{"id":1163,"date":"2024-09-27T23:04:38","date_gmt":"2024-09-27T21:04:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1163"},"modified":"2024-09-27T23:04:38","modified_gmt":"2024-09-27T21:04:38","password":"","slug":"el-seminario-comunidad-pobre","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/el-seminario-comunidad-pobre\/","title":{"rendered":"El Seminario, \u00abcomunidad pobre\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Homil\u00eda en la Misa de apertura del curso 1990-91 de los Seminarios diocesanos. 29 de noviembre de 1990. Texto en <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> diciembre 1990, 612-618.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parece que era ayer cuando nos reun\u00edamos aqu\u00ed mismo para clausurar el curso acad\u00e9mico 1989-90. Ha pasado el verano y ya nos encontramos de nuevo aqu\u00ed para inaugurar el nuevo que ahora comienza, el de 1990-91. Y, como siempre, invocamos al Esp\u00edritu Santo, solicitando confiados su luz, su fuerza, su benevolencia, su protecci\u00f3n divina. Yo quiero hacer, con muy honda fe, con muy honda piedad, con muy honda esperanza, esta invocaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo: <em>Veni, Pater pauperum; Veni, dator munerum; Veni, lumen cordium. Consolator optime&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque yo quiero hablaros de eso, de que <em>esta comunidad tiene que ser una comunidad de pobres, <\/em>de esp\u00edritu de pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me doy cuenta de que estamos celebrando este acto casi coincidente con el que se celebra en Roma \u2013total, con un d\u00eda de diferencia\u2013, para inaugurar el S\u00ednodo que se va a dedicar a reflexionar sobre este tema, el de la formaci\u00f3n en los seminarios y la formaci\u00f3n de los sacerdotes. Todo el tiempo que la Iglesia dedique a esta tarea est\u00e1 justificado. De aqu\u00ed depende todo o casi todo; si aqu\u00ed acertamos, los caminos que se abran ser\u00e1n certeros; si aqu\u00ed fallamos, todo se ir\u00e1 hundiendo poco a poco. Por eso hay que invocar al Esp\u00edritu Santo, para que \u00c9l nos ayude a ir conformando esta comunidad del Seminario.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La ense\u00f1anza del Vaticano II<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando inaugur\u00e1bamos el curso del 88 os habl\u00e9 de que el Seminario ten\u00eda que ser una \u00abcomunidad orante\u00bb; en el siguiente, de \u00abcomunidad evangelizada y evangelizadora\u00bb. Ahora quiero hablaros de \u00abcomunidad pobre\u00bb, comunidad de hombres de coraz\u00f3n pobre, comunidad que ame la pobreza. Precisamente es nuestra Madre del cielo, la Virgen Mar\u00eda, la que pronunci\u00f3 aquel himno que pertenece a las grandes proclamaciones prof\u00e9ticas que tenemos en el Antiguo Testamento; ese himno, dentro del cual aparece aquel verso en que Ella misma proclamaba: <em>Esurientes implevit bonis: et divites dimisit inanes<\/em>: a los hambrientos, a los pobres, a los necesitados, los llen\u00f3 de bienes, y a los ricos los despidi\u00f3 vac\u00edos. Ella era pobre, Ella era humilde; porque vio la humildad de su esclava, el Se\u00f1or la llen\u00f3 de su bendici\u00f3n. Se estaba refiriendo a Dios Padre; y Dios Padre realiza esta acci\u00f3n por medio del Esp\u00edritu, <em>esurientes implevit bonis.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablo de esto, y para hacerlo muy brevemente, he le\u00eddo, una vez m\u00e1s, el Decreto conciliar <em>Presbyterorum Ordinis<\/em>, el n\u00famero 17. en el que trata de estas cuestiones. El Papa lo comentaba este verano, en una de las meditaciones dominicales a la hora del \u00c1ngelus, el 8 de julio, en la que hac\u00eda un leve comentario casi repitiendo los textos de dicho decreto. Pero a\u00f1ad\u00eda algo muy importante, y que yo me gozo en repetir. Dec\u00eda el Papa que los sacerdotes y los seminaristas deben dar gracias a Dios por los beneficios que han recibido para su decoroso sustento; deben dar gracias a Dios, y a la vez discernir sabiamente, no sea que se dejen llevar por el ansia de bienes temporales, lo cual les perjudicar\u00eda muy gravemente a ellos y a su misi\u00f3n. Y despu\u00e9s de estas palabras cita de nuevo el <em>Presbyterorum Ordinis<\/em>, y se complace en aquellas hermosas frases del documento: \u00abSean invitados, sacerdotes y seminaristas, consid\u00e9rense invitados a abrazar la pobreza voluntaria, a imitaci\u00f3n de Cristo que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos a todos con su