{"id":1282,"date":"2024-09-28T23:10:24","date_gmt":"2024-09-28T21:10:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1282"},"modified":"2024-09-28T23:10:25","modified_gmt":"2024-09-28T21:10:25","password":"","slug":"la-virgen-maria-y-la-iglesia-de-hoy-maria-y-el-humanismo-cristiano","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-virgen-maria-y-la-iglesia-de-hoy-maria-y-el-humanismo-cristiano\/","title":{"rendered":"La Virgen Mar\u00eda y la Iglesia de hoy. Mar\u00eda y el humanismo cristiano"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia de clausura de la XXX Asamblea de Estudios Mariol\u00f3gicos, celebrada en Zaragoza, del 16 al 21 de octubre de 1972, A\u00f1o del Pilar. Reproducci\u00f3n del texto publicado por Editorial Coculsa, Madrid 1972.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Una crisis y sus causas<\/h3>\n\n\n\n<p>Hace poco m\u00e1s de un mes, afirmaba muy acertadamente el padre Aldama en una de sus conferencias pronunciadas en la V Semana de Cuestiones Teol\u00f3gicas, de Toledo, que si prestamos atenci\u00f3n al Concilio Vaticano II, al Magisterio posterior de la Iglesia por parte de los Obispos, y sobre todo, del Romano Pont\u00edfice, y a las manifestaciones del pueblo cat\u00f3lico, no se puede hablar de crisis de la Mariolog\u00eda, ni de disminuci\u00f3n o menos aprecio del culto y la piedad hacia la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda. Es evidente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, hay una zona intermedia, no peque\u00f1a, en la Iglesia hoy, formada por personas responsables de la educaci\u00f3n y mantenimiento de la fe del pueblo, en la que s\u00ed aparece esta crisis, la cual se manifiesta en silencios, displicencias, reproches indiscriminados a lo que ellos llaman excesos o deformaciones de la piedad mariana, abandono de pr\u00e1cticas tradicionales, y a veces, en menor escala, por supuesto, ataques velados o abiertos a ciertos dogmas y formulaciones de la doctrina cat\u00f3lica relativas a la Virgen Mar\u00eda. Art\u00edculos en revistas y peri\u00f3dicos, exposiciones de c\u00e1tedra, predicaciones en algunos templos o ausencia de las mismas, determinadas orientaciones que se dan en algunos colegios de la Iglesia, repulsa o al menos falta de participaci\u00f3n en actos externos y colectivos, que hasta hace poco se consideraban normal expresi\u00f3n de una fe y de unos sentimientos dignos de ser respetados, aparecen aqu\u00ed y all\u00e1 en n\u00famero suficiente como para poder decir que, en esa zona amplia a que me refiero, existe una crisis en la Mariolog\u00eda y en el culto mariano, que forma parte de la crisis general que padece la Iglesia en cuanto a la transmisi\u00f3n de su doctrina y la incorporaci\u00f3n de la misma a la vida del culto y la piedad. No es s\u00f3lo mera desorientaci\u00f3n, sino aut\u00e9ntica crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>Como causas desencadenantes de este fen\u00f3meno creo que pueden se\u00f1alarse estas tres:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Una influencia de la teolog\u00eda protestante, al menos en el sentido de querer atenuar los obst\u00e1culos que de parte cat\u00f3lica, seg\u00fan los que as\u00ed piensan y obran, se oponen al progreso de la causa ecum\u00e9nica.<\/li>\n\n\n\n<li>Una absorbente y pol\u00e9mica entrega, por parte de muchos, a lo que podr\u00edamos llamar cristianismo perif\u00e9rico, denominaci\u00f3n en la cual incluyo tantos y tantos esfuerzos como se hacen en orden a la revisi\u00f3n de estructuras, cuadros organizativos, conceptos de Iglesia, comunidades, pedagog\u00eda de la fe, b\u00fasqueda de la autenticidad&#8230; etc., todo lo cual quema energ\u00edas, produce irritaciones y descontentos, fomenta esperanzas, fundadas unas veces y vanas otras muchas, y aparta la atenci\u00f3n de algo que por su naturaleza, como es el misterio de la Virgen Mar\u00eda, requiere, para ser contemplado, mucha sencillez de alma, mucho silencio, amor manso y tranquilo, y, sobre todo, paz.<\/li>\n\n\n\n<li>Una exaltaci\u00f3n exagerada, que quiere ser religiosa, de los valores del humanismo, que, prescindiendo de casos extremos ya incompatibles con la doctrina cat\u00f3lica, se manifiesta en una Cristolog\u00eda que acent\u00faa lo humano en Cristo, en una teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n de las miserias terrestres, en una oposici\u00f3n a hablar del pecado actual u original, en una valoraci\u00f3n desmedida de la libertad, en relaci\u00f3n con todo lo cual, la figura de la Virgen Mar\u00eda, tan humilde, tan esclava del Se\u00f1or, tan sin pecado, tan llena de silencio y de gracia sobrenatural, parece a los cantores de este humanismo una abstracci\u00f3n idealizada e inactual.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Merecer\u00eda la pena estudiar la figura de Mar\u00eda y el culto a su persona sant\u00edsima en relaci\u00f3n con cada una de estas tres causas que influyen en la crisis de que hablo. No puedo hacerlo. Limitar\u00e9 mi examen solamente a esta \u00faltima y, en s\u00edntesis, la afirmaci\u00f3n fundamental que va a presidir mi exposici\u00f3n es \u00e9sta:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>que precisamente en la Virgen Mar\u00eda encontramos uno de los m\u00e1s excelsos motivos para un humanismo cristiano;<\/li>\n\n\n\n<li>que s\u00f3lo la falta de reflexi\u00f3n sobre lo que significa Mar\u00eda en la historia de la Salvaci\u00f3n del hombre puede inducir a algunos a olvidarla, cuando se proclaman estos entusiasmos humanistas, que, por otra parte, suelen terminar en tr\u00e1gicas desilusiones.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La condici\u00f3n humana de Mar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Semejante a nosotros, presagia nuestra grandeza<\/h3>\n\n\n\n<p>\u201cAl llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, <em>nacido de mujer,<\/em> nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n adoptiva\u201d (Gal 4, 4-5). La realidad de todo el misterio de la bienaventurada Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y de los hombres, est\u00e1 enraizada en lo m\u00e1s profundo de la condici\u00f3n humana: ning\u00fan hombre puede nacer sin madre. El Verbo particip\u00f3 de nuestra condici\u00f3n asumiendo la naturaleza humana en el seno de una mujer virgen, que concibi\u00f3 por obra del Esp\u00edritu Santo. Cristo, como todos los que creen en su nombre y son por adopci\u00f3n hijos de Dios, \u201cno naci\u00f3 de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que naci\u00f3 de Dios\u201d (Jn 1, 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es de nuestro linaje, tiene nuestra propia condici\u00f3n humana, pertenece a la gran familia de los redimidos y toda su grandeza le viene, como a todo hombre, de la redenci\u00f3n de Cristo, su Hijo, nacido de su mismo ser. No podemos olvidar la <em>persona<\/em>, la <em>mujer<\/em> que es Mar\u00eda y que no puede ser un simple instrumento impersonal, con lo que se disminuir\u00eda la misma realidad de la encarnaci\u00f3n divina, al hacer de ella una \u201caparici\u00f3n de Dios en el mundo\u201d y no su encarnaci\u00f3n humana: Cristo verdadero hombre y verdadero Dios, del mismo linaje de Ad\u00e1n, Primog\u00e9nito de la gran familia, \u00danico que por s\u00ed mismo adora al Padre en esp\u00edritu y en verdad, el Hombre que mostr\u00f3 a todos c\u00f3mo en la obediencia absoluta al Padre est\u00e1 la libertad, el Verbo que se hizo hermano nuestro para hacernos hijos del mismo Padre y de la misma Madre, el Salvador que muri\u00f3 para resucitarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNacido de mujer\u201d. Mar\u00eda es una persona humana. La vida terrena de Cristo es descendimiento de una Persona eterna en el tiempo. La de Mar\u00eda es como la nuestra: ascensi\u00f3n progresiva desde el tiempo a la eternidad. Es la Madre y Esposa en la