantulum vilius detur quam a saecularibus datur\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es f\u00e1cil encontrar referencias pastorales a los labriegos y campesinos en los Concilios y S\u00ednodos Visigodos de Toledo ni aun, en esta misma Archidi\u00f3cesis, en los S\u00ednodos y Concilios de la Baja Edad Media (1257-1498), a no ser una ligera alusi\u00f3n a que los cl\u00e9rigos beneficiados eviten ganancias injustas por explotaciones agr\u00edcolas, que los colonos llevan a cabo en los predios beneficiales, o que los mismos cl\u00e9rigos se abstengan de prestar <em>\u201cdineros adelantados a pobres labradores\u201d<\/em> para cobrarles despu\u00e9s con usura<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00d3rdenes militares y Renacimiento<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00ed hay constancia, sin embargo, de la acci\u00f3n repobladora de las Ordenes Militares, actividad que se lleva a cabo paralelamente a la erecci\u00f3n de las parroquias e iglesias en general: los repobladores, por ejemplo, de la comarca de Consuegra estaban sometidos a la jurisdicci\u00f3n del Priorato de San Juan de Jerusal\u00e9n, en Castilla y Le\u00f3n, y se consideran vasallos de la Orden de Rodas o sanjuanista, pero, amparados por su propio Fuero, cultivan sus tierras, cedidas normalmente en propiedad, o explotan sus montes y pastos en libertad de acci\u00f3n laboral, mientras abonen el censo \u201cmartiniega\u201d cada a\u00f1o en reconocimiento del vasallaje, a la Dignidad Prioral<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Por lo dem\u00e1s, podemos asegurar que en la costumbre sabia y prudente de muchas regiones agr\u00edcolas espa\u00f1olas y en los restos vigentes de las legislaciones torales, quedan todav\u00eda vestigios del modo ponderado, equitativo y conciliador con que en Espa\u00f1a eran atendidos los intereses del agricultor y garantizados sus derechos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Renacimiento y la colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica marginaron ligeramente las cl\u00e1sicas tareas rurales, mientras llegaba a su apogeo el desarrollo de la ganader\u00eda en virtud de los privilegios que hab\u00eda ido acumulando la Mesta; en los siglos XVII y XVIII se advierte un fuerte incremento del comercio, y la misma industria, derivada de los productos del campo, adquiere inusitadas proporciones que hacen que muchos labriegos dejen sus aperos de labor para dedicarse a manufacturas de c\u00e1\u00f1amo, esparto, algod\u00f3n y seda, particularmente por el auge que adquiri\u00f3 esta floreciente industria en la \u00e9poca de Carlos III.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un Cardenal espa\u00f1ol<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los a\u00f1os de este monarca rige la Archidi\u00f3cesis de Toledo un erudito, celoso y sol\u00edcito Pastor: me refiero a D. Francisco Antonio de Lorenzana y Buitr\u00f3n (1772-1800), que con el trato regio uni\u00f3 la denuncia de las apetencias regalistas, y con sus edictos y recomendaciones a los p\u00e1rrocos foment\u00f3 la instrucci\u00f3n del pueblo; el trabajo, para \u00e9l, es promoci\u00f3n del individuo y riqueza para la sociedad, y por ello defendi\u00f3 la protecci\u00f3n de las manufacturas que se ven\u00edan elaborando y foment\u00f3 la modernizaci\u00f3n de las t\u00e9cnicas agr\u00edcolas. En las denominadas \u201cRelaciones del Cardenal Lorenzana\u201d<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a> que este insigne prelado mand\u00f3 hacer para tener un conocimiento exhaustivo de la realidad de su inmenso Arzobispado \u2013por entonces, 1775-1780, adem\u00e1s de gran parte de la actual provincia de Toledo, abarcaba las de Madrid, Ciudad Real, gran parte de la de Guadalajara y porciones notables de Extremadura, Ja\u00e9n, Albacete y Granada, y hasta un pueblecito de \u00c1vila\u2013, presenta a los curas y vicarios una serie de interrogatorios sobre los trabajos de los feligreses y producci\u00f3n de las tierras de sus curatos, concretando que respondan a \u201ccu\u00e1les son los frutos m\u00e1s singulares de su terreno; los que carecen; cu\u00e1l la cantidad a que asciende cada a\u00f1o\u201d, despu\u00e9s de solicitar relaci\u00f3n de montes, bosques y forestas, as\u00ed como r\u00edos, arroyos, etc., aunque sin olvidar lo referente a manufacturas y otras industrias. Los curas contestan con todo un conjunto de datos sobre trigo, cebada, centeno, avena, sosa y barrilla, fru\u00edas y hortalizas, vino, aceite, queso, lana, etc., de que se serv\u00edan para su alimento y vestido; mimbre, esparto, c\u00e1\u00f1amo y lino para sus r\u00fasticas f\u00e1bricas de cester\u00eda, pleitas y esteras, estame\u00f1as y calzado campestre; en las cercan\u00edas de Aranjuez y de Oca\u00f1a resaltan el cultivo de los esp\u00e1rragos y en la Mancha los de zanahorias y azafr\u00e1n. Algunos cultivos se llevan a cabo por agrupaciones de campesinos organizadas sobre rudimentarias bases gremiales.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El siglo XIX<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No podemos menos de mencionar el fen\u00f3meno de las desamortizaciones, eclesi\u00e1stica y civil, llevadas a cabo a mediados del siglo pasado, por las que se priv\u00f3 a muchos labriegos de la fundamental base de su subsistencia y se aument\u00f3 el n\u00famero de latifundios en manos de nuevos ricos absentistas y desarraigados de sus fincas y, en no pocos casos, en poder de aburguesados \u201cse\u00f1oritos\u201d, desconocedores de la agricultura. Durante este siglo XIX el fen\u00f3meno antes citado, las continuas contiendas que imped\u00edan un trabajo ordenado y sistem\u00e1tico, los incendios de montes y campi\u00f1as y la falta de una adecuada modernizaci\u00f3n agr\u00edcola, deterioraron tanto nuestros campos que dejaron de ser suficientemente productivos para mantener los restantes sectores de creaci\u00f3n de riqueza. Y no s\u00f3lo esto, sino que los peque\u00f1os y medianos labradores se dejaron llevar por el ejemplo de los latifundistas, y los braceros, ga\u00f1anes y labriegos, al verse, en muchos casos, totalmente ca\u00eddos de brazos por falta de trabajo, perdieron su confianza hasta en las mismas instituciones de la Iglesia. No es extra\u00f1o que, aun en los refranes, tan cl\u00e1sicos y usados hasta principios de esta centuria a que nos referimos, se notara la ausencia de evocaciones religiosas relacionadas con las agr\u00edcolas, como cuando se ven\u00eda diciendo, con espontaneidad, asiduidad y precisi\u00f3n aquello de <em>\u201cel d\u00eda de la Ascensi\u00f3n cuajan la almendra y el pi\u00f1\u00f3n\u201d<\/em> y <em>\u201cel d\u00eda de San Juan acaban de cuaja<\/em><em>r, <\/em>o <em>\u201cdeja ya San Silvestre atinada el aceite\u201d<\/em>, o <em>\u201cpor San Juan brevas comer\u00e1s\u201d<\/em>, o <em>\u201cpor San Miguel, los higos son miel\u201d<\/em>, lo que, entre otros dichos vulgares, pero sabios, empez\u00f3 a dejar de o\u00edrse, porque ya no se viv\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia no dud\u00f3 en levantar su voz frente a situaciones agr\u00edcolas tan nefastas en todos los \u00f3rdenes; perdonad si, de nuevo, hago referencia a Arzobispos toledanos o a instituciones creadas en esa Archidi\u00f3cesis \u2013como en otros lugares de Espa\u00f1a, sin duda\u2013 que trataron de poner en pr\u00e1ctica lo que el Papa Le\u00f3n XIII expon\u00eda, por aquellos mismos a\u00f1os, en