pobreza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sean invitados a dar este ejemplo al mundo, a este mundo nuestro en que aparece, con tanto ardor y tanta virulencia, un vicio capital: la codicia; es un mundo que est\u00e1 enloquecido por el af\u00e1n de poseer, de tener; es un mundo loco; y mientras sea as\u00ed, podemos decir que el esp\u00edritu del mal est\u00e1 dentro de su coraz\u00f3n. Las gentes que se dejan llevar por este esp\u00edritu mundano, est\u00e1n locas, quieren poner todos sus afanes y sus alegr\u00edas en los bienes pobres de este mundo, y se equivocan tr\u00e1gicamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso el Concilio dice: es necesario que los sacerdotes den ejemplo de que aceptan la pobreza dignamente y con gozo; que den ejemplo para, de esa manera, convencer a las gentes, con los hechos, de que hay valores superiores a todos los bienes terrestres; y el sacerdote tiene que ser un representante que vive esos valores superiores, por encima de toda codicia. Este mal de la codicia hace a las gentes olvidarse de que, junto a la necesidad de tener bienes para el sustento necesario y decoroso, hay que pensar en el uso de esos bienes tambi\u00e9n prestando atenci\u00f3n al fin social que tienen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esto se olvidan las gentes; que el sacerdote no se olvide, le pide el Concilio; nos lo recuerdan las p\u00e1ginas del Evangelio, tantas y tantas, en que encontramos a Jes\u00fas pobre hasta el punto de no tener donde reclinar su cabeza, mientras lo tienen las raposas del campo y los p\u00e1jaros del cielo. El Hijo del Hombre no ten\u00eda nada. Jes\u00fas se mantuvo as\u00ed y no pidi\u00f3 nada nunca; siempre estuvo dando todo lo que hab\u00eda venido a dar el <em>Hijo de Dios<\/em>, a trav\u00e9s del <em>Hijo del Hombre<\/em>; todo hasta su propia vida, para ejemplo nuestro.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Pastores, no mercenarios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso yo pido que en el Seminario haya <em>esp\u00edritu de pobreza<\/em>. La instituci\u00f3n ha de tener todos los bienes que necesite para que cumpla sus fines; la instituci\u00f3n, si quiere formar intelectualmente a los alumnos, tiene que tener unas aulas y unas bibliotecas y unos profesores; si quiere asegurar la salud de los alumnos, ha de darles una alimentaci\u00f3n adecuada, de tal manera que, en la \u00e9poca de la vida en que est\u00e1n, en su juventud, no les falte lo necesario para su desarrollo corporal; si quiere atender a sus alumnos en orden a su educaci\u00f3n f\u00edsica, ha de procurar que existan esos campos de deportes, m\u00e1s o menos aptos, m\u00e1s o menos precarios, pero algo&#8230;; la instituci\u00f3n ha de tener los bienes que necesita para realizar su misi\u00f3n: anta\u00f1o pod\u00eda haber una m\u00e1quina de escribir; hoy necesitamos 50, o 100 ordenadores, los que sean. Pero las personas, los superiores, los que viv\u00eds aqu\u00ed en el Seminario, profesores y alumnos, ten\u00e9is que dar ejemplo de desprendimiento, de pobreza, de renuncia voluntaria. El Concilio es muy expreso en este punto, cuando dice que los sacerdotes nunca tengan af\u00e1n de aumentar sus caudales con lo que puedan percibir, como si \u00e9se fuera el fin al que tienen que atender; al contrario, han de practicar la caridad, han de contribuir a que existan fondos comunes en las di\u00f3cesis, que se ayuden unos a otros, que se busque ese digno bienestar entre todos. \u00a1S\u00ed que es posible lograrlo, porque cuando el pueblo nos ve as\u00ed, desprendidos, no falla, sigue tambi\u00e9n aportando con su generosidad todo lo que puede!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando obramos as\u00ed somos buenos pastores; cuando no, podemos ser mercenarios. Mercenarios, ya lo sab\u00e9is, <em>merces-mercedis<\/em>, premio, salario, ganancia. El mercenario es el que vive su vida y la realiza pensando en el salario que gana, y no busca m\u00e1s; el mercenario es el que est\u00e1 pendiente de la retribuci\u00f3n que percibe, y lo dem\u00e1s le importa poco; el mercenario no cuida de las ovejas; el mercenario est\u00e1 atento solamente a las horas que le obligan, y a unas normas que permitan que el trabajo sea casi autom\u00e1tico; no pone su alma, no es un pastor bueno; el mercenario tampoco est\u00e1 pendiente de si va a venir o no el lobo; es decir, si amenaza el peligro de la secularizaci\u00f3n, de la increencia, de la pasi\u00f3n desordenada; \u00e9l lo \u00fanico que busca es cumplir el horario, recibir el salario y gozar despu\u00e9s de su descanso. Por eso, muchas