{"id":1202,"date":"2024-09-28T19:01:12","date_gmt":"2024-09-28T17:01:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1202"},"modified":"2024-09-28T19:01:13","modified_gmt":"2024-09-28T17:01:13","password":"","slug":"la-semana-santa-y-la-vida-cristiana-hoy","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-semana-santa-y-la-vida-cristiana-hoy\/","title":{"rendered":"La Semana Santa y la vida cristiana hoy"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Preg\u00f3n de la Semana Santa, de Medina del Campo, marzo de 1986, edici\u00f3n de la Junta Local de Semana Santa de Medina del Campo, 1986.<\/p>\n\n\n\n<p>No he podido negarme a la amable invitaci\u00f3n que me hizo vuestro p\u00e1rroco, don F\u00e9lix Garnacho, para venir a pronunciar este preg\u00f3n de la Semana Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no hubiese otros motivos, me bastar\u00eda evocar a\u00f1os ya lejanos en que desde Valladolid, cuando all\u00ed ejerc\u00eda mi ministerio sacerdotal, vine a Medina con frecuencia como Consiliario Diocesano de los Hombres de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica. Prediqu\u00e9 en varias iglesias, habl\u00e9 en alg\u00fan teatro, promov\u00ed la construcci\u00f3n de un peque\u00f1o grupo de viviendas sociales, y un\u00ed mis esfuerzos a los de los sacerdotes y hombres seglares de aqu\u00ed, afanosos de demostrar que quer\u00edamos ver confirmadas las palabras con las obras, aunque fuese tan modestamente como pod\u00edamos hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En cierto momento se produjo aqu\u00ed una situaci\u00f3n poco grata, como consecuencia de la actitud adoptada por algunos ante el deseo manifestado por el se\u00f1or arzobispo don Antonio Garc\u00eda y Garc\u00eda, de trasladar por razones pastorales el mercado de los domingos a otro d\u00eda de la semana. El arzobispo me llam\u00f3 y quiso nombrarme Arcipreste de Medina, aun residiendo en Valladolid, con el encargo de trabajar en una determinada direcci\u00f3n hasta resolver el conflicto. Respetuosamente le hice ver la no conveniencia de tal designaci\u00f3n, y pronto las aguas volvieron a su cauce para seguir discurriendo con tranquilidad. Muchas veces, al pasar por aqu\u00ed en mis viajes a diversos lugares de Espa\u00f1a, ha vuelto a mi alma el recuerdo de aquellos d\u00edas en que estuve a punto de quedar vinculado can\u00f3nicamente a Medina m\u00e1s que como ya lo estaba espiritual y pastoralmente. No soy un extra\u00f1o entre vosotros, sino uno m\u00e1s de la familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda hay otra raz\u00f3n que ha influido poderosamente en m\u00ed para vencer todas las dificultades que normalmente me hubieran impedido venir. A vuestro p\u00e1rroco, don F\u00e9lix, lo conoc\u00ed hace ya muchos a\u00f1os cuando era un joven seminarista, despejado, inteligente, generoso, decidido, lleno de arrojo y simpat\u00eda. Llegada su ordenaci\u00f3n sacerdotal, me invit\u00f3 a que predicase en su primera misa, en Arrabal de Portillo, y as\u00ed lo hice, con la satisfacci\u00f3n que pod\u00edamos sentir en aquel d\u00eda de gloria que un sacerdote no olvida jam\u00e1s, mientras dura su existencia. No pod\u00eda negarme a aceptar la invitaci\u00f3n de ahora recordando el gozo que tuve al aceptar la de ayer. Hablo, pues, de la Semana Santa y de la vida cristiana de hoy con el deseo de que mis palabras sean expresi\u00f3n de los sentimientos que llenan mi alma ante un tema tan delicado y tan profundo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La primera Semana Santa<\/h2>\n\n\n\n<p>Los cristianos sabemos que ha habido una primera Semana Santa, tal como nos la ofrecen, con datos hist\u00f3ricos reales, los Santos Evangelios.<\/p>\n\n\n\n<p>La entrada triunfal de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n, sus visitas y predicaciones \u00faltimas en el templo, la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda en el Cen\u00e1culo, la oraci\u00f3n en el huerto de los olivos, el prendimiento, las escenas ante An\u00e1s, Caif\u00e1s y Pilatos, su condenaci\u00f3n a muerte y el camino con la cruz a cuestas hasta el Calvario, su muerte y sepultura, su resurrecci\u00f3n gloriosa, no son hechos inventados por nosotros, sino que constituyen el proceso veraz y aut\u00e9ntico de lo que sucedi\u00f3 aquellos d\u00edas \u00faltimos de su vida en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros cristianos, apenas pudieron, lo recordaban, hablaban de ello en sus