su Enc\u00edclica <em>Rerum Novarum<\/em>: <em>\u201c &#8230;lo que m\u00e1s contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constituci\u00f3n de las familias, la observancia de la religi\u00f3n y de la justicia, las moderadas cargas p\u00fablicas y su equitativa distribuci\u00f3n, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura, y otros factores de esta \u00edndole, si quedan, los cuales, cuanto con mayor af\u00e1n son impulsados, tanto mejor y m\u00e1s felizmente permitir\u00e1n vivir a los ciudadanos\u201d<\/em> (n. 23), primera alusi\u00f3n que se hace en un documento solemne del Pontificado acerca de la agricultura, junto con otra sobre el trabajo de los proletarios <em>\u201cen el cultivo del campo\u201d<\/em> contenida en el n\u00famero 25 de esta misma Carta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como insinu\u00e9 anteriormente, me quiero referir, ante todo, al Siervo de Dios, Cardenal Sancha y Herv\u00e1s, Arzobispo de Toledo desde 1898 a 1909, quien haci\u00e9ndose eco, pr\u00e1cticamente en toda Espa\u00f1a, de las ense\u00f1anzas de Le\u00f3n XIII, se fij\u00f3 detenidamente en la situaci\u00f3n de los obreros, en general, que trat\u00e1bamos de describir hace unos instantes: anteriormente, en \u00c1vila, en Madrid y en Valencia ven\u00eda observando el distanciamiento del llamado proletariado de las instituciones de la Iglesia y de la Iglesia misma, y aprovech\u00f3 la oportunidad sociol\u00f3gica que brindaban las leyes sobre sindicatos y otras asociaciones an\u00e1logas para organizar c\u00edrculos cat\u00f3licos de obreros, el Protectorado de Obreros Cat\u00f3licos y C\u00edrculos de Obreros Cat\u00f3licos, que en realidad eran sociedades mixtas, es decir, de patronos y obreros, principalmente en ambientes rurales, en los que tambi\u00e9n se crean, por la iniciativa del Cardenal, sindicatos de agricultores, en general y de propietarios agr\u00edcolas, de signo singularmente cat\u00f3lico, unos y otros<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. El breve espacio de tiempo de su pontificado no permiti\u00f3 a su sucesor, Cardenal Aguirre, continuar esta promoci\u00f3n del sindicalismo cat\u00f3lico agr\u00edcola. Ser\u00eda el siguiente Arzobispo, Cardenal Guisasola y Men\u00e9ndez, quien experto en estos temas \u2013Ja\u00e9n, Madrid, Valencia\u2013, impulsar\u00e1 los sindicatos cat\u00f3licos agrarios, las cajas rurales cat\u00f3licas y las sociedades de socorros mutuos y crea en 1917 la Federaci\u00f3n Agraria de Sindicatos Cat\u00f3licos toledanos<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>. Asimismo, se interesa por los emigrantes desde el \u00e1rea rural y propone algunas medidas que podr\u00edan remediar el alejamiento del campo que previ\u00f3 quedar\u00eda abandonado, si no se tomaban algunas de las disposiciones propuestas. Hacia el a\u00f1o 1930 era excepcional la parroquia del Arzobispado, de car\u00e1cter rural y cierta entidad de poblaci\u00f3n, que no tuviese alguna forma de asociacionismo cat\u00f3lico agrario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en el III Congreso Cat\u00f3lico Nacional Espa\u00f1ol, celebrado en Sevilla en octubre de 1892<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>, el Rector de la Universidad, profesor Prudencio Mudarra y P\u00e1rraga, sostuvo una interesante tesis sobre que \u201clas clases industrial, comercial y agr\u00edcola deben inspirarse en las doctrinas de la Iglesia \u2013en este caso, ya, en la Rerum Novarum\u2013, para llenar cumplidamente su misi\u00f3n, aun en el orden de sus intereses materiales\u201d. Era el com\u00fan sentir cat\u00f3lico sobre el necesario equilibrio entre los diversos sectores de la producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">P\u00edo XI y P\u00edo XII<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Id\u00e9ntico es, sin duda el sentir de los Papas de la \u00e9poca posterior a Le\u00f3n XIII, singularmente el di\u00e1fano y penetrante criterio manifestado por P\u00edo XI. En efecto: ya en la Enc\u00edclica <em>Divini Redemptoris<\/em> (1937), al tratar de auxiliares de la acci\u00f3n social, el Pont\u00edfice cita expresamente, en el conjunto de las organizaciones de clase, a los agricultores, entre los diversos obreros, en general, y entre los ingenieros, m\u00e9dicos, patronos y estudiosos (n. 30); pocos d\u00edas despu\u00e9s (27-III-1937), en la <em>Firmissimam constantiam<\/em>, dirigida al Episcopado mejicano, sobre la situaci\u00f3n religiosa y la misi\u00f3n de la A.C., encomienda a los obispos de aquel pa\u00eds, para que lo transmitan y encarguen a la A.C. como actividad propia, trabajar para resolver las graves cuestiones sociales <em>\u201ccomo por ejemplo, el problema agrario, la reducci\u00f3n de los latifundios, el mejoramiento de la vida de los trabajadores y de sus familias\u201d,<\/em> concretando m\u00e1s adelante, en su apartado espec\u00edfico sobre los campesinos: <em>\u201cNo menos grave ni menos urgente es otro deber, el de la asistencia religiosa y econ\u00f3mica a los campesinos, y en general a aquella no peque\u00f1a parte de mejicanos, hijos vuestros, en su mayor parte agricultores, que forman la poblaci\u00f3n ind\u00edgena; &#8230;son millones de seres humanos que frecuentemente viven en condici\u00f3n tan triste y miserable que no gozan siquiera de aquel m\u00ednimo de bienestar indispensable para conservar la dignidad humana\u201d<\/em> (n. 9 y 12 respectivamente).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta en\u00e9rgica llamada de atenci\u00f3n se repetir\u00e1 innumerables veces en los escritos y discursos de P\u00edo XII, quien desarrolla de manera original, espl\u00e9ndida y hasta t\u00e9cnica cuantos asuntos se refieren a la agricultura de su tiempo, tanto en sus aspectos positivos como en los recusables. En su alocuci\u00f3n a los obreros de las di\u00f3cesis de Italia, reunidos en Roma para felicitarle con motivo del 25\u00ba aniversario de su consagraci\u00f3n episcopal<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>, les pide <em>\u201cno reprimir ni dar exclusivamente preferencia a la industria, sino procurar su arm\u00f3nica coordinaci\u00f3n con el artesanado y con la agricultura, que hace fructificar la multiforme y necesaria producci\u00f3n del suelo\u201d<\/em> (n. 11). Unos a\u00f1os despu\u00e9s, en su discurso a los miembros del Congreso de la Confederaci\u00f3n Italiana de Agricultores<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>, despu\u00e9s de destacar la importancia de la explotaci\u00f3n agr\u00edcola y ensalzar los valores imperecederos <em>\u201cde la que podr\u00eda llamarse genuina civilizaci\u00f3n rural\u201d<\/em>, estimula a cuantos trabajan en haciendas rurales a justipreciar su trabajo, sus virtudes tradicionales, potenciar su cultura caracter\u00edstica y evitar los peligros que pueden sufrir al comparar su trabajo con el espec\u00edfico de las ciudades (n. 3-10). M\u00e1s tarde, en alocuci\u00f3n dirigida al XII Congreso de trabajadores directos de la tierra<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>, exige un <em>\u201cmejoramiento del tenor de vida entre los que trabajan los campos, el incremento y mejora de la producci\u00f3n\u201d,<\/em> con una llamada de atenci\u00f3n <em>\u201csobre un particular grupo, que, entre todos, es el m\u00e1s deprimido econ\u00f3micamente, menos desarrollado socialmente y menos tutelado: queremos decir el grupo representado por la clase de los braceros, cuya condici\u00f3n est\u00e1 agrav\u00e1ndose por el peso del paro y de la \u201cinfra ocupaci\u00f3n\u201d, especialmente en las zonas de peque\u00f1a propiedad fragmentada.