veces, en la vida civil, y tambi\u00e9n en la vida eclesial, se dan estos fen\u00f3menos; porque en la vida civil pueden darse \u2013como dec\u00eda en un discurso el Cardenal Herrera Oria\u2013 m\u00e9dicos mercenarios, que simplemente se limitan a lo m\u00ednimo indispensable, sin poner empe\u00f1o en curar al enfermo; o maestros mercenarios, que no se ocupan de fomentar las capacidades de inteligencia y dem\u00e1s facultades de sus alumnos, sino que cumplen estrictamente su tarea, de una manera escu\u00e1lida y pobre; o pol\u00edticos mercenarios, que \u00fanicamente buscan su beneficio personal, o el del partido, sin mirar el bien del pueblo o de la sociedad a la que tienen que atender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues esto se puede dar tambi\u00e9n en los sacerdotes: y precisamente he recordado y vuelto a leer ese discurso de don \u00c1ngel Herrera, en que, hablando de esto, menciona unas palabras de San Agust\u00edn, que dice hablando de los pastores de la Iglesia: <em>lupus, fugiendus; pastor, laudandus; mercenarius, tolerandus<\/em>. Del lobo hay que huir; al aut\u00e9ntico pastor hay que alabarle; al mercenario hay que tolerarle; porque da\u00f1o no hace, pero su papel es muy triste, se limita a cuidar un poco, mientras le se\u00f1alan un horario, una misi\u00f3n determinada y nada m\u00e1s. Es lo mismo que dec\u00eda el gran Obispo de Hipona comentando el Evangelio de San Juan, y concretamente el pasaje del Buen Pastor: \u00abPresidimos, en tanto en cuanto aprovechamos y servimos\u00bb &#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuidad, superiores del Seminario, de que estos alumnos vivan el esp\u00edritu de pobreza; que no les falte lo necesario para su salud y para la atenci\u00f3n que merecen todos los aspectos de la formaci\u00f3n acad\u00e9mica, espiritual y humana; pero que no se prive a nadie de que se despierte en sus almas la necesaria atenci\u00f3n a la mortificaci\u00f3n; que haya aqu\u00ed alumnos que sepan mortificarse, que aqu\u00ed se viene a ser pobres, no a pedir nada, a darlo todo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La caridad, fuente de la pobreza<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay muchas personas que est\u00e1n ayudando al Seminario para que la instituci\u00f3n marche bien, y tambi\u00e9n para que los alumnos que lo necesitan y merezcan reciban ayuda econ\u00f3mica y puedan continuar su formaci\u00f3n sacerdotal. Pero cuando se d\u00e9 el caso de alguien que pretende aprovecharse en este orden de cosas, yo digo aqu\u00ed, solemnemente, este d\u00eda, al comenzar el curso: se\u00f1or rector, hay que avisarle, y si no se corrige inmediatamente, hay que decirle que \u00e9ste no es su camino, ni \u00e9sta es la casa en que debe estar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mucha generosidad, mucho desprendimiento, para que cuando salgamos al mundo y vivamos en los diversos ministerios que tenemos que vivir, puedan los hombres ver, con nuestro testimonio, que hay algo m\u00e1s importante que el poseer, y es <em>el ser<\/em> y <em>el darse<\/em> en nombre de nuestro ideal, el m\u00e1s alto de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se necesita tener, para el comportamiento de nuestra vida ministerial, profesional, en el \u00e1mbito civil, algo m\u00e1s que entusiasmo, necesitamos <em>m\u00edstica<\/em>, y m\u00edstica no hay m\u00e1s que una: <em>la m\u00edstica de la caridad de Dios y del amor a los hombres<\/em>. A veces esta palabra se emplea abusivamente, y se habla de la m\u00edstica comunista, la m\u00edstica social, la m\u00edstica nacionalista. Pero eso no es m\u00edstica, eso ser\u00e1n ardores entusiastas, servidumbres de una ideolog\u00eda. La verdadera m\u00edstica es la de la caridad de Dios, y con la sociedad, y con los hombres; con el mundo y con la \u00e9poca en que nos toca vivir, para dar un testimonio ejemplar y vivo, capaz de despertar en los dem\u00e1s el deseo de imitar a Aquel a quien servimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hemos terminado el a\u00f1o centenario de la construcci\u00f3n de nuestro Seminario Mayor. Por aqu\u00ed han ido pasando en el curso anterior, grupos de sacerdotes, el rector me iba informando continuamente, y yo he sentido en muchos momentos el deber de dar gracias a Dios, por lo que significaban esos grupos sacerdotales que aqu\u00ed han venido, y que despu\u00e9s est\u00e1n aportando unas cantidades para fundar una beca. Dios se lo pague, yo se lo agradezco mucho. Que este a\u00f1o conmemorativo permita iniciar la nueva etapa que ahora