historia de la Salvaci\u00f3n, no un simple instrumento. La condici\u00f3n verdaderamente humana de su persona es riqueza nuestra, de la que parte nuestra dignificaci\u00f3n; la plenitud de la gracia de Dios en esa misma condici\u00f3n humana nos engrandece tambi\u00e9n a nosotros. <em>\u201cDesde ahora todas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada\u201d<\/em> (Lc 1, 48). Existe una persona totalmente humana que crey\u00f3, esper\u00f3 y am\u00f3 a Jesucristo con toda la fuerza de su ser: la Virgen Mar\u00eda, una criatura sujeta a las limitaciones de nuestra propia condici\u00f3n, a las circunstancias hist\u00f3ricas de su patria y de su raza, al momento presente, sin conocimiento del futuro y que, por lo tanto, supo de la incertidumbre, de la inquietud, de la angustia. Conoci\u00f3 el dolor, el desprendimiento, el trabajo, la separaci\u00f3n y la muerte de los seres queridos. Sinti\u00f3 el peso de la contradicci\u00f3n. Cumpli\u00f3 fielmente las exigencias de mujer, madre y esposa \u201ccristiana\u201d, girando, eso s\u00ed, dentro de un misterio que confer\u00eda a estas misiones humanas una plenitud y singularidad que la hacen distinta, pero no extra\u00f1a a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios quiere el amor libre del hombre y su mirada inteligente. <em>\u201cNinguna condenaci\u00f3n pesa, pues, sobre los que est\u00e1n en Cristo Jes\u00fas\u201d<\/em> (Rm 8, 1). <em>\u201cPara la libertad nos liber\u00f3 Cristo\u201d<\/em> (Gal 5, 1). Dios es Dios de vida, de verdad, de inteligencia, de libertad y de voluntad, y si nunca convertir\u00e1 a los hombres en puros instrumentos, porque les negar\u00eda lo mismo que les ha dado, su imagen y semejanza \u00bfc\u00f3mo iba a hacerlo con la que iba a ser la Madre del Redentor? <em>\u201cEn donde est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, est\u00e1 la libertad\u201d <\/em>(2Cor 3, 17). <em>\u201cAl\u00e9grate, llena de gracia, el Se\u00f1or es contigo&#8230; El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti\u201d<\/em> (Lc 1, 28.35). Mar\u00eda vivi\u00f3 su vida con toda la fuerza de su condici\u00f3n humana de mujer, y con la plenitud de la gracia en Ella, puesta totalmente al servicio de Dios: <em>\u201cHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or\u201d <\/em>(Lc 1, 38). Las gracias, prerrogativas y privilegios que parecen separarla de nuestra condici\u00f3n humana, manifiestan en Ella la realidad de la salvaci\u00f3n de nuestro linaje y la gloria de nuestra resurrecci\u00f3n. <em>\u201cHemos sido salvados, pero en esperanza\u201d<\/em> (Rm 8, 24).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sacrificio y fidelidad olvidados en el humanismo actual<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Valor de la presencia de Mar\u00eda<\/h3>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es nuestra madre, presente y activa en el nacimiento del Primog\u00e9nito de los Hijos de Dios, en su vida, en su muerte, en su resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n, en el nacimiento de la Iglesia. Su presencia es siempre fe, abnegaci\u00f3n, entrega. <em>\u201cH\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u201d<\/em> (Lc 1, 38). A ella hemos sido confiados todos: <em>\u201cMujer, ah\u00ed tienes a tu hijo\u201d. Luego dice al disc\u00edpulo: \u201cah\u00ed tienes a tu madre\u201d<\/em> (Jn 19, 26-27). Es f\u00e1cil decir as\u00ed, con una sola frase lo que fue su vida: aceptar y vivir desde su condici\u00f3n humana la vida de Dios en Ella. \u00bfEs que acaso no se nos pide a nosotros lo mismo? \u00bfEs que no acept\u00f3 ella ser madre y ayudarnos? \u00bfEs que la plenitud de gracia y vida de la madre no es para el bien de los nuevos hijos? \u201cSi el grano de trigo no muere, queda infecundo\u201d. El humanismo actual est\u00e1 olvidando la noci\u00f3n de sacrificio, porque los hombres de todos los estamentos y ambientes rompen sus lazos m\u00e1s sagrados y sus obligaciones m\u00e1s caras \u00bfY qu\u00e9 humanismo es entonces? Ah\u00ed esta la ra\u00edz de esa \u201cdeshumanizaci\u00f3n\u201d de nuestro humanismo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Necesidad presentida<\/h3>\n\n\n\n<p>El humanismo actual comprueba las contradicciones del hombre en su zona m\u00e1s personal; sabe de su dominio, de su lucha, de su poder, de su angustia, de su inquietud y de su dolor. Sabe de su optimismo y de su depresi\u00f3n, de su \u00e9xito y de su fracaso, de sus complejos y de sus evasiones. No en balde las ciencias del esp\u00edritu humano avanzan penetrando en el mundo inmenso de la persona. Tenemos el sentimiento de estar viviendo un cambio sin precedentes; no hay aspecto de la realidad al que esta mutaci\u00f3n no afecte. Hemos visto cambiar en nuestra propia vida humana la realidad hist\u00f3rica, diferentes sistemas, diferentes pol\u00edticas, planes que se suceden unos a otros. Con mucho fundamento se habla, al tratar de la educaci\u00f3n de nuestros ni\u00f1os y de nuestros j\u00f3venes, de una \u201cpedagog\u00eda para el cambio\u201d. Vivimos en una \u00e9poca cient\u00edfica y de una t\u00e9cnica aplastante. El pensamiento contempor\u00e1neo es el reflejo de un mundo en crisis. Todo contribuye a hacer del hombre un ser inquieto y preocupado por su futuro, inquieto y preocupado por su propia imagen. Un humanismo serio y profundo sabe que el hombre, que trabaja s\u00f3lo por los bienes materiales, construye su propia prisi\u00f3n. Los hombres tienen siempre necesidad de \u201calgo\u201d m\u00e1s que la dicha sensible que se deshace entre las manos. \u00bfD\u00f3nde encontrar este \u201calgo\u201d m\u00e1s? S\u00f3lo es dado en la fe.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Progreso y felicidad no son paralelos<\/h3>\n\n\n\n<p>Nuestros sabios y cient\u00edficos no est\u00e1n seguros de que la l\u00ednea de la ciencia y del progreso sea paralela de hecho a la de la felicidad y del bienestar humanos. La aut\u00e9ntica felicidad brota del esp\u00edritu; hay que sacrificar todas las apariencias de felicidad, que no son m\u00e1s que simples goces. Todos nos preguntamos c\u00f3mo esa fuerza y esa energ\u00eda natural conquistadas, ese progreso y avance logrados no se insertan en la vida de la humanidad para mejorarla en todo su crecimiento y despliegue. Pero en cada uno de nosotros tenemos la contestaci\u00f3n: ego\u00edsmo, ambici\u00f3n y orgullo. La gran labor de una \u00e9poca no est\u00e1 en que sus hombres, logren s\u00f3lo un progreso y un bienestar material, un dominio de la naturaleza cada vez mayor, sino en lograr una forma de vida humana cada vez m\u00e1s digna y m\u00e1s rica.<\/p>\n\n\n\n<p>El humanismo de una \u00e9poca como la nuestra, con una realidad ya efectiva y con unas posibilidades todav\u00eda mayores, tendr\u00eda que tener una \u00e9tica humana, unas costumbres, una vida interior a la misma altura, por lo menos, que su propio avance material y cient\u00edfico; pues, \u00bfpara qu\u00e9 sirve todo, si el hombre no es cada vez m\u00e1s rico en su propia sustancia y cualidad, cada vez m\u00e1s grande en su libertad? El poder en s\u00ed no es ning\u00fan valor. Tiene que poder ser \u201cpara algo\u201d. Y ahora la pregunta a nuestra \u00e9poca: \u201cel poder \u00bfpara qu\u00e9?