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otros varios documentos el Pont\u00edfice desgrana con singular maestr\u00eda toda una serie de particularidades que inciden en la vida agr\u00edcola, como, por ejemplo, destacar en favor de los trabajadores de la tierra la situaci\u00f3n, en primer plano, de los valores del esp\u00edritu, cuando se trata de reajustar las relaciones econ\u00f3micas; proponer como medida precisa para superar la crisis que hoy \u2013como en 1955, m\u00e1s o menos\u2013 pesa sobre el mundo agr\u00edcola, dar al trabajador de la tierra la seguridad de que puede vivir con igual desahogo y dignidad, con iguales recursos y posibilidades de afirmarse en la vida social, reconociendo todos la importancia de su profesi\u00f3n agr\u00edcola; que el Estado, sin un intervencionismo que agote las leg\u00edtimas libertades, d\u00e9 vida a aquellas condiciones generales de subsistencia en que se desarrollan la instrucci\u00f3n p\u00fablica, las comunicaciones, las formas de previsi\u00f3n y seguridad social que garanticen un positivo y continuado progreso econ\u00f3mico-social; de lo contrario \u2013podemos leer en otro lugar\u2013 se dar\u00e1 tal \u00e9xodo rural, que hemos de deplorar y que conducir\u00e1 a que el suelo, abandonado por incuria o agotado por una explotaci\u00f3n inh\u00e1bil, pierda gradualmente su productividad natural y la econom\u00eda social misma entre en una crisis de las m\u00e1s graves al tener que abandonar los labradores su entorno y como su tronco natural por los desplazamientos de poblaciones, que llevan consigo tantas dificultades de adaptaci\u00f3n al nuevo ambiente y no pocos peligros para la vida familiar y religiosa; todo esto, en gran parte, es debido a aquella falta de medios de bienestar antes enunciados de forma gen\u00e9rica y que en otra alocuci\u00f3n espec\u00edfica, como viendo los campos, todav\u00eda no suficientemente dotados en todas partes de viviendas, de carreteras, de escuelas, de acueductos, de energ\u00eda el\u00e9ctrica, de ambulatorios m\u00e9dicos<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien es cierto que muchas de estas circunstancias han cambiado, no lo es menos que algunas contin\u00faan todav\u00eda caracterizando nuestros campos, particularmente de las zonas llamadas deprimidas. Tan s\u00f3lo hace diez a\u00f1os, cuando la fundaci\u00f3n <em>Agap\u00e9<\/em> \u2013de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola\u2013 public\u00f3 un amplio volumen sobre la pobreza en Espa\u00f1a y sus causas, adem\u00e1s de dedicar un cap\u00edtulo, entre otros varios, a la cuesti\u00f3n de la tierra en Espa\u00f1a, tuvo que fijarse tambi\u00e9n en el fen\u00f3meno, casi de car\u00e1cter medieval, de las comarcas rurales deprimidas; no vamos a citarlas ahora una por una, aunque podr\u00edamos hacerlo casi con la misma precisi\u00f3n que se enumeraron entonces, bien que se hayan superado en no pocos casos los \u00edndices m\u00ednimos fijados para determinarlas. Estos ser\u00edan: que la renta comarcal \u201cper capita\u201d sea inferior al 65% de la media nacional; que el porcentaje de personas mayores de 65 a\u00f1os rebase el 15% de la poblaci\u00f3n total de la comarca; que entre 1975 y 1990 la poblaci\u00f3n haya disminuido en un 25%; que m\u00e1s del 40% de las casas no tengan agua corriente y m\u00e1s del 5% no tengan luz el\u00e9ctrica; que la poblaci\u00f3n escolarizada en unidades de EGB de menos de cinco unidades sea un 25% mayor que la media nacional; que los ingresos municipales por habitante sean inferiores al 60% de la media nacional. Aunque estos criterios corresponden a una mentalidad adoptada por el R.D. 3418\/1978, B.O.E., 7-III-1979, cualquiera de los oyentes, si conoce ligeramente el valor de las actuales estad\u00edsticas que ofrece la C.E.E. o U.E. en su \u201cpol\u00edtica estructural\u201d, puede llegar a la f\u00e1cil conclusi\u00f3n de que el paro, el envejecimiento de la poblaci\u00f3n y el deterioro socio-moral han aumentado las zonas deprimidas, o la depresi\u00f3n en las comarcas que ya la ven\u00edan sufriendo<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Juan XXIII y Juan Pablo II<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y llegamos al magisterio de Juan XXIII y Juan Pablo II, omitido el de Pablo VI, no porque carezca de trascendencia, sino por la sistematizaci\u00f3n que de estos temas nos ofrecieron los dos Papas citados en primer lugar, aunque sin preterir las ense\u00f1anzas del Concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n Conciliar <em>Gaudium et spes,<\/em> ni las referencias a la ecolog\u00eda expuestas por Pablo VI y el actual Pont\u00edfice.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comenzando por este asunto, el de la ecolog\u00eda o, por mejor decir, de la problem\u00e1tica que se presenta desde la perspectiva de la destrucci\u00f3n del medio ambiente, debemos advertir que las previsiones formuladas por el Papa P\u00edo XII en 1951 sobre el agotamiento del suelo por incuria en su cultivo o por una explotaci\u00f3n inh\u00e1bil, se est\u00e1n cumpliendo inexorablemente, seg\u00fan estamos experimentando en los desequilibrios climatol\u00f3gicos, en las pertinaces sequ\u00edas, en las contaminaciones de las aguas y en la extenuaci\u00f3n de nuestras masas arb\u00f3reas. Ya Pablo VI, en su Carta Apost\u00f3lica <em>Octogesima adveniens<\/em>, de 14 de mayo de 1971<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a> consider\u00f3 como situaci\u00f3n dram\u00e1tica la degradaci\u00f3n del medio ambiente producida por un desequilibrio en la actividad humana y una <em>\u201cexplotaci\u00f3n inconsiderada de la naturaleza\u201d,<\/em> desequilibrio que tambi\u00e9n hab\u00eda denunciado repetidas veces P\u00edo XII. No hay duda de que el abandono de la tierra cultivable, el abuso de los pesticidas en la agricultura, los regad\u00edos incontrolados, la extralimitaci\u00f3n de ciertas industrias en un excesivo \u00e1nimo de lucro y, en general, la disposici\u00f3n arbitraria de la tierra y sus elementos naturales, nos han llevado a situaciones alarmantes. Juan Pablo II, en su Enc\u00edclica <em>Centesimus annus,<\/em> de 1 de mayo de 1991<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>, ha advertido que el hombre consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su propia vida; <em>\u201ccree que puede disponer arbitrariamente de la tierra\u201d,<\/em> a\u00f1adiendo m\u00e1s adelante, con una expresa referencia al orden trascendente que <em>\u201c(el hombre), en vez de desempe\u00f1ar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creaci\u00f3n, &#8230; suplanta a Dios y con ello provoca la rebeli\u00f3n de la naturaleza, m\u00e1s bien tiranizada que gobernada por \u00e9l\u201d.