emprendemos, tratando de superar todo lo que anta\u00f1o se vivi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los centenarios ignacianos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No puedo terminar sin a la vez referirme a otro acontecimiento muy digno que va a vivir la Iglesia en este tiempo: <em>el A\u00f1o Ignaciano<\/em>, que precisamente se abri\u00f3 hace un par de d\u00edas, en Loyola, con motivo del quinto centenario del nacimiento de San Ignacio (25 diciembre 1491), y de los cuatrocientos cincuenta a\u00f1os de la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, en virtud de la bula del Papa Paulo III <em>Regimini militantis Ecclesiae<\/em> (28 noviembre 1540). Esta Orden, tan distinguida y de tantos merecimientos en la Iglesia, precisamente por sus constantes servicios a la misma, ha dado al mundo entero no pocos santos y sabios que se han volcado siempre por el bien de las almas y la gloria divina. Merece que la recordemos a lo largo de este curso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo os pido, desde ahora, superiores y profesores, que no dej\u00e9is de organizar actos acad\u00e9micos, manifestaciones culturales o literarias que ayuden a conocer m\u00e1s y m\u00e1s la rica personalidad del fundador y su intensa espiritualidad, que no es otra que la de los Ejercicios, hoy patrimonio de todos nosotros, en los cuales hemos forjado y reavivamos constantemente nuestra propia espiritualidad sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, quisiera que promovierais actos de car\u00e1cter religioso, en concreto los que permitan ganar el jubileo concedido por el Papa, acudiendo, el Seminario como tal, as\u00ed como las parroquias y las distintas organizaciones laicales, a la iglesia de los PP. Jesuitas cuantas veces se considere oportuno. Es preciso que vivamos este centenario y nos aprovechemos de las gracias sobrenaturales que puede reportarnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No olvidemos que aqu\u00ed, en nuestra ciudad y en la iglesia de la Compa\u00f1\u00eda, est\u00e1n enterrados dos jesuitas insignes: el talaverano <em>P. Juan de Mariana<\/em> (1536-1623) y el <em>P. Jer\u00f3nimo Ripalda<\/em> (1537-1618), gran te\u00f3logo y autor del c\u00e9lebre y popular Catecismo, con el que se han educado en la fe innumerables hombres y mujeres de Espa\u00f1a. Tambi\u00e9n descansan all\u00ed los restos mortales del padre y de los dos hermanos jesuitas asesinados el a\u00f1o 1936 por su condici\u00f3n de religiosos y de ap\u00f3stoles de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por aqu\u00ed han desfilado, a trav\u00e9s de la historia, y en estos \u00faltimos a\u00f1os, otros muchos jesuitas eminentes, benefici\u00e1ndonos con sus ejemplos y sus trabajos pastorales. La di\u00f3cesis les est\u00e1 muy agradecida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Papa ha dirigido una preciosa <em>carta al Padre General<\/em>, y en \u00e9l a toda la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, carta que deseo que se publique en el Bolet\u00edn Oficial de nuestra Di\u00f3cesis para que todos los sacerdotes pod\u00e1is leerla y meditarla. Servir\u00e1, ante todo, para la propia Compa\u00f1\u00eda, que tambi\u00e9n necesita reflexionar hondamente sobre su carisma fundacional y sobre lo que los Papas y los superiores generales le est\u00e1n diciendo, para que realice bien su misi\u00f3n y oriente con plena seguridad su af\u00e1n de atender las exigencias de la justicia en el mundo de hoy, sin desviarse un \u00e1pice de lo que el Magisterio de la Iglesia le va se\u00f1alando. Y nos servir\u00e1 a todos para alentar nuestra vida en el esp\u00edritu y para dar m\u00e1s y m\u00e1s esp\u00edritu a nuestros trabajos pastorales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, tengo mucho gusto en encomendar el curso que comienza a la intercesi\u00f3n de San Ignacio de Loyola y a la de tantos jesuitas santos, para que nos alcancen de Dios nuestro Se\u00f1or gracias abundant\u00edsimas que permitan progresar a nuestros Seminarios en todo aquello que contribuya a la santificaci\u00f3n de sus alumnos, de sus profesores y superiores, <em>a mayor gloria de Dios<\/em>. As\u00ed sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda en la Misa de apertura del curso 1990-91 de los Seminarios diocesanos. 29 de noviembre de 1990. Texto en Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, diciembre 1990, 612-618. Parece que era ayer cuando nos reun\u00edamos aqu\u00ed mismo para clausurar el curso acad\u00e9mico 1989-90. 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