reuniones y pronto se fij\u00f3 una especie de calendario que permit\u00eda recordar la vida de Jes\u00fas y las escenas de su pasi\u00f3n y su muerte salvadora. Primero en sus hogares y donde pod\u00edan reunirse. Despu\u00e9s, a partir del siglo IV, en sus capillas y templos, y m\u00e1s tarde en la calle. Naci\u00f3 la liturgia, es decir, el culto p\u00fablico y oficial de la Iglesia que viene desde los tiempos apost\u00f3licos, desarrollado despu\u00e9s en monasterios y catedrales a medida que el cristianismo iba haci\u00e9ndose presente en todas las dimensiones de la vida social de un pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante toda la Edad Media fueron surgiendo hermandades, cofrad\u00edas y asociaciones que conmemoraban estos y otros misterios de la vida del Salvador y de su Madre Sant\u00edsima, la Virgen Mar\u00eda. En algunas naciones como Espa\u00f1a, Italia, Francia, estas manifestaciones externas de la fe alcanzaron gran esplendor y fueron testimonio elocuente de la piedad del pueblo, que buscaba, a trav\u00e9s de las im\u00e1genes labradas por los mejores escultores y en los desfiles procesionales, dar satisfacci\u00f3n a sus sentimientos religiosos y celebrar p\u00fablica y comunitariamente lo que sent\u00edan en el interior de su coraz\u00f3n. As\u00ed surgieron las cofrad\u00edas de Valladolid y, sin duda alguna, las de Medina del Campo, antiqu\u00edsimas tambi\u00e9n, como lo demuestran documentos que pueden presentarse para dar fe de los hechos. Hubo como dos Semanas Santas: una en el templo, otra en la calle; una que consist\u00eda en la celebraci\u00f3n de los Oficios, otra en los desfiles procesionales; una estrictamente lit\u00fargica, otra popular y clamorosa; una en que se meditaba en silencio y se participaba en la adoraci\u00f3n conmovida y fervorosa, otra en que las madres con sus hijos, los hombres y los j\u00f3venes, los cofrades y los espectadores simples miran a las im\u00e1genes que pasan, forman en el cortejo procesional, o simplemente contemplan respetuosos el bello paisaje religioso de la procesi\u00f3n que despierta emociones y anhelos en el interior de las conciencias.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay por qu\u00e9 contraponer o excluir la una en nombre de la otra. Ambas se complementan, la del interior del templo y la de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera, por supuesto, la lit\u00fargica, es la ra\u00edz de todo, y de ella no puede ni debe prescindir un cristiano consciente y bien formado. La segunda, la popular, es un tributo de la sensibilidad humana que se ofrece, conforme a las leyes de la psicolog\u00eda religiosa de las muchedumbres y simplemente de la comunidad, al misterio que se celebra, cuando conmemoramos la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, cuando adoramos la luz, cuando recitamos el relato de la pasi\u00f3n, o cuando nos rendimos abrumados por el peso de nuestros pecados ante el Cristo que muere regal\u00e1ndonos el perd\u00f3n divino y alimentando nuestra esperanza de inmortalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de cada una de esas dos Semanas Santas est\u00e1 el drama de valor infinito de la muerte redentora de Cristo, luz suprema de nuestra vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Valores de la Semana Santa<\/h2>\n\n\n\n<p>Defiendo, pues, la Semana Santa, la de nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestras peque\u00f1as aldeas perdidas en valles y monta\u00f1as. Proclamo, ante todo, la necesidad de que el pueblo participe en los oficios lit\u00fargicos en el interior de los templos y escuche la palabra de Dios bien predicada; pero no menosprecio la actuaci\u00f3n piadosa de las cofrad\u00edas y hermandades, los desfiles procesionales, los pasos con sus im\u00e1genes rodeadas de luces y flores, porque tienen su valor tambi\u00e9n no s\u00f3lo como manifestaci\u00f3n p\u00fablica de los sentimientos religiosos, sino por lo que valen la mirada de los ni\u00f1os, la oraci\u00f3n que musitan los labios de los ancianos, la atenci\u00f3n respecto a los hombres y mujeres durante mucho tiempo alejados de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Basta en ocasiones un suspiro del alma, que brota incontenible ante la imagen de Jes\u00fas Crucificado o de la Virgen de los Dolores, para iniciar un camino que nos lleva a recobrar la inocencia perdida. Est\u00e1n nuestras calles tan llenas de profanidad, tan ocupadas por los instintos y los anhelos de