<\/em> El tema hab\u00eda sido ya tratado en la Enc\u00edclica <em>Sollicitudo rei socialis<\/em>, particularmente en su n\u00famero 34, en el que pide una atenta ponderaci\u00f3n sobre la necesidad de tener en cuenta la naturaleza y la mutua conexi\u00f3n de cada ser \u2013plantas, animales, elementos naturales\u2013, en el sistema ordenado que es precisamente el cosmos; advierte que los recursos de la naturaleza son limitados y no renovables y que todos estamos sujetos a las leyes morales y no s\u00f3lo a las biol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero debemos ya fijar nuestra atenci\u00f3n en un conjunto de textos de Juan XXIII y Juan Pablo II, en los que el autor de la <em>Mater et Magistra<\/em> recopila las ideas y las l\u00edneas maestras de los documentos de P\u00edo XII sobre la agricultura y las expone de forma sistem\u00e1tica y con un m\u00e9todo pedag\u00f3gico extraordinario, mientras el segundo, en la <em>Laborem exercens<\/em> revaloriza y dignifica el trabajo agr\u00edcola, devolvi\u00e9ndole la prerrogativa que siempre le correspondi\u00f3 seg\u00fan los planes de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio Vaticano II, en la Constituci\u00f3n <em>Gaudium et spes<\/em>, n. 71, p\u00e1rrafo \u00faltimo, tratar\u00eda el tema de la agricultura desde el punto de vista de los latifundios, de los salarios y beneficios indignos del hombre que perciben muchos braceros, de la carencia de alojamientos, seguridad y libertad, que siguen padeciendo no pocos labriegos y de su falta de libertad y responsabilidad para intervenir en la vida social, impuesta por las circunstancias en que se desenvuelven en su vida rural, as\u00ed como de los abusos a que se ven sometidos por no pocos intermediarios. Los temas no son totalmente nuevos, como f\u00e1cilmente se echa de ver por lo dicho anteriormente, como tampoco lo son los criterios de reformas que se juzgan necesarios para evitar tales anomal\u00edas, se\u00f1al\u00e1ndose entre otros cambios que hay que realizar, el incremento de las remuneraciones, la mejora de las condiciones laborales, el aumento de la seguridad en el empleo etc.; todo ello, repetimos, ense\u00f1ado anteriormente en una l\u00f3gica concatenaci\u00f3n de la Doctrina Social de la Iglesia. El Concilio, conforme a su dimensi\u00f3n, decisi\u00f3n y estilo, no propone un estudio org\u00e1nico de los problemas agr\u00edcolas, que pod\u00edan interceptar, menguar o aniquilar los derechos humanos en el \u00e1mbito de la agricultura \u2013ya lo hab\u00eda hecho Juan XXIII, como veremos de inmediato\u2013, limit\u00e1ndose a proyectar un haz de luz que iluminara las conciencias, con el fin de que se adoptaran actitudes y se tomaran decisiones concretas, como lo har\u00eda m\u00e1s adelante y nosotros examinaremos en breve, Juan Pablo II.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Refiri\u00e9ndonos en primer lugar a Juan XXIII y a su Enc\u00edclica <em>Mater et Magistra<\/em><a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>, sobre el reciente desarrollo de la cuesti\u00f3n social a la luz de la doctrina cristiana, fechada el 16 de mayo de 1961, conmemoraci\u00f3n de la RN, de Le\u00f3n XIII, observamos que dedica gran parte de la misma a exponer criterios relativamente nuevos, como cuando trata de la socializaci\u00f3n, y a \u201cmantener encendida la antorcha levantada de sus predecesores\u201d (n. 50), puntualizando y desarrollando materias sobre las que ven\u00eda insistiendo la ense\u00f1anza social de los anteriores Pont\u00edfices. Despu\u00e9s de referirse expresamente a la Enc\u00edclica RN, a la <em>Quadragesimo anno<\/em>, y al casi desconocido mensaje de P\u00edo XII, <em>La solemnit\u00e0<\/em>, de 1 de junio de 1941, el Papa se fija en los cambios y transformaciones que hab\u00eda sufrido la sociedad, en los \u00faltimos a\u00f1os, en los \u00e1mbitos cient\u00edfico, t\u00e9cnico, econ\u00f3mico, social y pol\u00edtico, ofreci\u00e9ndonos, a partir de las consideraciones de estas innovaciones, una serie de principios doctrinales iluminadores, con todo detalle, de las anteriores ense\u00f1anzas sociales de la Iglesia, definidores del pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos e importantes problemas del momento c impulsores de decisiones para solucionarlos. Estos problemas son, entre otros: la iniciativa privada y la intervenci\u00f3n de los poderes p\u00fablicos en el campo econ\u00f3mico; el ya apuntado de la socializaci\u00f3n; la remuneraci\u00f3n del trabajo; las diversas estructuras econ\u00f3micas del servicio de la dignidad humana; la propiedad y sus nuevas formas; las relaciones entre los distintos sectores de la econom\u00eda, etc.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente este \u00faltimo enunciado abarca un conjunto de aspectos de la cuesti\u00f3n social que nos exigir\u00eda mucho m\u00e1s tiempo del que se puede disponer en toda una Semana Social, cu\u00e1nto m\u00e1s en la apertura de la misma. Pero en esta interconexi\u00f3n de los diversos sectores de la vida econ\u00f3mica ocupa un lugar preeminente, sin duda, la agricultura<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>, materia a la que dedica una serie de reflexiones Juan Pablo II en la <em>Laborem exercens<\/em>, n. 21, apartado que constituye una apretada, pero, por ello mismo, valiosa e inagotable s\u00edntesis de toda la anterior doctrina sobre los agricultores y la agricultura. Manteniendo la identidad de cada documento, trataremos de vincular entre s\u00ed los temas afines, pues, como es l\u00f3gico, se da una continuidad absoluta del pensamiento pontificio e incluso de algunas formulaciones del mismo, con las l\u00f3gicas adecuaciones exigidas por las circunstancias y la creciente investigaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Papa Juan XXIII, de origen campesino, no menos conocedor de la sociolog\u00eda de su tiempo, de la econom\u00eda y de la t\u00e9cnica que de la agricultura, demarc\u00f3 todo lo concerniente a \u00e9sta en relaci\u00f3n con aquellas, se\u00f1al\u00f3 las l\u00edneas de su necesario equilibrio, junto con el de los otros sectores de la producci\u00f3n, y precis\u00f3 los caminos a seguir para lograr <em>\u201cuna cuidadosa pol\u00edtica econ\u00f3mica en materia agr\u00edcola\u201d.<\/em> Juan Pablo II, formado en otros ambientes sociales y experto en las particularidades concretas del trabajo f\u00edsico personal, aplica lo gen\u00e9rico de cada tarea humana a lo espec\u00edfico del hombre que cultiva la tierra, sea como simple hombre del campo, sea como agricultor, para situar a la agricultura <em>\u201ccomo base de una sana econom\u00eda, en el conjunto del desarrollo de la comunidad social\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>. Juan XXIII, desde la MM, da virtualidad al t\u00edtulo de su Carta y propone la doctrina de la Iglesia, como la de una Madre y Maestra que adoctrina amorosamente a sus hijos y los dispone para afrontar los riesgos que se les pueden presentar, ya en el presente, ya en el futuro; Juan Pablo II se fija en la agricultura y en los agricultores como sujetos de una actividad que nunca ser\u00e1 suficientemente valorada y que ha de ser considerada como de <em>\u201cuna importancia fundamental\u201d<\/em>, pues <em>\u201cofrece a la sociedad los bienes necesarios para su sustento diario\u201d<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El autor de la MM, en los referidos, extensos y categ\u00f3ricos puntos sobre la agricultura, nos advierte acerca de varios problemas, m\u00e1s bien de car\u00e1cter internacional, que nadie debe eludir, como si no nos afectasen, porque los vemos muy lejanos en el espacio; y los trata, aunque sea en concepto de conclusiones pr\u00e1cticas, no ajenas, en la metodolog\u00eda, al llamado sistema de \u201cver\u201d, \u201cjuzgar\u201d y \u201cactuar\u201d, con una sistematizaci\u00f3n y claridad admirables. Estos problemas, sin entrar en muchos pormenores de su exposici\u00f3n, podr\u00edamos enumerarlos: la desproporci\u00f3n entre