\u201d \u201cEn la vida del hombre actual \u2013especialmente de aquel que tiene la responsabilidad y ejerce la decisi\u00f3n\u2013 debe insertarse algo que puede ser descrito del siguiente modo: en \u00e9l debe formarse una aut\u00e9ntica interioridad, que pueda oponerse a las tendencias superficializadoras y dispersoras de la \u00e9poca. El n\u00facleo personal debe experimentar una consolidaci\u00f3n que, partiendo en cada caso de la conciencia de verdad, le haga capaz de establecer una posici\u00f3n m\u00e1s fuerte que las consignas y la propaganda&#8230; El futuro del hombre descansa realmente en que alcance la capacidad de sujetar la tendencia al poder y a la ganancia, mediante la superaci\u00f3n de s\u00ed mismo\u201d<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e9dicos y los educadores ponen constantemente de manifiesto, aunque parezca parad\u00f3jico y contradictorio, que el hombre est\u00e1 cada vez m\u00e1s solo y aislado. Hay muchas \u201cmasas\u201d, muchas reuniones, muchas asambleas, pero hay poca \u201ccomunidad\u201d. Aun sin saberlo y de una manera inconsciente, parece que en el momento actual vuelve a levantarse el criterio de la \u201cgaya ciencia\u201d de Nietzsche: el hombre es un s\u00ed y un no, idea o realidad que no tiene nada que ver con el Evangelio: si el grano de trigo no muere, queda infecundo; el que quiera salvar su vida, la perder\u00e1. Aquella, la de Nietzsche, es una \u00e9tica de la voluntad de poder, de las fuerzas irracionales del alma, del instinto natural de vida y felicidad. Una \u00e9tica que hace desaparecer los valores evang\u00e9licos, porque disminuyen la virilidad del hombre y lo esclavizan. Desde luego que no es lo mismo que el hombre sea a imagen y semejanza de Dios o que \u00e9l cree continuamente su propio ideal. No es lo mismo que el hombre se realice seg\u00fan Dios, o que trate \u00e9l de ponerse en su sitio y suplantarlo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El humanismo actual necesita de la m\u00e1s perfecta encarnaci\u00f3n del sacrificio y fidelidad: Mar\u00eda, la Virgen fiel<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Lo exterior no llena<\/h3>\n\n\n\n<p>He dicho que sacrificio y fidelidad est\u00e1n olvidados o son despreciados en el humanismo de hoy y aqu\u00ed est\u00e1 la ra\u00edz de nuestros fracasos. La verdadera transformaci\u00f3n se ha de producir en el interior de la persona. A pesar del af\u00e1n de sensacionalismo, de figurar, de triunfar, de la inundaci\u00f3n de palabras e im\u00e1genes, de la publicidad y agitaci\u00f3n a la que todos contribuimos, sentimos desconfianza y amargura por todo ello; nos produce malestar, quiz\u00e1 porque en nuestros momentos de sinceridad y lealtad vemos la inanidad de este esfuerzo. Los hombres de hoy sabemos muy bien, aunque no lo vivamos, que nuestra grandeza no es nada cuantitativo y externo, es cuesti\u00f3n de vida interior, de riqueza y honradez, de cualidad y nobleza humana. De ah\u00ed vienen tantos fallos en la vida familiar y matrimonial, en comunidades religiosas, en sacerdotes, en el trabajo&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntas veces he o\u00eddo esta expresi\u00f3n dolorida en los m\u00e1s diferentes ambientes!: \u201cEs cuesti\u00f3n de \u2018personas\u2019\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Hondura y personalidad<\/h3>\n\n\n\n<p>Se necesitan santos de lo ordinario, de lo cotidiano; se necesita la m\u00e1s dif\u00edcil honradez, \u201cla de todos los d\u00edas\u201d, y la m\u00e1s dif\u00edcil grandeza, la de ser \u201cpersona\u201d. Se necesita un humanismo cristiano sencillo, real y pr\u00e1ctico: el del sacrificio y la fidelidad, el de la responsabilidad personal en el oficio, trabajo y misi\u00f3n de cada uno, y el de la \u201cresponsabilidad de la fe\u201d. No est\u00e1 el mal, lo hemos o\u00eddo muchas veces, en la incredulidad, sino en la falta de responsabilidad de la fe en los que creyendo no realizan su vida y acciones a partir de esta responsabilidad de la fe, sino por ventajas personales, por su facilidad en los asuntos u otras miras por el estilo. La m\u00e1s perfecta encarnaci\u00f3n de este humanismo siempre nuevo es Mar\u00eda, la Virgen fiel, Ella es su realizaci\u00f3n concreta y clara. Un humanismo as\u00ed lo transforma todo, porque transforma la ra\u00edz de lo que se ha de transformar: el coraz\u00f3n y el esp\u00edritu del hombre que de este modo se pone a disposici\u00f3n de Dios. Las posibilidades realmente salvadoras y liberadoras residen en el interior, en la conciencia del hombre ligado a Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda, modelo y alivio para nosotros<\/h3>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda significa el humanismo opuesto al orgullo, a la altivez, a la afirmaci\u00f3n y apoyo de s\u00ed mismo que en \u00faltimo t\u00e9rmino lleva a la desesperaci\u00f3n. Su vida fue todo lo contrario a la ambici\u00f3n, ego\u00edsmo y voluntad de poder. Su responsabilidad se concret\u00f3 y actualiz\u00f3 en cada momento de su vida y se hizo sensible en las obligaciones que se impuso; la vivi\u00f3 a trav\u00e9s del sacrificio, del despojamiento y el don, es decir, de la entrega de todo su ser a la tarea que Dios le confi\u00f3. La fidelidad fruto de su amor a Dios fue su ley y su gu\u00eda. \u00a1Ah! esa Virgen Mar\u00eda de la historia real de Nazaret, de Bel\u00e9n, de Egipto, de la vida mon\u00f3tona y cotidiana, de la vida p\u00fablica de Cristo, de las bodas de Can\u00e1, de las bienaventuranzas, esa Virgen que ha reflexionado en su coraz\u00f3n, \u00a1c\u00f3mo tiene que iluminar nuestra vida!<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda es la afirmaci\u00f3n de la gracia de Dios, de su eficacia y realidad en un mundo en el que, seg\u00fan la afirmaci\u00f3n de Camus, \u201cel problema que domina es c\u00f3mo vivir sin gracia\u201d. Su grandeza es una realidad viva frente a todas las filosof\u00edas y posturas que s\u00f3lo creen en el hombre y en el esfuerzo del hombre \u00bfSomos los cristianos capaces de admirar, creer y vivir de la gran lecci\u00f3n de Mar\u00eda: entregarse a la gracia de Dios y proclamar siempre su humanidad resplandeciente de vida divina? El amor es m\u00e1s fuerte que el poder y el verdadero se\u00f1or\u00edo no es el de la violencia, sino el de la verdad. Tengamos muchos ratos de reflexi\u00f3n junto a Mar\u00eda, nuestra Madre, para que se disuelva la opresi\u00f3n sorda y pesada que nos agobia, consecuencia de nuestra falta de sacrificio e infidelidad, y Ella har\u00e1 que nuestro coraz\u00f3n se penetre de c\u00f3mo son las cosas de verdad a la luz de la fe.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La vida de Mar\u00eda, predicaci\u00f3n viva de la fe en Dios<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La fe, principio de acci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>El hombre de fe espera contra toda esperanza, contra todas las se\u00f1ales externas que parecen estar en contradicci\u00f3n con su fe, no aguardando pasivamente, pero s\u00ed aceptando que la luz plena est\u00e9 actualmente escondida. No, la fe no es pasiva ni inerte. Lejos de cruzarse de brazos, el hombre que cree siente la urgencia de su responsabilidad y de todo su esfuerzo, pero est\u00e1 pronto a aceptar que las cosas no se le arreglen a su gusto y que los sufrimientos le hieran: <em>\u201cEste est\u00e1 puesto para ca\u00edda y elevaci\u00f3n de muchos en Israel, y para ser se\u00f1al de contradicci\u00f3n, \u00a1y a ti misma una espada te atravesar\u00e1 el alma!\u201d<\/em> (Lc 2, 34-35). Todos sentimos enfrentarse las realidades de la fe y de la vida, las promesas de esperanza y los bienes materiales. Esperar en medio de los sufrimientos no es una pobre resignaci\u00f3n que hace perder la grandeza humana; por el contrario, es abandonar el orgullo que nos enajena y volver a tener un coraz\u00f3n puro.