goces inmediatos, sea como sea, que hemos de agradecer las pocas oportunidades que van quedando, para que la llamada de lo alto resuene en nuestra conciencia dormida, y nos haga abrir los ojos a la realidad misteriosa de Dios y de Cristo Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>La Semana Santa no es m\u00e1s que un breve lapso de tiempo en el calendario, pero es a la vez la culminaci\u00f3n y la s\u00edntesis, la fuente y el origen de todo lo que a lo largo del a\u00f1o celebramos los cristianos en nombre de nuestra fe. Del Coraz\u00f3n de Cristo muerto y resucitado han brotado la Eucarist\u00eda y los dem\u00e1s sacramentos; de su oraci\u00f3n en el huerto de los olivos la profunda capacidad del cristiano para aceptar las adversidades de la vida sin desesperarse; de su di\u00e1logo con Pilatos la proclamaci\u00f3n hecha por Jes\u00fas de que \u00c9l vino al mundo para dar testimonio de la verdad; de su serenidad divina para sufrir las vejaciones y tormentos a que fue sometido, la fuerza de los m\u00e1rtires de todos los tiempos; de su marcha hacia el Calvario y su suplicio en la cruz, la energ\u00eda espiritual sostenida por la gracia para dominar el desenfreno loco de las pasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en torno a la Semana Santa del Evangelio, concretamente de la resurrecci\u00f3n de Cristo con la que se cierran esos d\u00edas sagrados, brotan todas las fiestas del a\u00f1o, o como anticipaci\u00f3n o como consecuencia, y todos los honores y alabanzas que tributamos a la Virgen Mar\u00eda y a los santos, Madre del Redentor la una, y fieles imitadores de sus virtudes los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y porque creemos en Cristo muerto y resucitado, acudimos los cristianos a la oraci\u00f3n y rezamos al Padre Nuestro como \u00c9l nos ense\u00f1\u00f3, procuramos la catequesis y la ense\u00f1anza religiosa para nuestros hijos, defendemos la existencia de la familia s\u00f3lidamente constituida frente a todas las corrupciones desintegradoras a que est\u00e1 expuesta, clamamos por una juventud generosa y limpia en sus costumbres, y afirmamos la existencia de una moral cat\u00f3lica que eleva al hombre a su m\u00e1s alta dignidad. Esta moral no es un cat\u00e1logo de pecados que se deben evitar. El cristianismo no es primariamente ni una filosof\u00eda, ni una \u00e9tica, ni un movimiento social. El cristianismo es fundamentalmente la intervenci\u00f3n de Dios en la historia humana por medio de Cristo. La moral cat\u00f3lica es orientaci\u00f3n radical de toda nuestra vida hacia Dios, nuestro Padre, en Cristo Jes\u00fas por el Esp\u00edritu. La moral cat\u00f3lica es una moral sobrenatural en el origen y en los fines. El hombre nuevo, creado a la imagen de Cristo, no se descubre sino en la filiaci\u00f3n divina, que nos revela el Evangelio. De ah\u00ed la necesidad de una profunda vida interior alimentada por los sacramentos, la oraci\u00f3n individual y lit\u00fargica, la devoci\u00f3n a la Virgen, la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es la belleza de la moral como vida; y sus exigencias, compromiso personal con Cristo. El nuevo Pueblo de Dios \u00abtiene por cabeza a Cristo; por condici\u00f3n, la dignidad y la libertad de los hijos de Dios; por ley, el mandato del amor; como fin, el dilatar m\u00e1s y m\u00e1s el Reino de Dios\u00bb (LG 9).<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto es lo que llamamos la vida cristiana de los hijos de la Iglesia. A vivir esta realidad estamos llamados los creyentes venciendo el ego\u00edsmo que nos ata a la tierra. No nos oponemos a ninguna clase de progreso en el orden social, ni a una m\u00e1s justa distribuci\u00f3n del bienestar y la riqueza, ni a un desarrollo progresivo de la persona humana hacia las m\u00e1s altas cotas de su dignidad, pero queremos que Dios est\u00e9 presente en la vida como lo que es: nuestro Se\u00f1or y nuestro Padre, no un hu\u00e9sped indeseado o un recuerdo molesto de nuestra historia lejana. Cristo no pasa de moda, porque es el centro de la historia y de la vida, y sus palabras llevan en s\u00ed mismas la luz de la verdad. Alejados de \u00c9l y del Dios que nos revel\u00f3 en el Evangelio, los hombres nos hacemos autosuficientes, nos persuadimos falsamente de que se puede vivir sin religi\u00f3n, despreciamos con altanera arrogancia a quienes practican, y poco a poco, sin darnos cuenta, caemos en las esclavitudes de siempre, tan antiguas como las viejas miserias de todos