el terreno cultivable y la poblaci\u00f3n agr\u00edcola: <em>\u201cefectivamente, en algunas naciones hay escasez de brazos y abundancia de tierras laborables, mientras que en otras abunda la mano de obra y escasean las tierras de cultivo\u201d<\/em>; adem\u00e1s se dan situaciones de tierras muy productivas sin que se disponga de medios adecuados para que rindan lo debido, mientras que ciertas t\u00e9cnicas hacen producir m\u00e1s de lo conveniente para la econom\u00eda nacional; se precisa, pues, que <em>\u201clos pueblos se presten activa y variada ayuda mutua, de la cual se seguir\u00e1 no s\u00f3lo un m\u00e1s f\u00e1cil intercambio de bienes, capitales y hombres, sino adem\u00e1s una reducci\u00f3n de las desigualdades que existen entre las diversas naciones\u201d<\/em>. En este sentido, la FAO viene realizando una obra estimable en favor de la agricultura misma, de la distribuci\u00f3n de los alimentos y ayuda a los pa\u00edses que sufren hambre; por otra parte, se han de considerar obligatorias las llamadas ayudas de emergencia, pues <em>\u201ctanto la justicia como la humanidad exigen que las naciones ricas presten su ayuda a las naciones pobres\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mas no basta ni la ayuda material sistem\u00e1tica, ni la meramente espor\u00e1dica, sino que los organismos supranacionales y estatales, fundaciones particulares y sociedades privadas deben ofrecer a diario con creciente liberalidad, a dichos pa\u00edses <em>\u201c(pobres) ayuda t\u00e9cnica para aumentar su producci\u00f3n\u201d<\/em>: a ello contribuye tambi\u00e9n el ofrecer posibilidades a j\u00f3venes que, estudiando en las universidades m\u00e1s modernas, <em>\u201cadquieran una formaci\u00f3n cient\u00edfica y t\u00e9cnica conforme al nivel exigido por nuestro tiempo\u201d<\/em>; tambi\u00e9n contribuyen las entidades bancarias y los Estados que facilitan pr\u00e9stamos a instituciones cuya finalidad es la producci\u00f3n econ\u00f3mica. Todo esto se ha de realizar reconociendo y respetando el <em>\u201clegado tradicional de cada pueblo\u201d<\/em>, evitando nuevas formas de colonialismo y de dominio pol\u00edtico. Por \u00faltimo, las naciones en v\u00edas de desarrollo examinen la trayectoria recorrida por las que gozan de mayor prosperidad, por lo que <em>\u201chay que esforzarse para que el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso social avancen simult\u00e1neamente\u201d<\/em> y este equilibrio se vea acompa\u00f1ado de la armon\u00eda que debe existir entre los diferentes sectores de la agricultura, la industria y los servicios de toda clase.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este conjunto de perspectivas para conseguir la m\u00e1s variada colaboraci\u00f3n rec\u00edproca entre unos pa\u00edses y otros, la Iglesia, adem\u00e1s de acoger por igual a todos los pueblos y contribuir a su bienestar cuando los gana para Cristo, realiza el renacer o resucitar de cada hombre en Cristo y los ciudadanos cat\u00f3licos, tanto de los pa\u00edses subdesarrollados como de los m\u00e1s ricos, deben mantener el primer puesto en el esfuerzo para que a las naciones econ\u00f3micamente d\u00e9biles se les facilite lo m\u00e1s posible el progreso econ\u00f3mico y social<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La tierra como un don de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n con este conjunto de facetas de dimensi\u00f3n internacional, Juan Pablo II, en el apartado a que nos venimos refiriendo de su Enc\u00edclica sobre el trabajo humano, nos hace caer en la cuenta de la necesidad que tenemos, aunque vivamos en zonas desarrolladas, de considerar la situaci\u00f3n lamentable en que trabajan los campos los campesinos del llamado tercer mundo: <em>\u201cEn algunos pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, millones de hombres se ven obligados a cultivar las tierras de otros y son explotados por los latifundistas sin la esperanza de llegar un d\u00eda a la posesi\u00f3n siquiera de un pedazo m\u00ednimo de tierra en propiedad\u201d,<\/em> fen\u00f3meno \u2013decimos nosotros\u2013 que tan dolorosamente oprime a tantos hermanos nuestros de Centro y Sudam\u00e9rica, como pueden ser de Nicaragua, el Salvador, Per\u00fa, Bolivia&#8230; sin contar los innumerables afroasi\u00e1ticos; y el Pont\u00edfice nos sigue llamando la atenci\u00f3n: <em>\u201cFaltan formas de protecci\u00f3n legal para la persona del trabajador agr\u00edcola y su familia en caso de vejez, de enfermedad o falta de trabajo. Largas jornadas de pesado trabajo f\u00edsico son pagadas miserablemente\u201d<\/em> no s\u00e9 \u2013aclaro yo\u2013 si tambi\u00e9n en cultivos de \u00e1reas m\u00e1s cercanas a nosotros&#8230; <em>\u201cTierras cultivables son abandonadas por sus propietarios; t\u00edtulos leg\u00edtimos de posesi\u00f3n de parcelas de terreno cultivadas como propias durante a\u00f1os, no son tenidos en cuenta o no pueden defenderse frente al \u201chambre de la tierra\u201d de individuos o de grupos m\u00e1s poderosos\u201d.<\/em> Adem\u00e1s de la puesta en pr\u00e1ctica de las ideas ofrecidas por Juan XXIII sobre la acci\u00f3n de la Iglesia \u2013que formamos todos\u2013 y que dejamos expuestas m\u00e1s arriba, resulta inexcusable reiterar lo que Juan Pablo II dej\u00f3 escrito al final de este n\u00famero que venimos declarando: <em>\u201cPor lo tanto, es menester proclamar y promover la dignidad del trabajo agr\u00edcola, en el cual, el hombre, de manera tan elocuente, \u201csomete\u201d la tierra recibida como don de Dios y afirma su \u201cdominio\u201d en el mundo visible\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El \u00e9xodo rural<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el actual Pont\u00edfice nos ha presentado un panorama rural que no podemos por menos de calificar como tercermundista, no por ello han dejado de tener actualidad en el mundo desarrollado las apreciaciones, advertencias y apremios que nos hizo, treinta y alg\u00fan a\u00f1os atr\u00e1s, el autor de la <em>Mater et Magistra<\/em>. Es cierto que nuestra agricultura, en t\u00e9rminos generales y absolutos, ha mejorado; pero otras facetas relacionadas con la vida rural, y al mismo tiempo, con la urbana, apenas han prosperado, sino que en muchos casos se han deteriorado por la afluencia masiva y falta de coordinaci\u00f3n de muchos labriegos hacia zonas industrializadas. <em>\u201cIndudablemente<\/em> \u2013dice Juan XXIII\u2013 <em>son muchos los campesinos que abandonan el campo para dirigirse a poblaciones mayores e incluso centros urbanos. Este \u00e9xodo rural, por verificarse casi en todos los pa\u00edses y adquirir a veces proporciones multitudinarias, crea problemas de dif\u00edcil soluci\u00f3n, por lo que toca al nivel de vida digno de todos los ciudadanos\u201d.