<\/p>\n\n\n\n<p>La certeza de la fe se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de la oscuridad, de la angustia y de la duda, m\u00e1s all\u00e1 de la noche de los sentidos y del esp\u00edritu porque viene de Dios. <em>\u201cJunto a la cruz de Jes\u00fas estaban su madre, la hermana de su madre, Mar\u00eda, mujer de Cleof\u00e1s, y Mar\u00eda Magdalena&#8230; Cuando Jes\u00fas tom\u00f3 el vinagre dijo: Todo est\u00e1 cumplido. Inclin\u00f3 la cabeza y entreg\u00f3 el esp\u00edritu\u201d<\/em> (Jn 19, 25.30). Como para Mar\u00eda, para el cristianismo la fe es la \u00fanica llave del universo, el significado de toda la existencia humana, la respuesta a todas las preguntas: el camino, la verdad y la vida. Todo cristiano sabr\u00e1 lo que es el sacrificio de un hijo, una familia, una esposa, una buena posici\u00f3n, un nombre, una realidad, un proyecto, porque Dios se lo pide, y s\u00f3lo conocer\u00e1 la alegr\u00eda de la esperanza cuando se haya echado en los brazos de Dios. La que se hizo esclava del Se\u00f1or nos dice: \u201cHaced lo que \u00c9l os diga\u201d (Jn 2, 5). La fe en Dios ahonda m\u00e1s y m\u00e1s en la grandeza interior del hombre, porque la fe impide dormirse en las provisiones hechas y le hace ir viendo siempre m\u00e1s y m\u00e1s la capacitaci\u00f3n de su ser. <em>\u201cEngrandece mi alma al Se\u00f1or y mi esp\u00edritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava&#8230; porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n a los que le temen\u201d<\/em> (Lc 1, 46-50).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La fe en la vida de Mar\u00eda<\/h3>\n\n\n\n<p>Todos los autores que han escrito sobre la Virgen hacen esta afirmaci\u00f3n: la maternidad de Mar\u00eda es fruto de la fe. \u201cMar\u00eda \u2013dice San Agust\u00edn\u2013 fue m\u00e1s dichosa recibiendo la fe en Cristo que concibiendo la carne de Cristo&#8230;El v\u00ednculo materno de nada hubiera servido a Mar\u00eda, si no hubiera sido m\u00e1s feliz al llevar a Cristo en su coraz\u00f3n que llev\u00e1ndolo en su carne\u201d<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Mar\u00eda afirm\u00f3 con todo su ser que Jes\u00fas era la verdad; su vida fue una completa sumisi\u00f3n en la fe a todo el misterio de Cristo; orient\u00f3 su pensamiento, su coraz\u00f3n y su sentido en la misma direcci\u00f3n que la ense\u00f1anza del Maestro. <em>\u201cDichoso el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te criaron\u201d. Pero \u00e9l dijo: \u201cDichosos m\u00e1s bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan\u201d<\/em> (Lc 11, 27-28). La fe de Mar\u00eda estaba en las fuerzas vivas de su coraz\u00f3n y de su esp\u00edritu. <em>\u201cEl que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre\u201d<\/em> (Mt 12, 50).<\/p>\n\n\n\n<p>Si hay algo que revela la grandeza de Mar\u00eda es la exclamaci\u00f3n de su prima Isabel: <em>\u201cDichosa la que ha cre\u00eddo que se cumplir\u00e1 lo que se le ha dicho de parte del Se\u00f1or\u201d<\/em> (Lc 1, 45). Estas palabras incluyen las otras: <em>\u201cEllos no entendieron lo que les dec\u00eda\u201d. \u201cY su madre conservaba todo esto en su coraz\u00f3n\u201d<\/em> (Lc 2, 50-51). Mar\u00eda tiene fe, y su fe va creciendo y fortaleci\u00e9ndose y es m\u00e1s honda que la de cualquier otro ser humano. Abraham es grande y sublime por la firmeza de su fe. Pero a Mar\u00eda se le exigi\u00f3 m\u00e1s que a Abraham, porque se le pidi\u00f3 que no dudara de \u201clo santo\u201d, a quien hab\u00eda dado vida y que iba creciendo y separ\u00e1ndose de ella al sumergirse en la lejan\u00eda. Y se le ped\u00eda que, como mujer, no se desorientase ante la grandeza de Aquel a quien ella hab\u00eda dado a luz y criado y visto en el desamparo de la ni\u00f1ez, y que tampoco se desorientara en su amor, al ver que se sustra\u00eda a su protecci\u00f3n, y creer que todo estaba bien y que en ello se cumpl\u00eda la voluntad de Dios, y con todo, no cejar ni empeque\u00f1ecerse, sino perseverar y seguir la ruta incomprensible, trazada por su Hijo, alimentada por la fuerza de la fe. He aqu\u00ed su grandeza.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Posibilidades de nuestra fe<\/h3>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo en el caso de Mar\u00eda la fe es decisiva en la historia; ciertamente, en ella significa el acontecimiento central de la historia de la Salvaci\u00f3n. Pero la historia la vamos haciendo hombres y mujeres concretos y la fe de cada uno de nosotros ti\u00f1e esa historia y la orienta. Cada uno de nosotros tiene un radio de influencia, nuestra fe tiene que iluminar de tal manera que a la luz de ella los pensamientos queden mejor orientados y las acciones sean m\u00e1s rectas.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que cree es fuerte, porque radicado en la realidad de Cristo y fortalecido con su gracia lleva, sabiendo a d\u00f3nde camina, todo el peso que la vida tiene. <em>\u201cTodo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe\u201d<\/em> (1Jn 5, 4). El creer es ya realmente una victoria sobre todo lo que se opone a Dios y a su revelaci\u00f3n. Creer es admitir una realidad m\u00e1s grande que todo lo que nos rodea, vivir sabi\u00e9ndose hijos de Dios y con una tarea entre las manos de la que se nos pedir\u00e1 cuenta. <em>\u201cEn \u00e9l tenemos, por medio de su sangre, la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los delitos, seg\u00fan la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre todos nosotros en toda sabidur\u00eda e inteligencia, d\u00e1ndonos a conocer el Misterio de su voluntad, seg\u00fan el ben\u00e9volo designio que en \u00e9l se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: Hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que est\u00e1 en los cielos y lo que est\u00e1 en la tierra\u201d<\/em> (Ef 1, 7-10). Esto es lo decisivo en la historia, porque se traduce en el actuar y se vive tomando las cosas como realmente son, y no embriagados, sumergidos o hastiados de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que cree tiene mucho m\u00e1s abiertas todas las posibilidades de la historia, de la ciencia, de la investigaci\u00f3n, del arte, porque su \u00e1mbito no se limita a lo que toca y palpa ahora, en este momento o en aquel. El hombre que cree siente la responsabilidad m\u00e1s fuerte que puede sentirse en la historia: su propia salvaci\u00f3n y la de los dem\u00e1s hombres. <em>\u201cEl es imagen del Dios invisible, Primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, porque en \u00c9l fueron creadas todas las cosas&#8230; \u00c9l es tambi\u00e9n la cabeza del cuerpo, de la Iglesia: \u00c9l es el principio, el Primog\u00e9nito de entre los muertos, para que sea \u00c9l el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en \u00c9l toda la plenitud, y reconciliar con \u00c9l y para \u00c9l todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos\u201d <\/em>(Col 1, 15-20). El hombre que cree sabe que hay una vida m\u00e1s plena, m\u00e1s rica, m\u00e1s noble que la que siente, y esto le estimula. Puede caminar, no en un horizonte cerrado: la Vida, el Amor, la Verdad, la Belleza es la verdadera realidad, la existencia plena es porque Dios es. Y he dicho la Vida, el Amor, la Verdad, la Belleza es, as\u00ed, en singular, porque todo es lo mismo en la posesi\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, la fe es factor decisivo en la historia, porque el hombre que cree sabe que \u201cel mundo\u201d, el momento hist\u00f3rico que le toca vivir, es su tarea. <em>\u201cEstimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la futura gloria que se ha de manifestar en nosotros, pues la ansiosa espera de la creaci\u00f3n desea vivamente la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios. La creaci\u00f3n, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espont\u00e1neamente, sino por aquel que la someti\u00f3, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la Creaci\u00f3n entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto\u201d <\/em>(Rm 8, 18-22).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La fe en la Iglesia peregrina<\/h3>\n\n\n\n<p>En Mar\u00eda se hizo vida que Dios es el Se\u00f1or de la historia. Ella es la realidad concreta de c\u00f3mo ha de vivirse la fe, la esperanza y la caridad; es el modelo perfecto de la Iglesia y es personalmente lo que la Iglesia ha de ser<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. Est\u00e1n tan unidas Mar\u00eda y la Iglesia que una es figura de la otra.