los tiempos, aunque lleven nombres modernos; las de la avaricia y el consumismo; las del sexo, la droga y el alcohol; las del divorcio y el aborto; las de la degradaci\u00f3n de las costumbres similar a la que San Pablo describ\u00eda ya en su carta a los romanos. Eso en el orden individual y familiar. En el social y pol\u00edtico venimos a caer, por virtud de esa autosuficiencia excluyente, en un continuo enfrentamiento entre los diversos bloques existentes, que hace que se gasten cada minuto un mill\u00f3n de d\u00f3lares para mantener una paz precaria mediante el equilibrio del terror. Nuestra \u00e9poca no puede sentirse orgullosa de s\u00ed misma, a pesar de tantos progresos materiales y de la conquista ya comenzada del espacio. Aumenta en el hombre moderno un sentimiento de tristeza, de desasosiego, que le hace dudar cada vez m\u00e1s de que el camino que seguimos pueda llevarnos a buen fin. Hay que reaccionar contra estas tendencias y buscar con empe\u00f1o el encuentro con el Dios de la verdad y de la vida que nos ayudar\u00e1 a construir lo que Pablo VI llam\u00f3 civilizaci\u00f3n del amor.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La vida cristiana hoy, en Espa\u00f1a y en el mundo<\/h2>\n\n\n\n<p>Permitidme ahora una reflexi\u00f3n que se inspira en la realidad de lo que est\u00e1 sucediendo en Espa\u00f1a y en el mundo contempor\u00e1neo en relaci\u00f3n con la vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que el error m\u00e1s grave que se est\u00e1 cometiendo en la vida espa\u00f1ola actual es el de olvidar o querer destruir nuestra propia cultura, es decir, nuestro modo de ser y de interpretar el sentido de la existencia. Comprendo que para la buena marcha de un pueblo, como para la de una persona, por el camino que ha de recorrer, mientras quiera seguir siendo tal pueblo o tal persona, le es absolutamente necesario revisar con frecuencia la propia marcha, para incorporar a su esfuerzo de caminante de la historia los hallazgos que encuentra en su camino, rectificando lo que sea necesario, para seguir adelante, seg\u00fan sea el horizonte, el clima, el suelo, la estaci\u00f3n, es decir, seg\u00fan las \u00e9pocas y las dificultades que se presenten o las metas que se desea alcanzar. Esta tarea de eliminaci\u00f3n de obst\u00e1culos o de allanamiento de senderos, de rectificaci\u00f3n o purificaci\u00f3n de prop\u00f3sitos, en un hombre o en un pueblo, es al fin y al cabo una consecuencia que nace de la solidaridad humana, del influjo inevitable de unos sobre otros, dada la com\u00fan condici\u00f3n, de las leyes y condicionamientos del progreso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero una cosa es enriquecerse en la marcha propia con las aportaciones que llegan de los dem\u00e1s, en un sentido o en otro, y otra muy distinta cortarse los pies para caminar mejor con el pretexto de que duelen o de que estorba el calzado que se lleva en aquel determinado trecho del camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es lo que est\u00e1 sucediendo en Espa\u00f1a. Nuestro pueblo ten\u00eda \u2013y tiene todav\u00eda\u2013 una cultura cristiana y cat\u00f3lica. M\u00e1s que tener, deber\u00edamos decir que viv\u00eda y en gran parte vive de ella y en ella. Pero se la est\u00e1 olvidando y empobreciendo de una manera deliberada y consciente. Diversos factores concurren, en mi opini\u00f3n, a producir este hecho doloroso de los cuales enuncio los siguientes:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Las leyes que, partiendo de una determinada filosof\u00eda pol\u00edtica, quieren construir un tipo de hombre espa\u00f1ol nuevo, con total olvido de lo que la \u00e9tica cristiana se\u00f1ala, o a lo sumo con atenci\u00f3n casi exclusiva a un aspecto \u2013important\u00edsimo, s\u00ed, pero no \u00fanico\u2013 de la \u00e9tica social, referida a la distribuci\u00f3n de la riqueza y el bienestar.<\/li>\n\n\n\n<li>La tremenda frivolidad y ligereza de nuestros conciudadanos en este orden de cosas, que les hace capaces de inclinarse al cambio por el cambio, sin pensar en qu\u00e9 va a consistir ese cambio, o creyendo, porque as\u00ed les parece a la hora de votar, que se va a limitar a lo que los votantes les agrade que cambie.