<\/em> A este fen\u00f3meno del \u00e9xodo se atreve Juan Pablo II a calificarlo de \u201cfuga\u201d, al sentirse los hombres de la agricultura como socialmente unos marginados, <em>\u201chasta acelerar en ellos el fen\u00f3meno de la fuga masiva del campo a la ciudad y, desgraciadamente, hacia condiciones de vida todav\u00eda m\u00e1s deshumanizadoras\u201d<\/em>. Este hecho ha venido ocasionando una serie de desequilibrios econ\u00f3mico-sociales, aunque el mismo desarrollo econ\u00f3mico ha motivado tambi\u00e9n la partida desde el campo a las ciudades. El Papa Juan XXIII lo constata con toda claridad, sin ocultar que ha habido diversos est\u00edmulos, no tan laudables, mientras que Juan Pablo II lo atribuye, entre otras causas, a las no leves dificultades que lleva consigo el trabajo del campo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice la MM: <em>\u201cA la vista de todos est\u00e1 el hecho de que, a medida que progresa la econom\u00eda, disminuye la mano de obra dedicada a la agricultura, mientras crece el porcentaje de la consagrada a la industria y el sector de los servicios\u201d,<\/em> concluyendo la LE que <em>\u201cson necesarios cambios radicales y urgentes para volver a dar a la agricultura y \u2013a los hombres del campo\u2013 el justo valor \u2018como base de una sana econom\u00eda\u2019, en el conjunto del desarrollo de la comunidad social. Por lo tanto, es menester proclamar y promover la dignidad del trabajo&#8230; y en particular del trabajo agr\u00edcola\u201d,<\/em> como ya se ha anotado m\u00e1s arriba. Entre los est\u00edmulos menos nobles para dejar el campo destaca la MM <em>\u201cel ansia de huir de un ambiente estrecho sin perspectivas de vida m\u00e1s c\u00f3moda, el prurito de novedades y aventuras de que tan pose\u00edda est\u00e1 nuestra \u00e9poca, el af\u00e1n por un r\u00e1pido enriquecimiento, la ilusi\u00f3n de vivir con mayor libertad, gozando de los medios que brindan las poblaciones m\u00e1s populosas\u201d.<\/em> La LE, sin embargo, se fija m\u00e1s bien, a la hora de se\u00f1alar algunas motivaciones para dejar el campo, en la dureza del trabajo mismo y en otros inconvenientes que proceden, incluso, de la misma sociedad y que veremos en breve. No se le oculta a Juan XXIII, como insinuamos m\u00e1s arriba, que hay otras motivaciones m\u00e1s justas para que los labriegos y agricultores, en general, se trasladen a ambientes urbanos: <em>\u201cTambi\u00e9n es indudable que el \u00e9xodo del campo se debe al hecho de que el sector agr\u00edcola es, en casi todas partes, un sector deprimido, tanto por lo que toca al \u00edndice de productividad como por lo que respecta al nivel de vida de las poblaciones rurales\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este nivel de vida \u2013bajo, por supuesto y, en la mayor\u00eda de los casos, indigno del hombre de nuestros tiempos\u2013 es considerado por Juan Pablo II desde una perspectiva casi deplorable, como cuando enumera las circunstancias que suelen rodear el trabajo agr\u00edcola, en <em>\u201cla situaci\u00f3n del hombre que cultiva la tierra en el duro trabajo de los campos\u201d; \u201cel esfuerzo f\u00edsico continuo y a veces extenuante\u201d; \u201cla escasa estima en qu\u00e9 est\u00e1 considerado socialmente \u2013el trabajo del campo\u2013, hasta el punto de crear entre los hombres de la agricultura el sentimiento de ser socialmente unos marginados\u201d<\/em>, a lo que hay que a\u00f1adir <em>\u201cla falta de una adecuada formaci\u00f3n profesional y de medios apropiados (para el trabajo); una actitud difuminada de preocupaci\u00f3n exclusiva por los propios problemas \u2013o sea, individualismo\u2013; situaciones objetivamente injustas\u201d<\/em>, que depender\u00e1n, aclaramos, de las circunstancias que concurran en cada caso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volviendo casi exclusivamente a la MM, su autor considera necesario adoptar una serie de medidas <em>\u201cante un problema de tanta importancia\u201d; \u201cinvestigar&#8230; los procedimientos m\u00e1s id\u00f3neos para reducir las enormes diferencias que en<\/em> <em>materia de productividad se registran entre el sector agr\u00edcola y los sectores de la industria y de los servicios; buscar&#8230; los medios m\u00e1s adecuados para que el nivel de vida de la poblaci\u00f3n agr\u00edcola se distancie lo menos posible del nivel de vida de los ciudadanos que obtienen sus ingresos trabajando en los otros sectores aludidos; realizar, por \u00faltimo, los esfuerzos indispensables para que los agricultores no padezcan complejo de inferioridad<\/em> (\u2013lo que Juan Pablo II llamar\u00eda, seg\u00fan hemos visto, sentirse socialmente unos marginados, acentuando m\u00e1s todav\u00eda el concepto de ese complejo\u2013), <em>frente a los dem\u00e1s grupos sociales, antes, por el contrario, vivan persuadidos de que tambi\u00e9n dentro del ambiente rural pueden no solamente consolidar y perfeccionar su propia personalidad mediante el trabajo del campo, sino adem\u00e1s mirar tranquilamente al porvenir\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Medidas concretas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para que estas situaciones no se perpet\u00faen, el Pont\u00edfice se\u00f1ala <em>\u201calgunas normas de valor permanente\u201d<\/em>, cuya aplicaci\u00f3n depender\u00e1 de lo que permitan las circunstancias concretas de tiempo y de lugar. Estas normas, exhortaciones y hasta exigencias se han de resumir, necesariamente, conforme a la doctrina expuesta en los n\u00fam. 126-127 de la MM: <em>\u201ces necesario que todos, y de modo especial las autoridades p\u00fablicas procuren con eficacia que en el campo adquieran el conveniente grado de desarrollo los servicios p\u00fablicos m\u00e1s fundamentales<\/em> (\u2013citando seguidamente las deficiencias denunciadas ya por P\u00edo XII, desde 1951 a 1958, aunque, lamentablemente, agravadas en nuestro tiempo\u2013), <em>como por ejemplo, caminos, transportes, comunicaciones, agua potable, vivienda, asistencia m\u00e9dica y farmac\u00e9utica, ense\u00f1anza elemental y ense\u00f1anza t\u00e9cnica profesional, condiciones id\u00f3neas para la vida religiosa y para un sano esparcimiento\u201d.<\/em> Pero no s\u00f3lo esto, con ser ya mucho de lo que carecen hoy diversos sectores rurales de algunas regiones espa\u00f1olas, sino que advierte el Pont\u00edfice, es necesario <em>\u201ctodo el conjunto de productos que permitan al hogar del agricultor estar acondicionado y funcionar de acuerdo con los progresos de la \u00e9poca moderna\u201d<\/em>. Cuando faltan estos servicios, que han de considerarse fundamentales, <em>\u201cexiste la imposibilidad<\/em> \u2013contin\u00faa el Papa\u2013 <em>de frenar el \u00e9xodo rural y la dificultad de controlar num\u00e9ricamente la poblaci\u00f3n que huye del campo\u201d.<\/em> Juan Pablo II, en la LE volver\u00e1 de nuevo sobre esta problem\u00e1tica, a la que no se encuentra o no se quiere dar soluci\u00f3n adecuada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es tambi\u00e9n indispensable \u2013sigue dici\u00e9ndonos Juan XXIII\u2013 una debida proporci\u00f3n y conveniente equilibrio entre la agricultura y sus t\u00e9cnicas de producci\u00f3n y las que se utilizan en los otros sectores productivos (lo que tambi\u00e9n advertir\u00e1 Juan Pablo II), en una justa reciprocidad de intercambios entre dichos sectores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ventajas que se obtendr\u00e1n de la puesta en marcha de estas medidas son evidentes: se podr\u00e1 controlar la salida y llegada de los que dejan el campo, con estad\u00edsticas precisas; ser\u00e1 posible proporcionar una formaci\u00f3n profesional apta para la nueva dedicaci\u00f3n; ser\u00e1 f\u00e1cil ofrecer ayudas econ\u00f3micas y asistencia espiritual apropiadas a la mejor integraci\u00f3n en los medios urbanos (n. 130).