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un libro que ha tenido mucha divulgaci\u00f3n en Espa\u00f1a desde que se tradujo y public\u00f3 en 1966, cuyo t\u00edtulo es ya muy significativo, seguramente muchos de vosotros lo hab\u00e9is le\u00eddo: \u201cMar\u00eda, madre del Se\u00f1or, figura de la Iglesia\u201d. Es de Max Thurian, te\u00f3logo protestante que no tiene ninguna intenci\u00f3n pol\u00e9mica. \u201cDe una a otra p\u00e1gina la lectura nos va convenciendo de que el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, llevado como lo lleva Max Thurian, es posible, es \u00fatil, es constructivo y puede, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, conducirnos a resultados ardientemente deseados por los mejores\u201d. (Presentaci\u00f3n de don Casimiro Morcillo, pg. 6). Mar\u00eda, madre de los creyentes, es figura de la Iglesia, muestra a \u00e9sta el camino de la fe, fruto de la gracia recibida en la pobreza, expres\u00e1ndose en un acto de ofrenda, de obediencia y de confianza en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia s\u00f3lo puede vivir de la fe y por la fe, y en caso contrario aparece como una sociedad religiosa con m\u00e1s o menos poder temporal para apoyar sus pretensiones de dominio. Y esta fe de la Iglesia es, como la de Mar\u00eda, ofrenda, obediencia y confianza. La fe de la Iglesia se expresa en su ofrenda lit\u00fargica y diaconal: la Esposa de Cristo, al que adora en su culto en esp\u00edritu y en verdad; es la Sierva de los hombres, a los que ama en su caridad y compasi\u00f3n. La fe de la Iglesia es obediencia a Dios, no a los hombres; respecto a filosof\u00edas y poderes humanos, la Iglesia es libre; s\u00f3lo es sierva de la Verdad revelada en Jesucristo, del amor y justicia manifestados en \u00c9l; no acepta trabas de ninguna clase, ni del esp\u00edritu ni de la carne, que le impidan proclamar el Evangelio o defender la fraternidad o la justicia entre los hombres. La Iglesia defiende la integridad de la Palabra de Dios al mismo tiempo que la libertad y felicidad de todos los hombres. La fe de la Iglesia es confianza en la Palabra y promesa de Dios. Sabe que las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella; es el Cuerpo de Cristo, lleva en s\u00ed misma la Palabra divina, los sacramentos de su presencia, particularmente el Cuerpo y la Sangre del Resucitado, para darle como alimento a los creyentes. En su humana pobreza, es rica de Dios, y puede caminar con toda confianza entre los obst\u00e1culos hist\u00f3ricos, traiciones, infidelidades, persecuciones.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Virgen Mar\u00eda y la Iglesia de hoy<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Uni\u00f3n indisoluble entre Mar\u00eda y la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>En todas las consideraciones anteriores ten\u00eda presente \u00e9sta en que ahora me centro: La Virgen Mar\u00eda y la Iglesia hoy. Ciertamente, al hablar de la condici\u00f3n humana de Mar\u00eda, de la gracia de Dios en Ella, de la necesidad que el humanismo actual tiene de su vivencia del sacrificio y de la fidelidad, de su vida como predicaci\u00f3n viva de la fe en Cristo, pensaba en la Iglesia de hoy, y en nosotros, los hijos de esta Iglesia. Pensaba en todo lo que podemos esperar de ella, en lo que tenemos que exigirnos y en lo que tenemos que darle.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe cat\u00f3lica en la Sant\u00edsima Virgen resume simb\u00f3licamente, en su caso privilegiado, la doctrina de la cooperaci\u00f3n humana a la Redenci\u00f3n, ofreciendo de esta suerte como la s\u00edntesis o la idea madre del dogma de la Iglesia. Aqu\u00ed nos place resumir, en breves palabras, el pensamiento de Henri de Lubac, S.J., J. Hamer, O.P. y de P. Maury: \u201cTodo se sostiene con la l\u00f3gica m\u00e1s s\u00f3lida en el sistema romano. La Iglesia d\u00e9 Roma, por una profunda necesidad interna, es toda en una pieza la Iglesia de la cooperaci\u00f3n humana a la Redenci\u00f3n. La Iglesia de los m\u00e9ritos, la Iglesia dispensadora de la salud, y la Iglesia de Mar\u00eda\u201d. Por eso se ha podido incluso afirmar que ambas tienen que sostenerse o hundirse juntas. No hay, pues, por qu\u00e9 extra\u00f1arse de que la historia nos las muestre constantemente asociadas, y que los desenvolvimientos que ellas adquieren en la conciencia com\u00fan vayan frecuentemente a la par. Nuestra \u00e9poca nos ofrece un nuevo ejemplo de ello. Pero no se llega a discernir toda la raz\u00f3n de esto, mientras no se haga otra cosa que constatar entre la una y la otra una analog\u00eda de funciones m\u00e1s o menos exterior. Los lazos que existen entre la Iglesia y la Virgen Mar\u00eda no son solamente numerosos y estrechos, sino tambi\u00e9n esenciales. Est\u00e1n \u00edntimamente entretejidos. \u201cEstos dos misterios de nuestra fe son m\u00e1s que solidarios: se ha podido decir que son \u2018un solo \u00fanico misterio\u2019. Digamos al menos que es tal la relaci\u00f3n que entre ambos existe que ganan mucho cuando el uno es ilustrado por el otro; y aun m\u00e1s, que para poder entender uno de ellos, es indispensable contemplar el otro\u201d<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Y es el Vaticano II el que nos habla de esa uni\u00f3n \u00edntima de Mar\u00eda y la Iglesia: \u201cLa Virgen Sant\u00edsima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, est\u00e1 tambi\u00e9n \u00edntimamente unida con la Iglesia. Como ya ense\u00f1\u00f3 San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad, de la uni\u00f3n perfecta con Cristo. Pues en el misterio de la Iglesia, que con raz\u00f3n es llamada tambi\u00e9n madre y virgen, precedi\u00f3 la Sant\u00edsima Virgen, present\u00e1ndose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre&#8230; La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace tambi\u00e9n madre mediante la Palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda pura e \u00edntegramente la le prometida al Esposo, y a imitaci\u00f3n de la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, conserva virginalmente una fe \u00edntegra, una esperanza y una caridad sincera\u201d<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia invita a mirar a la Virgen y a esperar en Ella<\/h3>\n\n\n\n<p>La Iglesia, hoy, siglo de la gran \u00e9poca cient\u00edfica, del avance gigantesco de la t\u00e9cnica, de las m\u00e1s diversas cosmovisiones y concepciones antropol\u00f3gicas, de las grandes y nobles inquietudes sociales, presenta a Mar\u00eda, en quien la Iglesia ha llegado ya a la perfecci\u00f3n y est\u00e1 limpia de cualquier limitaci\u00f3n, mancha o arruga, como faro que gu\u00eda y luz que ilumina. Todos los hombres tienen que elevar sus ojos a Mar\u00eda: los que luchan por un mundo mejor y por crecer en santidad venciendo el pecado, los que sufren por dolores f\u00edsicos o morales, los que vacilan y dudan de su fe, los que sienten dificultades en su vida familiar o matrimonial, los que consagrados a Dios sienten su yugo. Mar\u00eda resplandece para todos llena de ese humanismo sencillo basado en la fidelidad y en el sacrificio, y llena de la gracia de Dios, que a nadie falta. \u201cLa Iglesia, a su vez, glorificando a Cristo, se hace m\u00e1s semejante a su excelso Modelo, progresando continuamente en la fe y en la caridad y buscando y obedeciendo en todo, la voluntad divina. Por eso tambi\u00e9n la Iglesia, en su labor apost\u00f3lica, se fija con raz\u00f3n en Aquella que engendr\u00f3 a Cristo, concebido del Esp\u00edritu Santo y nacido de la Virgen, para que tambi\u00e9n nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles. La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que est\u00e9n animados todos aquellos que, en la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci\u00f3n de los hombres\u201d<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al acabar este texto