<\/li>\n\n\n\n<li>Ciertas actitudes de la propia Iglesia espa\u00f1ola, que ha tenido que esperar a que viniese a Espa\u00f1a Juan Pablo II para que se dijeran al pueblo espa\u00f1ol las claras y estimulantes palabras que \u00e9l pronunci\u00f3 sobre nuestra historia de pueblo cat\u00f3lico, sobre las relaciones entre fe y cultura, y sobre c\u00f3mo hay que conciliar el respeto a una situaci\u00f3n nueva, originada por la separaci\u00f3n de Iglesia y Estado, con el mantenimiento de la identidad cat\u00f3lica sin ambig\u00fcedades ni confusionismos.<\/li>\n\n\n\n<li>Una absoluta falta no ya de originalidad, sino de confianza en nosotros mismos, que nos hace incurrir en el absurdo papanatismo de la llamada progres\u00eda, en virtud del cual no se hartan de imitar lo peor y m\u00e1s vulgar de lo que ven fuera de aqu\u00ed, confundiendo moral con religi\u00f3n, Iglesia con clericalismo, libertad con anarqu\u00eda, apertura con desverg\u00fcenza y procacidad. Causa sonrojo leer la mayor parte de los peri\u00f3dicos y revistas espa\u00f1oles de hoy, y no digamos ver la televisi\u00f3n o escuchar la radio.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Una ley org\u00e1nica de la educaci\u00f3n que impida pr\u00e1cticamente a los padres elegir el tipo de educaci\u00f3n que desean para sus hijos es monstruosa. La despenalizaci\u00f3n de la droga multiplica la delincuencia, no favorece a nadie, y hace preguntarse a los ciudadanos para qu\u00e9 sirve la libertad tan proclamada, si no se puede usar de ella con tranquilidad y con decoro. Socavar, por un lado, la instituci\u00f3n familiar, y privar, por otro, a la juventud de las defensas que necesita para protegerse de las tempestades propias de esa edad, lleva fatalmente a la ruina moral de una naci\u00f3n, porque destruye sus cimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ruptura con el sentido cristiano de la vida que ahora irrumpe en Espa\u00f1a bajo la bandera de la modernidad y del progreso, tiene mucho de antigualla acad\u00e9mica desde los tiempos de la Ilustraci\u00f3n, y de reivindicaci\u00f3n social apasionada y turbulenta desde la Revoluci\u00f3n Francesa. Se ve que no hay m\u00e1s remedio que tener que aguantar y sufrir esas gangas de los ate\u00edsmos te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos junto a los leg\u00edtimos esfuerzos de clarificaci\u00f3n que se encuentran en la primera; o de las luchas tan duras y agotadoras que acompa\u00f1an a la segunda, en medio de lo que tienen de leg\u00edtimo anhelo de justicia. L\u00e1stima que los hombres no seamos capaces de servir a una causa, al menos parcialmente justa, sin hacernos esclavos de otra que no lo es; y que para curar una enfermedad haya que esperar a que se produzcan muertes. Pero as\u00ed parece que es el destino fatal de la pobre condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en el Occidente, con sus libertades, como en el bloque oriental, con su ate\u00edsmo militante y su marxismo al servicio del imperialismo sovi\u00e9tico, aparecen rupturas con la presencia de Dios en la sociedad; y proclamaciones, no del todo involuntarias, de la necesidad de ese Dios que es rechazado. V\u00edctima de esas contradicciones, y en nombre de una cultura que quiere ser nueva, en una parte y en otra, tienen muchos la impresi\u00f3n, o creen tenerla, de que el cristianismo ya no sirve y que hay que buscar otra cosa. Pero se equivocan los que piensan as\u00ed. Porque luego resulta que los adoradores de la libertad sin l\u00edmites terminan en las filosof\u00edas de la nada o de la n\u00e1usea; y los de la revoluci\u00f3n del igualitarismo planetario asfixian a media humanidad con su totalitarismo aborrecible.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas circunstancias uno se pregunta qu\u00e9 suerte puede correr ese cristianismo con el que se ha roto, en tantas manifestaciones de la nueva cultura del hombre, a cuyo amparo se alimentan tantas expectativas de futuro, o en virtud de la cual simplemente se camina sin preguntar ni esperar nada, gregariamente, en las diversas \u00abgranjas\u00bb y los diversos \u00ab1984\u00bb que se han escrito con m\u00e1s o menos dotes de profec\u00eda y de ingenio. Y desde luego el que discurra desde su fe en Dios y en Jesucristo, del cual sabe que ha sido \u00abenviado para recapitular en \u00c9l todas las cosas\u00bb, no puede aceptar ninguna clase de fatalismo nihilista, as\u00ed como as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo pronto, estamos viendo que, por primera vez en la historia de los siglos, un hombre que desde el primer d\u00eda de su pontificado grit\u00f3 con fuerza: \u00abAbrid las puertas al Redentor\u00bb, est\u00e1 llamando a todas esas puertas, tambi\u00e9n las del