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan XXIII, en su programaci\u00f3n exhaustiva de los remedios que se han de aplicar al campo para conseguir una adecuada pol\u00edtica econ\u00f3mica agraria, llama la atenci\u00f3n sobre la necesidad de adoptar medidas muy concretas en determinados aspectos de la vida social, que afectan de manera m\u00e1s decisiva a la agricultura, en general. As\u00ed se ha de tener en cuenta la exigencia de adoptar sistemas tributarios justos y equitativos, habida cuenta de la gesti\u00f3n econ\u00f3mica caracter\u00edstica de las gentes del campo; se precisa <em>\u201cestablecer una particular pol\u00edtica crediticia para la agricultura\u201d<\/em>, mediante instituciones de cr\u00e9ditos llamados \u201cblandos\u201d; es necesario que se implanten diversos sistemas \u2013al menos, dos\u2013 de seguros, que garanticen, no s\u00f3lo la obtenci\u00f3n y almacenamiento de los frutos, sino tambi\u00e9n la salud de los campesinos y su renta \u201cper c\u00e1pita\u201d, no inferior a la de los dem\u00e1s trabajadores; pero tambi\u00e9n se debe garantizar la seguridad de los precios, tanto por parte de los mismos interesados, cuanto por la acci\u00f3n moderadora de lo\u00bb poderes p\u00fablicos, pues el valor de los frutos agr\u00edcolas <em>\u201cconstituye generalmente una retribuci\u00f3n del trabajo, m\u00e1s bien que una remuneraci\u00f3n del capital empleado\u201d,<\/em> remuneraci\u00f3n que, ya expresada en 1961, tendr\u00eda su confirmaci\u00f3n plena en la doctrina de Juan Pablo II<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a> treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las zonas campesinas, sean o no de pa\u00edses tercermundistas, se han de promover industrias y servicios dependientes de la agricultura, para asegurar a los rurales unas formas id\u00f3neas de ingresos econ\u00f3micos en los mismos ambientes en que viven y trabajan. No se puede perder de vista lo complejo que resulta encuadrar la empresa agr\u00edcola en unos par\u00e1metros preconcebidos o an\u00e1logos a los de otros sectores; debemos tomar en consideraci\u00f3n que las tareas agr\u00edcolas suelen estar vinculadas a las familias en la mayor\u00eda de los casos y, desde una perspectiva cristiana se ha de considerar la empresa agr\u00edcola y la familia <em>\u201ccomo una comunidad de personas en la que las relaciones internas&#8230; han de ajustarse a los criterios de la justicia y al esp\u00edritu cristiano\u201d<\/em>; esta singular caracter\u00edstica exige que se d\u00e9 a los agricultores una instrucci\u00f3n adecuada a las tareas que han de llevar a cabo, que se les ofrezcan oportunidades de formar cooperativas y que tengan posibilidades de intervenir en la vida p\u00fablica<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>. El Papa Juan XXIII ya quiso destacar que los agricultores han de ser los protagonistas de su propia elevaci\u00f3n econ\u00f3mica y social, <em>\u201cadquiriendo una conciencia clara y profunda de la nobleza de su profesi\u00f3n\u201d<\/em>, de que son productores de la <em>\u201crica gama de alimentos con que se nutre la familia humana\u201d<\/em> y que <em>\u201cproporciona tambi\u00e9n un n\u00famero cada vez mayor de materias primas a la industria\u201d,<\/em> lo que vuelve a confirmar el actual Pont\u00edfice en la Carta y lugar ya repetidamente mencionados. Otra vez vuelve a insistir Juan XXIII en la <em>\u201cespec\u00edfica dignidad\u201d<\/em> e <em>\u201cintr\u00ednseca nobleza\u201d<\/em> del trabajo del campo<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>, tema que no dejar\u00e1 de repetir en cuantas ocasiones se le presenten, como en el n\u00famero 149 y el \u00faltimo de este cap\u00edtulo de su Enc\u00edclica, apreci\u00e1ndolo como <em>\u201cuna misi\u00f3n excelsa\u201d<\/em> recibida de Dios, sobre lo que volver\u00e1 a insistir Juan Pablo II a la luz de la dignidad del trabajo humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, no podemos perder de vista que esta u otra problem\u00e1tica similar se da tambi\u00e9n en los pa\u00edses econ\u00f3micamente desarrollados, como sabiamente observ\u00f3 Juan Pablo II en su Carta magna del trabajo, pa\u00edses <em>\u201cdonde la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, las conquistas tecnol\u00f3gicas o la pol\u00edtica del Estado han<\/em> <em>llevado a la agricultura a un nivel muy avanzado, el derecho del trabajo puede ser lesionado cuando se niega al campesino la facultad de participar en las deliberaciones que afectan a su trabajo o cuando se le niega el derecho de libre asociaci\u00f3n en vista a la justa promoci\u00f3n social, cultural y econ\u00f3mica del trabajador agr\u00edcola\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>, para evitar lo cual la Enc\u00edclica MM hab\u00eda pedido que los agricultores se asociaran, sobre todo cuando las empresas eran familiares, crearan cooperativas para defender los precios de los productos del campo y trataran de colocarse <em>\u201cen un plano de igualdad respecto a las categor\u00edas econ\u00f3micamente profesionales, generalmente organizadas\u201d<\/em>, <em>\u201cporque, como con raz\u00f3n se ha dicho, en nuestra \u00e9poca las voces aisladas son como voces dadas al viento\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Norte y el Sur<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, una cuesti\u00f3n \u00edntimamente relacionada con la agricultura, sin insistir de nuevo en lo concerniente al deterioro ecol\u00f3gico, de que tambi\u00e9n trata la <em>Sollicitudo rei socialis<\/em> y la <em>Centesimus annus<\/em><a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a>, es la que se refiere a los desequilibrios culturales y socio-econ\u00f3micos entre el Norte y el Sur, o como dice la Enc\u00edclica citada en primer lugar, n. 14, <em>\u201cel abismo entre las regiones del llamado Norte desarrollado y el Sur en fase de desarrollo\u201d<\/em>, denominaci\u00f3n s\u00f3lo indicativa, pues tanto en los pa\u00edses m\u00e1s ricos \u2013Norte\u2013, como en los menos desarrollados \u2013Sur\u2013, se pueden dar y se dan situaciones de miseria y de riqueza y viceversa. Lo que s\u00ed merece tenerse en cuenta es que en los pa\u00edses del Sur <em>\u201cvive la absolutamente m\u00e1xima parte del g\u00e9nero humano. Si, despu\u00e9s se ponderan los m\u00faltiples elementos de los diversos sectores: producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de alimentos, sanidad p\u00fablica y viviendas, recursos de agua potable, condiciones de trabajo, principalmente femenino, que dif\u00edcilmente se distingue de las formas de esclavitud, duraci\u00f3n de la vida y otros indicadores simult\u00e1neos, econ\u00f3micos y sociales, se hace evidente un cuadro general totalmente desolador, ya se mire en s\u00ed mismo, ya se compare con los \u00edndices y estimaciones de las naciones m\u00e1s desarrolladas. Aquella palabra, \u201cabismo\u201d, brota espont\u00e1neamente en la mente y en los labios\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas reflexiones de Juan Pablo II merecen \u2013por lo que se refiere a la agricultura, en sus relaciones con el comercio y con la ayuda alimentaria\u2013, aunque no sea m\u00e1s que un sencillo comentario. En efecto, podemos constatar la tremenda paradoja que se da entre las escasas tierras cultivadas y cultivables del Norte, con sus excedentes agrarios, y la desnutrici\u00f3n y hambre del Sur, de inmensa riqueza natural agr\u00edcola y ganadera. Los pa\u00edses de la U.E. (Europa Unida) suelen subvencionar a los agricultores y ganaderos \u2013con cargo a los presupuestos estatales\u2013 con enormes cantidades de dinero; y a trav\u00e9s de la PAC (Pol\u00edtica Agraria Com\u00fan) la U.E. se ha convertido