del Vaticano II, permitidme una digresi\u00f3n seguramente un poco salida de tono, pero que me ha venido al pensamiento al contemplar a Mar\u00eda, como faro y luz de nuestro momento actual, llena en su misi\u00f3n de ese amor maternal del que es necesario que est\u00e9 animada toda la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia. Paul Val\u00e9ry, en 1919, frente a la sociedad que intentaba encontrar de nuevo el optimismo desaparecido por la guerra, se\u00f1alaba con fuerza los hechos que eran claros y despiadados: miles de hombres muertos; p\u00e9rdida de ilusi\u00f3n de una cultura europea; la ciencia alcanzada mortalmente en sus ambiciones morales y deshonrada por la crueldad de sus aplicaciones; un idealismo dif\u00edcilmente vencedor, casi marchito, responsable de sus sue\u00f1os; un realismo enga\u00f1ado, abrumado de cr\u00edmenes y faltas; las creencias confundidas, cruz contra cruz, creyente contra creyente. Los hombres, con un esfuerzo siempre creciente, luchaban por encontrar un sentido a la existencia. Despu\u00e9s vino la Segunda Guerra Mundial. Un autor, tambi\u00e9n franc\u00e9s, no cristiano, ante tal panorama quer\u00eda \u201chacer llover sobre los hombres y la tierra algo semejante al canto gregoriano\u201d, era Saint-Exup\u00e9ry, el autor de <em>\u201cTerre de l\u2019homme\u201d<\/em> y <em>\u201cLe Petit Prince\u201d<\/em>. \u201cHacer llover sobre los hombres y la tierra algo semejante a un canto gregoriano&#8230;\u201d, esta es la expresi\u00f3n causa de mi digresi\u00f3n. Hacer llover sobre la tierra, tan reseca por el orgullo y por el ego\u00edsmo, la caridad de Mar\u00eda, su humildad, su sacrificio y su fidelidad.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Conciencia mariana y conciencia eclesial<\/h3>\n\n\n\n<p>S\u00ed, y es una afirmaci\u00f3n taxativa por todos ratificada: la historia nos muestra a Mar\u00eda y a la Iglesia constantemente asociadas, y el despertar y desenvolvimiento de ambas en la conciencia com\u00fan van a la par. Guardini hace unos cuarenta a\u00f1os dijo que la Iglesia se hab\u00eda despertado en las almas y que su realidad se iba haciendo m\u00e1s \u00edntima en la conciencia cristiana. P\u00edo XII public\u00f3 en 1943 la <em>Mystici Corporis<\/em>, enc\u00edclica valorada, como dijo en 1946 C. Lialine, como una nueva etapa en la eclesiolog\u00eda cat\u00f3lica. El Vaticano II ha sido un Concilio centrado en el misterio de la Iglesia: \u201cEsperamos que la doctrina sobre el misterio de la Iglesia, ilustrada y proclamada por este Concilio, tendr\u00e1 desde ahora feliz repercusi\u00f3n en el coraz\u00f3n, ante todo de los cat\u00f3licos&#8230; Quisi\u00e9ramos&#8230; que la doctrina de la Iglesia irradiara tambi\u00e9n, con alg\u00fan reflejo de atracci\u00f3n, al mundo profano en el que vive y del que est\u00e1 rodeada; la Iglesia debe ser el signo alzado en medio de los pueblos para ofrecer a todos la orientaci\u00f3n de su camino hacia la verdad y la vida\u201d<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>. Es la primera vez \u2013y decirlo nos llena el coraz\u00f3n de emoci\u00f3n\u2013 que un Concilio ecum\u00e9nico presenta una s\u00edntesis tan extensa de la doctrina cat\u00f3lica sobre el puesto que Mar\u00eda Sant\u00edsima ocupa en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Esto corresponde a la meta que este Concilio se ha prefijado: manifestar el rostro de la Santa Iglesia, a la que Mar\u00eda est\u00e1 \u00edntimamente unida, y de la cual, como egregiamente se ha afirmado, es \u201cla parte mayor, la parte mejor, la parte principal y m\u00e1s selecta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En verdad, la realidad de la Iglesia no se agota en su estructura jer\u00e1rquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenanzas jur\u00eddicas. Su esencia \u00edntima, la principal fuente de su eficacia santificados, ha de buscarse en su m\u00edstica uni\u00f3n con Cristo; uni\u00f3n que no podemos pensarla separada de aquella que es la Madre del Verbo encarnado y que Cristo mismo quiso tan \u00edntimamente unida a s\u00ed para nuestra salvaci\u00f3n. As\u00ed ha de encuadrarse en la visi\u00f3n de la Iglesia la contemplaci\u00f3n amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el conocimiento de la verdadera doctrina sobre Mar\u00eda ser\u00e1 siempre la llave de la exacta comprensi\u00f3n del misterio de Cristo y de la Iglesia<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Amor y peque\u00f1ez humana ante el<br>misterio de Mar\u00eda y de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Peque\u00f1ez del hombre en su grandeza<\/h3>\n\n\n\n<p>Por poco inteligentes que seamos, somos conscientes de la limitaci\u00f3n, peque\u00f1ez y deficiencia propia en nuestro mismo campo de trabajo humano, en la tarea que realizamos, en el mundo que construimos y habitamos, en las circunstancias concretas que vivimos. Y es la gran paradoja, como ocurre en todo el maravilloso misterio del ser del hombre, que experimentamos m\u00e1s esta peque\u00f1ez y limitaci\u00f3n en lo m\u00e1s grande que vivimos: amistad, amor, contemplaci\u00f3n, investigaci\u00f3n de la verdad, creaci\u00f3n de belleza, lucha y esfuerzo por lo bueno y lo justo. Por eso, lo m\u00e1s grande que vive el hombre le hace humilde y le da un conocimiento m\u00e1s di\u00e1fano de la realidad. Al sentirnos inmersos en la grandeza que experimentamos, quisi\u00e9ramos como desbordar lo que en ese momento sentimos como l\u00edmite o peque\u00f1ez de nuestra propia capacidad para dar m\u00e1s, para ser m\u00e1s, para hacerlo mejor, para expresarlo m\u00e1s claro. Y esto no es, de ninguna manera, orgullo, todo lo contrario, ya he dicho que nos hace humildes y sencillos; ni produce amargura o insatisfacci\u00f3n, es est\u00edmulo, es visi\u00f3n fecund\u00edsima de nuestra propia realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSomos conscientes de nuestra limitaci\u00f3n y peque\u00f1ez, de la nuestra propia y personal, en nuestro servicio a la Iglesia y consecuentes con ello, o estamos constantemente viendo la limitaci\u00f3n y peque\u00f1ez en el otro, la paja en el ojo ajeno? \u00bfSomos capaces de vivir todo eso de que hemos hablado en el plano humano, en nuestro servicio a la Iglesia? El Esp\u00edritu de Cristo es el alma de la Iglesia, los miembros somos los hombres, y ya sabemos que nunca estamos a la altura de la misi\u00f3n divina que nos ha sido confiada. Somos la Iglesia peregrina que camina hacia el cielo por la tierra: \u201cLa Iglesia, a la que todos estamos llamados en Cristo Jes\u00fas y en la cual conseguimos la santidad por la gracia de Dios, no alcanzar\u00e1 su consumada plenitud, sino en la gloria celeste, cuando llegue el tiempo de la restauraci\u00f3n de todas las cosas (Hch 3, 21) y cuando, junto con el g\u00e9nero humano, tambi\u00e9n la creaci\u00f3n entera, que est\u00e1 \u00edntimamente unida con el hombre y por \u00e9l alcanza su fin, ser\u00e1 perfectamente renovada en Cristo\u201d<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta mezcla de amor y peque\u00f1ez humana est\u00e1n entretejidos nuestros comportamientos y nuestra actitud ante el Misterio de Mar\u00eda y de la Iglesia. Pero esforc\u00e9monos para que no se vuelva contra la Iglesia o contra Mar\u00eda, en sus hijos, lo que es peque\u00f1ez nuestra o lo que, a pesar de nuestra deficiencia, se hace con la buena intenci\u00f3n de servir mejor. No identifiquemos por peque\u00f1ez de miras nuestras causas, nuestras visiones e interpretaciones particulares con la causa de Mar\u00eda y de la Iglesia. Ni ante la Madre, ni ante el mundo al que hemos de dar testimonio de amor, \u201cen eso conocer\u00e1n que sois disc\u00edpulos m\u00edos, si os ten\u00e9is amor los unos a los otros\u201d (Jn 13, 35), vivamos ridiculiz\u00e1ndonos y buscando las interpretaciones m\u00e1s peyorativas e ir\u00f3nicas; dejemos de convertir todo, por un extremo o por otro, en materia de denigraci\u00f3n y caricatura. Mar\u00eda nos ve y nos siente hijos, \u00bfpor qu\u00e9 hemos de enfrentarnos los hermanos teniendo todo en com\u00fan y s\u00f3lo separ\u00e1ndonos las peque\u00f1eces y limitaciones propias?