mundo africano o asi\u00e1tico, como nadie lo ha hecho hasta aqu\u00ed. No disimula ni oculta nada. Se presenta como lo que es, el Vicario de Cristo en la tierra. Esas puertas no se le cierran. Y si alguna vez sucede, \u00e9l espera siempre, y vuelve a llamar. No lleva otra riqueza que ofrecer sino la palabra de Cristo. Y regresa al Vaticano, por supuesto, sin haber bautizado a los pueblos ni haber convertido a los emperadores. Ya no hay Constantinos en Roma, ni Recaredos en Espa\u00f1a, ni Clodoveos en Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mundo de hoy, hay, en cambio, en medio de tantas tinieblas, unos valores de magnitud creciente y aut\u00e9nticamente redentores de la humanidad. Son, por ejemplo:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>El mayor acercamiento de los pueblos, que lleva a un mejor conocimiento y puede fomentar la amistad.<\/li>\n\n\n\n<li>La conciencia cada vez m\u00e1s viva de los derechos humanos.<\/li>\n\n\n\n<li>El anhelo de paz y la posibilidad de actuaciones colectivas para manifestarlo, sin que quede como materia reservada a los gobernantes.<\/li>\n\n\n\n<li>El oleaje de las solidaridades que hacen sufrir m\u00e1s que ayer con los sufrimientos de los dem\u00e1s y querer ayudar m\u00e1s y mejor a los que necesitan ayuda.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Esto lo sienten los pueblos de hoy m\u00e1s que nunca. El Papa tambi\u00e9n lo predica. A primera vista parece que no son valores cristianos. Pero resulta que cuando se buscan sus ra\u00edces m\u00e1s s\u00f3lidas y su fundamento \u00faltimo, los derechos humanos no tienen sentido si no se apoyan en la dignidad del hombre, y esta dignidad no se explica m\u00e1s que admitiendo que el hombre es hijo de Dios. La solidaridad que hace sufrir con los que sufren y ayudar al que lo necesita, es amor. La paz, sin la cual no se puede vivir, es exigencia de la justicia, del perd\u00f3n, de la grandeza de coraz\u00f3n, de la bienaventuranza evang\u00e9lica que habla de los pac\u00edficos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, un mundo que parece tan alejado de lo cristiano, busca cada d\u00eda, como el hambriento el pan, soluciones que son, en el fondo, cristianas, no s\u00f3lo humanas como aspiraci\u00f3n de la humanidad; y un hombre que puede dirigirse a ese mundo con el lenguaje con que lo hace el Papa, habla tambi\u00e9n de esos temas \u2013la paz, el trabajo, la familia, la limpieza de costumbres, el sexo, la solidaridad, la dignidad de las personas, etc.\u2013 como de algo que pertenece al patrimonio de su mensaje propio. S\u00f3lo falta que se termine hablando, en un lenguaje com\u00fan, de la necesidad de un Redentor, en el cual creer con amor y esperanza. Ese mundo todav\u00eda no lo hace. El Papa s\u00ed, y no parece que est\u00e9 equivocado. Mucha atenci\u00f3n a este fen\u00f3meno, del que nosotros estamos siendo testigos. Quiz\u00e1 nosotros no, pero las generaciones que nos sucedan van a ser tambi\u00e9n beneficiarias de este singular encuentro de la necesidad que clama con dramatismo y de la palabra que se ofrece con mansedumbre evang\u00e9lica, frente a los sistemas pol\u00edticos de una y otra parte, ambos incompletos; y frente a las rupturas de uno y otro proceso hist\u00f3rico, ambas decepcionantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es tan doloroso comprobar que en un pa\u00eds de tan vieja y espl\u00e9ndida tradici\u00f3n y cultura cristianas como Espa\u00f1a, a pesar de nuestros fallos personales y colectivos, se presente, como soluci\u00f3n reclamada por la modernidad, una ruptura pedante y ciega con las fuentes de donde mana ese sentido de la vida, que se apoya, en \u00faltimo t\u00e9rmino, en la revelaci\u00f3n del Hijo de Dios. Aqu\u00ed se sembr\u00f3 hace mucho tiempo una semilla. Ha dado, a lo largo del tiempo, muchos frutos. Se mantiene una herencia. Dilapidarla tontamente es como arrancarse los ojos creyendo que vamos a ver mejor. Por el contrario, el marxismo envejece inexorablemente y los restantes materialismos s\u00f3lo se mantienen por el poder del dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad espa\u00f1ola necesita tener confianza en su tradici\u00f3n cristiana y vivirla con autenticidad. Ah\u00ed est\u00e1 la soluci\u00f3n. Se necesitan, s\u00ed, partidos pol\u00edticos que luchen con intrepidez y sagacidad en este frente. Pero creo que se necesitan, a\u00fan m\u00e1s, asociaciones y grupos intermedios, culturales, hist\u00f3ricos, vecinales, deportivos, familiares, de