en autosuficiente con su producci\u00f3n de l\u00e1cteos, carne, cereales y az\u00facar, entre otros productos; mientras tanto, la puesta en pr\u00e1ctica de los acuerdos del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio) est\u00e1 ya produciendo cambios profundos en los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, como la sustituci\u00f3n de los cultivos tradicionales por otros de exportaci\u00f3n destinados a los pa\u00edses industrializados; cultivar, por ejemplo, caf\u00e9, cacao, algod\u00f3n o caucho implica grandes inversiones en productos agroqu\u00edmicos y maquinaria que hay que importar del Norte a precios cada vez mayores. <em>\u201cLa agricultura se ha convertido en hijastra de la pol\u00edtica\u201d,<\/em> ha escrito Willy Brandt; tambi\u00e9n ha denunciado que Zambia, en los a\u00f1os 80 tuvo que importar seis veces m\u00e1s cereales que inmediatamente despu\u00e9s de la independencia; que Zaire, que en 1960 exportaba productos alimenticios, tiene que depender de la importaci\u00f3n de productos agr\u00edcolas o derivados de \u00e9stos; que Liberia importa el arroz que ella misma podr\u00eda producir, y lo mismo puede decirse del Magreb norteafricano, por no citar m\u00e1s pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia advirti\u00f3 ya hace mucho tiempo estas posibles futuras anomal\u00edas \u2013aunque sin citar casos tan concretos\u2013, mientras los responsables de la econom\u00eda y las empresas multinacionales s\u00f3lo percib\u00edan mensajes de un capitalismo salvaje y ajeno a las m\u00e1s elementales necesidades humanas. <em>\u201cLa iglesia ha sentido y sigue sintiendo la obligaci\u00f3n de denunciar tal realidad con toda claridad y franqueza, aunque sepa que su grito no siempre ser\u00e1 acogido favorablemente por todos\u201d,<\/em> nos dej\u00f3 escrito Juan Pablo II al final de su Enc\u00edclica<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las anteriores reflexiones, espigadas en los m\u00e1s variados campos del pensamiento de la Iglesia, Maestra de la verdad transmitida por el mismo Dios en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n constante de los Padres, Concilios y santos, o derivadas de las m\u00e1s nobles actitudes de insignes Prelados, mentores incansables de la sociedad de sus \u00e9pocas, y sobre todo, avaladas por las ense\u00f1anzas sociales del magisterio pontificio, en particular de Juan XXIII y Juan Pablo II, sirvan para reavivar las inquietudes que siempre han movido a todos los hombres de buena voluntad a preocuparse por la suerte de nuestros labriegos y agricultores, en general. Humildemente las ofrezco a cuantos particip\u00e1is en esta Semana Social de Espa\u00f1a y a cuantos quieran alimentarse de la rica doctrina que brotar\u00e1, sin duda, de vuestros trabajos. Y al terminar, las pongo a los pies de <em>\u201cla Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre y Reina nuestra, aqu\u00e9lla que volvi\u00e9ndose a su Hijo, dijo: \u201cNo tienen vino\u201d<\/em> \u2013en frase evang\u00e9lica y del Santo Padre Juan Pablo II\u2013; <em>Ella misma alaba a Dios Padre porque \u201cderrib\u00f3 a los potentados de sus tronos y exalt\u00f3 a los humildes; a los hambrientos colm\u00f3 de bienes y despidi\u00f3 a los ricos sin nada\u201d<\/em><a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchas gracias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>S\u00ednodo diocesano de Alcal\u00e1, <\/em>1480, n. 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Puede verse Ms. de D. Aguirre, edici\u00f3n del I.P.I.E.T., Toledo, 1973, en diversos cap\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> En el Archivo diocesano de Toledo, legajo: <em>Relaciones de Lorenzana.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Puede verse la revista <em>Anales Toledanos<\/em>, Diputaci\u00f3n provincial, Toledo 1982, p. 245-261.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> V\u00e9ase Josefina Cuesta, <em>Sindicalismo cat\u00f3lico agrario en Espa\u00f1a<\/em> (1917-1919), Madrid 1978.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Cf. <em>Cr\u00f3nica del III Congreso Cat\u00f3lico Nacional Espa\u00f1ol, <\/em>Sevilla 1983.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Discurso del 13 de junio de 1943, <em>La vostra gradita presenza:<\/em> AAS 35 (1943) 171-179.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> <em>Al particolare compiacimento, <\/em>15 de noviembre de 1946: AAS 38 (1946) 432-437.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> <em>Al vivo compiacimento,<\/em> 17 de abril de 1958: AAS 49 (1958) 830.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Cfr. respectivamente: Carta a la Semana Social de Cagliari (Italia), 18 de septiembre 1957; Alocuci\u00f3n <em>Eccoci convenuti<\/em>, de 18 de mayo de 1955: AAS 48 (1955) 497507; Carta a la XXX Semana Social de Italia, <em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>, 22 de septiembre 1958; Alocuci\u00f3n <em>Soyez ici,<\/em> al I Congreso Internacional de la Vida Cat\u00f3lica Rural, 2 de julio de 1951: AAS 44 (1951) 554-556; Alocuci\u00f3n a la peregrinaci\u00f3n de la Di\u00f3cesis de Badajoz, 16 de noviembre 1957: <em>Ecclesia<\/em>, 23 de noviembre; Alocuci\u00f3n <em>Vi siamo grati<\/em>, de 11 de abril de 1956: AAS 48 (1956) 277-282.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Puede verse el volumen citado <em>La pobreza en Espa\u00f1a y sus causas,<\/em> Madrid, 1984, p. 147, 607.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Texto original en <em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>, 15 de mayo de 1971.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Texto original en AAS 88 (1991) 793-867.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> V\u00e9ase AAS 53 (1961) 401-464.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Cf. <em>MM, <\/em>123-149.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> LE 21, p\u00e1rrafo \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> Ib\u00edd., p\u00e1rrafo primero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> Cf. MM, 153-184.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> LE 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> MM 123-124.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> MM 125.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> Cf. MM 131-140 y LE 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> Cf. MM 141-143.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> Cf. MM 144 y 145.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> LE 21, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> MM 146.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> SRS 34 y CA 37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> CA 37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> SRS 43. Puede verse: Inst. Soc. Le\u00f3n XIII, <em>Documentos pontificios sobre la agricultura, <\/em>Madrid, 1963. V\u00e9ase tambi\u00e9n, Homil\u00eda de Juan Pablo II en la Misa de beatificaci\u00f3n de Sor \u00c1ngela de la Cruz, Sevilla, 5 de noviembre de 1982. n. 5, sobre la agricultura y el trabajo de los agricultores, particularmente de las tierras de Andaluc\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia de apertura de la XXXVII Semana Social, celebrada en Ja\u00e9n, del 26 al 28 de mayo de 1994, sobre el campo espa\u00f1ol ante la Comunidad Europea, publicado en BOAT, julio 1994, p. 543-564. 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