<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Examen sincero y noble<\/h3>\n\n\n\n<p>En el famoso libro <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia<\/em>, de Henri de Lubac, hay dos cap\u00edtulos que merecen la atenci\u00f3n: \u201cNuestras tentaciones sobre la Iglesia\u201d y \u201cLa Iglesia y la Virgen Mar\u00eda\u201d. Es peque\u00f1ez y limitaci\u00f3n humana hacer de la Iglesia un determinado orden de cosas, en las que uno se instala, vive familiarmente y cuanto \u201cle\u201d perturba, perturba a \u201csu\u201d Iglesia, es contra la instituci\u00f3n divina. Peque\u00f1ez confundir la fidelidad con una adhesi\u00f3n mezquina al pasado, y si a t\u00edtulo de intransigencias y firmeza en la fe queremos imponer nuestras ideas y gustos o nuestra propia visi\u00f3n de Iglesia. Ella no es esclava de nadie, ni de \u00e9pocas, ni de civilizaciones, ni de situaciones sociales. Est\u00e1 fundada sobre la fe de Pedro en Jesucristo: \u201cT\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo\u201d. Tomando entonces la palabra Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u201cBienaventurado eres, Sim\u00f3n, hijo de Juan, porque no te ha revelado esto la carne y la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos. Y yo a mi vez te digo que t\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia. Y las puertas del Hades no prevalecer\u00e1n contra ella. A ti te dar\u00e9 las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedar\u00e1 atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, quedar\u00e1 desatado en los cielos\u201d (Mt 16,16-20). Es amor no dejarse contaminar por esp\u00edritus e ideolog\u00edas ajenas al esp\u00edritu del Evangelio. Es amor no dejar reducir el Misterio de la Iglesia a una mera sociolog\u00eda o a una \u00e9tica natural. Es amor no quebrantar los fundamentos tradicionales, porque el Esp\u00edritu es siempre nuevo y siempre igual a S\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es peque\u00f1ez no discernir lo que debe conservarse y lo que debe cambiar, la vana agitaci\u00f3n, la falta de competencia, la poca oportunidad en las soluciones tomadas, la falta de confianza en la Iglesia. Es peque\u00f1ez por un entusiasmo ciego juzgar las cosas con criterios superficiales modernos, el deslumbrarse ante valores profanos y dejarse arrastrar con un pobre complejo de inferioridad ante los representantes de esos valores. Es peque\u00f1ez cuando la plegaria se convierte en recriminaci\u00f3n humana. Es amor un esfuerzo personal de realismo en la acci\u00f3n, la decisi\u00f3n de renunciar a cuanto uno no puede justificar como aut\u00e9ntico, el examen humilde impulsado por la inquietud apost\u00f3lica y la exigencia espiritual siempre en guardia. Es amor la insatisfacci\u00f3n ante lo hecho, el deseo de superaci\u00f3n, la independencia en la voluntad para romper con lo injusto y con los abusos. Es amor no cerrar los ojos a las insuficiencias y a los fallos y luchar por superarlas. Es amor servir a la Iglesia procurando que su acci\u00f3n se adapte a las necesidades de los hombres reflexionando serenamente para lograr una intuici\u00f3n justa de las necesidades. Es amor emplear todos los medios, manteni\u00e9ndose siempre en su puesto de servicio al Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Pido ardientemente a Mar\u00eda, Madre de la Iglesia, que nos amemos de verdad unos a otros, que reconozcamos en los dem\u00e1s el amor con el que la sirven y quitemos en cada uno de nosotros, en la medida de nuestras fuerzas, lo que hay de peque\u00f1ez y deficiencia en nuestro trabajo por la Iglesia. Fe y confianza en la Iglesia que \u201cva peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz del Se\u00f1or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo su esplendor al final de los tiempos\u201d<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nueva orientaci\u00f3n, acaso, bien intencionada<\/h3>\n\n\n\n<p>Con mucha frecuencia o\u00edmos decir hoy que, en la presentaci\u00f3n del Misterio de Mar\u00eda a la piedad del pueblo e incluso en los estudios mariol\u00f3gicos, hemos insistido demasiado en la exaltaci\u00f3n de los privilegios que la acompa\u00f1an, contribuyendo as\u00ed a una \u201ccelestizaci\u00f3n\u201d deshumanizadora de la figura de la Sant\u00edsima Virgen. Tanto ha sido el honor tributado a su grandeza singular, que la hemos alejado de nosotros convirti\u00e9ndola en un s\u00edmbolo y desfigurando su realidad. As\u00ed se dice. Y se invoca el Concilio Vaticano II, en que la tensi\u00f3n que surgi\u00f3 entre las dos conocidas tendencias se resolvi\u00f3 por el camino de una mayor integraci\u00f3n del Misterio de Mar\u00eda en el Misterio de Cristo y de la Iglesia. Se logra as\u00ed \u2013dicen\u2013 una mayor exactitud en el encuadramiento de Mar\u00eda dentro del Pueblo de Dios, al que pertenece como la primera redimida, con redenci\u00f3n ciertamente \u00fanica. Esto \u2013se a\u00f1ade\u2013 es tambi\u00e9n m\u00e1s conforme con la mentalidad moderna en cuanto a la pedagog\u00eda de la fe, mentalidad a la que resulta menos grato ponderar privilegios que comprobar proximidades. La misi\u00f3n de la madre y de la esposa, los valores de la mujer, incluidos los del sexo, el trabajo, la responsabilidad consciente, los esfuerzos de la fe laboriosa y de la esperanza militante y luchadora, encuentran en Mar\u00eda una expresi\u00f3n cabal y sublime que, sin merma de las riquezas con que fue adornada, la hacen m\u00e1s real y la sit\u00faan m\u00e1s cerca de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed el nuevo enfoque que debe tener la piedad mariana y el discreto abandono de las exuberancias de otro tiempo. M\u00e1s sobriedad, m\u00e1s geometr\u00eda, m\u00e1s exactitud, m\u00e1s humanismo&#8230; y habremos logrado una nivelaci\u00f3n mayor, sin fisuras ni rompimientos en lo que debe ser mantenido, pero tambi\u00e9n sin monta\u00f1as inaccesibles, coronadas de flores, las flores y las glorias de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Simplificaci\u00f3n abusiva<\/h3>\n\n\n\n<p>Parecer\u00eda que, dentro del campo de mi reflexi\u00f3n en esta conferencia \u2013Mar\u00eda y el humanismo cristiano\u2013 yo habr\u00eda de considerar preferible esta nueva pedagog\u00eda que se nos quiere ofrecer. Pero no me es posible hacerlo, porque creo que es incurrir en una simplificaci\u00f3n abusiva.<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba. No hay humanismo cristiano sin que brille la luz de la gracia. Cuando \u00e9sta se extingue, el humanismo ya no es cristiano. Si la gracia y las gracias son singulares, lo humano no deja de estimarse al reconocer estos favores, sino que aparece m\u00e1s encendido de fulgores divinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dones de Mar\u00eda son inabdicables, porque se los ha ofrecido Dios por ser madre suya. Su condici\u00f3n humana es real, pero igualmente es su \u201cstatus\u201d privilegiado en la historia de la Salvaci\u00f3n. Hay que unir las dos realidades, no separarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba. Indudablemente, hemos de insistir, cuando eduquemos al pueblo en la piedad mariana, en la proximidad de Mar\u00eda a nosotros como mujer, como hermana, como madre de familia, llena de fe, de esperanza, de caridad y de af\u00e1n de servicio a la Iglesia y a los hombres, pero haciendo ver tambi\u00e9n que estos ejemplos que nos da, a los que acompa\u00f1a siempre el m\u00e9rito de una libertad personal en sus respuestas generosas, est\u00e1n indefectiblemente unidos con una elecci\u00f3n por parte de Dios para hacerla Madre de su Hijo y con una consiguiente