adultos, de ancianos, de j\u00f3venes, etc., etc. Todo esto servir\u00eda para robustecer una sociedad desvertebrada, pero no vac\u00eda. La fe cristiana no es para mantenerla pasivamente, sino para propagarla. Cuando no se hace as\u00ed, muere inevitablemente y hace del individuo que la posee s\u00f3lo para s\u00ed, un ego\u00edsta, que es lo m\u00e1s contrario al Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las m\u00e1s hondas ra\u00edces<\/h2>\n\n\n\n<p>Se trata, pues, de que el var\u00f3n y la mujer cristianos de hoy reflexionen sobre su dignidad y, convencidos de que no se les ha dado la luz para ocultarla, la difundan en torno suyo y la hagan brillar en la vida que les corresponde vivir como ciudadanos de este mundo, sin abdicar en ning\u00fan momento de su condici\u00f3n de creyentes en Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>En esas asociaciones y actividades, a trav\u00e9s de las cuales se va desarrollando la existencia humana, el hombre y la mujer cristianos, hijos de la Iglesia cat\u00f3lica, ponen su sello, el de un modo de pensar y sentir que sean conformes al Evangelio. A esto equivale la apremiante exhortaci\u00f3n del Concilio Vaticano II cuando pide a los seglares que pongan su empe\u00f1o en impregnar de sentido cristiano las realidades temporales de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para actuar as\u00ed, se necesita cultivar el esp\u00edritu, ir a las ra\u00edces de donde brota la savia que alimenta el \u00e1rbol de la vida cristiana. Y nuestras ra\u00edces son los sacramentos, la oraci\u00f3n, el deber de evangelizar y nuestra propia historia. A ella se refiri\u00f3 Juan Pablo II cuando al venir a Espa\u00f1a, en el mismo aeropuerto de Barajas, pronunci\u00f3 estas palabras: \u00abVengo a encontrarme con una comunidad cristiana que se remonta a la \u00e9poca apost\u00f3lica: Es una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San Pablo; que est\u00e1 bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada para la fe por el af\u00e1n misionero de los siete varones apost\u00f3licos; que propici\u00f3 la conversi\u00f3n a la fe de los pueblos visigodos en Toledo; que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago; que vivi\u00f3 la empresa de la Reconquista; que descubri\u00f3 y evangeliz\u00f3 Am\u00e9rica; que ilumin\u00f3 la ciencia desde Alcal\u00e1 y Salamanca y la teolog\u00eda de Trento\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVengo atra\u00eddo por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apost\u00f3licas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos dif\u00edciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes. En efecto, gracias sobre todo a esa impar actividad evangelizadora, la porci\u00f3n m\u00e1s numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en espa\u00f1ol. Tras mis viajes apost\u00f3licos, sobre todo por tierras de Hispanoam\u00e9rica y Filipinas, quiero decir en este momento singular: \u00a1Gracias Espa\u00f1a! \u00a1Gracias Iglesia de Espa\u00f1a, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEsa historia, a pesar de las lagunas y errores humanos, es digna de toda admiraci\u00f3n y aprecio. Ella debe servir de inspiraci\u00f3n y est\u00edmulo para hallar en el momento presente las ra\u00edces profundas del ser de un pueblo. No para hacerle vivir en el pasado, sino para ofrecerle el ejemplo a proseguir y mejorar en el futuro\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cuidad vuestro tesoro<\/h2>\n\n\n\n<p>Volved a vuestras ra\u00edces, medinenses; que tambi\u00e9n vosotros las ten\u00e9is. El nombre de Medina del Campo evoca grandeza y esplendores del pasado. Esa Semana Santa, cuyo preg\u00f3n me ha tra\u00eddo hoy aqu\u00ed a vosotros, no es m\u00e1s que una peque\u00f1a muestra de una fe religiosa que no debe morir. Porque es un recuerdo emocionado de la pasi\u00f3n y muerte de Cristo Redentor; porque es una oraci\u00f3n personal en muchos, y comunitaria y colectiva en todos; porque es el mantenimiento de una tradici\u00f3n cristiana que honra a quien la ha heredado.