exaltaci\u00f3n que invade todo su ser y la hace inmaculada, llena de gracia, virgen perpetua, libre de todo pecado, misericordiosa intercesora, cooperadora singular de la Redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba. El Concilio Vaticano II se mueve en esta l\u00ednea pedag\u00f3gica cuando en la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica \u201cLumen Gentium\u201d dedica a la Virgen Mar\u00eda su famoso cap\u00edtulo octavo. Aceptemos con gozo, puesto que ha sido decisi\u00f3n de la Iglesia, que el Misterio de Mar\u00eda haya sido expresado as\u00ed, integrado en el gran misterio de amor que es la misma Iglesia, y no en un documento aparte, como otros muchos reclamaban, anhelosos de reconocer, tambi\u00e9n por este procedimiento, la singularidad de Mar\u00eda. Pero acept\u00e9moslo completo, en todas sus afirmaciones, las que se\u00f1alan la integraci\u00f3n de Mar\u00eda y las que indican la justicia con que es acreedora de alabanzas incomparables. Est\u00e1 dentro de la Iglesia, pero est\u00e1 con gloria propia, reflejo intransferible de la de Cristo, Hijo suyo. As\u00ed es el Magisterio del Concilio. Y as\u00ed viene si\u00e9ndolo el del Papa Pablo VI, desde aquellos mismos d\u00edas conciliares hasta hoy, sin interrupci\u00f3n alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00ba. El pueblo creyente, el que ha honrado siempre a Mar\u00eda en las innumerables manifestaciones de su fe y su piedad, no la ha sentido lejana al ponderar sus privilegios y grandezas. Cuanto m\u00e1s la ha exaltado, m\u00e1s confianza ha tenido en ella. Y nunca le ha faltado docilidad, en medio de cualquier posible exceso, para admitir, a la m\u00e1s m\u00ednima advertencia educadora, que el \u00fanico Mediador es Jesucristo, seguro tambi\u00e9n de que ella, la Virgen, ayuda a encontrar al Se\u00f1or. M\u00e1s a\u00fan, si hemos de hablar de pedagog\u00eda de la fe, dudo mucho que las grandes comunidades populares pudieran ser capaces de captar el m\u00e9rito profundo de los ejemplos de fe, de esperanza y de caridad que Mar\u00eda nos da \u2013a los cuales se refiere el Concilio reiteradamente\u2013, si a la vez la Virgen no hubiera aparecido ante \u00e9l adornada con tan relevantes riquezas. Han sido precisamente \u00e9stas las que, al ser conocidas y meditadas por el pueblo sencillo, tal como se las ha propuesto la Iglesia, han sacudido la conciencia popular y han facilitado y abierto el camino a la comprensi\u00f3n de los dem\u00e1s aspectos que en la vida de Mar\u00eda se encierran. Un solo privilegio, por ejemplo, el de su Concepci\u00f3n Inmaculada, ha servido como est\u00edmulo poderoso, con fuerza infinitamente superior a todas nuestras pedagog\u00edas, para despertar y sugerir en millones y millones de almas creyentes anhelos de pureza, de elevaci\u00f3n sobre el desorden moral, de retorno al camino de la virtud, todo lo cual es fe, esperanza y caridad con Dios y con los hombres, como es restauraci\u00f3n de la persona, defensa de la familia, purificaci\u00f3n del orden social, es decir, humanismo aut\u00e9ntico de signo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00ba. Por \u00faltimo, me pregunto hasta qu\u00e9 punto es l\u00edcito entre nosotros, educadores de la fe, condescender tanto en nuestros planteamientos con estas afirmaciones que tanto se repiten&#8230;, la mentalidad moderna, lo que piensan los j\u00f3venes de hoy, la sensibilidad espiritual y religiosa de nuestro tiempo, etc. No ha sido \u00e9ste el modo de proceder de Dios en la encarnaci\u00f3n de su Hijo, la cual supone una irrupci\u00f3n violenta, con la violencia de su amor, en la mentalidad moderna de los hombres de entonces y de siempre. Los j\u00f3venes de hoy, como los de ayer, aceptar\u00e1n el mensaje de la fe, si son creyentes, tal como lo presentan la revelaci\u00f3n y el magisterio de la Iglesia. A nosotros nos toca no incurrir en infantilismos ni en perniciosas efusiones sentimentales, que tampoco favorecen el verdadero sentimiento de la piedad. Pero, igualmente, tenemos la obligaci\u00f3n de ser justos y equilibrados sin caer en parcialismos ni en silencios deformantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe de Mar\u00eda mereci\u00f3 este elogio de su prima Isabel: <em>\u201cBienaventurada t\u00fa, que has cre\u00eddo\u201d<\/em> (Lc 1, 41). Pero la misma Virgen Sant\u00edsima pronunci\u00f3 aquellas palabras que los hijos de la Iglesia repetimos sin cesar&#8230; <em>\u201ctodas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada, porque ha hecho en m\u00ed maravillas el Poderoso\u201d<\/em> (Lc 1, 48). Y entre ellas est\u00e1n todas las que la Iglesia proclama en coherencia con la que es fundamental, haber sido elegida para Madre de Dios. En suma, la piedad mariana de hoy habr\u00e1 de esforzarse por descubrir y vivir, dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia, cuanto hay en Mar\u00eda de pr\u00f3ximo y cercano a nosotros, y en la medida en que lo haga, m\u00e1s f\u00e1cilmente comprobar\u00e1 que lo que llamamos sus privilegios sirven precisamente para que nosotros tratemos de acercarnos a ella por el camino de la imitaci\u00f3n, de la intercesi\u00f3n y la s\u00faplica, o el de la alabanza. Cada cristiano, en su intimidad personal, y cada pueblo, en su expresi\u00f3n colectiva, tienen el deber y el derecho de proclamarlo as\u00ed. Y no ser\u00e1 nunca la Iglesia de Cristo la que se lo arrebate. Por el contrario, le ayudar\u00e1 siempre para que encuentre en Mar\u00eda ejemplos de fe y esperanza, de fidelidad y abnegaci\u00f3n, paz y consuelo, belleza singular, est\u00edmulo para la vida de gracia, fortaleza, amor, sentido humano, sentido religioso, sentido sagrado, todo lo cual forma parte del humanismo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Romano Guardini, <em>La preocupaci\u00f3n por el hombre,<\/em> p. 45, 76, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> San Agust\u00edn, <em>De sancta virginitate, <\/em>III: PL 40, 397.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> \u201cEntre la una y la otra no hay solamente una mera semejanza. Es debido a una raz\u00f3n de conexi\u00f3n \u00edntima, objetiva, que todo lo que conviene a la Iglesia, madre de Cristo colectivo, se haya realizado primeramente en la existencia personal de Mar\u00eda\u201d (citado por H. de Lubac, en su libro <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia<\/em>), C. Dillenschneider, C.SS. <em>Le myst\u00e8re de la Coredemption mariale<\/em>, p. 79.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> H. de Lubac, <em>Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia,<\/em> p. 283, Bilbao.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> LG 63-64.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> LG 65.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> LG 12.13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Cf. Pablo VI, Discurso en la sesi\u00f3n de clausura de la tercera etapa conciliar, 1621.22. 34,21 de diciembre de 1964: en <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> II, 674-676.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> LG 48.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> LG 8.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia de clausura de la XXX Asamblea de Estudios Mariol\u00f3gicos, celebrada en Zaragoza, del 16 al 21 de octubre de 1972, A\u00f1o del Pilar. Reproducci\u00f3n del texto publicado por Editorial Coculsa, Madrid 1972. Una crisis y sus causas Hace poco m\u00e1s de un mes, afirmaba muy acertadamente el padre Aldama en una de sus conferencias [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[40],"doc_tag":[],"class_list":["post-1282","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-la-santisima-virgen-maria"],"year_month":"2026-05","word_count":9929,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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