<\/p>\n\n\n\n<p>No basta, por supuesto. De la imagen hay que pasar a la realidad; del desfile de la procesi\u00f3n al di\u00e1logo \u00edntimo con el Se\u00f1or; del c\u00e1ntico y las plegarias de penitencia a las afirmaciones valientes de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Medina ha de tener siempre su comercio y su industria, ojal\u00e1 m\u00e1s florecientes cada d\u00eda, y su hermoso campo castellano cada vez mejor cultivado y florecido, y sus centros culturales sol\u00edcitamente atendidos para satisfacer la demanda creciente de instrucci\u00f3n y perfeccionamiento profesional de vuestros hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, aunque lo teng\u00e1is todo, que no falte una cosa en el horizonte de vuestra vida: \u00a1DIOS!<\/p>\n\n\n\n<p>Sin \u00c9l esa vida no tiene sentido, y se quedan sin respuesta las preguntas m\u00e1s trascendentales que un hombre puede hacerse a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s sobre su origen y destino. Preguntad, preguntad, y Dios os responder\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 habl\u00e1ndoos de la Semana Santa, porque ello era el motivo inmediato de mi venida en esta ocasi\u00f3n atendiendo a la invitaci\u00f3n que me hab\u00eda sido hecha. Pero el t\u00edtulo completo de mi disertaci\u00f3n o preg\u00f3n, como quer\u00e1is llamarlo, era \u00abLa Semana Santa y la vida cristiana hoy\u00bb. Este hecho, el de la vida cristiana hoy, es mi preocupaci\u00f3n fundamental como obispo de la Iglesia. La veo amenazada por muchos factores adversos, de los cuales el principal es esa nueva cultura o modo de entender y expresar la realidad de la vida como si Dios no hubiera existido ni existiese. Es una especie de paganismo ambiental que poco a poco extiende su atm\u00f3sfera contaminadora y asfixia la capacidad de reacci\u00f3n de nuestro esp\u00edritu. Que no se una a la acci\u00f3n perniciosa de esa atm\u00f3sfera la perezosa comodidad de nuestra desidia.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, los padres de familia, ten\u00e9is que volver a rezar en el hogar con vuestros hijos, y dar culto a Dios en el templo como pueblo sacerdotal, y proclamar sus derechos en la profesi\u00f3n y en la calle, y cooperar con decisi\u00f3n a que se implanten la justicia y el amor en las relaciones sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, los j\u00f3venes, ten\u00e9is que persuadiros de que el gran amigo que ten\u00e9is es Cristo Jes\u00fas, el Dios de la eterna juventud; el que no defrauda ni enga\u00f1a. Apartarse del camino que \u00c9l se\u00f1al\u00f3 es muy f\u00e1cil, est\u00e1 al alcance de cualquiera, pero se cae inexorablemente en el abismo de la propia degradaci\u00f3n, de la diversi\u00f3n alocada, de la frivolidad sin sentido, de la vida sin horizonte ni compromisos serios.<\/p>\n\n\n\n<p>Que las cofrad\u00edas y hermandades de Semana Santa de Medina del Campo aumenten su n\u00famero y el fervor de sus participantes, que desfilen los pasos del Se\u00f1or y de Mar\u00eda Sant\u00edsima por vuestras calles y ciudades, que la mirada pura de los ni\u00f1os se levante con ansiedad infantil hacia las im\u00e1genes tratando de ver el rostro de Dios y de su Madre bendita.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se necesita tambi\u00e9n, y m\u00e1s que nada, vivir la vida cristiana con coherencia entre lo que se afirma y se practica; cuidar de la educaci\u00f3n religiosa de los hijos, constituir grupos numerosos y bien organizados de apostolado seglar, alentar la formaci\u00f3n de asociaciones juveniles cat\u00f3licas, trabajar como catequistas bien preparados en el hogar y en la parroquia; en una palabra, se necesita volver a las ra\u00edces que siempre han servido para que el \u00e1rbol se nutra y d\u00e9 frutos abundantes de fe y de piedad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede perder ese tesoro. Cu\u00eddalo con esmero, Medina del Campo. Cuidadlo vosotros, sus hijos. Haced que Medina vuelva a ser un n\u00facleo poderoso de la vida del esp\u00edritu, que irradie su influencia sobre todos los pueblos de la comarca y atraiga la mirada de sus habitantes y de cuantos por aqu\u00ed pasan, no s\u00f3lo hacia su castillo y sus monumentos, legados de la historia, sino hacia la realidad actual de su servicio al Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> V\u00e9ase <em>Mensaje de Juan Pablo II a Espa\u00f1a,<\/em> Madrid 1982, BAC popular 53, 7.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Preg\u00f3n de la Semana Santa, de Medina del Campo, marzo de 1986, edici\u00f3n de la Junta Local de Semana Santa de Medina del Campo, 1986. No he podido negarme a la amable invitaci\u00f3n que me hizo vuestro p\u00e1rroco, don F\u00e9lix Garnacho, para venir a pronunciar este preg\u00f3n de la Semana Santa. 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